abril 27, 2010

Nota de Francisco de Miranda para Richard Wellesley Jr sobre las clases sociales en la rebelión del 19 de abril (1810)

EL ASUNTO DE LAS CLASES SOCIALES EN LA REBELIÓN DEL 19 DE ABRIL
Notas sobre Caracas para Richard Wellesley Jr.
Francisco de Miranda [1]
[Julio 1810]

Londres, julio de 1810
La población de Sur América se compone de españoles nativos, a quienes ha sido siempre la política de la Madre Patria confiar todo el poder civil y militar; de los criollos, de los negros, que representan una muy pequeña proporción con los blancos y de los indios aborígenes; hay una quinta clase que son los llamados cuarterones, producto de un mulato o de un blanco, éstos están representados en la nueva convención de gobierno.
La rebelión que estalló en la ciudad de Caracas el 19 de abril de 1810, fue una insurrección de las cuatro últimas contra la primera casta y por esta causa asume una importancia que de otro modo no tendría, habiendo ocurrido en una provincia inferior de pequeña población (dos millones) y sin ninguna conexión con las otras colonias, pero la misma causa se propagará probablemente sobre el con Johan Moritz Rugenda. Desembarque de Miranda en La Guaira, diciembre de 1810 junto del continente de América, y a menos que se interponga la mediación de Inglaterra, será impracticable la reconciliación y aún la conexión con el Estado padre.
Los criollos que poseen por su número y riquezas una influencia predominante sobre las otras clases, están aprovechando con placer la oportunidad de emanciparse del orgullo y de la codicia de los gobernadores españoles de obtener el poder del cual estaban celosamente excluidos con todo el riesgo y perjuicio de la agricultura y del comercio.
Está a la vista que las causas de esta ocurrencia se hallan en la inveterada política proseguida por la vieja España desde la conquista de las colonias y continuada por la Junta Central, en momentos en que los espontáneos socorros de aquellas eran esenciales en apoyo de la lucha contra Francia.
Las relaciones de los desastres de España, deliberadamente exagerados por los emisarios franceses; las concesiones mismas tan parcas y de mala gana acordadas por la Junta y la Regencia de España, en contradicción con sus declaraciones de que las colonias serían tratadas en lo sucesivo como partes integrantes del Imperio, fueron las fuentes más inmediatas del descontento. Pero existen otras causas más poderosas y de una naturaleza más general.
De las cuatro potencias que pueden entrar en competencia por este vasto premio, los Estados Unidos y Francia tienen interés en fomentar la insurrección contra el Estado Padre: la primera para disfrutar del comercio sin restricciones, la segunda para apoderarse por el desorden (by tumult) de las colonias, las cuales no están dispuestas a dejarse traspasar junto con la corona de España, tan pasivamente como hubieran podido serlo a comienzos de la pasada centuria. Los agentes de ambas han recorrido la región durante muchos años y bajo diversos disfraces: es bien sabido que los neutrales alquilan sus buques y sus banderas contra la prosecución del común objeto.
Pero los Estados Unidos son temidos y odiados como vecinos.
Francia es enemiga desde la usurpación de España y, además, está excluida del comercio americano. Inglaterra tiene las ventajas de la popularidad que le ha grangueado en América su ayuda generosa a España y la de los grandes beneficios comerciales que se han traducido ya en el aumento del comercio de contrabando. La política de Inglaterra de no inmiscuirse en el gobierno de sus aliadas, aumentaría grandemente esas ventajas, si el intercambio fuese libre.
No hay duda de que haciendo un acertado uso del lazo de pleitesía a Fernando, Inglaterra está en capacidad de evitar una total o repentina separación de la vieja España, puede compeler a ésta última para que modifique su sistema colonial y preservar a las colonias de la influencia de Francia. Del lenguaje de los diputados y de la naturaleza misma del acontecimiento, creo que sería una tentativa quimérica la de tratar de conservarlas para el Estado padre, excepto como aliadas y súbditos del mismo Soberano.
El curso de la Revolución ha sido moderado. Seis de las siete provincias que componen la Capitanía General de Venezuela, la cual es una provincia de gobierno inferior bajo el Virreinato de Nueva Granada y cuya metrópoli es Caracas han desconocido categóricamente a las personas nombradas desde España para ejercer la autoridad; han creado asambleas provinciales que han enviado diputados a una asamblea central y suprema en Caracas. Los cabildos, que son los capítulos eclesiásticos o consejos comunales de las ciudades, parecen haber tenido influencia predominante en las elecciones. Las audiencias o cortes reales de justicia, cuyos miembros tenían tan grande influencia en España, son odiados por ser universalmente nativos de España y por haber sido instrumentos de un sistema judicial en extremo opresor y parcial.
No ha habido violencia, excepto la deportación de las personas más destacadas. Se ha decretado la libertad de comercio. Se han abolido el tributo que pagaban los indios y la alcabala o impuesto sobre la venta de todas las mercancías con otros opresivos tributos. Los habitantes han sido exhortados a incorporarse y a entrenarse en el ejercicio militar; y se han enviado tropas contra la provincia de Maracaibo y contra el pequeño distrito de Coro, que se han negado a colaborar en el cambio.
Se han enviado diputados a las islas americanas, a Inglaterra, a los Estados Unidos y a todas las colonias continentales. Las tropas españolas de línea, pocas en número, se juntaron a la milicia provincial y, como no se trató de resistir, no hubo derramamiento de sangre.
No se han recibido avisos ciertos de que las otras provincias se hayan juntado a Venezuela. Se informa que la capital de Nueva Granada, Santa Fe de Bogotá y Cartagena lo han hecho así. España en 1808 no proclamó con mayor entusiasmo su pleitesía a Fernando VII o la resistencia contra Francia como Venezuela en 1810. Este parece un sentimiento dominante en norte y Suramérica y es ardientemente repetido por todas las publicaciones de Caracas. Muchos de los gobernadores y comandantes que habían sido nombrados por la Junta Central, eran sospechosos de adhesión a Bonaparte: algunos lo habían proclamado. El Capitán General de Venezuela había recibido una comisión de José Bonaparte en Madrid, a quien había proclamado como rey de España y de las Indias, dos años antes, en la ciudad de Caracas si el pueblo no hubiera impedido su propósito por medio de violentas y clamorosas demostraciones de su fidelidad a Fernando.
De las conferencias de los diputados con Lord Wellesley, de los documentos y publicaciones que ellos han exhibido y de repetidas conversaciones, puede colegirse que sus fines son la alianza y amistad de Inglaterra, aún contra el Estado Padre y la emancipación de su país de todo gobierno en España, salvo el de Fernando VII. Sobre lo segundo ellos están resueltos y apasionados. Ellos desean transmitir a España socorros como una benevolencia y no como un tributo. Tienen confianza en que el ejemplo de Venezuela será imitado rápidamente por toda América, pero que Cuba y México, teniendo más interés en el monopolio del comercio y estando más dirigidos por los españoles nativos, serán las últimas en levantarse. Esto es digno de observarse, por que en el curso del último año, el gobernador de Cuba publicó un nuevo reglamento de comercio, que tenía plena e inmediata vigencia a partir de la fecha de su publicación, aún cuando debía ser referido a la Junta en España; este reglamento abolía muchos impuestos sobre las producciones de la isla, reducía los derechos sobre las importaciones y exportaciones y admitía a los amigos y neutrales al comercio que España se había tan celosamente reservado para sí. Era, en resumen, la disposición de una legislatura independiente.
Los diputados esperan que los diversos virreinatos y provincias de norte y sur América se dividirán en diferentes estados de acuerdo con sus límites físicos o políticos; pero ellos proyectan un sistema federal, que dejando a los respectivos estados una independencia de gobierno pueda formar una autoridad central y combinada, como la de los Anfictiones de Grecia.
No existía sino una imprenta en toda la provincia, la cual estaba en Caracas y el gobierno español había siempre excluido de los puertos todas las castas, ellas eran fácilmente dirigidas por las pocas personas ilustradas gracias a los viajes o la educación.
Los diputados insisten sobre la actividad de los emisarios franceses, de quienes me aseguran ellos, que han sido arrestados algunos en Caracas, pero ellos no desconfían de su éxito, salvo en las colonias más meridionales y distantes.
FRANCISCO DE MIRANDA
[1] Sebastián Francisco de Miranda y Rodríguez: creador de la bandera de Venezuela. Es considerado el “Precursor” de la Independencia Hispanoamericana, “el criollo más culto de su tiempo”, “el primer criollo universal” gracias a su empresa emancipadora por lograr la independencia Hispanoamericana del yugo español. El Libertador Simón Bolívar, lo llamó “… el más ilustre colombiano…”. Su nombre está grabado en el Arco del Triunfo en París, su retrato forma parte de la galería de los Personajes en el Palacio de Versalles y su estatua se encuentra frente a la del general Kellerman en el campo de Valmy. Participó en los 3 acontecimientos magnos de su hora: la Independencia de los Estados Unidos, la Revolución Francesa y la lucha por la libertad de Hispanoamérica.
Fue el primero en propagar la Carta a los españoles americanos del jesuita peruano Juan Pablo Viscardo y Guzmán al darse cuenta de su valor y del efecto que produciría en el ánimo de sus compatriotas. Todos los historiadores coinciden en afirmar que Miranda es el traductor de la Carta.
Dominó 6 idiomas francés, inglés, alemán, ruso, conocía suficientemente el árabe y el italiano, además traducía del latín y griego.
Su obra escrita comprende un vasto archivo de documentos conocidos como la “Colombeia”; cartas, manifiestos, proclamas, ideas de gobierno, planes militares, expresan en cada una de sus palabras el inquebrantable proyecto de la libertad suramericana que encontró, en éste prócer, uno de sus representantes más comprometidos y perseverantes.

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