diciembre 08, 2011

CELAC: Discurso de José (Pepe) Mujica, Presidente del Uruguay, en el plenario de apertura de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños, 2011

DISCURSO DEL PRESIDENTE DE URUGUAY, EN LA APERTURA DE LA III CUMBRE DE JEFES DE ESTADO Y DE GOBIERNO DE AMÉRICA LATINA Y EL CARIBE (CELAC), CELEBRADA EN CARACAS, VENEZUELA
José (Pepe) Mujica
[3 de Diciembre de 2011]

Muchas gracias, señor presidente; muchas gracias, compatriotas de la Patria Grande. A todos. Mucha humildad y mucho afecto.
Permítanme tratar de aportar algunas razones, el grito de los libertadores, largamente fundamentados ayer y hoy. No pudo ser, sustantivamente, porque en cada puerto de América Latina ya existían y se desarrollaba una clase mercantilista, que era dueña del comercio, del alto comercio. Cada aporte importante terminó generando un país, un interland, y el emergente mercado mundial contribuía a atomizarnos, mucho más que la vieja colonia.
Quien dominaba el puerto dominaba la única fuente impositiva de la época, tenía peso en el Estado y terminaba teniendo peso militar. Un poco más-un poco menos, ese escenario se dio por todas partes, en la historia fundamental de por qué vivimos tanto tiempo a espaldas de nosotros mismos, porque era mucho más importante, en los hechos, la relación comercial con el mundo central.
Pero el mundo ha cambiado y está cambiando dramáticamente, la globalización es un hecho, que tiene su base en el desarrollo portentoso, de la fuerza productiva de la inteligencia, de la acumulación de capital, de la multiplicación de necesidades, a escala como nunca pudo soñar el hombre; y la globalización está allí, pero globalización no es igual a justicia, a igualdad, a independencia, sino que la globalización tiene sus centros determinantes, y diría cada día menos da lugar a los débiles, cada día más en ese mundo que se apretuja, donde florecen empresas, que a veces superan largamente el presupuesto de muchísimos de los Estados aquí presentes, nos está diciendo que para que los derechos de los débiles tengan cierto peso en el concierto mundial hay que dejar de ser débil- Y el único camino es juntarse.
Esta no es una lucha por una utopía, es la lucha por ‘ser o no ser’, éste es el drama de nuestro tiempo, porque los poderes se desbordan, palabras como autodeterminación han desaparecido del lenguaje oficial de muchísimas cancillerías del mundo rico, y en esas condiciones la necesidad de juntarnos nos viene impuesta por la naturaleza de los hechos: más claro, nuestras patrias, que son hijas de la historia producto de la historia necesitan un alero que las proteja para seguir siendo en todos los aspectos, pero ese alero solo lo poder brindar el poder disuasivo de andar juntos, de lo contrario seremos una hoja al viento.
Si ayer hubo razones históricas determinantes, también hoy las hay, y este es un desafío, porque esto tiene obstáculos, tiene obstáculos, lógicamente, en el mundo central, pero tiene obstáculos entre nosotros, por qué, porque nuestra cultura viene apañada, y es tributaria de 200 años de gestación del Estado Nacional, y cada uno de nosotros es producto de una lucha y tiene un compromiso en el Estado Nacional, y ello no podrá ser estratégico, pero es imprescindible para nuestro hoy, para la permanencia, para el logro siquiera parcial, de los proyectos políticas que encarnamos; y tiene otro punto débil, y el punto débil más fuerte que tiene, es que no hemos logrado una penetración en la conciencia pública masiva de los movimientos sociales de la masa.
No hay un paro de los obreros portuarios por la integración, no paran las universidades de América Latina, donde está la supuesta inteligencia, como un gesto de media hora por la integración de América Latina, NO, somos una superestructura de gente que lee tres o cuatro diarios bien informada, ese es su discurso que razona y que piensa, y algunos, los más viejos como yo, llevamos 60 años soportando los gritos contra el imperialismo, pero no se les mueve un párpado al imperialismo, entonces comprendemos que acá hay una lucha, hay una retaguardia de masas, hay un trabajo que no se hace acá que es nuestra responsabilidad, y esto que sea calor de masas, precisa calor de pueblo, porque atrás de Bolívar estaban los llaneros, porque detrás de Artigas estaban las masas heroicas y analfabetas, porque los negros sometidos, que fueron arrancados de África, sufrieron y participaron en la gesta de la independencia, porque muchísimos de los sometidos de hoy en esta América de los desiguales, de los pisoteados, no se dan cuenta, no ha llegado la idea de la importancia que tiene para su suerte, para sus hijos, para su futuro, esta cuestión de la integración.
Hay una lucha de ‘ser o no ser’ y nuestro deber, por supuesto, que habrá que hacer una secretaría, que hay que ocuparse de esos temas, y hay mucho que hacer en la superestructura de esta lucha por la integración, pero mucho más hay que hacer en la agitación de la conciencia de nuestro pueblo, porque si no tenemos el aliento, el empujón, la participación de los que andan de a pie, de los que andan en los cerros, de lo que andan en los socavones minerales, en la negritud olvidada de este continente, en los pueblo indígenas, no tendremos la fuerza para este tamaño desafío, porque hay que pechar con 300 años de división mirando al mundo, y nosotros tenemos también en nuestra casa, lamentablemente, inevitablemente, porque la globalización esconde un abismo de diferencias de clases enorme; y por lo tanto, nosotros también tenemos peores patriotas y peores americanos que los que están afuera, todo eso está como parte de la realidad y del dibujo político.
La integración no está al alcance de la mano ni a la vuelta de la esquina, es un proeza desafiante de nuestro tiempo, porque dónde se ha visto que se conquiste fácilmente una segunda independencia, tiene obstáculos formidables, pero tiene a favor un capital formidable.
Los que estamos acampados a la orilla del Atlántico, en frente tenemos un África Negra pisoteada, estrujada, pero que dentro de poco tendrá mil millones de hombres, el mayor canto de los pobres que hay a nivel del universo, el Atlántico será un Mare Nostrum de los que luchan por ser, inapelablemente, lo hacer… (Inaudible).
Está América Latina con sus 600 millones con un crecimiento a los tumbos, también está demostrando nuestras posibilidades, porque encajamos con el mundo, no hay que tener vergüenza de ser productores de materia prima, hay que tener vergüenza de no aplicar los criterios más finos para la explotación de nuestra propia riqueza, industrializar no es, necesariamente, equivalente a llenarse de chimeneas, industrializar es generar más valor en menos tiempo, y ésta es nuestra proeza: la productividad, pero ésta viene de la mano de la inteligencia y de todos los robos, el robo peor es la tendencia a perder, permanentemente, nuestra inteligencia y nuestro llamado a la unidad.
Si un congreso de esta naturaleza vale porque se sientan los presidentes, más valdría que este congreso que las universidades públicas de América Latinas se juntaran y comprendiéramos, un día, que ese capital intelectual son los soldados fundamentales en la era del conocimiento, para lograr nuestra segunda liberación, porque no es sólo con recursos naturales, es con la cabeza fina, con las propiedades del conocimiento, tenemos que aceptar el desafío que pone la modernidad y eso tiene un precio: el desarrollo de nuestra propia inteligencia.
Por eso, yo no veo esto como el paso de una larga marcha, que necesita estas gestualidades políticas; y me felicito de que 30 y pico de presidentes, naciones grandes, chicas, medianas, se puedan juntar. Me felicito que exista este tácito respeto, me felicito de que nos vamos arrimando a la vejez y al hoyo, hay un canto de esperanza en esta América Latina.
Pero con la misma crudeza digo: la batalla es fenomenal, y va a tener etapas, las relaciones comerciales del mundo de hoy están cambiando abruptamente, y algunos no se quieren dar cuenta en este mundo. Asia pasa a ser el centro determinante del mundo, y lo está haciendo delante de nuestros ojos.
Algún día, quienes han tenido olvidada la mirada hacia el Sur mirarán hacia el Sur, casi como en gesto defensivo, para es entonces tenemos que estar juntos y fuertes. Pero no deberemos cometer el error del dogmatismo, acá deben de estar todos, derecha, centro, izquierda, todos los que fuere, y aunque esto encierra contradicciones, es la hora de entender que el peor servicio que le podemos hacer al porvenir es no tener gesto y grandeza de unidad.
En eso sí, esto es decisivo, la actitud de los gobiernos, la actitud de nuestra conciencia, de nuestro mensaje, la actitud de nuestras relaciones, la actitud de respeto, porque siempre la historia de América Latina, lo peor no ha sido no lo que vino de afuera, sino los aliados que generamos desde adentro para servir a los de afuera, y eso fue siempre, eternamente, lo que nos debilitó, seremos adultos si lo habremos comprendido y si lo podemos cultivar.
Finalmente, mi agradecimiento a Venezuela por el esfuerzo que ha hecho, por el respeto como lo ha hecho, y sobre todo, no sé cuántas décadas quedan por delante para cristalizar este esfuerzo, y probablemente, la historia invente atajos que hoy ni siquiera podemos imaginar, pero aun los países más grandes de América Latina llegan demasiado tarde a la mesa del poder de este nuestro mundo, y aun los países más grandes América Latina precisan estar rodeados por todos y apoyados por todos.
No es la hora de un imperialismo a la inglesa, ni de neocolonialismo, es la hora de entender que necesitamos nervios comunes de una política defensiva común, por qué, porque la soberanía del viejo Estado Nacional está jaqueada, pero está jaqueada en contra de los débiles.
Cuál es el tribunal que puede laudar en la defensa de la Amazonia, cuando nos fichen el gran productor de oxigeno, una necesidad de la humanidad, quién va a defender la plataforma continental, los derechos elementales, que tienen los países en la plataforma continental cuando nos fichen, el mar es de la humanidad. A qué tribunal va a apelar la República argentina por el derecho a su soberanía en Las Malvinas.
Y yo podría seguir hablando y hablando de viejas cosas que están anidadas en esta América Latina, solamente en nosotros, solamente si tenemos una actitud global de entender que ningún capital hoy vale más, defensivamente, que el andar juntos, que tener la grandeza de andar juntos, por encima de las diferencias que se pueden tener.
Y por eso saludo a Venezuela y a todo el esfuerzo gigantesco, no siempre es comprendido, está siendo, y quede suyo nuestro agradecimiento y nuestro reconocimiento.
Gracias, señor presidente.
JOSE (PEPE) MUJICA

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