junio 20, 2012

Discurso de Nestor Kirchner en el acto de homenaje por el Centenario del Natalicio de Ricardo Balbín (2004)

DISCURSO EN EL ACTO DE HOMENAJE POR EL CENTENARIO DEL NATALICIO DE RICARDO BALBÍN
Néstor Kirchner
[29 de Julio de 2004]

Señor gobernador de la provincia de Buenos Aires; señor diputado nacional Leopoldo Moreau; señora vicegobernadora de la provincia de Buenos Aires; señores ministros del Poder Ejecutivo nacional y provincial; señores diputados nacionales presentes; autoridades nacionales, provinciales y municipales; señores legisladores; señores intendentes municipales; familiares y amigos del doctor Balbín; señoras y señores; argentinos y argentinas: les agradezco muy profundamente la invitación que me hicieron para concurrir a este homenaje al doctor Ricardo Balbín, aquí en la que era y es su ciudad.
Creo que es una ocasión para que los argentinos hagamos ejercicio de la memoria y quiero aprovecharla para compartir con ustedes algunas reflexiones.
En una Argentina que siempre sorprende por su capacidad para discutir lo obvio, para encerrarse en discusiones arcaicas o abstractas, es bueno que hagamos ejercicio de la memoria histórica, no de una memoria estancada en el pasado, nostálgica de las ausencias, sino un ejercicio de memoria y verdad que nos aporte a comprender la actualidad y nos ayude a desentrañar las perspectivas de nuestro futuro.
Le faltaríamos el respeto al doctor Balbín, a sus contemporáneos y a la propia historia de las instituciones si concluyéramos que ha sido un hombre perfecto. Ese sería el camino más corto para transformarlo en un prócer alejado del cariño y el recuerdo popular. La Argentina no necesita de bronces perfectos que terminan generando recuerdos fríos y sin rastros de la vida, que seguramente con pasión, convicciones e ideales vivieron. Es preferible recordar a los protagonistas de nuestro pasado, cercano o lejano, como lo que fueron: seres humanos con defectos y virtudes, que defendieron sus posturas con aciertos y errores en el marco de las exigencias de su tiempo.
Le faltaríamos el respecto a su propia historia de hombre comprometido y apasionado, actor y a la vez resultado de los hechos de su tiempo, si quisiéramos resumir su vida resaltando un solo acto, su militancia a través de una única postura, sus ideales a uno solo de sus discursos; estaríamos errando.
Su siglo fue de grandes encuentros y grandes desencuentros de los argentinos. El doctor Balbín fue parte de su siglo y de esos encuentros y desencuentros, fue protagonista de tiempos confusos en que los valores de la democracia no fueron constantemente respetados. Siglo en que se podía ser censurado o censor, preso o carcelero, perseguidor o perseguido, resultado de las antinomias que dividieron a la Argentina y que generaron en los hombres de la democracia contradicciones que aún hoy incomprensiblemente pugnamos por superar. Pero debemos contarlo entre los que concibieron la política con vocación de bien público, concibiéndose a sí mismo como un ciudadano que ponía su tiempo y su vida al servicio de la comunidad en que le tocó vivir entendiendo que la discrepancia no debilita sino fortalece la democracia.
Para un tiempo como el actual en que es necesario reconciliar a las instituciones y a la política con la sociedad democrática demostrando que el poder político tiene que servir al ideal de obtención del bien común, esa cualidad por sí sola debiera bastarnos. Para un tiempo como el actual en que muchas veces se confunde a la política con la simple acción de agredir o la baja intención de desacreditar al otro, esa cualidad es la que puede ayudar a mejorar la calidad de las instituciones y la calidad de los partidos políticos.
Podrán decirse muchas cosas de los políticos, en muchos casos los hubo que merecen el reproche y que avergüenzan a la actividad política, pero es preciso dejar en claro que sólo quienes hacen política buscan la obtención del poder por la voluntad de sus conciudadanos y lo ejercen bajo la responsabilidad de tener que revalidar el título ante ellos. .
Hay muchos otros poderes, muchos más oscuros que los poderes a que se accede a través de la política, que no permiten ni quieren que se los controle, ni revalidan títulos ante nadie y se manejan con presiones y exigencias insaciables. Son poderes que actúan evadiendo toda responsabilidad.
Por eso en nuestra Patria necesitamos revalidar la política con letras grandes, la política dispuesta a ponerse al servicio del bien común, para la felicidad del pueblo y que ponga equilibrio allí donde hay desigualdades, que impida la exclusión y que mitigue el sufrimiento de los que menos tienen. .
La política concebida como la eliminación del distinto, la anulación del otro, la condena de la pluralidad, ha sido y es un fenomenal negocio para quienes pretenden la sumisión política y económica de la Argentina.
El crecimiento de la concentración económica y la exclusión social, la destrucción de redes de contención social, la anulación de la posibilidad de la formación del ciudadano, la pérdida de valores constitutivos como son la solidaridad y la justicia social, junto con el alejamiento de la discusión política de los temas concretos que aquejan a nuestro país, resultan ser el crisol donde se funden crisis como las que intentamos con mucho esfuerzo superar.
Reivindiquemos ante la memoria de este hombre y de sus viejas luchas a la política como instrumento de cambio, como espacio para la construcción de un país distinto, como ámbito natural para la discrepancia enriquecedora de expresión de las verdades siempre relativas, dispuestos a construir entre todos una verdad superadora que nos contenga.
Los argentinos nos esforzamos por salir de una prolongada y negra noche intentando echar las bases y los primeros peldaños de la escalera que debe rescatarnos del pozo donde fuimos a dar. Salir de allí es posible, la construcción de un proyecto nacional es posible, en pluralidad y diversidad. No se logrará de un día para el otro, tiene su tiempo de gestación, su maduración y tendrá sus frutos.
Vamos construyendo camino y poniendo ladrillo a ladrillo, paso a paso, las bases de un futuro en el que podamos ser un país normal, un país serio. Los argentinos tenemos que aprender la lección de la historia, no se podrá construir una nueva institucionalidad con inclusión social si no logramos consolidar la política en la Argentina, si no logramos que en la Argentina el debate de la idea, el debate de los temas políticos cotidianos que van determinando la gobernabilidad de los tiempos, se haga con altura, con fundamento y con decisión, y terminemos con ese agravio constante que nos ha llevado a una castración y a una derrota tras otra.
Tengamos bien en cuenta que la división profunda de las bases populares y los partidos populares de la nación ha sido permanentemente instrumentada desde sectores que nos necesitan débiles, desde sectores que nos necesitan quebrados, desde sectores que necesitan que no podamos compatibilizar las diferencias y desde sectores que quieren seguir consolidando la injusticia y la concentración en la Argentina. Y si el doctor Balbín y el General Perón, casi al final de sus días, con una Argentina en plena ebullición, tuvieron gestos profundos, aún más comprendidos dentro del marco histórico de hoy, nosotros aprendamos esa lección de la historia y tomemos ese mensaje para tratar de construir una Argentina que nos vuelva a sintetizar.
Claro que la política defraudó a muchos. Cuando algunos se juntan a hablar de peronistas y radicales como si fuéramos parte del pasado, los que queremos que sean parte del pasado son los que se colocaron la camiseta de nuestros partidos para lobbiar, saquear y llevar la corrupción a la Argentina.  Los que queremos que sean parte de una historia que no se vuelva a repetir son aquellos que en nombre de objetivos muchas veces inconfesables generaron acciones que llevaron al país a situaciones límite. Lo que queremos que sea parte del pasado es esa idea de que murieron las ideas y las ideologías. Qué sería de la Argentina si no hubiera ideas, ideología, debate, pluralidad y esta verdad relativa. 
Cada vez que llego a La Plata me emociono profundamente. Fui un actor permanente cuando me tocó vivir aquí en La Plata y un militante activo de las ideas que sostuve con toda dignidad y orgullo, y a las que nunca he de negar por más aciertos y errores que hayamos cometido en nuestra acción.  Renegar de mi propia historia sería como renegar de la historia de miles y miles de amigos, compañeros y correligionarios que hoy no están y a los que he conocido en la militancia política, en la universidad, en la calle, en la lucha por la democracia.
Cuando veo la bandera de la Juventud Radical recuerdo que compartimos muchísimas movilizaciones la Juventud Peronista y la Juventud Radical de aquellos tiempos.  Fuimos un ejemplo constante y permanente en la mesa de juventudes políticas para ayudar al proceso de recuperación democrática que se dio en aquel tiempo de la historia.
Dios quiera, querido amigo Diputado, señor Gobernador, familiares del doctor Balbín, amigos y compañeros presentes aquí, argentinos, correligionarios, que podamos tener la madurez, la responsabilidad y la racionalidad de afrontar esta etapa histórica, pero también no le tengamos miedo al cambio. Los que a veces nos tratan de cortar el esfuerzo y la pasión por el cambio son los que quieren que todo vuelva a ser como antes para seguir detentando el poder como lo detentaban antes.  Lo que no admiten es la sola posibilidad del cambio, lo que no admiten es la idea de construir una Argentina distinta.
Por eso hoy realmente me siento muy bien y con un profundo honor de compartir con todos ustedes este momento que la historia me ha regalado de poder participar en el recordatorio de los 100 años del natalicio del doctor Balbín -casi un sueño-, de recordar las cosas en que estuve de acuerdo y en desacuerdo con él, pero siempre estuvo en la trinchera y en la tarima peleando por las ideas de la democracia, la convivencia y la pluralidad. Qué me importan las diferencias cortas de un tiempo histórico si lo que fue sembrando es la construcción de una Argentina con un sentido estratégico distinto. 
Espero en esta etapa temporal de la historia que me toca presidir la Nación Argentina estar en el marco histórico al nivel y a la altura que ellos estuvieron. Dios quiera que me equivoque lo menos posible. Les puedo asegurar que realmente como ustedes aspiramos a tratar de salir de este infierno en el que fuimos sumidos, a tratar de creer en nosotros mismos y a tratar de que cuando la historia recuerde este tiempo digan que tuvimos la grandeza, los que nos toca hoy gobernar y los que quieren construir la gran historia de la Argentina –como no tengo ninguna duda que son ustedes-, de ir construyendo los peldaños para darle un país mejor a esta sociedad argentina que tantas frustraciones, dolores y derrotas tuvo.
Por eso estoy aquí hoy, estoy compartiendo de corazón los conceptos, la filosofía que llevaron hombres como el doctor Balbín, el general Perón, Eva Perón, y esa frase que tanto me gusta, “que se rompa pero que no se doble”, de Hipólito Yrigoyen, para poder realizar la síntesis de la construcción del país que tenemos que hacer. 
Muchas gracias por haber compartido este momento, muchas gracias por estar juntos, por respetarnos la diversidad, por construir en pluralidad y porque queremos recuperar la política, la calidad y la honestidad que sí tenemos para construir una nación con justicia y con inclusión social.
Muchísimas gracias.
NESTOR KIRCHNER

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