junio 21, 2012

Discurso de Nestor Kirchner en el homenaje a los Policías caídos en cumplimiento del deber (2005)

DISCURSO EN EL ACTO DE HOMENAJE A LOS POLICÍAS CAÍDOS EN CUMPLIMIENTO DEL DEBER
Néstor Kirchner
[1 de Julio de 2005]

Señor jefe de Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires; señores ministros del Poder Ejecutivo Nacional; señor jefe e integrantes de la Policía Federal Argentina; autoridades nacionales y del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires; familiares de los caídos en cumplimiento del deber; señoras y señores: venimos a recordar aquí a los policías federales caídos en cumplimiento del deber; venimos a un justo homenaje dedicado a quienes ofrendaron sus vidas por nosotros; venimos ante estos muertos de la sociedad, caídos en cumplimiento del deber, a tomar de su ejemplo fuerzas para construir como estamos construyendo, con aciertos y errores, como toda tarea humana, una policía con profundos ideales democráticos, y comprometida en la defensa y respeto de los derechos humanos.
Nos merecemos los argentinos y estos mártires una policía con vocación, una Policía Federal con prestigio, reconocida en su tarea cotidiana por la sociedad y respetada por todos.
Venimos de difíciles momentos, desde muy abajo y debemos dedicar mucho esfuerzo al trabajo de reconstrucción de una calidad institucional apegada a las normas. Este compromiso está en el centro de nuestra acción, queremos dotar a la patria de una seguridad jurídica que ampare a todos, no sólo a los que tienen dinero o poder.
No cederemos en el combate contra toda forma de impunidad que tenemos en marcha, porque sabemos que el centro del problema en la Argentina ha sido la impunidad. Los Argentinos hemos convivido con la impunidad; es más, hasta casi la habíamos aceptado y allí radica el problema. Como sociedad, durante demasiado tiempo, hemos carecido de un sistema de premios y castigos; un sistema de premios y castigos en materia penal, en materia impositiva, premios y castigos en lo económico, premios y castigos en lo político. Esto permitió instalar por mucho tiempo la impunidad en nuestra sociedad.
En nuestro país cumplir la ley no ha tenido ni premio ni reconocimiento social, es más, quienes cumplimos la ley, no pocas veces hemos sentido la sensación de ser los más tontos. La violación de las normas se convirtió así en un verdadero hecho cultural, asociado a la llamada viveza criolla.
Tenemos que desandar este camino, la sociedad lo está exigiendo y día a día tenemos que tratar de desandarlo, en esta lucha en la que no puede haber descanso. Lo típicamente argentino tiene que ser el cumplimiento de la ley, el respeto a las reglas de convivencia, tenemos que lograrlo rescatando lo mejor de nuestra sociedad.
No me cansaré de repetirlo: el delito es delito. Sea de guante blanco, sea de naturaleza común, sea de mafias organizadas comprometidas desde la policía o la política, no tiene color partidario ni ideológico, es delito. Para combatirlo el Estado debe ser esclavo de la ley y de la Constitución, y no puede estar sometido ni dejarse someter a ningún tipo de extorsión.
Los valores de orden y seguridad deben convivir con los de justicia y libertad, no seremos una sociedad civilizada en la medida en que eliminemos unos valores en función de los otros.
La paz social, el respeto a la ley, la defensa de la vida, los bienes y la dignidad, son y deben ser derechos inalienables de todos los argentinos. Para lograrlo debemos comprometernos muy profundamente todos, es necesario que hagamos normal la práctica de respetar los derechos de los otros. En el día a día y corrigiendo permanentemente los errores que puedan cometerse, debemos estar todos los niveles de responsabilidad estatal, social, pública o privada, nacional o provincial, trabajando tras ese objetivo. Sin hipocresías, con serenidad pero con firmeza.
Diariamente tenemos ejemplos en nuestro pueblo que demuestran que hemos decidido cambiar. No se trata sólo de pedirle al otro de que cambie las cosas, estamos comprometidos a cambiar nosotros. Los ciudadanos debemos involucrarnos, hacernos cargo de cada una de nuestras conductas, desde lo cotidiano a lo institucional, desde lo individual a lo colectivo, comenzar a mirar más allá de nuestro lugar grande o pequeño.
Por supuesto que los funcionarios públicos en general y los funcionarios policiales en particular deben dar el ejemplo y repudiar y condenar cualquier atisbo de corrupción en las instituciones. Estamos decididos y con la convicción de que sólo de esa manera es posible cambiar, de la manera que nuestra patria y nuestra sociedad exigen.
Estamos dejando atrás días de crueles estadísticas cotidianas, cuando cada dos días caía un policía y todos los días lamentábamos un herido. Estamos haciendo retroceder a la delincuencia organizada. Robo de automóviles en conexión con desarmaderos, toma de rehenes y secuestro de personas, paulatinamente, con mucho esfuerzo y mucho sacrificio, van tomando un camino de disminución.
Con humildad reconocemos que aunque revertimos los indicadores más negativos todavía no hemos solucionado todos los problemas ni todo es como nos gustaría, pero se trata de seguir mejorando permanentemente.
Hemos avanzado en la actitud de prevención, de contención y profesionalismo ante las distintas manifestaciones de provocación a la violencia en base a un mayor grado de capacitación y compromiso con la seguridad que demuestran los hombres y las mujeres de la Policía Federal Argentina. Nuestra fórmula debe ser trabajo y más trabajo, más prestigio institucional, más contención a la familia policial y más policías. Podemos mejorar sensiblemente para poder decir que gracias a ello tenemos menos muertos, menos heridos y menos violencia.
Se trata de un largo camino hacia la mejora en la convivencia, los argentinos no nos vamos a refugiar en ningún escepticismo ni caeremos en poses triunfalistas. Sabemos que somos capaces, que tenemos la fuerza necesaria, las ideas y las convicciones para concretar nuestros sueños y nuestras esperanzas.
En este momento tan especial, hablando con sinceridad desde el lugar que recuerda a muchos policías federales caídos en cumplimiento del deber, venimos a dar testimonio de nuestro compromiso de construir la sociedad que pueda compartir la vida en paz y amor que ellos soñaron. Nosotros queremos vivir plenamente en una sociedad donde la gente vuelva a confiar con todas sus fuerzas en nuestra Policía Federal. En ejemplo de nuestros mártires, que han caído en defensa de la seguridad ciudadana, en defensa de todos los ciudadanos argentinos, y que nosotros valoramos, comprendemos y agradecemos su entrega a ellos y a su familia, también desde la propia Policía Federal, en ejemplo a esos mártires que dieron todo sin pedir nada, tenemos que dar todas las seguridades en todos los operativos que la Policía Federal lleva adelante.
En estos días hubo un hecho que conmovió a la sociedad en general, lo acaecido después de un partido de fútbol donde falleció una criatura como Fernando Blanco. Le pido al señor jefe de la Policía Federal y al señor Ministro el total esclarecimiento del tema, porque nosotros queremos una Policía Federal –y estamos avanzando hacia ella- a la cual nos podamos abrazar sabiendo que tenemos permanentemente el velo de su seguridad y que, por Dios, ningún procedimiento equivocado, errado o alguna mala actitud de sus hombres, empañen el tremendo esfuerzo que nuestra Policía Federal está haciendo para dar la seguridad que los argentinos merecemos.
En nombre del gobierno de la Nación en esta etapa temporal de la historia en que me toca conducir la Argentina, no tengo más que agradecimientos permanentes a la lealtad, al esfuerzo y al trabajo que el cuerpo de agentes, suboficiales, oficiales y jefes de la Policía Federal están haciendo para tratar de lograr la seguridad que los argentinos nos merecemos. Lógico que falta y que el camino es largo, lógico que todavía estamos en el infierno, pero siento que estamos caminando hacia delante, esto es muy importante valorarlo y nosotros lo rescatamos absolutamente.
Realmente nuestro permanente recuerdo a nuestros mártires, a nuestros héroes que han dado todo para que en la Argentina la seguridad se vuelva un derecho de todos, sin distinción de clases, de profesión, sin ningún tipo de distinción, que sea un derecho de todos.
Muchísimas gracias.
NESTOR KIRCHNER

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