junio 20, 2012

Discurso de Nestor Kirchner en la Semana de la Policía Federal (2004)

DISCURSO EN EL ACTO DE CIERRE DE LA SEMANA DE LA POLICÍA FEDERAL ARGENTINA
Néstor Kirchner
[29 de Octubre de 2004]

Señor vicepresidente de la Nación; señor jefe de gobierno de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires; señor Jefe de la Policía Federal Argentina; autoridades nacionales y del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires; señor Jefe del Estado Mayor General del Ejército; señores representantes de las Fuerzas de Seguridad; señores legisladores; personal superior, subalterno y civil de la Policía Federal Argentina; señoras y señores: quiero aprovechar mi presencia en este acto central de la Semana de la Policía Federal Argentina para que realicemos un conjunto de reflexiones sobre lo que considero la tarea central de la fuerza policial nacional.
Como ustedes saben, hemos encarado con firmeza la tarea de prestigiar en el cumplimiento de su deber a nuestras instituciones, en particular las que tienen por fin velar por la seguridad de los ciudadanos. Los argentinos necesitamos una Policía Federal Argentina que nos acompañe en el inmenso cambio cultural que buscamos consolidar en nuestra patria.
Venimos de estar muy mal y ascendemos con esfuerzos denodados cada peldaño de esta escala que tiene que volvernos a poner de pie en un país que merezca ser vivido. Tiene que volver a valer la pena hacer las cosas bien, tiene que revalorizarse el cumplimiento de la ley, tenemos que volver a premiar al que más se esfuerza, al que más trabaja, al que asume con honor su responsabilidad. Tenemos que construir y fortalecer un escenario social, donde la corrupción resulte condenada, que los que elijan vivir en la oscuridad del delito, de cualquier delito, con o sin guante blanco, sepan que nadie aplaudirá lo que logren con su corrupción. Eso hará que valga más el premio que la sociedad debe darle al honesto para alentarlo, para valorizarlo, para señalar a la sociedad el camino correcto.
Tenemos que pelear todos los días para superar la profunda crisis moral, social, económica y política que terminó postrando los sueños de los argentinos. Tenemos que ir recuperando la alegría del trabajo bien hecho y la capacidad y autoestima de los argentinos. Por este camino construiremos una Policía con profundos ideales democráticos y comprometida en la defensa y respeto de los derechos humanos. Una Policía con vocación, una Policía Federal con prestigio, reconocida en su tarea cotidiana por la sociedad y respetada por todos.
ES necesario que en este punto nos despojemos de hipocresías, existe en el tema de la seguridad una continua tensión entre los derechos individuales, la libertad de cada ciudadano y los derechos de la sociedad, el derecho de todos a vivir seguros y tranquilos. Nuestra sociedad tienen que ser capaz de garantizar los derechos de todos los ciudadanos y a la vez, sin afectar los derechos esenciales de los seres humanos, garantizar niveles adecuados de seguridad.
Las respuestas constantes de la sociedad y de la Policía deben ser la del apego a la ley, el cumplimiento prolijo de las normas debe ser la solución, sin que existan protecciones de ningún tipo para los que delinquen. Sólo así las instituciones encargadas de la seguridad recuperarán la total confianza de los ciudadanos. Sobre la base de esa confianza en las instituciones policiales se podrán elevar drásticamente los niveles de seguridad. El ciudadano no denunciará ni concurrirá a solicitar el auxilio de la Policía ni colaborará con ella si no tiene la certeza de que la Policía no protegerá al delincuente ni se implicará de algún modo en el delito. Esto es así de simple. Restaurar esa confianza está en la base del cambio cultural que tenemos que producir para llegar a tener una Policía comunitaria, de proximidad, como una red eficaz contra el delito.
Por supuesto que esto no es tarea fácil ni pueden valer magias de ningún tipo. Como parte de la sociedad la Policía enfrenta las mismas dificultades que el resto de los ciudadanos, pero contando como contamos con los medios técnicos, de infraestructura y logística necesarios, garantizados en el plan estratégico de justicia y seguridad, podemos ser optimistas y estar seguros de que lo lograremos.
Avanzando en la capacitación, formándonos en la inteligencia criminal, utilizando las ventajas logísticas que brinda la tecnología informática, accediendo a los más sofisticados métodos de investigación y prevención, tenemos que ganar excelencia en la lucha para dotar de seguridad en democracia al ciudadano.
Sabemos sin embargo que las mejoras armas con las que contará la Policía son los valores: honestidad, buen trato, valentía, vocación de servicio serán los mejores argumentos para utilizar en la lucha incansable contra el crimen.
Siendo como es la lucha contra la delincuencia una de las más importantes cuestiones de Estado no tenemos que conformarnos con menos que lograr estándares de seguridad que permitan a los ciudadanos vivir con la sensación, la certeza y la realidad de estar protegidos por las autoridades. Decimos realidad porque la seguridad debe resultar palpable a cada madre para que no tenga que estar con el corazón en la boca por miedo a que a su hijo le pase algo cuando sale a la calle, el Estado y sus instituciones deben asegurar protección efectiva de los derechos. Decimos certeza, porque aunque exista la posibilidad de que se cometan delitos no puede caberle a nadie dudas al respecto de que existirá la persecución de los delincuentes, ninguna sociedad puede tener en crisis ese valor sin reaccionar fuertemente. Decimos sensación porque buena parte de la seguridad ciudadana reposa en la percepción que cada individuo tiene de su situación de exposición al delito, de sí mismo y de quienes lo rodean.
No pueden caber dudas respecto de que las autoridades y las fuerzas de seguridad tienen la obligación y deben trabajar para lograr que la seguridad ciudadana sea una realidad, una certeza el hecho de que se buscará el castigo al delincuente y una sensación de tranquilidad que repose en el correcto funcionamiento institucional. Y eso se logra trabajando con la misma fuerza y predisposición, con obtención de resultados todos los días, solucionando el problema grande y el problema chico.
En esto no hay tarea pequeña, si queremos contar con una sociedad segura no podemos menospreciar ninguna de las múltiples acciones que diariamente deben concretarse para combatir el delito en todas sus formas.
No se construye más seguridad con exitismo, acciones espectaculares y acciones espasmódicas, debemos ganar esa batalla paso a paso. Hay heroísmo en la acción espectacular y en el rescate producto de la inteligencia, el acierto y el arrojo, pero también lo hay en el trabajo de prevención de todos los días y todas las horas. Está también ese valor en la paciencia del investigador para seguir cada rastro e interpretar cada indicio, y lo está en el ojo del vigilante que aprende a cuidar su cuadra, su barrio y su sector.
Autoridades, ciudadanos: tenemos que asumir que la tarea de mejorar la calidad de las instituciones no es tarea que se pueda llevar adelante sin el concurso de todos. La mejora de la sociedad llevará a tener mejores instituciones, la seguridad es un valor principal de la calidad institucional, tenemos que comprender que su reconstrucción es tarea de todos.
Nadie debe verse pequeño y medir de ese modo su responsabilidad ante los problemas que enfrentamos, la nuestra es una tarea de reconstrucción, de verdadera refundación de establecimiento de valores compartidos. No debemos olvidar que en la base de nuestra crisis está la crisis de los valores, entonces debemos reconstruir desde abajo y allí todos somos importantes e igualmente responsables.
Tenemos la certeza de que los cambios que día a día vamos concretando van en el buen sentido, vamos por la buena senda y por el mejor camino. Todos los días tratamos de estar mejor y vemos que de a poco y con gran esfuerzo lo vamos logrando. Llegaremos a ser un país serio y respetado, vamos a tener un mejor Estado, con instituciones de verdadera calidad, con capacidad de regulación, control y promoción. Vamos a tener un mejor mercado, donde los intereses concentrados y los monopolios no puedan ahogar a las empresas medianas y pequeñas. Vamos a estar mejor integrados al mundo y seremos una mejor sociedad, donde el valor de la solidaridad actúe como un imperativo ético que triunfe sobre la desigualdad y la inequidad. En nuestro norte estará ese país de oportunidades para todos, a condición de que puedan desarrollar su esfuerzo y su capacidad, un país sin excluidos donde se pueda soñar.
En esa tarea no es poca ni pequeña la tarea de construir una Policía Federal de calidad, eficiencia, abocada sin reservas a tareas profesionales. Construirla para rememorar sus mejores laureles no es tarea de magos ni de iluminados, es tarea de hombres comunes que estén dispuestos a mejorar su mundo y a cumplir correctamente con su deber. Se construye desde cada uniforme, desde cada esquina, en cada una de las comisarías; se construye desde la superintendencia y desde la investigación federal; se construye desde la policía científica, desde cada bombero y desde cada delegación regional; se construye desde el área de bienestar y desde la asistencia médica que se brinda; se construye desde cualquier lugar de la familia policial. Se debe construir y reforzar sobre todo desde este establecimiento educativo, impartiendo con la información y la preparación adecuada los valores en que todo cambio se debe cimentar. Por eso debemos conservar la capacidad de depuración para el caso de los que elijan el mal camino, nuestro presente es un presente ligado a cambios profundos en un mundo de constante transformación.
Por el camino de los cambios que estamos viviendo restableceremos el profundo vínculo de confianza que tiene que existir entre la sociedad y sus fuerzas de seguridad. Los argentinos, creyendo en nosotros mismos, seremos capaces de lograrlo, que nunca nadie más pueda hacernos creer que lo nuestro no vale.
Desde un profundo amor a la Patria les pido que actúen con mucho amor a ella y a la institución que ustedes componen. Dios sabrá valorar vuestros y nuestros esfuerzos.
Muchísimas gracias.
NESTOR KIRCHNER

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