junio 21, 2012

Discurso de Nestor Kirchner en la conmemoración del "Día del Veterano de Guerra y de los caídos en la Guerra de Malvinas" (2006)

DISCURSO EN LA CONMEMORACIÓN DEL “DÍA DEL VETERANO DE GUERRA Y DE LOS CAÍDOS EN LA GUERRA DE MALVINAS”
Néstor Kirchner
[2 de Abril de 2006]

Hermanos Veteranos de la Guerra de Malvinas; señor Vicepresidente de la Nación; señores miembros del Poder Ejecutivo, Legislativo y Judicial; señores gobernadores y jefe de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires; señores jefes del Estado Mayor Conjunto y los Estados Mayores Generales de las Fuerzas Armadas; señores miembros del Cuerpo Diplomático; señores intendentes; autoridades nacionales, provinciales, municipales; señores representantes gremiales; señoras, señores:
La Nación Argentina ratifica su legítima e imprescriptible soberanía sobre las Islas Malvinas, Georgias del Sur y Sandwich del Sur y los espacios marítimos e insulares correspondientes por ser parte integrante del Territorio Nacional.
La recuperación de dichos territorios y el ejercicio pleno de la soberanía, respetando el modo de vida de sus habitantes y conforme a los principios del derecho internacional, constituyen un objetivo permanente e irrenunciable del pueblo argentino. 
Esto dice la Disposición Transitoria Primera de nuestra Constitución Nacional, forma parte de nuestros objetivos centrales como Gobierno y es bueno recordarlo en esta fecha.
La noble causa de la recuperación de la soberanía efectiva sobre nuestros archipiélagos y aguas ocupadas ilegítimamente desde 1833, une a todos los argentinos por encima y por fuera de cualquier diferencia política.
En esta evocación nos encontramos frente a una de las grandes causas nacionales, en la que conviven valores que con fuerza debemos rescatar: el diálogo, el ejercicio de la soberanía nacional con dignidad y respeto a los derechos humanos, la justicia y la verdad.
La triste circunstancia de que la dictadura haya pretendido ponerla al servicio de un subterfugio ideado para sobrevivir una coyuntura política que le era adversa, no debe obnubilarnos en el análisis.
En 1982 estuvo la decisión equivocada de una dictadura que para salvarse planeó y ejecutó una guerra mintiendo sobre sus verdaderas intenciones, pero estuvo también la lealtad, el valor, el patriotismo y el sacrificio generoso de nuestro pueblo y el de miles de soldados –miles de soldados- que no dudaron en responder al llamado de la Patria. 
Malvinas fue, en un sentido, otro de los crímenes dictatoriales y una gran frustración; la decisión irresponsable de emprender una guerra puso de manifiesto las muchas limitaciones que los técnicos del horror tenían para las verdaderas batallas. Pero Malvinas también es, en otro sentido, un altar de la Patria al heroísmo de su pueblo que, como en los orígenes de nuestra corta historia, supo forjar hombres capaces como nuestros Veteranos de Guerra de dar la vida por los demás, de inmolarse por la Patria, aún ante el error estratégico y político de quienes la conducían ilegítimamente en ese momento. 
La tarea que tenemos que emprender los argentinos frente a las luces y sombras que plantea el tema que recordamos, es la de evitar que nuestros héroes resulten ser hoy las víctimas de aquellos claroscuros. Se los hace víctimas cuando se los olvida, se los convierte en víctimas cuando se los esconde, como se los escondió después que terminó la batalla. Son víctimas cuando no se les reconoce en hechos concretos su lucha en defensa de nuestros derechos nacionales.
La lucha por la recuperación de Malvinas debe ayudarnos a encontrar un lugar con memoria y reflexión desde el que aprendamos de los errores para no volver a cometerlos y a ser mejores.
La Argentina, de frente a esos errores, debemos reconocerlos y reivindicar nuestra capacidad de mejorar. Tenemos que recomponer nuestra autoestima, no para repetir lo viejo, sino para afrontar con ideales y convicciones nuestro porvenir.
Recordemos, reflexionemos, no podemos permitir que el deseo de olvidar culpa, vaya llevándose la memoria dejando de la historia solamente un borrón. Terminemos con esta historia de algunos que creían que se podía saldar la responsabilidad con nuestra propia conciencia desmalvinizando la Argentina. 
Rindamos homenaje a quienes cayeron en nuestro suelo y aguas malvinenses, a quienes por el olvido ingrato de varios años se sienten aún en la trinchera y no logran regresar de su exilio interior.
Aquellos que dieron su vida por la Patria y que mientras había argentinos de buena voluntad que juntaban distintos elementos para apoyarlos cuando estaban allí, otros, civiles y de charreteras se robaban el esfuerzo y lo que juntaban para apoyar a nuestros combatientes en Malvinas.
Entremos a hablar las cosas con toda claridad porque es la única manera de poner la historia en claro y lo que es blanco es blanco y lo que es negro es negro definitivamente. Y tampoco vimos, porque si bien el Estado tiene responsabilidades, a los grupos económicos y a aquellos que apoyaron a la dictadura salir a respaldar a nuestros soldados cuando vinieron después de dar su batalla. 
Era el Estado irresponsable, ¿y quién sostuvo ese Estado? Por eso en la Argentina, hermanos y hermanas, tenemos que hablar con absoluta claridad, desde la verdad relativa pero sin miedos.
Juntos los argentinos estamos obteniendo resultados que nos hacen recuperar un país que actúa coherentemente en pleno respeto del derecho y las instituciones propias e internacionales. Miembro digno de la comunidad de naciones, contribuimos al mantenimiento de la paz, la democracia y la seguridad.
Juntos en democracia y en paz, hacemos crecer nuestra economía a un ritmo realmente importante. Hemos logrado disminuir la pobreza en más de 24 puntos y la indigencia la hemos pasado del 26 al 12 por ciento; creamos millones de puestos de trabajo; exportamos por 40.000 millones; crece nuestra recaudación tributaria; se controla la inflación; disminuimos la deuda externa en una inédita reestructuración; se fortalece el poder adquisitivo, los trabajo formales y quebramos la tendencia de incrementar la desigualdad.
Juntos en democracia y en paz fortalecemos las instituciones, aunque todavía no salimos del infierno al que nos sometieron y, a pesar de cierta prensa que no nos quiere mostrar, estamos y vamos a estar mucho mejor.
Yo siempre les digo a quienes trabajan conmigo y se los digo a los soldados de Malvinas, de corazón: “No se preocupen por lo que dice cierta prensa, preocupémonos por lo que dice el pueblo argentino que esto es lo fundamental, lo central” El corazón de los argentinos que siente y reconoce aquellos que hacen el esfuerzo nacional. 
También se lo digo a la dirigencia política, que no tengan miedo de lo que pueda decir tal o cual periodista; terminen de andar de rodillas ante ellos, que escriban lo que quieran, ustedes defiendan a la Nación con la fuerza que la Nación los necesita, esto es fundamental y central. 
Juntos en democracia y en paz, respetando la diversidad y el pluralismo, debemos discutir y aclarar este pasado doloroso. Pluralismo no es callarse la boca, pluralismo no es aceptar lo que se dice, sino, si uno está en desacuerdo por más que le toque ser Presidente de los argentinos, tener la honestidad y la sinceridad de discutir cada punto. ¿Por qué me tengo que callar la boca si no estoy de acuerdo? Es decir, ¿otro puede decir cualquier cosa y uno tiene que aguantar permanentemente? 
Hermanos y hermanas: me podrán atacar, descalificar, insultar, intentar cualquier cosa, pero voy a estar siempre al frente por la nueva Argentina y por una Patria para todos. No me van a hacer doblar las rodillas, ténganlo absolutamente claro. 
La persistencia de una situación colonial en las islas, que impide el ejercicio de nuestra soberanía nos patentizan las dificultades que sufrimos para desarrollar en el más amplio arco nacional el empeño que debemos ser capaces de aplicar para el logro de los más altos objetivos nacionales.
Por eso, que se hayan cometido las cosas que hemos dicho y demás, jamás podrán invalidar el justo reclamo y es justo decir que las Malvinas son nuestras y argentinas y que estos hermanos que lucharon allá fueron por esos valores, fueron a poner la cara por todos los argentinos, fueron a luchar en desigualdad pero no lloraron, tuvieron la bandera levantada de pie con honor y orgullo.
Vergüenza fue cuando los trajeron de vuelta al continente que los querían traer escondidos.
¡Oh Dios, pobre Argentina, qué cosas nos han pasado cuando los tendríamos que haber recibido como héroes nacionales! No importa la derrota contra la potencia, importaba la dignidad de aquellos que fueron a dejar todo. 
Malvinas no es un problema militar, deber ser un objetivo nacional de todos los argentinos y con diálogo, diplomacia y paz debemos recuperarlas para la Patria. Pero diálogo, diplomacia y paz no significa vivir con la cabeza gacha; diálogo, diplomacia y paz significa tener una diplomacia donde defendamos con altura y dignidad los derechos que son nuestros sobre las Islas Malvinas. No confundamos bajar los brazos con ser amantes de la paz. 
El Sur constituye el espacio de las Malvinas y son parte del futuro nacional para la Patagonia y para todos los argentinos.
Recuperarlas, respetando la legitimidad y la legalidad interna e internacional, no constituye ninguna cuestión lateral. Respetar las instituciones no es una cuestión menor.
En lo interno, la superación del concepto militar equivocado, siniestro e insensato que diseñó y ejecutó la línea estratégica del empeñamiento bélico, debe conducir a una profunda autocrítica estratégica en materia doctrinaria y operativa militar.
La más contundente lección, según mi humilde punto de vista, sin pretender ser dueño de la verdad, radica en la necesidad de entender definitivamente que las tres Fuerzas constituyen un único componente castrense de la Nación.
Potenciar el trabajo del Estado Mayor Conjunto, disponer de una doctrina de defensa nacional única, realizar adquisiciones de material de manera combinada, articular acciones de defensa en un único trazo, constituyen un curso de acción irrenunciable para nuestro Gobierno: la acción unificada de defensa bajo la conducción constitucional del Poder Ejecutivo.
En lo internacional, debemos actuar de manera integral de modo que nuestra recuperación económica, el prestigio que vamos recuperando y la persistencia en el reclamo pacífico, nos permite el incremento gradual de los recursos no militares a nuestra disposición hasta tornar insostenible la anacrónica situación colonial que denunciamos fuertemente.
Sabemos cuál es el mandato constitucional, resumiendo las frases que leíamos al comienzo; sabemos que el mesianismo o el nacionalismo ultramontano y aislante nunca deben ocupar el lugar del nacionalismo patriótico y democrático que se basa en la voluntad del pueblo, la razón, el derecho y la serena pasión edificada sobre estos; sabemos que debajo de cada traje civil o de uniforme militar, unidos por la Constitución Nacional laten los corazones de nuestros ciudadanos. Nuestra ciudadanía, nuestro pueblo tiene el común empeño de rescatar la soberanía de nuestras islas.
Por eso hoy una vez más reiteramos nuestra voluntad de reanudar el diálogo con el Reino Unido. Será un diálogo entre democracias destinado a encarar y a resolver una controversia que está afectando nuestras relaciones, es un proceso en el que le pondremos buena fe y que demandará buena fe, tesón y disposición también por parte del Reino Unido. Deben mostrar disposición de negociar nuestra soberanía sobre las Islas Malvinas. 
No nos resignamos, seremos persistentes, nos encaminamos con fuerza a cumplir el mandato constitucional. Contamos con el apoyo del llamado de toda la comunidad internacional para que esas negociaciones se reanuden para procurar una solución pacífica a la disputa de la soberanía que existe en nuestros países.
El esfuerzo que el pueblo y el Gobierno están realizando para reconstruir el bienestar general y recuperar la esperanza por el porvenir de la Patria; la recuperación de nuestro prestigio internacional nos devuelven la esperanza de que veremos a nuestros territorios insulares y a los espacios marítimos que los circundan, nuevamente bajo la efectiva soberanía argentina.
Los argentinos de toda condición debemos encender en nuestros corazones una llama de homenaje a nuestros 649 caídos y a los muchachos que día tras día se fueron quitando la vida por el olvido de quienes nunca debieron olvidarlos, a los que se sintieron en soledad , a los que les dieron vuelta la puerta, a los que para algunos son una carga y para otros son unos hermanos que nos honran, a los que para algunos solamente existen el 2 de abril y a los que para la mayoría de los argentinos existen y deben existir todos los días, porque son el reflejo claro del nuestra memoria.
Se encuentran sus nombres grabados en el cenotafio erigido en la Plaza San Martín; no basta con los nombres grabados, no basta con hacer un acto por año. Pero no solamente el Estado, reitero, sino toda la sociedad argentina debe replantearse una actitud mancomunada y solidaria respecto a la actitud de acompañar a quienes estuvieron allí, oficiales y suboficiales de la Patria, soldados argentinos luchando por nuestra tierra.
Es la misma llama que alumbra la memoria de San Martín, de Belgrano, de Brown, de Moreno y de tantos próceres que fomentaron el coraje y sabiduría para defender la Patria, debemos rendirle justo homenaje a los Veteranos de esta guerra que supieron dar ejemplo de valor, disposición para defender nuestro suelo, espíritu solidario y que tuvieron que “bancarse” muchas veces casi en soledad, cuando los que los acompañábamos éramos muy pocos, reitero, cuando vivimos aquel proceso que se dio en llamar “el proceso de desmalvinización”.
No debemos volver al tiempo en que el Memorándum 228/82 del Estado Mayor Conjunto, fecha 15 de julio de 1982, estableció entre las pautas para cumplimiento de todas las radios y canales de televisión que era un riesgo para la seguridad nacional ofrecer contenidos informativos derrotistas o el de mencionar a los soldados como chicos de 18 años o el pedirle opiniones sobre sus jefes. Verdadera vergüenza dicho Memorándum pero que lo debemos recordar.
En este nuevo tiempo de la Patria pongamos las cosas en su lugar; sigamos comprometidos a cumplir con nuestros queridos Veteranos para tratar de compensar todo lo que han ofrendado en aquellos días inolvidables para lograr que tengan el bienestar que les debemos dar por haber defendido la dignidad de la soberanía nacional en el campo de batalla, en las aguas del mar y en nuestros cielos. Tienen nombres y son seres de carne y hueso, sufrieron angustias y necesidades, son nuestros héroes contemporáneos.
Tengamos fe en el futuro de nuestra Patria, tengamos convicción absoluta en la justicia de nuestros derechos y nuestros reclamos. Debemos resistir activa y pacientemente nuestras luchas los años y los días que sean necesarios.
Los argentinos debemos recuperar nuestra autoestima. Fue duro lo que sufrimos y dimos y la batalla que tuvimos en 1982, pero queridos argentinos, fue vergonzante lo que pasó después de la derrota dolorosa, como cada uno quería esconderse en su madriguera dejando a los que lucharon solos. Los que conducían a la Argentina demostraron una vez más su cobardía y cuando tenían que poner la cara escapaban como podían. Ya lo habían hecho años antes y lo volvieron a hacer ese día. 
Con todo respeto y cariño por nuestros queridos jefes de las Fuerzas y nuestros soldados y oficiales actuales, fueron generales cobardes que llenaron de deshonor a nuestro Ejército y a nuestro pueblo argentino. 
Pero también están los civiles que acompañaban y mientras en la televisión salían documentos y declaraciones que ganábamos la batalla, estaban ahí al lado incentivando un nacionalismo ultramontano y después cuando vino lo peor, muchos de esos civiles y ese poder económico que acompañó ese sistema, desapareció, no estuvieron para ayudar a los caídos ni a los que combatieron ni para ayudar a la Patria.
Hay que tener memoria, porque muchos de esos intereses siguen actuando en la Argentina, muchos de esos intereses se renuevan, cambian o toman distintas formas. Pero el pueblo argentino tiene que tener una gran memoria, porque va a ser la forma de consolidar definitivamente un nuevo país.
Yo, ante nuestros héroes y nuestros combatientes de Malvinas, que juntos estamos avanzando en soluciones y faltan muchas más ciertamente y hacemos hasta donde podemos, les quiero decir que en este tiempo que me toca gobernar la Argentina, no vine a pactar con el pasado ni vine creyendo que la unidad nacional es posible tapando las miserias que los argentinos podemos tener atrás. Eso fue lo que no nos permitió construir una Nación. Les puedo asegurar que con los errores y los aciertos que podamos tener y que pueda tener estoy dispuesto a avanzar, avanzar y avanzar y Dios quiera que el pueblo argentino me acompañe para construir una Patria con todos, para todos y que nos podamos mirar a los ojos los argentinos unos a los otros y nos podamos decir: ¡Por fin nos sentimos argentinos y entramos a defender esta historia, esta Patria, este suelo, esta bandera, esta tierra que nos honra a todos y el sentir de nuestros héroes y de nuestros próceres!
Combatientes de Malvinas, señores oficiales, suboficiales y soldados: perdón y muchas gracias por lo que hicieron por la Patria.
NESTOR KIRCHNER

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