junio 08, 2012

Nota del Presidente, H. Yrigoyen, al Presidente de la Legislatura de Jujuy: "Del gobierno a casa" (1921)

nOTA AL PRESIDENTE DE LA lEGISLATURA DE JUJUY
«Del gobierno a casa»
Hipólito Yrigoyen
[20 de Septiembre de 1921]

Buenos Aires, septiembre 20 de 1921.
Señor Presidente de la Legislatura de Jujuy, diputado Froilán Calvetti:
JUJUY
De regreso de un momento de descanso me enteré del desmentido que hizo sobre la intencionada inventiva de que con mi intervención habían resuelto ustedes adjudicar las senadurías nacionales de esa provincia a los doctores Salinas y Sánchez de Bustamante.
Pero no obstante su categórica rectificación las malevolencias y las irreverencias —que son los recursos únicos que se utilizan contra el espíritu nuevo—, se repiten diariamente, y aun que no tendrán eco ante el juicio nacional, quiero yo también desautorizarlas.
Jamás, ni desde el llano ni desde la cumbre, he insinuado siquiera la menor indicación de carácter personal para ocupar caigo alguno, ni nadie me ha consultado al respecto, puesto que son notoriamente conocidas, mis modalidades y no habrá quien pueda afirmar lo contrario, sea quien fuera.
En el caso referente, al visitarme ustedes, lo que hice fue expresarles la satisfacción que me había causado saber por el mismo doctor Salinas que éste, considerando incompatible su elección con la reparación pública que llevamos a cabo, así les había contestado terminantemente, y que así ustedes también lo habían comprendido.
Cuando asumí el Poder Ejecutivo de la República (previendo lo que habría de suceder, dados los prestigios con que estaban revestidos los ciudadanos que designé para ser mis colaboradores y dándome cuenta de que habrían de acentuarse en el conceptuoso desempeño del gobierno), entre las reglas de conducta que fijamos, fue una de ellas, que desde los estrados del poder, pasaríamos directa y únicamente a nuestras casas y de allí a las filas de la opinión que ha de cimentar y custodiar los esplendores alcanzados por nuestra patria para hacerla cada vez más eminente y grandiosa.
No pueden tenerse dudas ni vacilaciones al respecto. Se consuman en estas horas con los más auspiciosos augurios, las legítimas imposiciones del presente que proyectarán los encumbramientos de nuestra patria en la sucesión de los tiempos.
Ese debe ser el culto cívico del cual surgirán los raudales de luz deslumbrante que han de iluminar a la República en todos los estímulos hacia las evidentes consagraciones de los perfeccionamientos humanos.
Todo cuanto no esté encauzado en la exactitud de esos conceptos, será vano y fatal en sus consecuencias; porque de la selección de los elementos constitutivos, y de sus probidades para aplicarlos, dependieron siempre la eficacia y la suerte de las reparaciones humanas. Las demás actitudes no fueron sino descalificaciones tan lamentables como las mismas causas determinantes; porque las que adolecen de las calidades esenciales a aquello que se proponen, fracasan siempre.
Las experimentaciones humanas dan toda la certeza de esta afirmación, revelando uno de los aspectos de psicología política que viene retardando las justas renovaciones y transformaciones de la vida universal.
Si bien durante cierto tiempo imprimieron actividades nuevas, concluyeron por contagiarse del mismo mal que combatían; y deteniéndose o degenerando, perdieron su caracterización, siendo menester nuevas concitaciones que generalmente padecieron de las mismas deficiencias y cayeron inevitablemente en iguales desconciertos, alejando cada día más las soluciones anheladas.
En cambio los acontecimientos históricos fueron siempre providenciales cuando sus pronunciamientos se cumplieron con la divina inspiración de sus concepciones y de sus fundamentos.
Si se llegara a declinar de la poderosa energía con que el pueblo argentino ha sancionado los imperativos categóricos en la marcha definitiva de sus destinos, señalaríase la transgresión más honda que registraron los anales de las reivindicaciones y la apostasía más nefasta de que haya memoria. Las cuestiones planteadas en el orden de los sucesos públicos, y resueltas en sentido contrario, como las promesas formuladas y no cumplidas, constituyen los más vulnerables descreimientos y los retrocesos más lacerantes.
A través de enormes sacrificios de la vida toda, nos henos prometido grandes conquistas y las hemos alcanzado con las más relevantes sanciones. Vivifiquémoslas siempre con la nobleza de los fines porque es así como los pueblos se elevan y se hacen superiores al soplo mágico de su genio.
Cuando se hayan desvanecido todos los resabios del pasado por las selectas evoluciones del presente y todo nos hable de intereses comunes y solidarios, de prestigios morales y políticos con sabia orientación hacia los más altos y purísimos anhelos; cuando los organismos tutelares de la República se hayan asegurado en su funcionamiento, podrán muy bien ser lógicamente democráticas las designaciones públicas del carácter de las que aludimos; pero hoy, ante la transición que se opera entre dos situaciones tan absolutamente encontradas, no son ellas congruentes con el imperioso deber de mantener el celo de la austeridad representativa, ejemplarizando los escenarios nacionales por demostraciones altamente instructivas y severamente sentenciosas.
Los estadistas que sean capaces de colocarse en la recta línea de los mandatos históricos y muestren toda la entereza requerida para cumplimentarlos, se destacarán como los dignísimos magistrados con que la Unión Cívica Radical, soñara al volcarse tan intrépida y prolongadamente en los azarosos designios de restaurar a la Patria en la plenitud de todas sus majestades y como de reintegrarlas en el ejercicio de todas sus prerrogativas ; y no habrá ciudadano, verdaderamente argentino, que no tribute los más respetuosos homenajes al derecho público de este modo definitivamente consagrado.
Salúdalo muy cordialmente.
YRIGOYEN

Fuente: “Ley 12839. Documentos de Hipólito Yrigoyen. Apostolado Cívico – Obra de Gobierno – Defensa ante la Corte”, Talleres Gráficos de la Dirección General de Institutos Penales, Bs. As 1949.-

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