julio 14, 2012

Dicurso de Fidel Castro en la clausura de la Plenaria Nacional de la Asociación Nacional de Agricultores Pequeños -ANAP- (1962)

DISCURSO EN LA CLAUSURA DE LA PLENARIA NACIONAL DE LA ASOCIACION NACIONAL DE AGRICULTORES PEQUEÑOS (ANAP), EN EL TEATRO “CHAPLIN”
Fidel Castro
[17 de Mayo de 1962]

― Departamento de versiones taquigráficas del Gobierno revolucionario ―

Compañeros dirigentes de la Asociación Nacional de Agricultores Pequeños; Compañeros y compañeras:
Hoy se cumple el tercer aniversario de la promulgación de la Ley de Reforma Agraria. Para el momento en que se dictó aquella Ley, significó la misma un gran cambio en la economía y en la vida social de nuestro país.
Esa Ley marcó el inicio de la lucha del imperialismo yanqui contra nuestra patria; es decir que la Ley de Reforma Agraria fue el motivo de la guerra que los monopolios norteamericanos desataron contra nuestro país. Más tarde vinieron una serie de leyes; pero la Ley que marcó el momento del inicio de las hostilidades contra nosotros fue esa Ley. La razón, fácilmente comprensible, estaba en que las compañías norteamericanas eran propietarias de grandes latifundios, sobre todo latifundios azucareros: la United Fruit Company, que tenía 10 000 caballerías por ejemplo; la Atlántica del Golfo, creo que tenía como 17 000 caballerías de tierra, y así por el estilo, había unas cuantas decenas de compañías norteamericanas que tenían grandes inversiones en tierras, y de las mejores tierras de nuestro país.
Resultaron afectadas por aquella Ley, en primer lugar, esas compañías que eran los propietarios más grandes de tierra, y en segundo lugar, los latifundistas criollos. No tenían extensiones tan grandes, aunque algunos de ellos, por ejemplo, como Julio Lobo creo que tenía 14 centrales azucareros, ¿no? ¡Catorce centrales creo que tenía! Si no me equivoco, y creo que me quedo corto (DEL PUBLICO LE DICEN QUE 18). ¿Cuántos? ¿Dieciocho? Dieciséis. Bueno, para que no digan después que uno es exagerado (RISAS), y tenía también varios miles de caballerías de tierra. Pero, en dos palabras: los terratenientes cubanos y los monopolios norteamericanos fueron afectados por esa Ley y, naturalmente, reaccionaron contra la Revolución; eso era lógico y era de esperarse. Y desde entonces están unidos los terratenientes cubanos con los terratenientes yanquis.
La Ley de Reforma Agraria selló el pacto de la alianza reaccionaria con el imperialismo, es decir, de los latifundistas y los imperialistas. Era también La ley que sellaba el pacto o la alianza de los obreros y los campesinos. La alianza obrero-campesina, que se consolidaba con la Ley de Reforma Agraria, originaba la alianza de los enemigos de los obreros y de los campesinos cubanos, es decir, de los latifundistas y de los monopolios norteamericanos.
Aunque después se hicieron otra serie de leyes revolucionarias que afectaron otros intereses de esos monopolios norteamericanos, ellos comenzaron a organizar sus agresiones contra Cuba y a preparar las invasiones contra nuestro país inmediatamente después de la Ley de Reforma Agraria. Después se ha sabido eso perfectamente bien, que desde entonces comenzaron a organizar a los elementos mercenarios y a preparar las agresiones contra nuestro país.
En aquella época todavía la Revolución solo había dado los primeros pasos. Todavía ni siquiera teníamos relaciones diplomáticas ni comerciales con la Unión Soviética; todavía no se había proclamado el carácter socialista de la Revolución. Y sin embargo bastó aquella Ley en favor de los campesinos para movilizar el imperialismo contra nuestro pequeño país.
En otro país hermano de América Latina, Guatemala, también la reforma agraria fue la causa de que se movilizara el imperialismo contra el gobierno revolucionario de aquel país; y se movilizó de tal forma, igual que lo hicieron con nosotros, que organizaron también un ejército mercenario, organizaron bases aéreas alrededor de Guatemala y emplearon un ejército de mercenarios exactamente igual. Pero había una diferencia, y es que en Guatemala no existía un ejército del pueblo, en Guatemala no estaban armados los obreros y los campesinos, sino que existía un ejército profesional; y aquel ejército profesional traicionó a los trabajadores y a los campesinos de Guatemala, e inmediatamente se pusieron de acuerdo con los imperialistas, ese ejército se puso de acuerdo con el imperialismo. Los imperialistas fueron tan torpes, o no voy a decir que sean absolutamente torpes, tienen su malicia también, pero en general, son brutos (RISAS) y ellos, por ejemplo... Claro está que la agresión que ellos organizaron contra nosotros fue una agresión distinta de la que organizaron contra Guatemala, es decir, fue más fuerte en armas, en armamento; tenía una estrategia determinada: librar una lucha de desgaste, apoderarse de un pedazo del territorio nacional y desde allí agotar a nuestro pueblo en una guerra de desgaste, pero no fueron capaces de darse cuenta de que en nuestro país no había un ejército profesional, sino que era un ejército enteramente nuevo, integrado por hombres de esas clases sociales, es decir, los obreros y los campesinos, y que por lo tanto era un ejército capaz de combatir por esas conquistas de nuestro pueblo, como efectivamente lo hizo.
Eso fue un factor que ellos posiblemente subestimaron. No se dieron cuenta de que iban a luchar, o no apreciaron correctamente la circunstancia de tener que enfrentarse también a un ejército de obreros y campesinos.
Esa es la significación que tiene esta fecha, que marcó una etapa en la vida y en la historia de nuestro pueblo. ¿A quién afectó? A los latifundistas y a los monopolios. ¿A quién benefició? A los campesinos. El primer beneficio que los campesinos recibieron de la Ley de Reforma Agraria fue que desde ese instante todos aquellos campesinos que tenían que pagar rentas por sus tierras — es decir, la mayor parte de los campesinos— fueron exonerados del pago de toda renta. Los campesinos que, por ejemplo, no pagaban renta pero que eran precaristas, recibieron la propiedad de sus tierras. En algunos sitios, por ejemplo, las montañas de Oriente, la Sierra Maestra, los campesinos no pagaban renta, pero vivían bajo el temor constante del desalojo. Habían aparecido una serie de dueños de tierra, se habían empezado a exhibir una serie de títulos, y nosotros recordamos que cuando llegamos por aquella zona ya había una serie de señores reclamando la propiedad de las tierras donde vivían los campesinos.
Por lo tanto, lo que la Revolución hizo, la Ley de Reforma Agraria, significó para todos aquellos campesinos la desaparición de todo temor. Desde aquel momento todo campesino pudo sentirse seguro en su tierra, sin temor a ser desalojado.
Esa fue la primera gran ventaja que significó para los campesinos la Ley de Reforma Agraria. Pero, desde luego, no significó solo eso, significó una política nueva con los campesinos en todos los órdenes: en el campo de la educación, en el campo de la salud pública, garantías para los precios de sus productos, la desaparición de los intermediarios explotadores, el aporte de los créditos por parte del Estado para las cosechas, créditos de refacción y créditos de inversión. Antes, al campesino el banco le refaccionaba una parte, pero le exigía una serie de documentos, de papeles, títulos de propiedad de la tierra, sin lo cual no le daban crédito; le cobraban intereses altos. Al mismo tiempo, el resto de los campesinos era refaccionado por los almacenistas, porque los intermediarios le pagaban barato sus artículos y le vendían caros los productos.
La Revolución fue eliminando todo aquel sistema. Naturalmente que el problema que tiene una revolución con todos esos cambios bruscos, todos esos cambios radicales, entrañan la necesidad de una gran organización, entrañan la necesidad de un gran trabajo. Todos esos cambios que la Revolución trajo consigo se vio obligado a hacerlos el pueblo, con hombres del pueblo, que durante estos primeros años de la Revolución no podían tener gran experiencia en el trabajo que estaban realizando.
Era natural que la obra de la Revolución tuviera sus deficiencias, tuviera sus defectos, tuviera sus grandes inconvenientes, porque no se realizan cambios profundos y cambios radicales en la vida de un país fácilmente. Cualquier campesino comprende eso, porque cualquier campesino incluso cuando va a introducir una innovación en los métodos de cultivo, tiene que adquirir experiencia, tiene que pasar por una serie de pruebas, una serie de cosas, es decir que resulta difícil hacer una revolución en su pequeña parcela. Imagínense el trabajo que significa y la organización que requiere todo el cambio profundo que una revolución significa para la vida de un país.
En primer lugar, la Revolución entrañaba una lucha de clases. ¿Qué clases chocaban? Chocaban las clases explotadoras con las clases explotadas; chocaban los trabajadores, es decir, chocaban los obreros y chocaban los campesinos contra los terratenientes, los latifundistas, los dueños de las grandes fábricas; se creaba una lucha de clases.
Aquellas clases tenían en sus manos los bancos, el dinero del país; tenían en sus manos los periódicos, las estaciones de televisión, las estaciones de radio; tenían más cultura, porque habían ido a las universidades, habían estudiado. Y con todos esos recursos, y la ayuda de los reaccionarios de Estados Unidos, pues se enfrentaban a nuestros campesinos y a nuestros obreros.
Naturalmente que en esa lucha de clases en que chocan los intereses de los explotados y los explotadores, los explotadores se valen de todas las armas. Se valen de la mentira, tratan de explotar la ignorancia de la gente, se valen del crimen, se valen del sabotaje, se valen de las agresiones militares, se valen de la bomba, se valen, en fin, de todos los medios para tratar de destruir el gobierno que representa los intereses de las clases humildes de la patria.
Y cada ley de la Revolución ellos trataban de tergiversarla, trataban de confundir con cada ley de la Revolución. Cuando se hizo la Ley de Reforma Agraria, ellos pensaban que los trabajadores no podrían administrar los grandes latifundios; que los grandes latifundios cañeros, los grandes latifundios ganaderos iban a dejar de producir. Ellos creían que si no eran ellos los que estaban administrando esos bienes, los trabajadores no podían administrarlos; ellos creían que la producción iba a disminuir; ellos creían que con la ausencia de ellos, nosotros íbamos a tener grandes problemas.
Es cierto que hemos tenido algunos problemas; es cierto que, efectivamente, hay granjas y hay cooperativas que no han sido bien administradas; es cierto que nuestros administradores no tienen gran experiencia; y es cierto también que nosotros tenemos necesidad de preparar hombres con la mayor experiencia y los mayores conocimientos posibles para nuestra agricultura. Pero sin embargo el problema fundamental no estuvo en que esas tierras no produjeran; esas tierras han estado produciendo más que antes.
Por ejemplo, ustedes tienen un cultivo, el del algodón, que no existía en nuestro país; la producción avícola está aumentando, antes se importaban los huevos, se importaban los pollos, se importaba la manteca, se importaban grandes cantidades de leche condensada; es decir que nosotros hemos tenido que resistir el bloqueo imperialista con nuestros productos.
Como una prueba de los aumentos de producción que ha habido en las tierras de nuestro país está el que a pesar del bloqueo imperialista nuestro pueblo no ha pasado hambre; a pesar de todas las dificultades que nos pusieron con las materias primas, con las piezas de repuesto para los motores, para la maquinaria agrícola, que toda era de procedencia norteamericana. Cuando ellos suspendieron y prohibieron la exportación de piezas de repuesto, de maquinaria agrícola a nuestro país lo hacían con el fin de lesionar nuestra agricultura. Pues a pesar del bloqueo, con nuestros propios productos nos las hemos ido arreglando.
Es cierto que con un trabajo mejor habríamos podido producir más todavía, y estaríamos mejor todavía; pero de todas formas, cuando se hace el balance, resalta el hecho de que nuestro país, en medio del bloqueo, ha podido ir afrontando la situación con sus propios productos.
La dificultad también ha consistido en el hecho de que en el pasado podían comprar todos aquellos que tenían dinero, todos aquellos que tenían altos ingresos. Pero ustedes saben perfectamente bien, sobre todo lo saben los campesinos de Oriente, de Camagüey, de Las Villas, cómo vivían nuestros campesinos, el desempleo que había en los campos; cómo transitaban por los caminos y por las guardarrayas millares de hombres y de familias mendigando un día de trabajo; cómo tenían que suplicar que les dieran trabajo, aceptar cualquier jornal que les pagaran; cómo los campesinos carecían de ayuda; cómo el pequeño agricultor, que quería desarrollar una finca de café, o quería desarrollar un cultivo determinado, tenía que abandonar su pedazo de tierra para irse a trabajar en una finca cañera, en una finca ganadera, a realizar cualquier trabajo para reunir unos pesos con que poder sostener su familia mientras desarrollaba sus cultivos.
Con el triunfo de la Revolución vino el aumento del empleo en los campos, de manera tan extraordinaria que al poco tiempo se comenzó a notar ya la falta de brazos en los cortes de caña. Nuestra industria azucarera se mantenía sobre la existencia de 500 000 hombres del campo sin trabajo; pero, además, había muchos campesinos que tenían que trabajar también como jornaleros, es decir, pequeños agricultores que tenían que trabajar también como jornaleros. Desde el momento en que esos pequeños agricultores recibieron créditos, ya no tenían que abandonar su tierra para ir a cortar caña y para ir a trabajar de jornaleros; desde el momento que en grandes fincas que estaban abandonadas se comenzaron a desarrollar una serie de cultivos nuevos, entonces aquellos cientos de miles de hombres de campo que no tenían trabajo encontraron trabajo asegurado, y surgieron estos problemas de la falta de brazos en el campo, que la Revolución ahora ha estado resolviendo con la movilización de los obreros de unos sitios a otros, y con el trabajo voluntario, pero que en el futuro resolverá con las máquinas de cortar caña.
¿Quién se habría atrevido a hablar antes de una máquina de cortar caña? Eso habría provocado un alzamiento en el campo: una máquina de cortar caña. Estos hechos demuestran los avances de la Revolución, en medio de todos los obstáculos que el enemigo le pone, ha ido avanzando. Por otro lado, tenemos el hecho de que al haber cientos de miles de personas más trabajando, los recursos económicos de que dispone el pueblo son mucho mayores, y la demanda, por tanto, es mucho mayor. Eso se observó, por ejemplo, en el arroz. El consumo de arroz, que era de unos 4 millones, casi se duplicó al año y medio de la Revolución. Prácticamente se duplicó el consumo de los productos.
En La Habana, en época de lluvia, cuando la producción lechera no pasaba de 400 000 litros, sobraba la leche, y la tenían que enviar a las plantas de leche condensada, la tenían que enviar para hacer mantequilla y para hacer queso. Sin embargo, habiendo sobrepasado en la primavera pasada de 500 000 litros, no sobró un solo litro de leche, porque había capacidad adquisitiva en el pueblo para absorber toda esa producción lechera.
Naturalmente, después vino la época de seca y en este caso hemos tenido una de las secas más duras de los últimos tiempos, y la producción bajó, en cuanto a la leche, motivado por ese problema de orden climático. El hecho es que el pueblo ha ido resistiendo exactamente. Hay otra cosa. Antes, el pequeño agricultor, como tenía que pagar una renta por la tierra, se veía en la obligación de tener que vender los pollos, las viandas, cuanto animalito criaba lo tenía para vender, y salía al mercado.
Pero todos ustedes saben que no solamente para pagar la renta. La falta de asistencia médica obligaba a los campesinos, cuando se les enfermaba un hijo, a vender el puerco, a vender los pollos, para pagarle al médico y para pagar las medicinas. Desde el momento en que se creó el servicio médico rural, que se han construido cerca de 100 hospitales y dispensarios en el campo, que hay servicio médico, medicinas, ya no hay campesino que se vea en la obligación de tener que vender el pollo, el lechón, o sus productos, para ir al médico; ni hay campesino que tenga que vender esos productos para pagar la renta. Que nosotros sabemos casos de campesinos que les cobraban el 50% de cualquier animal que criara; incluso él ponía el dinero para comprar esos animales, y la mitad de las ganancias tenía que repartir la con el dueño de la tierra.
¿Qué hace hoy ese campesino? Pues ya no tiene necesidad de privarse de todos esos productos, y los consume. Es decir que hay una serie de circunstancias: mucho mayor poder adquisitivo en el pueblo; cientos de miles de hombres del campo trabajando, que no trabajaban antes; mayor ingreso en la familia; servicios médicos, de hospitales, de medicinas; no tienen necesidad de pagar la renta, y por lo tanto pueden consumir esos productos. Los campesinos mismos consumen mucho más que antes, de lo que consumían antes.
Todas estas causas van explicando el porqué; van explicando el por qué era lógico que la Revolución, con todos estos cambios sociales, con ese mejoramiento del nivel de vida del pueblo, en medio del bloqueo de los imperialistas yanquis, tuviera dificultades con los abastecimientos. Claro está que un contrarrevolucionario simplista, hace el análisis y le dice a cualquiera: “No, porque antes había leche.” Sí. Había leche para él, de los 250 000 ó de los 300 000 litros que se producían, había leche para él; él no calculaba todas aquellas familias que no consumían leche. Y hoy, aunque haya 400 000 litros, no alcanza; y aunque haya 500 000 litros, no sobra. Y no sabemos dónde estará el límite del consumo de leche. Se trata de aumentar todo lo más posible, y se hacen planes para sobrepasar todas las cifras anteriores; pero nadie sería capaz en este momento de decir cuántos cientos de miles de litros de leche consumiría, por ejemplo, la Ciudad de La Habana en este momento. El contrarrevolucionario trata de confundir, de desorientar. Claro está que nosotros, frente a esta situación, tenemos el camino a seguir; pero, además, el único camino: que es duplicar nuestro esfuerzo. Y esto, vale decirlo aquí, fundamentalmente entre los campesinos; hacer nuestro máximo esfuerzo para atender las necesidades de la nación. La Revolución tiene que dedicarle a la agricultura el máximo interés y el máximo esfuerzo, y la Revolución le está dedicando ese esfuerzo en estos momentos a la agricultura. La Revolución necesita de la máxima colaboración de los campesinos; nuestros obreros necesitan el esfuerzo de los campesinos. El campesino es el aliado del obrero.
¿Qué quiere decir ese letrero, esa frase de “Viva la alianza obrero-campesina”? Significa que los campesinos y los obreros son hermanos, son aliados; que los campesinos necesitan de los obreros y los obreros necesitan de los campesinos. Esa alianza obrero-campesina significó para los campesinos la liberación de las rentas, significó para los campesinos la propiedad de la tierra, la tranquilidad, la educación de sus hijos, la alfabetización, hospitales, médicos, maestros, caminos; ha significado incontables beneficios.
Los campesinos desean elevar su estándar de vida, necesitan ropas, necesitan zapatos; los campesinos necesitan caminos, necesitan del maestro, del médico; necesitan del obrero que produce medicinas, del obrero que construye, que hace escuelas, que hace hospitales, que hace vías de comunicación; necesitan de los obreros que hacen funcionar los servicios de transporte; necesitan de los obreros que producen zapatos, que producen ropa, que producen muebles, que producen los utensilios que el campesino necesita, que producen arados, que producen combustibles, que producen todas las cosas que ellos consumen. Los campesinos aspiran a más todavía. Cada campesino aspira a vivir en el futuro en mejores condiciones, mejores casas. Los campesinos aspiran a la electrificación, a tener algún día luz eléctrica en sus casas; aspiran a mejorar sus condiciones de vida.
¿Quiénes son los que producen esos bienes? ¿Quiénes son los que construyen, los que producen todos esos bienes que los campesinos consumen y los campesinos desean? Son los obreros. Esos obreros están llevando adelante, además, el plan de industrialización del país. En Santa Clara se está construyendo una fábrica de cocinas, de refrigeradores. En el futuro nuestro país producirá radios, televisores, todos esos artículos. En el futuro nuestros obreros industrializarán el país, nuestros obreros construirán grandes represas, facilitarán los servicios hidráulicos, construirán más carreteras, más casas, más hospitales, más médicos irán a los campos, más maestros irán a las escuelas.
Los trabajadores han ayudado a los campesinos, les han facilitado créditos. Es decir, los obreros, la clase obrera, con su trabajo, con el trabajo que realizan las industrias, con los ahorros que ha logrado para el país, ha acumulado recursos para prestarles a los campesinos, para darles créditos a los campesinos. Un campesino va al banco, un campesino va a las oficinas de la ANAP y pide un crédito para sembrar, para cosechar, sembrar café, cacao, cuando es un crédito de inversión, o para atender sus cultivos hasta que llegue la cosecha y los venda. ¿Ese dinero de dónde sale? Ese crédito que el campesino recibe, ¿de dónde sale? Sale del esfuerzo de los trabajadores, sale del brazo de los trabajadores, de los obreros, sale del sudor de los obreros, porque las riquezas las crea el trabajo. Los vagos, los holgazanes, no crean nada; los parásitos no producen sino que consumen. Esos créditos que los campesinos reciben salen del trabajo de los obreros.
Y solo en un año, solo en el último año, los campesinos han recibido 30 millones en créditos para inversión, para comprar equipos de labranza, para hacer pozos, para comprar ganado de trabajo, para sembrar café, para sembrar cacao, para introducir mejoras, ¡treinta millones! Pero, además, han recibido créditos de producción por 63 millones , sin contar los créditos a los agricultores cañeros, que los reciben directamente a través de los centrales. Me refiero a los créditos concedidos a través de la Asociación Nacional de Agricultores Pequeños: ¡Suman 93 millones de pesos!
¿De dónde han salido esos millones? Del esfuerzo de nuestra clase obrera. Los campesinos han recibido esos recursos de los obreros, de los obreros que trabajan en nuestras fábricas, de los obreros que hacen producir nuestras fábricas y que hacen rentables nuestras fábricas. Esos recursos para los campesinos han salido del sudor y del esfuerzo de los obreros.
Esa es la ayuda que los obreros han brindado a los campesinos, a los pequeños agricultores. Y por eso decimos que los campesinos necesitan de los obreros.
En el campo hay más calma y más tranquilidad que en la ciudad; en el campo se puede pensar más serenamente, más plácidamente. Los campesinos deben meditar en todo esto. En las tardes de calma, cuando concluyen sus tareas y se sientan allá en su bohío, deben pensar en estas cosas: cómo son las cosas de la Revolución, qué hace por ellos la Revolución, quiénes son sus hermanos, quiénes los ayudan, quiénes les han enviado los maestros, quiénes los han alfabetizado, quiénes les han construido los hospitales, quiénes les han enviado los médicos, quiénes educan a sus hijos — que son trabajadores también—, los maestros, que los enseñan allá en la escuela rural o acá, en los centros de enseñanza superior, en las escuelas de becados, en las universidades. Y si bien es cierto que hoy habrá muy pocos hijos de campesinos en las universidades, porque los hijos de los campesinos no tenían ni escuelas para alfabetizarse, ¿cómo iban a llegar a las universidades? Sin embargo no tardarán muchos años, y ya en las universidades se contarán por miles los hijos de los campesinos, los hijos de ustedes.
No se perderá en nuestros campos ninguna inteligencia. Y esos cientos de miles de niños que antes no tenían acceso ni al alfabeto, tendrán acceso a los centros superiores de educación.
¡Con qué orgullo dentro de 10, dentro de 12 años, más o menos, podrán proclamar muchos campesinos que sus hijos son técnicos universitarios, médicos, ingenieros, obreros altamente calificados! ¡Con qué orgullo en el futuro muchas familias se llenarán de felicidad y se llenarán de alegría, al pensar que ya aquella posibilidad dejó de ser para siempre oportunidad de unos pocos para ser derecho de todos, y que su hijo —salido del bohío, del bohío humilde— pudo alcanzar las más altas cumbres de la cultura y de la técnica: escritores, técnicos de todos tipos, profesores! ¡Las puertas están abiertas para todos los hijos de los campesinos!
Meditar sobre estas cosas, meditar sobre estas cosas en los momentos de serenidad; pensar quiénes son sus hermanos, quiénes abren para él todas esas posibilidades, quiénes construirán las centrales termoeléctricas que servirán para edificar los campos, para llevar la electricidad hasta los últimos rincones del país, quiénes construirán sus casas. Piense en eso el campesino. Porque el campesino tiene en los obreros sus verdaderos amigos, sus verdaderos hermanos.
Pero los obreros necesitan también de los campesinos, ese obrero que construye caminos, que enseña, que cura, que produce medicinas, que produce ropas, que produce zapatos, que produce los utensilios con que trabaja el campesino, con que cocinan las familias campesinas, ese obrero que produce jabón, que produce combustible, que produce gas, que produce todo, en fin, todos los artículos industriales que el obrero produce necesitan del campesino, necesitan de los productos del campesino. El vive en la ciudad, trabaja en la industria, él no tiene el recurso de ir por la mañana a arrancar unas cuantas matas de malanga o de boniato, o a cortar un racimo de plátanos, o a recoger los huevos frescos que ponen las gallinas, o sacrificar un ave; él no tiene esos recursos, él no puede ordeñar por la mañana la vaca para llevar la leche a sus hijos. El trabaja, produce zapatos, produce ropas, produce los artículos que van al campo; a ese obrero nosotros le pedimos, y cada vez le pedimos más firmemente, cada vez le pedimos más vehemente que se esfuerce en producir para que nuestros campesinos tengan todo lo que necesitan; pero también a los campesinos tenemos que pedirles que no se olviden de esos obreros. Tenemos que pedirles vehementemente, y recordarles que ellos son los que producen la leche de los hijos de esos obreros, los alimentos de las familias de esos obreros, que ellos son los que producen las viandas, los granos, la carne, la leche, los productos que va a consumir en el hogar esa familia obrera.
En eso hay que pensar, en eso hay que pensar con espíritu generoso, con espíritu de patriota, con espíritu de buen ciudadano. Mal hacen los que piensan egoístamente; mal hacen los que piensan ruinmente, los que se olvidan de que aquel obrero que produce para él necesita de sus productos, y en vez de pensar como buen hermano, como buen compañero, como fiel amigo del obrero, piensa en especular, piensa en ganar más dinero y en venderle a un rico que pueda pagar mucho más antes que vender ese producto al organismo que va a llevar al obrero que está trabajando el pan de sus hijos, del obrero que produce en las fábricas, del maestro que enseña, del médico que cura, del soldado que monta guardia frente a los enemigos de los campesinos y de los obreros.
Cuando existen organismos que distribuyen, existen por eso: porque la Revolución tiene la responsabilidad de garantizar a cada familia que le llegue el sustento. Quedan en nuestro país parásitos todavía, quedan parásitos en nuestro país que tienen dinero, y si no hubiera esos organismos que distribuyeran equitativamente, el obrero no comía, pero comía el parásito. ¡Y qué triste que el que trabaja no coma, y el que coma no trabaja! ¡Qué triste que los productos de los obreros y los campesinos los fuesen a recibir los parásitos! Por eso existen esos organismos encargados de la distribución.
Desde luego que la Revolución trata de brindar la mayor facilidad a los campesinos. Es cierto el hecho de que esos organismos no han funcionado con toda eficiencia, y que a veces el campesino ha estado esperando porque ese organismo vaya a comprarle sus productos. Por eso el Gobierno Revolucionario ha tomado algunas medidas, ha rectificado algunos procedimientos a fin de garantizar al campesino contra esas deficiencias. ¿Qué ha hecho el Gobierno Revolucionario a fin de facilitar más todavía la situación de los campesinos? Les pide a los campesinos que vendan sus productos a los organismos correspondientes; suscribe contratos con los campesinos en el momento en que les concede el crédito, abonos, asistencia, a fin de que el campesino, a su vez, se comprometa a vender una parte de los productos a los organismos del Estado.
Pero al mismo tiempo, a fin de evitar una serie de regimentaciones que crean obstáculos, que crean dificultades, y a fin de evitar —porque yo les decía que el Gobierno ha rectificado, pero ha rectificado no medidas del Gobierno, sino ha rectificado muchas medidas incluso tomadas por la libre— una serie de regimentaciones que se crearon por la libre — y en virtud de las cuales era ya un problema vender un producto, vender un pollo, vender cualquier cosa, y se crearon una serie de dificultades—, ha tratado de liberalizar todo lo más posible las condiciones en el campo, de manera que quede bien claro lo que los campesinos pueden hacer con el pollo, cómo pueden venderlo; cómo los campesinos, si no les van a comprar sus productos, pueden venderlos ellos por iniciativa propia; en fin, una serie de facilidades, a fin de que los campesinos estén garantizados contra las deficiencias de los organismos que se encargan de la comercialización de los productos, una serie de facilidades prácticamente con todos los productos. Solo hay un producto en el cual se mantiene una regimentación rígida y es con el ganado.
A la economía del país no le afecta fundamentalmente que los campesinos vendan todos los pollos que quieran por su cuenta, no le afecta que sacrifiquen los cerdos. Les pide, sí, que los sacrifiquen cuando ya son grandes, que les traten de sacar el mayor provecho, que traten de producir grasa, de autoabastecerse de grasa, mientras se desarrollan los grandes planes de producción porcina que la Revolución está llevando adelante, igual que lleva adelante grandes planes de producción avícola.
Eso no afecta a la Revolución. Pero a nuestro país le afectaría mucho que su base ganadera fuese sacrificada, que la producción grande que puede tener en el futuro de carne de res, fuese sacrificada. Naturalmente, con los recursos monetarios con que hoy cuenta el pueblo, si no se reglamentara bien la matanza del ganado vacuno, el resultado sería que nadie controlaría la matanza, que se matarían... Nadie puede calcular la cantidad de ganado que se sacrificaría con poco peso, lo mismo las hembras que los machos. ¿Cómo podría garantizar la Revolución el abastecimiento de carne en las ciudades? Es lógico que esto se regimente bien.
Mientras se desarrollan los planes de producción avícola, porcina, y los planes de pesca, es lógico que cuidemos la carne de res, es lógico que cuidemos el ganado, porque hay que abastecer a las ciudades de carne de res, hay que garantizar que sacrifiquen el ganado con el máximo de peso, hay que garantizar la ceba del ganado. Por eso sí no afecta que el campesino sacrifique el cerdo para él y para sus vecinos, que sacrifique o venda los pollos, los guanajos, todos esos artículos, sí afectaría mucho la matanza libre de carne de res. Claro que tendríamos carne algunos años sin problemas, pero estaríamos sacrificando el porvenir, estaríamos sacrificando el futuro, y un pueblo tiene que ser consciente, porque estos años pasarán.
Si ahora queremos resolver estos años, las dificultades de ahora, sacrificando todo el ganado, lo lamentaremos mucho en el futuro. Entonces mañana tendríamos que llorar nuestra imprevisión, nuestra irresponsabilidad; en cambio, si hoy cuidamos el ganado... Y por eso no queda más remedio que mantener una regimentación rígida, porque hay que salvar nuestra riqueza ganadera para que en el futuro podamos producir el doble, el triple de carne. Pero no solo eso, sino que tendremos producción de muchas más aves, cerdos, peces.
Ya en el futuro no habrá esos problemas. Habrá tal abundancia de todos esos productos, que no habrá esa urgencia que hay ahora con la carne, esa necesidad de evitar que se mate un novillo de 500 ó 600 libras. Eso lo comprende el pueblo, eso lo comprenden los campesinos perfectamente bien; por eso el producto que fundamentalmente se reglamenta es la matanza, y tiene que haber rígidas normas para evitar la destrucción de una riqueza que es fundamental para nuestro país, es el ganado vacuno.
Los campesinos deben comprender eso. Nosotros nos damos cuenta de que a cualquier campesino que tiene cinco o seis vacas le entran deseos de matar un novillo y estar comiendo carne un mes. ¿Qué no quisiéramos nosotros hacer por ayudar a los campesinos? Pero si nosotros le dijéramos a los campesinos: “SÍ, maten”, estaríamos cometiendo un crimen contra la economía de nuestro país, estaríamos haciendo una cosa mala.
Ese es el por qué hay que evitar, no se puede permitir la matanza libre de carne de res.
Porque a veces un campesino dice: “¿Pero por qué yo no voy a poder matar ese novillo que lo vi nacer?” Bueno, pues por eso: porque hay que garantizar la carne para el pueblo y hay que salvar la riqueza ganadera. Nada más que por eso. Nadie le va a quitar su novillo. Precisamente para que el día de mañana, él pueda comer no solo carne de res, sino pueda comer pescado, pueda comer de todo lo que quiera comer; es para garantizar el futuro. Y a veces no se entienden bien esas cosas, porque yo me he encontrado con algunos campesinos que dicen que quieren matar el novillo. Pero, figúrense, si decimos: maten por la libre, pues figúrense qué resultados tendría eso.
Y cuando el gobierno toma esas medidas lo hace consciente de su responsabilidad, de sus obligaciones con el pueblo y de su deber para con el futuro de la patria, que aspira a que sea un futuro de abundancia, un futuro de progreso para todo el pueblo.
Los campesinos tienen que hacer el máximo esfuerzo, tienen que pensar siempre en ese deber que tienen de ayudar a abastecer. Y ustedes los dirigentes de la ANAP, ustedes los miembros de las asociaciones campesinas, tienen que explicarle estas cosas al campesino.
Hay deficiencias en la distribución, a veces no hay artículos en las tiendas. Bien, ustedes tienen que trabajar en ese sentido, comunicarse con las organizaciones, comunicarse con los organismos pertinentes. Sí. Estamos atravesando por esas dificultades, pero ninguna de las dificultades son ignoradas por el Gobierno Revolucionario; esas dificultades no son ignoradas, sino que el gobierno lucha y se esfuerza en todos los frentes por superar esas dificultades, el gobierno está consciente de esas dificultades y hace el máximo esfuerzo; el pueblo también, los obreros, los campesinos, deben hacer el máximo esfuerzo, porque esta Revolución no es de nosotros los hombres del gobierno, esta Revolución es de ustedes, esta Revolución es de los obreros, esta Revolución es de los campesinos.
Nosotros cumplimos sencillamente con nuestros deberes, con el trabajo que nos corresponde, pero nuestras preocupaciones no son distintas de las de ustedes, y las preocupaciones de ustedes no son distintas de las nuestras.
Cuando algo funciona mal les duele a ustedes, pero a nosotros también nos duele. Quizás por nuestras obligaciones aun nos duelan más las cosas de la patria, que no funcionen como deben, que no marchen como deben; a todos nos duele por igual.
No es como antes, antes los gobiernos se despreocupaban, sus intereses eran distintos a los intereses del pueblo, en nada le dolían las cosas del pueblo, y en nada le dolía al pueblo la suerte de los gobernantes. Hoy, no; hoy no es el gobierno de los poderosos, de los millonarios, de los politiqueros, de los ladrones, de los farsantes, de los entreguistas, ¡es el gobierno de los revolucionarios, es el gobierno de los humildes, por los humildes y para los humildes!
Aquí ningún hombre de la Revolución tiene fábricas, ni tiene negocios, ni tiene cuentas bancarias, salvo que alguno pueda tener, de los sueldos modestos que devenga, lo que puede tener cualquier obrero; los hombres de la Revolución no reciben comisiones de nadie, ni prebendas de nadie, ni los soborna nadie, ni los compra nadie. Los de antes vivían vendidos al extranjero, vendidos a los millonarios yanquis. Los hombres de la Revolución se deben al pueblo, se deben a los obreros, a los trabajadores, a los campesinos. ¡Y su suerte es la suerte del pueblo, y su destino es el destino del pueblo, y su vida es la vida del pueblo! Con la Revolución correrán todos los riesgos, con la Revolución soportarán todos los sacrificios.
Y si frente a las dificultades del pueblo, los enemigos de la patria, los odiosos agresores extranjeros, y su cohorte de vendepatrias, parásitos, farsantes, expulsados como pus del seno de la sociedad cubana, lombrices de todos los tipos, sanguijuelas, chupadores de sangre, criminales de todo tipo, que mataban con la ametralladora o mataban con el hambre y con la enfermedad, si alguna vez se han hecho ilusiones de que puedan encontrar en nuestro pueblo debilidad; si alguna vez se han hecho ilusiones de que como producto de sus vandálicos actos de agresión y de bloqueo les cupiera la más mínima esperanza de volver a implantar su reinado del hambre, del privilegio y del terror sobre el suelo de la patria de Martí y de Maceo, sobre el suelo de la patria... (APLAUSOS PROLONGADOS), sobre el suelo que ha dado tantos héroes a la lucha por la independencia y por la libertad; si han soñado por un minuto siquiera que puedan volver a convertir en parias a nuestros campesinos, en esclavos a nuestros obreros, en seres humillados a los hombres y mujeres humildes de nuestro pueblo; si creen que puedan volver a implantar sus crímenes, sus atracos, sus abusos, sus injusticias, sus robos, sus vicios, sus garitos, sus malversaciones, sus torturas, si lo han creído por un solo segundo, sepan que los hombres de la Revolución son eso: revolucionarios, hombres que como no hacen revolución sino por vocación — y no como ellos, gobernantes por negocio, funcionarios públicos por lucro—, los hombres de la Revolución viven en cada latido del corazón del pueblo, sufren con cada átomo de dolor del pueblo, sufren el dolor del pueblo; con el pueblo sufren sus dificultades, sus esperanzas son las mismas; con el pueblo viven el presente, y con el pueblo piensan en el porvenir.
Y por tanto, parásitos vendidos al imperialismo, si se hacen alguna ilusión, ¡sepan que para liquidar a esta Revolución tendrán que liquidar al pueblo de Cuba, tendrán que liquidar a los mejores hombres y a las mejores mujeres de la patria!
Porque nosotros llamamos pueblo no al parásito que quede por ahí como sonámbulo pensando en el minuto en que los infantes de marina puedan venir a implantar su odiosa dominación en la patria. Pensamos, cuando hablamos de pueblo, en los que trabajan, en los que producen, en los que tienen corazón y alma honrados, en los que quieren a su patria, a su tierra, en los que tienen vergüenza, en los que tienen decoro, en los que tienen dignidad.
Y puesto que la Revolución es la vida del pueblo, la vida y el porvenir del pueblo, la vida y el porvenir de todos los revolucionarios, con la Revolución tendrían que liquidar hasta el último revolucionario.
Los hombres de la Revolución estamos conscientes de las dificultades, de las deficiencias, y luchamos y lucharemos contra ellas. Cada vez estamos más conscientes de eso, cada vez hacemos mayores esfuerzos, cada vez prestamos más atención a esos problemas, cada vez nos esmeramos más en encontrar a los hombres y mujeres del pueblo más competentes para el trabajo, para el cumplimiento de sus obligaciones. Por eso, aun cuando queden muchas deficiencias y dificultades contra las cuales luchar, sepa el pueblo, sepan nuestros campesinos y nuestros obreros la determinación del Gobierno Revolucionario de hacer su máximo esfuerzo, de luchar una a una contra todas las deficiencias, contra todas las dificultades.
Y sepan los campesinos que tienen en la clase obrera verdaderos amigos, sus verdaderos hermanos, su verdadero aliado, que ha hecho por ellos todo lo que ha estado al alcance de sus manos hacer, que para ellos desea lo mejor, y que para ellos los derechos de los campesinos son sagrados. Y por eso la política trazada por la Revolución respecto a los pequeños agricultores, la política proclamada por la Revolución en relación con los pequeños agricultores, los aliados de la clase obrera, su decisión de respetar, como cosa sagrada, los derechos, los sentimientos, las tradiciones, las costumbres y los deseos de los campesinos.
La Revolución socialista se hace mucho más fácilmente en las ciudades, en las grandes fábricas. En la gran fábrica se concentran cientos, miles de proletarios, la socialización prácticamente está hecha. No es como en el campo, las situaciones son muy distintas; hay que distinguir, y nosotros distinguimos con toda claridad lo que era un gran propietario de lo que es un pequeño agricultor. La diferencia, cómo el pequeño agricultor trabaja él, trabaja su familia, son productores, y como tales productores y tales trabajadores son dignos de la admiración, del respeto y del cariño de los demás trabajadores, es decir, de la clase obrera.
Por eso, cuando los contrarrevolucionarios trataban de sembrar el miedo y le decían al campesino: “Te van a cooperativizar”, el Gobierno Revolucionario aclaró, con toda claridad, su política para con el pequeño agricultor, de respeto a su voluntad, a sus tradiciones, a sus costumbres. Siguió una política con los grandes latifundistas, prácticamente los confiscó, para organizar los centros de producción agropecuaria, donde han encontrado empleo cientos de miles de trabajadores, liquidar el tiempo muerto, dar empleo todo el año. Organizó las granjas, organizó las cooperativas cañeras, pero las cooperativas cañeras se organizaron en latifundios cañeros, se diferencian muy poco de las granjas, son prácticamente iguales; y por eso nosotros en Camagüey explicábamos la conveniencia de asimilar el statu quo, es decir, las normas de las cooperativas cañeras a las granjas del pueblo. La verdadera asociación es la que se produce con los pequeños agricultores, con los campesinos que ya tenían tierra, como propietarios o como arrendatarios, o como precaristas; hoy todos son propietarios de sus parcelas.
En esas cooperativas cañeras el gobierno designaba al administrador. En realidad eran proletarios agrícolas los que trabajaban allí, pero la verdadera asociación en el campo, la verdadera producción en cooperación es la que surge del pequeño agricultor, que se reúne con otros agricultores, ¡con los que él quiera, si él quiere! Porque quiera recibir los beneficios de una producción más técnica, de poder hacer un pueblecito donde viva no una familia aislada, sino un grupo de familias, de hacer mejores casas, de recibir la luz eléctrica, de utilizar mejor las maquinarias, los equipos de riego. El campesino que se una, si él quiere, con el que él quiera, sin que tenga que intervenir la administración pública para nada, sin que tenga que nombrar administradores; porque cuando se carecen de cuadros, de personas experimentadas, como ahora, es un dolor de cabeza cuando hay que buscar un administrador, un buen administrador.
Por eso hemos visto con tanto agrado las sociedades agrícolas que han surgido, producto de la unión de distintos campesinos, que ellos mismos planean todo, lo organizan todo, ponen y quitan al que los administre, y el que es administrador tiene que trabajar como los demás, y gana como los demás. Eso significa para la administración revolucionaria una gran ventaja, porque no tiene que buscar funcionarios, ni designar administradores, ni preocuparse de cómo marcha aquello, porque son los mismos campesinos los que lo organizan, los que planean, los que fiscalizan, los que controlan; y entonces lo único que tiene que hacer el Gobierno Revolucionario es facilitarle los recursos, los créditos, los abonos, la maquinaria, y comprarle sus productos.
Naturalmente que no es lo mismo discutir con 100 000 individuos aislados que discutir con 10 000 asociaciones de 10 individuos cada una, pongo un ejemplo. Es mucho más fácil. Cuando venga la electrificación rural es posible llevar la electrificación a donde hay grupos de familias viviendo juntos, porque si no habría que tender, hacer un tendido para cada casa. Las escuelas sirven mucho mejor a los niños cuando están donde hay un grupo de casas, los servicios médicos, los servicios dentales, la agricultura es mucho mejor cuando se hace con tractores, con regadío; produce más, rinde más el trabajo humano. Por eso observamos con interés las sociedades que han surgido, cómo funcionan. Y tenemos noticias verdaderamente alentadoras del éxito que han tenido algunos campesinos.
¿Pero cuál es la política de la Revolución? El respeto más absoluto a la libertad, a la voluntad y a los deseos del campesino, como dijo aquí el compañero Pepe Ramírez; que el campesino era absolutamente libre, que ningún campesino tenía que preocuparse nunca, que la Revolución respetaría su voluntad como pequeño agricultor, como dijo él, si quiere estarse toda su vida solo, cultivar y trabajar como él quiera, como el desee, como él considere que le convenga más. La Revolución respeta eso: lo que el campesino considere que es su conveniencia, que es su voluntad, que es su deseo, lo que más le guste.
El campesino tiene asegurado ese respeto, el pequeño agricultor, cuando venga un intrigante a querer confundirlo, le puede replicar con estas palabras, con estos mismos argumentos, con la seguridad de que la Revolución se ha hecho para ayudarlo, para beneficiarlo en todos los órdenes y en todos los campos.
No tenemos apuro. Nosotros confiamos en el desarrollo de la Revolución, en el avance de nuestro campesinado, con la educación, con las nuevas experiencias, con las nuevas generaciones de campesinos que se van formando. En eso consiste el proceso revolucionario. Sobre esas bases existirá la alianza de los obreros y los campesinos, y eso quiere decir la alianza obrero-campesina; esa mutua ayuda, ese mutuo intercambio de productos y de servicios, esa hermandad, esa unión, esa confianza en el porvenir de nuestros trabajadores y de nuestros campesinos, que ven en la Revolución su Revolución, en la dirigencia revolucionaria y en el Gobierno Revolucionario sus dirigentes, sus gobernantes, sus compañeros.
Y ustedes, los pequeños agricultores, pueden tener esa confianza, pueden tener esa seguridad. Y es la que deben inculcar a sus compañeros, y explicarles, hablarles, orientarles; explicarle constantemente y recordarle al campesino cómo era el pasado, cómo es el presente, cómo será el porvenir de la patria, y cómo ese porvenir solo podremos lograrlo trabajando, luchando, sabiendo pasar por todas las pruebas presentes, estoicamente, abnegadamente.
¿Cómo pueden venir a asustarnos los imperialistas con sus amenazas, con sus bloqueos, con sus agresiones, con las dificultades que tengamos? ¿Se olvidan acaso de la historia de este pueblo? ¿Se olvidan acaso de que 100 años luchó por su libertad nuestro pueblo, de que en 1868 comenzó su primera guerra libertadora? ¿Se olvidan de que este pueblo es descendiente de aquel pueblo que en 1868 luchó 10 años, y 10 años batalló en los montes, y 10 años pasó hambre y 10 años murió en nuestros campos? ¿Se olvidan de que los hombres de aquella generación morían en los campos, que sus hijos nacían en los campos y en medio de la guerra?
Y este pueblo nuestro resistió 10 años de desigual batalla, y volvió a la lucha y sin desalentarse frente a los reveses, nuevamente volvió en 1895. Y a pesar de que los imperialistas truncaron sus aspiraciones; a pesar de que nuestra patria de colonia española pasó a ser colonia yanqui, este pueblo siguió luchando, y luchó. Y luchó en todos los tiempos; y luchó en las décadas pasadas; y luchó contra Machado, e hizo aquella revolución que nuevamente los imperialistas truncaron, que nuevamente los imperialistas impidieron con sus intervenciones; y luchó cuantas veces fue necesario, ¡y llegó un día a conquistar la plena independencia que ostenta hoy! ; ¡llegó un día a enarbolar con plena libertad su bandera gloriosa!
Y este pueblo ha luchado 100 años, 100 años. Generación tras generación, luchó 100 años; decenas de miles, cientos de miles de héroes, de mártires, en ese largo camino por conquistar esta libertad, por conquistar este derecho a llamarnos pueblo libre, pueblo soberano, pueblo independiente, dueño de sus riquezas, dueño de sus minas, dueño de sus tierras, dueño de sus fábricas, dueño, por tanto, de su porvenir.
¡Lo que nos costó 100 años conquistar, 100 años lo estaremos defendiendo si fuera necesario! ¡Cien años luchando y muriendo, si fuera necesario! ¡Cien años más haciendo sacrificios, para que ya nunca más nos puedan arrebatar la soberanía que hemos conquistado, la libertad y la independencia que hemos logrado! ¡El derecho a llevar por el mundo la frente en alto y que el mundo nos respete!
¡Patria o Muerte!
¡Venceremos!
FIDEL CASTRO RUZ

Fuente: http://www.cuba.cu/gobierno/discursos

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