julio 10, 2012

Discurso de Fidel Castro en el acto celebrado con los trabajadores bancarios (1959)

DISCURSO EN EL ACTO CELEBRADO CON LOS TRABAJADORES BANCARIOS
Fidel Castro
[19 de Septiembre de 1959]

― Versión taquigráfica de las oficinas del Primer Ministro ―

Compañeros:
Yo quería explicarles primero lo siguiente: que a pesar de haber sido uno de los días de más trabajo últimamente, yo no había querido faltar por ningún concepto a este acto de los bancarios. Las razones son numerosas.
En primer lugar, he tratado de venir siempre a todos los actos que han convocado los trabajadores, y así nos hemos ido reuniendo desde el principio con cada uno de los sectores, y solamente hemos faltado en aquellas oportunidades en que nos ha sido absolutamente imposible asistir. En segundo lugar, por tratarse de una federación de la que todos recordamos su conducta en la lucha contra la tiranía.
Es decir que si de alguna manera se le puede reconocer a un sector obrero su historia y sus sacrificios, y esa manera es tomarse un tiempo en medio de los demás programas por importantes que esos sean, esa es la forma, a pesar de haber coincidido el acto de hoy con el comienzo del ASTA, de todas formas vine a la asamblea, para expresarle así nuestro reconocimiento al sector bancario.
No se trata de una cuestión de escoger entre aquellas cosas que podemos hacer por cuestiones de sentimientos.  Si se guiara uno solamente por los sentimientos, si fuera una cuestión de sentimientos, pues naturalmente que no habría discusión y optaría por estar aquí todas las horas que fuera necesario con ustedes.  Sobre todo aquí puedo hablar en español. A los distinguidos visitantes del ASTA he tenido que hablarles hasta en inglés.  No es el idioma de uno, pero como una cuestión de cortesía con los visitantes pues hice el esfuerzo. Creo que me entendieron, porque yo creo que el lenguaje de la sinceridad, aunque se pronuncie con sonidos distintos, es el mismo aquí que en cualquier pueblo del mundo.
Allí había delegaciones de 80 países, y en realidad se mostraron inclinados a ayudarnos a nosotros en el esfuerzo por desarrollar la industria turística.  Pero, en fin, todo este programa del ASTA tiene una extraordinaria importancia para nosotros, y uno debe estar siempre en el lugar que más le pueda interesar a su país: unas veces en una montaña, otras veces en un llano, otras veces en una ciénaga, otras veces en un cayo y otras veces hablando inglés ante una convención de agentes de turismo.
En eso hemos estado en el día de hoy, y realmente satisfechos de la extraordinaria impresión que más de 2 000 delegados de todos los países están recibiendo de nuestro pueblo.  Porque es como si todo el pueblo se hubiese puesto de acuerdo por hacer un máximo esfuerzo, como comprendiendo lo necesitada que está nuestra patria de comprensión en todo el mundo, lo necesitada que está nuestra patria de defensores en todo el mundo, lo necesitada que está nuestra patria de que la verdad se conozca en todo el mundo.  Los cubanos puede decirse que se han extremado en expresar lo que es Cuba en estos momentos, tanto nos hemos extremado todos que hasta yo me puse...  (RISAS Y APLAUSOS.)
Así que estamos todos haciendo un máximo esfuerzo para lograr una victoria de orden moral, que ya la estamos logrando en el hecho de que el número de agentes de turismo inscritos sea en este momento mayor del que haya tenido ninguna otra convención del ASTA, a pesar de los horrores que se dicen de la Revolución, del Gobierno Revolucionario y de Cuba en el extranjero, a pesar de “Times”, “Life”, etcétera, etcétera, etcétera.
Es decir que hay que confiar en los pueblos.  No hay, además, otra alternativa.  Hay que confiar en los pueblos.  Hay que confiar en que la humanidad ha llegado a la etapa en que el hombre piensa.  Hay que pensar en que se ha llegado a la etapa en que están siendo destruidos también los grandes monopolios de las opiniones públicas.  Esos que se han adjudicado el privilegio de hacer creencias y de hacer opiniones en todo el mundo, esos también están viendo llegar el fin de su imperio como consecuencia de un hecho que es el despertar de la conciencia de los pueblos.  De otra forma no se concebiría que a pesar del número de veces con que se repite sistemática y tenazmente todo género de campañas falsas contra Cuba, tenga, sin embargo, Cuba tantas simpatías en el mundo entero, y se puedan llevar a cabo eventos de esta magnitud, y que de todas partes del mundo vengan en número mayor de los que han acudido a ningún otro país para las convenciones del ASTA.
Pero además de este triunfo moral que significa para Cuba —sobre todo de la forma en que se está logrando ese triunfo con la colaboración tan entusiasta y tan formidable del pueblo—, está el hecho cierto de que nosotros podremos tener en el turismo una de nuestras grandes fuentes de empleo, de riquezas y de reservas.  ¿Por qué?  Porque tenemos la fortuna de poseer una serie de factores que, al igual que ocurre, por ejemplo, con el tabaco, el azúcar, o algunas frutas tropicales, nos favorecen de manera ventajosa sobre cualquier otro país.
Y a pesar de los pesares, quiero decir, a pesar de todas las cosas malas que nos han pasado a nosotros, lo cierto es que todo no ha sido infortunio para Cuba.  El infortunio en nuestra historia ha estado precisamente en los fallos que hemos tenido en la política, o en las desgracias que hemos tenido en la política, desde el mismísimo instante en que un conquistador desembarcó aquí y empezó a amarrar indios, y a perseguir los indios y a esclavizar los indios y a matar los indios.
Desde entonces hemos vivido cuatro siglos bajo ese signo trágico de la política como obstáculo del sistema de gobierno, como enemigo del progreso del país y enemigo de los intereses de los hijos del país.  Problema que no se resolvió con la independencia ni mucho menos, sino que en cierto sentido hasta se agravó; sin embargo, después de esta larga odisea se nos presenta la oportunidad, al fin, de hacer una cosa muy sencilla: que el sistema coincida con los intereses de la nación y del pueblo.
De esa forma podemos empezar a convertir en felicidad para el país lo que en otros tiempos fue desgracia, porque concitó el egoísmo, concitó la avaricia, concitó el deseo de dominio, concitó la explotación.  Y el haber tenido una tierra feraz para el azúcar fue solo nuestra desgracia; y el haber tenido una tierra rica en minerales era nuestra desgracia, de donde todas las bondades y los bienes que la naturaleza nos había dado se habían convertido en causa de nuestras miserias.  Hasta que se nos presenta la oportunidad de convertir todas las cosas maravillosas que la naturaleza nos ha dado en la causa de la felicidad de nuestro pueblo.
Esa ha sido, sencillamente, la política de la Revolución, tan sencilla que hasta los muchachos de kindergarten la entienden. Desde que empezó por poner un fin total y definitivo a la práctica cuatricentenaria de robarse el dinero del pueblo, de llenarse los bolsillos con los importes, con los recursos de la nación, desde esa cosa tan sencilla como es el no robar —que nos parece algo tan fácil, como que entiendo que el 98% del pueblo no roba, algo tan sencillo que lo practica el 98% de la población, porque bien arreglados estaríamos si todo el mundo le estuviera robando a todo el mundo—, pues eso fue lo primero que se hizo necesario implantar, para empezar por ahí a seguir una política que en todos los órdenes sin excepción sigue la línea inflexible de poner al servicio de la nación y de su pueblo los recursos de la nación.
Esa política se manifiesta en una serie de aspectos, entre ellos el turismo, naturalmente.  Es decir que —para no referirnos más que a ese renglón— tenemos condiciones naturales extraordinarias: playas como no existen en ningún otro país del mundo, un clima, una tierra, y sobre todo un pueblo que posee condiciones para convertir a Cuba en algo que queremos convertir, y en lo que la vamos a convertir: en el país más visitado del mundo.
Es decir que vamos a convertir el turismo en una de las fuentes de riquezas más grandes del país, por la ventaja que tiene el turismo de que no tiene cuota, no son tantos visitantes más o tantos visitantes menos, sino que todo depende del arte que tengamos los cubanos de aumentar hasta lo infinito el número de visitantes a nuestra tierra, a disfrutar de esas ventajas naturales que poseemos con carácter privilegiado.
Así que no es solamente la agricultura, no es solamente la industria, sino que otro de los sectores importantísimos a desarrollar en la economía del país es el turismo; otro sector de la economía del país que, al igual que la agricultura, podemos desarrollar de inmediato. No es como la industrialización, que requiere un gran número de divisas, un gran esfuerzo de ahorro y, además, los técnicos; es decir, es un programa que requiere más tiempo. El turismo, con preparar los lugares naturales que tenemos, pues tiene posibilidades de desarrollo inmediato igual que la agricultura, y de la misma manera que se está desarrollando la agricultura, se está desarrollando el turismo.  Primero el turismo interior, para que nadie tenga que irse a pasear a otros lugares donde no va a encontrar las cosas maravillosas que tiene aquí.
Pudiera parecer una cosa sin importancia para la economía general del país que se preparen magníficos balnearios, que se construyan cientos y miles de cabañas, y sin embargo es una de las cosas más importantes que se puede hacer para la economía, porque cada uno de esos compatriotas que se van allí a albergar en esas cabañas y a visitar esos lugares de Cuba, son cubanos que no van a ir al extranjero a gastar los 50 millones de dólares que en pasear por el extranjero nos gastábamos los cubanos.
Y algo más: se está despertando en el pueblo un verdadero interés por las cosas de su país, y está pasando en el turismo lo mismo que pasaba en la industria, que está produciéndose un cambio: de despreciar lo del país al extremo que se le ponía un nombre extranjero al producto, se está operando un cambio en la mentalidad del pueblo.  Y ya en vez de estar pensando en una serie de lugares que habían visto en una tarjetica postal y habían oído hablar en el extranjero, creyendo que eran mejores que los de Cuba, pues está produciéndose un aumento extraordinario en las excursiones del interior, tan grande que hasta un optimista como yo se ha sentido asombrado de eso.
Es que ha ido tan rápidamente, es tan extraordinario el número de turistas que hoy está visitando Isla de Pinos, Viñales, Soroa, la Ciénaga de Zapata, los balnearios que se están desarrollando allí —y que por no dejar de visitar visitan hasta la ciudad nueva que se está construyendo en La Habana del Este —, es tan extraordinario el número de cubanos, que uno se asombra.
Les puedo dar como ejemplo que en el día de ayer, visitando uno de esos centros que vamos a desarrollar, me encontré a una serie de rebeldes que lo que menos yo me imaginaba era que el domingo se iban a conocer algún lugar por ahí .  Y me los encontré allí de casualidad, infinidad de personas y con un entusiasmo extraordinario.  Y lo curioso es que encuentran maravillosos lugares donde se está empezando a hacer, ¡cómo será eso cuando se terminen!  , y que además lo disfrutan extraordinariamente, sin grandes sacrificios para su economía ni para la economía del país, como ocurría antes, que salir era privilegio de una parte de la población, con sacrificio de su standard personal de vida y, además, con sacrificio de los intereses de la nación. Por eso, cuando ya empezamos por fomentar el turismo en el interior, no solo estamos proporcionando la satisfacción de una serie de necesidades del pueblo, que tiene necesidad de vivir con algún aliciente, que tiene necesidad de distraerse, de descansar, sino que al mismo tiempo ya eso se refleja de modo grandemente positivo para la economía del país.
Y luego viene el otro aspecto:  la atracción del turismo extranjero, que es donde podemos llegar a cifras verdaderamente fabulosas, si no hacemos más que trabajar con interés y con entusiasmo con ese objetivo.  Y he visto, por ejemplo, pueblos como el de Viñales que era un pueblo empobrecido —uno de los pueblos que hace 20 años tenía 20 000 habitantes y ahora tiene 17 000; ese ha sido uno de los pocos pueblos de Cuba que ha disminuido de población—, el entusiasmo que reina allí en aquella zona, donde ya no hay un solo desempleado, porque están trabajando en las obras; y donde ya hay una escuela con 130 matriculados, una escuela de turismo, y donde los primeros 70 ya están recibiendo clases allí con profesores voluntarios que les enseñan idiomas, les enseñan todos los conocimientos necesarios para servir como guías o empleados de todos los centros turísticos.
Así se va a formar también de inmediato otra escuela en Candelaria, que está cerca del otro centro turístico, que es el de Soroa. Y así tendremos que ir creando escuelas de turismo para preparar en las mejores condiciones a los ciudadanos de cada uno de esos pueblos para darles empleo en esa actividad.
Esperando desde hace tiempos inmemoriales que se hiciera algo por ellos, están hoy llenos de optimismo y llenos de euforia por la rapidez y por las perspectivas que representa el desarrollo del turismo.  Así que habrá zonas de Cuba donde el turismo será la industria más importante: el turismo nacional y el turismo extranjero, y donde todo se está organizando bajo un sistema.
A estas escuelas van los jóvenes, se matriculan, estudian.  Estudian los hombres y las mujeres, los blancos y los negros, porque es allí, desde las simientes, donde hay que ir librando la batalla contra los prejuicios y las discriminaciones. Y serán escogidos exclusivamente por su capacidad, y tendrán su escalafón, y cada zona se esmerará en ser la que mejor atienda al visitante, porque sabe que de la eficiencia con que atienda al visitante dependerá cada vez un número mayor de turistas y un volumen mayor de empleos.
Con ese criterio estamos desarrollando toda la isla, que posee desde aguas termales como no las tiene ningún lugar del mundo hasta zonas de pesca, marítimas, como no existen en otros lugares; hasta la pesca fluvial, cuya importancia se revela en un dato: el hecho de que, por ejemplo, en Estados Unidos las industrias dedicadas a fabricar avíos de pesca venden, según noticias, 2 000 millones de pesos en avíos de pesca.  Dos mil millones de pesos es lo que venden.  Sin embargo, actualmente en Estados Unidos están atrasados en la atención que oportunamente debieron darles a los problemas de la recría de los peces de agua dulce.  Y nosotros ya tenemos casi construido un centro de recría ictiológica, más claramente: un lugar donde se crían peces para repartirlos. Tenemos estudiadas ya 540 lagunas, y vamos a producir 100 millones de truchas todos los años para depositarlas en esas 540 lagunas, situándonos en una posición de ventaja sobre cualquier otro país del mundo en cuestiones de pesca fluvial, porque la marítima ya la tenemos ahí.
Casi no sería necesario dar explicaciones de ese tipo; pero la verdad es que son cosas a las que nunca les prestamos atención, sin darnos cuenta de la riqueza que pueden significar.  Y así puede ser que oigamos que el compañero Pedro Miret, en el Ministerio de Agricultura, está dedicado a sembrar posturas de árboles y a sembrar postes en las lagunas, y algunos pensarán:  “Bueno, ¿y esas boberías para qué?”  Sin embargo, tienen una importancia de orden económico extraordinaria, porque cuando esa parte de la población de los países de Canadá y Estados Unidos que no encuentran allí satisfacción a su afición por el deporte de la pesca, se traslade a pescar en esas 540 lagunas, más algunas más artificiales que tenemos que hacer en las represas y en las zonas donde se necesiten, significaría solo por ese concepto un aumento extraordinario de turistas que, claro, no venían hasta ahora porque no había ni guías, ni lagunas organizadas, ni centros de recría, ni truchas, ni nada absolutamente .  Aquí venía el turista, iba al Tropicana, veía bailar una rumba, se jugaba 100 pesos allí en la ruleta y se iba al otro día.
Luego alrededor de ese turismo pues se desarrolla una industria para producir los implementos que se necesitan para la pesca: botes, varas y anzuelos, en fin, industrias que se van desarrollando alrededor de eso.
(DEL PUBLICO LE DICEN: “Tenemos la playa de Canímar ahí, que se cura uno también.”)
¿En la de Canímar?
¡Es que tú no conoces el balneario de Elguea!    Yo creo que allí la gente hasta se rejuvenece.  No exagero.  Algunos que, por ejemplo, padezcan de reuma crónico y los tenga envejecidos, pues cuando se les quita el reuma se rejuvenecen, naturalmente.
Así, por ejemplo —ya que hablamos de reuma—, tenemos aguas termales: una de ellas, la que acababa de mencionar ahora, que nadie conocía —y yo era el primero que no la conocía.  No vayan a creer que nosotros sabíamos más que los demás ni mucho menos.  Nosotros hemos ido aprendiendo sobre la marcha todas estas cosas.  Pero al igual que una gran cantidad de cubanos, había un ciudadano, como en el caso este, que había pasado por las escuelas, había leído la geografía, había pasado por la universidad, había estudiado, y creía que tenía algunas ideas de las cosas de Cuba, y no sabía que existían esos balnearios.
Que levanten las manos los que no lo sabían (El público levanta las manos).
Y que levanten las manos los que lo sabían (EXCLAMACIONES DE: “¡Nadie!”).
Bueno, pues resulta que son posiblemente los mejores del mundo.
¿Sabían ustedes que había un lugar de Cuba donde el agua salía echando humo?  (EXCLAMACIONES DE: “¡No!”)  (Del público le preguntan que dónde.)  Allí mismo.
Nosotros, que estábamos convencidos de que aquí no existían volcanes ni las más remotas posibilidades, no teníamos ni idea de que existían estas aguas termales desde 48 hasta 52 grados.  Y no solo aguas termales: aguas termales donde a los pocos metros hay un manantial de agua sulfurosa, sale otro de agua ferrosa, otro de yodo, de combinaciones químicas y, además, todo con alta radiactividad, y ni siquiera lo sabíamos.
Pues bien:  en este momento hay ya una comisión del Instituto Hidráulico, de la Junta de Planificación de expertos en todas estas cuestiones, que están recorriendo en un viaje rápido todos los balnearios de aguas termales en el mundo para recoger lo mejor de cada uno de ellos y hacer aquí el mejor del mundo .
Cuando se piensa, por ejemplo, que solamente en Estados Unidos hay 8 millones de reumáticos , amén de otros núcleos que pudieran necesitar de este tipo de agua, se explican las posibilidades que nuestro turismo tiene, si brindamos sencillamente las facilidades, y nos preparamos, y hacemos una información, y hacemos llegar por todos los medios la información.
¿Sabían ustedes, por ejemplo, que las aguas de Santa Fe, en Isla de Pinos, eran superiores a las de Vichy, tan famosas, y de las cuales al que más y al que menos le hicieron tomar alguna botella alguna vez? (EXCLAMACIONES DE: “¡No!”) Pues resulta que, analizadas químicamente, son superiores a las famosas aguas de Vichy; sin embargo nosotros, en vez de embotellar aquellas para distribuirlas aquí, pues traíamos agua desde Francia.  Y así por el estilo, las aguas de San Diego de los Baños, que allí sencillamente uno de los problemas es que las aguas de albañal tengo entendido que salen más arriba del lugar donde tiene que bañarse la gente allí.  Y ahora mismo se están haciendo proyectos para hacer el alcantarillado, el desagüe, todo eso, y preparar allí también un gran centro.  Y así vamos a ir preparando, desde la Península de Guanahacabibes hasta Baracoa, incluyendo la Ciénaga de Zapata, Cayo Largo, Isla de Pinos, todos los cayos, todas las playas, la Sierra Maestra con todos sus lugares históricos, y hasta el Pico Turquino, por donde va a pasar una carretera, y donde en su oportunidad vamos a construir también un hotel.
De esta forma vamos a ir desarrollando todos los centros de posible aprovechamiento turístico, con más que justificadas razones para albergar la esperanza de convertir a Cuba en el primer centro turístico del mundo, en una industria que no tiene cuota.  ¿Y saben con qué vamos a hacer todo eso?  ¿Saben con qué?  Con el impuestico que les pusimos a las bebidas alcohólicas.
Con eso sencillamente vamos a darles empleo nada menos que de 15 000 a 20 000 cubanos todos los años, en la construcción de todas esas obras.  Empleo permanente cada año, por lo menos, a 5 000 personas más; 5 000 personas por año con empleo permanente en las obras que se construyan.  Y así, con una fuente de recaudación que servirá para después invertir no solamente lo que se recaude por concepto de esos impuestos, sino todo lo que vayan produciendo esos centros turísticos.  Es decir que irá en aumento creciente, que lo que cada año se invierta en turismo será más.  Y así llegará el momento en que casi se convierta en una necesidad venir a Cuba si alguien quiere saber lo que es un país saludable.
Creo que estamos en condiciones de desarrollar esos planes ahora.  Estamos en condiciones excepcionales para desarrollar esos planes, puesto que precisamente cuentan con los recursos que antes no contaron, y con los propósitos que antes nadie albergó; porque antes era cuestión de intereses.  Por lo general los hoteles se construían por la libre, cada cual ponía el precio que más le convenía, cada cual tenía el sistema que mejor le pareciera.  No era como ahora, que todos esos centros que estamos desarrollando se rigen por las mismas normas; esos centros no se construyen con criterio de tratar de explotar al máximo un pequeño núcleo de visitantes, sino tratar de prestarle ese servicio al máximo a la población, como se ha hecho con las playas públicas, y que al mismo tiempo que sirvan para turistas extranjeros en invierno, sirvan en el verano para el turista nacional.
El turista extranjero no viene en el verano, porque aquí ocurría esto:  en invierno nuestros turistas iban a Miami, los de Estados Unidos y el Canadá venían aquí y tenían más o menos los mismos precios que en Miami; y cuando venía el verano, entonces los hoteles de nosotros se hacían más caros y los de Miami se bajaban hasta el mínimo.  Entonces muchas personas, en vez de ir a Varadero y en vez de ir a playas cubanas, se iban a Miami en el verano.  Ahora nosotros lo vamos a hacer al revés: ahora los precios en invierno van a ser aquí más altos que en el verano   —por lo menos, los precios de los hoteles y de los centros turísticos que organicemos— y en invierno un poquito más altos pero no mucho más altos, a precios que permitan el aprovechamiento de la corriente turística extranjera, pero que sean mucho más bajos que los que se cobren en las ciudades que antes competían en el extranjero con nosotros.
Así que ustedes irán comprendiendo —y lo irá comprendiendo el pueblo cada vez mejor— el porqué se hace repoblación forestal, el porqué se hace repoblación fluvial.
Yo estoy seguro de que todos ustedes van a ser algún día más o menos lejano aficionados a la pesca de truchas, por ejemplo, y van a tener una magnífica laguna cerca de La Habana, porque van a tener la Laguna de Ariguanabo.  No la de ahora, eso no es laguna, es un pantano.  Pero vamos a hacer una laguna, que va a ser una de las más grandes de Cuba, construyéndole un malecón, construyéndole un muro de contención para represar el agua, sembrándole allí el tipo de vegetación que necesitan los peces y, en fin, todo ese problema de la pesca que es una ciencia, es una verdadera ciencia.  Por cierto, no vayan a pensar que nosotros sabíamos de eso algo; pero es que son cosas que pueden llegar a despertar el interés humano por todas las cosas interesantes que encierra.  Irán comprendiendo el porqué del ASTA, irán comprendiendo el porqué del esfuerzo que ha desarrollado el Gobierno Revolucionario, porque hemos hecho ya relaciones con más de 2 000 agentes de turismo de 80 países, a los cuales el pueblo está poniendo especial esmero en atender.
Así, por ejemplo, tenemos el caso del aeropuerto de Rancho Boyeros, construido por los trabajadores en menos de 45 días , trabajando nueve por ocho, con lo cual esta cuadrilla de obreros —que es la 510— se ha ganado el honor de ser la pionera en el trabajo revolucionario , permitiéndose hacer una obra que ha sido la admiración de todos los que han llegado allí, asombrados de ver el adelanto que se obtuvo en tan breves días, lo cual demuestra que solamente con el esfuerzo podremos nosotros llegar a tener un porvenir mejor para todos, porque sencillamente mientras no elevemos a través de todos los esfuerzos posibles la capacidad de producción del país, mientras no elevemos la producción per cápita de la nación, no podremos aspirar a aumentar el standard de vida.  No es posible, por ejemplo, que pueda disfrutar del mismo standard de vida un país con una producción per cápita de 1 000 o de 1 500, o de 2 000 pesos, que un país con una producción per cápita de 300 pesos al año, cual es el caso de los países subdesarrollados como Cuba.
Esos obreros se esforzaron de tal manera que, al mencionar lo que habían hecho ellos esta mañana en la Convención del ASTA, arrancaron el aplauso unánime de todos los agentes de viaje.  Y lo mismo los obreros gastronómicos están haciendo un esfuerzo extraordinario.  Ahora acabaron de servir los empleados gastronómicos más de 2 500 cubiertos —¡más de dos mil quinientos cubiertos!— con una eficiencia extraordinaria .  De esta forma vamos poco a poco encauzando la nación por el único camino que puede conducir a una verdadera felicidad para el pueblo, a una verdadera solución definitiva de nuestras miserias y de nuestras limitaciones.
En ese esfuerzo tenemos que contribuir de manera especial los que estamos en mejores condiciones de hacerlo, porque hay casos tales de penuria en el pueblo, hay todavía tanta amargura y tanto dolor en muchas familias, que casi valdría la pena que los ciudadanos pasasen de vez en cuando por hospitales, donde no están siquiera todos los que necesitan estar hospitalizados y donde el per cápita que se da de seis o de ocho pesos por enfermo no alcanza para comprar determinadas medicinas que son más costosas. Y se enfrenta el gobierno al tremendo dilema de escoger entre dedicarse a gastar el presupuesto todo en hospitales y no hacer calles, ni alcantarillas, que servirían precisamente para disminuir las epidemias y las enfermedades; dedicarse a hacer una cosa y no hacer las demás, cuando en realidad tan urgente es hacer escuelas, como hacer hospitales, como hacer alcantarillas, como establecer industrias y centros turísticos.  En fin, que tenemos que ir repartiéndolos, porque no podemos dedicar todos los recursos a resolver una cosa.
Sin embargo, son tan grandes las deficiencias, que por muchos presupuestos que se ponen nos encontramos los casos de los hospitales donde vemos familias —madres allí con las hijas— ­que, por ejemplo, son de familia pobre, y se ve aquella persona sufriendo, porque sí, se le pueden brindar determinadas medicinas; pero hay otros tipos de medicinas que no alcanzan los presupuestos aumentados en los hospitales para brindárselas.  Y lo triste que resulta ver que no se puede aliviar el dolor de un ser humano, de un compatriota, por no tener sencillamente el dinero necesario para ello.
Cuando se contemplan estas cosas ahí, cara a cara con la realidad, y vemos episodios de los cuales no nos enteramos, es cuando acaba uno de indignarse, de pensar en ese egoísmo que llega incluso a la protesta, al disgusto y a las campañas contrarrevolucionarias por el sencillo hecho de que se ponga un impuesto  a artículos de lujo que bien podemos privarnos de ellos, mientras haya todavía hermanos nuestros que estén sufriendo esas tragedias en la desesperación sin que nadie los ayude.
Pues bien, ¡la sociedad tiene la obligación de ayudarlos!    Por algo se forma parte de una nación, por algo se forma parte de un pueblo, porque una nación y un pueblo es la garantía de todos y cada uno de los individuos de esa nación.  Es como la póliza de seguros con que cuenta cada ciudadano:  la ayuda de los demás, la ayuda del resto de los que viven en ese país al que no se puede valer por sí mismo; de lo contrario no tiene sentido pertenecer a un pueblo, ni pertenecer a una nación, ni pertenecer a una sociedad, donde cuando nos vemos en una terrible dificultad nada ni nadie viene en ayuda de nosotros.
Así se encuentran todavía miles y decenas de miles de cubanos cuya situación desgraciadamente no se puede resolver de la noche a la mañana, porque bastante que hay que lidiar para ir poniendo, frente al egoísmo y frente a la ambición humana, frente a los odios de los privilegiados, las medidas de justicia que una a una, hoy en el campo, mañana en la ciudad, un día sirven para resolver problemas de educación, otro día problemas de tierras, otro día problemas de comunicación, otro día problemas sanitarios, y, sobre todo, la gran solución:  la solución del problema económico de la ciudadanía.
Bastante que hay que lidiar frente a poderosos intereses, frente a poderosos egoístas, frente a poderosos y desvergonzados elementos que por todos los medios tratan de sabotear y de ir obstaculizando el camino de la Revolución, porque hay que estar en medio de todo esto para saber cuánto se ha saboteado a la Revolución y cuánto se han esforzado aquí determinados intereses nacionales y extranjeros para hacerla fracasar.
Esos son los que protestan airados contra cualquier medida que salva a la Revolución, porque en el fondo albergan la esperanza de que esas medidas no se tomarán y que la Revolución fracase por aquí o por allá.  Son los que siembran el miedo.  Son los que acuden allá, en el extranjero, a esos organismos que no representan ni mucho menos la verdad de los pueblos ni los sentimientos de libertad de los pueblos, a tejer intrigas contra la patria cubana, a hablar incluso de que no hay libertad de expresión en nuestro país, donde lo mismo en español que en inglés, lo mismo en la prensa escrita que en los cables internacionales, se han escrito los peores oprobios de la Revolución, porque sencillamente nuestra filosofía ha sido dejarlos que escriban; porque tenemos más fe en la verdad que en todo el poder de que aquí hicieron gala los grandes privilegios, sembrando la mentira y la confusión en los pueblos ; porque creemos sencillamente que en la vida pública del país la primera condición que hay que tener para que una idea se siga o para que a un hombre se le crea es su moral por encima de todas las demás cosas .
Aquí la cuestión no es de libertad o de no libertad. ¡La cuestión es de vergüenza o no vergüenza! ¡La cuestión es de patriotismo o de no patriotismo! Lo que ocurre es que había unos cuantos acostumbrados a chantajear a todo el mundo, sin que hubiera alguien con valor o con moral como para parárseles al frente, para retar a los que aquí fueron elementos tabúes que hacían y deshacían reputaciones y destruían a su antojo la moral de los hombres.
Mas los tiempos cambian.  Las circunstancias cambian.  Las conciencias se crean en los pueblos y los que antaño fueron los todopoderosos “hacedores” —y deshacedores— de reputaciones, hoy solo tienen que ajustarse no a normas legales, porque aquí se ha mentido hasta la delincuencia, aquí se ha escrito hasta la delincuencia, aquí se han divulgado noticias que en cualquier lugar del mundo se castigarían con la pena de cárcel, porque, ¿en qué país no se castigaría el anuncio de que ha sido invadida la provincia tal o la provincia más cual?  ¿En qué país del mundo no se castigaría semejante atentado a la tranquilidad y a la fe de la ciudadanía?  
Sin embargo, hoy escriben impunemente los desvergonzados. Escriben impunemente sin que un policía les pase por la puerta de su casa. Valientes ahora, al escribir en medio del respeto de un gobierno que saben...  
Valientes ahora, cuando saben que no les ocurre nada.  Valientes ahora, cuando saben que no corren ningún riesgo.
¡Valientes ahora como cobardes ayer!    ¡Sin pudor escriben los desvergonzados todo su veneno y toda su cizaña contra el esfuerzo más grande y más prometedor, en el minuto más luminoso de la patria, que es este que está viviendo Cuba!  
Es cosa de preguntarse con qué recursos se sostienen hoy algunos de esos libelos.  Hay que empezar a preguntarse ya si dinero de criminales de guerra o dinero de corporaciones extranjeras están pagando y están sosteniendo las campañas contrarrevolucionarias, porque no se explica que antaño hubiesen podido sobrevivir a base de decenas de miles de pesos que les daba la tiranía y que no tengan dificultades económicas hoy, cuando el Gobierno Revolucionario no se pliega ante el chantaje.
Extraño resulta el brío y la tenacidad, es decir, la constancia, con que día a día se dedican a destilar su gotica de veneno.
¿Qué quieren? ¿Que los clausuremos?  ¡Pues no! (EXCLAMACIONES DE: “¡No!”), nos los vamos a clausurar porque van a morir de anemia, de la anemia que produce la ausencia de simpatías, de la anemia que produce el desprecio del pueblo; porque en el fondo ha existido esa campaña provocativa, esa campaña de provocación, para tratar de llevar al Gobierno Revolucionario a medidas a las que el Gobierno Revolucionario está empeñado en no llegar.
En el fondo es todo una gran conjura de intereses, porque esos intereses poderosos afectados por la Revolución, egoístas cuando se trata de llevarle ayuda a cualquier infeliz, a cualquiera que incluso pueda salvar un hijo con el peso que recibiera de una mano generosa, esos intereses egoístas, avaros con los que pudieran necesitar de ayuda, son en cambio generosos hasta el máximo para pagar libelos y para sostener esas campañas contra la Revolución.
Aquí hay que de una vez definir bien claro los campos.  Hay que de una vez dejarse de boberías.  Hay que acabar de comprender que no hay más que dos caminos, no hay más que dos caminos:  ¡Servir a la patria o estar contra la patria!, y todos los que de un modo o de otro tratan de debilitar el prestigio de la Revolución, tratan de debilitar la Revolución, están ayudando a los enemigos de la patria.
No hay, pues, aquellas posiciones con que se trata de disimular la impudicia de servir a intereses contrarios al pueblo, que es el único interés al que nosotros defendemos.  No se pueden disimular esas posturas de los que cuando no tratan de destruir la Revolución, tratan cuando menos de frenarla, y cuando no tratan de frenarla, tratan por lo menos de que disminuya la aceleración, y por todos los medios se empeñan en ponerle piedras en el camino.
No caben alternativas, y a nosotros no nos importan los que puedan estar contra la Revolución.  ¡Los que nos importan son los que están con ella!    Y los que quieran estar en la cerca, esos, a estas horas —a estas horas— serían mejores enemigos que compañeros; es decir que harían más daño como compañeros que como enemigos.
Y así, no crean que no ha existido resistencia: no cejan un instante, no descansan un minuto a pesar de todos los reveses.  Y no descansarán, porque mientras más fuerte ven la Revolución y más identificada con el pueblo, más la odian, más se sienten irritados contra ella, y aunque luego parezca que no existe esa intención, está permanente en determinados sectores y elementos.
Por eso, en la misma medida en que avanza la Revolución, tiene que consolidarse y tiene que organizarse, porque —como decía— todas las medidas justas que se van tomando han encontrado resistencia.  Y por eso tendremos que luchar muy duro antes de poder completar la obra de la Revolución, y tendremos que revestirnos de toda la paciencia necesaria para saberla llevar adelante, en la medida de nuestras fuerzas.
Cada día tenemos que consolidarla organizándonos mejor, sobre todo entre los campesinos y entre los trabajadores.  Tenemos que ir federación por federación, y federación por federación creando una conciencia sólida, y hacer de cada federación obrera un ejército de la Revolución.  Hacer de los bancarios, de los gastronómicos, de los portuarios, de los ferrocarrileros, de los autobuseros, de los del transporte en general, los de la construcción, en fin, de uno por uno de los sectores trabajadores del país, verdaderas legiones de defensores de nuestra Revolución , como vamos a hacer con todos y cada uno de los campesinos de nuestro país, organizándolos a través de las zonas de desarrollo, para hacer invencible esta Revolución, porque hay algo en que debemos estar muy claros:  si un día somos débiles —aunque siempre habremos un número suficientemente grande para morir defendiéndola—, más alentados se sentirán los enemigos para atacarla.
Mientras más fuerte, más inatacable; mientras más fuerte sea la Revolución y mejor organizada, menos tendremos necesidad de combatir y de derramar la sangre, porque ante un pueblo bien organizado, un pueblo cuyos hijos más entusiastas y numerosos se aprestan a defenderla hasta con la última gota de sangre, contra ese pueblo no hay quien se atreva.  No importa que sea un pueblo pequeño.  Contra ese pueblo firme y unido, contra ese pueblo donde cada sector es como la columna de un ejército, y cada hombre y cada mujer es como un soldado de ese ejército, un pueblo donde cada guajiro sea como un soldado de la Revolución, ese pueblo es un pueblo invencible, ese pueblo es un pueblo inatacable .
A los que tienen miedo o a los que predican el miedo hay que decirles:  “Téngale miedo al miedo, porque el miedo si es peligroso .  Ténganle miedo al miedo, porque el miedo debilita; el miedo divide; el miedo produce escisiones.”
A los que hablan de miedo hay que decirles que la única manera de sentirse todo el pueblo seguro es no teniendo nadie miedo, porque entre las tácticas de los enemigos de las revoluciones está la de sembrar la escisión por miedo, entre los que tienen el valor de llevar adelante las medidas revolucionarias y entre los que creen que si se toman las medidas revolucionarias el mundo se acaba.
Una de las tácticas de la contrarrevolución es sembrar el miedo, y la actitud del pueblo debe ser:  ¿Miedo para qué? ¿Miedo para qué si estamos dispuestos a morir hasta el último cubano de vergüenza defendiendo esta causa, si estamos dispuestos a no atemorizarnos ante nada ni ante nadie?  
Por eso debemos hacer conciencia contra el miedo, porque lo malo no son las leyes revolucionarias:  lo malo es asustarse porque se dicten leyes revolucionarias, porque ese es el primer sentimiento psicológico que la reacción explota para empezar a conquistar gente por miedo, para que los miedosos frenen la Revolución, para que los miedosos retranquen la Revolución como por un instinto de conservación, cuando el instinto de conservación que debe prevalecer aquí es el instinto de conservación —y no por miedo sino por valor— que nos dice que, siendo todos valientes, la Revolución será invencible y la Revolución será inatacable.
A esos que siembran el miedo o se asustan, hay que decirles que esa es precisamente su perdición y que, si en realidad quieren conservar sus preciosas vidas, lo mejor es que no tengan miedo.
Y cada federación debe ser como un baluarte.  Ir cada vez haciendo más sólida la unión de cada una de las federaciones de trabajadores; es decir, más completa la identificación dentro de cada federación y más completa la identificación de cada federación con el Gobierno Revolucionario.  De manera que el Gobierno Revolucionario cuando trace sus planes estratégicos, sepa con quiénes cuenta; con cuántas federaciones cuenta, y con cuántos guajiros cuenta (EXCLAMACIONES DE: “¡Con todos!”).
Así, para dar una idea del poderío, que sería el poderío de Cuba, si convertimos a cada miembro de cada federación y a cada guajiro en un soldado de la Revolución, baste el ejemplo de esos campesinos de las dos primeras cooperativas de Pinar del Río, que llevan el nombre de “Granma” y de “Moncada”, que con una patrullita de 12 hombres capturaron, después de rendirlos combatiendo, a una cuadrillita de criminales de guerra, que en Santo Domingo y en los demás exilios estaban presentando como frente de guerra contra la Revolución.
Mientras ellos hacían esa propaganda, nosotros no nos preocupábamos en estar gastando la energía de los soldados recorriendo lomas tras lomas, ni en estar empleando fuerzas militares para la captura de esos elementos.  Lo que hicimos sencillamente fue escoger a 12 campesinos, traerlos a La Habana, tenerlos 10 días en el campamento de Managua, donde aprendieron alguna instrucción militar —enseñarles allí algunas maniobras, hacerles disparar algunos tiros—, ponerles su sombrero de yarey, como el mambí, su camisa verde olivo y su pantalón azul, y enviarlos con sus M-1, sus mochilas, sus cananas y sus cantimploras a combatir contra ese famoso “frente” de la contrarrevolución.  Y antes de cumplirse los 30 días, ese grupo de contrarrevolucionarios, que desde el día primero de enero andaban huyendo por los mogotes, fueron capturados, después de rendidos, por la patrulla de los campesinos, a la que solo se le escapó uno, que no tardó más que unas horas en ser capturado también.
De esa manera, con 12 campesinos, fue liquidado el “terrible ejército” de la contrarrevolución en la provincia de Pinar del Río; y el “comandante”, designado por Trujillo el día antes, solo duró 24 horas de “comandante”, porque antes de las 24 horas, después de hacer una resistencia de 15 o 20 minutos a la patrulla de campesinos que les rodearon el sitio donde fueron localizados, no supieron hacer otra cosa que presentarse con una niña en los brazos pidiendo rendición.
Eso, que en cualquier hombre es vergonzoso, lo es tanto más en un sujeto que estaba prófugo precisamente por haber cometido más de 20 crímenes durante la tiranía.
Así, aquellos guajiros, cumpliendo las instrucciones que se les habían dado de hacer prisioneros, de que no se podía golpear ni se podía asesinar a ningún prisionero, porque para eso estaban los tribunales, los rindieron.  Y a pesar de que las primeras descargas de los contrarrevolucionarios habían herido a un soldado rebelde que los acompañaba, esos campesinos que no habían combatido, que se componían en ese instante de cinco campesinos solamente, enviaron a cuatro viejos y experimentados criminales, y sanos y salvos los presentaron en la jefatura militar de la provincia sin un solo maltrato. ¡Y cuán diferente de lo que ocurría cuando eran ellos los que capturaban a un campesino por simples sospechas!
Pero el hecho es que entregaron las armas y se escudaron hasta en una niña para buscar seguridades en el momento de plantear la rendición.  Con 12 campesinos solamente, sin emplear el Ejército Rebelde.  ¿Para qué vamos a emplear el Ejército Rebelde si tenemos a los campesinos?
(DEL PUBLICO LE DICEN: “¡Y el pueblo!”)
Yo digo en las montañas.
Esto nos puede dar una idea de la fuerza con que cuenta la Revolución cuando vayamos consolidando esa identificación entre los obreros y el Gobierno Revolucionario; esa identificación entre cada una de las federaciones y el Gobierno Revolucionario, y en la misma medida en que se vayan desarrollando las zonas donde se está aplicando la reforma agraria; es decir, en toda la isla.
¡Y cuán invencible no será esta Revolución cuando pueda contar oportunamente con esos factores!  Y para ello ha sido necesario un proceso, y es necesario que crezca todavía más la conciencia revolucionaria, para que nosotros vayamos movilizando nuestras fuerzas en la medida en que las vayamos necesitando.
Pero lo decimos para que se sepa que sabemos dónde estamos parados, y que sabemos con lo que contamos para defender la Revolución, y que no vacilaremos en defenderla cuando sea necesario; pero de la manera en que nosotros defendemos la Revolución: luchando, combatiendo, con las armas cuando llegue el momento de combatir con las armas; con la verdad cuando es cuestión de combatir con la verdad en la mano, sin acudir a los métodos a que quieren nuestros enemigos llevarnos, porque cada día, con una provocación mayor, lo que quieren es arrastrar a la Revolución a métodos de violencia.  Y nosotros decimos que la violencia la empleamos cuando venga la violencia.  Es decir que las armas las empleamos cuando los enemigos de la Revolución empleen las armas.
A los demás, para desmoralizarlos, para destruirlos ante la opinión pública, aunque ese hipócrita —famoso ya por su doble cara, que responde al nombre de Jules Dubois — y ese grupito de descarados que se van a predicar contra nuestra Revolución, digan lo que digan y hablen lo que hablen, ante un fenómeno nuevo para ellos, algo nuevo —porque acostumbrados al chantaje se encontraron de repente con la verdad y la moral para decirla ; acostumbrados al chantaje, se encontraron con que el gobierno no se callaba la boca frente a los ataques—, y entonces han inventado lo último, lo más ridículo que pueda concebirse, y es que no están en condiciones de igualdad frente a las réplicas del gobierno.  ¿Y en qué condiciones han estado los infelices que no tenían un periódico ni un espacio para decir una palabra, mientras sus intereses eran atacados por esos mismos?  Han inventado que hay presión.  Presión no, lo que hay es desprecio.  Presión no, lo que hay es que para hablar hay que hablarle a alguien, y ese alguien es el pueblo.  ¡Y para hablarle al pueblo hay que tener moral y hay que tener vergüenza y hay que tener razón!  
Y así, toda esa conjura ha estado siempre atenta a ver por dónde debilitan la Revolución, por dónde la dividen; a ver si logran descontento, instigando para ver si se dividen los del 26 y los del Directorio, o los del Escambray y los del Directorio; para ver dónde encuentran una brechita para sembrar la cizaña y debilitar la Revolución, encontrándose con que, muy por el contrario, cada día es más sólida la unión entre todos los elementos de la Revolución, cada día es mayor la conciencia revolucionaria del país, y cada día es más firme la convicción de que esta es nuestra fuerza y de que esa fuerza hay que mantenerla y consolidarla.  ¡Y consolidarla con el pueblo!  
Así es que con esto no quiero decir más que una cosa:  que todo el mundo puede estar seguro de que al pueblo ya es muy difícil que lo engañen y lo confundan (EXCLAMACIONES DE:  “¡Nunca!”), que el pueblo está muy despabilado, que el pueblo ha aprendido mucho en los últimos años (EXCLAMACIONES DE:  “¡Primero hay que matarnos!”), que el pueblo conoce aquí a todos los descarados habidos y por haber .
Eso es lo que irrita, eso es lo que irrita y es lo que desespera a los que cada día son más insolentes y más desvergonzados en sus provocaciones.  Y lo que queremos decir es que ya podrán inventar todas las formulitas, ya podrán inventar todos los cuentecitos, ya podrán inventar todas las maniobras, ya podrán tratar de desempolvar cuantos politiqueros se encuentren por ahí, que de esperanzas, ¡nada!  , porque sabemos lo que es una revolución.  Sabemos que en un proceso como este no se puede andar con vacilaciones ni con juegos, sabemos cómo se defiende una revolución, sabemos aquí los fines que se esconden detrás de cada una de las consignas de los contrarrevolucionarios, de cada una de sus provocaciones, y podemos asegurarles que la Revolución la defenderemos, ¡y la defenderemos bien defendida!  Y que la defenderemos sobre todo con los guajiros y con los trabajadores, y junto con los guajiros y los trabajadores, con todo el resto del pueblo que no podemos llamar guajiros ni trabajadores, porque son profesionales, porque son estudiantes, o porque estén contribuyendo con su esfuerzo a la liberación económica del país.
Junto con los obreros y los campesinos, el resto del pueblo.  Y digo los obreros, porque son los más organizados; y digo los campesinos, porque también estarán organizados y porque, además, los campesinos son, desde el punto de vista militar, un factor de extraordinaria importancia, porque a nuestra tierra hay que defenderla pulgada a pulgada, árbol por árbol, zanja por zanja, trinchera por trinchera, monte por monte y loma por loma.  Y los campesinos, que conocen los lugares, en cualquier tipo de lucha abierta que tuviera que sostener el pueblo de Cuba, el rol de los campesinos sería un rol de extraordinaria importancia.
¡Pero no sería solo el rol de los campesinos, sería el rol también de los trabajadores y del pueblo en la ciudad frente a cualquier contingencia, porque esta patria nuestra, sépase de una vez por todas, sabremos defenderla hasta la última gota de sangre! Porque para destruir esta nación, para sojuzgar esta nación hay que pelear, ¡y hay que pelear muy duro con nosotros! ¡Hay que pelear muy duro y hay que pagar muy caro cada pulgada de tierra que se nos intente arrebatar, porque en materia de defender nuestra tierra y nuestra patria, sin vacilaciones decimos que nos importa un bledo el poderío del enemigo que nos ataque!  
Decimos esto, porque hay muchos de esos elementos contrarrevolucionarios que están esperanzados en que otro les venga a sacar las castañas del fuego, que están esperanzados en que la Revolución se caiga un día porque la estrangulen económicamente, o porque invadan nuestra patria (DEL PUBLICO LE DICEN: “¡Que se atrevan a venir!”).
Hay algunos que saben —porque no pueden cifrar otra esperanza— que estamos cumpliendo con el pueblo y que será para ellos imposible contar jamás para nada, ni siquiera con una parte del pueblo que, aunque minoritaria, significara alguna fuerza. Saben que la abrumadora mayoría estará siempre contra ellos, y cifran sus esperanzas en factores externos.  Y para esos que cifran tales esperanzas, bueno es que sepan que aquí hay que pelear, porque nosotros nos atrincheramos y peleamos aquí, sin importarnos quién o quiénes sean los que nos ataquen.
Y eso es bueno que se sepa.  Que se sepa que no son meras palabras, que se sepa que no es demagogia de tribuna, que se sepa que no es retórica de asamblea.  Que se sepa.  Y que se sepa muy ciertamente y muy absolutamente que nosotros somos un pueblo que estamos dispuestos a defender nuestra tierra.  Y eso es lo único que hace realmente poderoso al pueblo cubano.  Eso es lo que lo hace poderoso, sin que a nosotros nos importen sabotajes más o sabotajes menos para que tengamos aviones más o aviones menos.
Por fin es que nosotros cuando empezamos no teníamos aviones de ninguna clase.  Por fin es que nosotros no tendremos aviación, pero tenemos una infantería que es la mejor del mundo.  No tendremos aviación, pero tenemos a unos guajiros que hay que sacarlos uno por uno y arrancarles la vida para doblegarlos.  Así que no tendremos aviación, pero tenemos un pueblo que hay que respetarlo por su entereza y por su valor.
Así que aviones más o aviones menos no nos importan, ni aun cuando exista el antecedente de que los mismos que hoy se preocupan de que nosotros no recibamos aviones, aun cuando del territorio de los “preocupados” salgan las avioneticas que han llegado hasta tirar..., aun cuando de manos de los “preocupados” vinieron las bombas que destruyeron ciudades cubanas, de manos de los “preocupados” vinieron las armas que costaron millares de vidas cubanas, no importa porque tenemos un pueblo que nunca se preocupó por los aviones con que pudiéramos contar.  No ya aviones, ¡ni siquiera fusiles teníamos!  Y una cosa sí aprendimos, y es que los fusiles se le quitan al enemigo, ¡que los fusiles se le quitan al enemigo!
(DEL PUBLICO LE DICEN: “¡Y los aviones también!”)
Los aviones no los necesitamos, porque nosotros somos un ejército de infantería, y contra los aviones estuvimos luchando todo el tiempo; todo el tiempo, hasta última hora, tuvimos los aviones encima (Del público le dicen algo).  Al contrario:  los aviones sirven para engañar, o sea, para engañarse quienes los tienen, los que creyeron que con eso iban a resolver todos los problemas, y resultó que con eso llegó el momento en que no tenían ni donde aterrizar los aviones .
Así que no nos importan las preocupaciones esas de esta hora, ni las amenazas de estrangulamiento económico, ¡porque mientras haya tierra aquí, hay comida! Y, además, porque nosotros tenemos un espléndido porvenir.
Cuando tengamos abiertas las puertas a todo el comercio del mundo, cuando seamos un pueblo que no tenga que depender de un solo mercado, un pueblo en que podamos situar nuestros productos en todos los mercados del mundo, vamos a desarrollar todas nuestras posibilidades económicas, y nos vamos a dar verdadero gusto vendiendo los productos de nuestra tierra a todos los rincones del mundo , porque el colmo es que se pretenda que un pueblo no sostenga relaciones comerciales con el resto del mundo, y que, además, lo amenacen con no comprarle lo que produce (APLAUSOS Y ABUCHEOS).  Puede decirse que es el colmo.  Es el colmo porque prácticamente es como decirnos: “Si haces reforma agraria te estrangulamos económicamente; es decir que no puedes hacer reforma agraria.  Es decir que allí no mandas tú, sino nosotros mandamos allí.”
Ese es el razonamiento: “Si hacen reforma agraria, acaban con los latifundios, los estrangulamos económicamente.” Entonces nosotros aquí, ¿qué pintamos en este país? (Del público le dicen algo.)  ¿Para qué entonces tener una bandera, y un escudo, y un himno, y llamarnos...?  .
Es decir que nos amenazan con estrangularnos económicamente. ¿Y nosotros estamos mancos?    ¿Y nosotros nos vamos a dejar cortar nuestras cuotas? ¿Y nos vamos a dejar estrangular?  Porque sencillamente eso es poner un país en condición de subordinación de otros; es poner un país en condición de supeditación total en lo político y en lo económico, porque la verdad más grande que se ha oído siempre es que no puede haber independencia política sin independencia económica.  ¿Qué independencia política puede haber en ningún país que cuando dicte una ley le digan: “¡Te matamos de hambre!?” 
Ese es el caso.  Sí, la realidad es que hay quien trata de disimularlo aquí con veinte cuentos y veinte boberías, y veinte fatalismos y veinte determinismos, que era como el fatalismo aquel de que no se podía hacer una revolución contra el ejército y una serie de fatalismos por el estilo, que la realidad ha demostrado que eran falsos; pero lo que predican es el fatalismo y que hay que portarse como unos “muchachitos buenos”. ¡Si no nos portamos como “muchachitos buenos”, nos hacen un regaño y nos castigan!  
Es decir que encima de tener 600 000 desempleados, encima de tener una producción per cápita de 300 pesos, encima de tener la quinta parte de los hospitales que necesitamos y de las escuelas que necesitamos y de las cosas más elementales que necesitamos, encima de todo eso, si vamos a hacer algo por liberarnos de eso, nos amenazan con matarnos de hambre.
Así que estas son las verdades, estas son las verdades.  Esto es bueno que ocurra, es bueno que ocurra porque enseña al pueblo, enseña al pueblo.  Es bueno que ocurran esas cosas porque le abren los ojos al pueblo, porque despiertan al pueblo que ha vivido adormecido por una serie de mentiras y de falacias; que ha vivido engañado por una serie de teorías falsas por completo, y estas cosas sirven para abrirle los ojos al pueblo.
Es decir, ¿que había ladrones en Cuba como nunca?  No, ¡eso no importa!  ¿Que antes se robaban toda la plata?  ¡Eso no importa!  ¿Que aquí no se asesina a nadie, ni se tortura a nadie, ni se le da un golpe a nadie?  ¡Eso no importa!  ¿Que antes se hacía todo eso?  ¡Eso no importa!  ¿Gobernantes que robaran y torturaran y asesinaran y mataran?  No, eso no importaba para nada.
Ahora, que se establezca la honradez, que se acaben los abusos, que se ponga fin a todas las prácticas que venían desde las épocas de la colonia...  Pero que se toque un privilegio o un interés determinado, ¡ah!, eso no.  Que usted les quiera dar tierra a los guajiros, que usted quiera producir aquí el arroz que necesite el país, que queramos desarrollar nuestra economía, que queramos ser independientes económicamente.  ¡Ah, eso no!  ¡Eso no puede ser!
Todas las cosas oprobiosas para los pueblos, sí.  El matar lo mismo 10 000, que 20 000, que 30 000.  El que haya un Trujillo, por ejemplo, allí en Santo Domingo, que es el dueño, que ha estatalizado todas las riquezas, porque como el Estado es él y él es el dueño de todas las riquezas particularmente, pues Trujillo ha estatalizado la industria y la tierra en Santo Domingo (Del público le dicen algo).  ¡No, con Trujillo no hay problemas. Trujillo es un “magnífico” muchacho! A Trujillo no le quitan cuota de azúcar, al contrario. A Trujillo no lo amenazan económicamente.  A Trujillo no le obstaculizan sus compras de armas, etcétera, etcétera.  Con Trujillo no hay problemas: Trujillo es “bueno”.  Las miles de personas que ha asesinado allí, eso carece de importancia; las depravaciones que ha cometido allí carecen de importancia, y los 30 años que lleva allí carecen de importancia. Ahora, nosotros sí, ¡este gobierno sí es “malo”!  (RISAS Y APLAUSOS.)
Esas son las grandes verdades que les abren los ojos a los pueblos.  Son las grandes verdades que despiertan a los pueblos y demuestran el grado de subyugamiento y de explotación en que han vivido, con todo su aparato de mentiras, de propaganda y de confusión, para hacerle el cerebro a la gente en la idea falsa y ablandarle el corazón a la amenaza y en el miedo, que para eso los intereses creados cuentan con un poderoso ejército de escribanos que los sirven, y de parlanchines que los sirven, y de mercenarios y descarados que los sirven.  ¡Para eso, para mantener como mantenían aquí aquella tiranía sindical, para mantener el ejército bajo la égida y la espada de los verdugos, para mantener las mentes bajo aquella tiniebla permanente de la mentira que se escribía siempre y del miedo que se sembraba sin cesar!
Para eso existían todos aquellos poderes que hoy están por tierra, porque está por tierra aquel ejército abusador de campesinos y defensor de privilegios; porque están por tierra aquellos controles que tenían maniatada la clase trabajadora cubana; porque está por tierra el latifundio que mantenía en la sumisión y la ignorancia a los guajiros ; ha rodado por tierra la ausencia de maestros y de escuelas, y ha rodado por tierra el chantaje y el mito de los todopoderosos que querían aquí mantener subyugados al pueblo en la mentira, para recibir también su jugosa tajada en el reparto de la patria.  Han rodado por tierra poderosos elementos, para que la conciencia del pueblo pueda abrirse a la verdad, que es a lo único que tienen que abrirse las conciencias de los pueblos.
Estos hechos que han pasado últimamente tienen ese valor: El valor de despertar a los pueblos y de abrirles los ojos.  Así que al final de un año de Revolución, no solo se han obtenido esas cosas extraordinarias, como son los maestros dando clases por la mitad del sueldo, los rebeldes haciendo carreteras, los niños recogiendo centavitos para defender nuestras divisas, obreros voluntarios, hombres y mujeres, ayudando a adecentar nuestras ciudades, obreros trabajando nueve horas y hasta diez en las obras del Gobierno Revolucionario; al final del año no solo contaremos con esos avances tan positivos y alentadores, que nadie podría negar que constituyen un verdadero proceso de revolución en la mente del pueblo, ¿porque cuándo el cubano hizo eso? ¿Cuándo los obreros decidieron descontarse una parte de sus ingresos para industrializar el país? (EXCLAMACIONES DE: “¡Nunca!” Y APLAUSOS.) ¿Cuándo los obreros aumentaron las horas de trabajo en las obras del gobierno por el mismo salario? ¿Cuándo se dedicó todo un pueblo a defender sus divisas?  ¿Cuándo los maestros estuvieron dispuestos a llegar a los sacrificios a que han llegado?, me refiero a los maestros de nueva promoción que van a trabajar por la mitad del sueldo.  ¿Cuándo se había llegado alguna vez en nuestra patria a este grado de avance, de unión, de entusiasmo?  ¿Cuándo?...
Así que, al finalizar este año de Revolución, no solamente tendremos esos avances, sino tendremos también un largo aprendizaje, porque el pueblo ha empezado a comprender muchas cosas que antes eran como secretos sagrados de unos cuantos, que antes eran como misterios que el pueblo no entendía, porque convenía que el pueblo no entendiera.  Si no, ¿por qué no le explicaron lo que nosotros le hemos explicado en unos meses?  ¿Por qué no le hablaron de la economía?   ¿Por qué no le hablaron de las divisas?  ¿Por qué no le explicaron las verdades que son como templos y que es necesario que un pueblo las comprenda para que actúe de acuerdo con sus intereses?  No se las explicaban, porque al pueblo lo mantenían deliberadamente en la ignorancia, y lo mantenían en la ignorancia para poder defender intereses que iban contra los intereses del pueblo.  Por eso no lo educaban.  Y al final de este primer año de Revolución, que es el primero pero que no se sabe cuántos vendrán después...
Porque los que crean que con cuentos de caminos aquí van a estar poniéndole zancadillas, van a estar confundiendo y van a estarle dando chance a la politiquería, los que en tal cosa crean, que esperen a ver lo que dice el pueblo .  Esos “superdemócratas”, que esperen lo que dice el pueblo.  Esos “superdefensores” de la soberanía del pueblo, que esperen lo que el pueblo soberano diga (EXCLAMACIONES DE: “¡Fidel, Fidel!”).
Bueno, Fidel no.  Fidel, o Raúl, o el Che, o Camilo.  El problema es que hay que mantener una reserva, porque la lucha puede ser larga.  Esos elementos contrarrevolucionarios que tengan la esperanza de que cualquier día, porque una máquina se ponche o cualquier cosa de esas, van a tener resueltos sus problemas, deben saber que tenemos una buena reserva de jefes revolucionarios.
Hay quienes andan por ahí averiguando cómo meten la Revolución en politiquería, para ver cómo despiertan toda clase de ambiciones y antes de que el proceso madure esté el politiquero aquí que haga ola, y el aspirante que haga ola, y el sargento político que haga ola, y el falso patriota que haga ola aquí .
Ustedes conocen a todos esos “patriotas” de la época de atrás que se paraban en una tribuna y acababan, ¡eran los revolucionarios más grandes del mundo, el día antes de las elecciones!  
En esto la Revolución es bien clara: La voluntad del pueblo es la que decide sobre sus destinos.  Y solamente contará aquí la voz del pueblo, y se adoptarán las medidas de orden político que diga el pueblo que se adopten y cuando decida que haya que adoptarlas.
Así que el problema es que como aquí nadie está movido por ambiciones; como aquí para todos nosotros esto es un deber, sencillamente una responsabilidad que tenemos encima y que hemos tomado muy en serio la idea de cumplirla; como no nos está moviendo ningún género de ambiciones, es por lo que podemos tener la conciencia absolutamente tranquila y actuar con serenidad, y pensar en lo que al pueblo le conviene, porque el pueblo tiene por delante hacer lo que no se hizo en 50 años...  (Interrupción en la grabación)...  Y si a los de hoy no los pueden engañar, ¿cómo van a engañar a los muchachos esos que les hemos puesto 10 000 escuelas?  ¿Cómo van a engañar a esos niños que les hemos entregado el campamento que era de Columbia y les vamos a entregar todos los campamentos y regimientos para hacer ciudades escolares?  
Así que si lo que van a hacer es que van a tener esperanzas, lo dudo, porque la generación futura va a ser una generación distinta por completo, educada en la verdad, a la que le vamos a dar oportunidad de crecer y desarrollarse, y para la que estamos preparando un futuro incomparablemente mejor que este.  Veo que a los politiqueros no les queda más remedio que resignarse a trabajar y a vivir del trabajo y no de la politiquería.
El que quiera aquí destacarse, aspirar, que aspire a los honores verdaderos y no a los honores falsos; que aspire a ser el mejor entre sus compañeros; que aspire a ser el más noble, el más generoso y el más sacrificado y el más patriota.  ¡Esa es la aspiración que tiene que tener!   Y por lo demás, el pueblo dirá —¡el pueblo!, no Jules Dubois, ni Gainza Paz, ni la SIP, ni cuatro o cinco descarados aquí, cuatro o cinco descaraditos y descaradotes —; aquí dirá el pueblo, porque siempre nos pararemos delante del pueblo y le diremos al pueblo:  ¿Qué quiere el pueblo?  Y eso es lo que haremos: lo que el pueblo quiera.  Entonces no podrán decir que la Revolución no es democrática, porque lo antidemocrático es hacer lo contrario de lo que el pueblo quiera.  Como esta gente confunden elecciones con politiquería, entonces hablan de elecciones para la politiquería.  Y ellos saben todas las ambiciones que se suscitan y todas las pasiones.
¿Quién no sabe que vamos a las elecciones ahora, dentro de dos años, dentro de seis meses y las ganamos completicas? ¡Si el problema no es ese! ¿Cuál es el problema de ellos? Distraer la energía:  que en vez de estar nosotros en una cooperativa, estemos dando un mitin; que en vez de estar desarrollando la Ciénaga de Zapata, estemos formando cuadros políticos y postulando concejales por ahí por los municipios.
¿Ellos qué quieren?, retrancar la Revolución con la politiquería, dividirla en veinte partidos, dividirla en veinte ambiciones.  Es decir, quieren desmoralizar la Revolución.
Ellos se disfrazan de demócratas.  Demócrata es una revolución en que la voluntad del pueblo es soberana, y que sobre la línea que siga, sobre la estrategia que siga, solo en manos del pueblo revivirá el asunto; porque, en definitiva, ¿quién tiene que resolver? ¿Nosotros? ¿Qué vamos a hacer nosotros en contra de la voluntad del pueblo, si toda la fuerza de la Revolución se basa en el respaldo del pueblo? ¿Qué fuerza tendría la Revolución el día que actuara contra lo que el pueblo quisiera?  ¿Quién se va a prestar, señores, a otra cosa, y menos nosotros, porque esa ha sido nuestra filosofía: exclusivamente hacer lo que el pueblo quiera, o sea, lo que el pueblo decida?
¿Por qué pensamos así? Porque creemos en el pueblo, porque hay muchos que hablan de pueblo y no creen en el pueblo, y creen que el pueblo es un ignorante y que al pueblo se le engaña, y que el pueblo es un instrumento.  Por ejemplo, los que ven que el pueblo está con la Revolución desprecian al pueblo y creen que al pueblo se le engaña.  Pero lo curioso es que estamos iguales, iguales; porque aquellos escriben, hablan, y nadie les hace caso. Si se les prohibiera hablar, dirían: “Bueno, no podemos hablar ni exponer nuestras verdades.”  Pero es que no tienen ni verdades que exponer, y estamos en igualdad de condiciones: el pueblo libremente es el que va decidiendo aquí todas las cosas, porque la opinión pública no se forma caprichosamente, no se forma por capricho.  La opinión pública se forma por análisis.  Y los pueblos reaccionan siempre con lo justo, de una manera natural, y no hay nadie que vea una cosa mal hecha y que esté de acuerdo con ella.  Y así, cualquiera que ve, por ejemplo, a algún funcionario —por modesto que sea— hacer una cosa mal hecha, enseguida lo critica.  ¿Por qué lo critica?  Porque nadie quiere aquí que ningún revolucionario cometa un error, porque los errores los aprovecha el enemigo enseguida, porque buscan algún enemigo o porque destruyen alguna fe.
En definitiva, el pueblo tiene una conciencia muy clara de lo justo y de lo injusto.  ¿Cómo podía estar el gobierno con aquella robadera y con aquella inmoralidad que existió siempre, y aquel nepotismo, y aquel privilegio y todas aquellas cosas que pasaban en Cuba?  Pues nadie podía estar de acuerdo, ni grandes ni pequeños. Entonces decían que el gobierno se gastaba.  No, los malos gobiernos. El resultado es que cuando se estaba actuando para servir al pueblo de verdad, pues el pueblo respondía a eso. Y la situación es que tienen una situación absolutamente impotente.
Si esta es una revolución que tiene pueblo, que son hombres de este pueblo los que integran las fuerzas militares de esta nación, donde además todos los civiles se pueden considerar soldados de la Revolución cuando llegue el momento de defenderla, y que, además, cuenta con respaldo y con prestigio internacional; si además en medio de todas las dificultades ha ido saliendo adelante, ¿qué esperanzas les pueden quedar?  Ver si confunden, si ponen una zancadilla, una trampita, si la politiquería, si las ambiciones...  A eso se dedican.  Yo no sé el caso que le harán al primero que saque un pasquín y lo ponga por ahí por un poste, que diga: “Fulanito de tal para concejal”, y “Fulatino de tal” para representante, y “Menganito de tal para alcalde”. Y en vez de “Consuma productos cubanos”, “Ayude en el trabajo voluntario”, en vez de eso, que pongan pasquines de “Vote por fulano” o “Vote por mengano”, porque eso es lo que están añorando.
La democracia no les importa nada, ¿saben? Si les hubiera importado la democracia habrían educado al pueblo, habrían hecho escuelas, en vez de acumular tantos millones, tantas residencias fastuosas y tantos latifundios, se hubieran dedicado a cuidar enfermos, a hacer escuelas y a defender el pueblo, ¡porque eso sí es democracia!   En vez de dedicarse a defender los privilegios, se hubieran dedicado a eso.
Ahora son demócratas, ¡qué cosa más rara!  ¡Qué cosa más rara, ahora son demócratas!  Bueno, si son demócratas pues empiecen por darle al prójimo todo lo que tienen.
(Del público le dicen algo.)
Y si son cristianos, con más razón todavía.
Así que el problema es que en estas cosas es en las que tenemos que estar muy alerta todos, ustedes y nosotros.  ¿Qué es lo que ellos quieren, qué es lo que buscan, por qué escriben así, por qué escriben “asao”; por qué van a la SIP, por qué arman allá un truquito, una maniobra?  Todo eso es maniobra confusionista para sembrar el miedo, para sembrar la desconfianza.  Y todo eso es la triquiñuela que se traen esos periódicos, que no menciono, pero que ustedes saben quiénes los manejan, todo el mundo sabe cuáles son.
(Del público le dicen algo.)
Si los menciono dicen que es una coacción, que es una presión.  Entonces puede ser que tomen un acuerdo: Que no mencionar los periódicos sea un atentado a la libertad de expresión.  Son capaces de tomarlo el año que viene, lo que no saben es que el pueblo irá observando los periódicos contrarrevolucionarios y qué hará el pueblo con los periódicos contrarrevolucionarios. Además, cuando los productos que se anuncien en los periódicos contrarrevolucionarios empiecen a caer antipáticos al pueblo, cuando eso ocurra, ¿qué pasa con los periódicos contrarrevolucionarios?  Por eso aquí no hay que clausurar ningún periódico.  No hay que presionarlos, nada, nada.  Los que se han ido insultan, ofenden.  No importa, con eso nos hacen propaganda, porque se demuestra que son unos descarados y unos farsantes, que todavía se ponen a hablar de que no hay libertad de expresión aquí.  Claro, el pueblo tiene un poderío enorme, este pueblo no tiene que acudir a ninguna medida de esas, lo que, naturalmente, terminarán recibiendo el dinero, si es que no lo están recibiendo en estos momentos de los criminales de guerra, que se llevaron muchos billetes que allá afuera no valen.  Los de 500 y de 1 000 no valen, pero muchos de 100 y de 50 los pueden ir trayendo y pueden irlos distribuyendo “generosamente” entre ciertos órganos que se dedican sistemáticamente a hacer campañas contrarrevolucionarias.  Llegará el momento en que, incluso, los anuncios que aparezcan en los periódicos contrarrevolucionarios van a empezar a caerle antipáticos al pueblo.
(Del público le dicen algo.)
No, yo no menciono el periódico, yo digo los periódicos contrarrevolucionarios.  Este pueblo sabe mucho.
(Del público le dicen algo.)
Pero, además, no nos tienen que preocupar gran cosa, se mueren de anemia, mueren por anemia o mueren cardíacos.
(Del público le dicen algo.)
Porque no, porque entonces cuando ya la cosa sea de dinero o de contrarrevolucionarios y de criminales de guerra, ¡ah!, entonces la cosa es otra cosa.  Naturalmente, siempre ellos aspiran a que determinados intereses económicos los subvencionen, pero aparte de las corporaciones internacionales; porque hay ciertos modos, incluso, mediante los cuales gobiernos extranjeros pueden subvencionar un periódico, a través de una corporación económica internacional que haga ciertas denuncias y ciertas cosas y les pague ciertas cantidades. Pero corporaciones nacionales, ¿cuáles son las que quieren pelearse con la Revolución más de lo que estén?  ¿Cuáles son los intereses que quieran pelearse contra la Revolución?, porque es lógico que aquí, mientras más resignación haya —y empleo la palabra resignación porque no cabe otra—, más armonía habrá y todo marchará mejor; lo malo es que se pongan a querer destruir la Revolución, porque entonces la Revolución tiene, naturalmente, que tratar de destruir a los que quieren destruirla, sin matar a nadie.  No, no, sin matar a nadie, sin tocar a nadie.  Nada, absolutamente nada.  Sin prohibir que hablen o escriban nada. Los métodos de la Revolución son métodos verdaderamente revolucionarios, porque son métodos de pueblo y métodos de moral; son métodos de pueblo y métodos morales absolutamente.
No tenemos que tocarle un pelo a nadie, que hablen, que digan.  Si ellos tratan de tocarles el pelo a los otros, entonces sí.  Desde luego, están actuando en contubernio con los intereses, pero cualquier cosa que resulte probada de esos contubernios ya cambia la cosa.
Así que todo se ajusta a un principio de justicia, a un principio legal.  También les quedan, como les decía, las posibilidades; pero más o menos siempre se sabrá aquí, siempre sabrá de dónde viene la platica que sostiene a las plumas contrarrevolucionarias; siempre se sabrá de dónde viene la platica que sostiene a las plumas contrarrevolucionarias.  Así que el pueblo no está tan indefenso como ellos se creen, porque como ellos saben que no les pasa nada, se han llevado la idea de que pueden escribir todo lo que quieran, hablar todo lo que quieran, hacer todo lo que quieran.
Como saben que el Gobierno Revolucionario está en su posición firme de no salirse de esa posición, entonces se envalentonan, cada día son más atrevidos, pero es que ignoran unas cuantas cosas más del pueblo. Ignoran que el pueblo por métodos absolutamente morales y absolutamente justos de defensa de sus intereses, sin acudir a medidas drásticas, sin acudir a clausuras, sin acudir a nada, puede hacer fallar por anemia, ¡anemia!, a los voceros de la contrarrevolución.
El colmo es que una Revolución que costó 20 000 vidas y costó tanto sacrificio y costó tanta sangre, a esa Revolución, apenas a las pocas semanas del triunfo, algunos órganos aquí que habían estado recibiendo decenas y cientos de miles de pesos de la tiranía, que se callaron vergonzosamente la boca durante la lucha contra la tiranía, faltándoles el más elemental respeto a los muertos, a los torturados, a las mujeres vestidas de negro aquí , a las pocas semanas se hubiesen puesto a hacer campañas contrarrevolucionarias, porque ustedes saben que esa campaña vino desde los primeros días.
El colmo es que después de una posición tan vergonzosa como tuvieron con respecto a la tiranía, vengan ahora a aprovecharse de los sacrificios de todos los muertos, para tratar de destruir los frutos para el pueblo de esos sacrificios.  Ese es el colmo y esa es la equivocación que tienen, porque ni nos van a llevar a salir de nuestra firme posición de hacer la Revolución con métodos absolutamente democráticos y con métodos absolutamente humanos, ni se van a salir adelante con su desfachatez de tratar de confundir al pueblo.
Fíjense que nunca lanzan una consigna de carácter económico, nunca lanzan una consigna que defienda un propósito noble de la Revolución, no colaboran absolutamente en nada y se dedican por entero a la misión de sembrar la cizaña en el pueblo.  Por eso decía que todos estos hechos sirven para abrirle los ojos al pueblo. Todos estos hechos han servido para educar al pueblo, y después del primer año de Revolución tendremos un pueblo mucho más educado y mucho más preparado que el pueblo del primero de enero de 1959.  El pueblo del primero de enero de 1960 será un pueblo que llevará un gran trecho de ventaja sobre el pueblo del primero de enero de 1959.  Y se lo digo con entera y absoluta satisfacción, porque todas estas cosas que hemos estado viendo son para sembrar optimismo y sembrar confianza en el destino de nuestra patria.
Bueno, me pasó lo que era lógico que me pasara. Yo empecé hablando del turismo, empecé a hablarles, precisamente, para explicarles que me estaban esperando a las 10:30  para hacer una exposición y me están esperando todavía; pero empezamos a hablar de las demás cuestiones de la Revolución y me olvidé un poquito de los planes del turismo.  Pero, ¿quién tiene la culpa de esto?  (EXCLAMACIONES DE: “¡Nosotros!”) Ustedes no, los contrarrevolucionarios que lo obligan a uno a tener que estar explicándole al pueblo todas estas cosas.
Así que les pido excusas a los compañeros que tenían que hablar (DEL PUBLICO LE DICEN:   “¡No,  hombre, no!”).  ¡Cómo no!  Bueno, yo hacía siempre los resúmenes y terminaba a las 2:00 o a las 3:00, y ahora empecé para irme enseguida y ya vieron ustedes.
Bueno, me imagino que el problema de la divisa sí lo entienden bien, ¿verdad? Bueno, pues tengo que irme por el problema ese mismo de la divisa.  Hay que ganar la batalla esa de la campaña contra Cuba afuera, hay que ganarla.  Hace falta atraer el turismo, aunque escriban horrores contra nosotros. Hace falta lograr que los pueblos se solidaricen con nosotros, entre ellos el pueblo norteamericano. Frente a la campaña de los “Time”, los “Life” y todos esos órganos que son instrumentos de los grandes monopolios, que le hacen tanto daño al pueblo norteamericano como a nosotros, tenemos que buscar la solidaridad del pueblo norteamericano.
Así que tenemos que tener como uno de nuestros deberes, frente a la campaña de estos dos órganos reaccionarios, el ganarnos la simpatía de los ciudadanos del pueblo norteamericano, para que no penetren allí ni prosperen ninguna de esas campañas y nos puedan ayudar simplemente visitándonos, porque con unos cuantos cientos de miles, con un millón, con dos millones que nos visiten, ayudan extraordinariamente al desarrollo de nuestra economía.  Así que tenemos que trazarnos la meta de mantener las mejores relaciones de amistad con el ciudadano norteamericano.  Es pueblo igual que nosotros, es sensible igual que nosotros, y yo he tenido esa experiencia cada vez que he tenido algún acto con ellos; por lo tanto, nosotros podemos hacer mucho a través de todos los sectores obreros mismos: los bancarios con los bancarios, los gastronómicos con los gastronómicos y así mantener las mejores relaciones, amén de que vamos a poner aquí sistemas de precios que permitan al obrero norteamericano venir aquí a pasarse un mes igual que el millonario norteamericano.
Tenemos, por tanto, que velar por ese aspecto internacional de la Revolución. La Revolución debe aspirar a tener la amistad y la simpatía de todos los pueblos del mundo; la Revolución debe aspirar a tener relaciones comerciales con todos los pueblos del mundo; la Revolución debe aspirar a toda relación amistosa con todos los pueblos del mundo.
Nosotros, que estamos aquí, pues podemos tener un gran amigo en el pueblo de Estados Unidos, que por eso, esos periódicos de allá, que son el equivalente de los de aquí que no menciono, pero que ustedes saben quiénes son , “Life”, y “Time”, y comparsa, esos periódicos se encargan allá de querer ganarnos el odio del pueblo norteamericano.  ¿Para qué?  Para quitarnos un aliado y un amigo en el pueblo de Estados Unidos, en el ciudadano de Estados Unidos.  Mas ese amigo allí, nosotros tenemos que mantenerlo y ganar amigos allí.  Esa es la importancia que tiene la Convención de ASTA, esa es la importancia que tiene tratar bien al turista, esa es la importancia que tiene recibirlo aquí con toda sinceridad, y discutir cuando venga alguien engañado, se habla con él, se le explica, se le habla con todo respeto, porque tenemos que ganar amigos allí y mantener amigos allí, porque los aliados naturales de un puebla son los pueblos, no las castas, no los grupitos minoritarios y privilegiados que controlan los resortes de opinión pública y otros muchos resortes.
Hay que estar muy claros en no echarle nunca al puebla de Estados Unidos la culpa de las intromisiones en nuestros asuntos, porque el pueblo de Estados Unidos nunca ha tenido culpa de eso, el ciudadano de Estados Unidos nunca ha tenido la culpa de eso; el ciudadano de Estados Unidos ha sido víctima de los que le han buscado enemigos con su política errónea.  De ahí la importancia que tiene, frente a las campañas de “Time”, de “Life”, etcétera, etcétera, las campañas de nosotros acerca de los pueblos, la manera de hacerles llegar la verdad a los pueblos para que sean nuestros aliados y para que nos ayuden.  El ciudadano norteamericano nos ayuda nada más que visitándonos aquí, donde nosotros podemos hacerle pasar unas vacaciones agradables y recibirlo con hospitalidad, lo mismo a él que a cualquier otro visitante que llegue a nuestro país.
(Del público le dicen algo.)
Pues yo no me he enterado, no me he enterado, ya que no andamos corriendo.  Hay una cosa, para fomentar el turismo masivo aquí.  Así que esa es la importancia que tiene eso.  Yo, por fin, he impuesto medallas. Yo tengo una entrevista con periodistas para la exposición —esa exposición tan bonita— que se hizo allí frente a Radio Centro, esa exposición que la hicieron los trabajadores en unos días ahí, pueden ir para allá.
(Del público le dicen algo.)
¡Ah! ...
(Se interrumpe la grabación)...
FIDEL CASTRO RUZ

Fuente: http://www.cuba.cu/gobierno/discursos

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