julio 10, 2012

Discurso de Fidel Castro en el acto celebrado en el Tribunal de Cuentas por la Federación Nacional de Trabajadores Azucareros (1960)

DISCURSO EN EL ACTO CELEBRADO EN EL TRIBUNAL DE CUENTAS DE LA REPUBLICA POR LA FEDERACION NACIONAL DE TRABAJADORES AZUCAREROS
Fidel Castro
[27 de Marzo de 1960]

― Versión taquigráfica de las oficinas del Primer Ministro ―

Compañeros dirigentes de la Federación de Trabajadores Azucareros;
Compañeros obreros de todos los centrales azucareros de Cuba que han estado pendientes de este acto:
En realidad, si no hemos podido estar antes, se debió al compromiso contraído también en el día de hoy con las milicias obreras, campesinas y estudiantiles que organizaron un magno desfile en Ciudad Libertad.
Sentimos haber tenido que dividir hoy nuestra energía y nuestro tiempo en estos dos actos que tienen para la Revolución un valor extraordinario. Cuando se escriba la historia de la Revolución Cubana, cuando en el futuro, vistos los hechos con la perspectiva de la historia, se analice este proceso revolucionario, tanto el acto de esta mañana, en que al cabo de cinco meses de haberse lanzado la consigna de organizar a las milicias de trabajadores, desfilaron en perfecta y marcial formación 50 000 combatientes; como el acto de esta tarde, en que los trabajadores azucareros hacen entrega de las actas contentivas de su acuerdo de congelación de salarios, tendrán que ser considerados como dos hechos de los más admirables y significativos; dos hechos realmente inolvidables y profundos de esta Revolución.
Los dos hechos son de los más característicos de esta Revolución, cada uno desde un ángulo distinto. El primero revela la disposición combativa de nuestro pueblo; la capacidad de nuestro pueblo para defenderse de cualquier agresión; la disposición de nuestro pueblo de defender su revolución; el cambio profundo que se ha operado en la vida de nuestro país, y el desarrollo de los recursos infinitos con que cuenta un pueblo cuando marcha por un camino correcto, cuando lucha por sus verdaderos intereses, y que permite solo, con el esfuerzo espontáneo y la voluntad del pueblo, movilizar fuerzas que tradicionalmente habrían costado cientos y cientos de millones de pesos, porque cualquier otro gobierno en la historia de Cuba, en la llamada historia republicana de Cuba, que no era tal república, y esa es la verdad, que se puede no solo afirmar, sino demostrar qué gobierno hubiera podido movilizar 200 000, 300 000 o medio millón de combatientes para defender su causa. ¿Cuantos cientos de millones de pesos habría costado a cualquier gobierno en Cuba, movilizar a medio millón de hombres para defender al país?
Se decía que los institutos armados estaban para defender el país, y costaban 80 o 100 millones de pesos. Habría 30 000, 40 000, quizás menos, porque hay una parte de la fuerza pública que tiene que estar necesariamente dedicada al servicio de una serie de funciones. Supongamos un ejército de 20 000 hombres, ¿cuántos millones de pesos le costaba a la república? Y, sin embargo, la república puede contar hoy con medio millón de hombres, para no exagerar, los cuales, incluso, se compran sus propios uniformes y contribuyen para comprar sus armas. Es decir que si se fuese a pagar ese servicio, como ocurría tradicionalmente, le costaría a la república 600, 700 u 800 millones de pesos.
¿Qué quiere decir eso? Que requiere la república de hombres que la defiendan; requiere de recursos humanos para defenderse, y sin que le cueste un solo centavo, moviliza fuerzas que a cualquier gobierno le habrían costado 600 o 700 millones de pesos, lo cual viene a demostrar una vez más lo que vale, si se pudiera medir en dinero, pero como esto para nosotros no puede medirse en dinero, y si usamos el ejemplo es solamente para dar una idea de lo que el pueblo es capaz de dar de sí mismo y es capaz de dar de sí mismo cuando las circunstancias lo requieren; servicios y recursos que costarían mucho más que lo que cuestan todos los servicios que el Estado presta actualmente. Eso, en el orden de la defensa militar del país. ¿Y por qué? Por una razón muy sencilla que solo podemos comprenderla los revolucionarios; que no la podrán comprender jamás los contrarrevolucionarios, que no la podrán comprender jamás nuestros enemigos, roídos de impotencia y de odio, y es que antes los gobiernos no gobernaban para el pueblo; antes los ejércitos no eran ejércitos para defender al pueblo; y hoy se gobierna para el pueblo, y las armas son para defender al pueblo. Luego, es posible hacer lo que tradicionalmente no se podía hacer, lo que tradicionalmente no se podía obtener sino a base de pagarlo, a base de gastar cientos de millones de pesos.
Y este ejemplo es un ejemplo más entre los muchos que está dando nuestro pueblo de lo que el pueblo puede hacer, y que, naturalmente, los contrarrevolucionarios habituados a un concepto muy especial de lo que es el Estado, de lo que es el gobierno, de lo que es la fuerza pública, jamás podrían lograr, ni jamás podrían comprender. Ese hecho es, sin embargo, mucho más fácil; es decir, lograr la movilización de las milicias es, sin embargo, mucho más fácil de lograr que lo que ha logrado la Federación Azucarera, porque luce más evidente y más lógico, y más de acuerdo con el entusiasmo del pueblo, más de acuerdo con el espíritu combativo del pueblo, más de acuerdo con la realidad de que es preferible morir a tener que resignarse al regreso de Pedraza, de Ventura y de todos esos criminales... (EXCLAMACIONES DE: “¡Fuera!”) que vendrían aquí apoyados por recursos y fuerzas extranjeras.  Resulta mucho más fácil de comprender, más claro y más obvio, y además, más de acuerdo con el espíritu de pelea del pueblo, que sabe que para evitar eso, lo que hay que hacer es tomar un arma y salir a combatirlos, de lo que resulta que se comprende con igual facilidad y con igual lógica el acuerdo que han tomado los obreros azucareros.
Porque el otro problema es más claro, el otro problema es más sencillo que el problema económico del país. Los problemas bélicos el pueblo se los explica y los entiende bien, porque acaba de transcurrir una guerra, porque han vivido prácticamente en estado de guerra, porque constantemente los enemigos nos acosan; porque constantemente las avionetas vuelan sobre el territorio nacional; porque acabamos de sufrir ese sabotaje del vapor “La Coubre”.
Esas cosas el pueblo estaba mentalmente capacitado para comprenderlas y las podía comprender sin dificultad. En cambio, no estábamos capacitados mentalmente para comprender el problema económico. El problema económico es mucho más complejo, mucho más difícil; el pueblo sabía de guerra, pero el pueblo no sabía de economía.  Aquí, el que más y el que menos se sentía con disposición para usar un arma o para aprender a usar un arma; cada cual se sentía con confianza en sí mismo, con valor suficiente para actuar en el momento en que se requiriera su esfuerzo, y en cambio en el orden económico el pueblo se consideraba ignorante y la mayor parte de los ciudadanos del país se consideraban incapaces de penetrar en esos complejos y complicadísimos problemas de la economía que, desde luego, no eran tan complicadísimos, sino en la forma en que se desenvolvía la economía de nuestro país, llena de contradicciones y llena de lagunas, tenía que ser complicada porque no la podían entender. Es decir, había interés en que no se comprendieran, había interés en que el pueblo no los conociera, y para justificar una serie de privilegios, para justificar una serie de intereses, pues, había que inventar toda una ciencia complicada y difícil que se suponía que solo en las universidades, en esa universidad bicentenaria se podía llegar a tener alguna idea de lo que era la economía. Y lo curioso es que muchos estudiantes pasaban por la universidad y tampoco tenían idea de esa economía, que en el fondo no era difícil, pero que nuestra economía, tal como se trataba de justificar, sí era difícil, porque no tenía justificación, y todo lo que se explicaba sobre ella, era, sencillamente, para encontrarle una justificación a lo injustificable.
Y nuestro pueblo mentalmente no estaba capacitado para comprender esos problemas, y algo más; su propia vida, su propia lucha, la incesante batalla de los obreros dentro de los sindicatos para obtener mejoras lógicas y justas; porque se desenvolvían en un medio social donde su interés no contaba para nada, se desenvolvían en un medio social donde el interés nacional no contaba para nada. Contaban solo los intereses de grupos privilegiados; contaban solo los intereses de minoría, por encima del interés de la nación y por encima del interés del pueblo; y el obrero tenía que vivir en ese constante batallar, para arrancarle algo de lo que un grupo de avaros, un grupo de monopolizadores de los recursos y de la economía del país, trataban de guardarse para sí.
Pero la economía no podía ser difícil, y no podía ser difícil cuando un obrero, un líder obrero, que no ha pasado por la universidad, que no ostenta el título de doctor en algo, que no es doctor en nada, ha venido aquí a hablarles a los obreros, ha ido a los sindicatos, ha ido a las plenarias provinciales y ha ido a la masa de los trabajadores a explicar un problema económico, a explicar el problema económico con sus palabras, con sus términos, que no serán posiblemente los términos que aparezcan en los libros de texto de economía, pero que son sus términos y términos al alcance de los trabajadores, y los trabajadores lo han comprendido.
Luego, la economía no era difícil, lo que era necesario es que se gobernara de acuerdo con los intereses de la nación, de acuerdo con los intereses de la mayoría y no de acuerdo con intereses de minorías, y se hablara claro para que el pueblo comprendiera. No era difícil, lo que hacía falta era hablar claro, y como al pueblo nunca se le habló claro, el pueblo no podía comprender, pero como hoy se le habla claro al pueblo, se le dice al pueblo cuáles son los problemas, se le dice al pueblo cuáles son las soluciones de los problemas, se le enseña al pueblo, se invita al pueblo a aportar su esfuerzo al gobierno...  porque, ¿qué ha hecho la Revolución sino poner a gobernar a todo el pueblo? ¿Qué ha hecho la Revolución sino hacer a cada obrero, a cada campesino, a cada ciudadano, partícipe del gobierno de la nación? Antes se dictaban decretos por encima de los intereses del pueblo para defender intereses de minorías, hoy cuando se dicta un decreto será en todo caso contra intereses de minorías; sin embargo, no se ha tomado jamás una medida que le interese al pueblo, que afecte al pueblo, que no haya salido del propio pueblo; porque el 4% no fue obra de un decreto del Gobierno Revolucionario, fue obra de la iniciativa del propio pueblo, la contribución para armas y aviones no fue obra de un decreto, fue obra del esfuerzo espontáneo del pueblo; la contribución para la reforma agraria no fue obra de un decreto, lo decretó, sí, pero no el gobierno sino el pueblo; y este acuerdo de congelación de salarios no lo decretó el gobierno, lo decretaron los propios trabajadores azucareros. Pero hay algo más; ni siquiera se había dirigido el gobierno a los dirigentes obreros para pedirles que desarrollaran esa iniciativa, esa iniciativa fue absolutamente espontánea. ¿Producto de qué? De que ellos han observado la realidad; de que ellos han escuchado las prédicas del Gobierno Revolucionario; de que ellos han comprendido las grandes verdades sobre nuestra economía.  Y hay algo más:  sinceramente, nos sorprendieron a nosotros, porque esa iniciativa demostró que la conciencia revolucionaria estaba aun más elevada, si cabía, de lo que nosotros los gobernantes o los miembros del Consejo de Ministros podíamos pensar que estaba en estos instantes, y el acuerdo fue para nosotros una verdadera sorpresa.
Y eso lo han comprendido perfectamente bien los trabajadores, lo explicó perfectamente bien el compañero Conrado Béquer. ¿Es que resulta acaso difícil comprenderlo? ¿Qué razones podíamos tener nosotros para alegrarnos de ese acuerdo? ¿Es que acaso el Gobierno Revolucionario no desea que los trabajadores ganen más?; ¿es que acaso el Gobierno Revolucionario no desea que los trabajadores vivan mejor?; ¿es que acaso el Gobierno Revolucionario no se interesa porque cada familia pueda resolver sus necesidades, que cada obrero pueda gastar más, que cada obrero pueda llevar a su esposa y a sus hijos, y a sus padres un número mayor de beneficios, un número mayor de comodidades, un número mayor de satisfacciones de las que le brinda?  Pero, ¿se hizo la Revolución acaso por otra razón, sino para beneficiar a las grandes mayorías del país?; ¿se hizo la Revolución por otro motivo, sino para librar al pueblo de la explotación, para librar al pueblo de la miseria, para librar a la familia de la vida estrecha que llevaba, para librar al pueblo de las necesidades que lo agobiaban, y para aliviar, sobre todo, al trabajador y al campesino de las miserias que pesaban sobre él?; ¿se hizo acaso la Revolución con otro objetivo? Si el propósito fundamental de la Revolución ha sido ayudar a ese trabajador y a ese campesino, ¿cómo explicarse entonces que se aplauda, que se considere revolucionario, que se considere lo más revolucionario, el acuerdo adoptado por los propios trabajadores, que consiste precisamente en limitar los aumentos de salarios. ¿Qué explicación tiene esto, y sobre todo, qué explicación tiene una economía como la nuestra en que una gran parte de las empresas son empresas privadas?, porque mucho más lógico sería poderle explicar al trabajador que esos sacrificios que él hace, que esos ingresos que él deja de percibir, pasan directamente a la nación y que se van a invertir en tales fines de reforma agraria, o en la satisfacción de tales necesidades. Por eso es tanto más difícil de comprender en una economía donde existe gran número de empresas privadas y donde existen las rentas privadas de los propietarios de esas empresas, y donde hay una economía privada en cada una de esas fábricas y que pudiera deducir dónde está el interés de la economía nacional, si lo que el obrero deje de ganar en un aumento de salario se lo va a echar en el bolsillo el patrón, se lo va a echar en su bolsillo particular aquella empresa, y que la nación no podrá recibir beneficio alguno de esos sacrificios que al congelar sus salarios hicieran los trabajadores. Por eso, el mérito extraordinario de esta actitud de los trabajadores, capaces de analizar las cosas más profundamente, no con un análisis superficial, porque un análisis superficial arrojaría esa conclusión superficial, pero un análisis más profundo arroja una conclusión distinta, un análisis más profundo arroja una conclusión demostrativa de que sí se defienden grandes intereses nacionales y sí se derivan grandes beneficios nacionales, grandes beneficios para el pueblo, de esa disposición de los trabajadores, de ese espíritu de sacrificio de los trabajadores.
Y siento, realmente, que la voz no me quiera acompañar en el día de hoy  para explicar estas cuestiones con la claridad que deseo hablarles a los trabajadores. Lo explicó ya el compañero Béquer. Analizaba más profundamente, hablaba del control de cambio, hablaba de las divisas por el gobierno; hablaba de 150 pesos para viajes al extranjero y hablaba de Cadillacs, y hablaba, en fin, de una serie de limitaciones que hoy impiden al que obtenga grandes ganancias en una industria, llevarse el dinero del país o gastarlo en artículos de lujo, viniendo a resultar que los sacrificios que por un lado hicieron los trabajadores se dilapidaran en viajes de placer o se dilapidaran en objetos de lujo, y que la nación no recibiera beneficio alguno.
Les explicaba él a los trabajadores que el dinero que él va a dejar de obtener en esos aumentos que podrían lograrse, porque nada más fácil en este momento que lograr un aumento, como tan difícil era antes lograrlo, porque antes, cuando el obrero acudía a sus medios de lucha, que eran la huelga, por ejemplo, eran víctimas de la represión, y hoy no hay, ni puede haber, represión contra los trabajadores, y hoy, naturalmente, los obreros cuentan con muchos y mejores medios de lucha para lograr arrancarle a un patrón un aumento de salario.  Antes era mucho más difícil que ahora, y sin embargo, ¿cuáles son los beneficios que en una economía, como la nuestra actualmente, obtiene la nación y por qué? ¿Y por qué, incluso, independientemente de las ganancias privadas de los empresarios, la política nuestra, en cuanto a salarios, tiene necesariamente que ser esta? Ya él explicaba que el dinero en Cuba nadie lo puede derrochar fácilmente; que el dinero en Cuba nadie se lo puede llevar para el extranjero; si alguien ahorra, o más bien, si alguien en una industria percibe una ganancia de 100 000 o de 200 000 pesos, esos 200 000 pesos no se los puede llevar al extranjero, esos 200 000 pesos no se pueden gastar en lujos, porque los lujos importados tienen que pasar antes por el control del gobierno, que es el que autoriza la cantidad de artículos de lujo que se pueden importar, y los que se permiten importar se hacen única y exclusivamente teniendo en cuenta el mínimo necesario para los centros de trabajo y los sectores obreros que dependen de esos centros de trabajo.
Un ejemplo, la cuestión del oro para hacer joyas. Pues económicamente lo correcto sería que no se importara ningún oro para hacer joyas, pero a la hora de tomar una determinación esa no puede ser la fórmula, necesariamente, porque hay que considerar cuántos obreros han estado viviendo de labrar esas joyas, y que nosotros, si no tenemos otro empleo inmediato u otra solución para ese problema, pues entonces, no podemos suprimir la importación de ese oro para hacer joyas, porque dejaríamos en la calle, completamente, a los obreros que se dedican a ese trabajo. Y la Revolución tiene que evitar resolver problemas a base de crear otros problemas.  Luego, la fórmula tiene que ser otra, la fórmula hay que tratar de que sea otra, cómo importar el oro, hacer las joyas y vender de nuevo las joyas en el extranjero, de manera que no se pierdan divisas.
Les pongo este ejemplo para indicar que, lo que se permite hoy no obedece a que queramos complacer a los señores adinerados, para que ellos puedan gastar lo que quieran. Lo que se permite es solo teniendo en cuenta la cuestión de empleos y los sectores que viven todavía de la manipulación o distribución de artículos de importación y que hay que mantener un mínimo, no por ellos, es decir, no por los que tienen el dinero para adquirir esos lujos, sino por los obreros que nosotros todavía no hemos podido buscarles otro centro de trabajo, y que, por lo tanto, nos obliga a hacer, imprescindiblemente, determinados gastos.
Con esto les estoy explicando cómo el dinero hoy no puede gastarse como se gastaba ayer.  Antes alguien hacía dinero, lo acumulaba, lo gastaba en viajes, lo gastaba en lujos, o lo invertía en solares para especular con los solares, de manera que el pueblo tuviera que pagar a 15 pesos el solar que él compró a tres pesos; o lo invertía en edificios de apartamentos, de manera que el apartamento que él construyó lo tuviera que pagar caro el pueblo; o lo invertía en hipotecas, o lo invertía en préstamos; o lo invertía en negocios por el estilo, o en comprar más tierras y hacer todavía mayores los latifundios. Es decir que el dinero que se extraía de una empresa iba a parar a nuevas empresas que iban, igualmente, a agravar la economía del pueblo; o lo invertían en un centro turístico donde no podían ir nada más que los que tenían mucho dinero; o lo invertían en un balneario, y a ese balneario no podía ir el pueblo. Hoy todo es absolutamente distinto. Hoy no se puede extraer dinero de una empresa para explotar al pueblo en otra empresa.
Hoy, las casas las está construyendo el Gobierno Revolucionario y el pueblo está recibiendo casas por lo que valen, y no pagando un alquiler, sino convirtiéndose en dueños de esas casas.  Hoy, los solares tienen un costo y no hay quien vaya a invertir dinero en solares para especular, porque no ganaría un solo centavo, y las posibilidades que tendría es no de ganar, sino de perder en ese negocio.  Hoy no puede haber garroterismo; hoy están virtualmente impedidos todos esos negocios especulativos que se hacían antes, de adquirir grandes cantidades de una mercancía, especular con ellas tranquilamente y sin dificultad alguna para obtener grandes márgenes. Hoy no se puede apropiar nadie de las playas porque los balnearios y los grandes centros turísticos, al alcance del pueblo, los está construyendo el Gobierno Revolucionario. Hoy no se pueden adquirir más latifundios porque los grandes latifundios han desaparecido en nuestro país, y nadie puede tener más de un límite determinado de tierra, y los grandes latifundios están o estarán, muy pronto ya, todos en manos de cooperativas agrícolas.
Es decir que, analizando cuidadosamente, las cosas han cambiado, y han cambiado como tenían que cambiar, desde luego.  ¿A favor de quién han cambiado?  Han cambiado a favor del pueblo.  Todo lo que se ha hecho es a favor del pueblo, y el pueblo lo comprende, y el pueblo está de acuerdo; y claro, no se pueden oponer a esos cambios. Nadie se atreve a decir que es malo rebajar los alquileres; nadie se atreve a decir que es malo abrir las playas públicas; nadie se atreve a decir que es malo construir viviendas donde hoy pagan 30 pesos para obtener la propiedad de esa casa en 20 años, cuando antes tenían que pagar 60, 70 y 100 pesos, si es que tenían la suerte de encontrarla, porque, ¿quién podía soñar antes, como no fuera sacándose la lotería, que era otra explotación; quién podía soñar en tener una casa, como no fuera en cualquiera de esos sistemas de rifas, que eran otra explotación; quién podía pensar en tener una casa suya, con portal, y jardín, traspatio y todas esas cosas?  Nadie absolutamente.
Y claro, son cosas tan evidentemente justas que no se atreven a combatirlas y entonces inventan lo raro, entonces empiezan a decir: comunismo comunista, acuden a la palabra vaga, a la palabra confusa, que se la aplican a cualquier cosa, que se la aplican a cualquier medida.  Y como no pueden rebatir una sola de las leyes revolucionarias, porque son tan justas que hasta los niños las comprenderían, acuden a la palabra rara, a los reflejos condicionados, a la propaganda que han estado haciendo 50 años, a los chismes, a las intrigas, a las campañas pagadas.  En fin, ellos dicen: el pueblo está contento, porque, ¿quién no va a estar contento con esas medidas que son justas y benefician a todo el mundo? Hay que inventar algo para ver cómo embutimos al pueblo, cómo confundimos al pueblo, cómo envenenamos al pueblo; y entonces, inventan y vienen por otras vías, vienen por otros procedimientos, muy taimadamente, vienen como verdaderos cocodrilos de los grandes intereses creados, con las fauces abiertas para ver por dónde le pueden dar una mordida a la Revolución, sencillamente porque no tienen argumentos, no tienen palabras y no tienen, desde luego, valor para pararse y decir:  no, que los latifundios son buenos; no, que pagar 100 pesos por un apartamentico de dos cuartos es bueno; no, que pagar 25 pesos por un metro de tierra es bueno; no, que pagar cualquier cosa, por ejemplo, la electricidad, más cara que en ningún lugar del mundo es bueno, que pagarle a un garrotero el 100% de intereses es bueno, que el juego es bueno, que la rifa es buena, que la especulación es buena, que la explotación de nuestro pueblo es buena, que el llevarse las reservas de la nación para el extranjero es bueno y que todo lo malo que había aquí era bueno. Es decir que no tienen el valor, ni tiene lógica de ninguna índole, que ellos combatan esas medidas de frente y tienen, por lo tanto, que combatirlas de rodeo, de traición, que es como están combatiendo hoy la Revolución, no de frente, sino a traición, con el divisionismo, con el confusionismo, cuando en el fondo, lo que envuelve todo eso, es que quieren, que en vez de que aquí se le haya partido —y bien partido— la siquitrilla a los latifundistas  lo que quieren es, lo que quieren con toda esa maniobra es que le partan, no la siquitrilla, sino el cuello al pueblo .
Ellos, al fin y al cabo, no han perdido más que la siquitrilla; sin embargo, lo menos que quieren y lo menos que están tratando de hacer es que al pueblo le partan la cabeza.  Es decir que incluso nos invadan, que incluso aquí venga un ejército en plan de batalla, y desembarque y ataque, etcétera, etcétera.
En el fondo están detrás de eso, ¿por qué?  Por las leyes de la Revolución; porque la Revolución ha tomado todas esas medidas justas que han cambiado el sistema de abuso de ayer por el sistema de justicia de hoy. ¿Quiere decir que estos cambios se podían hacer fácilmente? ¿Quiere decir que aquí se podía llegar a intervenir un latifundio extranjero sin más ni más?; ¿quiere decir que aquí se le podían rebajar las tarifas o intervenir la Compañía de Teléfono y echar abajo de un decreto lo que habían obtenido aquel día sangriento del 13 de marzo? ¿Cuándo en Cuba se habían podido hacer esas cosas? Aquí no se podía cultivar ni arroz, porque había que importarlo; aquí no se podía tomar medidas, porque los gobiernos no tenían, no ya deseo, ni siquiera la posibilidad de hacerlo, porque, ¿qué gobierno hubiera podido dictar estas medidas con un ejército como el que había aquí?, ¿cuántos días duraba el gobierno que aquí hubiera tomado nada más que la décima parte de las medidas revolucionarias que hemos tomado nosotros?, ¿qué habría pasado? ¿Qué pasó aquí en 1933, cuando el pueblo estaba muy contento con las medidas revolucionarias que había tomado el gobierno, cuando estaba muy contento con las medidas de Guiteras? ¿Qué pasó aquí? Vino el embajador Caffery, llamó a Batista, le habló a los oídos, le dijo: “Tú eres el hombre.  Hay que salvar este país del caos, esto es comunismo, esto es comunismo. Hay que salvar a este país y tú eres quien tienes que salvarlo, te reconocemos enseguida.” Y ahí están los resultados, tuvimos 11 años, aquí, de batistianismo y tuvimos después a este señor, que había echado raíces, otros siete años, como si hubieran sido pocos los 11 que lo habíamos tenido antes.
¡Ah! Desde luego que entonces no salió ninguna compañía, ningún periódico extranjero a defendernos; encantados porque, desde luego, se habían librado de una revolución aquí y era lógico que entonces el pueblo tuviera que fastidiarse durante todo el tiempo en que tuvo que fastidiarse el pueblo.
¿Creen ustedes que ningún gobierno de los que se llamaron constitucionales, si hubieran querido hubieran podido tomar ninguna medida revolucionaria, hacer ninguna reforma agraria?
¿Qué pasaba aquí? Hubieran venido inmediatamente de la embajada a hablarles a tres generales al oído a decirles: “Hay que salvar esto, esto está raro, esto es comunismo, hay que salvar la democracia y al mundo occidental, la unidad del continente, al mundo, hay que salvar al mundo libre”. Y los tres generales, “patriotas eximios”, “demócratas cabales”, “salvadores de la libertad”, “salvadores del género humano”, habrían tomado el poder en dos horas. El pueblo desarmado, sin un cuchillo siquiera para defenderse nadie aquí, sin organización alguna, sin experiencia para defenderse, sin posibilidad de defenderse; y con 10 tanques, 50 perseguidoras, le preparaban al pueblo 5, 10, 15 o 30 años como se lo prepararon en Santo Domingo y se lo prepararon en Nicaragua; 20 años el pueblo fastidiado.
Y entonces ningún periódico se habría acordado del guajiro, allá metido en la Sierra Maestra, asesinado en ocasiones, expulsado en otras. Cuando ya tenía trabajado en años de labor un pedazo de monte, pues lo echaban para poner en su lugar allí al ganado, o lo lanzaban sobre la guardarraya o lo lanzaban sobre los caminos; se cometían todas las injusticias que se estaban cometiendo aquí, de esas que hablaba hace un rato, y no pasaba nada. Nadie se acordaba del pueblo entonces, el pueblo tenía que vivir entre el rejuego de los políticos y los politiqueros, engañados entre la demagogia que decía que había libertad de prensa, pero era la libertad de engañar aquí a todo el mundo, la libertad de tomarle el pelo a todo el mundo, porque nunca veíamos a ningún órgano tradicional de estos que ahora tanto combaten la Revolución y quieren sembrar la confusión, decir una sola palabrita en favor del infeliz, a favor del hambriento, a favor del guajiro, a favor del obrero; a todo lo más que se atrevían a hablar era del empleado público, porque ese empleado era el Estado; del obrero privado no, porque ellos defendían al empresario que tenía esos obreros y entonces cuando se las querían dar de defensores del sector humilde, no defendían al guajiro de la Sierra o al guajiro de la guardarraya, defendían todo lo más al empleado público, porque eso iba a costa del Estado, nunca a costa de los intereses privados que ellos defendían.
Y así se desenvolvía nuestra república, esa es la historia real.  Eso no lo puede negar nadie, ni nos lo puede negar a ninguno de nosotros que hemos visto eso. Y a ustedes, los azucareros, ¿quién les puede hacer cuentos?; ustedes que vivieron bajo el imperio allí del abuso, ustedes que vivieron bajo la égida del capitán, o del teniente, o del sargento, o de la pareja, que cualquiera de ellos era exactamente lo mismo, que vivieron bajo la amenaza del culatazo, del plan de machete, que en muchas ocasiones tuvieron que soportar. ¿Quién les puede hacer cuento de lo que aquellas parejas representaban y sobre lo que aquellas parejas defendían en los centrales azucareros? ¿Quién no sabe esta verdad? Pero, ¿cómo se podía llamar soberana y libre una república que no podía tocar, rozar, siquiera, un monopolio extranjero? ¿Cómo se podía llamar soberana y libre una república que si rozaba los intereses de un solo monopolio estaba en peligro del golpe de Estado? ¿Cómo se podía llamar soberana y libre una república que si intervenía un latifundio de una compañía extranjera estaba al borde del golpe de Estado?  ¿Cómo se podía llamar soberana y libre una república, si cuando su gobierno hubiese tomado una sola medida revolucionaria, estaba al borde de ser lanzado del poder? ¿Cómo se puede llamar soberano a un pueblo que no puede adoptar una sola medida en defensa de sus intereses?
¿Y qué había aquí sino todo un aparato militar, todo un aparato político y todo un aparato de propaganda, para mantener ese estado de cosas? ¿Y qué ha hecho la Revolución sino venir a destruir ese estado de cosas... a cambiar las cosas, a situarlas en distinto plano?  Muchos cambios ha habido; muchos cambios más tiene que haber. Y que haya todos los cambios necesarios, mientras sean cambios justos, como todos los cambios que ha hecho la Revolución.
Pero, estamos avanzando, ¿qué puede probar más que el pueblo entiende estas cosas, y que las entiende bien, que este acuerdo de los azucareros? A ver, yo le preguntaría al pueblo, por ejemplo, si ellos se están sacrificando; si ellos congelan; si ellos están dispuestos a sacrificar su salario, ¿qué sería más justo, que se sacrificaran ellos solos mientras las empresas continuaran echándose dinero en el bolsillo, o que si ellos se sacrifican, ese dinero en vez de ir a parar a los bolsillos particulares de nadie, fuera a los bolsillos del pueblo, es decir, a los bolsillos de la nación?  ¿Qué sería más justo?
Y el pueblo lo entiende. La mejor prueba es este acuerdo que autolimita los salarios, que está dispuesto a rebajárselos, sin preguntar siquiera cuánto va a ganar don fulano o don mengano.  Y eso demuestra cómo el pueblo ha despertado, cómo el pueblo se está previniendo; cómo el pueblo está entendiendo, que incluso sacrifica su parte, sin pedirle a la otra parte ningún sacrificio. Desde luego que nosotros a la hora de pedir sacrificios a los que se los tenemos que pedir es al pueblo. Nosotros, a los privilegiados no les pedimos sacrificios; ¡les imponemos los sacrificios!  
Pero a pesar de eso, y a pesar de que esa es una realidad en nuestra economía, el pueblo comprende lo suficientemente como para adoptar esta actitud. Desde luego, no haríamos nada si esos sacrificios no significaran ventajas. Pero, ¿por qué tiene que ser, necesariamente, esta línea la línea correcta? Bien sencillo. Vamos a suponer que incluso no obtuviera ningún otro beneficio la nación.  Vamos a suponer que no hubiera el problema de las divisas; vamos a suponer que no hubiera necesidad de invertir; vamos a suponer que no hubiera ninguna de esas necesidades, aunque solo fuese por una razón, al triunfar la Revolución, ¿podía esperarse que el pueblo comprendiera estos problemas económicos el primero de enero?; ¿podía esperarse que quienes se vieron libres aquel día, repentinamente, del cabo, del sargento, del capitán, del coronel; se vieron libres de aquellos líderes que tiranizaban a los trabajadores y vendían sus demandas; se vieron libres del terror, pudieran dejar de actuar como actuaron, tratando de ir, inmediatamente a recobrar los derechos arrebatados, a recobrar las demandas por las cuales había estado luchando durante años; la demanda del año tal y la demanda del año más cual, porque esta es la hora, porque desapareció la tiranía? Bueno, pero es que lo que el obrero no pudo obtener en el año tal, tres años antes o cinco años antes; lo que el obrero perdió, no quedó ahí convertido en riquezas, no quedó ahí convertido en bienes. Lo que al obrero le arrebataron desapareció, se despilfarró, se trasladó al extranjero; lo que al obrero le quitaron no lo convirtieron en fábricas; lo que al obrero le quitaron no lo convirtieron en desarrollo económico.
El obrero fue a buscar lo que era suyo, pero que ya no existía, porque aquello que a él le quitaron, aquello no se dedicó a nada útil, no se dedicó a nada provechoso. Lo que al obrero le quitaron se lo habían quitado, sencillamente. El obrero iba a reclamar su estándar de vida más alto, pero, ¿cómo iba a lograrlo si no había producción para un estándar de vida más alto, si no había riqueza para un estándar de vida más alto? Sí, momentáneamente, había derechos irrenunciables:  el obrero que había sido despedido de su centro de trabajo, y que lo habían sustituido por otro, tenía que ir, irrenunciablemente, a reclamar su puesto, y recibió su puesto; sin que, naturalmente, se echara en la calle al otro, y eran dos trabajadores en el mismo puesto.  Una serie de derechos irrenunciables, una serie de medidas imprescindibles, porque no se podía seguir permitiendo aquella explotación en el alquiler; no se podía seguir permitiendo aquella explotación en el servicio eléctrico; no se podía seguir permitiendo una serie de abusos. Y aquellas medidas impostergables, necesariamente traían aparejadas un aumento en la capacidad adquisitiva de la familia; trajeron aparejado 250 o 300 millones más de pesos; vamos a suponer que los datos estadísticos tomados del Retiro, o tomados de la Caja de Maternidad sean datos que puedan tener los inconvenientes de que ahora haya un número mayor de personas pagando.  Pero lo que no cabe duda es que entre 200 y 300 millones de pesos está la cifra de aumento de capacidad adquisitiva del pueblo, entre las mejoras obtenidas, más un número de cerca de 100 000 personas más trabajando.  Aquellas destilerías de alcohol, por ejemplo, que se abrieron con 2 000 o 3 000 obreros.  Aquellas fábricas que aumentaron su personal; todo aquello llevó a un aumento entre 200 y 300 millones de pesos de capacidad adquisitiva.
¿Con qué mercancías y qué bienes se podía responder de ese aumento, repentino casi, de más de 200 millones de pesos? ¿Con el stock existente?, muy bien; pero el stock no es eterno, el stock existente se acaba. ¿Con el aumento en la producción de una serie de artículos: cigarros, cerveza, distintos artículos?  Muy bien, hay artículos cuya producción se puede aumentar de un mes para otro, pero hay una serie de artículos que no; hay una serie de artículos que requieren fábricas o requieren años. No se puede aumentar la producción de leche de un mes para otro, ni se puede aumentar gran cosa de un año para otro. No se puede aumentar la producción de carne gran cosa de un año para otro, no se puede aumentar repentinamente, un aumento en la producción no se puede lograr repentinamente.
Un aumento en el consumo sí, con repartir dinero, a todo el mundo más dinero, se produce un aumento repentino en el consumo, mas no un aumento repentino en la producción.  Un ejemplo: ¿Cuál era el consumo de pollos en la capital de la República?  El consumo de pollos era de 1 200 000 pollos al mes en tiempos anteriores. Consumo actual: 1 600 000 pollos al mes, es decir, 400 000 pollos más.  No están preparadas las granjas, no están preparadas las fábricas de pienso; no está preparada la organización para aumentar tan repentinamente la producción de pollos.
Lo mismo sucede con la leche, mantequilla, arroz. Por ejemplo, en el arroz, gran aumento, en un año un millón y medio, gran aumento en este año de más de dos millones y medio; puede compensar el aumento en el consumo, pero todavía no alcanza a cubrir el déficit.  En algunos sí, en otros no, pero muchos de esos artículos son indispensables.
¿Aumento del consumo del pescado al rebajar el precio? Considerable, pero el aumento de la producción de pescado no se logra sino con más barcos, con más equipos, con más organización.  Entonces, necesariamente, no se puede aumentar la capacidad de consumo sino hasta cierta medida, por encima de la cual sería exponer a la Revolución a los grandes trastornos que se derivarían si, por ejemplo, de repente faltara la carne, porque el aumento en el consumo fuera mayor que el de la producción, y llegara, incluso, a afectar considerablemente nuestra riqueza ganadera.  Resultado: un quebranto tremendo para nuestra economía. En algunos casos el quebranto sería realmente irreparable; luego, nuestras posibilidades de aumentar el ingreso tienen un límite, está limitado por nuestras posibilidades de aumentar la producción.
¿Cuál es la meta, cuál es el programa, cuál es la aspiración?: aumentar lo más rápidamente posible la capacidad de producción. Pero hasta aquí hemos pensado solo en los que consumen.  Vamos a suponer que se tratara solamente de los que trabajaban y nosotros dijéramos: podemos aumentar los ingresos de los que trabajan, tantos millones, 100 millones, 200 millones más. Es decir, suprimir el margen de cualquier empresa; aumentar esos ingresos; los invertimos. Muy bien, sería una solución que paralizaría el desarrollo, aumentaría el estándar de vida hasta un límite y el desarrollo quedaría paralizado, pero no habría otro trastorno que el trastorno de que hablaba antes, de que ese aumento se produjera repentinamente si no hubiera producción para responder a ese aumento.
Pero cuando no se trata de los que tienen un salario, cuando se trata de la necesidad de resolver el problema de los que no tienen ningún salario, de esas personas son cientos, miles, cientos de miles, algunas de las cuales son familiares de ustedes, muchas de las cuales nos las encontramos por la calle que no tienen trabajo. ¿Cómo darles trabajo?  Movilizando los recursos económicos, los recursos naturales. En la agricultura, muy bien, rápidamente: 10 caballerías de tomate pueden llegar a dar empleo hasta a 800 personas un número de meses —desde luego que no podríamos dedicarnos a sembrar toda la tierra de tomates, porque no habría donde venderlos, y eso tiene un límite, hasta poder darles trabajo a 8 000, 10 000, 15 000—; pero viene el del arroz, vienen otra serie de cultivos, vienen los pastos; en la agricultura sí hemos podido avanzar rápidamente, pero hay una gran parte de la población sin trabajo que no está en los campos; en los campos había personas sin trabajo, muchas, pero también las había en las ciudades. A esas personas hay que darles un trabajo industrial, hay que darles una ocupación industrial; eso no se logra sino invirtiendo en industrias, organizando las industrias.
Pero, ¿de dónde se invierte?  Un pueblo invierte la parte que no gasta; es decir, de su producción total —vamos a suponer 2 000, 2 500 millones—; en salarios, 1 000 millones, en presupuestos del Estado, para gastos de educación, medicinas, etcétera, 400 millones, 500 millones o 600 millones, y hay un margen de 300 millones. Ese dinero ahí es el que se invierte; pero, ¿quién lo invertía antes? Antes lo invertía el particular que los guardaba.  ¿En qué lo invertía?  Sencillamente en lo que le daba la gana; a lo mejor había 10 fábricas de latas de tomates y un señor quería poner otra más, aunque no hiciera falta, y la construía; a lo mejor había 20 cines, y eran más que suficientes, pero un señor ponía tres cines más; a lo mejor había 15 hoteles, más que suficientes, pero venía un señor y decía: “Bueno, yo voy a poner un hotel”, y se gastaba 5 millones en el hotel. Lo gastaba o no lo gastaba; se lo llevaba para afuera, o lo despilfarraba, o lo invertía mal invertido.  Ese ahorro nacional no se invertía con plan, se invertía por la libre, como él quería. Por eso, bueno, pues por eso estábamos como estábamos.
A los que ahora dicen que nosotros hemos tomado un camino equivocado, que estamos mal, que lo bueno es lo de antes, yo les pregunto sencillamente: Pero, bueno, ¿cómo lo bueno lo de antes?  ¿Lo de antes, cuánto duró?  Eso duró, exactamente se lo podemos decir: entre 1902 y 1958 hay 57 años, más de medio siglo. Que no digan que había agresiones a la industria privada, ¡nunca, nunca!; ¡aquellos gobiernos estaban al servicio de la industria privada!; ¡que no digan que había agresiones a la inversión extranjera!; ¡jamás!, ¡aquellos gobiernos estaban al servicio de los monopolios y de las inversiones extranjeras!; ¡que no digan que las maravillas de la libre empresa resolverían todos los problemas habidos y por haber!, ¡no!, ¡las maravillas de la libre empresa campearon por su respeto aquí durante 56 años y meses!
Todo aquello campeó, más garantías de las que había aquí para una compañía extranjera, donde mandaba más el administrador que el alcalde del municipio, y mandaba más el administrador que el gobernador de la provincia. ¿Qué más garantía? ¿Más garantía y extraían fabulosas sumas de intereses? ¿Más libertad de empresa, cuando cada cual invertía en lo que le daba la gana y hasta si querían se llevaban el dinero de aquí para invertir afuera?  ¿Más latifundios del que había? ¿Más edificios particulares de los que había, más repartos, más solares, más garantías de las que había aquí? ¡Si el gobierno entero estaba al servicio de todos esos intereses! ¡Y garrotero, especulador, importador, todo el mundo tenía tanta garantía que podía hacer todos los millones de pesos que le diera la gana!
Y, sin embargo, ¿qué había aquí?: Guajiros muertos de hambre por dondequiera, bohíos cayéndose por todas partes, 600 000 desempleados. ¡Vaya camino aquel, que al paso que íbamos llegábamos al millón de desempleados! ¿Podría ser bueno aquel camino que tanto defendían la Marina y sus acólitos, aquel camino maravilloso, que nos dejó un saldo tan terrible de miseria y de pobreza? El camino aquel... Si no contáramos más que el hambre que pasaba aquí mucha gente, si no contáramos más que el estado de salud aquí de una gran parte de la población, bastaría el dato de que nosotros, por ejemplo, en los análisis que les hacemos a los campesinos que estamos entrenando, se dan casos a veces de 200 analizados y los 200 con parásitos, con una cantidad de tuberculosis, insospechada por la misma persona, que se levantaba el pobre a trabajar todas las mañanas, quizás se sentía desfallecido, quizás se sentía agotado, pero trabajaba para mantener a sus hijos, y no sabía que tenía tal parásito capaz de producir tal anemia y, además tuberculosis. Y, desde luego, ese hombre desfallecido trabajaba, y trabajaba más que cualquier bergante de esos, que nunca daba un golpe y, sin embargo, vivía muy bien; ¡ah!, pero el bergante decía que nuestro guajiro era un haragán; ¡ese guajiro tuberculoso y ese guajiro hambriento, y ese guajiro con parásitos, era un haragán!, ¡y llamaban haragán a los muertos de hambre!, ¡y llamaban haragán al enfermo!, ¡llamaban haragán al tuberculoso!, ¡ese es el mundo libre, ese de que hablan tanto, que están defendiendo, el que se llama así!  
Y vamos a agarrar el torito por los cuernos, vamos a decir aquí las verdades claras, y decir lo que pasaba en Cuba, de una vez, para que no sean tan descarados los que están combatiendo esta Revolución, porque entiendo que nosotros hemos sido bastante buenos, demasiado buenos, para que no dijeran que éramos crueles, inhumanos, etcétera, etcétera, etcétera; les hemos dado una lección de decencia, les hemos tratado mil veces mejor que lo que han tratado a esos guajiros, a los que a veces les entraban, además, a planazos, ¡además de estar tuberculosos y anémicos, les entraban a planazos por la espalda! Y, ¿quién va a negar que estas son verdades?, porque ahí están los datos estadísticos; que vengan, que vengan aquí de cualquier parte del mundo, de cualquier organismo, que manden médicos, y vamos a ir a los campos, y vamos a investigar y analizar el estado de salud, cómo vivían las familias y cómo vivían los niños, y cómo vivían en el campo los obreros agrícolas; no estoy hablando de la ciudad, no estoy hablando del barrio de familias pobres, no estoy hablando de “Llega y Pon”, ni de “Las Yaguas”, ni de todos esos lugares no, no, no, no he llegado ahí .
Y esa era la situación real, que no son palabras mías, ni inventos míos, ni frases de demagogos, sino que son sencillamente verdades que están ahí y que no nos podría negar nadie. Claro, la obra de la Revolución viene a ponerle fin a todo eso, y les decía que de esa situación no podíamos salir repentinamente, les decía que aquel sistema dio eso; los hechos están a la vista de todo el mundo. ¿Qué panacea era aquella que nos dejó ese saldo, ese saldo inhumano, porque es verdaderamente inhumano? Y tenemos derecho a indignarnos, tenemos derecho a indignarnos todo lo que queramos ante esas realidades.
Y por eso tenemos que salir de esa postración. Yo decía que si no analizáramos más que la miseria en un orden, en el orden de la salud; si quieren no hablamos en el orden de la educación, los problemas del analfabetismo, los problemas de ignorancia, y otro problema muy serio: el problema de que aquí nada más estudiaba, por lo general, el que tenía padres con manera de mandarlo a la universidad. ¿Dónde están los hijos de los carreteros que llegaron aquí a profesionales?; ¿dónde están los hijos de los carreteros, de los cortadores de caña y los hijos de los macheteros que tienen un título universitario? Sí, hay hijos de obreros de la ciudad que pueden tener un título universitario con sacrificio grande de sus padres; el de la ciudad, porque estaba más cerca, porque podía con un gran sacrificio comprar algunos libros y mandar a su hijo a estudiar, pero, ¿esa era la situación en el campo?: No, muy lejos de todo eso. Aquí el pobre no tenía el menor acceso a la cultura, ni maestros, ni libros, ni educación; vivía en la ignorancia, vivía en la miseria, vivía en la pobreza, vivía en medio de la enfermedad. Todas esas son realidades, y esos son seres humanos, y esos son cubanos, ¡que tienen tanto derecho como el más encopetado de los encopetados a vivir bien!  
Al infeliz no se le ayudaba; claro, ¿cómo se iba a ayudar al infeliz, si el infeliz no contaba para nada aquí, si aquí nada más contaba el poderoso! Claro que ahora dan el grito en el cielo cuando vino la Revolución a poner las cosas en su lugar. ¿Qué es esta Revolución?  Sencillamente un movimiento del pueblo para arreglar esto. ¿Cómo lo vamos a arreglar?  ¡Como sea, señor, como sea lo vamos a arreglar!; ¡pero lo vamos a arreglar!; ¡lo vamos a arreglar haciendo lo que sea preciso hacer! ¿Nos quieren preguntar nuestra doctrina? ¡Pues nuestra doctrina es que nosotros vamos a hacer aquí lo que sea preciso hacer para arreglar este país! Y lo que hemos estado haciendo, todo el mundo está de acuerdo en que es justo y todo el mundo está de acuerdo en que sigamos haciendo cosas justas; y lo menos, no serán muchas, pero algunas las hemos arreglado, y algunas cosas estamos arreglando, y sobre todo tenemos una seguridad, ¡que nos dejen tranquilos!  Esos señores que nos atacan en el extranjero dicen que ellos sí saben cómo se resuelve el problema; nosotros decimos que ellos no saben nada, que ellos saben resolver el problema de los monopolios y de los intereses particulares, que nosotros somos los que tenemos derecho a saber cómo vamos a resolver nuestros problemas; ¡que nos dejen tranquilos!
Nosotros estamos seguros de que si nos dejan en paz sabemos lo que tenemos que hacer, y además vamos a resolver los problemas; no los vamos a resolver en un año, pero en unos cuantos años los vamos a resolver todos; años más, años menos, los vamos a resolver de verdad.  Lo que aquí no resolvieron en 57 años, nosotros no necesitamos tanto, ni mucho menos, ¡qué va!  Trabajando duro, sacrificándonos —quiero decir, sacrificándonos si tenemos que sacrificarnos, si nos agreden económicamente—; porque la disyuntiva en que nos quieren poner es que sigamos como antes, o nos quitan el azúcar, nos matan de hambre, todo eso.  Esa es la disyuntiva en que nos quieren poner.  Desde luego que nuestra respuesta tiene que ser una: bueno, la que han dado los obreros azucareros. Nosotros no queremos que nos quiten la cuota, porque entendemos que tenemos el derecho a esa cuota; que esa cuota, además, no la inventamos nosotros, la inventaron ellos.  Nosotros hubiéramos estado de acuerdo en competir. Nosotros competimos con cualquiera en azúcar; con las cooperativas ahora, y el espíritu revolucionario de los trabajadores, competimos con quien sea en producir azúcar, porque decimos un año: “Bueno, este año nos vamos a sacrificar de verdad, vamos a producir más y vamos a vender barato”. Nosotros nos estamos poniendo en condiciones de poder competir; nosotros no inventamos la cuota. ¿Ustedes saben quiénes inventaron la cuota? Los que no podían competir con nosotros, los que no podían producir el azúcar como nosotros. Y hoy menos podrían competir; menos, porque antes no podían competir ni con los latifundistas, ¿cómo van a poder competir con las cooperativas? Las cooperativas, por lo menos, allí podrán producir artículos alimenticios, podrán producir viandas, vegetales, podrán, por lo menos, producir todo lo necesario para hacer un ajiaco todos los días. Es decir, las cooperativas están garantizadas contra el hambre, desde el momento en que van a poder dedicar la extensión que consideren conveniente a la producción de viandas y artículos alimenticios. Estarán en mejores condiciones de producir que el guajiro en la época del latifundio, porque el guajiro en una guardarraya, si bajaba el precio sí que se moría de hambre completo; vivía medio muerto de hambre y el año en que bajaba el precio pues se moría completo de hambre, porque en la guardarraya no podía defenderse de ninguna baja de precio, de ninguna situación. Y ahora en las cooperativas están en formidables condiciones de subsistir, y estarán también en los centrales.
Primero, organización; segundo, que vamos también a destinar, en cada central azucarero, una extensión de tierra que, Conrado dijo 20, pero lo mismo que 20 pueden ser 30, o las que necesiten de acuerdo con el número de obreros del central, para que también los obreros del central siembren lo necesario para hacer aunque sea un ajiaco todos los días, si las circunstancias lo requieren.
Es decir que nosotros, las medidas revolucionarias que estamos tomando, nos preparan más para competir, a pesar del retraso técnico de los cacharros que son muchos de los centrales azucareros de Cuba; pero eso podríamos irlo mejorando. Y si nos dejan competir libremente, nosotros producimos, no tres meses, sino zafras de seis meses aquí. Que nos dejen competir; nosotros no inventamos la cuota.
Entonces, la disyuntiva en que nos quieren poner es que quieren valerse del monocultivo que había aquí, del cual, ¿quién tiene la culpa: el obrero agrícola, el obrero azucarero tiene la culpa aquí del monocultivo? No, la culpa la tenían esos señores que tenían el dinero, esos señores que manejaban la economía del país, esos son los culpables; no el obrero y no el pueblo.
El pueblo quiere librarse del monocultivo, el pueblo quiere diversificar su agricultura, el pueblo quiere diversificar su industria, ¿para qué? ¡Ah!, para no tener que vivir con una espada sobre la cabeza, porque el país que esté dependiendo de un solo producto es un país que está expuesto a las crisis en los precios, nunca puede tener una economía segura, porque en una época en que venda a un precio muy alto, de fiesta todo el mundo; una época de precios mundiales muy malos, pues, hambre todo el mundo; una economía que dependa de un solo artículo no es una economía segura para ningún pueblo.
No es la primera vez que Cuba ha sido víctima de todas estas situaciones, y además, los que dirigían la política económica no defendían con interés nacional el azúcar, lo defendían con interés de grupo; no les importaban días más o días menos de zafra, lo que les importaba era:  más pesos, más ganancias con menos gastos posibles.  Y a veces especulaban, hacían toda clase de maniobras, y nos dejaron el azúcar en la situación en que estaba.
Entonces, nos amenazan con quitarnos la cuota. Claro, ¿para qué? Para limitar nuestra soberanía.  Bueno, ya no hay un ejército aquí, ya no se les puede hablar a tres generales al oído, no. Pero entonces, como ya no hay generales, porque lo que hay son comandantes, y comandantes rebeldes, que no estudiaron en ninguna academia por allá, sino que aprendieron a pelear peleando, y son soldados del pueblo; como no pueden hacer eso, ¿qué inventan?  “Bueno, vamos a la cuota azucarera.” Es decir, no pueden acudir al golpe de Estado, “vamos a minar la base popular del gobierno haciendo pasar hambre a la gente; cuando la gente esté pasando hambre, le va a echar la culpa al gobierno, y entonces las milicias no van a poder defender la Revolución, porque como van a tener hambre, pues no van a tener ese ejército de medio millón”.  Y calculan ellos, calculan que hay que minar el apoyo del pueblo haciendo pasar hambre al pueblo, para que digan que el culpable es el Gobierno Revolucionario. El Gobierno Revolucionario lo único que ha hecho es, sencillamente, poner las cosas en su lugar, y ayudar, decididamente, al pueblo; adoptar una política en favor del pueblo para liberarse del yugo económico extranjero, para diversificar la agricultura, la industria, darle trabajo al campesino, darle tierra y, en definitiva, ir a satisfacer las grandes necesidades de nuestra nación.  Esa es la culpa del Gobierno Revolucionario; sí, nosotros tenemos una gran culpa: la culpa de ser justos, la culpa de ser revolucionarios y no nos arrepentimos de esa culpa.
Acuden a esa arma. ¿Respuesta? Esta respuesta, esta es la respuesta formidable; esta es la respuesta extraordinaria. ¿Por qué? Porque ya los obreros han empezado a decir: “Están equivocados; dicen que van a rebajar, no importa: desde ahora mismo congelamos, y si tenemos que rebajar, rebajamos; si ustedes nos agreden y nos rebajan el precio, nosotros nos rebajamos también, y nos sacrificamos antes de caer en manos de ustedes otra vez”.
Nosotros tenemos todos un gran deber; todos los obreros que están trabajando tienen un gran deber: tienen el deber de pensar, primero que en ellos, en los obreros que no están trabajando todavía. Es decir que hay muchos seres; que si ellos son pobres, si los obreros todavía tienen ingreso que no les alcanzan para vivir con más holgura, hay que pensar que muchos cubanos, por los cuales tenemos el deber de velar, están en situación peor. ¡Qué egoísta sería: Bueno, vamos a olvidarnos de aquellos! Lo generoso, lo revolucionario y lo patriótico es decir: “No, vamos a acordarnos de aquellos, porque allí puede estar mi hermano, allí puede estar un familiar, y aunque no haya ningún familiar, allí hay un hombre pobre igual que yo, un hombre que depende del trabajo igual que yo, y que no tiene trabajo.” Lo correcto no es pensar hoy, de repente, en ganar más.
Yo decía que el aumento en el número de millones que hoy el pueblo recibe todos los años, produce distintas consecuencias: Una, primero, un aumento por encima de nuestra capacidad de producción, que explicaba anteriormente; segunda, un gasto de la producción nacional, es decir, una disminución de nuestra posibilidad de invertir, y si nosotros, de la producción nacional tenemos que gastar, necesariamente en escuelas, tenemos que gastar en hospitales, tenemos que gastar en una serie de servicios, porque en el campo piden maestros, y ese maestro hay que pagarlo, piden médico, piden medicinas, y muchos de esos servicios todavía no están satisfechos cabalmente; piden un camino, piden una obra, piden un puente, piden una calle, piden un acueducto, y piden lo que necesitan, porque no se ha hecho nada.  Ese es un gasto que tiene que hacer el Estado; sale de la producción nacional, es decir, si toda la producción nacional vale 2 500 millones, se pagan en salarios 1 200 millones; hay un gasto que se paga, gasto del Estado, que era de lo que estaba hablando, tiene que haber una parte para invertir, porque si nosotros decimos: “Vamos a repartir esto”, aunque no lo gaste, aunque sea nada más para guardar lo en el banco y no gastarlo para que no haya problemas con la leche y con el pollo, pero se lo vamos a entregar a los que están trabajando.  Resultado: no hay nada para invertir. Y la cuestión es que hay que invertir, porque ese es el deber fundamental de nosotros.
Es decir, nosotros tenemos que resolver un problema: el problema de los que están sin trabajo.  Nosotros no podemos actuar con esa insensibilidad con que actuaban los latifundistas, con que actuaban los monopolios extranjeros. A ellos nunca les importaba los que estaban sin trabajar, a ellos les importaban sus ganancias. Nosotros no podemos actuar con ese egoísmo; nosotros, aunque ganemos mucho menos, tenemos que ser más generosos; y no preocuparnos, como ellos, por ganar más, olvidarnos insensiblemente de los que no tienen nada, sino nosotros, como revolucionarios, como buenos ciudadanos, como buenos cubanos, tenemos que preocuparnos por aquellos cubanos que no tienen trabajo, y que para darles trabajo hay que invertir, y que para invertir hay que sacarlo de la producción nacional.  Eso mismo que se llama la ganancia, porque de la ganancia de cualquier empresa vienen los impuestos, y lo vamos a invertir, porque esos planes de industrialización que nosotros vamos a hacer, los vamos a hacer con ese ahorro, con ese ahorro.
Es decir que si el ahorro nacional es de 300 millones, nosotros invertimos 300 millones en los planes industriales; si el ahorro es de 400 millones, invertimos 400 millones.
Nosotros no hemos querido hacer una revolución a base de grandes sacrificios para el pueblo, sino de los sacrificios necesarios. Nosotros le pedimos más sacrificios al pueblo si las circunstancias lo exigen para salvar la soberanía, para salvar a Cuba, porque ya ese es un deber.  Nosotros, hay gastos que hacemos en maestros, hay gastos que hacemos en mejoras en las ciudades, hay gastos que hacemos en preparar centros donde el pueblo pueda ir; es decir que nosotros le estamos dando al pueblo muchas cosas. No le estamos diciendo al pueblo: “Sacrifícalo todo para que viva mejor la generación futura.” Nosotros a esta generación le estamos dando, le hemos dado y le seguiremos dando. Si de repente no le podemos dar más en salario, le daremos más en escuelas, le daremos más oportunidad de estudio a las familias humildes, para que estudien en universidades y se preparen técnicos; les daremos más en servicio público, les daremos más en vivienda.
Nosotros, ahora mismo, tenemos un plan de construcción de viviendas, donde hay 400 rebeldes entrenándose en construcción de tipos de viviendas, que hemos logrado hacer muy económicas, y vamos a hacer las viviendas, primero, en las cooperativas. En cinco años pensamos hacer 1 000 pueblos, con la ayuda de ellos trabajando. Ellos van a pagar con las ganancias de los primeros años, van a pagar sus viviendas, porque el problema no es que las cooperativas den mejoras a todo el mundo y a ganar más dinero para gastar más, porque hay que resolver una serie de necesidades urgentes. No hacemos nada con que dentro de cinco años, nos pregunten qué hemos hecho, y digamos: Sí, hemos hecho cooperativas, todo el mundo ha ganado más. ¿Y dónde viven:  Pues siguen viviendo en un bohío con piso de tierra, de guano y siguen enfermos de parásitos, los padres y los hijos, y siguen muchos de ellos tuberculosos. No, nosotros tenemos que decir: en estos primeros años ustedes van a poner el trabajo, la tierra y todo. La ganancia de los primeros años, las utilidades esas, hay que invertirlas en los pueblos. Nosotros vamos a adelantarles el material para que ellos trabajen. En cinco años vamos a hacer 1 000 pueblos en las cooperativas, y en los centrales azucareros, pero empezando por los que estén peores, por los centrales en que estén peores, y todavía peor que en los centrales, están en el campo, en los barracones.
Nosotros ahora vamos a convertir todas esas cañas de administración y los latifundios cañeros, en cooperativas, con los obreros agrícolas. Ya se han adoptado todas las disposiciones para hacer entrega y ya, inmediatamente para ocuparnos del cultivo de las cañas para el año que viene, ya las cañas del año que viene serán todas esas cañas de administración, cañas de los cooperativistas cañeros.
Y vamos a darle especial atención a la construcción de las viviendas de las cooperativas cañeras, porque es donde hay unas condiciones imposibles de vida. Y en los centrales que estén peores, ellos mismos en cinco años las van a ir pagando y en los próximos cinco años vamos a construir las viviendas individuales; luego en 10 años, 10 años nada más, vamos a resolver, absolutamente, todo el problema de la vivienda campesina, en el campo, y posiblemente lo tengamos resuelto en las ciudades.
Ustedes saben que en Santiago de Cuba estamos haciendo un pueblo de 600 casas en el barrio de las familias más pobres, ellos mismos están trabajando y están adelantando extraordinariamente, ¿por qué? Porque están poniendo su esfuerzo allí y mejorarán, vivirán en condiciones mil veces distintas de las que vivían antes; allí tendrán su centro escolar, porque cada pueblo tendrá su escuela, su tienda del pueblo, en fin, todas las cosas necesarias para vivir muy distinto, pero infinitamente distinto de como han estado viviendo hasta hoy nuestros obreros agrícolas en los latifundios cañeros; van a vivir en condiciones absolutamente distintas.
Y ese es un programa que significa que nosotros vamos a esperar 30 años. No, nosotros le vamos a empezar desde ahora a resolver el problema de la vivienda. La generación presente va a recibir muchos de los frutos de la Revolución y las generaciones futuras recibirán más todavía, porque nosotros hemos querido que esta generación, que ha tenido que vivir en condiciones duras, reciba también parte del fruto. Pero es necesario que el pueblo todas estas cosas las comprenda, como el pueblo es el que está resolviendo los grandes problemas, todo el pueblo tiene que saber economía política, todo el pueblo tiene que saber de cosas de gobierno; el pueblo debe saber qué es lo que hay, cuánto dinero hay, cuánto es la producción nacional, cuánto se cobra en salarios, cuánto se ha invertido en industrias, qué industrias, cuántas casas, en qué se invierte el dinero, el pueblo tiene que saberlo.
Debe saberlo porque esa es su obra, él es el que está logrando esa producción y nosotros vamos a llevar los datos estadísticos, año por año, fábrica por fábrica y desempleado por desempleado, para que el pueblo vaya, todas esas cosas, conociéndolas a medida que se vayan haciendo. Eso se llama: gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo. Eso sí es democracia.
Antes el pueblo no sabía nada de nada; no le decían nada de nada; no contaba para nada y luego querían llamar a eso democracia.  Esas son las ideas trastocadas que le quisieron aquí hacer creer a la gente para tenerlas engañadas, porque únicamente engañados los guajiros aguantaron lo que aguantaron, únicamente engañados los obreros aguantaron lo que aguantaron, y únicamente engañado aguantó el pueblo lo que aguantó; porque no se explica que si antes hubieran visto las cosas claras y hubieran conocido su fuerza, la fuerza de los sindicatos, la fuerza de los campesinos organizados, la fuerza de estas milicias, no, señor, no hubiera sido posible aquí mantener aquello. Pero al pueblo lo vivían indoctrinando, ellos sí que vivían indoctrinando al pueblo, vivían engañando al pueblo, enseñándole mentiras por todos los medios de publicidad con que contaban, para que el pueblo no entendiera nada y creyera lo que a ellos les convenía que creyera.
Bueno, está bien, está bien que hicieran eso cuando ellos estaban en el poder, cuando lo controlaban todo, pero es ingenuo que vengan ahora desde el extranjero, desde la “Voz” esa que dicen, los descarados esos que están hablando allá, vengan los muy desvergonzados que han puesto una horita de radio allá por Washington, desde allá, tan lejos, tan lejos, explicar lo que dicen que pasa aquí. ¡Mira que venir desde allá a explicar lo que pasa aquí!  Y desde los órganos estos de la contrarrevolución, que antes trataran de engañar a la gente, bueno, tenían una explicación, pero que vengan a estas horas a querer tomarle el pelo aquí al pueblo, la verdad que son bastante ingenuos y bastante tontos, porque ya a estas horas no van a confundir a nadie.  Alguno que otro confundido hay, si, bueno, eso es inevitable, siempre hay alguno equivocado, hasta cuando va para su casa puede coger otra calle y no la calle de él.
Las cosas tan claras como son aquí, porque aquí las cosas son claras de verdad, más claras no pueden ser, porque todo lo que se hace está a la vista del pueblo y el pueblo sabe todo lo que se hace aquí, y está informado y discute sobre eso; ellos quieren llevar las discusiones a otros planos, no al plano de los hechos; ellos quisieran que el pueblo se quitara de la mente el problema de las cooperativas, de las casas, de las obras que está haciendo la Revolución y en que él está participando para ponerlo a discutir sobre teorías y filosofías y cosas. Y el pueblo está con los ojos puestos en los hechos, que son los que interesan “no me pongan a mirar para las nubes que estamos mirando para la tierra”.
Ellos quieren distraerle la mente aquí, confundir para ver qué sacan, están desesperados, se puede decir que están “echando el resto”, por confundir, por engañar; hacen de todo, se valen de cualquier cosita, de cualquier detallito, incluso de cualquier cosa. Y se valen de esas cosas para sembrar la confusión y operan sobre muchas mentes todavía, o sobre algunas, no muchas, porque uno ve al pueblo que está claro dondequiera, bueno, sobre algunas mentes, pasajeramente; los hechos enseñan más que las palabras, esta no es una revolución de muchas palabras, esta es una revolución de muchos hechos, que se ven claramente y que se hacen con la mejor voluntad del mundo, porque si no se hacen mejores es porque no podemos o porque no tenemos gente competente suficientemente para hacer todas las cosas y se cometen errores, y eso no lo hemos podido evitar; ¿cómo lo vamos a evitar?, si nosotros hemos tenido que sacar para todas las cosas hombres del pueblo, que no pasaron por la universidad ni fueron allá a graduarse con los títulos esos que les dan por allá por el extranjero. Muchos no saben inglés, qué vamos a hacer, muchos de nuestros guajiros, mucha de la gente que estaba en la revolución no sabe inglés, no pudo aprenderlo, pero sabe defender los derechos de sus prójimos, de su pueblo, sabe cuáles son los intereses de la patria, no se vende por ningún dinero, porque esos que se venden, claro, los individuos que amaestraron aquí durante tantos años, entre los amaestrados es lógico que encuentren alguno que venda su conciencia; que haya un attachecito que se pase, bueno, desde luego, hay algunos que hasta de eso se valen para atacar a la Revolución, vienen diciendo: “¡Ah!, era malo. ¿Y por qué lo tenían?” Sí, si nosotros hubiéramos ido aquí a suprimir a todo el que había sido antes algo por alguna razón, bueno, nos quedamos aquí en la nada por completo; porque, ¿dónde están los hombres técnicos para sustituirlos?  Se hizo así, ¿ustedes creen que por placer? Ojala todos los guajiros de la Sierra Maestra hubieran sido graduados de la universidad para tenerlos en todas esas cosas, desempeñando todos esos puestos, allá, de attaché, de todo.  Pero, cómo podíamos prescindir de todos; nosotros quitamos los más malos, pero quedaron muchos allí; además, quién lo va a saber, además, quién va a ser adivino para penetrar en el interior de todo el mundo. Estamos expuestos a la traición, es lógico, si hemos tenido esos elementos penetrados, amaestrados, amaestrados, que los sobornan las campañas, precisamente, para lograr desertores, porque si le dicen al desertor:  “Vete de allá que aquí vas a tener todo, todo:  dinero, trabajo”, es lógico que los caracteres débiles, confusos, pobres de espíritu, ese hombre está hecho de la madera de un Judas, porque traidores, traidores los ha habido siempre, porque siempre hay alguno con madera de traidor, lo sobornan, lo compran. Y hay quien se vale, incluso, de esta desgracia de la patria, para acusar al Gobierno Revolucionario, como si el Gobierno Revolucionario pudiera preverlo todo y ser adivino, y estar en todos los terrenos, y hacerle una radiografía cerebral a todo el mundo para saber quién es.
Los traidores, ¿quién los puede evitar?  Pero a mí no me importan los traidores, no, a mí los que me importan son los leales; a mí no me importan si desertaron dos o tres, me importa cuántos había allí desfilando hoy con las milicias obreras, y si los que hay son 50 000, cómo preocuparnos de que haya dos o tres traidores. Ya esos los anatematizó la historia.  Esos aquí, a esta islita, mientras haya un pueblo como el que hay hoy, esos porque les paguen por allá y se vuelvan traidores, que sigan siendo lo que han sido siempre, serviles, sumisos, criados de intereses determinados; que aquí en esta islita hermosa, de un pueblo alegre, de un pueblo feliz, un pueblo valiente, un pueblo revolucionario; en esta isla donde vale la pena vivir, en un minuto como este y en todos los minutos venideros, aquí ellos, no, aquí ellos han perdido la ciudadanía, aquí no vienen más .
Y ya eso es muy serio, no poder disfrutar nunca más de este pueblo, de esta compañía, de las bellezas de nuestra patria, de nuestras playas, de nuestros campos, de nuestra música; pero, sobre todo, de este despertar, de esta alegría, de este orgullo de ser cubano, de esta honra de vivir este minuto singular de nuestra historia; ya es de verdad bastante castigo haber renunciado a eso para siempre. Porque los desertores, los traidores, los que se pasan al enemigo, los que sirven al enemigo de la patria, deben saber antes que todo, que ya ellos tenían la patria y la renunciaron, y que al renunciarla, es de los que quedamos aquí defendiéndola, y los que estamos dispuestos a hacer por ella todos los sacrificios, defendiendo lo nuestro frente a intereses extranjeros.
Así que ellos saben lo que les toca, lo más que les puede tocar ya saben qué es: el pedacito de tierra donde descansen en paz sus restos.  ¡Ojala se queden allá y no molesten más, y se mueran allá, pero si vienen aquí…! Esa es la situación que ellos tratan y fracasan unos tras otros en todos sus intentos, y este es el punto que yo decía más difícil al principio, porque era más fácil comprender que había que tomar un fusil para que no vinieran, pero es que hay otro fusil que tenemos que tomar, y es el fusil del sacrificio cuando las circunstancias lo exijan, porque eso es más difícil de comprender, porque eso es más profundo, hay que hacer un análisis más profundo y tener confianza en el Gobierno de la Revolución, porque lo único que queremos nosotros es más bienestar para el pueblo, seguridad para el pueblo, lograr fortalecer el instrumento del pueblo que es la Revolución.  Porque, ¿una revolución, qué es?  Una revolución es, sencillamente, que el pueblo se sublevó, se cansó y dijo: “Ahora vamos a hacer las cosas bien hechas nosotros, por los caminos nuevos, que son los caminos de la Revolución.” Y eso fue lo que el pueblo hizo. El instrumento del pueblo es la Revolución. Por eso hay que defenderla de los ataques.
Somos un país chiquito y estamos rodeados de enemigos casi por dondequiera; amigos, los pueblos; pero, nosotros somos un país chiquito aquí, que hemos tenido la osadía de decir: “Vamos a seguir nuestro camino.” Hemos tenido el valor y la grandeza de decir: “Nuestro camino lo vamos a seguir.” Y, naturalmente, como somos un país pequeño, la lluvia de propaganda, de soborno, de dinero, de amenazas, trata de gravitar sobre los cerebros, pero los cerebros en estas circunstancias no pueden ser blandos, tienen que ser fuertes, fuertes para resistir todas las presiones de la propaganda y todo, para que los grandes, con sus grandes poderes y sus grandes recursos, tengan que estrellarse todas sus maniobras contra el vigor y la entereza del pueblo cubano.
¡No importa que seamos pequeños: aquí estamos! Lo que importa no es el tamaño; lo que importa es la dignidad, la inteligencia, la entereza y el valor de un pueblo; la unión de ese pueblo, la conciencia revolucionaria de ese pueblo, la visión de ese pueblo, su claridad, su comprensión para las cosas que son inevitables; su comprensión para los errores que no se pueden evitar, pero sabiendo que por encima de esas contingencias pasajeras, por encima de los detalles, están las grandes cosas de la Revolución, los grandes propósitos de la Revolución, que son los que hay que salvar, que son los que hay que llevar adelante. No importa que seamos pequeños; no importa que estemos aquí medio rodeados de planes, de maniobras, de radio y de bases y de todas las cosas que quieran. ¡Eso no importa!
Nadie debe tener miedo. Yo sé que el pueblo no tiene miedo. Eso está de más decirlo, al contrario, yo creo que está más de la cuenta el pueblo sin miedo, es decir, serenamente, para mantener ese espíritu, y ese espíritu enfrentárselo a todas las maniobras de los enemigos.  Los enemigos no descansan; están todo el día hablando tonterías, tratando de confundir y sembrando cizañas, y llevando las cosas al plano que a ellos les interesa estarlas llevando. No descansan, ¿por qué? Porque saben que los privilegios desaparecieron y la Revolución para los privilegios es como una pesadilla, y ellos quieren lo de antes: regresar a lo de antes de todas formas.  Hablamos de milicia, ¡y qué va!, no pueden estar de acuerdo con milicias. ¿Cómo van a estar de acuerdo con que el pueblo, que es la mayoría, esté armado y esté preparado? Hablan de democracia, pero, ¡qué poco sentido!, ellos que dicen democracia y tienen al pueblo ahí dominado con un puñado de hombres armados, profesionales.
Democracia es esta, que les damos rifles a los obreros, a los guajiros, a los estudiantes, a la mayoría le damos fusiles.  Esto sí es democracia. No solamente hablamos a favor de ellos y los defendemos, sino que les damos armas. Ellos son la aristocracia, la plutocracia, la oligarquía.  De democracia ni una palabra. Ellos hablaban de esa palabra, pero tenían a la mayoría dominada y bajo el puño férreo de la minoría.  No, no. ¿Cuándo ellos les hubieran dado fusiles aquí a los obreros y a los campesinos, y a los estudiantes?  Jamás, porque sabían que no duraban 24 horas si pasaba eso.  Eso lo sabe cualquiera. Y la llamaban democracia. ¿Democracia y le tenían miedo al pueblo? ¿Democracia y tenían al pueblo relegado en la ignorancia y la miseria? No, democracia es esta Revolución que le da fusiles al pueblo para defender su derecho.
Así que no importa que tengamos que luchar duro; no importa que tengamos que pasar trabajo.  Los obreros hoy han dado una prueba extraordinaria, y bien dada.  ¿Por qué tiene que ser este el camino de los obreros?  Porque antes los obreros tenían un solo instrumento para luchar por sus intereses.  ¿Qué tenían?  El sindicato.  No tenían más nada.  Y a veces se lo quitaban.  Y se lo llegaron a quitar, y le llegaron a poner ahí un clan de gente amaestrada para que estuviera al servicio de la reacción.  El obrero no tenía más que el sindicato.  Ahora, el obrero para luchar por su bienestar, tiene algo mucho más que el sindicato, tiene el Estado, tiene el Gobierno Revolucionario.
El obrero antes tenía que ser comunista, estar luchando por lo único que podía obtener: una ventaja más en el salario.  El obrero antes tenía que ser sindicalista, porque lo único que tenía era el sindicato.  El obrero ahora tiene que ser estadista, porque el obrero tiene el Estado.
Adoptar estos acuerdos es actuar como estadista. Los obreros azucareros han actuado como estadistas, porque van a usar su Revolución, su Gobierno, su Estado, para bienestar de su clase, que es la clase mayoritaria; para bienestar de los campesinos, para bienestar del pueblo, que es el que está necesitado de ayuda. Así que ya no hay que pensar que se tiene aquel instrumento del sindicato para apoyar la Revolución, para apoyar sus posturas de estadistas, que es como hay que mirar ahora, puesto que tienen un instrumento más poderoso; antes era el sindicato y ahora es el poder del Estado. Eso es lo que tenemos que utilizar para bienestar de la nación.  Antes había que luchar con el sindicato; ahora se tiene el Estado para luchar para mejorar los intereses de los obreros en todos los órdenes. Eso es lo que han hecho los obreros azucareros, que es el camino correcto de todos los trabajadores. Tienen ellos el mérito de que son de los obreros que no trabajan todo el año. Trabajan una parte del año y entonces son los que se han puesto a la vanguardia, a pesar de que trabajan una parte del año solamente. Y es justo decir que los obreros azucareros han estado a la vanguardia desde aquel mismo día en que se produjo aquella reunión, cuando terminada la guerra, la zafra no empezaba y había muchos problemas.  Y sacrificaron sus demandas, y dijeron: “Pues ahora vamos a sacrificar demandas para hacer zafra”, primera consigna. De ahí cada una de las consignas:  armas, aviones, reforma agraria, 4%, y por fin esta que es la más revolucionaria de todas las consignas, que la ha realizado el sector obrero, posiblemente, que está más mal, porque es el que trabaja solo un número de meses al año, y tiene después que estar librando su sustento en otro trabajo.
Así que esto es un verdadero motivo de orgullo para la Revolución, y debe ser un motivo de orgullo para los trabajadores azucareros que se han ganado un lugar en la historia de esta Revolución; se han ganado un lugar de honor y se han situado a la vanguardia, y muy distintos, por cierto, de algún sector que hay, incluso, trabajando en empresas de las que nos dejaron a nosotros incosteables; incosteables, porque, entre otras cosas, hemos recibido la herencia de una serie de empresas incosteables que le cuestan dinero al Estado. Y a pesar de que son salarios más altos que los azucareros, ha habido algún sector que ha estado aspirando a aumento de salarios en esas empresas incosteables, a pesar de ganar más que los azucareros. ¿Por qué eso es injusto? Porque eso equivaldría a decirle a los azucareros: “Den el 4% y entonces subsidiar con ese 4% a un sector que gana más que los azucareros y todavía quiere ganar más. Sería a costa de los que están dando el 4% para su industrialización, subsidiar sectores que están ganando más que ellos.
Y estas cosas deben ser muy elocuentes, muy instructivas, porque en grado de conciencia revolucionaria, algunos sectores tienen más que otros, y en realidad, hay que poner entre los primerísimos a los azucareros. Y eso es, sencillamente, ser revolucionario, actuar como revolucionario y trazarles el camino a los demás. Ellos han tomado sus medidas y han dicho que si hay agresión, ellos están dispuestos a hacer los sacrificios pertinentes.  Si no hay agresión, bien. Si mejoran los precios, mejor porque entonces habrá hasta diferencial e iremos mejorando.  Además, para el obrero agrícola, habrá extraordinarias mejoras al constituirse las cooperativas.  Resueltos, además, los problemas económicos y de subsistencia, los problemas de vivienda, de educación y todos los demás problemas; entraña el avance que vamos a llevar a las cooperativas, que las vamos a organizar con la colaboración y la participación completa de los sindicatos obreros de toda la isla.
Y ya están dadas las instrucciones, y esta semana se dispondrá ya del crédito de 34 millones de pesos, para empezar inmediatamente a emprender los cultivos, que es lo que cuesta la refacción de las cooperativas este año. Pero no hay que andar pensando, si se dilatan los trámites, no hay que preocuparse. Hay que empezar a trabajar inmediatamente, mientras se hacen los trámites para situar todos esos créditos. Y ya está el reglamento listo de las cooperativas cañeras. Y esta misma semana que viene hay que empezar para no perder tiempo. Además, hay que proceder a resolver los problemas de las áreas que se le va a dedicar a cada sector azucarero, a cada industria.
Y para terminar, una parte que faltaba y es la siguiente: los centrales azucareros son puntos básicos de la economía, puntales básicos de la Revolución.  Hay que defenderlos, y no solo hay que defenderlos, sino que hay que estar preparados para convertir cada central en una fortaleza, en caso de ataque.  En cada central azucarero la milicia tiene que ser la más organizada, la más entrenada, la más disciplinada y la más preparada, porque los obreros azucareros serán los encargados de defender cada central en caso de agresión. Y la defensa de cada central hay que defenderla como una fortaleza capital, y que se sepa que, en caso de alguna agresión extranjera, del central no queda ni piedra sobre piedra aquí, porque convertiremos cada central en una fortaleza, y el que crea que puede invadir esto y ocupar esto, sepa que no queda un solo central aquí, ni se produce un saco de azúcar aquí.  Los únicos que podemos producir aquí azúcar somos nosotros.
Y que conste eso entre los que hacen cálculos sobre el precio del azúcar en el mercado mundial, y todo eso; que conste eso: que si nosotros somos víctimas aquí de cualquier agresión, que no cuenten con un solo saquito de azúcar en el país; porque no va a haber ni quién lo cultive, ni dónde moler caña, ni cañas, ni nada, porque las cooperativas también van a ser, cada una de ellas, un baluarte defendiendo la Revolución; y eso, para que los enemigos de la Revolución Cubana vayan teniendo idea de cómo vamos a defender la Revolución, de cómo vamos a defender de verdad la Revolución, y las consecuencias que pueda tener cualquier ataque a nuestro país, y esta es la única manera de defender la nación correctamente:  ¡sin vacilación, sin tibieza de ninguna índole, dispuestos aquí a hacer lo que haya que hacer y a defendernos como haya que hacerlo!, ¡no importa que seamos chiquitos, si hay el valor que hay en estos momentos, si hay la decisión que hay, el espíritu de combate que hay, la organización que hay, los obreros que tenemos, los campesinos que tenemos, los estudiantes que tenemos, el pueblo que tenemos, entonces ya sabrán a qué atenerse!
¡Este es el camino, el camino claro y sin vacilaciones de la Revolución!, ¡sin confusiones, sin confusionismo ni divisionismo, que esa es la estrategia de los enemigos de esta Revolución!  Pero no importa, estamos tan arraigados en la conciencia del pueblo y en la tierra de nuestra patria, que podemos sentirnos seguros de que Cuba no podrá ser vencida y de que la consigna de: “¡Patria o Muerte!”, a la larga será: “¡Patria!”
FIDEL CASTRO RUZ

Fuente: http://www.cuba.cu/gobierno/discursos

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