julio 15, 2012

Discurso de Fidel Castro en el Comité Central del Partido Comunista de Uzbekia (1963)

DISCURSO EN EL COMITE CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA DE UZBEKIA, TASHKENT, URSS
Fidel Castro
[9 de Mayo de 1963]

― Departamento de versiones taquigráficas del Gobierno revolucionario ―

Compañeros:
Para nosotros es sumamente interesante la información que nos acaba de brindar el Presidente, aun cuando nosotros ya nos hemos ido acostumbrando a los éxitos que ha ido alcanzando la Unión Soviética en todos los órdenes.
Cada nueva visita que nosotros hacemos, las nuevas informaciones que obtenemos, van enumerando una serie de cosas que son muy instructivas también. Además de instructivas son muy emocionantes.
La Unión Soviética es en realidad un país vastísimo y, en realidad, cuando uno la visita la encuentra más vasta todavía de lo que la imagina cuando la ve en los mapas. En realidad, mientras más se conoce la Unión Soviética, más admira uno la obra que inició Lenin y que ha llevado a cabo el Partido Comunista de la URSS.
Nosotros lo podemos comprender bien porque en cierto sentido nos enfrentamos a algunos problemas políticos, sociales y económicos, dentro de un ámbito muy pequeño que es nuestro país.
Yo dije algunos, pero debía haber dicho muchos; en un país realmente pequeño que no tiene el problema de las nacionalidades, no tiene el problema de tan distinto número de regiones como los que tiene la Unión Soviética. Y por eso podemos darnos cuenta de la magnitud de la tarea histórica que han realizado, y admiramos la solución tan inteligente que le han dado.
En realidad, nosotros todavía tenemos muchas cosas más que conocer de la URSS. Entre otras cosas, cómo le dieron solución en la práctica a tan diversos problemas; cómo está organizado todo el país, cómo están organizadas las repúblicas.
Ahora mismo nosotros estamos familiarizándonos con la nueva reestructuración que ha hecho el Partido. Yo le decía a un compañero dirigente de un partido latinoamericano: “No vayan a hacer lo mismo; no vayan a dividir el partido. Ustedes tienen que tomar el poder y construir el socialismo.”
La Unión Soviética es una fuente infinita de enseñanzas, en la práctica, de la construcción del socialismo. Además, es una fuente de optimismo y de fe en la construcción del comunismo. Nuestro país en este momento está atravesando por la etapa inicial y, naturalmente, la etapa más difícil de toda revolución, porque no solamente nos encontramos con los problemas de que es un país subdesarrollado económicamente, con pocas industrias, que la mayor parte de las materias primas había que importarlas; la dependencia de un solo producto agrícola, incluso la dependencia de un solo mercado, que era realmente el que controlaba la economía de nuestro país.
No nos enfrentamos solo con eso, sino también nos enfrentamos con la inexperiencia de los pocos años, la falta de cuadros, tanto organizadores como técnicos. Los que tenían la experiencia principalmente de la organización de la economía eran los burgueses. Los técnicos, los intelectuales, pertenecían también a la burguesía. Esas gentes no iban a colaborar con la Revolución. Algunos por excepción sí, pero la mayor parte abandonaron el país.
Con todos esos problemas, además con la hostilidad del imperialismo, nos obligó a invertir mucho tiempo en la defensa del país, en la lucha contra la agresión. Hemos tenido necesidad de un ejército grande, con una economía débil. Ese es uno de los problemas que nos ha creado el imperialismo.
El bloqueo económico, el sabotaje a las ventas de nuestros productos, la adquisición, incluso, de piezas en países capitalistas, pues, crea un inconveniente. Porque la mayor parte de nuestras fábricas y de nuestros transportes eran de fabricación norteamericana. Y ustedes comprenderán perfectamente las dificultades que eso origina, si se tiene en cuenta que, por ejemplo, una termoeléctrica necesita miles y miles de piezas de repuestos de distintos tipos, un catálogo enorme.
Todo eso nos ha obligado a hacer grandes esfuerzos. Pagar más caro y adquirirlos también indirectamente. En fin, hemos tenido muchos problemas de ese orden.
Nosotros tenemos la costumbre de no hacer mucho hincapié en eso en nuestro país, para no crear en los cuadros la tendencia a echarle la culpa de todo al bloqueo imperialista. Más bien estamos haciendo hincapié en los errores de la deficiencia de organización, en la administración y, en realidad, estamos librando una lucha muy dura en este sentido.
Actualmente nuestro país está entrando en una etapa en que cuenta con mejores condiciones para desarrollar su trabajo en el frente de la economía.
Nuestros compañeros tienen ya más experiencia, más sentido de la responsabilidad, más comprensión de que en el socialismo no se resuelve nada por generación espontánea, sino que todo tiene que organizarse muy bien.
Hay otros males: el burocratismo, tendencia al derroche, indisciplina en los cuadros administrativos. Estamos combatiendo otros vicios también de los propios trabajadores, haciéndoles ver la importancia que tiene la producción; que el socialismo no significa ya la conquista del paraíso ni mucho menos, sino la oportunidad para construirlo. Estamos luchando contra la indisciplina en el trabajo; estamos estudiando nuevas normas. Las escalas de salarios y todos esos procedimientos que sustituyen en la producción los métodos capitalistas, que hacían producir a los trabajadores mediante la amenaza del hambre, el despido, y en fin, una serie de resortes que nosotros tenemos que sustituirlos por otros resortes: la emulación, los estímulos materiales unidos también a los estímulos de tipo moral, destacando los trabajadores más avanzados. Todas esas cosas estamos haciendo que, en realidad, han llevado mucho tiempo y llevarán algún tiempo más.
También hemos estado creando cuadros para la planificación de la economía y hemos hecho el primer plan que estuvo lleno de errores, subjetivismos, idealismos, y todas esas cosas. Ahora estamos tratando de ser mucho más realistas, más exactos, y establecer las prioridades de los productos. Y, en fin, ustedes comprenderán que nosotros estamos aprendiendo poco a poco, porque lo que tenemos que hacer nos lo enseña la vida.
En ciertos aspectos la Revolución ha logrado grandes éxitos. En el campo de la educación, por ejemplo, nuestro país ha erradicado el analfabetismo que era de cerca del 25% de la población y ha llegado a satisfacer todas las necesidades de la educación. Para ello fue necesario movilizar a la juventud; nosotros movilizamos 100 000 estudiantes para realizar la campaña de alfabetización.
Era difícil también encontrar maestros para enviar a las montañas. Los maestros eran de las ciudades y además de la clase media. Fue necesario movilizar a la gente joven que estuviera dispuesta a ir a enseñar a las montañas. Y de esa manera hicimos una gran movilización no solo entre los niños y jóvenes, sino entre los trabajadores, haciendo una gran campaña para llevar hasta el 6to grado como el nivel mínimo. Esa campaña ha tenido una gran acogida.
También a ciertas ramas de la producción las estamos racionalizando ahora, como la de los zapatos. En Cuba se producían zapatos entre varias grandes fábricas y miles de pequeños talleres. Lo mismo ocurría en la confección de ropa, la elaboración del tabaco. De manera que, con esta racionalización de estos sectores de la producción, hay un excedente de 40 000 obreros que en este momento está recibiendo una preparación técnica para trabajar en otras ramas. Y todo eso va elevando el número del personal calificado.
Sobre educación recuerdo algunos datos. Por ejemplo, el número de escuelas primarias se elevó de 600 000 alumnos a 1 200 000. Nosotros tenemos cerca de un tercio menos que ustedes, porque ustedes tienen 1 800 000. Los estudiantes secundarios se han elevado de 120 000 a 240 000. Nosotros también tenemos un gran número de estudiantes hijos de obreros y campesinos en las escuelas medias y en las universidades.
Las grandes casas de los burgueses de Cuba — los burgueses construían muchos palacios— hoy son residencia de estudiantes. En fin, estamos haciendo o dando un gran impulso a la formación de técnicos.
Y en el campo de la salud también, prácticamente, hemos casi triplicado el número de camas. No recuerdo exactamente el número, pero estoy seguro de que más o menos es ese. Hemos llevado dispensarios a las montañas, al campo. También tuvimos problemas con los médicos porque muchos de esos médicos eran de la clase media y se fueron también. Teníamos unos 5 000 médicos cuando la Revolución triunfó, pero aparte de que un número grande era de la burguesía, la mayor parte estaba en la capital. Hemos establecido la obligatoriedad de prestar atención médica en el campo, y estamos ahora en este momento con varios miles de estudiantes de medicina y a partir del año 1965 ingresarán 2 000 más. De todas formas, el presupuesto que le estaba dado a la salud pública, se elevó de 20 millones a 100 millones.
Cuando hablaba de educación, se me olvidó decir algunas cosas. Nosotros en la preparación de los maestros, todos los que empiezan a estudiar para maestros tienen que empezar por las montañas. Un año en las montañas y cuatro años en las escuelas internas. Prestamos mucho interés a todos estos problemas. Pensamos que el socialismo y el comunismo solo pueden ser posibles mediante bases materiales más la educación.
Ya lo que me ha llamado mucho la atención en Uzbekistán son los muchachos, saludables, bien alimentados, alegres, felices. Se ve que precisamente esa es la generación que va a recibir los frutos del comunismo.
No hay que sentir envidia, porque —como escuchamos en días recientes, en el Salón de Conferencias de Moscú, una frase muy bonita— será una gran felicidad vivir en el comunismo; al resto le queda una felicidad mayor: construirlo.
Para terminar, voy a decir algunos detalles sobre la agricultura, aunque supongo que el compañero les habrá hablado. Nosotros durante muchos años, tendremos que depender principalmente de la caña. Es nuestro principal producto de exportación y es donde tenemos más experiencia, aunque todavía es atrasada la técnica. Hubo muy poco trabajo de investigación en los años pasados y los centrales son un poco anticuados. También actualmente estamos suprimiendo las fábricas de azúcar más pequeñas que son incosteables. Dejaremos unos 120 centrales y aspiramos a producir 7 millones y medio de toneladas para fines del año 1965. En el futuro esperamos, de ser posible, mejorar las variedades de la caña, mayor productividad de la tierra. Esperamos, si pudiéramos, elevar esa producción.
Nosotros rebajamos la producción azucarera cuando Estados Unidos nos suprimió la cuota. En realidad, en ese momento, nos imaginamos que nuestra azúcar dejaría de ser nuestro artículo principal.
Desde el año pasado estamos haciendo un gran esfuerzo sembrando nuevas áreas cañeras. El año pasado se sembraron cerca de 100 000 hectáreas; esa se corta en el año 1964. Este año no contaban para el aumento de producción, había que esperar 18 meses; ya para el año que viene habrá considerable aumento.
Además, también en la ganadería hemos estado resolviendo algunos problemas acerca del sistema de alimento del ganado para abastecerlo de productos que podamos producir. Los métodos que se implantaron son métodos consecuentes con la política que llevaba Estados Unidos de vendernos los excedentes a nosotros.
En cuanto al régimen de propiedad de la tierra, aproximadamente el 50% de la tierra pertenece al Estado en este momento. Las condiciones en que el pueblo ve la Revolución en nuestro país, nos permitió mantener sin dividir la tierra que en el capitalismo era propiedad de empresas agrícolas capitalistas. Nosotros hemos mantenido esas empresas y las hemos estatalizado; en tanto, nosotros tenemos unas 900 granjas agrícolas, el resto de la tierra está entre agricultores pequeños y medios.
Nosotros tenemos agricultores medios. Cuando se hizo la ley agraria, en el tiempo que se hizo, era muy radical. Por ejemplo, se estableció un máximo de 30 caballerías, que vienen a ser unas 400 hectáreas; pero cuando se hizo la ley, había compañías americanas que tenían 200 000 hectáreas, es decir que fueron reducidas a 400 en vez de las que tenían; pero en las condiciones actuales esa ley no es adecuada. Nosotros, antes de dar nuevos pasos, hemos esperado primero organizar bien la agricultura estatal y formar cuadros, porque no queremos contar en adelante con los problemas que tuvimos, que la gente no sabía.
Luego, están los pequeños agricultores con los cuales seguimos una política muy cuidadosa y tratamos de llevarlos a la cooperación, pero muy cautelosamente para que no se asusten. Los reaccionarios dicen: eso es socialismo y te van a socializar la tierra; nosotros decimos: esto es socialismo y, por eso mismo, no te vamos a socializar la tierra, porque esta es la alianza para con el obrero. Por eso la Revolución socialista te libró del pago de la renta, te paga un buen precio por tu producto, te da créditos, te manda maestros, médicos, y la asociación será voluntaria; hemos ido creando pequeñas asociaciones con los pequeños agricultores. El pequeño agricultor nuestro es deficiente, siempre fue deficiente y además, nosotros conocemos bien todas las dificultades para comercializar sus productos. El pollo y el huevo que se venden barato a los obreros de la ciudad, vienen de las granjas del pueblo; el pequeño agricultor que vive cerca de la ciudad, se para en la carretera y vende un pollo a 20 pesos.
Si se dictan leyes, se crean muchos conflictos. La medida que hicimos fue permitir que vendieran libremente sus productos y desde luego, prohibir que ningún automóvil pueda cargar más de 25 libras. Los burgueses salían en los automóviles al campo y traían quintales. Claro que los pequeños agricultores que producen café, tabaco, con esos artículos no hay problema, ni con los que producen caña, porque eso no se puede vender en la carretera, hay que mandarlo al central. Hemos estudiado muy cuidadosamente el problema de los pequeños agricultores nuestros. Nos parece que es uno de los problemas más complejos con que tiene que tratar el socialismo.
Cuando nosotros vemos que en América Latina ellos proponen una reforma agraria dividiendo la tierra, creando minifundio... En las actuales condiciones de la América Latina, hay que distinguir del caso nuestro y del caso de la URSS.
Nosotros vemos con toda claridad que en la URSS, no había otro remedio sino repartir. Si no repartían se hundía la Revolución de Octubre; y, sin embargo, en el caso nuestro, si hubiéramos dividido, arruinábamos la Revolución en Cuba, porque si hubiera producido en pequeña escala, no habría manera de abastecer a la población y habría que pararse en la carretera. Y si América Latina sigue esa política económica, va a llevar una economía de mero subdesarrollo; para los campesinos no tiene porvenir ninguno.
Nosotros, que tenemos casi el 50% de la tierra, muchos de los problemas de abastecimiento los resolvemos con la producción del Estado y la otra parte, haciendo una política con los campesinos.
Ahora estamos dándole forma, porque hemos tenido muchos problemas con la comercialización, porque a veces se podrían las naranjas y las frutas y no las iban a comprar. El otro problema es que un organismo le compraba, otro organismo le prestaba el dinero y otro organismo le vendía la mercancía. El que compraba los productos no le importaba si los pagaba al otro organismo; el campesino muchas veces vendía, cobraba el dinero y no pagaba los créditos. Ahora estamos ensayando un nuevo procedimiento que es unir el acopio con los créditos, con la venta de los abonos, las semillas y los insecticidas.
Pero además, también, hay otras cosas que hemos aprendido: que no se pueden estar haciendo cambios de un día para otro, sin estudiarlos bien. Un día estaba proponiendo ciertos ensayos en el campo y yo vi que mis compañeros estaban preocupados. Yo les dije: bien, yo estoy proponiendo un cambio en una localidad pequeña; si me equivoco, no lo sigo. Y yo he visto que aquí a veces han aprobado leyes en el Consejo de Ministros, aplicables a todo el país, y han creado rollos nacionales.
Pero en fin, esto no tiene más que un interés limitado para ustedes, por la curiosidad histórica y sirve solo para darles una idea de la etapa que estamos viviendo.
Nosotros tenemos que aprender todo lo que podamos de sus experiencias, sobre todo, del cultivo, en el que tienen más técnica.
El problema que tuvimos en el algodón este año, es que se hizo una buena cosecha, pero no se pudo recoger, no alcanzaban los brazos que había y entonces no hubo suficiente algodón, pese a que la Revolución produjo la siembra de algodón; ya hemos logrado cultivos con bastante éxito. El problema lo tenemos en la recogida y estamos tratando de resolver ese problema. No quiero hablar de eso aquí, porque ustedes están muy preocupados con las máquinas de recoger el algodón, y con los planes, y a lo mejor se van a preocupar mucho de nuestro problema, de que necesitamos unas máquinas.
Eso es fundamentalmente en lo que se refiere a la situación general, muy por arriba; algunas anécdotas y más nada porque me dijeron que era una hora.
FIDEL CASTRO RUZ

Fuente: http://www.cuba.cu/gobierno/discursos

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