julio 09, 2012

Discurso de Fidel Castro en la inauguración del X Congreso de la FNTA (1959)

DISCURSO EN LA INAUGURACION DEL X CONGRESO DE LA FNTA, EN EL PALACIO DE LOS TRABAJADORES
 Fidel Castro
[22 de Mayo de 1959]

― Versión taquigráfica de las oficinas del Primer Ministro ―

A pesar de no haberme encontrado hoy en las mejores condiciones físicas para asistir a este acto, por sentir un poco las consecuencias del cansancio y la salud —que a veces, igual que a todos los demás, me puede flaquear—, no quise por ningún concepto dejar de asistir aunque llegara un poquito tarde; a pesar de que dije en días recientes que iba a necesitar todo el tiempo para trabajar y para ordenar las cosas en nuestro país —bastante desordenadas por cierto, con ese desorden que nos viene de atrás—, yo no quería dejar de asistir a esta inauguración del primer congreso azucarero en muchos años, con delegados que no fueron designados de dedo, sino que los escogieron los propios trabajadores, porque por más que en alguno u otro caso se ha tratado de intrigar —y, efectivamente, podrá existir algún caso de algún exceso—, no hay la menor duda de que ha predominado en la elección de los delegados azucareros un absoluto espíritu democrático, y que los inconformes son aquellos que no teniendo masa para triunfar, no se conforman nunca con ningún tipo de elección donde aquellos que tengan las masas son los que triunfan.
A nosotros no nos interesa cuál sea la militancia política de los concurrentes , a nosotros solo nos interesa una cosa:  que los delegados asistentes aquí hayan sido escogidos por los trabajadores, que representan la voluntad de los trabajadores y siempre haremos cuantos esfuerzos estén en nuestras manos para implantar un efectivo sistema democrático en el que los que vengan aquí no sean ni ayer ni hoy designados de dedo, sino designados por la votación libre de los trabajadores en cada centro de trabajo.
No quería dejar de asistir porque me sentía obligado con este congreso; me sentía obligado con este sector obrero del país, puesto que en aquellos días inciertos, cuando fue necesario tocar a las conciencias de los trabajadores azucareros, cuando fue necesario tocar al corazón patriótico y revolucionario de los obreros azucareros, cuando en este mismo escenario hube de dirigir un llamamiento a todos ustedes explicándoles la importancia vital que para nosotros tenía la zafra, encontré —y lo he repetido reiteradas veces— la mayor acogida, la acogida unánime del sector azucarero, gracias a lo cual, y a pesar de los augurios de nuestros enemigos, a pesar de la guerra, a pesar del retraso en la zafra, hemos hecho la zafra, hemos salvado la zafra y, gracias a ello, la Revolución ha contado con un respiro importante para seguir adelante .
Nunca me he dirigido a los trabajadores para engañarlos; nunca me he dirigido a los trabajadores para defender un interés que no sea un interés del pueblo. El pueblo, en su inmensa mayoría, el pueblo trabajador, el pueblo que desgraciadamente no tiene siquiera trabajo, el pueblo es lo que comprende a la inmensa mayoría de los campesinos, de los obreros y de las capas humildes del país.  Cuando he hecho un planteamiento, lo he hecho pensando en el interés de ustedes, lo he hecho pensando en el interés del pueblo.  Jamás me pararé en una tribuna a defender ningún interés egoísta o bastardo. Jamás me pararé en una tribuna a defender un interés creado.
Consideramos que nunca un gobierno en nuestra patria —y es posible que pocos gobiernos en el mundo— haya tenido el valor de enfrentarse a los intereses a los que se ha enfrentado el Gobierno Revolucionario cubano. Y los hechos hablan por sí solos de cada uno de nuestros actos, porque ustedes mismos serán los primeros en comprender cuáles habrían sido las consecuencias para Cuba si la zafra no se hace; cuáles habrían sido las consecuencias si esos 600 millones de pesos, que es el grueso de nuestros ingresos, de nuestros ingresos propios, de nuestras divisas, se hubiesen reducido a 300 millones de pesos.
¿Qué habría pasado aquí si con la balanza desfavorable que teníamos, con las reservas monetarias por el suelo, en vez de 5 800 000 toneladas hubiésemos podido producir solamente dos millones y medio de toneladas o tres millones de toneladas?  ¿Cuál sería nuestra situación, la situación de la Revolución en estos instantes?, porque la Revolución es nuestro interés principal y la Revolución depende mucho de circunstancias que se encontró a su arribo al poder, y esas circunstancias limitan nuestro avance, esas circunstancias pueden retardar, aunque no impedir, nuestro avance.
Esas circunstancias nosotros no podemos cerrar los ojos para no verlas, porque son realidades que están ahí y ustedes, que son líderes obreros; ustedes, que día a día tratan con decenas y hasta con cientos de compañeros suyos que se presentan planteándoles sus necesidades, planteándoles sus miserias y su pobreza, planteándoles su hambre; ustedes que son líderes que tienen en cada uno de los sindicatos el problema que nosotros tenemos en escala mayor desde el gobierno, porque somos líderes también de una revolución , saben perfectamente las amarguras que sufre un líder, los obstáculos que encuentra un líder, el dolor que produce el cuadro de nuestras miserias y la desesperación que se apodera de los compañeros de ustedes cuando hay hambre, de la angustia que se apodera de los compañeros de ustedes cuando hay hambre, de los dolores de cabeza que tienen cada uno de ustedes cuando sus compañeros sufren hambre; porque vienen a verlos, vienen en un número crecido a querer que les resuelvan sus problemas, vienen desesperadamente, y ustedes, que son líderes que tienen que estar bregando día a día con esos problemas que son la consecuencia del cuadro de miseria a que ha sido conducida la república por toda la política del pasado, saben qué terrible es marchar en medio de la desesperación y del hambre.
Ustedes allí en la lucha diaria, constantemente tienen que estar calmando, constantemente tienen que estar pidiendo que se esperen; quisieran resolver, mas no pueden; saben que hay que esperar, que es necesario esperar, mas los que tienen que esperar se desesperan; tienen que esperar, mas no pueden.
Tienen que realizar sus planes, y lo que quisieran de cada uno de sus compañeros es que les ayudasen a realizarlos, que les diesen tiempo para realizarlos.  Cada uno de ustedes, líderes de los sindicatos después de las elecciones —porque ya sabemos lo que son las elecciones, la pugna por triunfar, cada cual se considera el mejor y las elecciones se convierten en una verdadera competencia a ver quién parece más radical, más leal y más decidido con los compañeros —, ahora que han sido electos, ahora que se encuentran con los problemas, lo que quisieran es que les ayudaran.  Cuando la tendencia minoritaria, inconforme con la derrota, les crea obstáculos, los planes de cada uno de ustedes sufren; cuando la tendencia minoritaria, inconforme con la derrota, trata en cada ocasión de perturbar los planes de ustedes, cuando un problema tratan ustedes de llevarlo inteligentemente al éxito y se lo sabotean, ustedes sufren, porque entonces es más bonito en cada caso la posición demagógica, el grito demagógico, el grito radical, el grito politiquero y el grito hipócrita.
Ustedes me pueden comprender perfectamente bien porque, en cierto sentido, ejercen funciones similares en el mundo más pequeño de cada central y de cada sindicato, y estos problemas son iguales:  la ambición humana, la ambición de poder, la vanidad y en algunas ocasiones hasta la buena fe, la buena fe de aquellos que creen que el mundo gira alrededor de ellos, que si no son ellos nada es posible, que los demás son incapaces de hacer las cosas. A nosotros, en cierto sentido, y en escala mayor y en escala mucho más grave, nos ocurre lo mismo.
Tenemos planes, cada cosa en su lugar, cada medida por su turno; planes que son de conjunto, planes que constituyen un programa que va realizándose.  Y ciertamente que nuestras leyes no han esperado mucho unas por las otras, desde la primera, que fue la rebaja de los alquileres , junto a la creación del Instituto de Ahorro y Vivienda que va a poner fin a la explotación de los alquileres después, la ley de los solares yermos que pone fin a la especulación de la tierra para la construcción de viviendas, la ley sobre las ventas a plazos, la ley sobre el crédito y sobre los intereses, la ley sobre las playas públicas, las asociaciones de tiendas campesinas, la intervención de la compañía de teléfonos y la rebaja de las tarifas telefónicas, y, por último, entre otras muchas medidas, la medida fundamental de la Revolución que fue la reforma agraria , que no fue una medida tibia, que no fue una reforma fría e intrascendente, sino que es una verdadera revolución agraria. Así, junto a otras medidas como la reforma arancelaria para proteger nuestra industria nacional que viene de inmediato, la reforma fiscal para establecer sistemas de tributación más equitativos, el castigo de los criminales de guerra, la recuperación de los bienes malversados, las medidas que han puesto en nuestras manos 80 millones de pesos.
Para empezar, la reforma agraria, nuestros planes en el campo educacional, la creación de 5 000 nuevas aulas en los próximos presupuestos de la república, los planes de construir 500 campos deportivos en toda la isla y otras muchas medidas, como las de reintegrar los salarios a los obreros ferrocarrileros de los ferrocarriles de occidente, el aumento de los salarios de los obreros de Omnibus Aliados en la misma medida que aumentábamos nuestras recaudaciones, el aumento de los sueldos a los empleados públicos concediéndoles un sueldo mínimo de 85 pesos en el Estado, la creación del Banco de los Seguros Sociales, que va a resolver uno de los problemas más cruciales de nuestros trabajadores y que tanto interesa sobre todo a ustedes, los obreros azucareros, que tienen que esperar tres años para retirarse y a los que se les paga la miseria de 29 pesos todos los meses , el aumento de salarios a los obreros agrícolas, que eran los más mal pagados de todo el país , son medidas más que suficientes para acreditar que el Gobierno Revolucionario ha estado actuando bien, para acreditar que el Gobierno Revolucionario, en cuatro meses apenas, ha desarrollado un programa récord en beneficio no de ningún interés creado, sino en beneficio de la nación.
No habría quien en justicia pudiera decir que hayamos dejado de hacer una sola cosa de las que estaban dentro de nuestras posibilidades.  En tan breve período de tiempo —en cuatro meses—, se ha hecho lo que no se había hecho nunca en 50 años.  No incluí dentro de esas medidas, aquella de rebajar las tarifas eléctricas en el interior del país, donde había sectores y lugares pagando hasta a 18 y 20 centavos el kilowatt; en fin, si continuamos pasando revista, encontraríamos otras muchas medidas, porque nosotros no nos encargamos de estar llevando la cuenta ni de estar haciendo un recuento, porque no trabajamos por la propaganda, no trabajamos para ganar simpatías, porque las simpatías las tenemos ganadas desde el mismo momento en que derrocamos a la tiranía.
Ha tenido el Gobierno Revolucionario que enfrentarse, uno tras otro, a intereses muy poderosos contra ninguno de los cuales se habían atrevido los gobiernos anteriores. Y ese examen demuestra una cosa, hemos sido honrados; demuestra una cosa, hemos estado preocupados de un solo punto y de un solo objetivo: satisfacer cuanto antes las necesidades de nuestro pueblo.  ¿Quiere decir eso que es justo que se perturbe al Gobierno Revolucionario? ¿Que es justo que por alguna razón se nos impida continuar adelante ordenadamente con nuestros planes?  ¿Qué cosa, de las que hayan estado en nuestras manos hacer, no hemos hecho?  Y solo en cuatro meses de Gobierno Revolucionario puede decirse que hemos sentado las bases para todo el desarrollo ulterior de la Revolución.
¿Cuando hicimos la rebaja de alquileres fueron necesarias manifestaciones y mítines para que se hiciera?  ¿O es que acaso no se levantó el pueblo un día y se encontró con que los alquileres estaban rebajados?  Y así con cada una de las medidas.
¿Qué hicimos con la reforma agraria?  Tal vez si algún gobierno anterior estuvo en disposición de hacerlo, la medida hubiera sido dictar una ley agraria como, por ejemplo, se dictó la Ley de Alquileres; sin embargo, eran dos leyes distintas, puesto que era una ley fundamental que necesitaba el apoyo del pueblo.  ¿Qué hicimos primero?  Hacer conciencia en favor de la reforma agraria, y todos ustedes han visto cómo en unos meses se convirtió la reforma agraria en conciencia nacional, conciencia que no existía antes del triunfo de la Revolución, porque en las ciudades no se sabía lo que era la reforma agraria; además, creían que no interesaba la reforma agraria porque era una cuestión del campo.  Lo primero que hicimos no fue repartir las fincas, porque eso hubiera liquidado la producción y no tendríamos hoy una sola vaca que entregar a una sola familia.  Si nuestro pueblo hambriento comenzase a comer la carne que necesita para su salud, no quedaría en el país una sola vaca, porque nuestros campesinos nunca comen carne ; pero si nos la comemos, comeríamos carne tres meses y pasaríamos hambre 15 años, porque no tenemos dinero para comprar la carne afuera, porque el dinero que tenemos no está para comprar carne, sino para comprar fábricas, y para comprar maquinarias.
Entonces, el resultado con medidas de esa índole, que muchas veces las hemos visto agitar, sería el caos, sería el fracaso de nuestra Revolución, y por eso, a pesar de todo el impulso que le hemos dado a esa lucha, a pesar de que vivimos para ella, a pesar de que no anhelamos otra cosa, a pesar de que lo que queremos es adelantar mucho pero adelantar seguros, más de una vez hemos sido los que hemos tenido que salirles al paso a medidas descabelladas, a maniobras locas, que aparentemente son buenas y tras ellas se esconde la ruina de nuestra Revolución; serían la ruina de todos .
Agricultores y productores son ustedes que saben que producir es cosa de tiempo y de trabajo, que recoger el fruto de algo es cosa de tiempo y de trabajo, que unas cosas llevan más y otras menos, que un cultivo puede durar cuatro meses en producir frutos o puede durar cuatro años, puede durar 20 años si se trata de un cedro, por ejemplo.  Y es que nada en esta vida se logra por arte de magia, nada en esta vida se logra sin trabajo, nada en esta vida se logra sin grandes obstáculos, y nosotros tenemos 50 años perdidos.  ¿Qué queremos?  Recuperar esos 50 años, recobrar lo que hemos perdido en tanto tiempo, recobrarlo lo más pronto posible.  Pero, ¿puede recobrarse sin plan?  ¿Puede recobrarse en medio de la anarquía?  ¿Puede recobrarse en tres días?
¿Qué ocurriría si, por ejemplo, nosotros hoy aquí le repartimos 1 000 millones de pesos a ustedes?  Mil millones significaría que las tiendas se quedan vacías.  Entonces, no hay más artículos.  ¿Qué ocurre?  El artículo se duplica, se triplica, se cuadruplica de precio.  Con 1 000 millones posiblemente se pongan diez veces más los precios de los artículos, si son artículos nacionales.  Más, si no son artículos nacionales, ¿qué pasaría?  Que como afuera no vale nuestro dinero y hay que echar mano del dinero extranjero que tenemos para comprar maquinaria, porque no la podemos producir aquí; para comprar equipos, porque no podemos producirlos aquí —aunque tenemos la esperanza de producirlos más adelante —, se agotarían las reservas, las pocas que nos dejaron, las que estamos ahorrando con nuestra campaña de consumir artículos nacionales.
Cuando decimos:  Cómanse una lata de cascos de guayaba y no una lata de melocotón, es porque, sencillamente, en esa lata de cascos de guayaba trabaja un cubano y hay un fruto cubano, que lo recogió un cubano que se gana la vida recogiendo guayabas en el campo; y cuando compramos una lata de melocotón no solo estamos olvidándonos del cubano que se gana la vida en ese producto, sino que, además, aquí se paga un peso, un “Martí”, pero cuando esa lata se va a pagar fuera, ese dinero va para el banco y del Banco Nacional sale no ese peso —que ojala pudiéramos comprar allá con los pesos, porque no tendríamos más que imprimirlos y tendríamos resueltos todos los problemas—, sencillamente, allá hay que pagar con un dólar, o con oro, y ese es el dinero producto de nuestras zafras y nuestras exportaciones.
Si ese dinero se agota, nos habremos comido la semilla.  Es como cuando a un campesino le dan un barril de papas para que la siembre. Vamos a suponer que el campesino tiene hambre, ¿qué debe hacer con ese barril de papas?  Sembrarlo.  ¡¿Cómo?!  Si se la come, desayuna ese día y al otro día, pero a los tres meses deja de tener 20 barriles de papa.  Comida para hoy y hambre para después.  Preferible es hambre para hoy y comida para después.  Cuando se tiene un barril, eso hay que sembrarlo.  Si nosotros nos comemos en melocotones, en arroz importado —porque todavía no lo producimos— y en víveres lo que no podemos producir aquí, sencillamente es como si nos estuviéramos comiendo la semilla.  Digeriremos los melocotones, el arroz y todas esas chucherías, pero no tendremos tractores para hacer producir nuestra tierra; no tendremos fábricas para hacer producir nuestra riqueza, darles trabajo a nuestros obreros y a nuestros desempleados.  Siempre viviremos en la miseria, porque nadie nos va a prestar.  Es difícil que nos presten y más vale que tengamos la seguridad de nuestros ahorros, porque si no ahorramos, si nuestro pueblo no ahorra, no se crea que nadie va a venir a regalarle lo que necesita para su desarrollo, lo que necesita para su crecimiento económico.
Esa batalla la tenemos que librar nosotros y eso lo comprenden ustedes.  Suficientemente inteligentes son para comprender estas razones que solo no se comprenden cuando a los pueblos se les seduce con principios falsos, como hemos estado viendo muchos años, porque aquí hay cosas que si hubiesen estado en manos de nosotros, las habríamos dado de corazón, con el mayor placer, que es el placer que recibimos cada vez que vamos a un campesino y le damos un tractor, cada vez que vamos a un campesino y le damos crédito, cada vez que vamos a un campesino y le damos tierra; cuando proporcionamos alguna medida que hace felices a nuestros compatriotas, que eso es lo único que perseguimos nosotros, cueste lo que cueste a los intereses creados, porque, en definitiva, estamos aquí para hacer una patria nueva, sobre bases distintas, con medidas propias, que conduzcan a la felicidad de todos nosotros y que conviertan a Cuba en ejemplo de América y en ejemplo del mundo .
Eso es lo que hacemos con absoluta honradez, con infinito desinterés, y entendemos que si más no hemos hecho es porque no ha estado al alcance de nuestras manos, mas no al alcance de nuestra voluntad, con la que queremos hacer todo lo que creemos que podemos hacer por Cuba, y hacerlo cuanto antes.
¿Es que puede hacerse todo eso sin plan?  ¿Es que además de todo el trabajo que tenemos constantemente hay que sufrir a cada instante la amargura de saber que en un pueblo por allá se sublevaron?, porque casi equivale a una sublevación cuando se levantan barricadas en una calle; y no han faltado casos, como en Manzanillo, donde en una ocasión se levantaron barricadas por las calles, casos de pueblos que no se sabe qué móviles ocultos, qué intereses ocultos han llevado a los pueblos al estado de exaltación. ¿Exaltación contra quién?  ¿Contra gobiernos de politiqueros?  ¿Contra gobiernos de traidores? ¿Por qué hay todavía quienes no se dan cuenta de que este es un gobierno revolucionario, enteramente revolucionario y radicalmente revolucionario, al que se le ayuda o se le combate? Porque la Revolución es una, y se está con ella o se está contra ella, porque aquí no hay margen para otras posiciones, porque a nosotros nadie nos va a superar la parada, porque creo que tenemos un récord en realizaciones en cuatro meses, y hemos apuntado hacia una revolución verdaderamente profunda, que cuando haya cumplido sus objetivos muy pocas cosas quedarán por hacer en nuestra patria.
Estos razonamientos llevan como de la mano los problemas que hemos estado observando, tan evidentes que ustedes los han sufrido: han subido los precios en diversos artículos de primera necesidad.  La vida en el interior de la república —con extraordinaria sorpresa nuestra— encontramos que había subido su costo en el almidón, en los frijoles colorados y, sobre todo, en los zapatos y en la ropa. ¿Ese aumento de precio puede tener justificación?  (EXCLAMACIONES DE: “¡No!”)  Si es por especulación, no puede tenerla, porque no estamos haciendo una campaña a favor de los productos nacionales para que vengan los egoístas a aprovecharse de esa campaña subiendo los precios de los artículos de productos nacionales.  Si es porque aumentaron los costos de producción, tampoco tiene justificación, porque no es justo que aumenten los costos en centros de trabajo que tienen salarios más altos y que esos costos los vayan a pagar precisamente aquellos que tienen los salarios más bajos, los vayan a pagar precisamente nuestros obreros azucareros, los vayan a pagar —peor todavía— nuestros obreros agrícolas, que ganan dos pesos, dos cincuenta y tres pesos , o que los vayan a pagar —peor todavía— los que ni siquiera tienen trabajo y viven hasta de un garrotero, si es que quedan garroteros por ahí.
Sencillamente cuando no hay orden, cuando no se tiene la paciencia de esperar que el gobierno dicte las medidas, si los precios van a estar aquí expuestos a todas las batallas campales que en cada sindicato se puedan librar, pues las consecuencias son que de la anarquía y del desorden no se produce nunca nada útil, no se produce nunca nada fijo.  Cuando se discutan esos salarios hay que garantizar, antes que nada, que los dos pesos que se le van a aumentar a un obrero de ocho pesos no lo vaya a pagar un obrero de 12 pesos, porque entonces queda el patrono como generoso, como que accede, y resulta que se le carga en los productos al pueblo, a los sectores que menos ganan, y eso es lo doloroso, lo que a nosotros nos impresionó profundamente cuando fuimos a la Sierra Maestra, cuando fuimos a la cooperativa “José Martí” y allí, en la tienda, que es también una cooperativa de consumo, nos encontramos una serie de artículos que habían subido de precio.
Eso, ¿cómo se puede calificar?  De engaño, de injusticia.  Sería cruel que nosotros cayéramos en la demagogia de comenzar a elevar los salarios para que juntamente con ellos se eleven los precios, y esa es la consecuencia cuando se exceden de sus límites, porque la producción ha estado ajustada al consumo.
Ahora les voy a explicar una cosa tan sencilla que no quedará nadie sin entenderlo:  no es posible duplicar el estándar de vida del pueblo si no se duplica nuestra producción, no es posible triplicar el estándar de vida del pueblo si no se triplica nuestra producción, no es posible cuadruplicar el estándar de vida del pueblo si no se cuadruplica nuestra producción.  Y hacerle la ilusión al obrero de que el problema es de decretos, de que el problema es de guerra sin cuartel y no de aumentar por todos los medios posibles nuestra producción, es una demagogia y es un engaño que los primeros en sufrirlo mañana son los propios obreros, las propias clases humildes de nuestro pueblo, al que queremos redimir y al que no se podrá redimir si no es con la técnica, si no es con la industrialización y con el aumento de nuestra producción.
Solo los demagogos o los cobardes ocultan al pueblo esas verdades, porque es más cómodo decir aquellas cosas que gustan de momento, ofrecer a los labios hambrientos de nuestro pueblo una confitura hoy para mañana no poderles dar nada; es más cómodo despertar ilusiones falsas y eso hacen aquellos hombres que no tienen responsabilidad de sus deberes, que no están claros en su conciencia de que el gobierno no puede engañar al pueblo, y que, en definitiva, los pueblos son lo suficientemente nobles para agradecerle al que les dice la verdad, aunque la verdad no sea la que alegre de repente; pero es la que depara, sin embargo, un porvenir verdadero para sus pueblos .
Esto es lo que nosotros hacemos constantemente con el pueblo y cuando tengamos que enfrentarnos a cualquier maniobra, a cualquier plan entorpecedor que no persiga frutos verdaderos para la patria, sino el propósito de tipo político del engrandecimiento de poderes determinados o de influencias determinadas, nosotros, que como gobernantes estamos por encima de cuestiones tendenciosas y de cuestiones partidaristas, como gobernantes también estamos en el deber de decirle al pueblo la verdad y de advertirle aquellas cosas que no le hacen bien, sino que le perjudican .  Es, por tanto, necesario que en la conciencia de cada obrero se abra hoy la consigna de qué es lo que conviene a la clase obrera, la consigna de que darle tiempo a la Revolución es lo que conviene a la clase obrera.
Si como consecuencia de nuestra situación mala, como consecuencia de nuestra estrechez económica, nosotros creemos que la solución es producir menos, o creemos que la solución es producir la inflación y llenarnos de ilusiones de que vamos a mejorar sin aumentar nuestra producción, nos estaríamos haciendo un tremendo daño, porque desde aquí, desde donde llevamos la dirección del Estado, de un Estado que necesitamos tiempo para cambiar porque muchas veces ni sirve para nada, les puedo decir —desde luego que nosotros sabemos las dificultades que encuentran los gobernantes— que todo lo que perturbe los planes del Gobierno Revolucionario le hace daño al pueblo, que todo lo que tienda a agravar la crisis de ese pueblo le hace daño, porque nuestras leyes producen descontento en determinados intereses —intereses que se contraen, intereses que todavía aprovechan los recursos que tienen en sus manos para hacernos daño— y no puede ser de ninguna manera inteligente ayudar a que el daño que hagan sea más grande, a que la contracción sea mayor y a darles pretextos para que todavía ejerzan con mayor fuerza los recursos que tienen en sus manos para obstruccionar la tarea revolucionaria.
Conclusión: estamos en tiempos nuevos, estamos en tiempos distintos y no podemos plantear los mismos métodos, los mismos procedimientos y las mismas actitudes mentales que nos planteábamos en el pasado, en que la única aspiración del obrero no era reformar al país, sino ganar unos centavos más; en que no había una gran aspiración política de por medio, sino, simplemente, cuestiones meramente económicas.
Cómo es posible estar tan ciegos que no veamos el gran objetivo político que hoy tiene delante la clase, junto a todo el pueblo, de cambiar la estructura económica y social de la nación.  Cómo vamos a comportarnos como si nuestras aspiraciones fuesen meras aspiraciones de demandas económicas, como antes, y no la gran aspiración revolucionaria de transformar radicalmente a Cuba, que es lo que de veras permitirá un ascenso extraordinario en el nivel de vida de todo el pueblo, sobre todo para llevar cuanto antes el alivio a los que están sin trabajo, llevar después cuanto antes el alivio a los que ganan menos y después que hayamos ido nivelando, porque todos tenemos los mismos derechos, todos tenemos las mismas necesidades, hay que ir a un equilibrio en el salario.
De la misma manera que se establece que a igual trabajo igual salario, podemos decir que a igual condición de obrero igual salario, porque todos tienen hijos y todos tienen familia .  La justicia no puede ser justicia por sectores y lo que es justicia para un sector debe ser justicia para toda la clase; lo que es justicia dentro de un sector, y todo el mundo lo considera justo cuando dice a igual trabajo igual salario, debe ser justo y es justo también para toda la clase.  Sin embargo, nos olvidamos de eso y actuamos como sectores divorciados del resto de la clase, como sectores divorciados del resto de la nación, porque nos olvidamos de que hay un gran objetivo revolucionario por delante, un gran objetivo político por delante y nos concretamos por completo a las demandas como lo hacíamos en otros tiempos, cuando no aspirábamos a lo que hoy podemos aspirar, a una transformación de la nación.
Nosotros tenemos que estar muy conscientes de ese objetivo que perseguimos y lo estamos consiguiendo desde el gobierno, lo estamos consiguiendo con el beneplácito del pueblo, porque ve que no nos guía otro interés que servir a la patria, que no nos guía otra orientación que cumplir con nuestro deber, que sabemos lo que es, porque sabemos cómo se pone fin a la explotación, porque sabemos cómo se pone fin a la injusticia, porque sabemos cómo se pone fin a los privilegios.  Lo estamos haciendo con nuestros propios métodos y estamos avanzando rápidamente, y tenemos la seguridad más absoluta de que lo lograremos, como pocas revoluciones lo han logrado, tan pronto como pocas revoluciones lo han logrado nunca, porque la historia de otras revoluciones demuestra los sinsabores y los sacrificios que tuvo que hacer el pueblo.
Nosotros no queremos cometer errores y debemos advertir al pueblo de cada error que le obligue a pagar un precio muy alto, un precio demasiado alto de sacrificio, por lo que nosotros con inteligencia, con coordinación, con cooperación podremos lograr en beneficio de ustedes, en beneficio de nuestros hijos, más prontamente, más fructíferamente, porque las culpas de nosotros, el fracaso de nosotros, no podremos echárselo a nadie, sino que tendremos que echárnoslo nosotros mismos.
Tengo la seguridad de que estas palabras, dichas al corazón de nuestro pueblo, verdades que son irrebatibles, nuestro pueblo las comprenda, porque si nuestro pueblo no comprendiera estas cosas, desdichado nuestro pueblo porque estaría condenado a vivir arrastrando esa larga cadena de penas y miserias de las que solo se libran los pueblos cuando tienen las virtudes, la identificación y las cualidades necesarias para librarse de ellas.
Ahora ustedes se reúnen en un congreso, estudien, discutan aquellas cosas que crean que caben dentro de nuestro proceso en este momento, aquellas aspiraciones que sean alcanzables, sin ir a obstaculizar un átomo nuestro programa, sobre todo ahora que la reforma agraria plantea la tremenda conmoción en determinados intereses que pueden producir contracciones y que nosotros necesitamos adelantar, invertir todos los millones posibles cuanto antes para poner en producción nuestra agricultura, con métodos técnicos y fundamentalmente a través de cooperativas.
Ahora tenemos que hacernos cargo lo más rápidamente posible de todas las tierras comprendidas dentro de la reforma agraria y ponerlas a producir, conscientes de que esa es nuestra tarea inmediata, que vamos a aliviar la terrible situación del hombre de campo, que vamos a aliviar el exceso de personal que pesa sobre las fábricas.
Así, en la misma medida en que vayamos convirtiendo los centrales en centros industriales, iremos logrando primeramente el ideal de trabajar todo el año.  ¿Cómo?  Fomentando la industria en todos los medios posibles.  Vamos a industrializar el bagazo, vamos a industrializar el cogollo y todo lo que sea posible industrializar.
Incluso, el instituto con sus propios recursos promoverá aquellas industrias que sea posible promover, porque para eso tenemos fondos, y donde haya un proyecto y técnicos, vamos a poner una fábrica con los recursos de la nación.  No vamos a estar dependiendo solo de que los intereses particulares se movilicen, porque si ellos no se movilizan, nosotros movilizaremos los recursos de la nación para industrializar al país.
Así, lo que necesitamos es ahorrar, lo que necesitamos es producir y vamos a ir produciendo sobre una base económica social distinta, porque en esas cooperativas los que recibirán los frutos de sus esfuerzos serán sus integrantes.  No habrá huelgas ni problemas, porque estarán los hombres produciendo y recogiendo los frutos de su trabajo.  Allí no habrá problemas de ninguna índole y nosotros, poco a poco, iremos llevando adelante la institución y nuestra Revolución en la misma medida en que vayamos aumentando la producción, única forma —lo repito— de aliviar el estándar de vida.
Si tenemos un millón de huevos, no podemos dar 2 millones si las gallinas no ponen ese otro millón de huevos; no podemos dar 3 millones si tenemos uno, mientras las gallinas no pongan esos otros 2 millones. No podemos dar lo que no se ha producido, no podemos repartir lo que no se ha producido; no podrán comer carne nuestras familias en los centrales y en los campos si no triplicamos nuestra producción de carne. Por eso nuestras medidas deben ir hacia el aumento de la producción en todos los órdenes, ayudados por los más modernos métodos técnicos y sobre una base económica social distinta de la que ha sido hasta hoy, solo el privilegio y la explotación del pueblo; y esa es la obra que ustedes comprenderán que necesitamos ayuda de todos para llevarla adelante.
Debemos discutir aquí aquellas cosas que se ajusten a ese programa, y al demagogo salirle al paso y decirle: “No venga con demagogia, no venga a hacer política aquí”; tener el valor de decir las cosas, que esa es la virtud de un líder, ese es el valor de un líder, y ajustar nuestros planes a lo posible, a la estrategia de la Revolución, que nosotros lo que podemos dar, lo damos sin vacilación; lo que no podemos dar, lo que no está todavía al alcance de nuestras manos dar...
Ahora se va a discutir la superproducción, y sobre esa aspiración quiero decir aquí que nosotros podemos dar lo que aspiran nuestros trabajadores sobre la superproducción.  Eso aliviará sin producir inflación, sobre todo porque va a parar a manos de los obreros en este tiempo muerto que comienza, y precisamente eso significará un alivio en medio de las consecuencias que nuestra ley agraria va a producir.
Mas no solo eso, sino vamos a tomar medidas para que los precios de los artículos industriales vuelvan a lo que estaban cuando empezó la Revolución, de manera que no resulten estafados nuestros obreros con los precios, y vamos a establecer el principio de que nadie puede alterar un precio sin el consentimiento del Ministerio de Comercio, y que solo se hará —cuando se haga en el futuro— en favor de aquellos artículos donde los salarios sean bajos, para ir aliviando el ingreso de ese sector.  Por lo tanto, siempre que se resuelva un problema laboral, el primer punto a ponerse de acuerdo será sobre los costos, a fin de que esos problemas se resuelvan en la escala de salarios en los casos en que va a revertirse la mejora, sobre la parte más pobre del pueblo, que es la tesis que hemos venido sustentando nosotros desde el principio.
También nosotros desde el gobierno comenzaremos, junto con todo el programa agrario e industrial del Gobierno Revolucionario, que es donde único está la solución de nuestros males, de nuestro estado actual de estrechez económica, en que no nos alcanzan las cosas que hay para vivir malamente, y que solo resolveremos con la fórmula de la reforma agraria y el desarrollo industrial por todos los medios posibles; iremos hacia soluciones definitivas de los problemas económicos, como son todos los que afectan la cultura de nuestro pueblo, la vivienda de nuestro pueblo, la salud de nuestro pueblo y la seguridad económica de nuestro pueblo.
Nosotros vamos a darnos a la tarea de resolver el problema de la vivienda en los centrales azucareros, porque si nos ponemos a esperar que la construyan los señores hacendados, sería una tomadura de pelo más.  No confío en otra solución sino que los organismos del Estado, con los recursos del Estado que se perciben mediante impuestos determinados, construyan, con un estándar igualitario, más o menos, las viviendas en los centrales azucareros , y en el establecimiento allí de todos los centros escolares necesarios, con sus campos deportivos y su asistencia material a los alumnos; porque cuando una familia tiene siete hijos y cinco van a la escuela y allí se les puede dar el desayuno, los libros, las medicinas y el médico, es como si a esa familia se le aumentaran 100 o 150 pesos de sueldo, puesto que se les está brindando un servicio a los hijos, y los hijos yo sé que son la preocupación fundamental de cada padre o de cada madre, porque cada vez que vemos a un obrero sin trabajo, cada vez que vemos a un obrero preocupado, no está preocupado por él, está preocupado porque los hijos están pasando hambre, está preocupado porque los hijos están descalzos, porque no tienen escuelas, porque no tienen ropa, porque no tienen medicinas, porque no tienen zapatos, y del conjunto de sentimientos que lleva el hombre dentro, una parte importantísima la estamos eliminando cuando el Estado brinde lo que hasta hoy no ha brindado nadie.
Las familias irán elevando su estándar de vida cuando tengan una casa cinco o diez veces mayor a las que tienen hoy, si es que se pueden llamar casas a las que tienen hoy muchos obreros; estaremos elevando el estándar de vida cuando en esas casas tengan todo lo necesario que pueda tener cualquier familia de clase media o rica; cuando tengan la alimentación que pueda tener una familia de clase media o rica, estaremos elevando el estándar de vida; cuando los hospitales nuestros sean como los mejores hospitales privados, estaremos elevando el estándar de vida; cuando tengan sus hijos escuelas como las mejores escuelas privadas, y tengan la seguridad de adelantar de acuerdo con sus cualidades y que si es un talento tenga la oportunidad de ir después a grandes centros de educación y ser un día famoso por su inteligencia, aunque sea el hijo del que fuera obrero de un central azucarero, estaremos elevando el estándar de vida de la familia.
Cuando vayamos dando, mediante el esfuerzo y mediante el trabajo de todos, mediante el aumento de la producción, después de vencer todos los obstáculos que una revolución tiene que vencer, los intereses que una revolución tiene que vencer, porque tenemos que producir a toda marcha, tenemos que producir sobre la batalla, tenemos que marchar, luchar con obstáculos y al mismo tiempo producir; cuando vayamos dándole todo eso, que es la aspiración material y espiritual del hombre, dentro de nuestra concepción de las libertades humanas, estaremos llevando adelante nuestra concepción revolucionaria, que nosotros aspiramos a que sea una concepción mejor de cuantas concepciones revolucionarias se han planteado en el mundo .  Y así, ir poco a poco adaptando nuestra mente a estas verdades, que no las dice un farsante, que no las dice un demagogo, que no las dice un hipócrita, que las dice un compatriota honrado puesto aquí, en el lugar que el destino lo ha puesto.
No quiero, al dirigir al pueblo, nada; no quiero otro premio sino la satisfacción de cumplir con nuestro deber, porque, ¿qué títulos y qué gloria puede haber para los que aquí vivimos con esta cruz a cuesta?  Todos los días las incomprensiones de esta lucha. ¿Qué premio puede haber mayor que saber que con interés infinito ha sabido ayudar a sus hermanos, ha sabido ayudar a su pueblo, ha sabido llevarlo por el camino del bien, ha sabido responder a la confianza que se ha puesto en él?
Y para finalizar, quiero decirles que, junto con la medida de la superproducción, muy pronto implantaremos otra medida, que es una pensión mínima de 160 pesos a todos los jubilados azucareros , donde estarán posiblemente, familiares de ustedes, allegados a ustedes, y cuando menos, amigos...
FIDEL CASTRO RUZ

Fuente: http://www.cuba.cu/gobierno/discursos

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