mayo 09, 2013

Discurso de la Presidenta, Cristina Fernández, en el acto de inauguración del espacio Mansión Sere (2013)

DISCURSO EN EL ACTO DE INAUGURACION DEL ESPACIO MANSIÓN SERE, AL CONMEMORARSE 37 AÑOS DEL ÚLTIMO GOLPE MILITAR, EN LA LOCALIDAD DE CASTELAR, PROVINCIA DE BUENOS AIRES
Cristina Fernández
[22 de Marzo de 2013]

Muchas gracias. Gracias, yo también los quiero mucho a todos.
Primero muy buenos días a todos y a todas, a todo Morón: hoy es un día muy especial por muchas cosas. Estamos a 48 horas, un poco menos, del 24 de marzo, de otro aniversario que no quisiéramos tener los argentinos, porque a uno le gustan los aniversarios, aún aquellos hechos controversiales o no, pero este es un aniversario que no nos gustaría tener que recordar, pero que sí tenemos la obligación de recordar.
Yo quiero agradecer en primer término la presencia de las organizaciones de Derechos Humanos, de Madres, de Abuelas, HIJOS, familiares, ex Detenidos Desaparecidos de la Mansión Seré. Ahí están en primera fila hombres y mujeres que sufrieron tormento y tortura en este lugar.
Pero también quiero agradecer, ustedes podrán ver aquí, están a la vista, estos son los legajos originales de la CONADEP, de aquella Comisión Nacional creada durante la gestión del presidente Alfonsín; son los originales que no estaban en poder del Estado porque Pablo Ferreira, agente de la Secretaría General de la Presidencia de aquel momento, los rescató temeroso de que pudieran desaparecer los originales y hoy entrega al Gobierno Nacional los originales juntamente con la nota original firmada.
Hemos invitado a este acto a todos los presidentes de los distintos bloques de Diputados y Senadores de la oposición y también a los miembros sobrevivientes de aquella Comisión, que quiero recordar exactamente los nombres: Ricardo Colombres, René Favarolo, Hilario Fernández Long, Carlos Gattinoni, Gregorio Klimovski, el rabino Marshall Meyer, Monseñor Jaime De Nevares -nuestro querido Jaime De Nevares- Eduardo Rabossi, Ernesto Sábato, nuestro querido escritor, Hugo Diógenes Piucill. Invitamos también a la señora Magdalena Ruiz Guiñazú, periodista que formó parte de esa Comisión, que por compromisos familiares no pudo asistir pero nos hubiera gustado tenerla presente; Horacio Huarte, que no pudo venir porque en estos momentos está declarando en los Tribunales de Bahía Blanca también en juicios de lesa humanidad, y el diputado Santiago Marcelino López que creo que está presente, me dijeron que iba a venir y formaba parte de esta Comisión.
Tenemos junto con nosotros también dos secretarios, porque en la Secretaría de la Comisión estaba Graciela Fernández Meijide, que la invitamos pero que está en el exterior y no pudo asistir, y Daniel Salvador que creo que también está entre nosotros y nos acompaña, Secretario de la Comisión, y el señor Leopoldo Silgueira que también asiste, Secretario de la Comisión.
El propósito de esto es saber que esta recordación no es patrimonio de ningún sector político de la Argentina, porque cuando se atenta contra la democracia, cuando se expulsa de la Casa de Gobierno a un gobierno votado por el pueblo, aún cuando no se pueda estar de acuerdo con las políticas de ese gobierno, cuando se cierra un Parlamento donde están representados las provincias y los pueblos del país, no se atenta contra un partido o contra un sector político, sino que se atenta contra la democracia que es la forma de vida en que queremos vivir todos los argentinos.
Nos acompaña también junto a los ex detenidos desaparecidos, Carlos García que fue uno de los que huyó en aquella noche del 24 de marzo de 1978 junto a Rusomano, a Fernández y Tamburrini, los los están fuera del país viviendo en España, en Francia, en Suecia. Uno entiende estas cosas porque no debe ser fácil por allí con todo lo que le pasó a uno y comprendo como argentina y como Presidenta que le queden cosas adentro que le impidan volver. Muchas veces juzgamos con demasiada facilidad, con demasiada ligereza y creo que tenemos que entender las cosas que forman parte de la condición humana.
Recién decía el Intendente, la forma, porque este lugar no quiere ser un lugar de recuerdo de la muerte, acá queremos conmemorar la vida, y porque queremos conmemorar la vida hay un espacio de la memoria pero la mayor parte del predio está ocupada en actividades vitales, en el deporte, en la cultura, en la expresión, en las mejores expresiones y en las mejores virtudes de la condición humana. Porque bueno es saber también que la condición humana tiene estas cosas, lo dije muchas veces, lo repetí también en otros lugares lejanos de esta tierra donde sería fácil para nosotros imaginar que quienes cometieron estos hechos fueron monstruos o seres extraterrestres, porque nos dejaría con la conciencia tranquila de que no puede haber un hombre o una mujer que hagan estas cosas. Pero no, los que han hecho estas cosas han sido hombres y menos mujeres, lo cierto es que han sido menos mujeres, han sido hombres que cuando llegaban a sus casas dormían con su mujer, besaban a su hijo, acariciaban a su perro, comían en la mesa, y también iban a misa o a cualquier lado, pero lo importante es saber que en la condición humana había también lo peor y lo mejor del ser humano, y que está en cada uno de nosotros hacer el esfuerzo personal desde adentro hacia fuera para que en cada uno de nosotros aflore únicamente lo bueno y lo mejor; que tengamos la fuerza suficiente para dejar de lado lo malo, lo feo, el odio. El odio nos convierte también en personas feas, en personas que tal vez sufran sin darse cuenta, no se puede vivir con odio.
Recién charlábamos de las contradicciones con Carlos García. Me decía que él era militante de la UES, porque aquí también como decía Lucas hubo militantes y no militantes. Tampoco, por favor, hagamos una Argentina silente en la que parecía que los que estaban presos lo estaban porque estaban presos y nada más. Eran militantes políticos que luchaban por ideas; había otros que ni siquiera eso, que a lo mejor figuraban en una agenda o eran parientes o se equivocaban.
Me contaba recién Carlos, para que veamos la tragedia que vivió la Argentina, que en la misma habitación que estuvieron él y sus tres compañeros que pudieron huir, estuvo otro que no pudo huir y que era militante de la UES, que le decían “el vasco”, cuyo apellido era Astiz y es primo del otro Astiz que hoy está siendo juzgado. Digo esto para entender la tragedia que hemos vivido, familias donde había una víctima y del otro lado un victimario. Y entre los empleados que hoy estamos reconociendo, porque muchísimos empleados del Estado Nacional figuran todavía como cesantes, suspendidos. No, no estaban cesantes o suspendidos porque abandonaron el trabajo, sino simplemente porque son detenidos desaparecidos, entre ellos el papá de nuestro querido compañero Juan Cabandié que por entonces era empleado de Entel, de la vieja Entel. ¿Dónde está Juán? Ahí está Juan. El papá de Juan figuraba como “en abandono de servicio”. No, no había abandonado el servicio, o abandonado el Estado, no sé cuál era la calificación, lo cierto es que era un manto de silencio y olvido sobre la situación, sobre la verdadera situación de detenidos y desaparecidos por el terrorismo de Estado.
Yo creo que hay una clave en todo esto. ¿Cómo se remonta esto? Se remonta obviamente con memoria, con verdad y con justicia, que hoy se están cumpliendo en los distintos tribunales del país.
Hace pocos días también, para ver esto que afectó a todos los argentinos, comenzó en Rawson un juicio por la muerte con tortura del entonces diputado radical Abel Amaya y el entonces senador radical Hipólito Solari Yrigoyen, que también fue torturado pero pudo sobrevivir, su compañero Amaya no pudo sobrevivir.
Por eso es bueno que entendamos que esta, con todas sus contradicciones es una fecha de la democracia, de esa democracia que tanto costó recuperar y en la que debemos asegurar, porque  lo que pasó no fue por casualidad ni porque sí. Si uno mira los índices que tenía el país de ocupación, de nivel de vida, de calidad de vida, de industrialización, de trabajadores, de desarrollo social que tenía al momento de producirse el golpe, y cómo terminamos luego en 1983 cuando llega la democracia, y luego lo que pasó en la segunda parte cómo terminamos en el 2001, vemos que realmente el mejor homenaje que se puede hacer a todos aquellos que hoy no están o los que están y sufrieron, es precisamente seguir logrando esta Argentina con mayor inclusión social, con mayor trabajo, de fábricas abiertas, de ciencia y tecnología,
Porque a ese 24 de marzo no se llegó de repente en un plato volador. En Berazategui estamos inaugurando lo que recién nos contaban Patricio el Intendente, Alicia y Mónica, que obtuvo su título secundario, víctima de violencia de género y que hoy está estudiando en la universidad; allí se hizo un Paseo de la Memoria que abarca los 200 años de historia, un paseo de 500 metros construido por cooperativistas de Argentina Trabaja, que construyeron ladrillo por ladrillo, luminaria por luminaria, y están todos los hechos de la historia, desde las huelgas de la Patagonia hasta la Semana Trágica, la caída de Yrigoyen, el bombardeo a la Plaza de Mayo, la Noche de los Bastones Largos. Allí estaba el fallecido Gregorio Klimovsky, un gran científico argentino que se quedó en el país pero cuántos como Gregorio Klimovsky se fueron del país porque esa noche entraron a los bastonazos en la Facultad de Ciencias Exactas, porque siempre le tuvieron miedo al conocimiento, a la ciencia, a los que pensaban, a los que creían. 
Por eso además del trabajo nosotros tenemos que honrar la memoria a partir del conocimiento, de la ciencia, de la tecnología, por eso esa casi obsesión que tengo por lograr la recuperación de cerebros que se fugaron del país, que los fugaron del país por falta de oportunidades o persecución política, como pasó en el 66, creo que allí se fue César Milstein que luego resultó ser Premio Nobel.
También en ese Paseo de la Memoria está Malvinas, nuestros combatientes, nuestros soldados, los que fueron a defender con su vida la patria y a quienes también les debemos el honor de la memoria, el recuerdo permanente y eterno, y el agradecimiento, hijos del pueblo. Esta compleja historia argentina que requiere por parte de todos un gran esfuerzo para superar los momentos de tragedia y para volver a recuperar la alegría, porque todos sabemos que una de las claves de la derrota de los pueblos el insuflarles pesimismo y tristeza. Ningún pueblo pesimista, triste, puede ser libre y nosotros queremos pueblos libres, hombres y mujeres libres que puedan elegir qué vida quieren vivir, a qué Dios le quieren rezar, cómo quieren ser. Libertad que también implica un profundo respeto y amor al prójimo; no hay libertad sin amor al prójimo.
En este día tan hermoso de sol nos vemos rodeados de verde, rodeados de esta juventud que se ha incorporado a la política y que parecía haberse retirado definitivamente de la vocación noble que significa militar. Militar también es una vocación de servicio, es importarte lo que le pasa al otro, es tener ganas de ir el fin de semana a pintar una escuela, a hacer trabajo social a la villa o al barrio de emergencia. La experiencia de aquella juventud que tenía distintas vertientes, cuánto militantes sociales, catequistas católicos que se incorporaban al trabajo en las villas, todos esos chicos que luego reaparecieron con el advenimiento de la democracia con muchas ilusiones y esperanzas, que se frustraron y finalmente parecía que quienes habían dado aquel golpe el 24 de marzo habían logrado su objetivo. El objetivo no sólo era un país sin industrias, un país donde manejara solamente el capital financiero, era además instalar en cada uno de los argentinos que no valía la pena ocuparse del otro porque si te ocupabas del otro te podía pasar algo; mejor ocuparte de vos mismo y si estabas ocupándote de vos mismo no te pasaba nada. El miedo. Y al miedo le siguió el egoísmo, el egoísmo es el hijo del miedo, no lo olviden nunca, solamente los que tienen miedo pueden ser egoístas, los que no tienen miedo son solidarios. Hay que tenerle miedo sólo al egoísmo y a la insolidaridad que nos deja solos.
Recién escuchaba a Tati y porque conozco su historia me voy a tomar la libertad de decirlo. Tati me dijo un día “yo era una gorila terrible, Cristina, yo no entendía nada”. Su hijo desapareció en 1975 en el ex Instituto Geográfico Militar, hoy Instituto Geográfico Nacional y Tati, y Estela que está por ahí también, Estela a quien un día le dimos el premio a los derechos humanos y con valentía en el Salón Blanco –estaba Néstor también- confesó que ella era una de las tantas argentinas que había estado en la Plaza de Mayo del 55, esa plaza que conmemoramos en Berazategui como uno de los hitos de esas tragedias, porque los argentinos tenemos que abrir la cabeza y entender todas las cosas que nos habían metido, esa cultura a través de medios, a través de una historia falsificada, de prejuicios entre nosotros mismos de creernos unos porque a lo mejor somos más rubios…, yo soy morocha, soy la morocha argentina, pero lo que quiero es que no peleemos, que nos entendamos, esta es la clave, porque hay algunos que quieren que nos peleemos, no les voy a dar el gusto, no nos vamos a pelear, nos vamos a entender los argentinos de una buena vez por todas.
Y hay gente, porque mi viejo también era así, hijo de inmigrantes, que por ahí porque son coloraditos, de ojos claros, pelirrojos o rubios, creen que son distintos a un morocho o un hermano latinoamericano. Y yo quiero que sepan que es cierto que podemos ser diferentes pero que ser diferentes no significa que uno sea mejor y el otro peor, tampoco creo en los iguales y todos igualitos, eso tampoco dio resultado, se cayó de a pedazos. Lo sabemos los que conocemos un poco de historia. Lo maravilloso es reconocerse en la diferencia porque Dios nos hizo a su imagen y semejanza pero a todos diferentes, para que tengamos la opción de elegir qué queremos ser. Esto es la condición humana, la diversidad, la pluralidad y la aceptación de esa diversidad y esa pluralidad. Ahí está la clave para que nunca más, nunca más vuelva a ocurrir el desencuentro entre los argentinos, porque bueno es señalar que pudieron operar y pudieron suceder cosas porque trabajaron sobre el desencuentro, sobre el enfrentamiento, sobre las vanidades, los egos y las mediocridades, y un puñado muy chico sobre sus intereses económicos, para manipular a todo el resto de una sociedad que muchas veces no entendía por prejuicios culturales que finalmente iban a ir por todos como pasó en ese 2001, cuando el país entero se cayó, salvo algunos pocos.
Por eso el 24 de marzo tiene que ser abordado desde esa caracterización, desde el entender, desde saber convencer al otro, y si no se convence paciencia, porque somos más los que nos hemos dado cuenta de lo que nos pasó y por lo tanto no vamos a volver a cometer los mismos errores. No podemos tener la soberbia de pensar que nunca nos equivocamos, porque yo siempre digo que los que más responsabilidad tienen para que el cambio y la transformación sigan adelante, son los que están convencidos de esa transformación y de ese cambio, y por lo tanto tienen la obligación de ser los más comprensivos, los más inteligentes, los más tolerantes y los que más entiendan.  No tolerantes porque esa palabra no me gusta mucho, me gusta entender, tolerar parece como que te tengo que aguantar, aceptar es la palabra adecuada.
Por eso quiero decirles a todos los argentinos, como dice la locutora que siempre me presenta, la Presidenta de los 40 millones de argentinos; quiero decirles a los 40 millones de argentinos que la patria es de todos y que necesitamos que todos puedan tener los mismos derechos. Necesitamos que Mónica pueda terminar su secundario, trabajar e ir a la universidad, para que no dependa de nadie más que ella y no pueda ser objeto de violencia; necesitamos que los chicos tengan su asignación universal por hijo para que vayan al colegio, les controlen la salud y puedan tener una niñez feliz; necesitamos que los científicos sigan trabajando con absoluta libertad en nuestro país y por sobre todas las cosas necesitamos esta maravillosa libertad que hemos conseguido donde cada uno puede decir lo que quiere y lo que piensa. Pero al lado de esa libertad vamos a luchar por más igualdad, por lo que menos tienen, por los más pobres, para estar  siempre junto a ellos. Ese es el mandato de los 30.000 desaparecidos, este es el mandato de los que ya no están, de los que sufrieron, estar junto a los que más necesitan, a los más vulnerables, a los más pobres, a los que no pueden defenderse con sus propias manos. En nombre de ellos y por ellos es que vamos a continuar en esta tarea de seguir cambiando a la patria y mejorándola todos los días un poquito más.
Muchas gracias y hasta siempre, los quiero mucho, que Dios los bendiga a todos y a todas. Muchas gracias.
CRISTINA FERNANDEZ

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