enero 22, 2014

Discurso de Fidel Castro en la clausura del III Congreso Nacional de la ANAP (1967)

DISCURSO EN LA CLAUSURA DEL III CONGRESO NACIONAL DE LA ANAP, EN EL INSTITUTO TECNOLOGICO “RUBEN MARTINEZ VILLENA”
Fidel Castro
[18 de Mayo de 1967]

― Departamento de versiones taquigráficas del Gobierno revolucionario ―

(LOS ASISTENTES AL ACTO COREAN:   “¡Fidel, seguro, a los yankis dales duro!”
Compañeros invitados; Compañeros delegados al III Congreso de la ANAP:
A los yankis hay que darles duro en muchas cosas (EXCLAMACIONES)  ¡Pero también hay que darles duro en la agricultura!  (APLAUSOS Y EXCLAMACIONES) Darles duro en la agricultura a los yankis es derrotar el arma principal, o una de las armas principales, que ha estado empleando contra nuestra Revolución, que es el arma del bloqueo económico, es decir, el arma del hambre.
Por eso, como ya nuestro Comité Central expresó en la declaración publicada hoy su opinión sobre problemas políticos internacionales, esta noche vamos a hablar aquí de los problemas agrícolas (APLAUSOS).   Es una magnífica forma de darles duro a los yankis.
Han transcurrido un poquito más de ocho años desde el triunfo de la Revolución, y creemos que después de ocho años tanto ustedes los campesinos, como nosotros los dirigentes de la Revolución, estamos en condiciones mejor que nunca de hablar y de entendernos.  Porque los campesinos saben ya de revolución mucho más de lo que sabían hace ocho años, y los dirigentes de la Revolución sabemos un poquito más de agricultura de lo que sabíamos hace ocho años. 
Y si ustedes saben mucho más de política y nosotros sabemos un poquito más de agricultura, es realmente fácil que podamos entendernos. 
No quiere decir esto que nosotros también supiéramos de política al principio de la Revolución.   Hay que decir que hemos tenido también que aprender bastante en este trecho de ocho años. 
¿Era fácil acaso entenderse en aquellos primeros tiempos?   No, no era fácil.   Ustedes sabían poco de política, nosotros también sabíamos poco —cuando hablo de política me refiero a la política revolucionaria—; nosotros no sabíamos de agricultura y ustedes sabían más que nosotros, pero también muy poco de agricultura.  En definitiva, espero que no se pongan bravos porque les diga eso (EXCLAMACIONES DE: “¡No!”).  Incluso, todavía sabemos poco. 
Ya sé que se levanta uno y dice: “Yo soy un experto en esto”; y se levanta otro y dice: “Yo soy experto en esta otra cosa.”  Hay algunos expertos, no hay que dudarlo; hay algunos agricultores muy buenos, que saben unos de tabaco bien, hay otros que saben de caña bien, hay otros que saben de cítricos, hay otros que saben de ganado.   Pero cuando hablamos de saber nos estamos refiriendo en general a los conocimientos de la gran masa, nos estamos refiriendo a los conocimientos de la inmensa mayoría. 
Pero no es en este momento que voy a hablar de esos problemas, sino que quiero más bien referirme al problema que hacía difícil que pudiéramos entendernos bien.  Entre los campesinos había siempre, desde el principio, una gran confianza en la Revolución; es decir que la fe en la Revolución nunca faltó en los campesinos.  Lo que no se sabía, el problema acerca del cual había en el mundo relativamente poca experiencia, el problema que incluso no había sido resuelto de una manera cabalmente satisfactoria en el mundo, era el problema de las reformas agrarias. 
¿Qué era una reforma agraria?  Todavía en el mundo se habla mucho de reforma agraria, cada uno tiene una concepción distinta de la reforma agraria.  Pero es el hecho de que a nuestra joven Revolución se le planteaba en el problema de la agricultura una de las tareas más difíciles:  ¿Cómo hacer la reforma agraria? 
Había quienes decían: “Pues es muy fácil: repartir toda la tierra.”  Incluso hasta aquel momento el concepto más generalizado en el país de cómo hacer una reforma agraria era el concepto de repartir toda la tierra. 
Y realmente, hoy vemos con toda claridad que aquella idea era una idea que habría correspondido perfectamente dentro de una sociedad capitalista.  Porque en aquella sociedad capitalista era imposible desde todo punto de vista hacer con la tierra, desde el punto de vista técnico y productivo, lo que se puede hacer cuando se emplean con ese fin todos los recursos de la nación.  Habría sido además, inicialmente, la más fácil de todas las reformas agrarias: tantos miles de caballerías, tantos campesinos u obreros agrícolas que están sin tierra. ¿A cómo se reparte? ¿A una caballería? No alcanza. Había cientos de miles de personas residentes o trabajadoras de las zonas rurales que querían tierra. ¿A media caballería?  No alcanzaba. ¿A un cuarto de caballería? ¿A un octavo de caballería? Nos referimos, desde luego, a caballerías agrícolas; no se trataba de repartir el Pico Turquino, o Cayo Romano, o Cayo Largo, o la Ciénaga de Zapata, sino de tierras agrícolas a un octavo de caballería. 
Y un octavo de caballería, si nosotros hubiésemos repartido la tierra a razón de un octavo de caballería...  Hoy se puede decir, hace cinco o seis años no se podía afirmar tan categóricamente, pero si hubiésemos repartido la tierra a un octavo de caballería esta Revolución habría ido al abismo.  Y, claro, como no íbamos a ir al abismo, entonces hubiera surgido lo contrario:  la necesidad de empezar a reunir todos los octavos de caballería otra vez; porque cuando llegara la hora de emplear una máquina, una combinada, aplicar todo un sistema hidráulico o un avión para fumigar o fertilizar, habría sido desde todo punto de vista imposible. 
Y, naturalmente, ahora lo sabemos.  Cuando nos ponemos a cultivar la tierra, cuando ampliamos la superficie de tierra cultivable, cuando aumenta el número de vacas a ordeñar, cuando aumentan las arrobas de caña a cortar, cuando aumentan los quintales de café a recoger, faltan brazos; y entonces surge la necesidad de la máquina.  Y, desde luego, no habríamos podido aplicar la máquina, y la propia necesidad de la aplicación de la técnica nos habría llevado a un proceso a la inversa si hubiésemos comenzado por repartir la tierra. 
¿Qué solución buscó nuestra Revolución?  El campesino, el que ya desde años viene trabajando la tierra, el que está acostumbrado ya a esa forma de trabajo y a esa forma de producción y que está pagando rentas, o que está pagando tercería, o que está pagando el 50% —todas aquellas formas de explotación que había con relación al campesino—, ese campesino ya está habituado a esa forma de trabajo, a ese campesino le gusta esa forma de trabajo, ese campesino tiene toda su mentalidad adaptada a eso.  Dejemos a ese campesino ahí, liberemos a ese campesino del pago de la renta, es decir, de la explotación, y comencemos a darle a ese campesino todos los servicios posibles educacionales, médicos, créditos, comunicaciones, en fin, todas las cosas que esté a nuestro alcance brindar. 
¿Pero por qué convertir un obrero agrícola, por qué convertir un trabajador, que un día puede ser un trabajador de la tierra con la ayuda de las grandes máquinas y con la ayuda de la técnica, en un propietario minifundista de tierra? Porque vamos a distinguir: hay el campesino que tiene 10 hectáreas, ó 20 hectáreas, y que puede desarrollar un cultivo; hay infinidad incluso de trabajadores que tienen un pedacito aquí, otros tienen un pedacito allá, y en realidad son cultivos de autoabastecimiento. 
Fue por eso que la Revolución decidió no repartir los grandes latifundios.  Esta no era una tarea fácil, esto no era una cosa fácil de comprender.  Los burgueses decían: “Vean, el Estado se apodera de las tierras; vean, ahora van a ser asalariados del Estado.” 
Luego, como había campesinos de todos los tamaños de tierra, siempre cuando se hacía una reforma agraria, trataban de sembrar el miedo. 
Naturalmente, fue imprescindible hacer una segunda reforma. ¿Y por qué fue imprescindible?  Porque una gran parte de esos propietarios de tierra que tenían todavía 20, 25, 30 ó 40 caballerías, la inmensa mayoría tenía una actitud de saboteo prácticamente a la producción.  Fue necesario hacer la otra reforma agraria. 
¿Qué hicieron entonces?  Empezaron a decir: “No, después les toca a ustedes también.”  Entonces la Revolución declaró —y esta Revolución se ha caracterizado porque siempre lo que ha dicho lo ha cumplido, se ha caracterizado por su seriedad y por su palabra—, dijo: “No habrá más reformas agrarias.” (APLAUSOS) Y sencillamente hasta ese momento duró el proceso de leyes y de reformas agrarias. 
Muchas cosas y muchos argumentos empleaban los burgueses en general y los terratenientes.  Le decían al campesino: “Esto es socialismo, y como es socialismo te van a socializar la tierra.”  Nosotros veníamos y les decíamos a los campesinos: “Esto es socialismo, y porque es socialismo no te vamos a socializar la tierra.” (APLAUSOS) Porque el socialismo es una concepción realista, científica, de la sociedad, y porque el campesinado pobre y explotado es precisamente un aliado de la clase obrera.  Y puesto que el campesinado pobre y explotado es un aliado de la clase obrera, a ese campesinado hay que tratarlo como revolucionario, hay que tratarlo como compañero, hay que tratarlo como amigo, hay que tratarlo con todas las consideraciones políticas que merece (APLAUSOS). 
Porque, ¿qué es una revolución? La revolución social es la unión estrecha de todos los explotados contra los explotadores.  Y un campesino que trabajaba su tierra y estaba pagando rentas y montones de cosas era un explotado, ese campesino no explotaba a nadie, ese campesino trabajaba con sus brazos la tierra y era explotado, ese campesino tenía que ser necesariamente el aliado de la Revolución.  Y en nuestra Revolución en especial, el campesinado jugó un papel muy importante, porque los primeros focos guerrilleros comenzaron a formarse precisamente en las montañas, entre los campesinos (APLAUSOS). 
Y los argumentos de los reaccionarios, tratando de sembrar el miedo y la confusión, pudieron haber influido a algunos, pero creo que a estas horas ya no hay un solo campesino que se deje o se pueda dejar engañar por ninguno de esos cuentos de camino, y por eso podemos hablar este lenguaje en que nos entendemos perfectamente bien, con toda franqueza (APLAUSOS). 
Creemos que la solución de la Revolución fue muy buena, tanto cuando tomó la decisión de no repartir los latifundios, como cuando tomó la decisión de respetar el modo de producción de los campesinos pobres de la forma en que lo venían haciendo, y no haber hecho jamás ningún intento de socializar precisamente a los campesinos pequeños (APLAUSOS). 
Y nosotros en especial recomendamos: no se fomenten las cooperativas. ¿Por qué? Porque se empiezan a fomentar las cooperativas y va a prosperar —es decir, me refiero no a las cooperativas de créditos y servicios que todos ustedes conocen y tienen organizadas, sino al problema de unir las tierras—, si eso se hace va a prosperar la campaña, la mentira de que se les quiere socializar las tierras a los campesinos. 
Y desde luego que es incuestionable que una porción de tierra grande facilita mucho más la producción y la productividad. Pero nosotros decíamos: No importa. En los grandes latifundios hay suficientes tierras llenas de marabú, llenas de manigua, produciendo ínfimamente, de modo que se puede incrementar de una manera extraordinaria la producción aunque no se puede elevar la productividad de la misma forma entre los pequeños agricultores debido a la parcelación de la tierra. 
Hoy vemos con toda claridad que esta fue la política más correcta que pudo hacerse. 
¿Significa acaso que nosotros creamos en el minifundio?  No.  Nosotros no creemos en el minifundio. ¿Significa acaso que nosotros pensemos que se puede llegar a los máximos rendimientos y a la máxima productividad mediante parcelas pequeñas? No. No significa eso.  Significa que la Revolución sigue realmente una política realista, que la Revolución sigue una política correcta.  Y significa, cuando una revolución sigue una política realista, que parte de las realidades que existen en un país, parte de las situaciones que existen en un país determinado...  Hay algo que a mí me ocurre mucho. Cada vez que recorro las montañas sufro extraordinariamente.  Y sufro extraordinariamente porque he visto la colosal destrucción que el hombre ha hecho en las montañas.  Cada vez que recorro la Sierra Maestra, el Escambray, las montañas del Segundo Frente, muchas de las regiones del país, no puedo menos que sentir dolor de ver cómo el hombre ha estado destruyendo la naturaleza. 
Y esa naturaleza es la naturaleza de la que tendrán que vivir dentro de 20, dentro de 50, dentro de 100 años, otras generaciones; es la naturaleza de la que tendrá que vivir el doble, el triple, cuatro veces, cinco veces, diez veces más población de la que vive hoy.  Incluso uno se pregunta: ¿Tiene esta generación de cubanos derecho a destruir la naturaleza?  ¿Tiene derecho a dejarles a las futuras generaciones la roca pelada? Y uno se responde, naturalmente, que no tiene derecho.
Pero también se pregunta uno: ¿Tiene acaso ese cubano, ese campesino, la culpa de haberse visto obligado a tener que realizar ese crimen contra la naturaleza?  ¡No, no!  ¿Qué fue lo que obligó a ese ser humano, a ese hombre a encaramarse en la cúspide de una loma a tumbar el bosque, a quemar la madera, a sembrar cualquier cosa un año, dos años, mientras venía la lluvia y arrasaba la capa vegetal? ¿Qué lo obligó? ¿Fue allí por su gusto? ¿Fue allí conscientemente?  Lo obligó un régimen social inhumano, lo obligó un régimen social de explotación, lo obligó un régimen social egoísta. Aquel hombre si iba tocando a cualquier puerta pidiendo trabajo no le daban trabajo.  Si tocaba a una puerta a pedir pan para él o para sus hijos nadie le daba pan ni trabajo.  Aquella sociedad condenaba al hombre a vivir como pudiera, a morirse de hambre si no podía vivir.  Y fue lo que obligó —a medida que crecía la población— a que grandes masas de hombres fuesen refugiándose en las zonas montañosas y comenzasen allí, sin recursos ninguno, sin caminos, sin créditos, ¡sin nada!, a sembrar cualquier cosa para poder vivir. Desde luego habría seguido creciendo la población. 
Y cuando nosotros caminábamos en las montañas de la Sierra en los tiempos de la guerra y llegábamos a algunos lugares verdaderamente inaccesibles y veíamos a un hombre encaramado allá arriba a 800 metros, con una inclinación de 70 u 80 grados trabajando allí, veía a aquel hombre haciendo aquel esfuerzo, nosotros nos decíamos:  ¡Y cuántas veces se ha calumniado a nuestros campesinos llamándolos holgazanes, llamándolos vagos, y vean a ese hombre, casi entre las nubes, casi amarrado allí para poder sembrar cualquier cosa!  Y nos decíamos también: ¿Qué pasaría en este país cuando ya estas pocas lomas que quedan, adonde se ha refugiado el hombre, estén todas ocupadas, todas desmanteladas, todas erosionadas?, porque entonces no quedaría sino el mar donde poder refugiarse. 
Y cuando la Revolución triunfa ya prácticamente no había un solo lugar donde las tierras no estuviesen ocupadas. Aquellos hombres se vieron obligados, por aquel régimen social, a destruir en buena parte la naturaleza.  Claro está, los bosques habían desaparecido. 
Y nosotros vemos, por ejemplo, que uno de los problemas más serios en nuestros campos es el problema de la vivienda.  Serio problema, además, difícil, que resolveremos porque para eso se están construyendo las nuevas fábricas de cemento. Pero una tabla para hacer una puerta, para hacer una mesa, incluso en ocasiones para enterrar a alguien no aparece.  ¡Y cómo va a aparecer!   Para explicarse la falta de madera de este país hay que recorrer las montañas —no ya los llanos donde hace mucho tiempo que no quedó un árbol—, qué grado de desmantelamiento de esas montañas, qué grado de desmantelamiento de los bosques. Porque allí donde no eran tierras buenas para la agricultura, como son las tierras de Pinares y donde por tanto no habían ido los campesinos, allí fueron los geófagos, allí fueron los explotadores de la madera, sacaron cientos de millones de árboles, ¡cientos de millones de árboles!, y no sembraron un solo árbol. 
Seguramente aquí habrá campesinos de la Sierra Maestra, campesinos de la zona de Alcarraza, de Pico Verde, Pino del Agua, Pinalito, y seguramente saben a qué tierras me estoy refiriendo.  Son esas tierras por lo general lateríticas, rojas, donde crece solo el pino. 
Ya en la actualidad nosotros hemos aprendido incluso a hacer producir esas tierras, como pasa con los Pinares de Mayarí. Pero naturalmente estas tierras quedaban desprovistas de bosques y nadie las utilizaba. 
Sin embargo —y esto es increíble— en ocasiones nosotros hemos visto a algunos campesinos tan optimistas que han llegado y se han puesto en una de esas lomas de Pinares a sembrar viandas, a sembrar plátanos.  Claro que el plátano ese crece un metro, dos metros y no produce ningún plátano, ni produce ninguna vianda. En esas tierras realmente lo más razonable, lo único razonable, es la siembra de bosques. Y eso es precisamente lo que estamos haciendo. 
Les decía que no es que nosotros creamos en el minifundio como el método ideal de producción; les decía que incluso aquella sociedad obligó a un uso indebido de la tierra, en muchas ocasiones obligó a un uso criminal de la tierra.  En los llanos no es que se use la tierra de la forma siempre más correcta, lo que ocurre es que los efectos de la erosión en el llano son mucho más lentos y, naturalmente, no ocurre como en las montañas de mucha pendiente, en que en poco tiempo la capa vegetal desaparece por completo; hay muchas tierras en los llanos que tienen alguna erosión; pero, en general, los efectos de la erosión no se producen de la misma forma en el llano. 
Nosotros creemos que la forma más racional, la más productiva, tanto de la tierra como del trabajo, no es la forma de la parcela; sin embargo, nuestra política fue la de mantener esas parcelas, nuestra política fue la de no alentar la asociación de esas tierras, nuestra política fue tener paciencia, luchar por introducir la técnica —aunque todavía no está suficientemente introducida— dentro de ese modo de producción, y respetar la voluntad del campesino a producir en la forma en que el campesino está acostumbrado a producir, en la forma que al campesino le gusta. 
Y el campesino tiene su mentalidad, incluso muchas veces no quiere tener un vecino al lado, se horroriza de la idea de que lo pongan a vivir en una casa que esté al lado de otra. Hay muchos campesinos que piensan así.  No quieren problemas con el vecino, no quieren líos entre las familias de un vecino y otro vecino, no quieren pleitos; se sienten felicísimos viviendo solos, viviendo aislados —desde luego, no es la forma ideal de vivir. Y uno muchas veces, cuando pasa por alguno de esos lugares solitarios, sobre todo se fija en dos seres que son los que más sufren eso:  la mujer y los hijos.  Son los dos seres que más sufren el aislamiento en que suelen vivir las familias campesinas. 
Nosotros, incluso, un día de recorrido, íbamos el compañero Presidente y otros compañeros por un lugar llamado Purial, El Purio, entre Mayarí y Moa; vimos unas montañas muy inclinadas, unos pinares, estábamos haciendo algunos planes forestales y nos metimos por uno de esos caminos madereros, y después de una hora y media, en el lugar más recóndito, más apartado, nos encontramos un varentierra. De aquel varentierra de metro y medio de alto salió un hombre, salió una mujer, y empezaron a salir muchachos allí (RISAS), se parecía a esos circos que todos ustedes han visto, que a veces de una maquinita chiquitica sale media docena de gente.  Y eso pasaba allí.  Con nosotros iba un médico, empezó a ver los muchachos, amarillos, raquíticos.  Empiezan a explicar el problema de los muchachos: que si parásitos, que si lombrices por la boca.  Y desde luego, el compañero médico vio todo el problema, que era un problema de parasitismo. El lugar donde estaban, lejísimo —por allí no se le ocurría pasar a ningún vehículo—; llevar aquel muchacho al hospital...  no importa que a 15 kilómetros de allí hubiera un hospital. Enseguida tomó nota, incluso después se mandó un yipi a que buscara aquellos muchachos y los llevara al hospital.  Pero el médico decía:   “Bueno, de todas maneras, dentro de unas pocas semanas van a estar igual los muchachos.”  Aquellos muchachos cuando veían un vehículo se asombraban, ¡imagínense!, en el medio del bosque, apartado, era un campesino carbonero. 
Claro, no todas las situaciones son tan extremas, pero nosotros siempre nos fijamos en los niños, y vemos el problema de los niños: no tienen donde jugar, viven bastante aislados; y el problema de las mujeres: el problema del lavado, la cocina, el agua, cargarla muchas veces desde muchas distancias —sobre todo en las montañas es una cosa verdaderamente tremenda. 
Es cierto que la vida aislada, esa vida aislada que muchas veces es la vida que prefiere el campesino, quienes la sufren fundamentalmente son los hijos y las mujeres de los campesinos.  Quiero decir que no es una cosa ideal, pero desde luego, siempre tiene solución, porque están las escuelas, están los planes escolares, están los servicios médicos, están las comunicaciones, están los internados de montaña.  En fin, hay una serie de planes que pueden, aun dentro de esa situación, mejorar extraordinariamente la situación de la familia y la situación de los niños. 
Pero, en definitiva, nuestra política ha sido y será de absoluto respeto, absoluto respeto a la voluntad de ese campesino a trabajar en la forma que estime pertinente, todo el tiempo que lo estime pertinente. 
Nosotros nos decimos: “¿Habrá dentro de 40 años pequeños agricultores?” Y nosotros decimos:  “Si dentro de 40 años hay todavía campesino que quiere estar solo, aislado, trabajando allí con una yunta de buey, con una productividad muy baja y quiere estarlo, lo dejamos ahí que esté 40, 50, 100 años (APLAUSOS).  ¿Significa acaso que perdurará eternamente? No.  Eso no perdurará eternamente; pero no perdurará eternamente en virtud de ninguna ley de ningún tipo, no perdurará eternamente en virtud del increíble, descomunal desarrollo de la agricultura de este país, de la sociedad cubana, del descomunal desarrollo de la técnica, del descomunal desarrollo de los programas sociales y de los programas educacionales.  Ya vemos infinidad de casos de campesinos que vivían en las montañas y dos hijos en el ejército, dos hijas becadas estudiando aquí, otra enfermera allá, otra maestra por acá, y se han quedado solos y dicen:  “Óigame, estoy muy viejo, se me fue todo el mundo, y la verdad es que quisiéramos mudarnos, quisiera vender.” En la Sierra Maestra, como nosotros no queríamos que se hicieran transacciones ilegales, decidimos autorizar y facilitarle los recursos a la ANAP para que, incluso, legalizaran algunos casos ilegales que venían de antes —porque había algunos que se fueron, otros se metieron, volvimos a tener un montón de casos de ilegalidad—; esos casos vamos a legalizarlos de una vez, algunas ventas que se hicieron.  Entonces, los que quieran irse pues les vamos a comprar, porque si no, no vamos a terminar nunca en esta montaña, siempre va a seguir el mismo problema, y sale uno y se mete otro y cada vez va a quedar menos capa vegetal, cada vez va a quedar más desmantelada esta montaña: “Los que quieran vender les vamos a comprar.”   ¡Claro, quién habría vendido hace diez años! 
Pero ahora, naturalmente, muchos de esos campesinos tienen los hijos estudiando técnica y tienen muchas posibilidades en el llano, no las suficientes facilidades.  Y como se autorizó a comprar, en cuestión de unas cuantas semanas 4 000 campesinos vendieron, nosotros tuvimos que pedirles a los compañeros de la ANAP: “Oye, aguanten, aguanten, aguanten porque dejan la sierra sola.”  Entonces el problema era el otro: que de repente se iba a quedar la tierra deshabitada, y no solo eso.  Se dijo: “Cómprenles a los que están solos, a los que están ya de mucha edad, a los que no pueden trabajar.  Si un campesino es joven, y puede trabajar y quiere vender, díganle que no, que siga allá arriba, que hace falta que siga allí, que hay que atender ese café, que hay que atender aquello.”  Y algunos vendían y después ponían un puestecito de fritas, o de frituras, en una carretera. Señores, ¡eso es retroceder, eso es retroceder!  Bien arreglados estamos si aquel campesino que está allá, aunque esté produciendo poco, en una falda de una loma...  De verdad que lo preferimos en la falda de la loma, aunque se deteriore la loma, a que baje, se convierta en vendedor de frituras, y en vez de la loma se deteriore el campesino.  Porque quien deja de ser productor con su trabajo para convertirse en vendedor de frituras, deja de ser un trabajador para convertirse ya en un comerciante; porque es fácil, en cualquier lugar aquí, con el dinero que la gente tiene...  Pasa como con los carritos de alquiler: cobran, en algunos lugares por ahí, algunos “yiperos” de esos — ¿quién los conoce mejor que ustedes?—, ¿cuánto le cobran?, ¡¿cuánto le cobran?!  Cualquiera con un yipi —porque desgraciadamente todavía no hay suficiente transporte—, cualquiera con un yipi se hace rico.  Entonces un individuo con una maquinita, con un yipi, gana 40 ó 50 pesos; puede ganar al año tres veces más — ¿cómo que tres veces más?—, como diez veces más que un campesino cultivando media caballería de caña y trabajando muy duramente para cultivar la media caballería de caña. Entonces ese es el privilegiado. 
Cualquiera que ponga un puesto de fritas, o de frituras, que las puede hacer con frijoles carita (RISAS), un poquito de manteca comprada en bolsa negra; es decir, el puerquito aquel se lo compro a este, saco manteca, pongo el puesto de frituritas, y saca 50 pesos. Claro, si todo el mundo se pone a vender frituras nadie saca..., saca 50 centavos.  Pero para nosotros es un retroceso que un campesino baje de la montaña y se ponga a vender frituras; eso es un retroceso. 
Hay otro problema: no tenían resuelto lo de la vivienda; entonces hacen un bohío de mala muerte, un varentierra.  No tenemos medios todavía de decir: Mire, ahora si usted quiere aquí tiene una casa donde vivir, una pensión; le podemos dar todo eso.  Es por eso que nosotros les dijimos a los compañeros de la ANAP:  Aguanten, aguanten, no puede hacerse eso de repente, de ninguna manera; y si algunas familias porque están viejas, porque quieren retirarse, porque tienen los hijos estudiando y quieren irse a vivir a la ciudad, o ir a una granja, o que les den una casita en un lugar donde puedan vivir de su retiro, más cerca de sus hijos, hay que hacerlo con orden, hay que hacerlo cuando se pueda.
El compañero Pepe me insistía: “Quedan todavía muchos campesinos ancianos en las montañas, necesitamos que nos autoricen a resolver esos problemas”; me decía hace un momento el compañero Pepe.  Le decía: “Bueno, vamos a estudiarlo bien, que se haga la lista de todos los que son...” 
¿Qué quiere decir eso?  Que ninguno de estos problemas históricos que se han creado, como es la emigración de las montañas, el desmantelamiento de las montañas, se puede resolver en un día.  Nosotros tenemos planes de ir repoblando las montañas.  Nosotros pensamos que un día todas las montañas estén repobladas de bosques. 
¿Faltará el café en las montañas? No, no; el café será un subproducto de los bosques en las montañas.  El bosque será lo principal.  Nosotros aspiramos que llegue el día en que le podamos llevar al campesino que esté allí en las montañas —y ese día no está lejano— todo lo que necesita, hasta la vianda; decirle:  Usted no se ponga a sembrar plátano ahí en esa falda de esa loma, le vamos a llevar el plátano todos los días allí, las tiendas van a estar abastecidas de las viandas, todos los granos, todo lo que necesiten; usted es productor de café y, además, de maderas preciosas, usted cuida sus árboles. 
En fin, nosotros pensamos en un proceso largo volver a reconstruir nuestras montañas. 
Y no podemos... Los casos esos más necesarios —se lo estaba diciendo al compañero Pepe Ramírez— hay que estudiarlos, pero que no bajen si no tienen una casa donde vivir abajo, que no bajen si no tienen una casa donde vivir, porque no resolvemos nada, no se resuelve ningún problema de esa forma.  Y por eso hemos planteado que se estudien muy cuidadosamente todos los casos de los campesinos que quieren salir de las montañas. 
¿Qué quiere decir eso?  Que el propio desarrollo de la Revolución, las nuevas condiciones de vida que se van creando, harán que progresivamente esas tierras —las de las montañas— se conviertan en tierras forestales, y las tierras vayan pasando al Fondo Nacional de Tierra.  Eso es lo que explica por lo cual nosotros, cuando un campesino quiere vender en el llano, planteamos la opción por parte del Gobierno Revolucionario de comprar; es decir, nosotros no queremos que aumente el número de pequeños agricultores.  Cuando alguien quiere vender, que se lo venda a la nación, que las tierras esas pasen a ser tierras nacionales. 
¿Qué quiere decir esto?  Que en un periodo de 30, 40, 50, 100 años —los que sean—, llegará el día en que entonces ya no haya ANAP.  ¿Les preocupa eso?  (EXCLAMACIONES DE: “¡No!”)  ¿Cuáles son los que piensan vivir más de 100 años?  (RISAS) 
Pero ustedes comprenden bien cuál es la política.  Después vamos a hablar un poco de la agricultura, ahora estamos hablando de la política de la Revolución en materia de agricultura y en materia de reforma agraria. Es decir, que un día, y resultado del proceso, un proceso evolutivo —y esperamos que esto se cumpla cabalmente, como una de las más serias promesas de la Revolución, sin que haya más leyes agrarias nunca—, y mediante este proceso en que los hijos de los campesinos se van haciendo técnicos, adquieren otra costumbre, otra mentalidad, otra concepción, y ya ocurre así:  hemos tenido que mandar muchos jóvenes a la agricultura, mientras muchos hijos de los campesinos están estudiando, y el hijo del campesino que habló aquí ya no se mete en un minifundio, pero no es que no se meta en un minifundio porque desprecie esa vida, no; no es porque le duela vivir allí otra vez en el bohío de piso de tierra, no. Es porque él comprende que no puede agarrar una yunta de bueyes para ponerse a producir alimentación para el pueblo, porque con esa yunta de bueyes va a producir la alimentación para él, su familia y unos pocos más. 
¿Pero cómo se puede abastecer una población que se duplica y se triplica si no se aplican las máquinas?  Claro, ya vamos introduciendo las máquinas, el tractor; cuando vamos a meter el avión ya viene el dolor de cabeza...  Ahora mismo ya estamos regando urea foliar en la caña.  Eso es un procedimiento formidable. Un avión aplica la urea foliar a 100 caballerías en un día.  ¿Saben cuántos hombres se necesitan para aplicar esa misma urea por tierra, a mano?  Por lo menos 2 000 hombres, ¡dos mil hombres!  Entonces se necesitan como 50 camiones para trasladar esos 2 000 hombres, se necesita hacer 20 depósitos de fertilizante en 20 lugares distintos, se necesita ir cargando los sacos de fertilizante para todos los campos; además si llovió y hay que aplicarlo inmediatamente, porque el nitrógeno si hay que aplicarlo con el terreno húmedo, ¿qué ocurre? Llovió hoy por la tarde, pero ya a los tres días se perdió aquella agua, porque imposible encontrar decenas de miles de hombres para que le apliquen el nitrógeno inmediatamente que llovió. 
Con un avión, un hombre y los que lo auxilian en el campo de aviación, un solo punto donde se deposita el nitrógeno, la urea en este caso, un solo hombre manejando el avión, el transporte en rastras hasta el campo de aviación, en un día, en el momento más oportuno cuando el suelo está húmedo aplica la urea a 100 caballerías. El año pasado cuando se empezó a usar la urea foliar hubo un piloto que fertilizó 160 caballerías en un día. ¡Tres mil hombres no pueden hacer ese trabajo!  (APLAUSOS) 
Claro que si un hijo de un campesino entra en un instituto tecnológico, adquiere todas las técnicas modernas, saca la conclusión y dice: “Caballero, cuando hasta los bueyes se han librado o se van librando del trabajo, ¿cómo un hombre va a seguir trabajando como un buey?” ¿Y qué produce un hombre trabajando como un buey?  Produce un poquito más que el buey: para él, para su familia, trabajando bárbaramente. 
Los campesinos que, por ejemplo, ahora han tenido la oportunidad de conocer la alzadora y son cañeros, se recordarán de la época en que había que levantarse a las 2:00 de la mañana, enyugar los bueyes, después ir al campo, cargar la caña, llevarla a la grúa, volver al campo, cortar todo el día para poder ir llevando una tarea a la grúa. El campesino tenía que trabajar 15, 16, 17 horas.  ¿Se hizo rico?  No.  No se hizo rico.  Y tenía que realizar un trabajo que el cuerpo humano no lo resiste.  Claro, ¿se murió el campesino? No. No se murió, pero ¿cuánto vivió? Porque no solamente hay que preguntar si no se murió, sino cuánto le duró la vida a ese hombre que tenía que someterse a un tipo de trabajo tan agotador y tan brutal. 
Antes en la zafra los cortadores de caña tenían que trabajar 15 y 16 horas, porque había que cortar la caña y además había que cargarla cañita a cañita en una carreta.  ¿Se puede hacer rico un pueblo cortando la caña a mano, levantando caña a caña en una carreta, trabajando 15 y 16 horas? Después ocurría que había tanta gente sin trabajo, que ni siquiera le permitían trabajar las 15 horas porque la tarea no alcanzaba para tanta gente, y entonces tenía que trabajar menos; pero cuando le daban chance trabajaba las 16 ó 17 horas. ¡Cuarenta millones de toneladas de caña cargaban los trabajadores agrícolas de este país una a una en las carretas!  Ya mucho más de la mitad de la caña se carga en alzadoras, y ya este año, incluso, para los pequeños agricultores vienen nuevas alzadoras para la próxima zafra (APLAUSOS). 
Es decir, que eso va aliviando las condiciones de trabajo del hombre: se alza la caña en máquina.  Llegará el día en que se cortará en máquina también toda, porque ese problema tenemos que resolverlo, no nos queda más remedio que resolverlo; tendremos que resolverlo y lo resolveremos. 
Pero ahora mismo ya a toda la caña de las provincias de Las Villas, Camagüey y Oriente le vamos a regar urea foliar tres veces en avión.  Los campesinos que sean de la zona norte de Oriente habrán tal vez podido ver qué resultados dio la urea en la caña, cómo incluso todos los estimados de caña quedaron cortos, cómo se puso verde esa caña, cómo creció.  Sin embargo, ahora cuando se nos planteó el problema: “Bueno, ya vamos a empezar a regar la urea”, y pensábamos regar la caña de los pequeños agricultores también con avión, entonces surge el lío:   imposible, imposible, porque un avión tiene que convertirse casi en un grillo dando saltos de pedazo en pedazo (RISAS).  ¿Qué vamos a hacer?  Bueno, vamos a darles nitrato de amonio. 
Claro que con una tonelada de urea en avión calculamos que se logra un incremento de la producción similar a cuatro toneladas de nitrato de amonio en el surco. Es decir, que aplicándolo a mano tenemos que gastar cuatro veces más fertilizante; y desde luego, el avión debe hacer   —suponiendo que haga 50 caballerías por día como promedio— el trabajo de 1 000 trabajadores por día.   Y ahí mismo se nos presenta el problema: hay una técnica que pudiera ahorrar una cantidad descomunal de trabajo y no se puede aplicar.  Tiene que ir el hombre, el pequeño agricultor —como el buey—, echando el nitrógeno a lo largo del surco, y no se puede aprovechar una máquina tan formidable, como es un avión, para hacer el mismo trabajo con la milésima parte del esfuerzo que ese hombre está haciendo. 
Les explico todo esto para que comprendan por qué el hijo del campesino que viene, que ingresa en un instituto tecnológico, sale graduado de este instituto tecnológico, tiene posibilidad de seguir estudios universitarios, y dice:  “No, yo no voy a hacer el trabajo del buey.”  Y no regresa al minifundio.  Eso es incuestionable que no regresa, y su actitud es correcta. 
¿Qué quiere decir esto?  Que la sociedad avanza, que llegará el momento en que no haya un solo hijo de campesino que no sea técnico.  La mejor prueba de eso: ya los institutos tecnológicos recibirán este año 40 000 alumnos; en 1970 —y este es un plan que se ha incrementado—, ¡en 1970 habrá cien mil estudiantes en los institutos tecnológicos!  (APLAUSOS)  Diez años más y no quedará un solo joven del campo en este país que no tenga nivel de secundaria básica y una calificación técnica adquirida. 
¿Comprenden ustedes que ese es el camino? ¿Comprenden ustedes por qué hay que esperar 10, 20 y 30 años? ¿Comprenden ustedes que una revolución realista, tiene que comprender cuál es la realidad de hoy y cuál será la realidad de mañana, y que la realidad de hoy son ustedes?  La realidad de hoy son nuestros actuales campesinos y la realidad de mañana serán los hijos de ustedes: la realidad del mañana serán los técnicos como estos que se graduarán en nuestros institutos tecnológicos y cursarán estudios universitarios. 
Bien, estos van a ser más ricos que ustedes, desde luego, porque estos producirán ocho, diez, quince, veinte veces más que ustedes con la décima parte del trabajo de ustedes. Aplicarán el avión en masa, las máquinas, las técnicas más modernas; el campo estará totalmente electrificado. Ya no trabajará el buey; trabajarán los caballos, los caballos de fuerza de los tractores, de las plantas, de las máquinas eléctricas (APLAUSOS). 
Si toda el agua que extrae una bomba de pozo profundo para irrigar hubiera que traerla cubo a cubo, ¡qué bien arreglados estaríamos! ¿Produciríamos todo lo que necesitábamos?  ¿Habría suficiente alimentación para todo este pueblo? Hoy un motor trabaja ya con combustible, puede trabajar con electricidad; pero habrá que poner todas las máquinas, todas las técnicas, toda la electricidad, toda la energía, todo, a producir para el hombre. 
Ese tiempo está lejano, pero no tan lejano. Llegará el día en que no se verá un bohío miserable en nuestro país. Y todavía hay muchos, pero muchos bohíos miserables en nuestro país. Y lo mismo cuando vemos las montañas erosionadas, sufrimos cuando vamos por los campos y vemos tantos bohíos destartalados. 
A veces no alcanzan ni las pencas de guano, y no alcanzan las pencas de guano porque están las granjas avícolas, las lecherías, lo otro, montones de cosas.  Los viveros de café. Como ustedes saben, es gigantesco el plan cafetalero, y la cantidad de guano que han llevado los viveros de café es enorme. No alcanza el guano de las palmas reales. Si les cortan demasiado guano, entonces no producen palmiche.  No alcanza el guano de las palmas canas, no alcanza nada.  Y, lógicamente, la cantidad de viviendas en pésimas condiciones son muchas. 
Algún día todos nuestros campos estarán electrificados, algún día todos nuestros campos estarán llenos de pueblos, donde tendrán agua corriente, electricidad, cocina de gas; en que los muchachos no tendrán que caminar dos kilómetros, irán a la escuela desde por la mañana, y allí tendrán el desayuno, el almuerzo, la comida; se pasarán el día en la escuela, regresarán a la casa por la noche; la batea se acabará; la cargadera de agua se acabará (APLAUSOS); la velita y el farol se acabarán; la vida de los niños será mil veces mejor; la vida de las mujeres será incomparablemente mejor. 
Pero ¿quiénes son los que van a vivir así? ¿Ustedes? Serán los hijos de ustedes. Serán los hijos de ustedes, porque serán los que se adaptarán, comprenderán todas las ventajas de una forma de producir diferente. 
¿Y qué será de los actuales campesinos? Los actuales campesinos seguirán viviendo como están; no tan mal, desde luego.  Habrá recursos para mejorar las condiciones de vida de ese campesino, tendrá más comunicaciones, habrá muchas más escuelas, habrá muchas más cosas. 
Les he pintado dos épocas: una época lejana y una época actual.  He tratado de darles una idea de cómo, en nuestra opinión, serán los campos futuros —dentro de 15, dentro de 20 años—, cuando nuevas generaciones ya vayan a aplicar la técnica, a trabajar y a producir de distinta manera de como se produce hoy. 
Claro, hay muchos campesinos que tienen un pedacito chiquitico en alguna granja, son semiproletarios.  Cuando se hagan los pueblos en las granjas muchos de esos campesinos van inmediatamente para el pueblo.  Y si las condiciones de vida son malas todavía en los bohíos, son peores todavía en las granjas cañeras.  Hay todavía decenas de miles de obreros que están viviendo en los barracones con su familia, decenas de miles de obreros que están viviendo en las cuarterías. Lógicamente, el esfuerzo de la construcción tenemos que dirigirlo hoy a crear mejores condiciones de vida para esos trabajadores. 
Es cierto que el campesino tiene todavía viviendas muy malas, pero el campesino tiene muchos problemas resueltos que no tiene todavía ese obrero de las granjas cañeras, y que esos obreros están ayudando considerablemente a la economía con su trabajo. 
Es lógico que el grueso de los materiales nosotros lo invirtamos en la actualidad —y yo creo que ustedes comprenden que eso es muy justo— en mejorar las condiciones de vida de los obreros que están trabajando en las granjas (APLAUSOS). 
Ahora ustedes dirán: Bueno, esos son los problemas del futuro.  ¿Y los problemas de ahora, el panorama presente?  ¿Qué se espera de nosotros? ¿Qué se quiere de nosotros? ¿Cómo vamos a producir? ¿Cómo vamos a lograr que nuestro esfuerzo sea el más útil, el mejor?  ¿Cómo logramos que nuestras tierras presten a nuestras familias, a la vez que al país, el máximo de provecho? Estos problemas de hoy que son, desde luego los que más interesan, lo que nosotros queremos, lo que nosotros esperamos de los pequeños agricultores, de cómo estimamos que se va a desenvolver la agricultura. 
Hace algunos años las granjas daban vergüenza, porque un montón de gente sin ninguna experiencia —y esto ya lo hemos explicado en otras ocasiones—, muchas veces solo con la buena voluntad, pues mantenían las granjas en una forma de producción deficiente y pobre.  La granja, naturalmente, ha recibido los mayores recursos.  No es que hayan recibido las granjas los mayores recursos por concederles a las granjas privilegios por encima de los campesinos.  En las granjas estaban las mayores extensiones de tierra improductiva, de manigua, de marabú; además, hablando con entera franqueza, la comida que se iba a producir en la granja estaba mucho más asegurada que la comida que se producía entre los agricultores. 
Vamos a explicar.  Hay de todas las clases de agricultores. Hay agricultores honradísimos que trabajan con tesón, que no aspiran a hacerse ricos vendiendo las cosas por el triple o el cuádruple de su valor; y hay agricultores, sobre todo en las regiones más próximas a las ciudades, que si producían un huevo lo vendían a 30 centavos; si producían una gallina la vendían a 5 pesos, o a 10, según el caso. 
Fíjense cuál ha sido la política de la Revolución, que ni siquiera ha prohibido nunca que los campesinos hagan eso. Todo campesino, si quiere, se para en la carretera y pega a vender, lo mismo guanajos, que gallinas, que cualquier cosa; nadie se mete con él. ¿Cómo las venden?  Bueno, a veces venden las cosas cinco veces lo que vale. 
Hay muchas maquinitas en las proximidades de las grandes ciudades que llegan con su cantarita —y esos están fuera de todo régimen—, compran cinco litros de leche, diez, tres, cuatro, y la pagan cuatro veces más cara.  Porque, señores, ustedes comprenden perfectamente que el yipero puede pagar un peso por el litro de leche, si el peso no le cuesta nada, si se lo roba, vamos a hablar franco (APLAUSOS). Es que cualquiera vendiendo pirulíes en cualquier lugar saca 50 pesos, ¡saca cincuenta pesos!  Entonces, pagan un peso por el litro de leche. Y así, compran esto, compran lo otro, compran aquello.  No todos los campesinos tienen ese concepto de sus obligaciones sociales. Hay algunos que especulan tranquilamente sin que les remuerda para nada la conciencia. 
¿Cuál es nuestra política con los especuladores? Tener calma. ¿Alguna vez vamos a meter preso a alguien por practicar esa forma de robo que es la especulación? ¡No! No, ese no es nuestro camino.  El que quiera pararse en una carretera y pedir 100 pesos por un guanajo, que se pare en la carretera y venda el guanajo en 100 pesos; el que quiera pararse en una carretera y vender el litro de leche a peso, ¡no importa, que venda el litro de leche a peso! 
El camino para resolver ese problema se lo voy a explicar, es sencillo, es fácil. Llegará el día en que ese individuo salga corriendo cuando pase el carro de la leche diciendo: “Oye, no me dejes la leche aquí.” ¿Saben por qué? Les voy a decir por qué. Llegará el día en que las frutas, los vegetales, hasta la leche se distribuirá gratuitamente a todo el pueblo (APLAUSOS). 
Es que nosotros sabemos lo que estamos haciendo, y nosotros sabemos cuáles van a ser los niveles de producción de este país dentro de algunos años, sabemos cuántas vacas se están inseminando, sabemos cuántas terneras están naciendo, sabemos cuánta leche da una ternera del primer cruce del Holstein con el Cebú y podemos hacer cálculos, podemos hacer cálculos; y sabemos la cantidad de leche que se va a producir, como las cantidades de frutas, sabemos cuántas matas de café estamos sembrando. Llegará un momento, señores, llegará un momento en que podremos decirle también al pueblo: “El café que quieran vayan a buscarlo al mercado gratuitamente.” (APLAUSOS) 
¿Por qué?  Señores, los planes de café que estamos haciendo son tan serios que baste decir que este año se van a sembrar más de 200 millones de matas, que de aquí a 1970 se sembrarán más de 1 000 millones de matas de café (APLAUSOS). Sabemos cuánto café, cuánta leche, cuánto todo. 
Y cuando estemos produciendo millones y millones de quintales de café, entonces nadie tendrá que montarse en un camión haciendo veinte trucos, ir allá arriba a que le den una librita de café y bajarla y especular con el café. 
Al campesino de verdad hoy le llevamos el fertilizante, le damos crédito, le hacemos los caminos, su servicio médico gratuito, todo gratuito, y muchas veces hay que estar rogándole: “Oye, deja un saquito menos de café, porque los obreros tienen que tomar café también.” 
A veces nos encontramos algunos campesinos por las montañas y dicen: “Oiga, los zapatos; este zapato está viejo.”  Digo: “Ah, está viejo el zapato, pero tú tomas café siete veces al día (RISAS), tú tomas café siete veces al día y el obrero que hace el zapato, el pobrecito, quisiera que tú le mandaras un poquito más de café.” (RISAS)  Cada uno tiene lo suyo, señores (APLAUSOS). 
Yo simplemente les quiero explicar a los compañeros campesinos todas estas cosas claras, que son verdad.  Habría mucha hipocresía y no nos entenderíamos si venimos aquí a decir todo lo bueno, todas las virtudes, todos los méritos, todo el patriotismo de nuestros campesinos, sin decir por lo menos algunos de los defectos de algunos campesinos (EXCLAMACIONES), ¡de algunos campesinos!  (APLAUSOS) 
Pero bien, llegará el día en que por todos esos caminos que se están haciendo a montones... Y aquí hay algunos campesinos de Victorino, o de Matías, o de Bernardo por la zona de Palenque, o de Bayate por la zona de Guantánamo, deben saber a qué velocidad están avanzando las brigadas haciendo caminos que más que caminos son carreteras.  Pues bien, para el mes de agosto pensamos tener 40 brigadas haciendo caminos en las montañas y en los campos, ¡cuarenta brigadas! Así que nuestros campos se van a llenar de caminos.  Por los caminos pasarán los camiones, y entonces el campesino pondrá ahí un letrero: “Por favor, detenerse aquí a recoger tantos quintales de café que tengo.” (RISAS) ¿Por qué? Porque el café estará sobrando. 
Baste decir que vamos a sembrar 100 000 hectáreas de cítricos con regadío —las estamos sembrando ya—, y en esas 100 000 hectáreas entre el cítrico habrá café; baste decir que en los enormes planes de repoblación forestal, en muchos lugares donde la tierra sea buena meteremos el cafetín debajo, de manera que cuando las plantaciones de  cítricos con motivo del crecimiento, de los cítricos exijan ir reduciendo las matas de café, entrarán en producción los cafetales de los bosques, y entonces no habrá que estar con veinte papelitos y veinte contraticos (APLAUSOS). 
A mí me parece muy bien eso de eliminar los contraticos.  No se va a educar al campesino con el contratico, señores: no se va a educar al pueblo en sus deberes y en sus obligaciones convirtiéndonos en unos abogados leguleyescos: “Tú firmaste aquí, entrega un litro más de leche, entrega un litro menos.” 
Hemos sabido tener paciencia, y creemos que eso es muy bueno, eso nos da autoridad moral, eso nos da derecho a poder hablar con toda franqueza, con toda sinceridad. 
Nosotros sabemos cuál es el camino mediante el cual todos estos problemas de la especulación de hoy desaparecerán.  El huevo fue un buen ejemplo.  Y lo que pasó con el huevo pasará algún día con todo lo demás, incluso con la carne de ave. 
Nosotros llegaremos a producir todos los pollos que no se comerá este país. No lo estamos haciendo ahora porque nos hemos tenido que dedicar primero al huevo, que se distribuye mejor, se reparte mejor; pero ya iremos en el incremento. 
Con todo el excedente exportable que este país va a tener en los años futuros podremos producir los pollos igual que estamos produciendo los huevos hoy: en cantidades astronómicas.  Entonces desaparecerá la venta de pollos en la carretera, ¡desaparecerá la venta de pollos en la carretera!  Porque cuando a un ciudadano le den los productos que necesita, y en muchos casos —en todos aquellos productos que habrá cantidades enormes— se le dé gratuitamente, se acabará el de la maquinita, el del timbiriche...  Los timbiriches se acabarán también, porque nadie va a comprar aquí si aquí le van a regalar. 
Y ya este año, ya este año cuando sobró el repollo, regalaron el repollo.  Si nos sobran a fines de año los cítricos —porque estamos fertilizando 4 millones de matas de cítricos—, cuando sobren los cítricos se regalan los cítricos.  Y la política que se seguirá en la distribución, cada vez que sobre algunos de estos productos, es distribuirlos gratuitamente a la población (APLAUSOS). 
Nosotros somos socialistas, no somos capitalistas.  Y ahí se empezará a ver la gran diferencia.  Cuando al capitalismo le sobraba algo porque la gente no tenía dinero, lo botaba; y por aquí se estaban botando las cosas y por aquí se estaba muriendo uno de hambre. 
Aquí el camino del comunismo es precisamente el camino ese en que no solo se da gratuitamente la educación —que ya se da hoy—, la asistencia médica —que ya se da hoy—, la vivienda —que la mayor parte del pueblo ya no paga hoy—, sino que poco a poco y progresivamente, a medida que se eleve la producción mediante el uso de la técnica, mediante el trabajo de todo el pueblo...  Porque algunos dirán, ¿y con qué van a recoger ese café que está entre el cítrico?  Con la escuela al campo, con las miles de escuelas secundarias que vamos a tener en todo el país, y donde los propios estudiantes combinarán el trabajo con el estudio; porque no hay otra forma de educar a un hombre superior que enseñarlo desde muy joven a trabajar. 
Alguien ha dicho: ¿No inventaremos una máquina para recoger café?  Y nosotros le hemos respondido; pero vamos a hacerle un daño a la educación.  Todo no lo podemos mecanizar.  Si lo mecanizamos todo, ¿cómo le vamos a poder dar la idea a un joven de lo que es el trabajo?  Tendremos que dejar muchas cosas; desde luego no las más difíciles.  Lo que hay que mecanizar es el corte de caña, la construcción de carreteras, montones de trabajos que son duros.  Pero el trabajo de recoger naranjas, el trabajo de recoger café, esos trabajitos, sobre todo en esos cafetales que van a estar entre los cítricos, en terrenos completamente llanos, esos trabajos los hacen los muchachos sin problema. 
De manera que, ¿qué costará ese café? Bueno, costará fertilizarlo; una parte, el café lo exportamos y el fertilizante lo traemos.  El riego de los cítricos, algún combustible, con lo que exportamos traemos algún combustible. ¿Y qué más? Más nada. ¿Y recogerlo? Eso no cuesta nada, eso forma parte de la educación de los muchachos, que para que no se conviertan en unos... Figúrense, si no los hijos de los proletarios se convertirían en unos aristócratas, no sabrían lo que es agarrar una matica de café.  Y realmente aunque el hombre aspira a elevar la productividad, a aplicar las máquinas, debemos aspirar a que el hombre no pierda su contacto con la naturaleza. De manera que toda la juventud de nuestro país, ¡toda!, recibirá una educación en que se combinará el trabajo y el estudio. 
Por eso podemos hacer todos estos tipos de cultivos. Los capitalistas no pueden hacer eso porque no tienen manera de hacerlo, tendrían que estar pagando, tienen los problemas de mercado.  Nosotros no tendremos problemas de mercado. ¿Cuánto café produciremos? Todo el que consuma por la libre y gratuitamente la gente, digamos. A lo mejor el Ministerio de Salud Pública dice: ¡Aguanten! Nosotros, que somos los responsables de la salud de este pueblo, estimamos que está consumiendo mucho café y la gente está muy nerviosa y hay mucho insomnio en la población, y el estándar de salud y la edad promedio, etcétera, etcétera.  A lo mejor dicen que incluso hay muchas desavenencias conyugales porque los matrimonios están demasiado alterados por el exceso de café (RISAS Y APLAUSOS).
Entonces nos dirán: No, no. Nosotros estamos de acuerdo en que ustedes repartan gratuitamente la leche pero no el café. Entonces argumentaremos: Bueno, ¿por qué no hacen una gran campaña aconsejando a la gente que no consuma café? Vamos a usar primero un método, porque no vamos a volver a poner una libreta para repartir el café. Tendremos en el futuro que librarnos del dinero, de las libretas y de todo. 
Llegará el día, señores, como resultado de los incrementos de la producción, en que el dinero no valga nada (APLAUSOS).  Claro, desde que hemos nacido, nos han enseñado a apreciar el dinero. 
Usted se encuentra en cualquier lugar, en cualquier campo, en cualquier pueblito, un vejiguito así y si quiere un medio enseguida lo pide. Casi no hay muchacho que no aprecie el dinero y que no quiera dinero. Porque con el dinero se adquiere todo (DEL PUBLICO LE DICEN ALGO). 
Dice un campesino que lleva ocho días y no ha podido gastar un quilo.  Así vivirá todo el mundo en el futuro.  ¡Así, así, así mismo!  (APLAUSOS PROLONGADOS) 
Al hombre se le enseña desde muy temprano a apreciar esa cosa que se llama dinero que es un intermediario entre el hombre y lo que el hombre produce. El hombre trabaja. Este produce papas aquí, hay que darle dinero para que con el dinero que le dieron por las papas compre leche, café, azúcar, ropa, zapatos, todo lo demás; este produce café, hay que darle dinero para que con el dinero que le dan por el café compre papas, leche, etcétera, etcétera, menos café, ese lo toma allí y a veces más de la cuenta. El otro produce ropas, y con el dinero de la ropa que produce compre entonces papas, leche, café, todo lo demás. 
El dinero es un intermediario. Habría que llamarlo peor todavía: es un vil intermediario entre el hombre y los productos que el hombre crea. Llegará el día en que aquel produce papas y entrega las papas, no recibe nada, e irá entonces y buscará café, arroz, azúcar, ropas, zapatos, todas las cosas que necesite. Y suprimiremos al vil intermediario que es el dinero. Y eso es el comunismo, señores (APLAUSOS). 
Entonces, al explicarles esto a ustedes los pequeños agricultores, puede haber alguno que diga:  “Bueno, y si yo todavía aunque tenga 80 años estoy joven” —a lo mejor; una mejor vida hace que a los 80 años... por ahí hay muchos de 80 años que están fuertes— “y soy pequeño agricultor, ¿qué hago? ¿Puedo ser pequeño agricultor en el comunismo?” Y nosotros le decimos: “Si tú quieres, sí.”  Entonces le diríamos: “¿Y cómo tú quieres vivir'?” “Bueno, que me paguen lo que yo produzca.” Pero hay que decirle: “¿Qué vas a hacer con el dinero? ¿Entonces habrá que poner una lista en todos los mercados del que no puede recibir las cosas gratuitamente porque recibe dinero? No podemos poner en aquel mercado donde se distribuya todo: ‘el señor fulano de tal, del barrio tal, está exceptuado aquí de todos los derechos y tiene que pagarlo todo’.” Le diremos: “Mira, mejor, ¿tú no quieres estar todo el día sentado?” “No.”  “¿Por qué?” “Pues porque yo me he pasado toda la vida trabajando.  Me levanto a las 5:00 de la mañana, no puedo vivir sin trabajar.” Eso es lo que dicen muchos campesinos: “No puedo vivir sentado.” “Oiga, mire, tiene que ir al médico, tiene que estarse tres días en un hospital.”  “Yo no me puedo estar tres días en un hospital, porque toda mi vida me he levantado a tal hora y me muero si estoy tres días en un hospital.” “Entonces, bueno, ¿usted no puede estar sentado?” “No.” “Pues siga trabajando, entréguelo todo, y cuando vaya a la tienda no pague nada.” 
¿Qué les quiero decir'? Llegará el día en que el hombre trabaje por el hábito de trabajar.  Comprendan ustedes que a todos esos niños no les vamos a crear mentalidad de millonarios ni mentalidad de holgazanes, ni mentalidad de parásitos. Naturalmente que estamos tocando un tema aquí entre ustedes y nosotros, ustedes pequeños agricultores privados, en medio de una revolución socialista estamos tratando el tema del comunismo.
Quiero que sepan que este tema del comunismo es un tema muy complejo. ¿Pero complejo porque asusta?  No, ya hay mucha gente que no se asusta de nada de eso.  Complejo porque hay mucha gente que tiene una “papa caliente” con el comunismo y tienen muchas dudas acerca de cómo se llega al comunismo. 
Nosotros no tenemos ninguna duda.  Nosotros en reciente recorrido por nuestros campos hemos visto a nuestra juventud. ¿Y qué noticias se tienen de Oriente, de Camagüey, de Guane, de Las Villas, de todas partes? ¿Qué se decía de Guane? 
Las muchachas de los tecnológicos trabajando allí, trabajaban 15 y 16 horas con una alegría enorme.  Y nosotros decíamos: es impresionante, es admirable. 
Para darles una idea, una idea, de lo que trabajaron 2 000 muchachas de los tecnológicos en Guane, basta decir que cada uno de ustedes tiene en Guane ya, de este tamaño, cinco matas de cítricos, ¡cada uno de ustedes!  (APLAUSOS)  Ustedes nos dirán: “¿Pero, nos las van a mandar allá a sembrarlas en el patio de la casa?”  No.  Las tienen allí, en Guane; les mandaremos las naranjas, o los refrescos, o las cosas que quieran.  Sencillamente, cada uno de ustedes tiene allí cinco matas.  Es el trabajo, porque allí hay unos 40 millones de posturas, del trabajo. 
Y nosotros decíamos: “Bueno, estas compañeras, de procedencia humilde por lo general, tienen ya cierta madurez.” Bien. Pero cuando llegamos a Banao nos enteramos de que una actitud exactamente igual tenían las muchachas de la universidad; cuando llegamos a Camagüey los compañeros del Partido y de la agricultura nos dijeron: “Es impresionante lo que están haciendo los estudiantes”; los estudiantes militares hicieron un trabajo fabuloso, los de los tecnológicos.  Pero, un poco más adelante vimos los estudiantes de la escuela al campo; los muchachos de las secundarias han dejado impresionados a los dirigentes del Partido y a los compañeros de la agricultura; la actitud que han tenido ante el trabajo —gente joven, saludable, bien alimentada—, la alegría y el entusiasmo que han demostrado por el trabajo, es increíble. Pero nadie les pagaba, no recibían un solo centavo. 
Es decir, surge una generación que mira el trabajo con un concepto distinto. Porque los que siembran allí cítricos, allá café, allá le aplican fertilizante a un platanal, allá limpian o fertilizan la caña, saben que están creando riquezas. ¿Y riquezas para quién? ¡Riquezas para ellos! 
En ocasiones, nosotros nos encontrábamos algún grupo de compañeras en los cítricos y les decía: “¿Y qué vamos a hacer con tanto cítrico?”; decían: “Exportarlos, darlos al pueblo.” Es decir, que para ellas la respuesta a la pregunta “¿qué vamos a hacer con tanto de esto o tanto de lo otro?”, es: “Para el pueblo.” Y empiezan a ver ya que, el pueblo es el único beneficiario de todo lo que se haga, de todo lo que se construya, de todo lo que se crea; empiezan a verlo con una gran claridad. 
Esa nueva generación irá creciendo muy ajena a los conceptos del vil dinero —al dinero le decían vil, pero se lo decían por otras razones, en el capitalismo era la locura por el dinero: nosotros le decimos vil; los americanos también le llaman bill porque quiere decir billete, “bill” con “b” larga, y nosotros le llamamos “vil” con “v” corta (RISAS) —, el intermediario entre el hombre y los productos del hombre.  Esa nueva generación crece en otros conceptos, y la cifra de la producción es la que nos permitirá todo esto. 
De manera que ¿puede haber un campesino pequeño agricultor en el comunismo?  Sí.  Si alguno se pregunta eso y se interroga “¿cómo viviré yo en el comunismo?”, igual que ahora, con una diferencia: que no le cobrarán nada.  Y entonces dirán: “Bueno, si no me cobran nada, ¿qué yo hago con estos papeles?” Claro, ¿qué hace usted con esos papeles?  Entregue las cosas suyas y reciba las que necesita.  Va a comprar cigarros, va a comprar fósforo, va a comprar ropa, va a comprar zapato...  Y algunos dirán: “¿Y habrá suficiente ropa para que todo el mundo reciba la que necesita?”  Bueno, toda la que necesita sí.  También a lo mejor se para el compañero que esté al frente de la distribución y diga:  “Oiga, pare, no se reparte más ropa gratis porque cada mujer se está comprando 25 vestidos.  Entonces, señor, haga una campaña, porque eso implica también la educación del pueblo.  Pero habrá ropa, si se quiere, 25 vestidos. 
Recientemente nosotros hemos podido apreciar distintas prendas de vestir elaboradas de magnífica calidad con fibras sintéticas producidas del bagazo de caña. ¿Y se han imaginado el bagazo de este país convertido en fibra? ¿Se han imaginado las cantidades de ropa? Dirán: “Bueno, ¿pero si yo quiero ponerme una camisa de lana y aquí no hay oveja?” Señor, mandamos fibras sintéticas a donde hay lana, para que nos manden lana; porque allá posiblemente tienen ovejas y no tienen bagazo (APLAUSOS). Esto aparte de que la lana aquí no hace mucha falta, que es un país donde suele haber bastante calor. Pero les quiero decir que las posibilidades técnicas son increíbles, ¡increíbles!; las posibilidades de producción, ilimitadas. ¿Para ello qué hace falta? Que el pueblo trabaje, trabajando todo el mundo. 
Muchas mujeres se están incorporando al trabajo a medida que surgen los círculos infantiles, a medida que surgen actividades que pueden realizarlas perfectamente. En el futuro toda la población trabajará, es decir, no trabajarán los ancianos, no trabajarán los enfermos, los niños muy chiquitos. Y toda la población es como un inmenso hormiguero, como una inmensa colmena; produciendo auxiliada por la técnica es capaz de producir todo lo que el hombre necesita, y aún mucho más de lo que el hombre necesita.  Nuestro país, por ejemplo, a partir del año 1970 aspira a construir 100 000 viviendas por año (APLAUSOS), ¡a partir de 1970 cien mil viviendas! ¿Se venderán las viviendas? No. ¿A quiénes les darán las viviendas?  A los que la necesiten.  ¿Les cobrarán un centavo? No. ¿No importa que valga 5 000 pesos? No. Ya a nadie aquí cada vez que se hace un pueblo en una granja, en las proximidades de la fábrica, le cobran nada por la vivienda; el agua, casi nadie la paga —y creo que ya los de hidráulica iban a decidir no cobrar el agua en ninguna parte—; la electricidad, pues será otra cosa que un día no se cobrará. 
¡Cien mil viviendas por año! Antes, para tener una casa había que sacarse la lotería o, si no, el jabón Candado rifaba todos los meses una casa; había que ganarse la rifa del jabón Candado para que le dieran una casa.  Y todo el mundo soñaba con tener una casa, un techo: “¡Un techo, lo que quiero es un techo para mi felicidad, para mi tranquilidad!”, etcétera, etcétera, etcétera. 
Señores, la Revolución ha venido haciendo techos, no muchos desgraciadamente. Unos 7,8 mil, 10 mil techos se han repartido. No son muchos, pero nadie se los sacó en una rifa.  A partir de 1970, 100 000 familias todos los años recibirán un techo, en 10 años serán un millón de techos; que es una casa, un bien que el hombre crea con su trabajo, que crean los que producen el cemento, los que producen la cabilla, los que transportan los materiales, los de las construcciones, que cada vez serán más mecanizadas también. Ustedes dirán, ¿y quién va a hacer 100 000 casas?  Los obreros de la construcción y las máquinas, porque serán métodos de prefabricado en una gran parte, casas prefabricadas; se producirán industrialmente. Si tuviéramos que poner ladrillo a ladrillo cada una de esas casas, nadie consigue casa aquí ni comprando jabón Candado (RISAS), quiero decir ni sacándosela en una rifa, porque la solución del problema está precisamente en el empleo de las máquinas y de la técnica. 
Y así nuestro país irá resolviendo todos estos problemas, con la incorporación de todo el pueblo al trabajo y con la incorporación de la técnica. 
He querido, compañeros campesinos, en este Tercer Congreso, emplear una parte del tiempo en hablarles de estas cuestiones, que supongo que serán de interés para todos ustedes (APLAUSOS). Sin embargo, quedan los problemas de hoy. ¿Qué queremos de ustedes y qué estamos haciendo para lograr lo que aspiramos de ustedes?  Es necesario que las tierras que ustedes poseen produzcan al máximo, ¡produzcan al máximo! (APLAUSOS) 
¿Qué estamos haciendo para eso? Es decir, que las tierras produzcan al máximo, y que ustedes, con el empleo de las máquinas en la medida de lo posible, y de la técnica, obtengan el máximo de productividad por el trabajo, el máximo de productividad en las tierras. 
Hay algunos ejemplos muy ilustrativos. Prácticamente los cafetales de las montañas estaban produciendo ya de 50 a 60 quintales por caballería. Hace algo más de un año se comenzó el plan de tecnificación de la producción de café, de la aplicación masiva de la fertilización, de la poda de los cafetales, de la resiembra de los cafetales, de la utilización de variedades de café más productivas y, en fin, se comenzó con el café un intenso trabajo. De esta manera, 27 000 pequeños agricultores cafetaleros de la provincia de Oriente, de hecho, hoy día están aplicando la técnica, y la producción de café está creciendo rápidamente, no ya como resultado de las nuevas plantaciones, sino las viejas plantaciones de café, porque tenemos entre 11 000 y 12 000 caballerías.  Producir 60, 70 quintales por caballería es una vergüenza. Es perfectamente fácil y posible producir 200 quintales de café por caballería, que no son más que unos 20 quintales de café por caro —como lo llaman los campesinos. 
Y, naturalmente, desde que comenzó a aplicarse la fertilización los campesinos tienen una sola frase para explicar eso: “El café se ha puesto nuevo.” Nosotros hemos hablado con cientos de campesinos preguntando el efecto de la fertilización en el café.  Decían: “Mire, este café estaba viejísimo, este café tenía 15 años, este café estaba muerto, y ahora está como nuevo.” 
Es decir, los campesinos con la aplicación de la fertilización han visto el rejuvenecimiento de sus cafetales.  Y un campesino que vive por allá por San Lorenzo de Céspedes, en el último viaje que hicimos nosotros por la provincia de Oriente, allá en el alto de la Maestra, me dice —es un campesino agricultor, buen agricultor, que aplica bien la técnica—, me dice:  “Óigame, ¿usted dijo que íbamos a llegar a 2 millones de quintales en 1970?” Le dije: Sí.  Dice: “Pero vamos a llegar en 1969, vamos a llegar en 1969.”  — ¿Sí?  ¿Por qué? “Mire, yo estaba produciendo 300 quintales, para 1968 voy a producir tanto y para 1969 estoy en 800 quintales.” — ¿Sí?  “Sí.” 
El había visto el resultado de la fertilización en los cafetales, el crecimiento de la producción, el florecimiento de los cafetales, cómo se retenía la flor, cómo se retenía el grano, cómo se retenía todo.  Y ese campesino dijo una verdad: las metas de 2 millones de quintales en 1970 se van a sobrecumplir ampliamente. 
Pero es que en los viejos cafetales, solo en los viejos cafetales, lograremos los 2 millones de quintales.  Y algunos campesinos se han dado cuenta.  Y, sobre todo, una cosa interesante: prácticamente el ciento por ciento de los campesinos está aplicando ya la fertilización. Cada vez que se introduce alguna de estas técnicas, siempre hay algunos campesinos más avanzados y empiezan a hacer la prueba; hay otros campesinos más cautelosos, ellos miran a ver qué pasa.  Y, desde luego, los efectos han sido tan increíbles que el ciento por ciento de los campesinos en este momento en las montañas está fertilizando el café. 
Ahora bien, con el tabaco se está haciendo una cosa similar. 
Hay una serie de principios que deben aplicarse a la agricultura campesina. Primero, es necesario que los campesinos en todas partes no sean productores de todo. Vamos a explicarnos.  Una de las cosas más terribles cuando se recorren los campos es una especie de falta de especialización en los campesinos. Y los campesinos deben especializarse en uno, o dos, o tres productos, pero principalmente en un solo producto. 
¿Qué quiere decir esto?  Unos campesinos deben ser fundamentalmente tabacaleros, son los campesinos que casi toda su vida han cultivado tabaco en los valles de Pinar del Río, en Santa Clara, en distintos lugares; otros campesinos deben ser fundamentalmente cafetaleros; otros deben ser ganaderos; otros deben ser vianderos; otros deben ser fruteros.  Es decir, que hay que tratar de que el campesino no tenga un popurrí de productos —aquel, papero—, y cada uno tenga una especialidad. 
A veces no tiene el campesino la culpa de esa falta de especialización que se observa; nosotros tenemos en parte la culpa. Es verdad que hay zonas muy características donde toda la vida produjeron, por ejemplo, café y siguen produciendo café, pero había una zona también muy característica, por ejemplo, en Oriente, en que los campesinos producían frijoles —eran los campesinos de Velasco, una de las zonas de mejores condiciones climáticas para la producción de frijoles. De repente faltó la fruta bomba, de repente sube el precio de la fruta bomba, de repente acopio pone para la fruta bomba el precio tal y más cual.  Los campesinos de Velasco empezaron a sacar cuentas: frijoles, me da tanto trabajo, me crea tantos problemas; si siembro fruta bomba voy a ganar diez veces más. Y empezaron los campesinos de Velasco a abandonar el cultivo de frijoles y ponerse a cultivar fruta bomba. ¿Qué negocio hacía el país con eso? Tener que estar gastando divisas importando los frijoles, porque en lugar del frijol se empezó a producir fruta bomba. 
Señores, la fruta bomba es un tipo de cultivo tan fácil de producir, que con un poco de fertilizante y riego y una buena variedad de la fruta bomba, en 100 caballerías se produce más fruta bomba que la fruta bomba que puedan producir 10 000 campesinos sembrando pedacitos de fruta bomba; porque incluso para acopiar esa fruta bomba las rastras tienen que convertirse en tranvías:  buscar un quintal de fruta bomba allí, la otra allí, y más atrás un hombre con un papelito de acopio, un contrato, lo otro, y todas esas cosas (APLAUSOS). 
Nosotros les hemos planteado a unas cuantas agrupaciones: “Produzcan toda esa fruta bomba.”  Porque hay unos cuantos cultivos que incorrectamente se les han asignado a los campesinos, unos cuantos cultivos que han sido estimulados con unos precios estratosféricos.  Faltó el tomate placero, y allá va el precio en el tomate placero. Bueno, hay algunos campesinos que han producido siempre tomate placero, muy bien: el que haya producido eso reservarle el derecho a seguir produciendo tomate placero.  Pero de repente, algunos campesinos que producían caña vieron que sus vecinos, en dos cordeles o en tres cordeles y con mucho menos trabajo, sacaban mucho más dinero que él con 60 cordeles de caña.  Entonces, no importaba que se estuviera ampliando un central, que hubiera allí las líneas, que hubiera todo; de repente el campesino decía: “No, no, yo saco la caña que me da muchos dolores de cabeza y me pongo a sembrar tomate placero.” 
Naturalmente que si todo el mundo que quisiera se pusiera a sembrar tomate placero, entonces el tomate placero sobraba y no valía ni medio centavo. Esos son métodos del capitalismo.  ¿Cómo se trabajaba en el capitalismo? “Esto sobra, no produzco esto; voy a producir esto que falta.”  Todo el mundo se pone loco a producir esto.  Sobra esto, y abandonan aquello y se van a producir otra cosa. No podemos ponernos a producir en las condiciones en que producían los capitalistas. 
Y hay que decir que a acopio, no hay que echarle a acopio todas las culpas; pero la política de precio que se siguió fue una política incorrecta (APLAUSOS). ¿Hacen falta zanahorias? Se habla con dos o tres agrupaciones y se producen tantas zanahorias como las que se necesitan para hacer una montaña de zanahoria. Y no ponerse a estimular aquí la zanahoria, allí el tomate placero, allí la remolacha, allí la fruta bomba, señores; porque eso crea infinidad de trastornos, problemas, dolores de cabeza. El campesino que tradicionalmente ha venido haciendo un cultivo que conoce, al cual está habituado, es lógico que se desaliente completamente con lo que está haciendo, porque considera que él trabaja mucho más y está ganando mucho menos que aquel. 
En definitiva, el campesino que tradicionalmente ha sembrado tabaco, que siga desarrollando su cultivo de tabaco, mejorando su técnica, elevando la productividad; el que ha cultivado café, que siga desarrollando el cultivo del café; el que ha producido pastos, que tiene ganado, que siga desarrollando su ganadería; el que ha producido vianda, que siga desarrollando el cultivo de la vianda; el que ha producido arroz, pues arroz; el que ha producido papas, papas. El que ha producido caña ya es un problema diferente. Hay en la caña un problema, por eso no lo he incluido; no es que se me haya olvidado, lo advierto. Pero les he estado poniendo todos esos ejemplos con los cuales no hay problema. 
Los campesinos de Velasco han hecho muy bien.  Se habló con ellos, se les ha dado facilidades, y todos están otra vez produciendo frijoles, y todos están entusiasmados con la producción de frijoles y en la lucha por elevar la producción por caballería. 
Naturalmente que no basta simplemente establecer una política, establecer una correcta política de precios, dar una orientación.  No basta decirles a los campesinos de Velasco: “No, déjense de producir fruta bomba, produzcan frijoles otra vez.” No. Hay que llegar allí, hablar con ellos, decirles: “¿Qué necesitan, cuántas máquinas?; ¿tienen fertilizantes?, vamos a aplicar fertilizantes; se puede aplicar el regadío para que produzcan también en seca, vamos a hacer una represa aquí, vamos a buscar equipo de riego.” Hay que ir con los recursos. 
Y así nosotros creemos que los tabacaleros lo que deben es luchar por aplicar materia orgánica, por aplicar la fertilización, por utilizar el regadío. Hay todo un programa con el tabaco de construcción de pequeñas obras hidráulicas para aumentar considerablemente la producción de tabaco, duplicando o triplicando los rendimientos mediante el empleo de materia orgánica, fertilizantes, y el regadío.  Hay todo un plan en el tabaco como con el café. Y eso es lo que tenemos que hacer en los principales cultivos del país. 
Claro está, el campesino quiere producir otra cosa para su autoconsumo. Muy bien. ¿Que un campesino es productor de café, pero además quiere producir para su autoconsumo? Está bien.  Yo les aseguro, por lo que he podido apreciar, por lo que he podido ver en todos los campos, que con unos pocos cordeles bien atendidos y empleando los fertilizantes, cualquier campesino puede producir todo lo que necesita para su casa, todo lo que necesita.  Es decir, cada campesino puede tener un cultivo principal —tabaco, café, ganado, vianda— y tener al mismo tiempo una parte de su tierra, si quiere, dedicada a producir lo que necesita para su autoconsumo. 
Y los cultivos comerciales, un cultivo como cultivo principal, y después el cultivo de autoconsumo.  Muchas veces emplean demasiada superficie en los cultivos de autoconsumo por los rendimientos muy bajos: muchas veces están empleando 40 cordeles para abastecerse de lo que necesitan en la casa, cuando pudieran resolverlo con 10 cordeles aplicando fertilizantes. 
Naturalmente que esto tiene que ir acompañado de una política, que es la que está siguiendo la Revolución, que es la de distribuir los fertilizantes, es de incrementar el empleo de los fertilizantes en todos los cultivos. A veces, hay una región que es platanera, hay 500 caballerías de plátanos: de repente llega a un lugar, cuando usted va por ahí, y se encuentra una manigua.  “¿Y esta manigua?” “Esa, es de un pequeño agricultor.” O se encuentra un popurrí de cultivos allí: una malanga por aquí, maíz por allá, un plátano allá, un puerco por aquí, una vaca por allá.  Señor, ¿por qué este campesino no cultiva plátanos, si toda esta región es platanera, y deja para su autoconsumo —donde sembrar la malanga, si quiere; el maíz, si quiere; lo otro que quiera— una parte de la superficie, y siembra plátanos aquí; de manera que si los aviones pasan y fumigan, si los aviones pasan y fertilizan, le fertilicen su plátano de una vez también?  A veces yo he ido con algunos compañeros de la agrupación y he tenido que decirles: “Mira, chico, esta tierra está ahí abandonada, siémbrala de plátano también.  Llama al campesino y le dicen: ‘mire, esos plátanos que están sembrados ahí son de usted, cuídelos, atiéndalos'.” Porque a veces se encuentran los pedazos de tierra abandonado, porque no tienen recursos o porque viven de otro trabajo, principalmente, y todo ese tipo de problema. 
Es decir, que nosotros debemos buscar que los campesinos, como lo han hecho hasta ahora, se especialicen en determinados cultivos.  En algunas cosas se ha avanzado mucho, como en el café. En las montañas, nuestra política será otra:  nosotros aspiramos a llevarles a los campesinos, mediante toda la red de comunicación que se está haciendo, todo lo que necesiten, desde el llano, de manera que no tengan que estar cultivando en las montañas plátano, maíz, veinte cosas de esas. 
¿Y cómo siembran en las montañas? Es una cosa infalible: si la loma está así...  ellos siembran en dirección de la pendiente.  No he visto todavía en las montañas un solo campesino que si la loma está así... Siembre así; todos siembran así... No he visto uno solo en las montañas.  El plátano no lo siembran así..., lo siembran así, hacia abajo.  Bueno, yo les he preguntado: ¿Por qué hacen eso? Y algunos dicen: Bueno, porque es más fácil para caminar; otros: Porque viene el agua y si lo siembro así me lleva la semilla; o porque para limpiarlo tal problema y tal problema.  El hecho es que, por las razones que sean, no hay un solo campesino en las montañas que no siembre en dirección de la pendiente. 
Acopio se ha metido por allá por algunas montañas.  Nosotros veníamos bajando de una región que se llama Punta de Lanza, y veíamos unos platanales allá, unos platanales allá.  Qué hacen?, ¿y ese cultivo es un cultivo comercial? “Sí.” ¿Y a quién le venden? “A acopio.” 
¿Es correcto que en estas montañas, donde después del Flora apenas quedó capa vegetal, estén sembrando plátano cuando estamos sembrando cientos de caballerías de plátano con regadío en el llano? Hay más de 500 caballerías de plátano en el valle del Cauto; para el año que viene habrá 2 000 caballerías de plátano en el valle del Cauto, idos mil caballerías de plátano en el valle del Cauto!  (APLAUSOS) Será perfectamente fácil llevarles a los campesinos de las montañas todo el plátano que necesiten, y decirles: no cultiven plátano, cultiven café. 
Es decir, que eso es incorrecto, no ha habido una política correcta, se ha fomentado la siembra de plátano allá arriba. Y nosotros hemos estado hablando con las agrupaciones, pidiéndoles que escojan tierras para producir malanga, porque existe la teoría de que la malanga hay que producirla en la montaña, y la malanga se puede producir perfectamente bien en el llano; y nosotros estamos buscando todas las tierras para no pedirles a los campesinos que siembren malanga en las montañas. 
Es decir, en las montañas vamos a seguir la política de abastecer al campesino de todo lo que necesite, incluso viandas, de manera que el campesino produzca café en las montañas. Entre el café, ahora que se está sembrando el café en forma de seto, hemos estado recomendando sembrar frijol gandul entre el café y el café; el gandul no es un cultivo, es una planta; protege el suelo de la erosión, produce un grano que sirve para consumo humano, o para darles a las gallinas, a los cerdos, a lo que sea. El maíz no es lo único con que se alimenta a las gallinas. 
Si se siembra en las nuevas plantaciones de café en curvas de nivel, y hay tres metros entre un seto y otro seto, se puede sembrar ahí el frijol gandul, fertilizarlo, y sirve para alimentar a los cerdos, alimentar a las gallinas; y, además, es muy bueno, sirve para consumo directo sobre todo cuando está fresco y muchos campesinos lo consumen con arroz. Esa es una solución correcta:  no sembrar maíz en las montañas, sembrar otro tipo de cultivo que resuelva el problema, sea más fácil de trabajar y no destruya la naturaleza. 
En fin, yo les decía al principio que de agricultura se sabía muy poco. 
Y les voy a decir algo más: si se saca la excepción de algunos campesinos, hay algunos campesinos muy curiosos... Nosotros en los límites de Camagüey y Las Villas, a orillas del Jatibonico, conocimos a un campesino que nos impresionó.  Tenía una pequeña plantación de cítricos; él había hecho las plantaciones, había hecho las podas, las tenía con una producción magnífica... ¿Está también por ahí? (EXCLAMACIONES AFIRMATIVAS) Bien, creo que se llama Mesa ese campesino.  Ese campesino tiene allí plantados cedros, cítricos, pastos; estaba fabricando una turbina allí, con mil trabajos se estaba buscando un motor; buscó los fertilizantes, y no había de cítricos y se consiguió otro fertilizante, y estaba allí aplicando la técnica con un tesón admirable.  Ese campesino es un verdadero agricultor. 
A la entrada de la Montería, en la Sierra Maestra, nos encontramos el raro ejemplo de un campesino que había sembrado una caoba, una baría, un cedro, distintos árboles de maderas preciosas... ¿Está también ahí?  (EXCLAMACIONES AFIRMATIVAS) 
¡Me alegro! Veo que merecen estar aquí, porque son campesinos de vanguardia de verdad.  Es Verdecia. Ese campesino había sembrado varias decenas de árboles, había hecho algo que realmente era compensador de ver tanto bosque destruido sin que nadie siembre nunca un árbol. 
Yo le pregunté: ¿Usted cree que si a los demás campesinos les llevan las posturas siembran?  Dice: “Sí, seguro que sí.” Entonces, al campesino ese lo han declarado campesino modelo de esa región.  Y, entonces, lo que no es de café todo lo está sembrando ya de maderas preciosas; y se ha desatado una gran fiebre de siembra de maderas preciosas.  De manera que los compañeros de la zona de Manzanillo querían extender el plan, y digo:  No, ¡aguanten!  A cada rato hay que decir ¡aguanta!, porque aquí entusiasmo no es lo que falta, realmente el entusiasmo se sobra; lo que creo que hace falta son orientaciones correctas, orientaciones correctas es lo que falta (APLAUSOS).  Y la falta de orientación no es falta de la buena fe, es resultado de tanta ignorancia como la que se había acumulado en este país. 
Les voy a poner un ejemplo. En el día de hoy discutiendo con un grupo de compañeros que están fomentando el cultivo de la piña, les preguntábamos por la semilla, porque el incremento de la piña está limitado por la cantidad de semillas, y nos dicen: “Ha aparecido una nueva técnica para la semilla de piña.”  Digo: ¿Cuál?  Dicen: “El tronco de la piña se corta en cruces así, y salen por lo menos 12 hijos del tronco.”  Digo: ¿Cómo? Y me enseñaron, incluso, en un lugar un cantero donde tenían los hijos que los habían sacado de los troncos de las piñas, que tienen algunas yemas que se desarrollan.  ¿Y eso no lo sabía nadie aquí? “No.” ¿Y dónde apareció? “En una revista de mecánica que llegó no sé de qué país.” Dije yo: ¡pero será posible!  En este país donde había por lo menos unas cuantas gentes que se decían técnicos agrícolas, ingenieros agrónomos, ¿nadie sabía eso?  Pues nadie lo sabía.  Una cosa tan sencilla, que era diez veces más sencilla que el famoso huevo de Colón. Y es que del tallo de la piña se podía reproducir la piña, y nadie lo sabía. 
Y es increíble la cantidad de cosas que ignorábamos, incluso que ignoramos todavía. Y por eso las orientaciones no existen, las orientaciones correctas muchas veces no se han dado por ignorancia. 
Pero les decía que en la zona del Jíbaro y la Montería tuvimos que decirles a los compañeros: ¡Aguanten! ¿Por qué les dijimos ¡aguanten!? Sencillamente porque nosotros pensamos llevar un plan de incremento forestal en la Sierra Maestra en 1969, un gran plan: pensamos hacer los viveros a lo largo de la Sierra, de 200 a 300 millones de árboles de maderas preciosas para llevárselos a los campesinos, a los que quieran sembrarlos; pero ahora, 1967 y 1968, estamos trabajando con el café, estamos tecnificando la producción de café, resembrando los cafetales, desarrollando los cafetales. Si a este plan de café que estamos llevando a cabo en 1967 y 1968, en estos momentos le introducimos un plan forestal, vamos a interferir una cosa con la otra. Y yo les planteé: No, sigan en esa región como plan piloto, para ver en qué actitud están los campesinos, cómo reciben, cómo se entusiasman. 
Nosotros tenemos el propósito de llevarles gratuitamente las posturas a los campesinos, y darles el fertilizante de los forestales gratuitamente. 
Como el forestal es un árbol que hay que esperar para que produzca 10 ó 12 años, no más.  Nosotros estimamos que una caoba, una baría, un cedro, cualquiera de esos árboles, en 12 años se puede cortar perfectamente bien si los fertilizamos. Vamos a aplicarles la fertilización también a los bosques. 
Y a los campesinos les vamos a decir: “Ahí tienes una 'pelúa', ahí tienes esa tierra que no está produciendo nada, donde no está el café, aquí tienes las posturas en sus bolsas y todo, siémbralas, aquí tienes los fertilizantes.” Todos los años. Si él quiere después explota esa madera, vende la madera; si un día quiere vender su parcela, su parcela pues tendrá mucho más valor, aunque creo que el argumento del valor no es el que va a convencer mucho a la gente aquí, porque ya les decía por otro lado que mientras más años pasen menos valdrá el dinero, por las razones que les expliqué anteriormente. 
Pero, desde luego, a cualquiera si le interesa el dinero o lo que le interese, al país lo que le interesa es que no haya una “pelúa”, al país lo que le interesa es que se siembren árboles. En las tierras estatales no hay problemas:  nosotros en las montañas vamos a ir en todos los potreros y en todos esos lugares dejando ciertas áreas con fertilización para la producción de leche y el resto lo vamos a sembrar de maderas preciosas, o de pinos, según las características del terreno.  Pero pensamos llevar a cabo un plan en la Sierra Maestra, lo vamos a llevar también al Escambray y a las regiones montañosas desde 1969. No se puede hacer todavía antes porque ahora estamos con el café. 
Es decir que hay campesinos que tienen gusto, que tienen preocupación por la técnica, que se preocupan por mejorar la tierra, que se preocupan por sembrar un árbol. Hay campesinos de esos.  Y realmente es muy estimulante cada vez que nos encontramos con alguno de ese tipo de campesinos. 
Fuera de eso, les voy a decir una cosa: el nivel de nuestra técnica agrícola entre los pequeños agricultores está más o menos igual que cuando Diego Velázquez empezó la colonización de este país; la agricultura nuestra, nuestra pequeña agricultura, salvo excepciones, tiene el nivel técnico de hace cuatro siglos, ¡de hace cuatro siglos!  Desde luego, aquí siempre hubo algunos pocos cultivos que emplearon regadío, fertilización: la papa, algunas áreas tabacaleras, algunas pequeñas áreas arroceras; pero fuera de eso: la ganadería, la caña por lo general, las viandas, todo el resto de nuestra agricultura es una agricultura anacrónica, ¡anacrónica! 
A nadie nunca se le ocurrió fertilizar una mata de plátano.  En Oriente hay platanales que tienen 20 años, 30 años, jamás han conocido una libra de fertilizantes. 
Cuando yo les digo esto no los estoy culpando a ustedes, estoy simplemente refiriéndome a una realidad, y es la realidad de nuestra agricultura en las condiciones del pasado: no había conocimientos técnicos, no había fertilizantes, no había mercados, no había créditos, no había nada.  Les quiero decir que nuestra agricultura está muy atrasada, nuestra pequeña agricultura está muy atrasada. 
Díganme una cosa, un campesino platanero, debe haber varios aquí. ¿Hay por aquí algún campesino platanero de Holguín, de Banes, de...? (ALGUIEN DEL PUBLICO RESPONDE AFIRMATIVAMENTE). 
Yo le quiero hacer una pregunta: ¿Cuánto tiene usted sembrado de plátano?  (UN CAMPESINO LE RESPONDE: “Dieciséis rosas.”)  ¿Y cuántos quintales ha sacado el año que más ha sacado?  (LE RESPONDE: “Mil setecientos quintales.”) 
Plátano vianda.  De plátano fruta, ¿cuánto cree usted que pueda sacarse en una caballería?...  ¿Alguien que haya cultivado plátano fruta? Dígame. (LE RESPONDEN: “Tres mil tallos.”)  ¿Cuántos racimos?... ¿Cuántos quintales serán de plátano? ¿Se podrán producir 2 000 quintales de plátano fruta en una caballería? ¿Se puede? 
Eso se puede producir, más o menos, 2 000 quintales en dos rosas de tierra. 
¿Saben ustedes que, por ejemplo, se pueden producir —según nosotros estimamos de los resultados de algunas pequeñas plantaciones experimentales que se han hecho—, que se pueden obtener hasta 20 000 quintales de plátano fruta en una caballería? 
Si nosotros no hubiéramos estado muy ocupados en estos días, hubiéramos podido sugerirles a los compañeros del congreso que hubieran visitado algunos experimentos que se están haciendo (APLAUSOS). Matas de plátano que empezaron a parir a los cinco meses y que antes del año estaban produciendo racimos de 70 hasta 85 libras: se pueden llegar a producir hasta 40 000 racimos en una caballería, sembrándolo a la distancia adecuada. 
Es decir que les pongo el ejemplo de un cultivo: café.  Se estaban recogiendo 50 y 60 quintales por caballería. Nosotros estamos haciendo plantaciones en algunas de las cuales pensamos cosechar hasta 1 000 quintales por caballería. 
Es decir, hay algunos cultivos en Cuba que tenían alguna técnica, y cuando ya hay alguna técnica no es tan fácil duplicarlo; pero en la mayor parte de los cultivos de Cuba se puede triplicar, cuadruplicar, quintuplicar la producción y en algunos casos decuplicar, elevarla diez veces, y se trata precisamente de eso. 
Nosotros nos proponemos brindar —puesto que la Revolución hoy tiene posibilidad de ello— el máximo de recursos a los campesinos para que eleven la productividad, la dupliquen, la tripliquen, la cuadrupliquen (APLAUSOS).  Por ejemplo, actualmente ya se está distribuyendo fertilizante para plátano a todos los pequeños agricultores (APLAUSOS); se está distribuyendo fertilizante para café a todos los pequeños agricultores; se han distribuido cuatro toneladas de fertilizantes por caballería a todos los agricultores cañeros, y se les dará, en adición, de una y media a dos toneladas de nitrato de amonio por caballería (APLAUSOS). 
Todos los cultivos de tabaco se van a fertilizar y, además, se va a tratar de irrigar el máximo posible mediante las construcciones de pequeñas presas. 
En los cultivos de viandas, en los cultivos de frijoles, en todos los cultivos, en los cultivos de frutales, también se ha distribuido fertilizantes para todos los pequeños agricultores que tienen cítricos.  Es decir, que ya se está trabajando en el sentido de aplicar la técnica. 
Se empieza a introducir la inseminación artificial en la ganadería de los pequeños agricultores.  La ganadería es uno de los sectores de la agricultura de la ANAP donde hay que hacer uno de los mayores trabajos.  Ya, como les decía, se comienza a introducir la inseminación. 
Usted recorre este país y por dondequiera ve vacas flacas.  Una pobre vaquita flaca que le están extrayendo...  No sé lo que le están extrayendo a esa vaca, la vida se la están extrayendo. Por dondequiera una vaca amarrada aquí, una vaca en un potrero que no tiene comida.  Y la verdad que cuando se tiene un poco de conciencia del cuidado que hay que darles a los animales, se sufre cuando se ve eso. 
Son muy pocos los campesinos que tienen pastos artificiales. Casi todos lo que tienen son pastos naturales.  Jamás se ha fertilizado un solo potrero, por lo general, de los pequeños agricultores.  Y hay decenas y decenas de miles de caballerías dedicadas al ganado.  Nos proponemos darle a la ganadería el mismo impulso que se les está dando al café, al tabaco, a las viandas, a todos los demás cultivos. 
¿Qué política pensamos seguir en la ganadería?  En las zonas, naturalmente, próximas a la capital, a las grandes ciudades, vamos a desarrollar el ganado lechero, pero por lo general en las provincias de Las Villas, de Camagüey y de Oriente les vamos a plantear a los campesinos tres cosas: primero, siembra de pastos artificiales, incluyendo leguminosas junto con las gramíneas; segundo, fertilización de los pastos; tercero, orientar al pequeño agricultor no a la producción de leche sino a los animales de cría. 
¿Por qué? Excepto en las regiones de occidente donde los campesinos tienen tradición de producir leche, donde hay una gran concentración de población, en el resto de la isla, para un campesino resulta mucho más fácil tener un rebaño de ganado de cría que un rebaño de ganado de leche.  El ganado de leche le da muchos trabajos, muchos dolores de cabeza, el ordeño diario:  es mucho más fácil si un campesino tiene una caballería de pasto, de tierra para ganado, sembrarla de pasto artificial, fertilizarla, mantener allí entre 30 y 40 vacas y producir de 25 a 30 crías por año. Simplemente con el mínimo de trabajo de atenderlas, es decir, cambiarlas de cuartones, verlas, casi mirándolas, ¡casi mirándolas!, un campesino puede atender un rebaño de 30 a 40 vacas, que significaría un buen ingreso para el campesino y significaría, desde luego, un ingreso además que no le daría muchos problemas. La leche, que da más problemas, se puede producir en las granjas. 
Tenemos, por ejemplo, la región de Bayamo.  Cuando todo el plan de la región de Bayamo se haya desarrollado, las granjas de Bayamo producirán un millón y medio de litros de leche diarios. El acopio de esa leche es fácil, porque será en unos cuantos cientos de lecherías.  Esa misma leche si se produce por los pequeños agricultores hay que ir a diez mil lugares todos los días, recoger 10 litros allí, 15 acá, 20 allá. Esa leche se produciría de diez mil formas diferentes en diez mil condiciones higiénicas diferentes y, en definitiva, es algo que se puede perfectamente producir en las granjas. 
Esto no quiere decir que si un campesino en Bayamo es lechero y quiere seguir siendo lechero no lo ayudemos; lo ayudamos, le facilitamos también la inseminación, le facilitamos los recursos, le facilitamos todo. Nosotros, simplemente... (ALGUIEN DEL PUBLICO LE DICE ALGO) 
¿De dónde tú eres?  (LE RESPONDE: “De Las Villas.”)  Tú eres de Las Villas. ¿En qué término?  (LE DICE: “Central Taguasco.”) ¿Al lado del pueblo?  (LE RESPONDE: “Sí.”)  ¿Cuánta tierra tú tienes de pasto?... ¿Cuántas vacas?... ¿Cuánto tú crees que puedes tener allí?... ¡En caballería y media... 
Cuando tengas el pasto artificial... Tienes ya una caballería de pangola. ¿Lo tienes dividido en cuartones?  (LE RESPONDE: “Sí.”)  ¿Cuánto?.. 
¿Has empleado la fertilización alguna vez? (LE RESPONDE: “Sí.”)  ¿Cuándo?... ¡Ah!, es que tú eres un campesino modelo.  No es el caso de lo que yo estoy hablando (RISAS Y APLAUSOS). 
Es decir, ¿tú vas a tener F-1 de Brown Swiss o de Holstein?  (LE RESPONDE: “De Holstein.”)  ¿Tú quieres ser lechero o qué?  (LE RESPONDE: “Me gusta la producción de leche.”)  ¿Cuántas vacas tú puedes ordeñar diariamente?  (LE RESPONDE: “Veinticinco.”)  Tú tienes que estar ordeñando 25 vacas diarias, es un trabajo fuerte. Es decir, que para ti, por ejemplo, si tú allí en vez de tener ganado de leche... No te estoy diciendo que abandones el ganado de leche. No sé las situaciones concretas de allí del pueblo de Taguasco, pero lo que te quiero decir es que tú en la caballería y media puedes tener de 40 a 50 cabezas.  Si en vez de inseminar ese ganado con Holstein lo inseminas con Charolais o lo inseminas con Santa Gertrudis, cuando tengas F-2, cuando tengas F-3, ya tienes una ganadería de carne de magnífica calidad.  En la media caballería, 10 cuartones, fertilización, tú lo único que tienes que hacer es trasladar cada cuatro o cinco días el ganado de un cuartón para otro. Y producirías — ¿quieres que te lo diga?—, en divisas puedes producir 7 000 u 8 000 pesos en divisas todos los años en tu caballería y media de una manera muy fácil. 
Mira, esto que yo estoy planteando no podemos ahora empezar a hacerlo. ¿Por qué? Porque por lo menos hasta 1970 no se lograrán los grandes incrementos de leche resultado de todo el trabajo que se ha venido haciendo. Nosotros todavía en 1967, 1968, 1969 necesitamos la producción de leche de la agricultura privada en Las Villas, Camagüey y Oriente; en Matanzas y La Habana la necesitaremos siempre porque aquí hay una gran parte de las tierras de pasto que son de los pequeños agricultores y hay una concentración muy grande de población. 
La razón que nosotros vamos a sugerir es que las granjas produzcan la leche y los pequeños agricultores produzcan ganado de cría; también las granjas producirán ganado de cría.  Porque, por ejemplo, un lugar como Camagüey donde habrá de dos y medio a tres millones de vacas en el futuro, se dedicará a la producción de leche un millón, otro millón se dedicará a la producción de cría y el resto del ganado de la agricultura privada se puede dedicar a la producción de carne. 
Proponemos, la idea que vamos a sugerir, es que las granjas produzcan la leche. ¿Por qué?  Porque, bueno, se necesita la fuerza de trabajo, se necesita la refrigeración, se necesitan los equipos para conservar la leche, se necesita acopiar toda esa leche.  Es más fácil acopiar la leche si son 100 lecherías con 1 000 litros cada una, los carros van a cien lugares, la leche se conserva en frío en cien lugares; pero es mucho más difícil el problema de la conservación y de la recogida de la leche en un lugar donde hay 50 litros, 70 litros, 100 litros. 
¿Cuántos litros tú produces, por ejemplo, ahora al día? (LE RESPONDE: “Diecisiete litros.”)  Imagínate para recoger —y tú eres un buen agricultor—100 000 litros de leche, habría que visitar aproximadamente 5 000 pequeños agricultores como tú todos los días.  Para mantener esa leche en condiciones higiénicas, refrigerada, mientras se recoge, hay que poner 20 000 cortinas de frío allí, lo cual se puede hacer perfectamente en cien lugares. Ahora en cambio si tú fueras productor de carne, entonces tú una vez al año entregas el producto, al empezar la seca, en cualquier momento, una sola vez hay que ir allí a recoger. Y es por eso, porque es mucho más fácil la producción de carne que de leche, que nosotros en el futuro lo que pensamos es ayudar a todos los campesinos a sembrar todos sus pastos naturales y manigua de pasto artificial; pangola con kudzú, que es lo que le falta a la finca tuya, en la media caballería esa hay que sembrar un surco de kudzú y un surco de pangola para que no tengas que aplicarle nitrógeno, y vas a tener un alimento mucho mejor. 
¿Evidio no anda por ahí? Es una lástima, porque Evidio está produciendo 110 litros de leche con ocho vacas, con ocho novillas que le están dando 13 litros de leche de promedio; guinea con kudzú en este caso. Evidio es un campesino de San Andrés. 
Si un campesino quiere producir leche, que produzca leche; nosotros le propondremos, por lo general, que sea productor de carne. 
Tú no tienes que preocuparte, porque tú el año que viene se te insemina la vaca tuya con Charolais o Santa Gertrudis, el que te gusta más entre los animales de carne. En la provincia de Las Villas posiblemente inseminemos con Santa Gertrudis o con Charolais, animales de carne; las F-2 ya tienen tres cuartos de animal de carne. 
Las que tú tienes son Cebú. En cuatro años vas transformando toda la ganadería, y posiblemente nosotros empleemos el Charolais como uno de los principales animales de carne, porque este es un animal de mucha calidad, de mucho valor.  Y entonces, los campesinos que se dediquen, por ejemplo, a la ganadería, de Las Villas hasta Oriente, tendrán ganado de raza de carne (DEL PUBLICO LE DICEN ALGO). 
De inseminar ganado lechero.  Eso es correcto; no debemos alterar eso ahora. Este año vamos a inseminar con el animal de leche, porque se empezó a hacer ese trabajo; porque esta idea es relativamente reciente.  Por eso, los compañeros de inseminación van a seguir trabajando en Sancti Spíritus, en Bayamo (APLAUSOS).  Pero eso no importa. 
Porque, por ejemplo, si tú el año que viene, o la región de ustedes tiene las F-1 de Holstein con Cebú, esa F-1 de Holstein con Cebú se insemina con un animal de carne y lo cría mucho mejor que la Cebú, y se transforma, porque un animal de leche si tiene buen pasto alimenta mucho mejor a un ternero que una Cebú.  Sin duda que este F-1 puede alimentar un ternero y llegar al año a 700 u 800 libras sin problemas, siempre y cuando tenga pasto. 
Esto que yo les estoy explicando es una directriz general para el futuro; es decir, pedirles a los ganaderos, que precisamente esto es lo que les gusta... A los ganaderos les gusta más la cría que la producción de leche, y nosotros hemos considerado que si les gusta la producción de carne, si les da menos trabajo, si además acopiar la leche es un problema mucho más difícil que acopiar la carne, sugerir a los campesinos que se orienten hacia la producción de animales de cría y que en las granjas produzcan la leche. 
Ya en el año 1971 le podemos decir a cualquier campesino desde los límites de Matanzas y Las Villas hasta Baracoa: “Si quieres, dedícate a la producción ciento por ciento de carne.” Claro, pegado a Santiago de Cuba, pegado a Cienfuegos, pegado a la ciudad de Camagüey, pegado a las grandes ciudades, es lógico que se siga haciendo la producción de leche; pero incluso en lugares como Bayamo —que es una cuenca lechera importante— la producción estatal va a ser de un millón y medio de litros de leche, es decir, se les puede facilitar a los campesinos la posibilidad de ser criadores de ganado y no productores de leche, escogiendo ellos lo que prefieran.  Esta es la orientación que nosotros vamos a dar. 
Porque ya el año que viene empezamos en Bayamo —en 1968—, ya vamos a desarrollar la siembra de pasto en Bayamo entre la agricultura privada; pensamos sembrarles 1 000 caballerías de pasto a los ganaderos de Bayamo. Todavía ese plan, en gran escala, no lo vamos a llevar el año que viene a todo el país.  A las zonas de la provincia de La Habana, sí; en esta zona.  Para 1969 pensamos ya darle un impulso tremendo a la siembra de pasto de los agricultores privados.  Y desde luego, ya a inseminar con ganado de carne podremos empezar el año que viene, el año que viene ya; porque ya las que nazcan, nacen en 1969, no estarían en producción sino hasta 1971 ó 1972.  Ya para esa fecha la producción de leche que se va a tener es enorme, y va a ser más importante que los campesinos dediquen sus pastos a la producción de carne. 
Es decir, esta es la orientación general: unos campesinos se van a dedicar a la producción, fundamentalmente, de tabaco, otros de vianda, otros de ganado de carne, otros de frijoles, otros de arroz; también se le va a dar un gran impulso a la producción arrocera en las regiones de Manzanillo y de Bayamo; se va a hacer un plan con los pequeños agricultores de riego, de fertilización, de todo, en aquella región. La política que se va a seguir es la de especializar la producción. 
Esto no es nuevo. Cuando yo digo especializar la producción no digo nada nuevo, es lo que ha venido ocurriendo tradicionalmente; quiero decir que no se ande cambiando de un producto para otro, de uno para otro. Si es un problema de que un producto no resultara satisfactorio para un campesino, siempre puede haber una solución con ese producto. 
Por ejemplo, tenemos el problema de la caña, que yo no he mencionado.  El problema de la caña es más complejo. Hay provincias, como Matanzas, Las Villas, La Habana, donde la participación de los pequeños agricultores en la producción cañera es muy grande; es decir, no les podemos decir:  “Puesto que la caña da dolores de cabeza, problemas, dejen de producir caña.”  No les podemos decir que dejen de producir caña, porque ahí están los centrales, están las instalaciones, está todo. ¿Por qué? Porque tienen una gran parte de las tierras cañeras.  Incluso, hay que estar luchando, insistiendo, porque ha habido una política que está contra los intereses nacionales.  ¿Cuál es la política? Ir demoliendo las cañas. Ir demoliendo las cañas le hace un daño a la economía;  preferible es que busquemos cualquier otro tipo de solución, menos el de demoler las cañas.  Y nosotros en esas provincias donde los pequeños agricultores tienen mucha caña no podemos buscar otra solución que pedirles que sigan cultivando la caña, y buscar dentro de ese cultivo qué hacer para que ellos resulten compensados, que se sientan satisfechos con lo que están haciendo. 
En algunos lugares como Camagüey, donde la caña que tienen los pequeños agricultores es muy poca, los compañeros de la provincia me habían presentado el proyecto de que, excepto en los lugares que estén muy pegados al central, se pudiera en muchos sitios sembrar en tierras estatales las cañas que tienen muchos de esos agricultores privados, y que se dediquen a la producción de ganado.  Es decir, en Camagüey hay una tradición ganadera; la tierra que tienen los pequeños agricultores en caña es muy poca; hay suficiente tierra estatal para pasar esas plantaciones a las tierras estatales y se le puede buscar una solución en Camagüey al problema de la caña. 
Pero, sin embargo, en Las Villas y La Habana, Pinar del Río, Matanzas, no se puede hacer eso porque no hay las tierras.  Están los centrales; es imposible prescindir de la agricultura cañera.   Lo que hay que hacer es mecanizar, facilitar alzadoras, lograr el máximo de productividad. 
Aquí, por rutina, ha estado sucediendo una cosa increíble. Según nos explicaban los compañeros de la ANAP, los únicos agricultores que pagan impuestos aquí en este país son los cañeros, porque hasta el café, que pagaba algún impuesto, se suprimió.  Entonces, el gobierno tiene un proyecto de ley para suprimir los impuestos a los cultivadores cañeros (APLAUSOS). Resulta que la caña es importantísima para la economía, produce azúcar, produce miel, produce bagazo, produce cogollo, que es un alimento para el ganado; la caña es un cultivo importantísimo para la economía; es además un cultivo duro, no es tan cómodo como otro tipo de cultivo, y resulta que los únicos agricultores que estaban pagando impuestos aquí son los cañeros.  ¡Vamos a echarle la culpa a la ANAP!  Hay que echarle la culpa a alguien y vamos a echársela a la ANAP. 
Pepe es el que ha estado insistiendo en el problema. 
Señores, la culpa la tienen los cañeros, los cañeros, porque es que resulta que si estaban pagando no sé qué impuesto y prácticamente aquí todos los impuestos se han ido liquidando, ellos eran los que estaban pagando impuestos; porque era un descuento que se hacía a través del central, me han estado explicando... (DEL PUBLICO LE DICEN ALGO) ¿Qué les pasó, qué les pasó a los pequeños agricultores cañeros?... ¿Este año?  Bueno, pues este año... (LE DICEN: “El año pasado.”)  No, no, este año no se va a cobrar ningún impuesto (APLAUSOS). 
Bueno, díganme una cosa: desde luego, esos impuestos habían permanecido porque estaban por ley; si ese problema se hubiese planteado antes es un problema que se habría resuelto.  Ahora, ya desde este año les estaba precisamente comunicando que ese impuesto queda suprimido, es decir, que por este año no tienen que pagar ningún impuesto por la caña que se ha cortado (APLAUSOS). 
Es una de las cosas que precisamente les decía de las orientaciones incorrectas; esa es una de las cosas incorrectas que subsisten.  Resulta que estamos interesados en incrementar la producción cañera, en llegar a la zafra de los 10 millones, y resulta que los agricultores cañeros, que tendrán aproximadamente el 25% de esa producción de caña estaban pagando impuestos.  Increíble, ¿verdad?  Claro, eran impuestos que estaban establecidos.  ¿Porque antes qué pagaban?  Antes se pagaba la renta; además el impuesto. Desapareció la renta y siguió el impuesto... (DEL PUBLICO LE DICEN ALGO)  ¿Qué pagan ustedes, compañeros?  Díganme, ¿cuáles son los impuestos que pagan?...  ¿Ahí está la seguridad social en ese 11%?  (UN CAMPESINO LE DICE: “Fidel, nosotros no tenemos derecho a ella.”) 
¿Ustedes no tienen derecho a la seguridad social?
JOSE RAMIREZ CRUZ.-  La ley establece la opción... 
CMDTE FIDEL CASTRO.- ¿La opción de qué? ¿Cuál es la opción? Párate aquí, Pepe, explica ese problema. 
JOSE RAMIREZ CRUZ.- El problema consiste en que de acuerdo con la Ley de Coordinación Azucarera tenían que inscribirse, la llamada opción —que se llamaba.  Los que no la hicieron antes pues no tenían derecho por la ley.  Sin embargo, después de la Revolución se les ha estado cobrando, se les ha descontado, y no son beneficiarios. 
Eso es lo que yo le contaba, compañero Fidel, que habíamos estado conversando con el compañero Risquet, ministro del Trabajo, para hacer un estudio y buscar una solución a este problema, porque hay unos que la pagan, que hicieron la opción, y hay otros que la pagan sin haber hecho opción. 
CMDTE FIDEL CASTRO.-  Sigo sin entender.  Está ronco Pepe. 
Vamos a averiguar el problema.  Los pequeños agricultores de plátano, por ejemplo, ¿pagan ese descuento del 11%?  (LE DICEN QUE NO)  ¿Ningún pequeño agricultor paga ese descuento? 
(LE DICEN: “Hay unos cuantos.”) ¿Cuál?  Porque, miren, hay una parte que corresponde a los trabajadores...  (LE DICEN: “Ese es el de los trabajadores.”)  Ese es el de los trabajadores.  . 
Miren, señores, yo les voy a decir lo que pienso sobre todo ese problema.  Al empezar a hablar aquí esta noche les expliqué los problemas del dinero, todo ese tipo de problemas, les expliqué cómo el dinero iba a tener cada vez menos importancia, les expliqué los problemas de la producción. ¿Quieren que les diga en qué consisten esos impuestos, esos 11, y tanto y más cuánto? ¿Ustedes creen que eso importa para algo? ¿Saben lo que importa? Que en vez de producir 40 000 arrobas produzcan 80 000 por caballería, eso es lo que importa (APLAUSOS). 
¿Qué hacemos con que paguen 100 pesos por un lado y se dejen de producir 1 000 por otro?  ¿Contra qué se pueden canjear esos 100 pesos? Lo que al país le interesaría que se pudieran producir 1 500 quintales más de azúcar en esa caballería, que se pudieran exportar y traer bienes equivalentes al valor de esos 1 500 quintales por caballería; lo que interesa es elevar la producción, porque aquí se reparte lo que se produce. ¿Usted ha visto a alguien desayunarse con un peso por la mañana? ¿Alguien se ha comido alguna vez un par de huevos fritos con un billete de 10 pesos? En Gran Tierra descubrimos no hace mucho un campesino que tenía la manía de comer vidrio. Bueno, hubo que traer ese hombre y llevarlo al hospital; estaba grave.  Venía comiendo vidrio.  Pero todavía no nos hemos encontrado un caso de nadie que coma billetes, que coma pesos. Este caso no me lo he encontrado por ninguna parte. 
Ese 11% no se come.  Se come el azúcar que se produzca en esa caballería de tierra, se reparte el azúcar que se produce en esa caballería de tierra.  Es que todo eso es un anacronismo. ¿Y qué creemos? Creemos que esos anacronismos deben desaparecer, que eso no importa; lo que nos interesa es que haya caña, lo que nos interesa es que produzcan el doble por caballería de lo que están produciendo, y no andar recaudando un 11% ni nada de eso. 
Por tanto, en cualquier sector de la pequeña agricultura...  Si usted fuera comerciante le diría: “No, no, lo mejor sería elevar a 25% el impuesto ese, pero un agricultor productor que trabaja su tierra, eso no interesa.” Queda de por medio el problema de la seguridad social, pero todo depende del concepto que se tenga.  Si nosotros ahora le recogemos a cada campesino 100 pesos todos los años, 200 pesos todos los años, esperando que se ponga viejo, para cuando esté viejo le empecemos a dar tanto todos los años porque se retira, en realidad lo que ese campesino va a consumir dentro de 20 años no es lo que está produciendo ahora, será lo que se esté produciendo dentro de 20 años. 
Nosotros creemos que el derecho a la jubilación se les debe dar a todos los trabajadores, sin excepción (APLAUSOS), y sin necesidad de estar siguiendo aquí un método de tipo capitalista.  Lo que interesa de los pequeños agricultores es que produzcan, y para que produzcan necesitan técnicas, necesitan máquinas, necesitan fertilizantes, necesitan recursos, necesitan orientación, además; necesitan orientación. 
Esos impuestos no le interesan a la economía absolutamente para nada. Por tanto, vamos a estudiar el problema de la jubilación como un derecho de todos los agricultores. Claro, siempre hay los “peros”: posiblemente el que venda el guanajo a 50 pesos en la carretera, ¿qué hacemos con él?  (EXCLAMACIONES) 
Señores, hemos dicho que en el futuro el dinero no interesará para nada; incluso, la jubilación no interesará.  Cuando todo el mundo tenga todo lo que necesita simplemente con irlo a buscar, ¿necesitará alguien alguna pensión?  (EXCLAMACIONES DE: “No”)  Bien: pero hay ahora algunos campesinos que la pueden necesitar, y no estamos todavía en la época en que se buscan las cosas y no nos cuestan nada. 
Creemos que la solución es concederles a todos los campesinos que hayan sido campesinos, que hayan trabajado, que pueda garantizarse que son gente honesta, que no han estado en negocitos, especulaciones y cosas de esas, se les conceda el derecho de la jubilación (EXCLAMACIONES Y APLAUSOS). 
Y esos impuestos, ¿quieren que les diga lo que engendran?  ¡Burocracia!, ¡papeleo!  Luego como se están recogiendo pesos en vez de caña, se están recogiendo papeles, se están engendrando papeles, papeleo, y a la economía eso le cuesta, porque a lo mejor tiene que tener 500 gentes llevando esos papeles, que estarían mejor en un vivero llenando bolsitas de café (APLAUSOS). 
Entonces es evidente que ese anacronismo que subsiste va a ser suprimido con todos esos descuentos.  ¿Los agricultores cañeros se sentirían satisfechos de que les quitaran todos esos descuentos?  (EXCLAMACIONES DE: “¡Sí!”) 
¿Los agricultores cañeros estarían dispuestos a hacer el máximo esfuerzo por aplicar la fertilización y la técnica en la producción?  (EXCLAMACIONES DE: “¡Sí!”)  Liquidándose todo eso, ¿podemos contar con la cooperación máxima de ustedes para el plan de los 10 millones de toneladas de azúcar en 1970?  (APLAUSOS Y EXCLAMACIONES DE: “¡Sí!”) 
(DEL PUBLICO LE DICEN: “Oye, Fidel, a pesar de todos los impuestos, nosotros, los obreros y los campesinos, estábamos dispuestos a sobrepasar los 10 millones de toneladas.”)  (APLAUSOS). 
¡Está bien!  Quería decirles, como hemos tocado esta noche aquí distintos tipos de cultivos, puede haber un campesino que tradicionalmente produjera tomate o produjera remolacha.  No nos referimos a los casos de esos campesinos, ni queremos decir que vamos a llegar a que los campesinos no siembren más remolacha o lo que han estado sembrando; no vamos a afectar a nadie.  Lo que decimos es que no vamos a estimular cultivos como la remolacha, la zanahoria, la fruta bomba, y cultivos de esos que recibieron unos precios altísimos y que crearon verdaderos trastornos en la agricultura.  Que cada uno produzca aquel producto al que está habituado, que tiene tradición, en la región donde esté: tabaco, caña, pastos, café, vianda, el cultivo que sea; y que cada uno se sienta satisfecho con lo que está haciendo; y que cada uno reciba el máximo de ayuda para elevar la productividad de su tierra y la productividad de su trabajo.  Eso es lo que queremos.  Y tener una política de precios que no ande creando...  Es un mal sistema, está contra nuestras ideas, está contra el socialismo, cuando falta un productico salir con unos precios por allá arriba para que la gente se ponga a producirlo; sobre todo cuando es un producto que se puede producir en unas cuantas caballerías en una granja. 
Esto es lo que nosotros le queríamos decir: nuestra aspiración de que los campesinos se especialicen, atiendan el cultivo que les guste, el cultivo principal, y traten de obtener el máximo de producción de su tierra y de su trabajo. 
Es decir, hace falta introducir una orientación mucho más correcta en la agricultura privada.  Y sobre todo hay que introducir la técnica; hay que introducir la técnica en el café, en el tabaco.  Algunos tienen más que otros, pero en la ganadería sobre todo hay que introducir la técnica.  La agricultura ganadera de los latifundistas era muy atrasada; unos cuantos latifundistas tenían unos cuantos animalitos muy bonitos y los llevaban a la feria; casi todos tenían pastos naturales, casi ninguno tenía pastos artificiales.  Prácticamente ninguno introdujo la leguminosa, ninguno introdujo la fertilización, ninguno introdujo la inseminación, ninguno introdujo el pastoreo; es decir, que era una ganadería para feria con unos cuantos toritos bonitos, y nosotros tenemos que poner toda la ganadería de este país como si este país fuera una feria ganadera de un extremo a otro de la isla (APLAUSOS). 
Y el problema de vacas flacas y animales hambrientos tiene que desaparecer de este país.  Tiene que llegar el día que cuando veamos una vaquita flaca nos dé tanta lástima como cuando veamos un niño flaco; porque en definitiva esas vacas son las que están dando la leche para que esos niños no estén flacos. Y debe dolernos ver los animales pasando hambre; porque los animales no son nuestros enemigos, ¿no?, y son nuestros amigos, y son los que nos ayudan a alimentarnos.  Es criminal tener una vaca pasando hambre, es criminal.  No es justo esto, no es revolucionario.  Si las vacas pudieran protestar y estuvieran organizadas, estoy seguro de que habrían hecho una protesta muy grande en este país (RISAS).  Pero yo por lo menos me constituyo aquí en abogado de las vacas...  (RISAS) 
(DEL PUBLIO LE DICEN ALGO).  ¿Con el tabaco? ¿Pagan impuesto ustedes? ¡Ave María!  (EXCLAMACIONES) ¿Los intereses del crédito? ¿Y cuánto se paga aquí de intereses de crédito?... 
Bueno, señores, yo veo que me quieren suprimir todo. ¿Vamos a suprimir la propiedad privada también de una vez?  (RISAS Y EXCLAMACIONES) 
Lo digo porque, miren, a muchos productos se les han mejorado los precios, se ha hecho en muchos productos la mejora de los precios, se ha tratado de ayudar al máximo a los pequeños agricultores.  Ahora, yo no sé esos descuentos...  Pero miren, me dicen que no pagan impuestos los tabacaleros, ¿entonces qué descuentos les hacen? ¿El interés de los créditos? ¿Y quieren que les diga una cosa? Que es una basura en el doble sentido de la palabra: es una basura en cantidad, y es una basura ideológicamente.  Nosotros no debiéramos cobrar ningún impuesto de interés, porque eso es cosa de capitalistas, vamos a decir la verdad; engendra burocracia, y no alcanza ni para pagar a los que tienen que andar con el papeleo (DEL PUBLICO LE DICEN ALGO). 
Usted tiene razón.  Nosotros vamos a estudiar ese problema para considerar la situación de que se esté pagando ese impuestico, antes era un impuesto: el 10, el 8, el 7.  Bien: nosotros lo redujimos casi a nada, pero sigue siendo un interés, y eso de interés es cosa de capitalistas, señores.  Esa es la verdad.  Es el dinero ganando dinero.  Lo que le interesa a la sociedad cuando le da a un campesino créditos es para que pueda dedicarse a trabajar y a producir, y no para que ande sacando una miseria de lo que produce para pagar.  Eso no resuelve ningún problema económico.  Eso es un anacronismo y una reminiscencia del pasado (APLAUSOS). 
Ese campesino tiene razón (DEL PUBLICO LE DICEN ALGO). 
¿De contabilidad?  Me dicen que eso es la cosa de la cooperativa de créditos y los gastos por la contabilidad, que lo va a llevar el banco y no va a cobrar nada por eso. 
Señores, miren ustedes:  la verdad es que ustedes lo que están planteando...  nosotros en todos estos días hemos estado muy ocupados, por eso no hemos podido estar más en contacto con el congreso, porque todas esas cuestiones habrían quedado resueltas a la luz de las nuevas ideas de la Revolución —la Revolución ha crecido, la Revolución ha evolucionado, la Revolución se ha desarrollado, las ideas de la Revolución se han desarrollado—; y a la luz de estas ideas, el impuestico del interés, que engendra burocracia y que no resuelve nada; a la luz de estas ideas, los descuentos esos del 11%, y toda esa cosa en un sector como el cañero que tanto le interesa a la economía; a la luz de las ideas que son cada vez más revolucionarias, de una Revolución que aspira un día incluso a sustituir el dinero por la vía de brindarle al pueblo todo lo que necesita, como hoy se le brinda la educación, el hospital y todas las demás cosas, todas esas ideas lucen reminiscencias, lucen verdaderamente anacrónicas.
Y lo que interesa, lo que interesa a la luz de nuestras ideas, es que un campesino en vez de producir 30 000 arrobas produzca 60 000 u   80 000 arrobas de caña por caballería; lo que interesa a la luz de esas ideas nuevas, o de las ideas verdaderamente revolucionarias, es que un campesino en su caballería de tierra en vez de producir 300 quintales, produzca 600, si fuera posible; que en vez de 2 000 quintales de plátano produjera 4 000, 5 000, 6 000, 10 000; que en vez de 10 vacas flacas por caballería tuviera 35 ó 40 vacas gordas por caballería; que si una mata de cítrico va a producir 500 naranjas, produzca 1 500, compañeros campesinos, porque eso es lo que se come, eso es lo que se distribuye.  Agarrar un peso por aquí y no elevar la producción por allá es un engaño.  Que los campesinos tengan más ingreso produciendo más, porque produciendo más el pueblo tendrá más de todas esas cosas que los campesinos pueden producir.  Creo que eso lo entiende cualquiera (APLAUSOS). 
Porque si las vacas flacas, las 10 vacas flacas producen seis terneros flacos que se pasan tres años en el potrero para poder llegar a las 1 000 libras, si ese campesino tiene 40 vacas y produce todos los años 30 ó 35 —se pueden llegar a producir hasta casi 40—, vamos a suponer de 30 a 35 animales que pesen en un año, o que a los 18 meses pesen las 1 000 libras, ese campesino está produciendo seis veces más carne, y el pueblo estará consumiendo seis veces más carne, o el país estará exportando más carne para traer otras cosas que el pueblo necesita.  Y yo creo que eso es bien sencillo.  Es que todavía nos quedan muchas viejas ideas, quedan muchas viejas ideas influyendo en la mentalidad de la gente, y nosotros tenemos que introducir nuevas ideas en la técnica y eliminar viejas ideas en la concepción de las cosas. 
Creo que esto que estoy explicando lo entienden ustedes perfectamente bien, es claro (EXCLAMACIONES AFIRMATIVAS). 
¿Quién quería decir algo?  ¿Quién era?...  Un momento, que hay una discordia aquí: dos que quieren hablar al mismo tiempo.  ¿Cuál es el más joven de los dos?  (UNO LE DICE: “¡Yo, yo!”)  Bueno, entonces tú eres el último en hablar (RISAS). 
Vamos a darle la palabra al que está más lejos... No, aquel que está más lejos y va a tener que gritar más...  No, tú no tienes la palabra, la tiene aquel (DEL PUBLICO LE DICEN ALGO). 
Bueno, señores, ¿pero vamos a efectuar un segundo congreso aquí esta noche por la madrugada?  No.  Ya ustedes tuvieron el congreso y todos esos problemas están discutidos, el problema de alzadoras, todo en detalle está discutido.  Lo que interesan son las orientaciones generales, las orientaciones generales. 
Pero vamos a darle la palabra al último, a dos nada más que quieran decir algo, para que no se queden...  (DEL PUBLIDO LE DICEN ALGO) 
Dicen que ya agronomía no tiene que aprobar los créditos, dicen que las bases campesinas con el banco son las que tramitan el problema. Eso es bueno, hay que introducir más las organizaciones de los campesinos en el manejo de la maquinaria ligera, en el problema de los créditos, todas esas cosas. En la medida en que se desarrolle la participación de la base campesina, nos van a ayudar extraordinariamente a resolver todos esos problemas (APLAUSOS). 
Diga, compañero...  (DEL PUBLICO LE DICEN ALGO) 
¿En arroz de secano o de agua?...  ¿Y las yaguasas cuánto te tumban?  ¿Te enteraste que hay una compañía de cazadores matando yaguasas en Sancti Spíritus?  (LE DICE: “Tengo nueve”) 
¡Ah!, ¿tienes nueve allí?... ¿Cuántas yaguasas han matado en estos días?  Mil doscientas yaguasas.  Las yaguasas son el enemigo número uno del arroz en estos momentos, pero este año quedan fuera de combate las yaguasas (RISAS Y EXCLAMACIONES). 
¿Dónde está la de ustedes?... 
¡Ah!, yo pasé por allí el otro día, pero si me dices cómo se llega yo te voy a hacer una visita por allá para hablar de arroz.  ¿Cómo se llama el lugar?  (LE DICE: “Sociedad Agropecuaria.”)  Sociedad Agropecuaria.  Bien: también nosotros recomendamos que si algunos tabaqueros de Las Villas, a propósito de técnica, después que recogen el café se pasan todo el año dando hierrito, y nosotros les habíamos propuesto que se hiciera una siembra de frijol carita en primavera para no tener la tierra descubierta; hacer las pruebas.  Ese frijol sirve tanto para consumo humano que puede servir para consumo animal y protege la tierra y le da materia orgánica. 
Pero precisamente por lo que decía anteriormente vamos a empezar con un pequeño agricultor, algunos pequeños agricultores, para que vean la prueba, para que vean el resultado, para que vean que lejos de perjudicar las tierras las ayuda, y que va a proteger mejor las tierras en la primavera, porque esas tierras descubiertas se erosionan mucho.  Pero creo que los campesinos están acostumbrados a sembrar y estar todo el año pasando el hierrito hasta que vuelve otra vez.  Y vamos a hacer eso. 
Y de arroz, ustedes producen 1 000 quintales; es poco.  Tenemos que llegar a producir por lo menos 1 500 quintales.  ¿Está claro?   Está bien. 
En Las Delicias. Le voy a hacer la visita pronto por allá a la sociedad agropecuaria esa. Muy bien. 
No, no, ya se acabaron los turnos.  Es la 1:30 de la mañana.  Bueno, ¿estamos de acuerdo con que le demos a este compañero, el último, la palabra? ¿Palabra de honor? Bien, vamos a ver. (DEL PUBLICO LE DICEN ALGO) 
No, no, no, entonces usted no tiene honor, porque ya está poniendo...  Me han dado la palabra de honor de que ya nadie más va a pedir la palabra (DEL PUBLICO LE DICEN ALGO). 
Ah, espérate, ¿la que quedamos con Milián que iban a mandar de allá?...  ¿Dónde está?...  Ah, está bien.  Ah, ¿trajiste cuatro?... ¿Cuáles son?...  Está bien, nosotros recibimos también el gandul enano que es el que queremos probar.  ¿Qué es?  ¿Enano?... A lo mejor. Lo vamos a probar.  ¿Dónde está?  Lo trajiste aquí, ¿no?...  ¡Oye, recogiste bastante!... 
Bueno, muchas gracias; muchas gracias.  A ver (DEL PUBLICO LE DICEN ALGO). 
Eso no es difícil.  Te podemos mandar cartuchos, pero te anticipo que hay 600 cazadores con una gran puntería, que están organizándose para ir para todas las arroceras (RISAS). 
¿En qué zona estás tú?  (LE RESPONDE: “En Aguada.”) Ah, en Aguada. ¿Hay muchos arroceros allí?  (LE RESPONDE: “Sí.”) 
¿Y mucha yaguasa?  (LE RESPONDE: “Sí.”) ¿Qué necesitan? ¿Unos cartuchos por allá? ¿Qué prefieren: los cartuchos, o una gente que vaya y te ayude a cazar la yaguasa?...  No, porque ahora no se van.  Les voy a explicar: estos compañeros cazadores son trabajadores aficionados a la caza, y les hemos puesto como trabajo voluntario irse a cazar allá.  Están encantados, por supuesto. 
Diga (DEL PUBLICO LE DICEN ALGO). Bien, ¿cuántos cartuchos necesitan ustedes allí?  ¿Cuántos?  Diga (LE DICE: “Miles.”) ¿Miles?  (RISAS)  ¿Cuántas yaguasas tienen allí?...  ¿Qué base campesina es esa? ¿Cómo se llama?  (LE DICEN: “'Van Troi'”) ¿Y eso comprende todos los arroceros de allí?... 
Bueno, está bien, pasado mañana por la mañana están 1 000 cartuchos allí en la arrocera esa, para que maten la yaguasa y puedan preparar algunos fricasés de yaguasa también que son muy buenos (RISAS Y APLAUSOS). 
Aquí hay un problemita, compañeros, que ustedes plantearon aquí, que es el problema que yo me he encontrado mucho a lo largo de la isla.  Hace como tres años oigo gente refunfuñando contra el problema de los individuos que tienen tierra y no son agricultores.  Eso es verdad.
Me encuentro en la provincia el Partido, los trabajadores, los trabajadores voluntarios, los campesinos, todo el mundo que dice:  “Bueno, es que allí hay un señor que hay que cortarle la caña todos los años, limpiársela, y no va por allí, no le lleva ni agua a la gente, ni ayuda, ni hace nada.”   Es decir que ese problema a nosotros nos lo han planteado cientos de veces, porque resulta muy irritante luego pedirles a obreros que se pasan separados de su familia tres meses que le estén cortando la caña a un propietario ausentista que vive en el pueblo, tiene un negocio —a veces era uno que tenía una funeraria o una colonia, o un comercio u otra  cosa—, incluso, no se olviden, había algunos burgueses urbanos que fueron a comprar tierras.  Cualquiera coge en un timbiriche, en un yipi, y reúne 8 000 ó 10 000 pesos, se compra la tierra. 
Por eso es que nosotros hemos establecido, y les pedimos la cooperación a ustedes para que no se hagan ventas ilegales de tierra, no se van a reconocer las ventas.  Les he explicado claramente la política que se va a seguir, porque hay todos esos problemas, y luego se crean estos rollos adicionales. 
El obrero que va a cortar la caña, que se separa de la familia tres meses, se entiende bien que se resienta cuando tiene que ir allá a cortarle la caña a un señor que ni va por allí.  Eso es incuestionable.
Ahora bien, creemos que debemos buscar una solución a este problema que no sea una solución de tipo drástica ni nada de eso.  Mi opinión, mi opinión no es que se haga intervenciones ni nada de eso, sino que se les dé la opción:  si quieren convertirse en agricultores de verdad, que se muden para allí y se dediquen a trabajar de verdad (APLAUSOS); si no se quieren convertir en agricultores de verdad, la opción de vender la finca (APLAUSOS). 
Me parece que esa es la fórmula más correcta para evitar crear problemas, miedo, inseguridad; darle el chance al que quiera convertirse en agricultor de que se convierta, y si no quiere dedicarse a trabajar, o no puede por cualquier razón, que la venda.  Y eso que se discutan todos estos casos con las bases campesinas, para que no haya problemas de intervenciones ni de este tipo. 
¿Les parece a ustedes esta solución correcta?  ¿No creen que es justa? (APLAUSOS) 
Creo, compañeros, que esta noche se ha caracterizado porque se ha hablado de muchas cosas de una forma un poco desordenada por mi parte, no quiero decir ustedes; pero creo que las ideas principales que podían ser de interés están, si no expuestas con mucho orden, por lo menos he tratado de ser lo más claro posible en una serie de ideas que es de interés que los campesinos sepan. 
Nosotros tenemos una gran confianza en los campesinos; creemos que entendemos la psicología de los campesinos; sabemos de la adhesión de los campesinos a la Revolución, la lealtad de los campesinos a la Revolución. Y esa misma actitud es la que tendrá siempre la Revolución con los campesinos.  La Revolución está educando a los hijos de los campesinos; la Revolución está convirtiendo en técnicos, ingenieros agrónomos, ingenieros civiles, médicos, obreros calificados, a los hijos de los campesinos. 
Este proceso del desarrollo social de la Revolución, del desarrollo de la educación, va a continuar en crecimiento. 
Como les decía a ustedes, solamente en los institutos tecnológicos vamos a ingresar unos 100 000 jóvenes —muchos de ellos serán hijos de campesinos— de aquí a 1970; va a aumentar también el número de escuelas, en los campos, en las zonas de Las Villas, en Guane, en el Escambray, en toda una serie de sitios vamos a establecer una serie de escuelas, a elevar la capacidad; el número de alumnos que se están graduando ya de 6to grado en todo el país pasa de 80 000.  Y los jóvenes están claros, los muchachos están claros. 
Es increíble cómo los niños han llegado a comprender las cosas que les convienen, que les interesan. 
No hace muchos días nosotros por la Sierra Maestra, al sur, entramos en uno de los valles de aquel sitio.  A nuestro regreso —porque siempre cuando entramos nos esperan a la salida— unos muchachos con unos papeles, entre ellos un niño, me da una carta. El vivía allí cerca de un camino, allí estaba la madre, nosotros le habíamos hecho una pregunta sobre algo al ir para allá.  La carta decía: “Comandante, queremos que nos ayude porque en realidad necesitamos un pedacito de tierra para producir, y toda una serie de cosas.” El niño hace una carta.  Y yo le pregunto a la madre: “¿Su esposo en qué trabaja?” Dice: “En la construcción de la carretera.”  Era un obrero que estaba trabajando en la construcción de la carretera.  Y yo le digo: “Pero, señora, ¿cree usted que va a resolver ningún problema ni de ustedes ni del país con un pedacito de tierra?” Le digo: “¿No será mejor que les demos unas becas a los muchachos?” Y los muchachos dicen: “Sí, sí.”  El que llevaba la carta dijo: “Sí, sí, eso es lo mejor” (RISAS).
Le digo: “Mire, no le puedo resolver lo de la tierra, porque no es la política que seguimos; repartir pedacitos de tierra no resuelve nada.  Estamos haciendo grandes planes precisamente para resolver todo el abastecimiento; ese no es el camino.  Pero si usted tiene tantos hijos la ayudamos.”  Inmediatamente aparecieron los demás que estaban allí y lo que querían también eran becas. Los otros muchachos, el hermanito, todos los muchachos querían tener la oportunidad de estudiar.  Y comprendieron en el acto que para ellos era mil veces mejor el tener una beca para estudiar que el que les dieran un pedacito de tierra allí para estar viviendo en condiciones similares a las que están viviendo ahora. 
Entre los muchachos la verdad es que se está despertando un mundo, se está despertando una conciencia, una cosa impresionante. 
Nosotros pensamos seguir desarrollando los planes de educación. Creemos que ya prácticamente no hay un rincón del país que no tenga escuelas.  Nos parece que todos los rincones del país tienen maestros. Hay algunos lugares en que las instalaciones escolares son muy malas, es decir, bohíos; también vamos a trabajar en ese sentido y vamos a continuar también desarrollando las comunicaciones en el interior del país, vamos a continuar desarrollando los programas hospitalarios en el interior del país. Es decir, que estamos en condiciones de llevar todavía el avance al campo mucho más rápidamente de lo que se ha estado llevando hasta ahora. 
En los próximos años los incrementos de producción van a ser considerables en todos los órdenes.  Aquí hemos hablado de café, de plátano, se habló de leche. Pero, por ejemplo, en lo que a leche se refiere los resultados que se están obteniendo en el cruzamiento del ganado de leche con el ganado de carne, es decir, cruce de Holstein con el ganado Cebú, se están obteniendo novillas algunas de las cuales a los 24 meses están dando 18, 19 y 20 litros de leche diarios, primer parto. 
Pensamos incluso que se puede alcanzar en el segundo parto producto de esos primeros cruces hasta 25 litros de leche. Los problemas de la leche van a ser resueltos. Y en el próximo año sembraremos en las tierras estatales 20 000 caballerías de pasto, aplicaremos ya 100 000 toneladas más de fertilizantes a los pastos en el próximo año. 
Así que la producción en general no solo la cañera, ustedes saben cómo está en este momento el cuidado de la caña a pesar de que tenemos una sequía fuerte; porque ha venido seco el mes de marzo, el mes de abril, el mes de mayo y, sin embargo, no tenemos temor, porque se ha estado cultivando la caña, se ha estado fertilizando. Todas las cañas del país, cerca de 90 000 caballerías están recibiendo las cuatro toneladas de fertilizantes, algunas 6 toneladas. Todas las cañas recibirán por lo menos dos toneladas de nitrato de amonio adicional, o tres riegos de urea foliar por avión. 
Tenemos en este momento 60 aviones listos para el problema de la fertilización. Y aunque parece ser que este año es seco, nosotros tenemos tal confianza en los efectos del buen cultivo, la atención de las cañas y la fertilización, que estamos seguros de que el próximo año vamos a tener una zafra considerablemente más grande que la de este año. 
No queremos todavía señalar cifras, pero estamos preparándonos para una zafra muy grande el año que viene, como resultado principalmente de los incrementos por caballería. 
En los próximos años muchos de los tipos de problemas que hemos conocido hasta el presente irán desapareciendo, muchos de los problemas de abastecimiento, problemas de machetes, alambres, todas esas cosas, problemas de abastecimiento, problemas de ropa, problemas de zapatos; en general, muchos de esos problemas irán desapareciendo. El cultivo de algodón se está incrementando.  Ya este año se sembrarán 1 000 caballerías de algodón; pensamos en el próximo año llegar por lo menos a 3 000 caballerías de algodón. El cultivo de arroz se está incrementando también considerablemente, es decir, que no hay un solo renglón, no hay un solo renglón de la producción agrícola en este momento que no esté recibiendo el máximo impulso de la Revolución. 
La cantidad de máquinas que disponemos se ha incrementado considerablemente, el número de buldóceres para caminos, para obras hidráulicas, para desmonte de terrenos. Y ya se van a aportar más recursos todavía a los pequeños agricultores; además, se piensa que ya estamos en condiciones para ir progresivamente responsabilizando, como ustedes demandan, a las agrupaciones con la ayuda y con los suministros de los pequeños agricultores (APLAUSOS).
Al principio pensábamos que el punto de apoyo más fuerte para desarrollar la agricultura de la ANAP eran las propias agrupaciones, pero todavía hace dos años, hace tres años, no había suficiente organización en las agrupaciones, no había suficiente control.  Muchas veces no eran capaces ni siquiera de cumplir sus propias metas y sus propios planes. Y a nosotros nos preocupaba la posibilidad de que si las agrupaciones tenían los recursos para desarrollar la agricultura de la ANAP, de los pequeños agricultores, iba a haber problemas; iban muchas veces a cumplir los planes de las granjas en detrimento de los pequeños agricultores. Y esa ya no es la situación hoy. 
Ya el control, los recursos, la eficiencia de las agrupaciones es mucho mayor; ya a las propias agrupaciones les hemos planteado que hay que contar, no basta hablar de la producción estatal.  Porque muchas veces se olvidan de la otra producción. ¿Cuánta caña tienen? Tanto. ¿Y cuánta caña tienen los pequeños agricultores?  Eso también va en la economía y hay que contarlo. 
Ya actualmente en muchos de nuestros directores de agrupaciones existe verdadero interés por ayudar a los pequeños agricultores, verdadero interés por incrementar la producción de los pequeños agricultores. De manera que nosotros en el futuro al Secretario del Partido, al dirigente de la agrupación les exigiremos cuenta no solo de la producción estatal sino también de la agrupación de los pequeños agricultores (APLAUSOS). 
Y no se hable de cuánta caña produjo la agrupación, sino cuánta caña produjo la región; cuánta vianda produjo no solo la agrupación, sino cuánta vianda produjo la región.  De manera que no lo vamos a hacer abruptamente; lo vamos a ir haciendo de acuerdo con el grado ya de recursos que tiene cada región, para no hacerlo así de la noche a la mañana y que después haya dificultades. 
Ya, por ejemplo, en la zona de Manzanillo la agrupación va a ayudar al desarrollo de la producción de arroz de todos los pequeños agricultores de la región; es decir, los va a ayudar a preparar la tierra, a resolver los problemas de riego, de semillas, de fertilizantes, de cosechas, de todo. 
En la región de Bayamo ya también la agrupación se va a responsabilizar con ayudar a los pequeños agricultores de arroz.  En la región de Bayamo también ya la agrupación se va a responsabilizar con ayudar a los ganaderos de la región para la siembra de pastos.  Ya les dije que el año que viene se van a sembrar allí 1 000 caballerías. En la región de Guane la agrupación, el plan de Guane, va a ayudar también ya a la agricultura de los pequeños agricultores en los planes de tabaco, de cítricos, de todo. 
Es decir, que en la medida en que cada agrupación esté en condiciones de organización y de recursos, la vamos a ir responsabilizando con la asistencia y la ayuda y el desarrollo de la agricultura de los pequeños agricultores. Nos parece que no debemos hacerlo de repente, no debemos hacerlo de la noche a la mañana; debemos irlo haciendo dentro de un período de seis a ocho meses en que se vaya región por región en la medida en que podamos tener la seguridad de que el cambio va a favorecer al desarrollo agrícola, y que entonces todo el fertilizante que se reciba se envíe a la región para la agricultura estatal y los pequeños agricultores; el alambre, los insumos, la soga, los recursos, todo. Y será mucho más fácil.  Porque ahora llega por distintas vías:  el fertilizante llega por aquí por una vía, lo otro por otra, tal cosa por una vía, tal cosa por otra.  Nos parece que esos planteamientos que han hecho son muy razonables, y en ese sentido nos encaminamos, precisamente, para darle más dinamismo, para facilitar mucho mejor todo.  Creemos que esa separación de abastecimiento por aquí y abastecimiento por allá realmente perjudica. 
Esperamos, compañeros, en el próximo congreso tener más tiempo de reunirme con ustedes. 
En estos últimos años hemos estado tratando de aprender, de conocer, de comprender los problemas de toda la agricultura; hemos estado haciendo muchos contactos con los campesinos; hemos estado adquiriendo muchos conocimientos de interés, de importancia para nuestro trabajo.  Nosotros pensamos seguir aplicando ese método. Aun nos parece que nos faltan muchas cosas por conocer, aun nos faltan muchas regiones por conocer.  Siempre, cada vez que visitamos las provincias, procuramos ir a una nueva región. De Oriente casi todas las conocemos, pero nos falta, por ejemplo, la región de Velazco, allí donde están los famosos productores de frijoles; nos falta un poco la región de Puerto Padre y de Las Tunas. En Camagüey también nos faltan algunas regiones; en Las Villas nos faltan también algunas regiones.  Pero como hemos empezado siempre por los lugares más montañosos y más apartados, no será difícil que sigamos conociendo y sigamos visitando las distintas regiones del país.  Siempre se aprende mucho. 
Y realmente, una de las peores cosas, de las más terribles cosas para todos nosotros, es que prácticamente no conocíamos ni la geografía del país.  Porque, ¿cómo se puede concebir que se pueda sembrar arroz en la zona de Guamo, Birán y todos aquellos sitios, si nunca se ha visitado aquel lugar?  ¿Cómo se pueden desarrollar muchos de los planes si no se conoce el lugar? Y la agricultura es igual que la guerra: en la guerra no se pueden ganar batallas si no se conoce el terreno, y en la agricultura no se pueden ganar batallas si no se conoce el terreno. Y nosotros nos proponemos adquirir un conocimiento profundo de todas las regiones del país, al efecto de que para todos los proyectos, todos los planes, todas las soluciones, se pueda siempre escoger entre las mejores. 
Creemos también en la necesidad de que los campesinos presten atención a la técnica, que presten atención a los métodos de cultivo, que presten atención a la fertilización, al regadío, a la selección de semillas. Les aseguro, compañeros, que la actual producción de los pequeños agricultores se puede fácilmente, fácilmente, duplicar; y se puede, con un esfuerzo mayor todavía, triplicar la actual producción de todos ustedes en caña, en café, en tabaco, en vianda, en ganado. 
Nosotros estamos llevando a cabo una serie de planes muy concretos en esta misma provincia de La Habana, en distintas regiones del país, para demostrarles a los campesinos cómo es posible, mediante la técnica, duplicar y triplicar la producción de manera relativamente fácil.  ¿Por qué? Porque nuestros métodos son muy anticuados, porque nuestra técnica es muy atrasada.  Y naturalmente, quien, por ejemplo, acostumbre a recorrer un camino en un burrito, si en vez del burrito toma un automóvil, lo hace en la décima parte del tiempo —se supone en un camino llano—; pero si toma un avión lo hace treinta veces más rápido. Desde luego, si un individuo cambia del automóvil para el avión, lo hace dos veces más rápido; si cambia del burro para el avión, puede ser veinte veces más rápido.  Y nosotros estamos en burro en agricultura.  No resulta difícil por eso duplicar, triplicar, en algunos cultivos cuadruplicar y quintuplicar la producción, porque estamos en burro; algo peor que en burro: estamos a pie, ¡a pie!  Y es posible para nosotros hoy día montarnos en avión, montarnos en avión en cuanto a la técnica.  Es decir, que a nosotros nos resulta fácil multiplicar la producción, porque como partimos de cero técnica, utilizando un poco de técnica se duplica y se triplica la producción. 
Nuestra Revolución se propone de verdad lograr estos objetivos no solo en la agricultura estatal, sino en la agricultura de ustedes. No haríamos nada con tener un enorme éxito en la agricultura estatal, un enorme avance en la agricultura estatal, si no obtenemos un avance similar en la agricultura de ustedes. Y es necesario que en técnica, dentro de lo posible, marchen parejo la agricultura de la ANAP y la agricultura de las granjas, en interés del país.  No se podrán aplicar, por ejemplo, algunas técnicas como el avión, pero dentro de lo posible se pueden mecanizar los cultivos, se pueden introducir los tractores, la fertilización, las semillas, toda una serie de métodos que aún, a pesar de las desventajas que puede implicar el tratarse de pequeñas parcelas, se puede aplicar considerablemente la técnica. 
Lo que nosotros esperamos de ustedes es eso; lo que nosotros esperamos de este congreso, que ha sido un congreso bueno, muy bien organizado, es que de aquí salga el propósito de los campesinos de aplicar la técnica, de tecnificar la agricultura, de revolucionar técnicamente su agricultura, y que no tengamos que pasar el sufrimiento, la vergüenza, de marchar por esos campos, por esos caminos, y encontrarnos todavía tanto atraso desde el punto de vista técnico en nuestra agricultura. 
Yo sé que a los cañeros, que han estado toda la vida cultivando caña —y los he visto aquí muy entusiasmados con motivo de las cosas que se han planteado—, les gusta la caña; al tabacalero le gusta el tabaco; al cafetalero le gusta su café. Cada campesino ama el cultivo al cual está acostumbrado.   Pues bien: vamos a demostrarle al cultivo ese amor, mejorando, aumentando, duplicando, triplicando, cuadruplicando la producción. Todos ustedes saben perfectamente cuánta satisfacción se experimenta cuando la caña está bonita, cuando la caña está grande, cuando el café tiene muchos granos, cuando la vaca da mucha leche. 
En fin, no importa que el trabajo muchas veces sea duro en el campo, hay pocas actividades que compensen al hombre tanto como la actividad en la agricultura; hay pocas actividades que compensen al hombre y le brinden tantas satisfacciones como los éxitos en la agricultura. 
Lo que nosotros esperamos de ustedes —naturalmente que con la ayuda de la Revolución, con el máximo de ayuda por parte de su gobierno revolucionario— es que le demos un impulso técnico a la agricultura, que hagamos cosas racionales, que tengamos presente los intereses del país, que actuemos como verdaderos revolucionarios, que profundicemos la conciencia, que censuremos al que especula, que luchemos contra el que introduce los vicios, introduce la holgazanería en el seno de los campesinos.  Interesa profundizar esa conciencia revolucionaria de los campesinos, abandonar ciertas concepciones que no son de revolucionarios, olvidarnos de las listicas de precios, porque realmente el que ande con la listica de precios para ver qué siembra no ama la agricultura, porque el que ama la ganadería no mata las vacas, o no mata de hambre las vacas por sembrar una zanahoria y ganar más dinero; el que ama su trabajo, el que ama su cultivo, no anda con la listica de precios. 
Los problemas de precios se resuelven. Si un campesino de cualquier sector entiende que el cultivo que realiza es de mucho esfuerzo, que es poco compensatorio, siempre hay la forma de ayudarlo, de alentarlo, de resolverlo. Que los precios en todo caso se establezcan a aquellos cultivos en que es justo que se mejore un precio, aquellos cultivos que resultan más dificultosos, menos remunerativos, menos alentador para el campesino; pero que no se anden introduciendo esos precios oportunistas para resolver un problema con un producto hoy y otro problema mañana, porque eso crea el desorden. 
Es decir que nosotros esperamos de los campesinos su sentido de la responsabilidad, su sentido de sus deberes para con los trabajadores de todo el país, su sentido de sus deberes para toda la población. 
El país, la Revolución ha hecho el máximo por los campesinos. Los trabajadores de nuestro país, los obreros, han hecho el máximo por nuestros campesinos. Nosotros, sabiendo que los campesinos son revolucionarios, sabiendo que los campesinos siempre han ayudado con mucho entusiasmo a la Revolución, esperamos que tengan en la producción, en el trabajo, esta misma actitud con respecto a todo el país. 
En el próximo congreso les prometo que nos vamos a reunir más tiempo, les prometo que vamos a discutir uno por uno también muchos de esos problemas. Todo lo que han discutido se va a analizar, todo lo que pueda resolverse se va a resolver; pero en el próximo congreso vamos a hablar más de técnica, vamos a resolver todos estos problemas —si la tienda, si el otro, si el impuesto—, todos esos problemas, pero en el próximo congreso, que se puede hacer en el año 1969 —tienen dos años—, el tema fundamental tendrá que ser la técnica (APLAUSOS).  Por eso, lo que se va a discutir aquí: qué métodos se están aplicando, cuáles son los métodos más avanzados, los rendimientos mayores, los campesinos que cultivan mejor, los campesinos vanguardia.  Pero tiene que haber muchos más Mesa, muchos más Verdecia; es decir, que no tenga que asombrarse uno cuando se encuentra un campesino de verdad progresista en la técnica, que lo más natural es que todo campesino sea progresista, es que todo campesino aplique la técnica. 
Y en el próximo congreso —se lo digo a los delegados— no deberá representar a los campesinos ningún campesino que no domine los problemas de la técnica de la producción (APLAUSOS).  Porque el próximo congreso va a ser un congreso eminentemente técnico. 
Yo realmente lamento mucho, porque tenía mucho interés en este congreso, no haber tenido tiempo de discutir con ustedes muchas de estas cuestiones más largamente; pero yo pienso prepararme también para el próximo congreso, y pienso tener muchos más conocimientos de todos los problemas, y pienso estar días enteros discutiendo con ustedes, pienso tener un mejor conocimiento de los problemas del país, de las regiones del país y de cada uno de los cultivos.  Y sinceramente, siempre que tengo una oportunidad dedico algún tiempo a estudiar. 
Les recomiendo a los compañeros campesinos que hagan lo mismo.  Hay algunos campesinos que saben bastante, hay algunos que alardean de saber más que lo que realmente saben también, los hay; pero en el próximo congreso vengan preparados para discutir los problemas técnicos de la agricultura, vengan preparados, porque eso va a ser un examen, ¡un examen!  En el próximo congreso a todos los campesinos los vamos a examinar sobre cómo emplean los fertilizantes, qué fórmula emplean, qué es una fórmula, qué quiere decir esto, qué quiere decir lo otro. Hay que ponerse a estudiar. ¿Estamos de acuerdo?  (EXCLAMACIONES DE: “¡Sí!”) 
Bien:  entonces dentro de dos años —no les voy a decir que nos volveremos a ver, porque los pienso ver pronto, en cualquier lugar, en cualquier cuartón, espérenme por ahí, porque pienso recorrerlo todo—, dentro de dos años vamos a tener un encuentro aquí de tipo técnico, y nos interesa saber —en estos dos años, en que sin duda se ha avanzado mucho desde el punto de vista político, se ha avanzado mucho desde el punto de vista de la conciencia revolucionaria—, cuánto hemos avanzado desde el punto de vista técnico. 
Ustedes me decían: “A los yankis dales duro.” Vamos a darles duro a los yankis revolucionando nuestra agricultura, superando nuestro atraso, tecnificando nuestra agricultura, porque el golpe más doloroso que van a recibir los yankis es cuando sepan que estamos produciendo 10 millones ya de toneladas de azúcar (APLAUSOS); cuando sepan ya que a pesar de su bloqueo, a pesar de sus agresiones, hemos superado todos los problemas, liquidamos la libreta y resolvemos los problemas del abastecimiento, pero no del abastecimiento de antes, no a nivel de lo que se comía antes; el golpe, uno de los golpes más duros que van a recibir los yankis es cuando nosotros logremos, a pesar de todos los obstáculos que han querido poner en nuestro camino, en los próximos años, en 1970, haber erradicado ya la libreta y todos esos problemas, pero a un nivel dos veces mayor de consumo per cápita del que conoció este pueblo antes de la Revolución (APLAUSOS). 
Desde luego que nosotros no luchamos en el campo de la economía movidos solamente o fundamentalmente por la idea de tener un estándar de vida mejor, de ser más ricos, no. Para nosotros la lucha por desarrollar la economía y alcanzar éxitos económicos forma parte de la ideología. 
Nosotros tenemos nuestras ideas acerca de cómo se construye el socialismo, acerca de cómo se construye el comunismo, y lo que dirá quiénes tienen razón son los hechos. No se trata solo de nuestros adversarios capitalistas, que desean el fracaso de la revolución socialista, sino aun dentro del mismo campo socialista hay distintas concepciones acerca de cómo se construye el socialismo, acerca de cómo se construye el comunismo.   Y nosotros, a la vez que desarrollamos la conciencia revolucionaria del pueblo, a la vez que profundizamos nuestra ideología, a la vez que desarrollamos nuestra conciencia internacionalista, también tenemos el deseo y tenemos el propósito de demostrar que en el campo del desarrollo de la economía y en el campo de la construcción del socialismo y del comunismo, el camino que nosotros estamos siguiendo es el camino más correcto, es el camino más revolucionario. 
¡Patria o Muerte! 
¡Venceremos! 
FIDEL CASTRO RUZ

Fuente: http://www.cuba.cu/gobierno/discursos

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