enero 20, 2014

Discurso de Fidel Castro en la clausura del Encuentro Nacional de Monitores (1966)

DISCURSO EN LA CLAUSURA DEL ENCUENTRO NACIONAL DE MONITORES, EN EL TEATRO CHAPLIN
Fidel Castro
[17 de Septiembre de 1966]

― Departamento de versiones taquigráficas del Gobierno revolucionario ―

Compañeros dirigentes del Ministerio de Educación; Compañeros estudiantes: 
Accediendo a una exhortación del compañero Llanusa, decidimos participar en este acto de hoy, que no estaba en mi programa.
Si nosotros los hemos hecho esperar algo, es precisamente por eso. No vayan a pensar que somos tan impuntuales que les hemos hecho esperar más de una hora. Había otras cosas: reuniones, entrevistas, etcétera, y se fue prolongando la cosa hasta que llegamos aquí a este teatro.  Esa es la causa de nuestra tardanza.
Quiero hacer lo posible por ser lo más breve esta tarde.  Hoy es sábado y muchos de ustedes seguramente piensan ir al cine (EXCLAMACIONES DE: “¡No!”). 
Entre las cosas que quiero expresarles en la tarde de hoy, la primera es la siguiente: que nosotros tenemos con ustedes una responsabilidad muy grande. A nosotros nos ha correspondido la tarea de impulsar la Revolución, y dentro de la Revolución la más sagrada de todas nuestras obligaciones era cómo íbamos a formar a la nueva generación de nuestro pueblo, cómo íbamos a formar a nuestros jóvenes y a nuestros niños. Y nosotros hemos estado conscientes, desde el principio mismo de la Revolución, de que triunfaríamos en esta gran tarea histórica en la misma medida en que fuésemos capaces de resolver bien el problema de la formación de las nuevas generaciones. 
Creemos que en nuestro país la educación ha marchado a un ritmo, en impulso, en entusiasmo, en calidad y en cantidad, como no ha ocurrido nunca en ningún otro país.  Esta era una tarea no fácil, puesto que en la educación, como en todas las cosas, teníamos que partir de los recursos con que se contaba.  Hay que decir que en educación había un número mayor de técnicos, un número mayor de profesionales que en otras actividades. 
Maestros había muchos en nuestro país.  El día primero de Enero de 1959 había, entre otros, unos 10 000 maestros que no tenían aula.  No ocurría como con la agricultura en que la situación de la falta de técnicos y de profesionales era enorme, monstruosa.  Había en el sector de la enseñanza, entre maestros, profesores de los distintos niveles, un número de técnicos formados en nuestro país, y hay que decir que muchos de ellos eran muy competentes.  Sin embargo, pronto se vio que los técnicos de la enseñanza con que contaba nuestro país no eran suficientes, porque en realidad había aproximadamente 600 000 ó 700 000 niños que no tenían escuela y había más de un millón de analfabetos en nuestro país, lo cual afortunadamente es ya historia del pasado. 
Los maestros no resultaron suficientes, no resultaron suficientes en número, pero tampoco resultaban suficientes en otro orden, y es que había necesidad de maestros en sitios muy apartados y no había suficientes maestros para enviar a esos sitios.  Por eso se empezó todo un movimiento, un movimiento de masas en este problema de la educación.  Se empezó por los maestros voluntarios que fueron a Minas del Frío, los maestros de las montañas y así todo un proceso.  Se comenzó un gigantesco plan de formación de maestros, y me parece que contando a los que ingresen ahora en Minas del Frío y a los que están estudiando la carrera profesoral, debemos tener en este momento entre 20 000 y 25 000 jóvenes preparándose como profesores y como maestros. 
El problema de la enseñanza no era solo un problema en Cuba de cantidad, era además un problema de calidad. 
“La última carta de la baraja”—ustedes habrán oído decir eso, o “la última rueda del carro”— era la escuela pública.  La escuela pública estaba muy abandonada en nuestro país, carente de todo: libros, materiales.  Esa era una eterna historia.  Siempre se estaba hablando de que no había materiales, de que no había libros, y esa era la situación.  Algunas funcionaban mejor, otras funcionaban peor.  En otros sitios no había nada.  Sin embargo, funcionaba un poco mejor la escuela privada; pero es que la escuela pública era la escuela de los pobres, la escuela de los hijos de los trabajadores y campesinos, y la escuela privada, no voy a decir que era la escuela de los ricos porque había muchos trabajadores que con grandes sacrificios tenían que mandar a sus hijos a una escuela privada para que aprendieran algo, pero las escuelas mejor dotadas de instalaciones, de equipos, de todo, eran las escuelas donde iban los hijos de las familias ricas.  Esas escuelas sí funcionaban muy bien materialmente, pero desde el punto de vista pedagógico funcionaban —al menos las que yo conocí— bastante mal; bastante mal.  De veras que cualquiera de los que conocimos esas escuelas habríamos dado cualquier cosa por tener una escuela como la de hoy. 
Vino la nacionalización de las escuelas privadas y vino un esfuerzo grande por brindarles a todos los jóvenes y a todos los niños del país los medios necesarios para poder estudiar en las mejores condiciones posibles.  Vinieron los planes de becas, construcciones de escuelas, adaptaciones de edificios para la enseñanza, conversión de cuarteles en escuelas y, en fin, un esfuerzo verdaderamente gigantesco en este campo de la enseñanza. 
Conocen también ustedes el esfuerzo que paralelamente se hizo en la alfabetización de los adultos, en las escuelas de seguimiento, en la enseñanza obrero-campesina, pero, en fin, en el sector a que nos referimos, que es la enseñanza de los jóvenes y de los niños, se hizo un esfuerzo muy grande y se ha adelantado considerablemente. 
¿Pero significa esto acaso que podamos sentirnos satisfechos con lo que tenemos todavía en este campo?  ¿Significa acaso que podamos sentirnos satisfechos con el tipo de escuelas que tenemos todavía?  No.  Hemos avanzado mucho en esto de la educación, en el esfuerzo por brindar una educación de calidad, no a los hijos de un grupo de familias, no a los hijos de los ricos, sino una educación de calidad a todos los niños del país y a todos los jóvenes; crear la oportunidad, no para los hijos de una minoría privilegiada, sino la oportunidad para todos los jóvenes y todos los niños del país. 
Antes era realmente una minoría la que podía tener la oportunidad de ir a una escuela ya después de 5to o 6to grado, ir a la secundaria, ir a la preuniversitaria, ir a la universidad.  Y hay algo que se puede decir hoy, hay algo que se puede afirmar categóricamente, y es que no hay un solo niño en este país, que no hay un solo joven en este país que no pueda estudiar lo que quiera estudiar. 
De eso están tan conscientes los jóvenes y, sobre todo, los niños, que nosotros en determinadas ocasiones en el campo y en lugares muy apartados del campo les hemos preguntado a algunos niños de una escuela primaria qué van a estudiar.  Y, desde luego, no todos tienen la respuesta porque algunos no conocen o no sienten tan precozmente una vocación por algo, pero la mayoría ya dice qué es lo que va a estudiar:  muchos dicen que van a estudiar maestros, otros dicen que van a ser ingenieros, otros dicen que van a estudiar medicina, hay muchos que dicen que van a estudiar mecánica, hay algunos que dicen:  “Yo quiero manejar un camión” (RISAS), hay otros que quieren ser pilotos, otros que quieren ser marineros, muchos que quieren ser ingenieros agrónomos, algunos que quieren ser técnicos veterinarios —dicen por ahí. 
Ahora, es una cosa que llama la atención cómo cualquiera de esos niños sabe ya que si quiere estudiar algo puede estudiarlo. 
Y es para esta sociedad un triunfo extraordinario el que todas las vocaciones, todas, tengan su oportunidad.  Nosotros hoy todavía no estamos en condiciones de ver lo que eso significa:  pero lo que significará para nuestra Patria y para nuestro pueblo en un futuro no lejano el que todas las inteligencias de este país puedan desarrollarse, puedan prepararse y puedan cumplir plenamente una vocación, eso nosotros no estamos en condiciones todavía de poder apreciarlo.  Pero eso no había ocurrido jamás aquí, y posiblemente ha ocurrido en muy pocos países.  Eso de darle oportunidad a la inteligencia del hombre para ver hasta dónde es capaz de llegar, sinceramente creemos que esa es una de las cosas más extraordinarias que esta Revolución ha logrado (APLAUSOS).
Nos faltan por lograr infinidad de cosas, nos faltan por lograr infinidad de cosas.  Son muchas nuestras necesidades en todos los órdenes, en todos los órdenes, materiales...  Pero el haber logrado esto es un paso de avance extraordinario, el haber logrado esto es tal vez haber logrado una de las cosas más esenciales para la felicidad de un pueblo.  Es decir, la posibilidad de que todas las inteligencias sean cultivadas, sean formadas de acuerdo con su vocación.  Y naturalmente que esa vocación ha de estar de acuerdo con las necesidades y los intereses de nuestro pueblo.
Ahora que hemos logrado esto, lo que hace falta es llevarlo a cabo cada vez mejor; lograr realizarlo de una manera cada vez más perfecta, y ese es el significado que tiene la palabra calidad en la educación.  Eso no será, naturalmente, tarea de un año, será tarea de muchos años; problema de formación de cuadros, problema de recursos materiales para poder ir elevando cada vez más la calidad de la educación.  Pero sin duda de ninguna clase se ha dado un salto, y ese salto es un salto prometedor.
Estos mismos eventos, la institución, por ejemplo, de los monitores, el desarrollo de ese movimiento de los monitores es una idea y un paso prometedor; una cosa nueva, una cosa revolucionaria, una cosa que permite ir haciendo una selección entre los alumnos, una cosa que permite ir creando el sentido de responsabilidad, una cosa que permite saber quiénes son los que tienen vocación, los que tienen más interés, los que tienen más calidad; una cosa que permite multiplicar el trabajo de los profesores, la productividad de los profesores, que ha permitido resolver muchos problemas y, entre otros, los problemas de la falta de suficientes maestros y profesores.
Los círculos de interés científico-técnico.  Yo les voy a decir que pocas veces he visto nada más impresionante que la exposición de los círculos de interés científico-técnico (APLAUSOS).
Para mí fue una cosa muy impresionante. 
¿Por qué fue una cosa impresionante?  Primero, porque demuestra, porque confirma esa convicción que uno tiene de lo que se puede hacer en materia de educación, de lo que se puede lograr con el desarrollo de las capacidades de los jóvenes y de los niños, porque demuestra la necesidad de un tipo de enseñanza distinta de la enseñanza que conocimos todos nosotros, distinta de la enseñanza que había antes en Cuba, porque demuestra todo lo que puede llegar a ser nuestro país en el futuro, porque abre una gran esperanza, porque vislumbra el día en que nuestro país carente de científicos y de técnicos; nuestro país tan huérfano de personal calificado; nuestro país, que tiene que realizar hoy una tarea tan gigantesca sin apenas ingenieros de los distintos tipos, sin científicos, sin técnicos, sin investigadores; nuestro país, donde a veces nos encontramos con agrupaciones de más de 20 000 caballerías de tierra sin un solo ingeniero agrónomo, donde nos encontramos infinidad de centros agrícolas sin un solo técnico, y por el estilo en muchas fábricas, por el estilo en muchos centros de producción; llegará el día, no lejano, en que todo eso lo pueda ir llevando adelante con decenas de miles, con cientos de miles de técnicos.  Y nosotros sabemos las dificultades de hoy, nosotros sabemos el tremendo daño que ocasiona la ignorancia, porque no hay peor enemigo del hombre, peor enemigo de los pueblos, peor enemigo de la humanidad que la ignorancia. 
Y de todas las herencias que el colonialismo, el imperialismo y el capitalismo nos dejaron, la peor de todas” la peor de todas, fue la ignorancia (APLAUSOS).
Y la peor desgracia de un país subdesarrollado —eso que ustedes habrán oído mentar, o habrán leído todos, desde los más jóvenes hasta los más adultos, eso de un país subdesarrollado— es por encima de todo que es un país sin obreros calificados, un país sin técnicos, un país sin científicos, sin investigadores. 
Y a esa ignorancia, a esa desgracia, la Revolución le ha estado haciendo, desde el principio, una guerra a muerte.  Ha estado librando contra ella como contra el peor enemigo, una batalla a muerte. 
Y nosotros creemos que esa batalla contra la ignorancia, que es la causa de todos los males, que es la causa de los peores males, y a su vez la peor consecuencia del colonialismo y del imperialismo, la peor consecuencia de la explotación del hombre por el hombre, esa batalla se está ganando, y cuando esa batalla se haya ganado totalmente, entonces nuestro país habrá dejado de ser un país subdesarrollado. 
Porque el subdesarrollo es no solo la falta de fábricas, o instrumentos de trabajo, no es solo falta de desarrollo en lo económico, sino falta de técnica, falta de desarrollo técnico. 
Porque cuando se posee esa técnica, se posee ese desarrollo técnico, todo lo demás puede surgir.  Hay países que han sido devastados por las guerras y en pocos años se han podido recuperar fácilmente.  Porque fueron destruidas las fábricas, las instalaciones, pero sobrevivió la técnica, sobrevivieron cientos de miles, millones, de obreros calificados, cientos de miles de técnicos, de ingenieros, de personas que poseían la técnica. 
En cambio, un país como el nuestro, que empieza, se encuentra con que el problema principal no es que falten fábricas, ese no es el problema principal, sino que falten técnicos:  ese es el problema principal. 
Y nosotros creemos que todo ese movimiento de monitores, círculos de interés científico-técnicos, todo eso, va a crear entre los jóvenes la conciencia de la importancia y del valor de la técnica.  Y cuando nosotros veíamos a los compañeritos manejando toda una serie de instrumentos, y veíamos a los muchachos de 4to grado desarmando y armando el hidráulico de un tractor soviético —entre los cuales estaba por cierto ese compañero que le dieron el premio—; cuando veíamos los trabajos que hacen en todos los órdenes, en todos los campos:  en genética, en inseminación, en química, en física; en fin, en todas las actividades que allí vimos que son interesantes por igual.  Nosotros vemos que no habrán transcurrido 10, 12, 15 años y en este país estaremos manejando hasta la energía nuclear (APLAUSOS). 
No tengo la menor duda de que en 10, 12 y 15 años ese enorme enjambre de inteligencias sedientas, ávidas de conocimientos manejarán en casi todos los campos las técnicas más avanzadas que se conocen en el mundo de hoy (APLAUSOS). 
Nosotros no tenemos de eso la menor duda y de que algún día nosotros u otros compañeros visitarán lugares donde técnicos nuestros, salidos de entre las filas de ustedes, estén hablando y mostrando sus conocimientos y su dominio en los campos más altos de la física, de la química, de la biología, de la electrónica. 
No tenemos la menor duda de que esos serán los frutos de este esfuerzo que hoy se hace, y si ello es así debemos darnos por entero a la tarea de seguir por ese camino, de seguir desarrollando todo este movimiento, todos estos concursos, estas selecciones, este esfuerzo, estos círculos de investigación y de interés por la ciencia y por la técnica; estimular por todos los medios y despertar en todos los estudiantes de primaria, de la secundaria, y de la preuniversitaria el más alto interés por esas actividades. 
Y yo confío en que los estudiantes captarán plenamente la importancia que esto tiene, el interés que esto tiene para nuestra patria, el interés que esto tiene para nuestro pueblo.  Interés para los padres, para los viejos, desde luego, pero sobre todo interés para los propios jóvenes, interés para los propios estudiantes. 
En nuestro país, se supone, que todo el mundo es estudiante, se supone que todo niño deberá ser estudiante.  ¿Qué significa eso?  Que todo ser que nazca en este país deberá prepararse, deberá capacitarse para servir a su país, para servir a sus semejantes, y para servirse a sí mismo. 
Tiene que crearse una conciencia de esto; tiene que llegar el día en que no haya un solo niño, uno solo callejeando, sin ir a la escuela; tiene que crearse la conciencia de que el más grave delito que puede cometerse contra un ser humano y contra la sociedad, el más grave delito que puede cometer un padre o una madre es permitir que su hijo no vaya a la escuela (APLAUSOS).  Eso es responsabilidad de los padres, pero es también una responsabilidad de toda la sociedad. 
Porque un ser humano que nazca y crezca como un analfabeto, es una hipoteca para toda la sociedad, es una carga para toda la sociedad.  Algún día habrá que calzarlo, que vestirlo y que alimentarlo; habrá que construir la casa donde viva, producir el alimento que consuma y hacerlo todo. 
Porque en el futuro la producción será cada vez más una producción mecanizada en todos los órdenes, en el futuro la producción será cada vez más técnica, más científica; en el futuro no habrá nadie capaz de ser útil en una sociedad si es un analfabeto, si es un ignorante.  Ser humano que crezca ignorante, será como un ancla, un gravamen, un peso muerto, una carga, un enemigo, en dos palabras, de todos sus semejantes. 
Y podemos habernos acostumbrado a la ignorancia en una sociedad donde la ignorancia era lo más generalizado, pero nosotros no creemos que la conciencia humana se resigne en el futuro a contemplar como la cosa más natural a una persona ignorante, incapaz.  Y no han de ser las leyes, no ha de ser la fuerza coercitiva del Estado; ha de ser la conciencia social la que le imponga a cada ciudadano la idea de que no puede cometerse el crimen de crear un ignorante, de traer al mundo un ignorante; es decir, al mundo lo que traemos son ignorantes todos, pero lo que no se puede traer al mundo a nadie que siga siendo ignorante durante toda su vida.
Y esa conciencia tendrá que formarse.  La sociedad trabajará para el débil, para el anciano, todo anciano tendrá derecho a tener todo lo que necesite y será muy justo; porque los trabajadores de hoy serán los ancianos de mañana y son esos trabajadores de hoy quienes están produciendo y están trabajando, y están creando para ustedes, para que puedan estudiar todos los niños de este país, para que puedan estudiar todos los jóvenes de este país.  Y habrá con ellos un deber sagrado, y algún día habrá que retribuirles lo que hoy han hecho por las generaciones nuevas.
Trabajará la sociedad para el enfermo, para el inválido, pero la sociedad no podrá trabajar para el holgazán, para el ignorante (APLAUSOS).
Y recuerden esto:  siempre que un joven, siempre que un niño vea a otro que no estudia, que no va a la escuela, debe pensar:  “A este tendré que cargarlo sobre mis espaldas el día de mañana, a este tendré yo que alimentarlo, porque este no será capaz de contribuir al bienestar de los demás, este no será capaz de contribuir a las riquezas de este pueblo, este no será capaz de contribuir a la felicidad de sus semejantes y será una carga para toda la sociedad.”
Naturalmente que hoy todavía hay una serie de circunstancias sociales que facilitan la existencia o el desarrollo de algún ignorante, la existencia incluso de algunos muchos vagabundos, callejeros, mataperreando por las calles —que es como se decía en mi tiempo.
Creo que hay algo que facilitaba esto y era el problema de una sola sesión en las escuelas.  A veces nosotros pasábamos por un pequeño pueblo, o a veces por un barrio de un pueblo grande y veíamos un montón de muchachos por la cale, en una esquina, en una bodega, no digo en un billar porque no hay billares ya, pero cerca de un bar, haciendo travesuras.  ¿Y estos muchachos no van a la escuela?  Sí, van por la mañana, o sí, van por la tarde.
Cuando nosotros veíamos lo grave que era que hubiera cientos de miles de muchachos sin tener que hacer nada durante la mitad del día, nos preocupamos tan seriamente por esto que planteamos al compañero Ministro de Educación la necesidad, cuanto antes —a pesar de nuestras escaseces en edificios y en instalaciones— de establecer la doble sesión.  Y esto hay que decir que contó con la cooperación de los maestros y hay que decir que este paso de avance significativo tuvo un apoyo y una colaboración plena del magisterio, pero esto nos trae a la mente un problema que es uno de los más serios que todavía tenemos: que no hay suficientes instalaciones, que no hay suficientes escuelas.
Con esto nos pasa como con la vivienda, como con otras muchas cosas, que no hay suficientes materiales, no hay suficiente cemento, no está suficientemente mecanizada la construcción y por lo tanto, esas necesidades todavía existen y existirán algún tiempo, pero es propósito de la Revolución dedicar todos los recursos que estén a su alcance a las instalaciones escolares. 
Pero el tipo de escuela en que estamos pensando para el futuro, no se parece en nada, en nada, a la escuela de hoy.  Por eso les decía al principio que no estábamos satisfechos con lo que hoy tenemos, ni mucho menos. 
Hay ya un lugar en Pinar del Río, donde estamos haciendo un plan piloto que da una idea de cómo será en el campo la escuela en el futuro.  Se están haciendo tres planes pilotos:  uno en Pinar del Río, otro en Las Villas y otro en Oriente.  ¿En qué consiste ese plan Piloto?  Pues consiste en lo siguiente:   todos los niños tendrán círculos infantiles sin excepción, de manera que estarán distribuidos por todo aquel valle en el campo. 
En un valle de Pinar del Río, todos los círculos infantiles suficientes para que todos los niños puedan ir al círculo desde por la mañana hasta por la noche, de manera que las mujeres —las madres— se podrán incorporar a las actividades productivas.  La ropa de los muchachos, los pañales, y todas esas cosas que llevan tantas horas de trabajo a las madres en el campo, sobre todo las madres que tienen 6, 7, 8, 9, 10, 12, 13 y 14 hijos, esos pañales —que son bastantes— pues habrá una lavandería de los círculos donde todo ese trabajo se realizará.  Se acabará el trabajo artesanal ese de estar con una batea a la orilla de un río lavando pañales, cosa horrible, porque eso pertenece a la época posterior a Trucutú (RISAS)  más o menos, muy próxima a aquella época. 
La productividad de una mujer con una batea a la orilla de un río es la productividad de aquella época primitiva, mientras que con una buena máquina unas pocas mujeres pueden lavar la ropa de todos los muchachos de todos los círculos.  ¿Eso está claro, verdad?  (EXCLAMACIONES DE: “¡Sí!”)
Ahora, los círculos esos serán gratuitos y los muchachos tendrán la leche, la alimentación y todo gratuito.  Y los círculos serán gratuitos para las mujeres que trabajen y a la larga posiblemente lo establezcamos desde el principio para todos ya, para que los muchachos no dejen de tener una cosa por culpa del padre, digamos, y tengan una alimentación bien balanceada, la ropa que necesiten, los juguetes, todas las cosas.  Los llevan por la mañana y los recogen por la noche (APLAUSOS). 
Ahora, los muchachos que ya no estén de círculo, los que no estén de círculo, de 1ro a 4to grados, porque ese es otro problema, el círculo resuelve el problema del chiquitico, pero el medianito tiene que almorzar y si en la escuela no hay almuerzo tiene que ir a la casa y alguien tiene que cocinarle; a veces hay una tía, a veces hay una abuela, pero a veces no hay nadie. 
Entonces, de 1ro a 4to grados tendrán su tipo de escuela.  Tendrán ellos hasta los ocho años o nueve, más o menos, estarán en escuelas relativamente cerca de sus casas.  No serán escuelas muy grandes, precisamente para que queden relativamente cerca y el lunes vayan caminando a la escuela y regresen el viernes a la casa (APLAUSOS). 
Desde 4to grado hasta la secundaria básica serán escuelas un poco mayores de unos 300 alumnos, y esos también ya pueden caminar un poco más lejos.  Irán los lunes y regresarán los viernes (APLAUSOS).  Ya allí toda la población escolar y todos los niños estarán bajo ese nuevo sistema, que es como estamos concibiendo la escuela del futuro, y allí la ropa, los zapatos, la alimentación, todo será gratuito.  Nos vamos a acercar al comunismo.  ¡Nos vamos a acercar al comunismo!  (APLAUSOS) 
Una dieta científicamente balanceada, con todos los nutrientes y las vitaminas que el ser humano necesita.  Y ya el muchacho no dependerá de que en vez de tener un hermanito tenga diez, y que por lo tanto haya que repartir entre diez el salario de un campesino, o el ingreso de un campesino, porque creemos que la aspiración de una sociedad humana debe ser:  no que aquel reciba menos, sencillamente porque son diez en la casa y el salario que gana el padre no alcance para que todos reciban las calorías, las proteínas, las vitaminas, lo que necesite, la ropa y los zapatos, todas las cosas que necesite.  Porque al ser humano hay que darle lo que necesite, sencillamente, y con la ayuda de la técnica el hombre tiene posibilidad de producir para que todo ser humano tenga todo lo que necesite. 
¿Por qué?  Por qué ha de ser una desgracia para cualquier ser humano, tener siete hermanos con que compartir el pobre salario de su padre, de donde se convierte con la escasez, con el egoísmo, con la explotación, con la pobreza, con el subdesarrollo, en una desgracia tener hermanos. 
Ya cuando nosotros hayamos logrado establecer en todo el país ese sistema, ¡ah!, todos los niños recibirán los alimentos que necesitan, sea uno, sean dos, o sean veinte en la casa; ya no será un problema para una madre tener un hijo más o un hijo menos.  Porque, señores, hay algunos países por ahí que hablan de que la solución está en el control de la natalidad, y eso solo lo pueden decir los capitalistas, los explotadores; porque nadie que tenga conciencia de lo que el hombre puede lograr con la técnica y la ciencia se pone a ponerle límite al número de seres humanos que puede haber sobre la tierra (APLAUSOS).  Y mucho menos un país que tiene una superficie capaz de abastecer una población mucho mayor, como el nuestro. 
De acuerdo con esos criterios, pues bueno, los siboneyes habrían tenido que limitar los nacimientos, porque en la época de Cristóbal Colón había como 200 000 habitantes en este país:  pero en aquella época los aborígenes se alimentaban pues con algunas viandas que cultivaban y con la caza y la pesca, con las jutías de los montes, los peces de los ríos y del mar. 
¿Con esos métodos acaso podríamos abastecer una población de más de 7 millones de habitantes?  ¡No!  Eso es posible porque naturalmente la productividad del trabajo hoy día es incomparablemente mayor que entonces.  Antes aquellos aborígenes no tenían ni caballos, y cuando tenían que transportar algo lo transportaban al hombro: no había barcos ni ferrocarriles, nada de eso.  Con la técnica y con la ciencia es posible producir lo suficiente para que una población por numerosa que sea reciba todo lo que necesite. 
Y nosotros pensamos en esos lugares poner a prueba este sistema.  Y será de un gran placer seguramente para todos ustedes cuando la primera región del país ya tenga este plan funcionando poderla visitar, porque sin duda que va a ser algo muy interesante.  Eso es en el campo.  En el campo saldrán los muchachos ya de secundaria básica y ya irán a los institutos preuniversitarios, a los institutos tecnológicos; pero se dará en el campo hasta el final de la secundaria básica.  Aquellos muchachos van a saber de agricultura, aunque el hecho de estar en una escuela de campo no quiere decir que su especialidad será la agricultura.  En el futuro no especializaremos a nadie sino después de la secundaria básica; en el futuro.  Todavía hay que especializar a algunos, por las necesidades, a nivel de escuela tecnológica.  Pero en la agricultura, por ejemplo —quiero ponerlo como ejemplo—, si quitamos la inseminación, todos los técnicos agrícolas que estamos preparando serán de nivel preuniversitario, serán de nivel preuniversitario. 
En el futuro todo ciudadano deberá estudiar por lo menos hasta la secundaria básica y, a partir de ahí, adquirir una capacitación profesional.  El problema es que nosotros tenemos que hacer realidad la idea, desde el ler grado si fuera posible, ir desarrollando una enseñanza técnica, no la cosa esa de aprender las cuestiones de memoria, sino enseñar a los muchachos a manejar la teoría, pero a manejar la práctica; a adquirir ideas abstractas, pero adquirir también ideas prácticas, conocimientos prácticos; aprender desde el círculo, si fuera posible, a manejar los instrumentos de producción, a tener una idea elemental, sencilla, para irse familiarizando con la producción. 
Y nosotros tenemos idea de que, desde luego, en esa escuela de 1ro a 4to grados los muchachos podrán tener un huerto, una cosa muy sencilla. De 4to grado a secundaria básica ya participarán en las tareas de la producción, determinado número de horas al año trabajarán en la producción agrícola en general (APLAUSOS). Y estableceremos de manera definitiva el principio de combinar en la formación del ser humano, en la formación del ciudadano, la educación y el trabajo, y las actividades productivas. 
En la ciudad la escuela no será así.  En la ciudad habrá los círculos infantiles también, pero las escuelas no serán de internos, serán de seminternos; en las ciudades irán por la mañana y regresarán después de comida, por la noche, o al atardecer a la casa.  Pero en muchos pueblos tenemos la idea de que muchos pueblos de campo pequeños también de 4to grado en adelante sean escuelas del tipo del campo.  Y, desde luego, habrá que construir miles y miles de centros escolares de este tipo.  Por lo tanto, lo que habrá que trabajar aquí será muy duro.  Pensamos que para 1975 tengamos ya en el campo capacidad para un millón de niños en esta concepción de cómo debe ser la escuela en el campo (APLAUSOS). 
Muchos de ustedes, naturalmente, no podrán estudiar en esas escuelas, pero con toda seguridad muchos hijos de ustedes irán a esas escuelas.  ¿Qué les parece?  Y algunos hermanitos también. 
Esa es la idea que tenemos de cómo será la escuela en el futuro.  Mientras tanto, es necesario seguir avanzando con lo que tenemos:  es necesario seguir desarrollando la idea de la escuela al campo, de manera que en este curso que se inicia, cuando comience la primavera, la zafra todavía no se habrá terminado y será necesario iniciar la siembra —no tenemos todavía suficientes máquinas, llegará el día en que todas esas actividades serán mecanizadas y tenemos que incrementar la producción agrícola—; y en el inicio de la primavera hacen falta muchos brazos y la mayor parte de los brazos están todavía ocupados en el final de la zafra y es la hora de sembrar y de hacer las primeras limpias a las siembras y de fertilizar.  Y, por lo tanto, tenemos que lograr en el próximo curso un éxito total en la movilización, movilizar de 100 000 a 150 000 jóvenes a las tareas agrícolas durante seis semanas (APLAUSOS). 
Procuraremos este año que haya una buena organización: movilizaremos todos los recursos, todas las casitas de campaña esas que tenemos en la playa ahora, todas las casas de campaña que se puedan hacer, porque si no hay albergues, pues en casas de campaña con una buena organización (APLAUSOS).  Pero debemos movilizar.  Y, entre otras movilizaciones, a la provincia de Camagüey pensamos movilizar  50 000 jóvenes en la primavera (APLAUSOS). 
Y en ese esfuerzo ustedes, los monitores, los vanguardias, tienen que estar verdaderamente a la vanguardia (APLAUSOS).  Serán 42 días, serán 6 semanas aproximadamente.  No irán todos de una vez.  En algunas provincias, según las lluvias, se adelantarán más: en otras se retrasarán, y eso formará parte de la formación de nuestros jóvenes. 
Llegará el día en que esa fuerza —como fuerza de trabajo prácticamente— no haga falta, aunque siempre habrá algún proyecto, alguna idea que hacer.  Pero el día en que no lo necesitemos será necesario inventar la manera de realizar algún esfuerzo de este tipo, porque creemos que eso ayuda a formar, pone al joven en contacto con el esfuerzo de la producción, le crea conciencia de que producir los bienes materiales que el hombre necesita requiere trabajo, requiere esfuerzos, requiere desgaste de energía, requiere empleo de la inteligencia. 
Porque es muy malo, pero muy malo, que el niño, que el joven, se acostumbre a recibirlo todo de sus padres, o de la sociedad, de quien sea, sin tener una idea de que eso que él recibe, ese bien material, requiere un esfuerzo productivo, requiere el empleo de la inteligencia, requiere el empleo de los brazos del hombre. 
Y creemos que el joven que crezca sin tener idea de cómo se produce una mazorca de maíz, una fruta, cómo se produce el azúcar, cómo se producen los tejidos, cómo se produce la carne, la leche, los alimentos, creemos que el joven que no tenga idea de eso, sencillamente crecerá ignorando algo que es fundamental.  Sin tener una idea de eso, crecerá un joven deformado.  Y no se olviden de algo:  que la aspiración de nuestra sociedad, de nuestra Revolución es que algún día trabajo manual y trabajo intelectual sean realizados prácticamente por todos, por todos, porque no ha de haber una persona o un ciudadano realizando exclusivamente un trabajo intelectual, ni ha de haber otro ciudadano trabajando realizando exclusivamente un trabajo manual, físico. 
Y eso será posible con el desarrollo de la técnica, porque llegará el día en que el número de horas de trabajo sea mínimo; un mínimo de horas de trabajo serán suficientes, y todos los trabajadores manuales podrán realizar trabajos intelectuales, y los trabajadores intelectuales podrán realizar trabajos manuales. 
Nos hemos acostumbrado a ver una sociedad dividida entre intelectuales y no intelectuales.  Ustedes pueden comprender perfectamente que con el desarrollo de la educación, al ritmo que lleva en nuestro país, llegará el día en que esa distinción desaparecerá, llegará el día en que no haya seres humanos realizando solo trabajos embrutecedores, ni otros ciudadanos realizando solo trabajos tan embrutecedores como el trabajo manual, cuando se realiza solo trabajo manual, físico.  Porque el intelectual también se embrutece siendo solo intelectual.  Y ustedes no se pueden imaginar nadie más inútil que el individuo acostumbrado solo a un trabajo intelectual, y que el día que va por una carretera y se poncha el automóvil, o el ómnibus, y hay que empujar aunque sea aquel vehículo, aquel hombre es incapaz en medio de la naturaleza.  El día en que por un camino creció un río y lo dejó del otro lado del río, aquel hombre se aterroriza, no sabe cortar un pedazo de leña, encender una candela, hervir una malanga.  No hay nada tan horrible como ser solo intelectual o ser solo realizador de trabajos mecánicos del músculo, del organismo, sin ningún empleo de la inteligencia. 
Pero llegará el día, y eso será producto del desarrollo de la sociedad humana bajo un régimen social nuevo, en que todos los ciudadanos sean trabajadores manuales y sean trabajadores intelectuales.  Porque llegará también el día en que se trabaje una sesión, y una sesión de cuatro o cinco horas; y todos ustedes, estudiantes, saben perfectamente bien que cuando han estado en los días de exámenes y han tenido que estudiar mucho, nada les agrada más que dejar el libro a un lado y estarse un día paseando, en la playa o en el campo, haciendo cualquier otra cosa menos leer (APLAUSOS),
Y lo mismo le ocurre al que está haciendo un trabajo físico todos los días, nada le puede agradar más que el día, la hora, en que tiene la oportunidad de ponerse a hacer un esfuerzo con la inteligencia.  Y ese día tiene que llegar.  ¡Ese día llegará! 
Y nuestra educación tiene que desarrollarse en sentido de que formará ese tipo de ciudadano, tiene que desarrollarse en el sentido de satisfacer esa necesidad de formar trabajadores manuales a la vez, que trabajadores intelectuales.  Nuestra educación, dentro de nuestra Revolución socialista, debe ser una institución de vanguardia, debe ser una actividad de vanguardia, porque su tarea, su ilustre tarea, su importantísima tarea, será precisamente formar al ciudadano, preparar al ciudadano, dotar al país del ciudadano que deberá estar adaptado mental y físicamente para vivir en ese mundo, distinto del mundo que hemos conocido hasta hoy.  Esa es la Revolución, esa es la gran tarea de la Revolución,
A muchos de ustedes, cuando llegan las vacaciones, les gusta ir a algún sitio y les gusta ir a un sitio nuevo, un lugar nuevo de la naturaleza, un camino nuevo, una montaña nueva.  Siempre el hombre busca algo nuevo.  En la Revolución el hombre, colectivamente, busca algo nuevo; el ser humano busca un camino nuevo, una vida nueva. En la Revolución el ser humano, colectivamente, satisface su necesidad de progresar, de avanzar, de crear, de buscar formas superiores, de vida, de hacer más perfecta la vida del hombre. Esa es la Revolución, ese es el esfuerzo colectivo de una revolución.
Creo que esto ustedes lo comprenden perfectamente bien; creo que afortunadamente nuestros jóvenes, y más que nadie nuestros jóvenes, están capacitados para comprender esto.  Y creo que en ningún otro sector de nuestra sociedad tendrá más posibilidades de fructificar una idea revolucionaria que en el sector de nuestros jóvenes y de nuestros niños,
Y ustedes ya están participando en un grado alto en esta Revolución.  Porque lo que ustedes hacen como monitores, lo que ustedes hacen como participantes de los círculos de interés científico-técnicos, lo que ustedes hacen como vanguardias, lo que ustedes hacen como concursantes, es revolucionario; lo que ustedes hacen los sitúa a la vanguardia de nuestros estudiantes (APLAUSOS), lo que ustedes hacen los sitúa a la cabeza, lo que ustedes hacen los sitúa en un lugar delantero entre nuestros jóvenes y entre nuestros niños.  Y como vanguardia tendrán que abrir camino, la vanguardia es la que se abre paso, la que abre camino, la que explota, la que investiga y la que le señala a los demás el camino. 
Ustedes son monitores en el aula, cada uno de ustedes, o investigadores en los círculos de actividades científicas; ustedes son vanguardias, cada uno de ustedes en lo individual, pero en lo colectivo ustedes son vanguardia de nuestros estudiantes, ustedes son vanguardia de nuestros jóvenes, ustedes son vanguardia de nuestros niños (APLAUSOS). 
(EXCLAMACIONES DEL PUBLICO DE: “¡Los pinos, los pinos!”).  Ustedes sembraron los pinos, pero eso no basta, ahora hay que fertilizarlos, año por año, porque si no los pinos esos no van a crecer sino en 30 años (APLAUSOS).  Ya los pinos están sembrados, ahora no podemos dejar que los pinos crezcan solos, sin ayuda del hombre.  No solamente hay que sembrarlos, hay que acelerar su crecimiento, para que algunos de esos pinos se corten dentro de 10 ó 12 años, y no tengamos que esperar 30 años; porque las necesidades de muebles, etcétera, son muchas.  ¿Cuántos millones de pinos han sembrado ustedes que es lo único que no aparece aquí? 
(EXCLAMACIONES DEL PUBLICO DE: “¡Dos millones!”). Dos millones. Bueno: si los cortamos de 200 pies serán 400 millones de pies de madera, es algo (APLAUSOS). Se pueden hacer, tal vez, miles de juegos de cuartos, de comedor, y de todas esas cosas. 
Bien.  Cada año que pase hay que prestarle mayor interés a estas actividades.  El año que viene esta exposición de los círculos científico-técnicos, tiene que ser todavía más perfecta, tiene que ser todavía más desarrollada, tiene que ser más conocida por el pueblo:  porque es una lástima, una lástima, que muchas personas, que miles, decenas de miles de personas, no hubiesen visto la exposición.  Tenemos que crear las condiciones para que el año que viene sea todavía mejor, y crear las condiciones para que cada año los concursos y cada año las reuniones de los monitores tengan cada vez más realce, cada vez más desarrollo, cada vez más brillo, cada vez más importancia (APLAUSOS). 
Este es el camino, este es el camino, y por su parte los organismos educacionales deben estimular este esfuerzo, este camino. 
Nosotros queremos aprovechar este acto para hacerles una proposición a todos los compañeros que participaron en los concursos, a todos los compañeros monitores, a todos los compañeros, es decir, a los compañeros de los círculos, a los monitores y a los concursantes, que en total hacen cerca de 1 000.  Nosotros vimos que muchos compañeros de los círculos científico-técnicos trabajaban, por ejemplo, en la cuestión de genética ganadera, y no habían tenido oportunidad de ver el esfuerzo que se está haciendo, las distintas razas, es decir, le faltaba todavía la posibilidad de ponerse en contacto con muchas de nuestras realidades.  Los compañeros que estaban en cítricos, en injertos, en toda una serie de cosas, no habían tenido contacto con las actividades productivas de tipo nacional.  Estoy seguro de que si tuvieran esos contactos podrían desarrollarse mucho más y mucho más rápidamente. 
De manera que surgió la idea en el Ministerio de Educación de organizar una escuela, es decir, hacer una escuela de un tipo determinado, una escuela de distintos niveles, de distintas actividades científicas y técnicas, de distintas materias, donde se ensayen métodos de enseñanza nuevos, donde se promueva el espíritu de investigación.  Una escuela que pueda servir como modelo de lo que deberá ser en un futuro la escuela en nuestra patria (APLAUSOS).  Y conceder el derecho a recibir una beca en esa escuela a todos los jóvenes y niños que participaron en los círculos científico-técnicos (APLAUSOS), a todos los monitores que están aquí presentes (APLAUSOS)  y a todos los que participaron en el concurso. 
Vamos a procurar que sea una buena escuela, vamos a procurar que sea una gran escuela, una escuela moderna, una escuela donde se den las condiciones para que puedan alcanzar las vocaciones el máximo de desarrollo, una escuela que sirva como premio, que sirva como estímulo a los que se han esforzado (APLAUSOS).  Una escuela que sirva como vanguardia, que sirva como piloto, que sirva como modelo de lo que deberán ser las escuelas en el futuro de nuestra patria (APLAUSOS).  Y, por tanto, exhortarlos a ustedes a que ingresen en esa escuela.  Naturalmente, en los lugares en que ustedes están hoy, las actividades que ustedes desarrollan las harán otros, porque será necesario que se formen allá también otros monitores, otros grupos de interés científico-técnicos, surjan otros vanguardias.  Y creemos que será de gran satisfacción para todos ustedes, de gran satisfacción para los familiares de ustedes el saber que como premio, como reconocimiento a las tareas desarrolladas, al esfuerzo y al entusiasmo demostrado, la Revolución les ofrece esa oportunidad y la Revolución les invita a aceptar esa invitación, y les invita a participar en ese esfuerzo para crear una escuela que pueda servir de escuela de vanguardia (APLAUSOS). 
Esa escuela posiblemente llegue a tener una capacidad de unos 900 a 1 000 alumnos; y creemos que puede llegar a ser una institución de mucho interés y de mucho valor para nuestro país (EXCLAMACIONES DE: “¿Cuándo?”). 
Si quieren mañana mismo (APLAUSOS). Les vamos a dar unos días de vacaciones, pero pocos, y vamos a ver con qué rapidez podremos nosotros tener organizada la escuela (APLAUSOS), de manera que ya para este mismo curso que comienza pueden ir ustedes organizando sus planes.  Ya para este mismo curso que comienza tenemos que hacer algunas gestiones diplomáticas, obtener un edificio que consideramos que es muy bueno para eso, y todas las demás cosas, pero vamos a ir rápido y ya se lo comunicaremos oportunamente a todos ustedes. 
Como les prometí que iba a ser breve, solo me resta, compañeros, felicitarlos muy de todo corazón a todos ustedes. 
¡Patria o Muerte!
¡Venceremos!
FIDEL CASTRO RUZ

Fuente: http://www.cuba.cu/gobierno/discursos

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