enero 20, 2014

Discurso de Fidel Castro en la graduación de profesores del Instituto Pedagógico "Makarenko" y fin de curso de la Escuela "Ana Betancourt" (1966)

DISCURSO EN LA GRADUACION DE PROFESORES ALUMNOS DEL INSTITUTO PEDAGOGICO “MAKARENKO” N°  2, Y FIN DE CURSO DE LA ESCUELA “ANA BETANCOURT”, EFECTUADA EN LA CIUDAD DEPORTIVA
Fidel Castro
[3 de Diciembre de 1966]

― Departamento de versiones taquigráficas del Gobierno revolucionario ―

Profesores de las instituciones docentes aquí presentes; Graduados; Alumnos:  
Se ha hecho ya una costumbre este acto de graduación. Pero el que se haya convertido en una costumbre no significa que tengamos todos los años la misma cosa, porque desde que comenzó este plan, año por año, se ha ido transformando, se ha ido desarrollando, adquiriendo cada vez un carácter más complejo, una magnitud y una calidad superiores. Ya resulta difícil resumir de qué se trata, porque son varias cosas de profunda significación revolucionaria las que se juntan en este programa.
Por lo general incurrimos en la creencia de que las cosas de la Revolución se conocen, de que el proceso revolucionario, en sus aspectos más fundamentales, es conocido.  En realidad, dentro de la Revolución se desarrollan tantas actividades, son tantos los frentes de trabajo, que nosotros hemos podido comprobar que ni siquiera una parte pequeña del pueblo conoce una parte mediana de las cosas que están ocurriendo, de la obra que se está realizando.  Por eso siempre es necesario hacer alguna pequeña historia, aunque en este caso de este programa se va haciendo necesario algo más que datos, algo más que una pequeña historia.
Nosotros, que nos hemos visto en la necesidad todos los años de resumir lo que solo en este programa educacional de la Revolución se ha ido haciendo, podemos hacer constar que cada año nos cuesta más trabajo explicar de qué se trata; cada año resultaría más extenso explicar las cifras, los datos, el número de alumnos, el número de graduados, las distintas ramas.  De manera que hoy precisamente, antes de venir a este acto, le explicaba al compañero Ministro de Educación la creencia de que sería ya conveniente que el ministerio editara un libro en que estuviera contenido el desarrollo, en fin, la historia de este programa y su actual desarrollo; aunque, naturalmente esto no significa que es un programa que ha concluido ni que cese de avanzar.  Es un programa que comenzó con unos cuantos cientos de alumnos y que hoy tiene varias decenas de miles, pero no es principalmente la cantidad, sino la calidad de este programa. 
Creemos sinceramente que en medio de toda la obra educacional que la Revolución está llevando a cabo, dentro de esa obra, este plan es particularmente revolucionario, particularmente nuevo, particularmente distinto, y nos muestra todo lo que se puede hacer, todo lo que se puede alcanzar en materia de calidad de la educación, todo lo que se puede avanzar en la formación de nuestros estudiantes, en la preparación de nuestra juventud. 
Hay que decir que este programa se ha llevado adelante fundamentalmente con factores nuevos, con fuerzas nuevas, con profesores nuevos. 
Si se descuenta la valiosísima cooperación de un reducido número de técnicos en la educación, hay que decir que todo este programa se ha ido llevando a cabo con cuadros enteramente nuevos.  Y en ocasiones como esta podemos ver de una manera elocuente los frutos, los resultados. 
Comenzó con unos cuantos cientos —decía— de alumnos, en una escuela que se llamó Escuela de Instructoras Revolucionarias. 
Al principio nadie concibió este plan en su actual magnitud, y esto es una lección importante; es una lección importante porque a veces es suficiente echar a andar algo.  Porque nadie crea, nadie debe creer que en una obra revolucionaria los propios revolucionarios son capaces de conocer hasta dónde puede llegar el alcance de su obra.  Los propios revolucionarios son incapaces de concebir todo lo que la propia revolución sobre la marcha es capaz de ir engendrando. 
Este es un ejemplo de un programa que ha alcanzado un desarrollo que ni siquiera se sospechó al principio.  Y otro tanto ha ocurrido con otros programas.  Otro tanto, por ejemplo, ha ocurrido con los institutos tecnológicos obreros, que también ya en este mismo mes graduarán los primeros cientos de técnicos.  Es decir que todo ha cobrado una extraordinaria dimensión. 
Esta escuela que comenzó siendo una escuela de instrucción revolucionaria, continuó desarrollándose cuando a raíz de la alfabetización se organizó un instituto pedagógico con estudiantes que habían participado en la campaña de alfabetización, que poseían ya un nivel de segundo o tercer año de secundaria básica. 
Ese programa prosiguió con las escuelas de superación, continuó después con las escuelas campesinas.  Y en fin, ya hoy día comprende varias instituciones educacionales. 
Y en este mismo año incluye una nueva escuela, una nueva escuela que ya tiene miles de alumnos, y que para finales del entrante año posiblemente tendrá cerca de 20 000. 
Aquí los números hay que contarlos ya por decenas de miles; sin contar los alumnos de la enseñanza primaria, que reciben los servicios de la enseñanza por parte de los alumnos del instituto pedagógico, solamente contando las alumnas de la escuela “Ana Betancourt”, los estudiantes del instituto pedagógico y los alumnos becarios de la escuela primaria Primero de Mayo, ya son más de, o aproximadamente en esta fecha, unos 20 000 estudiantes becarios. 
Si se les añade los alumnos que son enseñados, es decir, los estudiantes de las escuelas primarias que son enseñados por los estudiantes del instituto pedagógico, son más de 60 000. 
Importante destacar este año, o en esta ocasión, es que, por ejemplo, se acaban de graduar ya en la universidad, como profesores, 146 alumnas de las que participaron en la campaña de alfabetización, y que después constituyeron los alumnos del instituto pedagógico, y que en estos años —cursando sus estudios como maestros y posteriormente como estudiantes en la universidad— ya se han graduado.  Es decir que tenemos los primeros profesores graduados en la universidad de entre los estudiantes que participaron en la alfabetización en el año 1961. 
Estos profesores son: 75 en historia, 16 en español, 40 en psicología y 15 en geografía.  De estos 146 graduados o graduadas —de profesores, 56 trabajan en el Instituto Pedagógico “Makarenko” enseñando historia, 14 enseñando español, 16 enseñando psicología y 13 enseñando geografía; que hacen un total de 99.  En secundarias básicas, tres; en la secundaria básica de campesinas, cuatro; como directoras de centros escolares, dos; asesoras técnicas y coordinadoras de grados, como maestras primarias...  Y en fin, ya todas están desempeñando su función de profesoras, las 146. 
Y están estudiando en la universidad:  en tercer año de historia, 14 —es decir, en adición a las 146 graduadas—; en segundo año, 18; y en primer año, 30; que hacen un total de 62.  En primer año de geografía, tres.  En ciencias naturales:  tercer año, 33; en segundo año, 12; en primer año, 11; que hacen un total de 56.  En español:  tercer año, 11; primer año, 27; total:  38.  En psicología, curso especial, dos.  En matemática, física y química:  tercer año, 31; segundo, 11; primero, 12; total:  54. 
Estas compañeras están estudiando como becarias universitarias la carrera profesoral de nivel medio superior. 
Además, están estudiando como becarias universitarias la carrera profesoral de secundaria básica:  de geografía e historia, segundo año, 10; geografía e historia, primer año, 22; historia y español, segundo, 31. 
Para no seguir señalando, voy a decir el total.  Alumnas que estudian la carrera profesoral de nivel medio superior, 215; alumnas que estudian la carrera profesoral de secundaria básica, 207; con solo 36 alumnas que no asisten a la universidad, y que hacen un total de 458.  Además de las 146 graduadas. 
Es decir que casi la totalidad de las alumnas que alfabetizaron, que estudiaron después en el instituto pedagógico, se están graduando ya o están próximas a graduarse como profesoras con título universitario. 
Esto nos puede dar una idea del numeroso contingente de profesores que se han ido formando en un método nuevo, con un estilo nuevo, con una técnica nueva, en una perfecta combinación del trabajo y del estudio; puesto que todas estas compañeras, desde que comenzaron en el primer año del instituto pedagógico, han estado actuando también parte de su tiempo, todos los días, como maestras y como profesoras. 
Es decir que la aspiración revolucionaria, la aspiración socialista, la aspiración comunista como ideal de la enseñanza que combina el estudio con el trabajo, se ha logrado de una manera feliz en este plan y con óptimos resultados. 
Y ese mismo método se ha establecido ya para los nuevos alumnos del instituto pedagógico.  Los alumnos que comenzando en las Minas del Frío, pasando después por Topes de Collantes, para después venir a estudiar en el instituto pedagógico, esos alumnos, prácticamente todos, desde que ingresan en el instituto pedagógico, practican también la enseñanza como maestros de las escuelas primarias de la capital de la república, o como maestros y maestras de las campesinas de la escuela “Ana Betancourt”.  Pero, a su vez, las alumnas de la escuela “Ana Betancourt”, las que tienen los niveles más altos, ejercitan también la enseñanza; es decir, enseñan como maestras en los niveles inferiores de la propia escuela “Ana Betancourt”. 
Y de entre esas campesinas, de entre esas alumnas campesinas, se formará un numeroso contingente de maestras y de profesoras. 
Todo esto, si hace 10 ó 15 años se hubiese propuesto como una idea, habría parecido una fantasía, habría parecido una utopía, habría parecido un sueño irrealizable.  Que en tan breves, breves años, se haya podido desarrollar un programa que ya cuenta con cientos de profesoras, con título universitario, o próximas a obtenerlo, un programa de formación de maestros del nivel y de la calidad, de la formación revolucionaria, del que hoy se está llevando a cabo, parecería una fantasía. 
Sin embargo, ya este año graduamos el tercer grupo del instituto pedagógico como maestros primarios.  Puede decirse que el cuarto grupo, porque el primer grupo se graduó —fueron unas 300 alumnas que se graduaron, de las que ingresaron primeramente en el instituto—; al año siguiente se graduó el resto; el año pasado se graduó el primer contingente de los que comenzaron, no a raíz de la campaña de alfabetización, o mejor dicho, que comenzaron después de la campaña de alfabetización, pero en Topes de Collantes.  Y ya este año, si es que no estoy equivocado, se gradúa el cuarto contingente, y que son alumnos que comenzaron en las Minas del Frío... ¿Es así, verdad?... ¿Las que se gradúan este año en el instituto pedagógico, no comenzaron por las Minas del Frío?  (EXCLAMACIONES DE: “¡Sí!”) 
Es decir que se gradúan ya después de cinco cursos, porque el curso anterior había comenzado a estudiar en Topes de Collantes; este ya comenzó en las Minas del Frío.  Este año se gradúan todavía menos de 1 000; el año que viene se graduarán más de 1 000; y en el año 1968, se graduarán cerca de 2 000, o más de 2 000. 
Es interesante señalar también que en las Minas del Frío ingresarán en el próximo curso cerca de 10 000.  Naturalmente que no todos los que ingresan en el primer año se gradúan, siempre hay un número de bajas académicas; pero también es interesante observar que el número de bajas académicas disminuye por año.  Y que por alto que fuese el número de bajas académicas de entre los que ingresan en las Minas del Frío, cuando esos alumnos se gradúen, dentro de cinco años serán varios miles. 
Y cuando hayan transcurrido unos cuantos años más, los maestros, enteramente formados por la Revolución desde las Minas del Frío hasta el instituto pedagógico, se contarán por decenas de miles. 
Y nos parece que nosotros podemos afirmar que nuestro país posee hoy, sin lugar a dudas de ninguna índole, uno de los más avanzados programas de formación de maestros, que existen en el mundo.  Y que, por tanto, nuestro país podrá contar con maestros capaces de ir a enseñar, no digo ya en cualquier lugar apartado de nuestro país, sino maestros capaces de ir a enseñar, si algún país hermano nos pide asistencia técnica en ese sentido, capaces de ir a enseñar a cualquier rincón del mundo (APLAUSOS). 
Creemos que se está formando una generación de maestros altamente calificada y profundamente revolucionaria.  No quiere esto decir que debemos darnos por satisfechos, porque sabemos todavía de la necesidad de elevar aún más la calidad, de elevar aún más el nivel, de elevar el nivel ya desde la primaria, de elevar el nivel desde las Minas del Frío, para poderlo seguir elevando en Topes de Collantes y en el Instituto Pedagógico “Makarenko”. 
De manera que cada año se gradúen maestros con más nivel técnico, que cada año se gradúen maestros con una formación más completa, capaces no solo de llevar a los niños los conocimientos propios de la escuela primaria, las distintas materias, sino de orientarlos, de formarlos como ciudadanos y de desarrollar todas sus facultades mentales y físicas. 
Puesto que también pretendemos, y en un grado muy alto se está logrando ya, que, por ejemplo, la enseñanza de la educación física en nuestro país se practique desde el primer grado, y quien dice la educación física dice también la educación artística de los alumnos, puesto que aspiramos a que nuestros maestros primarios no solo sean maestros de instrucción primaria, sean también profesores de educación física en la escuela primaria, y sean también los que orienten la vocación artística y la formación cultural de los alumnos de la escuela primaria. 
En dos palabras: aspiramos a formar maestros integrales, para una educación integral, en escuelas integrales.  En esas palabras se puede resumir nuestra aspiración de la enseñanza.  Y si no podemos sentirnos satisfechos de lo alcanzado, sí podemos sentirnos estimulados por los grandes avances que se han logrado hasta hoy para seguir avanzando. 
Muchos de los alumnos que hoy se gradúan, aproximadamente, o en números exactos, 764, es decir, los que se gradúan, no ya en la universidad —que como indiqué anteriormente están trabajando en distintos sectores—, los que se gradúan como maestros primarios en el instituto pedagógico, se distribuirán de la siguiente forma: 
Actualmente hay ya becarios en el exterior, 31 de esos alumnos especializándose; para las montañas irán, integrando la brigada de maestros de vanguardia “Frank País”, 227; para enseñar en el ejército, 63; en Topes de Collantes, 220; en Minas del Frío, 120; en el propio instituto pedagógico, 25; en los institutos tecnológicos de suelos y fertilizantes, en fin, institutos agropecuarios, 78; es decir que los 764 maestros graduados comenzarán inmediatamente a desempeñar utilísimas tareas en la Revolución, utilísimas tareas en la enseñanza. 
Esperamos que el prestigio, el crédito bien merecido que los graduados del instituto pedagógico se han ganado en todas partes, lo sigan manteniendo y lo eleven aún más los maestros que hoy se gradúan. 
Se han graduado también de sexto grado un número considerable de campesinas de la escuela “Ana Betancourt” (APLAUSOS), un total de        1 069, que pasarán a estudiar secundaria básica, o a estudiar como maestras en la propia institución. 
Hay algunos factores que conspiran contra este programa.  Naturalmente que estas compañeras campesinas, procedentes en su mayor parte de las montañas, es decir de los lugares más apartados del país, después de varios años van adquiriendo un nivel más y más alto.  Y con las necesidades de todo tipo en nuestra patria, y sobre todo en nuestros campos, con el desarrollo de la Revolución en todos los frentes en nuestros campos, muchas de esas compañeras son solicitadas para desempeñar distintas tareas. 
A veces son factores de orden humano difíciles de superar; a veces son compañeras a quienes espera un novio impaciente, deseoso de contraer matrimonio.  Claro, que un novio impaciente inteligente sería capaz de tener un poquito más de paciencia (APLAUSOS)  hasta esperar que su novia adquiera ya una profesión, un título de maestra, o el nivel que le permita desempeñar en el futuro una tarea más útil al país. 
Todavía las mujeres tienen que luchar más para hacer valer sus aspiraciones, para hacer valer sus derechos, para hacer valer sus posibilidades, para hacer valer su oportunidad de desarrollarse plenamente, de desempeñar el papel de que es capaz en la nueva sociedad que estamos creando. 
Podemos decir que sería una lástima que una campesina, que ha llegado ya al séptimo grado o al octavo grado, que esté estudiando como maestra, pierda la oportunidad de adquirir su título. 
Por eso, aun cuando comprendemos esos factores de tipo humano, muy humano, consideramos nuestro deber exhortar a las alumnas a que hagan un esfuerzo de voluntad y un esfuerzo de persuasión para que el número de ellas que no regresan por estas razones, se disminuya al mínimo. 
La otra causa —a que me refería anteriormente, y que no es de orden humano— podríamos llamarla de orden burocrático, podríamos atribuirla al espíritu burocrático, al espíritu pequeñoburqués —y todavía más crudamente, si es posible —, a la irresponsabilidad de compañeros que desempeñan funciones en el seno de la Revolución, y que consideran más útil al parecer darles un empleo en una oficina, o cualquier otro tipo de trabajo improductivo a estas compañeras, obstaculizándoles la posibilidad de darles una preparación mayor.  A veces no se trata de un trabajo burocrático; a veces las solicitan como cuadros en las organizaciones de masas. 
Pero nosotros creemos que si una compañera tiene vocación, tiene condiciones para llegar a ser un cuadro en una organización de masas, o de nuestras organizaciones políticas juveniles o del Partido, es también una lástima que se le prive de la posibilidad de seguir estudiando. 
La Revolución ha hecho un esfuerzo con estas compañeras para prepararlas, un esfuerzo constante, tenaz, intenso. Y es un crimen conspirar contra ese esfuerzo, es un crimen obstaculizar los frutos de ese esfuerzo.  Porque ningún trabajo es más importante que este, ningún frente es más importante que este en que aspiramos a formar con el nivel más alto posible para que puedan alcanzar también, o servir a su patria en el grado más alto posible; ningún frente de trabajo, ninguna actividad es más importante que esta. 
Y por lo tanto es deber de todos los que se consideran revolucionarios no dejar que sean otros los que se esfuercen en este frente, no obstaculizar este esfuerzo, y no contribuir a las bajas académicas de esta escuela. 
Sabemos, desde luego, que no basta con pedir, no basta con lanzar una idea, no basta lanzar una consigna.  Todavía hoy —y desgraciadamente tal vez durante varios años— existirán en el seno de la Revolución los indolentes, los insensibles, los irresponsables, que continuarán conspirando contra los mejores esfuerzos de la Revolución.  Pero esperamos que cada vez sean más los que comprendan bien la obra global de la Revolución, que cada vez sean más los que comprendan que hay que trabajar no para el presente solamente, sino que hay que trabajar principalmente para el futuro.  Y que este esfuerzo educacional es el que más tiene que ver con el futuro de nuestro país. 
Ojala que quienes trabajan tan arduamente en esta escuela de campesinas tengan en el próximo curso el menor número de quejas posibles con relación a las alumnas que, habiendo alcanzado ya después de varios años un nivel alto, dejan de regresar a la escuela, y que como todos los años anteriores cada vez sean menos las que puedan considerarse en esos casos. 
Entre los papeles, es decir, entre los datos —que no intento, ni mucho menos, leerlos todos aquí— con relación a las actividades de la escuela en el presente año, vimos un informe, o mejor dicho, unas palabras, que cuando nosotros hoy meditábamos acerca de lo que podía decirse para dar una idea de lo que significa para nuestra Revolución y para nuestra juventud este esfuerzo, este plan, esta escuela.  Ninguna expresión podía reflejar más cabalmente esa idea que las palabras de una alumna campesina el día de la graduación de sexto grado.  Me parecieron tan expresivas, tan hermosas esas palabras, tan reveladoras, que me pareció que ninguna otra cosa podía expresar mejor la esencia de esta escuela.  Y, por tanto, voy a leer ese breve discurso de esa compañera (APLAUSOS). 
Dice así:  “Querida directora Elena Gil, compañeras, compañeros asesores, queridas maestras, compañeros todos:  En nuestra vida de estudiante nunca habíamos tenido un día de tanta felicidad, de tanta alegría.  Hay motivos para sentirnos así, es esta nuestra graduación; es decir que comenzamos ya una etapa más avanzada en los estudios. 
“Termina esta jornada de estudios y comienza la otra en la que más que nunca pensamos todas poner nuestro máximo interés.  Terminamos este curso en el cual hemos rendido una gran labor, porque por nuestra escuela siempre estaremos listas, pues en ella, hay que destacar aquí con toda sinceridad, que hemos aprendido a amar a la patria más que nunca, hemos aprendido a amar a la verdad y a tenerla en alto, hemos aprendido a ser conscientes, hemos aprendido a enfrentarnos a la vida misma.  En este caso, cuando hablamos de querer a la patria, también afirmamos que hemos aprendido a prepararnos de una u otra forma para defenderla.
 “¿Y cómo, pues, defendemos nosotras a la patria en estos momentos en que la paz reina en toda Cuba?  Pues nosotros defendemos en estos momentos a la patria enseñando y educando a miles de niños que recientemente han ingresado en la nueva ciudad escolar, llamada gloriosamente Primero de Mayo, de manera que estos sean la vanguardia futura de nuestra patria revolucionaria, que cada día crea nuevas escuelas para que ya ningún niño camine por las calles y campos sumido en la ignorancia y con las manos sucias, sin conocer lo que debe conocer. 
 “Todo eso hemos aprendido:  a estudiar con tesón, con dedicación:  y, unido a ello, a trabajar de igual forma.  Y señores, queremos que se sepa que nunca el trabajo nos ha obstruido el camino hermoso de los estudios, ¡jamás!; que hemos adquirido, por el contrario, una serie de experiencias valiosas y hemos deducido que cualquier joven puede estudiar y trabajar a la vez, porque esto da muestras de una juventud aguerrida y afanada por la Revolución; y, además, porque se puede.  Repetimos que los trabajos no son ningún motivo de obstáculo para seguir sacando con buenas calificaciones nuestros exámenes semestrales. 
“Este curso ha sido de muchas experiencias, de muchas cosas nuevas.  Por ejemplo, se ha constituido la UJC, que demás está decir que es una organización que agrupa...  ¿a quiénes?  Pues a los jóvenes verdaderamente conscientes, revolucionarios, trabajadores y estudiosos.  Todas estamos contentas porque al fin ha llegado hasta nuestra escuela esa estela de organización, disciplina y alegría juvenil que trae consigo la UJC. 
“En lo que a actividades de otra índole respecta, en estos últimos días en la escuela se ha llevado a efecto un análisis personal por alumno, es decir, cada cual ha expuesto con toda sinceridad sus errores.  Ha sido un análisis de carácter político y hemos podido comprender cuánta conciencia revolucionaria existe en cada una de nuestras compañeras. 
“Por eso, con razonamientos muy optimistas, creemos que la escuela llegue a constituir una verdadera ayuda para nuestro país, pues nunca decimos que no, llevando siempre el mismo ejemplo de la escuela a un Instituto Pedagógico ‘Makarenko’, ejemplo de instituto, cuyas integrantes han sido nuestras educadoras, las que nos han guiado siempre y son ejemplo vivísimo de maestras, de las que en verdad necesita Cuba. 
 “Bien:  queremos que se nos permita pedirle a nuestra respetable y querida directora, Elena Gil (APLAUSOS), que nos deje seguir trabajando a la vez que estudiando. Queremos de veras enseñar a esos niños del Plan Primero de Mayo, queremos seguir con ellos.  Amamos la teoría y la práctica, y esperamos que se nos conceda esta hermosa petición.
“Compañera Elena: sepa que estamos firmes, entusiastas, abrazadas al trabajo y al estudio siempre. 
“¡Viva el magisterio!
“¡Viva la teoría y la práctica!
“¡Vivan los niños, que tan felices son en la Isla de la Libertad!
“¡Viva la Revolución, que nos ha abierto el camino a seguir, el camino de la luz!
“¡Viva nuestro querido lema, que siempre llevamos muy dentro de nuestros corazones y en los labios, para decirlo, cuando sea necesario! 
“¡Patria o Muerte!
“¡Venceremos!“  (APLAUSOS PROLONGADOS.) 
Y después de estas hermosas palabras, en que ya la nueva generación comienza a hablar por nosotros, solo nos resta repetir también: 
¡Patria o Muerte!
¡Venceremos! 
FIDEL CASTRO RUZ

Fuente: http://www.cuba.cu/gobierno/discursos

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