enero 18, 2014

Oficio del general Belgrano, dando cuenta al Gobierno de haber celebrado el segundo aniversario del 25 de Mayo, bendiciendo y haciendo jurar la bandera celeste y blanca.

EPOCA PRIMERA
La Revolución de Mayo y la Independencia
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Oficio del general Belgrano, dando cuenta al Gobierno de haber celebrado el segundo aniversario del 25 de Mayo, bendiciendo y haciendo jurar la bandera celeste y blanca.

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Excmo. Señor:
He tenido la mayor satisfacción de ver la alegría, contento, y entusiasmo con que se ha celebrado en esta ciudad el aniversario de la libertad de la patria, con todo el decoro y esplendor de que ha sido capaz, así con los actos religiosos de vísperas y misa solemne con Tedeum, como la fiesta de Alférez Mayor D. Pablo Mena, cooperando con sus iluminaciones todos los vecinos de ella, y manifestando con demostraciones propias su regocijo.
La tropa de mi mando, no menos ha demostrado el patriotismo que la caracteriza: asistió al rayar el día a conducir la Bandera Nacional, desde su posada, que llevaba el Barón de Holemberg para enarbolar en los balcones del Ayuntamiento, y se anunció al pueblo con 15 cañonazos.
Concluida la misa la mandé llevar a la .iglesia, y tomada por mí, la presenté al Dr. D. Juan Ignacio Gorriti, que salió revestido a bendecirla, permaneciendo el Presidente, el Cabildo y todo el pueblo en la mayor devoción en este santo acto.
Verificada que fue, la volví a manos del Barón para que se colocase otra vez donde estaba, y al salir de la iglesia se repitió otra salva de igual número de tiros con grandes vivas y aclamaciones.
Por la tarde se formó la tropa en la plaza, y fui en persona a las casas del Ayuntamiento, donde éste me esperaba con su Teniente Gobernador; saqué por mí mismo la Bandera y la conduje acompañado del expresado cuerpo, y habiéndose mandado hacer el cuadro doble, hablé a las tropas, según manifiesta el núm. 1° (1), las cuales juraron con todo entusiasmo, al son de la música y última salva de artillería, sostenerla hasta morir.
En seguida, formados en columna, me acompañaron a depositar la Bandera en mi casa, que yo mismo llevaba en medio de aclamaciones y vivas del pueblo, que se complacía de la señal que ya nos distingue de las demás naciones, no confundiéndonos igualmente con las que, a pretexto de Fernando VII, tratan de privar a la América de sus derechos, y usan las mismas señales que los españoles subyugados por Napoleón.
A la puerta de mi posada hizo alto la columna, formó en batalla, y paseando yo sobre las filas la Bandera, puedo asegurar a V. E. que vi, observé el fuego patriótico de las tropas, y también vi en medio de un acto tan serio murmurar entre dientes: «Nuestra sangre derramaremos por esta Bandera».
No es dable a mi pluma pintar el decoro y respeto de estos actos, el gozo del pueblo, la alegría del soldado, ni los efectos que palpablemente he notado en todas las clases del Estado, testigos de ellas: sólo puedo decir que la patria tiene hijos que sin duda sostendrán por todos los medios y modos su causa, y que primero morirán que ver usurpados sus derechos.
Las tropas de la vanguardia que se hallaban en Humahuaca al mando del Mayor General interino, D. Juan Ramón Balcarce, han hecho sus demostraciones públicas de regocijo y oído a su jefe, según la copia número 2, festejando el día de nuestra libertad con evoluciones militares, toros, sombras chinescas, en que han tenido parte todos aquellos naturales que bendicen al Todo Poderoso por el goce de sus derechos.
En Salta igualmente, según me avisa el Gobernador con fecha del 26, se ha celebrado el aniversario con todo, su esplendor y magnificencia correspondiente a un pueblo entusiasmado y amante de su libertad, y me dice, que las corporaciones, civiles y eclesiásticas, han desempeñado sus deberes, haciendo ostentación de su patriotismo; por cuya razón he mandado se les de las gracias de un modo público.
Bien puede, Excmo. señor, tener nuestra libertad todos los enemigos que quiera; y bien puede experimentar todos los contrastes, que en verdad mis son necesarios para formar el carácter nacional: ella se cimentará sobre fundamentos sólidos, que la justicia administrada por V. E. sabrá colocar, para el bien y felicidad de los pueblos de estas Provincias.
Dios guarde a V. E. muchos años.
Jujuy, 29 de Mayo de 1812. ― MANUEL BELGRANO.

Excmo. Superior Gobierno de las Provincias Unidas del Río de la Plata.

Fuente: Neptalí Carranza, Oratoria Argentina, T° I, pág. 83 y sgtes., Sesé y Larrañaga, Editores – 1905. Ortografía modernizada.
(1) Se refiere a la proclama que publicamos anteriormente.

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