abril 09, 2010

Discurso de Perón a los obreros y empleados públicos (1945)

DISCURSO A LOS OBREROS Y EMPLEADOS PÚBLICOS
Juan Domingo Perón
[24 de Agosto de 1945]


Señoras y señores:
Es altamente auspicioso para un secretario de Trabajo y Previsión, llegar hasta esta magnifica asamblea de trabajadores del Estado, buscando un contacto que es absolutamente indispensable para que, al propio tiempo de conocer los problemas, pueda vibrar la cuerda espiritual del hom­bre, sin la cual nada se arremete con pasión, como es necesario hacer para resolver los problemas del Estado.
Bien lo han dicho los que me han precedido en el uso de la palabra, que el campo de todas las actividades argentinas se encuentra en estos momentos divididos en dos verdaderos bandos con ambiciones y aspiraciones distintas. Uno de ellos es el de los que defienden sus conquistas alcanzadas después de tantos años de insatisfechas aspiraciones y de duros trabajos para obtener lo indispensable, para vivir con la decencia y con el placer a que tienen derecho todos los habitantes de esta tierra. El otro bando está representado por aquellos que no sienten el placer de que los demás sean felices, como ellos aspiran a serio sin satisfacerse, porque para ser feliz es necesario ante todo aprender que no se es feliz por poseer mucho, sino con no ambicionar lo innecesario. Los trabajadores que se cuentan en el primer bando utilizan la petición con orden, con razones; los otros utilizan la maniobra política desde las sombras, sin razón y sin honor.
Se habla en estos momentos de colaboracionismo: ¿qué representa el colaboracionismo entre argentinos? La ayuda mutua, la ayuda del poderoso del pobre, de un hombre para el otro hombre, la ayuda del pueblo al estado y la ayuda del Estado al pueblo. Quienes se niegan a colaborar, no tienen sentimiento patriótico para el hermano de la tierra, no tienen senti­miento patriótico para su país, ni interés de colectividad, sino interés mezquino y personal. Los países no son grandes sin esa colaboración. La colaboración del mezquino es adulonería y la colaboración del altivo es la crítica constructiva, pero sin segundas intenciones. Ansiamos, aceptamos y acep­temos esa colaboración leal. Queremos colaborar con los demás argentinos, y en esa tarea de colaborar, ayudando a los que más lo necesitan, estamos empeñados desde hace dos años con, una lealtad que en ese campo no se conocía en este país.
Es indudable que nuestro trabajo no es de resultados inmediatos. Esperamos tranquilos el juicio de los tiempos, seguros de que procediendo bien, hemos de enfrentar la crítica, de pie. Sabemos que no hemos robado, que no hemos engañado y que nos hemos opuesto con todas las fuerzas de nuestro espíritu a que el país siguiera siendo vendido al mejor postor. Cuanto más conservemos esta tierra que es el patrimonio de miles de generaciones argen­tinas que hayan de venir, cuanto más pura, más íntegra y más rica la con­servemos, más tranquilos podemos esperar el juicio de la posteridad que no arrojará sobre nuestra acción, el baldón del robo, que arrojó en otros tiem­pos de triste memoria para los argentinos.
No sé si hemos desarrollado una acción tan grande, como fue grande nuestra aspiración de hacerlo. Pero sí sé, que en ella hemos puesto una buena voluntad superior a toda nuestra capacidad, y el hombre que realiza lo que puede no está obligado a ir más allá. Los trabajadores saben perfectamente bien que no estamos regalando sino que estamos asegurando una justicia que tantos años tardó en llegar para los hombres que sufren y que trabajan por el país.
Se ha hablado en estos últimos tiempos de inflación. Ya la llamo con otro nombre: especulación. Sin embargo quiero recordar que en este sentido nuestro país, con nuestro gobierno, ha ido mucho más lejos de lo que era previsible, No soy de los hombres que hacen autopropaganda, pero solamente presento el problema que encontró en el orden económico financiero este gobierno, al hacerse cargo de la cosa pública: un país que producía apenas el 50 % de lo que consumía y lo demás lo llenaba con la importación. Nosotros por causa de la guerra, nos encontrarnos con que se había suprimido la totalidad de esa importación y fue necesario abastecer al país con la propia industria de todo lo que antes no producía, y lo conseguirnos con la ayuda de esa propia industria hasta abastecer integralmente al país. Pero fuimos aún más allá: se estiró todavía un cien por ciento más para exportar y abastecer a Centro y Sudamérica y a Sudáfrica. Sin embargo no hemos sufrido nece­sidades que no fuesen perfectamente soportables. Por otra parte los problemas, que eran tan difíciles, se resolvieron todos racionalmente, como el del combustible. Este país sólo producía el 65 % de su combustible; sin embargo se triplicó la industria, no paró una sola fábrica y estamos actualmente produciendo el combustible necesario para que no se detenga y siga adelante. Este problema, pues, que se presentaba con caracteres ciclópeos ante el gobierno, ha sido resuelto perfectamente bien.
Se habla de la inflación, y yo les digo que piensen en el año 1917; a esa altura durante la otra guerra teníamos un 185 % de inflación, y hoy no alcanzamos al 30 % término medio. Entiendo que las medidas tomadas por el Consejo de Posguerra, en medio de los insultos de los inconscientes, ha solucionado en forma inmediata el problema de la inflación. También se que eso me ha acarreado el odio de mucha gente, pero yo confieso que soy de los que creen que así como hay cariños que envilecen hay odios que honran.
Sin embargo es necesario hacer algo frente a esa pequeña inflación. Y digo pequeña, porque si miramos hacia los vecinos cercanos o lejanos, podemos establecer que en ningún país del mundo existe una inflación mejor, que esta bendita Argentina, y que mientras miramos a los alrededores y vemos inflaciones que pasan del 200 y aun del 300 %, aquí estamos en un 30 % insignificante de inflación.
Es claro, señores, que cuando se habla de precios se dice que hay inflación y cuando se habla de salarios ya nadie se acuerda de la inflación. Lo racional, lo lógico y lo científico es tomar como punto de comparación el movimiento de precios y salarios, al salario mismo, porque -lo he dicho otras veces- el estómago y la salud del que gana poco no pueden hacer economías, pudiéndose economizar en todos los demás renglones de la vida y restañar cualquier perjuicio.
Estamos estructurando un instituto para estudiar científicamente los sa­larios en forma de establecer definitivamente en el país, el salario vital móvil, el salario mínimo y el salario familiar. Nuestros estudios permitirán que nadie gane un salario inferior al que necesita para vivir y mantener una corta fami­lia. Las estadísticas en nuestro poder, estadísticas teóricas y empíricas confec­cionadas simultáneamente en todo el país por nuestros organismos sobre doce mil familias obreras, nos permitirán proceder sin apresuramiento y en forma eficiente. Estas mismas estadísticas nos han llevado a la conclusión de que actualmente el salario está por debajo del costo de la vida. El Consejo Nacio­nal de Posguerra se halla abocado en estos momentos a la solución del problema, partiendo de la base de que en esta materia las correlaciones son de una sensibilidad extremada. Si el precio de la mercadería sube por el aumento lógico del costo de producción, de comercialización o de industrialización, el salario debe subir para ponerse en equilibrio con aquél; pero si el precio sube por razones puramente especulativas, debe bajar el precio para ponerse a tono con el salario. Es dentro de este criterio que se estructuran actualmente los salarios mínimos.
La Secretaría de Trabajo y- Previsión ya ha gestionado y obtenido de dis­tintas reparticiones el salario mínimo de 180 pesos, que es el que defendemos. Así se ha pedido a la provincia de Buenos Aires y sus autoridades se han comprometido a implantarlo, y lo estamos reclamando a todas las reparticiones del Estado para llegar al establecimiento de un salario uniforme y hasta tanto se crea el Instituto de la Remuneración, se establecerá por decreto.
Con respecto a las solicitudes de ustedes sobre casos particulares, como ser hospitales de beneficencia, Marina y Obras Públicas y demás organismos, procederemos inmediatamente a resolver cada situación y haremos cumplir -como lo estamos haciendo hasta ahora- las leyes referentes a la mensualización, a la jubilación, al horario de trabajo y demás mejoras de que debe
gozar el personal obrero.
Deseo hacerles llegar nuestra palabras de aliento en esta lucha que sostienen por las reivindicaciones y decirles que deben mantenerse unidos, con esa paciencia que han demostrado durante tantos años, seguros de que nos­otros trabajaremos a fin de que en el menor tiempo posible sean satisfechas las aspiraciones de los obreros del Estado en todas las reparticiones y para que el Estado, en un futuro no lejano, sea dentro del país el mejor patrono.
Finalmente quiero hacerles llegar a ustedes, directamente, y por radio a todos los trabajadores del Estado que me están escuchando, la expresión de que serán los obreros a quienes apoyaremos con la mayor decisión y que paulatinamente hemos de estructurar un estatuto con escalafones, promociones, ascensos, que satisfagan las aspiraciones de todos los trabajadores al servicio del Estado. Han de comprender ustedes que no podemos improvisar, o también han de estar convencidos que la Secretaría de Trabajo y Previsión pone su mejor buena voluntad para satisfacer las justas aspiraciones obreras, y no ha de descansar hasta darle cima a las aspiraciones de los traba­jadores del Estado, que por ser del Estado, tiene que ser una obligación del gobierno.
JUAN DOMINGO PERÓN

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