abril 14, 2011

Carta Pastoral: "Maldita ambición" Joaquín Piña, obispo emérito de Puerto Iguazú (2006)

CARTA PASTORAL PARA EL 33º DOMINGO DURANTE EL AÑO 2006
MALDITA AMBICIÓN...
Mons. Joaquín Piña, obispo emérito de Puerto Iguazú
[19 de Noviembre de 2006]

Hermanos y amigos:
La Sagrada Escritura, sobre todo en el Antiguo Testamento, hace grandes elogios de la ancianidad. Se supone que, en los que han vivido muchos años, reside esta sabiduría que viene de Dios. La prudencia, la sensatez, y ésta es una de las razones por las que deben ser especialmente respetados.
Pero también hay que reconocer que, no son sólo los años los que dan esta sabiduría. Uno puede pasar por la vida sin aprender nada. La Biblia habla de un niño que tenía cien años. Había vivido mucho, pero seguía siendo un niño, y no precisamente por la inocencia, sino por la inconciencia. Que quiere decir que no tiene conciencia. No discierne. Es imprudente. No sabe nada. En resumen, que hay gente que nunca aprende, a pesar de las muchas lecciones que nos da la vida. Por ejemplo, las elecciones...
De otro lado, la psicología enseña que la evolución normal del ser humano parte de unas de las primeras etapas, en las que el niño es egoísta, -quiere la teta, quiere los juguetes. Quiere, sobre todo, la atención y el cariño de los que le rodean. Es el centro del mundo... - Hasta que evoluciona hacia otras etapas, en las que se van abriendo al mundo que le rodea. Lo que llamamos la socialización. Se hace de amigos. Normalmente va dejan do el egoísmo para aprender a ser generosos. Pensar en los demás. En lo que yo podría colaborar para que este mundo, -tal vez mi familia, mi grupo-, este un poco mejor. Que todos seamos más felices.
Es la edad en que suele brotar la vocación. Los grandes ideales. Incluso heroicos. Soñamos con lo mejor. En el campo que sea.
Pero, como decía antes de los ancianos, está el contrapunto. El que no evolucionó en este sentido. Al contrario: Nació egoísta, y cada vez se fue volviendo más egoísta. Todo para mí. ¡Nada para vos!
Se dan casos patológicos. Gente que sólo piensa en sí mismos. Serán totalmente incapaces de amar. De amar de verdad. (A lo más, parece que aman, por un tiempo, pero como son incapaces de sacrificarse por el otro, pronto se cansan. Y, por supuesto, que terminan separándose...)
Lo que quiero decir, y a esto voy, ahora que estoy despidiéndome de mi leve incursión en esto que llaman política, (aunque yo aclaré que, en mi caso, no es política si no en el más alto sentido de la búsqueda del bien común) es que estos no maduraron, ni madurarán nunca, mejor que ni se metan en la política, porque nos harán sufrir a todos.
Yo he dicho, y lo sostengo, que estoy seguro de que existen en el país, y en la provincia en particular, gente, capaz y honesta, -honesta de verdad-, que podría acceder a los cargos públicos, y que lo haría bien. ¿Porqué tenemos que repetir siempre las mismas caras, como si no hubiera otros? Lo peor que le puede ocurrir a un gobernante, es cuando se cree que es el único capaz de gobernar. Por desgracia, este mundo está lleno de “imprescindibles”. Que, felizmente, cuando se fueron, las cosas empezaron a ir mejor.
Un anciano muy inteligente me decía lo importante que es saberse retirar a tiempo. Reconozco que no es fácil, pero ciertamente es lo más acertado.
Hemos reconocido gente que podría haber sido buenos gobernantes, si a su tiempo hubiesen sabido decir: Basta, y me voy. Se quedaron, y les fue mal. Maldita ambición, que siempre nos juega en contra...
Ojalá que Dios les dé a algunos esta sabiduría de saber retirarse a tiempo. Ya cumplieron. (¿Y ganaron mucha plata?) Bien o mal, pero ya pasó su cuarto de hora. Déjenle el lugar a otros, que necesitamos gente nueva. Con menos mañas. Dicen que son inexpertos, pero ¿cómo empezaron ustedes?
Porque, la pregunta es ésta: ¿Queremos, o no queremos algo nuevo en la política? Ésta será la verdadera renovación. No la que nos vendieron, y que fue volver a lo más viejo de todas las metodologías. Por favor, que esto desaparezca para siempre.
Yo espero irme al cielo, cuando Dios me llame, y desde allí rezaré por ustedes.
Su Padre Obispo
PD: En mi tierra dicen: ¡Que se vayan los feos! Serían los impresentables.
Mons. Joaquín Piña Batllevell, obispo emérito de Puerto Iguazú

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