febrero 24, 2012

Mensaje del Gobernador de Buenos Aires, Felipe Solá, en el acto de toma de posesión del cargo (2003)

MENSAJE
DEL
GOBERNADOR DE LA PROVINCIA DE BUENOS AIRES
Felipe Solá
EN EL ACTO DE TOMA DE POSESION DEL CARGO
EL 10 DE DICIEMBRE DE 2003

Señor vicepresidente de la Nación, Daniel Scioli, señor presidente de la Honorable Cámara de Diputados de la Nación, don Alberto Caamaño, señora vicegobernadora, señor vicepresidente primero de la Honorable Cámara de Senadores de la provincia de Buenos Aires, don Antonio Arcuri, señor presidente de la Honorable Cámara de Diputados de la provincia de Buenos Aires, don Osvaldo Mércuri, señor presidente de la Suprema Corte de Justicia, Juan Manuel Salas, señor ministro de Trabajo de la Nación, señor ministro de Salud de la Nación, señor senador nacional de la provincia de Buenos Aires y ex gobernador de la Provincia, don Antonio Cafiero; su excelencia reverendísima, el señor arzobispo de la Arquidiócesis de La Plata, Héctor Aguer; señor intendente municipal de La Plata, señores ministros y secretarios del Poder Ejecutivo provincial, y señores asesores del señor gobernador, señor vicepresidente y señores ministros y procurador general de la Suprema Corte de Justicia, señores miembros de los organismos de la Constitución, señores legisladores nacionales y provinciales.
Honorable Asamblea: vengo a esta Casa de la democracia bonaerense a iniciar el camino como gobernador elegido para esta función por el pueblo de la Provincia.
Esperemos, sí, que mi juramento haya sido válido porque, si la memoria no me falla, fue erróneo, pero lo damos por válido.
Hace dos años, en este mismo lugar -frente al desastre de una Provincia quebrada, sin moneda, sin recaudación, con la gente en la calle, expresando su bronca, su desesperación- , asumí un compromiso ante ustedes.
Dije, entonces, que la decadencia era la incapacidad para salir del presente y proyectar un futuro; supimos cómo salir adelante; que nadie debía sentirse excluido frente a la responsabilidad, frente a la crisis.
Fuimos incluyentes; debíamos mirar con el ojo crítico y severo del ciudadano de “a pie”. Desechamos la autocomplacencia; que debíamos recuperar la confianza pública ganándonos su respeto a través de nuestra conducta. Hemos sido éticos.
Que dar testimonio era trabajar incansablemente. Hemos trabajado duro; que para gobernar no iba a buscar recetas extrañas sino recurrir a los bonaerenses; que no aceptábamos un Estado que ocultara la ineficiencia, el mal gasto y la corrupción.
Fuimos extremadamente austeros y hemos denunciado la corrupción.
Que nuestro gobierno tendría disciplina, rigor, respeto y consideración por el otro. Ejercimos la autoridad con prudencia.
Que nuestro primer compromiso sería con los postergados de esta geografía. Abultamos la inversión social y mejoramos los programas ya existentes.
Que íbamos a democratizar el poder y a descentralizar la administración. Los municipios han recibido más recursos directos que nunca antes.
Que los tiempos de la política debían ser tan rápidos como los de las demandas populares. Esto es, sin duda, para todos nosotros -me incluyo-, una asignatura pendiente.
Asumimos el compromiso de vencer a la adversidad reinante con hechos concretos y conductas comprobables. Este ha sido un proceso duro y completo, posible de transitar gracias a la participación de muchos de ustedes, de muchos intendentes, del presidente Kirchner, de nuestro ex presidente Eduardo Duhalde y, principalmente, de nuestro sufrido y esperanzado pueblo.
A todos ellos, a todos ustedes, va mi agradecimiento al asumir este nuevo mandato.
Sé que empezamos un nuevo tiempo. Ya no seré el gobernador de la emergencia que recibió una brasa caliente. Pero no estoy solo; tendremos cuatro años para hacer el gobierno que siente las bases materiales e institucionales que hagan que cada familia bonaerense pueda alcanzar su propio sueño de bienestar.
Sé que el aumento de la abstensión electoral y la apatía política que ello demostraría, son síntomas de la actual crisis de legitimación del sistema democrático y del mismo Estado que están viviendo.
La gente no rechaza a la política con mayúsculas; rechaza lo que queda del viejo sistema político; rechaza un conjunto de prácticas que privilegian los intereses sectoriales, a los que sólo recitan viejos slogans o frases hechas. Rechaza a esa parte de la política argentina que se aísla del pueblo que la engendró, se aísla de la comunidad; peor aún, el viejo sistema político cree a veces que la culpa es de una sociedad que se despolitizó, porque ve que la sociedad ya no responde a los estímulos de rutina. Esto es autismo político.
Miramos a la sociedad como si fuera ella la que no nos comprende. La sociedad ya no acepta que seamos más de lo mismo y la verdadera respuesta es otra. La sociedad cambió profundamente, pero la actividad política no.
No siempre es fácil entender los cambios de la realidad, pero la gente no percibe que estamos haciendo el esfuerzo suficiente por lograrlo; esa es otra asignatura pendiente.
El vaciamiento a los objetivos políticos y su separación de las necesidades concretas de la gente hizo que los conceptos de actividad política y gestión fueran vistos como independientes o, mejor dicho, que la gestión debía dar respuesta a las demandas que la política ya no contestaba.
El 14 de septiembre, la mayoría de los bonaerenses dejó en claro que quiere ser gobernada por una propuesta sólida, inclusiva, responsable y que conoce los problemas de cada uno de los lugares de la Provincia. No tenemos derecho a defraudar ese mandato.
Como gobernador, mi misión es transformar ese mensaje popular en programas concretos de gobierno que muestren cómo se mejora la vida cotidiana. Este es mi proyecto. Mi proyecto es gobernar, mi proyecto político es la gestión; para eso hay que lograr que los juegos del poder no nos desvíen del objetivo principal; esto es importante para el pueblo de la Provincia.
Hoy, más que nunca, para la gente hay dos veredas: una, la del cambio profundo y constante, el que requiere esfuerzos diarios, que no tiene avances ni retrocesos, pero el que nos incluye a todos en un proyecto común. Es la vereda del optimismo, de la participación, de la solidaridad que premia al esfuerzo y castiga al oportunista y al ladrón. La otra, es la vereda donde residen los que susurran que no se puede, la vereda de los que no quieren que las cosas cambien, aunque no lo digan siempre. A éstos se los vence o se los convence con acciones concretas de gobierno. No hay vuelta.
Honorable Asamblea: es tiempo de que los honestos, los trabajadores, los humildes, tengan una victoria frente a los poderosos. Esta victoria puede llegar si tenemos convicciones y las ponemos directamente en práctica todos los días.
Que el trabajo de los padres posibilite llevar el sustento familiar a sus hogares dignificando su esfuerzo.
Que la generación de riqueza se realice con responsabilidad social, para que sea incluyente y en paz.
Que los delincuentes de guante blanco, de naturaleza común o de mafias organizadas, sean perseguidos, atrapados y juzgados adecuadamente.
Que la educación tenga una mejor calidad, para que nuestros hijos sean más libres y más seguros, y puedan en el futuro satisfacer sus necesidades básicas de bienestar económico y espiritual.
Que la prevención y la atención sanitaria garanticen que las familias puedan tener una vida más sana.
Que las expresiones artísticas, científicas, vuelvan a ser un orgullo vigente del talento bonaerense.
Que la defensa de los derechos humanos sea un accionar natural y diario de todos los ciudadanos en sus vidas y atraviese transversalmente todas las políticas del gobierno provincial.
Esas son nuestras convicciones para lograr esta victoria.
Queremos una victoria que nos permita desarrollar y aportar, desde la Provincia, a la consolidación de un modelo productivo nacional que vuelva a generar la movilidad social ascendente de los mejores días argentinos.
Que promueva el crecimiento de las empresas familiares como agente integrador. En la relación familiar, está la potencia de muchos emprendimientos futuros.
Que centre en las pequeñas y medianas empresas industriales y de servicios el modelo de generación de riqueza; allí está la mayor energía y la mayor creación de empleo sustentable por peso invertido de toda la economía de Buenos Aires.
Que se inserte en los mercados internacionales con productos de calidad, productos que deben contribuir a expandir la identidad de nuestra Provincia.
Que oriente la inversión y el ahorro a la generación de trabajo en el sector privado.
Que elimine progresivamente el clientelismo, verdadera tragedia cívica que no es hija de la asistencia social del Estado -lo que está muy bien- sino de la desocupación, que es el producto de un modelo económico.
Vamos a lograr, todos juntos, esta victoria colectiva. En el 2007, cuando entregue mi mandato, distintas serán estas condiciones.
Honorable Asamblea: frente a tantas frustraciones recientes, muchos se preguntan, ¿Se puede cambiar? Yo les respondo que esta realidad cruda y, a veces, cínica que hemos vivido es producto del accionar de los hombres. Y debemos ser los hombres, entonces, los que la cambiemos, dándole otro rumbo.
Si pensamos que, definitivamente, la política no es la sola obtención de los resultados electorales ni que el gobierno es la mera administración de las decisiones sobre su propio aparato, olvidando el bien común, empezamos a estar en un buen camino.
Debemos construir una nueva forma de convivencia, un nuevo modo de entender la generación de riqueza, una nueva manera de concebir la protección y la solidaridad con los que menos tienen, una nueva forma de integrar a nuestros jóvenes para que no sean víctima de la violencia y de la droga, un estilo nuevo de práctica política más austero y transparente, y mayor vocación dentro de ese estilo por la gestión.
Y, finalmente, un nuevo espíritu de grandeza que, a veces, parece que hubiéramos perdido ante la frustración de tantos hechos fallidos.
“Cambio es el nombre del futuro”, dijo al asumir el presidente Kirchner.
De lo que se trata es de cambiar la medida del éxito o del fracaso de la dirigencia de una provincia. La nueva perspectiva deberá ser juzgar las conductas y los resultados de las acciones, y desechar los anuncios grandilocuentes, las jugadas mágicas o las genialidades aisladas.
Se trata de diseñar una sumatoria de hechos cotidianos que, con su persistencia, derroten cualquier inmovilismo y logre lo más difícil, que la sociedad se comprometa.
Este será un gobierno de diálogo, de consenso, de búsqueda permanente de espacio para la deliberación y la participación. Si no lo llevo hacia adelante, encárguense de recordármelo. Pero cuando llega el momento de la acción de gobierno, soy plenamente consciente de que la responsabilidad política recae finalmente en uno solo, y estoy aquí para aceptar ese deber.
Este no es un tiempo para los haraganes, para aquellos que no tengan hambre de transformación, para aquellos que ya estén de vuelta. Es posible pensar diferente y es posible cambiar la realidad. Hay un afuera que nos reclama compromisos y testimonios de nuestra voluntad de reencuentro con la gente.
Hay una realidad dura, pero todos sabemos -y ustedes, mujeres y hombres políticos, lo saben igual o mejor que yo-que, al mismo tiempo, hay una realidad que espera a quienes vengan a modificarla.
Estimados legisladores: continuamos la reforma educativa, y en medio de la profunda crisis socioeconómica de los últimos años hemos logrado incluir masivamente a chicos que estaban excluidos del todo. De esto saben los gobiernos que nos precedieron y, en especial, mi vicegobernador, la doctora Giannettasio.
Tuvimos que educar a los hijos de la crisis y ése fue un gran desafío, porque los docentes no tenían la preparación especial para ello. Y siguieron adelante con todos los servicios, pese a innumerables problemas.
En lo peor de la crisis, la escuela actuó como reparadora de un modelo socialmente injusto. Fue una institución inclusiva y de contención. Ahora tenemos que profundizar la exigencia y la calidad. No expulsar ni aceptar sólo a los más aptos, pero tampoco incluir sin enseñar, porque la inclusión sin aprendizaje es un fracaso.
La escuela debe ponerse como objetivo ser difusora de la cultura y de la ciencia a la población; revalorizar el esfuerzo, el conocimiento y la responsabilidad, elevar el nivel. No podemos promocionar al que no sabe. Hoy tenemos que ser muy claros: necesitamos una escuela que incluya, que integre y que exija.
Lanzamos un nuevo diseño curricular para el nivel polimodal que apunta a un mayor conocimiento de lo contemporáneo. Los adolescentes deben cuidar su salud y tienen que aprender de eso en la escuela.
Reforzamos las horas de matemática, física, química, historia, derechos humanos y ética, y hemos incorporado filosofía.
En los contenidos hay que dar herramientas preventivas para que los chicos puedan afrontar la realidad que les toca vivir, la sexualidad, el alcohol, la droga, la seguridad.
Debemos cumplir con el mandato social de formar estudiantes aptos para el nivel de educación superior. Además, tenemos que lograr que los chicos le encuentren sentido a la educación, que la escuela sea un lugar de superación, y que aborde y resuelva, si es posible, la crisis de la adolescencia.
Debemos recuperar el rol de formación para un país en desarrollo, antes que pensar en una educación replegada en un país en crisis.
Tenemos que recomponer, además, la alianza entre familia y escuela. Muchas veces, la escuela termina cumpliendo funciones esenciales en los primeros años de vida que, tradicionalmente, eran responsabilidad de los padres. Todo esto se dio en un contexto de crisis, con escasa producción cultural y de corriente de pensamiento, con un modelo que alentó el camino fácil, el atajo y, además, provocó un decaimiento social que hay que revertir, en principio, con mayor exigencia.
Quiero destacar, finalmente, hablando de educación, pensando en positivo, aquellas escuelas que logran mayor exigencia, mejor nivel, que son muchas, y lo hacen en las peores situaciones. Por eso estamos convencidos de que la educación se puede.
Honorable Asamblea: nos sentimos incluidos en el llamado presidencial a la reconstrucción de un capitalismo nacional que permita reinstalar la movilidad social ascendente de la que hablé antes.
Buenos Aires es eso: capitalismo nacional, productores rurales, proveedores del campo, abastecedores de la industria de insumos y de la industria de transformación.
Cuarenta nuevos polos productivos en sesenta distritos como los textiles, los de software, el de exportación de maquinarias agrícolas, los del calzado y otros tantos; parques industriales de características generales o especializados, como el del cuero en Florencio Varela; de Plátanos en Berazategui, el de Flandria en Luján o el de Almirante Brown, Tres Arroyos y La Matanza.
Buenos Aires es un capitalismo nacional y también exportaciones agroalimentarias e industrial.
Buenos Aires son también exportaciones industriales. Buenos Aires es una inversión nueva en aceros, en terminales automotrices, en puertos privados, en hotelería y en comunicaciones.
Son sectores más concentrados, pero que también generan trabajo hacia el futuro.
Buenos Aires también está poblada de prestadores de servicios vinculados al mercado interno que están en su conurbano y en las ciudades del interior. Ellos son los comerciantes, lo distribuidores, los comisionistas, los emprendedores nuevos y los hijos de viejos emprendedores que aún no han perdido su esperanza, y estoy seguro no la van a perder.
Buenos Aires es la primera exportadora de valor agregado nacional. Es una provincia preparada para el cambio económico que ya ha comenzado en la Argentina; crecimiento en un país que protege su industria, mano de obra intensiva; ese es el crecimiento que concebimos.
Crecimiento en un país que se protege, pero que se abre al mundo para competir de manera realista.
Proponemos una revalorización del consumo interno que debe expandirse en forma creciente a través de una mejora de la capacidad de compra de la población.
Salarios, cantidad de horas trabajadas y cantidad de personas trabajando, son las tres variables que definirán juntas la masa de recursos que irán al consumo y al ahorro local.
La evolución de estas variables no puede ser obra del puro voluntarismo.
¿Cómo se toma la decisión de invertir y emplear gente en el sector privado? Se toma cuando hay una rentabilidad previa, claramente visualizada y cuando el entorno de esa inversión tiene características positivas.
El entorno es nuestra responsabilidad. La de los hombres políticos gestionando desde el estado provincial y desde los estados municipales, haciendo buenos gobiernos, dando reglas de juego claras y transparentes, decidiendo la obra pública.
La inversión en infraestructura productiva y de servicios; la simplificación de trámites, la recuperación del crédito a la producción y al consumo, y la capacitación de trabajadores y empresarios serán los aportes directos del gobierno provincial a la generación de un nuevo ambiente productivo.
La provincia de Buenos Aires ha pasado a ser de una provincia vacacional que era a una provincia turística al recibir en todo su territorio a visitantes cada fin de semana, con un fuerte proceso de reconversión de destinos no tradicionales e incorporando en este esfuerzo al trabajo de las organizaciones de la comunidad en cada localidad.
Mi gobierno se destacó en ese desarrollo y reforzaré la promoción del turismo en el próximo presupuesto. Pocas actividades generan más empleos dignos y prestigiosos como ésta.
Pueden estar seguros que estamos lejos de llegar al techo de lo posible y no pararemos hasta alcanzarlo. La economía y el conjunto de la vida social necesitan imprescindiblemente de seguridad. Hemos aprendido, con dolor, en seguridad qué es lo que no funciona. No funcionan los pactos de impunidad. No funciona la falta de cooperación interjurisdiccional, es decir, con el gobierno nacional. No funciona, finalmente, la existencia de una policía sin órdenes claras.
Hemos afianzado y articulado la vinculación con el gobierno nacional para enfrentar al delito en todas sus manifestaciones con una política de largo plazo.
En este sentido, he decidido ratificar y profundizar el “Plan Director de Seguridad” que está vigente desde hace un mes, con el cual ya estamos logrando una mayor protección de las personas en cada barrio del conurbano y en algunas ciudades del interior, antes de que se propague a todas las ciudades del interior.
Le sumaremos la fiscalización del sistema de seguridad privada para combatir sus formas clandestinas.
Estamos elaborando un programa especial contra delitos, que enfrente las manifestaciones más elaboradas de la acción delictiva y un sistema de atención telefónica de emergencia que enfrente las manifestaciones más elaboradas de la acción delictiva y un sistema de atención telefónica de emergencia, que se hace imperioso tener.
El seguimiento en serio, profundo y constante del accionar policial, nos va a permitir establecer un sistema de premios y castigos que junto con una reforma importante y profunda del sistema de formación de la policía recupere la confianza interna y externa de los efectivos en sí mismos y de la gente en ellos.
Tenemos un horizonte para la seguridad de los próximos años. No estamos solamente operando en el corto plazo en seguridad. Tenemos una perspectiva de largo plazo, por lo menos para estos cuatro años. Dentro de poco estaremos anunciándolo.
Honorable Asamblea: el apoyo de nuestro gobierno a la lucha de la justicia para terminar con la impunidad, con o sin uniforme, seguirá siendo una constante de nuestra gestión. Vamos hacia un sistema de seguridad más equilibrado y eficiente, que nos permita mantener la actual presión sobre la delincuencia.
Admitamos que no se puede cambiar la realidad de un día para el otro, pero mucho menos cuando no hay convencimiento en la necesidad de ese cambio. La institución policial puede y debe recuperar su prestigio, y conocemos dentro de la misma fuerza a muchos efectivos, los más comprometidos con este cambio. A ellos quiero decirles que este gobierno los acompañará en esa voluntad de recuperación, pero también quiero decirles que no nos va a temblar el pulso para castigar a quien traicione el objetivo de grandeza que la institución policial debe recuperar y sostener después.
La Justicia provincial también debe cambiar, porque los ciudadanos y los hombres capaces que trabajan en ella, y en el foro, también lo piden. Cambiar la Justicia es servir esta demanda de rapidez, sentido común y castigo a los verdaderos culpables de los delitos y, sin ninguna duda, es establecer disposiciones y políticas correctivas que, a la vez, recuperen a los condenados.
En cualquier época, pero más en una época de crisis, la necesidad de una institución y de un poder debe corresponderse con las demandas del pueblo y con los recursos escasos de que dispone el gobierno. Si no, sería muy fácil gobernar en todos los temas.
La lucha contra el delito que se emprende con medidas preventivas e investigativas debe ir acompañada por un sistema de justicia que esté a la altura de las demandas de la población. La justicia rápida y eficaz es la consigna que nace de los reclamos populares.
La gente nos demanda un compromiso más directo y transparente del sistema de justicia con los ciudadanos, porque quiere y necesita recuperar la confianza en el Poder Judicial.
Debemos simplificar los trámites y lograr un drástico acercamiento de los funcionarios judiciales a la gente, pero, sobre todo, el público quiere saber cómo funciona la Justicia. Es por ello que se produce un fuerte reclamo por la instauración de un sistema de evaluación periódica del accionar de los señores jueces, de los fiscales, defensores y del conjunto de sus funcionarios. El sistema de selección de los magistrados debe ser visible y claro para sacarlo del espacio de posibles componendas.
El impacto positivo en la opinión pública con la modificación realizada por el gobierno nacional en el sistema de selección de jueces de la Corte Suprema de Justicia de la Nación es un buen ejemplo para el camino a emprender.
Quiero destacar la mejora de las condiciones carcelarias y de la rehabilitación de los presos ocurridas en mi gobierno, porque son condiciones estructurales que no pueden ser soslayadas en ningún momento. El desalojo de personas en comisarías por el aumento de las plazas en las cárceles ha mejorado las condiciones de reclusión en ambos sistemas, pero queda mucho por hacer.
No hay posibilidad de consolidación de los cambios propuestos si no los anclamos en la defensa irrestricta de los derechos humanos, los derechos humanos de los ciudadanos, lo que no debería estar nunca en discusión, y esta defensa debe ser algo más que una postura declamativa. Todos somos responsables en este tema. Y esta es una política prioritaria e indelegable, que necesita de la participación de todos, pero sin exclusiones ni sectarismos, como muchas veces vemos.
No hay seguridad ni justicia si no hay derechos humanos de vigencia real. Ese es nuestro entender.
Desde el primer día que asumí como gobernador fijé como prioridad la protección integral de los sectores más postergados a través de políticas inclusivas, que respetaran su dignidad, sus valores, sus hábitos y promovieran la vuelta a la cultura del esfuerzo. El objetivo fue y será pasar de la semi ciudadanía del sujeto asistido a la plena ciudadanía de la persona productiva del mañana.
La ayuda económica y alimentaria para todas las familias bonaerenses por debajo de la línea de pobreza, estará garantizada durante todo mi gobierno. A modo de ejemplo, específico a lo largo de nuestro mandato, veremos cómo, día a día, derrotamos a la anemia, que limitaba y limita la posibilidad de desarrollo de nuestros niños.
Todas las chicas y chicos bonaerenses podrán estar en un mismo nivel básico de potencialidad al ingresar al sistema educativo público. Eso es el “Programa Más Vida”, en plena consulta con las autoridades nacionales, con sus principales protagonistas, las manzaneras y las comadres, junto con los intendentes municipales y equipos del área y todas las organizaciones del pueblo que quieran acompañarnos en el refuerzo de esto, que nació hace años y va a seguir durante muchos años más en nuestra querida provincia de Buenos Aires.
Más de un millón de beneficiarios reciben así una prestación alimentaria que despeja el fantasma de la desnutrición entre niños y madres embarazadas.
Quiero ser muy claro en este sentido: no hay salida como país si no nos reconocemos en el dolor y en la desesperación del otro. El modelo de desigualdad social que se instauró en la Argentina nos muestra, todos los días, su cara más dramática. No hay posibilidad de mirar hacia otro lado. La única respuesta es ser parte de la solución del problema de los más humildes. Cada uno, desde su lugar, sabe qué puede hacer para que la vida de nuestro prójimo pueda cambiar.
Esto que es absolutamente claro para quienes tenemos responsabilidades de gobierno, también debe estar claro para cada uno de los ciudadanos.
Cada uno, desde su lugar, debe saber qué puede hacer para que la vida de nuestro prójimo pueda cambiar en la Argentina del dolor: pagando los impuestos, generando puestos de trabajo permanentes o dando changas, changas eventuales o trabajos, como sea; apoyando a la educación, a que todos se eduquen en la escuela, participando en organizaciones no gubernamentales, colaborando con el sistema público de salud. Hay muchas maneras, y siempre hay una al alcance de nuestra mano y de cada mano.
El agitar de los políticos piqueteros no debe ser el árbol que nos tape el bosque.
En la Argentina hay muchos pobres que tienen necesidades insatisfechas y buscan todos los días salir adelante con esfuerzo y con tesón, porque la desidia e indiferencia no son la única violencia. Se tiene mucho temor a cierta violencia en la Argentina, pero la desidia y la indiferencia también son actos de violencia que no tenemos derecho a ejercer impunemente.
Mi gobierno no ha sido ni será indiferente frente a la situación crítica de los más humildes. Vamos a continuar con la política de producción de medicamentos para la distribución gratuita de los mismos a la población de escasos recursos, junto con el “Programa Remediar”. Vamos a ampliar la cobertura del Seguro Nacional de Salud, que atiende a más de 850 mil niños en edad preescolar, y a mujeres embarazadas y lactantes debajo de la línea de pobreza.
Dicho sistema, junto con el Sistema de Salud Escolar Gratuito, dará cobertura a más de 2 millones de chicos en edad escolar.
La definición de la política relativa a los adolescentes como un tema de prioridad provincial ha sido una decisión de mi gobierno, especialmente para los cuatro años que comienzan. Si no nos ocupamos de los chicos de manera prioritaria, el futuro de la Provincia no existe. Para construir ese futuro luchamos para que los jóvenes permanezcan en sus casas, que vuelvan a sus familias, si se han ido, o vuelvan a la escuela, si se han ido, o vuelvan a sus barrios, si están lejos.
El problema de los adolescentes no puede ser ni judicializado ni incluido en la agenda de seguridad como tema central. Por eso trabajamos para sacar a los menores delincuentes o presuntamente delincuentes de las comisarías, pero también luchamos contra la drogadicción y la alcoholización deliberada de nuestros chicos, objetivo que tantas veces he comentado con muchos de ustedes y que será prioritario en los próximos cuatro años.
Pretendemos que la internación sea el último recurso y para eso vamos a crear alternativas que impidan que los jóvenes sean derrumbados, se vean derrumbados en el mundo del delito.
Honorable Asamblea: con esfuerzo y responsabilidad, la Provincia empieza a recuperar la confianza. La disciplina fiscal y la lucha contra la evasión impositiva han sido las principales herramientas para la recuperación de las capacidades del estado provincial.
El mantenimiento de estas políticas es fundamental para la vuelta de las inversiones y del crédito internacional de largo plazo. Ambas son indispensables para el crecimiento económico y para la generación de empleo productivo.
La recaudación tributaria propia crecerá, a fines del 2003, un 64 por ciento respecto de lo que recaudáramos, en promedio, en el 2001. Somos la primera provincia en aumento de recaudación propia en este bienio, muy por encima de nuestras hermanas provincias.
Para mantener este proceso, los evasores serán el blanco de nuestro accionar. En el año 2004 reduciremos nuevamente el déficit, que pasó de 4.400.000.000 en el 2001 a 600.000.000 en el 2003. Y vamos a lograr, por primera vez en muchos años, tener superávit primario. Lo vamos a hacer sin aumentar la presión tributaria global.
Por otra parte, la firme política de contralor del cumplimiento de los contratos de concesión de los servicios públicos en jurisdicción provincial ha permitido superar las fallas regulatorias que teníamos y establecer normas claras. Vamos a continuar trabajando junto con el gobierno nacional, como lo hicimos con el anterior, en la puesta en marcha de obras de infraestructura social en los grandes centros urbanos bonaerenses.
Del mismo modo lo haremos en la puesta en marcha de obras de infraestructura productiva que aumente la capacidad de creación de riqueza de nuestro suelo.
Finalmente, estas prioridades de gobierno requieren de reformas institucionales en todos los niveles: en el nivel constitucional, en el nivel legislativo, en el nivel administrativo y en el nivel operativo, directamente.
Debemos transformar la voluntad de cambio que se expresó en las urnas en actos concretos de visibilidad pública. El cambio no será la tarea de un solista ni de un director de orquesta; es una tarea de conjunto donde el mérito estará en el trabajo colectivo que nos demos todos.
El desafío que les propongo es alegrar la vida de los bonaerenses con un gobierno que armonice las diferencias y ejecute el mandato popular sin disonancias.
Honorable Asamblea, queridos legisladores, queridos invitados: si fuimos capaces de restaurar las instituciones y la convivencia en las provincias, de recuperar el Estado provincial y las finanzas , de retornar a la normalidad y al cumplimiento ordenado de las obligaciones públicas, de cambiar la administración tributaria, si pusimos la renta del juego en el bolsillo de los bonaerenses, si reforzamos la ayuda social ante la emergencia, si mejoramos la educación y la salud hasta donde pudimos, si fomentamos el turismo y la producción y reactivamos la obra pública hasta donde pudimos, si generamos una política de derechos humanos, si peleamos palmo a palmo contra la delincuencia, si dimos garantías de respaldo a la Justicia, si luchamos contra la corrupción sin mirar a quién afectábamos, si trabajamos en conjunto y logramos darle una oportunidad de cambio a la Argentina el 27 de abril pasado, y si finalmente somos capaces de tener conducta y de no alterarnos frente al chisporroteo político irresponsable, y pensar primero en gobernar, si hicimos todo esto en dos años con ustedes, con la esperanza de los hombres de buena fe, con la ayuda de Dios y con nuestra vocación, la de Graciela Giannettasio y la mía y la de quienes nos van a acompañar, de ir para adelante, podemos cambiar la provincia de Buenos Aires y hacer de ella, en estos cuatro años, un lugar más rico, más justo y más humano. (Aplausos).
Una Provincia que vuelva a ser el motor del crecimiento nacional, con una educación que integre y enseñe a todos por igual, que haga de la solidaridad una moneda corriente en nuestros barrios; que recupere las calles para los que quieren vivir en libertad, y tienen derecho a hacerlo; que confíe en un sistema de Justicia que sea consciente que también debe rendir cuenta ante los ciudadanos; que podamos volver a decirle a nuestros hijos que con el sudor de nuestra frente se puede vivir dignamente; que podamos estar orgullosos de un sistema de salud que no lucre con la enfermedad.
Una Provincia que genere en nosotros, además del amor que naturalmente sentimos y que hemos aprendido a transformar en trabajo -además de eso- , orgullo dentro de cuatro años cuando cambiemos el gobierno.
Este nuevo tiempo de cambio no va a ser una tarea sencilla, nosotros lo sabemos; para eso fuimos elegidos. Pongamos manos a la obra, se puede cambiar y vamos a hacerlo.
(Aplausos prolongados)
FELIPE SOLA

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