febrero 24, 2012

Mensaje de Gobernador de Buenos Aires, Felipe Solá, en el acto de toma de posesión del cargo (2002)

MENSAJE
DEL
GOBERNADOR DE LA PROVINCIA DE BUENOS AIRES
Felipe Solá
EN EL ACTO DE TOMA DE POSESION DEL CARGO [1]
EL 3 DE ENERO DE 2002

Honorable Asamblea: asumo como gobernador de Buenos Aires en cumplimiento del mandato constitucional y en una situación de emergencia nacional. Lo hago con orgullo, agradecimiento y voluntad de servicio, imposibles de evitar en quienes tenemos historia militante; orgullo de estar en una difícil misión, en la tierra que más quiero, y agradeciendo al pueblo bonaerense que hace dos años supo votarnos.
El presidente Duhalde ha sido claro: el país está quebrado. Todos hemos tomado conciencia de que una crisis medular se encuentra entre nosotros. Ya nadie puede eludirla o minimizarla, y nadie puede tampoco pretender seguir siendo el mismo frente a tanta demanda insatisfecha, tanto dolor y tanta bronca acumulada. No tenemos antecedentes similares, con excepción de los períodos de anarquía y guerra civil que signaron nuestra organización nacional.
Durante estas dos décadas de democracia hemos cometido errores y hemos dilapidado en buena medida la confianza del pueblo. Hay rabia en nuestro pueblo y nadie, repito, nadie de la dirigencia, cualquiera sea el origen de ella, puede sentirse excluido de su responsabilidad.
Creo saber cuál es nuestra cuota de responsabilidad en este agudo proceso de crisis institucional. Antes de mirar a los costados, donde medran los oportunistas, debemos mirarnos a nosotros mismos, con los ojos severos y críticos del ciudadano de a pie que alguna vez supimos ser.
Tenemos la obligación de recuperar la confianza pública. Para lograrlo debemos hacer lo que haríamos con nuestras propias familias. De poco valen las palabras para ganarnos el respeto de nuestros hijos, porque ellos sólo van a mirar y juzgar nuestras conductas.
El ejemplo y el compromiso público son hoy el único sustento serio de la autoridad. Sin conductas ejemplares no habrá forma de aquietar la protesta popular. Debemos testimoniar con nuestro trabajo que estamos jugados en la solución de los problemas; si no, la batalla estará perdida, y le habremos cortado a nuestro pueblo el derecho a la esperanza.
Los peronistas creemos en la unidad nacional, y vamos a actuar en consecuencia en una batalla en la que se juega la supervivencia de la democracia, seguros de que sin democracia no habrá crecimiento ni justicia social. Esta unidad nacional, evidenciada en la pluralidad de votos que llevaron a Eduardo Duhalde, hace pocas horas, a la Presidencia de la Nación, debe ser vivida por todos nosotros como algo similar en nuestra provincia. Unidad nacional es, primero, trabajar juntos por lo más urgente que quiere el pueblo; segundo, aumentar enormemente nuestro grado de tolerancia y comprensión en quienes tienen la dificilísima misión de gobernar. No es momento de apetencias ni de arrebatos a nivel nacional, ni a nivel provincial, ni a nivel municipal. Es tiempo de respeto, serenidad, comprensión y trabajo.
Para gobernar no iré en busca de recetas extrañas. No habrá invasión de tecnócratas o figurones de lujo en la provincia de Buenos Aires. (Aplausos).
Tenemos en la provincia reserva de energía, capacidad y audacia en las mujeres y hombres de vocación pública que están acá, en Buenos Aires, de todas las edades, los que están desde Carmen de Patagones hasta San Nicolás, desde General Villegas hasta Samborombón y, además, en los que están en los 19 distritos de nuestro conurbano bonaerense. A ellos voy a recurrir, porque es la provincia la que tiene que producir sus propios funcionarios. No hay posibilidad de superar esta situación si no definimos un nuevo Estado. Este Estado debe responder a las necesidades y problemas actuales de nuestro pueblo, de todo el pueblo, y no sólo de una parte de él.
Debemos llevar adelante una gran transformación, para refundar este Estado y para ponerlo definitivamente al servicio del bien común. Y el bien común no es una abstracción, son todos y cada uno de los habitantes de nuestra provincia.
No hay Estado sin la recuperación de la mística; no hay Estado sin un lugar para la recuperación de la misma. Se logra con conductas cotidianas y ejemplares y con ética en la función pública, desde la cabeza hasta cada uno de sus miembros.
Es inaceptable un Estado que oculte la ineficiencia, el malgasto y la corrupción. A ese Estado no lo respeta nadie. Y si no lo respeta nadie, no hay Estado.
Ayúdenme, entonces, en este proceso de reconstrucción del Estado provincial, que va desde la revalorización en lo social, hasta el compromiso público de todos sus miembros. Revaloricemos este compromiso público, porque es tiempo de hacerlo. Tengamos un gobierno con disciplina, rigor, respeto y con algo que parece perdido en la Argentina de hoy, más aún en el Estado, que es la consideración por el prójimo.
Voy a fijar los objetivos por área y seré el responsable del funcionamiento de los ministros. Estos serán los responsables de la eficiencia de sus subsecretarios. Los subsecretarios serán responsables de la eficacia de los directores provinciales y éstos de sus directores de línea y así sucesivamente, todo en una línea de disciplina y responsabilidad. El que no dinamice a sus subordinados, el que no los mueva con la velocidad que nos está reclamando el pueblo, el que no haga caminar al Estado, sencillamente se irá.
A los empleados públicos de esta provincia, a los que no puedo decirles que no sabemos que sufren y han sufrido, les solicitaré, sin embargo, esfuerzo y disciplina. A ellos, también, los invito humildemente a que recuperemos juntos el orgullo por la función que desempeñan en todo el territorio de Buenos Aires. Dije bien, sí. Si tenemos poca plata, tengamos entonces de nuevo prestigio y orgullo por la función pública, aun en esos momentos.
Tengamos también claro algo que, como hombres políticos, no les es nuevo. Hay que enfrentar los problemas para que el Estado le sirva al pueblo, enfrentando los problemas y no para que el pueblo sea, como muchas veces lo piensa hoy, esclavo del Estado.
Trabajaré junto a las organizaciones sociales y a las organizaciones no gubernamentales; trabajaré con los intendentes municipales, mis intendentes y los otros intendentes, con todos los intendentes municipales; con los legisladores de cada municipio; con ustedes, los legisladores de mi provincia; con los legisladores nacionales, que representan este pueblo bonaerense; con los gremialistas, los que están en la actividad privada, muchas veces olvidados y los que están en el Estado, siempre presentes.
Estoy dispuesto a escuchar y a dialogar, a todos y con todos, respectivamente. Vamos a buscar consensos, y deseo, sinceramente, que logremos estos consensos.
Pero sepamos todos, incluido quien les habla, que la palabra final la tiene el pueblo bonaerense, porque de él se derivan nuestros mandatos y obligaciones y cualquier cuestión entre quienes gobiernan; cualquier problema político, cualquier situación que pueda generar un desequilibrio, dentro de quienes tenemos responsabilidad legislativa o ejecutiva, será menor frente al único juicio que vale, que es el juicio del pueblo.
El compromiso del Estado provincial será con los postergados de esta geografía; con los que tienen incertidumbre; con los que sienten desconsideración en la cola de los bancos; con los que penan por un plan de desempleo; con los que han perdido su trabajo; con los jóvenes que dudan de su futuro; con los productores agropecuarios que no encuentran políticas sustentables para sus explotaciones; con los inundados y los millones de ciudadanos de Buenos Aires que desean una provincia y una nación nuevamente de pie.
Voy a plantear a esta Legislatura y al pueblo de la provincia de Buenos Aires todas las reformas que sean necesarias para la refundación de un Estado provincial moderno, eficiente y con real poder para mejorar la vida de los bonaerenses. Para eso hay que trabajar intensamente en esa reforma, y será el pueblo bonaerense quien tenga la última palabra sobre la misma.
Honorable Asamblea: no habrá recuperación económica si no ayudamos a reconstruir la Buenos Aires productiva, para que sea el motor del despegue nacional. Lo hemos dicho muchas veces, pero cuando llegamos al Estado nos olvidamos normalmente de los hombres que producen y que tienen que pagar quincenas, que son el verdadero motor de la economía y los que le dan sentido a todo.
Hay sectores y actividades productivas que tienen limitaciones y enfrentan obstáculos de muy larga data; obstáculos que el mercado no ha podido resolver. Identificar estos sectores, tanto en el territorio como por sector económico, permitirá perfilar políticas públicas, estratégicas y probadas; no digo que no lo estemos haciendo. Digo que es el único camino para mover la economía de la provincia de Buenos Aires poblada de PyMES que sólo ven obstáculos allí donde el Estado ve éxitos.
En esta nueva etapa, en la que los procesos de descentralización y desarrollo local son trascendentales, el objetivo productivo es lograr la introducción de innovaciones tecnológicas, organizativas y de gestión en las PyMES de toda nuestra provincia. Ese debe ser el centro de la cuestión de nuestra relación con el sector privado. No olvidemos al sector privado, porque son millones de personas y le dan vida a la provincia todos los días.
Este desafío consiste en superar toda visión omnipotente, y saber que si no se consigue la complementación de las políticas públicas entre las instituciones que tiene el mercado, entre el Estado y las organizaciones sociales, el accionar de los funcionarios, si no lo consigue -repito-, no servirá para nada, más que para el supuesto lucimiento de esos funcionarios.
Por eso y para eso se hace indispensable diseñar instituciones adecuadas para el fomento del desarrollo productivo y para reforzar la organización y cohesión económico-social, lo cual va a exigir una eficiente coordinación en los niveles de la administración pública.
No buscaremos figurones ni lucimientos -lo repito-; buscaremos una administración pública capaz de establecer vínculos, capaz de dialogar y trabajar a la vez, de no quedarse en el diálogo ni encerrarse en el trabajo.
Apertura, rigor y disciplina son las únicas adjetivaciones que sacarán este Estado adelante y que nos volverán a enganchar, de la mejor manera posible, con los hombres de todos los días, con los hombres que no están en el Estado.
Honorable Asamblea: los problemas que siempre tuvimos, que siempre mencionamos, han dejado de ser parte del paisaje, para pasar a ser parte del reclamo. Nuestra conciencia parece crecer al ritmo, al mismo ritmo, que las protestas de todos.
Antes dije que no éramos los mismos que hace veinte días; todos somos otras personas, aunque no nos hayamos dado cuenta, en algunos casos, después de lo vivido, pero nuestros actos, nuestra acción desde los lugares de la representación política, son mucho más lentos y, a veces, directamente, no son.
La respuesta que queríamos tener, y las respuestas que ustedes querían tener como legisladores, se retrasa, y esto alimenta todavía más el rechazo. Sólo nos reivindicarán, entonces, los actos, los hechos, lo que hagamos para el soberano con coraje y con grandeza.
Si coincidimos -y creo que he sido claro en decirlo cuando hablé de la unidad nacional y de la unidad provincial- en que se acabó el tiempo de discusiones estériles - y ya no nos permiten ese lujo desde la calle-, si nos duele por igual nuestra responsabilidad, dejemos entonces de lado toda especulación -yo voy a tratar de hacerlo-y entremos de lleno en el trabajo, en la cicatrización de las heridas sociales y en el ejemplo de la acción.
Yo sé que me observarán cada día con una exigencia mayor; sé que de nada servirán las palabras si este gobernador no produce los cambios que el pueblo espera; sé que de nada servirán las palabras si es que no hay ejemplos, pero sé también que el destino nos ha puesto frente a una época sin precedentes.
Que Dios nos ayude, entonces, en esta época sin precedentes, para que todos estemos a la altura de las circunstancias.
Muchas gracias. (Aplausos prolongados).
FELIPE SOLA

[1] El entonces Vicegobernador, Felipe Solá, accedió al cargo en reemplazo del Gobernador Carlos Federico Ruckauf, el que renunció al mismo en los términos de la nota que transcribimos mas abajo, para asumir como Ministro de Relaciones Exteriores de la nación en el gabinete del Presidente Eduardo Duhalde. A esos efectos, se convocó a Asamblea Legislativa y en la misma sesión se aceptó la renuncia y se formalizó el reemplazo labrándose el acta respectiva que también transcribimos.
Al señor presidente de la
Honorable Asamblea Legislativa de la provincia de Buenos Aires
Ingeniero agrónomo Felipe Solá
Su despacho
Señor presidente:
Por su intermedio quiero hacer llegar a la Honorable Asamblea Legislativa mi renuncia al cargo de gobernador de la provincia de Buenos Aires.
Nuestra Nación atraviesa hoy por momentos de singular dificultad, que han puesto a prueba a todo nuestro pueblo y gobierno, y ello hace necesario que todos nos sumemos para construir las soluciones que exige esta hora.
El señor presidente de la Nación me ha pedido lo acompañe como integrante de su Gabinete de Ministros, para que, como canciller, trabaje en la recomposición de nuestras relaciones con el mundo, donde nuestra activa participación será uno de los pilares del crecimiento y la recuperación de nuestro país.
Al pueblo bonaerense, que me acompañó en estos dos años de mi gestión y que ha compartido los muy difíciles momentos sufridos por nuestra Nación en ese lapso, le agradezco su comprensión, sus sacrificios, y ante ustedes, como sus representantes, renuevo mi compromiso de continuar trabajando desde la Nación para lograr la reactivación económica y social, que debe ser la base de un futuro mejor del que todos participen, sin exclusión alguna.
Sé que usted tiene la votación y la capacidad para continuar con la tarea de gobierno que iniciáramos mancomunadamente, y que con su accionar logrará consolidar los objetivos que nos fijáramos al iniciar nuestra gestión.
Dios guarde a Vuestra Excelencia y a esa Honorable Asamblea”.
CARLOS FEDERICO RUCKAUF
________
Acta número 40. En la ciudad de La Plata, capital de la Provincia de Buenos Aires, a los tres días del mes de enero del año 2002, siendo las 11 horas, yo, notario Néstor Sarlo, en mi carácter de Escribano General de Gobierno me constituyo en el salón-recinto de la Honorable Cámara de Diputados, ámbito donde sesiona la Honorable Asamblea Legislativa de la provincia de Buenos Aires, quien ha procedido a aceptar la renuncia presentada por el señor gobernador Carlos Federico Ruckauf, tal como lo establece el inciso 3) del artículo 113 de la Constitución de la Provincia de Buenos Aires, de conformidad con lo establecido en el artículo 124 de la Constitución de la Provincia. También, habida cuenta de la renuncia del señor Gobernador doctor Carlos Federico Ruckauf y aceptada la misma por la Honorable Asamblea Legislativa, el vicegobernador, ingeniero Felipe Carlos Solá, procedió a prestar juramento de práctica para desempeñar las funciones del Poder Ejecutivo por el resto del período legal. En este estado, encontrándose presente en el estrado el ingeniero Felipe Carlos Solá, el doctor Carlos Federico Ruckauf, el señor senador Alejandro Hugo Corvatta, el señor diputado Osvaldo Mercuri y los secretarios legislativos y administrativos de ambas Cámaras, el ingeniero Felipe Solá procede a tomar posesión del cargo asumiendo las funciones de gobernador de la Provincia de Buenos Aires, quien manifiesta que lo hace en cumplimiento del artículo 124 de la Constitución de la provincia de Buenos Aires.
Leo al ingeniero Felipe Solá y al doctor Carlos Federico Ruckauf y demás presentes, quienes así la otorgan, firmando por ante mi. Doy fe.”
- Firman el acta el doctor Carlos Federico Ruckauf, el ingeniero Felipe Carlos Solá, el senador Alejandro Hugo Corvatta, el diputado Osvaldo Mercuri, los señores secretarios legislativos y administrativos de ambas Cámaras, sucesivamente. Rubrica el Escribano General de la provincia de Buenos Aires, Néstor Sarlo.

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