junio 21, 2012

Discurso de Nestor Kirchner durante el encuentro con la Comunidad Argentina, residente en México (2007)

DISCURSO DURANTE EL ENCUENTRO CON LA COMUNIDAD ARGENTINA, RESIDENTE EN MÉXICO, EN LA EMBAJADA DE ARGENTINA EN ESE PAÍS
Néstor Kirchner
[1° de Agosto de 2007]

Querido amigo, Embajador; queridos amigos y amigas: es para mí de una profunda emoción poder estar aquí, en México, en la Embajada Argentina, en esta querida República mexicana y poder estar compartiendo con ustedes estos momentos, donde se nos cruzan tantas cosas y nos vinculan tantos hechos de nuestra propia vida.
Decía Jorge que hoy aquí hay empresarios, deportistas, amigos y amigas que se han venido a radicar a esta tierra soñando con construir un porvenir, soñando con aportar a la construcción de la Nación mexicana y también soñando con las posibilidades de realizarse. Sé que hay miles de compatriotas que tuvieron que venir a esta querida Nación a buscar el resguardo, a buscar el amparo que en nuestra propia Patria se les negaba por el sólo hecho de querer una sociedad plural, diferente, por el solo hecho de pensar.
Creo, supongo que muchos de ellos amigos y compañeros míos y supongo, y discúlpenme que con el corazón desgarrado y muchas veces con esa sensación de que no se puede cambiar, de que no se puede construir una sociedad distinta, de que no se puede construir una sociedad diferente.
Cuando me tocó asumir, aquel 25 de mayo casualmente de 2003, esta vez, le dije al pueblo argentino que podía acertar o equivocarme pero que venía con la decisión concreta de no dejar mis convicciones al costado del sillón presidencial. No me interesaba ser un presidente que claudicaba o se arrodillaba todos los días a los intereses de turno, quería enarbolar las banderas de la transformación, del cambio y reconstruir la esperanza y la sensación de una vida diferente en nuestro país, que era posible construir una Nación con autonomía, en la globalización, que era posible recupera lo perdido, que era posible recuperar los derechos inalienables que los argentinos tenemos.
Y una de las primeras materias que me propuse y que nos propusimos, con muy pocos votos pero con mucha fuerza; siempre dice Cristina que habían más desocupados en la Argentina que votos que habíamos sacado nosotros, esa era la realidad. Y también habían convencido a la sociedad argentina que se podía vivir en impunidad y sin memoria algunos sectores de la sociedad y que era posible con el Indulto, la Obediencia Debida y el Punto Final en mi país. Hoy, terminando mi mandato, puedo mirar a los ojos de todos los argentinos y decirles, ya no hay más indultos, ya no hay obediencia, ya no hay punto final.  Hay justicia y hay memoria y queremos la reconciliación con memoria y con justicia en la Argentina. Es la única que puede generar las alternativas superadoras que nuestro país necesita.
Por eso siempre digo que a cada lugar que voy, sea dentro de mi propia Patria o afuera de mi país, recuerdo en ese 25 de mayo de 2003, los ojos angustiados de Abuelas y Madres de Plaza de Mayo, como teniendo la esperanza de que alguien que venía, era compañero y venía de la misma generación de sus hijos, junto con muchos otros, por una vez en la vida íbamos a tener el coraje de dar el camino y andar por las rutas que correspondían.
También les puedo asegurar que cuando cerré las puertas de ese despacho y se me cayó una gran responsabilidad sobre mis espaldas pues miles de argentinos estaban saqueados, millones olvidados, quebrados en su trabajo y en su dignidad. No era posible vivir en un sistema con justicia, con inclusión social y con equidad. Eso era imposible porque los nuevos tiempos y las nuevas ondas neoliberales que rodeaban al mundo, la concentración económica y el crecimiento para unos pocos, era el concepto racional que había superado la capacidad de pensar, la capacidad de las ideologías, la capacidad de vivir en la diversidad, la capacidad de debatir, la capacidad de la verdad relativa, la capacidad construir un país con pensamiento, con ideales, con fortaleza para adentro y ante el mundo. Pero parecía que eso no se podía hacer y empezamos el camino, queridos hermanos y hermanas argentinas.
Y lo empezamos con absoluta amplitud, viviendo cuadros desgarradores: 60 por ciento de pobreza, 28 por ciento de indigencia; 30 por ciento de desocupación; chicos de 20 a 30 años, de una generación con los brazos caídos, que nunca pudieron o lograron acceder a un trabajo digno durante todo este tiempo, como si pareciera ya que la resignación los iba venciendo definitivamente. Y empezamos la tarea y empezamos a renegociar la deuda externa argentina privada. Me dijeron cualquier cosa, me trataron de cualquier cosa porque dije que la Argentina iba a pagar lo que podía pagar porque la Argentina ya había sido saqueada vilmente. 
Yo les puedo asegurar que cuesta creer que inclusive muchos comentaristas de la realidad estaban más contentos y decían que era un acto de irreverencia lo que estaba haciendo la Argentina, que ya había sido irreverente no cumpliendo sus compromisos, el no honrar el cumplimiento de una deuda, que todos sabemos del profundo contenido ilegítimo que tenía la misma.
Y ahorramos el 70 por ciento de esa deuda y por primera vez en la historia ahorramos 70 mil millones de dólares, que no fueron sacados de los bolsillos argentinos y dejamos la dignidad en alto, como corresponde, y logramos darle viabilidad.
También las principales noticias de los diarios, en esos días, era cuando llegaban los integrantes del Fondo Monetario Internacional o de los organismos de créditos internacionales, como les dicen y hablaban de que paran en tal hotel, van a correr a tal parque, grave situación para la Argentina pues vienen a supervisar y auditar, como si fuéramos simples dependientes y empleados de estos organismos, responsables directos del fracaso y del quiebre argentino.
También nos pusimos a trabajar con fuerza y dijimos: tenemos que definitivamente generar un punto de inflexión y este Gobierno, que nos tocó tomar un Gobierno con 7 mil millones de dólares de reserva, en menos de dos años, pudimos una mañana levantarnos, mirarnos a los ojos – como hicimos con Cristina ese día – y mirarnos a los ojos entre los argentinos y pudimos decirles con todo respeto, porque no vamos a ser maleducados, pero con todo el sentimiento: “Chau, Fondo, te pagamos y no vuelvas más por la Argentina porque ya mucho daño hiciste”.  Diez mil millones de dólares los juntamos en dos años, qué se habrá hecho en la Argentina que si nosotros, con la capacidad y los errores permanentes que hemos cometido, pudimos hacer esto, digo yo, los brillantes economistas, pensadores tan reconocidos en el mundo y en el mundo de las finanzas, especialmente, cómo les costó tanto y nunca pudieron y siempre profundizaron la crisis argentina. ¿Dónde están los cerebros que fueron construyendo supuestamente una Argentina integrada al mundo y todos sabemos cuáles fueron los resultados que tuvieron?
Hoy también, aquí, quería venir a esta Embajada argentina y encontrarme con los argentinos que viven en México, los que vienen a trabajar, los que vienen a practicar el deporte, los que vienen a seguir su carrera profesional, los que vienen a invertir, los que vinieron a generar y hacer su vida, los que tuvieron que venir a exiliarse para poder reconstruir su vida, sus esperanzas y sus sueños porque su Patria se lo negaba. No saben la emoción que siento, porque es como trasladarme a uno de ustedes y sentir que nos volvemos a encontrar. Soy Presidente por un tiempo circunstancial de la historia, pero hoy me toca investir la representatividad de vuestra Patria, de nuestra Patria, que es la Argentina, que hoy los vuelve a venir a abrazar y les vuelve a decir, con todas sus fuerzas, que las alamedas y las avenidas de la Patria están abierta para todos los argentinos para recuperar la posibilidad de realizarse, para recuperar la posibilidad de ser y que seguimos creyendo, como ayer, en una Argentina justa, con inclusión social, con autonomía en la globalización, en una Argentina que se integre con coraje y decisión a la construcción de la Patria Grande Latinoamericana, que es central para recuperar el espacio que nos merecemos en el mundo. Esa Argentina que deje de tener aquellas conducciones que sentían vergüenza de sentarse con sus países hermanos para poder levantar la voz ante un mundo injusto que siempre los postergaba.
Hoy nos abrazamos a nuestros hermanos latinoamericanos, venimos a abrazarnos al pueblo mexicano, venimos a acompañar al pueblo mexicano a su sed de reivindicación y de justicia, y como dijimos ayer, en nombre de todos los argentinos, venimos a decir con nuestra voz, sin ningún tipo de especulación, en nombre de nuestro pueblo, que los argentinos que sufrimos tantas cosas no vamos a callar ante la construcción de un muro indigno que acalla, como el que se está construyendo, aquí, en la frontera entre México y Estados Unidos, que es un verdadero golpe a la integración. 
Por eso creyendo fuerte en nuestra cultura, en nuestros intelectuales, en nuestros investigadores, en nuestros poetas, en nuestros trabajadores, en nuestros pibes les decimos que la Argentina va a seguir construyendo, va a seguir saliendo de la situación en que está. Hemos bajado – gracias a Dios – la desocupación a un dígito, la pobreza todavía es fuerte pero baja del 60 al 26.9; la indigencia al 8 por ciento, del 28 que teníamos y en la Argentina se vuelve a respirar la posibilidad de construir un país absolutamente diferente. Es un tiempo de la historia, donde la justicia y la dignidad tienen que ser centro fuerte de la construcción que tenemos que llevar adelante, también la diversidad, la pluralidad y la integración.
Les quiero agradecer profundamente vuestra presencia acá, estoy terminando mi mandato y estoy agradecido al pueblo argentino que me acompañó y me dio la posibilidad de poder hacer muchas cosas de las que uno siente, muchas cosas que uno compartió desde sus comienzos de nuestra propia vida política, desde sus ideales, que siempre estaré comprometido con la transformación y el cambio, siempre seré un militante político y los militantes políticos, comprometidos con las causas nacionales, populares, que quieren construir países diferentes nunca se jubilan o se retiran. De cualquier lugar se puede ser presidente o se puede estar pintando una pared, lo que nunca se puede hacer es renunciar a la convicción de Patria, a la convicción de país, de justicia y de equidad que buscamos. Y ese va a ser mi rumbo permanente. Sé que los tiempos que vienen para la Argentina van a ser mucho mejores, sé que tendremos que seguir, entre nosotros, reconstruyendo nuestro tejido social, tendremos que seguir reconstruyendo nuestras ideas y nuestra memoria y tendremos que reconstruir con mucha fuerza la posibilidad de que todos tengamos en claro que es posible construir una sociedad mucho mejor.
Estamos saliendo del infierno, generamos las políticas fundacionales para ello. Yo estoy seguro que los tiempos que vienen serán los de la creación de la nueva institucionalidad en el país y que la Argentina alumbrará con fuerza en el mundo y también para adentro porque nosotros, como siempre decimos, nos interesa un país integrado al mundo, pero nos interesa un país integrado en lo interno. Queremos que los argentinos volvamos a sentir que la bandera de nuestra Patria nos protege a todos. Nunca más las embajadas mirando a los pibes como se van del país porque no consiguen trabajo, nunca más el terrorismo de Estado, nunca más las dictaduras sangrientas, nunca más una Argentina para pocos. Nosotros queremos una Argentina libertaria, esa que soñaron próceres como Mariano Moreno, como San Martín, como el General Belgrano, como Irigoyen. Como yo siempre digo, respetando todas las ideologías, pero que siempre lo digo con el mayor de mis sentimientos, porque es lo que ha inspirado, muchas veces, esa rebeldía y esa posibilidad de ir a luchar por causas que algunos consideraban perdidas y nosotros no, siempre esa capacidad transgresora de decisión de construir un futuro mucho más digno y más justo que dejó esa mujer que simplemente se llamó Evita y que yo la quiero recordar en esta embajada con todas las fuerzas.
Por eso, queridos hermanos y hermanas, de corazón muchísimas gracias por compartir este momento, muchas gracias por poder tocarnos las manos, muchas gracias por compartir historias, muchas gracias por creernos mutuamente, muchas gracias por soñar en un futuro diferente, muchas gracias por tener la bondad y la deferencia de venir a acompañarnos hoy, aquí, en esta embajada, como hermanos que soñamos que podemos construir entre todos un futuro mejor.
Nuestra Patria es la Patria de todos, la Patria Grande, la Patria latinoamericana también, yo sueño fuertemente con esa Latinoamérica diversa, pero unida con una voz muy fuerte ante el mundo, pero que definitivamente tengan que entender que nosotros no queremos ser más el patio trasero del mundo, sino que definitivamente queremos participar activamente de la construcción de los nuevos tiempos.
Queridos hermanos, argentinos, argentinas, mexicanos, aquí presentes, muchas gracias. Voy a cerrar con algo que algunos les molesta mucho, porque claro trato de ser como soy, podía haber vivido en la hipocresía, muchas veces me lo dijeron, podía haber sido más educado, podía haber aprendido más protocolo, pero les aseguro que no lo hice por tratar de diferenciarme, sino porque algunos nacen con virtudes para el protocolo y para tener comportamientos por ahí más adecuados que el mío. Pero ustedes me ven aquí, soy un pingüino del sur, un hombre común.  Vengo de una ciudad muy lejana y les puedo asegurar que estoy feliz de estar aquí con ustedes y les traigo el abrazo de millones y millones de compatriotas que, como ustedes, sueñan por construir la sociedad que los argentinos nos merecemos y que no tengo ninguna duda que la vamos a lograr, porque decididamente hemos aprendido la lección de la historia.
Muchísimas gracias. Mi recuerdo permanente. ¡Viva la Patria, viva Argentina, viva México! Vivan los argentinos y argentinas, aquí presentes; la verdad que me han hecho emocionar. Muchas gracias
NESTOR KIRCHNER

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