junio 20, 2012

Discurso de Nestor Kirchner en el acto de clausura de la 51° Convención Anual de la Cámara Argentina de la Construcción (2003)

DISCURSO EN EL ACTO DE CLAUSURA DE LA 51° CONVENCIÓN ANUAL DE LA CÁMARA ARGENTINA DE LA CONSTRUCCIÓN
Nestor Kirchner
[18 de Noviembre de 2003]

Señor Vicepresidente de la Nación; señor presidente de la Cámara Argentina de la Construcción; señores ministros del Poder Ejecutivo Nacional; autoridades nacionales, provinciales y del Gobierno de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires; señores empresarios; señores representantes gremiales; señoras y señores: Es propicio el cierre de esta primera 51° Convención Anual desarrollado bajo la denominación “Infraestructura y Vivienda, el Motor de la Reactivación”, para exponer algunos puntos de vista en temas que cobran importancia en función de los tiempos que nos toca vivir. 
En menos de un mes, luego de apenas seis meses de gestión, estaremos finalizando el período constitucional que debió cubrir el gobierno del doctor Fernando De la Rúa y comenzando el siguiente que nos corresponde.
En poco tiempo los argentinos hemos vivido mucho, muchas experiencias que deben dejar sus enseñanzas aprovechables para no volver atrás, para no repetir errores. Intentamos superar la más profunda crisis de que tengamos memoria, la más profunda en lo moral, en lo cultural, en lo político, en lo social y en lo económico.
Quienes crean que el estallido cívico de diciembre de 2001 sólo fue una expresión de enojo de la ciudadanía por falta de respuestas de la dirigencia a los problemas que se vivían, se equivocan. En esos días se expresó en una dimensión pública espectacular un reclamo ciudadano que demandó, y aún demanda de la democracia, un proyecto de país que nos contenga a todos los argentinos.
Se reclamó por un modelo político y económico que regenere la calidad institucional de la República, que ponga fin al abuso, a la corrupción, a la concentración excesiva de la riqueza, que reconciliando al Estado con la sociedad deje de lado la exclusión social, que nos aleje de la pobreza, que ponga en marcha la producción y recupere el trabajo como única forma de desarrollo digno en una sociedad moderna.
Quién crea que aquel clamor sonaba dirigido a otros, se equivocará también. Se trató de una exigencia que no deben dejar de escuchar los que sienten protagonistas de esta historia. Nosotros queremos seguir teniendo los oídos atentos a las demandas de nuestro pueblo.
El argentino sin trabajo, clama; cada joven que se ve relegado a la adquisición del conocimiento que el mundo exige, clama; cada anciano sin protección, cada familia sin techo, cada emprendedor sin la oportunidad del crédito, están demandando que tengamos el coraje de cambiar lo que haya que cambiar para poder estar mejor.
En este instante de nuestra historia debemos valernos de otras lógicas que nos impulsen a la construcción de un país diferente, de un nuevo país. No nos interesa convivir con la miseria, cambiando algo para que nada cambie; no pretendemos dar impulso a planes coyunturales que sólo nos garanticen sobrevivir mientras continua la decadencia.
Desde las enseñanzas de nuestro pasado reciente, debemos entender que no nos queda otro camino que ser los artífices de un profundo cambio en las estructuras financieras y productivas de nuestro país.
Por sus características profundas, por el nivel de que venimos, por la urgencia que la supervivencia de nuestros problemas nos impone, necesitamos el acompañamiento de todos y cada uno de nuestros compatriotas. Sabemos que ningún proyecto político, económico o social tiene sentido, si no sirve para mejorar las condiciones de vida de cada componente de la comunidad al que está destinado.
Debemos diseñar un modelo de nación con un capitalismo pujante e inteligente; debemos aceptar el desafío de la globalización pues no se puede construir un país aislado en la gran aldea mundializada, comprendiendo que no debemos hacer un país sin criterio que exponga a nuestros productores a una competencia desigual que los quiebre.
Integrados al mundo, pero con sustentabilidad interna, sin la que es vano integrarse a nada. Si no estamos bien los argentinos, no podemos estar bien integrados al mundo. Debemos mirar al mundo, pero no para importar recetas en las que se nos aconseje qué hacer; debemos observar como otras economías se hicieron grandes para aplicar esas enseñanzas en nuestra tierra.
Nuestro empresariado, debe actuar comprometido con la realidad económica y social de nuestra patria, aceptar el desafío de la competencia y unirse indisolublemente con el interés y la decisión nacional.
Nuestros hombres de negocios, además de buscar los legítimos réditos para sus empresas, deben favorecer el desarrollo humano en la sociedad en que se desenvuelven. No sólo lo reclama la ética de nuestro tiempo, es lo único que legitimará su situación relativa. No pueden ser ajenos al hambre de los argentinos marginados, no pueden mirar de costado la existencia de jóvenes sin educación o la falta de atención o de salud de nuestros ancianos.
Tenemos la oportunidad histórica de diseñar un proyecto nacional, un modelo de nación que integre las diversas regiones y que desde un capitalismo en serio, otorgue las oportunidades de trabajo y de bienestar que nos merecemos.
Para lograrlo, necesitamos recrear en el empresariado nacional la capacidad de emprender, la capacidad de asumir el compromiso con la realidad social y política, la decisión de aceptar los desafíos que la competencia representa. Pero en esa tarea de la construcción de una nueva Argentina, la de la pluralidad, la de los consensos sin anular las diversidades, la de la unidad nacional, no es tarea que la competa sólo al Gobierno.
Esa nueva Argentina, aquella donde la esperanza y la justicia estén presentes, en la que podamos sentirnos orgullosos de nuestros empresarios, de nuestros intelectuales, de nuestros trabajadores, de nuestros estudiantes, esa Argentina que deje de vivir de las formas vacías para dedicarse a los sustancial, que pueda plantarse con dignidad e igualdad ante el mundo, la debemos construir poco a poco, todos los días y entre todos. Y no será tarea simple.
Allí se levanta queriendo regresar la vieja Argentina que queremos superar, que debemos dejar atrás. La Argentina de la violación de los derechos humanos, la de la justicia en la medida del poderoso, la de la destrucción de las fuentes productivas y el cierre de las fábricas, de la corrupción estructural, la del empobrecimiento constante de nuestros sectores medios, la de la exclusión social, la de la concentración económica y el endeudamiento eterno. Todavía está allí y tiene sus defensores.
La defienden no sólo los que fueron sus beneficiarios directos, claros y concretos; también la defienden quienes fueron los responsables de la implementación de esas políticas. Se expresa cultural y periodísticamente a diario, luciendo impúdicamente su desprecio casi racista por lo nuestro insistiendo en su fórmula de subordinación intelectual.
Hay que reconocerles coherencia, saludaron la larga noche dictatorial y sus medidas económicas, se maravillaron son los supuestos logros de los 90 que tanto nos constaron y nos cuestan, aplaudieron las medidas que contribuyeron a que la recesión que profundizara la depresión y reclamaron cuántos ajustes anunciaron en tanto no le implicara sacrificio de sus intereses.
Por nuestra parte, dispuestos como estamos a soportar estoicamente hasta los agravios con que nos atacan, no cejaremos en nuestra lucha. El ingreso a la Casa Rosada no nos ha despojado de nuestras convicciones ni travestido nuestras políticas. Seguimos siendo gente sencilla, con sueños, ideas y conciencia de nuestra responsabilidad.
Entre esa Argentina que nace y esa Argentina que agoniza, está nuestro futuro. Construir el país que la mayoría de los argentinos deseamos, no será tarea de unos pocos ni puede ser obra de un grupo de iluminados. No obra de un partido político o de un sector social exclusivo y, mucho menos, de un solo hombre. Es y debe ser la tarea de todo un pueblo. Sólo solidariamente, marchando hacia el horizonte con nuestras esperanzas, podremos ser hacedores de nuestro futuro.
Como somos hombres de ideas y buscamos los medios adecuados de ponerlas en práctica, venimos hoy a compartir con ustedes lo que hemos comenzado a hacer, lo que haremos y nuestra visión de las perspectivas que se abren a nuestro paso.
Desde el inicio de nuestra Presidencia, hemos sostenido que en el plano de la economía, donde más se necesita que el Estado se reconcilie la sociedad, hemos fijado como objetivo de la política económica el asegurar un crecimiento sustentable que permita la expansión de la actividad y del empleo constante.
Queremos poder duplicar la riqueza argentina cada quince años y distribuir de modo tal que se asegure mayor equidad en los ingresos, fortaleciendo nuestra clase media y sacando de la pobreza extrema a todos los compatriotas, respetando y cuidando el equilibrio fiscal.
A diferencia de los modelos de ajuste que tan duramente conocimos permanentemente, ubicamos al consumo en el centro de esa estrategia de expansión. Para que el consumo crezca, alentando las inversiones, necesitamos que la masa salarial crezca. Y esa masa salarial crecerá sobre la base de más salario, más argentinos trabajando y más argentinos trabajando más horas.
Para acompañar y acortar los plazos de ese proceso virtuoso, es que incorporamos al Estado como sujeto económico activo, canalizando la inversión hacia un plan de obras adecuado a nuestras posibilidades y orientado a la creación de infraestructura que tiene que servir de base a nuestro desarrollo.
En 3 programas que nos proponemos finalizar y entregar, tenemos pensado finalizar 66 mil viviendas con una inversión de 1.066 millones de pesos. Se trata de un programa federal de reactivación de obras del FONAVI, cuya primera etapa iniciáramos en junio; el Programa Federal de Emergencia Habitacional, auspiciando la incorporación de beneficiarios de los planes de Jefas y Jefes de Hogar en el que participan 8 provincias, 35 municipios, 14 organizaciones sociales y 776 cooperativas.
El Programa de Solidaridad Habitacional que provee viviendas e infraestructura en las áreas urbanas más castigadas por la emergencia económica. En infraestructura educativa nos proponemos construir 700 edificios escolares nuevos con una inversión de 463 millones de pesos que beneficiará a 25 mil alumnos y posibilitará la creación de 20 mil puestos de trabajo.
El Plan Federal de Control de las Inundaciones, donde se ejecutarán inversiones por 900 millones de pesos y pondrá en marcha obras previstas y postergadas que comprenden canalizaciones, obras de regulación, puentes, defensas urbanas, presas integradas y un plan de recursos hídricos, recuperación de regiones y mejoras y cuidado del medio ambiente de las provincias de Córdoba, Santa Fe, La Pampa y Buenos Aires.
Lo que citamos, más la construcción de rutas, pavimentación de calles, la interconexión eléctrica de nuestro territorio patagónico, la construcción de pasos a nivel, bajo nivel, vías, obras de infraestructura sanitaria, aguas, cloacas, explican que en el Presupuesto pueda comprobarse un 50 por ciento de aumento en la inversión de la obra pública.
No queremos hacer una enumeración completa y detallada, pero es importante saber que cada peso, cada plan, cada obra se dirige a múltiples finalidades. Es más inversión y representa más posibilidades de trabajo, de más inversión y significará más salarios, es más inversión y representa mejores posibilidades para la educación, el transporte y para la vida digna de nuestro pueblo.
No nos enamoramos de los números, no nos quedamos en las frías estadísticas; sabemos que debemos mirar la economía desde la gente, desde las necesidades del hombre y la mujer, argentinos que se levantan cada día con la esperanza de poder forjarse un futuro mejor a través del esfuerzo digno y el esfuerzo honesto.
No ignoramos que para ustedes, miembros de la Cámara de la Construcción, estas inversiones son oportunidades de rentabilidades para sus empresas. Queremos como nosotros, y estamos convencidos que así es, valoren el esfuerzo y se comprometan a ese cambio moral, cultural, social, político y económico que reclama nuestro pueblo.
Queremos que asuman el compromiso de crear trabajo allí donde cada obra se asiente; se trata de recuperar la mano de obra ociosa y de ampliar el horizonte productivo. Donde no encuentren la mano de obra calificada que necesiten, articularemos acciones con nuestro ministerio de Educación y la capacidad de todos los organismos estatales de injerencia para que puedan dotar a los que necesitan trabajo del arma de la educación y así logren desempeñarlo con eficiencia.
Si podemos hacer eso, habremos avanzado un pasito hacia un país unido por la cultura del trabajo que soñamos con padres que puedan recuperar la dignidad del trabajo y chicos que coman en el seno de su hogar y estudien en escuelas que les alimenten sus espíritus.
Si en relativamente poco tiempo hemos incrementado en un 30 por ciento los empleos formales de la construcción, si se ha consumido un 26 por ciento más de cemento que el año pasado, si el consumo de asfalto de elevó un 22 por ciento y la producción de ladrillos creció casi un 100 por ciento, miren cuánto más podremos hacer continuando por este camino. Miren si se será acertado aquello de que la inversión en estructura y vivienda puede acortar los tiempos de la reactivación.
Obviamente habrá algunos que siempre lo negarán. Nosotros nos demostramos cada día a nosotros mismos y a quienes quieran verlo desinteresadamente, que es así. Sabemos que no a todos conforma o le gusta nuestro estilo, que si enfrentamos muchos problemas, que si le dedicamos mucho tiempo a la búsqueda de soluciones y si no tenemos la sumisión debida a los poderosos, que si esto, que si aquello. Nuestros críticos no nos perdonan ni una. Pero allá ellos, quedarán formando parte del paisaje de esa Argentina que buscamos dejar atrás.
Nosotros seguiremos buscando un país unido, con profundo sentido solidario; un país que comprenda que si la coyuntura es buena para unos pocos, a la larga resultará malo para todos; que no se trata de una unidad retórica en la que sonriamos fingiendo u ocultando hipocresías mientras pensamos en sacarnos ventajas. No se trata de un retorno a los viejos pactos.
Lograr la Argentina del crecimiento, la actividad y la eclosión social nos llevará tiempo y esfuerzo. Nada se logra sin dedicación y trabajo, es importante que actuemos juntos y más importante que lo hagamos en beneficio del conjunto nacional.
Se ha recordado aquí con acierto, que en oportunidad de la Convención de 2001, en esta tribuna sostuve que por profunda que resulte una crisis, siempre es posible hacer algo: concretar obras y si ponemos todo para recrear los sentidos y la imaginación, para dar las respuestas que la hora exige.
La circunstancia de ocupar temporalmente el lugar que ocupo, no me ha hecho cambiar la manera de pensar, no me ha mutilado los sueños ni desgastado las ideas. Debemos convocarnos e inventar una realidad distinta, tenemos que recrear nuestra autoestima como pueblo, redoblar los esfuerzos como nación unida y sostener con dignidad nuestros puntos de vista, plantarnos cuando es debido y no sentir vergüenza de ellos.
Los argentinos venimos de una muy negra noche; estábamos en el subsuelo, estábamos kilómetros bajo tierra y seguimos estando. Es nuestra responsabilidad aunar esfuerzos para seguir trepando la cuesta.
Sabemos que no será fácil, no se pueden solucionar problemas estructurales de larga data en un período muy corto como el que llevamos; debemos preservar el rumbo correcto, pero se nota y se notarán avances paso a paso y todos los días; debemos asegurar la existencia de un país normal, sin sobresaltos con el sector público y el privado, cada uno en su respectivo rol. Se trata de lograr consolidar de modo definitivo un proyecto de país que integre socialmente a sus habitantes en un marco de equidad y de desarrollo sustentable, reinstalando la movilidad social que premie el esfuerzo y el trabajo. Como hemos dicho, se trata de construir un capitalismo nacional, fuerte y serio.
El tiempo de empezar a hacerlo es hoy, es nuestro presente. Nosotros hemos elegido caminar junto a nuestro pueblo, dedicando las mejores horas al trabajo constante en pos del bien común. Eso es para nosotros la política y a ella consagramos nuestros ideales. Nos llaman y describen distintos modos con distintas letras, nos suelen decir pingüinos. Sí lo somos y con orgullo, con orgullos los vientos patagónicos que castigan a la meseta sin descanso pero que van logrando modelar las formas de la roca con su paso constante.
Así, paso a paso y sin descanso, paso a paso, día a día; así como el pueblo argentino, los empresarios, los trabajadores, los estudiantes, con todos, iremos modelando la nueva Argentina que soñaron nuestros abuelos, nuestros pioneros, inmigrantes y tozudos.
Creemos firmemente en el modelo de la inversión pública; creemos que la idea viva y presente de aquellos que aún siguen predicando que la inversión en obra pública es gasto público improductivo, es uno de los grandes males que se ha dado en la Argentina, es uno de nuestros grandes problemas y fue uno de los grandes daños que causó fuertes daños irreparables en la sociedad argentina.
Estoy absolutamente convencido que hay que coordinar definitivamente reconversión productiva con fuerte inversión pública, con consumo interno, con otra distribución del ingreso y que esa simbiosis nos permita construir un país. Manejar las cuentas ordenadamente, no debe ser sinónimo de ajuste interno. Porque ese ajuste interno que se hizo en nuestra República, al cual nos vimos sometidos durante largo tiempo, solamente fue para transferir ingresos a determinados sectores transnacionalizados que se quedaron con la riqueza de los argentinos y debemos hablarlo con absoluta claridad.
Nosotros venimos hoy a tender la mano como representantes temporales de esa historia de los argentinos en la Casa de Gobierno; venimos a tender nuestros brazos abiertos y nuestros corazones para decirle a nuestros empresarios –y en este caso a los de la construcción- que con ese viejo clamor de nuestros pioneros, reconstruyamos con orgullo nuevamente el empresariado nacional, la dirigencia nacional y que nos honremos de empresarios nacionales, que les va bien, que ganan dinero, que invierten, que generan trabajo y que vuelven a potenciar a la Argentina. A ellos apostamos decididamente como polea de cambio y como punto de inflexión en el país.
Creemos en la obra pública firmemente; creemos en las inversiones en infraestructura; creemos que no es contradictoria para nada, sino que por el contrario, con los ideales de Argentina estoy seguro que el año que viene, cuando nos encontremos aquí, ya pocas dudas quedaran en el sentido de que la combinación de la reconversión productiva, de la inversión pública con el consumo y otra distribución del ingreso, nos van a estar alumbrando esta Argentina donde renacer el empresariado nacional, donde vuelve la movilidad para la clase media y donde los trabajadores argentinos vuelven a tener trabajo.
Dios quiera que del esfuerzo y de la simbiosis conjunta, lo podamos lograr.
Muchísimas gracias por haber compartido este momento.
NESTOR KIRCHNER

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