junio 21, 2012

Discurso de Nestor Kirchner en el acto de ascenso a Coronel a los oficiales superiores Martín Rico y José Jaime Cesio (2006)

DISCURSO EN EL ACTO DE ASCENSO A CORONEL DE LOS OFICIALES SUPERIORES MARTÍN RICO Y JOSÉ JAIME CESIO
Néstor Kirchner
[23 de Marzo de 2006]

Señor Vicepresidente de la Nación; señores presidentes de las honorables Cámaras de Senadores y Diputados; señor Gobernador de la provincia de Buenos Aires; señores ministros del Poder Ejecutivo Nacional; señores jefes del Estado Mayor Conjunto y de los Estados Mayores Generales de las Fuerzas Armadas; señores legisladores; representantes de las distintas organizaciones de derechos humanos, Abuelas, Madres; señoras, señores, amigos: no descansamos en la tarea de reconciliar a la política, a las instituciones y al Gobierno con la sociedad. Sabemos que las cosas no cambian mágicamente de un día para otro.
Creemos que la tarea de Gobierno se construye cada día, desde temprano, desde la mañana hasta la tarde, desde la tarde hasta la noche con hechos que por cotidianos parecen pequeños y se los mira aislados del contexto, pero que sumados implican responder al los desafíos minuto a minuto, se testimonia con gestión y con resultados.
No hay gobierno ni hombre providencial capaz de cambiar las cosas. Tiene que haber ciudadanos dispuestos a participar activamente en estos cambios. No habrá cambios confiables si permitimos la subsistencia de ámbitos de impunidad.
Quizás en este acto se quiera sólo ver que el Presidente en ejercicio de sus funciones envía el pliego para el ascenso extraordinario de dos oficiales del Ejército Argentino. En idioma de frío dictamen, alguien podrá decir que “en virtud de lo establecido en el artículo 99, inciso 1 y 12, de la Constitución de la Nación Argentina, en uso de su facultad el Poder Ejecutivo Nacional solicita al Honorable Senado de la Nación el acuerdo para promover al grado inmediato superior a dos oficiales superiores de nuestras Fuerzas Armadas conforme al inciso 13 del citado artículo”.
Nosotros sabemos que estamos ante un hecho mucho más trascendente. Estamos produciendo un acto que la democracia, el Gobierno y el pueblo se debían a sí mismos. Sin rencor, con memoria, estamos haciendo un acto de la más estricta y pura justicia.
Es hora de dar a las palabras y a los actos su verdadero valor. Basta de decirnos las cosas en voz baja, o con eufemismos; hablemos claro, estamos reparando, estamos poniendo las cosas en su justo lugar.
El extinto coronel Martín Rico fue asesinado en la madrugada del 27 de marzo de 1975, cuando estaba investigando a la organización denominada “Alianza Anticomunista Argentina”, la triste y trágicamente conocida “Triple A” y, lamentablemente, es asesinado en un hecho que es trascendente, porque desde un propio gobierno constitucional, desde la propia democracia, con todos los defectos y todas las cosas que nos pasaban en aquel momento, identificaba al culpable concreto, al mentor y a quien inspiraba y motivaba a las “Tres A” que es ese lamentable personaje José López Rega.
La propia democracia estaba encontrando, a través de un coronel de la Nación y su trabajo, la respuesta que el pueblo argentino necesitaba.
El 23 de julio de 1977, el entonces comandante en jefe del Ejército le negó el ascenso post mortem por entender que el coronel no había muerto en acto de servicio, lo cual muestra con absoluta claridad la complicidad anterior a este tipo de hechos.
Elevar el pliego del coronel Rico para su ascenso post mortem es además cumplir con la Ley 19.101, un reconocimiento que los argentinos le debemos en estricta justicia.
El coronel Juan Jaime Cesio fue propuesto por la Junta Superior de Calificaciones para su ascenso a general en los años 1973 y 1974 y pasado a retiro en 1975. La dictadura militar promovió a los tres oficiales que habían sido postergados por el Senado en las mismas oportunidades que el coronel Cesio, cuando denunció en un programa televisivo la existencia de bandas integradas por militares que habían usurpado el gobierno y cometido delitos aberrantes como el secuestro, la tortura, la desaparición y el asesinato de miles de personas.
Se le instruyó un sumario por dicha denuncia que fue calificado y caracterizado como “deshonor e indecoro militar” reprochándole privilegiar su condición de ciudadano sobre la de militar. Como que ser militar significaría en su momento, aparentemente para algunos, abandonar la calidad de ciudadano o si un buen ciudadano no puede ser un buen militar. La recuperación de la ciudadanía es fundamental, después cada uno de nosotros puede cumplir la función que quiere y para que se prepara en la vida y en la sociedad.
Por Decreto 3.146 del 30 de noviembre de 1983, a diez días de la asunción del gobierno democrático, se convalidó su descalificación por falta gravísima al honor y se le privó del uso del grado y del uniforme.
El señor jefe del Estado Mayor General de Ejército, con fecha 3 de marzo de 2006, dejó sin efecto la amonestación y levantó la privación de la utilización del grado y del uso del uniforme. La señora Ministro de Defensa, resolvió el pasado 6 de marzo aprobar aquella resolución y hoy enviamos el pliego para el ascenso extraordinario.
Debemos hacer esto para que en la Argentina no pueda ya decirse que el héroe es condenado y el dictador con las manos manchadas de sangre resulta juez.
Encuentro esto no sólo en el estricto cumplimiento de la Constitución nacional y la ley, sino un fuerte símbolo y mensaje para que se premie a los militares que sirven a la democracia en su profesión y se integran al país como ciudadanos.
A la memoria del coronel Rico y sus familiares, su señora esposa y su hijo, los argentinos y más que los argentinos, el Estado argentino, le debe una gran disculpa. Alguien que cumplió con la tarea, investigó, encontró al cerebro horrendo y por haberlo encontrado perdió su vida.
Por eso, querida señora y familia, realmente, en nombre de todo el Estado argentino, yo sé que las disculpas no alcanzan, que el coronel Rico, futuro general de la Nación, no está, pero la reconstrucción de la memoria, la verdad y la justicia, la tenemos que hacer así, tarde, lamentablemente tarde, pero con un gran sentido de recuperar nuestra historia y de recuperar en el recuerdo a coroneles, en este caso que va a ser un futuro general de la Nación, que debe ser ejemplo de las futuras camadas de nuestras Fuerzas Armadas.
Los argentinos queremos que el Honorable Senado de la Nación preste el acuerdo para que la Nación cuente con dos generales de los que estaremos orgullosos. Nuestras instituciones armadas se prestigiarán si contamos en sus filas al general Martín Rico y al general Juan Jaime Cesio.
Es ésta una reparación y un acto de estricta justicia que encierra el mensaje y la buena noticia de que no hemos perdido la capacidad de distinguir entre el bien y el mal, entre lo que es honorable y no lo es.
Queremos poner fin a los códigos del silencio que subordinan todo el ocultamiento de la verdad. Descorriendo este velo, sabemos que contribuimos a evitar que los verdugos se mezclen con lo inocentes y se oculten detrás de las instituciones.
Con verdad, con memoria, con justicia, con castigo a los culpables, poniendo las cosas en su justo lugar, echaremos las cimientes para poder construir un país más justo.
Querido coronel Cesio, futuro general de la Nación, muchos de los de mi generación que hoy estamos y de los que no están, que en muchas cosas pensábamos igual, siempre, desde hace más de treinta años, pudimos conocer su honorabilidad, su amor a la democracia, su amor a la verdad, el concepto y la filosofía que quería de las instituciones armadas y de su querido Ejército, al cual entregó su vida, su pasión por esta Argentina.
Quienes están acá y quienes no están y que compartíamos aquellos momentos difíciles de la Argentina, siempre lo tuvimos como un símbolo del Ejército y de las Fuerzas Armadas, porque los jóvenes argentinos era lo que queríamos en aquel momento y en aquel tiempo. Porque siempre quisimos tener Fuerzas Armadas integradas a la democracia, integradas a la defensa de los derechos humanos, integradas a la pluralidad, al consenso y a la diversidad. Era lo único que pedíamos como para consolidar un verdadero Estado democrático, amplio y usted fue un verdadero referente, al igual que el coronel Rico, de esa parte de la historia. Por eso, creo que como Estado estamos cumpliendo un hecho que va a marcar una referencia clara en nuestra historia. También el Estado argentino le debe profunda disculpas.
Pero si ustedes me permiten, en épocas en donde muchos sectores hacen la autocrítica –y está bien que la hagan-, de lo que nos pasó en aquel momento, yo sé que voy a decir algo que seguramente me van a dedicar centímetros y centímetros de prensa criticándome, no importa: me gustaría que en algún próximo 24 de marzo o antes, los medios de prensa argentinos también hagan autocrítica.
En algún medio, hasta hace muy poco tiempo, ni siquiera sacaban las solicitadas de Madres y Abuelas de Plaza de Mayo.
Es muy importante para consolidar la democracia, para consolidar la ciudadanía, la construcción del ciudadano por arriba de cualquier cuestión política o partidaria o visión que cada uno de nosotros tenga de la sociedad, porque se construimos ciudadanía, nunca más nos va a suceder este tipo de cosas, es tarea de todos.
Señora de nuestro futuro general Rico, gracias por compartir este momento, gracias por haber tenido toda la paciencia, gracias por la valentía de haber soportado el dolor en soledad.
Lo mismo, querido coronel-general Cesio, seguramente habrá pasado horas infortunadas como miles y miles de argentinos, gracias por estar acá, ésta es la casa del pueblo argentino y en la casa del pueblo argentino, al coronel-general Cesio, al coronel-general Rico, el pueblo argentino y las instituciones del pueblo argentino tratan de devolverlos al lugar que en historia les corresponde.
La verdad es que yo me siento profundamente emocionado y doy gracias, verdaderamente, que la vida me haya permitido estar en este momento porque sé que entre todos, entre tantos luchadores que están aquí presentes, hemos logrado construir un nuevo acto de justicia.
Muchísimas gracias, memoria, justicia y verdad. 
NESTOR KIRCHNER

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