junio 21, 2012

Discurso de Nestor Kirchner en el acto de reconocimiento a los ex Guardiamarinas dados de baja a partir del 1° de Julio de 1974 (2005)

DISCURSO EN EL ACTO DE RECONOCIMIENTO A LOS EX GUARDIAMARINAS DADOS DE BAJA OBLIGATORIA DE LA ARMADA ARGENTINA, A PARTIR DEL 1 DE JULIO DE 1974
Néstor Kirchner
[11 de Noviembre de 2005]

Señor vicepresidente de la Nación; señor presidente provisional del Honorable Senado de la Nación; señores ministros del Poder Ejecutivo Nacional; señores jefes del Estado Mayor Conjunto, del Estado Mayor de las Fuerzas Armadas; autoridades nacionales, provinciales y municipales; autoridades de la Confederación General del Trabajo; amigos y compañeros; representantes de los organismos de derechos humanos; señores intendentes; señoras y señores: este es el Salón Blanco, acá está la caja de resonancia de lo que nos pasó, de lo que nos sucedió a la parte grande de la historia argentina y a la parte chica y oscura de la historia también.
Yo la verdad que ese 16 de noviembre también fui participé activo en el trabajo político, militante, en la lucha por el retorno del General Perón. Siempre lo dije partimos con muchos amigos, que no están, hacia Temperley, la Estación Turdera, 24 horas antes, pasamos la noche en un sindicato, creo que era el Sindicato del Plástico en ese momento, y marchamos a esperar al General Perón. Llegamos hasta el alambrado, ahí cerca del puente 12 y después pasó lo que todos saben que pasó.
Y así estaba el pueblo argentino en las distintas instituciones, era la vuelta de la esperanza, era la vuelta de volver a recuperar la soberanía nacional, los derechos perdidos, la posibilidad de ser, la ilusión de toda una generación que nos habíamos incorporado a la política y que seguimos creyendo hoy que se podía cambiar la Argentina, una generación que trascendía el marco militante y político, que podíamos tener nosotros. Les puedo asegurar que nunca se nos ocurrió pensar jamás que en la Argentina iba a pasar lo que pasó. Y hay otros culpables de lo que pasó, como decía el teniente de fragata Urien, que ya antes, lamentablemente, porque en eso tenemos que ser sinceros ante la historia, nunca nosotros pensamos que iban a aparecer personajes como López Rega, nunca pensamos que se nos iba a cortar la posibilidad y la voluntad de participación, que iba a pasar lo que ocurrió en la Argentina.
A mí jamás se me ocurrió que íbamos a poder vivir el final que tuvo el Gobierno, al que habíamos apoyado con tanto amor, con tanto esfuerzo, con tanto sacrificio, con tanta entrega. Jamás se me ocurrió pensar que iba a terminar de la forma que terminó. Pero ahí empezó, cuando terminaba esto, empezaba lo peor. Y muchos que pensaban lo peor diciendo que defendían la democracia. Tan difícil y tan grave como lo que después pasó.
El primero de octubre de 1974, por el sólo hecho de acompañar a un Gobernador, como Don Jorge Ceperdech, ya algunos dirigentes de la Juventud Peronista del Sur éramos detenidos, primero de octubre de 1974 por el sólo hecho de defender las instituciones y la democracia del gobierno, al cual habíamos votado. Por eso digo que en esto cuando uno se hace las autocríticas, yo creo que allí empezó a haber cosas que no tenían que haber pasado y no tenían que haber sucedido en la Argentina. Y hoy les puedo asegurar con absoluta convicción y firmeza que no me interesa estar un sólo segundo sentado acá renunciando a esos principios y a esas convicciones.
Agradezco profundamente en esta reivindicación que hacemos con los señores, amigos y compañeros guardiamarinas que participaron de aquella protesta, de aquella levantada contra las instituciones, de la Escuela Mecánica de la Armada, el 17 de noviembre de 1972, agradezco la presencia de los señores Jefes de las Fuerzas Armadas, porque significa que están cambiando las cosas en la Argentina, significa que las instituciones se vuelven a encontrar tratando de construir entre todos un proyecto nacional que nos contenga, más allá de este gobierno temporal de la historia. Y para que podamos reconstruir ese proyecto nacional la verdad, la justicia, la memoria, la amplitud, la pluralidad, el consenso y el absoluto desprendimiento son cuestiones fundamentales y centrales, que tenemos que lograr.
Es muy difícil la recuperación de la Argentina, yo les puedo asegurar que no es una tarea fácil y ustedes lo saben bien. Bien marcó Julio (Julio César Urien) que venimos de una explosión inédita del 2001. Los argentinos de todos los sectores por primera vez vivimos de cerca prácticamente la desintegración nacional y la recuperación de millones de excluidos, de la perdida de fuentes de trabajo, de la perdida del capital nacional, de la entrega del patrimonio nacional que tuvieron los argentinos no sólo durante el proceso que nos tocó vivir en la dictadura militar, sino lamentablemente también profundizado en algunas etapas de la democracia y esto tenemos que decirlo con absoluta sinceridad, duele decirlo pero fue así. Tampoco jamás se nos pudo ocurrir a nosotros que en un gobierno de la democracia y en un gobierno que provenía del propio partido, al que pertenecemos muchos de los que estamos acá, se profundizaron políticas que llevaron a consolidar la exclusión, a la destrucción del capital nacional.
Fíjense ustedes yo cuando veo por allí el barril del petróleo a 67.60 dólares y nosotros que nos quedamos con las manos vacías en la Argentina, supuestamente en la búsqueda del orden y el saneamiento del Estado. Yo creo que hay cosas que no van a alcanzar libros de historia para explicar lo que hicieron con la Patria nuestra, con nuestra querida Patria. Habían algunos supuestos modernos que decían que se había terminado la etapa de las ideologías para desintegrar y entregar la Argentina. Y esto pasó en la Argentina y esto duele porque gente como Julio y gente variada, de distintas fuerzas del campo nacional creyó y luchó siempre por una Patria con ideales sanmartinianos, morenistas, con los ideales de Belgrano, del Almirante Brown, que nosotros realmente soñamos permanentemente y nos encontramos con todo este tipo de cosas.
Hoy, este 17 de noviembre a mí siempre me causa una gran congoja porque me acuerdo con todos aquellos que salí de La Plata. Y no eran más que simples militantes, como era yo. Yo era un militante universitario – no voy a decir lo que no era- que iba y hablaba en las universidades, defendía las ideas y discutía con las otras fuerzas políticas con mucha pasión y con mucha fuerza. Y les puedo asegurar que fui con toda esa ilusión, tomados de la mano fuimos, ni un ladrillo llevábamos en la mano, llevábamos la esperanza, el espíritu de construir un país que nos contenga. Eso fue lo que hicimos, pero no se entendió en esa etapa de la historia y por el sólo hecho de pensar diferente pasó lo que pasó.
Por eso vuelvo a pedir este 17 de noviembre a todas las instituciones, a todas las corporaciones y a los hombres y mujeres de la Argentina, que por Dios que tengamos la grandeza y la generosidad de saber que todavía estamos en el infierno, que cuesta mucho salir, que cuesta mucho recuperar el capital nacional, la riqueza nacional, el superávit nacional, recuperar al hombre y a la mujer argentino, que en algunos casos de exclusión hay que volver a recuperarlos desde el punto de vista educativo, de volver a darle un lugar en la sociedad.
Se estructuró una sociedad donde a millones de argentinos ya no se nos tenía más en cuenta y volver, como han vuelto muchos de ellos, con casi cuatro millones y medio, cinco millones de puestos de trabajo a ser parte de la vida nacional, es un paso muy importante. Pero nos falta el doble para decir que en la Argentina estamos contenidos todos los argentinos, y seguramente va a trascender a mi mandato, que vence el 10 de diciembre de 2007. Pero si los argentinos tenemos conciencia con distintos presidentes, que irán ocupando temporariamente la historia, pero construyendo un proyecto nacional, vamos a encontrar la Argentina que nosotros nos merecemos.
Ya sabemos que no hay fundamentalistas, ya sabemos que no hay salidas individualistas, ya sabemos que lo único nos gana la Argentina que nos merecemos es la construcción colectiva. Y si logramos la construcción colectiva no tengo ninguna duda que como generación, la última etapa que nos toca como parte activa de la generación que representamos, vamos a ser el puente de plata para que las otras generaciones cuando vean el pabellón nacional puedan ver y puedan decir que estamos haciendo una Patria para todos.
Y este 17 de noviembre, a ustedes, a todos los argentinos, les quiero decir que sí que nos equivocamos cotidianamente, que es muy difícil acertar en todo, a veces hay que tomar decisiones allí… que hay veces que estamos llenos de angustia. Lo quiero decir este día por lo que significa para todos, quiero sacarle lo que tengo aquí adentro a todos ustedes y comunicárselos, que nos llena de angustia, que queremos arreglar algunas cosas que aún no nos da la situación para hacerlo, pero que no renunciamos a hacerlo, que tenemos la vocación de hacerlo día tras día, que nos levantamos con una ganas bárbaras para que esta Argentina pueda cambiar.
Por eso la humildad debe alcanzar a todos los sectores de la sociedad, una sociedad cansada de aquellos que viven diagnosticando, de aquellos que nos viven anunciando la peores plagas, de aquellos que siempre tienen esa voluntad negativa y la Argentina se levanta como amor, con actitud positiva, recordando a los que dieron todo por hacer esta Patria. No podemos claudicar, no se nos pueden doblar las rodillas.
Por eso yo tengo un optimismo mesurado permanente y lo que estoy haciendo lo hago con mucha alegría, tengo angustias, pero no me pesa la responsabilidad. Al contrario, tengo que cumplir con la responsabilidad y tengo que cumplir con las convicciones también porque, que lo tengan bien claro, a veces generan algún tipo de acciones para decir que nosotros, en nombre de la construcción de políticas o de la necesidad de aumentar consensos, somos capaces de renunciar a las convicciones. ¡Jamás!, dije que no la íbamos a dejar en la puerta de la Casa Rosada y saben que no las vamos a dejar. Por eso algunos nos quisieran ver quebrados. Puede ser y podrán ver que algunas cosas no nos salen como queremos, pero quebrados: ¡Jamás! Si tenemos que dar tres pasos siempre para adelante y con todo
Por eso para terminar Julio, el 23 de octubre, cuando estaba ahí en una habitación del Hotel Intercontinental se me caían las lágrimas, no las podía contener y me daba una bronca bárbara. Decía: ¿cómo es? Vi muchos rostros, fueron muchos años, pasaron muchas cosas. Ese 23 de octubre no nos estaban votando a nosotros, le estaban dando otra oportunidad a los sueños de una generación de la que muchos ya no están y los que quedamos tenemos que cumplirlos.  El pueblo argentino nos estaba diciendo, con justicia y con memoria, un país con todos, para todos, que todos se puedan realizar. También nos estaban diciendo “tengan fe, tengan fuerza, avancen todo lo que puedan”. La Argentina puede y debe ser un país que nos enorgullezca a todos, estamos trabajando en eso.
Por eso, en el día de hoy creo que hemos cumplido con algo en lo que se tardó muchísimos años, pero la verdad que en el marco en que se hace esta reivindicación que merecen quienes forman parte de la institución militar, como son los guardiamarinas, hoy ascendidos como corresponde a tenientes de Fragata, que estén los representantes y los tres jefes de las Fuerzas Armadas marca también la Argentina que nosotros queremos, instituciones comprometidas con el proyecto nacional, con un país distinto, con todo, con justicia, con equidad, con todos los argentinos trabajando juntos.
Muchísimas gracias. 
NESTOR KIRCHNER

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