junio 21, 2012

Discurso de Nestor Kirchner en el III Foro Europa - América Latina, organizado por el BID y el Ministerio de Asuntos Extranjeros de Francia (2005)

DISCURSO EN EL III FORO EUROPA – AMERICA LATINA ORGANIZADO POR EL BID Y EL MINISTERIO DE ASUNTOS EXTRANJEROS DE FRANCIA
Néstor Kirchner
[20 de Enero de 2005]

Señor director de la revista Problemas de América Latina; señor secretario de Relaciones Exteriores de la República Francesa; señor presidente del Banco Interamericano de Desarrollo; señor representante especial en Europa del Banco Interamericano de Desarrollo; señoras y señores: agradezco profundamente a las autoridades de la revista Problemas de América Latina la invitación a participar de este Tercer Foro Europa-América Latina que se realiza hoy con el auspicio del Ministerio de Asuntos Extranjeros de Francia y el Banco Interamericano de Desarrollo.
Es desde nuestro punto de vista de particular importancia que se destine tiempo y esfuerzo a la tarea de reflexionar respecto de la relación entre Europa y América Latina, que especialmente se analicen sus perspectivas y se estudie de qué manera las diversas regiones europeas y las regiones de América Latina pueden cooperar para lograr un desarrollo local y regional sustentable.
Concurrimos con el corazón y la mente abierta a exponer nuestros puntos de vista para tratar de referir lo que a nuestro entender debe constituir la agenda de colaboración y de asociación entre los que vivimos en el sur de las Américas y quienes viven en Europa. Determinar con precisión el punto en que nuestras relaciones se encuentran, delimitar el campo de las necesidades más urgentes y descubrir los asuntos en los que la complementación, la asociación y la colaboración pueden ser más eficaces, pareciera ser la mejor manera de encontrar los temas para la definición de una agenda realista entre las regiones.
Hace ya más de 500 años que Europa y América protagonizaron el encuentro de dos universos culturales, uno de los momentos más singulares de la historia de la humanidad. Las civilizaciones originarias de América recibieron el impacto monumental de la cultura europea, este aporte cultural fue absorbido y transformado por el mestizaje de los siglos, dando lugar a un mundo nuevo. Aquel mestizaje físico, cultural y social, los combates por la independencia de nuestras repúblicas y la adopción de los ideales de libertad y dignidad de los seres humanos, contribuyeron juntos para forjar la actual personalidad de América.
Hace 100 años, a fines del siglo IXX y comienzos del siglo XX, nuestros países recibieron con amplitud la llegada de otros europeos, que por cuestiones económicas, raciales, religiosas o políticas, emprendieron el cruce del Atlántico. Ello también aparejó cambios en nuestras culturas y en nuestras sociedades, enriqueciendo aún más la diversidad y la pluralidad que nos caracteriza.
Luego Europa fue refugio para los perseguidos de nuestro continente y más recientemente quimera de nuestros emigrantes que buscan en la tierra de sus abuelos un destino mejor. Así Europa y América del Sur sustentan su relación en una historia de tradiciones, valores y lazos políticos, económicos y culturales.
Argentina define su forma de ser en gran parte por el aporte realizado por la gran cantidad de europeos que han llegado, se asentaron y constituyeron familia en nuestro territorio, cuyos descendientes llegaron a ocupar importantes posiciones. De ello habla mi propio caso particular.
Esa comunidad de intereses y valores posibilita fluidez para la elección de objetivos comunes y facilita la implementación de acciones conjuntas.
Hoy el mundo transita tiempos de cambio, en el marco de una globalización que crea oportunidades y riesgos sin precedentes. El desafío es lograr quebrar la tendencia que tensiona al mundo al compás del crecimiento de la brecha existente entre ricos y pobres.
En ese marco países centrales y países periféricos no son escala de un ejercicio intelectual ni términos de ninguna cuestión ideológica, reflejan una realidad lacerante de pobreza y exclusión social al interior de nuestros países sin precedentes. Debemos lograr que la globalizacilón opere para todos y no para unos pocos. Por eso sostenemos que en la integración económica regional y en la multilateralidad política se encuentran las claves de un porvenir donde el mundo sea un lugar más seguro.
América del Sur es tierra de futuro, pero enfrenta sus propios desafíos. Estamos echando las bases de una Comunidad Sudamericana de naciones y trabajamos para fortalecer el MERCOSUR. América marcha hacia el cambio, necesita consolidar su crecimiento sustentable, lograr calidad institucional, atraer inversiones productivas, subir su productividad, mejorar la distribución del ingreso y crear empleo decente para avanzar con paso firme. Pero sabemos que en muchos casos el solo crecimiento económico puede no ser suficiente para reducir drásticamente la pobreza. Las experiencias que lograron desarrollo económico y lo tradujeron en progreso social –que de eso se trata- debieron abocarse a la generación de empleo para los más pobres, aumentar sus niveles de ingreso y darles un mejor acceso a la salud, la educación, la nutrición, la vivienda y el agua potable, junto a otros servicios vitales.
Más allá de la combinación de las reformas macroeconómicas con otras entradas en el mercado, buenos gobiernos, instituciones confiables y una interacción apropiada entre estímulos y suministros de bienes públicos, los países que lograron equilibrar el dinamismo económico con inclusión social pudieron hacerlo prestando muy especialmente atención a sus propias características y lejos de adoptar modelos universales desarrollaron sus propios enfoques. La adopción de esos enfoques posibilitó dar mayor sustentabilidad a los cambios, sobre la base de consensos políticos indispensables para la viabilidad de las medidas que aplicaron.
América Latina, aunque figura entre las primeras en sostener los principios y normas que rigen el orden político del actual sistema internacional, transita su realidad sufriente de haber sido campo propicio para dictaduras, conflictos internos y pobreza, lo que le ha otorgado el nada halagador podio de territorio de las mayores desigualdades.
Ha sido también América Latina la región del mundo que en promedio aplicó con más detalles los consejos emanados de los organismos financieros multilaterales y de los países centrales, y como prueba trágica del error de la aplicación mecánica de esos modelos impuestos, pensados desde otras realidades y para otros países, ostenta ese récord de desigualdad en el mundo.
Pero lo paradojal no se agota en nuestros territorios. Muchas veces las instituciones internacionales, los gobiernos de los más importantes países del orden mundial y el funcionamiento real del sistema mundial, actúan a contramano de lo que se declama respecto de la ayuda a la consecución de ciertos objetivos básicos de los países menos exitosos o desfavorecidos. Aunque justo es decirlo, ello excede el campo de lo paradojal para constituir a veces una doble moral o, para decirlo de manera más educada, un doble estándar.
Para corregir el rumbo urge entender primero que en el mundo actual la ayuda que se destine a mejorar el desarrollo de los países periféricos no es una cuestión de sensibilidad social por parte de los países centrales sino una acción que atañe a su propia situación, a su propio crecimiento y a su propia seguridad. Como es necesario también comprender que no existen fórmulas ni recetas mágicas que den resultado en todo tiempo y en todo lugar, que lo aconsejable es dejar que en un marco de racionalidad cada país pueda elegir su mejor camino para el desarrollo con inclusión social.
Sobre estas bases conceptuales, la marcha hacia la unidad continental sudamericana y el desarrollo sustentable con inclusión social que disminuya la desigualdad en los países de América Latina, más que necesitar de Europa asistencialismo, se requiere el apoyo a una nueva estrategia de desarrollo. Esa nueva estrategia de desarrollo tiene que apuntar a obtener fuentes de recursos genuinos para nuestros ciudadanos que deriven de su esfuerzo y trabajo diario.
Necesitamos crear, producir, aprovechar y exportar productos nacionales, bienes o servicios, innovaciones científico-técnicas o desarrollos culturales. Por eso los avances no pueden reducirse a un acuerdo económico comercial, sin duda necesario para mejorar la situación arancelaria de nuestros productos en un comercio libre y sin distorsiones producto de falaces políticas proteccionistas, se trata de desarrollar proyectos conjuntos que apunten a la formación de joint ventures que promuevan cadenas de valor, sistemas de padrinazgo de pequeñas y medianas empresas, mecanismos de trabajo común, proyectos de inversiones productivas que incorporen tecnología y diseño a nuestra producción de bienes y servicios.
Debemos también forjar una fuerte agenda política, de férreo respeto a los principios de la democracia y a la defensa irrestricta de los derechos humanos, para actuar desde allí en defensa de la paz y la seguridad en el mundo, para enfrentar los males que lo aquejan.
En particular la Argentina se relaciona con el resto del mundo desde una situación que presenta tangibles muestras se saneamiento y recuperación. La recuperación de la actividad económica, el nivel de diversificación de la producción nacional y regional, la disminución del desempleo, los superávit fiscal y comercial, sobre nuevos paradigmas con base firme en la solvencia fiscal intertemporal, prudencia monetaria, cambio flexible e integración productiva regional y con el resto del mundo, son datos hoy absolutamente palpables.
Iniciamos la etapa que pretende poner fin al default y encaramos una estrategia seria y consistente de desendeudamiento de nuestro país, acorde a nuestras posibilidades de pago y privilegiando no afectar nuestra posibilidad de crecimiento como salida estructural. En ese marco consideramos central la relación entre nuestro país y Europa, en el cuadro más amplio de relaciones de América Latina, la Comunidad Sudamericana, el MERCOSUR y la Unión Europea, para ingresar a un capítulo fuerte en materia de inversiones, comercio y tecnología.
En lo que se refiere a las inversiones la Argentina ingresó en una etapa de expansión económica sostenida que demanda entre dos y tres puntos adicionales de incorporación de bienes de capital respecto del producto bruto interno. Nos ubicamos en niveles de inversión cercanos a los mejores años de la década pasada, pero para asegurar un sendero sostenible de crecimiento como el que nos proponemos, que duplique el producto bruto interno argentino cada 15 años, debemos agregar esa cuota adicional de inversión. Particularmente se aprecia ello respecto del sector productor de bienes y servicios comercializables internacionalmente, en la generación de energía y otros desarrollos de infraestructura.
El espacio para el desarrollo de intereses comunes Europa – América Latina respecto de Argentina es claro. En materia de industria y servicio, la globalización exige de localizar o complementar producciones para mantener competitividad. Los costos argentinos son ahora altamente competitivos, nuestro país tiene amplios recursos naturales en materia de alimentos, minería, energía y turismo. Contamos con recursos humanos ubicados ampliamente por encima del promedio del mundo en desarrollo, lo que sumado a lo anterior hace evidente la posibilidad de complementación con empresas europeas que enfrentan problemas de costos.
En materia de infraestructura, cuando se está identificando diversas obras relacionadas al proceso de integración sudamericana, con el apoyo del BID y la Corporación Andina de Fomento, nada impide que continúe la larga tradición europea de hacerse presente en esos rubros.
La legislación argentina en materia de inversiones es favorable, y sobre todo no es sólo letra muerta. Durante la crisis derivada del colapso de la convertibilidad no hubo discriminación entre capitales nacionales y extranjeros, y todos sufrimos el mismo impacto negativo. En el proceso que ya lleva 10 trimestres con tasa de crecimiento anual entre el 8 y el 9 por ciento, todos resultan favorecidos.
En materia de comercio, el potencial actual es tan claro como lo es también la necesidad de superar con nuevos métodos el tradicional obstáculo agrícola. Mientras se reanuda la negociación regional se detectan nichos para la expansión del comercio, que están ligados a la ampliación de cuotas, su forma de administración y al levantamiento de barreras sanitarias y fitosanitarias.
En cuestiones tecnológicas, los recursos humanos existentes y la presencia de una red virtual de científicos y técnicos argentinos trabajando en el exterior, en Europa en particular, crea márgenes para el trabajo en conjunto.
La biotecnología, la nanotecnología, la sustitución en combustibles, el desarrollo de satélites, el software, área que cuenta en la Argentina con programas en curso y legislación promocional, pueden ser campos de cooperación prometedores.
En materia de turismo, desde la mística Patagonia de la que provengo, hasta nuestro noreste que constituyera el límite sur del imperio Inca, desde del noroeste con las impresionantes cataratas y los centros de la colonización española, hasta las bellezas de nuestra pampa húmeda y nuestra serranías, con el desarrollo cultural de sus principales ciudades, se experimenta una verdadera explosión de inversiones. Existe aún un importante campo para inversiones rentables, tanto en infraestructura hotelera como en servicios al turismo, que ha sido visualizado y aprovechado ya por inversores de la Unión Europea.
En esta agenda de colaboración para el desarrollo deben asentarse concretamente las esperanzas de vencer a la desigualdad que marca como una herida profunda la situación mundial. Por cierto, esta agenda de colaboración para una estrategia de desarrollo sustentable con producción, empleo e inclusión social de que hablamos no agota los temas. Los vínculos entre Europa y América Latina tienen que posibilitar el sostén firme del sistema multilateral, sustentado en procedimientos de legalidad internacional en materia de seguridad colectiva, en base a los principios de no ingerencia respecto a la integridad territorial y la soberanía de los Estados grandes o pequeños, industrializados o en vía de desarrollo.
En el multilateralismo existe un campo propicio para la defensa de los principios de democracia y respeto por los derechos humanos, incluyendo la lucha contra toda forma de discriminación con motivo racial, religioso, de género o de nacionalidad.
En el multilateralismo se encuentra el mejor camino para la preservación de la paz y la seguridad internacional, previniendo conflictos, promoviendo mecanismos de generación de confianza, el esfuerzo de la capacidad de los organismos internacionales como garantes de la estabilidad, el desarme y la no proliferación de armas de destrucción masiva.
En el multilateralismo está la mejor herramienta para la lucha contra el terrorismo, el tráfico ilegal de armas, el narcotráfico, el lavado de dinero y otras formas del crimen organizado.
En el multilateralismo está también la mejor posibilidad de cumplimiento de los objetivos del milenio y el desarrollo social a partir de la búsqueda de mecanismos eficaces para lograr la inclusión social y la eliminación de la pobreza. Destacamos aquí las tareas realizadas por el grupo de trabajo sobre las nuevas contribuciones financieras internacionales, en lo que se conoce como el informe Landeau, acerca de las posibilidades de financiamiento para la obtención de los objetivos del milenio, pues sin financiamiento asegurado no tendrán futuro las acciones que se planifiquen por más buena voluntad que se ponga.
Es claro entonces que Europa y América Latina deben coordinar la defensa de sus posturas comunes, sostenidas en los organismos internacionales, para concretar avances en estos diversos campos de acción.
Quiero referir además 3 temas de central interés para nuestra situación relativa: el fomento de la educación y la importancia de desarrollar una agenda cultural que promueva nuestro intercambio; y por fin, la necesidad de colaboración en materia migratoria.
El fomento de la educación en todos sus niveles, incluyendo la mejora de sus aspectos cualitativos que garanticen parámetros de enseñanza acordes con las exigencias del mundo actual y en la competencia profesional de los docentes, aprovechando las nuevas tecnologías, es central para los logros de los objetivos reseñados. Resultará muy útil favorecer proyectos de investigación y desarrollo, en una estrategia conjunta entre universidades y empresas para permitir la generación de emprendimientos que ayuden a diversificar producciones, mejorar la competitividad y concretar la integración biregional.
En material cultural se pueden incluir, entre otras iniciativas tendientes a la conservación del patrimonio histórico, el desarrollo de eventos orientados a la promoción de las culturas locales, el fomento de la diversidad cultural, la realización de coproducciones u otros trabajos conjuntos en cine, televisión y teatro, incluyendo la distribución y difusión, el otorgamiento de becas u otras facilidades para artistas, productores, directores, escritores, y la traducción de las obras, por citar sólo unos pocos casos. En estos aspectos la colaboración de Europa y América Latina puede ser particularmente fecunda.
En el tema migratorio se sigue un tratamiento coordinado, sabemos de la importancia que Europa adjudica el ingreso de nacionales de otros países en su territorio y de las limitaciones que esa política suele traer aparejada a nuestros nacionales que ven en Europa su oportunidad. Es imperioso diseñar reglas de admisión y permanencia satisfactorias para ambas partes, que atiendan a la reunificación familiar y al desarrollo educativo y laboral de inmigrantes, utilizando los mecanismos de diálogo bilaterales existentes.
Para finalizar quiero referirme a un tema que necesita la atención de Europa y América Latina, pues encierra un caso testigo que reclama urgente ayuda, se trata del caso de Haití. Por mandato de las Naciones Unidas el año pasado los países de la región, fundamentalmente Brasil, Chile y Argentina, nos hemos hecho cargo de la situación con nuestras fuerzas de paz, trabajo reconocido mundialmente. La solución de Haití no puede ser militar, tiene que ser económica, la solución de Haití no puede ser sólo latinoamericana, es necesario incluirlo en la agenda de nuestras regiones. Se requiere además que ambas regiones, trabajando juntas, logremos el apoyo mundial.
Este año se cumplen 200 años de que se proclamó su independencia. Fue país proveedor de recursos, levantó los ideales de la Revolución Francesa y contribuyó a la abolición de la esclavitud, y hoy está marginado de las más elementales ventajas de la pertenencia a la humanidad. Es necesario colaborar y comprometerse muy fuertemente a su rescate y desarrollo, y la colaboración internacional no debe estar ausente.
Hemos querido así tratar de abarcar los temas que consideramos prioritarios de la relación entre Europa y América Latina. En estos últimos 500 años, Europa y América Latina tuvieron relaciones coloniales primero, luego se enfrentaron en las luchas de la independencia americana, posteriormente en forma alternativa resultaron refugio de seguridad o prosperidad para excluidos o perseguidos de uno u otro lado del Atlántico. Lo permanente siempre fue su continua interrelación económica, cultural y social. Se trata hoy de poner el acento en una relación colaborativa de beneficio mutuo. No queremos que la relación se agote en promesas de un mejor futuro que nos lleve otros 500 años para realizarse, el mundo y nuestras regiones reclaman que pongamos manos a la obra para la concreción de una agenda de colaboración interregional y comencemos a producir resultados que aporten al bienestar y a la mejora de la situación de nuestros pueblos.
Muchísimas gracias señores. 
NESTOR KIRCHNER

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