junio 20, 2012

Discurso de Nestor Kirchner en el almuerzo realizado por la Asociación de Empresarios Argentinos -AEA- (2004)

DISCURSO EN EL ALMUERZO REALIZADO POR LA ASOCIACIÓN DE EMPRESARIOS ARGENTINOS (AEA)
Néstor Kirchner
[3 de Junio de 2004]

Señor presidente de AEA, señores miembros de la Comisión Directiva, señores socios, autoridades presentes, señoras y señores: en primer lugar quiero agradecerles la invitación y esta oportunidad que me brindan de compartir este almuerzo con el que conmemoran el segundo año de AEA. Creo que la ocasión es propicia para que podamos compartir algunos minutos de reflexión respecto de lo que estamos viviendo los argentinos en esta especial etapa de nuestra historia.
Encontrar un punto donde sin altisonancias, sin estridencias, se pueda mirar la marcha institucional, el estado de nuestra economía, la situación de nuestra deuda externa y la perspectiva de salida del default, para entender cuáles pueden ser los mejores aportes que ayuden a alejarnos del infierno del que venimos, es importante.
Ustedes son empresarios con intereses económicos en nuestro país y tendrán, supongo, particular interés en estos temas, por lo que aprovecho para expresarles algunos de nuestros puntos de vista.
El conjunto de los argentinos, no sólo el Gobierno, hemos logrado incrementar significativamente la calidad institucional en el marco de una estricta defensa de los derechos humanos y la dignidad del hombre, hemos obtenido avances importantes en el terreno económico y nos disponemos a afrontar la salida del default.
No es que no vayan a generarse nuevos problemas. Estamos superando los más graves problemas que sufrimos y creamos las condiciones para poder ser un país normal.
Nuestro Producto Interno Bruto creció un 8,7% en el 2003, estimaciones privadas esperan un crecimiento superior al 7% para el 2004 y el BCRA pronostica un 8%. Este crecimiento, que es lógico que se normalice en índices menores, se está logrando en el marco de un nivel de inflación compatible con los estándares internacionales (como dijimos fue del 3,7% el año pasado) ubicándose en el 2,3 interanual en marzo de este año.
Acumulando 7 trimestres consecutivos de expansión, se alcanzó un crecimiento del 10,4% interanual en el cuarto trimestre del año pasado.
Los precios de la canasta básica alimentaria, utilizada para medir la línea de indigencia, mostraron una caída del 1,7 en marzo. Se aceleró la recuperación de los salarios reales, que en febrero subieron un 10,5% interanual, sin presiones inflacionarias. Los incrementos a empleados estatales nacionales y en las jubilaciones y pensiones marchan en el mismo sentido.
El crecimiento está impulsado por la mejora del consumo privado y la inversión, que crecieron un 12 y un 49% respectivamente. La inversión en equipo durable de producción aumentó 61% interanual en el último trimestre del año pasado y lleva ya cuatro trimestres creciendo por encima del total.
Por vez primera en más de cuatro décadas logramos dos años consecutivos de superávit fiscal primario del Gobierno central y existe superávit en el conjunto de las provincias.
El fuerte crecimiento de la recaudación tributaria la ubica en niveles históricos récord, ya que subió un 33% interanual (el IVA creció 53%) en el primer trimestre.
Si comparamos lo recaudado de enero a mayo del 2003 con los números de este año, el crecimiento se ubica en el orden de un 42,7%.
En mayo de este año se recaudaron 12.367 millones, mientras que el año pasado esa cifra ascendía a 7.149 millones.
La importancia no se reduce a lo cuantitativo. Crecieron sostenidamente la recaudación del IVA y la de Bienes Personales; y el Impuesto a las Ganancias, impuesto directo y progresivo, pasó de representar el 21% de los recursos tributarios a representar el 25,3%, es decir incrementó su peso relativo en 4,3%.
El gasto primario se mantiene dentro de las pautas presupuestarias, el programa monetario se ha venido cumpliendo durante once meses consecutivos. El resultado del esfuerzo se vuelca a la atención de los problemas energéticos, a infraestructura y a incremento de la equidad social.
Se ha logrado la reunificación monetaria rescatando en un programa de financiamiento ordenado las cuasimonedas provinciales.
Las reservas se recomponen hacia los niveles previos a la crisis, a pesar de que Argentina ha sido el único de los grandes deudores del FMI, del Banco Mundial y del BID que ha disminuido deuda en forma neta, con el pago de casi 7.000 millones.
El sector financiero se ha recapitalizado en 5.700 millones, con aportes adicionales en curso de 1.500 millones.
Desde mediados del 2002 las tasas de interés descendieron significativamente (55,7 puntos porcentuales respecto de su máximo) alcanzando sus niveles mínimos históricos.
Los depósitos acumulan un crecimiento del 53% y alcanzaron $95.400 millones, nivel superior a los anteriores a la crisis del 2001. La liquidez del sistema financiero (28%) alcanza niveles superiores al promedio durante el período de convertibilidad (23%).
La banca, luego de registrar beneficios negativos por casi 9% de sus activos en 2002, obtuvo ganancias hacia el último trimestre de 2003.
El tipo de cambio es flexible y sin restricciones significativas. Existe un superávit comercial externo superior al 12% del Producto Bruto Interno.
La industria nacional creció un 16,2% y el crecimiento de la construcción ha sido del orden del 37,8% en el 2003. En términos sectoriales lideran el crecimiento junto al sector agrícola. En el primer trimestre de 2004 crecieron a un ritmo de 14 y 34% interanual respectivamente.
El consumo global de servicios públicos alcanzó niveles de récord histórico.
El desempleo disminuyó desde el 24% al 14,5 –esperamos que en la próxima medición esté más cerca del 13%- por la creación en dos años de más de 2 millones de puestos de trabajo, de los que por lo menos 1.350.000 lo fueron en el mercado de trabajo sin intervención del Estado.
Esta conjunción de elevados niveles de crecimiento con estabilidad de precios dio como resultado una fuerte reducción de la pobreza: 2,5 millones de pobres menos y 3 millones de indigentes menos en 2003.
La inversión en maquinaria y equipos creció un 45,1% en el 2003 y en el primer trimestre del año 2004 las importaciones de bienes de capital registran un incremento mayor al 100% en relación con el año anterior, lo que indica la favorable perspectiva de crecimiento futuro.
Las exportaciones de manufacturas de origen industrial crecieron en el primer bimestre del 2004 un 6% en relación al cuarto trimestre del año pasado. El crecimiento de la actividad impulsa las importaciones entre las que se destacan los bienes de capital que aumentaron un 17% en ese período, sin afectar el superávit de la balanza comercial.
Hemos avanzado en la especificación de la oferta a los acreedores, en el marco de los “Lineamientos para la reestructuración de la deuda pública”, precisando elementos que la componen y que completan lo que habíamos dado a conocer en Dubai. La oferta ha sido concebida para no repetir el proceso de endeudamiento, buscándole sustentabilidad en el tiempo que permita evitar una reestructuración cortoplacista o una vuelta no responsable a los mercados de capitales.
Creemos que aquello sólo puede lograrse consolidando un proceso de crecimiento sostenido y estable de la economía argentina, de modo de poder cumplir con los objetivos internos y con los compromisos que se asuman frente a quienes acepten la propuesta.
Los parámetros de la reestructuración, compatibilizados con un modelo de sustentabilidad técnica de largo plazo, incluyen una quita nominal del 75% sobre la deuda por capital de 81.200 millones de dólares, por lo que representa una quita nominal de 60.900 millones de dólares.
La nueva deuda a emitir en reemplazo de la deuda a reestructurar ascenderá, si la adhesión no supera al 70 por ciento de los acreedores, a 38.500 millones, y si supera aquel umbral de adhesión, a 43.200 millones de dólares.
Las cifras se obtienen de restar a la deuda exigible con intereses al 31 de diciembre de 2003 (99.400 millones) los 60.900 de quita; o de restar a la deuda exigible con intereses al 30 de junio de 2004 (104.100 millones ) la misma suma.
Esta quita representa también, en cuanto comprende bonos emitidos a un plazo de entre 30 y 42 años, un 75% del valor presente neto de la oferta, por lo que por sí desmiente a quienes intencionadamente buscaban desacreditar nuestra oferta de Dubai interpretándola como una quita del 92%.
La oferta comprende bonos Par, bonos Cuasi Par y bonos Discount. Se les sumará un bono ligado al crecimiento del Producto Interno Bruto, de modo que si crecemos por encima de lo proyectado en el modelo de sustentabilidad, destinaremos parte del excedente para pagar más.
Si superamos un crecimiento del 3% anual, comenzando a partir del 2005, podremos incrementar pagos y recomprar, a través de mecanismos que garanticen transparencia, parte de la deuda emitida.
Se requiere un superávit fiscal primario apropiable por el Gobierno Nacional del 2,7% en los primeros años, reduciéndose gradualmente hasta un mínimo del 2%, por lo que el superávit fiscal primario de largo plazo se ubica en un 2,2% promedio.
Así reestructurada la deuda, saldremos del default y en términos de relación Deuda Pública Total/Producto Bruto Interno estimamos que la reducción irá de 134% en el 2003 a 85% en el 2004.
La relación Deuda en default/PBI se reducirá de 79,5% a fin de 2003 a 26,3% a fin de 2004.
Se trata de nuestra última oferta, sin repechajes, compatible con nuestras posibilidades y en el marco de un esfuerzo fiscal que no afecta el crecimiento económico y la mejora de la situación social que estamos logrando.
En el escenario que describimos, en el que la economía argentina marchará hacia un nuevo equilibrio macroeconómico, impulsamos un conjunto de transformaciones integrales orientadas a consolidar un país con reales posibilidades de ofrecer respuestas a los problemas que debemos enfrentar y solucionar.
Debemos diseñar un modelo de Nación con un capitalismo moderno, pujante e inteligente. No se puede construir un país aislado en la gran aldea mundializada, pero no debemos hacer un país sin criterio, que exponga a nuestros productores a una competencia desigual que los quiebre.
Integrados al mundo, pero con sustentabilidad interna, sin la que es vano integrarse a nada. Si no estamos bien los argentinos no podemos estar bien integrados al mundo.
Nuestro empresariado debe actuar comprometido con la realidad social y económica de nuestra Patria, aceptar el desafío de la competencia y unirse indisolublemente con el interés y la decisión nacional.
Nuestros hombres de negocios, además de buscar los legítimos réditos para sus empresas, deben favorecer el desarrollo humano en la sociedad en que se desenvuelven. No sólo lo reclama la ética de nuestro tiempo. Es lo único que legitimará su situación relativa. No pueden ser ajenos al hambre de los argentinos marginados, no pueden mirar de costado la existencia de jóvenes sin educación o la falta de atención de la salud de nuestros ancianos.
Tenemos la oportunidad histórica de diseñar un proyecto nacional, un moderno modelo de Nación que integre las diversas regiones y que, desde un capitalismo en serio y con equidad, otorgue las oportunidades de trabajo y de bienestar que nos merecemos.
Para lograrlo, necesitamos recrear en el empresariado nacional la capacidad de emprender, la capacidad de asumir el compromiso con la realidad social y política, la decisión de aceptar los desafíos que la competencia representa.
Pero esa tarea de la construcción de una nueva Argentina, la de la pluralidad, la de los consensos sin anular las diversidades, la de la unidad nacional, no es tarea que le competa sólo al gobierno, es tarea de todos. Y el mejor cumplir esa tarea pasa por colaborar desde el lugar donde uno más pueda aportar a esa construcción colectiva.
Creo que ustedes tienen una importante posibilidad de aportar para que las cosas vayan mejor en nuestra Patria desde sus empresas.
La profunda crisis que nos afectó y nos afecta tiene raíces morales y culturales muy profundas y no será fácil superarla sin compromiso y sin trabajo. Es forzoso que aprendamos de ella. Se necesita entender que los facilismos nos han arrastrado hasta donde estamos.
Algunos pudieron creer que encontraban ventaja en el hecho de no contar con un Estado moderno e inteligente, con capacidad para regular y controlar, con herramientas para hacer sentir su presencia cuando las circunstancias lo hacen necesario.
Se engañaban, pues cuanto más el Estado se debilitó, más grande fue la caída que provocó su desmanejo, su incapacidad o su corrupción, destruyendo por sí en su caída el espejismo de riqueza que había creado.
En vuestras actividades es bueno que tengan justas rentabilidades, pero será malo si por sostenerlas caen en facilismos. En la situación en que estamos sería imprudente que cayeran en el facilismo de no dar la pelea que se necesita dar para incrementar la productividad de nuestra economía. Sería imprudente si cayeran en el facilismo de dejar de dar la batalla por la disminución de los costos y simplemente trasladarlos.
El Estado, las instituciones, la política, están recuperando credibilidad al ubicarse en sintonía con la ciudadanía, reconciliándose con la sociedad a través de un fuerte incremento de la calidad institucional.
La economía se está recuperando al punto que vuelve a utilizar capacidades ociosas, favorece las inversiones para aprovechar nuevas oportunidades, de modo que vive ya síntomas de crisis de crecimiento como el que exige que se aceleren acciones para poder cubrir la demanda energética.
La reestructuración de la deuda soberana en los términos que hemos dejado propuestos aclarará las perspectivas del horizonte.
Es necesario que así como el Estado asume la pelea de defender los intereses de los ciudadanos, así como el gobierno enfrenta el problema de la existencia del default de su gigantesca deuda, los empresarios asuman su cuota de responsabilidad.
Mejorar la productividad de nuestra economía pasa por el incremento de la calidad institucional, por la inversión en infraestructura y comunicaciones que el Estado debe asumir, pero también reside en la actitud de las empresas para explorar las posibilidades de su situación relativa.
Cada empresa debe fijarse el objetivo de producir esa mejora de su propia productividad. El traslado automático de los costos actúa como un sucedáneo y afectará la solidez no sólo de cada empresa sino de la economía. No es tiempo de tener el sí fácil al mayor costo, se trata de explorar todas las posibilidades de reducción de costos para dotar a la economía de mayor competitividad.
El gobierno da sus batallas pero no puede sustituir a los actores centrales de la economía en las suyas. Más productividad y menores costos deben ser batallas que den nuestras empresas, actuando como parte de un conjunto nacional.
Todos juntos debemos dar todas las batallas para lograr construir un país normal, un país serio.
Con las convicciones con que llegamos al Gobierno, con la conciencia de que sólo puede construirse con ideales y con amor, desde nuestra verdad relativa que no niega ni rechaza las verdades relativas que los otros puedan tener, enfrentamos día a día la tarea de construir una nueva Argentina.
Les agradezco por esta oportunidad.
NESTOR KIRCHNER

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