junio 21, 2012

Discurso de Nestor Kirchner en la firma de acuerdos con Venezuela (2005)

DISCURSO EN EL ACTO DE FIRMA DE ACUERDOS CON LA REPÚBLICA BOLIVARIANA DE VENEZUELA
Néstor Kirchner
[11 de Agosto de 2005]

Señor presidente de la República Bolivariana de Venezuela, querido amigo Hugo Chávez y comitiva que lo acompaña; señor gobernador de la provincia de Buenos Aires; señores ministros del Poder Ejecutivo Nacional y Provincial; autoridades nacionales, señores legisladores, señores trabajadores; señores intendentes; agrupaciones sociales; amigas y amigos presentes aquí: una vez más queremos expresarle nuestra alegría por tenerlo con nosotros, en una visita tan rica en avances significativos y concretos para la integración política, cultural, económica y comercial de nuestros pueblos.
Como siempre, esperamos que durante su estadía usted y su comitiva se sientan como en su propia casa.
En momentos en que el mundo vive profundos cambios, necesitamos estrechar lazos de unidad para fortalecer el multilateralismo.
En tiempos en que América Latina en general, y nuestros países en particular, viven trascendentes momentos de cambio, es notable la importancia de su visita.
Buscamos consolidar un crecimiento sustentable, queremos lograr incrementar la calidad institucional, necesitamos inversiones productivas, tenemos que incrementar la productividad, mejorar la distribución del ingreso y crear empleo decente. Para eso es necesaria la unidad, para hacer del continente un territorio de paz e igualdad de oportunidades.
Muestra de la unidad y de la integración creciente que recorren nuestro continente, es que hoy aprovechamos su breve visita, no ya para anunciar proyectos, sino para evaluar cómo los proyectos se están haciendo realidad.
El apoyo mutuo entre nuestros países es central para lograr que la región se consolide como un área de progreso económico y social, dejando atrás la inaceptable realidad de la pobreza y la exclusión.
La integración es nuestra principal opción para impulsar un modelo de desarrollo productivo y sustentable que valorice nuestras ventajas competitivas y potencie nuestros riquísimos recursos naturales.
Un desarrollo que se traduzca en bienestar y en oportunidades para todos, es la meta de nuestro trabajo.
Sabemos que la integración es un proceso permanente, que demanda acciones concertadas en una diversidad de áreas, y cuyo valor depende de que los ciudadanos la perciban como una realidad tangible y cotidiana. Ejemplo de ello son los acuerdos que estamos llevando adelante hoy.
Estos acuerdos se traducen en puestos de trabajo concretos en ramas de la producción industrial de alta tecnología, tales como la fabricación de bombas de cobalto, incubadoras y aceleradoras lineales o la provisión de camiones con equipos hidráulicos y la construcción de buques petroleros, que aparte de estos dos va a haber dos más.
Sobre este caso, todos conocemos la colosal importancia de la industria petrolera venezolana. Es para nosotros un honor y una concreta oportunidad de desarrollo poder contribuir al fortalecimiento y a la renovación de la flota que la sirve, al tiempo que vemos resurgir la industria astillera en la Argentina. 
Pero hay muchos más puntos de convergencia productiva entre Venezuela y la Argentina, que van desde la producción agrícola a la energética, a la de tecnología y a la creación artística.
América Latina no puede resignarse a ser un continente de desigualdades y oportunidades perdidas. No podemos acostumbrarnos a la injusticia y a la inequidad por más que nos hayan acompañado a lo largo de nuestra historia. Este tiempo debe ser el propicio para producir un cambio sustentable que deje atrás esa historia de frustraciones.
Una sociedad desesperanzada con elevados niveles de desigualdad, donde subsistan espacios de impunidad, siempre será un terreno fértil para la inseguridad y la violencia. Por el contrario, una sociedad con oportunidades, dedicada a la producción y generadora de trabajo decente para todos, nos permitirá fortalecer la solidaridad social.
Nuestro convencimiento sobre la potencia de la relación entre nuestros países, en el marco más amplio de la integración regional, no debe cejar un instante, ya que nuestros pueblos nos están reclamando mayores concreciones y muestras claras de unidad en la acción e identidad en las propuestas.
Estamos seguros de que es la democracia el único sistema que nos permitirá terminar con la exclusión y alcanzar la justicia social que anhelamos. La democracia exige esfuerzos, es algo en permanente construcción, es realidad y debe ser meta e ideal.
La pobreza de sectores importantes de nuestra población y su consecuente marginación del espacio público plantea desafíos que deben ser enfrentados sin postergación para consolidar definitivamente nuestras instituciones democráticas.
Crear trabajo para enfrentar la pobreza y fortalecer la gobernabilidad democrática es creación de ciudadanía y constituye una tarea central.
Hemos aprendido muchas cosas en los últimos tiempos, pero quiero referirme a dos de ellas que están directamente ligadas y creo que compartimos: con el crecimiento económico, por alto que sea, no alcanza, y con el asistencialismo, por mucho, importante y solidario que sea, no basta. Por eso hemos planteado el tema de la generación de trabajo como una de las formas más idóneas y legítimas para alcanzar la cohesión social a través de la dignidad que conlleva la consecuente protección familiar y realización personal.
Nuestra propia experiencia nos señala la importancia de asegurar un manejo responsable y transparente de las finanzas públicas para impulsar procesos de crecimiento sostenido, pero ya no podemos afirmar que el crecimiento constituye un éxito si no conduce al bienestar del pueblo.
Es preciso instrumentar políticas que generen empleo productivo y promuevan la profundización del mejoramiento cotidiano que vamos logrando en la distribución del ingreso.
El crecimiento económico de un país, como el que firmemente están atravesando Venezuela y Argentina, es una condición necesaria, imprescindible, pero no sirve si va a ser disfrutado por unos pocos. Por eso hablamos de profundizar la distribución del ingreso y por eso sostenemos que el trabajo es un vehículo fundamental de esa distribución. Por supuesto no cualquier trabajo, sino el trabajo en condiciones formales y dignas.
No debemos olvidar que esa es una de las tareas más difíciles que se le plantean a los gobernantes democráticos, pues no es tarea que pueda hacerse de un día para el otro. Conversábamos recién de que usted lleva 6 años luchando y peleando y todavía convive con la pobreza. Yo le decía que llevo dos años y a veces a uno le piden que en dos años haga lo que puede llevar 10. Espero poder superarlo fuertemente a los 6 años, Presidente, pero sé lo que es la lucha. No es tarea que pueda hacerse de un día para otro y es tarea que toca intereses concretos. En muchos casos necesita de profundos cambios hasta de la propia cultura empresaria. Ha sido siempre más fácil y rápido destruir fuentes de trabajo que crearlas. Es imposible en poco más de dos años reparar la devastación que provocaron en décadas.
Para colmo, en el tiempo en que se tarda en reconstruir la Nación es siempre fuerte el coro quejoso de los que resultaron responsables de la destrucción y aprovechan para desprestigiar defendiendo el modelo que los tenía por beneficiarios, ayudados a veces por los que, del otro lado ideológico, supuestamente reclaman por lo que falta, sin valorar lo que ya se logró avanzar.
Pero gobernar es tarea de hombres que saben soñar y empeñar el esfuerzo para concretar esos sueños, que resumimos en el ideal de lograr el bienestar de nuestro pueblo y la grandeza de la Patria.
Producir el cambio es una batalla que tenemos que dar sin miedo, con la compresión y el acompañamiento de nuestra gente.
Quiero agradecer como siempre el apoyo permanente de Venezuela a nuestro reclamo de soberanía sobre las islas Malvinas,  así como la solidaridad con la Argentina respecto de su situación con los organismos financieros internacionales.
La compra de bonos que ha realizado Venezuela es un claro gesto de confianza hacia nuestro país y un reconocimiento público del esfuerzo que viene realizando el pueblo argentino para dejar atrás una de las peores crisis económicas de las que hayamos sufrido.
Este pueblo tiene memoria y no olvidará ni la importancia de ese gesto ni el momento particular en que se produce.
Señor Presidente: le reitero nuestro beneplácito por su visita, siempre vamos a recordar el apoyo permanente ante la crisis energética en su momento, o la posible crisis energética que algunos anunciaban a voz cantante en la Argentina; el apoyo en los organismos internacionales, la permanente compra de bonos argentinos, que usted dijo que tienen respeto y están cotizados en los mercados internacionales. Me alegro que ese sea el resultado que se tenga en el esfuerzo que hemos logrado hasta ahora. También la construcción conjunta y el intercambio simultáneo que estamos haciendo en diversas áreas, y las importantes inversiones -que en su momento, cuando estén realizadas, vamos a anunciar- que hemos conversado en el día de hoy.
Estoy feliz de que usted vaya desde aquí a visitar un lugar de producción y trabajo como Astilleros Río Santiago,  es un gesto que valoramos profundamente; y feliz de compartir el mismo criterio con usted, señor Presidente, en la teoría de desendeudarnos de ciertos organismos internacionales. Siguiendo el mismo camino, es decir, para desendeudarse hay que ir pagando las obligaciones para sacarlas de las espaldas de nuestros pueblos. Ustedes lo están haciendo muy bien, nosotros estamos haciendo un gran esfuerzo para lograrlo porque el día que pueblos como Argentina y Venezuela estén desendeudados y podamos seguir avanzando en la recuperación de los elementos idóneos de soberanía nacional y reconstrucción de identidad que necesitamos, no tengo ninguna duda que habrá crecimiento, distribución y nuevos amaneceres para nuestros países.
Así que la Argentina es su casa, lo recibimos a usted como representante claro y neto de esa joven y fuerte democracia venezolana, le deseamos al pueblo venezolano el mejor de los éxitos y le decimos que cuente permanentemente con nuestra solidaridad. Señor Presidente, está en su casa.
Muchísimas gracias.
NESTOR KIRCHNER

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