junio 21, 2012

Discurso de Nestor Kirchner en su visita al Parlamento de Brasil (2006)

DISCURSO EN SU VISITA AL PARLAMENTO DE LA REPÚBLICA FEDERATIVA DE BRASIL
Néstor Kirchner
[18 de Enero de 2006]

Señoras, señores: como podrán ver el proceso de edificar una sólida amistad entre la Argentina y Brasil se ha convertido en una tarea que por cierto ya forma parte de las tareas cotidianas de ambos gobiernos. Conversar con los señores legisladores de este maravilloso país es una ocasión propicia para reflexionar y hacer un breve balance de la relación de nuestros pueblos.
La Argentina y Brasil constituyen sin lugar a dudas un ejemplo de mundo de paz, amistad, cooperación e integración. Nuestros gobiernos trabajan mancomunadamente por el bienestar de sus ciudadanos y nuestras sociedades se reconocen como hermanas. La amistad argentino brasileña ha avanzado tanto que nadie se atrevería a poner en duda que nuestro presente y nuestro futuro se construyen trabajando juntos.
Compartimos mucho más que fronteras y vecindarios, la suerte de cada uno de nuestros países está estrechamente ligada a la del otro y asumimos esto como un privilegio que nos concede la historia.
Estamos transitando un cambio de época que implica un fuerte cambio de paradigmas, tanto en la región como en el mundo. Ambos gobiernos hemos comprendido cabalmente esta realidad, en la relación bilateral somos absolutamente conscientes de lo mucho que hemos hecho pero también de lo mucho que queda por hacer. Sabemos que nuestro destino está en nuestras propias manos y que debemos transformar en acciones y decisiones el convencimiento compartido de que ambas sociedades merecen mayor desarrollo y equidad, mayor democracia y más autonomía para decidir lo que es bueno para ellas.
Permítanme transmitirles la certeza de que la Argentina y Brasil están transitando este sendero codo a codo. Así lo expresamos claramente en el compromiso de Iguazú suscripto el 30 de noviembre pasado y así también lo estamos haciendo con los trabajos derivados de los documentos firmados en aquella ocasión.
Del mismo modo, nuestros países han decidido romper un pasado que los aprisionaba, no sólo terminamos con la deuda del FMI sino que –y esto es lo más importante- recuperamos nuestra total autonomía para decidir qué hacer con nuestros recursos y nuestra autonomía.
Transmitimos este mismo mensaje de soberanía y defensa de nuestros intereses durante la Cumbre de las Américas en Mar del Plata, donde planteamos con firmeza que el único libre comercio que aceptamos es aquel que conlleve beneficios para todos sus participantes y no uno que encubra acuerdos leoninos.
También fuimos una voz sólida, seria y contundente en la reunión de Hong Kong de la Ronda de Doha de la OMC, donde expusimos sin reservas la hipocresía de un comercio mundial que proclama la liberación de aquellos productos en que los países desarrollados son competitivos y el proteccionismo en aquellos en que no lo son. Argentina y Brasil fueron protagonistas del grupo de países que ofrecieron razonamientos y propuestas creativas, inteligentes y constructivas.
En octubre de 2003, cuando el presidente Lula realizaba su visita de Estado a mi país, suscribimos el Consenso de Buenos Aires. Aquel fue un documento de fuerte definición política e ideológica, dirigida a exponer al mundo nuestra vocación de amistad mutua, pero además nuestra determinación por construir mejores sociedades, desarrolladas, libres, justas, democráticas e independientes.
En aquel texto decía que estábamos convencidos de que el bienestar de los pueblos constituía el objetivo prioritario de ambos gobiernos y reafirmábamos nuestra voluntad de intensificar la cooperación bilateral y regional para garantizar a todos los ciudadanos el pleno goce de sus derechos y libertades fundamentales. También expresábamos que la integración regional constituía una opción estratégica para fortalecer la inserción de nuestros países en el mundo aumentando su capacidad de negociación. Afirmábamos que una mayor autonomía de decisión nos permitiría hacer frente más eficazmente a los movimientos desestabilizadores del capital financiero especulativo y a los intereses contrapuestos de los bloques más desarrollados, amplificando nuestra voz en los diversos foros y organismos multilaterales. Expresamos que la administración de la deuda pública debía tener como horizonte la creación de riqueza y de puestos de trabajo, la protección al ahorro, la reducción de la pobreza, el fomento de la educación y la salud, y la posibilidad de mantener políticas sostenibles de desarrollo económico social.
A poco más de dos años de aquella fuerte definición política, con orgullo hoy podemos mostrar resultados categóricos en lo relativo a la intensificación del vínculo bilateral y la profundización de nuestra integración. Ahí están los documentos de Puerto Iguazú del 30 de noviembre de 2005.
En el plano multilateral, como señalábamos antes, es clara la nueva manera de relacionarnos con el mundo financiero internacional y la encarnizada defensa de un comercio justo, beneficioso para nuestros pueblos, tal como lo demostramos al coordinar nuestras acciones en Mar del Plata y Hong Kong. Pero también las evidencias están a la vista en las políticas internas de cada país, donde nuestros mayores esfuerzos fueron puestos en reducir la marginalidad y la pobreza, consolidar las instituciones democráticas, promover los derechos humanos, fortalecer el sistema productivo y mejorar la educación y la salud.
Los logros alcanzados deben incentivarnos a ser más ambiciosos, más creativos, más eficientes y decididos. Tenemos por delante mucho trabajo, diseñando nuevos proyectos y concretando otros ya iniciados. En este aspecto ustedes, amigos legisladores, al igual que los representantes de mi país y de los demás países del MERCOSUR, tienen la enorme responsabilidad de darle el andamiaje legal a nuestra integración. Esto es muy importante, no sólo porque le otorga solidez jurídica a una voluntad política compartida sino porque además legitima la integración entre nuestras sociedades.
En definitiva, dinamizar y profundizar la integración bilateral y el MERCOSUR también implica poner en vigencia los acuerdos firmados. Estamos convencidos de que los parlamentos pueden adquirir un protagonismo creciente, contribuyendo a lograr los grandes objetivos estratégicos que nuestros países se han dado. El intercambio de ideas, la pluralidad y el debate propio de los parlamentos son instrumentos de enorme valía para optimizar la coordinación y complementariedad de nuestros países. Más aún, la representatividad del Poder Legislativo juega un papel destacado en esta nueva etapa de la integración en la que, como señalábamos en el compromiso de Iguazú, nuestros esfuerzos están cada vez más dirigidos a que los beneficios de la integración puedan verse definitivamente reflejados en la vida cotidiana de los ciudadanos.
En este sentido también quiero destacar la trascendencia y el enorme paso que representa para el MERCOSUR el establecimiento de su Parlamento, el cual fue aprobado en la última cumbre presidencial.
Como expresábamos en público y en privado, nosotros entendemos la integración regional como un trabajo arduo, constante y complejo de los reracionamientos entre los estados y los propios sectores privados. La tarea actual de los gobiernos es crear las condiciones para un MERCOSUR que favorezca un desarrollo industrial con alto valor agregado para toda la región, con complementación intraindustrial, con equilibrios sectoriales, con fuerte generación de empleo y con estados que orienten la integración de los sectores productivos.
Nuestro desafío, el de los países que constituimos el MERCOSUR, es competir en materia comercial y de inversiones con el resto del mundo, potenciando nuestros recursos y ganando competitividad y escala, con una estrategia industrial conjunta. En este camino, como conversábamos con vuestro Presidente, tenemos que seguir trabajando en aspectos muy concretos de nuestra integración regional.
Debemos esforzarnos por contar con instrumentos que nos garanticen el desarrollo de los sectores de las pequeñas y medianas empresas de nuestros países.
Tenemos que lograr avances para institucionalizar mecanismos que impidan que frente a desequilibrios comerciales transitorios se dañe a un sector productivo.
Tenemos que ayudar a potenciar en forma prioritaria los acuerdos comerciales entre los propios sectores privados entre sí.
Es importante consolidar una industria automotriz moderna, integrada y competitiva a nivel mundial.
Tenemos que insistir en coordinar políticas que favorezcan a una radicación equilibrada de las inversiones en los distintos países miembros.
Estamos frente a una etapa del MERCOSUR que implica el esfuerzo de diseñar políticas de complementación y dejar atrás una lógica de fuerte competencia y desplazamiento de comercio e inversiones entre los países socios. Tenemos todas las posibilidades de hacerlo exitosamente, ya que el objetivo es consistente con el mayor crecimiento de todos los países del MERCOSUR y con el desarrollo de todas sus ramas productivas. Todos ganaremos en una visión de mayor integración, de profundización de la relación económica entre nuestros sectores empresarios y estados que trabajen en conjunto políticas para tener estrategias sectoriales de política industrial.
El MERCOSUR debe transformarse en política fundamental para la creación de empleo y para resolver exitosamente los enormes desafíos que nos presenta un mundo que prioriza producir y exportar bienes con alto valor agregado y proveerse de materias primas. La estrategia debe ser complementarnos en el MERCOSUR para negociar y competir más fortaleza frente al resto del mundo, produciendo bienes con contenido tecnológico y salarios crecientes que evidencien el desarrollo de la región.
Se trata en definitiva de entender, como entendemos, que el MERCOSUR es nuestro bloque de pertenencia regional, y para serlo los beneficios no pueden ni deben tener una sola dirección.
MERCOSUR debe ser también un bloque de asistencia recíproca para el desarrollo equilibrado y para obtener el mejor desempeño de nuestros sectores productivos, sin ignorar las asimetrías existentes ni perjudicar a los sectores internos de nuestros países.
Beneficios simétricos, mecanismos flexibles, graduales y progresivos deben instrumentarse prácticamente; crear empleo y generar equidad y bienestar para los pueblos de todos los países que integramos el MERCOSUR.
Una integración moderna exige especialización hacia el interior de los sectores en los que exista mejor posibilidad de complementarse, de modo que cada uno de nuestros países desarrolle plenamente las diferentes ramas de su industria y de su sector agropecuario, especializándose en algunos productos dentro de cada uno de ellos.
El MERCOSUR debe dotarse hacia su interior de lo que reclama hacia fuera, la atención de las asimetrías que se refieren a las dificultades que la integración crea a las economías de menor escala.
Es necesario que nos aboquemos en un ejercicio conjunto para atender los reclamos manteniendo una actitud solidaria, contemplando las situaciones particulares, en camino a un tratamiento más profundo de las asimetrías, de las políticas de localización de inversiones a nivel regional y el logro de un acceso irrestricto al mercado ampliado, perfeccionando la unión aduanera.
La atención de esos reclamos, la suma de nuevos miembros, como la República Bolivariana    de Venezuela, y la construcción de una adecuada infraestructura común al MERCOSUR, la integración energética y la necesaria convergencia macroeconómica de nuestros países signarán la marcha de la exitosa profundización de nuestra alianza estratégica en los próximos años.
 Argentina y Brasil son socios en el MERCOSUR, en la Comunidad Sudamericana de Naciones, en las Américas y en el mundo. Somos socios para la democracia, somos socios para la paz, debemos ser socios para obtener nuestro desarrollo. Los tiempos son propicios, depende de nosotros aprovecharlos y comprender que individualmente será mucho más difícil poder hacerlo.

Señores legisladores: agradezco profundamente vuestra invitación y la posibilidad de compartir con ustedes estos momentos en el día de hoy. Los hombres y las mujeres que representan a nuestros pueblos en el marco de la institucionalidad de ambos, debemos tener absolutamente en claro que estamos en etapas de serias definiciones, que no tenemos el derecho a construir nuevos fracasos, que debemos tener la fuerza, la decisión y el coraje de construir una fuerte alianza regional, que tenemos la obligación de consolidar el MERCOSUR, que debemos consolidar la unión de los países de América del Sur, pero que también tenemos que levantar una voz, un proyecto y un sentido de identidad que nos dé la potencialidad necesaria para discutir con los otros bloques del mundo. Se terminó la idea de una América del Sur Cenicienta del mundo, no queremos ser más el patio trasero y queremos ser parte activa de la construcción de los nuevos tiempos que nos esperan.
Por eso, abrazados fuertemente a los hermanos del MERCOSUR y de América del Sur, entendiendo el rol que tenemos, entendiendo que tenemos en nuestras naciones hermanos y hermanas que sufren, que venimos de historias muy difíciles y muy duras, que estamos tratando de volver a construir la equidad, la inclusión social, la justicia, la igualdad de posibilidades, la construcción de economías que devuelvan a los ciudadanos las posibilidades de ser, de prepararse y de potenciarse fuertemente para dar todas sus calidades a la construcción de estos espacios, nosotros, como la generación de estos tiempos, tenemos que estar al frente, como corresponde, a la vanguardia de las luchas y dando la idea al mundo entero de que América del Sur quiere ser parte del mundo, no quiere ser más la parte trasera y que definitivamente deseamos que nuestras dirigencias, nosotros mismos, a los que nos toca ser presidentes y legisladores, alcancemos a estar a la altura de la historia, para que esa historia empiece a ser la historia que nuestros hermanos y hermanas, nuestros ciudadanos y nuestras ciudadanas merecen.
Muchas gracias.
NESTOR KIRCHNER

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