julio 09, 2012

Discurdo de Fidel Castro en el Parque Central de New York (1959)

DISCURSO EN EL PARQUE CENTRAL DE NEW YORK, ESTADOS UNIDOS
Fidel Castro
[24 de Abril de 1959]

― Versión taquigráfica de las oficinas del Primer Ministro ―

Cubanos;
Latinoamericanos;
Norteamericanos:
Pocas veces en la vida nos es dada la oportunidad de vivir un minuto tan emocionante como este.
Es posible que en los largos años de historia de este continente jamás se haya producido un acto como este, no por su dimensión numérica, aunque es verdaderamente grande es, según los entendidos, el acto de esta índole más grande que se ha producido en la ciudad de Nueva York, que es, al mismo tiempo, la mayor ciudad del mundo.  El valor de este acto radica en las personas que están aquí presentes, su valor radica en que aquí se han reunido no solo los cubanos, aquí están también presentes los dominicanos , los portorriqueños , los mexicanos , los centroamericanos, los latinoamericanos  y también en número considerable los norteamericanos.
No puede entrañar un simbolismo más profundo, no puede constituir para este continente una esperanza mayor; parecía una empresa difícil, la Revolución Cubana no era comprendida cabalmente, la Revolución Cubana que ha sido a nuestro entender la Revolución más pura y más generosa que se ha llevado a cabo en la historia del mundo , estaba siendo mal comprendida, no tanto en los pueblos latinoamericanos, que por haber sufrido las mismas cosas que nosotros hemos sufrido, por haber estado padeciendo de los mismos males políticos y sociales, estaba en condiciones mentales de comprendernos mejor; estaba siendo mal comprendida sobre todo en Estados Unidos.  Nos impusimos la tarea de visitar este país, nos impusimos la tarea de hablarle al pueblo y a la prensa de Estados Unidos; por delante teníamos los enormes inconvenientes del lenguaje.  No vine aquí a mentir, no vine aquí a ocultar nada, porque nuestra Revolución no tiene nada que ocultar.  No vine aquí a pedir nada, porque nuestra Revolución no tiene nada que pedir, como no sea amistad y comprensión; vine simplemente a hacer lo que hemos hecho en nuestra patria, hablarle al pueblo, decirle la verdad, exponer nuestro pensamiento; vine a demostrar una vez más nuestra inmensa fe en los pueblos; vine a hablarle a un pueblo cuyo idioma era distinto al nuestro; vine a hablarle a un pueblo cuya situación económica y social es distinta a la nuestra, cuyo idioma no lo conocía bien, solo conocía bien el idioma que emana de nuestro idealismo, el idioma que emana de la pureza y de la razón de nuestra causa , el idioma que emana del corazón y de la esperanza de nuestro pueblo y de todos los pueblos de América Latina, y he descubierto aquí que aunque el idioma era distinto, los sentimientos eran iguales, que aunque la lengua articulase palabras distintas, el corazón de los ciudadanos de este país habla el mismo lenguaje que nosotros, porque hablé y nos entendieron, expusimos nuestras razones y las comprendieron, vieron nuestra sinceridad y creyeron en nosotros.
Grande ha sido, no la sorpresa, porque no hay sorpresa para los que creen verdaderamente en el corazón de los pueblos; grande ha sido nuestra alegría al comprobar de que la razón se abre paso en cualquier parte del mundo, de que la justicia se abre paso en cualquier parte del mundo, que una causa noble y justa tiene simpatizantes en cualquier parte del mundo.  Y aquí nos recibieron como nos reciben en cada pueblo de nuestra patria, y aquí nos recibieron como nos recibieron en otros pueblos de América, y los estudiantes de este país nos recibieron con el mismo entusiasmo desbordante con que nos recibieron los estudiantes de Cuba y los estudiantes de Venezuela.  Y para nosotros es pues un hecho muy significativo, para los latinoamericanos este es un hecho alentador, porque vino aquí un latino, vino a hablar en nombre de la razón y de la justicia y encontró eco en el corazón de los ciudadanos de esta nación.
Para la América, para la América sufrida, para la América económicamente atrasada, para la América hambrienta, este es un hecho alentador, porque el pueblo del Norte, el pueblo rico del Norte ha comprendido nuestros sentimientos y eso para los pueblos de América constituye un verdadero triunfo.
El valor de esta concentración es lo que significa de esperanza futura.  Es lo que significa de orgullo para la América Latina.  Es lo que significa en el esfuerzo de que la verdad de nuestra América, la América sufrida del centro y del sur se abra paso para encontrar comprensión para que nos entiendan mejor, para que se nos trate mejor.
¿Por qué aquí hay tantos latinoamericanos? ¿Por qué tantos hombres y tantas mujeres han tenido que abandonar a sus patrias y a sus familiares, alejarse de ellos cientos y tal vez millares de kilómetros?  ¿Por qué han tenido que dejar muy lejos a su patria?  Porque aquí los trajo la necesidad, porque aquí los trajo o el despotismo de las camarillas desalmadas, la crueldad de los dictadores o la crueldad del hambre o el despotismo de las necesidades materiales, que es también despotismo cruel.  Porque aquí están los exiliados políticos, pero aquí están también, y en un número tal vez mayor, los exiliados económicos, los que tuvieron que abandonar su patria porque no encontraron trabajo en ella, los que tuvieron que venir aquí a bregar con todas las dificultades del idioma y del clima, para ganarse la vida trabajando.  Y yo sé bien cuál es el anhelo más profundo de todos los emigrados, yo sé cuál es el sueño más hermoso de todos los emigrados. ¡Volver algún día a su patria! A hacer en su patria lo que aquí están haciendo, ganarse el sustento en su propia patria, porque por grandes y altos que sean los salarios, por generosa que haya sido la hospitalidad y la acogida, la idea de la patria es algo que no se puede apartar del corazón y de la mente de los hombres.
Y bien que lo recuerdo, porque fue precisamente en esta ciudad de Nueva York, donde se inició la segunda etapa del movimiento revolucionario que concluyó con la victoria después de tres años de lucha.  Y bien que recuerdo cuáles eran las ansias de nuestros compatriotas, y bien que recuerdo cuáles eran sus ilusiones, es verdad que sufrían con la idea de la patria oprimida, es verdad que sufrían el dolor de la tiranía y la crueldad en que estaba sumida Cuba, pero es verdad también que los alentaba otra dulce esperanza.  La esperanza que era como una tierra prometida de la Revolución, la esperanza de volver a Cuba.  Y bien que recuerdo igualmente lo que en aquella ocasión les dije: El regreso no podrá ser inmediato, después de la victoria.  Después de la victoria tendremos que reconstruir la patria.  No podrán volver al otro día los emigrados cubanos.  Los emigrados cubanos podrán volver cuando hayamos edificado la patria nueva que con tanto idealismo, sacrificio y honradez se está forjando.  Pero algún día nuestros emigrados regresarán a Cuba.  Algún día nuestros emigrados volverán a su patria para hacer allá lo que hacen hoy aquí: ganarse el sustento con el sudor de su frente.  Las promesas se han cumplido, y las que no se han cumplido todavía, se cumplirán.
Desde esta misma ciudad, en aquel acto del Park Garden, dijimos que en 1956 seríamos libres o seríamos mártires.  Habíamos ofrecido con aquellas palabras a la nación cubana en medio del descreimiento y el escepticismo, que nosotros empeñábamos nuestra palabra de honor, de que en 1956 se iniciaría la lucha revolucionaria. Era difícil comprender aquello. Muchos no comprendieron aquella promesa.  Pero es que sabíamos a nuestro pueblo descreído y escéptico, es que lo habían engañado muchas veces.  Y solo había un modo, solo había un modo de levantarle la fe, empeñar nuestra palabra, y con nuestra palabra empeñada, empeñar nuestras vidas.
La empresa parecía difícil y era difícil, sin embargo, los cubanos de Nueva York no dudaron.  La empresa era difícil y sin embargo yo recuerdo aquellas reuniones, yo recuerdo aquellos actos, y allí era como si todo el mundo estuviese seguro de la victoria.  Y porque estaban seguros de la victoria, la victoria fue posible, porque no hay obstáculos suficientemente grandes que se le pueda poner delante a la fe de los pueblos.  La promesa se cumplió y la patria es libre.
Ofrecimos que vendríamos a reunirnos otra vez con la emigración de Nueva York después de la victoria y aquí estamos.  Ofrecemos hoy que construiremos una patria democrática y digna.  Que construiremos una patria feliz.  Que algún día volverá a albergar en su seno a aquellos hijos a quienes la opresión o la necesidad obligaron un día a abandonarla.  Invito a seguir luchando, invito a seguir luchando porque la tarea más difícil o si se quiere no más difícil, porque para los cubanos no hay nada difícil, la tarea más fatigosa, la tarea más ardua está por realizar. La Revolución entra en una etapa constructiva.  Todos los ojos de América están puestos en nuestra Revolución y también están puestos sobre nuestra patria los ojos de los tiranos que aun quedan en América.  Los ojos de los calumniadores, los ojos de los enemigos de la redención de los pueblos.  Y junto con el sentimiento de simpatía que nos acompaña en toda la América del Sur y del Norte, junto con los deseos de nuestro triunfo, se presentan también las intenciones negativas, los que desean nuestro fracaso para que esta Revolución que es aliento y es esperanza de todos los pueblos de América, se frustre.
No en vano están aquí nuestros hermanos de todo el continente y eso dice mucho; no en vano están aquí los dominicanos  y esa si es una prueba definitiva que califica a un gobierno.  Los pueblos no están jamás con la injusticia, los pueblos no están jamás con la crueldad, los pueblos no están jamás con la inmoralidad, los pueblos no están jamás con el despotismo; la presencia multitudinaria de los cubanos, la presencia multitudinaria de los latinoamericanos en el Parque Central de Nueva York, con la presencia nutrida de norteamericanos, es el mejor argumento, en favor de la revolución democrática, humanista y justiciera de Cuba.
Porque los pueblos tienen una percepción muy clara para conocer a los hombres, los pueblos tienen una inteligencia muy clara para distinguir a los hombres, los pueblos no pueden ser confundidos fácilmente, los pueblos comprenden con la razón, pero sobre todo comprenden con el corazón. Que vengan aquí los dictadores de América. Que vengan aquí y convoquen al pueblo, que vengan aquí y convoquen a sus propios compatriotas; que vengan aquí y le hablen a la opinión pública de Estados Unidos y de la América entera. Que vengan a comparecer ante todas las asociaciones de periodistas que quieran preguntarles acerca de todas las cosas de su país.  Que vengan a responder todas las preguntas que les hagan. Que vengan a ver si reúnen un pueblo.  A ver si pueden explicarse, a ver si pueden responder.  Tendrán que pagar alquilones, tendrían que gastarse millones de pesos y no reunirían ni a 1 000 personas. Porque es difícil encontrarse 1 000 personas que tengan el cinismo y el poco pudor de vender su presencia en favor de las tiranías.
Dictadores sanguinarios que mantienen oprimidos a sus pueblos.  Dictadores sanguinarios que saquean a sus pueblos como vulgares piratas.  Dictadores sanguinarios que torturan y matan a sus propios hermanos por acumular centenares de millones de pesos.  Dictadores sanguinarios que tendrán todo lo que se puede comprar con dinero, que tendrán plumas mercenarias que los halaguen, que tendrán pandillas de asesinos desalmados, que tendrán placeres, que tendrán lujos, que tendrán altos honores.  Pero lo que jamás podrán tener será pueblo.
Qué prueba más elocuente de la fuerza de la moral y del idealismo que esta lucha sorda que se libró en Estados Unidos a raíz de nuestra visita.  Se creyeron que iban a imperar aquí a su antojo.  Se creyeron que iban a deslucir nuestros actos.  Se creyeron que con pandillas alquiladas iban a confundir a la opinión pública de Estados Unidos.  Infelices que creyeron que con manejar dinero se arreglaba todo.  Infelices que creyeron que con amenazas se arreglaba todo.  Infelices que creyeron que a una idea justa y honorable, que a una actitud digna y entera, que a una conducta patriótica la iban a poder mancillar con cartelitos y con piqueticos.  Incautos que menospreciaron de esa forma la fuerza de la razón, que menospreciaron de esa forma el sentimiento de los pueblos, que menospreciaron de esa forma la solidaridad de los hombres honrados; los piquetes que se han hecho, los piquetes de a 17 pesos la hora , pagados con el dinero que extrajeron a Cuba y pagados con el dinero que extraen del pueblo de Santo Domingo; los piquetes mercenarios, ¿donde están?, ¿qué se han hecho?, y cómo iban a impresionar a nadie con sus piquetes, si al pueblo de Cuba no pudieron impresionarlo con cañones, con aviones, con tanques. Si cuando nosotros éramos 12 y ellos eran millares de soldados bien armados no nos impresionaron, cómo nos van a impresionar ahora cuando ellos son 12 mercenarios y nosotros somos millones de ciudadanos.
Una vez más se equivocaron, una vez más desconocieron la fuerza de la opinión pública, la fuerza de la moral y la fuerza de la razón; de nada les valió todo su dinero, nosotros no nos gastamos un centavo y aquí hay decenas de miles de personas y en todas partes nos encontramos millares de personas agitando sus limpias banderas, agitando sus limpios ideales, agitando sus justas aspiraciones.  Y por eso han desaparecido los piquetes, en qué rincón estarán rumiando su tristeza , rumiando su impotencia, rumiando su fracaso, rumiando el desprecio de los pueblos; en qué rincón estarán escondidos sufriendo este nuevo castigo, sufriendo esta nueva victoria de los pueblos.
Y este es el símbolo, esta es la prueba de la fuerza de la opinión y así como han desaparecido ante la opinión de los latinoamericanos y de los norteamericanos, así como han sido abatidos por la fuerza de esta opinión, así serán abatidos en todos los rincones de América por la opinión de los pueblos.  Movilicemos la opinión de todo el continente, movilicemos la opinión de toda la América y veremos cómo las tiranías que aun quedan se desploman.  Porque lo que ha ocurrido en Nueva York es una prueba elocuentísima de lo que puede la solidaridad humana, de lo que puede la justicia y la razón.  No dejemos que los dictadores tomen la ofensiva, no dejemos que las dictaduras se movilicen contra el ideal democrático, movilicemos el ideal democrático, que es más fuerte y más poderoso contra las dictaduras, movilicemos la opinión, movilicemos a todos los corazones americanos y las dictaduras se desploman.  Desde aquí decimos que Cuba y el pueblo de Cuba y los cubanos, dondequiera que estemos, seremos solidarios con los anhelos de liberación de nuestros hermanos oprimidos.
Bien se sabe que existe un orden internacional, bien se sabe que existen instituciones internacionales, bien se sabe que existen normas de derecho por las cuales nosotros debemos velar cuidadosamente, ya sabemos las obligaciones que tenemos que cumplir y por qué tenemos que cumplirlas, no quiere decir esto que nosotros interfiramos en otras naciones, no quiere decir esto que nosotros vayamos a intervenir en otras naciones, porque hay un principio que es vital para los pueblos de nuestra América, hay un derecho que es vital para los pueblos de nuestra América, el principio de no intervención, el derecho a que no se intervenga en nuestros pueblos; por ese principio estuvimos clamando durante muchos años, por ese principio hemos hablado muchas veces los latinoamericanos, la conquista de ese principio es una conquista de América Latina.
Chocan hoy el principio y el anhelo, el anhelo es correr allí donde están los hermanos oprimidos para ayudarlos a liberarse con nuestros propios brazos, y el principio es de que no podemos correr allí, porque si vamos allá, violamos un principio que es como un escudo de la soberanía de nuestras naciones.  Y el sentimiento ha de marchar parejo con la razón, la mente ha de marchar pareja con el corazón.  Se nos ha preguntado si creemos que las revoluciones deben exportarse y hemos respondido que no, que las revoluciones no pueden exportarse, que las revoluciones no se exportan, que las revoluciones se hacen por los propios pueblos , que los propios pueblos son capaces de conquistar su libertad.  Pero hay algo que los pueblos oprimidos necesitan y es la solidaridad, hay algo que los pueblos oprimidos necesitan y es el sentimiento de los demás pueblos.  Y puedo hablar de eso, porque recuerdo aquellos días difíciles de nuestra lucha revolucionaria; recuerdo aquellos momentos duros de los primeros reveses y en aquellos instantes para nosotros nada valía tanto como saber que los demás pueblos nos acompañaban con su solidaridad, que los demás pueblos nos acompañaban con sus sentimientos y que en cualquier lugar de América una voz se levantaba para defendernos, que en cualquier lugar de América los pueblos se levantaban para defendernos.  De América no recibimos armas, pero en la dura lucha recibimos algo más poderoso y más valioso que las armas, recibimos el aliento, recibimos la fe y en las guerras libertadoras lo ha probado la historia, lo probaron nuestros mambises en 30 años de lucha , lo probaron los libertadores de América, San Martín, cruzando Los Andes , Bolívar cruzando los llanos inundados y cruzando también las cumbres de Los Andes, lo probaron los libertadores de Estados Unidos, lo probó Washington  en aquel año de frío terrible, lo probaron nuestros hombres en la guerra libertadora que acaban de librar .
Y es que lo que hace posible las grandes empresas libertadoras es la fe y el aliento, sembremos fe y estaremos sembrando libertades, sembremos aliento y estaremos sembrando libertades, sembremos solidaridad y estaremos sembrando libertades.  Cuba está ahí, allá en nuestra patria tienen acogida generosa los perseguidos políticos, allá en nuestra patria tienen su casa los exiliados políticos.  Allá en nuestra patria los demócratas de todo el continente encontrarán siempre el aliento y la fe de todos los cubanos. Nosotros siempre seremos leales a ese sentimiento de acuerdo con nuestros principios, y como sabemos el modo de conducir los asuntos de nuestros pueblos, es por lo que responsablemente decimos aquí que los principios no deben sacrificarse jamás, que el principio conquistado por los pueblos de América, de no intervención, no debe sacrificarse jamás, porque ese principio no está reñido con la posibilidad de que los pueblos se liberen por su propio esfuerzo, porque ese principio no está reñido con la seguridad de que los pueblos de América que aun están oprimidos se liberarán por su propio esfuerzo .
Y a todos los exiliados, a todos los patriotas les pido que respalden ese principio nuestro, a todos los exiliados, a todos los patriotas, a los que quisiera de corazón acompañar en su esfuerzo liberador, lo que me impiden las obligaciones que tengo con nuestro pueblo, las obligaciones que tengo como gobernante.  Y es precisamente cuando estos dilemas se me presentan, cuando anhelaría ser con todo mi corazón un ciudadano anónimo, cuando me agradaría ser aquel joven estudiante que no vaciló en unirse a los dominicanos cuando se preparaban para libertar a su tierra.  Pero hoy somos gobernantes, no porque queramos, sino porque lo demanda nuestro propio pueblo, somos gobernantes, no porque gobernar sea un placer para nosotros, sino porque es un sacrificio que la patria nos exige.  No porque gobernar implique, como ha significado para tantos gobernantes de América, el enriquecimiento con el dinero del pueblo, sino porque gobernar hoy a nuestra patria implica la obligación de salvar esa patria, implica la obligación de realizar una tarea grande, implica la obligación de construir para el continente americano el país más democrático y más justo, que será el ejemplo de toda la América.
Porque gobernar para nosotros significa salvar a la Revolución Cubana y salvar a la Revolución Cubana significa salvar la justicia y sobre todo significa salvar la democracia en el continente americano.  Porque si la Revolución Cubana yerra, si la Revolución Cubana se equivoca, si la Revolución Cubana fracasa, qué será de las esperanzas de América, qué será de lo que Cuba puede hacer por la democracia de América.  Sin quererlo nosotros, sin ambicionarlo nosotros, nuestra patria se ha convertido en ejemplo, sin proponérnoslo nosotros, Cuba se ha convertido en la esperanza y hay que salvar la esperanza  con el corazón y con la inteligencia marchando parejas.  Si marcha por un lado el corazón y por otro la inteligencia, la esperanza se pierde, la inteligencia y el corazón deben marchar juntos y estas palabras no las inspiran un sentimiento egoísta, egoístas jamás seremos, las inspiran un sentimiento de responsabilidad histórica, un sentimiento de solidaridad con todos los pueblos de América, porque sabemos lo que el fracaso de Cuba significa para América, como sabemos lo que para América significa el triunfo de Cuba y los minutos más difíciles de una revolución no son los minutos de guerra, los minutos de lucha heroica en que los hombres se enfrentan a la muerte, los minutos más difíciles de una revolución es cuando los hombres se enfrentan a la tarea de construir, porque morir puede cualquiera, construir solo los que tienen la tenacidad, la inteligencia y el valor de saber construir.
Y los hombres que ayer tuvieron el valor de morir, que ayer tuvieron el valor de enfrentar la muerte, no son hoy siquiera dueños de sus propias vidas, son esclavos de una idea, esclavos de un deber que tienen que cumplir.  Y nosotros somos esclavos no de un deber cubano, sino de un deber americano; somos esclavos de un anhelo de todos los pueblos de nuestra América.  Cuando hemos venido aquí no hemos venido a hablar simplemente de los problemas de Cuba, hemos venido a hablar a la opinión pública norteamericana de los problemas que son comunes a toda la América; no hemos venido a pedir, no hemos venido egoístamente como pudimos haber hecho a decir las necesidades de Cuba, hemos venido a decir el sentimiento y el dolor de América, hemos venido a decir las necesidades de América, hemos venido a decirle a este gran pueblo:  este es el otro pueblo de América .  Este es el otro gran pueblo de América, porque estos hombres que se reúnen aquí, son hombres de carne y hueso, estas mujeres que se reúnen aquí, son mujeres de carne y hueso, estos hombres y estas mujeres que se reúnen aquí en número nunca visto en la ciudad más grande del mundo, están diciendo los sentimientos democráticos de este otro gran pueblo de América.
Están diciendo los sentimientos patrióticos y cívicos de este otro gran pueblo de América y nada puede ser más convincente, nada puede ser más elocuente y nada puede ser más humano; nosotros podemos decirle al pueblo norteamericano que allá hay otro gran pueblo, el pueblo de los latinoamericanos.  Nosotros podemos decirle que allá hay también un pueblo noble, que allá hay también un pueblo patriótico, que allá también hay millones de seres humanos que desean labrar su felicidad, que desean asegurar su libertad, que desean ganarse el pan con el sudor de su frente.
Y podemos añadir que aquel mundo del sur no es este mundo del norte, que aquel mundo del sur no es un mundo repleto de fábricas, de escuelas, de hospitales, de caminos, de carreteras.  Que aquel mundo de allá es un mundo muy distinto de este mundo de aquí.  Que aquí no encontramos bohíos, que aquí no encontramos familias enfermas y sin hospitales, que aquí no encontramos desempleo, que aquí no encontramos miseria, que aquí no encontramos epidemias, que aquí no encontramos aquellas miserias que hacen infernal la vida de nuestros pueblos.  Que si hay aquí en Nueva York un millón de latinos es por algo.  Que si hay aquí en Nueva York un millón de latinos es porque tuvieron que abandonar sus patrias empobrecidas, para venir a trabajar aquí.  Que si hay aquí concentrada hoy una multitud, es por algo.  Que si decenas de miles de personas se reúnen aquí, es por algo, es porque existe una tragedia en nuestros pueblos y porque hoy nuestros pueblos tienen el sentimiento y la conciencia de esa tragedia.  Por la pobreza de aquella América estamos aquí y ojala que porque podamos estar aquí, el pueblo de Estados Unidos comprenda a la otra América y sepa lo que es la otra América.
Aquella América tiene ingentes recursos naturales, aquella América tiene todos los recursos naturales que tiene la América del Norte, aquella América tiene recursos humanos y tiene recursos en su naturaleza para hacer de aquella otra parte de nuestro continente, lo que es hoy el continente en el norte, que lo que la América aspira es a desarrollar sus propios recursos, que lo que la América aspira es a desarrollar su propia economía, que lo que la América aspira es encontrar allí empleo y sustento para sus hijos sin que tengan que emigrar a la América del Norte .
Y que el desarrollo económico de la América Latina no perjudica ni lesiona en lo más mínimo a los intereses económicos de Estados Unidos como el desarrollo económico del Canadá no ha perjudicado, sino por el contrario, ha beneficiado las relaciones económicas y comerciales con Estados Unidos.
La presencia multitudinaria de los latinos en esta noche es más elocuente que ninguna razón, es más elocuente que ninguna palabra y dice tres cosas:  que los pueblos de América están con nuestra Revolución democrática, humanista y justiciera , que los pueblos de América Latina tienen conciencia de sus necesidades y aspiran a desarrollar su propia economía, a desarrollar su propia riqueza; que la América Latina, que los latinoamericanos y los norteamericanos tenemos los mismos sentimientos y que esta visita, este acto grandioso, demuestran cómo los pueblos de la América Latina pueden contar también con la solidaridad del pueblo norteamericano.
Tengo fe en lo que estamos viendo.  Tengo fe en este despertar formidable de nuestro continente.  Tengo fe absoluta en el futuro de este continente.  Tengo fe y puedo afirmar aquí que tengo la seguridad de que el futuro de América será un futuro muy distinto de lo que ha sido hasta hoy.  Todo depende de nuestra fe, todo depende de nuestro propio esfuerzo, todo depende de nosotros mismos. Hagamos conocer nuestra verdad.  Hagamos conocer nuestra razón, hagamos amigos a nuestras aspiraciones.  Conquistemos amigos, conquistemos pueblos.  Hagamos lo que hicimos en Cuba: conquistar pueblo.  Fue posible nuestra victoria, porque unimos a todos los cubanos de todas las clases y sectores en una sola aspiración.  Unamos a todos los pueblos en una sola aspiración.  Unamos a todos los pueblos de América Latina en una gran aspiración.  Unir, no dividir.  Y unamos a todos los pueblos del continente en una gran aspiración continental.  Esta es la doctrina de nuestra Revolución.
Nuestra Revolución es una revolución de mayorías.  Nuestra Revolución es una revolución de opinión pública.  Nuestra Revolución lo primero que hizo fue unir a toda la nación en un gran anhelo nacional y nuestra Revolución desea que también los pueblos de América se reúnan en un gran anhelo americano. Nuestra Revolución practica el principio democrático, pero una democracia humanista.  Humanismo quiere decir que, para satisfacer las necesidades materiales del hombre no hay que sacrificar los anhelos más caros del hombre, que son sus libertades .  Y que las libertades más esenciales del hombre nada significan si no son satisfechas también las necesidades materiales del hombre.
Humanismo significa justicia social con libertades y derechos humanos.  Humanismo significa lo que por democracia se entienda, pero no democracia teórica, sino democracia real, derechos humanos con satisfacción de las necesidades del hombre.  Porque sobre el hambre y sobre la miseria se podrá erigir una oligarquía, pero jamás una verdadera democracia.  Sobre el hambre y la miseria se podrá erigir una tiranía, pero jamás una verdadera democracia.  Somos demócratas en todo el sentido de la palabra, pero demócratas verdaderos, demócratas que propugnan el derecho del hombre al trabajo , demócratas que postulamos el derecho del hombre al pan , demócratas sinceros, porque la democracia que habla solo de derechos teóricos y se olvida de las necesidades del hombre, no es una democracia sincera, no es una democracia verdadera.  Ni pan sin libertad, ni libertades sin pan.  Ni dictaduras de hombres.  Ni dictaduras de clases.  Ni dictaduras de grupos. Ni dictaduras de castas. Ni dictaduras de clases. Ni oligarquías de clases.  Gobierno de pueblo sin dictadura y sin oligarquía.  Libertad con pan, pan sin terror, ese es el humanismo.
Considero que esta noche de hoy, sea una noche histórica, las tareas que tenemos por delante son grandes, pero era más grande cuando empezamos.  Las tareas que tenemos por delante requieren el esfuerzo de muchos, pero somos más de los que éramos cuando empezábamos, antes se reunieron 1 000 en el Park Garden para emprender una obra, hoy nos reunimos decenas de miles en el primer acto que se celebra en el Parque Central de Nueva York para seguir adelante la obra.  La fe del pasado nos debe enseñar a tener más fe ahora, los obstáculos vencidos en el pasado nos deben enseñar a vencer los obstáculos que tenemos por delante, sigamos conquistando amigos para nuestra justa causa.  Sigamos llevando nuestro mensaje a los pueblos del sur, del centro y del norte desde la Patagonia hasta Alaska.  Sigamos hablando nuestra verdad.  Sigamos hablando el lenguaje sencillo y elocuente de la sinceridad.  Echemos a un lado todas las hipocresías y todos los convencionalismos que la verdad se abre paso sola, que la verdad triunfa por sí sola, como han triunfado la honradez, la sinceridad y la verdad en el corazón del pueblo norteamericano.
Al concluir estas palabras, quiero dedicar nuestro recuerdo a los que han hecho posible los triunfos obtenidos hasta hoy.  Quiero recordar aquí a todos los caídos por la libertad, a todos los mártires de Cuba y a todos los mártires de nuestro continente.  Si se nos pregunta por qué está nuestro pueblo y por qué están de acuerdo los pueblos con nuestra justicia, es porque el anhelo de justicia es un viejo anhelo de todos los latinoamericanos, porque desde el primer indio que asesinaron los colonizadores de América Latina, hasta el último joven asesinado por cualquiera de los dictadores que aun quedan en América, nunca había habido justicia, todos los crímenes habían sido impunes, cientos de miles de hombres han muerto asesinados o han muerto desterrados, o han muerto en las prisiones.  Cientos de miles de hombres latinoamericanos, tal vez millones, han muerto en manos de los esbirros que han oprimido a los pueblos de América.  Jamás en la historia de toda la América hubo justicia, por primera vez en la historia de toda la América un pueblo ha castigado a sus verdugos.  Cuatro siglos los verdugos se ensañaron con los pueblos, cuatro siglos los verdugos ultrajaron y ensangrentaron impunemente a los pueblos de América y en tres meses un pueblo por primera vez en cuatro siglos ha castigado el crimen, ha castigado la tortura, ha castigado la crueldad , ha castigado el sadismo.
Y cuando se nos pregunte por la justicia revolucionaria, respondamos:  es la voluntad de los pueblos , cuando se nos pregunte por la justicia revolucionaria, digamos:  somos demócratas, cumplimos con la voluntad de los pueblos, cuando se nos pregunte por la justicia revolucionaria, digamos que es el sentimiento de los pueblos, que no vieron nunca la justicia en cuatro siglos; cuando se nos pregunte, respondamos:  es realmente increíble que a un pueblo le haya costado más trabajo, más ataques y más campañas castigar a sus verdugos, que el trabajo que les costó a los verdugos durante cuatro siglos ensangrentar a los pueblos.
No odiamos, porque el odio no es propio de los hombres que quieren a los hombres, no es propio de los pueblos que quieren la justicia, no es propio de los pueblos que quieren la libertad; odian los verdugos, los que matan por defender las sinecuras, los que matan por defender el derecho de saquear a los pueblos, por defender el derecho de oprimir a los pueblos; odian los verdugos a los que aman la libertad, los que aman la libertad castigan pero no odian, los que aman la libertad no castigan con la pena de muerte porque gusten de la muerte, sino porque odian la práctica de matar, porque odiamos el crimen; peleamos y castigamos a los criminales, porque odiamos la opresión y la tiranía.
Castigamos a los criminales porque amamos el derecho a la libertad, porque consideramos el derecho a la vida, el derecho más sagrado del hombre; porque consideramos el derecho a la libertad, derecho sagrado del hombre, es por lo que estamos castigando ejemplarmente a los que no respetaron el derecho a la vida de los ciudadanos, a los que no respetaron los derechos humanos y las libertades de sus conciudadanos; castigamos para que nunca más vuelva a haber crimen político en nuestra patria; castigamos para que nunca más vuelva a existir la tortura en nuestra patria; castigamos para que nunca más vuelva a existir la tiranía en nuestra patria; castigamos porque no queremos que mañana nuevos cubanos caigan asesinados por verdugos; castigamos porque no queremos que el crimen quede impune; castigamos por sentimientos del deber; castigamos por sentido de la justicia, aunque castiguemos con pena, aunque castiguemos con dolor; castigamos por amor a la justicia, por amor al hombre, porque el hombre debe ser preservado del crimen impune, porque el hombre debe ser preservado de la agresión impune, porque el hombre debe ser preservado de la tortura impune, porque el hombre debe ser preservado de la tiranía impune, por eso castigamos (APLAUSOS Y EXCLAMACIONES DE:  “¡Fidel Castro!”).  Castigamos porque todavía hay pueblos de América Latina bajo la tiranía, porque todavía hay pueblos de América Latina bajo el terror de los verdugos, porque todavía hay pueblos de América Latina donde el ciudadano es ultrajado, es encarcelado, es torturado y es asesinado.
Háblese de eso, hablemos de los crímenes que todavía se cometen en América, defendamos a los pueblos que todavía sufren el terror de los verdugos, hablemos en defensa de los pueblos oprimidos y no en defensa de los criminales que han recibido su justo castigo.
Hemos tenido que aplicar la justicia severamente, pero era un deber y era un derecho del pueblo cubano, la hemos aplicado con dolor y sin odios, la hemos aplicado y aun los hijos de los que privaron de la vida a muchos compatriotas y aun las familias de los que el deber nos obligó a castigar, tendrán la ayuda de la Revolución Cubana, porque entendemos que no son culpables, castigamos a los verdugos, pero sus familiares y sus propios hijos recibirán la atención que necesiten, como están recibiendo atención y como recibirán atención los hijos de los soldados que murieron combatiendo frente a nosotros, porque esos seres inocentes no tienen la culpa .  Y no lo digo hoy, lo dije hace cuatro años en “La historia me absolverá”; no lo digo hoy, lo dije entonces, que los hijos de los hombres que cayeran luchando frente a nosotros tendrían también la ayuda generosa de la Revolución Cubana.  Lo que dijimos lo cumplimos.
No estamos haciendo sino cumplir con lo que al pueblo le ofrecimos, le ofrecimos justicia y en nombre de la justicia le pedimos que no hubieran desórdenes y no hubo desórdenes; le pedimos que no hubiesen hombres arrastrados por las calles y no hubo hombres arrastrados por las calles; le pedimos que no hubiera venganza y no hubo venganza, le pedimos que no hubiera asaltos ni destrucción, y no hubo asaltos ni destrucción.  Ninguna revolución del mundo se hizo con tan alto espíritu humanista, ninguna revolución del mundo se hizo con tanta disciplina y con tanto orden.  Le ofrecimos al pueblo justicia y se ha cumplido la promesa, se ha cumplido con el pueblo.
De la justicia revolucionaria podemos decir que ya está finalizando su obra redentora, que ya está concluyendo su obra saneadora, que ya está concluyendo su obra a la que tenía un deber y a la que tenía un derecho nuestro pueblo.  Está concluyendo la justicia en Cuba, porque los peores criminales han sido castigados, los criminales que no fueron calificados y considerados de los peores, fueron condenados a prisión; los que quedan por juzgar son de los que fueron quedando para juzgar primero a los peores; aquellos a los que no se les pudo probar el delito fueron absueltos.  Hubo justicia, pero no hubo crimen y cuando un capitán rebelde de 20 combates, de 2 años de lucha privó de la vida por su cuenta a un confidente de la tiranía, fue llevado a un consejo de guerra y fue condenado a 20 años de prisión, a pesar de sus 20 combates, a pesar de sus méritos, a pesar de su sacrificio; privó de la vida a un confidente por su cuenta y la Revolución lo castigó, porque la Revolución no permite el crimen, porque la Revolución es justiciera y aplica la misma ley a amigos como enemigos ; la justicia cubana se ha cumplido y se ha cumplido ejemplarmente, la justicia cubana se ha cumplido y América tendrá que reconocer algún día las vidas que en nuestra patria, que el ejemplo de nuestra patria, salve a otros pueblos de América .
En esta noche de hoy, noche de triunfo, noche que ha de quedar inolvidablemente grabada en nuestros corazones, noche de orgullo para la América entera, solo un pensamiento triste nos invade, solo un dolor nos estremece.  Al contemplar aquí esta inmensa muchedumbre, al hablar aquí hoy, mi pensamiento se eleva hacia aquel que fue mi compañero de organización del Movimiento 26 de Julio en el exilio; mi pensamiento se eleva a quien fue compañero de esta jornada; mi pensamiento se eleva a aquel orador formidable; a aquel compañero que hacía poner de pie a la multitud con su palabra vibrante: Juan Manuel Márquez.
No está presente hoy, pero la obra que inició está aquí presente. No está presente él, pero está presente su recuerdo; no está presente él, pero están presentes los frutos de su sacrificio:  Juan Manuel Márquez, otra vez nos hemos vuelto a reunir con los cubanos y los latinoamericanos de Nueva York.  Pero esta vez no son 1 000, son decenas y decenas de millares de miles, que esta vez no hay latinoamericanos solo, hay también norteamericanos, esta vez no estamos hablando de sueños que habrán de realizarse, sino de sueños que se han realizado y de sueños que se habrán de realizar, con el aliento de ver lo que se ha hecho.
Esta vez no la reunimos para iniciar una empresa guerrera, la reunimos y la convocamos para iniciar una etapa y una empresa de creación y de paz.  No la reunimos cuando todo está por delante, cuando todos contábamos con la fe nuestra y con la fe de unos cuantos, sino cuando contamos ya, gracias al esfuerzo de los que como tú han caído con la fe y con el respaldo de millones de latinoamericanos. Juan Manuel Márquez, a ti debemos dedicarte hoy el mejor recuerdo, el más devoto recuerdo y el más sentido homenaje, porque aquí está tu compañero que siguió la lucha, aquí está tu compañero que te recuerda y te echa de menos.
No se pondrá hoy de pie la multitud con tu palabra, pero se pondrá de pie con estas palabras que pronuncio al conjuro de tu recuerdo.
FIDEL CASTRO RUZ

Fuente: http://www.cuba.cu/gobierno/discursos

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