julio 10, 2012

Discurso de Fidel Castro en el acto de clausura del Congreso Metalurgico (1960)

DISCURSO EN EL ACTO DE CLAUSURA DEL CONGRESO METALURGICO, EFECTUADO EN EL TEATRO DE LA CTC
 Fidel Castro
[6 de Julio de 1960]

― Versión taquigráfica de las oficinas del Primer Ministro ―

Compañeros metalúrgicos:
Tiene lugar este congreso en momentos de gran trascendencia para nuestro país.
Es lógico que ante las cuestiones nacionales que se están debatiendo, nuestra atención se concentre, más que en las tareas propias de un sector, en las tareas propias de toda la nación.  El hecho de que haya culminado este congreso en un acto de absoluta unión significa, sencillamente, que tenemos una federación más, en pie de lucha y perfectamente preparada para hacer frente, junto a todas las demás federaciones de trabajadores, a las contingencias que el avance de la Revolución y el propósito de llevarla adelante hacia la completa victoria nos impone a todos, pero se lo impone muy especialmente a la clase trabajadora cubana.
Tienen de bueno los hechos que van aconteciendo, que enseñan mucho, que educan al pueblo y le hacen aprender en breve, brevísimo tiempo, lo que quizás no tuvo oportunidad de aprender durante largos, larguísimos años.  Nada enseña tanto como una revolución, nada enseña tanto como este choque de intereses; los intereses de las grandes masas de un pueblo, los intereses de las grandes mayorías de un país, de esa mayoría que sabe por qué debe luchar, de esa mayoría cuyos intereses han estado en pugna con intereses egoístas, bien de carácter nacional o de carácter internacional.  Nada enseña tanto como ese choque de intereses, como esa lucha en que de un lado se presenta el esfuerzo del pueblo, los anhelos del pueblo, los sacrificios del pueblo, la generosidad inagotable del pueblo, que no se moviliza en vano, que no se exalta sin razón; contra intereses antinacionales, antisociales y antipopulares.
Porque una revolución no es sino una gran batalla entre los intereses del pueblo y los intereses contrarios al pueblo; una revolución es una gran lucha en la cual todos somos actores, una gran lucha en la cual todos estamos participando, y una gran lucha de la cual nadie puede pretender sustraerse; porque sus consecuencias afectan por igual a los que luchan y a los que pretendieron ser indiferentes a esa lucha.  Y es lógico que cuando se es actor en una contienda, como lo es el pueblo de Cuba hoy día, el pueblo aprenda y el pueblo comprenda muchas cosas, que de otra forma no habría llegado a comprender jamás.
 Y eso tenemos que irlo agradeciendo a los acontecimientos que se van sucediendo: el que nos haya enseñado mucho y el que nos haya enseñado, sobre todo, qué papel desempeña cada cual en esta lucha.  Y nos enseña cuál es el verdadero concepto de patria, nos enseña cuál es el verdadero concepto de la honra y de la dignidad, nos enseña cuáles son los hombres y las mujeres que sirven, y cuáles son los que no sirven; los que no sirven ni para abonar su tierra con su sangre y con su vida; nos enseña quiénes están hechos de una madera humana, quiénes están hechos de una madera noble y generosa; y quiénes están hechos de egoísmo, de ambición, de deslealtad, de traición o de cobardía. Nos enseña una revolución sobre todo a desenmascarar a los hipócritas, nos enseña a conocer a los cobardes. Y no hay oportunidad en una revolución para los farsantes, no hay oportunidad en una revolución para los acomodaticios, no hay oportunidad en una revolución para los ambiciosos, no hay oportunidad en una revolución para los mediocres, no hay oportunidad en una revolución para los débiles y los cobardes.
En una revolución todos tienen que quitarse la careta; en una revolución los altaritos se desploman :  los que han tratado de vivir engañando a los demás, los que han tratado de vivir posando de virtuosos o posando de personas decentes, o posando de patriotas, o posando de valientes. Eso nos enseña la Revolución y nos enseña la entraña de los intereses que explotan a los pueblos; nos enseña no solo las mentiras nacionales, las grandes mentiras nacionales, sino que nos enseña a descubrir también las grandes mentiras internacionales. Nos enseña la alianza entre los intereses creados dentro de la nación, y los grandes intereses internacionales que explotan a los pueblos; nos enseña que no es el obrero explotado ni el campesino que vive en una guardarraya, los que se ponen en contacto con los grandes monopolios extranjeros que explotaban la economía de nuestro país; que no es el trabajador explotado ni el humilde campesino el que se pone de acuerdo con los conspiradores extranjeros que luchan contra la propia patria; nos enseña quiénes son los que se asocian a esos intereses; nos enseña quiénes son los que se venden al oro extranjero; nos enseña quiénes son los verdaderos patriotas, de qué hogares surgen los verdaderos patriotas, de qué sectores surgen los verdaderos patriotas ; y de dónde surgen los grandes traidores, de dónde surgen los que se venden al oro extranjero, de dónde surgen los que en la hora más grandiosa de su patria, la hora más gloriosa de su patria, enfrascada la patria en la lucha más heroica y más admirable; no se ponen al lado de su pueblo pobre, no se ponen al lado de su pueblo pequeño, no se ponen al lado de su pueblo heroico, sino que se ponen al lado del extranjero rico, al lado del extranjero poderoso, al lado del extranjero explotador, al lado del extranjero agresor .  Son demasiado cobardes, demasiado mediocres y demasiado mezquinos para ponerse al lado de su pueblo; y se ponen al lado de los trusts, se ponen al lado de los marines, se ponen al lado del State Departament (ABUCHEOS), y se ponen del lado de los que explotan a su pueblo y de los que quieren matar de hambre a ese pueblo, cuando no consiente en seguir teniendo amos de ninguna clase.
Eso es lo que nos enseña la Revolución, que los que tenían en sus manos el control de la nación, que los que tenían en sus manos la dirección de la nación, esos estaban inclinados a la sumisión, estaban inclinados a la traición; esos que de la patria percibieron sus riquezas, que de la patria recogieron los frutos más jugosos, que en la patria disfrutaban de todas las ventajas; esos que todo lo tenían por la patria no estaban dispuestos a hacer nada; por la patria no estaban dispuestos a hacer el menor sacrificio, demostraron más: ¡Demostraron que no tenían patria! Y los que de la patria recibieron menos, los que en la patria no disfrutaban de nada, los que recibieron a lo largo de los años y a lo largo de nuestra historia, la peor parte, son los que están dispuestos a sacrificarse por su patria; los que están dispuestos a morir por su patria y los que no cambiarían su lealtad a la patria por todo el oro de los amos extranjeros.
El campesino sin tierras, el negro discriminado, el trabajador explotado, los perseguidos, los desconocidos, los maltratados, los humildes, esos son los que han demostrado tener un verdadero concepto de la dignidad nacional; tener un verdadero concepto de la patria, tener un verdadero concepto del honor y tener un verdadero concepto del deber, que no han demostrado —¡y cómo iban a demostrarlo!— los que gozaban de todas las prerrogativas y de todos los privilegios, a base de explotar al pueblo. Y esta es la Revolución: una lucha, una lucha del pueblo frente a esos intereses poderosos; y esta es la causa de todas las zancadillas y de todas las agresiones que está sufriendo nuestro pueblo; y de todas las traiciones, la traición de los que eran incapaces de sentir junto al pueblo. Y por eso, ni las traiciones ni las agresiones deben asombrarnos, porque era lógico, eran lógicos los traidores que hemos tenido, ¡y son lógicos los traidores que faltan!  
Y como nos decía un compañero hace poco, los había que llegaban hasta la Ley de Alquileres; y los había que llegaban hasta la Ley de Reforma Agraria; y los había que llegaban hasta la Ley de Minas; los había que incluso llegaban hasta la intervención de las compañías petroleras; pero, ¡hasta ahí nada más! Los hay quienes desertaron en la primera ley revolucionaria; los hay quienes llegaron hasta la segunda, los hay quienes llegaron hasta la tercera; los hay quienes llegaron hasta la cuarta, ¡pero no daban más! Y los hay quienes llegaron hasta la cuota, ¡pero de ahí no pasan!  
Como decíamos en una ocasión, aquí había quienes querían revolución, ¡pero no tanta!; y por eso hemos contemplado el desfile, el desfile de los desertores que ley por ley, paso por paso, y batalla por batalla han ido desertando. ¡Esto se pone demasiado caliente! Demasiado caliente para ciertas gentes..., esto se pone demasiado duro para ciertas gentes y, sobre todo, para aquellas gentes que no han podido quitarse de sus almas el hábito de llevar un yugo sobre sus cuellos.
Hay gente que echa de menos al yugo extranjero; hay gente que sin ese yugo siente sus cuellos tan demasiado libres, que teme perder la cabeza; hay gente que le asusta esta libertad, hay gente que le asusta esta dignidad, hay gente que le asusta este decoro de la patria; hay gente que le asusta este erguirse de nuestro pueblo, este valor de nuestro pueblo, esta entereza de nuestro pueblo, esta firmeza de nuestro pueblo, ¡este heroísmo de nuestro pueblo!  Y entonces, de tal forma les asustan estas virtudes de nuestro pueblo, que parecen decir: “¡Me voy!” (RISAS); parecen decir: “¡Esta gente es demasiado brava!”, parecen decir: “¡Esta gente es demasiado patriota!” ¡Y se van, porque este es demasiado pueblo para ellos, y reaccionan como si hubieran nacido en Cuba por equivocación!; ¡y se van tan ilusos que creen poder regresar alguna vez!  (ABUCHEOS.) Y en su mente llevan la idea traicionera; y llevan la idea traicionera, porque saben todos los desertores y los traidores, unidos hoy a los esbirros en el acatamiento común al mismo amo, porque son como grupos de canes tirados de la misma mano; pandillas de canes cuyos collares están tirados por la misma mano que se llama State Departament (EXCLAMACIONES DE: “¡Fuera!”).
Todavía tienen la desvergüenza de fingir ciertos “pudores”, tratando de presentarse como cosa buena: alegando que no son batistianos, olvidándose de que hay algo peor todavía que batistiano, porque en definitiva Batista no fue más que un instrumento de un amo mayor; hay algo peor que batistiano, y es: ¡Servir al extranjero explotador de su patria! Y simulan, simulan diferenciarse de los esbirros, y diferenciarse de los criminales de guerra; cuando una misma mano, con un dedo maneja a unos y con otro dedo maneja a los  otros; como esos títeres carentes de voluntad que no pueden tener criterio, porque obedecen todos sus movimientos a la misma mano.
Y en eso se han unido ya. Un día lo dijimos, cuando parecía cosa lejana o producto de la imaginación, que algún día veríamos juntos a los criminales de guerra, a los esbirros, a los batistianos, a los seudorrevolucionarios, a los desertores y a los traidores. Y no pueden estar más juntos de lo que están, cuando todas las tiritas de sus collares se juntan en una sola mano, como bandadas de lobos dispuestos a caer sobre los despojos de la patria.
Llevan en sus mentes la idea traicionera, porque saben que ellos, ellos, ellos solos, no tendrían ni la más remota posibilidad de volver a ser absolutamente nada en su país; no tendrían la menor oportunidad de enfrentarse al pueblo.  Saben que ellos, por sí solos, no podrían concebir la menor esperanza.  Y entonces, ¿por qué la conciben? Ellos saben que jamás podrían contar con el pueblo, ellos saben que jamás podrían contar con los campesinos, o con los obreros, o con los sectores humildes de nuestro país, que constituyen la inmensa mayoría de la nación; y sin embargo, ¿por qué conciben la esperanza de enfrentarse a la Revolución? Esa esperanza la conciben únicamente en el poder extranjero, en el oro del extranjero. Ellos saben que somos enemigos de los monopolios, ellos saben que le hemos devuelto al pueblo las tierras que poseían las compañías extranjeras; ellos saben que hemos golpeado duramente a los privilegios, ellos saben que hemos golpeado duramente el orgullo de la soberbia oligarquía extranjera que dominaba en nuestro país, ellos saben que la Revolución ha hecho libre a la patria, rompiendo las cadenas de la dominación extranjera.  Y porque saben eso, han puesto su esperanza en el oro de esos intereses, han puesto su esperanza en el poder de esa oligarquía y han puesto su esperanza en los soldados de esa oligarquía.
Pero ellos han de saber más.  Han de saber que es una pretensión irrealizable doblegar a nuestro pueblo por la agresión; ellos saben que nuestro pueblo se defenderá con increíble heroísmo, ellos saben que nuestro pueblo combatirá con verdadera fiereza cualquier agresión, ellos saben que para instalarse aquí, tendría que ser sobre los cadáveres de nuestros trabajadores, de nuestros campesinos, de nuestros jóvenes, de nuestros hombres, de nuestras mujeres, y en fin, de nuestro pueblo .  Ellos lo saben, ¡y todavía pretenden instalarse aquí sobre el cadáver del pueblo!  
Por eso digo que llevan en la mente la idea traicionera, pero por eso llevan también en la mente el error y el fracaso. ¿Para qué tanta tontería?, ¿para qué tanta simulación?, ¿para qué tantas ilusiones? ¿Es que acaso no sabemos nosotros quiénes están de este lado y quiénes están del otro lado? ¿Es que acaso no sabemos nosotros quiénes están con la Revolución y por qué están con la Revolución, y quiénes están contra la Revolución y por qué están contra la Revolución?  ¿Es que acaso no sabemos nosotros lo que debemos hacer para consolidar la Revolución? ¿Es que acaso no sabemos nosotros con qué contamos? ¡Para qué tantas pamplinas, si junto a la Revolución están los pobres de Cuba, junto a la Revolución están los humildes de Cuba, junto a la Revolución están los explotados de Cuba!  
Y saben, saben los que están junto a la Revolución, por qué están; saben que esta es la gran batalla de los humildes de la patria contra los poderosos, contra los privilegios y contra los poderes, sean nacionales o sean extranjeros, que nos han humillado y nos han explotado. Saben los humildes de la patria que esta es su batalla, y saben que luchan contra los poderosos; y lo mismo que los poderosos saben lo que quieren, los humildes saben lo que quieren. Es una lucha entre los que quieren oprimirnos y los que queremos ser libres, entre los que quieren ponernos el yugo y entre los que no queremos yugo.
Y sabe cada cual la suerte que le espera; sabe el trabajador, y lo sabe el campesino, y lo sabe el estudiante, y lo saben todas las familias modestas de nuestro país, cuál sería su suerte si pudieran volver a ponerles el yugo; como saben los intereses y los privilegios que el triunfo del pueblo es el fin definitivo de esos intereses y de esos privilegios.  ¡El fin en nuestra patria y el comienzo del fin en los demás pueblos explotados del mundo!  
Eso lo sabemos demasiado bien, eso nos ha enseñado la Revolución. ¿Para qué tantas simulaciones?, ¿para qué tantas pamplinas?, ¿para qué tanta farsa?, ¿para qué tanta mentira?  Eso lo sabemos nosotros y lo sabe el pueblo.  Sabemos lo que estamos haciendo y sabemos por qué luchamos y contra qué luchamos.  Luego, nada nos sorprende; ni la traición, ni la agresión.
Además, en la historia de la humanidad es lo que ha ocurrido en todas las revoluciones; como también la historia nos enseña: cuál es siempre el resultado final en todas las revoluciones. ¡Y el resultado ha sido siempre la victoria de los que tienen la razón!  
Ahora que comentamos estas cosas, viene a nuestra mente el recuerdo de los primeros días, viene el recuerdo de aquellas “mea culpa”, viene el recuerdo de aquellas penas, de aquellos que decían: “¡Qué vergüenza que yo no hice nada!  ¡Qué vergüenza que yo no puse ni un granito de arena!” Y lo decían con la nostalgia de quienes creían ingenuamente que la lucha había terminado, los que creían ingenuamente que una revolución era simplemente derrocar un tirano, que una revolución era simplemente destruir un ejército mercenario; los que ingenuamente, en aquellos días de alegría general, creían que el día 1ro de enero se había puesto punto final a una lucha, porque no podían comprender que, en definitiva, aquel ejército y aquel tirano eran simples instrumentos de otras fuerzas mayores y más poderosas; eran simples instrumentos de una oligarquía extranjera más poderosa, que eran instrumento de los intereses de esa oligarquía.
Cuando nuestra patria era víctima de todos los oprobios, cuando nuestros campesinos eran asesinados a montones, cuando la soldadesca, llena de odio y sedienta de sangre, arrasaba una aldea entera o asesinaba, en un pequeño pueblecito, a cientos de personas; cuando nuestras calles se teñían con la sangre de nuestros trabajadores y de nuestros jóvenes, cuando los hombres desaparecían sin dejar rastro, cuando en los cuerpos represivos no se escuchaba más que el gemido de los torturados, cuando nuestra economía era saqueada y el país era víctima del pillaje desmedido, cuando nuestras reservas eran arrancadas a la nación y transportadas a las cuentas privadas en los bancos extranjeros, entonces a la poderosa oligarquía yanki no se le ocurrió decirle al turista que no viniera a Cuba; no se le ocurrió decirles a los bancos que suspendieran los créditos para las operaciones comerciales ordinarias, no se le ocurrió lanzar toda su prensa a escribir los horrores que en Cuba se vivían; no se le ocurrió conceder poderes excepcionales para arrancarnos parte considerable de nuestra cuota de un solo zarpazo ; no se le ocurrió a la poderosa oligarquía extranjera, dueña de las compañías que poseían nuestras tierras, que poseían nuestras minas, que poseían gran parte de nuestras fábricas, que poseían gran parte de nuestro comercio, que poseían gran parte de nuestros bancos, que poseían gran parte de nuestros servicios públicos, que extraían cientos de millones todos los años de nuestra economía; no se le ocurría a la poderosa oligarquía maniobrar contra la nación; intentar dejar sin combustible a aquella tiranía, a aquellos ladrones, a aquellos asesinos; no se le ocurría dejar sin cuota a aquella pandilla de piratas que por un lado robaban y por otro lado asesinaban para defender los intereses de esa oligarquía.
¡Ah!  ¡El gobierno de Estados Unidos no puede afrontar esta verdad!, ¡el gobierno de Estados Unidos no puede desmentir esta verdad!, ¡el gobierno de Estados Unidos se ha tenido que quitar la máscara!, ¡el gobierno de Estados Unidos, ante la historia, no podrá ocultar esa mancha; y el gobierno de Estados Unidos, ante nuestro pueblo, ante nuestro pueblo que sufrió ese saqueo; ante nuestro pueblo que durante tantos años soportó tanto abuso y tanto crimen; ante nuestro pueblo no podrá responder a la verdad de que fueron socios y fueron cómplices y fueron usufructuarios de la tiranía, que tantos millones le robó a nuestra patria, y que tantos hijos les arrancó a los hogares cubanos.
El gobierno de Estados Unidos no puede mirar de frente al pueblo cubano ante este hecho cierto, en que lejos de adoptar una sola medida, cuando tal vez habrían tenido más justificación ante los ojos de la humanidad, ante los ojos de la sensibilidad humana, cuando ante tanto crimen y tanto saqueo aquella oligarquía pudo tratar de justificar algunas de esas medidas; no las tomó, sino por el contrario, lejos de adoptar aquella actitud inamistosa frente a la piratería y al crimen, tenía aquí una plaga de militares enseñando a los soldados de esa tiranía a matar. ¡Y lejos de reducir la cuota azucarera, la poderosa oligarquía aumentó la cuota de fusiles; la cuota de tanques, la cuota de balas, la cuota de aviones y la cuota de bombas que le estaba enviando a esa tiranía!
El gobierno de Estados Unidos no puede afrontar esa verdad de que cuando en nuestra patria no se escuchaban más que los quejidos de los torturados y el llanto de las madres enlutadas, cuando aldeas enteras eran destruidas, cuando campesinos en masa eran asesinados, cuando los jóvenes y los obreros desaparecían sin dejar rastro, quizás enviados al fondo del mar o enterrados en lugares apartados y solitarios, aquel crimen no conmovía; ni podía conmover el corazón corrompido y voraz de esa oligarquía poderosa. ¡Ah!, ¡esos sentimientos humanos que tan hipócritamente dicen defender, esas libertades humanas que tan hipócritamente dicen defender, esos derechos humanos que tan hipócrita y mentirosamente dicen defender, esos derechos ultrajados hasta extremos inconcebibles en nuestra patria, esos derechos violados más allá de lo imaginable; esas matanzas masivas, esos crímenes sin nombre, esas torturas despiadadas, no fueron capaces de conmover el sentimiento de la oligarquía poderosa que se dice defensora del mundo libre!  (ABUCHEOS.)
La poderosa oligarquía actuando como era de esperarse; lejos de conmoverse, enviaba las armas a los torturadores y a los criminales; lejos de conmoverse, los apoyaba con todos los recursos a su alcance.  Y cuando el pueblo se debatía en aquella lucha heroica, cuando los hombres de nuestro pueblo morían, cuando las madres de nuestro pueblo entregaban a sus hijos para verla libre del crimen, para verla libre del saqueo, para verla libre de tanto oprobio y tanta sangre; cuando nuestro pueblo, sin armas apenas, luchaba contra aquellos aviones, y aquellos tanques y aquellas armas automáticas  para destruir aquel régimen de oprobio y de vergüenza; nuestro pueblo que veía asesinados a sus hijos, que veía destruidos sus hogares, que veía saqueados sus recursos; no pudo ver que se les dijera a los turistas que no vinieran aquí; o se les cortara el crédito a aquellos ladrones, o les cortaran el petróleo que movía a aquella maquinaria militar, o les cortaran la cuota que iba a nutrir los bolsillos de los criminales. ¡Entonces no, ahora, ahora sí!
Ahora que los intereses de la oligarquía no tienen soldados mercenarios que los defiendan; ahora que los intereses de la oligarquía no tienen manos asesinas que maten campesinos, obreros y jóvenes; ahora que no tienen aquí a una pandilla de miserables vendepatrias oprimiendo a los trabajadores; ahora que no tienen mujalistas; ahora que no tienen líderes vendidos y explotadores , ahora que de los recursos de la patria no se roba nadie un centavo, ahora cuando cesó para siempre en nuestra patria el crimen, la tortura y el oprobio; ahora que nuestro pueblo es alegre, ahora que nuestro pueblo está lleno de esperanzas, ahora que nuestro pueblo quiere reconstruir su patria y construir una patria nueva, ahora que los campesinos reciben tierra, y reciben casa, y reciben maestros, y reciben hospitales, y reciben caminos, en vez de pandillas de asesinos ; ¡ahora que en vez de cruces se siembran escuelas!; ¡ahora que en vez de luto se siembra esperanza!, ahora cuando un pueblo lleno de amor y de generosidad se dedica a la tarea de construir su futuro, ahora la oligarquía poderosa se ensaña contra Cuba; se ensaña contra el pueblo y le dice a los turistas que no vengan y lanzan sus millares de periódicos a difamar a la nación cubana, y le arrancan de un zarpazo una parte considerable de sus recursos económicos.
Por mucho que trate de disfrazar su acción el gobierno de Estados Unidos no puede afrontar esta verdad, como no puede afrontar la verdad vergonzosa de la acción agresiva, con que haciendo uso de las condiciones creadas por ellos; haciendo uso del atraso económico y el subdesarrollo de nuestro país, empaña una vez más su conducta. Y la llena de oprobio con una acción que es para cubrirlo de descrédito ante todos los pueblos del mundo, porque hace y perpetra la acción, siempre despreciable por innoble —siempre odiosa— de agredir a un pueblo que hace tan grandes y admirables esfuerzos por construir su porvenir.  Hace uso de su poderío económico, hecho a base de la explotación de nuestros pueblos de América, hecho en gran parte, a base de la debilidad de los pueblos de América, para agredir a un pueblo pequeño en este continente; a un pueblo al que no se cansó de explotar durante 50 años, a un pueblo al que le arrebató su soberanía después de haber luchado ese pueblo por ser libre durante 30 años , a un pueblo cuya historia ha tratado de torcer, cuyo destino ha tratado de cambiar, cuya economía había subordinado plenamente a la suya, a un pueblo que ha luchado tanto como el nuestro por una sola aspiración:  la aspiración de ser libre, la aspiración de ser dueño de su riqueza y del fruto de su trabajo .
Y esa es otra verdad que no podrá afrontar el gobierno de Estados Unidos:  que las dificultades con Cuba no son porque Cuba quiera gobernar a Estados Unidos, ¡sino porque Estados Unidos ha querido gobernar a Cuba!  (APLAUSOS PROLONGADOS Y EXCLAMACIONES DE:  “¡Cuba sí, yankis no!”; “¡Venceremos!”; “¡Fidel, Fidel!”) Que los problemas con Cuba no se deben a que haya intereses cubanos; trusts y monopolios cubanos queriendo explotar a los trabajadores norteamericanos y al pueblo norteamericano, sino que los problemas con Cuba se deben a que hay compañías y hay poderosos intereses norteamericanos queriendo explotar a los trabajadores y al pueblo cubano; los problemas no se deben a que intereses cubanos quieran poseer las minas o las fábricas, y mandar en la economía y en la política de Estados Unidos; sino que los problemas con Cuba obedecen a los intereses que quieren poseer nuestras riquezas; vivir de nuestro sudor y mandar en la economía y en la política de nuestro país.
Y no tiene Cuba la culpa de la expansión imperialista de Estados Unidos; no tiene Cuba la culpa de que valiéndose de la situación de dominio político que instauraron al final de la contienda por la independencia, intereses norteamericanos se hayan apoderado de nuestras riquezas; no tiene Cuba, la víctima del espíritu de rapiña de los grandes intereses norteamericanos, ¡Cuba, que ha sido la víctima, no puede tener la culpa que deben cargar los que fueron nuestros victimarios!
Y eso, esa verdad ante todos los pueblos del mundo que han padecido males similares, esa verdad ante todos los pueblos que están padeciendo todavía las garras de esos mismos intereses, no la podrá afrontar el gobierno de Estados Unidos.  Y esta verdad es evidente hasta para líderes conservadores del parlamento inglés, algunos de los cuales le recordaron a Estados Unidos sus palabras cuando el problema de Suez para decirle hoy al gobierno norteamericano que, ¡los problemas de Cuba son consecuencia de los errores de la política imperialista de Estados Unidos!  
Luego, la verdad de los problemas de Cuba es evidente hasta para los que en otros países no son siquiera miembros de los grupos más avanzados; es evidente hasta para las clases económicamente dominantes en otras naciones, y que se han encargado de recordarle a Estados Unidos, es decir, a la poderosa oligarquía que gobierna en Estados Unidos, las cuentas pendientes que tienen con ellos.
Y esa verdad, evidente para nosotros, evidente para todo el mundo, no la puede afrontar el gobierno de Estados Unidos; y si, sumado al poder físico de nuestro pueblo a la razón que le acompaña, lo comparamos con el poder físico de Estados Unidos, menos la razón que no le acompaña, ¡el pueblo de Cuba es más poderoso que la soberbia oligarquía que gobierna ese país!; porque somos fuerza de pueblo y razón de pueblo; mientras el gobierno de Estados Unidos es fuerza de oligarquía, menos razón .
No somos pueblo que nos quejemos, no somos ni podemos ser pueblo jamás que vayamos a expresar una queja; somos un pueblo demasiado digno para quejarnos. No nos quejamos de lo que era lógico, de lo que nos agreden; proclamamos nuestra verdad serenamente y convencidos de que de esa oligarquía poderosa no podemos esperar sino agresiones, que de esa oligarquía poderosa no pueden esperar los pueblos sino agresiones. ¡Y sabemos que las agresiones desaparecerán para los pueblos cuando las oligarquías explotadoras desaparezcan!  
Más que resignados, ¡orgullosos del papel que nos corresponde desempeñar en esta lucha por la liberación de los pueblos!; más que tristes, ¡satisfechos de que en la saña con que esos intereses nos atacan se mide la grandeza y la dignidad de nuestro pueblo!; más que empequeñecidos ante la agresión, ¡crecidos para resistir la agresión!; más que acobardados, porque si esperaban intimidar a nuestro pueblo..., ¡llenos de dignidad y de valor ante la agresión!; más que desesperarnos, ¡llenos de serenidad y de confianza!
Nos sentimos seguros en nuestro derecho, nos sentimos seguros en nuestra razón.  Los que no han de poder sentirse seguros en su derecho, los que no han de poder sentirse seguros ante su actitud innoble y ruin frente a este pueblo del continente americano, son los que en un rapto que parece de locura, en un arrebato de impotencia y de odio ante un pueblo que se yergue lleno de vergüenza y de dignidad; en un rapto de ira, le arrebataron en una tarde 700 000 toneladas de su cuota azucarera.  No se han de sentir seguros ante el mundo y ante la rebeldía que cunde en todos los pueblos explotados, los que en un rapto de odio quieren sumir a un pueblo en el hambre y la ruina, los que en un rapto de locura, la locura propia de los imperios decadentes, quieren tronchar en una tarde el desarrollo de una nación; los que en un acto ciego y estúpido, quieren destruir las ilusiones de un pueblo.
Torpe maniobra, cuando se observa que lo que pretenden, sobre todo, es amedrentar a ese pueblo, sembrar el miedo en ese pueblo, dividir a ese pueblo y volver a ese pueblo contra la Revolución (EXCLAMACIONES DE: “¡No!”) que lo está liberando de sus garras. Torpe maniobra que va contra los pueblos, torpe política que agrede a los pueblos.
Y después de eso, ¿qué quieren? ¿Que a cambio de las 700 000  toneladas el pueblo de Cuba les acepte que los esbirros, y los saqueadores, y los criminales se vuelvan a sentar en el gobierno de la República? (EXCLAMACIONES DE: “¡No!”) ¿Qué quieren? ¡Que a cambio de la cuota aceptemos resignadamente el yugo! ¿Qué quieren? ¡Que a cambio de nuestra cuota les vendamos nuestra independencia! (EXCLAMACIONES DE: “¡Nunca!”) ¿Qué pretenden? ¡Que a cambio de la cuota doblemos la frente! (EXCLAMACIONES DE: “¡Nunca!”) ¿Qué quieren?  ¡Que a cambio de la cuota, de esa cuota cuya única importancia radica en el hecho de que fueron los dueños de nuestras fábricas, los dueños de nuestras tierras, y no sembraron más que caña, solo caña y solo caña, para comprarse ellos el azúcar a ellos mismos!  No era cuota de Cuba, era cuota de los dueños de los centrales y de los dueños de los cañaverales. Al pueblo no le quedaba más que la camisa rota y el hambre. Al pueblo, ¿qué le quedaba, sino trabajar para ellos?
Y esa es la cuota que nos quitan, pero entendemos que ante una agresión como esta, ante una agresión como esta y ante un acto tan ruin, tan vergonzoso y tan degradante para un gobierno; un país que ha engrandecido su economía y su poder con el trabajo de millones y millones de obreros de otros pueblos del mundo, con la explotación de la riqueza de otras naciones del mundo, de un gobierno poderoso que se rebaja a un acto semejante, nosotros, el pueblo que fuimos explotados por ellos durante 50 años; el pueblo que fuimos saqueados por ellos durante 50 años, el pueblo que fuimos asesinados por ellos durante 50 años, el pueblo pobre, pero digno; el pueblo pobre, pero heroico; ante ese acto ruin, ante ese acto degradante, no cabe sino responderle: Nos podrás quitar la cuota, ¡pero no nos podrás arrebatar la libertad!; nos podrás quitar la cuota, ¡pero no podrás doblegarnos!; nos podrás quitar la cuota, ¡pero no podrás destruir este ejemplo para todos los demás pueblos que son víctimas tuyas!; nos podrás quitar la cuota, ¡pero no podrás destruir la Revolución! Y esa arma se volverá contra ti, esa arma se volverá contra tu propio poderío. De nada vale que con los despojos de la economía de Cuba pretendas congraciarte con otros pueblos que también has estado despojando; de nada vale que con nuestra cuota quieras congraciarte con ese México al que le arrebataste la mitad de su territorio; y al que le asesinaste muchos hijos; de nada vale que con esa cuota, con esos despojos de Cuba, quieras congraciarte con ese México heroico, que ha tenido que sufrir en sus carnes los zarpazos de tus agresiones; de nada vale que con los despojos de la cuota de Cuba trates de congraciarte con otros pueblos a los que pretendes mantener en el coloniaje, porque en el mismo acto en que le quitas a Cuba, porque quiere ser libre, para darles a ellos, ¡les estás diciendo que los quieres esclavos; y les estás diciendo que el día en que quieran ser libres, que quieran ser dueños de su economía, y se levanten llenos de dignidad a defender sus intereses, les quitarás también la cuota, como se la has quitado a Cuba! ¡En el acto en que nos despojas de nuestra cuota, les estás diciendo a los demás que les das cuota a cambio de sumisión; que les das cuota a cambio de que no quieran ser libres!
Y a estos pueblos que explotas, a estos pueblos que mantienes en la pobreza y en el atraso, no los vas a conquistar con los despojos de Cuba, porque si esa cuota no bastaba siquiera a elevar un poco el nivel de vida de nuestro pueblo, no bastaba para acabar con los desempleados y para acabar con la pobreza; mal podrás acabar con la pobreza de otros pueblos, cuando la repartas, porque son como migajas que cambias por la independencia nacional y la soberanía de las demás naciones.
Ante este acto degradante no podemos sino decirle a la oligarquía poderosa: Has hecho lo que de ti podía esperarse; ¡pero nosotros haremos lo que de nosotros puede esperarse!   Has querido doblegarnos, pero no lo conseguirás, no lo conseguirás aunque filas enteras de traidores abandonen a la patria, y deserten de ella en la hora de lucha, para ir a ponerse a tus pies. No lo conseguirás, ¡porque los hombres y mujeres dignos de este pueblo son mucho más que los miserables que se venden por tus doce monedas!  
Has querido destruir la Revolución, y con ello no lograrás, sino hacerla más fuerte y más firme.  Has querido deshacerte de la Revolución Cubana, y no conseguirás, sino que la Revolución Cubana al seguir adelante, a pesar de tus agresiones, ¡aparezca más digna y más admirable ante los ojos del mundo!  Porque teníamos muchas razones para luchar, y ahora tenemos una razón más; teníamos muchas razones para esforzarnos, y ahora tenemos una razón más, y esa razón es: que quieres destruirnos.  Y a las razones que teníamos, sumamos esta: saber que quieres destruirnos, para esforzarnos más, con el fin de que no puedas destruirnos.  Teníamos muchas razones para desear el triunfo, y ahora tenemos una razón más: ¡Que nuestro triunfo será tu humillación y tu fracaso! Teníamos muchas razones para sentirnos orgullosos de nuestra Revolución, orgullosos del mérito de esta Revolución, y ahora tenemos una razón más, para sentirnos orgullosos de esta Revolución y es que, a pesar de ti y de tu poderío, y de tus actos degradantes y de tus agresiones, ¡la Revolución seguirá adelante! Te duele que la Revolución marche sin ti, te duele que nuestros pueblos se enseñen, que nuestro pueblo enseñe a los demás pueblos, que pueden marchar sin ti; ¡pero ahora te dolerá más que nuestro pueblo enseñe a los demás pueblos que puede marchar, a pesar de ti!  Te duele que nuestro pueblo progrese sin ti, ¡y más te dolerá que nuestro pueblo progrese contra ti!  
Pretendes asustarnos con tu poderío, y solo consigues que nos sintamos más valientes ante el tamaño y el mérito de la empresa que tenemos por delante. Tu poderío no nos asusta, sino que nos da valor, porque sabemos que para seguir adelante, a pesar de ti, se necesita más valor.
 Y eso es lo que tenemos que responder ante la agresión, serenamente, sin inmutarnos, seguros de una cosa: del pueblo; seguros de que no harán mella, ni podrán hacerla jamás (EXCLAMACIONES DE: “¡Nunca!”), en el ánimo del pueblo.
¿Qué es lo que quieres, rendirnos por hambre? ¡No lo conseguirás! (EXCLAMACIONES DE:  “¡Nunca!”) Puedes seguir adelante en tu camino de agresiones, ¡y con ello no harás más que seguir concitando la antipatía del mundo!  Puedes seguir adelante en tu camino de agresiones, ¡y con ello no harás más que seguir engrandeciendo el prestigio y el mérito de la Revolución Cubana! Puedes seguir adelante en tu camino de agresiones, ¡y con ello no harás más que aumentar la admiración que el mundo ya siente, a pesar de tus mentiras, por la Revolución Cubana!; puedes seguir adelante en tu camino de agresiones. ¿No comprendes que un pueblo, cuando adopta un camino de libertad y de progreso, no lo abandona jamás?  (EXCLAMACIONES DE: “¡Nunca!”) ¿No comprendes que ese pueblo está decidido a todos los sacrificios?; ¿no comprendes que si pretendes rendirlo por hambre, ese pueblo, sobre su propia tierra, esa tierra que tú explotaste hasta hoy, esa tierra rica que tantos millones te dejó, sobre esa tierra y en esa tierra, nuestro pueblo puede producir todo lo que necesite para no pasar hambre?  
¿No comprendes que nuestro pueblo, en el empeño de llevar adelante su obra, de labrar su felicidad, está dispuesto a soportar...? Y cuando digo pueblo, no hablo de traidores, ni hablo de desertores, ni hablo de cobardes, ni hablo de acomodaticios; hablo de pueblo, hablo de los que tienen vergüenza, hablo de los que tienen dignidad (APLAUSOS Y EXCLAMACIONES DE:  “¡Cuba sí, yankis no!”), hablo de esos obreros que se van los domingos a construirles casas a los campesinos, hablo de esos maestros voluntarios que están en la Sierra Maestra, hablo de esas brigadas juveniles que se preparan para la Patria del futuro, hablo de esas milicias que después del trabajo se van a entrenar para defender la patria ; cuando hablo de pueblo, hablo de los que estamos dispuestos a todas las privaciones, hablo de los que estamos dispuestos a cambiar todas las comodidades materiales por el placer de hacer una patria nueva, cueste lo que cueste .
¿No comprendes que cada desertor y cada traidor que te llevas es una carga menos para la patria? Y en buena hora, en buena hora, se pudieran marchar a tu lado todos los que sean incapaces de defender a su patria; todos los que sean incapaces de amar a su patria; en buena hora se fueran contigo todos los cobardes y todos los traidores; ¡que con nosotros se quedarán los valientes, y los leales, y los que aman a su patria!  
En buena hora tengan patria solo los que están dispuestos a defenderla, en buena hora tengan patria solo los que la amen verdaderamente; en buena hora tengan patria solo cuando esa patria es pequeña y se está frente a poderosos como tú; ¡en buena hora tengan patria solamente los que estén dispuestos a morir por defenderla!  
Y esa expresión de decisión de firmeza de morir por su patria, ya que tu camino torpe es camino que conduce a extravíos mayores; ya que tus agresiones son solo pautas de agresiones mayores; porque empezaste haciendo campañas para desacreditarnos, y nos obligaste a reunirnos para desmentirte; continuaste apañando los ataques y los bombardeos a nuestros pueblos, y a nuestros cañaverales, y nos obligaste a reunirnos para expresarte nuestra indignación y nuestra protesta; y como no pudiste doblegarnos con la calumnia, ni pudiste doblegarnos con las agresiones, ahora nos agredes en la economía, y nos obligas otra vez a reunirnos para decirte que:  ¡Aquí estamos firmes y dispuestos a resistir tus agresiones!  
Y esto que han expresado los obreros metalúrgicos lo expresará el pueblo el próximo domingo frente a Palacio. Allí estarán las milicias, allí estarán los obreros, allí estarán los campesinos, allí estarán los jóvenes, allí estará cuanto cubano tenga vergüenza; para decirte que, a pesar de tus agresiones, estamos unidos, estamos firmes y estamos enteros, porque somos un pueblo de una madera que puede pararse delante de los poderosos como tú para decirte que:  resistiremos a tus agresiones, porque somos un pueblo de una madera de los que pueden librar batallas como estas y de los que pueden escribir una batalla como esta, en la página de la historia de la humanidad.
Y porque, lejos de ser un pueblo que rehuya el sacrificio, o rehuya la lucha, no olvides que, cuando este pueblo ganó la primera gran batalla destruyendo tu ejército mercenario; destruyendo tu pandilla de asesinos que nos gobernaban, millones de cubanos sintieron en sus rostros la vergüenza de no haber podido contribuir con su esfuerzo; cientos de miles de cubanos comprenden hoy que aquello no era el fin de la lucha, sino el principio, y que los que se avergonzaron de no haber hecho nada, hoy comprenden que la historia comienza; hoy comprenden que la lucha comienza, y que es una lucha más meritoria todavía, que es una lucha más digna todavía , que es una lucha más heroica todavía y más larga, porque no sabemos cuántos años tendremos que estar sufriendo tus agresiones; cuántos años tendremos que estar luchando contra tus agresiones.  Una lucha más emocionante todavía tenemos por delante, y para esa lucha tenemos millones de cubanos.
Y ahí, ahí, en las filas del pueblo, hay legiones de héroes, legiones de combatientes, legiones de hombres extraordinarios. ¡No olvides que, para luchar en defensa de la patria, para resistir y para vencer, en este pueblo hay millares de Camilos!
FIDEL CASTRO RUZ

Fuente: http://www.cuba.cu/gobierno/discursos

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