julio 10, 2012

Discurso de Fidel Castro en el acto de clausura de la Plenaria Azucarera, celebrada en Artemisa, Pinar del Río (1960)

DISCURSO EN EL ACTO DE CLAUSURA DE LA PLENARIA AZUCARERA, CELEBRADA EN ARTEMISA, PINAR DEL RIO
Fidel Castro
[28 de Junio de 1960]

― Versión taquigráfica de las oficinas del Primer Ministro ―

Compañeros azucareros; Campesinos; Pinareños; Artemiseños; Milicianos y milicianas;
Compañeros todos:
Hoy habíamos sido convocados aquí para celebrar un acontecimiento feliz, un sueño de los más acariciados... (SE INTERRUMPE LA TRASMISION DURANTE VARIOS SEGUNDOS)... las tierras cañeras. ¡Quién les iba a decir hace solamente algunos años, quién les iba a decir a los trabajadores de los grandes latifundios cañeros, que ellos iban a ser los dueños de esas tierras y de esas cañas! ¡Quién les iba a decir a las familias que vivían hacinadas en los barracones o a las orillas de las guardarrayas, que esas tierras, sí, esas tierras donde habían estado trabajando toda la vida—trabajando para enriquecer a otros, trabajando para enriquecer a propietarios extranjeros, incluso, en muchos casos—; que esas tierras que recogieron tantas lágrimas de nuestros campesinos, que recogieron tanto sudor de nuestros trabajadores, que fueron testigos de tanta miseria y de tanta tristeza; esas tierras donde el campesino se sentía como un extraño, como un extranjero; esas tierras que un yanki cualquiera poseía como amo todopoderoso —un señor extranjero que ni siquiera conocía nuestro idioma, que ni siquiera sabía decir a derechas buenos días, era el que mandaba en ellas, el que recogía los frutos del esfuerzo de los trabajadores cubanos—; esas tierras defendidas por la Guardia Rural, iban a ser un día sus tierras!  ¡Y al fin ese sueño se había logrado, al fin esa aspiración justa de nuestros campesinos se había logrado!
No conocían, en medio de los mares de caña, más que algunos meses de trabajo en medio de la mayor pobreza.  Y sin embargo, un día llegó en que los trabajadores azucareros de esos enormes latifundios dedicados a las cañas de administración pudieron decir: “Esta caña es mía, esta tierra es mía; ya no seré como un extraño en esta tierra, ya nadie me impedirá trabajarla, ya nadie me impedirá sembrar los alimentos que necesite para mí y, sobre todo, para mi esposa y mis hijos, ya nadie me obligará a vivir en una guardarraya, ya nadie me obligará a pasar hambre, ya nadie me prohibirá que en esta tierra y con mi trabajo honrado, en esta que es mi patria, pueda yo trabajar; ya no podrá venir de tierras extrañas un señor poderoso, que ni siquiera sabe decir buenos días en mi propio idioma, a decirme: 'yo soy el dueño de esta tierra, váyase a vivir a las guardarrayas'“  .
Pues eso fue lo que estuvo pasando durante 50 años en esta tierra nuestra, que costó tanta lucha y tanta sangre hacerla libre; en esta tierra nuestra, abonada con los huesos de tantos cubanos generosos que no vacilaron en darlo todo por verla un día soberana y libre. Eso ha estado pasando durante 50 años después que los yankis vinieron con sus cowboys, al final de la guerra, a apoderarse del fruto de nuestros sacrificios, del fruto de nuestro trabajo y de nuestro esfuerzo.  Eso ha estado pasando durante 50 años; durante 50 años los amos extranjeros estuvieron mandando a nuestros guajiros a vivir en las guardarrayas.  Y mientras los soportamos no había problemas, mientras nuestros campesinos se resignaron a pasar hambre y a vivir en las guardarrayas, mientras nuestros campesinos se resignaron a ver morir a sus hijos de miseria, mientras nuestros campesinos se resignaron a vivir en los bohíos, mientras el americano vivía en confortables residencias (EXCLAMACIONES DE: “¡Fuera! ¡Fuera!”); mientras nuestros campesinos se resignaron a ver cómo el hijo de cualquiera de ellos moría en unas horas, víctima de las epidemias, sin tener una peseta para comprar medicinas o para solicitar los auxilios de un médico; mientras nuestros campesinos se resignaron a un campo sin escuelas y sin caminos; mientras nuestros campesinos se resignaron al oprobio y a la humillación de la Guardia Rural; mientras nuestros campesinos soportaron en silencio todas aquellas injusticias, aquella situación en su propia tierra no había problemas.  Y así, durante 50 años, los amos extranjeros estuvieron mandando a nuestros guajiros a vivir en las guardarrayas.
Pero llegó un día en que los cubanos nos cansamos de tanta injusticia, llegó un día en que los cubanos nos cansamos de tanta Guardia Rural, llegó un día en que los cubanos nos cansamos de tanto esbirro (EXCLAMACIONES DE: “¡Paredón!  ¡Paredón!”), llegó un día en que los cubanos nos cansamos de amos extranjeros, llegó un día en que los campesinos les dijeron a los amos extranjeros:  “¡No quiero seguir viviendo en las guardarrayas, no quiero seguir trabajando para amos extranjeros ni para amos de ninguna clase, no quiero seguir viendo a mis hijos morir de miseria, no quiero seguir sintiéndome extraño en mi propia tierra, no tengo por qué obedecer aquí a un extranjero que me mande a vivir en las guardarrayas!” (APLAUSOS Y EXCLAMACIONES DE: “¡Cuba sí, yankis no!”)  Llegó un día en que los guajiros les dijeron a los extranjeros: “¡Váyanse para sus tierras, que estas tierras son nuestras!  (EXCLAMACIONES Y APLAUSOS); ¡váyanse a mandar en sus tierras, que en estas tierras mandamos nosotros!”    Llegó un día en que los campesinos dijeron: “¿Por qué vamos a pasar hambre en una tierra tan fértil como la de nuestra patria? ¿Por qué no vamos a poder sembrar una sola mata, cuando nosotros con nuestro trabajo podemos darles de comer a nuestros hijos?” ¡Llegó un día que tenía que llegar, por mucho que les cueste trabajo comprenderlo a los que ya nos han explotado bastante!
¿Era justo o no era justo que los cubanos aspirasen a mandar en su propia tierra?  (EXCLAMACIONES DE: “¡Sí!”) ¿Era justo o no era justo que los guajiros se convirtiesen en los dueños de los grandes latifundios?  (EXCLAMACIONES DE: “¡Sí!”) ¿Era justo o no era justo que los cubanos dejasen de morirse de hambre en su propia tierra?  (EXCLAMACIONES DE: “¡Sí!”)
Cuando nos moríamos de hambre, es decir, cuando estaba ocurriendo una cosa injusta, cuando el pueblo vivía en medio de la opresión, cuando la ciudadanía era víctima de los esbirros, de los torturadores y de los criminales, cuando centenares de vidas eran segadas todos los meses, cuando todas las miserias y todos los abusos tenían lugar en nuestra patria, entonces no se hablaba de quitarle a Cuba la cuota azucarera.  Mientras los cubanos se resignaron a vivir en la opresión y la miseria, cuando nuestro país era víctima de todos los horrores, a ningún yanki se le ocurrió proponer una ley rebajando o quitando la cuota azucarera.
¿Por qué? ¿Por qué hoy, en cambio, nos quieren quitar la cuota azucarera? ¿Por qué? ¿Porque hayamos hecho algo injusto?  ¡No, sino porque hemos hecho algo justo!  
Los cubanos han estado trabajando durante 50 años para enriquecer a los monopolios extranjeros; ¡los cubanos han estado trabajando más de 50 años para los yankis!  (EXCLAMACIONES DE: “¡Fuera!”) Nosotros pasábamos hambre, pero ellos cada día eran más ricos; éramos un pueblo hambriento y esclavizado, y cuando les dijimos que no estábamos dispuestos a pasar más hambre, que no estábamos dispuestos a soportar más crímenes, que no estábamos dispuestos a seguir trabajando para ellos, entonces han querido tomar venganza, y nos han dicho:  “Porque has querido que estas tierras sean tuyas, porque has querido ser libre, porque te has rebelado, nos vamos a vengar; como antes trabajabas para nosotros, como antes sembrabas caña para nosotros, entonces había cuota; entonces, mientras te resignaras a seguir viviendo así, no tendrías problemas con nosotros, pero desde el momento en que quieras ser libre, desde el momento en que quieras trabajar para ti, desde el momento en que quieras ser dueño de la tierra de tu patria, desde el momento en que quieras ser feliz, desde el momento en que quieras que tus hijos aprendan a leer y escribir; desde el momento en que quieres tener una casa decente para vivir; desde el momento en que quieras tener todo lo que necesitas, entonces seré tu enemigo, entonces tomaré venganza contra ti, entonces te haré pagar caro, te haré pagar un precio alto por ese afán de ser feliz, por ese afán de vivir de tu trabajo, por ese afán de querer a tu patria, por ese afán de querer a tus hijos, por ese afán de querer ganarte el pan con el sudor de tu frente.”
Porque lo que los cubanos plantearon no fue el deseo de vivir del trabajo de otro, lo que los cubanos plantearon fue su derecho a vivir de su propio trabajo; lo que los cubanos plantearon no fue quitarles las tierras de Estados Unidos a los trusts norteamericanos, lo que los cubanos plantearon fue quitarles la tierra cubana, es decir, su propia tierra, a los trusts norteamericanos ; lo que los cubanos plantearon fue su derecho a vivir de su trabajo y no del trabajo de otros pueblos, porque lo que esos gringos hacían aquí era vivir del trabajo de los cubanos, lo que esos magnates colorados y mofletudos hacían aquí era vivir del trabajo de nuestros campesinos anémicos, era vivir del trabajo de nuestros campesinos muertos de hambre, era vivir de la miseria y de la pobreza de nuestro pueblo.  Y lo que nuestro pueblo planteó no fue el deseo de vivir del trabajo de otros pueblos, sino el deseo de vivir de su propio trabajo; lo que nuestro pueblo planteó no fue el deseo de vivir de la riqueza de otras naciones, sino el deseo de vivir de su propia riqueza.  Nosotros no estábamos explotando a nadie, nosotros éramos explotados; nosotros no queremos explotar a nadie, lo que nosotros queremos es que nadie nos explote.
Y a eso es a lo que aspira nuestro pueblo, eso es lo que ha querido nuestro pueblo, eso exclusivamente es lo que ha querido nuestro pueblo.  Pero entonces nos han dicho: “¿Te crees que podrás aspirar a vivir de tu trabajo? ¿Te crees que podrás aspirar a vivir de tu tierra y de tus riquezas? ¿Eso te crees?”
Le han dicho al pueblo cubano: “¿Eso te crees, que puedes aspirar a ser libre? ¿Eso te crees, que puedes aspirar a ser feliz? Tú eres un pueblo inferior, tú eres un pueblo que no tiene derecho a progresar, tú eres un pueblo destinado a trabajar como borrego, en beneficio de nuestros intereses, en beneficio de nuestros bolsillos. Atrévete si puedes —le han dicho a nuestro pueblo—, atrévete si puedes. Te crees que puedes ser libre y no podrás serlo, porque nosotros somos demasiado poderosos para impedírtelo. Te crees que puedes dejar de vivir en las guardarrayas, te crees que puedes dejar de vivir en los bohíos, te crees que puedes dejar de vivir en la miseria; eso te crees, pero tendrás que seguir viviendo en la miseria, tendrás que seguir viviendo en los bohíos, tendrás que seguir viviendo en las guardarrayas, tendrás que seguir sin trabajo la mayor parte del año, tendrás que seguir viendo morir a tus hijos, tendrás que seguir viviendo en la humillación. Y eso que te crees de que te has librado de los esbirros no es más que una ilusión, no es más que un sueño, porque pronto tendrás otra vez a los esbirros asesinando (EXCLAMACIONES DE PROTESTA), pronto tendrás otra vez a los esbirros dando plan de machete (EXCLAMACIONES DE PROTESTA) y pronto te quitaremos esas tierras y esas cooperativas y esas cañas que estás sembrando. Te crees que eres dueño de esas cañas y no es más que una ilusión, te crees que vas a poder cortar esas cañas y no es más que una ilusión, te crees que vas a tener en cada cooperativa un pueblecito limpio y bonito —como esos pueblecitos que estamos haciendo en distintos lugares de Cuba—, te crees que vas a tener escuelas, que vas a tener casa y no es más que una ilusión. Te crees que vas a tener felicidad y no es más que una ilusión; te crees que puedes tener patriotismo, que puedes tener dignidad, que puedes tener patria y no es más que una ilusión; te crees que eres capaz de llevar adelante tu Revolución y no es más que una ilusión.”
Y nos dicen: “Te vamos a debilitar, te vamos a hacer flaquear, te vamos a asustar.” Y nos dicen:  “No importa que organices milicias, nosotros tenemos aquí criminales de guerra ; no importa que los obreros y los campesinos se organicen en milicias, nosotros tenemos aquí infantería de marina (EXCLAMACIONES DE: “¡Fuera!”), y nuestros infantes de marina son superiores a cualquier latinoamericano, nuestros infantes de marina ya una vez intervinieron en Haití, intervinieron en Nicaragua, intervinieron en Santo Domingo, intervinieron en México y han impuesto nuestra ley a los pueblos débiles de América.”
“No importa que el pueblo de Cuba tenga la razón, nosotros tenemos la fuerza. No importa que los campesinos se sientan felices con sus tierras y sus cañas, no importa que los obreros agrícolas se levanten a las 6:00 de la mañana a limpiar esas cañas; son ilusiones, ilusiones de los pobres, ilusiones de las familias hambrientas que creen que van a tener pan; ilusiones de los pobres, porque ese trabajo de nada te valdrá, ese esfuerzo que estás haciendo de nada te valdrá, porque nosotros, que hemos organizado la economía de ese país; nosotros, que nos pasamos 50 años explotando esa tierra; nosotros, que nos pasamos 50 años sembrando caña y caña y nada más que caña; nosotros, que nunca nos preocupamos por establecer industrias, sino exclusivamente por explotar los servicios públicos y por extraer de la tierra cubana sus recursos naturales y sus materias primas; nosotros, que hemos mantenido a ese país en el retraso; nosotros, que hemos mantenido a ese país en la pobreza, no tenemos que preocuparnos, porque es un pueblo débil, un pueblo pobre, un pueblo subdesarrollado, un pueblo sin fábricas, un pueblo que no tiene, nada más que caña, porque nosotros no sembramos más que caña, y un pueblo que está dependiendo de nosotros, porque para eso nosotros no sembramos más que caña, y si nos da la gana no compramos el azúcar. Y por eso no podrás liberarte, no tendrás valor para liberarte, no tendrás el espíritu suficiente para luchar por tu libertad, y tendrás que seguir dependiendo de nosotros, tendrás que seguir siendo un esclavo nuestro, tendrás que seguir trabajando para nosotros.”
Y eso es lo que quieren decirnos cuando proponen una ley draconiana, una ley que viola el derecho internacional, que viola los tratados internacionales, y que no solamente es una ley criminal, sino también una ley estúpida.  Estúpida, porque pretenden que el pueblo de Cuba se doblegue, pretenden que el pueblo de Cuba se acobarde (EXCLAMACIONES DE: “¡Nunca!  ¡Nunca!”); pretenden, además, que los cubanos todos los años tengamos que rezarle una oración al Tío Sam (EXCLAMACIONES DE: “¡Nunca!”) implorándole que nos de unas libritas más, o que nos quite unas libritas menos, y que además todos los años, cuando ellos señalen la cuota de azúcar que nos van a comprar, nosotros tengamos que sentirnos agradecidos del Tío Sam.
Es decir que estos señores están en plena decadencia, porque solamente un gobierno en decadencia no es capaz de comprender la situación a que lo han conducido sus errores, no es capaz de comprender el descrédito y la ola de antipatía que se ha levantado contra ellos en todo el mundo, no es capaz de comprender que los pueblos están cansados de tanta explotación, para venir a cometer un error más, que solo ha de servir para aumentar las antipatías que ya se tienen bien ganadas en el mundo entero .
Nuestro país no tiene la culpa de la economía que le impusieron durante medio siglo, nuestro país no tiene la culpa de lo que hicieron aquí los gringos (EXCLAMACIONES DE: “¡Fuera!  ¡Fuera!”), nuestro país no tiene la culpa de los latifundios cañeros, nuestro país no tiene la culpa de una economía subdesarrollada y dependiente en gran parte del azúcar. Y abusando de esa situación que crearon ellos, hoy pretenden doblegar al pueblo de Cuba con una ley que consiste en mantener a la nación con un puñal en el pecho, en mantener a la nación en medio de la inseguridad, en mantener al pueblo en medio del temor y que ningún cubano, ningún trabajador, ningún obrero azucarero, ningún ciudadano tenga la más remota posibilidad de saber cuál va a ser su situación el próximo año, si va a vender el azúcar o si no la va a vender; si puede contar con tantos ingresos para sus planes de industrialización o no puede contar con ellos.  Es decir, someter a un país al capricho de un mandatario extranjero, que si ese mandatario extranjero se levanta un día de mal humor, se levanta un día disgustado, ese día puede decidir el destino económico de nuestra patria.
La fórmula que inventaron no solo es una fórmula inmoral, sino que es además una fórmula traicionera. Porque no dijeron: “Te quitamos tanto”, y que el pueblo de Cuba sepa lo que se le quita; lo hicieron peor, lo hicieron con más refinamiento, lo hicieron con la crueldad que caracteriza al egoísmo sajón, lo hicieron con ese refinamiento con que siempre han caracterizado su política internacional.  Es decir, no señalan el daño, sino que se reservan el derecho a hacer el daño de la magnitud que les de la gana; no señalan el daño para que el pueblo se prepare para el daño que vaya a recibir, sino que se reservan el derecho de hacer el daño por sorpresa, para que el pueblo no pueda prepararse para el daño que va a sufrir.
Esa es la política del gobierno norteamericano, esa es la política de un gobierno que ha despertado una ola de antipatía en el mundo entero, esa es la política de un gobierno que no puede visitar ningún pueblo de la América Latina sin que los obreros y los estudiantes lo chiflen, esa es la política de un gobierno cuyo presidente no puede visitar a los pueblos de América Latina, cuyo vicepresidente no puede visitar a los pueblos de América Latina sin que los pueblos de América Latina lo apedreen y lo escupan .
Esa es la política de un gobierno que no puede visitar al pueblo del Japón, porque el pueblo del Japón recibió con piedras y palos a su secretario de prensa, y dijo: “¡Aquí no tienes que venir a buscar nada!” Esa es la política de un gobierno que no es capaz de ver cómo el mundo se levanta contra él, que no es capaz de ver las consecuencias de sus errores. Y tranquilamente, cuando todavía no han tenido tiempo de reponerse de los reveses que han sufrido en el mundo, cuando todavía no han tenido tiempo de reponerse del ridículo que hicieron en la conferencia cumbre con el avión espía que mandaron al territorio de otro país, cuando todavía no han tenido tiempo de reponerse de la repulsa de los pueblos asiáticos, cuando todavía no han tenido tiempo de reponerse de la apedreada que le dieron a Nixon en las calles de Caracas, como si no fuera suficiente la antipatía y la mala voluntad que se han ganado en todo el mundo, recurvan sobre un pueblo de América Latina, como un ciclón, para tratar de arrasar la economía de nuestro país, para tratar de rendirnos por hambre, para tratar de doblegar a nuestro pueblo.
Parece como si no comprendieran que nuestro pueblo tiene valor y tiene dignidad suficiente para resistir el tiempo que sea necesario resistir, hasta que ese imperio de injusticia, de explotación y de abuso se venga a tierra, víctima de sus propias estupideces.  Han creído que nos van a rendir por hambre cuando, en realidad, más hambre de la que ha pasado nuestro pueblo, no podrá pasarse nunca más en nuestra patria.
Y lo que era más triste: aquí pasaba hambre una gran parte del pueblo, mientras otros comían a carretes llenos.  Hay un hambre muy triste, que es el hambre del pobre mientras ve que los poderosos se hartan a sus costillas.  ¡Y esa hambre triste no la volverá a pasar nuestro pueblo!  
Si aquí, como consecuencia de las agresiones yankis y del entreguismo de los vendepatrias que les hacen el juego; si aquí, como consecuencia de los traidores y los quintacolumnistas asociados a los intereses explotadores extranjeros, nuestra patria fuese víctima del hambre en alguna ocasión, ¡no será un hambre triste como antes, porque sería un hambre para pobres y para ricos!  (APLAUSOS Y EXCLAMACIONES DE: “¡Fidel, Fidel!  ¡Venceremos!  ¡Venceremos! ¡Cuba sí, yankis no! ¡Cuba sí, yankis no!”) Y si pretenden rendir de hambre a nuestro pueblo, ¡aquí los últimos que se van a morir de hambre son los pobres de Cuba! (APLAUSOS Y EXCLAMACIONES DE: “¡Patria o Muerte!”)  Y que, por supuesto, en este intento de rendirnos por hambre, a los yankis no les queda en Cuba ni los clavos de los zapatos (APLAUSOS Y EXCLAMACIONES DE: “¡Cuba sí, yankis no!”); porque en ese intento de irnos quitando la cuota libra por libra, les iremos quitando central por central (APLAUSOS Y EXCLAMACIONES DE: “¡Fidel!  ¡Fidel!”), y les iremos quitando centavo a centavo hasta la última inversión de norteamericanos en Cuba (APLAUSOS Y EXCLAMACIONES DE: “¡Cuba sí, yankis no!”), y no solo eso, sino que libra por libra iremos suspendiendo todas las importaciones norteamericanas en Cuba.  ¡El mundo es ancho, y nosotros les compraremos a los que nos compren!  
Nos someterán a los sacrificios que quieran someternos, ¡pero podremos decir con orgullo que somos los dueños de nuestra tierra, que aquí ningún extranjero puede darnos órdenes! Nos quitarán las cuotas, ¡pero no nos podrán arrebatar la república! (APLAUSOS Y EXCLAMACIONES DE: “¡Fidel!  ¡Fidel!”); nos quitarán las cuotas, ¡pero no podrán jamás ponernos de rodillas!; porque, como dijo nuestro inolvidable Camilo, “de rodillas no nos hincaremos más que ante los muertos de la patria”.
Nos quitarán las cuotas, ¡pero con las cuotas que nos quiten tendrán que acabarse de arrancar la careta de explotadores y enemigos de la humanidad! (APLAUSOS Y EXCLAMACIONES DE:  “¡Fidel!  ¡Fidel!”); nos quitarán las cuotas, ¡pero con las cuotas tendrán que arrancarse para siempre la simpatía del pueblo de Cuba!; nos quitarán las cuotas, ¡pero con las cuotas no podrán quitarnos la vergüenza y la dignidad con que estamos dispuestos a morir en nuestra tierra!  ; nos quitarán las cuotas, ¡pero con las cuotas no podrán quitarnos la razón!; nos quitarán las cuotas, ¡pero con las cuotas no podrán quitarnos el orgullo del ejemplo que Cuba es hoy para todos los pueblos de la América!; nos quitarán las cuotas, ¡pero con las cuotas no podrán arrancarle al mundo sus ansias de libertad y de progreso!; nos quitarán las cuotas, ¡pero con las cuotas no podrán quitarse el descrédito y la antipatía que se han ganado en todo el mundo!; nos quitarán las cuotas, ¡pero con esa agresión vergonzosa que un país poderoso pretende llevar adelante contra un pueblo pequeño, cuya economía manejaron a su antojo, no harán sino convertir a Cuba en el centro de la admiración y la simpatía de todo el mundo!  
Y si creen que el pueblo flaqueará, ¡se equivocan! Flaquean los que estaban acostumbrados a vivir muy bien, flaquean los que vivían del trabajo y del sacrificio de los demás, flaquean los que nunca pasaron hambre, flaquean los que nunca pasaron necesidad; pero ese pueblo, ese pueblo de guajiros, ese pueblo de obreros y de obreras que saben lo que es el trabajo, que saben lo que es el sacrificio, que saben lo que es pobreza, que han sabido lo que es el hambre, ¡ese pueblo no flaquea jamás!  
Es como si a nosotros, que sabemos lo que es la vida de las montañas, que sabemos lo que es dormir, o tratar de dormir bajo la lluvia y sin cobija alguna, que sabemos lo que son las noches de frío sin frazadas, que sabemos lo que es pasar días y días sin ingerir alimentos o sin fumar un cigarrillo, nos fuésemos a sentir incapaces de soportar otra vez esa vida. Y si nosotros tuviésemos que vivir no 2 años, sino 10 años pasando esos trabajos, 10 años ya los pasaron nuestros mambises de 1868 a 1878, y no se cansaron; porque Maceo y Gómez pasaron 10 años de campaña, 10 años durmiendo en hamacas, 10 años pasando frío, 10 años luchando, 10 años guerreando, y no se cansaron. Y cuando a Maceo, después de 10 años de guerra y de lucha, le hablaron de paz, dijo: “¡No, no quiero paz si no trae aparejada la libertad!” 
Lucharon durante 10 años y todavía les sobró energía para volver a los campos de lucha, casi 20 años más tarde, para seguir luchando, para seguir sacrificándose y para luchar hasta el último aliento por servir a su patria.
Los que crean que los cubanos no son capaces de pasar trabajo, se engañan; sobre todo los que crean que los pobres no son capaces de sacrificarse y pasar trabajo, se engañan. Porque los pobres toda su vida no hicieron más que pasar trabajo y soportar el sacrificio cuando no tenían delante una esperanza; pasar trabajo para ayudar a otros, sacrificarse como se sacrificaban por otros. ¡Cómo no se van a sacrificar los pobres de nuestra patria por ayudarse a sí mismos!    ¡Cómo no van a sacrificarse nuestros campesinos por defender las tierras que les hemos entregado, por defender las casas que les estamos haciendo, por defender las escuelas que les estamos fundando, por defender el prestigio, el respeto, el cariño, la consideración, el honor y el orgullo que hoy tienen en nuestra patria! ¡Cómo no se van a sacrificar nuestros campesinos y nuestros obreros por defender ese derecho de llevar en sus manos para defenderse, para defender a su patria y para defender sus intereses, ese mismo fusil que antes tenían en sus manos los que abusaban de los obreros y de los campesinos! ¡Cómo no van a estar dispuestos a todos los sacrificios que la patria les imponga, los que toda su vida no conocieron más que el sacrificio!
Y eso es precisamente lo que quieren ignorar los que creen que una batalla se les puede ganar a los humildes, los que creen que esta batalla con los humildes, por los humildes y para los humildes nos la pueden ganar; los que creen que, alineando frente al pueblo humilde a los poderosos —los poderosos que han estado luchando con los poderosos, por los poderosos y para los poderosos—, pueden ganarles a los humildes; los que creen que con los acostumbrados a vivir bien, que con los acostumbrados a tener de todo, con los que no saben lo que es el sacrificio y lo que es el trabajo, les pueden ganar esta batalla a los que no han sabido de otra cosa en la vida que de las privaciones, de los sacrificios y de los trabajos. Y vamos a ver cómo los poderosos explotadores le pueden ganar la batalla al pueblo humilde, al campesino, al obrero, y en fin, a la inmensa mayoría de nuestra patria.
Y nosotros sí sabemos de esas cosas, y sabemos quién resiste y quién no resiste, sabemos quién pelea y quién no pelea, sabemos los que tienen mucho que perder en la vida y los que nada tienen que perder en la vida. Y todo hombre humilde del pueblo, hasta el último campesino, hasta el último obrero, sabe qué batalla estamos librando y por qué la estamos librando; sabe que estamos librando esta batalla para él y por él; sabe que no hemos querido plegarnos nunca ni nos plegaremos jamás a los enemigos de los hombres y las mujeres humildes de nuestra patria; sabe que, como quería Martí, ¡hemos echado nuestra suerte con los pobres de este mundo! Saben que por ellos estamos luchando, y que hemos sido invulnerables al oro de los poderosos, y que al Gobierno Revolucionario no lo pueden ni comprar ni atemorizar.
Hasta el último ciudadano humilde sabe que esta lucha la estamos librando por él, por sus hijos, para que sus hijos no tengan que vivir avergonzados por andar descalzos, para que sus hijos no tengan que vivir avergonzados de no saber leer ni escribir, para que sus hijos sepan lo que es una vida distinta. Hasta el último hombre humilde sabe las tristezas del pobre, las humillaciones del pobre, las penas del pobre, las injusticias que tiene que sufrir, las heridas que tiene que sufrir, la humillación en que ha tenido que vivir.  Y hasta el último ciudadano humilde de nuestra patria sabe que esta batalla la estamos librando por él, para que no tenga nunca un cubano que padecer el látigo de la humillación, del desprecio, del olvido y de la degradación, que esa ha sido la vida de nuestros pobres.
Hasta el último compatriota que lleva en su alma la cicatriz de alguna herida, de las heridas que han tenido que recibir a lo largo de su existencia los que no han tenido otra cosa que su trabajo y sus brazos; las heridas que recibieron sus padres, sus hermanos; las que han tenido que sufrir o tendrían que continuar sufriendo sus hijos, sabe que esta batalla la estamos librando por él, que por él nos hemos enfrentado a los poderosos, que por él nos hemos enfrentado a los más poderosos, a los grandes poderes que eran los amos de nuestra tierra; que por él hemos mantenido levantado nuestro estandarte, que por él hemos estado dispuestos y estaremos dispuestos a afrontar todas las consecuencias, que por él hemos luchado y que por él estamos dispuestos a dar hasta la última gota de nuestra sangre .
Sabe hasta el último ciudadano humilde de nuestro pueblo, además, que en esta lucha para nosotros no habrá alternativa posible; que nosotros estaremos junto al pueblo hasta el último instante, estaremos junto al pueblo hasta el final .  ¡Y el final será, para cualquier combatiente, la patria libre o la muerte digna!    ¡Y para el pueblo será siempre la victoria, cualquiera que sea el precio que nos obliguen a pagar!
¡Seguiremos trabajando sin desalentarnos, seguiremos haciendo reforma agraria, seguiremos arando los campos, seguiremos sembrando, seguiremos diversificando nuestra agricultura, seguiremos sembrando caña y, junto a la caña, iremos sembrando todos los demás alimentos!  
Venderemos el azúcar, sembraremos el azúcar que podamos vender y, cuando sobre azúcar, no ocurrirá como antes, que se acababa el trabajo y se iba el guajiro para la guardarraya; no, ¡cuando sobre caña, quitamos la caña y sembramos maíz, y sembramos viandas, sembramos arroz, y sembramos frijoles, y sembramos pastos, y sembramos alimentos de todas clases!; ¡cuando sobre caña, sembraremos otra cosa, porque para eso no es el americano el que manda en nuestra tierra, sino nosotros!  (APLAUSOS Y EXCLAMACIONES DE: “¡Fidel!  ¡Fidel!”)
Antes, cuando sobraba caña, el guajiro iba para las guardarrayas y sin trabajo; el americano, a pasear. Ahora que el americano ya se fue de paseo, cuando sobre caña sembraremos otra cosa.  Y la tierra siempre dará, la tierra siempre dará para que ni en los años más difíciles falte un plato de alimento en la mesa de cada familia cubana. Y no descansaremos, no descansaremos hasta que no hayamos sembrado la última pulgada de nuestra tierra; y sembraremos todo lo suficiente para que el hambre quede desterrada para siempre de nuestra patria, ya que nada ni nadie nos podrá impedir que sembremos nuestra tierra generosa.
Y como réplica a las agresiones, podemos comunicarles hoy, en esta concentración, que en todas las cooperativas cañeras nuestro ideal es la diversificación de los cultivos para que haya trabajo todo el año; la diversificación de los cultivos para que no tenga el pueblo que depender de un solo producto; la diversificación de los cultivos para que la economía de cada cooperativa sea más sólida.
Hoy tenemos que partir de la caña; hay cooperativas cuyas áreas están completamente sembradas de un solo producto: caña. De momento no puede demolerse, porque hay que cumplir las obligaciones que exige el mercado. Si en cualquier momento se reduce la demanda, podemos inmediatamente demoler lo que sobre del área y dedicarlo a granos o cualquier otro cultivo rentable, e ir diversificando cada cooperativa cañera. Aun cuando se mantenga la misma demanda en el mercado, podemos ir reduciendo el área de caña mediante la intensificación de los cultivos, el uso de abonos, de regadío y de mejores cultivos, para producir la misma cantidad de caña en menos terreno, y que lo primero que vamos a hacer en cada cooperativa cañera es una lechería. Y ya estamos haciendo los experimentos, a fin de conocer las posibilidades de usar el cogollo tanto en los tiempos de corte como guardado para la época de seca o en que la caña crece, a fin de utilizar lo que hoy se desperdicia en alimento para el ganado y para producir leche, a fin de que todas las familias puedan consumir ese alimento en las cooperativas cañeras.
Y ya estábamos estudiando los cálculos para establecer una lechería en cada una de esas cooperativas, con no menos de 100 vacas de ordeño, de manera que tengan este alimento asegurado, con cuota o sin cuota (EXCLAMACIONES Y APLAUSOS).
Así que a todos los cooperativistas cañeros, que vayan estudiando las condiciones del terreno para dedicar una pequeñita parte de pastos, y utilizar lo que hoy se pierde de la caña cuando se corta para alimento, porque en cada cooperativa vamos a poner una lechería (APLAUSOS Y EXCLAMACIONES DE:  “¡Bravo!”).  Pero además, en cada cooperativa vamos a hacer el pueblo con todas las ventajas.
Naturalmente que no pueden construirse juntos todos los pueblos, pero ya estamos entrenando a miles de soldados rebeldes y de brigadas juveniles para poder construir el mayor número de pueblos posibles al menor costo, ¡y que cada cooperativa tendrá su pueblecito, con cuota o sin cuota!  (APLAUSOS Y EXCLAMACIONES.) ¡Y cada pueblecito tendrá su centro escolar para los hijos de los cooperativistas, con cuota o sin cuota!; ¡cada pueblecito tendrá agua corriente y luz eléctrica, con cuota o sin cuota!; ¡cada pueblecito tendrá sus campos deportivos y sus equipos de deporte, con cuota o sin cuota!; ¡cada pueblecito tendrá sus círculos sociales, sus lugares de instrucción y de recreo para los adultos, con cuota o sin cuota! ¡Y en cada cooperativa tendremos la malanga, el maíz, los boniatos y todas las viandas y vegetales, con cuota o sin cuota!  (APLAUSOS Y EXCLAMACIONES DE: “¡Bravo, Fidel!”) ¡Y los niños de nuestros campesinos tendrán ciudades escolares, con cuota o sin cuota! ¡Y las futuras generaciones irán creciendo en un mundo mejor, con cuota o sin cuota!  
Martí dijo en aquellos versos: “Yo quiero cuando me muera, sin patria pero sin amo...” (DEL PUBLICO LE DICEN A CORO: “tener en mi tumba un ramo de flores y una bandera”.) Y nosotros podemos decir: ¡Sin  cuota, pero sin amo; sin americanos, pero con patria! Tenemos patria y no tenemos amo.  Y esa patria la tenemos porque la hemos ganado luchando, a pesar de los ejércitos de España y a pesar de los americanos.  ¡Nos la hemos ganado luchando, y no habrá quien nos la pueda quitar!  (EXCLAMACIONES DE: “¡Nunca!”) La tenemos, y nos sentimos seguros de ella, porque nos sentimos seguros de nosotros mismos, porque nos sentimos seguros de que podemos defenderla.  ¡Sin cuota, pero con un fusil en los brazos de cada campesino y cada soldado, con un fusil en los brazos de cada patriota, de cada revolucionario, para que sepan que, con cuota o sin cuota, vamos a tener patria!  (APLAUSOS Y EXCLAMACIONES DE: “Fidel!  ¡Fidel!”)
Y que de una vez, definitivamente, no se hagan ilusiones de que puedan destruir la Revolución (EXCLAMACIONES DE: “¡Nunca!”); que no se hagan ilusiones para que no vayan a morir de desengaños, si es que no mueren de otra cosa. ¡En el caso de que sus ilusiones los lleven a agredir a nuestra patria, no saldrán! , o tendrán que salir más precipitadamente de lo que se imaginan; porque si hay algo contra lo que van a chocar hoy, van a chocar siempre y van a chocar cada vez más, es contra el honor y la vergüenza de nuestro pueblo; si hay algo contra lo que se van a estrellar, es contra este pueblo pequeño, pero que tiene tanta razón, tiene tantos hombres y mujeres dignos y tiene tanto valor y tiene tantas simpatías en el mundo como para rechazar cualquier agresión económica o militar.
¡Peleamos y ganamos además!  (EXCLAMACIONES DE: “¡Venceremos! ¡Venceremos!”)  Porque nosotros estaríamos defendiendo nuestra tierra, estaríamos defendiendo nuestras ciudades, estaríamos defendiendo nuestras familias, estaríamos defendiendo nuestros hogares, estaríamos defendiendo nuestro cielo, estaríamos defendiendo nuestro sol, estaríamos defendiendo nuestros árboles, estaríamos defendiendo nuestros campos, nuestras montañas, nuestros ríos; estaríamos defendiendo la tierra donde hemos nacido, donde hemos crecido, donde queremos trabajar y vivir en paz ; estaríamos defendiendo lo nuestro frente a los intrusos. Y a los intrusos aquí lo único que puede esperarles, es dar con sus huesos en la tierra que quieran mancillar.
Por eso, estamos seguros de que el pueblo saldría victorioso, y que no debe temerle a ninguna agresión (EXCLAMACIONES DE: “¡No!”); que no es la primera vez que casas de familias cubanas son destruidas con bombas gringas, con aviones gringos, con napalm gringo y por esbirros instruidos por gringos. No es la primera vez que sus aviones y sus bombas han asesinado mujeres y niños cubanos, no es la primera vez que el napalm y las bombas, con un letrerito que decía: “Made in USA”, han asesinado familias. Y nosotros hemos tenido oportunidad de ver niños con las entrañas desparramadas; hemos tenido oportunidad de ver agonizar niños, después que balas norteamericanas calibre 50, en aviones norteamericanos, con pilotos instruidos por norteamericanos, los han ametrallado (EXCLAMACIONES DE:  “¡Paredón!  ¡Paredón!”).
No es la primera vez que hemos tenido que enfrentarnos a esa barbarie.  Y cuando nosotros hablamos de estas cosas, no es porque deseemos tener que luchar; no, cuando hablamos de estas cosas es con la esperanza de que los que en sus cerebros calenturientos, atormentados y desquiciados, estén planeando agresiones contra Cuba, ¡sepan que Cuba se va a defender, sepan que Cuba va a pelear y sepan que Cuba va a vencer!  (EXCLAMACIONES DE: “¡Venceremos!  ¡Venceremos!”) Cuando hablamos de estas cosas lo hacemos con el deseo de que los enemigos de nuestra Revolución recapaciten, lo hacemos con la convicción de que nuestro pueblo resistirá con invencible heroísmo, con la esperanza de que los haga meditar bien cualquier paso contra nuestra patria, y la respeten; porque lo que queremos es que la respeten. Y los que no la respeten, ¡tendrán que morder el polvo de la derrota!
FIDEL CASTRO RUZ

Fuente: http://www.cuba.cu/gobierno/discursos

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