julio 12, 2012

Discurso de Fidel Castro en el acto de recordación a los mártires del asalto al Palacio Presidencial el 13 de Marzo de 1957 (1961)

DISCURSO EN EL ACTO DE RECORDACION A LOS MARTIRES DEL ASALTO AL PALACIO PRESIDENCIAL EL 13 DE MARZO DE 1957, CELEBRADO EN LA ESCALINATA DE LA UNIVERSIDAD DE LA HABANA
Fidel Castro
[13 de Marzo de 1961]

― Departamento de versiones taquigráficas del Gobierno revolucionario ―

Estudiantes;
Trabajadores;
Ciudadanos todos:
Hoy venimos a conmemorar un aniversario más, de un sacrificio más, de un grupo de mártires más, en una fecha más de la patria.
Muchas son las fechas que podríamos conmemorar, mas, hay algunas que son como símbolos; y esta fecha del 13 de Marzo es una de esas fechas símbolos, que la patria debe recordar siempre. Hace unos días nos reuníamos para recordar a los obreros y a los soldados que cayeron cuando estalló “La Coubre”; hoy, para recordar aquel hecho heroico y para recordar a los compañeros que cayeron aquel día, para recordar a esos jóvenes estudiantes universitarios que pagaron un precio tan alto por lo que tenemos hoy.
Y era lógico que aquí nos reuniéramos los que representamos al pueblo revolucionario, ya que aquí se reúnen esta noche los que representan a las fuerzas revolucionarias del país, a las fuerzas sociales revolucionarias, y a las organizaciones revolucionarias que las representan.
Los compañeros que me han precedido hacían el recuento, y es muy cierto que los que aquí han permanecido fieles a la bandera de la Revolución son los que, efectivamente, quisieron hacer una verdadera revolución. El compañero Cubelas enumeraba a aquellos miembros del Directorio Revolucionario que lucharon junto al compañero Echeverría, y señalaba que todos estaban aquí presentes, todos aquellos dirigentes de aquella organización revolucionaria. Exactamente lo mismo podríamos decir de todos aquellos compañeros que en los días más difíciles de la lucha en las montañas permanecieron allí dispuestos a afrontar todos los obstáculos que tenían delante, y exactamente podría decirse de aquellos miembros del Partido Socialista Popular, que en los días difíciles de la persecución y de la clandestinidad no desertaron de su causa; lo mismo podríamos decir de todos aquellos cubanos que durante mucho tiempo, durante largos años, y quizás durante vidas enteras, habían estado deseando esta hora de Cuba; y lo mismo podríamos decir, si vivieran, de todos aquellos jóvenes y aquellos revolucionarios que a lo largo de nuestra vida republicana supieron ofrendar su vida por un ideal; y lo mismo podríamos decir de aquellos mambises que en el 68 y en el 95 supieron luchar y supieron morir, y aun aquellos que no murieron no tuvieron esa suerte que hemos tenido nosotros, ¡de ver ondearse, enteramente libre, la enseña de la patria!
La historia de los pueblos la hacen los hombres leales, los hombres que perseveran, los hombres que no desertan de su causa. Y así, la propia Revolución ha ido depurando sus filas. Días hemos visto, en conmemoraciones como esta, en que a la tribuna donde se venía a recordar a los mártires de la Revolución acudían, hipócritamente, quienes por carecer de ideales, quienes por carecer de moral, quienes por carecer de honor, no tenían derecho a estar en esta tribuna.
La propia Revolución se ha encargado de irlos dejando en el camino; muchos de ellos están hace rato del otro lado. Pero, en realidad, los que aquí quedamos nos sentimos mucho mejor. Había caras que nosotros necesitábamos, todos, mucha paciencia para tolerar y que, sin embargo, puesto que la Revolución no le ha negado a nadie un puesto en la lucha, puesto que la Revolución no ha sido excluyente, puesto que la Revolución no era monopolio de nadie, ellos podían ejercer el derecho, si querían, de volverse revolucionarios. Y no lo ejercieron, prefirieron ejercer el derecho de volverse mercenarios. Ellos tenían el derecho a permanecer leales; el pueblo fue generoso en el olvido de muchos pecados, pero los pecadores reincidieron, en vez de ser leales fueron traidores.
Los que aquí quedaban junto a la Revolución, son como esos hombres y esas mujeres que no se mueven de su sitio, que son capaces de sonreír y hasta de soportar divertidamente un aguacero, como si cualquier cosa. Y en eso pensábamos nosotros, en la firmeza de los hombres y mujeres del pueblo; en eso pensábamos nosotros, en lo maravilloso que es un pueblo revolucionario, en la diferencia que va de ayer a hoy, en la diferencia que va entre aquellas muchedumbres que se reunían al calor de un entusiasmo pasajero y el pueblo que se reúne hoy, aferrado a su bandera y enraizado en su tierra, con el cual se puede contar para todo .
A ese pueblo, que no lograrán conmover ni la agresión económica, ni el sacrificio que esa agresión nos imponga, ni los peligros, ni el terror; a ese pueblo, que despreciaban ayer los que lo explotaban, los que todavía no han sabido calibrar suficientemente hoy; a ese pueblo, que desprecian los que nunca han sentido con el pueblo; a ese pueblo, que desprecian los que se asocian a los más inmorales intereses para tratar de quitarle lo que la Revolución le ha dado, para tratar de arrebatarle lo que la Revolución ha conquistado para él; pero sobre todo, para tratar de arrebatarle no el presente, que el presente está lleno de horas de lucha, el presente está lleno de esfuerzo, el presente puede estar lleno de sacrificios, sino para arrebatarle el futuro, para arrebatarle la esperanza que alienta nuestro pueblo, el porvenir por el cual estamos luchando todos.
Y es hora de que vayamos aprendiendo, es hora de que vayamos comprendiendo, es hora de que vayamos sabiendo lo que es una revolución. Una revolución es un acontecimiento demasiado serio; una revolución es un hecho demasiado profundo y grande en la vida de los pueblos; una revolución no se hace fácilmente. Y de los acontecimientos de las revoluciones hablan siempre las generaciones venideras; y de las grandes revoluciones hemos leído y hemos hablado siempre con verdadera admiración, pero sobre todo de los pueblos y de las generaciones que hacen las revoluciones.
Y nuestra Revolución es uno de esos acontecimientos que hará historia; y del pueblo que está haciendo la revolución, y de la generación que está haciendo la revolución, hablarán mañana con admiración las generaciones venideras de Cuba, de América y del mundo entero. Por eso, debemos sentirnos dignos de la empresa que estamos realizando; no debemos hacernos ilusiones de que es una empresa fácil. Es posible que hasta aquí no haya sido muy difícil; es posible que hasta aquí no haya implicado grandes sacrificios; es posible que hasta aquí el pueblo haya podido recibir mucho, y en poco tiempo hemos recibido mucho y hemos hecho pocos sacrificios. Porque en realidad, el pueblo no los ha hecho; en realidad, quienes aquí han tenido que observar la ausencia de algunos beneficios o de algunas satisfacciones personales, han sido los que explotaban al pueblo. Y los que explotaban al pueblo han visto desaparecer muchos de sus gustos y muchos de sus privilegios. Pero todavía esa clase ejerce sobre el pueblo alguna influencia; esa clase no es la que predica el sacrificio; esa clase es la que predica la inconformidad. Esa clase no es la primera en aconsejar fortaleza frente a las privaciones; es la primera en iniciar la protesta, es la primera en expresar su queja, y trata de contagiar su resentimiento y su amargura a los demás.
Por eso, debemos aprender a analizar la revolución tal como es: una pugna enconada de intereses, y que las revoluciones se hacen velando por el interés del pueblo; que las revoluciones se hacen velando por el interés de ustedes, jóvenes, hombres y mujeres humildes del pueblo; las revoluciones se hacen para llevar a aquellos la felicidad que nunca han tenido, para llevar a aquellos los beneficios que nunca han recibido, aunque para lograr ese justo propósito haya que sacrificar todos aquellos privilegios y todos aquellos beneficios que hayan tenido con exceso unos cuantos.
Las clases dominantes no solo eran corrompidas, no solo vivían dedicadas a la frivolidad y a la holgazanería, sino que además esparcían su corrupción, o trataban de expandirla, a otros sectores del pueblo; trataban de contagiar de su espíritu frívolo y de su holgazanería crónica, a otros sectores del país; trataban de contagiar, con sus gustos y sus caprichos, a las propias clases dominadas por ellas; trataban de contagiar a esas clases con su falta de espíritu de sacrificio, con su falta de espíritu creador, con su falta de deseo de progresar.
Y en realidad, para que comprendamos bien la revolución, es necesario saber que ustedes, hombres y mujeres humildes del pueblo, deben tener presente siempre que esta es una lucha entre los que ayer los explotaban, y entre ustedes — y los que luchamos junto a ustedes— para que el pueblo pueda tener lo que siempre le habían negado; deben saber que los sacrificados aquí en virtud de la realidad de la revolución, los sacrificados conscientemente, son los privilegiados; a los que la revolución sacrifica sin consideración alguna son a los que explotaban al pueblo . Y los otros sacrificios, los otros sacrificios, los que la lucha nos impone a nosotros, son los sacrificios que necesariamente debemos hacer para alcanzar el triunfo.
Antes, como decíamos hace poco, el pueblo no poseía nada; pero había, sobre todo, una extraordinaria diferencia entre los que nadaban en la abundancia, y los que nadaban en la miseria; entre los que tenían varias casas, varios automóviles, grandes negocios y grandes ingresos —piénsese, por ejemplo, en aquella familia que percibía mensualmente 150 000 pesos por concepto de rentas—, entre los que tenían sus escaparates llenos de ropa, entre los que tenían en su casa los muebles más lujosos, los equipos eléctricos más modernos, a cuya disposición estaba todo el confort y todo el lujo que podía imaginarse, y aquellos que no tenían ni casas, ni zapatos, ni muebles, ni medicinas, ni alimentos siquiera. Había un verdadero abismo entre unos y otros.
Por eso, cuando en medio de una revolución se carece de algunas cosas, los que notan la carestía no son precisamente aquellos que siempre carecieron de todo. La familia campesina que vivía en un bohío de tierra y hoy recibe una casa moderna, con luz y con agua, que tiene una escuela para sus hijos, que tiene un médico y que tiene trabajo, no observa que falte nada; los que carecían de todo no le echan hoy de menos a nada, y los que lo tenían todo hoy le echan de menos a todo.
Es bueno que abordemos este tema por cuanto la Revolución entra en etapa de lucha enconada, de lucha enconada contra los privilegios que no se resignan a su desaparición, de lucha enconada contra el imperio que tampoco se resigna a su desaparición. Y cuando se entra en esa etapa hay que alertar los espíritus, hay que alertar los ánimos, hay que levantar más la guardia, hay que elevar la conciencia revolucionaria, hay que aumentar la vigilancia, hay que acerar el espíritu, hay que prepararse a dar la batalla (APLAUSOS Y EXCLAMACIONES DE:  “¡Venceremos, venceremos!”).
Y cuando hablamos de sacrificios, no hablamos de que al pueblo le faltará la alimentación, al pueblo no le faltará la alimentación; cuando hablamos de sacrificios no hablamos de que al pueblo le faltará vestido, al pueblo no le faltará vestido, al pueblo no le faltará escuelas, al pueblo no le faltará casas, al pueblo no le faltará hospitales, al pueblo no le faltará trabajo (APLAUSOS y EXCLAMACIONES DE: “¡Venceremos, venceremos!”). No, al pueblo no le faltarán esas cosas, y no le echará de menos absolutamente a nada, aquel que no tenía trabajo, ni tenía casas, ni tenía escuelas para sus hijos, ni tenía medicinas, ni tenía alimentos; soportará las horas difíciles mucho mejor aquel que nada tenía; lo esencial no le faltará al pueblo, pero lo que importa saber es si los explotadores de ayer nos van a influir porque carezcamos de aquellas cosas que no son indispensables. Porque sin lo indispensable podemos vivir, sin lo indispensable podemos seguir adelante.
La agresión y el bloqueo económico pueden privar al pueblo de muchas cosas que no son indispensables; la agresión y el bloqueo económico pueden privar a la nación, momentáneamente, de algunas cosas que sí son indispensables para la industria, por ejemplo. Y es claro, ¿qué quieren los enemigos de la Revolución? ¿Quieren acaso facilitar su triunfo?, ¿o quieren llenar su camino de obstáculos? Los enemigos de la Revolución lo que quieren es el fracaso de la Revolución. ¿Para qué? Para volver al ayer, para volver a aquella época en que unos cuantos lo tenían todo y nadaban en la abundancia, mientras millones de cubanos carecían de todo y nadaban en la miseria.
Cuando el gobierno imperialista decretó la supresión de nuestras cuotas azucareras, ¿qué quería? Cuando el gobierno imperialista decidió prohibir el envío de piezas de repuesto de industrias y de maquinarias a Cuba, ¿qué quería? Quería traer el hambre, quería dejarnos sin recursos económicos, quería paralizar nuestro transporte, quería paralizar nuestras industrias. ¿Y por qué quería paralizar nuestro transporte, paralizar nuestras industrias y privarnos de recursos económicos? Para hacernos fracasar. ¿Y por qué nos querían hacer fracasar? Sencillamente porque pusimos fin a los abusos que cometían con nuestro pueblo , porque pusimos fin a la explotación que realizaban con nuestro pueblo, porque rescatamos las tierras de la nación que estaban en manos extranjeras, porque rescatamos la industria de la nación que estaba en manos extranjeras, porque rescatamos los servicios públicos de la nación que estaban en manos extranjeras, porque rescatamos los bancos de la nación que estaban en manos extranjeras, porque rescatamos la producción azucarera de la nación que estaba en manos extranjeras , porque rescatamos la soberanía de la nación que estaba en manos extranjeras, porque hemos rescatado para el pueblo, lo que ayer era patrimonio de los monopolios extranjeros.
Por eso, y para que en América los pueblos hermanos no hagan lo mismo, por eso, y para evitar que ocurra lo mismo a los monopolios en otras partes de América, quieren que la Revolución fracase; porque no quieren perder las minas, y las tierras, y los bancos, y las industrias y los negocios que tienen en todas partes del mundo. Por eso quieren que la Revolución fracase, y porque hemos sido los primeros en hacer lo que todos los pueblos de América querrían hacer, y porque hemos decidido gobernarnos por nosotros mismos, y porque hemos reivindicado la independencia y la soberanía de la nación, y porque somos un pueblo libre que no tenemos que pedir le permiso a nadie. ¡Y porque somos un pueblo decidido y firme que ha tenido el valor de enfrentarse al coloso imperialista! (APLAUSOS Y EXCLAMACIONES DE: “¡Cuba sí, yanquis no”,“pin pon, fuera, abajo Caimanera!”, etcétera)
Porque no encuentran aquí ya gobernantes arrastrados y sumisos, por eso quieren que la Revolución fracase; porque el pueblo de Cuba está enseñando a los demás pueblos de América el camino verdadero de la liberación, liberación que no habrán de esperar jamás, ¡liberación que no podrán esperar jamás de las manos impúdicas que con unos cuantos millones de dólares quieren comprar la conciencia de América!
Porque estamos enseñando a los pueblos de América el camino verdadero de la justicia y de la liberación, que no podrán esperar jamás de los mismos que solo persiguen un propósito: mantener su dominio colonial sobre el continente, mantener la posesión natural de los recursos del continente y mantener los mercados donde invertir sus dólares usureros y lograr ganancias fabulosas a costa de las miserias de los pueblos.
Era como el campesino que se pusiera a esperar del latifundista que le diera la tierra; era como el esclavo que se pusiera a esperar de los amos que le diera la libertad; era como el pobre que se pusiera a esperar del rico que le diera pan.
Y nosotros estamos enseñando a la América el camino verdadero; que es por Cuba, y solo por la Revolución Cubana, que el gobierno imperial se ha venido a llenar de preocupaciones y recordarse ahora de que la América Latina existe. Hasta hace apenas dos años, el imperio yanqui no se acordaba de que América existía. Y como el caso de Cuba ha venido a enseñarles que América existe, hoy se llenan de inquietud, pero no por el bienestar de América, sino por el temor de perder a América.
¿A quién pueden hacer creer que los consorcios financieros, que los avaros sedientos de oro, que los millonarios yanquis estén preocupados del progreso de América? Los millonarios yanquis y quienes los representan en el gobierno de ese país no tienen otra preocupación que el temor de perder sus negocios en América, que el temor de perder sus pozos de petróleo en América, que el temor de perder sus latifundios en América, que el temor de perder los obreros que trabajan barato para ellos en América, que el temor de perder su mercado de capitales.
Y es una verdadera tomadura de pelo histórica que intenta ser tornadura de pelo continental, esa supuesta “Alianza para el Progreso” de la cual habló hoy el millonario Kennedy (EXCLAMACIONES y SILBIDOS). ¡Alianza para el progreso! ¿Y de qué les habla? ¿Les habla de reforma agraria? ¡No!, porque Kennedy sabe que sus aliados y sus amigos en la América Latina no son los campesinos pobres, no son los indios sin tierra; no, Kennedy sabe que sus aliados y sus amigos en la América Latina son los grandes latifundistas.
¿De qué les habla? ¿Les habla, acaso, del desarrollo industrial de los países de América Latina?, ¿del aprovechamiento de sus grandes recursos naturales? ¿Les habla acaso de la independencia económica? ¡No! ¿Y de qué les habla? Les habla de casas, de escuelas, les habla de caminos, es decir, habla de facilitar 500 millones de pesos, pero no para hacer industrias, no para hacer reforma agraria, ¡no! ¿Y no por qué? Porque Kennedy es representante de los millonarios americanos, y los millonarios americanos no quieren en América Latina industrias nacionales; los millonarios americanos ven que pierden sus mercados de capitales de Asia; los millonarios americanos ven que son desplazados de otros sitios del mundo, y los millonarios americanos no quieren industrias nacionales en los pueblos de América Latina, sino industrias yanquis en los pueblos de América Latina.
Y por eso, cuando habla de la limosna, de la limosna de 500 millones con los cuales quiere comprar la conciencie de América, no se atreve a mencionar la palabra “fábrica”, no se atreve a mencionar la palabra “industria nacional”, no se atreve a mencionar ninguna de las medidas con las cuales sí resolverían los pueblos sus problemas.
Kennedy no puede hablar de desarrollo económico, porque se lo prohíbe su complicidad con los grandes monopolios, con los grandes millonarios. Y los millonarios, si dan una limosna, es a condición de que sea para gastarla en cosas que no signifique desarrollo de la economía nacional, que no signifique independencia económica, porque los consorcios financieros no estarían dispuestos a aceptar ninguna política que significara desarrollo económico de América Latina. Esto, sin contar con que la limosna se quedaría siempre en manos de aquellos que, por lo general, no dejan ni los clavos; de aquellos que los dólares entran por aquí y ellos los sacan por otro lado para Europa o para los propios Estados Unidos.
Y por eso, ¿de qué hablan? De escuelas. Para resolver los problemas escolares no hacen falta los 500 millones de Kennedy. Cuba es el primer país de América Latina que ya tiene el número total de maestros que necesitaba para la instrucción primaria; Y Cuba es el primer país de América, incluyendo Estados Unidos, que erradicará totalmente el analfabetismo. Y Cuba será, a fines de año, el único país de toda la América que pueda pintar en sus aeropuertos, aquella exclamación de que “aquí todo el mundo sabe leer y escribir”.
Para resolver los problemas de la vivienda, no hacen falta los 500 millones de Kennedy; la Revolución le ha dado a cada familia la casa donde vivía. Y, además de eso, en Cuba este año, solo en el campo, se están construyendo 25 000 viviendas.
Para hacer caminos, no hacen falta los 500 millones de dólares yanquis, porque en Cuba estamos comunicando hasta las regiones más apartadas del país, y hasta sitios que estuvieron incomunicados durante siglos, como la península de Zapata, hoy tienen magníficas carreteras, en solo dos años de gobierno revolucionario.
Para resolver los problemas de construcciones escolares, no hacen falta los 500 millones de dólares de Kennedy; ahí está desde la ciudad escolar, hasta los cuarteles más pequeños, convertidos todos en escuelas por la Revolución.
Es decir que, para resolver esos problemas, no hace falta la limosna de los 500 millones, lo que hace falta es otra cosa: rescatar las riquezas nacionales de manos extranjeras.
¿Y por qué nosotros, sin los 500 millones, y sin un millón — que ni lo necesitamos ni lo queremos — , por qué nosotros, a pesar no ya de que ni pedimos ni necesitamos, sino aun habiéndonos quitado, como nos han quitado, cientos de millones de dólares, criminalmente, en un acto de agresión infamante, en un acto de agresión incalificable, a un país cuya economía dependía totalmente del mercado que ellos habían creado, en un país cuya economía había sido moldeada por ellos, de acuerdo con sus intereses, aun habiéndonos quitado cientos de millones de dólares, habernos suprimido totalmente la cuota azucarera, en un acto incalificable de agresión, que solo se puede esperar de los bandidos imperialistas , en un acto de piratería internacional, que solo podía esperarse de los filibusteros imperialistas, arrebataron millones de dólares de nuestra economía, y cómo a pesar de la feroz agresión podemos tener maestros, podemos tener escuelas, podemos tener casas, podemos tener caminos y podemos tener hospitales?
¿Cómo, a pesar de la feroz agresión, hay 200 000 cubanos más trabajando?; ¿cómo, a, pesar de la feroz agresión, hay 1 000 becados estudiantes ya en la universidad de La Habana?; ¿cómo a pesar de la feroz agresión, estamos desarrollando un programa de 80 000 créditos a los pequeños agricultores?; ¿cómo a pesar de la feroz agresión, hemos aumentado extraordinariamente la producción nacional? ¿Cómo, sin limosnas, y aun arrebatándonos lo que nos correspondía, aunque solo no fuera más que porque nuestra economía era una economía que ellos habían forjado a la medida de sus intereses, una economía de monocultivo, una economía que dependía de un solo mercado, contraviniendo todos los preceptos martianos, cómo hemos podido dar ya, en dos años, lo que el señor Kennedy ofrece a la América Latina para las “calendas griegas”? ¿Cómo?, y, ¿por qué? Sencillamente, porque hemos desalojado de aquí a todos los monopolios yanquis; sencillamente, porque hemos hecho una revolución y hemos rescatado para el pueblo sus riquezas fundamentales.
Y eso es lo que no se puede contrarrestar con limosnas, eso es lo que no se puede conquistar con dólares usureros, eso es lo que nunca podrán ofrecerle a nuestra América. Y nuestra América no podrá ser comprada con 500 millones de dólares, y nuestra América no podrá ser comprada de ninguna forma; porque la independencia económica no se vende, la dignidad nacional no se vende, ¡el porvenir de los pueblos no puede venderlo nadie, y quien lo venda estará engañando al comprador!
Y Kennedy quiere comprar lo que nadie podrá venderle; y por eso, ante la acción de un pueblo pequeño, de uno de los pueblos más pequeños del continente, el “gigante todopoderoso” del continente se agita, y se llena de preocupaciones y de miedo, y dice que el problema de Cuba no es ya el problema de él, el del gigante, con el país pequeño; el gigante, acobardado, se siente débil frente a la moral, y a la razón, y al prestigio, del pueblo pequeño, y dice que Cuba no es un problema de Estados Unidos con Cuba, sino  un problema de toda la América con Cuba; y nosotros podemos decir que el problema de Cuba con Estados Unidos no es un problema de Cuba con Estados Unidos, ¡sino es un problema de toda la América Latina con Estados Unidos!
Con razón el distinguido líder revolucionario mexicano Lázaro Cárdenas ha declarado que si a Kennedy se le ocurriera hacer una visita por América del Sur, iba a tener un recibimiento muy parecido al del señor Nixon (EXCLAMACIONES DE: “¡Fuera!”); es decir, que lo iban a recibir con aquellas muestras con que recibieron al anterior vicepresidente.
Y es que la América Latina está despertando. ¿Por qué esa reunión apresurada con los embajadores latinoamericanos?, ¿por qué ese anuncio de “importantes declaraciones”?, ¿por qué? Pues, porque notan que América despierta, y porque los planes van fracasando.
Las victorias populares de los sectores de izquierda, en varios países de América Latina, son más que suficientes para preocupar muy seriamente al imperialismo yanqui; la digna actitud asumida por el Presidente del Brasil, y el Presidente de Ecuador en defensa de la Revolución Cubana, es decir, en defensa de la libre determinación de los pueblos y en contra de la intervención unilateral o colectiva en otro pueblo; las declaraciones del actual Presidente del Consejo de Gobierno de Uruguay; la victoria de Palacios en Argentina; las victorias de los candidatos del Partido Socialista y del Partido Comunista en Chile , donde los tres candidatos del Frente Popular conquistaron formidable victoria; la extraordinaria significación de la Conferencia Latinoamericana por la Emancipación Económica, la Soberanía y la Paz, que acaba de celebrarse en México; la actitud del Gobierno de México con respecto a Cuba, y el apoyo decidido de una figura política tan querida y de tanto prestigio en México, y en el continente, como Lázaro Cárdenas, son motivos más que suficientes para preocupar al imperialismo. Y estuvieron a punto de herir profundamente el sentimiento nacional mexicano, al proponer uno de esos senadores absurdos, que tanto abundan allí en el Senado norteamericano, nada menos que una investigación, ¡nada menos que una investigación en el Senado americano!, sobre una conferencia que habría de celebrarse en México. Pero parece ser que el tremendo prestigio y la personalidad de Lázaro Cárdenas... los impresionó.
Y véase la actitud que la prensa imperialista ha asumido con respecto a Janios Quadros, véase cómo reacciona invariablemente el imperialismo. Quadros ha proclamado una política de plena soberanía nacional; Quadros ha proclamado el derecho de Brasil a mantener relaciones y a comerciar con todos los pueblos del mundo; Quadros ha proclamado su apoyo al ingreso de la República Popular China en las Naciones Unidas; Quadros ha proclamado el principio de no intervención; frente a los planes yanquis de formar un bloque contra Cuba, Quadros ha dicho: “No ” . Son manifestaciones absolutamente soberanas de un país de América.
Parte hacia Brasil un enviado extraordinario, y ¿a quién envían? ¡Ah, milagro de la inteligencia yanqui; envían nada menos que a un ex embajador que en otra ocasión había actuado allí con absoluta falta de respeto a la soberanía brasileña, y es natural que el Presidente brasileño lo recibiera cortésmente, desde luego; a su debido tiempo, desde luego, pero sin ir allí reptilmente a doblegarse, como han hecho en otras ocasiones otros gobernantes en América Latina.
Simplemente mantiene una digna actitud, mantiene la compostura y la dignidad de un presidente, y eso solo, eso solo ha bastado para que desaten contra el Presidente de Brasil una feroz campaña de propaganda en los periódicos imperialistas. ¡Cómo nos recuerda eso la actitud de esa misma prensa hacia nosotros!
No se han tratado de medidas de orden económico y social; simplemente medidas de carácter internacional, y ya el imperio se siente ofendido, y de nuevo el imperio expresa ante la faz del mundo que no está dispuesto a tolerar política independiente en América Latina, que no está dispuesto a tolerar posturas dignas en América Latina. Y ya, incluso, hay algún periódico yanqui que amenaza a Quadros. Y así, por ejemplo, vean con qué falta de respeto uno de estos libelos imperialistas se expresa del Presidente de Brasil.
El “Diario de New York”, que publicó íntegramente la entrevista exclusiva concedida por Janios Quadros al director general de Prensa Latina, Jorge Ricardo Masetti, ataca posteriormente en un editorial al Presidente de Brasil y a la agencia de noticias latinoamericana.“Faltó poco para que Quadros rehusara hablar la semana pasada con el enviado del presidente Kennedy, el exembajador en Brasil A. Berle, y sin embargo recibió especialmente al Director General de Prensa Latina para proclamar su apoyo a la China Popular, a la Unión Soviética y al Gobierno de Cuba” , añade el “Diario de New York”.
Por último, el “Diario de New York” amenaza al Presidente de Brasil, afirmando que “si Quadros sigue por esa línea, que no durará mucho en el poder del país más grande del hemisferio. El ejército brasileño —véase como comienzan a hablar ya del ejército—, a pesar de estar minado en altos e insospechados lugares por comunistas profesionales, no es comunista, ni tolerará un régimen fidelista”. Es decir, que ese libelo yanqui amenaza ya con el golpe de Estado al Presidente de Brasil; ese libelo yanqui habla ya del ejército; ese libelo yanqui, ante una simple manifestación de soberanía, declara que si sigue por ese camino no durará mucho tiempo, que si sigue por ese camino será derrocado, ¡simplemente porque ha hecho manifestación de soberanía!
Y el imperialismo no tardará mucho en pasar de la crítica a la conjura, es decir, de la palabra a los hechos, para realizar lo que han hecho siempre cuando un gobierno se ha proclamado independiente, cuando un gobierno se ha proclamado soberano: el golpe de Estado, la conjura contrarrevolucionaria, como lo han hecho tantas veces en tantos países de América, y como lo tratan de hacer ahora aquí, ¡pero sin la más remota posibilidad de lograrlo!
Nosotros estamos seguros de que frente a las campañas de descrédito de la prensa imperialista, frente a las amenazas del imperialismo, lo único que sucederá es que el pueblo de Brasil se unirá, como se unió el pueblo de Cuba, junto al Presidente que mantenga la línea de la independencia y de la soberanía nacional.
Y no tardarán mucho en empezar a acusar de comunista al presidente Janios Quadros; y no faltan ya algunos periódicos que comienzan la campaña. Ya en Ecuador, el propio Presidente declaró, con extraordinario valor, que le ofrecían ayuda económica a cambio de que rompiera relaciones con Cuba. Véase qué política tan corrompida y tan desvergonzada la política imperialista, qué política tan corrompida la política de los millonarios usureros, que se presentan con un manojo de dólares a proponer indignidades a los gobernantes de América. Esa es la alianza para el progreso de que hablaba el señor Kennedy.
Pero vamos a ver qué ocurre en América Latina, vamos a ver si el imperialismo tiene razón, o Cuba tiene razón; vamos a ver si se puede comprar la conciencia de América como cree Kennedy, y vamos a ver si no se puede comprar la conciencia de América como creemos nosotros . Y, desde luego, no faltó la alusión a Cuba, no faltó su alusión a las “grandes simpatías” que siente por el pueblo de Cuba; simpatía por los latifundistas, ¡sí!; simpatía por las compañías yanquis que había aquí, ¡sí!; simpatías por los que controlaban los bancos, ¡sí!; simpatías por los gangsters que controlaban el juego y el contrabando, ¡sí!; simpatía por los esbirros y los criminales de guerra, ¡sí!; simpatía por los traidores, ¡sí!; simpatía por los discriminadores, ¡sí!; simpatía por los explotadores, ¡sí! Pero simpatías con el obrero, ¡no!; simpatías con el guajiro, ¡no!; simpatía con el negro, ¡no!; simpatía con el humilde, ¡no!; simpatía con el explotado, ¡no!; porque los millonarios usureros simpatizan con los usureros como ellos, pero son incapaces de simpatizar con los pueblos (GRANDES APLAUSOS Y EXCLAMACIONES DE: “¡Pin pon, fuera, abajo Caimanera!”).
Y no es la primera vez que el señor Presidente de Estados Unidos hace manifestaciones de este tono hipócrita con respecto a nuestro país. En días recientes ocurrió un episodio que a nosotros nos reveló mucho sobre la verdadera personalidad del nuevo Presidente de Estados Unidos; un incidente significativo.
Ocurrió que en la ciudad de Guantánamo se produce un brote de poliomielitis. De momento no había allí vacunas, y el funcionario de la Cruz Roja, en vez de comunicarse inmediatamente con la Cruz Roja Nacional, a fin de que en avión les enviasen vacunas inmediatamente, quizás por impaciencia, quizás por ingenuidad, o hasta quién sabe si por nobleza, se decide de su propia cuenta a solicitar de la Cruz Roja de la Base, sin consultar a nadie, algunas vacunas. Ni la Cruz Roja Nacional, ni el Ministerio de Salubridad, sabían nada.
Ante aquel hecho, ¿qué hicieron los de la Base?; ¿actuaron como se debe actuar en esas circunstancias, si alguien por cualquier motivo llega a pedir unas vacunas para prevenir una epidemia entre los niños?; ¿entregaron discretamente las vacunas y guardaron digna reserva frente a eso? No. Inmediatamente acudió allí, donde estaba el funcionario, a la entrega de la vacuna una plaga de reporteros y de fotógrafos, y con mucha ceremonia y mucha solemnidad levantaron acta, e hicieron una gran bulla en torno a la vacuna. Eso, desde luego, estaba mal. Pero lo increíble es que apenas habían pasado 48 horas, y nada menos que en una conferencia de prensa, el propio Presidente de Estados Unidos, a tal extremo al parecer lleva su odio y su intranquilidad con respecto a Cuba, que haciendo un uso indigno y politiquero de aquel hecho, declara que él — ¡oh, santo de Kennedy!— tenía una gran simpatía por el pueblo de Cuba, como lo demostraba esas vacunas que había mandado allí; ciento sesenta y tantas vacunas, solicitadas innecesariamente e inconsultamente.
Y esto nos enseña, nos enseña que todos no son iguales que nosotros, nos enseña que todos no saben distinguir entre lo que es el hecho político y el hecho humano; hasta a un enemigo se le puede hacer un servicio. Y si a nosotros algún día esos mismos imperialistas vinieran a pedirnos una ayuda para salvar a unos niños norteamericanos, nosotros, sin publicidad y sin politiquería, les daríamos las vacunas.
¿Cómo actuar como habría actuado un vulgar politiquero de barrio, como habrían actuado esos sujetos que nosotros tanto conocimos aquí: el politiquero? y lo ridículo de todo eso fue que, entretenidos en politiquear con aquellas vacunas, no se dieron cuenta, o no se quisieron dar cuenta, que habían mandado unas vacunas que estaban vencidas hace tres meses.
Y ese hecho nos dijo mucho sobre el carácter de ese señor, y siempre aprovechando para regar detrás su insidiosa afirmación de que él quiere al pueblo, pero no quiere al Gobierno Revolucionario. Pues bien, sepa el señor Kennedy que el Gobierno es el pueblo (APLAUSOS y EXCLAMACIONES DE: “¡Fidel, Fidel!”); sepa el señor Kennedy que él no puede separarnos del pueblo, como nosotros no podemos separarlo a él de los monopolios y de los millonarios; que pueblo y Gobierno Revolucionario es en Cuba hoy una sola cosa, como millonarios, usureros y Gobierno es hoy en Estados Unidos una sola cosa; que este no es Gobierno de casta enriquecida, que este no es Gobierno de ladrones, que este no es Gobierno de explotadores, que este no es Gobierno de politiqueros, que este no es Gobierno de espadones, ¡que este es un Gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo! ; ¡la Revolución de los humildes, por los humildes y para los humildes! Y gracias por todo lo que le están enseñando al pueblo de Cuba; gracias, por todo lo que ha aprendido el pueblo de Cuba; gracias, por lo mucho que ha abierto los ojos el pueblo de Cuba.
Gracias, por lo que le han enseñado al pueblo a distinguir entre la verdad y entre la mentira; entre la esencia de los derechos y las libertades del hombre, y la máscara de los derechos y las libertades del hombre.
Gracias, por haberle enseñado a este pueblo que el “mundo libre” de los imperialistas es el mundo libre de la España de los 2 millones de asesinados por el franquismo ; que ese mundo libre es el mundo libre de los guerreristas y militaristas alemanes, de la oligarquía guerrerista del Japón; el mundo libre de los Chiang Kai-Shek (EXCLAMACIONES Y SILBIDOS); el mundo libre de los asesinos de Lumumba; el mundo libre de los asesinos de Sandino; y, sobre todo, el mundo libre de los criminales que asesinaron a cerca de 100 obreros y soldados en el vapor “La Coubre”; el mundo libre de los que armaron las manos asesinas de los esbirros; el mundo libre de los que se apoyan en los explotadores, en las oligarquías egoístas que nadan en la abundancia mientras los pueblos nadan en la miseria; el mundo libre de los monopolios y de los trusts; el mundo libre de los hipócritas; el mundo libre de las máscaras que hablan descaradamente de libertad y que ofenden el nombre de la libertad, y que ofenden el nombre de la dignidad humana, ¡porque quieren tener a los pueblos convertidos en esclavos para trabajar por los usureros y los holgazanes!
Y hemos aprendido de ellos, en muy poco tiempo, de lo que es el imperialismo, de cómo no tolera la menor manifestación de libertad; cómo es un mundo sin ideología y sin principio; que practica, que rinde culto al crimen y a la violencia, a la agresión; que rinde culto a la guerra; que rinde culto al oro.
Y ese es su único ideal, su única meta: el oro, aunque sea oro ensangrentado; de oro, aunque sea oro amasado con el sudor de millones de hombres de todos los pueblos del mundo. Y esa es también su única religión. ¿Que creen en Dios? ¡No!; para ellos no hay más Dios que el oro. ¿Que creen en la libertad? ¡No!; para ellos no hay más libertad que el oro. ¿Que creen en la democracia? ¡No!; para ellos no hay más democracia que el oro. ¿Que creen en la dignidad? ¡No!; para ellos no existe ninguna dignidad que no se pueda comprar con oro, ni tienen ni son capaces de concebir una dignidad propia que no se venda por oro. ¡Y no tienen ideales que no sean capaces de vender o de cambiar por oro! ¡Y no tienen principios que no sean capaces de cambiar por oro! ¡Oro, oro y oro, esa es la filosofía del imperialismo!
Y eso es lo que hemos aprendido. Y si eso no lo sabe el pueblo norteamericano es porque no se lo dejan saber los magnates que controlan las revistas, la televisión, los periódicos, el cine y todos los medios de divulgación de las ideas. Y son hasta capaces de llevar a todo ese pueblo a la catástrofe sin que ese pueblo siquiera se dé cuenta. Porque si estas verdades no las comprende el pueblo americano es porque existe toda una maquinaria para engañarlo, para hacerlo mirar las cosas más esenciales de la política nacional e internacional con el mismo criterio por el cual comprarían una botella de Coca-Cola o una marca de cigarros.
Le inculcan las mentiras con los mismos métodos que le inculcan la propaganda comercial. Y al que escriba lo persiguen; y si hay un escritor o un artista que se rebele contra ese mundo de mentiras, lo proscriben y hasta lo encarcelan. Y ejercen un monopolio absoluto sobre todos los medios de divulgación de las ideas.
Y por eso aquel pueblo no ve; aunque tal vez esté próximo el día que el pueblo aprenda, y aprenda mucho el pueblo norteamericano, en la misma medida en que aumenten los millones de desempleados, en la misma medida en que aquella economía artificial y en tren de guerra entre en crisis; algún día aprenderá el pueblo de Estados Unidos, algún día se despertará el pueblo de Estados Unidos.
Y algo sí podemos comunicarle al señor Kennedy: que primero verá una revolución victoriosa en Estados Unidos, que una contrarrevolución victoriosa en Cuba . Porque este régimen se asienta sobre bases sólidas; este régimen revolucionario se asienta sobre bases de justicia. Y aquel régimen, en el orden nacional como en el internacional, se asienta sobre bases de injusticias, y se asienta sobre bases que están llamadas a desaparecer, como está llamado a desaparecer el colonialismo y el imperialismo.
Por eso nosotros podemos pensar en una vida nueva que nace, mientras ellos viven en la obsesión de una vida vieja que perece. Nosotros podemos pensar en el futuro, y luchar por hacer un futuro mejor, mientras los imperialistas tendrán que vivir añorando la época de los grilletes, y tendrán que vivir angustiados tratando de contener un mundo mejor para el mundo y para los propios Estados Unidos.
Esa es la gran diferencia. La otra es una diferencia de poderío. ¿De poderío material? Bien, nosotros tenemos otro poderío, que es el poderío de la razón; y tenemos otro gran poderío: el poderío de la justicia; y otro gran poderío: la sed de justicia, y de derecho, y de vida mejor de 200 millones de latinoamericanos. Y por la fuerza no podrán impedirlo, decididos los pueblos de América a ser libres y a tener un mundo mejor; no alcanzarían todos los millones de soldados de infantería de marina para impedirlo; no alcanzarían todos sus soldados y todos sus aviones, ni siquiera todas sus bombas atómicas. Porque cuando los hombres dispersos por el continente, los hombres hambrientos del continente, sepan lo que pueden hacer por ser libres, todo el poderío del imperio se volverá nada frente a eso.
¿Qué puede un imperio frente a un mundo? ¿Qué pudieron los nazis cuando dominaban la mayor parte de Europa? Los pueblos se sublevaban y combatían; la resistencia crecía, y en toda Europa los grupos de patriotas combatían por las armas a los invasores nazis.
¿Son feroces los imperialistas, tan feroces como los nazis? Sí, es que el nazismo no era más que una consecuencia del imperialismo; el nazismo, como el fascismo, son la meta o el fin de los regímenes imperialistas; y lo que alimentó aquella sed de sangre, aquellos crímenes espantosos, aquel exterminio de pueblos enteros, era el mismo afán de dominio, de explotación y de riquezas que domina los cerebros morbosos de los guerreristas yanquis.
¿Que son, o pueden llegar a ser, tan feroces como los nazis? No importa, difícil es que puedan superarlos, y los nazis no pudieron dominar Europa; mucho menos ellos, por más que organicen escuelas para entrenar oficiales de las oligarquías, por mucho que se rompan la cabeza ideando tácticas para combatir revoluciones, están condenados al fracaso, y la historia enseñará como todas sus tácticas, todas sus tácticas, y todas sus escuelas, y todas sus medidas preventivas, no impedirán el destino de América.
Frente a su poderío material, está el poderío de nuestra razón; pero es que además no solo tenemos el poderío de la razón, el mundo no es solo Cuba, Cuba no es el único pueblo colonizado, Cuba no es el única pueblo explotado por el imperialismo; el mundo es, afortunadamente, mucho más grande, el mundo es grande, y el mundo de los pueblos que se han liberado de la explotación, del colonialismo, del imperialismo, y del capitalismo, ¡es un mundo también poderoso! Y la ciencia al servicio del hombre, la ciencia al servicio de la justicia, ha desarrollado fuerzas mucho más poderosas que las que ha desarrollado la ciencia al servicio de la explotación; y por eso, vista la cuestión de fuerza a fuerza, ¡el poderío del imperialismo es un poderío decadente frente al poderío de la Unión Soviética, de la República Popular China y de los países socialistas!
Luego, los señores imperialistas no pueden campear por su respeto en el mundo, como campeaban en décadas pasadas, y sus posibilidades de maniobra están muy reducidas; y lo que tienen por delante, inexorablemente — y es bueno que meditemos sobre eso— , es que dentro de 10 años la capacidad de producción, y la producción efectiva, de la Unión Soviética estará por encima de la capacidad de producción y de la producción de Estados Unidos; y lo que ocurrirá, inexorablemente, es que el standard de vida de la Unión Soviética sobrepasará el standard de vida de Estados Unidos. Y cuando ese país, país que fue devastado por la guerra civil que lanzaron contra la Revolución de Octubre, guerra civil fraguada en el extranjero, país invadido por 13 ejércitos y casi destruido, país que de una economía semifeudal se desarrolla y vuelve a ser arrasado por la agresión imperialista... Recuerden que, cuando finalizó la guerra pasada, decenas de miles de fábricas habían sido destruidas en la Unión Soviética, decenas de miles de pueblos, los campos arrasados, los rebaños de ganado aniquilados; mientras toda la instalación industrial de Estados Unidos permanece intacta, ni una bomba estalla sobre una fábrica yanqui, ni un tornillo pierde una sola fábrica yanqui.
Quince años han transcurrido. En el llamado “mundo libre”, hay más hambre, más miseria. ¿Quién lo reconoce? ¡Ah!, lo reconoce el propio Kennedy, y lo reconoce hoy mismo (LEE):
“El crecimiento de la población está aventajando al crecimiento económico; los bajos niveles de vida amenazan bajar aun más — ¡en el “mundo libre”!— y el descontento de un pueblo que sabe que la abundancia y los instrumentos del progreso por fin están a su alcance, ese descontento crece...” Lo que no dice Kennedy es el por qué, el por qué la capacidad industrial instalada en ese país ha producido mucho menos de lo que podía producir; lo que no dice es que esa crisis de hambre, ese aumento de la pobreza, es sencillamente consecuencia del imperialismo; y no vemos de qué manera se puede resolver el problema, si el imperialismo no desaparece.
Y estas son verdades que están a mil leguas de poder ser alteradas por mentiras de ninguna índole; son verdades tan irrebatibles que no las va a alterar ningún  sermón de clérigo reaccionario (EXCLAMACIONES DE: “¡Fuera!”) , ningún editorial de periódicos reaccionarios; son estas verdades: que en Estados Unidos quedó una capacidad industrial enorme después de la guerra, capacidad desaprovechada para la humanidad. Han pasado 15 años, y el país arrasado por los nazis, el país dos veces arrasado en 40 años, avanza a pasos tan acelerados que muy pronto estará por encima del país que no ha perdido un solo tornillo en los últimos 50 años, ¡como no sean los “tornillos” de los dirigentes de ese país!
Y esas son verdades irrebatibles. Y, ¿cómo impedir que el mundo siga esa marcha?, ¿cómo impedir que el imperialismo marche hacia esa derrota? Solo una fórmula: la guerra, la guerra de exterminio, la destrucción de los países que avanzan; y esa es la filosofía de los que se saben derrotados, porque no tienen más que sacar números, no tienen más que sumar y que restar. El imperialismo tiene además, ahora, la competencia de sus propios aliados, los demás países colonialistas, los demás países imperialistas, compitiendo entre sí, luchando por un mercado cada vez más pobre, y abatido cada vez más por las contradicciones.
Por eso, no hay más que razonar lógicamente, y se comprenderá el fracaso de los enemigos del progreso de la humanidad; y que fracasen, que se vayan con sus mentiras, que se vayan con su filosofía de oro, que se vayan con su sistema inhumano, su sistema de hambre y de miseria; que se marchen, y que dejen de tener vigencia en la historia de la humanidad, que vayan a refugiarse a donde les corresponde: al pasado.
La humanidad avanza; del continente africano se reclutaban esclavos hace apenas un siglo, y ya de Africa no salen esclavos; del continente asiático se reclutaban esclavos, y ya de Asia no salen esclavos.
La humanidad avanza, la humanidad rompe las cadenas de la esclavitud, la humanidad marcha hacia la justicia; el mundo avanza, y el final, ¿cuál puede ser el final si no el triunfo de los pueblos? ¿Cuál puede ser el final si no la libertad de las colonias? ¿Cuál puede ser el final sino la plena soberanía de las naciones, la independencia económica de las naciones, el desarrollo de las riquezas de las naciones, el desarrollo de la cultura de las naciones? El final no puede ser la esclavitud de nuevo, la colonia de nuevo, la dominación económica de nuevo.
Y a la humanidad los colonialistas no le pueden enseñar nada; a la humanidad los imperialistas no le pueden enseñar nada. En nombre del futuro no pueden hablar los que llevan sobre sus conciencias millones de hombres esclavizados; los que llevan sobre sus conciencias la historia de un continente, como el africano, de donde extrajeron millones de hombres, y los vendieron como bestias; a la humanidad no le pueden enseñar nada los que vendieron a los nativos del Asia; a la humanidad no le pueden enseñar nada los que han mantenido en el atraso y en el hambre a la América Latina; a la humanidad, Kennedy, no le podrás enseñar nada. A la humanidad le pueden enseñar los pueblos como nosotros, como el pueblo chino, el pueblo soviético, el pueblo checo, y todos los pueblos socialistas; a la humanidad le pueden enseñar el pueblo egipcio, el pueblo de Indonesia, el pueblo del Congo, ese pueblo que está allí luchando junto a los dirigentes nacionalistas y revolucionarios; a la humanidad le pueden enseñar los pueblos que han roto las cadenas; a la humanidad no le pueden enseñar nada los que han forjado, durante siglos, las cadenas de la humanidad.
Y para concluir... (EXCLAMACIONES DE: “¡No!”), una breve referencia a un episodio, a un episodio que habla mucho de la alianza para el progreso, ¡la alianza civilizada para el progreso de que hablan o que predican estos señores!: el hecho de que en el día de hoy, en un país que está dedicado al trabajo, que no se sabe que esté en guerra con nadie, en la segunda ciudad de Cuba, en plena madrugada, haya penetrado una nave de guerra artillada a ametrallar una industria nacional, en un acto insólito.
Yo no sé cuál habrá sido el eco de esta noticia en el mundo, pero es verdaderamente increíble, y es muestra de un cinismo del imperialismo, de la desfachatez de los gobernantes de Estados Unidos, el que nuestro país pueda ser atacado de esa manera cobarde y criminal, que una ciudad de un pueblo de este continente, y que una industria de un pueblo de este continente, mientras se está hablando de seguridad continental, mientras se está hablando de que Cuba constituye un peligro para la seguridad del continente, una nave militar, entregada por los únicos que podían entregar esa nave militar a los contrarrevolucionarios, es decir, entregada por el Gobierno de Estados Unidos , y partiendo de las únicas bases de donde puede partir: de las bases organizadas por el Gobierno de Estados Unidos a los contrarrevolucionarios, haya realizado ese hecho escandaloso, que sería como motivo de escándalo, motivo para que la América protestara indignada si no se hubiera hecho ya como una ley de este continente, que nosotros estamos condenados a que en los puertos nos asesinen cientos de obreros, a que nos quemen nuestras cañas, a que violen constantemente el espacio aéreo nacional, a que envíen cargamento tras cargamento de explosivos para sabotear nuestras industrias; sería como motivo para que la América se levantase indignada, si el imperialismo no hubiese convertido en una ley de este continente el derecho a violar nuestro territorio, el derecho a matar a nuestros obreros, el derecho a asesinar a nuestros niños, el derecho a quemar nuestras cañas, el derecho a destruir ya a cañonazos nuestras fábricas.
Y ese es el caso que hemos presenciado hoy. ¿Qué quiere decir eso? Que sube de grado la agresión, sube de grado la desfachatez de los enemigos del país, y así como vienen los aviones lanzando armas o lanzando proclamas, nadie puede sentirse seguro de que cualquier día nos lleguen lanzando bombas.
Y de la misma manera que hoy atacaron una industria y asesinaron a un marino e hirieron a un miliciano, ¿no están expuestos igualmente al ataque como en los peores tiempos de la piratería y el filibusterismo, los puertos de nuestro país y los pueblos de nuestro país, por aviones piratas y naves piratas organizadas por la Agencia Central de Inteligencia yanqui?, porque todo el mundo sabe que son ellos los que les han entregado esas armas, los que les han entregado esos aviones, los que les han entregado esas naves. Y nuestro pequeño pueblo se ve incesantemente acosado y hostigado por los que fracasados en sus campañas contrarrevolucionarias, fracasados en sus planes de bandas mercenarias, fracasados en sus planes de extensión, fracasados en sus agresiones económicas, viendo que la Revolución se mantiene firme, viendo que la Revolución se mantiene, sigue adelante, se desesperan, y ya quieren destruir a bombazos y a cañonazos nuestras industrias.
Y este hecho debe servir para enseñar a América lo que es el imperialismo; lo cínicos y lo criminales que son sus actos; la falta de respeto absoluta por el derecho de los demás pueblos; la falta de respeto absoluta por la vida de los ciudadanos de otro pueblo. Y nosotros, aquí mismo tenemos uno de los proyectiles lanzados sobre la refinería de Santiago de Cuba, un proyectil de cañón 57 milímetros, de fabricación norteamericana...
Y nosotros nos preguntamos si nuestro país va a continuar siendo víctima de estos ataques, recrudecidos desde que ese señor está ahí. En realidad nosotros no lo sabemos, pero debemos tener los ánimos preparados para esto, y para todo. Si nos hacen guerra, resistiremos la guerra; si se empeñan en someternos durante muchos años a estos actos vandálicos y de piratería, que no tienen lugar en ningún lugar del mundo nada más que en Cuba, en virtud de ley del imperio; si tenemos que ponernos a construir morros y fortalezas en todos los puertos, los construiremos ; si tenemos que defendernos de estos ataques filibusteros, nos defenderemos; de las agresiones físicas, como de las agresiones económicas, nos defenderemos.
Por eso les decía al comenzar a hablar, que debemos templar nuestros ánimos para el sacrificio. Y lo digo, porque nosotros no debemos permitir que penetre la influencia de los afectados por la Revolución, y las quejas de los afectados por la Revolución, en el pueblo. Nosotros debemos estar dispuestos a todo. No seríamos un pueblo grande, no seríamos dignos de la empresa que estamos realizando, no seríamos abanderados de la Revolución de nuestra América, si no tuviésemos ese temple, ese temple que han tenido otros pueblos, y que nosotros no hemos tenido todavía oportunidad de probar, porque aquí hay quien se queja cuando no puede ver una película de Gary Cooper; y aquí hay quienes se quejan cuando falta un artículo baladí, y nosotros debemos desterrar de nuestro carácter la queja, nosotros debemos desterrar de nuestra condición revolucionaria la queja. Cuando un pueblo tiene que vivir en pie de guerra como nosotros, cuando un pueblo tiene que vivir bajo el hostigamiento en que vivimos nosotros, debemos de hacernos a una idea, la idea que corresponde a un pueblo, cuando un pueblo, sus fábricas, pueden ser atacados en cualquier momento, y asesinados sus obreros en cualquier momento; la idea de los pueblos cuando están luchando, la idea de los pueblos cuando están en guerra, la idea de los campesinos en la Sierra Maestra, la idea de nuestros soldados en la Sierra Maestra.
No le echamos de menos a nada y, además, debemos prepararnos para resolver con inteligencia nuestros problemas, debemos combatir ciertas manifestaciones inciviles que a veces se observan. Cuando se habla de la escasez de algún artículo, inmediatamente sale mucha gente a comprar ese artículo y produce una escasez artificial, los acaparadores que se llevan esos artículos, los “guardadores” que quieren guardar para ellos. Y así ha pasado con algunos artículos, entre ellos el jabón, y entre ellos el “Fab” y otros artículos. Si un artículo va a faltar que falte, pero que el artículo no falte porque vaya una plaga de especuladores a comprar esos artículos para venderlos más caros. Y el pueblo debe ser el principal encargado de combatir esas actividades, y los agentes del orden público deben colaborar con el pueblo en combatir esas actividades. Antes teníamos la especulación de los almacenistas, la especulación de los grandes negociantes, cómo vamos a caer ahora bajo la especulación de una serie de gente que se dedica a estar comprando esos artículos para después venderlos en el mercado. Debe desaparecer el comercio ilegal de todos esos artículos indispensables.
Hay una plaga de gente que corre detrás del carro, y virtualmente asalta las bodegas. Y ese espectáculo no debemos permitirlo nosotros; si falta, que falte, pero esos hechos inciviles no deben ocurrir, y el pueblo no debe permitir que salga por ahí el lumpen al peculado; ya ha desaparecido la especulación de los grandes agiotistas, y no debe aparecerse la especulación de esa gente que actuando como delincuentes se ponen a estar robándole al pueblo.
Son manifestaciones de incivilidad, de falta de honradez y de falta de conciencia que el pueblo debe combatir.
Ha habido otras cosas, que han constituido motivo de quejas, que nosotros habíamos oído decir de ciertas medidas en las paradas de los ómnibus. Investigado ese problema, los compañeros que están al frente del transporte, que están dentro de eso, informaron que esa medida se debe al problema de las piezas y del desgaste de los ómnibus; que no se trata de una medida dictada por el capricho, sino de que fue necesario a fin de poder sobrepasar una crisis de piezas de repuesto, que el embargo impuesto por Estados Unidos trae consigo, desde el momento en que muchas de esas máquinas son norteamericanas y hay que hacer un gran ahorro de piezas. Quizás el error de los compañeros fue no haber explicado estas cosas.
Nosotros creemos que el pueblo es capaz de colaborar lo indecible y de hacer lo indecible, y que solo hace falta que se le explique. Y debe ser una norma de todos nosotros nunca dictar medida sin explicar el porqué; debe ser una norma de todos los funcionarios del Gobierno, trabajar siempre con el pueblo, explicarle al pueblo, que nosotros estamos seguros de que el pueblo siempre cooperará; el verdadero pueblo, el que defiende la Revolución como cosa suya, el que sabe que los reveses de la Revolución son sus reveses, que el prestigio de la Revolución es su prestigio, que la victoria de la Revolución son sus victorias y que los defectos de la Revolución son sus defectos.
Y, por lo tanto, debemos siempre buscar soluciones prácticas en todas las actividades, en cualquier orden, incluso cuando nos vemos obligados a tomar medidas, como las medidas tomadas contra saboteadores.
Los centros de trabajo se vieron en la necesidad de “sacudir la mata”, en algunos centros de trabajo. Eso fue consecuencia de determinados sabotajes; sin embargo, nosotros sabemos que los propios dirigentes obreros están considerando hacer una revisión cuidadosa de todos esos casos para rectificarse cualquier injusticia que pueda haberse cometido.
Los enemigos de la Revolución tienen, aunque muy escasos, ciertos contactos con determinados sectores de trabajo. La lucha contra los saboteadores debe ser, sobre todo, producto de la vigilancia, producto del trabajo entre los propios obreros, producto del esfuerzo por hacer les comprender la verdad. Es muy triste cuando un obrero sirve a la causa de los explotadores, es muy triste cuando un obrero se pone de parte de los monopolios, cuando un hombre humilde se enrola en las filas de sus enemigos, de los que lo han explotado siempre.
Es cierto que hay mentalidades que resultan imposibles ya de cambiar, hay cerebros tan acondicionados y tan corrompidos, que son insalvables. Pero en el seno de los sectores obreros nuestra lucha debe ser por conquistar cada obrero para la Revolución, porque salvo que se trate de un cerebro perdido, salvo que se trate de un cerebro corrompido, ese obrero tiene que comprender sus propios intereses, tiene que comprender la justicia de la causa que defiende a los obreros. Hay que luchar frente a la contrarrevolución y el sabotaje, con la vigilancia y con el trabajo revolucionario; conquistar a los obreros. Cuando un obrero por su actitud no se siente seguro en un punto clave de una industria, trasladarlo a otro punto; y cuando resulte imposible, entonces sustituirlo de ese trabajo. Pero la Revolución proclama el derecho y el deber de trabajar a esos que han sido rebajados del servicio, a esos también estamos dispuestos a darles oportunidad de trabajar, no allí donde podrían hacer daño, pero sí en otro sitio, en una fábrica o en la agricultura.
La Revolución proclama el derecho de cada ciudadano al trabajo, la Revolución está en el deber de defenderse de los saboteadores, pero debe defenderse manteniendo ese principio; el que no trabaje aquí, solo puede ser un vago empedernido, solo quien sea un mercenario, porque todo el que desee rectificar y todo el que desea trabajar, que tenga trabajo; porque la Revolución se propone dar vigencia a ese derecho, el más sagrado de cada ciudadano, el derecho a trabajar.
Y para que la Revolución no se vea obligada a tomar medidas drásticas; aumentar la vigilancia, aumentar el trabajo revolucionario, convertirnos cada uno de nosotros en un militante de la Revolución, en un guardián de la Revolución dondequiera que estemos; en las fábricas, en las escuelas.
Hablábamos hoy y alguien gritó de limpiar las escuelas, las escuelas no las podemos limpiar; al contrario, nosotros queremos cambiar la dirección de las escuelas; nosotros podemos, o debemos adoptar, las medidas que garanticen que nadie podrá inducir a la contrarrevolución a un joven o a un niño. Pero la Revolución no puede limpiar las escuelas, porque la Revolución está en el deber de enseñar y de educar. ¿Y cómo vamos a permitir que se pierda una inteligencia joven?, ¿cómo permitir que a un joven lo arrastren por los caminos antipatrióticos?, ¿o cómo abandonarlo a su suerte? ¿Qué creen esos niños? Creen en las mentiras que les han inculcado; creen las leyendas hechas por ellos, falsas, que allí han repetido todos los días contra la Revolución.
Y lo mismo que un niño con un maestro revolucionario puede ser un niño bien orientado sobre las cuestiones de su patria, un niño con un maestro contrarrevolucionario puede sufrir un gran daño en su mente. Y ese niño no tiene la culpa. ¿La culpa, saben, a última hora, quién la tendría? Nosotros, por permitir que haya inteligencias en manos de criminales que son capaces de convertirlo en un contrarrevolucionario. La culpa sería de nosotros.
Y los niños deben tener siempre nuestra mayor consideración. Y nosotros somos los primeros en lamentar la situación de muchos de esos niños que se entusiasmaban por las cosas de la Revolución, que simpatizaban con la Revolución, y cuyos padres se los han llevado al extranjero. Y nosotros pensamos en la suerte de esos niños, que los han sacado de este ambiente de leyenda en que vivían, y se los han llevado a otro país extraño.
¿Qué será de esos niños? ¿Qué será de los hijos de quienes cegó la ambición y se marcharon a vivir al norte? Esos niños son, en realidad, víctimas. Por eso debemos ayudar a los niños, y el Gobierno Revolucionario, en su hora, tomará las medidas que estime pertinentes, porque la Revolución no se va a detener. Se engañan los que creen que con actos de piratería, de agresión, de amenaza y de terror, van a detener la Revolución. A la Revolución no la van a detener, todo lo más que conseguirán es radicalizar la Revolución; eso es todo lo más que conseguirán; haciéndole la guerra a la Revolución, todo lo más que conseguirán es que la Revolución profundice.
La Revolución va a seguir adelante, victoriosamente e inconmovible, ¿con quién?: con los buenos, con los mejores, con los firmes, con los verdaderos revolucionarios; los que van a templar su espíritu para una verdadera revolución; los que no se acobardan, los que no se venden y los que no se rinden. Con esos seguiremos adelante, luchando; luchando contra nuestros enemigos, luchando contra nuestros propios errores, rectificando nuestros errores, tratando de fortalecer la Revolución por todos los medios, tratando de ganarle terreno al enemigo, tratando de defender cada conciencia, tratando de defender cada hombre y cada mujer, tratando de convencer, de persuadir, a los que podamos persuadir y convencer; a los que no podamos convencer y persuadir, neutralizar; y a los que no podamos convencer ni persuadir ni neutralizar, a los que nos combatan, a los que nos hagan la guerra, sencillamente hacerles la guerra ; a los contrarrevolucionarios activos, como parásitos que son (EXCLAMACIONES DE:  “¡Paredón!”), como gusanos que son (EXCLAMACIONES DE: “¡Paredón!”), como servidores del imperialismo que son (EXCLAMACIONES DE: “¡Paredón!”), exterminarlos.
La Revolución debe ser dura con sus enemigos; la Revolución debe ser enérgica con sus enemigos. Repito aquí y recuerdo de nuevo lo que dijimos el 2 de enero, que la Revolución es una lucha a muerte entre intereses del pueblo, e intereses antipueblo; entre los revolucionarios y los contrarrevolucionarios. Y que si la Revolución no aniquila a la contrarrevolución, la contrarrevolución aniquila a la Revolución.
Y la contrarrevolución no tendría aquí fuerza, la contrarrevolución sería sumamente débil; la única fuerza con que cuenta la contrarrevolución es la gran fuerza del imperio, la gran fuerza del extranjero poderoso; esa es la fuerza. Por ello se envalentona, por ello se alienta, de ellos obtienen los recursos, los explosivos, las armas, los aviones, los barcos piratas. Esa es la única razón por la que la contrarrevolución puede contar con una fuerza: la fuerza del exterior, la fuerza de los enemigos de nuestro país, los enemigos de la nación.
Por eso, porque no combatimos sino contra enemigos poderosos, y por cuanto los contrarrevolucionarios son agentes de ese enemigo y son mandados por ese enemigo, nosotros lo sentimos, pero nos vemos en la necesidad de ser implacables, de ser duros y de ser enérgicos. Las puertas de la Revolución han estado abiertas para todos. Aquí a nadie se le ha negado el derecho a servir al país. Hay que ser duros contra los que se ponen contra el país y se venden a los enemigos del país. Nosotros no le hemos negado ni siquiera el derecho a vivir, y a vivir en ciertas comodidades, a los explotadores del pueblo. Por eso debemos ser duros con los que desconociendo la generosidad de la Revolución, se unen al extranjero para tratar de explotar otra vez al pueblo.
Nosotros fuimos generosos hasta con los politiqueros; hubo un olvido al pasado. De antes del 10 de marzo no se contaron los pecados; y sin embargo, vemos a los pecadores reincidentes que volvieron a las andadas y se pasaron con el enemigo imperialista. Hay que ser duros e implacables con los reincidentes que se pasaron al enemigo imperialista. Hemos visto cómo se envalentonaron los terroristas y los criminales; y la Revolución, incluso, había suspendido los tribunales revolucionarios, la Revolución había suspendido la pena de muerte.
Sirva esto para demostrar cómo ha actuado la Revolución y cuáles han sido las intenciones de la Revolución. Sin embargo, la Revolución ha tenido que responder a los que asesinan obreros, a los que asesinan niños, a los que destruyen fábricas, a los que arrancan vidas de obreros honrados, ¡solo porque vista una camisa de miliciano, que no es camisa de mercenario, sino camisa de obrero, que sin que le paguen por las horas que tiene que invertir defendiendo las fábricas, las defienden!
Los esbirros, los verdugos, los terroristas, obligaron a la Revolución, muy a su pesar, a implantar los tribunales revolucionarios y las sanciones severas, porque nosotros sentimos el que la Revolución se vea necesitada de adoptar esas medidas, pero la Revolución no tiene la culpa: la culpa la tiene la contrarrevolución, la culpa la tiene el imperialismo, la culpa la tienen los esbirros que aquí quieren volver a enlutar la familia, que hoy quisieran volver a segar vidas.
¿Y qué quieren? ¿Que la Revolución se cruzara de brazos? No, ¿para que de nuevo las calles amanecieran repletas de cadáveres, para que de nuevo los estudiantes fueran torturados y asesinados? No. ¿Qué querían, que la Revolución se cruzara de brazos para que los asesinos y los ladrones volvieran? No. Los obreros, los estudiantes, los campesinos, el pueblo, que fueron testigos de aquel pasado de horror y de miedo, porque hoy los que tienen miedo son los traidores, hoy, los que tienen que vivir preocupados son los conspiradores, y los terroristas, pero el obrero que trabaja, el estudiante que estudia, el campesino que cultiva la tierra, el pueblo laborioso, el pueblo luchador, testigo de aquel pasado de terror en que los asesinaban por ser estudiante, por ser obrero o por ser campesino, el pueblo testigo de aquel pasado, no se cruzará jamás de brazos.
Ya sabemos qué manos son las que mueven a los criminales: manos yanquis fueron las que forjaron la tiranía y la mantuvieron; balas y bombas yanquis fueron las bombas que asesinaron tantas vidas; explosivos yanquis y agentes yanquis fueron los que promovieron el sabotaje de “La Coubre”; explosivos yanquis son los que han estallado en tiendas, en escuelas y en fábricas; armas yanquis son las armas de los mercenarios; aviones yanquis son los aviones que han violado nuestro territorio; barcos yanquis son los barcos que realizan actos de filibusterismo contra nuestras ciudades; oficiales yanquis son los que entrenan a los mercenarios; y manos yanquis fueron las que colonizaron nuestra economía, manos yanquis fueron las que nos impusieron la Enmienda Platt; manos yanquis fueron las que impidieron el triunfo del ejército libertador en las luchas por la independencia.
Esas manos quieren volver y los que sirvan esas manos, y los que se presten de tentáculos a ejecutar la voluntad de los enemigos de la patria, de los que impidieron la feliz culminación, en épocas pasadas, del triunfo del pueblo, esos, contra esos, tenemos que ser duros y ser implacables.
Por lo demás, ya veremos si continúan las violaciones, ya veremos si continúan los ataques piratas, ya veremos si piensan hacer vivir al país en un estado de guerra, de constante agresión, de destrucción, ya veremos. Porque los pueblos de América reaccionarán, los pueblos de América darán su lección a los enemigos de nuestro pueblo.
Nosotros estamos aquí dispuestos a resistir, y nadie duda de que resistiremos; nosotros estamos dispuestos a mantenernos firmes, y nadie lo duda; nosotros estamos dispuestos a avanzar, y nadie lo duda; la Revolución seguirá adelante, ¡y nadie lo duda! Nosotros nos defenderemos, y nosotros sabremos defendernos; nosotros sabremos movilizar los recursos necesarios para defendernos; y frente a la hostilidad y la agresión, lo que dijimos hace poco: nos seguiremos armando, seguiremos comprando armas, ¡seguiremos trayendo montones de armas!
Y, si nos hostigan con barcos filibusteros, ¡compraremos barcos, para perseguir a los barcos filibusteros! ; y si nos hostigan con aviones piratas, ¡compraremos aviones, para perseguir a los aviones piratas! ; y si promueven la revolución contra nosotros, ¡promoveremos la revolución contra los gobiernos que promuevan la revolución contra nosotros! Y nos armaremos, y nos prepararemos.
Y, además, sepan los esbirros, sepan los mercenarios y sepan los imperialistas ¡que no estamos solos! ¡Y que midan sus actos, que midan sus pasos, y que el fracaso tras fracaso no los lleve a estupidez tras estupidez!
Ya parece que ni sueñan siquiera en un gobiernito por aquí, y piensan ponerlo en el exilio. ¡Muy bien!, que nombren el gobierno en el exilio cuando quieran los yanquis, que nosotros nombraremos aquí muchos gobiernos en el exilio, y en primer lugar, ¡el Gobierno de Puerto Rico libre en el exilio! Y tan pronto el imperialismo forme un gobierno contrarrevolucionario en el exilio, ¡vamos a formar muchos gobiernos revolucionarios en el exilio!
¿Qué ocurre? Que no se han atrevido a desembarcar. ¿Qué ocurre? Que saben que no pueden apoderarse ni de un pedacito, ni de un pedacito, del territorio nacional; ni pueden durar mucho tiempo en ningún lugar que desembarquen. Y ahora, la desesperación los lleva a crear un gobierno en el exilio. ¡Muy bien, esperemos si lo forman! Y recuerden que cada derecho que ellos se atribuyan aquí en este continente, es otro derecho que nosotros nos atribuimos en este

continente; que al imperialismo no le tenemos ¡absolutamente ningún miedo! , y esperamos que el imperialismo sepa que nosotros responderemos hecho por hecho, que el imperialismo sepa que la Revolución no se amilana, ni le terne.
Y ahora, vamos a ver cómo responden ante la ONU de las denuncias de Cuba, vamos a ver cómo responden ante la ONU del acto filibustero de hoy, vamos a ver qué dicen. ¡Son tan descarados que no dicen nada! Nosotros nos recordamos cuando estuvimos allí en la ONU y le dijimos las verdades allí al delegado de Estados Unidos, y nos quedamos esperando a ver qué decía; pues, sencillamente, ¡no dijo nada! Son tan descarados que, ante la verdad, hasta se callan; porque no hay cosa más fácil que desenmascarar allí a un delegado del imperialismo y decirle verdades que no puede rebatir.
Y así andan por el mundo: de descrédito en descrédito, de ridículo en ridículo, de papelazo en papelazo , sin comprender que no tienen más que un camino inteligente, los muy brutos , y es, sencillamente, dejar en paz a Cuba; que mientras menos dejen en paz a Cuba, peor para ellos; que mientras más hostiguen a Cuba, con más energía Cuba se defenderá; que mientras con más fuerza traten de producir la contrarrevolución, con más fuerza ganará simpatías la Revolución en toda la América Latina . Si comprendieran eso, harían lo más inteligente; pero no son inteligentes, son torpes, y como tales, así debemos esperar que actúen.
Mientras, seguir, y seguir; seguros de una cosa: de la victoria. Mucho más lejana estaba la victoria en otros tiempos; mucho más lejana estaba aquel día en que, mientras asesinaban al compañero José Antonio en La Habana, sacrificaban su vida otros compañeros del Directorio Revolucionario, nosotros contamos a nuestros hombres, aquel 13 de marzo, y ¿saben cuántos éramos?: ¡Eramos doce!, hace cuatro años solamente.
Y hoy, hoy, somos 12 veces 500 000; y hoy somos muchas decenas de miles de 12 fusiles; y hoy es un pueblo, y hoy la Revolución se presenta, no como una promesa, sino como una obra realizada. Y ¿qué ha prometido la Revolución que no haya cumplido?, ¿podría alguien acusar a la Revolución de una sola promesa que no haya cumplido? (EXCLAMACIONES DE: “¡No!”) Y, si las promesas principales se cumplieron, ¿qué hay que hacer?, ¿qué hay que proponerse?: ¡Nuevas promesas! Y, cuando se hayan cumplido nuevas promesas, ¿qué hay que proponerse?: ¡Nuevas promesas!
Y eso es lo que ocurre: la Revolución cumplió sus primeras promesas, y la Revolución se propone nuevas promesas, la Revolución se propone cumplir los principios que un millón de personas apoyó en aquella gigantesca asamblea del pueblo.
¿Qué pueden decir frente a eso los que van allí a llorarle al FBI, y al CIS, y a las agencias de inteligencia?, los que van a llorarle al Pentágono, ¿qué pueden decir de esto?, ¿qué moral tienen para combatirnos?, ¿qué razón pueden esgrimir? ¡Ninguna!, sino la razón de los traidores, la razón de los cobardes, la razón de los vacilantes, la razón de los desertores.
¡Adelante, pues, siempre adelante!, ¡eso es lo que nos corresponde! ¡Siempre firmes, siempre decididos, siempre dispuestos a afrontar los sacrificios! Los sacrificios, hasta ahora, han sido pocos, ¡nosotros tenemos temple y tenemos valor para soportar sacrificios mil veces mayores, para que se cumpla el principio de que la Revolución vencerá!
¡Patria o Muerte!
¡Venceremos!
FIDEL CASTRO RUZ

Fuente: http://www.cuba.cu/gobierno/discursos

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