julio 14, 2012

Discurso de Fidel Castro en el homenaje a las madres de los becados (1962)

DISCURSO EN EL ACTO DE HOMENAJE A LAS MADRES DE LOS BECADOS, EN CIUDAD LIBERTAD
Fidel Castro
[13 de Mayo de 1962]

― Departamento de versiones taquigráficas del Gobierno revolucionario ―

Madres cubanas;
Compañeros y compañeras estudiantes:
Siento mucho que esta tribuna esté tan bajita que apenas nos podamos ver. Siempre hay alguna deficiencia, y en este caso la deficiencia fue que hicieron la tribuna muy chiquita, y resulta que no es suficientemente alta para poder hacer más cómoda esta reunión entre nosotros.
Hacía tiempo que teníamos la idea de efectuar esta asamblea con los estudiantes becados. Al principio, cuando comenzaron las clases, la idea era reunirnos por aquellos días, pero resultaba muy difícil, en primer lugar, porque estaba todo por organizar y, en segundo lugar, compañeros, porque ustedes son bastantes, son un número considerable y no resulta fácilmente movilizable.
Pero era necesaria la reunión, y los compañeros y las compañeras que están dirigiendo el plan de becados, consideraron que el mejor día para efectuar esta reunión era precisamente hoy, el Día de las Madres, para efectuar una reunión entre ustedes y los familiares de ustedes, con un acto quizás más bien simbólico, porque naturalmente que muchos, la mayor parte de los familiares de ustedes se encuentran en el interior de la república, y no era posible que se reuniesen aquí todas las madres y todos los familiares. Hay una representación de aquellas familias de la capital, o de los lugares más próximos a la capital, pero en el recuerdo de todos nosotros, en el pensamiento de todos nosotros están presentes todas las madres y todos los familiares de los compañeros becados.
Naturalmente que cuando se dice los familiares de los compañeros becados, prácticamente se está hablando de todo el pueblo, puesto que es difícil que haya hoy una familia, haya una persona que no tenga un hermano, un hijo, un primo, algún familiar allegado entre ustedes. Para nosotros ha sido de mucha satisfacción en algunas ocasiones llegar a un centro de trabajo, a un edificio en construcción, por ejemplo, reunirnos con los trabajadores y preguntarles si ellos tienen familiares aquí entre los becados, y ver que la mayor parte de los trabajadores señalan que tienen familiares. Lo mismo trabajadores de la construcción, pescadores, en fin, de los sectores más humildes del trabajo nos hemos encontrado con que tienen familiares entre los estudiantes.
Eso quiere decir que este programa de educación ha venido a significar la oportunidad de estudiar para los hijos de nuestras familias más humildes.
Es en realidad impresionante, compañeros y compañeras, una multitud de estudiantes como la que se reúne aquí en el día de hoy. Es posible que muy pocas veces se haya visto un espectáculo semejante, es posible que nuestra Revolución se pueda considerar Revolución afortunada, desde el momento en que puede llevar adelante un plan de educación tan gigantesco como este, pero también debe decirse que eso significa que nuestro pueblo se puede considerar por eso también un pueblo afortunado, porque ninguna otra cosa puede dar idea del porvenir de nuestra patria, que un hecho como este, que una concentración como esta.
Esta concentración, por su magnitud, revela la pujanza de la Revolución, la fuerza de la Revolución, las energías que la Revolución está acumulando para el futuro, los valores que la Revolución está creando para el mañana.
Para nosotros, hombres del Gobierno Revolucionario, que sabemos que la tarea de hacer una revolución es una tarea difícil, que sabemos que el camino de una revolución es un camino largo y duro, que sabemos cómo es el presente y sabemos cómo será el futuro, comprendemos bien que el mañana será distinto, comprendemos bien que lo que hoy nos falta mañana nos sobrará, comprendemos que las angustias de hoy cuando necesitamos técnicos, cuando necesitamos médicos, cuando necesitamos ingenieros, arquitectos, cuando necesitamos obreros altamente calificados para nuestras industrias, comprendemos que mañana no será así, comprendemos que mañana — y en un mañana no muy lejano— los técnicos que nuestro país necesite se contarán por decenas de miles y algo más, se contarán por cientos de miles.
Mañana nuestra patria tendrá lo que no tiene hoy, mañana los gobernantes tendrán lo que no tenemos hoy, mañana nuestro pueblo tendrá lo que no tenemos hoy.
Mas, sin embargo, para nosotros es un motivo de íntima satisfacción pensar que aunque no somos, no tenemos hoy en nuestras manos lo que tendrá mañana la patria, sin embargo, nos compensa íntimamente saber que sin embargo estamos haciendo hoy lo que mañana tendrá nuestro pueblo, estamos haciendo hoy lo que mañana tendrá la patria.
Nosotros en este caso estamos trabajando principalmente para el porvenir, nosotros sabemos que el presente es de trabajo, sabemos que el presente es de lucha, sabemos que el presente es de sacrificio; no estamos recogiendo hoy los frutos, sino que hoy estamos sembrando la semilla, estamos arando sobre la tierra de la patria y estamos sembrando el mañana de la nación cubana. Por eso, no importa lo que cueste, ¡no importa!, no importa los sacrificios. Allá los impacientes, allá los que creen que una revolución es la conquista del paraíso desde el primer día y no comprenden que la revolución es simplemente el derecho a comenzar a construir un paraíso para el pueblo, un paraíso para la sociedad humana.
Hay los impacientes, pero los impacientes son antes que nada ignorantes, antes que nada ignorantes. Hay dos clases de impacientes: el impaciente de mala fe...; o si se quiere dos clases de impacientes de mala fe, o dos clases de impacientes en cuestiones de fe: una clase, el impaciente que tiene mala fe, que odia a la Revolución, que añora los privilegios abolidos por la Revolución; y otra, el impaciente que no tiene fe, es decir, de que no por maldad, sino por pobreza de espíritu le falta fe y le falta valor. Y hay el impaciente por ignorancia, que no es ni malo... pero tampoco puede decirse que sea bueno bueno, puesto que por ignorancia, por no comprender lo que es una revolución, se impacienta.
Y hay los que tienen fe, hay los que comprenden, hay los que saben qué es una revolución, y esos son naturalmente los que hacen las revoluciones.
Ustedes, jóvenes, ¿quieren saber quiénes son los que hacen las revoluciones? Son los hombres que tienen fe, son los hombres que creen en el hombre, son los hombres que creen en los pueblos, son los hombres que creen en las masas, son los hombres que creen que la humanidad progresa, son los hombres que creen que los pueblos pueden redimirse, son los hombres que creen en las virtudes de los pueblos, en el valor de los pueblos, en el espíritu creador de los pueblos, en el heroísmo de los pueblos y en la grandeza de los pueblos. Y esos son los hombres que marchan a la vanguardia de las revoluciones.
Los que no creen, los que son débiles de espíritu, o les falta fe por ignorancia, o los de mala fe, esos son rémoras para el avance de los pueblos, son como anclas lanzadas en las profundidades del pasado que tratan de detener la nave de los pueblos para que no avance, para que no progrese.
A los que se desalientan por las dificultades presentes, a los que no tienen fe, que miren hacia esta muchedumbre de jóvenes y se pregunten a sí mismos qué les dice esto , que se pregunten qué quiere decir esto. A los que añoran el pasado, a los que añoran el yugo, a los que añoran a sus amos, que se pregunten qué quiere decir esto. A los que creen que el pasado pueda haber ofrecido más que el porvenir, a los que piensen que aquel pasado miserable pueda ser añoranza de todo ciudadano digno, que se pregunten qué quiere decir esto.
La Revolución lleva apenas tres años y medio en el poder, ¡tres años y medio! ¿Qué habría sido de nuestra república, si con los inicios de la república se hubiera podido comenzar una obra como esta? Sesenta años padeció nuestra patria de opresión, de explotación, de privilegios irritantes; 60 años de pobreza, 60 años de ignorancia, 60 años de subdesarrollo, 60 años de discriminación, 60 años de explotación.
¿Qué será nuestra patria, sin embargo, dentro de 10 años? ¿Qué será dentro de 20 años? ¿Y qué será de esta tierra y esta patria y este pueblo nuestro, cuando hayan transcurrido 60 años a partir del 1ro de Enero de 1959? Con seguridad que no será esto que nos dejaron, con seguridad que no será el país pobre que nos dejaron que no producía más que azúcar y que tenía que importarlo todo, que no será el país sin fábricas, que no será el país sin industrias básicas, que no será el país de un millón de analfabetos, que no será el país sin técnicos, sin profesionales suficientes, sin economía, como ha sido el país que nos dejó la explotación durante 60 años. Porque ya hoy, hoy mismo, a los tres años y medio podemos decir que no es el país del millón de analfabetos sino el país sin analfabetos, es el país donde ya se están formando decenas y decenas de miles de técnicos, el país que lleva adelante con mayores o menores obstáculos, ¡pero lleva adelante!, su programa de desarrollo económico.
A esos que añoran el pasado de esclavitud y de injusticia, de privilegio y de explotación, a esas rémoras de la historia, a esas anclas, nosotros los revolucionarios les presentamos el país del mañana. ¡Y el país del mañana es este! ¡El pueblo del mañana es este! ¡La visión del mañana es esta!
Pero hay algo más y más hondo en todo esto, hay algo más emocionante todavía: ¿Quiénes son los que se reúnen aquí hoy? ¿Quiénes habrían sido si en el pasado se hubiesen reunido los que estudiaban en esas escuelas, en esas escuelas representadas aquí por cada uno de los letreros y de los carteles que se levantan, y que llevan los nombres de patriotas ilustres o de hombres ilustres de la humanidad? ¿Quiénes habrían sido? Se habrían reunido los hijos de los ricos, se habrían reunido los hijos de los millonarios, se habrían reunido los hijos de los privilegiados, porque esos eran los que podían ir a esas escuelas, esos eran los que tenían el privilegio de poder estudiar.
Y hoy los que se reúnen aquí son los hijos de los pobres de la patria, son los hijos de los humildes de la patria.
Y ese es el odio, compañeras y compañeros, ese es el odio que hacia la Revolución sienten los explotadores de ayer, los privilegiados de ayer. Eso es lo que no pueden sufrir los que ayer tenían colegios de millonarios, colegios de privilegiados, colegios donde a un niño negro no se le podía dar ingreso, no se le permitía estudiar. Y ese es el odio que sienten hacia el pueblo, ese es el odio que sienten hacia la Revolución de los trabajadores, hacia la Revolución de los humildes. Pero no es que nosotros les hayamos negado el derecho a estudiar a los hijos de los pocos ricos que aquí había. No, la Revolución no le ha negado ese derecho a ningún niño, a ningún niño le ha negado ni le negará jamás ningún derecho, independientemente de su procedencia social.
¿Pero qué prefirieron esos aristócratas paniaguados? ¿Qué prefirieron esos privilegiados? ¿Qué prefirieron esos parásitos, esos que vivían ahí por todas esas casas que ustedes tan bien conocen porque son las casas donde están viviendo ustedes ahora? ¿Qué prefirieron los aristócratas de Atabey, de Siboney... — y antes no se llamaba Siboney, sino Country Club, o Country, Miramar, y una serie de nombres, que muchas veces eran nombres americanos; igual que los colegios: “Ruston”, “Merici” (EXCLAMACIONES), eran nombres yanquis? ¿Qué hicieron?
Esos no querían que sus hijitos o sus hijitas se juntaran en una misma escuela con muchachas y muchachos del pueblo, esos no querían que sus hijitos fueran a una escuela donde estudiase también un niño negro. ¿Qué hicieron? Mandaron a sus hijos a estudiar allá con los yanquis, para que sus hijos siguieran estudiando en escuelas que tienen nombres extranjeros; mandaron a sus hijos allá, a estudiar en la Florida, donde hay sitios en los ómnibus para blancos y sitios en los ómnibus para negros, donde hay restaurante para blancos y restaurante para negros, donde hay parques para blancos y parques para negros, escuelas para blancos y escuelas para negros, hospitales para blancos y hospitales para negros, donde hay cines para blancos y cines para negros, barrios para blancos y barrios para negros.
Y esa es la sociedad que ellos añoran. Lo que ellos sienten es que en nuestra patria no haya, como allá, barrios para blancos y barrios para negros, hospitales para blancos y hospitales para negros, parques para blancos y parques para negros. Ellos sienten eso, pero no sienten eso solamente, eso no es más que una manifestación de otra cosa que ellos sienten más todavía: ellos sienten que aquí no haya, como allá, una sociedad de explotadores y de explotados; ellos sienten que no haya, como allá, trabajos para negros y trabajos para blancos, señoras de mucha alcurnia, y criaditas muy pobrecitas y muy humilditas que tengan que hacerlo todo, desde trapear el suelo hasta abrocharle los zapatos a la señora. Y entonces dicen que “¿cómo vamos a poder vivir en ese país que es Cuba, donde la que yo iba a tener de criada la voy a tener de médico o la voy a tener de ingeniero, o la voy a tener de arquitecto?” “¿Quién friega el piso y quién me abrocha los zapatos?”, se preguntan las señoras. “En ese país no podemos vivir, vámonos para Miami; vamos a vivir en aquel mundo de explotadores y de explotados, de discriminadores y de discriminados, de señoras millonarias de alta alcurnia y de hombres del pueblo maltratado.”
Pero, bien, si aquellas señoras se hubiesen conformado con irse a vivir a Miami, ellas y sus ilustres esposos, ellas y sus ilustres parásitos explotadores, ellas y sus ilustres maridos capitalistas, si todavía se hubieran conformado con eso, bien, allá ellas, pero el problema no consiste en eso, sino que ellos y ellas, con la ayuda de los explotadores de allá, de los discriminadores de allá, quieren volver a traer a nuestro país una sociedad de explotadores y de explotados, una sociedad dividida en gente aristocrática y “rebaños” de trabajadores trabajando para ellos.
El problema es que quieren volver; ellos quieren recuperar otra vez sus casas, ellos se saben el número, la calle y el barrio donde están sus casas, y ellos sueñan con volver, y, a punta de bayoneta, a punta de bayoneta de mercenarios, y a punta de bayoneta de marinos yanquis, sacar de todas esas casas a los muchachos y a las muchachas del pueblo, a punta de bayoneta sacarlos de las escuelas y mandarlos otra vez a pasar trabajos, y poner allí a sus hijos que están en los “colleges” de Miami, y volver a tener niñera, cocinera, moza de limpieza, sirviente, en fin, cuatro o cinco muchachas trabajando para ellas.
Eso es lo que quieren los imperialistas; eso es lo que quieren los reaccionarios explotadores. Claro que tratan de obstaculizar nuestro camino por todos los medios; claro que no descansan en organizar agresiones contra nuestra Revolución, pero somos dos cosas muy distintas, somos dos mundos muy distintos. Ellos representan el mundo de la explotación, ellos representan el mundo de la injusticia, ellos representan el mundo de la discriminación, ellos representan esa sociedad que nosotros hemos descrito, con escuelas para blancos y escuelas para negros, etcétera, etcétera.
Y nosotros representamos el mundo de la justicia, el mundo de la igualdad, el mundo de los derechos, la redención de los humildes, la sociedad sin explotadores ni explotados; eso es lo que representa la Revolución. Ellos están educando a sus hijos en esas mismas ideas de explotadores, en esas mismas ideas de discriminadores, en esas mismas ideas de injusticia. Y, sin embargo, nosotros educamos a la generación joven en la idea de la justicia, en la idea de la igualdad, en la idea de los derechos, en la idea del trabajo, en la idea de la honradez y de ganarse la vida con el trabajo honrado, y no en la idea de poner a las masas a trabajar para las minorías de privilegiados.
¡Por eso aquel mundo no puede volver ni volverá jamás (APLAUSOS PROLONGADOS), cueste lo que cueste defender esta Revolución, cueste lo que cueste defender este mundo nuevo, cueste los sacrificios que cueste, cueste el trabajo que cueste o la lucha que cueste; porque esta Revolución la sabremos defender, no importa cuán poderosos sean los enemigos, no importa cuán poderoso sea el imperio yanqui, no importa cuán grandes sean sus recursos!
¡Mientras mayor sea el enemigo, mientras más grandes sean los obstáculos, más se crecerá nuestro pueblo , más luchará nuestro pueblo, y con más decisión le diremos al imperio yanqui: “¡No podrás contra nosotros (EXCLAMACIONES DE: “¡Nunca!”), no podrás contra nosotros, no importa que nuestro pueblo sea pequeño!; ¡yanqui, yanqui imperialista, yanqui imperialista, no importa cuán pequeño sea nuestro pueblo, no podrás destruir su decisión, no podrás destruir su porvenir, no podrás destruir su Revolución!” “¡Yanqui imperialista, no te alientes por los lamentos de los cobardes y de los pobres de espíritu, porque los que no tienen valor para marchar con la Revolución, los que no tienen valor para hacer y soportar los sacrificios que la Revolución entraña, no tendrán valor, ni tendrán coraje, para destruir esta Revolución!” Porque esta Revolución la defiende el pueblo, la defienden los hombres y las mujeres que tienen
valor para marchar con ella, que tienen fe para marchar con ella, que tienen espíritu de hierro para marchar con ella, para luchar junto a ella, para librar las batallas que sean necesarias junto a ella.
Jóvenes estudiantes, dentro de esa batalla, dentro de esa lucha, el deber de ustedes es... ¿Cuál es el deber de ustedes? (LE CONTESTAN A CORO: “¡Estudiar!”) Estudiar, estudiar, y estudiar, ese es el primer deber de ustedes. Para que ustedes estudien se han sacrificado legiones de cubanos, para defender el derecho de ustedes a estudiar, es decir, para defender el derecho de ustedes a la patria de mañana, están dispuestos a morir nuestros trabajadores, están dispuestos a morir nuestros milicianos, están dispuestos a morir nuestros soldados, para defender el derecho de ustedes a estudiar han luchado y han muerto miles de cubanos; para defender el derecho de ustedes a estudiar cuando estaban ustedes alfabetizando, aquí mismo, en este mismo sitio, una mañana nuestros hombres se enfrentaron a los aviones de bombardeo enemigo, para defender el derecho (APLAUSOS PROLONGADOS), para defender el derecho de ustedes a estudiar, aquí mismo un cubano joven escribió con sangre nuestro nombre, no por ser el nombre nuestro, sino por querer expresar con ello su protesta y la idea , la idea de nuestras aspiraciones y de nuestras luchas. Por defender el derecho de ustedes a estudiar, más de 100 cubanos murieron combatiendo las hordas mercenarias del imperialismo, que desembarcaron por la Ciénaga de Zapata.
Y por eso, porque el enemigo no ha podido aplastarnos, están ustedes estudiando; por eso, porque el enemigo no ha podido destruirnos, se reúnen aquí 60 000 jóvenes becados en la mañana de hoy; por eso, porque el enemigo no ha podido destruirnos, sigue adelante la Revolución cargada de esperanzas, cargada de promesas en el porvenir.
¡No importa, no importa lo que hoy nos falte, lo que importa es lo que tendremos mañana, lo que importa es lo que sobrará mañana! El que siembra, el que siembra piensa en la cosecha, pero en el momento de sembrar lo que hace es trabajar, depositar las pocas semillas que tiene sobre la tierra, pensando en la abundante cosecha de mañana; por eso, con los ojos puestos en el surco del trabajo de la Revolución y con la esperanza puesta en la cosecha de mañana, ¡no importan los sacrificios de hoy, no importan los cobardes , no importan los vacilantes ni los pobres de espíritu, esos no hacen la historia, esos no hacen revoluciones, pero también son incapaces de hacer contrarrevoluciones, por eso, porque son cobardes, porque son pobres de espíritu, porque no creen ni pueden creer en las masas, porque creen solo en las minorías de los privilegiados! ¡Con la mayoría de los humildes, con los trabajadores, que son la mayoría, con los campesinos humildes, que son con ellos la mayoría, seguiremos adelante, seguiremos luchando!
¡Ustedes a estudiar! Pero estudiar no quiere decir estudiar con el libro, sino hacer todo aquello que contribuya al estudio, que ayude a los maestros, que ayude a las compañeras y los compañeros que trabajan con ustedes, que se desvelan por ustedes, que no descansan trabajando para ustedes; quiere decir disciplina, quiere decir buen comportamiento, quiere decir honradez en todo, pero honradez no es solo no robar, honradez no es solo el no hacer una serie de cosas mal hechas. Honradez es también siempre decir la verdad, nunca inventar pretexto para salir cuando no hay días de salida. En eso tienen que ayudar los familiares, porque los familiares a veces enferman a una abuelita para que le den salida al muchacho y con eso no ayudan; ¡tienen que ayudarnos los padres, tienen que ayudarnos los compañeros estudiantes!, y las compañeras tienen que pensar que si hay disciplina es por algo. Porque el Gobierno Revolucionario tiene la responsabilidad de todos ustedes, tiene la responsabilidad que le han confiado los padres de ustedes, por eso no puede haber salida todas las semanas, no puede haber salida todos los domingos, por eso, para que haya disciplina no se deben inventar pretextos para salir.
El Gobierno Revolucionario ha puesto al servicio de este plan enormes recursos, cientos de ómnibus están al servicio de este plan, un teatro inmenso, tres de los círculos sociales más grandes de nuestra capital, tiene decenas y tendrá cientos de profesores de educación física, está construyendo campos de deportes, tiene clínicas especialmente destinadas a los compañeros, tiene agrupaciones de producción agropecuaria especialmente destinadas a producir los alimentos de ustedes. El pueblo hace grandes sacrificios, hace grandes esfuerzos para facilitarles a ustedes todo: estudio, salud, buena alimentación, deportes, diversiones sanas, una educación completa; lo tienen todo, lo que no tienen incluso muchas veces en el lugar donde residen; las mejores películas seleccionadas, los mejores actos artísticos. Es verdad que todavía no está ciento por ciento funcionando todo, porque los primeros meses ha sido necesario un enorme trabajo para distribuirlos, asentar los a ustedes, organizarlos, fomentar el espíritu de la autodisciplina, porque eso es muy importante: la autodisciplina, que ustedes se porten bien no porque se lo exijan, sino porque ustedes estén conscientes de que deben portarse bien y que los
que juzguen los actos de indisciplina no sean los maestros, sino que sean ustedes mismos en los consejos de disciplina de las casas, para que aprendan a vivir con una mentalidad nueva, con un sentido consciente del deber, no como antes que el ciudadano tenía que portarse bien, porque tenía un policía al lado, o un soldado o un juez.
En la sociedad de mañana no tiene que ser así, no harán falta policías, no harán falta jueces, solo para aquellos elementos absolutamente antisociales.
La sociedad nueva no tiene que ser una sociedad basada en el miedo, en el comportamiento por miedo a la ley, en el buen comportamiento por miedo al castigo, sino en el buen comportamiento por amor a las buenas relaciones, por respeto a las relaciones que tiene que haber entre los hombres, entre los seres humanos que viven en sociedad. Y por eso, desde ahora nosotros queremos estimular en ustedes ese sentido consciente del deber, del comportamiento bueno por convicción, de que ustedes mismos sean los que critiquen las faltas de sus propios compañeros y los que apliquen sanciones sencillas para las faltas que cometan los compañeros. Porque ese es el pueblo que nosotros queremos hacer en las escuelas, así queremos educar a los 512 000 niños que este año tenemos en el primer grado, a los que tenemos en la enseñanza primaria y a los que tenemos en todos los centros, porque lo más importante de todo es la educación, cómo orientar a la juventud, cómo prepararla para la vida de mañana.
Y por eso, los padres deben ayudarnos, los padres exhortando a los hijos a decir la verdad, los hijos exhortando a los padres también a decir la verdad y a que colaboren, a que ayuden. Que los padres comprendan la responsabilidad que nosotros tenemos por cada muchacho y por cada muchacha, la necesidad de que haya disciplina, la necesidad de que haya la mayor seriedad en todo, porque así nos ayudarán a nosotros a cumplir con esas responsabilidades que tenemos.
Estudiar no es solo buen comportamiento, es también tener la casa en orden, limpia, cuidar los jardines, cuidar los muebles, cuidar los bienes; es cumplir todas las normas de aseo y de sanidad que les dan nuestros médicos, es superar todas las deficiencias que todavía nos quedan. Hay deficiencias todavía, lo sabemos, pero no es fácil organizar la vida de más de 50 000 jóvenes, organizarlo todo al detalle de manera que no falte nada, de que todo marche perfectamente bien. Y vamos a eso, a que cada día todo marche mejor. Necesitamos la ayuda de ustedes y necesitamos la comprensión de los padres y nosotros esperamos, ¿verdad compañeros?, que ustedes nos ayuden en todo esto (APLAUSOS Y EXCLAMACIONES DE: “¡Sí!”), compañeros, nosotros esperamos que ustedes nos ayuden a hacer posible ese programa, esperamos, compañeros, que ustedes nos ayuden y sobre todo que siempre tengan presente todos los sueños, todas las ilusiones y todas las esperanzas que nosotros, los revolucionarios, tenemos en ustedes.
Queremos que ustedes siempre recuerden a los que se han sacrificado, a los que han caído; que tengan presente, las madres que están aquí presentes y los hijos que están aquí presentes, a las madres aquí presentes de los compañeros que no están aquí presentes. ¡Que recuerden hoy a las madres de todos los combatientes de la Revolución que han caído!; que recuerden siempre y tengan presente ese deber sagrado, que tengan presente esa obligación sagrada.
Con el pensamiento puesto en nuestro deber hacia los caídos, con el pensamiento puesto en la patria del mañana, en la extraordinaria patria del mañana, ¡adelante, compañeros, con la Revolución, junto a la Revolución, cualesquiera que sean los sacrificios! ¡No importa el precio, no importa la lucha, que el mañana que tenemos delante bien vale esos sacrificios, bien vale esa lucha!
¡Adelante, con el pueblo! ¡Adelante, con los valientes! ¡Adelante, con los hombres que tienen fe! ¡Patria o Muerte!
¡Venceremos!
FIDEL CASTRO RUZ

Fuente: http://www.cuba.cu/gobierno/discursos

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