julio 14, 2012

Discurso de Fidel Castro del 1° de Mayo (1962)

DISCURSO EN EL ACTO CONMEMORATIVO DEL PRIMERO DE MAYO, EN LA PLAZA DE LA REVOLUCION
Fidel Castro
[1° de Mayo de 1962]

― Departamento de versiones taquigráficas del Gobierno revolucionario ―

Visitantes que nos honran con su presencia; Trabajadores:
Lo que ocurre el primero de mayo sirve para definir cuál es la política de un país. Allí donde los trabajadores están oprimidos, allí donde la clase obrera es víctima de la explotación más feroz, del Primero de Mayo no puede ni siquiera hablarse; dondequiera que el imperialismo, y los regímenes explotadores que lo apoyan, deciden en la política de cualquier país del mundo, los trabajadores no pueden siquiera reunirse el Primero de Mayo.
El Primero de Mayo, Día Internacional de los Trabajadores, sirve, pues, para definir la política económica y social de cualquier país. En Argentina, por ejemplo, bajo la férula de los militares reaccionarios, hoy los trabajadores no pueden celebrar el Primero de Mayo; en Guatemala, víctima el pueblo de feroz tiranía, los trabajadores no pueden conmemorar el Primero de Mayo; en El Salvador, donde la oligarquía más reaccionaria gobierna, los trabajadores no pueden celebrar el Primero de Mayo; en Estados Unidos, donde los monopolios extraen a la clase obrera decenas de miles de millones de dólares todos los años, donde aparecen publicadas las listas de las fabulosas ganancias de cada una de las corporaciones — ¿y de dónde salen esas ganancias sino del sudor y de la explotación de los obreros?—, en Estados Unidos ni siquiera se puede tomar el día primero de mayo como el día de los trabajadores. Durante los siete años que vivió nuestro país bajo la tiranía de Batista, a los trabajadores no les era permitido salir a la calle; la clase obrera tenía que conmemorar ese día internacional en local cerrado, sin que se le permitiera ningún tipo de acto público.
¿Qué significa, pues, el júbilo y la concurrencia multitudinaria de la clase obrera un día como hoy, a un acto como este, en un desfile como el que acabamos de presenciar en nuestro país? Significa la gran realidad, la hermosa realidad, la realidad de que los trabajadores amanecen jubilosos con las primeras luces de la mañana; haciendo silbar las sirenas de todas las fábricas comienzan la conmemoración de este día de la clase obrera; y los trabajadores todos se movilizan, desde semanas atrás vienen movilizándose y preparándose, para hacer más hermoso y más lucido este día.
Eso quiere decir la realidad hermosa de que nuestro país es un país donde ha cesado la explotación imperialista, donde ha cesado la explotación capitalista, y donde tiene lugar una profunda revolución social; en que los trabajadores dejaron de ser la clase oprimida y la clase explotada, para ser la clase que rige los destinos de la nación cubana.
Mas esto se ve no solo por el hecho de que está en la calle la clase obrera, no solo por el hecho de que se congrega la clase obrera, sino que se congrega la clase obrera convertida en movimiento revolucionario, la clase obrera convertida en vanguardia de la patria, la clase obrera convertida en constructora de la patria nueva, la clase obrera convertida en Estado revolucionario, la clase obrera convertida en vanguardia de la patria, la clase obrera convertida en constructora de la patria nueva, la clase obrera convertida en defensora de la patria . Porque no se reúne simplemente el obrero como obrero, se reúne el obrero también como miliciano, se reúne el obrero también como soldado de la patria. Basta ver lo que es esta multitud para tener idea de lo que es una revolución.
¿Quiénes se reúnen aquí? ¿Quiénes se encuentran aquí presentes? (EXCLAMACIONES DE: “¡El pueblo!”) El pueblo, como responde el pueblo. ¿Y qué es ese pueblo? Un pueblo de trabajadores. ¿Quiénes se reúnen aquí? Los trabajadores. Pero no solo vemos trabajadores vestidos de trabajadores, no solo vemos trabajadores llevando sobre sus cabezas las gorras de los talleres, vemos infinidad de cabezas de trabajadores que llevan la boina miliciana y, con la boina, el símbolo que acredita que forman parte de los batallones de milicia que defienden la Revolución ; el símbolo que acredita haber pasado la instrucción militar, pero, sobre todo, el símbolo que acredita a las fuerzas que limpiaron de bandas contrarrevolucionarias las montañas del Escambray ; el símbolo, más hermoso todavía, por haber proclamado con los rifles en alto —cuando fueron a enterrar a los compañeros caídos víctimas del criminal ataque—, los obreros, repito, que con los brazos en alto proclamaron el carácter socialista de nuestra Revolución ; el símbolo, en fin, de los batallones proletarios que derrotaron a los mercenarios del imperialismo en los combates de Paya Girón.
Y entre el pueblo vemos trabajadores vistiendo el uniforme verde olivo, el uniforme de las divisiones, de los ejércitos y de las unidades permanentes de nuestras Fuerzas Armadas Revolucionarias, el uniforme cuyo color llenaron de prestigio los soldados del Ejército Rebelde. Y entre el pueblo no solo vemos milicianos, vemos también milicianas ; y no vemos solo a los combatientes de las distintas fuerzas permanentes, vemos también los batallones de la defensa popular, integrados por los obreros, integrados por los trabajadores, cuya presencia es indispensable en las industrias y centros donde trabajan, pero que constituyen la gran reserva de la clase obrera para llenar las bajas que en cualquier lucha se hicieran en las filas de las unidades regulares.
Vemos no solo boinas y gorras militares, vemos también — en número extraordinario— los pañuelos que adornan las cabezas de nuestras trabajadoras, los sombreros de nuestros campesinos, los gorros de nuestros obreros industriales y los cascos de nuestros mineros. En fin: que esta multitud lleva sobre sus cabezas su propia historia. Es una multitud — es decir: es un pueblo— que tiene historia, es un pueblo que con el esfuerzo y el valor de sus hijos está escribiendo la historia. Historia que escribe con sudor de su frente y con sangre de su corazón, la sangre de los obreros que han caído ya luchando, la sangre de los mártires que han dado sus vidas. Es un pueblo que lleva en sus ropas y en sus vestidos su propia historia. Que tiene historia y que tiene también cicatrices, las cicatrices de la lucha.
¿Y qué es ese pueblo trabajador sino la más extraordinaria y hermosa unión, la más extraordinaria y entrañable hermandad? ¡Rostros de blancos y rostros de negros que se unen y se confunden en verdadera y profunda hermandad! ¡Rostros de hombres y mujeres, de jóvenes y de adultos! ¡Rostros de pueblo, de pueblo humilde, de pueblo trabajador!
Y eso es lo que se reúne aquí hoy par conmemorar su día internacional, para conmemorar su fiesta del Primero de Mayo. Eso es lo que se reúne aquí hoy: lo más puro, lo más limpio y lo más honesto de la patria; lo más digno, lo más abnegado y lo más fecundo de la nación: los que hacen la nación, los que crean todas las riquezas y todos los bienes de la nación. Los que construyen, sobre las ruinas del sistema abolido de la explotación y el privilegio, la sociedad nueva, la patria nueva. No se reúnen parásitos (EXCLAMACIONES DE: “¡No!”), no se reúnen explotadores (EXCLAMACIONES DE: “¡No!”), no se reúnen ladrones (EXCLAMACIONES DE:  “¡No!”). ¡No! Se reúnen trabajadores, se reúnen forjadores, se reúnen creadores, se reúnen los que con sus brazos y con sus energías hacen posible la vida de la nación. ¿Y por qué se reúnen en tan grandiosa magnitud, y se reúnen con tan conmovedor entusiasmo en medio de la lucha y en medio de los sacrificios? Porque este es su régimen, esta es su Revolución, este es su sistema y este es su Estado proletario.
Y Estado proletario quiere decir trabajadores al frente de los destinos del país, trabajadores con las armas en las manos. Y cuando se quiera tener una definición comprensible, sencilla y clara de lo que es un Estado proletario, la respuesta es bien sencilla: Aquel Estado donde la fuerza es la fuerza de los trabajadores, aquel Estado donde las armas están en manos de los trabajadores.
Y puesto que el Estado de los capitalistas, el Estado de los explotadores se sustentaba sobre la fuerza de las armas, sobre la violencia y la represión, sobre ejércitos mercenarios, el Estado proletario se sustenta sobre la fuerza de las armas que empuñan los trabajares . Y es este nuestro Estado proletario, el primer Estado proletario de América Latina. Contra ese Estado proletario conspiran los imperialistas yanquis; contra ese Estado proletario conspiran los reaccionarios de todo el continente, contra ese Estado proletario conspiran las clases esclavizadoras desalojadas del poder en nuestra patria, porque revolución quiso decir desaparición total del poder de los monopolios yanquis, del poder de los terratenientes, del poder de los burgueses explotadores, para ser sustituidos por el poder de los trabajadores.
Y eso es nuestra Revolución, el poder de los trabajadores. Y así como los explotadores querían el poder para esclavizar a los obreros, los obreros quieren y necesitan el poder para librarse de los esclavizadores, llámense esclavizadores extranjeros, o esclavizadores criollos. Para eso quieren y para eso necesitan el poder los trabajadores, pero por eso también contra el poder de los trabajadores conspiran los imperialistas, contra el poder de los trabajadores luchan los imperialistas, para destruir el poder de los trabajadores se empeñan en tenaz lucha contra nuestra Revolución los imperialistas. ¿Apoyados por quiénes? ¡Por los renegados de la patria! ¿Y quiénes son los renegados de la patria? ¡Los explotadores de ayer, los esclavizadores de ayer, los dueños de las tierras de ayer, los dueños de las fábricas , los que explotaban a sangre y fuego el esfuerzo de nuestro pueblo, de nuestros trabajadores!
Contra el poder de los trabajadores conspiran los reaccionarios, conspiran los que piensan con los intereses de los explotadores, con los intereses de los imperialistas. Contra el poder de los trabajadores, que quiere decir contra el derecho de los trabajadores a hacer un mundo mejor para ellos, a construir una sociedad más justa para ellos, que quiere decir contra la libertad, la esperanza y el porvenir de los trabajadores, contra ese poder y para destruir ese poder conspiran los que quieren volver a recuperar sus tierras, sus edificios, sus casas, sus fábricas, sus bancos, sus grandes negocios, contra el poder de los trabajadores conspiran los parásitos y los aspirantes a parásitos. Contra el poder de los trabajadores conspiran los que sienten fobia por el trabajo, los que quieren que otros trabajen para ellos. Contra el poder de los trabajadores conspiran los esclavizadores, los discriminadores, los corrompidos de ayer, los viciosos de toda laya, los criminales, los sanguinarios, los vendepatrias, los traidores.
Contra el poder de los trabajadores — es decir: contra el poder de lo más digno y lo más fecundo de la nación conspira lo más corrompido, lo más indigno, lo más inmoral, lo más depravado que había en el país o hay alrededor de nuestro país. Eso es lo que significa, trabajadores de Cuba, la conjura del imperialismo contra la patria, la conjura del imperialismo contra el poder de los trabajadores: quitarles esas fábricas que son hoy del pueblo, que producen para el pueblo y que rinden para el pueblo, quitarle al pueblo sus riquezas.
Contra el poder de los trabajadores lanza todos sus recursos el poderoso imperio yanqui. Contra ese imperio poderoso. A pesar de su hostilidad hacia nosotros, se desenvuelve el poder de los trabajadores. Porque allá gobiernan los monopolios, los monopolios a ese país, y quieren que los monopolios gobiernen en toda la América. Allá gobiernan los reaccionarios y los discriminadores, y quieren que los reaccionarios y los discriminadores gobiernen en toda la América. Por eso quieren fulminar a nuestra Revolución proletaria, por eso quieren destruir el poder de nuestros trabajadores.
Grande, grande e histórica es, pues, esta lucha, trascendental es esta lucha, porque la Revolución proletaria, la Revolución socialista, el poder de los trabajadores a 90 millas del imperio yanqui es un reto al poder y a los recursos del imperio. Es uno de los retos más valientes y más gloriosos que un pueblo pueda lanzar a un enemigo poderoso.
Ellos, ellos han empleado todos sus recursos para destruir a esta Revolución. Los imperialistas yanquis siempre habían destituido y derribado gobiernos cuantas veces lo desearon en América; los imperialistas yanquis aplastaron movimientos revolucionarios cuantas veces se lo propusieron. Sin embargo, se propusieron derrocar al régimen revolucionario y no lo han conseguido, se propusieron aplastar a nuestra Revolución proletaria, ¡y nuestra Revolución proletaria sigue en pie, sigue adelante!
Contra nuestra Revolución proletaria, contra el poder de nuestros trabajadores, han empleado todas las armas, y empezaron por las armas económicas, cebándose sobre la economía subdesarrollada de nuestro país y dependiente por entero del mercado yanqui.
Así suprimieron nuestras cuotas azucareras, suprimieron todas nuestras exportaciones, lanzaron contra nuestra patria un boicot en todos los países donde ellos influyen. Y creyeron que con eso sería suficiente, creyeron que al arrebatarnos tan brutalmente nuestros mercados nos destruirían, nos harían poner de rodillas y nos rendirían. Sin embargo, este es el cuarto Primero de Mayo que nuestros trabajadores celebran en nuestra patria.
Mas no les bastaba, no se sentían satisfechos ni seguros solo con la agresión económica, y comenzaron su campaña de aislamiento y de cerco internacional, comenzaron las maniobras de cancillerías. Y así reunieron a los cancilleres en Costa Rica, como después los reunieron dos veces en Punta del Este, para aislar y estrangular política y económicamente a nuestro país. Mas no les satisfizo solo el empleo de las armas económicas, el cerco y el aislamiento político, movieron su aparato de espionaje, movieron sus fabulosas sumas de millones, y se lanzaron a organizar bandas de criminales, que asesinaban a nuestros maestros, a nuestros brigadistas, a nuestros campesinos, a nuestros trabajadores; lanzaron sus planes de sabotaje para destruir nuestras fábricas, para destruir nuestros centros de trabajo, para destruir nuestras riquezas. Mas no les bastó tampoco con esto, y al fin organizaron ejércitos de mercenarios y los lanzaron contra la patria, frente a los cuales salieron a combatir nuestros batallones de trabajadores, derrotándolos también.
Acudieron, pues, a todas las armas: la agresión económica, el bloqueo, el aislamiento político, el sabotaje y las agresiones militares. Sin embargo, no han podido destruir el poder de los trabajadores. Contra el poder de los trabajadores se han estrellado. Nos han impuesto sacrificios, sí, ¿cómo podía ser de otra manera? Si nuestra economía era pobre, si nuestro país era un país subdesarrollado y lo agredieron brutalmente, prohibieron la exportación de piezas de repuesto de fábricas que tenían origen en aquel país, de materias primas. ¿Cómo no habían de imponernos sacrificios, si nuestro país había sido una colonia yanqui, donde todo dependía del yanqui y donde todo iba a parar al yanqui?
Nos han impuesto sacrificios, sí, y nos impondrán más sacrificios, es posible, todavía. Ellos, que han hecho lo imposible por destruirnos, lanzan al mundo sus campañas diciendo que en Cuba hay escasez, diciendo que en Cuba hay racionamiento; ellos, que son los causantes de nuestras dificultades presentes, ellos que son los que nos han puesto tantos obstáculos en el camino, pregonan ante el mundo que los sacrificios nuestros no son producto, no, de las agresiones yanquis, del bloqueo yanqui, de la guerra no declarada yanqui contra nosotros, que nos obliga a hacer en la defensa militar incluso grandes gastos y grandes sacrificios. Pregonan ante el
mundo que nuestros sacrificios son consecuencia del fracaso de la Revolución, que nuestros sacrificios son consecuencia de las deficiencias del socialismo.
Eso es lo que pregonan por la América para engañar a los pueblos de América, para confundir, para engañar al mundo. Nuestros sacrificios son, en primer lugar, consecuencia de que hay una distribución mucho más equitativa, y que cientos de miles de cubanos que no tenían antes un bocado que llevar a la boca, hoy tienen un bocado que llevar a la boca, hoy tienen un pan para sus hijos, o un vaso de leche. Hoy tienen un salario para llevar al hogar.
Pero solo en parte es consecuencia de eso, en parte es también producto de nuestras deficiencias, en parte es también producto de nuestra inexperiencia; pero en parte fundamental, en parte principal, es producto de las agresiones económicas y militares yanquis, es producto de los bloqueos yanquis, es producto de las brutales medidas tomadas contra nosotros.
Por eso nosotros podemos proclamar al mundo que nuestros sacrificios de hoy no son consecuencia de deficiencias de la Revolución, no son consecuencias de la Revolución en sí misma, sino que son consecuencia de las agresiones imperialistas. Pero al mismo tiempo podemos decir también, y pregonar con orgullo ante el mundo, que por nuestros sacrificios de hoy, porque los hemos sabido hacer y porque estamos dispuestos a hacerlos, el imperialismo no ha podido destruir a la Revolución . Y que esos sacrificios, esos sacrificios no son originados en las leyes y en la transformación revolucionaria, sino que, en cambio, esos sacrificios significan la victoria de nuestro pueblo sobre el imperialismo. Sacrificio no es, pues, fracaso. Sacrificio es triunfo, sacrificio es victoria.
Sí, es que no queremos volver a ser esclavos, y no volveremos a serlo jamás. Los que tengan cuello para llevar yugo, que se lo pongan, que se vayan a servir a los enyugadores y a los explotadores; que los que no tenemos tobillo para llevar grilletes de esclavos, ni nuca para llevar yugo, jamás volveremos a ser esclavos, y el precio de la libertad lo pagaremos al precio que tengamos que pagarlo.
Para hombres libres y por hombres libres se hacen las revoluciones; por hombres que no quisieron seguir explotados y para hombres que no serán jamás de nuevo explotados, se hacen las revoluciones.
Y así, nosotros, por nuestra parte, que tenemos en nuestras manos los recursos, que tenemos en nuestras manos todas las riquezas de la nación, debemos hacer lo necesario para emplearla de la mejor manera y en la mejor medida. Nosotros debemos hacer nuestro gran esfuerzo por mejorar nuestro trabajo en todos los frentes y en todos los órdenes.
Por un lado, debemos hacer eso, por un lado debemos trabajar mejor; mas, por otro lado, debemos templar el espíritu, debemos templar los corazones en esta lucha, que será lucha larga y que será lucha dura. El camino es largo, el camino es duro, pero no importa. ¡Ni la lucha larga ni el camino duro nos asusta! , porque sabemos que al final está el premio, que al final está la victoria.
¡Allá ellos, con sus repúblicas de burgueses, de capitalistas y de explotadores, con sus repúblicas de corrupción y de vicio, de robo y de juego! ¡Allá ellos, con sus repúblicas de privilegios, de señoritos, de discriminadores, de amos y de esclavos! ¡Allá ellos, que los propios pueblos se encargarán de liquidar ese sistema! ¡Que nosotros seguiremos adelante con nuestra república de proletarios, con nuestra república de trabajadores, con nuestra república de hombres abnegados, de hombres dignos, de hombres y mujeres heroicos, hombres y mujeres limpios, hombres y mujeres trabajadores!
¡Que nosotros seguiremos adelante, sin que puedan volver jamás a instaurar su régimen de explotación, de crimen, de injusticias, de abusos y de saqueos! ¡Que jamás volverán a instaurar sobre el suelo de nuestra patria su criminal y odioso régimen de explotación! ¡Que jamás volverán a explotar a nuestros guajiros y a nuestros obreros!
¡Seguiremos adelante, con este pueblo que ya tiene historia y que sigue escribiendo la historia! ¡Seguiremos adelante, seguiremos adelante con este pueblo, con este poder de los trabajadores, que al cuarto Primero de Mayo puede proclamar que ha erradicado ya no solo el robo, el vicio, el juego, la corrupción, la explotación y tantas cosas; ha erradicado el analfabetismo y decenas de miles de obreros estudian en los centros de seguimiento y de superación!
¡Seguiremos adelante, con la Revolución proletaria, donde los obreros tienen a sus hijos estudiando ya en las universidades, en las escuelas tecnológicas, en los institutos y en los centros de enseñanza!
¡Seguiremos adelante, con nuestra Revolución proletaria, que al cuarto aniversario puede decir que tiene ya 200 000 niños más en primer grado de los que había antes del triunfo de nuestra Revolución! ¡Con nuestra Revolución proletaria, que tiene 512 000 niños en primer grado! Y hemos hecho énfasis en esto más que en nada, porque esto significa el porvenir, el grandioso porvenir de la patria, con este paso de carga hacia la superación, hacia la preparación del pueblo, con este paso de carga hacia la forja de un pueblo nuevo de cientos y cientos de miles de técnicos que elevarán la productividad del trabajo, y con ello aumentarán las riquezas de la nación y el estándar de vida de todo el pueblo, porque ya no hay explotadores que se echen en el bolsillo y menos los habrá mañana, que se echen en el bolsillo el fruto del trabajo del pueblo. ¡Y el fruto del trabajo del pueblo — y eso lo comprende el pueblo, y eso no se lo podrá arrancar nadie de la mente ni del corazón del pueblo—, el fruto del trabajo del pueblo es del pueblo y para el pueblo!
¡Allá ellos, allá ellos con sus repúblicas corroídas y corrompidas, que seguiremos adelante con nuestra Revolución proletaria; esta Revolución que un día como hoy puede proclamar que un grupo de muchachas, que trabajaban hace apenas unos meses en el servicio doméstico, hoy están tomando taquigráficamente este discurso desde esta tribuna!
¡Seguiremos adelante, seguiremos adelante con esta Revolución proletaria que sienta en la tribuna a los obreros premiados como obreros ejemplares, por su conducta admirable en el centro de trabajo!
¡Seguiremos adelante con nuestra Revolución proletaria, que en la primera fila de la tribuna sienta al mejor obrero del año!
¡Seguiremos adelante con nuestra Revolución, seguiremos adelante con nuestra Revolución proletaria que dignifica el trabajo, que suprime privilegios, que suprime desigualdades, y que convierte al trabajador en el centro de la nación, y que convierte el trabajo en la dedicación más honrosa y más digna del hombre; que convierte al trabajador en el héroe de la sociedad; que dignifica y eleva y elevará cada vez más al trabajador!
¡Seguiremos adelante con nuestra Revolución proletaria, porque jamás volverán repúblicas burguesas, sistemas burgueses, sistemas de explotadores; porque jamás —¡jamás!—, jamás las madres proletarias volverán a parir hijas para criadas de los señoritos y de los explotadores , jamás! ¡Jamás las madres proletarias volverán a parir hijas para los prostíbulos de una sociedad corrompida y miserable! ¡Jamás las madres proletarias, jamás las madres proletarias volverán a parir hijas o hijos para la humillación, para la discriminación, para la esclavitud, para la explotación, porque de ahora en lo adelante, y siempre en nuestra patria, nacerán hombres y mujeres para la justicia, hombres y mujeres para la libertad, hombres y mujeres para la igualdad!
¡Viva la Revolución proletaria!
¡Viva el poder de los trabajadores!, que por eso decimos, afirmamos y juramos:
¡Patria o Muerte!
¡Venceremos!
FIDEL CASTRO RUZ

Fuente: http://www.cuba.cu/gobierno/discursos

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