julio 15, 2012

Discurso de Fidel Castro en el III Aniversario de los Comités de Defensa de la Revolución (1963)

DISCURSO EN LA CELEBRACION DEL TERCER ANIVERSARIO DE LOS COMITES DE DEFENSA DE LA REVOLUCION, EFECTUADO EN LA PLAZA DE LA REVOLUCION “JOSE MARTI”
Fidel Castro
[28 de Septiembre de 1963]

― Departamento de versiones taquigráficas del Gobierno revolucionario ―

Distinguidos miembros de las delegaciones al VII Congreso Internacional de Arquitectos presentes esta noche;
Compañeros y compañeras de los Comités de Defensa de la Revolución:
Coincide este III aniversario con un evento de carácter internacional, que constituye un motivo de alegría y un estímulo al sentimiento caluroso y hospitalario de nuestro pueblo, que es el Congreso Internacional de Arquitectos. Deseamos, por eso, antes que todo saludar a todas las delegaciones que, procedentes de muy numerosos países de todo el mundo, han venido a ese Congreso que tiene su sede en nuestro país.
Es este un evento no de carácter político, sino de carácter técnico y científico. Independientemente del país de donde procedan los participantes del Congreso, del régimen social en que vivan, de las ideas políticas que sustenten, todos, absolutamente todos, como técnicos y como científicos, tienen nuestra bienvenida y nuestra hospitalidad más calurosa.
No fue fácil, sin embargo, el lograr que los enemigos de nuestro país no pudiesen llevar adelante sus planes a fin de evitar que Cuba fuese sede de este evento internacional. Y fue precisamente debido a la seriedad y a la firmeza del organismo — de carácter apolítico— que tenía que decidir sobre esta cuestión, el que fuese posible realizar este Congreso en nuestro país.
Es bueno decir aquí y recordar que las puertas de la nación cubana están abiertas, y estarán siempre, a todos los visitantes que vengan en son de paz . Es bueno repetir que en nuestra patria no se le prohíbe absolutamente a ningún  ciudadano salir del país o visitar otros países; y es bueno que se diga un día como hoy, cuando precisamente un grupo de estudiantes norteamericanos han sido procesados por el solo hecho de visitar a Cuba. Y eso aparece publicado hoy en los cables, sin que aparentemente se sonrojen por ello los impúdicos dirigentes y defensores de esa política, de la política del imperialismo yanqui.
Y que se llame país democrático, que se llame país poderoso, que se proclame cínicamente abanderado de los derechos humanos, y ni siquiera permite que los ciudadanos de ese llamado poderoso país puedan visitar a un vecino pequeño y no poderoso en armas, desde luego, ¡pero sí en decoro, y en vergüenza, y en moral!
Porque nuestro país, desde luego, no es una potencia nuclear, pero es una potencia moral. Y estos hechos precisamente lo ponen de manifiesto, hechos como ese; la distinta actitud, la distinta conducta de dos sistemas: de un sistema cobarde y decadente; de un sistema nuevo, pujante y valiente.
Nosotros hemos practicado siempre la política de autorizar la salida del país, y los imperialistas se valieron de eso para tratar de llevarse el mayor número posible de técnicos, privar a nuestro país de médicos, de ingenieros, de arquitectos, de profesionales. Tal vez algunos pensaban que el camino mejor habría sido prohibir la salida de los técnicos; y nosotros siempre pensábamos que no, que debíamos preservar el derecho a marcharse a aquellos que no deseasen vivir en el mundo que los trabajadores y los campesinos — los humildes de Cuba— estaban creando; que el camino era el camino que seguimos, que fue impulsar la educación hasta el máximo, impulsar el estudio, liquidar el analfabetismo, crear 20 000 nuevas escuelas, multiplicar la asistencia a clases , desarrollar la educación de las masas por todos los medios, de manera que algún día tuviésemos técnicos formados por la Revolución, procedentes de las capas humildes del país. Y ese camino va dando ya sus frutos, a pesar de que hace apenas cuatro años y medio triunfó la Revolución.
Y no está lejano el día en que la Revolución gradúe en las universidades, en un solo año, tantos técnicos como todos los que el imperialismo se llevó en cuatro.
Sufrimos aquella sangría. Creían que nos debilitaban, y al final quienes abandonaron esa política fueron ellos, quienes se rindieron fueron ellos. Porque, con respecto a nuestro país, le abrieron las puertas de Estados Unidos a todo el que deseaba marcharse. Antes de la Revolución eran enormes las colas ante la Embajada yanqui, de hombres y mujeres sin trabajo deseando abandonar el país para encontrar trabajo en otras tierras, en los propios Estados Unidos; sin embargo, el número estaba restringido: no más de 10 000 eran autorizados. Cuando triunfó la Revolución y ellos pretendieron debilitar a nuestro pueblo, abrieron las puertas a todos los que quisieron marcharse, sin restricciones; les ofrecían educar a los hijos, les ofrecían subsidios, les ofrecían trabajo; hicieron lo que no habían hecho nunca para hacer campañas contra la Revolución. Más, sin embargo, ya las colas no eran de desempleados: las colas eran de siquitrillados en primer lugar, de grandes terratenientes, de burgueses, algunos pequeño-burgueses y algunos aristócratas obreros, sobre todo esos que tenían bajo el imperialismo privilegios cuando cientos de miles de familias tenían que encender el fogón una sola vez al día.
Claro que aquellos que tenían suficiente dinero para comprar de todo sin restricciones, aquellos que podían comprar artículos de lujo de todo tipo pagados con las divisas de la república no podían resignarse a una situación en que los recursos y los medios había que ponerlos al alcance de todos y entrañaba, por tanto, restricciones a minorías que vivían en la abundancia.
Cambió el tipo de emigración de nuestro país. Pero no fue interrumpida sino cuando los imperialistas, variando su política, creyeron que era más negocio para ellos impedir la salida. Desde luego, los imperialistas se caracterizan no solo por su gran maldad sino muchas veces también por su gran estupidez. Ellos hablan de las clases sociales, hablan, por ejemplo, de desarrollar determinadas clases sociales en América Latina que sirvan de freno a la Revolución. A veces se acogen al concepto marxista de las clases sociales, pero niegan el papel de las clases en la historia y en la marcha de la historia y, desde luego, su clase, la clase de los burgueses y de los grandes burgueses, se la llevaron para Estados Unidos.
Creían que así iban a arruinar la Revolución, que le iban a hacer un gran daño, pero lo que hicieron, al fin y al cabo, fue que se llevaron su clase social, su ejército contrarrevolucionario se lo llevaron. Y pensaron que ya era hora de cortar la salida del país, creyendo que eso iba a promover el descontento, y se equivocaron otra vez los imperialistas.
Cuando los elementos vacilantes y cobardes, los elementos que temían a los riesgos de la Revolución, los elementos incapaces de afrontar los riesgos de una Revolución sabían que tenían la entrada libre en Estados Unidos, muchos de ellos hasta chantajeaban en cualquier empresa: “si no están de acuerdo, pues, me voy”, tenían el pasaporte sacado, muchos de ellos habían renunciado a sus trabajos para irse, olvidándose de aquello que dijo Martí del “norte revuelto y brutal”.
Quisieron utilizar esa posibilidad de marcharse, y la utilizaban hasta para hacer daño.
¿Qué ocurrió cuando el Gobierno de Estados Unidos cortó la entrada, pensando que con eso iba a promover el descontento? ¡Cuán equivocados estaban! Esos “gusanillos en potencia “. Muchos de esos — y lamento tener que llamarlos “gusanillos” aunque sea por una vez, a pesar de que tengan que coexistir con nosotros aquí— cuando les prohibieron salir lo que ocurrió fue que comenzaron a adaptarse, y lejos de producirse ese descontento que los imperialistas querían capitalizar lo que vino fue un proceso de adaptación en mucha gente que no acababa de adaptarse mientras tenía la esperanza de irse para Estados Unidos.
Y luego venían muy humildemente a que les dieran otra vez el trabajito, trabajito al que habían renunciado con desprecio, empleos bien remunerados la mayor parte de las veces. Pues nosotros no, nunca practicamos la política de restricciones ni aún hoy, a pesar de lo que hicieron los imperialistas, que no solo cortaron las líneas norteamericanas sino que quisieron cortar todas las demás líneas.
Pero estos imperialistas a cada rato tienen sus contradicciones y chocan con los intereses de otras compañías, porque los monopolios yanquis, como monopolios, quieren controlar todo, pero hay otras empresas en el mundo occidental y capitalista: empresas de transporte, empresas de aviación. Y querían que esas empresas no vinieran tampoco a Cuba, lo que hacen con los barcos; empresas a las que ellos les hacen su competencia, y que no quieren que vengan aquí.
Y algunas empresas y algunos países se mantuvieron firmes y existen las líneas, y por ahí sigue saliendo alguna gente — el que tenga para pagarse el pasaje, porque no le vamos a pagar el pasaje, ¿verdad? (EXCLAMACIONES) A veces casi sería un negocio, porque hay por ahí cierto tipo de parásito que consume y consume y no produce nada, pero, en realidad, más vale antes que gastar las divisas en un pasaje de esos a España, que cuesta caro, mejor es invertirlo en una maquinaria agrícola o en cualquier otro instrumento de trabajo.
Pero, en fin, qué distinta es la actitud de nuestra Revolución y cómo nosotros, revolucionarios, obligados a defendernos de los ataques de ese país poderoso, mantenemos medidas y principios que están mil veces por encima de los principios y de la política que los imperialistas practican. Aquí, por ejemplo, no vemos esos problemas raciales que hay en Estados Unidos. A los visitantes presentes aquí de todas partes del mundo — a los que, por supuesto, yo no estoy tratando de adoctrinar ni mucho menos, pero que están presente muchos de ellos en ocasión en que nosotros tenemos que tratar estos problemas con el pueblo— les digo que si no les parece interesante, interesante experiencia, el hecho de que aquí en este pueblo, en la masa, en las escuelas, en los hospitales, en los teatros, en las playas, en los centros de recreación, en los centros de trabajo, en los centros culturales, no haya ni sombra de discriminación, la que existió poderosamente en nuestro país . Porque las normas aquí las trazaban los imperialistas y aquí nos inculcaron sus vicios, sus odios, sus rencores, sus prejuicios, que son producto de aquella sociedad.
Claro está que los imperialistas yanquis pretenden engañar al mundo, lo pretende el gobierno de ese país cuando entona ciertos mea culpas, hablando de que ellos tienen esos problemas pero los están combatiendo. Y quienes hayan vivido la experiencia de una revolución y sepan distinguir entre el pasado y el presente, saben que esos prejuicios y esos odios, esas lacras, son consecuencia del régimen social existente, es el odio de los explotadores hacia los explotados, y las ideas que inculca una sociedad de lobos en que el hombre es el peor enemigo del hombre, explotador y envilecedor del hombre. ¡Y que no desaparecerá la discriminación racial en Estados Unidos hasta que no desaparezcan el imperialismo y el capitalismo en Estados Unidos, hasta que no desaparezca la explotación del hombre por el hombre!
Porque los negros norteamericanos son los descendientes de los antiguos esclavos, por cuya libertad lucharon y murieron muchos norteamericanos blancos, pero que pasaron a ser esclavos sin cadenas, pero tan esclavos como lo eran antes de la abolición de la esclavitud, servidumbre de los terratenientes, peones de los terratenientes, realizadores de los peores y los más brutales y más sacrificados trabajos, sin derechos políticos ni sociales.
Porque un sistema social hacía que aquellos hombres continuaran en la misma condición de explotados bajo el capitalismo. Y mientras exista ese sistema social existirá esa condición del negro en Estados Unidos. Y los negros de Estados Unidos y muchos blancos, los trabajadores de Estados Unidos, los hombres progresistas de Estados Unidos irán comprendiendo, cada vez más, esta verdad de las lacras inherentes a un sistema inhumano, que perdurará mientras perdure ese sistema de explotación social inhumano y que, independientemente de las riquezas y de la técnica que se ha desarrollado en ese país, existen condiciones insoportables de vida para millones y millones de seres humanos.
Y, claro, que ese problema nunca podrá abordarlo ni este demagogo que es Kennedy (CHIFLIDOS), que tan solo hace demagogia con el problema y trata de captar votos. Porque, en definitiva, para estos señores siempre ellos son más importantes que su país, y para este señor la presidencia es más importante que Estados Unidos.
Captar votos mientras continúan actos brutales, asesinatos, actos de terrorismo. Y todavía no han sido castigados, ni hemos leído siquiera que hayan sido capturados los que asesinaron a cuatro niños negros en una iglesia mediante actos de terrorismo. Y así vive ese país que se llama civilizado.
Es lógico que les interese a los imperialistas que Cuba no sea visitada. Porque aquí es verdad que nos faltan muchas cosas, es verdad que no hay el lujo — ni lo habrá en mucho tiempo— con que ellos, país que ha saqueado a otros países, hoy pueden contar. Nos faltan muchas cosas, entre otras porque resistimos, porque no existe lujo para explotadores; porque hoy, hoy estamos dedicados al trabajo creador y a forjar el futuro; no a invertir nuestro esfuerzo y nuestros recursos en chucherías y en baratijas, sino en construir sólidamente un futuro, porque nadie lo construyó para nosotros y nosotros tenemos que construirlo. ¡Y tenemos que construirlo para que las generaciones futuras puedan también recibir el fruto del esfuerzo de esta generación!
Sí nos faltan muchas cosas. Pero hay cosas que se ven aquí que no las podrán ver jamás allá en el corazón del imperio. Y esto que hay aquí no lo podrán ver jamás allá; este pueblo unido, este pueblo hermano, el hombre blanco y el hombre negro hermanos, eso no lo pueden ver allí. Es lógico que al Departamento de Estado le interese que muchos jóvenes norteamericanos, trabajadores norteamericanos y negros norteamericanos no vean esto y empiecen a preguntarse el porqué, cuando nosotros les digamos: “aquí también había ese mal cuando existía el capitalismo y cuando existía la explotación del hombre por el hombre “. Y cuando la explotación del hombre por el hombre cesó como institución, cesó también ese mal y cesaron muchos males más que no vamos a mencionar.
Porque cualquiera que visite alguno de esos sitios como Las Vegas, en Estados Unidos, Nueva York y, en general, en todas las ciudades norteamericanas, y después haga un recorrido por nuestra capital, no se encontrarán ruletas, no se encontrarán garitos, no encontrarán el juego, no encontrarán los vicios de las drogas heroicas y todas esas cosas que son pan de cada día para los imperialistas (SE OYE UNA DETONACION).
No se preocupen por eso (APLAUSOS Y EXCLAMACIONES DE: “¡Venceremos!”). No sabemos qué ha sido, si una bomba, un bazookazo, un morterazo, lo que quieran. Pero si ha sido eso, es que los gusanos quieren conmemorar el tercer aniversario. Y no estaría mal, no les faltaría razón.
Porque miren: hace muchos meses que aquí en la capital no explota un petardito. Y los Comités de Defensa nacieron un día en que los contrarrevolucionarios hicieron estallar tres petardos mientras se efectuaba un acto. Y les dijimos: “¿Qué?, ¿quieren probar lo que es el pueblo organizado? Vamos a organizar el pueblo “. Y cuando el pueblo se organizó todo el mundo sabe que la contrarrevolución fue aplastada totalmente, y que los Comités de Defensa de la Revolución, los Comités de Defensa de la Revolución no los dejaron vivir. Y realmente la contrarrevolución se quedó sin medios para operar.
Explosivos han tenido por cientos de toneladas, se los han mandado los imperialistas, de todos tipos. Porque existe una industria desarrollada en Estados Unidos de la Agencia Central de Inteligencia, donde fabrican los más modernos artefactos para destruir y para matar, de todos los tipos de sustancias inflamables y explosivas. Y sin embargo, no han podido hacer absolutamente nada. Armas han tenido.
Pero ¿qué ocurrió? Los burgueses se fueron; todas sus grandes residencias alrededor de la capital están convertidas en casas de becados, en escuelas, en instituciones revolucionarias; los Comités se organizaron, y desde entonces no pudieron siquiera moverse por el control que ejercen. ¡Es el pueblo organizado, el pueblo vigilante, el pueblo convertido en fuerza defensora de su causa, y que eso se ve solo en los grandes momentos históricos, eso se ve solo en las grandes horas de los pueblos!
Y aquellos tres petarditos dieron origen a esta formidable organización de masa. Y así, es lógico que quieran conmemorarlo y lo recibamos como un honor a nuestros éxitos.
Desde luego que no ha desaparecido en nuestro país la lucha de clases, no. Todavía queda una burguesía en nuestro país, rural y urbana; existe, no coexiste ni existirá. Existe hoy, pero es transitoria, porque la Revolución sigue su curso inexorable.
Nosotros hemos visto, por ejemplo, los enormes recursos con que cuenta cualquier contrarrevolucionario, cómo hacen negocio, cómo la CIA tiene depósitos de dinero; se pone de acuerdo con un burgués, el burgués deposita dinero aquí para los agentes de la CIA, la CIA le sitúa dólares allá. Hay burgueses explotando todavía el trabajo, y todavía tienen muchos recursos y aún tienen privilegios; claro que en trance de desaparición.
Nosotros sabemos ahora, por ejemplo, cuáles son los planes de nuestros enemigos. Pero no es un secreto, ellos lo publican con cinismo extraordinario: sus planes de filtrar equis miles de armas, introducir miles de armas; sus planes de filtrar a los saboteadores y terroristas; sus planes de realizar los ataques piratas y sus planes de invasiones.
No escarmientan, no escarmientan los imperialistas, no escarmientan con sus derrotas. Se equivocan; subestiman una vez más a nuestro pueblo, a nuestras masas. Hablan de una campaña de reblandecimiento, de debilitamiento de la Revolución; hablan de fomentar el descontento con su bloqueo económico. Y lo que fomentan con eso, en primer lugar, es el patriotismo de la nación cubana; lo que fomentan, en primer lugar, es el odio y el desprecio hacia los criminales imperialistas; lo que fomentan es la dignidad de la nación, la grandeza de la nación cubana, el heroísmo de la nación cubana. Y más, porque sabemos que esta es una batalla entre el pasado y el futuro, esta es una batalla con el tiempo.
Porque los imperialistas piensan que podrán aplastar a la Revolución Cubana, y la Revolución Cubana, ¡la Revolución Cubana piensa que primero los pueblos aplastarán al imperialismo! Los imperialistas piensan que la Revolución Cubana será destruida, ¡y los revolucionarios pensamos que muchas otras revoluciones como la nuestra surgirán en el continente!
Los imperialistas no progresan en sus planes, vamos por el quinto año de Revolución, no cumplido todavía, ¿y qué han avanzado ellos contra nosotros? Y sin embargo, cuánto han avanzado los pueblos contra ellos en la América Latina. ¿Qué ocurre con la “Alianza para el Progreso”? (SILBIDOS) ¿Qué ocurre con toda la farsa de su democracia representativa? (SILBIDOS) ¿Qué ocurre con esos gobiernillos? ¿Qué le pasó a Frondizi, a Prado, a Arosemena? ¿Qué les ha ido ocurriendo? ¿Qué le ocurrió a Idígoras? Son tantos que se tienen que olvidar algunos. ¿Qué ha ocurrido con esa política de los imperialistas? Están en plena crisis, en quiebra total. ¿Avanzan los pueblos con la “Alianza para el Progreso”? (EXCLAMACIONES DE: “¡No!”) Avanza la reacción, avanza el gorilismo, y se suceden más vertiginosamente que nunca los golpes militares, y entran en contradicciones los grupos pro imperialistas, los lacayos del imperialismo, entran en contradicción las formas llamadas civiles con las formas militares.
Los del Departamento de Estado dicen que quieren preconizar gobiernos libres, democráticos. ¿Libres de qué? ¿Libres como Frondizi?, ¿libres como Idígoras?, ¿libres como Arosemena?, que por excederse de palabra con un embajador yanqui lo destituyen al otro día, libres como el de Santo Domingo, que a ocho meses o menos, si acaso, siete meses de haber tomado posesión del gobierno lo derrocan los generales trujillistas.
Y así marcha de crisis en crisis. Tiene el golpe de Estado de Santo Domingo la importancia que pone al desnudo el fracaso de la política imperialista, pone en evidencia plena la crisis del imperialismo, las contradicciones insalvables del imperialismo, que se enreda cada vez más en la madeja, que se cocina cada vez más en su propia salsa. Y ahora algunos periódicos escriben editoriales, asombrados de ese golpe, que qué significa. Pero si ese golpe ya estaba predeterminado, si la Revolución dominicana fue frustrada por el imperialismo, que situó sus barcos de guerra frente a Santo Domingo para impedir el desarrollo de la revolución y fraguó la componenda, y salvó al ejército de Trujillo, el imperialismo salvó al ejército que oprimió al pueblo 30 años. ¿Qué democracia se puede cimentar sobre esa base? ¿Qué seguridad para ningún régimen de gobierno?
Era lógico que tan pronto un gobierno como el de Santo Domingo, que toma posesión y no puede deshacerse de esas fuerzas, está completamente maniatado, y si tan siquiera insinúa una política discreta, como fue el caso de Bosch. Bosch merece un poquito más de respeto que los demás. ¿Por qué? ¿Acaso porque nos defendiera a nosotros? No, él tuvo sus grandes debilidades, él llegó al gobierno con el beneplácito de los imperialistas, pero los imperialistas creían que iban a tener un Rómulo allí, y no tuvieron a un Rómulo, Rómulo está allá, a Rómulo no lo derrocan, claro, porque Rómulo ha entregado hasta su alma a los imperialistas: asesina obreros, asesina estudiantes, reprime al pueblo, ¿y para qué quieren situar allí un gorila, si Rómulo es el más gorila de todos los gorilas?
Mas no era esa la política de Bosch, no se caracterizó como los Somoza, los Rómulo y los peores lacayos del imperialismo, por su odio a Cuba, por su política anti-Cuba, sino que se dedicó a los problemas de su país, tuvo una actitud discreta, y eso le costó el derrocamiento. Y claro, ¿qué hicieron los gorilas trujillistas?: “Somos anticomunistas, somos anticomunistas, somos anticomunistas, pero primero hemos tomado el poder para salvar la Patria.” Cómo nos recordaba a nosotros el 10 de Marzo, cómo nos recordaba aquella proclama de Batista, siempre la misma historia, el mismo pretexto.
¿Y qué van a hacer los imperialistas? Se cocinan en su propia salsa y los gorilas toman el poder, claro que apoyados por los gorilas de Estados Unidos, porque en Estados Unidos hay también gorilas civiles y gorilas militares; los gorilas del Pentágono apoyan los gobiernos de gorilas con uniforme militar, y los gorilas del Departamento de Estado promueven gobiernos de gorilas vestidos de civiles, y tienen allí adentro sus contradicciones, y esas contradicciones se manifiestan en los países de América Latina.
Y ahí tenemos al pueblo dominicano otra vez bajo las botas militares, otra vez bajo el imperio del terror. Pero qué lección, qué gran lección para el pueblo dominicano y para todos los pueblos, que solo hay un camino, solo hay un remedio: liquidar a los gorilas, combatir a los gorilas, derrotar a los gorilas y fusilar a los principales gorilas.
El camino de la revolución, el camino de Cuba, el único camino que promete a los pueblos, aunque sea largo y duro el camino, un futuro cierto y un futuro grande, una estabilidad; porque qué gobierno es estable, cómo puede haber progreso en ninguno de esos países sacudidos incesantemente por la revuelta y los golpes, cómo puede haber progreso en países subdesarrollados, explotados, con índices de analfabetismo que a veces llegan al 80%, esquilmados por las pandillas de politiqueros y de gorilas. ¿Cómo puede marchar hacia adelante por esos caminos ningún pueblo, y qué se ve en esos pueblos?: una población que crece y una economía que decrece con relación a esa población. Y lo que debe llamar la atención, lo que debe enorgullecernos a todos, es ver cómo, a pesar de tener el famoso coloso frente a nosotros intentando aplastarnos, Cuba marcha, Cuba avanza, Cuba resiste y Cuba construye su futuro, mientras los demás pueblos hermanos, muchos, la mayor parte de esos pueblos, marchan de crisis en crisis, de hambre en hambre, y bajan por la pendiente de la pobreza, sin porvenir.
Nosotros estamos pasando las vicisitudes del presente para un porvenir seguro. Esa no es la situación de los demás países. ¿Cómo puede hablarse siquiera de desarrollo industrial con un 70% de analfabetismo?, cuando el desarrollo de la industria requiere un pueblo de trabajadores educados, con un nivel técnico alto, y para ello lo primero es aprender a leer y a escribir, y ese es nuestro camino.
Los imperialistas en estos días han dicho que nosotros hemos abandonado las aspiraciones de industrialización. Claro, a un mundo al que tanto le han mentido, qué les importa a ellos una docena de mentiras más, mentiras de cretinos para cretinos. Y así no nos extraña ver en Barcelona un periodicucho falangista hablando en un artículo sobre que Cuba abandonó sus planes y se va a dedicar a producir artículos agrícolas. Y así otros comentaristas yanquis, con motivo de que nosotros dijéramos que en esta década debíamos impulsar, sobre todo, nuestra agricultura, estudiar bien la inversión de nuestros recursos e invertirlos en aquellas ramas que ofrecían más rápido aprovechamiento, más rápido e inmediato aprovechamiento de nuestros recursos, que nos permitiera alcanzar precisamente — en el momento adecuado— un gran avance en la industrialización del país; discutía qué tipo de industrias debíamos hacer primero, al mismo tiempo que hablábamos del desarrollo de nuestra agricultura, de nuestro programa de producción azucarera y ganadera.
Batieron palmas, dijeron que nosotros abandonábamos la aspiración de ser un país con desarrollo industrial para quedar convertidos en un país productor de artículos agrícolas. Y proclamaron eso.
Claro que eso está muy lejos de lo que nuestro país se propone hacer.
Lo que ocurre es que con estos años transcurridos hemos ido adquiriendo mucha más experiencia, una visión mucho más clara de nuestros recursos, de nuestras posibilidades; experiencias que ha ido adquiriendo todo el pueblo, todos los cuadros revolucionarios. Vemos mucho mejor las cosas, y ya no es como en los primeros tiempos, que influían los subjetivismos, los gustos, no el análisis frío y objetivo, no la responsabilidad que hoy se empieza a observar en todos los niveles, la seriedad que se hace cada vez mayor, la lucha implacable contra los irresponsables, la lucha implacable contra los descuidados, los despilfarradores, los erráticos.
Hoy tenemos una visión mucho más clara de nuestras posibilidades y sabemos mucho mejor cómo invertir nuestros recursos. Sabemos lo que significa para nosotros el azúcar como fuente de divisas, sabemos cuáles son las extraordinarias posibilidades de nuestra agricultura que, por su clima, puede aventajar la agricultura de los países más desarrollados; puede aventajarla con creces. Y eso lo vemos cada vez con más claridad.
Y ahí está una fuente de recursos, no solo para la satisfacción de nuestras necesidades, sino para el desarrollo de toda la economía, el desarrollo de nuestra industria, partiendo del principio de la utilización más racional de nuestros recursos humanos, de nuestros recursos económicos, de nuestros recursos naturales; partiendo del principio de la división internacional del trabajo, de manera que garantice condiciones de máxima productividad para el esfuerzo de cada trabajador cubano y de máximos beneficios para ese esfuerzo.
Y así los caminos de nuestra industrialización, el orden que debemos seguir en nuestra industrialización, se hace también cada vez más claro para nosotros. Porque algunas industrias tienen preferencias en estas condiciones a otras industrias. Hay industrias básicas, como la de energía eléctrica, cuyo desarrollo se ve en las enormes plantas termoeléctricas que se están construyendo, y algunas de ellas avanzadísimas. Hay todo un programa en desarrollo de construcción de obras hidráulicas y hay todo un programa de construcción de industrias.
Naturalmente que cuando al principio de la Revolución se concibieron los primeros planes, no existía una racionalización ciento por ciento en el empleo de los recursos, adolecía de errores; y esos errores se van rectificando sobre la marcha, de manera que cuando cada año estudiamos las inversiones, los planes de desarrollo, vamos cada vez más, aplicando la política de utilizar, de la manera más racional y fructífera, cada centavo.
Pero, al mismo tiempo, descubrimos las posibilidades extraordinarias de nuestro país, increíbles, de nuestro país, que solo requieren de organización y de técnica, de seriedad, de responsabilidad. Y por eso tenemos que exigir eso incesantemente, porque nuestras posibilidades son realmente extraordinarias; y lo que tenemos es que saber aprovecharlas, luchar infatigablemente por ello, y veremos como vamos saliendo de nuestras dificultades, veremos como en un período de tiempo relativamente breve avanzamos extraordinariamente y fortalecemos nuestra economía, que quiere decir también fortalecer la Revolución, fortalecer nuestras posiciones frente al imperialismo, frente a los enemigos y detractores de la Revolución, fortalecer la influencia y el prestigio de la Revolución Cubana en el continente.
Algunos voceros del imperialismo comienzan a reconocer ya que nuestra economía marcha, comienzan a observar indicios del progreso de nuestra economía, comienzan a darse cuenta que las etapas más difíciles las hemos atravesado ya.
Pero no debemos conformarnos con eso. Nuestro pueblo no debe realmente conformarse sino solo con la idea de que aprovechemos al máximo nuestras posibilidades extraordinarias y nuestros recursos; que sepamos aprovecharlos y los aprovechemos. Porque nosotros en estos años hemos recibido una gran ayuda, una extraordinaria ayuda del campo socialista.
Pero eso no debe significar que nos acostumbremos a esa idea. Esa ayuda ha sido decisiva, vino en los momentos más difíciles, en los momentos de menos experiencia; pero en lo que nosotros tenemos que pensar, no es en resolver nuestros problemas con los desbalances comerciales. No. Eso sería indigno de nosotros; eso sería, en realidad, una vergüenza para nosotros. Un país con las posibilidades del nuestro, con los recursos naturales de nuestro país, no podrá sentirse realmente satisfecho sino cuando esté haciendo el máximo y lo haga bien.
No me refiero al pueblo, siempre dispuesto a colaborar, me refiero a todos, a todos los ciudadanos en todos los niveles de la administración.
Es necesario que Cuba, que tiene un desbalance de más de 100 millones de pesos en su comercio con la Unión Soviética, vaya pensando en hacer el máximo esfuerzo para que, a la mayor brevedad posible, ese desbalance no exista.
Y la diferencia que hay entre acostumbrar la mente al desbalance y acostumbrar la mente a la producción, y a nosotros producir lo que necesitamos y obtener los recursos que necesitamos para nuestro desarrollo, es la diferencia que va entre una mentalidad de pueblo revolucionario y trabajador de veras, y la mentalidad de un pueblo parásito.
Bien está que en los días más difíciles y de menos experiencias hayamos recibido esa ayuda extraordinaria; pero está bien que nosotros vayamos pensando en sacar los recursos que necesitamos de nuestro esfuerzo, de nuestro trabajo, de nuestro suelo, de nuestra inteligencia, de nuestra organización.
Es verdad que aun estamos bajo el bloqueo imperialista; es verdad que los imperialistas tratan de estrechar ese bloqueo, y que no sabemos cuán largo tiempo tendremos que resistir esa situación. ¡Y la resistiremos! ¡Porque nuestra bandera revolucionaria no se plegará jamás!
¡Porque la frente alta de esta nación no se doblegará jamás! Porque afrontaremos los riesgos que sean necesarios cuanto tiempo sea necesario; afrontaremos los sacrificios que sean necesarios, cuanto tiempo sea necesario. Porque nosotros asumimos las responsabilidades plenas de nuestra conducta, de nuestra historia, de nuestra Revolución.
Como esclavos, no teníamos otra cosa que perder que las cadenas, y las cadenas las hemos roto . Y aunque llevemos en nuestros tobillos las cicatrices y las llagas de esas cadenas, sabremos marchar.
Y les decía que es verdad que hay un férreo bloqueo y que los imperialistas tratan de presionar más y más cada vez; que es verdad incluso, que mientras las tensiones en otras partes del mundo se relajan, mientras la tensión disminuye en otras partes del mundo, los imperialistas yanquis tratan de estrechar el cerco contra Cuba, y tratan de hacer más implacable su bloqueo contra Cuba. Y es claro incluso, que en los últimos meses han acentuado esa política.
Y así vemos como incluso, un gobierno desvergonzado, como es el gobierno de Grecia, en dos palabras, a tantas millas de distancia, simple satélite del imperialismo yanqui, ha tenido la cobardía de prohibir que sus barcos vengan a Cuba. Y así, el imperialismo trata de estrechar su nudo en torno a Cuba, aun cuando las presiones en otras partes del mundo se debilitan.
Y claro está que esta situación determina nuestra conducta. Y claro está que nosotros no aceptaremos tranquilamente una situación en la cual las tensiones disminuyan mientras se aumentan para nosotros. No es que nosotros queramos que haya tensiones en el mundo, ¡no! Nos alegramos que no haya tensiones; nos alegramos que disminuyan las tensiones. Pero nosotros no nos podemos considerar en paz con los imperialistas, no podemos considerarnos en paz con un imperialismo que trata de estrangularnos cada vez más y más.
Y esta situación determinará nuestra conducta internacional, esta situación determinará nuestra conducta internacional. Que no es una política que esté por la guerra, que es una política que está por la paz, pero que nosotros no tenemos la culpa de la guerra que nos hacen, no tenemos la culpa del bloqueo férreo que se nos hace. Como país pequeño, agredido, bloqueado, contra el cual se practica una política de guerra no declarada, de ataques piratas, de infiltración de saboteadores, de introducción de armas y de explosivos, de formación de bases para atacar y para matar, no pretenderá de nosotros nadie, una beatífica sonrisa hacia esos enemigos imperialistas.
Son nuestros enemigos y sabremos ser enemigos de ellos. Y esta situación determinará nuestra política en la arena internacional, en las Naciones Unidas y en todas partes, y determinará nuestra actitud sobre el pacto nuclear, y determinará nuestra actitud sobre las proposiciones de desnuclearización.
Y sabremos resistir, porque hay vergüenza suficiente, hay dignidad suficiente, y hay valor suficiente, hay heroísmo suficiente, hay espíritu de sacrificio suficiente (APLAUSOS PROLONGADOS Y EXCLAMACIONES DE: “¡Fidel, seguro, a los yanquis dales duro!”). Si los imperialistas tratan de intrigar acerca de la posición de Cuba y la posición de Cuba la define primero que nada el antimperialismo.
¿Cuál es nuestra línea? La línea del antimperialismo consecuente, la línea del antimperialismo yanqui fundamentalmente.
Es decir que nosotros estamos en una situación concreta: el enemigo ahí, a 90 millas, hostigándonos, bloqueándonos, amenazándonos, tratando de destruirnos. Nuestra línea es la línea de lucha contra ese enemigo, y además, nuestra propia línea. Cuba tiene una línea propia, que corresponde a las condiciones concretas en que surge la Revolución Cubana , que corresponde a las condiciones concretas en que surge a la historia la Revolución Cubana y a las condiciones específicas del lugar del mundo donde surge, la vecindad al imperialismo yanqui y la hermandad con un continente explotado por ese imperialismo.
Y esas son las circunstancias que determinan nuestra conducta y nuestra línea, la línea de nuestro Partido y la de nuestro pueblo; que están y estarán estrechamente unidos, porque sabremos representar dignamente a esta nación, a los sentimientos de esta nación, a la historia de esta nación, de este pueblo, la grandeza y la dignidad de este pueblo; porque con este pueblo nuestro, bien podemos enfrentarnos a cualquier situación, por difícil que sea. Con este pueblo nuestro, bien sabremos darle frente victoriosamente a cualquier problema.
Y así somos veteranos ya de una lucha larga y dura, de la que nos enorgullecemos, de la que no tendremos jamás que avergonzarnos. Porque ningún pueblo jamás se arrepiente ni se avergüenza de ser digno, de ser valiente, de ser heroico, de ser decidido, de ser audaz y de ser patriótico. Y venceremos, porque esta es la hora de los pueblos, la hora de la rebeldía de los pueblos, cuando los pueblos en todos los continentes sacuden el yugo de los imperios y cavan la sepultura de los explotadores.
Y este es un problema de la lucha de los pueblos; y los pueblos están en pie: ¡marchando y luchando! Y son cada vez más alentadoras las noticias que se reciben de todas partes, y las noticias que nos traen los cables de la lucha creciente de los pueblos hermanos de América Latina.
Y nosotros tenemos que saber responder a nuestra situación concreta y a nuestra situación especial y, por eso, saber cuáles son nuestros deberes: nuestros deberes para con la economía y nuestros deberes para con la defensa de la Revolución; saberlo, saberlo ahora que el imperialismo trata de estrechar su nudo; saberlo ahora que el imperialismo lanza su ofensiva contrarrevolucionaria. ¡No nos impresiona eso, somos veteranos ya en esa lucha! Y sabemos cómo tratarlos, sabemos cómo contrarrestar sus ataques y sus planes. Planes que conocemos sobradamente bien, y planes que fracasarán como han fracasado todos.
Pero debemos saber cuáles son nuestros deberes en la lucha contra la ofensiva contrarrevolucionaria del imperialismo, y en la lucha por la economía: el fusil y el instrumento de trabajo, el instrumento de trabajo y el fusil. Con ellos, con ambos, tenemos que labrar nuestra victoria; con ambos tenemos que construir nuestro futuro; con ambos tenemos que construir nuestra historia. Saber cumplir el deber, esforzarnos por trabajar cada vez mejor, utilizar los recursos que tenemos y los que vamos creando. Porque como siempre, saben ustedes la importancia que la Revolución le da a la formación de las nuevas generaciones.
Recordarán ustedes que aun en los días difíciles de las invasiones, cuando el enemigo atacaba nuestras costas con su expedición de mercenarios, se concentraban las primeras decenas de miles de estudiantes para la Campaña de Alfabetización, y todo se puso en función de la lucha, todo se puso en función de la guerra, todo, excepto una cosa: la Campaña de Alfabetización.
La educación, la formación de los cuadros, la industrialización, no es cosa de dos años, o tres años; porque los ingenieros nuestros están en los primeros años de las universidades, en los preuniversitarios, en las secundarias, por decenas y decenas de miles nuestros técnicos de todos tipos. Y forzosamente habrá que esperar; y necesitamos tiempo para poder recoger los frutos de ese esfuerzo, y tenemos que saber pensar en función del tiempo.
Cumplir el deber de cada uno de nosotros, pensando lo que ello significa, el de nosotros y el deber que tendrán que cumplir las nuevas generaciones formadas por la Revolución; el deber de cada cual, la continuidad en el tiempo de la obra de un pueblo, la continuidad en el tiempo de la obra de una revolución, lo que a esa revolución le corresponde en cada una de las etapas.
Y sintámonos satisfechos y orgullosos de que a nosotros nos toquen etapas de lucha y de trabajo; de dura lucha, de difícil lucha, porque esa será nuestra mayor satisfacción siempre, y el orgullo de las generaciones venideras, para quienes estamos preparando esencialmente el futuro.
Saber cumplir nuestros deberes para con nuestro país, saber cumplir nuestros deberes para con el mundo, en la seguridad de que estamos aptos para cumplir esos deberes; que contamos con un gran pueblo. Y por eso la esperanza que han puesto en nosotros muchos humildes, muchos explotados, no será defraudada jamás. Porque el rol que Cuba hoy juega, su lucha gigantesca frente al poderoso imperio yanqui, su ejemplo y su estímulo para todo un continente, es un rol que desempeña porque es capaz de hacerlo; porque tiene virtudes para llevarlo adelante, no fue por casualidad, sino por sus virtudes extraordinarias, que el pueblo cubano está jugando ese rol. ¡Y el pueblo cubano es este!, y los millones, como los hombres y mujeres aquí presentes, que en todos los rincones de la patria, trabajan y luchan, mantienen con su entusiasmo y con su fe, el vigor y la fuerza de la Revolución, resiste las embestidas del imperialismo yanqui. ¡Este es nuestro pueblo!, que no lo confundan jamás con los cobardes que huyen, con los vendidos al enemigo, ¡que no lo confundan jamás! ¡Nuestro pueblo es este: ejemplo de dignidad y patriotismo, ejemplo de valor, ejemplo de heroísmo, de espíritu de sacrificio; nuestro pueblo es ese, es el que está construyendo la historia de Cuba, de la Cuba que hoy se conoce por el mundo! No la Cuba de ayer , la Cuba respetada y admirada de hoy, firme y heroica de hoy; la Cuba victoriosa, la Cuba de siempre, la Cuba invicta e invencible de la Revolución, la Cuba que ha hecho suyo el lema de: ¡Patria o Muerte!
¡Venceremos!
FIDEL CASTRO RUZ

Fuente: http://www.cuba.cu/gobierno/discursos

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