julio 09, 2012

Discurso de Fidel Castro en el Palacio Presidencial (1959)

DISCURSO EN EL PALACIO PRESIDENCIAL
 Fidel Castro
[22 de Marzo de 1959]

― Versión taquigráfica de los oficinas del Primer Ministro ―

Pueblo de Cuba:
Nos hemos ido un poco lejos y es conveniente que volvamos otra vez a poner los pies sobre la tierra.  Nunca sabe uno cuál ha de ser su más difícil comparecencia en una tribuna pública.  Cuando he considerado difícil alguna de ellas, no ha tardado en aparecer otra que la supere, y para mí ninguna tan difícil como esta de hoy, en que siento discrepar mis ideas con el ilustre visitante que es José Figueres.
¿Cómo exponer nuestra discrepancia sin faltar a la elemental cortesía que le debemos a nuestro huésped?  Era difícil hablarle al pueblo en el día de hoy, porque toda revolución es en sí misma difícil y compleja, y esta comparecencia se hace aún más, cuando a los complejos problemas internos del país tenemos que añadir los complejos problemas internacionales.
Ya de por sí, y sin salirnos del ámbito nacional, nuestra tarea es muy dura y difícil, porque ya de por sí, y por ser esta una revolución verdadera y no una farsa más de las muchas que ha contemplado América; por ser una revolución y no un cuartelazo, por ser una cura de raíz y no una simple poda donde vuelven a retoñar los males añejos, por ser una operación quirúrgica en que hay que cortar por lo sano y abandonar las curitas de mercurocromo, tenemos grandes problemas .
Tenemos a una considerable parte de los que aquí han estudiado, que han estudiado porque son los únicos que han tenido ese privilegio, porque interés creado y monopolio de la cultura es casi la misma cosa, porque interés creado y monopolio de los órganos de divulgación de las ideas es la misma cosa, porque interés creado y posibilidad de movilizar cuantos recursos ha ideado el hombre para influir en los demás hombres es la misma cosa, porque interés creado y derecho viejo y reaccionario es la misma cosa , porque interés creado y mentalidad infortunadamente adaptada a las situaciones que han establecido por décadas y por siglos esos intereses creados son la misma cosa, porque poderosos intereses creados de la oligarquía nacional y los intereses creados de la oligarquía internacional son la misma cosa.  Y porque contra la Revolución Cubana se concita la reacción nacional y la reacción internacional, porque contra la Revolución Cubana se concita toda la oligarquía reaccionaria del continente, porque las campañas de prensa emanadas de los trusts y monopolios de las agencias internacionales de noticias han encontrado eco en la prensa reaccionaria de América, porque alguien escribe en todos los rincones del continente las calumnias y las mentiras que envían las agencias cablegráficas...
Y esos son los mismos intereses en aquellos pueblos, intereses similares a los que aquí se oponen a la Revolución, intereses similares a los que aquí mantuvieron e hicieron posible la tiranía, intereses similares a los que aquí estamos batiendo, y que no quisieran que en los demás pueblos de América se forjara una revolución como esta.
Es lo cierto que se ha hecho una campaña tal y tan tremenda, una campaña tan infame y tan pertinaz, que aun hombres como José Figueres, a quien suponíamos libre de temores y de prejuicios, han sido influidos por esas campañas; y así se nos ha tratado de aislar, así se nos ha tratado de quitar simpatías en todo el continente y así se ha querido sumir en el odio de los demás pueblos del continente a la Revolución más moral, más honesta y más justiciera que ha conocido América.
En todos los periódicos del continente americano y en las agencias cablegráficas internacionales, se ha hablado más de cualquier criminal de guerra fusilado que de todos los 20 000 crímenes que cometió Batista aquí durante siete años.
¿Para qué?  Para aislarnos primero y para agredimos después; debilitarnos en el apoyo moral y en la solidaridad de la opinión pública del continente, para invadirnos luego mediante camarillas mercenarias, para invadirnos luego con bases en Santo Domingo o en la Florida, para invadirnos luego con expediciones preparadas por los Trujillo, los Masferrer, los Ventura o los Laurent (DEL PUBLICO LE DICEN: “¡El pueblo está contigo, Fidel!”).
Sí, ustedes me dicen que el pueblo está conmigo (EXCLAMACIONES DE: “!Sí!”), pero ustedes se olvidan de que los pueblos son susceptibles de la confusión y del engaño; ustedes se olvidan de los prejuicios seculares que han sembrado en los pueblos; ustedes se olvidan de los recursos y de los resortes con que cuentan para crearnos toda clase de problemas internos; ustedes se olvidan de las campañitas que más o menos disimuladamente se han estado haciendo contra la Revolución; ustedes se olvidan de algunos cintillos y de algunas caricaturas, y se olvidan o no han reparado tal vez cómo algunos de los que hasta hicieron fotografías y retratos del esbirro Salas Cañizares, hoy hacen caricaturas y fotografías contra la Revolución.
Hemos sido demasiado generosos, porque aquí, donde se ha hablado de cordura, yo digo que hemos sido demasiado cuerdos, yo digo que hemos sido demasiado nobles, porque hay quienes están escribiendo aquí que no debieron volver a tener derecho a escribir nunca más en su vida .  Están hablando aquí ya, cuando todavía no han transcurrido tres meses del triunfo, quienes no debieron haber tenido nunca más derecho a hablar en nuestra patria; porque andan incluso por la calle ciertos señores que, por los elogios que dirigieron al tirano, por la tinta que gastaron en favor de aquella infame tiranía, por el daño que le hicieron a la conciencia de la nación, no debieron haber vuelto a tener derecho a pasearse libremente por las calles de Cuba.
Es que hemos sido demasiado generosos y con nuestra propia generosidad están haciendo todo el daño posible, y ya insinúan, ya tratan de infiltrar la idea malévola, la calumnia infame, la sospecha y la duda.  Y como esta es una revolución que tiene que lesionar intereses —porque si no, no sería revolución—, porque esta Revolución tiene que desenredar muchas cosas enredadas y cortarlas por lo sano —como aquel Alejandro cortó de un sablazo el nudo gordiano, que no tenía otro modo de desenredar— , ya la reacción tiene poderosos aliados, ya hay campañas, como la campaña de cerrar todos los apartamentos para que nadie pueda alquilar y sembrar el descontento, como la campaña de querer botar a todos los empleados de los apartamentos, como la campaña de querer botar a todas las muchachas que prestan el servicio doméstico, como las campañas que se hacen para fomentar el descontento por todos los medios posibles, al unísono con la campaña internacional que hacen las agencias cablegráficas contra la Revolución Cubana, al unísono con las campañas que se hacen en Estados Unidos contra la Revolución Cubana, al unísono con las adquisiciones de armas, con las compras de aviones por Trujillo, el trasiego de criminales de guerra entre Santo Domingo y la Florida y entre la Florida y Santo Domingo, sin que —¡oh, casualidad!— el FBI haya encontrado todavía una pistolita allí en manos de los gangsters y los criminales.
Se olvidan de que la reacción conoce la psicología de nuestro pueblo, la reacción conoce que el pueblo ha estado acostumbrado a los malos gobiernos y tiene un reflejo condicionado contra la palabra gobierno, y contra todo lo que parezca gobierno, que es fácil de explotar.
Padece nuestro pueblo de un inconformismo nato que es fácil de explotar, y saben que son enormes los problemas que tenemos nosotros desde el gobierno, porque hemos heredado 50 años de malversaciones, de inmoralidades, de privilegios, de favores, de politiquería y de corrupción en todos los órdenes, que han puesto en nuestras manos una república de 6 millones con los mismos recursos con que apenas podíamos vivir cuando éramos solamente 3 millones, una república con 700 000 desempleados, una república con 70 millones de pesos de reserva monetaria, cuando la dictadura la había tomado con 500 millones; y saben en cuán difíciles circunstancias nos dejaron la república y que hay impaciencia en el pueblo, que hay desesperación, miseria y hambre en el pueblo, desesperación que luego se manifiesta en hechos que no tienen justificación, como en el caso de los desplazados de autobuses, a quienes nosotros en un 90% habíamos restituido ya, y que cuando quedaban unos 50, 60 o 70 solamente, que iban a ser restablecidos en el menor plazo posible, aquellos hombres que tuvieron que esperar siete años sin que nadie los oyera, en vez de llenarse de esperanzas, cuando vieron que habíamos restablecido al 90% de sus compañeros, al día siguiente del Consejo de Ministros más revolucionario, de la sesión más revolucionaria que habíamos tenido, abro el periódico y me encuentro con que algún agitador interesado los había llevado a una huelga de hambre.
Alguien confundió a esos compatriotas, alguien los llevó fácilmente a esa acción, que seguramente ese lidercillo no apareció en los siete años de tiranía y por eso no hubo ninguna huelga de hambre , y viene a fomentarla contra el Gobierno Revolucionario, el Gobierno Revolucionario a quien no han tenido que pedirle para dar, el Gobierno Revolucionario que desde el primer instante se ganó el odio de la oligarquía y de los intereses creados por su decidida posición junto a las capas humildes y pobres del pueblo.
Si eso es así, si la oligarquía nacional reaccionaria tiene la manera de crearnos dificultades económicas; si la oligarquía internacional, enemiga de nuestra patria, tiene en sus manos posibilidades de crearnos dificultades económicas, como es ese plan que se vislumbra de rebajar nuestra cuota azucarera; si tanto a la oligarquía nacional como la internacional tienen los medios de sabotear nuestro programa de industrialización del país, no estoy muy desacertado al decir que la Revolución tendrá que afrontar grandes dificultades y que nosotros necesitamos el más decidido y absoluto respaldo del pueblo entero , el más decidido y absoluto espíritu de sacrificio del pueblo entero, porque hoy el enemigo cuenta con la ventaja de todo el mal que ha sembrado, el enemigo cuenta con la ventaja de toda la ruina y todo el hambre que ha sembrado; el enemigo cuenta, paradójicamente, en favor suyo con todo el daño que le ha hecho a la patria, porque somos seres de carne y hueso, impelidos por una serie de demandas vitales en un medio escaso para poder satisfacerlas de inmediato, y ellos saben que pueden explotar esas ventajas con que cuentan.
Pueden contar con la ventaja de la desesperación en nuestro pueblo, pueden contar con los vicios que todavía predominan en la mentalidad colectiva, y buena prueba de ello es que en la tarde de hoy yo dudo de que haya habido un ciudadano que no tuviera una carta para mí a fin de que yo, personalmente, como si me alcanzara el tiempo para resolver los problemas grandes del país, pudiera atender uno por uno —como hacían antes toda una legión de politiqueros— los problemas individuales de nuestros compatriotas; porque antes los acostumbraron a acudir a todos los políticos y hoy, que todos los políticos han desaparecido, acuden todos juntos a mí, como si yo, encima de todos los problemas que tengo que atender en el Gobierno Revolucionario, pudiera atender todo eso.
¿Y qué vienen a pedirme?  En su inmensa mayoría vienen a pedirme una cosa honesta: vienen a pedirme trabajo, trabajo porque quieren vivir con el sudor de su frente, quieren vivir sin robarle a nadie, quieren vivir de su esfuerzo.  Cuando yo me pregunto:  ¿Cómo es posible que este ciudadano no comprenda que si el día tuviese 500 horas, las 500 horas no me alcanzaban para atender todos los problemas individuales que me traen?, me pregunto un poco entristecido:  si es posible que no comprendan eso, ¿cómo es posible que vayan a comprender otros problemas más profundos, y cómo es posible, si nosotros con todas las dificultades que tenemos por delante no podemos resolver de inmediato todas las cuestiones pendientes del país, que esos compatriotas desesperados, esos compatriotas que no pueden comprender los deberes de un gobernante, no hayan de ser fácil presa del confusionismo, y no vayan a ser fácil presa de los sentimientos que puedan sembrar en ellos las campañas de los contrarrevolucionarios?
Veo a veces cómo tratamos de resolver nuestros problemas egoístamente, cómo los obreros de un sector —por ejemplo— se olvidan de los problemas de otro sector, cómo nos olvidamos de que toda la economía es compleja, cómo nos olvidamos de que nosotros tenemos que marchar adelante con mucho cuidado, si no queremos agravar nuestros males.
Y veo que a veces, sin darnos tiempo, sin pasar siquiera a través del Ministerio del Trabajo, que es un ministerio del trabajo revolucionario, se adoptan medidas que niegan la consideración que merece un ministerio del trabajo revolucionario, una CTC revolucionaria y un Gobierno Revolucionario.  En dos palabras: cómo a veces tratan de apurarnos, sin tener en cuenta las extraordinarias circunstancias que tenemos que ir venciendo y el cúmulo de problemas que tenemos por delante.
Si fracasamos, si nuestros planes no los podemos llevar adelante, los únicos perjudicados van a ser los propios trabajadores; como la Revolución si fracasa porque no la ayudan, los únicos perjudicados van a ser los campesinos y los obreros, cuando no los únicos, porque todo el pueblo sufriría las consecuencias del fracaso de la Revolución, los mayores sacrificados serían los campesinos y los obreros.
Por eso yo, cuando tengo que pedir sacrificios, no se los pido a los hacendados, se los pido a los obreros azucareros; cuando tengo que pedir sacrificios, no se los pido a los grandes intereses creados, se los pido a los trabajadores, porque por primera vez en Cuba un gobierno se puede dirigir a los campesinos y a los trabajadores como a sus amigos, como a sus compañeros, como a los únicos a quienes tiene derecho a pedir.  Y cuando tenemos que sacrificar a los intereses creados no lo pedimos, implantamos el sacrificio mediante leyes revolucionarias APLAUSOS).
Cuando de pedir se trata, les pedimos a nuestros compañeros los campesinos, les pedimos a nuestros compañeros los trabajadores, porque la república que estamos forjando, la patria que estamos redimiendo, no será el paraíso de los intereses creados, como fue siempre, sino el hogar donde puedan hallar la felicidad los hombres humildes y los pobres de nuestro pueblo. Y por eso digo que los obstáculos que tendremos que vencer son grandes y serán más grandes si el pueblo no se adapta, como tiene que adaptarse, a la realidad revolucionaria; serán más grandes si el pueblo se olvida de sus deberes, si el pueblo se olvida de que el gobernante de hoy no es el gobernante de ayer, que si el de ayer era su enemigo, el de hoy es su mejor amigo.
Estas consideraciones pensaba hacerlas aquí desde hace días, porque todo el mundo sabe que tenemos reuniones del Consejo de Ministros en determinados días, todo el mundo sabe que de cada reunión del Consejo de Ministros sale alguna ley revolucionaria; todo el mundo sabe además que las leyes hay que estudiarlas, que las leyes hay que discutirlas, que las leyes hay que revisarlas, y ocurre que ya no hay apenas días de reunión en el Consejo de Ministros sin que no se aparezca una manifestación con altoparlantes, de algún sector que tiene algún problema.  Se dio incluso hasta el caso de los maestros cesanteados por haber aspirado en las últimas elecciones (EXCLAMACIONES DE:  “¡Fuera!”), que el día del último Consejo de Ministros se aparecieron ahí y estuvieron durante horas con altoparlantes hablando y hablando, mientras el Consejo de Ministros tenía que discutir las leyes revolucionarias.
Y yo me pregunto:  ¿Cómo un Consejo de Ministros puede sentarse a discutir tranquilamente, cómo un Consejo de Ministros puede sentarse a forjar algo tan delicado como son las leyes, en medio de un constante maremágnum de agitación, de escándalo, de molestias, de exigencias y de abusos?  Porque considero que, si se ha establecido un régimen de respeto tan grande como el que existe hoy, los que aspiraron a las elecciones mientras nosotros estábamos combatiendo y muriendo en la Sierra Maestra , los que fueron insensibles al dolor del pueblo, los que incluso se postularon para estar de botelleros varios meses, como era una costumbre aquí, tengan derecho a ser también ahora insensibles a nuestras tareas revolucionarias, y vengan a perturbar también a la Revolución en su etapa creadora en bien de nuestro pueblo.
Pero a veces no son los maestros politiqueros, a veces desgraciadamente son compañeros de algún sector que no comprenden el trámite que deben llevar adelante, de ver al Ministro del Trabajo, en el ministerio correspondiente, y en pensar que antes que su problema como sector está el problema de todo el país, que nosotros debemos atender. Y a veces también, desgraciadamente, pugnas en la base, pugnas por el control de los sindicatos, han llevado a los compañeros a una verdadera competencia de demandas; han llevado a los compañeros a una competencia en ver quién pide más, sin detenerse a considerar si el momento de pedir es ese, si el momento de querer recoger los frutos de la Revolución es ahora o después, sin detenerse a considerar que no podemos comernos el fruto antes de sembrar la semilla.
Y a veces, desgraciadamente, los afanes personalistas o, si no afanes personalistas, los apasionamientos de tendencias, han creado complicaciones, han agitado a los trabajadores y los han llevado más allá de la moderación del irrespaldo al Gobierno Revolucionario para que avancemos rápido, porque hay un adagio que dice, vísteme despacio porque estoy apurado, y a veces nos crean problemas en vez de ayudarnos.
Por eso es necesario un entendimiento, más que nunca, en la base sindical; es necesaria, más que nunca, la unidad en la base sindical, precisamente para que los compañeros responsables, los que tienen respaldo de las bases sindicales, se reúnan y estudien los problemas correctamente, inteligentemente, con una información correcta y hagan los planteamientos que deban hacer de común acuerdo, en la cuantía en que deba ser y en la oportunidad en que deben ser, sin demagogia y sin obstruir la tarea de la Revolución. Y así llegaremos más lejos, más pronto; llegaremos mucho más lejos, mucho más pronto; que si la Revolución se retrasa, los perjudicados son ustedes; que si la Revolución fracasa, los que fracasan son ustedes.
Ninguna manifestación racista aquí, porque los problemas económicos no tienen que ver nada con el racismo.
Considero que la primera cualidad del obrero debe ser la generosidad, su espíritu de solidaridad con los demás obreros; que el peor vicio en un obrero, en un hombre que suda la camisa, en un hombre que sabe lo que es el trabajo y lo que es la penuria, el peor defecto es el egoísmo y a veces actuamos egoístamente.
Lo primero en que hay que pensar, antes de elevar el nivel de ingresos de los sectores mejor pagados, es en elevar el nivel de ingresos de los sectores peor pagados.  Que antes de pensar en elevar el nivel de ingresos de los obreros que ganan 300 pesos mensuales, lo generoso, lo noble, lo revolucionario y lo solidario, es luchar por elevar el nivel de ingresos de aquellos obreros que ganan 60, 70 u 80 pesos mensuales.  Que antes que pensar en elevar el nivel de ingresos de los que más ganan, lo que debemos tratar a toda costa es de lograr un aumento en el nivel de empleo. Que en vez de luchar por el que gane 300 pesos, gane 350 pesos, lo que nos corresponde es luchar porque en vez de 300 obreros, haya 350 trabajando en esas fábricas. Que nuestro primer problema en estos instantes es el desempleo, y nuestro segundo problema es que hay numerosos sectores con un nivel de ingresos muy inferior a los que más ganan. Que hay que luchar, antes que nada, contra el desempleo; al mismo tiempo, luchar por elevar el nivel de ingresos de los que menos ganan, y después mejorar el nivel de toda la clase obrera.
Hoy nosotros rebajando el costo de la vida, rebajando los alquileres, rebajando las tarifas telefónicas, rebajando las medicinas y haciendo las rebajas que proyectamos hacer, estaremos elevando el nivel de ingresos de todos los trabajadores.
Por un lado, concentramos el esfuerzo en hacer que todos ganen más, rebajando el costo de la vida; por otro lado, debemos hacer el esfuerzo para que trabajen los que no trabajan hoy, y para que ganen más los que trabajando ganen poco.  Así, mientras por un lado rebajamos el costo de la vida, mejoramos los ingresos de los que ganan poco, o hacemos que ganen los que no ganan nada.
Hasta estos momentos, ya hay sectores donde la obra de la Revolución ha hecho notar sus beneficios.  Ejemplo: el sector textilero.  Al desaparecer por completo el contrabando y al hacerse una campaña en favor del consumo de artículos del país, 12 fábricas que estaban paradas ya están funcionando a plenitud de producción; y las demás fábricas, que estaban produciendo dos o tres días a la semana, ya están produciendo todos los días de la semana .
Las fábricas de alcohol absoluto, que estaban paralizadas, dentro de unos días estarán funcionando todas con empleo para un número considerable de trabajadores.
Y así, las construcciones se paralizaron, no porque hiciéramos la Ley de Alquileres, sino mucho antes de la Ley de Alquileres, porque se imaginaban que íbamos a hacer una Ley de Alquileres; pero ya hay miles y miles de obreros trabajando en obras públicas, ya están en marcha los planes de construcción del Instituto de Ahorro y Viviendas, ya miles de personas están percibiendo ingresos con la venta de bonos, y si bien es verdad que hay dificultades con motivo de que muchos de ellos no disponen de los recursos suficientes para adquirir los bonos, esto es problema que será solucionado convenientemente.
Ya con las leyes que se han hecho de exención de impuestos para el que construya en los próximos dos años su propia casa; con la Ley de Reforma Urbana, de cuya importancia el pueblo no se ha percatado todavía, porque nadie apenas ha querido hablar de esa ley tan profundamente revolucionaria, más revolucionaria que la Ley de Alquileres, dictada en el último Consejo de Ministros, en virtud de la cual ningún terreno para establecer industrias o centros de trabajo, ningún terreno para construir vivienda propia podrá valer más de cuatro pesos por metro cuadrado en ningún lugar de la república , y todos los solares de esos repartos donde vendieron solares carísimos, sin calles y sin alcantarillado, el Instituto de Ahorro y Viviendas tiene derecho a revalorizarlos y con la tercera parte del valor, los que lo están pagando a plazos podrán adquirirlos, y muy pronto habrá el doble de obreros de la construcción trabajando de los que ha habido nunca en Cuba.
Con la Reforma Agraria, cuya Ley Fundamental será aprobada antes del día 15 del mes de abril —o sea, la ley sobre el latifundio, la ley que comprende en una sola toda la Legislación Agraria—, con esa ley pondremos fin a más del 60% o el 70% de los desocupados que hay en Cuba. Solamente con la desecación de la Ciénaga de Zapata más de 200 000 personas encontrarán el sustento con el sudor de su frente y dejarán de formar en la inmensa legión de los desocupados.
No es que me falte la fe —que nunca me ha faltado—, no es que me falte la confianza —que nunca me ha faltado—, pero sí considero mi deber decirle al pueblo las cosas que me preocupan, decirle al pueblo cómo debe colaborar con su Gobierno Revolucionario, decirle al pueblo cómo se ayuda a su Gobierno Revolucionario, porque veo entusiasmo, un entusiasmo desbordante; porque veo simpatías, una simpatía desbordante.  El corazón está todo con la Revolución, pero la mente de todos no ha evolucionado suficientemente; la mente, la conciencia revolucionaria, está retrasada con relación a los sentimientos del pueblo.
Los sentimientos del pueblo son todos revolucionarios, pero la mentalidad del pueblo no es todavía enteramente revolucionaria.  La mentalidad del pueblo está todavía condicionada por muchos prejuicios, muchas creencias y muchas costumbres del pasado, y el pueblo, si quiere superarse más, tiene que empezar por reconocerlo.
Si el pueblo quiere orientarse correctamente, tiene que adoptar esos postulados de que hablaba aquí de cuáles son las batallas que debemos ganar y en el orden en que las debemos ganar.  La batalla contra el desempleo, la batalla por la elevación del nivel de los que ganan salarios más bajos, la batalla por la rebaja del costo de la vida, y una batalla de las más justas que hay que librar, una de las batallas en la cual es necesario hacer hincapié cada día más y que puedo llamarla la cuarta batalla, es porque se acabe la discriminación racial en los centros de trabajo.  La batalla, repito, por poner fin a la discriminación racial en los centros de trabajo.
De todas las formas de discriminación racial, la peor es aquella que limita el acceso del cubano negro a las fuentes de trabajo porque es cierto que ha existido en nuestra patria, en algunos sectores, el bochornoso procedimiento de excluir al negro del trabajo.
Todo el mundo sabe que no soy demagogo, todo el mundo sabe que odio la demagogia, todo el mundo sabe que jamás toco un problema si no lo siento, que jamás toco un problema si no lo hago con absoluta honradez.  Hay dos tipos de discriminación racial:  una, es la discriminación en centros de recreo o en centros culturales, y otra, que es la peor, la primera que tenemos que batir, la discriminación racial en los centros de trabajo ; porque si una delimita las posibilidades de acceso a determinados círculos, la otra —mil veces más cruel— delimita el acceso a los centros donde puede ganarse la vida, delimita las posibilidades de satisfacer sus necesidades, y así cometemos el crimen de que al sector más pobre le negamos precisamente más que a nadie la posibilidad de trabajar.
Cometemos el crimen de que mientras la sociedad colonial hacía trabajar al negro como esclavo, y hacía trabajar al negro más que a nadie, y hacía trabajar al negro sin retribución alguna, en esta sociedad actual, a la que algunos han querido llamar “sociedad democrática”, todo lo contrario, se le quiere impedir que trabaje para ganarse la vida.  Así, mientras la colonia los mataba de trabajo y los mataba a palos, nosotros queremos matar de hambre a nuestros hermanos negros.
No debiera ser necesario el dictar una ley, no debiera ser necesario dictar una ley para fijar un derecho que se tiene por la simple razón de ser un ser humano y un miembro de la sociedad.  No debiera ser necesario dictar una ley contra un prejuicio absurdo, lo que hay que dictar es el anatema y la condenación pública contra aquellos hombres llenos de pasados resabios, de pasados prejuicios, que tienen el poco escrúpulo de venir a discriminar a unos cubanos, de venir a maltratar a unos cubanos, por cuestiones de piel más clara o más oscura porque, en definitiva, todos la tenemos más clara o más oscura , porque aquí, si no la tenemos un poco morena porque nos viene de español —y a España la colonizaron los moros, y los moros venían de África —, la tenemos más o menos morena porque nos vino directamente de África.  Pero nadie se puede considerar de raza pura, y mucho menos de raza superior; y, por lo tanto, de la misma manera que para establecer y llevar adelante una campaña en favor del consumo de productos nacionales, sin necesidad de dictarse una ley ni sanciones penales, vamos a ponerle fin a la discriminación racial en los centros de trabajo, haciendo una campaña para que se ponga fin a ese odioso y repugnante sistema con una nueva consigna:  oportunidades de trabajo para todos los cubanos, sin discriminación de razas, o de sexo; que cese la discriminación racial en los centros de trabajo, y que blancos y negros nos pongamos todos de acuerdo y nos juntemos todos para poner fin a la odiosa discriminación racial en los centros de trabajo. Así iremos forjando, paso a paso, la patria nueva.
Hay exclusivismos en los centros de recreo.  ¿Por qué?  Porque se educaron separados el blanco y el negro.  Pero en la escuelita pública no viven separados el blanco y el negro; en la escuelita pública aprenden a vivir juntos, como hermanos, el blanco y el negro.  Y si en la escuela pública se juntan, se juntan después también en los centros de recreo, y se juntan en todas partes.  Pero cuando se les educa separados —y la aristocracia educa a sus hijos separados del negro—, es lógico que después no puedan estar juntos tampoco en los centros culturales o de recreo el blanco y el negro.
¿Qué hacer?  Dignificar a nuestra escuela pública, brindarle a nuestra escuela pública todos los recursos que sean necesarios; brindarles no solo edificios, sino también ropas a los muchachos, desayuno, almuerzo y si es necesario comida también. Construir campos de recreo en las escuelas públicas, donde jueguen juntos el blanco y el negro, y también establecer clubs, o vamos mejor a cambiarles la palabra y ponerles “centros de recreo”, como vamos a hacer en todas las playas, que vamos a hacer centros de recreo para los niños de las escuelas públicas, donde también se diviertan, jueguen, y disfruten de las ventajas de nuestra naturaleza, y disfruten de la alegría a que todo niño tiene derecho a disfrutar, juntos, como en las escuelas, el niño blanco y el niño negro, para que después, también juntos y como hermanos, se ganen la vida en el mismo centro de trabajo, el hombre blanco y el hombre negro.
De ahí que esa sea una razón más para que nosotros convirtamos la escuelita pública, de la cenicienta que es hoy, de la casita que se está derrumbando, sin pupitres, sin material escolar, en verdaderos centros de enseñanza, dotados de todos los recursos y de todos los medios, para que nuestra escuela pública deje de ser la cenicienta a la que todo el mundo le tiene lástima y donde se eduquen los hijos de los obreros, de los campesinos y de los hombres humildes, y sea el centro que no tenga que envidiarle nada a nadie y constituyan los mejores centros de enseñanza en todo el país.  Porque, por qué los hijos de los hombres del pueblo no van a tener derecho a disfrutar también de lo mejor, a disfrutar también de lo que hasta hoy han disfrutado solamente los hijos de determinados sectores sociales.
Esa será una de nuestras tareas, como lo será la de construir hospitales, donde todo el mundo tenga derecho a ir y sean tan buenos como los mejores hospitales particulares, y donde no haya que pedirle de favor a ningún político que nos de una recomendación para ir al hospital, donde no haya otra recomendación que la necesidad de recibir asistencia.  Por eso también construiremos universidades, y así, dentro de una semana, estarán construyéndose al mismo tiempo tres ciudades universitarias.  Por eso prepararemos playas para el pueblo (DEL PUBLICO LE DICEN: ¡Como la de Viriato!).
La de Viriato no es nada comparada con las que le vamos a dar al pueblo; la de Viriato pertenece al pasado, es una aspiración de épocas anteriores y eso prueba lo que yo digo.  ¿Cómo me van a venir a hablar ahora de playa Viriato?  Háblenme de la de Varadero, donde también va a poder ir el pueblo, háblenme de la de Santa María del Mar y de la de Tarará, donde también tendrá derecho a ir el pueblo.  ¿Qué es eso de playa de Viriato?  ¿En qué tiempo estamos viviendo?  La de Viriato será una playita más.  Aquí buscaremos todas las playas y las mejores playas de Cuba, y haremos la organización nacional de playas públicas, que va a tener desde hoteles de lujo para los turistas hasta hoteles para los trabajadores, donde lo que se le cobre de más al que va allí a pagar el lujo, se le cobre de menos al trabajador en sus hoteles , y se le cobre de menos al niño de la escuela pública, y se le cobre de menos al maestro, que también tendrá su centro de recreo.
Las 70 casas de bienes malversados de Varadero las pasaremos a la Administración Nacional de Playas Públicas , las alquilaremos a los que quieran pagar caro por ellas, y con ese dinero mantendremos a los hombres encargados de mantener el funcionamiento de la Administración Nacional de Playas Públicas, que tendrá hoteles y restaurantes para venderle al pueblo a precio de costo; porque no solamente le vamos a dar playa, le vamos a dar restaurantes donde se puedan comer un bistec, por la tercera parte de lo que le cobran hoy en cualquier parte (EXCLAMACIONES DE:  “¡Guaguas a medio!”).
Vamos a ver con el pasaje qué podemos hacer, porque los medios de transporte están arruinados, y el Estado está bastante pobrecito en este momento; si estuviéramos en mejores condiciones, no costaba ningún trabajo subvencionar los medios de transporte y rebajar los pasajes sencillamente.  Pero el problema es que encontrándonos arruinados todos los medios de transporte, ferrocarriles, aviación, servicio urbano, la verdad es que estamos un poco apretados y no podemos resolver fácilmente el problema de hacer una rebaja en el transporte; pero yo creo que con el tiempo lo lograremos, sin sacrificar un solo trabajador y sin sacrificar una sola conquista de los trabajadores, que hoy desfilaron por ahí con 34 tractores para la Reforma Agraria.  Han demostrado, los obreros de la COA, una extraordinaria generosidad y un gran espíritu revolucionario que les ha ganado la simpatía del pueblo, a pesar de los tradicionales conflictos entre los pasajeros y los conductores.  Hoy desfilaron con un entusiasmo tal, que realmente en sus tractores nos emocionaron a todos.
Así que con las cosas que vamos a hacer aquí, con las escuelas, con los hospitales, con los centros de recreo, con las viviendas, porque en un futuro no habrá ciudadano, no habrá familia que no tenga su propia casa; más la Reforma Agraria que hará la felicidad de nuestros campesinos, más la industrialización del país, si el pueblo nos ayuda ahora, si el pueblo comprende nuestra situación, porque si nosotros tuviéramos 500 millones de reserva, como había el 10 de marzo, podríamos emprender de inmediato un plan de 750 millones de pesos en nuevas industrias; pero estando virtualmente por el suelo nuestras reservas y viéndonos en la necesidad de consolidarlas, porque lo peor que nos podría pasar es la devaluación de la moneda, tenemos que hacer grandes esfuerzos por conseguir y movilizar capitales para la industria que, parejamente con la reforma agraria, hagan posible erradicar por completo el desempleo en nuestra patria.
¡Imaginad la patria del futuro, con todo lo que la Revolución en todos los órdenes va a conquistar para el pueblo!  Pero esos frutos tienen que ser la consecuencia de las semillas de hoy, de los sacrificios de hoy, que son como semillas que vamos sembrando en el surco que la dignidad y el espíritu patriótico van abriendo hacia el futuro de la patria.
Yo vi hoy como muchos padres y muchas madres llevaban a sus hijos en el hombro.  No era solo una manifestación de pueblo, era también una manifestación de sentimientos y de esperanza, la esperanza que alberga un pueblo cuando lleva a sus hijos en desfile patriótico.  Eso solo ocurre en las grandes horas de la historia de los pueblos; solo en sus grandes horas, en sus horas luminosas, los pueblos llevan a sus hijos al hombro.  Y es que esos niños constituyen todo un símbolo, porque ellos serán, más que nosotros, los que recogerán los mejores frutos de los sacrificios y del trabajo que hoy todos estamos realizando.
Tal vez a nosotros no nos llevaron en hombros a manifestaciones públicas cuando éramos niños.  A nosotros nos educaron sin esperanzas, nosotros crecimos sin esperanzas.  Los que vinieron antes que nosotros no sembraron para nosotros sino dolor y lágrimas; no sembraron para nosotros sino amargura y miseria; no sembraron para nosotros sino tragedia y luto, tiranía y corrupción; no sembraron para nosotros sino desesperanza.  Y hemos sufrido nosotros las consecuencias del pasado, hemos sufrido todas las desventuras, y yo veo en cada hombre desesperado que se acerca a mí, en cada madre que llora porque dice que hace tres días que no lleva el pan a sus hijos, el fruto de la semilla maldita que el pasado sembró para nosotros.
Por eso me lleno de emoción cuando veo a esos hijos sobre los hombros de sus padres, y pienso: ¡Qué generosa es esta generación, este pueblo! ¡Qué digno es este pueblo que está sembrando un porvenir mejor para sus hijos! Que por nuestra propia culpa, por nuestra inconciencia, por nuestros prejuicios seculares, por nuestra falta de madurez no se frustre el porvenir que estamos sembrando para esos niños.
Nos dirán que el porvenir es incierto; nos dijeron aquí que el porvenir es incierto, y en verdad que resulta triste pensar que esos sueños relacionados con las mejores ilusiones de la especie humana, que son la esencia de los mejores sentimientos de la especie humana, que ese paraíso que queremos forjar para nuestros hijos, nos lo destruyan con bombas atómicas.
En verdad que es penoso y triste pensar que todas las casas que hayamos de construir con tantas ilusiones, nos las destruyan con una sola bomba de hidrógeno en un segundo fatal; en verdad que es triste pensar que todos los sueños de un pueblo puedan ser fatalmente destruidos por la incomprensión, por las pugnas en el mundo, porque se llegase un día al suicidio de la especie en una guerra atómica; en verdad que es triste; pero frente a eso, ¿por qué sembrar el pesimismo?  Y mucho menos, frente a eso; ¿por qué sembrar el conformismo?  ¿Por qué decir que frente a esa tragedia lo que tenemos que hacer es sumarnos a uno de los bandos? ¿Por qué decir que la América entera tiene que sumarse a uno de los bandos? 
¿Por qué no proclamar nuestro derecho a vivir aunque nos maten? ¿Por qué no proclamar nuestro derecho a vivir aunque nos destruyan?   ¿Por qué no decir aquí toda la verdad? 
¿Por qué no decir que mientras hay bases militares de una de esas potencias aquí, y allá el país se prepara para defenderse, y allá cuentan con medidas de defensa civil, y allá cuentan con refugios frente a los ataques atómicos, nosotros, que tenemos aquí bases, en cambio, no tenemos ni un miserable hoyito donde meternos en caso de una guerra?   ¿Por qué no decir que mientras se juega con los peligros de la guerra nosotros estamos indefensos, nosotros estamos aquí prestos a ser masacrados sin esperanza alguna?
¿Por qué no decir estas verdades?  ¿Por qué no decir además que habiéndose acudido al pueblo de Cuba en todas las guerras, cuando las guerras han pasado, le han quitado su cuota azucarera y lo han pisoteado? ¿Por qué no decir que mientras se solicitaba de nosotros en los días difíciles, en la paz hemos sufrido todas las injusticias?  ¿Por qué no decir que ya hemos soportado la guerra? ¿Por qué no decir que en nombre de esa solidaridad nos metieron bombas de 500 libras?   ¿Por qué no decir que en nombre de esa solidaridad armaron al tirano?  Porque si cuando Costa Rica fue invadida por los esbirros de Somoza, los Estados Unidos le mandaron dos o tres P-51 a peso, aquí fue al revés, y le mandaron a Batista tanques y aviones a peso, para combatir contra el pueblo.
¿Por qué no decir que las agresiones que a nosotros nos preocupan en este momento no vienen precisamente de otro continente? ¿Por qué no decir que las agresiones que nos preocupan a nosotros pueden venir de manos mercenarias desde las playas de la Florida o de Santo Domingo? Porque todos los pueblos tienen sus problemas y nuestros problemas son nuestros problemas, que no nos echen encima los problemas de otros pueblos! 
¿Que podemos ser destruidos?  ¿Y qué?  Vivir en la humillación, vivir de rodillas, ¿para qué?   De todas maneras hay una realidad, y es que todos nos vamos a morir más tarde o más temprano. Hay una realidad, es que todos los días muere muchísima gente, y que algunos morirán del corazón, otros porque los arrolle un automóvil, otros de una epidemia, otros de cualquier cosa, o de hambre, como se ha muerto mucha gente aquí; porque el peligro más grande que hemos tenido, y más que peligro, la realidad que hemos tenido, es la cantidad de niños y la cantidad de mujeres, en el campo sobre todo, que ha muerto por falta de medicina, de asistencia médica o de comida.  Lo que pasa es que aquí el pobre pueblo nunca había podido hablar. El pobre pueblo tenía que oír lo que escribían aquí otros que estaban a mil leguas de distancia del dolor del pueblo, y nunca se escribieron las estadísticas de los niños y las mujeres que morían porque no tenían comida, no tenían médicos y no tenían medicinas. Como saquemos la cuenta, el egoísmo aquí y la explotación de los grandes trusts y de los grandes intereses, han matado diez veces más cubanos que la tiranía de Batista.
En definitiva, decía yo que todos tenemos que morir de algo.  Miedo a morir, ¿para qué?  Si tu mal tiene remedio, ¿por qué te apuras?  Y si no lo tiene, ¿por qué te apuras?   En definitiva, debemos seguir adelante con nuestra patria, con nuestro pueblo y con nuestro propio destino; seguir forjando nuestro porvenir, seguir realizando nuestro sueño, y defender ese derecho con la vida.
Aquí se dijo que había que preparar al pueblo para defender su Revolución; aquí se habló de entrenar a los trabajadores.  Yo digo más:  Aquí hay que entrenar hasta a los niños y las mujeres, y entrenar a todo el pueblo en su propia defensa para ver si se le ocurre venir a una expedicioncita , para ver qué esperanza les puede quedar a los enemigos de la Revolución, porque los enemigos de la Revolución no pueden derrotar a la Revolución en unas elecciones jamás.
Por mucho que pierda la Revolución en los surveys, e irá perdiendo porque, como yo decía, los primeros días todo el mundo nos aplaudía, al segundo día ya los latifundistas no nos aplaudían, al tercero ya no nos aplaudían los dueños de los edificios de apartamentos , al cuarto ya no nos aplaudían los dueños de los solares —no el pueblo, no el que tiene un solo solar, porque el que tiene un solo solar tiene todas las facilidades para construir, ese no tiene problemas, yo digo los repartistas —, y así sucesivamente, algunos, no todos, una parte de los intereses creados, o una parte de las personas perjudicadas por las leyes revolucionarias irá restándonos su apoyo.  Con eso, unido a un número que siempre tiene que haber de los que querían que las cosas se resolvieran en tres minutos y no pudo ser, o de los resentidos por una razón o por otra, iremos perdiendo en extensión, aunque iremos ganando en profundidad.  Ya no tendremos el 95%, ni el 85%, ni el 80%, ni el 75%, es posible que hasta menos; pero siempre tendremos una mayoría, eso sí.  Y lo que quede con la Revolución valdrá más que todo lo de antes, porque antes era mucho en superficie y poco en profundidad.  Ahora será menos en extensión, pero más en profundidad, y los que están con la Revolución serán los que se hacen matar por ella, como decía un letrero de los que desfilaron por aquí.
Así que en elecciones no nos ganarán, porque siempre tendremos una mayoría, porque aquí...  (DEL PUBLICO LE DICEN: “¿Elecciones para qué?”) ¡Cuando quieran las hacemos!  (EXCLAMACIONES DEL PUBLICO DICIENDO QUE NO ELECCIONES.)
Yo les quiero decir que cómo van a ganar en unas elecciones.  Si aquí sometemos a votación en el pueblo al pasado o a los aliados del pasado o a los que quieren que vuelva el pasado o a los que no quieren las leyes revolucionarias, no tienen la menor oportunidad de triunfar.
Aquí se ha hablado de los distintos peligros de la democracia y se enumeraron tres: uno de ellos era el peligro de la especulación o de que empezaran los gobernantes a robar.  Bueno, pues yo les digo que ese peligro sí que no tiene el menor chance aquí.  Tendremos otros, yo coincido en que hay otros, pero ese de que esta Revolución vaya a fracasar porque venga el peculado, y que porque cuando hay peculado no puede haber libertad y entonces viene la tiranía, yo les digo que el peligro de que aquí la gente robe, ese peligro sí les aseguro yo que no existe aquí, porque ¿quién es el que va a robar aquí?  Yo les digo que eso es cosa del pasado y que aquí el robo siempre fue, porque los principales funcionarios eran los principales ladrones y de ahí para abajo robaba todo el mundo.
Yo quiero que me digan de qué manera aquí pueden los principales revolucionarios o funcionarios ponerse a robar y quién aquí, después de tanto sacrificio, después de tanto muerto en el camino, después de tantas cruces como las que llenan nuestros campos y después de tanta pureza, se atreve a tocar un solo centavo.  Así que ese peligro no existe.
¿Peligro de que vayamos a atropellar a nadie?  No señor, aquí lo que vamos es a desnudar a mucha gente, a desenmascarar a muchos descarados y a anatematizar a muchos farsantes.
Y no será como decía un caricaturista que esta mañana, en un rotativo —no sé si de motu proprio o mandado por el dueño—, ponía unos versitos y en los versitos ponía a un lado: “aumento de sueldo”, y por otro lado un cartelito que decía: “contrarrevolucionario”, y lo titulaba:  “El parche antes de que salga el grano.”  No sé si se refería a que en estos días han estado apareciendo algunas cosas oscuras —y mala cosa cuando el pueblo no entiende, mala cosa cuando las cosas no están claras—, y por lo que yo entendí, no sé si quería decir que por un lado queríamos comprar a los periodistas hablando de un aumento de sueldo y por otro lado queríamos intimidarlos con el cartelito de contrarrevolucionario.
Por si acaso quiso decir eso y no otra cosa, bueno es decir que ni queremos comprar a nadie, ni queremos intimidar a nadie, porque nosotros no tenemos que comprar a nadie para que nos defienda, porque sabemos defendernos; nosotros no tenemos que intimidar a nadie para que no nos ataquen, porque no le tememos a nadie , y porque al que tienen que venir a convencer es al pueblo.  Si hay alguno que se vaya a morir de hambre porque no tenga “botellas” hoy, que tenga cuidado no se vaya a morir más de hambre porque nadie lo lea.
Desde ahora declaro que me tienen sin cuidado las lisonjas y los ataques, que en definitiva nos atacarán haciendo uso de la misma libertad que hemos conquistado para el pueblo, y que —por si acaso lo dijo— es una ruindad decir que intentamos sobornar a los periodistas hablando de aumentos de sueldo o la insidia de intimidarlos acusándolos de contrarrevolucionarios.
Defendemos el aumento de sueldo porque es justo y porque queremos que el periodista, igual que cualquier otro obrero intelectual, viva de su trabajo decorosamente, porque no queremos caer en la inmoralidad de subvencionar al periodista, porque queremos ayudarlo honestamente y porque aquí no llamamos contrarrevolucionarios más que a los que lo son de verdad, más que a los que se suman a las campañas de calumnias, a los que se suman a las campañas de calumnias extranjeras, pagadas por los intereses de la oligarquía internacional ; más que a los que se suman a las campañas de los criminales de guerra, más que a los que cambian muy sospechosamente —como a quien se le paga— de una postura a otra postura, como vulgares mercenarios cambiacasacas.
Y desde ahora digo que sí, que tienen libertad para escribir todo lo que quieran, pero que tienen libertad también para aguantar todo lo que tengamos que decirles a las plumas mercenarias.  No quiero pronunciar nombres, porque no quiero ensañarme contra nadie, pero que sí sepan que les vamos a salir al paso resueltamente a todos los mercenarios, y a todos los traidores, y a todos los criados de la reacción contrarrevolucionaria.  Porque no van a venir aquí a decirle a nadie que la contrarrevolución es un cartelito, que no hay contrarrevolución; que si no la denunciamos a tiempo nos ensangrientan el país, pero que con el pueblo advertido a tiempo pueden ensangrentar el país, sí, pero con la sangre de los mercenarios, porque van a durar aquí lo que un merengue en la puerta de un colegio.
Les decía que si no pueden tener esperanzas de recobrar el poder en unas elecciones, porque no tienen pueblo, ¿cómo lo van a recuperar por las armas frente a un pueblo entero decidido a pelear?  Entonces, ¿cuál es la única esperanza de la contrarrevolución para conquistar de nuevo el poder?  Pues conquistarlo con la ayuda del extranjero.
La única esperanza de la contrarrevolución para conquistar el poder, como sabe que no tiene el menor chance de conquistarlo con el pueblo, es con la ayuda extranjera; luego, los contrarrevolucionarios son, antes que nada, traidores a su patria, sonsacadores del extranjero, celestinas que hablan al oído del extranjero poderoso, para ver si con todos los recursos implantan aquí de nuevo en el suelo de la patria la contrarrevolución.
Como no pueden tener la menor esperanza de conquistar el poder mediante unas elecciones o mediante las armas, ¿a qué todo ese ajetreo conspirativo en el extranjero?  ¿Qué quiere decir?  ¿A qué toda esa campaña calumniosa contra la Revolución Cubana?  ¿Qué quiere decir?  Que la contrarrevolución solo aspira a conquistar de nuevo el poder con la ayuda del extranjero, que quien sirve a la contrarrevolución es traidor a su patria, y más vale que comprendan a tiempo aquello que dijo Maceo, que ha repetido Raúl en dos discursos, y que hoy apareció en un letrero: “Quien intente apoderarse de Cuba recogerá el polvo de su suelo anegado en sangre”.  Y que aquí pierdan toda esperanza de reimplantar el pasado odioso; que aquí pierdan toda esperanza de volver a sentar sus reales los Ventura, los Laurent, los Masferrer y los intereses creados, aunque reciban toda la ayuda que les quieran prestar, porque aquí antes tendrían un pueblo a quien oprimir, a quien masacrar, pero a este pueblo, como intenten volver a oprimirlo, tendrán que exterminarlo antes de lograr el empeño, y tendrán que conformarse con oprimir la tierra calcinada y desértica.
¡Que pierdan sus ilusiones que aquí jamás, aunque usen todos los recursos, toda la propaganda, todos los medios para obstruccionarnos, para dividirnos, para debilitarnos, porque creo en este pueblo, porque conozco sus defectos, porque conozco sus deficiencias, que no son suyas, sino las que heredó, y conozco también sus extraordinarias virtudes, este pueblo cubano, a este pueblo nuestro, a este pueblo de Maceo y de Martí digo que no lo vuelven a oprimir! 
Más vale que pierdan la esperanza, porque aquí he dicho nuestros defectos, y he dicho que tenemos que evolucionar y he dicho que tenemos que unirnos cada día más y coordinarnos cada día más, y unir no solamente a los sectores, sino unir a la nación, unir a la clase media con los obreros y los campesinos, y dejar fuera solamente al grupito de retardatarios que no acaban de convencerse de que la Revolución no hay quien pueda frenarla; unir no sólo los sectores revolucionarios, sino los sectores sociales en estrecho haz.
Les hablo a ustedes como les hablé a los integrantes de las Instituciones Cívicas.  Les hablé un lenguaje patriótico y aplaudieron, les hablé un lenguaje revolucionario y aplaudieron.  Están con nosotros, están con ustedes, están con los campesinos.
Hay que mantener a la nación unida frente a la oligarquía internacional, hay que mantener a la nación unida para que nos encuentren firmes, para que nos encuentren fuertes.
¡Que deserten de las filas de la nación los pocos que constituyen los intereses egoístas, incapaces del menor sacrificio por la patria!  ¡Que deserten de las filas de la nación, los enemigos de la nación y los enemigos de la patria!  ¡Que deserten de las filas de la nación los traidores de siempre!, pero que deserten a tiempo, para conocerlos a tiempo.  Que la nación tiene una tarea muy grande por delante, que la nación tiene una tarea muy dura por delante, y esta es empresa de hombres enteros y no de sietemesinos, esta es empresa de hombres generosos y no de egoístas, esta es una empresa de valientes y no de cobardes .
Si cuando menos posibilidades parecía tener de triunfo la Revolución no vacilamos en llevarla adelante, ¿cómo vamos a vacilar ahora?  Si cuando éramos un puñadito, perdidos en las montañas, no vacilamos, ¿cómo vamos a dudar ahora del triunfo de la Revolución? 
Muchas emociones he tenido en mi vida, pero pocas como las de hoy; poca como ver a la clase obrera y a todo el pueblo que vive aquí en la ciudad de La Habana desfilar con sus letreros a favor de sus hermanos del campo; como ver que la demanda más sentida y más profunda de la clase obrera no era una demanda para ellos, sino una demanda para sus hermanos los campesinos; ver cómo ha calado la idea en el corazón de los obreros, ver cómo han comprendido que sin un campesinado próspero, sin un campesinado con medios adquisitivos, no podrá haber industria que progrese, no podrá haber fin del desempleo, no podrá haber tampoco bienestar para la clase obrera.
¡Cómo ha calado la idea!  ¡Era emocionante!  Y más emocionante todavía ver marchar los tractores como unidades blindadas que van a ganar la gran batalla por un futuro mejor.  La marcha de los tractores, y mas emocionante todavía la marcha de la infantería del Ejército Rebelde, codo a codo con la clase obrera; la marcha de los fusiles con los hombres que sudan la camisa, signo inequívoco de nuestra Revolución.
Ayer los soldados, los guardias rurales, jamás podían marchar con los obreros y los campesinos, porque eran sus enemigos.  Y esto de hoy, ¡cuánta emoción, cuánto orgullo para nosotros ver aquellos doce de ayer convertidos en ejército marcial que marcha a la vanguardia de los trabajadores de la patria!   No tenían todos gorras todavía, no tenían todos la misma gorra, porque la Revolución, que ha dispuesto de millones para escuelas y universidades, todavía no ha dispuesto de créditos para comprar gorras a los soldados del Ejército Rebelde.  Emociones como éstas pocas veces se experimentan en la vida, y son premios más que suficientes para todos los sacrificios y por todos los desvelos.
Termino con una excusa y una nueva cita.  Me excuso del visitante, porque he tenido que discrepar de sus puntos de vista, con todo el respeto y con toda la consideración que nuestro pueblo hospitalario tiene para los visitantes , y del pueblo me despido con una cita, de la clase obrera me despido con una cita:  ¡Hasta el Primero de Mayo!
FIDEL CASTRO RUZ

Fuente: http://www.cuba.cu/gobierno/discursos

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