julio 09, 2012

Discurso de Fidel Castro en Güines (1959)

DISCURSO EN GUINES
 Fidel Castro
[29 de Marzo de 1959]

― Versión taquigráfica de los oficinas del Primer Ministro ―

Pueblo de Güines;
Campesinos y compañeros de toda la provincia de La Habana:
Realmente, no me había imaginado la extraordinaria concentración que se está efectuando en la tarde de hoy.
Tal vez esté todavía impresionado por el contraste entre las soledades de la Ciénaga de Zapata y la presencia de tantas almas como han acudido en la tarde de hoy a este acto revolucionario de Güines.
Esto demuestra que a pesar de haber transcurrido ya tres meses desde la caída del tirano (EXCLAMACIONES DE:  “¡Fuera!”), a pesar de que en estos tres meses hemos vivido tres años de emociones, de trabajo y de lucha, el entusiasmo se mantiene igual en el pueblo, si es que no ha crecido todavía más.
Cuando venía en la tarde de hoy en el helicóptero, a medida que me aproximaba a Güines, encontraba desiertas las casas de campo.
(SE INTERRUMPE EL DISCURSO DURANTE VARIOS MINUTOS.)
Vamos a ver, señores, ¿qué le pasa al pueblo de Güines hoy que está tan agitado?  (EXCLAMACIONES DE: “¡Los letreros!”)
Bueno, ya yo los letreros esos los vi.  Es mejor que los bajen para que el público que está detrás pueda ver.
(DEL PUBLICO LE DICEN ALGO.)
¿La columna agraria?  ¿Los tractores?  Pero si están por allí y están por aquí.
¿Por dónde quieren pasar?
(DEL PUBLICO LE DICEN: “¡Por aquí!”)
¿Pero quién quita a la multitud de ahí?    ¡Ni con tanques!  Los tractores, de todas maneras, vamos a verlos desfilar luego.  Son los tractores que han dado los obreros, los campesinos y el pueblo en general para la reforma agraria; pero yo veo muy difícil que por ahí puedan pasar en este momento.
(DEL PUBLICO LE DICEN ALGO.)
Bueno, ¿quién va a hacer el resumen, ustedes o nosotros?  ¡Todo el mundo quiere decir un discurso aquí!  
Yo les decía que cuando venía hoy en el helicóptero y pasé por encima del central Amistad, observé que no había allí apenas un alma, que los obreros y campesinos de la zona del central Amistad habían partido hacia esta concentración.  Aquello estaba desierto y, en general, toda la zona de los alrededores de Güines; y es que realmente parecen haberse dado cita aquí todos los vecinos del interior de La Habana, como para demostrar que las concentraciones en el interior son tan grandes como las concentraciones en la capital de la república .  Y no podía ser menos, porque esta es una revolución eminentemente campesina, que partió del campo, que tiene su principal fuerza en los campesinos cubanos, y cuya ley más revolucionaria es la Ley de la Reforma Agraria.
Lo que todavía no hemos inventado es la manera de hacer las concentraciones estas sin que se desmayen 15 o 20 personas cada media hora.  Es que no caben.  No hay ningún pueblo de Cuba que tenga un lugar donde pueda reunirse el público cada vez que la Revolución convoca a un acto.
Los que crean que la Revolución se está debilitando, los que crean que la Revolución está perdiendo fuerza en la opinión pública, los que crean que con sus intrigas y con sus campañitas contrarrevolucionarias van a debilitar a la Revolución sería bueno que hubiesen venido aquí esta tarde, sería bueno que hubiesen contemplado esta extraordinaria concentración, aunque sea por una rendija, para que hubieran visto cómo la Revolución, si bien es verdad que ha perdido algunos simpatizantes...  (DEL PUBLICO LE DICEN: “¡No!”)
Sí.  Los garroteros no simpatizan con la Revolución; los latifundistas no simpatizan con la Revolución; los “botelleros” no simpatizan con la Revolución; los esbirros y los criminales de guerra no simpatizan con la Revolución; los pillos y los malversadores no simpatizan con la Revolución; los colaboradores de la tiranía, a quienes hemos confiscado sus bienes, no simpatizan con la Revolución; los racistas no simpatizan con la Revolución; los enemigos del progreso no simpatizan con la Revolución; los grandes intereses creados no simpatizan con la Revolución; los que aquí han vivido del privilegio y de la influencia, los que se han enriquecido disfrutando de prebendas y disfrutando de favores, no simpatizan con la Revolución; los que le cobraban alquileres leoninos al pueblo no simpatizan con la Revolución; los trusts y los monopolios que extorsionaban al pueblo no simpatizan con la Revolución.  Es lógico que esos intereses no simpaticen con la Revolución, es lógico que la combatan.
Pero también es cierto que el pueblo, los sectores humildes del pueblo, la gente honrada y patriótica, los que de veras quieren a Cuba, los que de veras tienen una noción de la justicia y de la patria, esos simpatizan cada día más con la Revolución.  Los campesinos, los trabajadores, la juventud, los profesionales que no están muy acomodados y, en fin... (SE PRODUCE INTERRUPCION DEL PUBLICO.)
Bueno, déjenme hablar.  Miren, yo les voy a decir una cosa.  Todo el mundo quiere aquí que yo diga algo, y la verdad es que la inmensa mayoría de todas las cosas que ustedes quieren que yo diga, yo quisiera decirlas aquí; la inmensa mayoría de las cosas que les preocupan a ustedes, son las mismas cosas que me preocupan a mí.
Lo que ocurre, señores, es que son tantos los problemas —problemas nuevos y problemas viejos— que son imposibles de resolver en un minuto.  Yo sé cuál es el deseo de ustedes, y ese es el deseo mío.
Ustedes son unos impacientes y yo soy más impaciente que todos ustedes.  Ustedes son unos desesperados, y yo soy más desesperado que todos ustedes.  Ustedes quisieran resolver todos los problemas que les preocupan, y yo les aseguro que estoy tan preocupado como todos ustedes por resolver cuanto antes todos esos problemas.
(SE DESMAYA UNA PERSONA DEL PUBLICO.)
¿Y los desmayados cuándo se van a acabar, señores?  Vamos a tener que venir a los mítines con máscara de aire, para ver si la gente trae un poco más de oxígeno.  ¿Qué es lo que pasa por aquí con la gente de Güines?
(DEL PUBLICO LE DICEN: “El hambre.”)
No, no, el hambre no.  Porque yo quiero que me digan si el pueblo, porque tenga hambre, se va a desmayar ahora.  ¿Cómo entonces vamos a resolver todos los problemas que tenemos que resolver?  Ahora es cuando no se puede desmayar nadie aquí, señores.  Es cuestión de un poco de voluntad.
Yo creo que en lo del desmayo influye un poco la autosugestión.  La gente cree que se va a desmayar y termina desmayándose.  Se lo digo porque nosotros tenemos una larga experiencia en cuestiones de tener que soportar esfuerzos físicos grandes, y a veces cuando íbamos subiendo el Turquino con una mochila de 60 libras, también creíamos que nos íbamos a desmayar; pero decíamos:  “No, nosotros no nos podemos desmayar”, y seguíamos subiendo el Turquino y llegábamos .
Así que hay que poner un poco de buena voluntad aquí, un poco de voluntad para que no se desmayen.  Vamos a ver si en los próximos cinco minutos no se desmaya nadie más aquí.  Vamos a ver.  Es que se van a matar los miembros de la Cruz Roja.  Háganlo por los miembros de la Cruz Roja.  (DEL PUBLICO LE DICEN: “¡Cuídate tú!”)  No, tenemos que cuidarnos todos.  Ustedes también.
¿Y por qué no puedo hablar yo aquí en Güines hoy?
Yo creo que lo que ocurre es que el entusiasmo del pueblo de Cuba es cada día mayor; la fe del pueblo de Cuba es cada día mayor; la confianza del pueblo de Cuba en sí mismo y en su destino es cada día mayor.
Antes en los mítines —yo me acuerdo— iba la gente y se paraba.  Desde luego, no venían tantas personas a los mítines, venían aproximadamente...  Yo recuerdo que el acto más grande que vi en Güines tendría la décima parte de la cantidad de personas que se han reunido hoy aquí.  Pero, sobre todo, no existía este entusiasmo.
Recuerdo aquellos mítines anteriores al funesto 10 de marzo, porque después del 10 de marzo se acabaron los mítines.  Los únicos que se podían reunir aquí eran los apapipios, los guatacas, los batistianos, los “botelleros”.  Y el pueblo también se reunía pero para soportar los palos de los esbirros, para soportar el plan de machete y para soportar los golpes de fustas y los fuetazos de los policías de la dictadura, porque cuantas veces el pueblo se reunió para pedir algo justo, lo disolvieron a palos y a tiros y por todos los medios posibles.  ¡Y después no quieren que los fusilen!  
Realmente, los que no soportaron las cosas que soportó el pueblo de Cuba, los que no vivieron esos siete años infernales —allá, a mil leguas de distancia de aquí y a un millón de leguas de distancia de la realidad que sufrió nuestra patria— pueden escribir y ser muy piadosos y ser muy sentimentales con respecto a la justicia revolucionaria, porque ellos no soportaron nada de eso.  Como mucha gente aquí —o no mucha gente, pero sí alguna gente— cuando la Revolución comenzó a dictar leyes en beneficio del pueblo, empezaron a añorar los tiempos pasados.  Los que no vivieron esos días, ni los comprenden, es lógico que les hayan hecho el juego a las campañas de calumnias que la oligarquía internacional, los grandes intereses, le han hecho a la Revolución Cubana.
Pero bueno es que el pueblo no lo olvide, bueno es que el pueblo no olvide aquellos días, porque dicen que “con las glorias se olvidan las memorias”.  Y es bueno que el júbilo y la alegría de la libertad no nos hagan olvidar aquellos días en que el pueblo no tenía la menor oportunidad de reunirse, de manifestar sus sentimientos, porque en definitiva aquí el pueblo, si en los tiempos anteriores al 10 de marzo contaba poco, bajo la dictadura no contó absolutamente nada.
Yo decía que antes, en los tiempos en que el pueblo podía reunirse, el ánimo de la multitud era completamente distinto al de hoy.  Era un ánimo más bien de oposición, de odio a todo lo que existía; no era ese fervor creador que caracteriza al pueblo en estos momentos.
Yo recuerdo que antes lo que el pueblo les decía a los oradores, era: “¡Echale, échale, pica, ataca!”  Venían a los mítines a oír cómo se criticaban los males existentes, y yo he observado que hoy el pueblo viene con un ánimo muy distinto.  Todo el mundo plantea algo, todo el mundo dice algo, todo el mundo quiere hacer llegar una idea, un proyecto, una solución.  Yo creo que aquí cada ciudadano se ha vuelto un gobernante.  Estoy por decir que cada ciudadano se ha vuelto un primer ministro, y todo el mundo viene con una idea y con un proyecto, y a mí me llenan los bolsillos de proyectos revolucionarios.  En realidad, tratan de ayudarnos por todos los medios a hacer obras de beneficio para el país. Pero, ¿por qué vienen con ese ánimo?  Sencillamente porque saben que nosotros queremos resolver los problemas, saben que nosotros queremos resolver sinceramente los problemas.
(DEL PUBLICO LE DICEN ALGO.)  Las promesas las dejan para luego.  Yo también tengo una promesa aquí con el pueblo que todavía no he cumplido.
Como todo el mundo sabe que todo lo que sea bueno para el pueblo encontrará nuestro respaldo; como todo el mundo sabe que no estamos aquí haciendo política; como todo el mundo sabe que, por primera vez en la historia de nuestra patria, los gobernantes se preocupan por una cosa distinta de sus intereses personales, los gobernantes se preocupan por una cosa distinta a su camarilla política, los gobernantes se preocupan por algo distinto que robar y lucrar en el poder; como todo el mundo sabe que por primera vez en la historia de Cuba puede decirse realmente que se está gobernando en beneficio del pueblo, es por lo que todo el mundo acude a estos actos a poner su granito de arena en favor de la Revolución.
La Revolución es la obra de todos, la Revolución es el sacrificio de todos, la Revolución es el ideal de todos y la Revolución será el fruto de todos.  Por eso, el que no trae una idea, el que no trae un proyecto, el que no trae una frase, el que no trae un letrero, se trae a sí mismo aquí.  Viene él para demostrar que respalda esta causa, para demostrar que el pueblo la apoya, para demostrarles a los enemigos de la Revolución, para demostrarles a los que se oponen a las leyes revolucionarias que el error más grande que puedan cometer es ese, que el daño más grande que puedan hacerle a la república, el daño más grande que puedan hacerle a la patria, es tratar de impedir que la Revolución siga su marcha victoriosa.
¿Por qué?  Porque la Revolución no es obra de una minoría; la Revolución es obra de la voluntad absolutamente mayoritaria del pueblo de Cuba, y es virtualmente imposible oponerse a la idea que cuenta con el respaldo arrollador y casi unánime de una nación entera.
Ninguna revolución en el mundo ha contado con un respaldo tan grande como el que cuenta la Revolución Cubana; ninguna revolución en el mundo, ningún gobierno en el mundo ha logrado el respaldo con que cuenta hoy la Revolución Cubana.
Los que conocen acerca de estas cuestiones, los que tienen informes de todos los cálculos y de todos los surveys, que se han hecho en distintas partes del mundo para auscultar la opinión pública, aseguran que nunca, en ninguna parte del mundo ni en ningún momento de la historia, se produjo un hecho semejante, un respaldo semejante, un respaldo tan mayoritario como el que cuenta el gobierno revolucionario cubano.
Esa es una verdad que debe constituir para el pueblo de Cuba un orgullo, porque nunca un pueblo había estado tan unido en defensa de una causa justa, nunca un pueblo había estado tan decidido en defensa de una causa justa.
Es verdad que la Revolución ha perdido algunos simpatizantes, y eso era lógico.  Pero, ¿por qué hemos perdido algunos simpatizantes? ¿Por haber actuado mal? (EXCLAMACIONES DE: “¡No!”)  ¡No!  Por haber actuado bien.  ¿Por haber actuado injustamente?  (EXCLAMACIONES DE: “¡No!”)  ¡No!  Por haber actuado justamente.  Porque apenas se lesionan algunos intereses, hay gente que empieza a llorar —como acaba de decir alguien aquí.  Apenas se lesionan algunos intereses, hay quienes se olvidan de todos los sacrificios que costó la victoria del pueblo sobre la tiranía.  Apenas algunos pierden algunos pesos, o algunas varitas de tierra en la ciudad; o algunos ingresos mensuales, o algunas caballerías de latifundio, se olvidan de las madres que perdieron a sus hijos, se olvidan de que hubo madres que perdieron hasta tres hijos, se olvidan de los hombres y de los jóvenes y de las mujeres que murieron en esta lucha, se olvidan de las decenas de miles de hombres torturados, se olvidan de todos los sacrificios que hizo nuestro pueblo.  Porque hay quienes pierden unos pesos y se duelen más que las madres que han perdido a sus hijos, ¡cuando un hijo para una madre vale más que todo el oro del mundo!  
¿Y quiénes son los que pierden algunos pesos con la Revolución?  ¿Acaso los que menos tienen?  ¡No!  Hasta ahora había sido así:  el que menos tenía era el que más perdía.
Aquí, por ejemplo, el que ganaba 150 pesos era el que tenía que pagar 60 pesos de alquiler y era el que tenía que pagarlo todo aquí: tenía que pagar los víveres caros, las casas caro y, además, no recibía del Estado ningún beneficio. Aquí el hijo del hombre humilde tenía que pagar en la universidad la misma matricula que el hijo del millonario, y en el instituto tenía que pagar la misma matrícula que el hijo del millonario, y los libros le costaban tan caro como al hijo del millonario; le costaba todo igual.  El alquiler, por supuesto, que le costaba más que a nadie, porque tenía que pagar hasta la tercera parte de su sueldo.  Cuando se enfermaba, tenía que ir a pedir la recomendación de un político para que le ingresasen al hijo o a la mujer en el hospital.  Si quería una beca para el hijo tenía que ir corriendo y tocar a las puertas de un político para que le dieran una beca al hijo.  Si quería un trabajo tenía que buscar una recomendación.  Y eso no era todo, por supuesto; de la misa ni la mitad.  Esto se puede decir que es a titulo de ejemplo, relacionado con lo que pasaba aquí en Cuba.  Porque en realidad aquí en Cuba la ley que imperaba era la “ley del embudo”:  lo ancho para unos y lo estrecho para otros.
A ver, este pueblo aquí, esta multitud, ¿de dónde salió? En esta multitud de aquí, ¿cuántos latifundistas hay?  (EXCLAMACIONES DE: “¡No!”)  A ver, que levante la mano el que tenga un latifundio aquí.  Que levante la mano el que tenga un central azucarero.
(UNA PERSONA DEL PUBLICO LEVANTA LA MANO.)
¡Ah!, ¿tú tienes un central azucarero?  Está bien.  ¿Tú tienes un central?  ¡Te aplaudimos, chico!  ¿Tú respaldas la Reforma Agraria?  ¡Te aplaudimos, pero de verdad!
Yo también era terrateniente, yo era hijo de terrateniente y ahora me siento un cortador de caña.  Así que si sigo preguntando quién tiene diez manzanas de solares, bueno, a lo mejor se me aparece uno y me levanta la mano también.  Y no sería nada extraño.
Yo les voy a decir una cosa: no son todos los dueños de edificios de apartamentos los que se han puesto en contra de la Revolución. Yo sé de muchos casos de personas que son dueños de edificios de apartamentos y han reaccionado bien, y han dicho: “Bueno, yo perdí tanto, pero la ley era justa.”  Yo sé de un caso que dijo: “Mire, después de todo nosotros hemos estado gobernando aquí durante todos los tiempos anteriores; vamos a dejar a esta gente ahora a ver si lo hace mejor que nosotros.”  Y hay personas que han perdido y dicen que están contentas.  No todos.  Yo no he podido hacer un survey para ver si es todo el mundo —mejor dicho—, la mitad o menos de la mitad; yo calculo que es una cuarta parte —eso es un cálculo—, pero sí sé que hay personas perjudicadas que han tenido el civismo, la generosidad de reconocer que las leyes eran buenas.
Aquí, ¿qué pasaba?  Un colono grande ganaba 50 000, 60 000 pesos, y en vez de invertirlos en la agricultura, intensificar la agricultura, tecnificar la agricultura, los metía en un edificio de apartamentos a ganar dinero cómodo allí.  En vez de poner una industria, la mayor parte del capital iba a parar a los edificios de apartamentos.  Por eso la agricultura está tan atrasada como está, por eso no hay industrias, porque mientras la gente podía ir a meter el dinero en un edificio de apartamentos, nadie invertía en industrias.  Y si usted invertía 100 000 pesos en un edificio de apartamentos, aparte de los que trabajaban un tiempo en la obra, después nada más trabajaba un encargado allí.  No le daba trabajo a nadie, a unos pocos mientras se construía el edificio; después no le daba trabajo a nadie, mientras estuviera en pie el edificio: un encargado.
Así que invertían el dinero en edificios de apartamentos. Bueno, que lo inviertan ahora en industrias.  Si quieren invertir, que inviertan en industrias; en edificios de apartamentos, no.
Algunas personas han reaccionado bien ante las leyes revolucionarias, pero no todas.  Una parte importante ha reaccionado contra las leyes revolucionarias. ¿Y cómo han reaccionado?  Han reaccionado diciendo que hay una contracción económica, que el país va a la ruina, que el gobierno revolucionario va al fracaso, sencillamente, porque como son los que tienen el dinero quieren obligarnos a pasar bajo las horcas caudinas de sus intereses.
Entonces, ¿cómo quieren que el país no se arruine?  ¿Continuando el latifundio, continuando el pueblo pagando las medicinas a un precio exorbitante, continuando el pueblo pagando la tercera parte de sus ingresos en alquileres?  ¿Cómo quieren que el país no se arruine?  ¿Cómo iba hasta hoy?  Pero si el país más arruinado de lo que estaba no podía estar; si el país peor de lo que estaba no podía estar.
Yo les pregunto a ustedes: ¿Podía estar peor de lo que estaba el país?  (EXCLAMACIONES DE: “¡No!”) 
Yo les pregunto a los trabajadores azucareros: ¿Podía estar el país peor de lo que estaba?  (EXCLAMACIONES DE: “¡No!”)
Yo les pregunto a los campesinos: ¿Podía estar el país peor de lo que estaba?  (EXCLAMACIONES DE: “¡No!”)
Yo le pregunto al pueblo de Güines, como les puedo preguntar a todos los pueblos: ¿Podían estar las ciudades más abandonadas de lo que estaban?  (EXCLAMACIONES DE: “¡No!”)
¿Podía haber más miseria de la que había?  (EXCLAMACIONES DE: “¡No!”)
¿Podía haber más politiquería de la que había?  (EXCLAMACIONES DE: “¡No!”)
¿Podía haber más inmoralidad de la que había aquí?  (EXCLAMACIONES DE: “¡No!”)  ¡Era virtualmente imposible!
Así que nos dicen que el país se arruina.  Bueno, veremos si se arruina o no se arruina el país (DEL PUBLICO LE DICEN: “¡No se arruina!”).  Bueno, ellos tienen el dinero.  Nosotros les hemos dicho reiteradamente que el gobierno revolucionario no quiere arruinar a nadie.  No.  Hemos dicho que lo que queremos es que el capital se invierta en lo que debe invertirse, y que está bueno ya de invertir capitales en latifundios, en solares, en garrote, en edificios de apartamentos; que lo inviertan en industrias para darle trabajo al pueblo.
(LE PIDEN AL COMANDANTE FIDEL CASTRO QUE LE DIGA AL PUEBLO QUE ABRA UNA BRECHA POR DONDE PUEDA DESFILAR LA COLUMNA DE TRACTORES DE LA REFORMA AGRARIA.)
Bueno, vamos a dejar pasar la columna.  Después, al final, le vamos a pedir al pueblo que haga un claro para que pasen por aquí las “divisiones blindadas” de la reforma agraria, que son los tractores y los arados.  Sí, van a desfilar los tractores, cómo no, van a desfilar después, si esta es una concentración precisamente en favor de la reforma agraria.  Los tractores van a desfilar.
(LE DICEN ALGO DEL PUBLICO.)
Aunque sea un cheque.  ¡No nos van a sobornar con eso!
Bueno, vamos a someter a votación esto aquí.  A ver, ¿cuándo pasan los tractores, ahora o luego?  A ver (EXCLAMACIONES DE: “¡Luego!”).  Bueno, ya el pueblo votó (LE DICEN ALGO DEL PUBLICO).  Avísenle al del micrófono, que parece que no ha oído, que van a desfilar después, porque el problema es que para desfilar ahora habría que desalojar a las personas de aquí, señores.  Es materialmente imposible sacar a las personas de frente a la tribuna, que esperen.
Yo voy a hablar poco (EXCLAMACIONES DE: “¡No!”), porque no me dejan ni seguir el hilo de lo que estoy diciendo. Ahora hay quien quiere que yo firme hasta un autógrafo aquí, que yo interrumpa el discurso para firmar un autógrafo.
Bueno, ¿por dónde iba, señores?  Es que me tienen cortado hasta la idea.
Yo decía que los intereses creados están tratando de intimidar al gobierno revolucionario con la idea de que si continuamos llevando adelante nuestros planes revolucionarios va a haber una gran contracción económica.
Yo digo:  bueno, el gobierno revolucionario ha hablado claro:  el gobierno revolucionario ha dicho que quien quiera invertir invierta en industrias, que nosotros estamos dispuestos a brindar garantías al capital que se invierta en industrias siempre y cuando no aspire a pagar salarios de miseria, ¡siempre y cuando no aspire a pagar salarios de miseria!  Estamos dispuestos a brindar garantías al capital que se invierta en industrias a condición de que se les paguen salarios decorosos a los trabajadores.
Es cierto que necesitamos capital. Necesitamos capital para desarrollar la industria del país, necesitamos capital porque no tenemos capital; pero eso no quiere decir que porque estemos necesitados de capital vamos a renunciar a hacer las leyes revolucionarias, que, desde luego, aquí no se va a morir nadie de hambre.
El progreso del país, la industrialización del país podrán tardar más o menos según encontremos la mayor o menor colaboración en los que tienen el capital, podrán tardar más o menos según sea mayor el apoyo o la oposición de los que cuenten con capitales para invertir; pero eso no quiere decir que la Revolución vaya a dejar de hacerse, eso no quiere decir que nosotros les tengamos miedo a las consecuencias de la Revolución.
Aquí no se va a morir nadie de hambre.  Ya veremos cuando aquí todos los campesinos tengan tierra, a ver si alguien se va a morir de hambre aquí.
Yo lo que creo es que si el pueblo sufriera las consecuencias de la inhibición de los capitales que necesitamos para la industria, las consecuencias para los poseedores de esos capitales van a ser peores todavía que para el pueblo. Porque hemos dicho bien claramente y bien terminantemente que la Revolución llegará tan lejos como la obliguen a llegar, que las medidas revolucionarias serán tan drásticas como nos obliguen a ello, que las medidas revolucionarias serán tan enérgicas como nos obliguen a tomar medidas enérgicas.
De mis palabras no se derive una amenaza para nadie.  He hablado bien claro; necesitamos la colaboración de todos; pero lo peor que puede hacerse es tratar de obstruccionar la Revolución, porque aquí la reacción parece haber descubierto la piedra filosofal al reflexionar de esta manera: “Bueno, el pueblo está con la Revolución, es verdad” —dicen ellos—, “el pueblo está con la Revolución, pero ese mismo pueblo, si pasa hambre, no va a estar con la Revolución”.
Entonces razonan de esta forma y dicen:  “Si nosotros no prestamos el dinero, si nosotros nos retraemos, si nosotros no colaboramos en el desarrollo industrial del país, si nosotros escondemos el dinero, entonces no va a haber industrias, y si no hay industrias, el pueblo va a pasar hambre.  Y cuando el pueblo pase hambre se va a poner de parte de nosotros y va a decir que teníamos razón cuando criticábamos las leyes revolucionarias.”
Ellos creen haber descubierto una forma para combatir la Revolución: retrasarla, esconder el dinero, obstaculizar el progreso económico y hacernos pasar trabajo a todos.  Y, entonces, piensan que cuando todos estemos pasando trabajo, ellos van a poder filtrar mejor sus ideas reaccionarias, ellos van a poder inyectar mejor sus ideas contrarrevolucionarias, y que entonces podrán echarle la culpa a la Revolución de todo el trabajo que por culpa de ellos vayamos a pasar.  Eso es lo que ellos piensan.
Yo, desde luego, sé que cuando llega la hora de los sacrificios siempre hay muchos que vacilan; ¡cuando llega la hora de los sacrificios siempre hay muchos que vacilan!  Yo, sin embargo, tengo la seguridad de que el pueblo de Cuba no está tan inculto políticamente, no está tan inmaduro como para dejarse engañar por esas maniobras.
El pueblo de Cuba sabe que si determinados sectores obstaculizan la Revolución, si determinados sectores le crean problemas al gobierno revolucionario, si determinados sectores se niegan a prestarle colaboración a la patria en estos momentos, no será por bondad, no será por generosidad, sino por egoísmo, sino por ambición, sino porque echan de menos a los privilegios que han estado disfrutando desde que se fundó la república.  El pueblo sabe que la culpa no la tendremos nosotros, que si ellos le crean obstáculos a la Revolución será únicamente porque el gobierno revolucionario no quiso ponerse al servicio de esos intereses, será únicamente porque el gobierno revolucionario quiso hacer justicia, será únicamente porque el gobierno revolucionario ha querido, quiere y está dispuesto a poner fin a muchos de los abusos y a todos los abusos que ha estado sufriendo nuestro pueblo ; será porque el gobierno revolucionario no se ha intimidado ante las amenazas, porque el gobierno revolucionario no se ha vendido, ni se vende, ni se venderá jamás a los intereses creados.
Si la Revolución encuentra obstáculos porque quiere ser justa, ¡que vengan los obstáculos!  Si el pueblo de Cuba tiene que hacer sacrificios porque la Revolución es justa, ¡que vengan los sacrificios!  
(DEL PUBLICO LE DICEN: “¡Si hay que comer malanga, la comemos!”)  Sí.  Me dicen que si hay que comer malanga la comemos.  Bueno, pero que cuando llegue la hora de comer malanga la comamos de verdad, la comamos de verdad sin protestar, no sea que al cabo de dos o tres meses comiendo malanga se aburra la gente de la malanga (EXCLAMACIONES DE:  “¡No!”).
El problema es que yo les voy a decir una cosa: tengo en estos días una espinita por dentro, tengo una espinita y se la voy a decir.  Les voy a decir que el pueblo no está completamente maduro todavía, les voy a decir que el pueblo no está completamente preparado todavía.  Y les voy a decir una cosa: que no vaya a dejar embarcado al gobierno revolucionario en las medidas que está tomando (EXCLAMACIONES DE:  “¡No!”), porque aquí antes los gobernantes embarcaban al pueblo; ahora que el pueblo no vaya a dejar embarcado al gobierno revolucionario.
Les voy a decir por qué digo esto, porque yo tuve una experiencia muy amarga en días recientes, y fue porque planteé una injusticia más de las que se han cometido aquí, toqué una injusticia más.  Y con la misma honradez y con la misma claridad que he hablado de todos los problemas, con el mismo espíritu revolucionario con que he hablado del latifundio y del nacionalismo y de otras ideas, planteé el problema de la discriminación racial, y hablé claro.
(ALGUIEN SE DESMAYA.)
Bueno, se desmayó uno después de veinte minutos.  Por lo menos se aguantaron los demás.  Eso demuestra que cuando el pueblo quiere, ni se desmaya nadie.
Planteé el problema serenamente, lo planteé claramente, expliqué sus causas, dije bien que era una cuestión fundamentalmente de educación y, sin embargo, me encontré con una triste realidad, que mucha gente no me había entendido, que mucha gente me criticó.  Y yo, desde luego, dije que si por hablar con justicia me tienen que criticar y me tienen que hacer lo que me tengan que hacer, ¡jamás renunciaré a hablar con justicia!  
Yo me pregunté entre otras cosas por qué no me comprendió mucha gente cuando planteé este problema.  ¿No era una injusticia igual que las demás?  (EXCLAMACIONES DE: “¡Sí!”)  ¿Y por qué gente que aplaudía cuando rebajamos los alquileres o cuando hablamos de proscribir el latifundio, me criticaba cuando hablé del problema de la injusticia de la discriminación racial?  Lo triste es que había hasta gente del pueblo, gente humilde, señores, no de la “high life”, sino de la “low life”.
Hay gente que le están poniendo la bota encima y está protestando de la bota que le tienen puesta y, sin embargo, no protesta de la bota que le están poniendo al lado al vecino .  Y el problema no es protestar de las cosas que nos duelen, sino protestar también de las cosas que les duelen a otros, porque el hombre no puede ser egoísta, y mucho menos puede ser egoísta el hombre del pueblo.  Por eso yo, ese que es humilde y tiene prejuicios, digo que pertenece a la “low life”.  Si tuviera plata, no habría quién lo soportara.
¿Pero eso por qué?  Señores, porque hay prejuicios. ¿Por qué?  Porque el pueblo no ha sido educado. ¿Por qué? Sencillamente, porque los gobernantes anteriores no hicieron absolutamente nada por ponerles fin a los prejuicios.  Inmediatamente salieron los sembradores de intrigas, salió la gente de algunos lugares aristocráticos y no aristocráticos a intrigar.  Era como si hubiera revuelto todos los prejuicios que yacen en el fondo del pueblo porque los hemos heredado a través de los siglos.
Planteé una cosa tan justa como es que todos los cubanos deben tener un derecho por igual a trabajar.  ¿Puede plantearse algo más justo?  (EXCLAMACIONES DE: “¡No!”)  Y sin embargo, hubo gente que se confundió y se dejó confundir.
¿Qué me demostró eso a mí?  Pues me demostró que el pueblo no estaba todavía tan preparado, que el pueblo tiene todavía muchos prejuicios, que el pueblo tiene en su mente muchas ideas viejas.  Y tuve la sensación de que la Revolución estaba marchando más de prisa que el pueblo, ¡tuve la sensación de que la Revolución estaba marchando más deprisa que el pueblo!, y tuve la preocupación de si nosotros nos habíamos hecho sobre el pueblo más ilusiones de las que debíamos habernos hecho.  Porque los únicos que se aprovechan de esas ideas viejas y de esos prejuicios, los únicos que salen ganando con esos prejuicios son los enemigos de la Revolución, son los grandes intereses creados, son los que quieren debilitar y dividir al pueblo, son los que quieren destruir el espíritu de hermandad y de confraternidad que debe unir a todos los cubanos.
Juntos debemos estar todos los que hemos sufrido injusticias.  Juntos debemos estar todos los que hemos sido víctimas de algún atropello, de algún abuso, de alguna explotación.  Juntos debemos estar los que en el campo han vivido sin tierras.  Juntos hemos de estar los que en las ciudades han tenido que pasar hambre y han tenido que sufrir atropellos.  Juntos deben estar aquellos que han tenido que sufrir de la injusticia social, de la discriminación.  Junto debe estar todo el hombre que se quedó analfabeto porque no le dieron una escuela.  Juntas deben estar todas las familias que han tenido que sufrir las consecuencias de la politiquería, las consecuencias de la corrupción, las consecuencias de los malos gobiernos y las traiciones que se han cometido con la república.  Junto tiene que estar todo el pueblo, porque, ¿cómo vamos a marchar por un lado unos y por otro lado otros?
En esta hora de dar la batalla en favor de la justicia, todo el pueblo tiene que estar junto; todo el que ha sufrido alguna injusticia tiene que estar junto.  Y los únicos interesados en que no estemos juntos son los enemigos de la Revolución, los únicos interesados en sembrar la intriga son los enemigos de la Revolución.  De ninguna manera un hombre del pueblo puede dejarse llevar por el prejuicio, de ninguna manera un hombre del pueblo puede dejarse llevar por las aberraciones que le han sembrado en los siglos pasados.
No hay nada más absurdo ni nada más criminal que la discriminación, porque la discriminación no distingue de nada.  La discriminación aquí ha sido con el negro, y en otros lugares fue con el blanco o con el trigueño o con el amarillo.  Los alemanes, que se creían una raza superior, persiguieron a los judíos porque eran judíos, persiguieron a los yugoslavos porque eran yugoslavos, persiguieron a los polacos porque eran polacos, persiguieron a los eslavos porque eran eslavos, y en nombre de esos prejuicios cometieron los peores crímenes y las peores depravaciones.
Nosotros, que somos un pueblo en el que figuran hombres de todos los colores y de ningún color; nosotros, que somos un pueblo constituido por distintos componentes raciales, ¿cómo vamos a cometer la estupidez ni el absurdo de dar albergue al virus de la discriminación?
Aquí en esta multitud veo blancos y veo negros, porque el pueblo es eso, ¡el pueblo está integrado por blancos y por negros y por mulatos y por hombres de todos colores!  
Y eso debe ser Cuba, eso es lo que debe predominar entre nosotros: si hay que defender la Revolución y empuñar un fusil, que defendamos la Revolución blancos y negros y mulatos; si hay que defender la patria, que empuñemos las armas blancos y negros y mulatos y trigueños y rubios.  ¿O es que aquí hay alguien tan insensato que a la hora del sacrificio, que a la hora de pelear le diga a un hombre que está al lado con un fusil para defenderle la vida y defender su causa:  “Oye, quítate del lado mío y vete porque tú eres negro”? ¿Quién va a hacer eso?  
Si nosotros hubiésemos hecho eso, quizás la Revolución no se habría ganado; si nosotros hubiésemos hecho eso, la batalla de El Uvero, que fue la primera y una de las batallas que más contribuyeron al triunfo de la Revolución, no se habría ganado, porque allí el que yo tenía al lado mío era un negro, ¡y ese fue el compañero que salvó la situación!  Cuando yo digo esto todo el mundo sabe que lo digo sin demagogia, porque si algo detesto, si algo aborrezco es la politiquería y la demagogia.
Inmediatamente, algunos quisieron tomar aquellos planteamientos para suscitar problemas; es decir, todo lo contrario de lo que nosotros queríamos.  Nosotros queremos fomentar la hermandad, la comprensión entre todos los cubanos.  Y cuando descubrí que había gente tratando de fomentar la división y de crear conflictos, lo que dije: “No, ahora más que nunca debe haber amistad entre todos los cubanos, ahora más que nunca debe haber respeto entre todos los cubanos, ahora más que nunca debe haber amabilidad entre todos los cubanos, para no darles la menor oportunidad a los enemigos de la Revolución de sembrar el prejuicio y de crear conflictos, porque eso es lo que quieren.  Y pedí —como pedí el otro día— más respeto, ahora más respeto que nunca, ahora más comprensión que nunca y más amistad que nunca, porque lo que yo quiero es precisamente unir, despertar el sentimiento revolucionario y de justicia en el pueblo, desterrar los prejuicios.
No hay nada más difícil que enfrentarse al prejuicio.  Y es difícil porque la gente que tiene prejuicios no piensa, la gente que tiene prejuicios no se detiene a pensar.
Les salí al paso a las campañas y a las intrigas de los enemigos para pedirles a todos los cubanos blancos y negros más comprensión, más confraternidad y más respeto ahora que nunca, para ayudar al gobierno revolucionario a seguir adelante con el pueblo unido, a seguir adelante en sus propósitos de justicia no para unos cuantos, ¡que la justicia no ha de ser para unos cuantos, la justicia ha de ser para todos!    Y por eso es necesario que el pueblo se detenga a pensar.
A mí aquello me preocupó, a mí aquello me llamó la atención, y aquello me hizo ver que el pueblo todavía tiene mucho que aprender, que el pueblo todavía tiene mucho que madurarse, porque fácilmente lo hacen víctima del engaño, porque fácilmente lo hacen víctima de la confusión...  (INTERRUPCION EN LA GRABACION.)
Bueno, yo lo que digo es que el pueblo tiene que estar a la altura de las circunstancias, y no nos vaya a dejar embarcados a nosotros en esta Revolución.  Porque ustedes no saben una cosa, y es que el enemigo cuenta con recursos poderosos, que el enemigo cuenta con todos los medios para engañar y para confundir, y que el enemigo haré todo lo posible por debilitar la Revolución.  (DEL PUBLICO LE DICEN: “¡Pero no cuenta con el pueblo!”) Sí, pero al pueblo lo pueden confundir (EXCLAMACIONES DE: “¡No!”).  Por eso lo mantuvieron en la ignorancia, por eso lo quisieron mantener en la ignorancia, porque nunca quisieron combatir el analfabetismo, porque cuando el pueblo sabe es muy difícil engañarlo, si no, ¿por qué hay tantos analfabetos aquí en Cuba?  ¿Por qué?  Porque a los gobernantes les interesaba mucho que los analfabetos siguieran siendo analfabetos aquí, porque sabían que si el pueblo llegaba a adquirir un grado mayor de cultura, todos esos intereses y todos esos tinglados electoreros y politiqueros se iban por tierra.  Ustedes lo saben.
Ustedes son del interior de La Habana y, sin embargo, yo les voy a recordar una cosa, les voy a hacer una crítica.  ¿Qué pasó en el año 1950 cuando aspiraron, por un lado, Eduardo Chibás y, por otro lado, Virgilio Pérez?  ¿En el interior de La Habana quién ganó?  (EXCLAMACIONES DE: “¡Virgilio!”)  ¡Ah!, ganó Virgilio.  ¿Por qué?  (EXCLAMACIONES DE: “¡Por la maquinaria!”)  La maquinaria, si; pero él que votaba en las urnas no era una maquinaria, eran los individuos.
A ver, si digo aquí que levante la mano todo el que votó por Virgilio aquel día, yo les aseguro que si hay sinceridad más de la mitad de la gente aquí levanta la mano.  No la levanten, que no hace falta (ALGUIEN LE DICE ALGO).  Bueno, algunos, no; ya yo lo sé.  Pero ahora no me van a decir que más de la mitad de la gente no votó por Virgilio.  Sin embargo, ¿quién era Virgilio Pérez?  Había sido machadista, policía de Machado, y además de todo eso un señor que se hizo millonario en el Instituto del Café.
Yo no tengo especialmente nada contra él, ni me acordaba de que existía; pero realmente me acordé ahora.  Sin embargo, ¿ese señor por qué ganó?  Porque había maquinaria política.  ¿Y la maquinaria qué es?  Pues es un conjunto de sargentos políticos, un conjunto de “compadres” y de “comadres”, que ustedes saben bien la política que hacían en el campo: “Compadre, tiene que votar por mi amigo porque es el que nos ayuda, es el que nos resuelve, es el que le metió al hijo suyo en el hospital, es el que le va a conseguir una beca para el otro hijo y es el que le va a conseguir un trabajo para la hija.”  Y a base de compadreo y a base de amiguismo controlaban a los electores, porque en aquella elección no hubo ni bravas ni trampas, ¡ni bravas ni trampas!  Comprometían al elector, lo comprometían, ¿comprenden?
¿Qué quiere decir esto?  Que las maquinarias políticas tenían acogotado al pueblo, lo llevaban a actuar contra sus propios intereses.  Y claro, ¿podían resolverse así los problemas de la república?  ¿Podían resolverse? (EXCLAMACIONES DE: “¡No!”)
Yo no le echo la culpa al que votó por Virgilio, no señor; yo no le estoy ni siquiera criticando eso, porque cuando el hombre es una consecuencia del medio ambiente donde vive y es una consecuencia del atraso político y cultural, y es una consecuencia de los vicios que tienen siglos, cuando su mentalidad es una consecuencia de todo eso, lo que hay que hacer no es criticar a ese hombre sino redimirlo del error, redimirlo de la ignorancia y prepararlo para una vida mejor, enseñarlo a luchar por sus propios intereses y no por los intereses de sus enemigos.  Pero la gran verdad es que en el campo las maquinarias políticas controlaban al electorado, y lo llevaban a votar incluso por un ladrón, por un malversador.
En eso es en lo que yo quiero que el pueblo piense para que encuentre en eso una explicación de por qué no había más escuelas, de por qué aquí todo el mundo no sabe leer y escribir, porque a los políticos les interesaba mantener al pueblo en la ignorancia, porque un pueblo ignorante es el peor enemigo del progreso y el mejor aliado que pueden tener los intereses creados, sembradores de prejuicios y sembradores de fanatismo.
En un pueblo ignorante se puede sembrar el prejuicio y se puede sembrar el fanatismo.  Por eso el pueblo de Cuba tiene que aprender mucho.  Aquí tienen que aprender no solo los niños, aquí tienen que aprender los grandes también; los grandes tienen que aprender a pensar y a observar.  Por ejemplo, a mí me parece que hay muchas personas que se creen que una revolución es un paseo triunfal.  Pues yo quiero decirles que una revolución es una cosa muy dura, y que la lucha no ha terminado ni mucho menos, que la lucha está empezando, y que esta etapa de la Revolución es una etapa tan difícil o más difícil que la anterior.
A los que crean que vamos a recoger los mangos bajitos o que vamos a comernos la fruta ya madura, les digo que no, que todo lo contrario, que los frutos de la Revolución no van a llegar de un día para otro, porque tenemos que trabajar mucho y tenemos que luchar mucho.  Nadie vaya a creer que va a conquistar la felicidad de un día para otro.
El pueblo tiene que tener mucha conciencia de que el camino de la Revolución es un camino largo, es un camino difícil y es un camino duro, y que la Revolución tiene que vencer muchos obstáculos, que el problema no es que vayamos nosotros a poder resolver todos los problemas aquí en el acto, que los frutos tenemos que sembrarlos; los frutos, si queremos percibirlos, tenemos que primero sembrarlos, regarlos, cultivarlos y después cosecharlos.  Ahora, todo lo más, estamos abriendo el surco.
Es bueno que advierta esto porque los enemigos de la Revolución pueden, inclusive, utilizar la impaciencia del pueblo.  Como la Revolución no puede ser una obra que se realice en el acto, que se realice en cuestión de semanas o de meses, los enemigos de la Revolución pueden empezar a explotar la impaciencia del pueblo y aprovecharla en su favor para desilusionar al pueblo, para desengañar al pueblo, para confundir al pueblo.
Lo que yo decía frente al Palacio, a raíz de la manifestación obrera, es que nosotros tenemos que luchar principalmente para nuestros hijos.  No quiere decir eso que deje de mejorar el pueblo.  El pueblo va a mejorar extraordinariamente con la Revolución, las medidas de la Revolución van a llevar extraordinario beneficio al pueblo, desde luego; pero no lo van a llevar en un día, será cuestión de trabajar mucho y de saber esperar.
Ahora tenemos por delante la reforma agraria, que es la obra cumbre de la Revolución.  ¿Quiere decir eso que tan pronto dictemos la ley agraria toda la agricultura va a estar organizada?  (EXCLAMACIONES DE: “¡No!”) ¿Que todos los campos van a estar sembrados?  (EXCLAMACIONES DE: “¡No!”)  ¡No!  Tenemos que trabajar mucho.
Hay que organizar la agricultura, distribuir las zonas de cultivo, preparar a los campesinos, porque no es cuestión de que empecemos a mandar tractores.  Si no saben manejar los tractores, los rompen y no hacemos nada con ellos, si no tienen créditos, si no tienen semillas.  No es cuestión de sembrar cualquier cosa, hay que sembrar el tipo de semilla ideal.
Por ejemplo, yo veo que por ahí se siembran melones.  Recogen las semillas de otros melones y las siembran y salen unos melones chiquiticos.  Si en vez de sembrar esos melones, obtuvieran un sobrecito de semillas especiales, sacarían unos melones de este tamaño.  Y así pasa con casi todas las frutas.
No es cuestión de sembrar cualquier cosa; sembrar, injertar, mejorar la agricultura, sembrar el producto adecuado, no para comer solamente sino para vender, porque el campesino no hace nada con tener su pedacito de tierra donde sembrar malanga, ñame, boniato; no.  El problema es sembrar algo que lo pueda vender y obtener ingresos para comprar ropa, herramientas y todo lo que él necesita, porque lo que queremos no es solamente que tenga tierra donde sembrar para comer, sino que tenga tierra donde sembrar un producto para vender.
No es cuestión de sembrar cualquier cosa, sino sembrar en la época del año adecuada, utilizar el regadío y utilizar toda la técnica, toda la técnica más adelantada para lograr extraer de la tierra el máximo de productos.
No se sabe lo que vale el conocimiento técnico, la preparación del pueblo para dedicarse a la tarea de crear y de producir.  Por ejemplo, esta mañana yo conversaba con dos ingenieros holandeses, que vinieron desde Holanda a prestarnos sus servicios técnicos en la desecación de la Ciénaga de Zapata, y les preguntaba sobre Holanda.  Los holandeses han tenido que quitarle tierra al mar, porque no les alcanzaba lo que tenían.
Holanda es del tamaño de la provincia de Oriente.  Tiene 12 millones de habitantes, y solamente hay en este momento 100 000 personas sin trabajo; además, Holanda tiene un invierno que imposibilita la agricultura durante una parte del año.  Nosotros tenemos 110 000 kilómetros cuadrados, tenemos la mitad de la población de Holanda; sin embargo, aquí hay 700 000 personas sin trabajo.
En aquel pueblo, mayor que el de nosotros, en una tierra más pobre que la de nosotros, allí se aprovecha cada hectárea de terreno, cada pulgada de terreno, y se aprovecha debidamente.  Allí se ha desarrollado una industria; allí, un pueblo limitado por la naturaleza, con una tierra más pobre que la nuestra, tiene un estándar de vida muy superior al nuestro.
Nosotros tenemos por delante, con la reforma agraria, un trabajo muy grande, no solo distribuir las tierras, convertir en propietarios a todos los pequeños aparceros, arrendatarios y precaristas.
Hoy al mediodía hice escala en una finca.  Me bajé, hablé con un campesino que tenía una caballería y media de tierra, y le dije: “¿Usted no sabe que de acuerdo con la Ley 2 de la Sierra Maestra usted tiene derecho a la propiedad de este pedazo de tierra arrendada, que el Estado se lo va a dar gratuitamente, pagándoselo al propietario?”  ¡Y aquel hombre no sabía eso!
Hay muchos pequeños arrendatarios, aparceros y precaristas que todavía no saben que tienen derecho a la propiedad de esa tierra y que, tan pronto la ley agraria —porque existe la ley de la Sierra Maestra, pero vamos a aprobar una ley que incluya también el latifundio— se apruebe, todos los arrendatarios, aparceros, precaristas, posesionarios de cualquier tipo que tengan una parcela de dos caballerías o menos, recibirán gratuitamente la propiedad de esa tierra.  ¡Pues hay mucha gente que no sabe eso todavía!
En el central Australia me encontré con que una compañía de favorecidos de la dictadura tiene arrendada la tierra y tiene arrendado el central, y en una tierra del Estado le estaban cobrando renta a 300 colonos.  Eso es el colmo, ¡una compañía privada cobrando rentas en tierras del Estado a los colonos!  Y yo les dije: “Esa tierra es del Estado.  Por lo tanto, ustedes no tienen que pagar más renta, porque de acuerdo con la Ley 2 de la Sierra Maestra, vigente, los que están en tierras del Estado no pueden pagarle renta a nadie”.
Luego entonces, es verdad que el pueblo tiene que aprender.
¿Cómo es posible que a estas horas haya pequeños arrendatarios, colonos, aparceros y precaristas que no sepan que la Revolución les da derecho a la propiedad de la tierra sin pagarla?  Si tienen más de dos caballerías o menos de cinco, tienen derecho a que el Estado les de dos y a comprar las otras hasta cinco, o hasta cuatro, o hasta tres, de acuerdo con lo que tengan ocupado.  Pero, además, el que tiene más de cinco —seis, siete, ocho— y sea colono o arrendatario, tendrá derecho a comprarla.  No le regalará el Estado ninguna al que tiene más de cinco, pero le da derecho a comprarla.
Estas cosas las tiene que conocer el pueblo.
Luego, la tarea del Instituto Nacional de Reforma Agraria, que será creado muy pronto, es una tarea inmensa.  Y nadie piense que va a ser feliz al otro día de tener la propiedad de la tierra.
La Revolución les va a dar algo más que la tierra a los campesinos: les va a hacer casas decentes, y tampoco se las va a cobrar; ni les va a cobrar la tierra ni les va a cobrar las casas.  Los tractores y los arados sí se los va a cobrar al precio de costo, sin intereses, en un período de cuatro, cinco o seis años, los que quieran; los instrumentos de trabajo, sí, porque es necesario que los aprecien, es necesario que los conserven.  Si se los regalamos, posiblemente no los cuiden tanto como si los compran.
Les daremos créditos, créditos baratos.  El crédito actualmente es del 7% y el 8%.  ¿Por qué?  Porque el BANFAIC pide prestado para prestar. Tenemos que hacer una ley para que los créditos agrícolas no sean superiores nunca al 5%, modificar el BANFAIC y dotarlo de los recursos propios necesarios para que le pueda prestar al campesino a bajo precio.
Pero no solo eso, tenemos que organizar los mercados, tenemos que acabar con los intermediarios que especulan con los productos agrícolas pagándoselos barato a los campesinos y vendiéndoselos caro al pueblo.  Desde ahora lo digo: ¡el intermediario que especula con los productos agrícolas no tiene razón de ser!  Ese es un parásito que lo que hace es sacrificar por un lado a los campesinos y sacrificar por el otro a los consumidores.
Luego, la reforma agraria es un trabajo enorme.
Hay que buscar mercados.  Hay que organizar la producción de manera que cada cual produzca de acuerdo con la demanda y no más de la demanda existente, para evitar que los productos sobren.  Hay que indicarle a cada campesino los productos que debe sembrar y organizar la producción general.
Hay que reestructurar el Instituto del Azúcar.  Hay que reestructurar la Caja de Estabilización del Tabaco.  Hay que reestructurar todos esos organismos. ¿Por qué?  Porque nosotros hemos recibido el país completamente desorganizado: la agricultura desorganizada, los pequeños cosecheros de tabaco arruinados.  Nos encontramos con que hay miles y miles de pequeños cosecheros que están en la miseria.
Aquí una gran cantidad de personas fumaban cigarros norteamericanos que venían de contrabando, mientras los campesinos cosecheros de tabaco estaban pasando hambre.  Aquí pasaba lo mismo que con la industria textil, que mientras venían aviones y aviones diariamente cargados de artículos de tejidos de contrabando, había de 10 a 12 fábricas de tejidos paradas y otras trabajaban dos o tres días solamente.  Ahora se acabó el contrabando de tejidos, se acabó el contrabando de cigarritos norteamericanos y, además, hay mucha gente que antes fumaba cigarros norteamericanos y ahora no quiere fumar cigarros norteamericanos, quiere fumar cigarros cubanos.
Pero todavía tenemos muchos problemas por resolver.  En el sector tabacalero, por ejemplo, tenemos muchos problemas que resolver.  Hay muchos torcedores, pequeños productores de tabaco, cosecheros, que están en la peor situación económica y cuyos problemas tiene que estudiarlos la Revolución para resolverlos.
Ha habido un aumento, por ejemplo, en el consumo de tabaco; ha habido un aumento en la venta de cigarros y de tabacos.  Si eso se ha logrado, los beneficios deben ir no para los que están ganando más.  Por ejemplo, hay determinados sectores en el tabaco que ganan mucho más que otros; hay, por ejemplo, vendedores que tienen entradas altísimas, y si un vendedor está ganando 500 pesos y aumenta la venta del cigarro, lo justo es que las ventajas del aumento vayan a parar a los escogedores, o a los cosecheros, o a los vegueros que están pasando hambre.  Antes que nada, siempre que haya una mejora en un sector industrial, que los beneficios vayan primeramente a los que tienen menos ingresos dentro del sector.  Siempre que haya una mejora en cualquier sector, los beneficios deben ir a aquellos elementos de ese sector de la producción que tienen menos ingresos.
Tenemos que reestructurar el Instituto del Azúcar para darles participación no solo a los hacendados, sino también a los obreros y a los colonos en el Instituto del Azúcar, porque el azúcar no solo interesa a los hacendados, el azúcar interesa a todo el pueblo, el azúcar interesa a los trabajadores, a los colonos y al pueblo en general, porque el azúcar es la primera industria del país.
En la agricultura tenemos que revolucionarlo todo, tenemos que tecnificarlo todo.  Da pena que Cuba, con unas tierras tan ricas, entre los países productores de azúcar el país que obtiene más bajos rendimientos por caballería es Cuba; entre los países productores de azúcar el que obtiene menos caña por caballería es Cuba.  ¡Y luego no quieren que se acabe el latifundio!  Pues sí señor, se tiene que acabar el latifundio, para que siembren más caña en menos tierra, para que críen más ganado en menos tierra, para que produzcan más artículos en menos tierra.
Aquí el latifundista es el ingeniero agrónomo de su finca, el veterinario de su finca, el abogado de su finca, el contador de su finca, y no le da chance a nadie.  Por eso aquí no hay estímulos para las profesiones técnicas.  Por eso aquí el ingeniero se muere de hambre, el veterinario no tiene trabajo, porque el latifundio...  
La reforma agraria es la obra cumbre de la Revolución, y estoy seguro de que nunca, en ninguna revolución, en ninguna parte del mundo, la reforma agraria ha tenido la simpatía que tiene hoy en Cuba, el respaldo que tiene hoy en Cuba. El pueblo ha comprendido perfectamente que tenemos que empezar por la tierra, que tenemos que empezar a resolver nuestros problemas a través de la reforma agraria.  El pueblo ha comprendido que el país no puede marchar adelante sin la reforma agraria.
Solamente la reforma agraria va a absorber más del 60% de los desempleados que hay en Cuba.  Y no solamente vamos a proscribir el latifundio, no solamente vamos a poner un límite máximo para el cultivo en cada finca, sino también vamos a desecar todos los lugares que se puedan desecar; vamos a recuperar toda la tierra que podamos recuperar de los lugares que hoy son improductivos como la Ciénaga de Zapata, la ciénaga de Morón, los bajos del Cauto, la ciénaga de Guanahacabibes.  Simultáneamente vamos a hacer una tarea de desecación y, por lo tanto, no solamente vamos a disponer de todas las tierras que excedan al límite que establece la ley, sino que vamos a disponer de todas las tierras que hoy no se pueden siquiera cultivar porque hay que prepararlas.
El pueblo ha comprendido que la batalla más importante es la batalla de la reforma agraria, y el hecho de que todo el pueblo esté con ella, el hecho de que todos los obreros hayan contribuido, el hecho de que la ciudad se haya volcado por entero en favor de la reforma agraria, el hecho de que hasta los niños entreguen los centavitos que tienen para merendar, que los niñitos de la escuela pública —que son los más pobrecitos— entreguen en un sobre sus centavos para la reforma agraria , demuestra hasta qué punto ha penetrado en el corazón del pueblo esa medida revolucionaria, hasta qué punto el pueblo ha comprendido que el primer paso es la reforma agraria, no solo en beneficio de los campesinos, que van a tener tierras, sino en beneficio del hombre de la ciudad. Porque si el campesino no tiene con qué comprar, las fábricas se paralizan; si el campesino no tiene con qué comprar, el obrero en la ciudad no tiene a quién venderle sus productos, el obrero en la ciudad no tiene dónde trabajar.
Si nosotros logramos aumentar el ingreso de los campesinos en 500 millones de pesos en un plazo de cinco años, serán 500 millones de pesos más que el campesino gastará en las ciudades, porque el campesino su dinero no lo gasta en productos del campo, lo gasta en productos de la ciudad.  Se va a beneficiar el obrero, se va a beneficiar el industrial, se va a beneficiar el comerciante en las ciudades, sobre todo el comerciante que practique la buena doctrina de vender más a menos precio, en vez de vender menos a mayor precio.  Encarecer los artículos por el camino no solamente perjudica al consumidor sino que perjudica al industrial, porque el pueblo compra menos y el obrero entonces tiene menos trabajo en la fábrica; encarecer los artículos por el camino es antieconómico y va en perjuicio de unos y de otros.
La reforma agraria beneficiará al comerciante que practique la buena doctrina de vender más a menos precio, en beneficio del consumidor y en beneficio del industrial y del obrero.  Eso lo ha comprendido el pueblo, y por eso le ha dado tanto respaldo a la reforma agraria.  Ese entusiasmo y ese respaldo tienen que seguir adelante, sobre todo aquí, sobre todo en las poblaciones del interior de la república, muy especialmente Güines, que es un centro eminentemente agrícola, aquí donde se estableció la primera comunidad regante que yo sé que no beneficia a todos.
El regadío es otra de las medidas que tiene que fomentar el gobierno revolucionario, para que tengan agua no solamente los que hoy la tienen, sino que la tengan también los que no la tienen, estudiando las condiciones hidráulicas del suelo, haciendo embalses, cavando pozos, construyendo lagunas artificiales y, en fin, cuantas medidas sean necesarias para resolver el problema del agua que es fundamental en la agricultura.
Los cultivos no solamente deberán tener regadíos, sino también deberán ser abonados.  Y los cultivos no solamente deberán tener abono y regadío, sino que han de tener dirección técnica.  Y no solamente abono, regadío y dirección técnica, sino también maquinaria agrícola para producir a más bajo costo.
Hay que poner todos los beneficios de la máquina en favor del campesino: que no haya una sola finca sin tractor; que no haya una sola finca sin créditos; que no haya una sola finca sin dirección técnica.
Nosotros tenemos que colocar nuestra agricultura entre las mejores del mundo, entre las más adelantadas del mundo, porque si Cuba es una de las tierras más fértiles del mundo, ¿por qué nuestra agricultura tiene que estar atrasada?  Nuestra agricultura tiene que estar entre las más adelantadas del mundo.
Así que la reforma agraria no será solamente cuestión de promulgar la ley, de buscar tractores, de buscar créditos, de repartir la tierra; tenemos que hacer un gran trabajo, y necesitamos la colaboración sobre todo de los campesinos.  Con un campesinado próspero podrá desarrollarse la industria. 
Lo que tienen que hacer los hacendados después de la reforma agraria es convertir los centrales en centros industriales, convertir los centrales en unidades industriales, invertir el dinero en nuevas industrias, elaborar el bagazo de caña, elaborar los productos derivados del azúcar, y establecer cuantas industrias tengan mercado en Cuba o puedan tener mercado fuera de Cuba.  Lo que tienen que hacer los hacendados, si quieren colaborar con la Revolución, no es solamente entregar tanta cantidad de dinero para la reforma agraria, porque tienen que resignarse a que van a contar con un límite de tierras, tienen que resignarse a una ley que va a limitar la cantidad de tierra disponible. Y no solo eso, tendrán que cumplir las disposiciones de la Ley de Coordinación Azucarera sobre las cañas de administración: el central debe ser una cosa y el cultivo de la caña debe ser otra; quererlo monopolizar todo va contra la economía.  El central, que sea central, y el cultivo de la caña, que sea empresa de los pequeños colonos y de los colonos en general, porque hay que darles oportunidades de vivir a los demás.
El hacendado lo que debe hacer es convertir el ingenio en un centro industrial, no conformarse con moler caña.  Que ponga y establezca fábricas para extraer la pulpa del bagazo de caña, que es un artículo que tiene demanda en el mercado mundial, que es el sustitutivo de la pulpa de madera, cuyas reservas se van agotando en el mundo; que establezca cuantas industrias tengan mercado nacional e internacional. He ahí una buena colaboración de los hacendados con la Revolución: que inviertan su dinero en industrias y que conviertan los centrales azucareros en unidades industriales, para darle trabajo al que no tiene, para darles trabajo a los hijos y a los nietos de los obreros azucareros, para que el obrero azucarero no solamente trabaje tres meses sino para que trabaje todo el año.
Lo que hay que hacer, si se quiere ayudar a la Revolución, es fomentar la creación de cooperativas de consumo en todos los centrales azucareros, para que los obreros azucareros paguen los artículos a precios de costo y no tengan que pagar allí los artículos mucho más caro en beneficio del propio central, como ocurre muchas veces.  Eso de querer acaparar el central, el centro comercial, la tierra, la caña, es querer acapararlo todo, señores.
Nosotros queremos hacer una distribución más justa de la economía del país, nosotros queremos hacer una distribución más equitativa.  No es posible ni es justo que mientras unos andan viajando por Europa, mientras unos disfrutan de cientos de miles de pesos, haya gente muriéndose de hambre, haya obreros cruzados de brazos cuyos hijos están pasando hambre.  Entendemos que promover una política más justa es deber de la Revolución.
Nosotros no queremos arruinar a nadie, nosotros no queremos quitarle el central azucarero al dueño del central azucarero.  Nosotros lo que queremos es que establezca nuevas industrias, que no dedique su dinero a la especulación, que no dedique su dinero a construir edificios de apartamentos, que no se lleve su dinero para afuera, que no guarde su dinero en los bancos, sino que lo invierta en la industria para ayudar a resolver el grave problema social, porque si los trabajadores lo ayudaron a obtener ese dinero, justo es que ayude también a los trabajadores a obtener más trabajo y a ganarse su sustento.
Nosotros no queremos quitarles los centrales a los hacendados.  Lo que queremos es que esos centrales dejen de echar humo tres meses al año para que allí, junto al central, haya fábricas que estén echando humo todo el año.  Nosotros lo que queremos es que no se mueran de hambre los obreros azucareros, ni los obreros agrícolas en el campo, que trabajan solamente tres meses y que desde antes de empezar la zafra ya lo deben todo. Nosotros lo que queremos es que colaboren con la Revolución y que colaboren con el pueblo, porque no es justo que los beneficios de nuestra riqueza los perciban solo unos cuantos; es justo que ese dinero —cuando menos— se invierta en buscar la manera de enriquecer al país, en buscar la manera de enriquecer al pueblo.  ¿Que ganen?  ¡Está bien!, pero que ganen ayudando a los demás, que ganen ayudando a los que ayudaron a labrar esa fortuna, que ganen ayudando al pueblo.
Nada tienen que temer los hacendados si siguen esa política, nada tienen que temer los hacendados si colaboran con el pueblo y con la Revolución después de la reforma agraria; no sea que después de la reforma agraria, porque establezca un límite máximo de la tierra, se retraigan y no quieran ayudar, porque si eso ocurriera en Cuba lo lamentaríamos mucho. Si viene un retraimiento, si lo que quieren es arruinar a la Revolución, la Revolución no vacilará en tomar las medidas que sean necesarias.  ¡La Revolución no se detendrá ante nada y ante nadie!  
¡Colaboren con nosotros y tendrán garantías!  ¡Ayuden al pueblo y tendrán garantías!  ¡Ayuden a la patria y tendrán garantías! ¡Ayuden al trabajador y tendrán garantías! ¡Ayuden a la Revolución y tendrán garantías!  
Lo que tienen que hacer es cambiar de inversión, pensar en nuevas industrias y no pensar en estar explotando la tierra a 35 000 o 40 000 arrobas por caballería, porque eso va contra el progreso del país, eso va contra la economía del país, y la Revolución y el gobierno revolucionario no pueden permitir nada que vaya contra el progreso y contra la economía del país.
¡Ayuden a la Revolución y la Revolución será considerada con ustedes!  ¡Ayuden al pueblo y el pueblo será considerado con ustedes!  Eso sí, no cometan el error de combatir la Revolución, porque esa sería una reacción errónea, una reacción equivocada.
Nosotros no hacemos la reforma agraria por disgustar a nadie, nosotros no hacemos la reforma agraria por perjudicar a nadie; nosotros hacemos la reforma agraria porque es necesaria para el bien del país, porque es necesaria para el progreso de Cuba, porque es necesaria para resolver las necesidades de los campesinos y de los trabajadores, porque es necesaria para establecer un mercado de consumo interno sobre el cual pueda desarrollarse la industria nacional.
Nosotros no hacemos la reforma agraria por amargar a nadie, ni por odio contra nadie; nosotros hacemos la reforma agraria porque es una necesidad esencial de nuestra patria, ¡y nuestro deber es hacer aquello que convenga a la patria!  Por tanto, sería egoísta y sería antipatriótico retraerse, sería propio de cobardes atemorizarse ante las medidas revolucionarias. Los cobardes nunca llegan a ningún lado.
Los hacendados no deben reaccionar cobardemente, deben reaccionar valientemente, respaldar esa medida y decir: aunque se haya hecho una reforma agraria, vamos a invertir todos nuestros créditos y todos nuestros capitales en desarrollar industrias alrededor de los ingenios.  Eso es lo que le convendría a Cuba y les convendría a ellos, porque con eso la Revolución marcharía hacia adelante con su ayuda y no se vería en la necesidad de tomar medidas contra ellos, no se vería en la necesidad de tomar medidas para perjudicarlos.
Desde luego, hablo con entera franqueza y con entera sinceridad, que nos ayuden y tendrán todas las garantías; si no nos ayudan, no tendrán ninguna garantía.
Más claro no puedo hablar, como les hablo también a los industriales, que no tienen que escandalizarse ni atemorizarse por un paso de jicotea porque, en definitiva, nunca ha habido menos huelgas que ahora, nunca ha habido más paz que ahora.  Precisamente, gracias al espíritu revolucionario de los obreros azucareros hay zafra, y gracias al espíritu revolucionario de los obreros industriales las industrias textileras están andando, las industrias alcoholeras empezaron a funcionar, nuevas fábricas están estableciéndose.  Gracias al espíritu de sacrificio de los obreros, que les hemos pedido la máxima colaboración, la colaboración a su gobierno, hay calma.
¿Por uno o dos pasos de jicotea van a alarmarse los industriales y van a tomar eso como pretexto para decir que aquí no se puede invertir?  Bueno, ha habido uno o dos pasos de jicotea.  También a la gente la han tenido ahí a paso de cangrejo hace 50 años haciéndole dar marcha atrás, que nada de extraño tiene un paso de jicotea.  Y a pesar de todo, no han sido muchos, han sido mínimos; no pueden tomar eso como pretexto para decir que no hay garantía.
¡Ah!, si la garantía consiste en que hay que permitir botar al que quieran del trabajo, les decimos que no, porque eso no es justo en ningún sentido; si la garantía consiste en permitir que paguen salarios de hambre, les decimos que no, porque eso no lo permitiremos jamás. Pero si la garantía consiste en que van a tener un mercado donde vender sus productos, les decimos que sí.  Si la garantía consiste en que van a poder comprar tierras barato donde establecer sus maquinarias, les hemos dicho que sí, porque la Ley de Reforma Urbana permitirá a los que quieran establecer industrias obtener solares a un precio bajísimo, y no como ocurría antes que costaba más el terreno que la maquinaria. Si la garantía consiste en que habrá un gobierno honrado que administre honestamente los fondos del país, les decimos que sí.  Si la garantía consiste en que el producto de los impuestos no se lo van a robar, ni se lo van a llevar a Estados Unidos ni a Suiza, sino que se va a gastar en obras públicas, en el pago a los maestros, a los empleados públicos, a la asistencia social y a todos los servicios en general, les diremos que sí, que habrá dinero en el país, y dinero abundante, porque nadie se lo va a robar.
Antes, bajo la dictadura, se robaban el dinero, se lo llevaban para los bancos extranjeros; las reservas monetarias las agotaron, estuvimos a punto de que el peso fuese devaluado.  Incluso, tenemos que luchar enormemente para elevar las reservas monetarias, porque dejaron prácticamente agotadas nuestras reservas monetarias, y el peso iba a ser devaluado.
¿Qué hubiera ocurrido aquí si el peso hubiese sido devaluado?  Que se arruinaba todo el mundo, que todo el mundo perdía, perdía el comerciante, perdía el industrial, perdía el que tiene su dinero depositado en los bancos, porque el que hubiera tenido 10 000 pesos depositados en los bancos, si la moneda se devalúa, pierde 4 000 o 3 000 o 5 000 pesos.
¿Qué hizo la Revolución?  Vino con tiempo suficiente para salvar el peso; vino con tiempo suficiente para empezar una política de ahorro ; vino con tiempo suficiente para lanzar una consigna nacionalista de consumir artículos del país, de consumir artículos nacionales para ahorrar divisas y salvar a nuestro peso de una devaluación; vino con tiempo suficiente para aumentar la venta (INTERRUPCION EN LA GRABACION).
¿Se pueden quejar los industriales? ¿Se pueden quejar los comerciantes?  ¿Se pueden quejar los hombres de dinero? No se pueden quejar, porque la Revolución vino a salvar el peso cubano del desastre, la Revolución vino a salvar la moneda, la Revolución vino a defender la industria nacional, la Revolución vino a defender el consumo de los artículos del país, la Revolución vino a parar aquel torrente de oro que se marchaba a los bancos extranjeros; la Revolución, incluso, está cargando con todas las deudas pasadas, y las está cargando por no arruinar el crédito bancario, por no crear perturbaciones.
Si se quejan de la Revolución es porque quieren, si se quejan de la Revolución es porque son egoístas, si se quejan de la Revolución es porque son unos ingratos, si se quejan de la Revolución es porque son muy malagradecidos , porque la Revolución vino a prestarles a ellos tantos beneficios como al pueblo, porque la Revolución en definitiva les prestó a ellos más beneficios que al propio pueblo, porque el propio pueblo no tenía nada y, por lo tanto, no tenía nada que perder, y ellos tenían mucho y tenían mucho que perder, ¡y gracias a la Revolución no se han arruinado todos!  
Aquí se saben ya las “garantías” que tenía el capital con la dictadura: la garantía de que Batista, Papo, Morales del Castillo y compañía eran los dueños de todos los negocios que se establecían aquí, eran los dueños de todas las industrias nuevas que se ponían. Aquí nadie tenía oportunidades.
La Revolución, en cambio, le da oportunidades a todo el que quiera poner una industria, y no le pide dinero, ni le pide comisión, ni le pide que la lleve en el negocio.  Ningún funcionario del gobierno revolucionario va a exigirle a ningún comerciante dinero, ningún policía va allí a tomarse el café y a fumarse el tabaco gratis; ningún inspector se aparece ahora en las oficinas, en las fábricas, a extorsionar al industrial, ni a extorsionar a la administración, ni a extorsionar al comerciante.  Han vivido toda la vida la industria y el comercio bajo una plaga de inspectores rapaces que no hacían más que estar saqueando; han vivido toda la vida el comercio y la industria bajo una plaga de agentes llamados “del orden” que no hacían más que coger gratis y cobrarle barato aquí a todo el mundo.
Vino la Revolución a adecentar nuestras costumbres, a acabar con todos esos vicios. ¡Bien malagradecidos son si no lo reconocen, bien malagradecidos son si no la ayudan, bien inconscientes son si no comprenden que la Revolución ha traído para ellos tantos beneficios como ha traído para todo el pueblo!  
Y aun a los mismos a quienes la Revolución haya perjudicado, como son los dueños de edificios de apartamentos, es verdad que sus rentas pueden haber disminuido; pero también es verdad que hoy salen sus esposas a la calle y se les respeta ; también es verdad que hoy salen sus hijos a la calle y se les respeta, nadie se los tortura y nadie se los mata ; también es verdad que hoy viven en paz, en la seguridad de que no volverán los esbirros a sembrar el terror, no volverán los esbirros en horas de la noche a arrancar a los jóvenes del seno de sus hogares.
Es verdad que sus ganancias pueden haber disminuido, pero a cambio de ello viven sin miedo, viven en libertad, viven sin el temor de perder a sus seres queridos, porque el triunfo de la Revolución, el respeto y la libertad que la Revolución trajo para el pueblo, no solamente ha beneficiado a los hombres humildes, ha beneficiado también a aquellos que tenían recursos y que tenían con abundancia los medios materiales necesarios y más que necesarios.
Los beneficios que el más humilde obrero, los beneficios que el más humilde campesino recibió al ser recobrada la libertad, los recobró también, al mismo tiempo, el más rico de todos los ricos y el más pudiente de todos los pudientes; los beneficios de la Revolución los alcanzaron a ellos por igual.
Hay que ser demasiado egoísta, hay que ser demasiado insensible y hay que ser demasiado ingrato para no comprender que la Revolución los ha beneficiado a todos, que la Revolución los ha salvado a todos.  El hecho de que nosotros no hayamos estado dispuestos a seguir la rutina de los gobernantes anteriores; el hecho de que nosotros estemos convencidos de que nuestro deber es llevar los beneficios de la Revolución sobre todo a aquellos sectores que más lo necesitan, sobre todo a aquella parte del país que más olvidada ha estado, que más abandonada ha estado; el hecho de que la Revolución se preocupe de los pobres y de los humildes, de los campesinos, de los obreros, del negro, del niño analfabeto y pobre, de hacer escuelas, de llevar los beneficios materiales y espirituales a aquellos sectores del pueblo que han sido siempre olvidados por todos los gobiernos, no es razón para que nos pongan mala cara, ni es razón para que los intereses creados traten de llenarnos el camino de obstáculos; no es razón para habernos ganado el odio de unos cuantos porque les hemos privado, en sus ganancias, de unos míseros pesos.
La patria está por encima de unos pesos miserables, los derechos del pueblo están por encima de esos intereses, los derechos del hombre, como hombre, son mil veces más sagrados y mil veces más respetables que el exceso de ganancias de un sector minoritario del pueblo.
Yo no soy enemigo de los ricos, yo no soy enemigo de nadie; yo lo que soy es amigo de los humildes, amigos de los pobres, amigo de los sufridos y amigo del pueblo.  Enemigo de nadie soy, pero amigo de los que necesitan de nosotros sí soy. Yo no soy enemigo de las clases pudientes, yo lo que soy es amigo de los que nada tienen. Y, en definitiva, yo también pude haber sido rico y yo también pude haber sido pudiente; sin embargo, he renunciado gustoso a todo eso por dedicarme a esta que es mi vocación, y por dedicarme a esto que es mi sentimiento, y por dedicarme a esto que es mi deber.
Por lo tanto, yo creo que tanta obligación tienen los demás como yo; tanta obligación tienen...  (INTERRUPCION EN LA GRABACION)...  de esta tierra como yo.  ¡Y más obligación que nadie tienen aquellos que más que nadie han disfrutado de los frutos y de la riqueza de esta tierra!    ¡Más obligación que nadie tienen aquellos que son los únicos que han disfrutado de la patria!  Porque patria no hubo aquí nunca para el campesino que estaba pasando hambre; patria no hubo aquí nunca para el infeliz; patria no hubo nunca para aquel que, queriendo trabajar, no encontraba trabajo.
No se le puede decir al que pasó hambre que tenía patria. De la patria habrá disfrutado una parte del pueblo; pero de la patria no ha disfrutado todo el pueblo.  Nuestro principio es que de la patria disfrute todo el pueblo, nuestra justicia es que de la patria disfrute todo el pueblo.
No es que queramos volver pobre al rico, lo que queremos es que no haya ningún pobre que se acueste sin comer, lo que queremos es que no haya ningún cubano pasando hambre.  No es que combatamos la riqueza, lo que hacemos es combatir la miseria.  No es que combatamos la riqueza, sino que combatimos la pobreza.
Que haya ricos no nos importa, mientras hasta el más humilde cubano tenga comida y tenga casa y tenga ropa y tenga educación y tenga descanso.  No me importa que haya ricos con tal de que no haya cubanos pasando hambre, con tal de que no haya niños descalzos, con tal de que no haya niños analfabetos.  No hay derecho a que algunos aspiren para sus hijos los mejores colegios y las mejores universidades y los mejores zapatos y las mejores ropas, mientras sean indiferentes a los niños que no tienen ni casa, ni comida, ni escuela, ni ropa, ni zapatos, ni medicinas, ni nada, señores.
Lo que queremos es llevar la felicidad a aquellos que nunca han podido disfrutar de nada, a aquellos que nunca han ido ni a un cine, a aquellos que no saben lo que es un parque, a aquellos que no saben lo que es un juguete el Día de los Reyes, a aquellos que no saben lo que es una medicina o una patente cuando se enferman, a aquellos que no saben lo que es un pantalón nuevo, unos zapatos nuevos; a aquellos que no saben lo que es un maestro, lo que es un libro, lo que es un cine, lo que es un teatro.
Y si por querer esto, si por querer esto para unos cubanos que son tan cubanos como los demás, tan hijos de esta tierra como los demás, tan seres humanos como los demás, me odian, ¡pues que me odien!; si por eso me van a combatir, ¡pues que me combatan!  (EXCLAMACIONES DE: “¡No!”)  Yo no digo el pueblo, yo digo esos intereses creados que ya hace rato que están refunfuñando contra la Revolución, que hace rato que están intrigando contra la Revolución, que hace rato que están sembrando aquí el miedo.
Miedo no debe haber. ¿Miedo para qué? Y que no nos metan miedo con contracciones económicas, porque si al pueblo de Cuba no lo han asustado el hambre que ha sufrido, los palos que ha llevado y los fuetazos que ha llevado, ¡nada lo va a asustar!  
Así que esa es nuestra línea.  Si por eso —yo decía— esos intereses nos van a combatir y se van a retraer, pues que nos combatan y que se retraigan.
Nosotros tendremos siempre los brazos abiertos para los que quieran ayudarnos patrióticamente y honestamente; nosotros tendremos siempre todas las garantías para el que quiera ayudarnos patrióticamente, generosamente; nosotros siempre tendremos todas las consideraciones para los que quieran ayudarnos.  Oportunidades tienen todos los cubanos; oportunidades tiene aquí todo el mundo que sea honrado, todo el mundo que quiera servir a Cuba y que quiera servir a su pueblo; oportunidades tiene el rico como las tiene el pobre.
Yo espero que no cometan el error de combatir a la Revolución, porque combatir a la Revolución no es solamente hacerles daño al pueblo y a la patria, sino hacerse daño a sí mismo, hacerles daño a sus propios intereses.  Lo único práctico, lo único inteligente, es también en este caso lo único honesto y lo único patriótico: colaborar con la Revolución. ¡La Revolución tiene sus brazos abiertos para todos los cubanos, ricos o pobres, que quieran honradamente colaborar con ella!  
(DEL PUBLICO LE PREGUNTAN SOBRE LOS SOLARES.)  Los solares a plazos. ¿No saben de los solares a plazos?  Léanse la Gaceta Oficial cuando salga la ley.
(DEL PUBLICO LE DICEN ALGO.)  Pero no se apuren, que todo lo vamos a ir arreglando poco a poco, no se escapa nada.
(LE PREGUNTAN SOBRE LOS CAMINOS.) ¿Los caminos? ¡Cómo no van a hacerles los caminos!
Bueno, ahora que han transcurrido ya varias horas y que esta multitud ha mantenido una presencia tan firme y tan ejemplar, que se ha mantenido nutrida como al principio, vamos ahora al último acto, al desfile de los tractores.  Vamos ahora a ver desfilar los tractores y las maquinarias con que el pueblo está contribuyendo a la Revolución, vamos a ver desfilar ahora la “división blindada” de la reforma agraria.
Los compañeros han venido de todas partes, de todos los municipios con sus tractores y sus arados, tractores y arados que han sido adquiridos con la contribución de los hombres del pueblo, y van ahora a desfilar aquí en este acto.  Así que yo quiero que les abran un camino para que pasen.
FIDEL CASTRO RUZ

Fuente: http://www.cuba.cu/gobierno/discursos

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