julio 09, 2012

Discurso de Fidel Castro en la Asamblea de COA, celebrada en el Palacio de los Trabajadores (1959)

DISCURSO EN LA ASAMBLEA DE LA COA, CELEBRADA EN EL PALACIO DE LOS TRABAJADORES
Fidel Castro
[30 de Marzo de 1959]

― Versión taquigráfica de los oficinas del Primer Ministro ―

Compañeros:
En este local ya familiar para nosotros, el teatro de la CTC, que con el tiempo se va quedando chiquito por la cantidad de obreros que cada vez que se convoca a una asamblea vienen aquí; en este lugar ya familiar nos hemos ido reuniendo con distintos sectores obreros.  Siempre nos ha convocado aquí algún asunto de interés, de mayor o de menor interés.
La primera asamblea fue aquella asamblea con los delegados de los sindicatos de los centrales azucareros, asamblea que fue memorable, porque considero que aquel día recibió la Revolución uno de los respaldos más firmes, más abnegados y más patrióticos que haya recibido hasta ahora:  el que recibió de aquellos delegados que representaban a 500 000 obreros azucareros, y que gracias a su respaldo la Revolución obtuvo una de sus primeras y mayores victorias:  la realización de la zafra; porque todo el mundo temía por la zafra y muchos en el extranjero pensaban que en Cuba no habría zafra, muchos daban por perdida aquella zafra, y, gracias a los sacrificios y gracias al respaldo de los obreros azucareros, la zafra ha ido marchando y ya se ha producido una considerable cantidad de azúcar.  Ya nadie teme a que no haya zafra.  Ya desapareció todo aquel miedo respecto al fracaso de la zafra, que hubiera sido por lo menos un golpe muy rudo para la Revolución, puesto que del azúcar proviene el volumen mayor de divisas, y habíamos recibido el poder con la reserva de divisas virtualmente agotada.
Por eso, el haber salvado la zafra en medio de la convulsión revolucionaria, fue una de las mayores victorias de la Revolución.  Y tan cierto es que hasta los enemigos que tiene la Revolución que hablan de contracciones y de inhibiciones, tan convencidos estuvieron de que la zafra iba a ser una realidad, que el precio del azúcar comenzó a bajar, precisamente como consecuencia de esa seguridad (UN NIÑO COMIENZA A LLORAR).  ¡Ese es rebelde también!  
Así que el precio del azúcar bajó tan pronto que el mundo tuvo seguridad de que en Cuba, a pesar del proceso revolucionario y de aquella lucha violenta que tuvo que librar el pueblo para derrocar la tiranía —porque no se cayó por casualidad ni mucho menos el dictador Batista—, habría zafra, y esa seguridad trajo como consecuencia alguna baja en el precio.  Pero a aquella siempre la consideraremos como una de las más grandes victorias de la Revolución.  Por eso, aquella asamblea tuvo para el país una enorme trascendencia.
Posteriormente, pocos días después de la rebaja de las tarifas telefónicas y de la intervención en la Compañía de Teléfonos, se produjo otra asamblea con los obreros telefónicos, que habían tenido una conducta ejemplar, por cuanto, desentendiéndose de todo interés personal, los obreros telefónicos respaldaron entusiastamente la intervención y respaldaron la rebaja de las tarifas, a pesar de que aquellas altas tarifas hubieran podido representar la ilusión de mayores salarios.  No pensaron en eso, sino que pensaron en la conveniencia del pueblo, pensaron en la conveniencia de la Revolución y del país y fueron los más entusiastas defensores de la rebaja de las tarifas.  Prestaron todo su entusiasmo, hicieron posible tareas que parecía iban a requerir más tiempo y han puesto en práctica... (VUELVE A LLORAR UN NIÑO).  Eso es para que vean cuánto puede uno cuando grita.  ¡Es un chiquito, y él solo tiene entretenido aquí a todo el mundo!  ¿Qué dice?  ¡Tráelo!   Denle una chupeta.  Es que los muchachos son los que van a recibir mayores beneficios de la Revolución.
Les explicaba cómo los obreros telefónicos estaban haciendo posible el plan de ampliación, con un ritmo mucho mayor del que llevaba antes de la intervención.
Y así, nosotros, en cada ocasión, en cada circunstancia, siempre que nos hemos dirigido a los trabajadores, hemos encontrado en ellos una gran comprensión y hemos encontrado siempre un entusiasmo grande, un espíritu honrado, de sentimientos revolucionarios, de sentimientos cívicos, de sentimientos patrióticos.  Así que cada una de estas asambleas, cada una de estas reuniones, ha tenido un saldo muy positivo para el país y un saldo muy positivo para todos.  ¿Por qué?  Porque estos son tiempos difíciles.  Son tiempos difíciles, porque acabamos de surgir de esa noche de la tiranía, de los 7 años que llevó el país en medio de la peor opresión, de los 50 años que llevó el país en estado de semirepública o de república, más que de república de colonia, y de los cuatro siglos que llevó Cuba, desde la conquista hasta hoy. ¿Fueron cuatro siglos de qué?  Cuatro siglos de explotación, de abusos e injusticias, que se iniciaron con la matanza de los indios, continuaron con la esclavitud y que han dejado en nuestra patria también raíces negativas al lado de los aspectos positivos que nos ha ido dejando nuestra historia.
Y al nacer el país a una vida nueva, las pasiones exaltadas, la confusión general, la euforia del triunfo, la creencia —por lo general, la humanidad tiende a ilusionarse fácilmente, el hombre tiende a ilusionarse fácilmente, incluso muchas veces inventa las ilusiones como una solución a su escepticismo, a sus preocupaciones y a sus penas—, eran momentos de agitación, además, en medio de un Estado nuevo que surge, con hombres nuevos, con una administración nueva, con una revolucionarización de las instituciones, de las ideas y, naturalmente, esos son tiempos difíciles; es el momento en que todos quieren resolver sus problemas, y los quieren resolver al mismo tiempo, y es imposible. Sin embargo, ¿quién puede establecer en ese momento un orden?  Cada cual cree que lo suyo es lo más importante.  Eso pasa lo mismo con los individuos que con los sectores, y es algo que uno, cuando está situado en el eje de la vida de un país, pues lo puede apreciar perfectamente por experiencia personal.  Solamente el tiempo, el esfuerzo, la constancia y la buena voluntad, pueden ir encauzando todos los problemas en un orden en que necesariamente han de resolverse.
Hemos logrado ir adelante gracias a la magnífica y a la extraordinaria colaboración del pueblo; los problemas más difíciles los hemos ido resolviendo gracias a la extraordinaria y a la magnífica colaboración del pueblo.  En definitiva, el triunfo de la Revolución no es el triunfo personal de nadie aquí, el triunfo de la Revolución es el triunfo del pueblo.  Los frutos que ella lleve, serán frutos para el pueblo; ningún privilegio se beneficiará con la Revolución ni creo que ningún privilegio sobreviva a la Revolución.
Muchas cosas tendremos que ir resolviendo. Si pudiera ser obra de una semana, pues sería formidable para ustedes y para nosotros: para ustedes, porque todos los problemas estarían resueltos en una semana, y para nosotros, porque trabajaríamos una semana y descansaríamos el resto del tiempo .
Les decía que los problemas los habíamos resuelto o los íbamos resolviendo gracias a la buena voluntad que la mayor parte del pueblo ponía en resolverlos, como hacemos nosotros.  A nosotros no nos interesa otra cosa que cumplir con este difícil deber como es el tratar de ir braceando en ese mar de problemas que hay, que vienen de atrás.  Porque lo bonito de todo esto es que todos los problemas que tenemos ahora vienen de atrás; los demás los posponían, los preparaban, los gestaban de alguna manera.  Uno no se explica cómo han llegado hasta aquí.
En cierto sentido, la reacción del pueblo de Cuba ante el fenómeno de la tiranía, fue la reacción de un pueblo que, como un organismo, se veía amenazado de muerte; y como todo organismo, frente al peligro de la desaparición o de la muerte, reacciona, y todos los elementos luchan por tratar de salvarlo, así luchó el pueblo de Cuba.
Es por eso que se puede decir que en el momento en que estaba ya llegando al borde del abismo, la nación tiene una reacción grande, tremenda y, a pesar de todos los factores que conspiraban contra la Revolución —porque la Revolución obtiene la primera parte de la victoria que fue el derrocamiento de la tiranía y la conquista del poder—, la nación se salva; porque cuando uno observa un poco cómo estaba todo, y ve que todo el dinero de la república se lo habían llevado, que todos los negocios que promovieron esos organismos de crédito fueron negocios para el grupo de amigos de la dictadura; cómo las reservas monetarias de 500 millones de pesos que había de garantía en la moneda —porque la moneda tiene una reserva que es su garantía, que si desaparece esa reserva, la moneda se cae—, de 500 millones habían dejado 70 millones, estaba ya muy por debajo del límite que marcaba la ley.
Naturalmente, esa es una cuestión fundamental, porque nosotros, con 500 millones de pesos oro en reserva, pues podíamos hacer un plan de 500 o 600 millones de pesos en industrias para industrializar al país inmediatamente, porque la industria requiere la adquisición de maquinarias.
Las maquinarias no se fabrican aquí, hay que comprarlas fuera, y hay que pagarlas con la reserva de divisas con que se cuenta.  Si no se cuenta con reserva de divisas, no se puede comprar maquinarias.  Así que, nosotros, de disponer de la reserva que había en aquel tiempo, hubiéramos podido iniciar un plan de industrialización con recursos propios, sin necesidad de que nadie nos prestara dinero ni que viniera dinero del extranjero; podríamos haber iniciado un plan enorme, porque una parte de las inversiones industriales es en maquinaria, pero otra es en mano de obra y terrenos, y con 300 millones de pesos de exceso de reserva, hubiéramos podido hacer un plan de 500 o 600 millones, para un plan de industrialización de inmediato.
Lejos de eso, nos quedó el doble problema de tener, por un lado que engrosar de nuevo las reservas, que están por debajo del límite de la ley, y, por otro, la obtención de reservas o de capitales para el plan de industrialización:  dos tareas.  Así que todo el esfuerzo y toda la consigna de consumir artículos del país, de abrir de nuevo las destilerías para que una parte de la gasolina que se gasta aquí sea alcohol que se produzca en el país , todo ese esfuerzo tiende a ahorrar reservas desesperadamente; todo el esfuerzo que hacemos y el sacrificio que les pedimos a los trabajadores azucareros para hacer la zafra, tenían el propósito de traer al país la mayor cantidad de divisas posibles, porque tenemos esa doble tarea:  aumentar las divisas y disponer de capital para la industrialización. 
Es que cualquier medida...  El problema de los autobuses, por ejemplo, que hay que comprar de inmediato 200, 300 o 400 carros, porque todavía no se pueden fabricar aquí, porque la producción aquí —que los hacen muy buenos — está todavía muy limitada.  Eso implica un gasto de tantos millones de pesos que se extraen de la reserva.  La maquinaria agrícola que tenemos que comprar...  Claro que ahora no compraremos Cadillacs, ya no se comprarán Cadillacs aquí.  Lo que antes se gastaba en Cadillacs lo gastaremos ahora en tractores para la agricultura.
Así que es bueno que el pueblo, al que nunca le han dado cuenta de estos problemas, porque, o no les ha importado a los gobiernos, o no han querido darle cuenta al pueblo de estos problemas, o se lo han escrito en un lenguaje muy complicado, pues es conveniente que el pueblo vaya conociendo de todas estas cuestiones, para que siga con el mayor acierto posible toda la estrategia y toda la línea de la Revolución; porque, como decía, la Revolución es la que puede redimir al país, la que redimirá al país, y, en definitiva, la que librará al país de todas las lacras, de todos los vicios y de todos los males o, por lo menos, de una gran parte de los males que nos vienen de atrás.
Y, como la Revolución tiene sus enemigos —los tuvo en aquella etapa, los tiene ahora y tratarán de que tenga en el mundo el mayor número de enemigos posible—, las campañas que se hacen son para ir a decirle allá, a lo mejor, al infeliz campesino de cualquiera de esos pueblos de América, a esos campesinos que en otros lugares de América viven pasando hambre en interminables latifundios, a los obreros que ganan salarios de miseria, ir a decirles allí que nosotros somos malísimos, que somos unos crueles, que somos unos vengativos y que nos estamos vengando aquí de los pobrecitos esbirros y criminales de guerra; que somos unos despiadados, unos incivilizados y unos inhumanos.
Toda esa política tiende a debilitar a la Revolución Cubana en la simpatía y en el respaldo que pueda tener en el resto del mundo.  Porque, claro, hay poderosos consorcios, grandes recursos económicos, la oligarquía internacional, los reaccionarios de todas partes del mundo, que le tienen terror a las revoluciones, porque ponen fin a muchos abusos, a muchos privilegios, y no quieren que el ejemplo de la reforma agraria, etcétera, etcétera, pueda ser imitado.  Por eso las calumnias contra Cuba encuentran eco, y en la gente incauta penetra.
Hay revistas, como esa revista “Time”, que se dedica sistemáticamente y tenazmente a hacer una campaña contra la Revolución, sembrando allí la duda en la opinión pública de Estados Unidos, en los campesinos, en los obreros, en los estudiantes, en los profesionales, en fin, en todo el conjunto que integra la parte mayoritaria de la opinión pública, donde había y hay mucha simpatía por la Revolución Cubana, tratando de sembrar allí también la duda y la cizaña contra la Revolución.  Pero, realmente, yo espero que los obreros norteamericanos nos ayuden a hacer la reforma agraria y contribuyan también con su centavo, su medio, su peso también, para la reforma agraria, para comprar tractores.
Así que la Revolución Cubana es una obra difícil, no es de ninguna manera una obra fácil; nadie debe pensar que sea fácil.  La Revolución no debe creerse nadie que es una tarea fácil; si nos creemos que es una tarea fácil, estaremos incurriendo en un gran error.  Por lo general, cuando uno cree que las cosas son fáciles, resultan más difíciles.
Siempre nosotros, durante la guerra, pintábamos las cosas como eran; y, cuando venían las ofensivas grandes, no andábamos ocultándole a nadie la realidad; todo el mundo preparado siempre, consciente de los grandes peligros, pues tomaba las medidas y se adoptaba la conducta que debía adoptarse en los momentos difíciles.  Y ese era un factor esencial para superar los peligros.
El pueblo de Cuba, los obreros, todo el pueblo, tiene que estar muy consciente de que la Revolución es una tarea difícil, porque no se destruye impunemente una serie de privilegios, no se viene abajo impunemente todo un sistema político y toda una serie de costumbres que han imperado a lo mejor durante siglos; incluso, las mentes no se cambian de un día para otro. 
Ahora es cuando mucha gente empieza a comprender que la Revolución es un problema no solo de leyes, no solo de cambio de hombres, sino de cambio de mentalidad; hay mucha gente que empieza a darse cuenta ahora de que la Revolución es un cambio de mentalidad y ya empiezan a ver las cosas distintas .
Por eso, esta es una asamblea más, también de interés, una asamblea de otro sector importante, del sector de transporte urbano, o del más numeroso de los sectores del transporte urbano, que son ustedes.  Y así, espero tener la oportunidad de irme reuniendo con todos los sectores.  También he tenido una reunión con los ferroviarios.  Algunas veces las reuniones se producen cuando hay un problema, otras veces se producen sin que haya problemas, porque, en general, todos los sectores tienen demandas, todos los sectores tienen problemas, y nosotros queremos irlos atendiendo a todos.
Además, el problema del transporte es uno de los que nosotros tenemos aquí grandes.  Aquí hay distintos problemas.  Por ejemplo, el del tabaco es uno de los problemas que tenemos que estudiar bien y resolver bien; es otro sector de la industria complicado, porque viene desde la siembra hasta la venta del producto elaborado.
El problema del transporte, en general en el país, es uno de los problemas más complejos y más arduos que tenemos.
Las compañías de transporte por carretera, una buena parte están intervenidas por ser bienes malversados, porque se trató de hacer allí un monopolio, porque el hijo de Batista y toda aquella gente tenían negocios allí y eso era el desastre, ¡el desastre!
En los ferrocarriles es lo mismo.  Esa es otra rama del transporte que hay que estudiar y donde hay que resolver muchos problemas, donde, incluso, les habían rebajado el salario a los trabajadores, y es otra empresa que resulta incosteable. 
Peor todavía es el problema de la Compañía Cubana de Aviación   —que ahora sí es cubana, porque ahora también forma parte de los bienes recuperados.  Esa era otra constelación de negocios, que tenía los campos de aviación, por un lado; por otro lado, tenía los aeropuertos, que pertenecían al mismo trust, pero que eran compañías distintas.  Y se daba el caso allí de que a los aviones de las compañías americanas les cobran 45 pesos por cada vuelo y a los de la compañía cubana les cobraban 80 pesos, el doble.
Yo todavía no tengo conocimiento exacto de a qué obedecía esa mecánica.  Me imagino que, en parte, por un lado eran incosteables unas empresas; les pedían el dinero al Estado para mantenerlas en funcionamiento, y obtenían ganancias por las otras compañías:  los aeropuertos, las zonas de parqueo, el trust fosforero.  No ganaban por un lado, pero ganaban por el otro.
Y así tenemos nosotros ahora que reponer los aviones; aviones que, naturalmente, en competencia internacional, tienen que competir con compañías poderosísimas, subsidiadas por los gobiernos, que renuevan los aparatos.  Cuando un avión cuesta un millón, dos millones de pesos y está en servicio determinado número de años, no se puede volver a poner aquí en las líneas interiores, y viene a resultar anticuado en un momento dado, y resulta costosísima la compañía, de donde viven también miles de personas, de obreros, a los que, por cierto, les descontaban un 10% de los sueldos para hacerlos accionistas de la compañía.  No los hacían accionistas del trust fosforero ni del parqueo, los hacían accionistas de una compañía donde no había ganancias de ninguna manera, lo cual era una burla a los salarios.
Así ahora tenemos el transporte por carretera, los ferrocarriles, los metropolitanos —que vienen dando tumbos desde la época de los tranvías hasta ahora—, que eran antes los tranvías, después fueron autobuses modernos, ahora son metropolitanos, y son bienes que hay que recuperar también, porque hicieron unos negocios ahí rarísimos con todo eso, los vendieron, los compraron.  Como hicieron con la Rayonera; ustedes saben lo que hicieron con la Rayonera.
La Rayonera no vendía, resultaba una empresa incosteable, no resultaba económica —aunque ahora se está empezando a mejorar, y tengo entendido que aquí están surgiendo una serie de posibilidades—, pero lo que le hicieron al Estado fue que a los dueños aquellos no les resultaba económico y le vendieron al Estado la Rayonera en 16 millones de pesos, y entonces se la volvieron a arrendar a los que la tenían, y así, cada cosa.
El central Australia lo compra el Estado, con tierra y todo, y se lo arrienda a una compañía de amigos de la dictadura, esos señores que controlaban aquí el Instituto del Azúcar.  Entonces resultaba que había 300 colonos en tierras del Estado, pagándoles a particulares, porque el Estado les había concedido el arrendamiento.  Y así por el estilo.
Bueno, pero eso no tiene mucho que ver con el transporte, aunque hay una compañía chiquitica de transporte que cayó también:  la línea que va del Australia a la Bahía de Cochinos, una línea de guaguas, que no son de gomas, sino de raíles y que les llaman guaguas allí también, y las incluyeron también en el negocio.
Estoy hablándoles nada más del transporte.  Los barcos ustedes saben cómo estaban —los barcos forman parte del transporte—, los “Bahía” los tenían arrendados también a una compañía.  Compraron unos barcos, allá están todavía por Canadá, vamos a ver si conseguimos que nos los manden, que nosotros no tenemos la culpa de las cosas que hicieron Mujal y aquella gente.
Esto es sin hablar del retiro, porque el retiro del transporte es ya cosa aparte.  Con decirles que hay 15 000 jubilados del transporte y que, además, cuestan un millón de pesos al mes.  ¡Oigan eso!  ¡Cómo iba el porvenir de los obreros del transporte, y qué vejez iban a tener aquí los obreros del transporte!
El problema más grave que tenemos en Cuba es la falta de empleo, pero aquí nadie quiere retirarse; nadie quiere retirarse, porque, si es obrero azucarero, le van a pagar 25 pesos, 30 pesos (DEL PUBLICO LE DICEN: “¡Caja única, Fidel!”).  La Caja Única, por lo menos en todos los sectores que están arruinados, hay que hacerla.  Hay que hacer algo por resolver esos problemas.
Yo decía que el problema más grave que tiene la Revolución es el problema del desempleo, darle trabajo aquí a la gente, cosa que no se consigue en 24 horas; a veces está el dinero y ni siquiera se puede empezar a trabajar enseguida, porque hay que adquirir equipos, organizar la administración, y, en fin, es un trabajo que requiere tiempo, hasta cuando hay los recursos.
Una de las vías mediante las cuales ingresa en la producción la gente nueva es ocupando los puestos de los que se jubilan.  Pero aquí nadie se quiere retirar, porque los sectores más numerosos tienen las Cajas de Retiro arruinadas; cuando no las saquearon, hicieron cuanto negocio les vino en ganas; se fue en burocracia, en inspectores, se burló el pago.  En general, era un verdadero desorden y un relajo el que había con el problema de los retiros, y el resultado es que nadie se quiere retirar, y al no quererse retirar nadie, pues nadie ingresa a ocupar el puesto del que se retira, o del que tenía que retirarse.
Ese es uno de los problemas que tenemos.  Una de las soluciones que tenemos que buscar es el problema de las Cajas de Retiro, para que el que ya haya trabajado 20, 25 o 30 años, que tiene derecho a un descanso, reciba un descanso bien remunerado, y puedan nuevos hombres jóvenes ingresar en el trabajo, que será una de las vías para obtener trabajo.
Pero calculen ustedes qué cantidad de millones, cuando solamente en el transporte tenemos 15 000 obreros retirados y hace falta un millón de pesos mensuales.  Y ahora el que tiene que cargar con todos estos gastos, cuando no hay ingresos, es el Estado, el Estado al que dejaron arruinado, sin reservas monetarias.  Suerte que las recaudaciones van aumentando con motivo de que no se pierde dinero, los impuestos se cobran, y hay muchos problemas que se van resolviendo.
Hay aumentos de ingresos, pero con una cantidad de obligaciones enorme, porque, entre otras cosas, a los empleados públicos que ganaban 57, 60 y 75 pesos, había que aumentarles; a los maestros públicos con sueldos pobres.  En general, las obligaciones que tiene el Estado, todos los pueblos que necesitan infinidad de obras, hay que construir una cantidad de escuelas, de campos deportivos, hospitales y dotarlos de medicinas, equipos, personal, y lo que aumenta de ingresos no es nada comparado con las necesidades que hay.
Usted va a cualquier pueblo y se encuentra que le piden la oficialización de tal escuela, porque los muchachos pobres están pagando 12 pesos al mes; que les hagan tal hospital, que les hagan tal carretera, que alcantarillado, que agua, que tal camino; que hay que hacerles casas a los campesinos, que hay que hacerles casas a las familias humildes, en fin, atender infinidad de necesidades.
A veces se nos presentan casos en que nos dicen: “Bueno, pudiéramos resolver este aumento si quitáramos los impuestos que hay.” Pero, uno dice: “Bueno, quitamos los impuestos, ¿y con qué les pagamos a los maestros, y con qué hacemos las obras públicas, y con qué hacemos todos esos gastos?” El Estado necesita, claro está, aunque el cuadro sea ese.  Sin embargo, nosotros estamos optimistas: aumentan las recaudaciones, tenemos puestas nuestras esperanzas en todas las ventajas que la reforma agraria y otra serie de medidas revolucionarias van a ir llevando al país.
Naturalmente, la Revolución no es un paseo ni es un parto fácil.  La Revolución es un parto difícil, y muchas de sus leyes producen lesiones, y muchas de sus leyes tienen sus inconvenientes, como ha pasado, por ejemplo, con el problema de las construcciones, y no desde que se hizo la ley.  Aquí casi todas las compañías esas, un montón de edificios y muchas obras, eran de gente que salió huyendo de aquí el día Primero de Enero.  Y las otras se paralizaron, esperando las leyes revolucionarias, y las leyes revolucionarias pues ya se sabe qué línea han seguido con respecto al problema de los alquileres.
Naturalmente que yo sé perfectamente que el número de obreros que van a trabajar en la construcción va a ser el doble, cuando todo el mundo se de cuenta de la Ley de los Solares, de lo barato que se han puesto; los organismos de crédito facilitando créditos para construir casas propias, las obras del Instituto de Ahorro y Viviendas, las de Obras Públicas, todo eso, van a trabajar el doble; pero eso no se consigue en un día ni en dos, y, mientras tanto, una semana, 15 días, 20 días sin trabajar, para los obreros de la construcción, son 20 días de aprietos y 20 días de sufrimiento, y a veces eso puede prolongarse un mes, o dos, o tres.
Así que, en algunos aspectos, textileros, alcoholeros y todo eso, hemos ido ganando; pero en otros órdenes, los obreros han estado sufriendo las consecuencias de la contracción.  Sin embargo, como yo le decía a un compañero, a través de Obras Públicas lo que tenemos es que duplicar, triplicar las obras, que esa es la política que estamos siguiendo:  hacer el gasto que sea necesario para darles empleo a esos obreros, mientras las construcciones se estimulan mediante esas mismas leyes:  los créditos a bajos intereses, los solares baratos, las industrias nuevas que se van a establecer y que necesitan edificaciones, las construcciones del Instituto de Ahorro y Viviendas; mientras todo eso llega, pues irles aliviando la situación.  Esas son las medidas, porque lo único que no se puede hacer es echar atrás la Ley de Alquileres, naturalmente.  Y, desde luego, esos edificios que están paralizados tienen que terminarse, porque si no se terminan, Obras Públicas construye los edificios esos, no hay problemas.
También aquí hay otra cosa con la que nosotros le pudiéramos dar trabajo a miles de obreros, por lo menos en unos días, o en unas semanas: el problema de pintar las fachadas de las casas, todos esos edificios viejos pintarlos, porque aquí hay fábricas de pintura cubanas, y buena pintura, y hay muchos obreros que quieren pintar.
Ya el otro día hablé de que debiéramos pintar todas las fachadas, porque La Habana repugnaba de lo sucias que estaban todas las fachadas.  Nadie se preocupaba.  Yo decía que no queríamos hacer una ley, que mejor que una ley era la colaboración entre el inquilino y los dueños; ya hicimos la Ley de Alquileres, pues que los inquilinos pongan el trabajo y los dueños pongan la pintura, o los dueños pongan el trabajo y los inquilinos pongan la pintura.  Pero, sencillamente, hay que pintar todas las fachadas viejas, y si las fachadas viejas no las pintan, tendremos que hacer una ley sobre las fachadas, para que pinten todas las fachadas.  Que La Habana se vuelva nueva, porque con una Revolución nueva, una república nueva, una mentalidad nueva, no podemos tener unas casas viejas.  Aquí hay que cambiarlo todo, hasta las fachadas de las casas, y que las pinten bien, que las pinten bien.
Además, el turismo nos conviene, hace falta que vean una Habana, y todas las ciudades —digo Habana, Matanzas, Pinar del Río— relucientes, nuevas, que se vistan de nuevo también, porque eso es lógico.  Y, además, sobre todo, porque momentáneamente, mientras las construcciones y todo recobren su ritmo a través de Obras Públicas, del Instituto de Ahorro y Viviendas, de las construcciones particulares, de casas propias, vamos aliviando, sirven como de remedio; en tanto todo en el sector de la construcción recobra su ritmo, que va a ser mucho mayor que el de antes, eso se lo aseguro, y van a trabajar muchos más obreros de los que trabajaban antes en las construcciones.  Y algunos, como los de Obras Públicas, están ganando ya hoy, a través de la equiparación, lo mismo que ganaban los obreros en las empresas particulares, porque se hizo el aumento para esos trabajadores.
Así que tenemos todos que colaborar, y esta es una de las medidas: los inquilinos y los dueños.  Que no haga falta una ley para pintar las fachadas de las casas.  La CTC también hay que pintarla, ¿no?  Ya están pintando la CTC.  Vamos a ver qué cuadras son las que primero se pintan.
(DEL PUBLICO LE PIDEN PINTAR LAS GUAGUAS.)
¿Las guaguas?  Pero las guaguas están pintadas; yo he visto un montón.  Yo digo que están pintadas de letreros, porque a cada rato me encuentro un ómnibus por ahí que dice: “Queremos ómnibus nuevos.”  He visto un montón de letreros por ahí en las guaguas, pintadas, letreros revolucionarios, de todo he visto yo.
Les estaba explicando en términos generales la situación y los problemas que el Gobierno Revolucionario tiene que ir resolviendo, y que solo puede ir resolviendo con la ayuda del pueblo.
Ustedes constituyen una parte importante del sector del transporte.  Nosotros tenemos, entre los mil problemas del transporte, el problema del transporte urbano, el de los autobuses y el de los Ómnibus Aliados.
Los autobuses los vamos a recuperar; ya se han restablecido los obreros, pero, trabajan un día.  La cuestión es que tenemos que comprar por lo menos 400 vehículos nuevos para darles trabajo durante toda la semana, porque en realidad hay demanda de transporte.
El problema de los ómnibus, ya se sabe que tendrá el Estado que cargar con ese problema.  Aquí hay una cosa muy curiosa —yo no sé si ustedes han visto—:  no quieren que el Estado se meta en nada mientras un negocio anda bien, mientras hay ganancia; ahora, cuando se arruina el negocio, cuando es incosteable, el Estado es el que tiene que cargar con el “muerto”.  Entonces sí es el Estado el que tiene que resolver, pagar y hacer todas las cosas.  Mientras el negocio es próspero, no, que el Estado ni mire; pero cuando el negocio es incosteable, es el Estado quien tiene que cargar con ese negocio y es el que tiene que llevarlo adelante.
Ahora nosotros, después de todos los traspiés y de todas las idas y venidas de los antiguos tranvías, que hoy son metropolitanos, el Estado, pues, tendrá que atenderlos.
Y, en definitiva, el Estado, con el transporte, con los ferrocarriles, con el transporte urbano, con la aviación y con la propia marina mercante, tendrá que disponer de una cantidad determinada de millones todos los años para sufragar ese servicio; servicios públicos incosteables en una parte, pues tendrá que ir atendiendo esos servicios y disponer en el presupuesto todos los años una cantidad; dinero que, desgraciadamente, tenemos que quitarlo de las escuelas, de hacer más edificios de orden público, más carreteras, porque es un dinero que cuando se tenga que invertir en eso hay que sacarlo.  Por eso tenemos que hacer un estudio de todo el transporte, tratar de organizarlo lo mejor posible, para que el Estado lo que tenga que invertir en eso sea lo menos posible.
Nosotros necesitamos de todos los obreros del transporte, en general, una colaboración máxima; la necesitamos también, pues, entre otras cosas, nosotros tenemos que resolver el problema del retiro del transporte, que es el retiro de todos ustedes, es la seguridad que todos ustedes van a tener de que algún día podrán contar con un sueldo y descansar.  Así que ese es otro problema de los que tienen que resolverse.
Ya hay una comisión de ministros encargada del estudio del transporte en general, medidas que se van a tomar todas en beneficio del transporte en general, de los servicios, del público, y sin sacrificar nunca a los trabajadores.
Ahora mismo yo sé que una de las demandas del público es el problema del costo del transporte.  En general, el público, entre otras cosas, desea que se abarate el problema de los pasajes.  No nos hemos atrevido nosotros ni siquiera a ofrecerlo, porque sabemos cómo está el transporte en general (DEL PUBLICO LE DICEN ALGO).  Pero si pudiera ser más barato, pues la gente lo preferiría (DEL PUBLICO LE HABLAN).  Pero no debemos nunca hacer ese planteamiento, porque también la compañía eléctrica te dice, y la de teléfonos te dice que los teléfonos son los más baratos del mundo, y la otra lo dice también.  Así que el problema de nosotros es que siempre que podamos servir al pueblo debemos servirlo, porque parte del pueblo son los hermanos de ustedes, las esposas de ustedes, los hijos de ustedes, esos también tienen necesidad del servicio .
Miren, ¿quieren que les diga una cosa?  Si hubiera estado bien organizado se hubiera podido prestar más barato el servicio, ¿qué les parece?  ¿No dicen que hay filtraciones en la compañía?  (EXCLAMACIONES DE: “¡Sí!”)  ¿No hay grandes deficiencias a pesar de que se paga tanto?  (EXCLAMACIONES DE: “¡Sí!”)  Pues si no hubiera habido deficiencias, se hubiera podido pagar menos, ¿qué les parece?  (DEL PUBLICO LE HABLAN.) Bueno, pero ya hubo rebaja de alquileres también.
Lo que les quiero decir con esto es que ha sido una demanda que nosotros ni siquiera hemos querido prometer, no hemos querido tocar.  ¿Por qué?  Porque sabemos cómo está el transporte en general, y la tarea que hay que hacer de inmediato en el transporte es una reorganización general; la solución de los problemas, no solo del servicio, sino de las jubilaciones y los problemas sociales que confronta el transporte.  Eso, primero que nada, y evitar que el Estado tenga que cargar con nuevos gastos, que, en definitiva, tendría que sustraerlo también de otros servicios.  El problema es que no me he atrevido ni a tocar eso, pero lo que queremos es resolver el problema del transporte.
Entre otras cosas, esta reunión, forma parte del esfuerzo que tenemos que realizar en ese sentido, esta reunión con los obreros de Ómnibus Aliados.  Ahora vamos a entrar en el problema más concretamente.  Aquí, esto es un sindicato; yo tengo hoy que hablar claro aquí, ¿verdad?  (EXCLAMACIONES DE: “¡Sí!”)  Vamos a hacernos las críticas que tengamos que hacernos aquí, ¿verdad? Si no supiera que estoy entre un grupo de trabajadores revolucionarios, pues tendría yo preocupación; pero les voy a decir muy sinceramente —y lo dije el día del desfile—, que desde aquel día todavía simpatizaba yo más con los obreros de Ómnibus Aliados; sinceramente simpatizo.  Es vieja la relación de nosotros con los Ómnibus Aliados.  Cuando aquellos problemas de la universidad y del transporte, siempre los obreros de Ómnibus Aliados colaboraron con los estudiantes en todas aquellas luchas, es la realidad, siempre colaboraron.
Muchas veces trataron de oponerlos, tratando de despertarles intereses egoístas, y nunca los obreros de Ómnibus Aliados respondieron a esas tentaciones o a esas sugerencias egoístas.  Siempre colaboraron allí, dejaban el ómnibus en la Universidad y se iban para su casa.  Así que esa es la verdad.  Y, actualmente, en la etapa revolucionaria, a raíz de las huelgas y de los distintos movimientos, ¿cómo respondieron siempre los obreros del transporte, los obreros del transporte que asesinó la dictadura, los obreros que fueron golpeados, perseguidos y ametrallados?
¡Y de atrás ni se hable!  De atrás, recuerdo aquellos tiempos en que andaban a pistoletazos, en otros tiempos, antes del 10 de marzo, a pistoletazo limpio con los obreros, y a tiros, conquistando los sindicatos a punta de pistola, y líderes obreros que eran unos pistoleros; líderes obreros que se querían imponer allí a punta de pistola y vivir de guapos también.  Eso lo sabemos, y por cierto, esos tiempos no van a revivir aquí.  Yo les digo a ustedes que más guapo que el pueblo no hay nadie aquí; más guapo que el pueblo no hay, porque el pueblo se fajó con todos los guapos juntos y con todos los matones juntos. Y a los que crean que habrá alguna época en que vuelva a imperar aquí alguna vez la fuerza, la pistola y todo eso, los espera el Castillo del Príncipe, con todos los “honores” allí.
El problema, eso sí, es que aquí ni la politiquería, ni la demagogia, ni el pistolerismo, nada de eso, aquí nos hablaremos siempre así, honradamente, y analizaremos los problemas con honradez y con sinceridad.  ¿Que podrá haber alguno que otro que no sea honrado?  Yo sé que la mayoría lo es, y eso es lo que me basta y lo que me interesa.
Así que el problema es que aquel día, entre los obreros, los que más se caracterizaron por su entusiasmo allí, fueron los obreros de Ómnibus Aliados.  Allí desfilaron unos 34 tractores con sus conductores (LE DICEN QUE SON 82 TRACTORES PORQUE VAN A DAR UNO POR RUTA Y SON 82 RUTAS).  Bueno, ¿pero ustedes me están contando los de toda la isla o los de La Habana? ¡Ah!, pues me alegro; yo pensé que eran 34, y estaba asombrado.  ¡Así que son ochenta y dos!  ¡Ochenta!  ¡Figúrense! 
Yo lo que sentía era que no siguieran con tractores y todo a arar ya, porque los manejaban de lo más bien.  La verdad es que el problema que tenemos ahora —fíjense en esto—, es que por cada tractor de esos serán, por lo menos, dos obreros más que se van a ganar la vida.  ¡Dos obreros más! Así que necesitamos choferes de tractores y ayudantes (LE DICEN: “Los manejamos nosotros.”).
No, pero es que hay otra cosa: tenemos que aumentar el número de ómnibus también, ¿quién los maneja?  Esa es la cuestión.
Los obreros a los que con más entusiasmo se les veía el fervor, la alegría, el espíritu con que desfilaron por allí, fue a los obreros de Ómnibus Aliados.  A mí me llamó tanto la atención, que hablé de eso y dije cómo el público, desde aquel día, iba a simpatizar más todavía.  Porque ustedes saben que son los que tienen que lidiar con el pueblo todos los días, y todo el que no tiene máquina...  (LE PIDEN QUE HABLE CLARO.)  Voy a hablar claro.  ¡Ah!, ¿pero ustedes creen que no estoy claro?  Déjenme y verán, déjenme y verán si hablo claro o no.
Yo decía que ustedes son los que tienen que lidiar con el público.  Yo no diría que hay antipatía, más bien diría que hay simpatía por el “guagüero” —así es como hay que llamarlo, ¿no?,  “guagüero”.  Yo ingresé ya, porque ya yo tengo mi gorra y todo eso.
El problema es que tiene que lidiar, y todo el que no tiene máquina, pues, figúrense, tiene que montar en guagua.  Y cuando yo andaba en ómnibus, eran más bajitos que yo y tenía que andar doblado, y luego, los problemas, que si se monta una dama, hay que darle el asiento.  Esa caballerosidad nuestra es muy bonita.  Bueno, si no hay, ya iremos aprendiendo, ya iremos aprendiendo que hay que tener siempre esas preferencias con las damas, porque lo cortés no quita lo valiente y, aunque estemos en los tiempos modernos, hay que ser siempre cortés con las damas.
En definitiva, todos los problemas del ómnibus: que si paran, que si no paran.  Yo comprendo la tragedia:  va lleno el ómnibus, el que está esperando quiere de todas maneras que le paren; el chofer ve que no cabe ni uno más, y aquel de todas maneras se queda echando pestes del chofer porque no paró; le echan la culpa enseguida.  No hay subway aquí, no hay otros medios de transporte, ómnibus nada más; la gente se levanta un poco tarde, se le pegaron las sábanas, tiene que llegar al trabajo, y se le va el ómnibus.  Unas veces pueden ser con razón las quejas, pero la mayor parte de las veces son sin razón, porque van llenos los ómnibus.
Yo les digo que uno de los trabajos más duros que hay es el de conductor (LE DICEN QUE EL DE CHOFER).  Yo, por ejemplo, iría mejor de chofer que de conductor.  Les voy a decir por qué:  los dos trabajos son difíciles, porque eso de tener que parar en cada esquina es una tortura, señores, y estar metiendo los cambios esos, con el calor que hace, la guagua llena de polvo, parando en todas las esquinas, es un trabajo muy duro; pero el conductor es el que tiene que ir en esas guaguas llenas, lidiando con la gente, luchando con la gente, y tiene de alguna manera que alegrar su carácter, y bromea, habla y discute.  Menos mal que ahora puede discutir, porque antes le podían dar cuatro golpes y llevárselo para la estación de policía.
Ustedes saben que uno de los lugares donde más se discute de política, de revolución, de economía y de todo, es en el ómnibus, ¿no?  Es como una plaza pública el ómnibus, es como una mesa redonda; un ómnibus es como una mesa redonda permanente, donde todo el que sube opina.  Yo espero que no haya perdido la costumbre el pueblo y que esté opinando otra vez en el ómnibus.  Yo, por ejemplo, a veces pregunto qué se habla en los ómnibus, para enterarme de cómo andan las cosas.
Tienen que lidiar, esas horas en que se lidia con el personal, yo digo que es un trabajo duro.  Reconozco tanto el del chofer como el del conductor como trabajo duro, porque en realidad, la bulla, en esta ciudad de tanta bulla... 
Y a propósito de bulla, ¿ustedes creen que nosotros podamos acabar con el ruido en La Habana?  (EXCLAMACIONES DE: “Yo creo que nos convendría a todos.  Otros lugares que no han obtenido las conquistas que hemos obtenido nosotros ya aquí con la Revolución, sin embargo han logrado obtener que no haya tanto ruido.  Ya saben ustedes, las familias pobres que no viven en repartos, sino que tienen que vivir en La Habana Vieja y por todas esas calles donde hay una bulla infernal, los primeros beneficiados cuando aquí se acaben los ruidos son, precisamente, esas familias que viven ahí por donde les pasan todas las rutas de ómnibus, de camiones y todo.
Vamos a hacer una campaña contra el ruido.  ¿Ustedes creen que podamos quitar el claxon?  (EXCLAMACIONES DE: “¡Sí!”)  ¿Seguro? Bueno, ¿y qué les parece que empecemos por ustedes, para que el pueblo vea el espíritu revolucionario de los guagüeros?  (LE DICEN QUE HABLE DE LOS TALLERES.)  ¿De los talleres?  Bueno, ¿pero cómo yo me voy a olvidar de los obreros de los talleres?  Ya se sabe que siempre están embarrados de grasa, y en el suelo, trabajando allí también; y también de los que trabajan en las oficinas, y de las muchachas que trabajan en las oficinas también.  ¡Todos!  Señores, no me olvido de ninguno.
(LE HABLAN DE LOS REPORTES.)  Bueno, el problema de los reportes...  Miren, yo lo que creo es que nosotros podemos obtener una gran colaboración de ustedes a los efectos de que haya una gran colaboración entre los obreros del servicio urbano de transporte y el tránsito; se puede lograr una gran colaboración.  Es que no debieron nunca de existir los menores problemas, y cada vez deben disminuir más los reportes hasta que desaparezcan completamente porque haya una colaboración entre los obreros y el tránsito.
(LE DICEN QUE NO QUIEREN GORRA PORQUE DA MUCHO CALOR, QUE ES MEJOR SIN LA GORRA Y CON MANGAS CORTAS EN VERANO.)
¿En qué quedamos?  Ustedes me regalan una gorra, me la pongo, y ahora dicen que de gorra nada.  ¿Tengo que quitarme yo la gorra?
Bueno, ¿ustedes, qué quieren, que no haya gorra?  (EXCLAMACIONES DE: “¡No!”)  Yo no creo que el que se suprima la gorra perjudique a nadie aquí, ni perjudique al pueblo.  En definitiva, los que montan ómnibus no son precisamente los de la aristocracia ni nada de eso; los que montan ómnibus son los hombres y mujeres del pueblo, y no veo que se vayan a sentir molestos, no veo por qué quieran tener al chofer y al conductor de los ómnibus como un chofer particular ni tanta cosa.  Bueno, ¿y si hay alguno que esté calvo y quiere usar gorra?  (LE DICEN QUE USE PELUCA.)  No, peluca no, un hombre calvo no tiene que avergonzarse de nada, señores, ¡qué demonio!  Yo lo digo, por si acaso.  Bueno, ¿todo el mundo qué?  (EXCLAMACIONES DE:  “¡Sin gorras y con mangas cortas!”)
El problema de, las mangas cortas...  Miren, lo que al pueblo le interesa, desde luego, es conocer al empleado, al obrero, ¿verdad?, porque si no, va y le paga el pasaje a otro que está al lado, sin saber quién es.  Al pueblo le interesa conocerlos y ustedes deben buscar la manera de que con la chapa o de alguna forma los identifique con facilidad el pueblo.
Sobre la gorra, les voy a decir la verdad: si los obreros no la quieren, estoy seguro de que al pueblo, que es el que monta en ómnibus y que no tiene pujos de aristócrata ni de tanta cosa, ni cree que el chofer es un criado de él ni mucho menos, no le importa.  La cuestión es que yo tengo la seguridad de que el pueblo comprende perfectamente que si les hace daño, si les da calor, si les molesta, al pueblo no le preocupa eso y gustosamente acepta.  ¡Hasta se cae el pelo, como dicen aquí, se ponen calvos los guagüeros!  
Y el problema de las mangas cortas en verano, o incluso si aquí no hay invierno, yo no veo tampoco que haya inconveniente, ni que se vaya contra las buenas costumbres, con tal de que lleven sus uniformes, y estén bien identificados; ya que trabajan, que estén cómodos. Yo sencillamente les doy mi criterio en eso.  El uniforme sí es indispensable, porque al empleado lo tiene que distinguir el público, para saber con quién tiene que tratar.  Así que, sinceramente, mi opinión, es que sería lógico.
Además, si ahora mismo ustedes se comprometieron a ayudarnos a acabar con el ruido, es lógico que nosotros, el pueblo y todo el mundo los ayude a ustedes para que no tengan tanto calor. 
Volviendo al problema del ruido, si logramos que los ómnibus supriman los cláxones...    Bueno, pues eso va a ser una ley de todas maneras; si ustedes la empiezan ya desde ahora, pues mejor todavía, le van a prestar al pueblo un extraordinario servicio.  Si acabamos con el ruido, la Revolución va a obtener una victoria más y vamos a tener más turistas aquí, con las fachadas pintadas, las ciudades sin ruido; el turismo va a estar aquí más abundante, y los obreros hoteleros pues también van a ganar buenos sueldos y van a tener asegurado su sustento.  Tenemos que luchar por los demás sectores también.  Así que cuando ustedes ayuden en lo del ruido estarán ayudando al país y estarán ayudando a otros sectores obreros.
 Bueno, ahí hay un problema con el parqueo, que había unos letreritos comerciales ahí, que fue una graciosa concesión más a un señor para que le pusieran allí los postes y las paradas para ganar dinero, porque posiblemente él no ha puesto un solo cartel allí, sino que le hicieron el obsequio (LE EXPLICAN QUE EXISTEN PROBLEMAS CON LOS LUGARES DONDE SE SITUAN LAS PARADAS).  ¿Las paradas?  ¿Cuál es el problema de las paradas?  ¿Cuál es el problema de las paradas?
El problema de las paradas cada dos cuadras me parece bien (NUEVAMENTE LE HABLAN SOBRE LAS PARADAS).  Bueno, vamos a comunicarnos con la Sección de Tránsito para que se haga una verdadera organización de las paradas, sin privilegios y sin que nadie las compre, ni nada de eso, no, donde toque y donde sea mejor.  Bueno, visto el problema.  Así que el problema de las paradas también.
Todas las cosas que convengan al público y en las cuales los intereses del público puedan coincidir con el de los trabajadores, todas esas cosas las veo muy justas, todo eso que se ha planteado aquí.  Esas medidas como las que ustedes han estado planteando: el problema de las paradas, el problema de la gorra, el problema del uniforme, mil cosas más que se pueden hacer sin perjudicar a nadie, yo considero justo que se resuelvan. 
Dígame (ALGUIEN LE HABLA SOBRE LA CONDUCTA DE LOS NIÑOS QUE ABORDAN EL OMNIBUS).  Los niños montando en las guaguas, ¿pero que se montan en la defensa o se montan dónde?  ¿En el estribo?
(LE RESPONDEN QUE MONTAN POR CUALQUIER PARTE DEL OMNIBUS.)  El problema de los niños es un problema aparte; ese es otro de los problemas a resolver por el Estado.  Nosotros tenemos que hacer aquí cuantas ciudades y centros escolares sean necesarios.  Yo creo que si al cabo de un año o año y medio aquí, cuando nosotros tengamos los centros escolares, hay un niño en la calle, es que no hemos completado la obra en la educación.  Porque aquí no debe quedar un solo niño en la calle, como no debe quedar un solo limosnero.  En definitiva, todos esos son de los tantos problemas de asistencia social y de educación.  Es un crimen que esos muchachos estén montando en la defensa y en los estribos, y vendiendo cosas para ganarse la vida, para estar como está este niño (MUESTRA UN NIÑO AL PUBLICO), con la ropa raída, levantado a las tres menos cuarto de la mañana, ganándose la vida con una cajita de caramelos, de naranjas o de lo que sea; cuando esos niños debían estar a esa hora durmiendo y, por el día, en las escuelas, educándose y preparándose.  Esa es una de las tantas cosas...  Esa no es vida; después que un niño de estos crece, no recibe una preparación, no recibe una alimentación adecuada, no recibe una educación adecuada, comprenderán que cuando tenga 20 años debe ser delincuente.
Yo sé que el problema de los niños nos cuesta trabajo resolverlo de momento.  Es un problema de construcción, de organización de centros educacionales que recojan a todos los niños que están por la calle.  Porque ahora, ¿cómo vamos a resolver el problema en medio del desempleo, de la miseria?  Y a lo mejor, hasta si los recogemos, pues en este momento es para que se meta en la casa, y van a pasar hambre en la casa.  Posiblemente ese niño no tenga otro medio de comprarse unos zapatos, una camisa, o un pedazo de pan, si no haciendo lo que hace.  Es la tragedia que hay en Cuba, y es bueno que estas cosas se vean, que el pueblo las vea, para que haya un poco menos de egoísmo en nuestra patria; para que refunfuñen un poco menos aquí, para que refunfuñen un poco menos aquellos que ven sus intereses perjudicados por las leyes justicieras de la Revolución, de una revolución que se propone poner fin a todas estas cosas.  Que, ¡claro!, como estamos acostumbrados a ellas...  Es como el ruido: estamos acostumbrados y lo soportamos, pero si nos acostumbrásemos a estar sin ruido y viviéramos un año sin ruido, sin claxon, y un día de la noche a la mañana aparecieran todos los ruidos, yo les aseguro que todo el mundo tiene que recluirse, porque entonces comprenderían la monstruosidad de lo que es el ruido infernal, el desasosiego con que se vive, lo que perjudica.  Desde mañana mismo estamos ya dando los pasos.
Ya ustedes ven, cómo están relacionados unos problemas con otros:   el problema de los obreros del transporte y el problema de la niñez en la calle, montados en los estribos y en la defensa; las pocas facilidades que puede tener un conductor que tiene un ómnibus lleno para ver si alguien se le montó en la defensa.  Así que el problema hay que resolverlo, sencillamente, por otras vías; resolver el problema de la niñez, resolver ese problema entre tantos otros que tiene que resolver la Revolución.  Estas cuestiones, como les decía yo, son de fácil solución, y otras muchas más, aquellas a las que nos referíamos anteriormente; se pueden ir resolviendo con la comprensión y la colaboración de todos.
Les decía que ustedes tenían que tratar con el público, que era difícil ese trato, porque muchas veces los culpaban a ustedes de cosas en las que no tenían culpa. Pero, además, correspondiendo con el nuevo espíritu de la república, con el espíritu de confraternidad, de colaboración, pues, en eso también debemos de lograr de ustedes el trato con el público cada vez mejor, cada vez más amable, cada vez más fraternal, porque eso es algo que tampoco les cuesta nada a ustedes y, sin embargo, el público se lo nota y el público se lo agradece.
Yo he recibido hoy muchas notas, pero nadie me ha tocado un problema, el problema más difícil de todos; desde luego, no es difícil, porque entre nosotros lo podemos tratar, sencilla y honradamente, el problema de las filtraciones.
Vamos a hablar del problema, y cuantas sugerencias ustedes quieran, porque yo, precisamente, vengo a discutir este problema con ustedes, es uno de los problemas que tengo que resolver.  Vamos a discutirlo todos, porque yo tengo la seguridad —oigan lo que les voy a decir—, yo tengo la seguridad de que de esta reunión van a salir cosas muy positivas para todos, para ustedes y para el pueblo.  No tengo la menor duda sobre eso.
¿Por qué me preocupa el problema de las filtraciones?  Por distintas razones.  Voy a enumerar algunas.  Y es el problema de que eso hace que se tenga un argumento contra los obreros; eso hace que los enemigos de las leyes y de las medidas que puedan beneficiar a los trabajadores tengan un argumento en el problema de la filtración, y entonces acusan a todo el sector, señalan a todo el sector.  A mí no me pueden decir de ninguna manera que esa responsabilidad la tenga todo el sector, porque yo sé que una inmensa mayoría de los trabajadores no tiene que ver nada con las filtraciones.
Otra causa: nosotros estamos en un momento brillante de nuestra patria.  Cuba vive un minuto luminoso de su historia; no vive una época normal, vive una época extraordinaria.  Los ejemplos de heroísmo que hemos visto en esta guerra, en esta lucha, los ejemplos de valor, los ejemplos de desinterés, los ejemplos de abnegación, la conducta de los obreros azucareros por salvar la zafra, la conducta de los obreros telefónicos en la intervención, la conducta, en general, del pueblo; el entusiasmo, el fervor con que todo el pueblo está contribuyendo a esta obra nueva, a forjar una patria como la que soñaron los fundadores de esta república, esos prohombres que tantas veces mencionamos, que nos los enseñan a pronunciar en la escuela; esos sueños de una patria ideal, que el cubano siempre ha estado añorando tener y que ha sufrido la amargura de ver convertidas todas aquellas aspiraciones en una cosa muy distinta.  Hemos vivido amargados, decepcionados, escépticos, desesperanzados de llegar algún día a una meta mejor, donde nos ahorremos una gran parte de los sufrimientos colectivos e individuales que padecemos; donde nos ahorremos una gran parte de las penas —no voy a decir de todas, porque las penas de este mundo son tantas que no podremos resolverlas todas, pero sí una gran parte— y aliviar una gran parte del dolor, de la angustia y del sufrimiento en que vive nuestro pueblo.  En esta hora en que todo el pueblo está luchando por eso, en que se están logrando grandes cosas, en que se están haciendo grandes rectificaciones, en esta hora luminosa lo que no consigamos, no lo conseguiremos nunca.
Hay muchas lacras, muchos males, y si este problema no lo afrontamos valientemente, este problema que atañe al interés de los trabajadores, este problema que atañe al interés de la clase, este problema que atañe al prestigio de ustedes como sector, de los trabajadores como clase, del pueblo como pueblo, de la Revolución como Revolución, si no lo afrontamos ahora valientemente, en este momento luminoso, en este momento de sacrificio, si no lo hacemos ahora, ¿cuándo lo vamos a hacer?, si no lo superamos ahora, ¿cuándo lo vamos a superar?
Si hoy un revolucionario, un compañero que siente las mismas aspiraciones que ustedes, un hombre que está tratando de servir al pueblo desde una posición oficial; si hoy no puede venir un ministro a hablarle al pueblo de estos problemas, ¿cuándo podrá venir a hacerlo?  Si nosotros, que estamos haciendo para ayudar aquí a las clases humildes todo lo que está al alcance de nuestras manos, y estamos luchando incesantemente y dispuestos a hacer los mayores sacrificios que sean necesarios para ayudar al pueblo, no podemos venir ahora a pedirles de frente a los obreros que nos ayuden a superar un problema más, al mismo tiempo que nosotros escuchamos todas las demandas del sector, ¿cuándo lo vamos a hacer?  Si hoy no logramos, cuando se están haciendo esos sacrificios, ese éxito más, ¿cuándo lo vamos a lograr?  
Yo he visto muchas cosas, desde las madres que han llegado a decirnos que han perdido a sus hijos, pero están contentas porque el sacrificio no ha sido inútil, hasta el caso de personas, como hoy me encontré a una señora, que me dijo, al salir de un acto, que ella era dueña de un edificio de apartamentos, pero que estaba con la Revolución, y que estaba de acuerdo con la rebaja.  Ella tenía un edificio de ocho apartamentos, que le rebajaron el 50%, y estaba de acuerdo con eso. 
Si vemos esos casos, si vemos que, en definitiva, hay un gran espíritu de sacrificio; si, además, la Revolución les está poniendo fin a muchos males; si las malversaciones se han acabado; si las “botellas” se han acabado; si los negocios sucios se han acabado; si los abusos, las persecuciones, los golpes al ciudadano, el terror, se han acabado; si la represión, si las medidas contra las libertades individuales y las libertades públicas se han terminado; si los criminales de guerra están siendo fusilados ; si los bienes que se robaron están siendo recuperados; si la soberanía del país se ha recobrado plenamente; si en todos los órdenes nosotros estamos haciendo un esfuerzo y un trabajo por superar la vida del país, ¿cómo no vamos, en este problema que atañe al prestigio de los trabajadores, no vamos a contar, precisamente, con el concurso de los trabajadores para ponerle fin a este problema?  
Yo comprendo los problemas económicos del obrero, comprendo sus necesidades, comprendo las burlas que ha habido, comprendo que ese estado de inmoralidad como el que existía en el país no era el ambiente más propicio para resolver este problema; pero hoy día sí es el momento en que nosotros tenemos derecho a esperar de todos, porque ya, de acuerdo con el espíritu de superación, el espíritu moralizador, la corriente de aire nuevo que sopla por los cielos de la patria, en este momento nosotros podemos lograr ponerle fin a ese problema, que es viejo, logrando de ustedes la colaboración; ¡ah!, para ponerles fin también a las filtraciones de las empresas, ¡para ponerles fin también a las filtraciones de las empresas!, para ponerles fin a todas las filtraciones.
Les digo sinceramente que no me preocupa tanto el aspecto económico que implican las filtraciones como me preocupa el aspecto moral, como me preocupa lo que eso daña el prestigio de los trabajadores , como me duele que cualquiera venga a plantearme esos problemas, como me duele que vengan a utilizarse esos argumentos como armas contra las medidas que la Revolución toma en favor de los trabajadores , como me duele que en un momento en que la vida del país se supera en todos los órdenes vaya a quedar sin superarse uno de esos males.  Además, porque constituye un peligro, porque si nosotros aceptamos como costumbre algo que es ilegal, algo que es inmoral, terminaremos después aceptando otras muchas cosas, terminaremos después aceptando otras inmoralidades, terminaremos después aceptando el pistolerismo, terminaremos después aceptando las violaciones de los derechos de los trabajadores, terminaremos después aceptando también la supresión de los derechos y aceptando todas las cosas que hemos visto sufrir a la república, y contra las cuales hemos estado luchando y las cuales estamos tratando de superar.  Porque permitir una cosa en lo moral, es después permitir todas las demás, es una brecha abierta, es la pérdida de la autoridad moral, es la pérdida del crédito, del prestigio, de la razón.
Es un problema contra el que tenemos que librar una batalla, para evitar que sea la punta de lanza de otros problemas y, además, para poder tener derecho a pararnos sin que nadie pueda poner en duda la decencia de ningún obrero del transporte, sin que nadie tenga que señalar con el dedo a ningún obrero del transporte, sin que nadie tenga que venir a hacerse una mala opinión.  Porque lo que queremos es, precisamente, que todos aquí tengan derecho no solo a ganarse la vida decorosamente, sino a que todos los respeten y a que todos los consideren.
Nosotros, lo que eso pueda implicar, porque fuera una costumbre, lo que pueda implicar de sacrificio, hay que hacerlo y hacerlo gustosamente.  Incluso, le hablo a esa minoría, le hablo a esa minoría que sea la que se haya dejado arrastrar por esa costumbre, que haya convertido eso en una especie de aumento de salarios.  ¡Esos son los únicos aumentos que no debemos defender!, porque cuando tengamos que hacer un aumento, lo hacemos legal y moralmente, señores.
Así que es la colaboración más importante que yo les voy a pedir a ustedes.  No, yo no voy a estar inventando medidas, ni mucho menos; vengo a ustedes, a pedirles a ustedes esa colaboración, a pedirles a ustedes que con toda franqueza, con toda honradez, con todo civismo, con todo patriotismo, nos digan a nosotros, le digan al Ministro de Transporte, le digan al Ministro de Trabajo, nos digan qué medidas creen ustedes que son las que deben tomarse para resolver definitivamente ese problema.
Yo sé que les pido a ustedes y lo hacen; yo sé que les digo “no lo hagan, ayúdennos en esto”, y nos ayudan; pero el problema no es establecer la garantía que da el entusiasmo de un momento dado, el problema es establecer sistemas, medidas permanentes hasta para cuando el entusiasmo de ese momento pase.  Que ustedes mismos nos digan cuáles son las medidas más sabias, que surjan de los trabajadores, que nos las aconsejen, que sean medidas efectivas y que sean medidas definitivas.  Si ustedes nos ayudan en eso, si ustedes nos garantizan eso, yo les garantizo a ustedes que acabamos con las filtraciones de las empresas, y si ustedes nos garantizan ponerle fin al problema de las filtraciones, yo les garantizo la concesión de todas las demandas que han planteado.
Ustedes, en definitiva, no han pedido nada del otro mundo; ustedes han pedido cosas posibles, ustedes han pedido cosas que pueden concederse: el problema de la equiparación, ¡perfectamente, compañeros!; el problema del aumento del 20% en los salarios, ¡perfectamente, compañeros!  
No solamente el aumento de ustedes, sino el aumento también a los empleados de oficina y a todos los obreros y empleados que trabajan.  No solo eso, sino los problemas del decreto que les preocupa, cambiar esa regulación, el aumento tiene que ser en todo.  Eso es lo que yo quiero.  Lo que nosotros ganamos en recaudaciones, beneficiará a todos; no va a beneficiar a unos cuantos, sino que va a beneficiar a todos; que es no solo lo justo, sino lo moral y lo legal, y lo que, al mismo tiempo, conviene al prestigio del obrero.  Y no solo eso, aumentaremos los ómnibus que falten y les daremos trabajo a más obreros.  Así que el problema de las filtraciones tenemos que terminarlo; las filtraciones en las empresas se acabarán y los pases también.
Yo sé que ustedes se refieren a los pases alquilados.  Yo digo que no solo eso: si es necesario, estamos dispuestos a que todos los policías paguen (EXCLAMACIONES DE: “¡No!”).  Les quiero decir con eso que me interesa que haya los medios suficientes para poder pagar los aumentos de que les he hablado a ustedes.  El problema de los pases lo acabamos, aquí hay que acabar con el problema de los pases.  Todo el mundo —hasta Pastorita— tiene que pagar su guagua (EXCLAMACIONES DE: “¡No!”).  Pastorita se queja de que no le quieren cobrar.  Los rebeldes sí tienen que pagar, pagan gustosos, porque los rebeldes se acostumbraron a pagar (LE DICEN QUE LOS REBELDES PUEDEN HACERLO POR LA LIBRE).
Yo les digo que el problema es que todas las filtraciones y el negocito de la gasolina de que “compro a tanto y vendo a tanto”, se acabó también, señores.
Así que, miren: el Ministro de Transporte está oyendo esta conversación y, por lo tanto, vamos a tomar las medidas para acabar con esas filtraciones de las empresas, y para saber de verdad cuáles son los ingresos; es necesario, e intervenir todas las rutas que sea necesario intervenir (APLAUSOS Y EXCLAMACIONES DE:  “¡Todas, todas!”).  Y, desde luego, para que no pesen sobre la economía del transporte esas intervenciones, que los interventores sean pagados por el propio Ministerio del Trabajo, precisamente para que no piensen que lo que vamos a estar es dándoles puestos a determinadas personas a costa de la empresa.  No, que lo pague el ministerio, pero que se intervengan todas las rutas (APLAUSOS Y EXCLAMACIONES DE:  “¡Todas, todas!”).  Sí, todo el abastecimiento, todas las funciones, las piezas, que todo se intervenga; que se intervengan todos los departamentos que sea necesario para ponerles fin a esas filtraciones y que podamos establecer todas estas demandas, porque serán fáciles de conceder.
Yo lo que quiero es que se designe un delegado por ruta para discutir y las medidas a tomar en relación con los obreros, y nosotros vamos a tomar las relativas a la empresa.  Vamos a empezar a nombrar inmediatamente a los interventores.
Entonces, ustedes dirán las medidas que real y efectivamente pongan fin a los problemas.  En eso ustedes tienen que poner el máximo empeño y el máximo de honradez, para que sean efectivas esas medidas, y verán cómo todo el mundo va a colaborar con ustedes; verán cómo todo el pueblo lo seguirá al pie de la letra.  Estos son tiempos nuevos, estos no son tiempos como los de la rifita y el papelito.  Tenemos que adoptar métodos no basados en el azar, no basados en el vicio del juego, sino basados en la honradez, en el civismo de la ciudadanía y de los trabajadores, basados en la razón, en la inteligencia, en la conveniencia de la clase y del pueblo.
Vamos a iniciar una política de adquisición de nuevos ómnibus, de limpiar esos ómnibus, que el pueblo tiene derecho a montar en ómnibus que no estén empolvados, y ya que paga, pues que no se llene de polvo, que no tenga que mandar el traje a la tintorería después que se monta en una guagua.  Además, ustedes, ya que estas demandas se están discutiendo y se van a resolver, quiten todos los letreros, porque no ofrecen una buena impresión al visitante.  ¡Las guaguas todas pintadas!  Vamos a pintarlas nuevecitas, como las fachadas; vamos a darle trabajo al pueblo pintando ómnibus ; vamos a desempolvarlos; vamos a quitarles los cláxones; vamos a regular las paradas; vamos a obtener una máxima comprensión y compenetración entre el pueblo y ustedes; más ómnibus, para que nadie se quede parado esperando en una esquina; disponer el mayor servicio en las horas de mayor circulación de público y el menor servicio en las horas de menor circulación, para que nadie se quede en la esquina ni llegue tarde a su trabajo por el problema del transporte.
Tenemos que adoptar todas esas medidas, las tiene que tomar la Intervención, con la colaboración de ustedes.  Vamos a hacer como hicieron los telefónicos, que ayudaron, que el trabajo de quitar las máquinas tragarreales que se iba a hacer en 48 horas, lo hicieron como en cuatro horas, en un tiempo récord.  Vamos a despertar el entusiasmo, el deseo de colaboración entre todos los trabajadores, para lograr todas estas medidas y para lograr que adecentemos, que mejoremos en todos los órdenes; que el pueblo vea cómo la Revolución va invadiendo todos los aspectos de su vida y va llevando su obra benefactora a todo el pueblo, a todos los sectores, uno por uno, poco a poco, centímetro a centímetro, pulgada a pulgada, como sea necesario, pero siempre avanzando, siempre mejorando, en servicio del país, en servicio de la Revolución, en servicio del pueblo, en servicio de los que más necesitan estas medidas.
Como yo les decía antes, cuando quitemos el claxon, a las familias que más vamos a beneficiar es a las familias pobres, que no pueden ir a vivir en los repartos; cuando nosotros adecentemos el servicio de ómnibus, a los que más vamos a beneficiar es a las familias pobres, que son las que montan en ómnibus, porque no tienen automóviles.  Cuando ustedes vean a un hombre o a una mujer que monta en un ómnibus, recuerden antes que nada que es un pobre igual que ustedes, que es un hombre humilde igual que ustedes, que es un trabajador igual que ustedes, que puede ser la hermana de un compañero de ustedes, la esposa de un compañero de ustedes, el hijo de un compañero de ustedes, la madre de un compañero de ustedes, que no tiene máquina.  Piensen en eso.  Ayúdenlos, mejoren el servicio.  Recuerden que antes los gobernantes no se preocupaban de estas cuestiones, porque les interesaba mantener dividido al pueblo, les interesaba mantener divorciado al pueblo, peleado al conductor y al chofer con el pueblo, peleado al pueblo con el otro sector, peleado los sectores entre sí, y divididos los obreros en el mismo sector.
Por eso, nosotros tenemos que seguir las normas de una política distinta a la que se había seguido hasta hoy.  Todo aquello que convenga al pueblo, todo aquello que convenga al sector: la unión con el pueblo, la unión en el sector.  ¡Vale más la unión que cualquier aspiración personal!  Aun aquel que se crea sacrificado, aun aquel que se considere relegado, aun aquel que se suponga con méritos, aun aquel que en justicia se vea sacrificado, piense siempre que vale más la unión, vale más el sector, valen más los intereses de su sector y de su clase que los de su persona, que el verdadero revolucionario, el verdadero patriota, el hombre de sentimientos generosos, pasa por alto sus cuestiones personales y nunca las pone por encima de los intereses de su sector y de su clase.
Antes nadie se preocupaba; antes querían dividir al pueblo de los obreros, a los obreros entre sí, al blanco del negro; querían dividir a todo el mundo; lo querían dividir para poder mantener sobre el pueblo ese sistema de política odiosa, ese sistema de política inmoral, ese sistema de política corrompida, que es la causa de tanto malestar, que es la causa de tanta pobreza, que es la causa de esos niños raídos, vendiendo pirulíes en horas de la noche para ganarse la vida, cuando debieran estar en la escuela.
Piensen en la obra que todos tenemos por delante, que la Revolución no solamente mejorará a los trabajadores y al pueblo cuando mejore sus salarios y cuando abarate el costo de la vida, cuando abarate la medicina, los alquileres, los demás servicios, sino que los mejorará también cuando les brinde playas donde puedan ir a descansar; cuando les brinde hospitales como los mejores, donde puedan ir ellos o sus familiares:  sus hermanos, sus padres, su esposa, cuando se enfermen, y sean atendidos, y los vean los mejores médicos y les den las mejores medicinas; cuando sus hijos puedan ir también a colegios tan buenos como los mejores, y vestirse como los hijos de los que mejor puedan vestirse, y tener maestros como los que puedan tener los hijos de los que más puedan pagar, y tener buenos textos, y tener desayuno, almuerzo, campos deportivos y campos de recreo.
La Revolución no solo mejorará a los obreros cuando aumente su salario, sino cuando los recursos del Estado los ponga todos a servir al pueblo, y tengan no solo un salario mejor que hoy, y tengan casas mejores que hoy, y vivan una vida distinta a la de hoy, y también por todos aquellos conceptos en que el Estado recogerá el dinero de los que les sobra, para darles y prestarles servicios a aquellos que menos tienen. (LE DICEN ALGO SOBRE LOS GARROTEROS.)  Vamos a establecer una ley de pena severa contra los garroteros, para que no resurjan otra vez aquí.
La Revolución no solamente beneficia al pueblo cuando por un lado le mejora individualmente los salarios a las familias, sino cuando a todos dota de mejores servicios, de servicios que no han tenido hasta hoy; porque hoy, para tener un buen médico, buenas medicinas y una buena sala de operaciones, se necesita ser rico.  Y, sin embargo, nosotros le daremos eso al más humilde obrero sin que tenga que pagar nada, sin que tenga que ser rico , y les daremos a los hijos de los trabajadores las mejores escuelas, y les daremos las mejores playas, y les forjaremos un porvenir distinto, mejor.
Bueno es que se diga, para que siempre tengan presente que este es el gobierno del pueblo, que esta es la Revolución salvadora del pueblo, que tiene enemigos y que hay que ayudarla, que hay que colaborar con ella pacientemente, que hay que saber sembrar junto con ella, abrir el surco, poner la semilla; que esta es la obra nuestra, para que algún día nosotros, y, sobre todo nuestros hijos, puedan recibir los frutos de este esfuerzo que estamos haciendo.
Yo me voy hoy de aquí satisfecho, como una victoria más: de parte de ustedes, lo que les he pedido, que designen un representante por cada ruta, para que me traigan el mejor sistema, y de parte de nosotros, además de lo de la gorra que ya está resuelto, el uniforme con la manga corta, que ya está resuelto, además, de parte de nosotros queda pendiente la implantación y la concesión de todas las demandas y otros muchos beneficios que nosotros podemos darle a este sector.
FIDEL CASTRO RUZ

Fuente: http://www.cuba.cu/gobierno/discursos

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