julio 09, 2012

Discurso de Fidel Castro en la Asamblea de los Colonos (1959)

DISCURSO EN LA ASAMBLEA DE LOS COLONOS
 Fidel Castro
[4 de Abril de 1959]

― Versión taquigráfica de los oficinas del Primer Ministro ―

Desde hace días he venido siguiendo el movimiento de los colonos y sus afanes que están de acuerdo con esta hora de Cuba. Puede decirse que todos los sectores del país están movilizándose con el espíritu revolucionario.
Esa inquietud en el buen sentido de la palabra, no inquietud porque se tema algo, sino porque hay actividad, porque hay organización, porque hay reuniones, porque hay planes, porque hay proyectos, porque hay aspiraciones, esa inquietud se ha manifestado en los últimos meses porque ya el Gobierno Revolucionario, aunque es nuevo, puede hablar de meses; en esos tres meses que lleva la Revolución en el poder se ha observado una intensa movilización en todos los sectores del país.  En pocos momentos como estos, que son momentos de grandes transformaciones en la vida de un país, que son momentos de grandes rectificaciones, se puede observar tan de cerca, se puede observar tan claramente la cantidad de intereses, el cúmulo de aspiraciones que se mueven en el seno de un conglomerado humano.
Nosotros, que estamos precisamente en el centro donde fluyen todas las quejas, todas las proposiciones, todas las demandas, podemos darnos cuenta mejor que nadie de lo compleja que la organización humana es, porque todos estamos asociados a algo:  unos que son médicos pertenecen al Colegio Médico, otros que son periodistas pertenecen al Colegio de Periodistas, otros que son corresponsales pertenecen a la Asociación de Corresponsales —que ahora me entero que querían darme unas proposiciones y escritos porque tienen sus preocupaciones también—, otros están en las asociaciones estudiantiles, en los sindicatos obreros, en fin, puede decirse que todo el mundo está organizado dentro de la comunidad.
Podría preguntarse quién no está organizado, quién no tiene un carnet de algo, quién no pertenece a algo dentro de nuestro conglomerado social.  Además, hay otra cosa, pertenecemos a otra organización mayor que nos comprende a todos:  el pueblo, la sociedad, en el sentido real de la palabra.  Porque aquí se emplea el término de sociedad para denominar un grupo determinado —la sociedad, según nos enseñaron en sociología— y, en general, los sociólogos hablan de sociedad refiriéndose a todo el conglomerado.  Pertenecemos a una organización mayor dentro de la cual nos desenvolvemos y que, naturalmente, está por encima de todas las demás.
A veces ocurre que la pugna de intereses y la pugna de aspiraciones, las ansias de mejoramiento en todos los hombres individualmente, colectivamente, laten, hacen y promueven cierta tendencia a olvidarnos de que pertenecemos a una organización, a un conglomerado más importante.  Esto no quiere decir, en ningún sentido, que las organizaciones dentro de las cuales se integra el pueblo dejen de tener importancia.  Tienen mucha importancia y pueden prestar una gran ayuda, porque precisamente los hombres deben agruparse de acuerdo con su profesión, de acuerdo con el sector económico al cual pertenecen, como el medio más idóneo de ir organizando dentro de la sociedad todos sus esfuerzos y sus aspiraciones.
Chocan a veces; más que a veces, muy frecuentemente se produce ese conflicto de aspiraciones, eso lo vemos todos los días, y nosotros estamos en la situación de tener que atender todas esas aspiraciones.  Nuestra preocupación y nuestro deber es tratarlas de encauzar en un sentido, en el sentido en que beneficien más al país.
A veces dentro de una misma organización nos encontramos, como decía el brillante orador que consumió el turno inicial y yo le preguntaba si era orador académico o si era colono.  El explicaba la heterogeneidad que hay, incluso, dentro de la organización; cómo hay, en el caso de los mismos colonos, colonos de distintas categorías, de distinto volumen de producción, e incluso de distintas aspiraciones, aunque naturalmente los que más pendientes están de las medidas del Gobierno Revolucionario son aquellos que económicamente se encuentran en la situación más apurada y más difícil.
Ha sido una gran cosa que los colonos hayan resuelto sus dificultades internas.  Para nosotros es una gran satisfacción poder venir a una asamblea de los colonos unidos, porque de otra forma, divididos, se nos hubiera hecho más difícil incluso asistir a la asamblea de colonos.  Ha sido una victoria para los colonos la unión, la solución de las pequeñas dificultades, de las pequeñas divisiones, por lo menos las calificaron así y yo lo creo, que existían entre sí, al objeto de presentar un cuerpo unido en la lucha por aquellas cuestiones que más les interesan.
Ustedes constituyen uno de los tres factores fundamentales de la industria azucarera.  Por esa correlación a ese sector, al sector de los productores de azúcar, que comprende a los obreros, a los colonos y a los industriales, lo primero que nos interesa a todos es el azúcar.  Podrá parecer esto una perogrullada o algo así, pero no es verdad.  Lo primero que a todos nos interesa es el azúcar, así como le interesa enormemente a todo el país, aun a aquellos sectores que no se dedican a la producción azucarera, porque todas las aspiraciones dependen del éxito de la política azucarera que siga la Revolución.  Para que haya prosperidad en el país es necesario, antes que nada, tomar medidas para proteger el azúcar como producto nacional.
No es este el momento de hablar de una política azucarera ni mucho menos, por cuanto es cuestión que hay que tratarla con sumo cuidado.  Cualquier palabra sobre política azucarera afecta, incluso, los precios del azúcar en el mercado mundial.  ¿Por qué?  Porque Cuba es principalmente país productor de azúcar y el principal país exportador, cualquier declaración del gobierno sobre el azúcar tiene necesariamente esa repercusión.  Pero lo que sí puede decirse es que en realidad nosotros hemos abandonado nuestro azúcar.
No pudo haber sido buena la conducta de los gobernantes en relación con el azúcar, cuando actualmente Cuba tiene que seguir dependiendo de la misma producción de azúcar que tenía hace dos o tres años.  Tenemos que seguir dependiendo del mismo volumen de producción cuando, por otro lado, la población de Cuba se ha duplicado. Creo, además, que desgraciadamente los gobernantes anteriores, fundamentalmente la dictadura, le hicieron un gran daño al azúcar.  ¿Por qué?  Porque han perdido los mercados.  Hemos perdido nuestros mercados, hemos propiciado la formación de otras áreas de producción de azúcar, áreas de producción de azúcar en muchos países que producen el azúcar más caro que nosotros a pesar de nuestros conflictos sociales, del retraso de nuestra producción azucarera; otros países que no tienen las facilidades que tiene Cuba para producir azúcar han estado fomentando la producción y han llegado incluso a exportar azúcar.
El azúcar fue nuestro producto básico, el producto esencial de nuestra economía; cualquier industria, cualquier sector lo que procura siempre es obtener más mercado, las mejores condiciones para su producto, más ventas y, sin embargo, nosotros hemos sido muy malos vendedores de azúcar, porque si se hubiese desarrollado la industria azucarera y la producción azucarera en la misma medida que se necesitaba en el mundo y aumentaban las demandas de azúcar, si hubiésemos sabido defender nuestro producto en el mercado mundial, no estaríamos produciendo 4 millones, 5 millones de promedio de toneladas de azúcar por año, estaríamos produciendo y vendiendo, 8, 9, 10 y 12 millones de toneladas de azúcar.  Posiblemente no se hubieran desarrollado otras áreas.
Cada país defiende su producto esencial, cada uno defiende aquel del que depende su economía y nosotros, que hemos estado girando sobre el monocultivo del azúcar, no hemos sabido defender ese producto que es el eje de nuestra economía.  Por lo tanto, es una realidad que estamos sufriendo en esto, como en todos los demás aspectos de la vida nacional, las consecuencias de la imprevisión, de la falta de responsabilidad y de patriotismo.
Cómo iba a haber una política azucarera, educacional, industrial, en cualquier orden, si aquí no había más que una política, la política de robar, de saquear.  Aquí nunca hubo política, todo lo más que hubo fue politiquería; aquí nunca hubo preocupación ni por el presente ni por el futuro, sobre todo por el futuro, porque los problemas cuando se resolvían tendían siempre a darles solución pasajera, salir del problema de un modo inmediato y muchas veces echando sobre el futuro la carga de los problemas que no se resolvían debidamente a tiempo.
No podía haber una política, porque los políticos en Cuba no se preocupaban más que de sus propios intereses, de sus fortunas, de fomentar maquinarias electoreras para garantizar la elección por el soborno y la corrupción, tener ellos resueltos sus problemas personales y el de sus amigos, sin importarles para nada el destino del país; entre los grandes criminales, empleada la palabra crimen para expresar aquello que atenta contra el destino y los intereses de un país, entre los grandes daños que Cuba ha recibido, una gran parte de la culpa necesariamente cae sobre los malos políticos que ha tenido la república.  El que haya algunas excepciones, el que haya habido hombres honrados en este ambiente no quiere decir que no, se cumple aquello de que toda regla puede tener su excepción, aunque las hay sin excepción.  Pero es lo cierto que desde que se inició la república cayó la vida del país en manos de las camarillas, caímos en una interpretación absurda de la política; en vez de pensar que el Estado era para atender las necesidades y los problemas del país, que la política tenía que ser la representación de los intereses de la nación, se vio aquí el fenómeno que se tomó la política como un negocio más, como una industria más, como un cultivo, un comercio más y hubo mucha gente que en vez de pensar en establecer una industria, estudiar una profesión o vivir de su trabajo, convirtió la política en un negocio y la política era un negocio más aquí sencillamente, pero el peor de todos, el negocio que se cebó sobre la ruina de todos los demás intereses del país, el más inmoral, peor que el del juego, el tráfico de drogas y que todos los demás, porque sobre este negocio fue que aquí florecieron todos los vicios.
Aquí se edificó así el sistema económico de la nación sobre ese negocio, y preocupados exclusivamente por este negocio es que han estado gobernando a la república, si eso se puede llamar gobernar.  Yo digo que aquí no han gobernado a nadie, pero sí han saqueado a todo el mundo.  Aquí lo que han hecho es robarle a todo el mundo, engañar a todo el mundo, tomarle el pelo a todo el mundo.
Todos ustedes saben eso, no quiere decir que todo el que haya hecho política sea malo, hubo distintos movimientos, hubo distintos esfuerzos por adecentar el país; pero el que más y el que menos conoce bien lo que ha sido la política y sobre todo en el campo, que era donde hacían su agosto los políticos, porque es donde hay más pobreza, porque es donde hay más ignorancia, más ingenuidad.
Ustedes saben cómo funcionó todo eso, siempre los compadres, los amigos, los sargentos políticos, la gente aquella con sombrero de “jipi”, aquella cosa repugnante de los hombres recorriendo los campos invirtiendo grandes sumas y la gente votando; porque lo curioso, lo triste es que de tal manera aquí se ha abusado del pueblo, de tal manera era este impotente frente a todo eso, que aquel hombre de campo, noble y bueno, que no era revolucionario, aunque sí capaz de dar la vida por la patria diez veces si era necesario, llegaba el político, lo engatusaba, lo engañaba y se sentía halagado porque fuera a almorzar a su casa un día, era padrino del hijo, o tenía un compadre que a su vez era compadre de todo el barrio.
Lo mismo que aquí existen profesiones de abogados, de médicos, que existen obreros especializados, en el campo existía quien era sargento político; esa era su profesión y su industria, vivía de eso, hacía su zafra cada dos años, que eran las elecciones, y durante el tiempo muerto, pues hacía compadres y amigos, resolvía problemas.  ¿Que había que ingresar a un hijo en un hospital?, inmediatamente agenciaba eso y hasta le buscaba el caballo o la máquina para llevarlo.  ¿Que había que ingresarlo en un colegio?, en cualquiera de los centros de enseñanza de los pocos que había, inmediatamente iba la influencia del político.
Todos los problemas se resolvían a través de la maquinaria, sistema absurdo, sistema repugnante que es el que ha prevalecido y gracias al cual hacían votar a infelices hombres de campo en favor del peor camaján.
Naturalmente que aquí no podía haber leyes en favor de nadie.  ¿Leyes en el Congreso?  Había algunas de esas leyes que no le importaban gran cosa a nadie.  Algunas leyes, como la Constitución, no se cumplieron nunca.  ¿En qué se cumplió la Constitución?  ¿Acaso las leyes complementarias se hicieron?  No.  ¿La inmunidad, precepto constitucional, qué fue?  Patente de corso en virtud de la cual unos pocos vivían por encima de todos los otros y de la república.  Porque aquí hemos hablado de dictadura de Batista, de la dictadura de Machado, pero nunca se ha dicho la cantidad de señores que eran verdaderos verdugos y dictadores, porque vivían por encima de todas las leyes, podían matar y robar en tanto no se metieran con uno del propio cuerpo, porque entonces sí el peligro era de los que estaban dentro.
Cada sector se sentía con la necesidad de encontrar un representante para que lo defendiera allí, y así surgen algunos que decían:  “Este es el que representa a los hacendados, este representa a los colonos, este representa a los obreros.”  Todo el mundo se sentía en la necesidad de buscar alguien que lo protegiera de alguna manera allí, y ya todo el mundo se vio que tenía que buscar alguna manera de protegerse; pero lo peor no fue eso, no fue que hubiese un representante por cada sector, eso estaba bien cuando lo llevaba el sector, lo peor es que había representantes de individuos: fulano es representante de la compañía tal, que le pagó la campaña, y el otro es representante de la otra compañía.  Aquellos señores iban a defender intereses, porque cuando los colonos y los obreros llevaban uno, dos o tres en conjunto, era una minoría insignificante que no podía hacer nada.  Los que no se debían a las camarillas políticas o votaban por el que le conviniera al caudillo de alguna camarilla, se debían a determinados intereses personales.
Esto, naturalmente, no es una conferencia sobre política, pero es bueno que lo traigamos al caso, porque precisamente es la explicación que tiene, la única explicación que tiene el estado actual de la república, la causa de los efectos que estamos viendo, porque yo, sinceramente, creo que si hubiera habido moral en los gobernantes, y aquí lo puedo decir bien claro, pero el asunto es que muchos revolucionarios, muchos que fueron a la Revolución, aquellos que se equivocaron, muchos de aquellos hombres que acababan de hacer la Guerra de Independencia, a los pocos años se volvieron malversadores.
Durante la primera etapa fueron fundamentalmente generales los que dominaban en la política.  Dicen que Estrada Palma fue honrado, vamos a admitirlo, al menos no constan pruebas de lo contrario; pero desde entonces, aunque había poco que robar —en aquella época eran como 17 millones de pesos el presupuesto de la república—, desde entonces cuentan que empezaron aquí las anormalidades de la política.  Los demás, posiblemente muchos de los más honestos, limpios y puros de aquellos veteranos, se fueron al campo, abandonaron la política, se dedicaron a vivir modestamente y muchos no volvieron a encontrar sus tierras porque ya las habían comprado otros; pero la verdad es que hay que decir sin que nadie se asombre, que los mismos que habían hecho aquella Revolución por causas que ya yo he explicado, por causas históricas, tal vez, en gran parte, por la decepción que sufrieron al ver que la ansiada soberanía, por lo que habían luchado, ni siquiera se había alcanzado, o por las causas que fuesen, lo cierto es que aquellos hombres condujeron a la república por los peores caminos, y desde entonces una serie de convulsiones y una serie de vicios echaron raíces en nuestra patria.  Debe decirse la verdad sin miedo, porque el hecho de que nosotros hayamos estado luchando equis tiempo, el hecho de que muchos hayan hecho sacrificios, no quiere decir que por eso ahora tengan derecho aquí a robar, a hacer lo que les de la gana, a cometer todo género de inmoralidades; el hecho de que se hayan sacrificado alguna vez por su patria, por una causa o por una idea, no les da derecho después para traicionar esa idea y corromperse.  Hay que recordar aquello precisamente ahora, en que hay alguna similitud de circunstancias, para que aprendamos todos en aquellas lecciones del pasado, porque ahora nosotros estamos pagando las consecuencias.
Yo creo sinceramente que Cuba sería muy distinta de lo que es, que los cubanos estarían en una situación muy distinta de la que están hoy, si la república se hubiese gobernado honestamente desde la fundación, desde el principio.
No quiere decir esto que la culpa la hayan tenido allí las personalidades, que la culpa la tengan los individuos; no quiere decir eso que nosotros, los que estamos aquí ahora, si hubiéramos estado en aquella época, lo hubiésemos hecho mejor que ellos.  Eso no se puede afirmar, porque la posibilidad de progreso de un país no depende solo de las personalidades, depende en gran parte del ambiente en que se viva y depende en gran parte también del pueblo, y el pueblo mismo muchas veces lo echa a perder todo, el pueblo muchas veces tiene buena parte de la culpa de las cosas que pasan.  A veces somos muy dados a los conflictos, somos muy dados a la impaciencia, somos muy dados a las desorbitaciones, somos muy dados a las exageraciones, sin darnos cuenta de que un momento de ofuscamiento, un mal paso o un instante desafortunado de pasiones agitadas, de ambiciones desmedidas, de extralimitaciones, puede conducir al fracaso de los mejores empeños.
No son solo los hombres, del pueblo también depende mucho lo que se haga, y no quiero pensar en aquel ambiente, no hemos tenido la oportunidad de vivirlo para conocerlo a fondo.  Muchas veces lo que la historia escribe se aparta tanto de la verdad que resulta difícil comprender a la perfección y con absoluta seguridad las cosas del pasado, porque a veces no sabemos ni lo que está pasando en el presente, ¿cómo vamos a estar perfectamente enterados de lo que pasó en otros tiempos?  Ahora mismo ustedes ven cómo se intenta tergiversar en el mundo la verdad de la Revolución Cubana, cuánta gente habrá ignorante fuera de Cuba de lo que está pasando aquí y cuánta gente hay aquí que todavía no sabe lo que está pasando.
(DEL PUBLICO LE DICEN: “¡Encárguese de decirlo en los Estados Unidos!”)
Importa, sobre todo, que lo sepamos aquí, y después que lo sepan bien afuera.  Por eso decía que resultaría injusto echarles la culpa a los hombres, incluso a aquellos primeros patriotas, a aquellos primeros políticos.  ¡Quién sabe con qué ataduras se encontraron, quién sabe con qué insalvables obstáculos, quién sabe con qué ambiente!  Hay épocas, veces, en que un idealista se para a hablar en la plaza pública y lo apedrean; hay épocas en que la verdad no puede decirse y hay épocas en que si se dice nadie le hace caso.  Hay veces en que una indolencia, un letargo mortal rodea el ambiente, donde las palabras no tienen eco; nadie cree en nadie, nadie le hace caso a nadie, y eso resulta lógico por la cantidad de veces que se paró uno a hablar y después hizo todo lo contrario de lo que dijo.  Y por esas cosas hay veces en que el ambiente conspira contra toda obra de progreso.
¿Por qué me preocupo por estas cosas?  Porque uno no actúa, como puede parecer, impulsado solo por el entendimiento, y aunque se vive en medio de una vorágine, y sobre todo un funcionario en una etapa revolucionaria tiene que vivir en medio de esa vorágine constantemente, se detiene uno a pensar también en el porqué de todas esas cosas, se dedica a observar y a comparar sobre las ventajas que tenemos hoy y que tal vez no las tengamos mañana.
El ambiente que hay hoy es un ambiente puro, es un ambiente de sacrificio, pero lo que nosotros no sabemos es cuánto dura ese ambiente, lo que no sabemos es cuándo las pasiones empiecen a desorbitarse, cuándo la mezquindad empiece a aflorar, cuándo la mediocridad empiece a apoderarse del ambiente, cuándo los apetitos comiencen a sustituir los ideales.  Sabemos lo que tenemos hoy y lo que tenemos que luchar para no permitir que esta atmósfera pura, este entusiasmo en que vive la república se corrompa o muera.  Combatir, salirles al paso siempre a todas aquellas tendencias que puedan derivarse en un resurgimiento del pasado, porque en la misma medida en que nosotros mantengamos pura la atmósfera de nuestra patria y puros los ideales de nuestro pueblo, Cuba podrá llegar lejos y Cuba podrá cumplir al fin sus destinos.
Siempre oíamos decir que la nación tiene un destino, que la nación tiene una meta, que la nación cubana tenía que cumplir su destino; siempre oíamos hablar de ese ideal, de lo que nunca hemos oído hablar era de cuándo lo íbamos a cumplir.
Nosotros podremos fracasar, yo lo admito teóricamente, no porque lo crea; nosotros honradamente creemos que la Revolución va a dejar un gran rastro y una gran obra en nuestra patria.  Yo digo que teóricamente admito que podamos equivocarnos, lo que sí tengo la más completa seguridad, la más completa convicción, no solo sentimental, sino teórica también, de que la obra que la Revolución haga, siempre estará precedida por la honradez, por los mejores deseos de encontrarles verdaderas soluciones a los problemas, por los mejores deseos de mejorar a nuestro pueblo y nuestra patria en todos los órdenes y de hacerla avanzar.  Cualquier inconveniente podrá ser fruto de un error, nunca de la mala fe.
Tenemos el más firme propósito de cambiar todo lo que esté al alcance de nuestras manos, las que hayan sido hasta hoy malas costumbres en la vida pública.  Hemos vivido con alguna indiferencia sobre las cuestiones públicas y resulta que todos dependemos de las cuestiones públicas, todos venimos a depender del gobierno, de la república, de lo bien o mal que se haga y, por lo tanto, nadie puede ser indiferente al asunto político de su país.  Hay muchos que no querían ni oír hablar de eso, y eran como el avestruz que mete la cabeza en la arena y creen que ya han eliminado el peligro.  En muchos había esa indiferencia hacia las cuestiones públicas y ellas regulan el interés en las relaciones de todos.
¿Y por qué estas consideraciones?  Si aquí ustedes vinieron a hablar de cuotas y de otros asuntos que les interesan más como sector —desde luego, no es que no les interesen las cuestiones públicas, pero realmente era una cuestión de otra índole—, venía pensando yo en los problemas de ustedes como pienso en los problemas de los demás sectores, en las posibles soluciones a las aspiraciones de ustedes y en qué medida todo esto puede encauzarse dentro de las aspiraciones de otros sectores del país.
¿Cómo podemos nosotros mejorar a los colonos y que este mejoramiento se encauce en el mismo sentido?  Porque ningún problema es de solución fácil, menos cuando los problemas se reciben y estos problemas son viejos, aspiraciones viejas.  Cuando esas situaciones se van a abordar dentro del complejo de cosas que nos han dejado, nosotros tenemos que venir aquí, y yo voy a hacer la comparación, si no a vías de ejemplo, como si fuéramos médicos, pero en el caso de la república cuando está grave de verdad, cuando no la podían haber dejado peor.
Muchas veces cuando se quiere justificar que algo no ande bien, se trata de buscar o echar la culpa a otros y nosotros no pertenecemos a esa clase de personas, no le echamos la culpa a nadie, asumimos la responsabilidad si esto no marcha bien .  Cuando hablo de lo de atrás, es solo con el objeto de hacer ver a todos nuestros compatriotas la verdad, las cosas como son, porque la ignorancia es terrible, ver las cosas por su capricho es terrible.  Es necesario que todos estemos orientados con la verdad de nuestros problemas, para que pongamos el máximo de esfuerzo en solucionarlos.  Cuando hablo del pasado es para ilustrar las conciencias, no para echarle la culpa a nadie, porque al fin y al cabo no estamos aquí obligados, nadie nos obligó a nosotros a hacer revolución, porque fue un sentimiento completamente espontáneo, no estamos aquí por obligación, sino por vocación.
Yo decía que, cuando pensaba en las cosas que les interesan a ustedes, pensaba en todas las demás cuestiones, porque no resulta fácil la solución de los problemas, sino que hay que irlos estudiando.  Fue mi propósito al venir aquí, al atender la amable invitación que me hicieron, exponerles la disposición en que estamos de escuchar todas las cuestiones que se planteen, canalizarlas y sopesarlas, al objeto de ir haciendo todo lo más que se pueda por ustedes, como se va a ir haciendo todo lo más que se pueda por el país.  O sea, nunca como en estas circunstancias las cuestiones que les interesan a ustedes van a ser consideradas y atendidas.  A veces pasa que queremos que se nos atiendan las cosas enseguida, pero nos olvidamos de que hay una cantidad de sectores en el país y hay una cantidad de aspiraciones y de preocupaciones de mejoramiento en el país que nosotros nos creemos que somos los únicos; a veces pasa eso y no es un sector, dos ni tres, son muchos los sectores que atender, que tienen cuestiones pendientes de resolver y que todos están preocupados por resolver.
Les venía a decir que todas las cuestiones que la dirección de los colonos planteen y que puedan tener justa solución por parte del Gobierno Revolucionario tendrán solución , pero primero, naturalmente, lo que tiene que hacer el Gobierno Revolucionario es adoptar todas aquellas medidas que tiendan a proteger el azúcar, a defenderlo, a venderlo y a salvar no solo los precios sino el volumen; por lo tanto, una de las tareas más importantes que tiene el Gobierno Revolucionario y una de las batallas más grandes, más importantes que tiene que librar es la batalla por el azúcar de Cuba, pues sin azúcar no hay colonos .  Sin azúcar no hay colono, ni hay centrales, ni hay obreros; por lo tanto, eso es en primer término.
Nos preocupa mucho y nosotros estudiaremos cuidadosamente las medidas; por lo pronto, las que se tomen no estarán obedeciendo intereses especulativos ni intereses de grupo determinado dentro de la industria, ni estarán obedeciendo a otros preceptos que no sean los intereses del país.  Aquí se acabaron los señores que manejaban a su antojo la política azucarera.  Y pasa que todos los sectores interesados en el azúcar podrán estar representados en la nueva estructuración del ICEA; estarán representados los colonos, los industriales y los obreros, pero sobre todo la política del azúcar la dirigirá el Gobierno Revolucionario.  ¿Por qué?  Porque el azúcar les interesa no solamente a los colonos, a los hacendados y a los obreros; el azúcar les interesa a todos los demás sectores, a todo el país, y, por lo tanto, todo lo relacionado con el azúcar le interesa extraordinariamente al Gobierno Revolucionario.
La fuente principal de nuestras divisas es el azúcar, y sin divisas no hay desarrollo industrial.  Hay muchos que dicen: Tengo tanto para invertir, o podemos movilizar tantos millones.  Claro, el gobierno también puede movilizar tantos millones y echar a funcionar la máquina de imprimir billetes, pero el problema está en cuántas divisas disponemos, en qué medida desarrollaremos la industria nacional, en qué medida ese dinero se gasta en artículos del país, porque si todo el mundo saca todo el dinero que tiene en los bancos en sus cuentas particulares y lo junta y le dice al gobierno:  “Aquí está todo el dinero para un plan industrial”, no hacemos nada con eso, porque lo importante es la reserva en oro y divisas.
Eso es bueno, porque a cada rato oigo que van a movilizar tanto y esa es buena idea, todo lo que se haga por movilizar capital para industrializar al país es magnífico, porque es el esfuerzo; y mientras más azúcar vendamos y divisas ahorremos, más maquinarias podremos comprar, porque para el progreso industrial hace falta maquinaria.  Claro que hay algunos sectores que necesitan poca inversión en maquinaria, otros que necesitan más; hay industrias que tienen poco gasto y movilizan un número grande de personal y otras que, en cambio, son carísimas y dan trabajo a pocos, como la fábrica de soya que, aunque emplea a muchos obreros en el campo en la materia prima, en cambio, emplea pocos obreros en la fábrica.
Lo fundamental son nuestras divisas y nuestras divisas dependen del azúcar, luego estamos muy interesados en el azúcar porque de él dependen los intereses de todo el pueblo.
Hay algunas cosas.  Posiblemente nosotros al venir aquí a hablarles a los colonos no tenía que ser necesariamente para hablar de las cosas que los colonos quieren y que podemos hacer en favor de ellos.  Nosotros podemos decir algo que los colonos querían y que hemos hecho ya; nosotros podemos venir aquí con la aspiración más grande de los colonos ya cumplida, me refiero a los pequeños colonos. También hay aspiraciones de colonos que no son pequeños propiamente, relacionadas con estas mismas cuestiones, la cuestión de la tierra; sin embargo, hay una que era el sueño de todos los colonos y fundamentalmente de los pequeños:  el obtener la propiedad de la tierra que trabajaban, y ya en la Ley Agraria se declaró en la Sierra Maestra —y no se le prestó mucha atención en aquel entonces porque estábamos en la Sierra Maestra y la gente pensaría que cómo íbamos a estar haciendo una ley desde allá arriba, sin embargo, es Ley ahora, ¿qué les parece?— que se les concedía la propiedad de la tierra a todos los pequeños colonos, aparceros, arrendatarios y precaristas de menos de cinco caballerías.
Así que todo el que tenga menos de cinco caballerías por cualquiera de los conceptos enunciados, tiene derecho a adquirir la propiedad de esa tierra.  Si tiene menos de esas cinco caballerías, tiene derecho a recibir dos gratuitamente; todos los que tengan menos de cinco caballerías están comprendidos dentro de ese derecho a la adquisición gratuita.  No quiere decir que se le quiten a nadie, el Estado las paga; o sea, que todo el que tenga dos o menos caballerías, recibe gratuitamente, sin que tenga que pagar nada, la propiedad de la tierra.
Nosotros esperamos que ya para la zafra que viene ningún colono que tenga dos o menos caballerías tenga que pagar renta por esas tierras.  Si tiene más de dos pero menos de cinco, recibe esas dos y tiene derecho a comprar las restantes hasta cinco; y si tiene más de cinco, hasta determinado límite le vamos a conceder también el derecho a comprar la tierra.  Así que, en general, habrá colonos perjudicados por la reforma agraria, no hay duda; el que tenga demasiadas cañas resultará perjudicado por la reforma agraria, perjudicado hasta cierto punto, porque tal vez a la vuelta de los años en menos tierra produzca la misma cantidad de caña que producía antes en más tierra.  Yo lo digo porque puedo decirlo, estoy en una reunión de colonos, y hay colonos que pueden estar aquí, que pueden ser afectados por la reforma agraria.  Mi deber honrado es decirlo, no venir con demagogia ni mucho menos.  Es imposible que yo pueda decir una palabra aquí que a todos conforte, pero sí espero de todo colono que resulte afectado la mayor comprensión para los problemas de nuestra patria y la mejor disposición a comprender que al hacerse una ley que es una necesidad para el país, es necesario aceptar las consecuencias que ella imponga.
Unos han tenido más suerte que otros, otros han tenido más inteligencia para trabajar, más disposición, más vocación; pero, al fin y al cabo, hay una cosa que es una verdad también:  si bien unos nacieron con más suerte que otros, si bien otros nacieron con más inteligencia y con más vocación que otros, todos, en cambio, hemos nacido en este pedazo de suelo, y todos tenemos derecho a vivir en él.
Lo que queremos es que nadie se arruine ni hacerle daño, no tenemos ninguna razón; lo que queremos es hacerles el bien a los demás, que coman los que no están comiendo, que puedan vivir los que no están viviendo.
La tragedia del campo la conocen ustedes bien, yo no tengo que hablarles de ella, porque la ven todos los días.  A mí, por ejemplo, nadie me podría hablar de las tragedias de la ciudad, de la cantidad de necesidades que hay, de problemas, de preocupaciones, porque cuando paso por cualquier lugar donde hay una concentración, me cae una lluvia de papeles, de memorándums, con problemas.  Ustedes que viven en el campo saben la cantidad de pobreza que hay en el campo, la cantidad de miseria; ustedes saben del bohío, porque lo han visto y muchos vivirán en él, muchos pequeños colonos vivirán en bohíos, saben lo que es el tiempo muerto en el campo, saben lo que es la gente sembrando una puntica de boniato en una guardarraya y luego 30 matas de maíz, 20 de yuca.  Cuando uno ve al pasar que hay 30 o 40 maticas, piensa:  Bueno, no comerán con lo que siembran, siempre les darán algo a unas gallinas para que no se mueran de hambre.  En el campo hay una miseria indigna de nuestro pueblo, porque hay una tierra tan feraz y tan rica, una tierra donde no hay epidemias, donde no hay plagas, donde no hay nieve, donde en cualquier época del año se puede sembrar por lo menos algún producto, porque incluso cuando uno no siembra crecen la mala hierba y el marabú, crece hasta lo que uno no siembra, ¿por qué en una tierra tan rica va a haber pobreza? 
¿Qué justificación tiene una casita de guano empobrecida, ennegrecida por el humo, de piso de tierra, con siete u ocho muchachos y una mujer famélica allí; y al lado un latifundio interminable, invadido por el marabú, por la manigua, por el sao?  ¿Por qué?, manigua no, ya no hace falta la manigua, lo que hace falta es siembra, lo que hace falta es mucho surco, mucho tractor, mucho abono, mucho regadío; lo que hace falta es que no haya una sola pulgada de tierra sin sembrar.
¿Cómo se justifica que existan esas extensiones abandonadas o en reserva?  ¿Las reservas para quién, las reservas para un señor cuando las pueda sembrar?  ¿Y las reservas de la patria qué?  ¿Acaso el pueblo no es una reserva de la patria?  ¿Acaso esos niños no constituyen una reserva de la patria?  ¿Qué justificación pueden tener esas tierras incultivadas?  Solo el egoísmo, la ambición, la insensibilidad, porque es que nadie que piense honradamente en el problema, nadie que piense con un poco de lógica y de justicia puede aceptar como bueno ese sistema.  Además, ¿por qué pululan tanto los hombres sin empleo por el campo?  ¿Por qué resultan más costosos los cultivos?, porque es el único medio que tienen los hombres de campo para vivir.  Es que solo la reforma agraria, una verdadera reforma agraria, no esa reforma de los marabuses como algunos han estado proponiendo, solo una verdadera reforma agraria resuelve el problema del desempleo en el campo, el problema del exceso de personal en los centrales y en los campos, y así podrán tecnificarse los centrales y podrán tecnificarse los sembrados.  Porque toda esa población que hoy tiene que depender del jornal, naturalmente tiene que ver con recelo todo lo que sea tecnificación, porque tecnificación para los centrales significa hambre para ella.
Solo la reforma agraria podrá darle empleo a esa población que no tiene tierra, podrá tecnificar, obtener más en menos tierra, porque Cuba es, se debe decir aquí, entre los grandes países productores de azúcar del mundo, el que menos caña produce por caballería, el país donde está más atrasada la siembra de caña, el cultivo de la caña; donde está más abandonada, donde no hay métodos científicos.  Otros que tuvieron que preocuparse por hacer rendir a una tierra menos fértil que esta, buscaron procedimientos adecuados y avanzaron más que nosotros.  Nosotros, que teníamos la comodidad de ver como la caña crece sola; nosotros, que hemos sido en ese sentido los más favorecidos por la naturaleza, nos hemos quedado retrasados con respecto a los demás países, así que los que tienen mejor tierra son los que menos producen con su caña.
Aquí ni siquiera hay una estación experimental de caña, ni siquiera hay un centro de investigación donde pudiera probarse toda la variedad de cañas para encontrar la mejor y recomendar una educación sobre el cultivo, porque nosotros tenemos que tratar a toda costa de producir mucho más en la misma cantidad de tierra que hoy usamos o la misma cantidad en mucha menos cantidad de tierra de la que hoy se dedica a ello.
La reforma agraria no es cuestión de empezar a repartir la tierra para que se siembre peor de lo que se está sembrando hoy; la reforma agraria es también para tecnificar la agricultura.  Es mi interés tecnificar la agricultura para producir a menos costo, con el auxilio de los métodos más modernos.  Y no se trata de producir en pequeñas parcelas con el costo de producción que ello significa; las tierras que estén divididas seguirán divididas naturalmente, pero tendrán que organizarse los pequeños colonos, igual que todos los pequeños productores, para obtener créditos con bajo interés, maquinarias a bajo precio, abono, todo lo que necesiten  y protegerse haciendo las cosas en grande, adquiriendo maquinarias que puedan servirles a todos con materiales que no pueda proporcionarles el Instituto Nacional de la Reforma Agraria.  Tienen que mecanizarse, tratar de producir el mayor volumen posible por unidad.
En las zonas que fomentemos trataremos de organizar cooperativas agrícolas.  ¿Para qué?  Para no sacrificar las ventajas de la gran producción, porque una producción en grande produce a más bajo costo porque emplea maquinarias, regadíos, cuenta con recursos para hacer, y la reforma agraria tiene que ser para modernizar la agricultura también, no solamente para dar tierras.
Tenemos que producir en las mejores condiciones, que ningún otro país competidor de nosotros produzca en las condiciones que nosotros produzcamos, eso es esencial.  Tenemos que abaratar el costo de producción; pero, señores, el costo de producción no se abarata botando a la gente para traer máquinas nuevas, porque lo que se gana por un lado se empeora mil veces por el otro.  Esa no es la solución.  Por eso la reforma agraria es la solución, es lo que permitirá tecnificar la agricultura y la industria azucarera.  El procedimiento es, buscándoles empleo a los que salgan, con nuevas fábricas y nuevas industrias y a través de la reforma agraria, ir absorbiendo el exceso de personal.
Es que si no hacemos la reforma agraria, la industria azucarera seguirá retrasándose y llegará un momento en que no cubrirá costos absolutamente, en que no estaremos en condiciones de competir ni con los países más atrasados en la agricultura.  Es una medida que lesiona determinados latifundios, pero es la única solución y sin ella se arruina la industria azucarera, por eso precisamente lo único que puede salvarla es la reforma agraria.
Sé que hay otras aspiraciones justas, no hablo de ellas porque, en primer lugar, hay una por lo menos de las que ya pueden ustedes contar que es una realidad, la forma en que se va a hacer; todo lo demás sería cuestión de trámite, de que tan pronto esté la Ley Agraria se puedan hacer todos los trámites legales para que ya no haya el año que viene un solo pequeño colono pagando rentas.  Hay también muchos pequeños colonos que tienen una insignificante cantidad de tierras, y naturalmente que si en la zona donde están no les alcanzan se tendrían que trasladar de zona, o pasar a otra zona de cultivo, si no cañero, arrocero, o de otra índole, porque nosotros, en la reforma agraria, en las cooperativas que hagamos, tenemos que lograr que el ingreso por familia entre el trabajo del campesino y la ganancia obtenga de 1 500 a 2 000 pesos de entrada todos los años, como mínimo.
Ustedes saben que un colono pequeño de 5 000 arrobas a 10 000 arrobas no tiene esos ingresos.  Nosotros todavía no podemos tratar sobre las cañas de administración porque sí hay cañas de administración, pero la tendencia es a suprimir las cañas de administración; mas también tenemos que darnos cuenta de que tenemos que darles un cultivo a las tierras que hayan de integrar la reforma agraria y si hay en Matanzas, vamos a suponer, miles y miles de pequeños colonos, ¿de qué manera podríamos nosotros transferir una cuota de Oriente a Matanzas?  Implicaría infinidad de trastornos a los obreros y a los centrales, y al campesino no solo lo que hay es que darle tierra, sino un cultivo económico.
Nosotros no somos partidarios de fomentar nuevas áreas de caña, todo lo contrario, áreas de tabaco, de café, de caña, no deben fomentarse, porque son artículos que tienen una demanda limitada.  Hay que producir aquellas cosas que hoy por hoy tienen una gran demanda aquí.
Aquí se importan cebollas, ajos y hasta garbanzos se pueden producir aquí en determinadas zonas, que se importan hoy, sin hablar del arroz, la soya, el algodón, los plátanos que pueden estos últimos traer al país una riqueza enorme en un momento dado, y hay que fomentar en zonas muy buenas determinadas variedades de plátanos que tienen un gran mercado en el extranjero.
Nosotros tenemos que darle al campesino no solo tierra y aperos de labranzas, tenemos que darle un cultivo donde pueda vender; no es cuestión de poner nosotros el tabaquito, la malanga, la yuca, el maíz, el boniato, etcétera, porque no hacemos nada con que ese campesino tenga su pedazo de tierra pero no tenga ingresos.  Ahí es donde radica la razón de la reforma agraria, porque es lo que va a permitir la formación de un gran mercado de consumo interno donde las industrias establecidas y las que se establezcan van a tener la venta asegurada.
Tenemos el propósito de no fomentar nuevos cultivos en cuanto a la caña, pero pudiera darse el caso en la reforma de que en un área cañera necesitemos disponer de esa cuota para esa área, no de momento, pero sí fomentar mayores cantidades; pero cuando haya una distribución no se puede hacer sin tener en cuenta la forma en que se va a hacer la reforma agraria en cuanto a todos los aspectos del país, y teniendo en cuenta que en algunas zonas hay una gran concentración de pequeños colonos que solo trasladándose pudieran tener más tierras.
Explico esto porque tenemos que analizar el problema tal y como es, porque las cosas planteadas así en conjunto pueden ser factibles de establecer determinada distribución.  Nosotros tenderemos a mejorar en todo lo posible al pequeño colono.  No podemos establecer, de manera global, que el tipo de distribución se haga con la cuota de cañas de administración, no podemos establecer eso porque si hay determinadas áreas en esas zonas y no vieron mejor cultivo, pues pudiera dársele como modo de vivir parte de aquella cuota; eso no sería fomentar, sería sembrar la misma cantidad que se estaba sembrando.  Nuestra tendencia es fomentar los cultivos como arroz, soya, algodón, todos esos que actualmente tienen demanda aquí.  Es absurdo sembrar un cultivo que se quede, tiene que haber una verdadera regulación de manera que no se siembre más caña de la que debe, para que se vaya a quedar parada.  Cuando se haga la reforma, se tendrá en consideración el caso de aquellos colonos dentro de la zona.
Nosotros tenemos determinados artículos; por ejemplo, considero que el área que se siembre de caña se pudiera reducir en menos cantidad de tierra y el resto de ella dedicarlo a otros cultivos económicos, y los que no puedan incluirse, hacerse con el ganado, que es el único producto que el hombre no puede aumentar caprichosamente y tiene una demanda mundial.  Luego, el ganado tendrá siempre un gran mercado.  Tenemos la suerte de que aquí no hay fiebre aftosa, no hay epidemias, y podemos desarrollar la industria ganadera, y el área sobrante, podemos dedicarla a la crianza de ganado, lo que no debe haber es una sola pulgada de tierra sin cultivar.
Las posibilidades de aumentar la participación en la producción de azúcar dependerán del estado de la industria.  Sobre lo demás no se puede hablar a priori, porque ya dije, no puedo hacer afirmaciones demagógicas, no puedo hablar a priori sobre las demás cuestiones.  Sí puedo decir que seguiremos una política justa en todo lo que tienda a beneficiar la economía del país y los ingresos de los colonos.
Estoy seguro de que ningún pequeño colono se va todos los años a finales de la zafra a Europa; estoy seguro de que la mayoría, cuando compra algo de fuera no es un Cadillac, es un tractor, y que la mayoría consume productos nacionales, vive modestamente. Todo lo que sea ayudar a ese sector está de acuerdo con la política del Gobierno Revolucionario y los intereses de la nación.  Lo poco que hemos podido hacer no ha beneficiado a todos. La cuota de los sobrantes de distribución a los pequeños colonos solo ha beneficiado a determinado número, porque se han hecho muchas irregularidades con eso.
(UN COLONO LE DICE: “En la compañía del central Macareño, la distribución no la han hecho con equidad.  Hay colonos, como el que habla, que el año pasado molió lo que molió porque habló en Camagüey lo mismo que aquí”).
(EL PRESIDENTE DE LA ASAMBLEA PLANTEA: “Esas cuestiones las vamos a someter a un estudio oportunamente”).
(EL COLONO DICE: “Perdonen, que mi intención no es vejar a ninguno; eso es desencantar al Ministro, para que tenga la convicción de lo que está pasando”).
Yo no estoy encantado con nadie, ni mucho menos con las compañías extranjeras.  La tendencia de nosotros es a suprimir la caña de administración.  Está muy bien lo planteado.
Es que aquí se han cometido muchas irregularidades, desde atrás se viene violando la ley; incluso la Constitución dice que se tiene que disminuir por año la caña de administración y lo que han hecho es aumentarla.  Yo lo que no he querido es prometer, porque pudiera haber afirmado aquí que se va a distribuir esa caña entre los colonos existentes, pero sería una barbaridad eso ahora cuando se va a una reforma agraria. ¿Qué se va a hacer con esa tierra? (DEL PUBLICO LE DICEN: “¡Distribuirla!”) Es cosa muy distinta tener en cuenta a los pequeños colonos.  ¿Cómo se podrán refundir las parcelas?  Esa será la tarea del Instituto de Reforma Agraria, que va a tener un trabajo muy duro, al objeto de poder hacer bien las cosas.
Así que no es lo mismo lo que yo planteaba.  De qué manera se le va a poder en una distribución aumentar la tierra si no hay, la caña que se redistribuye viene de otra provincia.
Hay que tener en cuenta el problema obrero, el número de obreros que está trabajando en cada central, que es otro problema de la Revolución; a la hora de resolver hay que atender todas esas consideraciones, porque pueden servir para beneficiar a unos y perjudicar a otros.
Por eso estas cuestiones nosotros lo que tenemos es que considerarlas y estudiarlas bien.  Pero la tendencia es a que los centrales sean centrales, a que al lado de los centrales pongan otra fábrica y a que sea una zona industrial el central; la política a seguir es convertir el central en una unidad industrial.  Si hoy día la tierra que proporciona más trabajo va a estar más acaparada, eso es antieconómico por completo.  Lo que tenemos que producir la caña a bajo costo mediante la mecanización, los abonos, los regadíos, los créditos necesarios, ¿por qué?  Porque mientras más bajo sea el costo de producción, estaremos en mejores condiciones para la competencia en el mercado.
No hacemos nada, porque como no podemos controlar el precio ni los jornales en Santo Domingo ni en otros países, viene a resultar que entonces nos hacen una competencia desleal por completo; nosotros lo que tenemos es que aprovechar la feracidad de nuestro suelo y cultivar en las mejores condiciones técnicas para poder por esa vía obtener un costo más bajo al efecto de poder competir y defender nuestro azúcar y estar en condiciones de que el que compita con nosotros se arruine.  Eso sí, tener una industria bien preparada, pero sobre bases técnicas, con la reforma agraria como base, y no como se ha pretendido que el problema sea de crear desempleo, disminuir el número de personal, trabajar menos horas y menos tiempo, porque eso afecta al sector que trabaja en la industria, el obrero, y no podemos beneficiar a un sector a costa de sacrificar a otro.  No podemos tecnificar la industria y abaratar el costo, a costa de sacrificar los obreros, porque es un camino equivocado que nunca seguirá el Gobierno Revolucionario, un camino que trató de seguir la dictadura, pero jamás la Revolución.
Nosotros tenemos que buscar, por vía de la reforma agraria, de la tecnificación, el crédito barato y otros procedimientos, abaratar hasta el máximo el costo de producción del azúcar, para poder defender nuestros mercados, para poder operar y estar en mejores condiciones que cualquier otro país.  Y desde luego, no vivir del azúcar solo, diversificar nuestra agricultura, dedicar a otro producto la mitad o a lo menos la tercera parte de lo que hoy se dedica a producir caña, sin regadío, sin abono, sin cultivo, porque eso es antieconómico, eso no le da vida a nadie; lo mismo que las cañas que se quedan de un año para otro, que después cortarlas significa un sacrificio y un trabajo mucho mayor que cortar las cañas a las cuales se riega y se da cultivo, esas cañas abandonadas es antieconómico.
Tenemos que buscar por vías revolucionarias y vías técnicas el abaratamiento de los costos para defender nuestro producto, porque el azúcar es y será siempre nuestro principal producto nacional, no perderá su importancia.  Por mucho que nosotros diversifiquemos la agricultura, por mucho que industrialicemos el país, siempre será una extraordinaria fuente de divisas.  Nosotros tenemos que defender nuestro azúcar en el mundo y en el mercado norteamericano pedir que nos reintegren el porcentaje en el aumento del consumo interno de Estados Unidos, que nos lo disminuyeron; que nos lo reintegren y que nos dejen vender allí todo el azúcar que produzcamos, que nosotros le podemos vender el azúcar más barato de lo que lo venden los remolacheros.  Nosotros podemos abaratarle el precio del azúcar a la familia norteamericana; les vendemos todo el azúcar que quieran, les vendemos 7, 8, 9, 10 millones de toneladas si quieren, y que nos devuelvan lo que nos quitaron y que nos compren el azúcar, que nosotros podemos competir con los remolacheros.  ¡Competimos con los remolacheros y los arruinamos! 
(DEL PUBLICO LE DICEN: “¡Y la refinamos, también!”)
Por lo menos la de aquí debemos refinarla.  Así que tenernos que defender nuestro azúcar, por eso seguirá siendo siempre un gran producto; y los derivados del azúcar, todas las industrias que se puedan, porque siempre hemos estado oyendo hablar de ellas pero nunca se hacen.  Vamos a ver si esta vez de verdad desarrollamos la industria de los derivados de la caña, sobre todo, pulpa para papel.  Yo he visto en estos días tablas de bagazo de caña, múltiples objetos de todas clases; hay infinidad de productos que servirán para dar trabajo a miles de obreros que le ahorrarán al país millones de pesos, que nos permitirán recobrar millones y millones en divisas.
Todo está en desarrollar esa industria.  Nosotros tenemos que hacer progresar la industria que ha sido nuestra base, por difícil que sea, por complejo que sea el problema; porque todos comprenden lo complejo que es, cómo hemos recibido esto, y porque lo hemos recibido así, tenemos que estar ahora confrontando las consecuencias de la imprevisión y el abandono en que ha estado la industria desde el principio.  Ahora cuesta trabajo todo eso, pero lo importante es que todos pongamos nuestro empeño, que todos pongamos nuestro esfuerzo y que sepamos esperar.
Las destilerías están funcionando.  Nos hemos preocupado por el problema de los obreros de las destilerías y por el combustible que se gasta, que es justo que nosotros parte del combustible ese por lo menos lo produzcamos aquí.
Lo fundamental es esto: tenemos que encontrar derivados de la caña y del azúcar; tenemos que industrializar el azúcar, convertir el azúcar en lo que sea necesario, producirlo a bajo costo.  Ese es nuestro problema principal.  Estamos atrasados industrialmente con respecto al azúcar, y esa será la tarea que debemos afrontar todos, ustedes, nosotros y el sector industrial.  En definitiva, colaborar con esta obra es algo que ha de beneficiar a todos.  Serán muy pocos intereses los que resulten perjudicados y tienen que serlo porque eso da dinero; resultarán afectados algunos intereses, pero la inmensa mayoría del país recibirá su beneficio.
Si alguna vez hay razón para luchar con entusiasmo, para librar todos los esfuerzos por una obra, es ahora; y, además, saber esperar, que es otra cosa muy importante.  Hay gente que ha tenido que esperar a la fuerza aquí décadas enteras, y ahora voluntariamente no es capaz de esperar seis meses ni un año.  Por lo tanto, hay que saber tener la paciencia de esperar, porque hasta para comerse una mazorca de maíz, hay que sembrarla y esperar unos meses a que la mazorca crezca, crezca la semilla, brote la mata y de fruto.  Aquí el problema no es solo saber esperar, no podemos comernos la fruta antes de sembrar las semillas y mucho menos podemos comernos la semilla.  Si nos comemos la semilla no tendremos fruto.  Es un problema que hay que saber esperar.  Poner todos por su parte a contribución, la experiencia, la sugerencia a través de la asociación.
Vamos a fomentar un centro de investigaciones sobre cuestiones de caña.  Esta es una cuestión en que estamos muy atrasados. Si alguna vez decía que hay razón para colaborar entusiásticamente con una obra que no va a tender a beneficiar a ninguna camarilla, a ningún personaje del gobierno, a nadie, en particular, es esta.
Brinden ustedes toda la colaboración de la experiencia, del trabajo honrado y del entusiasmo, que nosotros les brindaremos también todo nuestro esfuerzo y todo nuestro entusiasmo, en interés de ustedes, que coincide con el interés de la nación.
FIDEL CASTRO RUZ

Fuente: http://www.cuba.cu/gobierno/discursos

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