julio 09, 2012

Discurso de Fidel Castro en la Asamblea de los Fabricantes de Calzado (1959)

DISCURSO EN LA ASAMBLEA DE LOS FABRICANTES DE CALZADO
Fidel Castro
[7 de Abril de 1959]

― Versión taquigráfica de los oficinas del Primer Ministro ―

Señores fabricantes de calzado;
Señoras y señores:
A pesar de que sobre nosotros pesa un trabajo muy grande, consecuencia de estar viviendo el país en un proceso revolucionario —lo cual ha movilizado a todos los sectores del país, cada uno de ellos en pos de viejas aspiraciones y de nuevas esperanzas, puesto que lo que antes parecía imposible o era difícil de lograr, hoy a todos nos empieza a parecer posible, y ello trae como consecuencia que, prácticamente, todos a un tiempo estemos luchando por lograr nuestras más caras aspiraciones, y, naturalmente, el tiempo es poco para atender a tantas solicitudes y para estudiar y resolver correctamente tantas cuestiones—, a veces pasa como en este caso de la asamblea de los fabricantes de calzado:
Yo me enteré por el camino; venía por la calle, de otra reunión donde había hecho acto de presencia, y me enteré de que al otro día tenían una reunión los fabricantes de calzado; pero el programa del otro día yo lo tenía repleto, y me dije:  “Bueno, voy a tratar de ir, voy a ver si el tiempo me alcanza.” Y, realmente, ayer no me alcanzó el tiempo para asistir a esta reunión, porque tuvimos la inauguración de la exposición de productos cubanos y posteriormente hubo otras reuniones que habían sido convocadas con anterioridad.  Por eso, pues, no pude venir.
Y me pasa muchas veces lo mismo, de que se reúnen y me avisan a mí; pero no han contado conmigo cuando se van a reunir.  Por eso me resulta difícil poder asistir a todos los actos que se convocan.  Se reúnen los colonos, se reúnen los fabricantes de calzado, se reúnen los obreros de un sector, se reúne todo el mundo, porque estamos viviendo, naturalmente (DEL PUBLICO LE DICEN: “En una democracia.”), en una democracia, en primer lugar, y, además, en una democracia después de siete años de tiranía, donde nadie se podía reunir.
Y nosotros nos alegramos mucho de eso; lo único que lamentamos es que el día no tenga 72 horas o 100 horas o 500 horas, para poder atender todas las cuestiones, que realmente el tiempo se hace corto, por lo menos para los que tratamos de cumplir con nuestros deberes y tratamos de atender el mayor número de asuntos posibles.
Así, ayer yo no pude venir a la asamblea.  Me hice el propósito de venir hoy y, realmente, como los fabricantes de calzado son constantes, se dijeron: “Bueno, si no pudo ser ayer, pues, bueno, puede ser hoy”.
Y todavía me están esperando los obreros del Hotel Hilton para entregarme dos tractores también.  Así que después, cuando salga de aquí, tengo que ir allá; mañana tengo Consejo de Ministros.  Y así, pues yo no sé, el problema más grande que tengo es ver cómo puedo atender tantas cosas en el tiempo.  Tengo ahora que repasar inglés, porque tengo el viaje a Estados Unidos pendiente; tenemos que vender azúcar, tenemos que vender frutas, tenemos que vender zapato, tenemos que vender.  Así que voy de vendedor, en viaje de vendedor.  Y, además, vamos también a solicitar la colaboración de los pueblos para la reforma agraria, vamos a visitar fábricas de tractores; y esperamos que, algún día no lejano, pues una comisión de fabricantes de calzado vaya a visitar también la fábrica de máquinas de calzado.
En fin, que tenemos una gran tarea por delante (ALGUIEN DEL PUBLICO LE DICE: “Hay tiempo”).  Bueno, hay tiempo, pero la gente no espera mucho.  Es que, de todas formas, a nadie le gusta esperar, esa es la verdad (DEL PUBLICO LE DICEN: “No hay que perder la paciencia”).  Bueno, realmente, toda obra social, política y económica requiere tiempo.  A mí, al menos, lo que me quede por hacer —o mejor dicho, se tarde en hacer—, no será por dejadez de nosotros, o por abandono nuestro, porque tratamos de poner el máximo interés.
Y así como la industria del calzado tiene sus aspiraciones, las tienen la industria del tabaco, del azúcar, del arroz, en fin, todos los sectores industriales que han estado realmente frenados por la mala política, frenados por la política colonialista que se seguía aquí, por la falta total de protección, por la falta total de estímulo, la corrupción, el robo, la explotación, en fin, todo lo que ustedes han estado viendo ocurrir aquí en Cuba.  Todos tienen, pues, en este momento, grandes esperanzas y todos se movilizan.
Hace un rato me hablaban también de un caso muy simpático, y me explicaban —un compañero de ustedes— que decían los propietarios de casa única que la Ley sobre las Hipotecas y los Intereses no les había beneficiado a ellos.  Y entonces nosotros decíamos: “Bueno, pero es que la ley benefició a las casas que estaban afectadas por la Ley de Alquileres, y resulta que ellos se excluyeron de la Ley de Alquileres.”  Estaban excluidos de la Ley de Alquileres, pero decían:  “Bueno, no nos han incluido en la Ley sobre las Hipotecas.”  Y yo dije: “Sí, si estaban pagando más del 6% sí están incluidos, porque se redujeron los intereses al 6%, y a las casas afectadas por la ley de hipotecas se redujo al 4% y el doble del tiempo para pagar.” Les dije: “Bueno, si quieren los incluimos en la ley sobre los intereses, pero tienen que incluir ellos a los inquilinos también en la rebaja”.
En fin, que hay que ir armonizando todos los intereses; pero ocurren, incluso, esos casos de aquellos que no resultaron afectados por una ley y quieren de todas maneras estar beneficiados por otra.  El que más y el que menos trata de ver cómo la Revolución aporta sus beneficios también a ese sector.  En general, es imposible que llegue a todos; hay veces que un sector comprende a grandes y pequeños industriales, a grandes y pequeños poseedores de tierra o a grandes y pequeños colonos.
Por ejemplo, la ley agraria tiende a beneficiar al pequeño colono, y si es un gran colono que tiene un exceso de tierra, pues la ley no lo beneficia.
En fin, cuando se haga el cómputo final de todas las medidas revolucionarias, nos encontraremos que el 95% del pueblo va a salir beneficiado con las medidas revolucionarias, y podrá resultar perjudicado un 1%, un 2%, un 3%, un 4%.
Hay veces que la actividad económica de los ciudadanos es tan variada que, incluso, una ley revolucionaria puede perjudicar a un obrero.  Se ha dado el caso, por ejemplo, de un obrero que ha hecho una serie de ahorros para comprar solares, entonces compró solares, y al comprar varios solares, vino la ley de los solares y lo perjudicó.  No lo perjudicó propiamente como obrero, lo perjudicó como comprador de solares, que son casos, desde luego, excepcionales.  Esos casos, realmente, dentro de una ley, son la excepción, y hay algunos casos como esos que pueden resultar dolorosos, por cuanto la inversión se hizo a base del ahorro del salario; pero son casos mínimos.
La mayor parte de la especulación de los solares se produce por personas que cuentan con grandes recursos, y que no los han obtenido precisamente ahorrando de su salario, sino ahorrando con el salario de otros.  Y así han podido adquirir enormes extensiones desde hace años, solares que han aumentado de precio, porque han construido por los alrededores; o sea, con el trabajo de otros, con las inversiones de otros, aquel solar donde no se invirtió nada, se duplicó, se triplicó de precio.
Bueno, esta pequeña desviación del tema es la que solemos hacer, porque...  (DEL PUBLICO LE DICEN: “Hay tiempo, hay tiempo”).  No es que haya tiempo, es que uno aprende todos los días algo nuevo en la vida pública.  Y todos estos problemas se entrelazan unos con otros de una manera curiosísima, y nosotros, que estamos metidos en el centro de la vorágine esta, pues, tenemos todos los días...  No tendremos tiempo de leer, pero tiempo de aprender sí tenemos, porque la vida también enseña mucho, y la realidad enseña y, sobre todo, cuando uno ve todo el conglomerado social de un país convulsionado por una tarea revolucionaria y está en el centro de todo eso y hacia uno fluyen todos los problemas, todas las opiniones, todas las corrientes.
En fin, que el espectáculo en general del país es el de todo el país movilizándose, buscando sus mejoras, y se movilizan por sectores cada uno de acuerdo con la hora, aspirando a lograr lo que durante muchos años ha estado tratando de lograr y no ha obtenido.
He visto, por ejemplo, el caso de los fabricantes.  Yo no tenía una opinión hecha sobre este problema, y lo que he estado haciendo es tratando de informarme, porque todas las medidas que tome el Gobierno Revolucionario deben estar precedidas por el análisis de todas las consideraciones pasadas, presentes y futuras del sector. No me gusta tomar decisiones sin estudiarlas, sin consultarlas, sin analizarlas, porque eso es más bien conducta propia de demagogos, y no de hombres cuya preocupación fundamental es hacer las cosas bien.  Por eso yo apenas llegué lo primero que les dije a los miembros de la Asociación de Fabricantes de Calzado —los encontré aquí al llegar— fue: “Miren, el criterio con que vengo es, sencillamente, con el que voy a todos los problemas y a todos los sectores, es el de hacer todo lo que sea necesario en beneficio del desarrollo de esta industria.”  Eso es lo que nos importa a nosotros: desarrollar la industria del calzado, que es una de las industrias que tiene porvenir en Cuba.
Y yo les decía que como nos interesaba, por ejemplo, desarrollar la industria del tejido, que es otra industria que tiene porvenir en Cuba, como hay otras muchas, que si efectivamente se desarrollan podremos tener trabajo para darles empleo aquí a todos los que están hoy sin trabajo y mejorar el estándar de vida del sector en la misma medida que la industria se desarrolla.  Y con ese criterio vine.
A nosotros no nos importa ninguna otra cuestión.  El problema de los organismos como organismos burocráticos a nosotros no nos interesa para nada.  En esta cuestión planteada no nos interesa más que adoptar las medidas que realmente convengan a la industria.  Yo les dije: estas cuestiones debemos de analizarlas y de discutirlas, porque a mí me es imposible en unos minutos tomar una decisión sobre cualquier cuestión que se me plantee.  Yo les decía que teníamos que escuchar también a los obreros, que era importante escuchar el criterio de los obreros en esto.
Desde luego que cuando se habla de fabricantes de calzado habrá personas que digan:  ¿fabricantes?  Bueno, pues, debe haber una reunión de personas con cuello y corbata allí.  Y la realidad en cuanto a la industria es que una de las industrias más distribuidas es la industria del calzado.  Cuando hay precisamente unos 1 200 fabricantes del calzado, eso quiere decir que son fundamentalmente pequeños fabricantes de calzado.  Y, además, que todos fueron obreros antes de ser fabricantes, y que tiene que haber, naturalmente, una gran identificación en esta industria entre los fabricantes —que son pequeños fabricantes— y los obreros de la industria.
(Le dicen que ellos también son obreros de su industria.)
Sí, porque trabajan allí; porque lo fueron y porque piensan con el sentimiento de quienes han estado trabajando durante años en el calzado.  Y eso es muy bueno porque en este sector se puede buscar una gran identificación entre los intereses del fabricante y del industrial, aunque yo sé que todos no son pequeños fabricantes; hay algunos que son grandes fabricantes y que tienen muchos obreros allí.
Pero de todas maneras, claro, deben estar los obreros representados en la discusión, porque, aun cuando muchos de ustedes piensen como obreros, no están aquí en calidad de obreros, están en calidad de fabricantes.  Y es justo que a los obreros también, en el estudio de la solución de los problemas, se les escuche, y sé que ustedes están de acuerdo con eso.
También debe escucharse el criterio de funcionarios del gobierno, relacionado con el Ministerio de Hacienda, el Ministerio del Trabajo y, en fin, con personas conocedoras de la cuestión, para que las soluciones que se adopten, incluso, vayan más allá de los objetivos que tenían presente los miembros de la asociación cuando se reunieron aquí.
Porque a mí me dijeron: “Bueno, que hay que quitar la Comisión Reguladora.”  Y yo dije: “Bueno, ¿y eso solamente resuelve el problema; esa es la única aspiración, acaso, de los fabricantes de calzado?”  Seguramente que no (EXCLAMACIONES DE: “¡No!”)  Al poco rato de estar hablando yo me di cuenta de que había otras muchas cosas que podían interesar a los fabricantes de calzado, que no eran solo...  Claro que en este momento toda la atención se centra en la comisión, porque ha sido un organismo —por lo que veo— que se ha ganado unas antipatías tremendas en la Asociación de Fabricantes.  Por supuesto que nosotros, el Gobierno Revolucionario, por ningún concepto puede decidir sobre el organismo sin contar con el criterio y con la opinión de los intereses de los cuales está dependiendo ese organismo.
Yo soy absolutamente contrario a tipos de instituciones que tengan la repulsa del sector.  Considero que no puede existir antagonismo entre el sector y el organismo que trate de regularlo o de representarlo.  Es una cosa completamente absurda, sería un sistema erróneo por completo.  Lo primero que hay que preguntarse es por qué motivo es que se ha ganado esa antipatía, y se encuentra fácilmente la respuesta en el hecho de que no haya aportado beneficio de ninguna índole al sector, y que realmente haya sido costoso y que haya servido también para servir intereses particulares y posiblemente beneficiar el bolsillo de unos cuantos a lo largo de todos estos años.
La tendencia nuestra es precisamente ir adaptando las funciones del gobierno a los objetivos que realmente deben llenar.  Si ese dinero se hubiese invertido correctamente, con seguridad que la industria estaría mucho más adelantada.
Luego creó un sistema de contribución que era embarazoso y molesto para los fabricantes y a mí me contaba uno de ustedes las angustias del fabricante con ese tipo de impuestos que tiene que ir a fin de mes a...  O sea, él lo definía con una palabra: decía que tenía que retener el impuesto y que, dada la precaria situación económica de los fabricantes, era como poner al chivo junto a la lechuga.  Es la palabra con que él muy gráficamente me explicaba uno de los inconvenientes, aparte de que muchas veces se habían paralizado las fábricas porque no llegaban sellos, o porque había que venirlos a buscar, o porque existía una gran dificultad en la adquisición de los mismos; que otra de las aspiraciones con el problema de los impuestos era simplificar el procedimiento y hacerlo sencillo y asequible a los fabricantes; no el procedimiento engorroso que ha existido hasta este momento.
Así que yo estuve discutiendo con ellos una serie de cuestiones, porque no me conformaba con lo que se estaba planteando, me parecía que no estaban mirando a la industria con proyección de futuro, y les planteaba distintos problemas. Les preguntaba cuántas máquinas tenían, qué créditos necesitaban, qué facilidades tenían para obtener esos créditos.  En realidad, no existía ninguna, ni existía ayuda, ni existían facilidades para los créditos.
A nosotros nos preocupa mucho que la industria del calzado se ponga entre las mejores industrias del país, nos interesa mucho que se puedan producir mejores zapatos que en cualquier otro lugar.  Nosotros tenemos aquí la materia prima, tenemos un sector que trabaja y que tiene experiencia, que tiene habilidad, y que si no la tuviese suficientemente, podemos adoptar las medidas necesarias para que la adquiera, brindándoles facilidades o, sobre todo, en los centros educacionales, preparando los técnicos para que en el futuro vayan engrosando las filas de los productores de zapatos. Nosotros tenemos no solamente que procurar con determinadas medidas mejorar las condiciones del mercado; nosotros tenemos que procurar encontrar la calidad a toda costa.
Entre las metas que tenemos que trazarnos, está la de producir los mejores tipos y la mejor calidad de zapato, de manera que cuando un cubano vaya a una tienda y pida un zapato cubano, no lo pida solo por patriotismo, sino que lo pida también porque es mejor zapato que cualquier zapato que se pueda importar aquí.
Nosotros en las tenerías y en las fábricas de zapatos tenemos que adoptar todas las medidas técnicas para mejorar la calidad, y en la misma medida se desarrollará también aquí la industria de la cual depende la materia prima.  Tengo entendido que se exporta una cantidad de pieles; pudiéramos en el futuro pues consumir una parte de esas pieles que se exportan.
(Una mujer del público le dice que desde hace mucho tiempo tiene escrita una carta, pero no la había mandado por pena.)
(Le entregan la carta al Comandante Fidel Castro.)
Bueno, como precisamente gira la carta más o menos sobre los mismos temas que han planteado aquí —está muy bien hecha—, la voy a conservar para informarme.  Yo terminaré sabiendo también algo sobre la industria del calzado, a fuerza de preguntar y de leer informes y escritos.
Lo que decíamos era precisamente —y por eso a ella se le ocurrió darme la carta—... Ella dice que la industria del calzado está en una gran parte todavía como en los tiempos de la colonia en cuanto a recursos para su desarrollo. Nosotros, que tenemos el deber de pensar en el futuro, que tenemos el deber no de resolver los problemas pasajeramente, sino de resolverlos siempre mirando hacia el porvenir, porque la Revolución dicta medidas con vistas al presente, pero más preocupada del porvenir que del presente, en todo este problema de la industria lo que tenemos es que procurar el desarrollo de la industria con vistas al futuro.  Nosotros no hacemos nada si adoptamos algunas medidas ahora que satisfagan pasajeramente la industria; yo sé que con quitarles aquí tres o cuatro cosas aquí todo el mundo se pone contento.  Pero el problema no es ese, yo sé que con decir: ¡fuera eso!, hay una alegría aquí tremenda. El problema no es ese.  Al pueblo cubano se le ha acostumbrado a ser imprevisor y se le ha acostumbrado mucho a buscar soluciones para este año, y el otro año vuelve a tener el problema; se lo resuelven por un año más y al otro vuelve a tenerlo, y así todo se ha ido haciendo aquí; por eso estamos como en el tiempo de la colonia en muchas cosas. Y aquí no se han planteado algunos problemas que son importantes.
(DEL PUBLICO EXCLAMAN: “¡El de los créditos!”)
¡Ah!  Yo se lo voy a decir:  Ustedes no han planteado el problema de los créditos para facilitarles aquí a los talleres con qué comprar máquinas ; ustedes no han planteado aquí el problema de los intermediarios y acaparadores de zapatos ; ustedes no han planteado aquí el problema de los impuestos que tienen pendientes , y que como me decía un compañero de ustedes: “Mire, vamos a ir presos todos, vamos a parar a la Ciénaga de Zapata” ; y otro decía:  “Aquí nos van a fusilar, porque no vamos a poder pagar”, y una serie de cuestiones que me planteaban en ese lenguaje gráfico , me planteaban una serie de problemas. Yo me reía porque, naturalmente, estas cosas siempre tienen una parte trágica, dolorosa, y otra parte humorística, y, por lo general, el cubano tiene la suerte de que a mal tiempo le ponen buena cara.
Y así, con ese extraordinario humorismo, me explicaban ellos sus grandes problemas, desde el sello, hasta las clausuras con que luego los hacían víctimas, la espada de Damocles esa que pesaba sobre las cabezas de todos los fabricantes.
Y otro me decía: “Mire, aquí lo que nosotros queremos es empezar a ser honrados con la ley”; decían ellos: “El problema es que queremos ser de ahora en adelante honrados en el problema de los impuestos.”  ¿Quería decir eso que antes no eran honrados?  No.  Pero él, con su lenguaje gráfico, explicaba que las condiciones económicas los estaban llevando a...  Aquí todo el mundo —no se vayan a creer que son ustedes solos—, ha tratado siempre de burlar los impuestos.  Pero, ¿por qué?  Entre otras razones, porque aquí no se ajustaban las contribuciones al estado económico de los sectores industriales del país; una de las razones.  Otras de las razones era que pagaban el impuesto y, de todas maneras, los fastidiaban: iba un inspector allí y les robaba.  En tercer lugar, si pensaban que sí que pagar los impuestos era un deber, pero pensaban entonces que los gobernantes se robaban el dinero, decían:  “Bueno, pero yo no pago impuestos para que se los roben” .
Cuando los impuestos se convierten en escuelas, cuando los impuestos se convierten en campos deportivos, cuando los impuestos se convierten en maestros, cuando los impuestos se convierten en médicos, cuando los impuestos se convierten en centros hospitalarios, cuando se convierten en carreteras, cuando se convierten en acueductos, cuando se convierten en alcantarillados, cuando se convierten en pavimentación, cuando se convierten en higiene, cuando se convierten en beneficio de todo tipo para el país, uno comprende que es honesto y es justo que se paguen los impuestos.
Aquí, desgraciadamente, ¿a dónde iban a parar los impuestos? Yo les digo que si aquí los impuestos se hubieran invertido correctamente desde el principio no habría una sola ciudad sin hospital, sin alcantarillado, sin pavimentación, sin acueducto, sin campos deportivos; en fin, no habría una sola ciudad que careciera de todo lo que todas las ciudades están pidiendo (DEL PUBLICO LE DICEN: “Porque había mucho manganzón”) ¡Es que había una cantidad de manganzones aquí! —como dice él.
Y no solo eso: se crearon otros vicios que realmente son difíciles de suprimir, y yo les voy a poner un ejemplo. Uno de los peores males del país es la burocracia.  Una gran cantidad de los impuestos se invierten en personal.  La burocracia es un mal, sin embargo, un mal contra el que no resulta fácil luchar. ¿Por qué?  Porque hay un desempleo extraordinario, enorme. Cada persona que usted suprime del cargo, necesariamente se queda en la calle. Sería mucho más fácil luchar contra la burocracia si hubiera empleo, y cualquier persona que dejase de trabajar en el Estado fuese a trabajar en cualquier industria.  Cuando usted se encuentra una persona cesanteada —con razón o sin razón—, por lo general, cuando lo está con razón no se queja, y cuando lo es sin razón se queja con razón, con la doble razón de que no era botellero, de que llevaba tantos años, de que lo cesantearon para poner a otro, y, además, con la razón de que no tiene otro lugar donde trabajar.
Nosotros hemos visto por dentro este problema de la burocracia.  He estado insistiendo constantemente en que jamás, por ninguna razón, se deje cesante a un empleado que no sea botellero, que no tenga una culpa grave de colaboración con la dictadura.  Siempre he estado insistiendo en eso, sobre todo, en que no se bote a uno para poner a otro.
Pero aquí habría que luchar contra otra cosa.  A ver, ¿cuántas personas responsables hay en este país, a las que usted les asigne un trabajo, les asigne otro y cumplan al pie de la letra con lo que es el deber de un revolucionario en un cargo determinado?; pues unos han actuado con discreción, otros han querido botar a todo el mundo.  Y, naturalmente, se necesitaría un cuerpo de inspectores enorme para ir inspeccionando todos los organismos autónomos, municipios y departamentos del Estado para poder impedir que se cometan algunas injusticias, que yo sé que se han cometido, y que las he visto y las he visto con dolor, incluso impotente de poder resolverlas, porque, cómo uno, con todas las obligaciones que tiene, les puede resolver el problema a todos y cada uno de los que hayan sido cesanteados injustamente.  Y no ha sido posible, nos hemos tenido que conformar con frenar lo más posible; y estoy seguro de que sin esa lucha que hemos sostenido por evitar las cesantías se hubieran producido muchas más, se hubieran producido muchas más.
Y el problema era que no quedaran realmente funcionarios que deshonraran la administración, funcionarios inmorales.  A esos lo correcto y lo revolucionario era botarlos sencillamente, que fueran a trabajar a otro lado.
Y en el caso del infeliz empleado, que ha vivido toda la vida con el corazón en la boca y ha estado ganando un sueldo modesto, pues lo revolucionario en ese caso era tener consideración con ese empleado.  Si no era confidente, si no era un recomendado de Pilar García o de Chaviano o de Ventura, si no era un botellero, pues sencillamente tener consideración con ese empleado.
Y yo traigo este tema a colación, porque, realmente, el grado de desempleo es muy grande y hay mucha burocracia.  Sin embargo, el Estado, al querer tratar de evitar este mal, podía producir un mal mayor, que era un número mayor de desempleados, y este es un momento en que es difícil luchar precisamente contra ese mal, por la cantidad de desempleados que hay.  Nosotros iremos luchando a través de la carrera administrativa, a través de una selección eficiente y a través de una lucha que tiene que ser muy persistente para ponerle fin al mal de la burocracia.
En cualquier empresa ustedes observan que se trata de hacer economía, se escoge bien a los funcionarios, no se crea un cargo para favorecer a amigos, y con el pobre Estado los políticos han acabado.  Bastaba una recomendación de un pariente más, un compadre más, un miembro más de la camarilla, para que sobre los hombros del Estado, que quiere decir sobre los hombros del pueblo, se echase la carga de nuevos y nuevos empleos.
Yo muchas veces pienso que determinados funcionarios le estarían prestando más servicios a la colectividad sembrando lechuga que en un departamento del Estado sentados en un buró sin hacer nada, porque es una cosa terrible pensar en lo antieconómico y en lo nocivo que resultan a la economía del país hombres que no producen, que realmente no producen y que, en cambio, estén consumiendo.
Por ejemplo, un médico está curando, un maestro está enseñando, otros están tomando otras disposiciones, otros están haciendo determinados trámites que son necesarios dentro del Estado; pero, realmente, el tipo de funcionario que no haga nada, que no preste un servicio útil, que está ahí, resulta antieconómico, porque el arroz que come lo siembra alguien, los zapatos que se pone los fabrica alguien, la ropa que se pone la fabrica alguien, las medicinas que se toma las produce alguien, todos los servicios que va recibiendo:  el pan, la leche, la carne, todo, alguien lo produce y, sin embargo, él no produce nada (EXCLAMACIONES DE:  “¡Que salga!”).
Ya yo decía que hay muchos casos.  Esos casos del hombre que lo han situado allí en un trabajo donde no desempeña nada resulta antieconómico; mucho mejor es que él, a su vez, estuviese produciendo aunque fuesen pepinos para aquel que produce los zapatos, la ropa, la leche, la carne, en definitiva, que todos deberíamos estar haciendo algo útil, en la misma medida en que estamos recibiendo los servicios útiles de otros, porque todo lo que sea gastar y no producir es antieconómico, porque eso lo paga alguien, eso lo produce alguien, eso lo trabaja alguien.
Y la economía de un país, la organización social y política de un país, debe tender a eliminar todo lo que sea consumidores que no produzcan, o sea, poner a todos a producir, porque mientras más seamos a producir, más nos toca.  Si somos pocos a producir y muchos a repartir, nos toca poco.
Y, claro, se encuentra uno una república organizada como está, colonizada por completo, atrasada por completo, y enderezar esto lleva tiempo, arreglar esto correctamente lleva tiempo, porque todo está no solo atravesado sino enredado; porque es el enredo de años y de siglos y cuando usted arregla por aquí se le desarregla por allá, y tiene que ir arreglándolo todo sin desarreglar nada, y a veces la menor medida crea inconvenientes.
La rebaja de alquileres era necesaria, era justísima. Claro, inmediatamente produjo ciertos inconvenientes, cierta paralización de las construcciones; pero eso era necesario, porque también cuando a uno lo operan lo tienen 10 días paralizado; son los 10 días necesarios para curarse, ¿no?   Yo sé que dentro de seis meses el número de construcciones estará superando las cifras anteriores; lo mismo que un organismo que sufre una operación, después de la convalecencia está mejor que antes de la operación.
Y así son los problemas económicos y sociales, y hay que irlos llevando adelante con mucho cuidado.
Yo les decía por eso que ustedes han pensado solamente en algunos aspectos de la cuestión de la industria y no en otros, y la cuestión aquí es pensar en todos, que las medidas que se tomen tiendan a resolver todos los aspectos correctamente, no en el problema de no querer pagar un impuesto determinado.
En el futuro las posibilidades de la industria son tan formidables que, como nos decía alguien aquí, no nos importa que sean ni 5, ni 10, ni 15.  Y la verdad es que, en definitiva, un impuesto el que lo está pagando es el consumidor y, en general, todo lo que grave un producto determinado, el consumidor es el que lo paga, siempre es el consumidor en definitiva el que lo paga (DEL PUBLICO DICEN: “El pueblo”).  Sí, el pueblo, y el pueblo, naturalmente, tiene que pagar también...
Ahora mismo, por ejemplo, en el arroz el pueblo está pagando dos centavos que se habían rebajado, y otra vez lo está pagando para comprar maquinaria agrícola y poder producir más arroz.  En cierto momento el pueblo está pagando, subvencionando incluso, alguna industria o el desarrollo de alguna industria.
Yo sería contrario de que los cinco centavos se quitaran, lo que creo es que los cinco centavos se deben invertir de veras en facilitar créditos a los productores del calzado; que se cobre, sí, como quieren ustedes, por hacienda.  Es justo que el que paga por lo menos escoja la forma de pagar que más le guste.  Eso es justo, ya que le cobran, pues por lo menos que le cobren de la manera que quiera la gente que le cobren.
Eso se puede transferir a un organismo de crédito.  El problema es que la industria está en una etapa de fomento, si esos cinco centavos en definitiva los paga el consumidor, lo correcto es que si la industria necesita fomentarse, si hay que modernizarla, si hay que adquirir los equipos necesarios para producir zapatos de mejor calidad, si hay un aumento en la demanda, si va a haber un aumento mucho mayor en la demanda, si podemos ir pensando en exportar zapatos, pues debemos de pensar en la forma de financiar los créditos necesarios para la adquisición de maquinaria para lograr esos fines, porque nosotros no podemos competir con otra industria si no tenemos maquinarias adecuadas, si no tenemos los instrumentos de trabajo adecuados .
Vamos a suponer que a mano los podamos hacer tan bien como cualquier máquina; en cambio, la máquina los hace en mayor cantidad y los hace a menor costo.  En el problema del calzado no se presentarían nunca los problemas que la mecanización implica para otros sectores, porque la demanda de calzado a partir de ahora va a ir en aumento, y las posibilidades del mercado son buenas y nosotros podemos llegar aquí a producir... También en las tenerías se pueden modernizar y mejorar todos los procedimientos, producir pieles de la mejor calidad.
(Del público le dicen que las pieles son de 12 por 12 pulgadas y nos están dando de 10 pulgadas.)
Todo eso hay que regularlo aquí, desde la ganadería.  Pero también en la reforma agraria vamos a fomentar grandes centros de producción ganadera y todo eso, quiero que lo sepan.  Vamos a contar con la materia prima necesaria, la tenemos aquí, tenemos de hecho todo lo que se necesita.  No sé si los clavos los importan o los fabrican aquí (EXCLAMACIONES DE: “¡No!”).  Bueno, hay que buscar la manera de fabricar clavos aquí, y el hilo que se necesita, en fin...
(Del público le dicen que los cueros se los llevan para afuera y después no les venden ninguno a ellos.)
¿También?  Positivamente que estamos mal; íbamos mal, íbamos mal realmente.
Bueno, ¿qué quiere decir eso?  Que tenemos que prestar también atención al problema de las tenerías, al problema de las pieles; otro problema ahora al que hay que prestarle atención aquí.
Así que eso es lo que les decía.  Con respecto a la industria nosotros tenemos más ambiciones que ustedes.  Ustedes se conformaban con dos o tres cosas; nosotros queremos ocho o diez cosas para la industria.
El problema es que hay que atender todas estas cuestiones. Entonces, ¿cómo estudiarlas?  Primero que nada voy a decir el porvenir que le veo al calzado. Primero, la supresión del contrabando.  Por lo pronto, ya produce aquí un aumento de consumo nacional, nada más que suprimiendo el contrabando, porque venían muchos zapatos de contrabando.
Miren, para darles una idea de la cantidad de contrabando que había aquí, les voy a citar un ejemplo: había dos o tres compañías de transporte de carga aérea que, apenas se cayó la dictadura, se arruinaron, porque no cubrían gastos.  Se presentó el problema social de que, al suprimir el contrabando, se arruinaron dos o tres empresas de transporte.  Yo les voy a decir:  ¿Cómo antes cubrían gastos?  Bueno, antes cubrían gastos porque venían cargados de contrabando y entonces, figúrense, con las ganancias del contrabando se podía sufragar perfectamente bien el costo del transporte, y al suprimirse el contrabando, pues entraron en dificultades económicas las empresas.  Constantemente venían los aviones cargados de zapatos, tejidos, televisores, radios, todo.  La simple supresión del contrabando en el calzado, lo mismo que en los tejidos, ya produce beneficios inmediatos y resultados inmediatos.
Luego, la campaña de consumir zapatos del país, productos nacionales...  Claro que, cuando se saca el cálculo estadístico, se ve que solamente se consumía un 8%.  Pero ahora vienen dos cosas.  Primero, ese dato no incluye el contrabando; si incluimos el contrabando en el porcentaje, el porcentaje era mucho mayor del 8%, el 8% de zapatos de los más caros también.
Y es el hecho de que antes —según me han informado— iban las personas a los establecimientos, las mujeres iban a comprar zapatos, y decían: “Este qué es?, ¿ese es cubano?  No, no, no, yo no quiero zapato cubano; dámelo americano o de cualquier otra marca.”  Y ahora es al revés por completo, porque las mujeres son las que han tomado con más pasión, con más ahínco, con más vehemencia, las medidas revolucionarias y las aspiraciones revolucionarias.
Puede decirse que, sinceramente, las mujeres están en primera línea. Y es lógico, porque también son las que más soportan allí en la casa la falta de trabajo del esposo, las que tienen que comprarlo todo, las que más tienen que hacer milagros para convertir un peso en lo más posible; también fueron las que más sufrieron con la tiranía, las que más temores vivían, las que más sufrían pensando en los hijos, en los hermanos, en los esposos.  Y esas y otras razones son las que han contribuido a que las mujeres estén en primera línea en la Revolución y las que con más lealtad y con más entusiasmo cumplen las consignas revolucionarias.
Y para la Revolución eso es una gran cosa, porque son precisamente las mujeres, las amas de casa, las que van a las tiendas a comprar, son las que compran también la ropa y los zapatos de los hijos y, luego, hasta incluso los zapatos de los maridos los compran ellas también.  Así que con eso la Revolución tiene una colaboración valiosísima en su campaña nacionalista y patriótica de consumir artículos nacionales:  que las mujeres son las que compran en la casa.
Y los hombres que, por lo menos, cuando vayan a tomar en los bares, tomen bebidas cubanas también; que cuando vayan a gastar por ahí —el hombre suele gastar lo que sobra en la casa—, pues lo gasten también en artículos cubanos.
Y eso, naturalmente, está produciendo un verdadero entusiasmo y un verdadero cumplimiento de la consigna de adquirir artículos nacionales.  En algunos como el arroz, desgraciadamente, no se puede seleccionar, porque no lo producimos aquí.  Solamente con los artículos alimenticios que se importan, produciéndolos aquí, solamente con eso les daríamos empleo a más de 300 000 cubanos.
Y uno de los propósitos de nosotros es producir aquí todo, absolutamente todo lo que se pueda producir en artículos alimenticios.  Y ese es el porqué nosotros estamos seguros de que el desempleo lo acabaremos, solamente con la producción de los artículos alimenticios.
En los artículos alimenticios, cuando aquí nos comemos un arroz con pollo a lo mejor estamos gastando divisas, porque es que no lo hay, no hay la producción nacional suficiente; pero en zapatos no es lo mismo, ni en tejidos.  Porque tejidos sí hay, tejidos cubanos, todos los que se quieran producir, aunque todavía no están nuestras fábricas adaptadas para producir toda la demanda, pero vamos a tratar de que la produzcan para que por ese concepto también muchos más miles de cubanos se ganen la vida.
En el zapato sí se puede escoger, y de la consigna de consumir artículos nacionales en uno de los sectores donde más directamente se observa el beneficio es en el del calzado, porque uno puede comprar o americano o cubano, y sencillamente, de acuerdo con la consigna revolucionaria, los cubanos están consumiendo zapatos cubanos y cada día es mayor el número de los que van a consumir zapatos cubanos.
Y otra cosa: El porvenir del calzado con esta consigna es bueno, al suprimirse el contrabando y al despertarse un verdadero espíritu nacionalista en el pueblo por consumir sus productos.  Con el aumento de ingresos en las familias, con el aumento de los sueldos de empleados que ganaban 57 pesos y 60 pesos, con el aumento de sueldos que se observa en general, con la rebaja de los alquileres, con la rebaja de otros artículos, de las medicinas, todo eso aumentará el ingreso de las familias y permitirá adquirir un mayor número de zapatos.
Pero lo más importante no es eso, el gran porvenir de la industria del calzado está en que los campesinos compren zapatos, y pueden comprar zapatos.  Y eso es lo que yo decía: “Dejen que los campesinos empiecen a ponerse zapatos, dejen que los campesinos empiecen a consumir los zapatos que necesitan, y la reforma agraria es lo que les va a permitir a todos los campesinos consumir los zapatos que necesitan y a todos los que estén descalzos usar zapatos”.
En eso está el porvenir inmediato de la industria del calzado, en las posibilidades que va a brindar al mercado el poder adquisitivo de los campesinos —zapatos para ellos, para sus esposas y sus hijos—, cuando todo el mundo, cuando los 6 millones estén usando zapatos y gastando zapatos.
Luego vienen las posibilidades de exportación, que es otro capítulo formidable que se le puede abrir a la industria del calzado; luego, el porvenir es brillante, el porvenir es brillante.  Debe ser fomentada la industria, luego hace falta capital, hacen falta organismos de créditos para proporcionar a los fabricantes los créditos necesarios para la adquisición de maquinarias, pero tenemos que mejorar la calidad y tenemos que mejorar las herramientas para poder producir zapato que esté de acuerdo con este brillante porvenir que tiene la industria del calzado.  Es necesario, por encima de todo, fabricar zapatos buenos. Debiera convertirse en una cuestión de honor de los fabricantes ponerle fin a todo ese tipo de zapatos que no es de buena calidad.  ¡Hay que acabar con los cartones, hay que acabar con el cartón en los zapatos! 
Es criminal que un campesino se compre un par de zapatos al que lo puso más caro el intermediario, y lo puso más caro el vendedor, y llegue al campo y se lo vendieron a cinco pesos y cuando le cae un aguacero, y cuando se mete en un fanguero, a los 10 días, y a los 5 días, y a veces a los 3 días, el zapato larga la suela, y lo que tenía era cartón adentro.
Y eso es sencillamente criminal.  Ese tipo de zapatos debe proscribirse, porque aquí hay cuero de sobra para que nosotros pongamos buen material a los zapatos, porque de todas maneras se lo han vendido carísimo como si fuera la piel más fina del mundo, sin embargo, tiene cartón.
(DEL PUBLICO LE DICEN ALGO.)
Sí, yo lo sé, lo dije aquí, sé que no son ustedes, pero ustedes también los fabrican luego, y si ustedes no los fabricaran de cartón, los otros no los podrían vender de cartón tampoco.  Vamos a ser honrados, vamos a ser honrados y a ser honrados no solamente en lo de los impuestos, vamos a ser honrados también en la fabricación de los zapatos.
(DEL PUBLICO LE DICEN ALGO.)
Claro, pero muchos zapatos, porque yo les digo que a la Sierra Maestra nos llevaban unos zapatos que a los tres días estaban rotos; luego, llevaban otros regulares.  En realidad, desgraciadamente, no iban muy buenos zapatos a la Sierra Maestra.
(DEL PUBLICO LE DICEN ALGO.)
Bueno, le voy a decir: nosotros hacíamos allá, nosotros también teníamos nuestra fabriquita de zapatos en la Sierra Maestra; pero yo quería decir por qué había algunos zapatos que no eran buenos.  Los que mandábamos a hacer especialmente sí, pero los que encontrábamos en las tiendecitas, que les vendían a los campesinos, no eran buenos, se rompían enseguida, y cuando íbamos por aquellas lomas los contrafuertes se viraban enseguida y, como teníamos que ir bajando por la falda de las lomas, resultaban demasiado débiles y se viraban, y luego el tacón miraba para un lado y la punta miraba para otro.
Y luego hasta medio zapateros tuvimos que ser nosotros también en la Sierra, porque tuvimos que coser en algunas ocasiones con alambre la suela, porque se rompían enseguida; eran hilos de mala calidad, hilos no muy fuertes.  Y yo no veo por qué no se vaya a fabricar siempre el tejido con la mejor calidad, porque el negocio del industrial debe ser el de producir buenos zapatos, no zapatos que se rompan.
Hay que tener esa lealtad con el público consumidor y con el pueblo, porque el problema es que nosotros tenemos que organizarlo todo de manera que todo el mundo pueda comprar zapatos, que les duren más, entonces en vez de comprar un par, comprarán dos, porque también el campesino querrá tener sus zapatos para salir, y sus zapatos para los domingos, y sus dos pares por si se le rompe uno tener el otro allí de repuesto.
Así que con tal de que sean de buena calidad...  Hay que hacerlos de buena calidad y, además, el zapato de exportación tiene que ser un buen zapato, superior a los otros por su calidad, por su precio.  Nosotros podemos llegar a producir un zapato de calidad y de bajo costo, si preparamos bien la industria podemos aportar enormes posibilidades al calzado cubano y convertirlo en una de las primeras industrias del país.  Así que por eso las medidas respecto al calzado tienen que tender a resolver el problema no solo en un aspecto sino en todos los demás.
Considero que, efectivamente, deben discutirse todas las medidas que convengan a la industria, y para eso lo que sugiero es que se haga una comisión integrada por miembros de la Asociación de Fabricantes, miembros del sector obrero y representación del Gobierno Revolucionario.  Que se haga esa comisión...
(Un obrero le dice algo acerca de los sueldos.)
Pero, ¿sueldos para qué en esa comisión? 
Es una comisión de estudio, de información, que estén representados los fabricantes, que estén representados los obreros y que haya una representación del Gobierno Revolucionario.  ¿Para qué?  Para discutir las medidas, todas las cuestiones que interesen a la industria, todas ; sobre cómo cobrar el impuesto, y las sugerencias que quieran hacerle al Ministerio de Hacienda, sobre todas las cuestiones que interesen al fomento de la industria, en fin, las posibilidades de nuevos mercados, todas las cuestiones a que yo hacía referencia aquí, y problemas que no se han hablado:  el problema de los intermediarios , el problema de los créditos para el fomento de las nuevas industrias, y entonces se adopten las medidas; porque la conclusión que yo saco es que son tantas las cuestiones que interesan a la industria, que debe existir algún aparato para todas las cuestiones de los créditos, los mercados.  En fin, debe existir algo, un banco, un instituto; tiene que haberlo, es una necesidad.  No debemos erróneamente, por lo mala que fue una cosa, abolir para siempre todo lo que sea algo que tienda precisamente a resolver el problema.
Tiene que existir un organismo de créditos donde vayan a parar esos fondos, para que sus créditos se dediquen exclusivamente a la industria, a movilizar el capital necesario con el más bajo interés posible para la adquisición de maquinarias para la industria.
Tiene que idearse un medio de distribución que ponga fin a la actividad especulativa de los acaparadores  y eso tiene que hacerse a través de algo que sea propuesto, que es eso lo que queremos; lo que queremos es que ustedes reunidos, la representación de ustedes, la de los trabajadores y del gobierno, establezcan las bases para un verdadero desarrollo de la industria del calzado y propongan las medidas que sean necesarias, las que deban tomarse, aprovechando ahora todo esto que significa la consigna de consumir artículos del país, que esta es una oportunidad única para la industria, que esta es la oportunidad que debe aprovecharse para aspirar no a una cosa todavía simple, sino aspirar a mucho más, aspirar a desarrollar una verdadera y grande industria del calzado —que esta es la oportunidad— y que contemple todas las cosas necesarias a ese fin.
Yo les digo desde aquí que eso es lo que debemos hacer y lo que estamos dispuestos a respaldar enteramente, ponerle fin a todo lo que ha venido estorbando al desarrollo de la industria.
Nuestro deber es precisamente quitar obstáculos del camino al desarrollo industrial, adoptar todas las medidas para fomentarlo, y por lo pronto sí que no tenemos el menor inconveniente ni el menor reparo que hacer a las medidas que sea necesario adoptar.  Y eso fue lo que yo les vine a plantear, que ya se designe.  Hay que designar la comisión por los trabajadores, que eso va a llevar algún tiempo, puesto que será necesario pedir a los mismos obreros que designen una representación, que traigan sus proposiciones, escogidas en todas aquellas ciudades donde más se produzcan zapatos, en los principales centros productores de zapatos.  Eso llevará algún tiempo.  Vamos a ver si por lo menos se pueden efectuar esas reuniones, porque de inmediato no podrían ser.
Estamos a principios de este mes; a ver si a principios del otro mes se reúnen ya las representaciones de los tres sectores.  Yo estimo que todo lo que hay que hacer en este orden, las medidas a tomar, llevarán por lo menos dos meses, ya para empezar sobre bases completamente nuevas; y en eso incluimos el problema de los impuestos, las medidas que se puedan tomar para aliviar esa situación.
(DEL PUBLICO LE DICEN: “La Ley 40.”)
Sí, sobre la Ley 40 estoy hablando precisamente, tomar las medidas.
Y, desde luego, en esto nosotros tenemos que escuchar el criterio del Ministerio de Hacienda, porque no me gusta dar opiniones sin consultar al responsable del departamento correspondiente, y lo mismo que en esto del calzado, tenemos que oír a todos para buscar las mejores soluciones, que eso es lo único que me importa, eso es lo único que interesa, el que sean las que de verdad convengan a la industria, y, por supuesto, eso es lo único que les interesa también a ustedes.
Hay que tener en cuenta el problema de que cualquier exclusión provocaría una serie de exclusiones o de aspiraciones a exclusiones que sería destruir el principio sobre el cual está haciéndose la recaudación fiscal, porque el Estado necesita satisfacer una serie de gastos en carreteras, en hospitales, en maestros, en escuelas, que si no se dispone de los recursos necesarios no los puede pagar, y la política fiscal tiende a disponer de todos los recursos necesarios en ese sentido; considerar qué facilidades se pueden brindar.
Pero, sobre todo, yo sostengo el criterio, les proponía a los miembros de la directiva o de la comisión, que podíamos, por ejemplo, invertir el producto de esas contribuciones con las facilidades que se dieran en el Banco de Crédito para los fabricantes del calzado.  O sea, llevarlo directamente, no invertir eso en otros gastos, sino llevarlo directamente a beneficiar la industria.  Entonces, discutir también ese problema de los impuestos con el Ministerio de Hacienda, contemplando la realidad y, sobre todo, que esos sacrificios se reviertan directamente en beneficio de la industria.  En fin, para estudiar todas esas cuestiones y para proponerle al Gobierno Revolucionario las fórmulas definitivas a resolver, que se integre esa comisión y que de acuerdo con sus dictados —que serán la expresión de la voluntad de todo el sector—, se apliquen todas las medidas que esa comisión acuerde.  Que esa sea la solución, la solución estudiada, no la que a mí se me ocurra en ese momento, no cualquier solución, sino una verdadera solución.  Y, por lo pronto, como será esa comisión la que dictamine, pues esa será la que dicte sobre la suerte definitiva de este organismo que cuenta con la antipatía unánime del sector.
Así que yo creo que este procedimiento sea el mejor, y, además, el que es nuestro deber proponer para hacer las cosas bien, porque nosotros no podemos seguir improvisando, el país no puede seguir improvisando y todo lo que haga tiene que hacerlo pensando en el futuro y buscando soluciones verdaderas, no soluciones de momento.  Y ahí, en el seno de esa comisión, ustedes que conocen bien todos los problemas y que enviarán personal competente y estarán bien representados, se dictarán todas las medidas; y nosotros, por nuestra parte, nos tomaremos el mayor interés en hacerlo cuanto antes y en ponerlas en práctica.
Los compañeros que hablaron conmigo anteriormente estaban plenamente de acuerdo y en este caso esperamos contar también con el consentimiento de ustedes, y así podrán marcharse con una seguridad, la seguridad de que se va a legislar de veras y enteramente en beneficio de este sector que nosotros tenemos la aspiración de convertir —igual que el sector textil— en uno de los primeros sectores industriales del país.
FIDEL CASTRO RUZ

Fuente: http://www.cuba.cu/gobierno/discursos

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