julio 09, 2012

Discurso de Fidel Castro en el Forum Tabacalero (1959)

DISCURSO EN EL FORUM TABACALERO
Fidel Castro
[8 de Abril de 1959]

― Versión taquigráfica de los oficinas del Primer Ministro ―

Señores representantes del sector tabacalero:
Quiero antes que todo explicar el porqué de esta reunión.   Es posible que algunos de los aquí presentes tengan solo una idea vaga sobre el objetivo de la misma, y por eso quiero empezar por explicarles eso, al objeto de ponernos a trabajar inmediatamente a fin de lograrlo.
Nosotros al llegar a la gobernación del país nos encontramos a la nación en situación realmente desorganizada y precaria en una serie de aspectos fundamentales, no voy a decir solo de su economía, sino en todos los órdenes; pero, naturalmente, la preocupación del Gobierno Revolucionario se dirige fundamentalmente al aspecto económico del país.
Nos encontramos en la nación, al llegar al poder, con que había una serie de industrias en estado de crisis, o semicrisis; nos encontramos al mismo tiempo con que había una cantidad extraordinaria de desempleados, y nos encontramos también con que durante siete años se había estado malbaratando el dinero a extremos tales que la reserva monetaria del país se había agotado prácticamente.   Era, pues, para nosotros una cuestión esencial librar una batalla en el orden económico principalmente contra el desempleo, y lograrlo a través de las dos consignas esenciales que encierran el pensamiento de la Revolución Cubana:   la Reforma Agraria y la industrialización del país.
Así, poco a poco, en la medida en que nos lo han permitido las tareas iniciales del gobierno, en la medida en que nos lo han permitido las tareas grandes que hemos tenido en estas primeras semanas, en que hemos tenido que atender una serie de obligaciones importantísimas, hemos ido abordando distintos problemas económicos del país.
Entre las industrias que reclaman nuestra atención —y que son objeto de nuestra preocupación por dos razones: por la cantidad de problemas de distinta índole que hay en este momento y por ser además una industria, un sector de la economía que tiene grandes  posibilidades—, está la del tabaco.
Han sido hasta hoy, el azúcar, el café y el tabaco, tres ramas importantísimas de nuestra economía, y todas ellas requieren nuestra atención.  Es necesario seguir una política con cada una de ellas:   con el azúcar, con el café, con el tabaco, como debemos seguir una política con cada una de las industrias principales.
Algunas de ellas, como la del tejido, por ejemplo, se han visto beneficiadas extraordinariamente con motivo del triunfo de la Revolución, por la supresión inmediata del contrabando, que —como todos ustedes saben— en materia de tejido era vastísimo por el Aeropuerto de Columbia y por otros puertos entraban enormes cantidades de tejidos de contrabando, a extremos tales que hay dos líneas aéreas que están quebradas después de la Revolución, porque vivían del contrabando, del transporte de mercancías que venían de contrabando y al suprimirse el contrabando, de hecho, no pueden seguir subsistiendo.
Esa medida, conjuntamente con la campaña a favor de consumir artículos nacionales, ha reflejado sus beneficios inmediatos en la industria a extremos tales que 12 fábricas que estaban paralizadas están actualmente produciendo, y fábricas que estaban trabajando uno o dos días a la semana están produciendo toda la semana.
En un tipo de industria como esa, la tarea de la Revolución fue, en esta primera etapa, bastante sencilla:   suprimir el contrabando, exhortar al consumo de artículos nacionales, y después vendrán las medidas proteccionistas en la Aduana y la movilización de créditos para desarrollarla plenamente, puesto que la industria textil tiene grandes posibilidades no solo por el mercado interno que existe en Cuba, sino incluso por las posibilidades de exportar tejidos.
No es lo mismo el caso de la industria tabacalera.  No hay duda de que una de las industrias más complejas, por el número de factores que intervienen en ella, es la industria tabacalera, que tiene tantos aspectos y que es un proceso largo, desde la siembra del tabaco hasta su elaboración en las fábricas y la exportación.
Nosotros en los primeros días tuvimos noticias de una serie de problemas.  Por ejemplo, con respecto a los cosecheros de tabaco, la situación precaria en que estaban, la política que se había seguido en los años anteriores respecto al fondo de estabilización, los problemas que existían respecto a otros elementos de la industria, y, en fin, como de todo ello se derivaba la necesidad de trazar una política respecto a la industria, se derivaba la necesidad de buscar una regulación definitiva a la industria, se derivaba la necesidad de encontrar las fórmulas que resolvieran con miras hacia el futuro el desarrollo amplio de la industria tabacalera; como consideramos que no es una industria en crisis, sino todo lo contrario, una industria que tiene grandes perspectivas, que ya ahora en estos momentos la demanda de cigarros y de tabacos ha aumentado grandemente, por razones similares por las que ha aumentado el consumo de tejidos, es decir, la supresión del contrabando, porque todo el mundo sabe que entraba una cantidad extraordinaria de cigarros americanos aquí en Cuba de contrabando ... Y al suprimirse el contrabando, porque aquí hay que vigilar, no ya que metan cajetillas de cigarros, hay que vigilar que no metan los pesos que se llevaron, pesos cubanos, y que tratan de cambiarlos ahora aquí; por lo tanto, la vigilancia es grande, porque donde no puede entrar un peso escondido es difícil que traigan un paquete de cigarros americanos que, a pesar de ser un artículo realmente de fácil manipulación, está totalmente —a lo que sepamos— impedido en estos momentos, y esperamos impedirlo cada día más.
La supresión del contrabando, unida a la conciencia revolucionaria del pueblo, hombres y mujeres, y principalmente mujeres que eran las que más fumaban cigarros americanos, y que son las que tienen en estos momentos más deseos de ayudar a la Revolución; eso, que se ha manifestado también con el calzado y con otros artículos, porque las mujeres son las amas de casa, son las que compran las mercancías para el consumo doméstico, son las que compran las ropas de los hijos, y a veces le compran hasta los zapatos y la ropa al marido también ; pero como, además, las mujeres son las que pasan también los mayores trabajos cuando la economía anda mal, fueron las que más sufrieron bajo la tiranía por el temor en que vivieron durante siete años respecto a sus hijos y a sus esposos, la Revolución Cubana tiene la fortuna de contar con un respaldo entusiasta y decidido en la mujer, lo que en nuestra campaña patriótica de protección a la industria y a los productos del país nos está ayudando notablemente, eso influyó también en el consumo del cigarro cubano y del tabaco cubano.
Es extraordinario el número de personas que ha renunciado a fumar cigarros americanos; quedan todavía algunas por ahí, pero nosotros tenemos la esperanza de que predicando y predicando todo el mundo consuma cigarros cubanos, porque ya hay incluso tiendas que no los venden y hay personas que no se atreven a sacar un cigarro americano donde alguien las vea.
Así que en la industria del cigarro y del tabaco se han notado también las medidas del Gobierno Revolucionario, suprimiendo el contrabando por un lado y fomentando el consumo; o sea, sin hacer ley proteccionista, no hizo falta hacer una ley, bastó pedirle al pueblo que consumiera cigarros cubanos, y todo el mundo empezó aquí a consumir cigarros cubanos.
Yo sé, por los informes que tengo, que la venta de cigarros ha aumentado enormemente.  Eso es, naturalmente, un índice alentador.  Yo creo que puede llegar a hacerse verdadera costumbre cuando este entusiasmo de la primera etapa se vuelva conciencia arraigada del deber que tenemos todos de luchar y defender nuestros productos, porque de ellos deriva nuestro sustento, y porque en el trabajo y la elaboración y producción de esos productos es donde nuestro pueblo puede resolver el gran problema del desempleo. Así que dos cosas hemos logrado ya en la industria tabacalera; suprimir el contrabando y aumentar, además, el consumo espontáneo por parte del pueblo.  La prueba de lo eficaz que ha sido eso lo demuestra el hecho de que a los pocos días una firma importadora de cigarros americanos sacó un letrero en los periódicos —que por cierto los industriales cubanos no se defendieron de esa campaña — con datos estadísticos y diciendo: “Cigarros americanos se consumen en Cuba un millón y tantos, tantos miles de pesos”, ese era el dato que daba esa casa.  En cambio, que en los Estados Unidos se compraban tantos millones de tabacos cubanos.
Vamos a admitir el dato como cierto, vamos a aceptar la honradez en la publicación de ese dato; sin embargo, tenían muy buen cuidado en ese cuadro de no explicar que en esos datos estadísticos de cigarros entrados por la Aduana de La Habana y otras aduanas, y que pagaban impuestos, y que había vendido esa casa, no entraba para nada el dato de los cigarros que venían de contrabando aquí y que era la inmensa mayoría del cigarro que se vendía en Cuba.  Luego a ese dato del millón y tantos, había que añadir en primer término los millones de pesos de cigarros que venían aquí de contrabando; y de hecho, si nosotros suprimíamos el contrabando y no hacíamos una campaña en favor del consumo nacional, ¿que iba a pasar?  Pues que los habituados a fumar cigarros americanos —cigarro en una gran parte de contrabando, que se lo vendían por la calle— tendrían que comprar cigarros legalizados, y esa casa, en vez de un millón y medio, iba a vender 3 o 4 millones; y quienes se iban a beneficiar, en primer lugar, de la supresión del contrabando no eran las fábricas cubanas sino las mismas fábricas americanas, o, por lo menos, la casa importadora de cigarros americanos aquí.
Ese dato no lo incluyó, y esgrimía el otro dato de ver cómo nos compraban mucho más tabaco del que ellos vendían aquí.  A eso nosotros le podríamos responder que el problema no era de tabaco sólo, el problema era de economía general, y que la balanza de cambio, la balanza comercial era muy desfavorable a Cuba, porque nosotros comprábamos en Estados Unidos mucho más de lo que vendíamos todos los años; y que a pesar de ser nosotros un pueblo pobre, subdesarrollado, le estábamos vendiendo al país industrialmente más desarrollado y mucho más rico que nosotros, más de lo que ellos nos vendían a nosotros, de donde resultaba que los pobres estábamos comprando más de lo que vendíamos al rico.  Ese era el caso de la economía en Cuba.
Y de la misma manera hubiéramos podido sacar datos estadísticos.  Estados Unidos nos vendió 20 o 30 millones de manteca, y nosotros no hemos vendido un centavo de manteca. Estados Unidos nos vendió tantos millones de Cadillac, Chevrolet, Buick y automóviles de todas clases, y nosotros no le hemos vendido un centavo de automóviles o de carros a Estados Unidos.  Estados Unidos nos ha vendido tantos millones de gasolina, y nosotros no le hemos vendido un centavo de gasolina a Estados Unidos; nos ha vendido tanto de medicina, nos ha vendido tanto de arroz, y nosotros no le hemos vendido un centavo de arroz.  Era un dato sofístico por completo. El tabaco es nuestro producto de exportación. Cómo se van a hacer datos comparativos entre lo que nosotros vendíamos y lo que ellos no vendían, cuando la realidad es que en materia de tabaco, por ser un artículo que producimos aquí, y un artículo de exportación, nosotros debemos vender todo sin comprar nada, de la misma manera que ellos nos venden todo en automóviles, en manteca, sin comprar nada.
Así que eran argumentos de esa casa.  Dicho sea de paso, yo no la quiero arruinar; pero eso sí, antes de que ella nos arruine a nosotros, nosotros la arruinamos a ella.  Eso es lógico.  Lo sentimos, lo sentimos porque tenemos que acabar de comprender que nosotros tenemos que defender lo cubano, porque vivimos de lo cubano, señores.
Naturalmente, que se industrialice esa casa también; que ponga una industria aquí y deje el comercio de importación de cigarros americanos, porque nosotros de todas formas tenemos que seguir con nuestra campaña, convenciendo al pueblo de que hay que consumir cigarros cubanos.  Pero no es solo eso: ya se sabe que se está produciendo un cigarro rubio, que no tiene que envidiarle en calidad a ninguno. Luego, no les va a quedar ningún porvenir a las marcas extranjeras de cigarro rubio, porque nosotros produciremos aquí y entonces ya no les tendremos que exigir sacrificios a los que estén acostumbrados a fumar cigarro rubio, ¡que fumen cigarro rubio pero cigarro rubio cubano!  
En este aspecto la posición de nosotros es clara: del extranjero, ¿cómo vamos a traer artículos alimenticios, o de consumo, que podemos producir aquí?  ¿Por qué estamos comprando arroz?  ¿Por qué estamos comprando hasta frijoles, tomate?  A veces ocurre que sacamos el tomate de aquí, lo llevamos allá, lo elaboran allá y lo traen aquí convertido en salsa y convertido en una serie de cosas.  Si con producir aquí los artículos alimenticios que actualmente importamos y que se pueden producir aquí, porque aquí se puede producir hasta garbanzo, y estamos averiguando a ver si se puede producir hasta trigo para sembrar trigo aquí, que es uno de los poquísimos que nos queda que no se le ve, no estamos completamente seguros de que pueda producirse; con producir aquí lo que se puede producir que actualmente importamos, le podríamos dar trabajo a cerca de 300 000 personas en Cuba.
Piensen lo triste que es ver tanta gente desesperada en la calle pidiendo trabajo, tanta gente en el campo desesperada pasando hambre y pidiendo trabajo, y todas esas familias estarían bien, todas tendrían trabajo, con el simplísimo procedimiento de producir aquí lo que se puede producir aquí y que inconcebiblemente estamos importando de afuera.
Nos dirán que la cosa no es tan sencilla, porque nosotros si vendemos tenemos que comprar, estoy de acuerdo; pero comprar lo que necesitamos comprar y lo que nos convenga comprar, no lo que nos quieran vender de todas maneras.
Nosotros vendemos azúcar; muy bien.  Vendemos tabaco; muy bien.  Que nos compren mucha azúcar y mucho tabaco y otros productos, y calzado, y tejido, y frutas, y todo lo que podemos producir; muy bien.  Nosotros compraremos maquinarias.  Lo que no compremos de arroz o de manteca cuando estemos produciendo la soya, que ya por cierto se inauguró la primera planta , planta que lamentablemente tiene que importar todavía el frijol de soya, porque tardaremos un año y medio aproximadamente en sembrarlo aquí, pero que vamos a sembrarlo y vamos a producir, y vamos a establecer más plantas, con lo cual podremos ahorrarnos muchos millones de pesos, los millones de pesos que gastamos en soya y los que se gasta en harina de soya para pienso de los animales —que se gastan muchos millones de pesos—, que todo eso nos ahorraremos aquí y, además, podremos exportar aceite de soya que tiene demanda en el mercado mundial, otro artículo que inconcebiblemente no estamos produciendo aquí, en un país lleno de zarzales, de manigua y de marabuzales que nosotros vamos a sembrar.
Ese artículo, como otros muchos, pues servirá para darle trabajo a infinidad de cubanos.  Así que el problema de nosotros no es comprar lo que podemos producir aquí; nosotros lo que no compremos de arroz y de esas cosas, lo compraremos en tractores, lo compraremos en maquinaria, lo compraremos en fábricas, porque, por otro lado, necesitamos tractores y necesitamos fábricas aquí para industrializarnos.  ¿Por qué vamos a estar comprando arroz, si podemos producir arroz, cuando lo que tenemos es que comprar fábricas para dejar de ser un país subdesarrollado?  Esa es una  política clara que los gobernantes no se preocuparon aquí de seguir.  ¿Por qué? Porque aquí a los gobernantes, desgraciadamente, no les importó Cuba nunca, en realidad.  Pudo haberlos más o menos malos; pero realmente nunca se preocuparon por el país.
Hubo una preocupación, y esa es la verdad: la preocupación no de traer divisas, sino de sacar divisas para los bancos de Miami, de Nueva York, de Suiza, etcétera, etcétera.  Así que, mientras la preocupación fundamental del Gobierno Revolucionario hoy es aumentar nuestras reservas, la preocupación antes era aumentar la reserva de los gobiernos afuera, y todo el mundo —como medida preventiva, porque pensaban que algún día podría pasar lo que pasó aquí— se llevaba el dinero.  ¡Calculen lo que se llevaron por lo que dejaron!    Porque a pesar de que sabían que se iban a caer, de que estaban en peligro de caerse por muchas razones, ya han aparecido aquí, solamente en dinero, unos 15 millones de pesos, ¡y lo que falta!  Así que calculen lo que se llevaron por lo que dejaron; eso fue el residuo, el menudo que tenían aquí.  El menudo que tenían en los bancos, en las cajas de seguridad, ha aparecido, y son millones.  Eso da una idea de lo que sacaron, sobre todo.
Por ahí se publicó un dato estadístico de las divisas, cómo habían ido bajando por año; pero observen que en el último año bajaron un montón de millones, y aparece en el último dato —diciembre de 1958— 80. ¿Por qué se fueron tan a la carrera esas divisas?... (SALTO EN GRABACION)... Claro, se llevaron dólares, y redujeron las divisas.  Esas fueron sustraídas, porque se calcula que se han llevado en divisas, en divisas, más o menos para afuera —sin contar lo gastado aquí en lujo, en placeres, en juego, en fincas, en edificios de apartamentos, en obras, en negocios de todas clases—, unos 300 millones de dólares.  Eso es lo que se calcula que se llevaron, sin contar lo que se llevaron en dinero cubano, que ahora lo están cambiando, o tratan de cambiarlo.
Se ha recogido por ahí medio millón de pesos ya en el intento de cambiarlo. ¿Cómo?  Valiéndose en algunos casos, desgraciadamente, de algunos pilotos de algunas compañías. Por eso es bueno aquí exhortar a los obreros, los empleados y los pilotos de las compañías de Aviación a que dupliquen la vigilancia sobre esos elementos traidores, porque no se puede llamar de otra forma al mercenario que se presta a servirle de cambista a los criminales de guerra del dinero que sacaron de la república.  Y como hay gente dispuesta a vender el alma al diablo, hay quien se ha prestado a traer dinero escondido en algún lugar, para estarlo cambiando aquí en los cabarets y en distintos puntos por dólares; y cuando no, el peso lo han estado vendiendo en 40 centavos, del dinero que se llevaron en pesos cubanos que no tuvieron tiempo de cambiarlo.
Luego protestan de los fusilamientos, y yo quiero que me digan qué merece esa gente (EXCLAMACIONES DE: “¡Fusilarlos!”). ¿Y qué merecen los que se prestan a estarles cambiando ese dinero?  (EXCLAMACIONES DE: “¡Fusilarlos!”) No hay manera de que alguna gente comprenda que hay cosas que son sagradas para un pueblo, y ese tráfico con la moneda es una cosa funesta para la economía del país; van a crear una bolsa negra del dinero y de divisas.
Con las medidas de control que ha sido necesario tomar, porque dejaron las reservas por el suelo; con esas medidas, pues naturalmente habrá personas que traten de conseguir dólares para pasear, más aquella gente vendiendo el peso a 40 centavos, esos “patriotísimos” que están allá en Estados Unidos, de lo más bien allí —que, por cierto, están muy agitados con motivo del viaje mío, preparando campañas y piquetes y cosas de esas; los cobardes que se fueron de aquí huyendo, con sus tanques abandonados y sus cañones y sus aviones, van allá ahora a hacer piqueticos en Estados Unidos, de descarados, allí donde les han dado magnífica acogida, de descarados, a estar ahora al amparo de las leyes y de la protección de aquel país, a perturbar—, porque yo quiero que ustedes sepan que la preocupación de esa gente es hacer campañas para que no consuman productos cubanos; desde luego, se van a consumir porque son buenos, y porque el que quiera comerse un buen mango, o un buen mamey de Cuba, o el azúcar de Cuba, que es muy dulce, no les va a estar haciendo caso a los descarados esos.
Pero es que se dedican a esa campaña por todos los medios.  Por eso nosotros tenemos que trabajar muy firmemente, muy serenamente, pero muy decididamente, y trabajar sobre bases sólidas, para poder afrontar todos los obstáculos que se derivan de la realidad de estar haciendo una Revolución justa, porque lo que esa gente quiere es sencillamente volver aquí para seguir haciendo todo el género de canalladas que venían perpetrando, de robos, de atracos, de sinvergüencerías; porque como dijimos el otro día bien claro, aquí si algo hubiera podido arruinar a la república, si algo hubiera podido producir contracción, no son las medidas que está haciendo un gobierno honesto, que está defendiendo la moneda, que está defendiendo las divisas, que está defendiendo los productos del país, que está administrando honradamente todos los fondos, que no hace negocios, que no busca dinero en el Banco Nacional para poner una fábrica particular —como hacían todos los funcionarios de aquel gobierno—, que le brinda posibilidades por igual a todo el que tenga un proyecto industrial, créditos por igual sin privilegios para nadie, que no hay que ser ni conocido siquiera de ningún miembro del gobierno para obtener los beneficios del crédito.  Si algo podía arruinar el país era lo que se hacía antes aquí, las malversaciones escandalosas, el drenaje constante de divisa, el robo en todos los órdenes, y no lo que está haciendo el Gobierno Revolucionario...  (SALTO EN GRABACION).
Aquella amargura de pensar de dónde salía ese dinero, de dónde se extraían esos millones.  Sencillamente se extraían del pueblo, se lo quitaban a todo el que trabajaba.
Aquí, naturalmente, cuando a cualquiera en la calle le quitan una peseta, esa persona se siente indignada, ofendida, amargada, piensa que no hay garantías, que no se puede vivir así; pero cuando no le quitan la peseta en la calle, sino le quitan las 1 000 pesetas y las 20 000 pesetas robándosela a la Hacienda Pública, la gente se queda encantada.  Cualquiera se humilla de que le roben algo en su cara, pero aquí ya nos habíamos acostumbrado a que nos robaran todos los días en nuestra cara, pero no directamente, sino de lo que pagábamos por vía de impuesto, y así se fueron creando una serie de costumbres.
Esos señores no sé si sueñen que algún día nuestra patria, que está viviendo una época nueva, con todo lo que tenga de dificultades...  Sí, las tiene, efectivamente, porque al país hay que hacerle unas cuantas operaciones quirúrgicas, y todas las operaciones quirúrgicas paralizan por algún tiempo al paciente, y todas las operaciones quirúrgicas duelen; pero peor es que nos mate el cáncer de los malos sistemas y de los sistemas coloniales que estábamos aquí padeciendo.  Así que si nos quejamos seríamos tan injustos como el enfermo que se queje de que lo lleven al hospital y le salven la vida, porque, en definitiva, lo que está haciendo la Revolución es salvándole la vida económicamente al país.
¿Que tenemos que afrontar dificultades?, ya lo sabemos.  ¡Ah!, pero ese es el precio; el precio de vivir en el futuro de forma distinta, más decorosamente, más dignamente y más decentemente, tenemos que pagarlo.  Claro está que hay personas que no son conscientes de estas cosas y creen que el mundo se va a caer porque han sufrido algunos perjuicios, o porque han tenido que sufrir algunos reajustes; personas que están disgustadísimas porque tenían diez criadas y ahora nada más pueden tener siete , y hasta cometen la injusticia de botar las otras siete nada más que por fastidiar y por crear más desempleo; que iban cinco veces a la peluquería a la semana y ahora van dos, y así por el estilo, porque esta es la verdad, no vayan a pensarse otra cosa.
Naturalmente siempre hay su excepción.  Ninguna ley es justa, si partimos del principio que se aplique una ley igual a personas que no somos iguales, ninguna ley: ni civil, ni penal; ni de ningún orden.  Una Ley Penal, dice: por tal delito, tantos años; pero no piensa si el hombre es de un temperamento pasivo, si es de un temperamento agresivo, la psicología, la educación.  Luego cuando se aplica una ley igual a personas distintas, la ley no se puede llamar enteramente justa; sin embargo, hay que aceptarla porque no existe otro método, no se puede hacer una ley por cada individuo.  Lo mismo, también, las leyes económicas: se aplican leyes iguales a categorías dentro de las cuales hay distintas variantes; y algunos pues sí pueden resultar muy perjudicados, hay algún caso de esos.
Pero la generalidad del problema es lo que planteé aquí: de siete criados en vez de diez y dos veces a la peluquería en vez de cinco.  Esa es la verdad.  Personas que esas cosas las llevan a hacer rumores, a hablar de contracción.  Luego, naturalmente, otras pasiones que se agitan, temores infundados, intrigas, calumnias; gente que se asusta aquí cuando una revista americana escribe cualquier cosa, se asustan enseguida, cuando basta ver esas publicaciones para ver qué grado de mala fe hay, como incluso un señor periodista que escribió en un diario de Miami hablaba con desfachatez sobre las cosas de Cuba, y hablaba de la prostitución, y hablaba groseramente de una aventura personal, por el Malecón, o por Prado, o por algún lugar de esos, con una falta de respeto por la dignidad de las mujeres cubanas, como si este país fuese sencillamente centro de placer para los que vengan aquí a pisotear la dignidad y el honor de nuestra patria .
Escriben con una desfachatez inaudita sobre los problemas más complicados, más delicados y más complejos, y de los mil y un problema que tiene la sociedad, pues entonces resaltaban...  Sí, no podían hablar de malversación, no podían hablar de censura, no podían hablar de nada de lo que tradicionalmente se podía hablar y empiezan a hablar de otros problemas sociales contra los cuales no es tan fácil luchar, como es el problema de la prostitución, que cuando menos la Revolución ha podido impedir la explotación de que la policía y otros veinte elementos politiqueros hacían victimas a esas infelices mujeres.
Naturalmente la sociedad tiene muchos problemas por delante que tendrá que ir confrontando progresivamente, pero enseguida los sacan, mas no los sacan sino para insultar y para herir; sin embargo, hay gente con tan poco sentido de la dignidad nacional, que ante cualquier intriga que escriben y cualquier cosa que se escribe sencillamente porque existe esa conciencia de dominio, frente a la que se indigna o se siente herida ante cualquier manifestación de soberanía, del derecho de otros pueblos a ser independientes, a labrarse su propio destino, hiere determinadas mentalidades dominantes, determinadas mentalidades egoístas, y entonces miran con desprecio a nuestros pueblos y consideran que estamos obligados a vivir en el retraso y en la miseria y en la explotación.
En definitiva, por ahí desgraciadamente hay gente que se asusta.  ¡Qué se va a hacer!  Nos acostumbraron a eso: nos acostumbraron a asustarnos de cualquier cosa.  Ya se sabe hasta qué punto la intelectualidad aquí en general se prostituyó al oficio de la república; ya sabemos hasta qué punto mucha gente en vez de orientar al pueblo se dedica, en definitiva, a sembrar esos miedos, esos temores y esas intrigas. Y en vez de existir aquí una disposición vigorosa a defender lo nacional, a defender el honor del país, a ahuyentar los miedos, hay sectores, hay personas que se deleitan en crearlos y en suscitarlos. Desgraciadamente esas son las cosas contra las que todo revolucionario tiene que luchar, las piedras que se encuentra en el camino toda obra noble y toda obra justa, como esta, que no tiene más que un propósito, que es el de ayudar al pueblo, el de ayudar a la nación, el de ayudar a la patria y el de ayudar a todos, haciendo buena aquella consigna del Apóstol que la patria era de todos y para el bien de todos.
Resaltaba yo la diferencia que hay entre la política pasada y la que nosotros estamos haciendo con nuestra moneda, y recalcando el inconveniente que resulta encontrarse con las reservas completamente agotadas.  Por eso nosotros tenemos que defender nuestras reservas y, al mismo tiempo, adquirir más, no solamente para consolidar nuestra economía, sino para industrializar al país.
Así, una de las tantas industrias que quisiéramos ver próspera y floreciente, plenamente desarrollada, a la que queremos ayudar, es a la industria del tabaco.  No solamente se ha de beneficiar esta industria con el aumento del consumo interno derivado de la supresión del contrabando y de la conciencia revolucionaria del pueblo, sino también el aumento del consumo derivado del aumento de ingresos, porque es una cosa lógica que en la misma medida en que aumente aquí el índice de empleo y en la misma medida en que los campesinos puedan comprar, las cantidades de tabacos que se van a consumir se van a duplicar o a triplicar sencillamente; de la misma manera que cuando a nosotros nos regalan muchos tabacos fumamos más y le hacemos una propaganda al tabaco cubano, porque siempre estamos fumando algún tabaco cubano ; el tabaco dicen que es un vicio, pero no lo vamos a llamar vicio, vamos a llamarlo costumbre, es un estimulante permitido que sirve hasta para pensar, para hacer una buena digestión  y, además, que es un producto nuestro que hay que consumirlo.  Pues en la misma medida en que tengan medios para fumar más, fumarán más; luego, hay que contemplar las perspectivas de futuro de la industria, y tan cierto es que la están contemplando los industriales cubanos del sector del tabaco, que yo sé que el que más y el que menos está poniendo una fabriquita, ampliándola o pensando poner una nueva —yo no sé si habré descubierto de verdad algo...
Así que hay que contemplar la evolución de la industria contemplando su perspectiva futura, contemplando el aumento de la venta. Además de estas tres perspectivas, además de esas posibilidades, están las posibilidades de nuevos mercados para el tabaco.  Nosotros tenemos que vender tabaco donde quiera que nos lo compren; tabaco prieto y tabaco rubio, porque vamos a vender también tabaco rubio nosotros.
Como aquí en general todas las disposiciones siempre se han tomado imprevisoramente, todos los problemas se han tratado de resolver para el momento y las leyes parecen remiendos unas tras otras —se hace una legislación y se establecen veinte leyes más para remendarla—; como nunca se hace  política a largo plazo con los sectores de la industria, lo que nosotros nos proponemos con el tabaco, con el calzado, con el tejido, con el azúcar, con el café, con todos esos sectores de la economía, es hacer una  política a largo plazo, trazarnos las bases y en cada sector llevar al ánimo de los elementos que lo integran la conveniencia de desarrollar ese aspecto de nuestra economía, del cual están dependiendo todos los elementos que pertenecen a ella, para el sector del calzado, del tabaco, de los tejidos.
¿Qué es lo que desean tanto los obreros como los que lo producen en el campo, como los que trabajan en la fábrica, como los industriales?  ¿Qué es lo que desean, qué es lo que deben desear en primer término?  El desarrollo de esa industria.  No hacemos nada si la industria no se desarrolla.  Pelear por repartirnos lo poco que hay, no puede ser la política.  La  política tiene que ser expansionar esa industria, expansionar ese sector para repartirnos más, no lo poco que hay.  La política a seguir es trazar los lineamientos necesarios para desarrollar ampliamente cada uno de esos sectores, con la ventaja de contar hoy con la disposición por parte del Estado, del gobierno, de ayudar, de auspiciar eso, sin robarle a nadie, sin exigirle nada a nadie, sin extorsionar a nadie, y en definitiva poniendo siempre todos los recursos del Estado en beneficio del país, que es lo que se debió haber hecho desde el principio, y estaríamos muy distintos de lo que estamos hoy.  Ahora más que nunca, porque hemos llegado al momento crítico, al momento de la oportunidad, y tenemos que lidiar contra todo lo malo de atrás, pero esperándonos grandes posibilidades en el porvenir.
Esta es la hora de hacer el esfuerzo, de hacer un esfuerzo unidos todos a favor de cada uno de estos sectores: unidos, no divididos.  Que no pase como con los zapatos, que sale un grupo y el otro grupo hace otros planteamientos.  Yo dije bien claro en el asunto de los zapatos que íbamos a hacer esto que estábamos haciendo aquí: estudiarlo, para buscarle verdaderas soluciones definitivas, no soluciones improvisadas, y debe unirse todo el sector para buscarle esas soluciones, las grandes posibilidades de desarrollo.
Al mismo tiempo que estudiamos los problemas actuales y buscamos soluciones justas, nosotros hemos llamado a todos los elementos que integran el sector tabacalero.  Aquí se han reunido los representantes de los vegueros, los representantes de los obreros tabacaleros en sus distintas facetas y los representantes de la industria. Vamos a discutir aquí como cubanos, y como buenos cubanos, los problemas de la industria, la política a seguir en esta industria.  Encarar el porvenir con las grandes posibilidades que tiene, llevando como consigna, antes que todo, desarrollarla, desarrollarla dentro y desarrollarla en sus mercados externos, porque nos hacen falta las divisas del tabaco, nos hace falta vender el doble o el triple del tabaco que se vende hoy para poder comprar maquinaria, para poder comprar fábricas, para poder comprar barcos, para poder comprar todo lo que necesitamos a fin de independizar económicamente a Cuba, recordando siempre aquello de que no hay independencia política si no hay independencia económica.
Consideramos que un empeño como este bien merece la colaboración de todos, más en una industria de porvenir como esta.  Que nos sentemos aquí a discutir, que cada cual exponga sus ideas, que se analice en todos los sectores cuál es el que está más mal, cómo las primeras mejorías deben tender a beneficiar a aquellos elementos que dentro del sector están más mal y cómo lo vamos a lograr.  Por qué medios, cómo vamos a lograr una colaboración grande entre todos, un esfuerzo grande entre todos, la paz aquí entre todos, porque es necesaria para avanzar en la industria, porque es necesaria más que nunca en esta etapa.
Aquí han llegado una serie de exposiciones.  En esta reunión, si hay buena voluntad, todos los problemas del sector tabacalero deben quedar resueltos; la política a seguir con el sector tabacalero debe quedar trazada, escuchándose el pensamiento de todos y cada uno, los problemas de todos y cada uno, las angustias de todos y cada uno, las preocupaciones de todos y cada uno.  Trazar la política futura con respecto a las cosechas, con respecto a los mercados, a la propaganda afuera, a la designación de agregados comerciales en todas las embajadas y en todos los países del mundo  para vender nuestros productos, para vender nuestro tabaco, porque es bueno, eso nadie lo discute, es de magnífica calidad.  Cuando uno viaja se da cuenta de la diferencia que hay entre la calidad de nuestro tabaco y los tabacos de otros lugares.
En materia de cigarros, bueno, podrán estar divididos los gustos, pero el gusto no se puede dividir cuando se trata de fumarse un puro; porque no hay comparación posible entre la hoja cubana y las demás, y la hoja de otros países no se puede ni fumar, sobre todo quien se acostumbra a fumar tabaco cubano.  Calculen las posibilidades que tiene o que debe tener, lo triste que es estar quemando tabaco, si puede ser esa buena  política, como si pudo haber sido buena la  política que permitió la pérdida de nuestros mercados, o un exceso en el cultivo, porque dedicar el trabajo del hombre y la tierra a producir un artículo que se va a quemar, es un crimen antieconómico.  Cada pulgada de tierra y cada minuto de trabajo debe estar invertido en algo que se vaya a consumir y que se vaya a necesitar, y eso podemos lograrlo en el futuro, sobre todo cuando un aumento de la demanda absorba lo que hoy se quema y después sepamos controlar la producción.
Es absurdo sembrar por la libre y permitir la sembradera por la libre, que siempre produce estas crisis de superproducción, en el azúcar, en el tabaco, en el café.  Nosotros tenemos que controlar los sembrados, decir y orientar la siembra: tanto de maíz, tanto de tabaco, tanto de café, tanto de azúcar; y cuando nos sobre tierra, tenemos algo que producir: ganado, que es ilimitada la posibilidad, porque el ganado no se puede reproducir tan vertiginosamente como los productos agrícolas, como el arroz o el tabaco, y tiene posibilidades ilimitadas.  Así que nunca estará la tierra ociosa.
La economía bien organizada nos permitiría dedicar la tierra y dedicar el trabajo a productos útiles, y, ahora, cuando los mercados absorban ese exceso, procurar adoptar las medidas para que no se aumenten las siembras, sino en la misma medida que aumente la demanda, para no tener que quemar.  ¡Cuánto mejor no sería vender todo ese tabaco, poderlo vender!, y cuando al fin estemos vendiendo ese exceso, que los cultivos se ajusten a las necesidades de la industria y de la exportación y del consumo.  Que no nos vaya a pasar lo mismo ahora con el algodón, con la soya y con otros productos, y que dentro de cinco años haya que quemar soya, haya que quemar algodón, haya que quemar de todo aquí porque no haya orden, no se ajuste la oferta a la demanda y caigamos en todos los productos en esa situación antieconómica, derivada de que cuando tiene una época buena todo el mundo empieza a sembrar, y porque todo el mundo empieza a sembrar, llega un momento en que sobra.
Luego aquí, en el Instituto Nacional de la Reforma Agraria, debe haber un control, una orientación; orientar a los agricultores para que siembren aquellos artículos que tienen mercado y no la producción indiscriminada e ilimitada que es la que nos crea todos estos trastornos.
También estudiar la situación de aquellos vegueros tan pequeños que no tienen apenas tierra, ver cómo se les mejora; ver cómo se mejora en el futuro, con el aumento del consumo, a aquellos que tienen menos cuota ahora, y, en fin, ver cómo vamos nosotros nivelando y reajustando sin quitarle nada a nadie, sino sencillamente para mejorar a los que están más necesitados que, en definitiva, será el mejoramiento de todos.
A cada industria lo que le conviene es que todas las demás industrias prosperen, porque los obreros que producen en aquella son los que van a comprar aquí en esta.  Y lo que les conviene a todos los industriales, a todos los obreros industriales, es que cada sector prospere para tener compradores que es lo único que permite el desarrollo de las industrias.
Así que nosotros tenemos que encontrar la política correcta en el tabaco, emanada de toda la discusión, de la experiencia precisamente de los que llevan años en ese giro.
Que hablen aquí.  Estas discusiones tienen que tener antes que todo un carácter de armonía, de comprensión; discutir para buscar soluciones.  Que sea una verdadera reunión de buenos cubanos, donde cada cual plantee sus puntos de vista, discuta.  Podrá replicarse, argumentarse de una manera, argumentarse de otra, con un respeto absoluto para todas las opiniones.  Esto es una especie de información pública sobre la industria tabacalera para organizarla con proyecciones futuras a largo plazo y buscando aquí la experiencia, el criterio y la colaboración de todos, pensando que lo que le conviene al sector es que se desarrolle...  (SALTO EN LA GRABACION)..., porque serán precisamente los que reciban los beneficios, y los beneficios que reciba cada sector serán los beneficios que reciba el país.  Ese es nuestro interés.  No puede haber forma mejor de hallar soluciones buenas que esta: discutiendo.
Ustedes ahora tienen aquí que trazarse un orden del día y discutir, estar un día, dos días, tres días, cuatro días si es necesario.
Hoy se empezó un poco tarde.  Aquí están presentes valiosos compañeros, están los ministros de Economía, de Trabajo, de Agricultura; los comandantes Ernesto Guevara y Camilo Cienfuegos, del Ejército Rebelde, porque nosotros no solamente tenemos trabajando a nuestros ministros, tanto es el trabajo que acudimos también a nuestros comandantes y les encargamos trabajo.
Hace varios días yo hablé con el comandante Guevara y le pedí que me ayudara en todo el problema del estudio del sector tabacalero, de la misma manera que tengo que acudir a otros compañeros para otros sectores porque es mucho el trabajo y, sobre todo, que aquí cada sector está interesado por avanzar lo más posible.  Aquí se mueve todo el mundo, hasta los que construyeron las casas en el FHA, para ver si les rebajan algunos intereses; y, en definitiva, todo el mundo está interesado en aprovechar este momento y eso es bueno.
Yo no puedo estar en las reuniones.  Ustedes comprenderán que tengo mucho trabajo en estos días, tengo que estudiar una serie de estadísticas y de informes sobre la economía del país con relación al viaje que pienso hacer al extranjero, con el propósito, precisamente, de defender nuestro azúcar, de defender nuestros intereses económicos y discutir sobre todas estas cuestiones; tratar precisamente de buscar el beneficio de nuestro país, defender la Revolución de las campañas y defender, en definitiva, nuestra Revolución, que es defender a nuestra patria.
Ya sabrán ustedes cuántas cascaritas de plátano me esperan en el camino y cuántas trampas , desde piquetes de criminales de guerra hasta periodistas pagados allí para que hagan todas las preguntas todo lo más capciosas posible; pero, en definitiva, voy tranquilo.  Siento no haber tenido más tiempo para repasar mi inglés, por todo el trabajo que tengo aquí, pero en estos días tengo que hacer muchas cosas y no puedo estar en estas reuniones y, por eso, siento no poder hacerlo, porque quisiera documentarme lo más posible sobre este aspecto de la economía del país como de todos los demás.  Tendré que conformarme con ir leyendo las discusiones y los memorando.
Pero yo tengo la seguridad —como la pueden tener ustedes—de que vamos a arribar a buenas fórmulas, de que vamos a arribar a conclusiones útiles, y así, ustedes esta noche ya pueden empezar a trabajar o mañana.  Pueden contar con algunos compañeros; aunque todos tienen mucho trabajo, pueden contar siempre con algunos compañeros ministros, y el compañero Guevara que, aunque tiene mucho trabajo también, nos va a ayudar en esta cuestión.
Yo me tengo que ir ahora para la exposición, que allá me están esperando los industriales que tienen allí en exhibición sus productos.
Ustedes saben que la Exposición de Productos Cubanos ha resultado un gran éxito, ya se está hablando de otra gran feria y exposición de productos cubanos para el mes de mayo.  Todo eso es magnífico, porque esta exposición ha demostrado las cosas buenas que tenemos, y si eso lo tenemos sin habernos preocupado nunca de hacer las cosas en serio aquí, calculen lo que podemos tener dentro de un año, dentro de dos, dentro de tres, dentro de cinco.  Pero que nadie se asuste, nadie vaya a pensar que nosotros queremos estar aquí cinco años ni nada de eso.  Bueno es advertirlo por ciertas preocupaciones que se leen por ahí, como ayer que yo leía, que no sé si es que no entienden bien estas cosas, porque a veces pasa que cuando a la gente se les ha hablado de elecciones —y yo fui el primer sorprendido— se ha encontrado uno una reacción en el pueblo tremenda.
Es falso desde todo punto que esas sean voces aisladas, ni mucho menos; y, por supuesto, mucho más falso el que me estén engañando.  En todo caso, no es lo mismo engañar que tratar de engañar y mucho menos se engaña a alguien cuando no se le está tratando de engañar, por lo menos, estoy en contacto con el pueblo, tengo derecho a saber las cosas de las reacciones de las multitudes, y sé distinguir perfectamente y sé cuándo hay una opinión colectiva.
Desgraciadamente, tan desprestigiada está la política en Cuba, tan desprestigiada está la sargentería, la “manenguería”, la malversación y toda la corrupción que había aquí en la política, que yo creo deber de los que escriben, más que nada en este momento, el anatematizar los viejos procedimientos politiqueros y predicar nuevos procedimientos de política.
El problema no es de elecciones comoquiera, porque elecciones comoquiera hunden esto otra vez.  Lo primero, lo patriótico, lo correcto, lo que realmente influiría al pueblo, es empezar a hacer una campaña contra los viejos procedimientos, y hablar de nuevos procedimientos por completo en política; antes que todo eso, no sea que los elementos contrarrevolucionarios se empiecen a hacer ilusiones con la politiquería para frenar la Revolución.
Hay que tener cuidado con las palabras: Elecciones no; elecciones sobre bases limpias, elecciones con procedimientos nuevos; elecciones solo no, porque elecciones solo serviría nada más que para frenar la Revolución.  Hay que tener cuidado con las palabras y hay que estar atentos de todo lo que se habla para orientar.  Aquí todo el mundo tiene derecho a hablar y a escribir, y todo el pueblo tiene derecho a analizar lo que se habla y lo que se escribe, porque no debe perderse de vista que también sobre la reforma agraria nos han estado tratando de defender tesis como una reformita muy benigna de sembrar en los marabuzales y en la Ciénaga de Zapata y nada más; desde luego, hay que estar claros, porque las palabras hay que decirlas y acompañarlas de otras ideas.
Aquí el problema real en el pueblo visto, es que el descrédito enorme de la politiquería ha producido una reacción contraria: el miedo a caer en eso y la idea de que si nunca se había gobernado con honradez el país, siempre los políticos habían infectado la vida del país, pues sencillamente ahora mucha gente se pregunta y dice: Bueno, ¿y las elecciones qué falta hacen ahora cuando se está gobernando honestamente como se quería?
Pero lo curioso es que en este caso, al revés de lo que ha pasado siempre, que los enemigos de elecciones son los gobernantes, porque tienen miedo a las consultas, nosotros, que sabemos la fuerza que tiene la Revolución, la fuerza que tendrá luego y la fuerza que tendrá más tarde, somos los primeros partidarios de que se establezca aquí un régimen representativo de gobierno y producto de la voluntad popular, aunque la Revolución es producto de la voluntad popular , pero que se someta a la consideración del pueblo cuantas veces sea necesario, que se sometan los gobernantes al veredicto del pueblo cuantas veces sean necesarias, y que el pueblo exprese su voluntad soberana cuantas veces sea necesario.
Pero lo que digo es que en el pueblo la reacción frente a la palabra elecciones es porque le recuerda todo lo de atrás, y que esa reacción es unánime, y si quieren, que se someta a un survey, que se someta a la consulta del pueblo.  Nosotros no queremos, no hay truco en eso del pueblo cuando le chifla a las elecciones; está chiflando todo el pasado, está chiflando toda la politiquería, no está chiflando la democracia, no hay truco.
Truco sería si nosotros consultamos al pueblo sobre elecciones y sobre lo que quiere.  Digo truco porque sabemos cuál es el resultado, sabemos de antemano que si le decimos al pueblo cuántos años quiere al Gobierno Revolucionario, desde uno hasta diez (APLAUSOS Y EXCLAMACIONES DE: “¡Diez!”), estoy seguro de que la inmensa mayoría del pueblo dice diez; sin embargo, no hacemos eso, no nos interesa eso.
De una vez por todas sépase que el poder es una cruz muy pesada, que el poder es una cruz muy amarga y que el poder es una cruz muy dura (ALGUIEN DEL PUBLICO LE DICE ALGO).  Claro, porque no se viene con criterio de mercader al gobierno, se viene a cumplir un deber, y los deberes cuando se cumplen son pesados.  De tal manera que para cualquiera de nosotros que hemos estado en la cárcel, que hemos estado en la Sierra y que hemos estado aquí en el gobierno, les digo sinceramente que el peor de todos es aquí.  Así que calculen si nosotros podemos tener preocupaciones.
Hay que estar muy atentos.  Muchas veces la palabra democracia, la propia palabra elecciones se puede utilizar con fines reaccionarios, con el propósito de irle poniendo un frenito a la Revolución.  A la Revolución no le pueden preocupar esas cosas, porque no necesita mucho tiempo, necesita poco tiempo, bastante poco tiempo para hacer su obra, y después la consolida a través de cuantas elecciones sean necesarias.
Si nosotros mantenemos limpia la Revolución y a los hombres revolucionarios; si nosotros mantenemos una línea recta, una autodisciplina severa, una moral rigurosa, ¿qué temor podemos tener?  Al pueblo no lo pueden engañar de ninguna manera —no es fácil— ni confundir, porque unos hablan y otros hablan también; unos escriben y los otros escriben, y frente a cada idea habrá otra idea, y frente a cada palabra habrá otra palabra, y frente a cada orientación habrá otra.
Pero sí me ha llamado la atención cierta tendencia a denostar al pueblo cuando se reúne públicamente, a calificar un poco despectivamente a la multitud, y, desde luego, califican despectivamente a las multitudes aquellos que no tienen multitudes; califican despectivamente a la multitud la reacción y la contrarrevolución, porque saben que la masa, la voluntad mayoritaria del país, es un arma de la Revolución.
Denostar, desacreditar, un poco como estigmatizar la multitud, es una idea contrarrevolucionaria, es una idea reaccionaria, porque no entiende uno esa democracia que constantemente habla de mayoría, y cuando uno reúne la mayoría en la calle se protesta de la mayoría reunida en la calle.
Malo es que no haya masa, malo es que no haya multitud, malo es que haya perseguidora destruyendo al pueblo en la calle y golpeándolo y persiguiéndolo; pero que el pueblo se reúna no es malo, que haya multitud no es malo.
A las multitudes no las dominan dos voces situadas en una esquina, ni diez voces ni veinte voces; a las multitudes las lleva un sentimiento y las orienta el orador y las orienta una idea; no se juega tan fácilmente, porque de la misma manera que a una multitud la pudiera desorientar un orador, también a una gente sentada en su casa la pudiera desorientar otro orador u otro escritor.  Así que no hay diferencia entre el pueblo reunido y el pueblo en su casa, en lo esencial; todo depende de quien les hable, de cómo se les hable.
Hay un medio directo: la televisión, el radio, la multitud; medios indirectos: la pluma.  Los medios directos tienen un efecto grande sobre la masa, no hay duda, pero las multitudes no son malas.
Las multitudes constituyen el pueblo, y no es peor el pueblo cuando se reúne que cuando está en su casa; no es distinto el pueblo cuando se reúne que cuando está en su casa, en su esencia, en la conciencia de cada individuo, sin desconocer que la idea de la unión da fuerza, da entusiasmo.
No era lo mismo que nosotros hubiésemos convocado a los periodistas de todo el mundo, reunirlos en un saloncito y decirles: “Vamos a hablarles a un millón de cubanos”, que ellos lo podrían creer si querían y si querían no lo creían, a decirles:  “Vengan aquí a esta terraza, que les vamos a hablar a un millón de cubanos que están ahí”.
En ese momento la multitud estaba prestándole un extraordinario servicio a la patria, en ese momento la multitud reunida allí estaba defendiendo a la patria.
Esa gente, toda aquella gente, en sus casas, hubiera carecido de algún valor para defender la patria, hubiera carecido de algún valor para el observador extranjero, hubiera carecido de algún valor para defender el prestigio de la Revolución; en cambio, toda aquella gente reunida allí era un espectáculo impresionante e inolvidable.
Aquella gente reunida allí estaba sacando la cara por su pueblo y por su patria, y por el prestigio de su nación y en defensa de su soberanía; aquella multitud paralizó en seco la campaña, sin embargo, tendremos que volverla a reunir.
Quizás cada año tengamos que reunir a ese millón de cubanos  y llamar a los observadores para defendernos de las campañas de calumnia, porque nuestras revistas tienen una circulación aquí, y luego nos atacan con revistas que circulan en todo el mundo, nos atacan con periódicos que circulan en todo el mundo, y las calumnias contra nosotros circulan por todo el mundo; luego, nosotros tenemos que llamar a observadores de todo el mundo para defendernos de la calumnia que órganos poderosos circulan contra nosotros en el mundo entero.
Así, no se puede hablar despectivamente de la multitud, cuando le ha prestado tan grandes servicios a nuestro pueblo y cuando es la materia viva del pueblo.
A las multitudes las reúnen las ideas cuando son justas, y se reúnen en medio de un pueblo entusiasta.
Realmente, yo tampoco soy distinto cuando hablo en un salón o cuando hablo ante una multitud.  ¿Saben cuál es la única diferencia?  Que en un salón hay silencio y puede uno hablar más cómodamente, más tranquilamente.  Pero cualquiera que haya visto la multitud de un millón o de medio millón de personas y vea cómo la masa —muchas veces hay un desmayado, se forma un movimiento, parece una ola— avanza sobre la tribuna...  Hay, aunque no se quiera, un ruido.
Técnicamente nuestros expertos en altoparlantes todavía no han ideado la manera de establecer sistemas de altoparlantes que se oigan  —cuando el mitin del millón se usaron todos los de La Habana y no alcanzaron— y tiene uno que esforzarse mucho, tiene uno que violentarse a sí mismo, se pone uno rojo, se agita, para poder hacerse oír, y no es el mismo esfuerzo el que se hace en la plaza pública que el que se hace en un salón.  Usted puede en el salón hablar más suave, pero no es porque uno sea distinto bajo techo o fuera de techo, señores.
¿Qué es lo que quieren? ¿Acomplejar al pueblo? ¿Acomplejar al pueblo, acomplejarnos a nosotros?  ¿Que no hablemos?  No, señor.  ¡Seguimos hablando en el salón y seguimos hablando en la plaza pública!, porque no somos distintos, solo que allí tenemos que hacer un esfuerzo más grande, un esfuerzo físico mucho más grande que el que se hace cuando uno está sentado; todavía es más cómodo estar sentado que parado, pero no hay tal diferencia.  Que no lo pinten a uno tan diferente, porque no somos un bicho raro, ni somos una cosa allí y otra aquí.  Lo que la garganta es la misma aquí y allí, y aquí es más fácil hablar que allí, señores. Esa es toda la diferencia, para que nadie se vaya a asustar cuando vayamos a hablar en la plaza pública, porque yo sentado he dicho cosas más duras de las que he dicho en la plaza pública; pero lo he dicho suave, porque puedo hablar suave puesto que me oyen.
Bueno es que no se filtren ciertas ideas que pueden resultar negativas, aunque las personas que puedan haber expresado esas cosas se hayan manifestado amigas mías y seamos amigos.  Pero de todas maneras es nuestro deber.
Aquí conservamos, desde Mario Kuchilán hasta nosotros, la libertad de escribir y de hablar sobre todas estas cuestiones, la libertad de opinar sobre estos temas y estas cuestiones, y aclararlas, porque es muy conveniente.
Sobre todos estos temas siempre aprovechamos la oportunidad —yo creo que esto se está trasmitiendo, ¿verdad? (UN COMPAÑERO LE CONTESTA: “Se está grabando”), se está grabando, bueno—, porque tenemos que estar constantemente, sobre una serie de temas y una serie de cuestiones, en perenne guardia, no vayan a derivarse conclusiones que realmente tienden a capitidisminuir la Revolución; sobre todo cuando se tiende a capitidisminuir la Revolución, porque no podemos permitir que nos conviertan la Revolución en una revolución de salón, cuando es una revolución de Sierra Maestra y de plaza pública y de multitudes en la calle.
Así que, perdonándome ustedes esta pequeña digresión —porque yo tengo que aprovechar cada una de las oportunidades para alguna idea aclararla—, les deseo el mayor éxito, y espero que aquí se demuestre la madurez de nuestro pueblo, en el esfuerzo que todos hagamos por esta industria, que es la de ustedes, para hacerla prosperar todo lo necesario, que nosotros estamos dispuestos a adoptar las medidas que sean necesarias.
FIDEL CASTRO RUZ

Fuente: http://www.cuba.cu/gobierno/discursos

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