julio 09, 2012

Discurso de Fidel Castro en el Parque La Libertad de la Ciudad de Matanzas, en su recorrido hacia La Habana (1959)

DISCURSO EN EL PARQUE LA LIBERTAD DE LA CIUDAD DE MATANZAS, EN SU RECORRIDO HACIA LA HABANA
Fidel Castro
[7 de Enero de 1959]

― Versión taquigráfica de los oficinas del Primer Ministro ―

Aún nos queda algo de energía y de voz para saludar al pueblo de Matanzas.  Lo único que no me gusta es que este balcón está muy alto y yo estoy muy lejos de ustedes, yo quisiera estar más cerca de ustedes.  Yo quisiera estar allá abajo, pero si ustedes me ven a mí, yo no los veo a ustedes.  De todas formas, como el pueblo es el que manda, que las luces se queden encendidas.
Decía que lamentaba no estar más cerca, porque yo no he venido a los pueblos a hacer discursos, no he venido a los pueblos a hacer retórica, no he venido a los pueblos a impresionar a nadie, he venido a los pueblos a hablar con el pueblo.
Los tiempos de los discursos se acabaron, los tiempos de la politiquería se acabaron, los tiempos de la demagogia se acabaron, los tiempos de las promesas falsas y de los golpes de pecho se acabaron.  Se acabaron los politiqueros, los esbirros, los confidentes, los dictadores.  Aquí no queda más que una sola cosa: pueblo.
Ahora pueblo quiere decir algo, porque hacía mucho tiempo que el pueblo no contaba para nada en nuestra patria.  Todo el mundo hablaba en nombre del pueblo, todo el mundo se sacrificaba por el pueblo, todo el mundo quería al pueblo, todo el mundo quería el bien del pueblo y todo era hablar de pueblo; pero nadie se acordó nunca del pueblo, ni tuvo en cuenta al pueblo.
Y desde que el pueblo de Cuba ha dado uno de los ejemplos más extraordinarios de la historia de América, desde que el pueblo de Cuba, desarmado, sin instrucción militar, sin un solo fusil, sorprendido una madrugada infausta en que le lanzaron los tanques a la calle, le arrebataron sus derechos, le pisotearon su Constitución, humillaron su dignidad y lo han estado asesinando durante siete años ; ese pueblo sin armas, sin tanques, sin cañones, sin aviones, solo con el coraje, con la dignidad y con el valor, aunque ha tenido que pagarlo en un precio muy alto de vidas, arrebató a la tiranía sus fusiles, sus tanques, sus cañones, sus aviones ; arrebató a la tiranía, le arrancó de las manos las armas homicidas y hoy es un pueblo libre.
¿Cuándo se había dado un caso semejante?  (EXCLAMACIONES DE: “¡Nunca!”) No conocemos ningún caso igual en el siglo XX, porque desde que existen las armas modernas, desde que los ejércitos tienen armas automáticas, aviones, tanques, bombas de 500 y de 1 000 libras y equipos bélicos de todas clases, modernos, se decía que era imposible que los pueblos hicieran nada.
Los dictadores vivían engreídos de que podían permanecer indefinidamente en el poder, de que bastaba con tener sobornados a los generales y a los coroneles, repartir billetes de lotería y prebendas de todas clases, permitir que los coroneles se enriquecieran con el juego ilícito, con el robo y el chantaje, con la picada y con la excedencia; creían que permitiendo las piraterías...  (SALTO EN LA GRABACION)... que mandaban soldados y tenían las armas en la mano, mantenerlos incondicionalmente... (DEL PUBLICO LE DICEN ALGO.)  No, yo no soy el hombre, yo soy un servidor de mi pueblo, sencillamente.
Los hombres, en el sentido que hablaban ellos, se acabaron.  El hombre ahora es el pueblo, porque lo ha demostrado sobradamente.
Ellos creían que la dictadura iba a ser eterna, si no lo hubiesen creído, no habrían cometido las barbaridades que cometieron, si no lo hubiesen creído así, no habrían estado asesinando bárbaramente como lo estuvieron haciendo hasta última hora (EXCLAMACIONES DE: “¡Viva la Revolución!  ¡Abajo Batista!”).
¿Abajo Batista?  ¿Quién se preocupa ya de gritar abajo Batista?  Aquí lo más que cabe preguntar es: ¿Dónde estará Batista?  Me parece qua está tan lejos, tan lejos, que esta vez sí que no vuelve nunca más aquí.
En el año 1944 hizo como que se iba, y claro, se fue y dejó a sus soldados aquí, se fue y dejó a sus amigos con los fusiles, las balas y las armas de todas clases.  El gobierno que vino, tan incauto y tan ingenuo, lo que se dedicó fue a robar descaradamente —porque la verdad hay que decirla de una vez— y dejó a los amigos de Batista en los cuarteles, con sus fusiles, sus armas y sus balas, y sus cañones, y sus sargentos, y sus coroneles.  ¿Y qué pasó?, que al cabo de ocho años aproximadamente, cuando ya aquel señor se cansó de estar fuera del poder, vino una madrugada, se metió en Columbia, y empezó a darles órdenes a sus amigos.  Era lógico, por la inmadurez, la irresponsabilidad y la falta de sentido político y de sentido común, incluso, de los señores que siguieron a Batista, que Batista pudiera regresar al poder; pero esta vez , en que el pueblo ha llegado al poder no mediante unas elecciones, sino mediante una revolución de verdad, la cosa es bien distinta.
En primer lugar, desde luego, ese señor no vuelve a pisar tierra cubana como no sea para morir aquí, por supuesto.  Ni él, ni nada que se parezca a él; ni él, ni la sombra de él; ni él, ni los restos de él.  Y, desde luego, si se le ocurriera...    Pero hay algo más, hay algo más, les voy a decir una cosa: este señor   —estoy diciendo todo esto porque es lo que sentimos—, este señor es tan infeliz hoy día, es tan impotente, que lo podemos dejar venir.
Yo le hago una pregunta al pueblo, yo le hago una pregunta al pueblo, les voy a hacer una pregunta y me la van a contestar.  ¿Se oye?  (EXCLAMACIONES DE: “¡No!”)  ¿Y cómo me oyeron ahora?   Yo le voy a hacer una pregunta al pueblo: ¿Le tiene el pueblo de Cuba miedo a Batista?  (EXCLAMACIONES DE: “¡No!”) Entonces permítaseme hacer una suposición para que comprendan bien qué distinta es esta Revolución de las revoluciones anteriores.
Nosotros pudiéramos dejar —si quisiéramos, que no lo vamos a querer, por supuesto— que el señor Batista viniera (EXCLAMACIONES DE: “¡No!” ¿Le tiene miedo a Batista el pueblo?  (EXCLAMACIONES DE: “¡No!”)  Pero déjenme hablar.  Yo les quiero explicar por qué antes pudo y ahora no puede.  ¿Antes lo dejaron venir?  Muy mal hecho, porque los que estaban en Columbia eran los amigos de él, y ahora los que están en Columbia son los barbudos, señores.  Eso es lo que yo quería decirles, porque Batista llegaba a Columbia antes, cuando tenía allí a sus amigos y decía: “Sargento, capitán”, y llamaba a toda aquella gente: “A sus órdenes, a sus órdenes”; y ahora se encuentra un barbudo a la entrada de Columbia. ¿Qué le puede decir Batista a un barbudo?  
Eso quiere decir, señores, eso quiere decir que esta vez sí que, de verdad, ni él ni nadie parecido a él, puede venir a hacer lo que él hizo.
Yo quisiera orientar al pueblo, o al menos aclarar ante el pueblo algunos conceptos sobre la Revolución.  Ustedes saben que después del 10 de marzo, en aquellos momentos terribles de angustia y de tristeza, en que todo el mundo se quedó impávido ante aquella puñalada, aquella traición, aquel regreso funesto a nuestra patria, como si todo el mundo comprendiera la sangre, el luto y el dolor que iba a costar, ustedes recordarán, que todo el mundo se dedicó a la tarea de conspirar.  Ustedes recuerdan que todos los días venía una conspiración, todos los días daban un golpe, ustedes se acuerdan, ¿verdad? Ese y el 20 de mayo, que si el 12 de agosto, que si el 27 de noviembre, todos los meses venía una guerra, y una conspiración y se acababa la dictadura.
El hecho cierto es que muchos dirigentes políticos, muchos dirigentes políticos, se dedicaron a hacer contacto con los militares, se dedicaron a conquistar militares para que les quitaran a Batista de encima; se dedicaron a fraguar conspiraciones para ver cómo un grupo de capitanes, un grupo de comandantes, un grupo de coroneles quitaba a Batista, y entonces convocaba a unas elecciones, restablecía algunos derechos y se resolvía el problema de Cuba.  ¿Eso era revolucionario?  ¿Por qué? Pues muy sencillo, esos líderes políticos no tenían noción de lo que era la Revolución.  Los militares habían dado el golpe de Estado junto con Batista arrebatándole al país sus derechos, ¿y qué querían algunos seudorrevolucionarios?  —que aquí han abundado mucho los seudorrevolucionarios y tenemos que tenerlos muy en cuenta—, pues querían que los militares vinieran y quitaran a Batista para poner a otro; después, cualquier día, esos militares se sentían con el derecho de quitar a ese que habían puesto y poner a otro, y, en definitiva, el pueblo no contaba para nada.
Los militares quitaban y ponían presidentes, los militares decidían todas las cuestiones; el pueblo, para esos líderes políticos, era un cero a la izquierda.  Y a eso llamaban revolución, y a eso llamaban solución.  ¡Qué distinto lo que ha ocurrido, compatriotas!
Nosotros nunca fuimos a los cuarteles a hacer conspiraciones, nosotros nunca fuimos a mendigar a las puertas de los cuarteles que nos ayudaran a resolver los problemas de Cuba.  Nosotros nunca fuimos a guataquearles a los militares para que nos recobraran nuestras libertades, porque los derechos —como dijo el Apóstol— se toman, no se mendigan; se arrancan, no se piden.
El ejército nos había arrebatado nuestra libertad y nuestra Constitución. ¿Qué había que hacer?  Pues arrebatarle al ejército nuestra libertad y nuestra Constitución. ¿Qué hicimos nosotros?  Reunir un grupo de fusiles 22, de escopetas calibre 12, de revólveres y de pistolas, marchar hacia Santiago de Cuba y atacar el cuartel Moncada.  No había otra forma; si queríamos recobrar nuestros derechos y queríamos hacer una revolución de verdad, teníamos que empezar por quitarles los fusiles a aquellos que estaban utilizando los fusiles para oprimir al pueblo.
Sufrimos un revés, fracasó el ataque, no se pudo tomar el cuartel Moncada, infinidad de compañeros fueron asesinados cobardemente.  ¡Qué distinto, qué distinto de lo que ha sido cuando fuimos nosotros los que hicimos prisionero a casi todo el ejército!  Si lo hubiésemos asesinado, hoy habría 15 000 muertos a lo largo de la isla, porque hemos hecho prisionero al ejército entero, se puede decir ; por lo menos, excepto a las unidades que desde el primer momento se sumaron a la Revolución, que, por lo tanto, las dejamos con sus armas y que algunas de las cuales vienen con nosotros aquí, y que tuvieron un gesto revolucionario en aquel momento, el resto de las armas fueron ocupadas, o, por lo menos, fueron tomadas y repartidas.
Tuvimos un revés, fracasó el ataque, muchos fueron asesinados.  Decía que en aquella ocasión muchos compañeros murieron asesinados después de caer prisioneros y otros fuimos a parar a las cárceles donde estuvimos casi dos años.  Era un revés, pero un revés no es nada.  Aquel no iba a ser ni el primero, ni el último.
Realmente, comparadas las fuerzas y los recursos con que contaba la dictadura, lo que nosotros podíamos enfrentarle era absolutamente nada.  Lo que nosotros pudimos reunir después de casi dos años de actividad revolucionaria, fueron 82 hombres escasamente armados; 82 hombres no podían compararse con los 40 000 miembros de las fuerzas armadas; 82 hombres en un barco de 60 pies, no podían compararse con los recursos bélicos con que contaba la dictadura de Batista; 82 hombres que recogían los recursos para hacer la guerra peso a peso, sus recursos no podían compararse con los millones de pesos de que disponía la dictadura.
Sin embargo, había otro factor, había otras circunstancias en las que nadie creía, y sin embargo, creíamos nosotros.  Había algo con lo que nadie contaba y con lo que, sin embargo, contábamos nosotros, y ese algo, ese algo en lo que no creían los politiqueros, ese algo en que no creían los conspiradores que iban a Columbia a mendigar a los militares que le devolviesen su libertad, ese algo era el pueblo.  Porque, ¿con qué contábamos nosotros si no era con el pueblo?, ¿con qué íbamos a ganar la guerra si no era con el pueblo?, ¿quiénes iban a sustituir a los hombres que cayeran, si no los hombres del pueblo?, ¿quiénes nos iban a dar alimentos, si no los hombres del pueblo?, ¿quiénes nos iban a servir de guía, si no los hombres del pueblo?, ¿quiénes nos iban a brindar información sobre el enemigo, si no los hombres del pueblo?, ¿quién iba a nutrir las filas del ejército libertador, si no los hombres del pueblo?  
¿Quién compraba los bonos?  (EXCLAMACIONES DE: “¡El pueblo!”) ¿Quién mandaba frazadas y hamacas, abrigos y medicinas?  (EXCLAMACIONES DE: “¡El pueblo!”) ¿Quién nos daba aliento?  (EXCLAMACIONES DE: “¡El pueblo!”)  ¿Quién demostraba sus simpatías a la causa?  (EXCLAMACIONES DE: “¡El pueblo!”)  ¿Quién iba a las huelgas? ¿Quién se negaba a votar?  (EXCLAMACIONES DE: “¡El pueblo!”)  ¿Quién era el que pagaba en un precio más alto de vida la lucha contra la tiranía? (EXCLAMACIONES DE: “¡El pueblo!”) ¿A quién le asesinaban sus hijos?  (EXCLAMACIONES DE: “¡Al pueblo!”)  ¿Quién intimidaba con su presencia, con su respaldo, a los esbirros del régimen?  (EXCLAMACIONES DE: “¡El pueblo!”)  ¿Por quién luchábamos nosotros?  (EXCLAMACIONES DE: “¡Por el pueblo!”)  ¿Quién ganó la guerra?  (EXCLAMACIONES PROLONGADAS.)  ¿Quiénes creyeron en el pueblo?  
Nosotros creíamos en el pueblo cuando muy pocos creían en el pueblo.  Para muchos el pueblo era una turba, para muchos el pueblo era una masa desarmada, desorganizada e impotente, sobre todo para el tirano; el tirano no hacía más que ir a Columbia, reunirse con sus soldados, marinos y policías; al pueblo lo que hacía era insultarlo, humillarlo, engañarlo, ofenderlo.  No contaban con el pueblo; ni contaba con el pueblo la dictadura, ni contaban con el pueblo los seudorrevolucionarios que iban a Columbia a mendigar a los militares la libertad que había que conquistar a base de sacrificio, porque si no, sería una libertad efímera.
¿Se sentiría el pueblo hoy seguro y tranquilo si en vez de haberse librado esta guerra, hoy la libertad fuese consecuencia de que un grupo de capitanes o de comandantes se hubiese sublevado en Columbia? Si estos derechos restablecidos hubiesen sido consecuencia de un golpe militar, ¿podría estar tranquilo el pueblo?  Y no estaría tranquilo, porque es posible que las libertades que se conquistasen de esa forma, durasen lo que dura un merengue en la puerta de un colegio ...  (INTERRUPCION EN LA GRABACION)...  porque el pueblo ha visto los cañones desfilar hacia La Habana, y sabe que esos cañones son del pueblo .  El pueblo ha visto los fusiles desfilar hacia La Habana...  (INTERRUPCION)...  los sargentos se reunieron, botaron a los oficiales, quitaron a Carlos Manuel y pusieron una pentarquía.  Al poco tiempo, quitaron la pentarquía y dejaron a uno, y a los tres meses quitaron aquel uno y pusieron a Batista que estuvo 11 años saqueando y asesinando cubanos.  Esta vez quisieron hacer lo mismo, se dieron cuenta de que la dictadura estaba derrotada, tan formidables habían sido las victorias del Ejército Rebelde, que si dura 20 días más rendimos hasta la última guarnición de la república.
En Santiago de Cuba, en Oriente, había 10 000 soldados copados.  Entre Oriente y Las Villas, había 5 000 soldados más copados, los tanques estaban todos del lado de allá y estaban copados también, porque los puentes estaban volados y no podían moverse.  La desmoralización en las filas de las fuerzas armadas era completa, no tenían posibilidad de resistir 20 días más.
Es en ese momento, cuando se acerca el general Cantillo, ofrece levantar el ejército y apoyar incondicionalmente la Revolución, sin condiciones.  Desde luego que no podía poner condiciones porque estaba derrotado, y los derrotados no pueden poner condiciones, las condiciones las ponen los vencedores.  Pero cuando este señor viene a plantear eso, nosotros hubiéramos podido hacer dos cosas, nosotros hubiéramos podido decir: Bueno, si la guerra está ganada, ¿por qué aceptar ningún movimiento militar a esta hora, aunque sea respaldándonos incondicionalmente?  Pero cuando se le plantea a un dirigente revolucionario un apoyo de esa índole, hay una cuestión de conciencia; la pregunta que se hace el dirigente revolucionario es esta:  ¿Cuántos compañeros más van a morir en esos 15 o 20 días que van a ser los más duros de la guerra?  ¿Es posible obtener los mismos fines sin que mueran más compañeros?  Entonces uno dice: Bueno, si podemos lograr lo mismo porque ofrecen un apoyo incondicional, porque se da el triunfo de la Revolución, vamos a aceptar ese movimiento militar de respaldo a la Revolución.  Y fue lo que yo hice.
Me quedé esperando; porque no podía concebir que fueran tan brutos, tan estúpidos que, estando derrotados, vinieran a tratar, además, de traicionarnos.  ¿Y qué hacen?  En vez de aprovechar la oportunidad de que podían ahorrarnos a nosotros muchas vidas, y que la situación del ejército hubiese sido mejor si ellos realizan ese movimiento, se ponen a elucubrar planes fantásticos, faltan a la palabra empeñada, y en vez de hacer lo que habían acordado, en el día y la hora acordada, viene el señor Cantillo para La Habana, se reúne aquí con sus amiguitos, da un golpecito de Estado, se erige jefe del ejército, llama a un tal Carlos Manuel —otro Carlos Manuel para hacerlo más parecido a lo de Machado— y lo designa presidente.  Inmediatamente empezó a llamar una comisión de paz para que fuera a vernos a nosotros, poco faltó para que nos dijera que entregáramos los fusiles de una vez también.
Este señor se creyó que nosotros estábamos pintados en la pared, o que no sabíamos lo que estábamos haciendo; creyó, a lo mejor, que al decir que Batista se había caído, todo el mundo se iba a poner muy contento, y le iba a tomar el pelo a todo el mundo. ¿Y qué pasó?  Que tan pronto supimos a las 8:00 de la mañana que había dado un golpe...  Porque se le había advertido bien claramente: “Óigame, usted va a La Habana, ¿usted me promete que no se va a dejar arrastrar por la tentación de darle un golpe de Estado a La Habana?” “No.” “¿Me jura que usted no va a realizar ningún movimiento en la capital?”  “No.”  Y eso fue precisamente lo que hizo.  Empezó inmediatamente a decir que era un golpe de acuerdo con los rebeldes y que nosotros íbamos para La Habana.  Sí, nosotros íbamos para La Habana, pero era para sacarlo a él de Columbia.
Sin pérdida de tiempo, esa misma mañana nosotros hicimos una declaración diciendo que no respaldábamos ese golpe, y les dimos la orden a todas las tropas de seguir hostigando, atacando y avanzando sobre los cuarteles.  Esa misma mañana me comuniqué con los comandantes de las columnas que operaban en Camagüey y en Las Villas, y a Camilo le dije que en el término de dos horas partiera hacia La Habana y atacara Columbia.  Al comandante Ernesto Guevara le dije que inmediatamente saliera hacia La Habana y atacara la fortaleza de La Cabaña.  A las tropas que estaban en Camagüey se les dio la orden de avanzar sobre el regimiento de Camagüey, a las demás tropas de Oriente se les dio la orden de avanzar sobre Holguín e inmediatamente íbamos a avanzar sobre Santiago de Cuba.
Lanzamos al pueblo de Santiago de Cuba a la huelga a las 3:00 de  la tarde, y lanzamos a todo el país la consigna de huelga general.  El resultado fue este: a las 24 horas estaban desarmadas todas las guarniciones de la república.
Creyeron que iba a repetirse la misma historia de Machado.  Repito que, para no dejar de parecerse, aquella vez pusieron a un Carlos Manuel y esta vez pusieron a otro Carlos Manuel; pero no contaron, no contaron con que aquella vez no había un Ejército Rebelde, y esta vez había un Ejército Rebelde, un Ejército Rebelde que actuó rápidamente y consumó en 24 horas una victoria, que ha constituido uno de los acontecimientos revolucionarios más asombrosos que han ocurrido en América Latina.  No porque lo digamos nosotros, estaría mal que nosotros lo dijéramos, para que no se fuera a pensar que es vanidad del pueblo de Cuba y de nosotros, es lo que dicen los periodistas que vienen de todas partes del mundo, que toda la América está asombrada de cómo el pueblo ha podido desarmar al ejército entero; y todo el mundo está asombrado del civismo, del valor, de la agresividad, del patriotismo y del espíritu revolucionario del pueblo de Cuba, y eso que posiblemente no conocen al pueblo.
Si vieran lo que he visto yo, si hubieran presenciado estas manifestaciones multitudinarias, si hubieran hablado con el pueblo de Cuba como he hablado yo, es posible que la admiración que sintieran por nuestro pueblo fuera realmente más grande de la que sienten; porque para saber lo que es el pueblo de Cuba, era necesario haber recorrido, como hemos recorrido nosotros la isla de un extremo a otro, era necesario ver esas manifestaciones multitudinarias de hombres y mujeres delirantes, llenos de fe en su destino, decididos a todos los sacrificios, decididos a todos los esfuerzos y, sobre todo, con el entusiasmo, y con el cariño con que ofrecían su estímulo a los combatientes que iniciaron esta guerra en la Sierra Maestra hace más de dos años.
Si hubieran visto este pueblo unido, si hubieran visto al pueblo reunido a las 2:00, a las 3:00, a las 4:00, a las 5:00, a las 6:00 de la mañana, a cualquier hora; porque ya aquí se acabó aquello de que los mítines se dan a las 7:00 o a las 6:00; ya los mítines aquí, las reuniones, los mítines revolucionarios, lo mismo son a las 9:00, que a las 11:00, que a las 2:00, que a las 3:00, que a las 5:00 de la mañana .  Algo que no se ha visto nunca en Cuba: un mitin a las 4:00 de la mañana.  Debe haber algún sabotaje por ahí. ¿No?  Ya no existen en Cuba los sabotajes.
Yo decía que hay cosas que nunca se habían visto como es el pueblo congregado a las 2:00, a las 3:00, a las 4:00 de la mañana, a cualquier hora.  Son las 12:00, buenos días compatriotas.  Y sobre todo, yo decía que si conocieran al pueblo como lo conocemos nosotros, si hubiesen visto el grado de conciencia revolucionaria que hay en nuestro país, la admiración que sentirían por el pueblo de Cuba sería dos veces más grande.
Tengo casi la seguridad de que nunca en nuestra patria se habían observado muchedumbres tan gigantescas como las que estamos observando en estos momentos.
Tengo la impresión de que no ha quedado una sola alma en las casas de Matanzas.  Tengo la impresión de que aquí está Matanzas entero; es todo el pueblo, y todo el pueblo unido.  Si a este pueblo, cuando estaba desarmado y cuando no estaba unido, no pudo aplastarlo la dictadura, ¿quién puede en estos momentos derrotar al pueblo de Cuba?
No hay un solo ciudadano en estos momentos que sea indiferente a los problemas del país, porque todo el mundo ha sufrido en sus carnes la tiranía.  Ya no es como antes, a mucha gente no le importaban estas cuestiones, porque claro, vivían más o menos en paz después de siete años de tiranía.  Después de siete años de terror, después de siete años de intranquilidad, después de siete años de crímenes, de ver que partía el hijo de la casa sin tener la seguridad de que regresara, de ver crímenes a todas horas, de ver docenas de cadáveres amanecer en las esquinas de los pueblos, es posible que no haya un solo cubano indiferente a los destinos de su patria.
Estoy seguro de que las libertades que ha conquistado nuestro pueblo con tanto sacrificio, nada ni nadie podrá volver arrebatárselas.  Estoy seguro de que los días de terror no volverán, de que los días de miedo espantoso han quedado atrás, de que los días de torturas, de golpes y de asesinatos han quedado muy atrás.  Y algo ya es saber que, en lo adelante, cada hombre tendrá al menos asegurada su vida, cada hombre tendrá asegurados sus derechos individuales, cada ciudadano podrá salir de día o de noche de su casa, sin que nadie lo moleste.
Ya no cruzarán microondas por las calles en tono amenazante, ya no veremos pasar a los asesinos por nuestro lado con caras de perdonavidas; porque casi, casi, casi, casi, cuando un ciudadano estaba parado en una esquina y pasaba un microonda, casi, casi, había que darle las gracias de que no lo asesinaran.  Se vivía como de misericordia.
A cualquier ciudadano lo podían asesinar tranquilamente en una calle y no pasaba nada, lo lloraban impotentes sus seres queridos, su madre o sus hijos; podían torturarlo y no pasaba nada, podían desaparecerlo y no pasaba nada, ni siquiera el pueblo podía informarse de esas cosas.  No había libertad de prensa, no había periódico que pudiera publicar una noticia, era un terror infinito, un terror en silencio, porque ni siquiera quedaba aquello de que la opinión pública conociera las cosas que ocurrían.  Nadie vivía tranquilo.
Así hemos vivido durante siete años, así, pisoteados por la bota militar, humillados, reducidos a la impotencia, casi, casi sin esperanzas; porque fueron 17 años, más, fueron 18 años —11 la primera vez y 7 ahora—, 18 años gravitando un hombre sobre los destinos de la patria, 18 años robando y matando sin que el pueblo pudiera arrancárselo de arriba .  Dieciocho años de tiranía parecen 18 siglos; 18 años sin libertad son como 18 siglos sufriendo, 18 siglos de terror, de intranquilidad, de humillación, de tristeza, de infelicidad.
Se explica la alegría del pueblo, se explica el entusiasmo de nuestro pueblo al ver que todo eso ha desaparecido, se explica el entusiasmo del pueblo al ver que de nuevo ha vuelto a la vida.
(DEL PUBLICO LE PREGUNTAN: “¿Dónde está Almeida?”)  Almeida está avanzando hacia la capital a la cabeza de la Columna, yo me he quedado atrás.  (DEL PUBLICO LE PREGUNTAN: “¿Y Raúl?”)  ¿Qué dicen?  ¿Raúl?  (EXCLAMACIONES DE: “¡Sí!”)  Raúl, está en el Moncada.
(LE DICEN QUE EL PUEBLO DE MATANZAS QUIERE SABER DE LOS ASESINOS.) ¿Los asesinos?  (EXCLAMACIONES DE: “¡Sí!”)  ¡Ah!, nadie se preocupe por los asesinos, los asesinos van a recibir sencillamente el castigo que merecen.  Los que no tuvieron piedad para sus semejantes, los que no vacilaron en asesinar docenas de compatriotas, sin un solo sentimiento de escrúpulo para las madres que se quedaron sin hijos, los hijos que se quedaban huérfanos (EXCLAMACIONES DE: “¡Asesinos!”), para esos monstruos que destrozaban a los revolucionarios en los calabozos, para esos cobardes, para esos miserables que se ensañaban con el hombre impotente y desarmado, para esos no puede haber compasión posible.
El pueblo, que es justo, está pidiendo para ellos la pena que merecen.  ¿Qué dicen?  Que hable uno solo, que hable uno solo; no, no, a ver, hable usted, hable usted, ¿qué dice?  ¿Los chivatos?  (EXCLAMACIONES DE: “¡Sí!”) Los chivatos, los que delataban a sus compatriotas sin importarles que mataran lo mismo 10, que 15, que 20, los chivatos, esos tampoco escaparán a la justicia de los tribunales. ¡Ah!, ¿pero creía alguien que los chivatos iban a escapar?  (EXCLAMACIONES DE: “¡No!”)  Yo sé que hay chivatos que se ponen un brazalete del 26 de Julio; pero con eso no engañan a nadie, porque todo el mundo los conoce (EXCLAMACIONES DE: “¡Sí!”), aunque se pongan 20 brazaletes, enseguida se aparece la gente del pueblo y dice: “Ese es chivato, ese es chivato” .  Y nosotros, que no tenemos compromiso con nadie, ¡con nadie!, dondequiera que haya un chivato, aunque se haya disfrazado de revolucionario, aunque se parezca..., aunque nos haya traído 25 cañones, a ese no lo salva nadie.
Yo les voy a contar una cosa.  A fines del mes de diciembre, desde Bayamo, un tal capitán Morejón, conocido esbirro, nos manda un mensaje que decía...  (SALTO EN LA GRABACION)...  “No señor, que no venga, que los 300 soldados van a venir solos, que no lo podemos aceptar, porque cualquier día se aparece también Batista con 20 000 soldados”.  La respuesta fue que no, y el resultado ha sido, que los 300 soldados se unieron a nosotros y ese señor ya está en La Cabaña para ser sometido a los tribunales revolucionarios.
Pero hay una cosa con los chivatos que tenemos que ponerla a la consideración del pueblo, y es la siguiente: hay muchos chivatos, basta que 1 de cada 100 sea chivato, para que en un millón de habitantes haya 10 000 chivatos; basta con que 1 de cada 100 ciudadanos sea chivato, para que en seis millones de ciudadanos haya 60 000 chivatos, y es imposible fusilar 60 000 chivatos.
Yo estoy seguro, además, la Revolución tiene que aplicar castigos ejemplares; la Revolución no puede aplicar fusilamientos masivos, no.  Hay una cosa mejor, hay una cosa mejor con los chivatos.  ¿Qué es el chivato?  El chivato es un señor repugnante, un señor despreciable, que cobra por traicionar y delatar a los demás; el chivato es un señor que, por no trabajar, por no ganarse la vida decentemente, es capaz de vender a su propia familia.  Luego el chivato prefiere cualquier cosa, menos trabajar.
Yo tengo una idea:  aquí hay muchos trabajos que hacer en beneficio del pueblo , vamos a fusilar a los chivatos más malos, a aquellos que ya todo el mundo conoce, que el pueblo conoce , porque es necesario dar un escarmiento ejemplar; pero nosotros no vamos a fusilarlos a todos, vamos a condenarlos a 20 años de trabajo forzado , o a 25, o a 30, o a 10, o a 5, de acuerdo con su culpabilidad, y entonces vamos a ponerlos a desecar la Ciénaga de Zapata y otros trabajos, para darles tierras a los campesinos, y para que le paguen al país el daño que han hecho.
Pero eso sí, eso sí, yo les voy a hacer una pregunta: ¿Lo que ustedes quieren que hagamos es eso?  (EXCLAMACIONES DE: “¡Sí!”)  ¿Y después no se va a aparecer el pueblo, diciendo que pobrecito, que ya llevan dos años?  (EXCLAMACIONES DE: “¡No!”)  ¿Seguro que después no se van a compadecer de los chivatos?  (EXCLAMACIONES DE: “¡No!”)  ¿Y si se aparecen los demagogos, y retratan a la familia del chivato, y retratan al chivato?  (EXCLAMACIONES DE: “¡No!”)  ¿Seguro que no se van a ablandar? (EXCLAMACIONES DE: “¡No!”)  Bueno, pues acuérdense de que me lo han prometido, después que el pueblo no venga lleno do sentimentalismo, y lleno de pena a pedir que suelten a los chivatos (EXCLAMACIONES DE: “¡No!”).
Las mujeres chivatas, que desgraciadamente hay algunas, pero muy pocas, las mujeres chivatas las ponemos también a trabajar (EXCLAMACIONES DE: “¡Sí!”).
Pero yo quiero que ustedes sepan que los problemas de Cuba no se deben exclusivamente a los esbirros y a los chivatos, no.  Yo les voy a hacer otra pregunta: ¿Qué hacemos con los ladrones del dinero del pueblo?  ¿Qué me dicen?  Desde luego, primero les quitamos todo lo que tienen, ¿no?  (EXCLAMACIONES DE: “¡Sí!”)  ¿Y después? ¿A la cárcel? (EXCLAMACIONES DE: “¡Sí!”)  No, a trabajar también, pero no vayan a creer que los ladrones, los chivatos y los esbirros son los únicos que tienen la culpa de los problemas de Cuba. ¿Y con los politiqueros, qué hacemos? ¿Y con los que venden el voto, qué hacemos? ¿Y con los botelleros, qué hacemos? ¿Y con los dirigentes obreros traidores, qué hacemos? ¿Con los politiqueros, qué hacemos? ¿Con los senadores y los representantes de la dictadura, que han estado cobrando un sueldo todos estos años? ¿Con los alcaldes y los concejales que han estado aquí lucrando?  
Bueno, está muy bien, está muy bien, pero yo tengo que decirles una cosa.  Ustedes me dicen a mí que a toda esa gente hay que castigarla, que hay que encarcelarla, que hay que fusilarla; pero antes ustedes veían que había gente vendiendo el voto y ustedes no le decían nada.  Antes ustedes veían que venía un aspirante a senador o a representante comprando votos y no le decían nada.  Antes ustedes veían un sargento político recogiendo cédulas y no le decían nada.  Antes ustedes veían un botellero y no le decían nada.  Sí, ustedes no podrían hace dos años, hace tres años; pero esas cosas están pasando en Cuba hace 50 años y ustedes no les decían nada.
¿Qué pasa con el acueducto?  A ver, hable usted solo, el que está al lado de la bandera.  ¿Qué pasa con el acueducto?    Uno solo, que no lo entiendo.  Que todo el mundo se calle, va a hablar el que yo le diga, se calla todo el mundo.  Bueno, ¿ustedes son obedientes o no son obedientes?  (EXCLAMACIONES DE: “¡Sí!”) ¿Ustedes son disciplinados o no son disciplinados?  (EXCLAMACIONES DE: “¡Sí!”) Y si les digo que todo el mundo se calle, ¿obedecen?  (EXCLAMACIONES DE: “¡Sí!”)  Bueno, cállese todo el mundo y dejen hablar a uno solo.  Que hable el señor que está al lado de la bandera, vestido de azul con corbata roja, usted, sí.  ¿Qué hicieron con el acueducto?  (EXCLAMACIONES DE: “¡Lo vendieron!”)  Hable uno solo señores, ustedes me prometieron que iban a ser disciplinados.  No, no hable usted, que usted no tiene permiso, está hablando aquel señor.  ¿De quién era el acueducto?   Que hable uno solo, uno solo.  Era del municipio.  ¿A quién se lo vendieron?  Usted, usted diga.  ¿A Del Valle?  ¿Quién es Del Valle? Uno solo. ¿Dónde está Del Valle? ¿Dónde está?  ¿Se fue?  (EXCLAMACIONES DE: “¡Sí!”)  ¿Seguro?  ¿Dónde está?  (EXCLAMACIONES DE: “¡No se sabe!”)  ¿Con quién tenía negocios?  
¿Así que el pueblo considera que el acueducto fue vendido ilegalmente?  (EXCLAMACIONES DE: “¡Sí!”)  ¿Y quién manda aquí hoy?  (EXCLAMACIONES DE: “¡El pueblo!”)  ¿El pueblo es el que manda?  (EXCLAMACIONES DE: “¡Sí!”)  ¿Y qué quiere el pueblo?  ¿Qué quiere el pueblo?  ¿El acueducto otra vez?  (EXCLAMACIONES DE: “¡Sí!”  “¡Ahora sí!”, “¡Ahora sí!”)
Ahora sí, ahora sí.  El que manda es el pueblo, y al que nosotros obedecemos es al pueblo.  ¿Qué quiere el pueblo? (EXCLAMACIONES DE: “¡El acueducto!”) ¿El acueducto?  (EXCLAMACIONES DE: “¡Sí!”)  Pues desde mañana mismo tendrá el pueblo el acueducto, sencillamente.  Y el comandante rebelde que está al frente del regimiento “Plácido”, cumplirá mañana la orden de entregar al pueblo el acueducto de Matanzas.
¿Y dónde están los concejales que se vendieron?  ¿Se fueron? ¿Y no tienen propiedades los concejales que se fueron? ¿Tienen propiedades?  (EXCLAMACIONES DE: “¡Sí!”)  Pues desde mañana mismo esas propiedades pertenecen al pueblo también.  Ahora, eso sí, eso sí, después que nadie vaya a decir: “Pobrecito don fulanito que se quedó sin casa” (EXCLAMACIONES DE: “¡No!”) ¿De acuerdo, no?  (EXCLAMACIONES DE: “¡Sí!”)  Porque eso merece un castigo por estar vendiendo a la colectividad; está bueno ya de tolerancia y de mano izquierda con toda esa gente sinvergüenza.  Hay que castigarlos ejemplarmente.
¿Y qué otra cosa quiere el pueblo? Un momento, que hable el de ahorita, uno solo, a ver.  ¿Trabajo?
No será para nosotros tan fácil resolver de la noche a la mañana el problema del trabajo y ustedes lo saben; pero sí pueden tener la seguridad de que la Revolución no descansará hasta que cada cubano tenga una ocupación decorosa.  Y si el Estado, si el Estado no puede obtener para cada cubano una ocupación decorosa, como el hombre no puede vivir sin comer, como no es posible olvidarse de la existencia individual de los componentes de una sociedad, si el Estado no puede conseguir trabajo para cada ciudadano, tiene que sostener a ese ciudadano.
El ciudadano lo que quiere es trabajar, ganarse la vida y ganarse el pan con el sudor de su frente; pero si el Estado no es capaz de conseguirle el trabajo, no puede dejar morir de hambre a ese ciudadano, y, por lo tanto, lo que planteo es el subsidio del desempleado.
Continuando sobre el problema del trabajo... (EXCLAMACIONES DE: “¡Fuera la bolita!”) La bolita está fuera hace mucho rato ya; pero eso sí, que el pueblo no la compre después, porque, ¿quién vendía la bolita?, ¿y quién la jugaba?  Que levante la mano el que nunca haya comprado una bolita.  Yo nunca he comprado una bolita. 
¡Ah!, ¿el poder judicial?  Sí, yo lo único que les digo es que aquí va a haber justicia para todo el mundo, no se va a quedar nadie fuera, tengan la seguridad.
¿Los garroteros?  A los garroteros también hay que aplicarles la ley, porque son unos explotadores.  Ese es otro de los servicios que tiene que prestar el Estado; el Estado no puede permitir que el ciudadano, cuando se ve en un aprieto, tenga que acudir a un garrotero.  El Estado debe organizar instituciones de créditos para facilitarles dinero a los ciudadanos cuando se vean en estado de necesidades urgentes, para que no tengan que ser víctimas de los garroteros; porque creo que el 80% de los trabajadores y los empleados, son víctimas de los garroteros.  El garrote, como su nombre lo dice, es una explotación, es un saqueo y es un crimen Un robo no, algo peor que un robo, es un crimen; pero por eso es bueno que el pueblo diga lo que quiere.
Por eso nosotros, en vez de venir a hablar al pueblo para decirle lo que a nosotros nos parezca, venimos a donde está el pueblo, para que el pueblo nos diga lo que quiere, porque nosotros somos servidores del pueblo, sencillamente.
(EXCLAMACIONES DE: “¡Comandante!” Diga. ¿El pueblo quiere que el acueducto pase al Patronato de los mil? ¿Eso es lo que quiere todo el pueblo? Pues así se hará.  Mañana mismo, el comandante rebelde de la Plaza de Matanzas, entregará el acueducto al Patronato de los mil.
Ya el pueblo ha hablado, ha dicho lo que quiere con los asesinos, ha dicho lo que quiere con los chivatos, ha dicho lo que quiere con el acueducto, ha dicho lo que quiere con la bolita, ha dicho lo que quiere con el trabajo, ha dicho lo que quiere con los concejales .
A ver, un momento, no hable nadie, no hable nadie.  Silencio, silencio todos.  Todo el mundo disciplinadamente para que vean lo disciplinado que es el pueblo.  Nadie hable.  Va a hablar usted, el del traje azul.  ¿Qué es lo que quiere el pueblo ahora?  Uno solo, uno solo.  ¿Aumento de plazas para los maestros? ¿No?  ¿Es eso? ¿Que haya dinero dicen? ¿Qué dicen?  ¿Que bajen los artículos de primera necesidad?  (Mañana mismo nos comunicaremos con el Ministro de Comercio para exponerle esta petición del pueblo de Matanzas. Porque esas, esas no son atribuciones mías; pero nosotros podemos, como compañeros, solicitar del Ministro de Comercio que atienda esa petición del pueblo, que estudie el caso y actúe con justicia; porque debe acabarse la especulación también .
Silencio, silencio, silencio.  ¿Qué dicen, los alquileres?  Bueno, yo le voy a proponer una cosa al pueblo, yo quiero que sepan que yo no puedo resolver todos esos problemas; si en mis manos estuviera, tengan la seguridad de que inmediatamente los resolvía; pero yo tengo nada más que ciertas atribuciones, ciertas funciones.  Si yo pudiera rebajar los alquileres, los rebajaba ahora mismo, tengan la seguridad; pero el pueblo tiene que elevar su petición al Gobierno Revolucionario provisional.
No basta...  yo espero que haya ministros que estén oyendo esta transmisión y estén oyendo al pueblo y sepan que el pueblo quiere que le rebajen los víveres y que le rebajen los alquileres también ; y, por lo pronto, nosotros quedamos informados de que ese es uno de los deseos del pueblo y todo lo que esté al alcance de nuestras manos, para lograr que los funcionarios encargados de esos problemas los estudien y los resuelvan con justicia, todo lo que esté al alcance de nuestras manos lo haremos, porque ya yo sé que esa es otra de las cosas que quiere el pueblo de Matanzas .
Lo del acueducto sí lo podemos resolver enseguida, porque está aquí dentro de la jurisdicción nuestra, lo de los concejales, son problemas que podemos resolver.
¿La universidad? Pero la universidad no la pide todo el mundo, la pide una parte nada más.  Pero, ¿todo el mundo piensa estudiar en la universidad ahora? Pero, ¿para qué queremos más graduados universitarios, si lo que hace falta son técnicos, hombres que sepan trabajar en las máquinas, que conozcan la industria y que estén preparados para el progreso del país?  
¿Por qué no piden escuelas técnicas? Desde luego, es justo que pidan universidades, puesto que piensan que las necesitan; pero tengan muy presente que salen muchos graduados universitarios y después no pueden ganarse la vida.  Deben pensar que hay un exceso de abogados, y que puede haber un exceso de profesionales, y que en cambio en Cuba hacen falta hombres que tengan conocimientos técnicos en la industria y que el país tiene que industrializarse.
¿El estadio?  ¿No tienen estadio?  ¿Y ustedes quieren que el Patronato se encargue de hacer el estadio? Bueno, ¿cuánto calculan que valga el estadio? Nosotros podemos conseguir un arquitecto o un ingeniero civil que haga los planos gratis y, ¿por qué la juventud no se reúne y nosotros ponemos los ladrillos y las máquinas y la juventud va a trabajar allí?  ¿Dónde quieren poner el estadio?    ¿No hay ningún concejal que tenga una finquita por ahí cerca? ¿No hay ningún ministro batistiano que tenga una finquita por ahí cerca? ¿No hay un representante o un senador batistiano que tenga una finquita por ahí cerca? Me informan que el municipio tiene terreno.
Bueno, les voy a ofrecer una cosa, y es que inmediatamente se va a comenzar a hacer el estadio en El palmar del Junco, que dicen que es del municipio.  Si el municipio no dispone de recursos, si el Ministerio de Obras Públicas no dispusiera de fondos para ese trabajo, el Ejército Rebelde va a hacer un aporte de 10 000 pesos para empezar a hacer el estadio; y, además, solicitamos del Movimiento 26 de Julio, de Matanzas, que reclute 50 jóvenes voluntarios para trabajar en la construcción del estadio .
Solicitamos del Movimiento 26 de Julio, de Matanzas, que obtenga los servicios de un arquitecto y de un ingeniero civil para hacer el estadio, porque las obras, además del material, requieren trabajo humano. El material cuesta dinero; pero el trabajo lo tenemos nosotros en nuestros músculos y en nuestra voluntad.
Es una vergüenza que Matanzas no tenga un estadio, y eso demuestra que los gobernantes, los alcaldes, los concejales han sido todos unos abandonados, y que los gobernantes no han querido hacer nunca nada por el pueblo, porque nada más fácil ni más sencillo que hacer un estadio para el pueblo.  A nosotros nos interesa que el pueblo tenga estadio porque el deporte es muy necesario para la salud del pueblo, para el carácter de los ciudadanos.
Les voy a decir por qué, les voy a decir por qué nosotros estamos dispuestos a dar gustosamente una cantidad inicial para el estadio: porque queremos darle instrucción militar al pueblo.  No queremos vestir al pueblo de uniforme y meterlo en los cuarteles, no; pero sí queremos que todo el mundo sepa manejar un arma. Sí queremos que todo el mundo esté en condiciones de defender la Revolución y de defender la patria si está en peligro.
¿Qué vale más, un pueblo donde nadie sabe manejar un arma o un pueblo donde todo el mundo sabe manejar el arma? ¿Ustedes están de acuerdo en que hasta las mujeres, los hombres y las mujeres tienen que saber manejar armas? Pues vamos a organizar también la instrucción militar del pueblo, porque el pueblo tiene que aprender a manejar las armas, y en el estadio vamos a poner un campo de entrenamiento también, a determinadas horas del día.
El hospital.  ¿No hay medicinas? ¿Y qué se hicieron las medicinas?  ¿Se las robaron? Bueno, pues les voy a comunicar que afortunadamente, y para honra de nosotros, un comandante del Ejército Rebelde, el doctor Martínez Páez, fue designado ministro de Salubridad; y yo espero que a través de estos micrófonos él esté escuchando la petición del pueblo de Matanzas, una petición tan justa como es la de que se le envíen medicinas para el hospital, que no tiene medicinas.  ¿Para qué sirve un hospital sin medicinas?  
De una cosa ustedes pueden tener la seguridad, de que en el Gobierno Revolucionario no habrá quien se robe un solo centavo.  El Gobierno Revolucionario no podrá resolver todos los problemas en un día, puede ser que el Gobierno Revolucionario no tenga actualmente fondos para resolver todos los problemas; pero de lo que sí pueden estar seguros es de que hasta el último centavo se invertirá honradamente, y de que todas las demandas y las necesidades del pueblo serán atendidas dentro de las posibilidades del gobierno provisional.
(EXCLAMACIONES DE: “¡Un edificio para la Cruz Roja!”) ¿Edificio para la Cruz Roja? ¿No tiene edificio la Cruz Roja? 
(EXCLAMACIONES DE: “¡Fósforos!”)  Bueno, ¿fósforos? ¿Qué pasa con los fósforos? ¿Dónde están las fábricas de fósforos? ¿Se las llevaron?  ¿Que hay un monopolio con los fósforos que es del hijo de Batista? Por supuesto, pueden tener la más completa seguridad de que ese monopolio murió el mismo día primero de enero.
Lo que sí yo quiero es que comprendan que todas estas cosas llevan tiempo.  Ustedes estarán de acuerdo conmigo en que no podemos resolverlo todo en una sola noche.
Vamos a conformarnos con lo de hoy ya, con los acuerdos que hemos tomado aquí.  Lo del acueducto, el estadio, el hospital y todo eso.  La próxima vez, yo pienso hacer una tribuna cerquita del pueblo, para poder entendernos mejor.
Hay otra cosa que nosotros queremos pedirle al pueblo y es... (EXCLAMACIONES DE: “¡El teléfono!”)  Por supuesto que lo del teléfono tiene que revisarse, no les quepa la menor duda de eso, las tarifas y todo eso, y rápido.
¿La electricidad?  ...  (INTERRUPCION EN LA GRABACION...)
...  ¿Tienen bibliotecas suficientes para la población de Matanzas? Entonces no hay nada en Matanzas.  Y supongo que el resto de la isla esté igual; luego, hay que trabajar mucho y será cuestión de tiempo, no se podrá resolver todo de la noche a la mañana, eso lo tienen que saber ustedes, ¿verdad?  Y eso es lo importante, que ustedes tengan confianza en nosotros y tengan la seguridad de que los problemas los vamos a resolver, cueste lo que cueste.
Bueno, yo quiero que ustedes sigan creando estados de opinión y sigan analizando las cosas que se necesitan; pero todas las cosas en un día no, tienen que guardar algunas cosas para la próxima vez que vengamos a Matanzas, que yo pienso volver pronto a Matanzas. Y pienso venir menos cansado que hoy, porque ya venimos agotados de muchas noches sin descanso. (DEL PUBLICO LE PREGUNTAN: “¿Cuándo?”)  Pronto, no les puedo decir exactamente, porque tengo que visitar muchos pueblos todavía; pero yo les prometo, eso sí, que volveré a Matanzas y no una sola vez, sino cuantas veces pueda.
Lo que, por nuestra parte, le vamos a pedir al pueblo de Matanzas es que a través de su municipio les erija un modesto monumento a los revolucionarios de esta provincia que han caído luchando contra la tiranía, un monumento que lleve inscritos los nombres de José Antonio Echeverría, José Smith, Horacio Rodríguez, Enrique Hart, Mario Muñoz, Julián Alemán, Julio Reyes, René Fraga y a todos los compañeros que han caído heroicamente.
El hecho de que el pueblo de Matanzas diga uno por uno sus nombres, demuestra que no los han olvidado, porque el pueblo no olvidará jamás a sus muertos.  El pueblo sabe que esa libertad que hoy se disfruta, el pueblo sabe que estos derechos que hoy se han conquistado, para que de ellos puedan sentirse orgullosos y puedan disfrutarlos todos los matanceros y todos los cubanos, todos los hombres y mujeres de este pueblo y de toda la república; para que esos derechos hoy los pueda disfrutar nuestro pueblo, fue necesario que muchos compatriotas hayan dejado sus vidas en el camino, fue necesario que muchas madres hayan perdido a sus hijos, fue necesario que muchas esposas hayan perdido a sus esposos, fue necesario que muchas familias hayan perdido a algún ser querido.
En nuestra ruta, nos hemos encontrado con muchas mujeres vestidas de negro, nos hemos encontrado con muchos padres que no han tenido la fortuna de ver regresar a sus hijos.  Ha habido, sin embargo, para ellos un consuelo, una compensación en medio del dolor grande: no ha sido vano el sacrificio.
La Revolución ha logrado su primera etapa: la tiranía ha sido derrocada, y esas madres y esas esposas saben que esa alegría, que ese entusiasmo, que esta felicidad presente y el espléndido porvenir que tiene por delante el pueblo de Cuba, hay que agradecérselo a sus hijos, a sus esposos. Y, además, porque cada madre que ha perdido a su hijo, sabe que tiene en cada revolucionario un hijo, sabe que nos tiene a todos nosotros, sabe que tiene al pueblo, sabe que no se verá jamás desamparada y sabe que siempre podrá llevar la frente en alto; porque nada será mayor motivo de orgullo para una madre, que saber que la libertad que disfruta su pueblo, que la felicidad que disfruta su pueblo, se le debe al hijo que llevó en sus entrañas.
Tristes hubieran sido esas muertes si la tiranía hubiese ganado la guerra, tristes habrían sido esas muertes si nuestro pueblo no hubiese recobrado su libertad; pero en esta ocasión como en ninguna otra, pueden repetirse los himnos, los versos de nuestro himno, o los versos del Apóstol, que morir por la patria es vivir, que para el que muere en brazos de la patria agradecida, la muerte acaba, la prisión termina, y empieza, al fin, con el morir la vida.
Viven en el corazón de nuestro pueblo los héroes caídos, sus restos están lejos, esparcidos muchos de ellos en las abruptas montañas en cada uno de los campos de batalla, donde la victoria se logró a costa de sacrificios.  Yacen allá sus despojos mortales; pero sus nombres, su recuerdo, su presencia es algo palpable, porque la muerte se convirtió en libertad, la muerte se convirtió en victoria, y la muerte se convirtió en vida para el pueblo.
Días atrás, hace apenas 10 días, cruzar por estas calles era ver el terror, era ver la tristeza, era ver el dolor sin esperanza; cruzar por estas calles hace 10 días era ver la muerte, la muerte que sufren los pueblos bajo la opresión, bajo la tiranía. Venir hoy por estas calles, viajar a través de Cuba en los últimos días, es ver la alegría, es ver la energía, es ver el entusiasmo, es ver la vida, y ¿cómo ha sido posible este renacer del pueblo, si no con los sacrificios de los que han caído?  Porque ellos cayeron, porque ellos murieron, nuestro pueblo tiene hoy alegría, nuestro pueblo tiene hoy vida, nuestro pueblo es feliz; luego, la muerte se ha transformado en vida, nuestros muertos viven en la alegría y la felicidad de nuestro pueblo.
Y nosotros —no hace falta apenas decirlo— seremos leales a ellos, lo que quiere decir ser leales a nuestro pueblo.  Nosotros —es innecesario decirlo— sabremos seguir en nuestra línea sin que nada ni nadie nos aparte de ella.  Nosotros somos hombres hechos a una idea: antes de perder el cariño y la confianza de nuestro pueblo, antes de ver trocado en odio el cariño de hoy, antes de ver trocado en desprecio el afecto que el pueblo nos ha evidenciado en todas partes, mil veces será preferible para todos nosotros la muerte; mil veces, porque, créanlo, no podríamos concebir la vida de otra forma.  Y ese aliento que el pueblo nos brinda, es el que nos hace luchar sin descanso, es el que compensa las horas de sueño que nos faltan, es el que nos da energía aun cuando parece que vamos a desfallecer de cansancio.
He llegado a Matanzas, me falta Cárdenas, me falta La Habana, y espero llegar.  Confieso que hoy estoy muy cansado, confieso que casi apenas podemos sostenemos en pie.  Pero debo decir también al finalizar, que estamos contentos, que estamos satisfechos, que nos vamos llenos de reconocimiento y de admiración hacia el pueblo de Matanzas , que nos vamos más revolucionarios, que nos vamos más optimistas, que nos vamos más seguros del porvenir de nuestra patria; porque cada vez que nosotros, los revolucionarios presenciamos estos hechos, observamos estas concentraciones de pueblo, esta disciplina de hombres y mujeres que en masa compacta permanecen en pie sin moverse, millares de cabezas atentas, millares de corazones latiendo al unísono, un mismo fervor, un mismo sueño, un mismo destino, una misma palabra, una misma fe, tenemos razones para sentirnos más seguros que nunca del porvenir lisonjero que espera la patria.
El destino para Cuba tiene que ser grande, porque nuestro pueblo se ha puesto en marcha, nuestro pueblo está de pie y decidido a cualquier cosa; y cuando los pueblos se levantan como se ha levantado el pueblo de Cuba, cuando los pueblos se ponen en marcha como se ha puesto el pueblo de Cuba, con su Ejército Rebelde a la vanguardia, entonces no hay alternativa.  Ese pueblo no seguirá viviendo en la morosidad en que ha vivido hasta hoy, ese pueblo no continuará viviendo en el letargo en que ha vivido hasta hoy, este pueblo no seguirá soportando la vida mediocre que ha tenido que soportar hasta hoy.
Cuando los pueblos se ponen en marcha, solo dos cosas pueden ocurrir: o logran lo que se proponen y conquistan aquello a lo que tienen derecho, o hay que exterminarlos, hay que desaparecerlos, porque sería la única manera de impedir su triunfo.  Y como no creo que nada ni nadie nos pueda desaparecer, como soy de los que creo que un pueblo cuando se decide a defender y a defender sus derechos es invencible por pequeño que sea, es por lo que creo que nuestro pueblo, esta vez, la primera ocasión en que triunfa plenamente una revolución —la revolución que no triunfó en 1895 porque terminó en intervención, la revolución que no terminó en 1933 porque el golpe castrense lo impidió—, esta vez que no hay ni puede haber intervención, esta vez que no hay ni puede haber traición castrense, esta vez que el pueblo está en pie, tiene experiencia, tiene vanguardia revolucionaria y tiene las armas en la mano, esta vez el pueblo alcanzará lo que tantas veces le han arrebatado.
Este es un pueblo lleno hoy de fe en sí mismo, un pueblo que ha decidido romper con la podredumbre, con el vicio, con la corrupción y con todas las inmoralidades que han retrasado su progreso; un pueblo que sabe lo que quiere y sabe cómo lo quiere, un pueblo que está seguro de sí mismo, que tiene confianza en los hombres que hoy lo dirigen , porque sabe muy bien que esta vez no lo engañarán ni lo traicionarán, como sabemos nosotros que mientras podamos contar con el pueblo, y contaremos con el pueblo mientras seamos leales al pueblo, no habrá obstáculo por delante que no seamos capaces de vencer.
Volveré a Matanzas otro día.  Volveré con más calma para poder informarme mejor de todos los problemas de esta ciudad, volveré a hablar con ustedes codo a codo, más cerca.  Y conste que yo estoy aquí en contra de mi voluntad, porque yo pasé por ahí, pasé por el medio de todo el pueblo y hubiera querido quedarme ahí; pregunté dónde estaban los micrófonos y me dijeron: En aquel balcón, y subí aquí, y realmente hubiera sido mucho más cómodo estar allí; a mí no me importa estar dentro del pueblo, ni me importa que pueda haber peligro de que se infiltre un traidor o un tirano.
Yo sé que para nosotros la guerra no se ha acabado, o sea, que aquí nosotros dejamos de disparar, nosotros ponemos las armas a un lado, pero que nuestros enemigos siguen armados; eso no nos importa, aquí también seguimos cumpliendo con nuestro deber en este campo de batalla.
Yo siempre estaré junto al pueblo.  Esa advertencia se la hago a mis enemigos, a los traidores, a los esbirros, a los confidentes que queden por ahí, para explicarles que conmigo no tendrán muchos problemas, porque yo siempre estaré mezclado con el pueblo , y no necesitaré escoltas, ni fusiles, ni nada para andar junto al pueblo.  Si llevo una escolta es para poder pasar, porque de otra manera ustedes saben que no puedo pasar; además, para que luego hasta me suelten, porque me dan la mano, son veinte los que me dan la mano y no me sueltan, y tengo que buscar ayuda para que me suelten: yo sé que todo eso es cariño del pueblo y simpatía del pueblo.
(DEL PUBLICO LE PIDEN HACER UN EDIFICIO PARA LA CRUZ ROJA.)  Hombre, si hacer un edificio de la Cruz Roja no puede ser tan difícil para un gobierno revolucionario, cuenten con la ayuda de nosotros.
Volveré aquí, y mi mayor deseo es que el día que vuelva, pues venga después de haber dormido algunas horas y pueda dedicarle al pueblo de Matanzas más atención, más coordinación, incluso, de ideas; porque el cansancio y la falta de sueño nos hacen perder la voz, nos hacen perder, a veces, hasta el orden de las ideas, y de milagro no nos dormimos aquí en el micrófono: nos ha pasado algunas veces.
Esa es la única excusa que quiero pedirle al pueblo de Matanzas, reiterarle nuestra voluntad de llegar aquí y estar con ustedes el mayor tiempo posible, pedirles que me perdonen lo que les hice esperar durante toda la tarde, darles las gracias por la atención que nos han prestado durante horas sin moverse de su sitio, darles las gracias por la confianza que tienen en nosotros, y darles las gracias también por las muestras de simpatía, que tan generosamente nos han dado en el día de hoy, muy superiores a nuestros méritos; porque creemos sinceramente, creemos sinceramente que hemos hecho muy poco, que los sacrificios realizados hasta aquí no son nada, que dos años y un mes combatiendo no significan gran cosa cuando estábamos dispuestos a luchar 40 años si fuera necesario.  Que realmente todo para nosotros está por hacer, y que los mayores esfuerzos sin otra recompensa ni otros premios que los que ya sobradamente nos han dado...  porque creo que más que por lo que hemos hecho, el pueblo nos está rindiendo tributo por lo que espera de nosotros; y nos ha demostrado tanto cariño, no por lo que hemos hecho, sino por lo que saben que vamos a hacer.
FIDEL CASTRO RUZ

Fuente: http://www.cuba.cu/gobierno/discursos

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