julio 15, 2012

Discurso de Fidel Castro en el X Aniversario del 26 de Julio (1963)

DISCURSO EN EL X ANIVERSARIO DEL 26 DE JULIO, CELEBRADA EN LA PLAZA DE LA REVOLUCION

Fidel Castro
[26 de Julio de 1963]

― Departamento de versiones taquigráficas del Gobierno revolucionario ―


Señores miembros de las delegaciones amigas que nos visitan; Trabajadores:
Hoy arribamos al décimo aniversario del ataque al Cuartel Moncada de Santiago de Cuba. Y el pueblo se ha reunido en la Plaza de la Revolución para conmemorar esta fecha de una manera digna, digna de estos 10 años de historia de nuestra patria.
Y es para nosotros motivo de honda satisfacción apreciar que al cumplirse el décimo aniversario es mayor que nunca, mayor que en cualquier otro aniversario del 26 de Julio, la presencia del pueblo en la Plaza de la Revolución.
Estas ocasiones sirven para palpar cómo está el ánimo del pueblo, cómo está el temple revolucionario del pueblo, qué apoyo del pueblo tiene la Revolución. Y por lo que puede apreciarse aquí, la Plaza de la Revolución va siendo un lugar pequeño para reunir al pueblo. Ocasiones como esta no solo sirven para probar el temple del pueblo sino sirven también para destemplar el ánimo de los enemigos de la Revolución (APLAUSOS Y EXCLAMACIONES DE: “¡Venceremos!”); sirven para destruir las ilusiones de los imperialistas.
Y, ¿qué pueblo es el que se reúne hoy aquí? ¿Es el mismo pueblo del primer año de la Revolución? Sí y no; son los mismos hombres y mujeres del pueblo y, sin embargo, es un pueblo diferente del que se reunía el primer año de la Revolución. Aquel pueblo acudía a impulsos del entusiasmo, a impulsos de la fe en la Revolución. ¡Y este pueblo que acude aquí hoy viene a impulso de la conciencia revolucionaria! Son hombres y mujeres con un alto grado de conciencia revolucionaria adquirida a lo largo de la revolución.
No es el pueblo desorganizado de los primeros tiempos de la Revolución; es un pueblo mucho más organizado, incomparablemente más organizado y disciplinado que en los primeros meses de la Revolución. Es un pueblo que sabe lo que hace y que sabe lo que quiere. Es un pueblo incomparablemente mejor preparado para luchar y para vencer, es un pueblo incomparablemente más preparado para defenderse de sus enemigos; o si no que levanten la mano todos los que tienen instrucción militar, los que saben manejar un arma para defender la patria (EXCLAMACIONES), ¡los que están dispuestos a defenderla hasta con la última gota de su sangre! (EXCLAMACIONES) ¡Y ese es el pueblo que tenemos hoy! ¡Ese es el pueblo que los imperialistas deben saber que tienen delante hoy!
Y si bien allá está la representación numerosa de nuestro glorioso Ejército Rebelde, aquellos hombres son simplemente los que están en guardia perenne frente a los enemigos, ¡porque ejército de la Revolución es todo el pueblo!
Presente está aquí hoy el enorme contingente de jóvenes que están en las escuelas tecnológicas y en las escuelas secundarias superiores, becados por la Revolución. Y más allá, en los confines de estos terrenos, puede apreciarse una larga hilera de jóvenes que no han podido llegar a la Plaza, y que por el color de sus uniformes podemos ver que son las 10 000 campesinas de las montañas de Oriente que han acudido también al acto.
Es decir, que el pueblo revolucionario crece y se organiza; la Revolución se desarrolla y se fortalece. Y ese es el resultado de los primeros años del poder revolucionario.
¿Cuánto tiempo durará el poder revolucionario? (EXCLAMACIONES DE: “¡Siempre!”)
En el mundo hay ilusos, eso se sabe. En el mundo hay quienes gustan de engañarse a sí mismos. Y entre esos ilusos y autoengañados, en primerísima fila, están muchos personeros del imperialismo yanqui.
El señor Kennedy (EXCLAMACIONES Y SILBIDOS) le dijo un día a los mercenarios en la ciudad de Miami que aquella banderita se las devolvería algún día en la Ciudad de La Habana (EXCLAMACIONES Y SILBIDOS). Recientemente uno de esos hijastros del imperialismo, expresidente de Nicaragua, dijo que pronto se pasearía por las calles de La Habana (EXCLAMACIONES Y SILBIDOS). Y no faltan algunas cosas que provocan risa, como el caso de un señor al que le dicen también presidente y al que llaman comúnmente con el nombre de “Pajarito Morales “ — y no vayan ustedes a pensar que yo he inventado un adjetivo sino que es el nombre de ese señor, que dicen que es presidente de Honduras— que tuvo la peregrina idea de apostar con el mariscal Montgomery, hacer una apuesta el año pasado acerca de que el Gobierno Revolucionario no llegaba al año 1963 (EXCLAMACIONES Y SILBIDOS). Y el mariscal Montgomery, que es una persona simpática y partidario de la paz le ganó la apuesta, naturalmente.
Pero ese señor no escarmentó, y entonces apostó a que no llegaba a 1964 (RISAS). ¡Qué lástima que no quieran apostar con nosotros! ¡Qué lástima que no hubieran muchos de esos apostadores, porque podríamos convertir esas apuestas en una magnífica fuente de divisas! . Y, desde luego, que si esos señores se empeñan en seguir apostando con el mariscal Montgomery, el mariscal Montgomery tiene resueltos todos sus problemas definitivamente. Y es que hay gente que gusta de hacerse ilusiones y no acaban de comprender las realidades, y no acaban de comprender que la Revolución es un hecho histórico irreversible.
¿Qué importancia tiene esta fecha? Hace 10 años nuestro país se encontraba en situación similar a muchos otros países hermanos de la América Latina. Al gobierno castrense de Batista (EXCLAMACIONES Y CHIFLIDOS) lo habían sucedido en el poder los gobiernos corrompidos de Grau y de Prío. Nuevamente el 10 de marzo de 1952 Batista y su camarilla se apoderaron por la fuerza de los destinos de la nación, el pueblo quedó ante una situación sin salida posible.
La república había ido atravesando de gobierno en gobierno cada vez peores, cada vez más corrompidos, cada vez más entreguistas a los imperialistas norteamericanos; para la nación no se vislumbraban perspectivas de progreso posible, los males sociales se acentuaban, el desempleo crecía, crecía la incultura, crecía la pobreza. Mientras la población del país se había duplicado el país seguía viviendo del mismo número de centrales azucareros, de las mismas cantidades de azúcar que tenían un precio real muy inferior al que tenían en los años 20; crecía la población y no crecían las riquezas de la nación; nuestro producto básico bajaba de precio mientras los artículos de importación aumentaban constantemente en virtud del dominio que el imperialismo ejercía sobre nuestros mercados.
Era enorme la incultura, era grande el desamparo de los ciudadanos humildes para adquirir educación, para adquirir un empleo decoroso, para ingresar en un hospital, para resolver cualquier problema vital para él o para sus hijos.
Fue en esas circunstancias en que tuvo lugar el golpe de estado militar, y fue en esas circunstancias en que nuestro pueblo se quedó virtualmente sin salida. Pero por paradójico que parezca, fue precisamente en el instante en que los caminos estuvieron más cerrados que nunca cuando la salida del pueblo de Cuba se acercó más que nunca.
Los partidos políticos habían sido disueltos, la prensa, la radio y la televisión al servicio de los intereses de la burguesía y del imperialismo y, por tanto, del régimen político imperante, y la nación privada de toda participación en la vida pública, tenía ante sí el proceso de acondicionamiento de aquella dictadura militar, que a fin de perpetuarse en el poder con el apoyo de los elementos politiqueros y de las clases reaccionarias, había entrado también en el rejuego electorero. Y ese problema lo vemos a menudo en otras repúblicas de América Latina: los gorilas aprovechan el descrédito del poder civil, derrocan el poder civil, instauran la dictadura militar, obtienen el apoyo del imperialismo y después comienzan a elaborar fórmulas politiqueras, soluciones seudodemocráticas para mantener el dominio de la situación.
Eso estaba ocurriendo también en nuestro país. Y los partidos de la burguesía siempre se han prestado a ese rejuego, siempre se han prestado a esa maniobra; y en nuestro país los partidos de la burguesía y de los explotadores estaban colaborando con el régimen de Batista con vistas a repartirse las senadurías, los cargos en la Cámara de Representantes, y dividirse los frutos de la explotación y del saqueo de la nación. En aquellas circunstancias fue como surgió una táctica de lucha, una estrategia de lucha; en aquella situación fue cuando comenzó a elaborarse una nueva concepción de la lucha del pueblo.
La importancia que tiene esta fecha radica en que aquel día inició nuestro pueblo, en escala modesta si se quiere, inició el camino que lo condujo a la Revolución. Cruzarse de brazos ante aquella situación habría significado la continuidad indefinida de la camarilla militar, la continuidad indefinida en el poder de los partidos reaccionarios de las clases explotadoras, habría significado la continuidad de la politiquería, de la corrupción y del saqueo sistemático de nuestro país.
La importancia de aquella fecha es que abrió un nuevo camino al pueblo, la importancia de aquella fecha radica en que marcó el inicio de una nueva concepción de la lucha, que en un tiempo no lejano hizo trizas a la dictadura militar y creó las condiciones para el desarrollo de la Revolución.
El ataque al cuartel Moncada fue la réplica enérgica y digna al 10 de marzo , fue la réplica decidida a aquel Gobierno instaurado a fuerza de bayonetas; y fue la respuesta que, una vez superados los primeros reveses, una vez superadas las deficiencias, una vez superada la inexperiencia, una vez desarrollada plenamente, hizo posible lo que antes parecía imposible: hizo posible la destrucción de un ejército moderno, en contra de una serie de teorías según las cuales el pueblo no podía luchar contra esa fuerza; hizo posible lo que parecía imposible, pero no fue un milagro. Lo que ha tenido lugar en Cuba no fue un milagro.
Y nuestros visitantes se preguntarán: “¿Qué ocurrió en Cuba y cómo pudo ocurrir esto en Cuba?” Nuestros visitantes de todas partes del mundo, pero sobre todo los visitantes de América Latina, se preguntarán cómo ha sido posible.
Es posible que la presencia de una multitud tan gigantesca, que la presencia de tantos cientos y cientos de miles de personas, ante sus ojos, más no solo la presencia: el vigor y el entusiasmo de esta muchedumbre, les haga parecer tal vez cosa de milagro lo que ha ocurrido en Cuba. Mas, lo que ha ocurrido en Cuba no tiene nada de milagro, ¡y lo que ha ocurrido en Cuba puede ocurrir exactamente igual en muchos otros países de América Latina! (APLAUSOS PROLONGADOS)
Todo lo que en Cuba se ha hecho, y aun más y mejor de lo que en Cuba se ha hecho, es posible hacerse también en muchos otros pueblos de América Latina.
Para nosotros los cubanos, no tendría tanta trascendencia conmemorar con júbilo, con entusiasmo, con fervor revolucionario esta fecha, si esta fecha ante nuestros ojos no tuviera el valor de una lección útil, utilísima, a decenas y decenas de millones de hermanos de América Latina; si esta fecha y lo que ella simboliza, no entrañara un sólido aliento, una firme esperanza de que hay remedio a los males de los explotados y hambrientos de este continente, de los millones de trabajadores y campesinos y de indios esquilmados en este continente; si no entrañara una esperanza y un aliento a la posibilidad de resolver de una vez y para siempre los trágicos males sociales de este continente, donde los porcentajes de muerte entre la población infantil se cuenta entre los más altos del mundo, donde el promedio de vida es bajísimo, y donde minorías oligárquicas — en complicidad con los monopolios yanquis— saquean despiadadamente a esos pueblos.
¡Esta fecha tiene valor no como hecho que se proyecta hacia el pasado, sino como hecho que se proyecta hacia el porvenir! Porque aquí en nuestro país había un poderoso ejército profesional. Al servicio de los explotadores, aquí había numerosos partidos burgueses que arrastraban a una parte no desdeñable de la masa por caminos erróneos, y había todo un sistema de prensa, de radio y de televisión al servicio de los intereses creados. Y aun más: cuando Batista dio el golpe de Estado tenía una situación financiera el país que no tiene hoy ningún pueblo de la América Latina, porque encontró en las arcas del Banco Nacional de Cuba más de 500 millones en divisas. Y esa no es la situación de Guatemala, esa no es la situación del Ecuador, esa no es la situación del Perú, esa no es la situación de Argentina, esa no es la situación de Colombia, esa no es la situación de Venezuela, esa no es la situación de Nicaragua, de Honduras y de otros países de la América Central.
Y, sin embargo, en aquellas difíciles condiciones para la Revolución — del esfuerzo surgido, como ocurre siempre en los acontecimientos históricos en que el esfuerzo y la idea surgen de unos pocos, y si es un esfuerzo bien dirigido y si las ideas son justas, van convirtiéndose poco a poco en el l esfuerzo y en la idea de las masas—, en aquellas difíciles condiciones nuestro pueblo encontró una salida.
El cuartel Moncada no cayó. Factores imprevistos hicieron fallar el intento de ocupar la fortaleza, factores imponderables. Aquello habría podido ser un duro golpe para nosotros, para nuestra convicción y nuestra fe de que aquel era el camino; aquello pudo circunstancialmente fortalecer la opinión de aquellos que afirmaban que no era posible luchar contra el ejército de Batista; pudo circunstancialmente fortalecer la opinión de los politiqueros y los argumentos de los politiqueros en favor de las componendas electoreras donde jamás el pueblo obtiene nada. Sin embargo, nuestra fe se mantuvo firme, inconmovible, de que aquel era el camino; y nos dimos de nuevo a la tarea, ya con más experiencia, ya más elaborada, de llevar adelante aquella lucha.
Mas, cuando nosotros desembarcamos en el “Granma” 82 hombres , aun nos traicionó la inexperiencia, aun nos traicionó nuestra inmadurez como combatientes, y de nuevo un duro revés se asentó sobre nuestro esfuerzo y aquella fuerza expedicionaria —organizada y preparada con grandes esfuerzos y sacrificios— quedó virtualmente dispersa y aniquilada.
Aquello habría podido ser un golpe tremendo para nuestra fe y para nuestra convicción de que aquel era el camino. Mas, sin embargo, nuestra fe y nuestra convicción se mantuvieron inalterables. Creíamos que aquel era el camino, ¡y al fin la historia y los hechos, la realidad y la vida, se encargaron de demostrar que aquel era el camino!
Y quienes un día se vieron cercados entre los cañaverales, en número tan reducido que se podían contar con los dedos de una mano, y han vivido estos 10 años de Revolución y de lucha, y hoy les hablan y se encuentran frente a un pueblo entero como este, un pueblo formidable como este — que es a su vez forjador y producto de la Revolución — , ¿cómo no hemos de sentir en lo más hondo de nuestras almas la convicción y la fe de que para los pueblos hay siempre un camino, de que para los pueblos oprimidos hay siempre una solución?
Mas ese camino no se abre solo, ese camino hay que abrirlo, ese camino tienen que abrirlo los combatientes revolucionarios. Y hay una manera de abrir el camino, y es decir: ¡Debemos abrir el camino!; y hay una manera de no abrir jamás el camino, y es decir: ¡No queremos abrir el camino!
Y en muchos países de la América Latina las condiciones prerrevolucionarias son incomparablemente superiores a las que existían en nuestro país; hay países de América Latina, saqueados y esquilmados por los monopolios y por las oligarquías, donde masas hambrientas y desesperadas esperan la brecha para irrumpir en la historia.
Y el deber de los revolucionarios es abrir esa brecha; el deber del revolucionario no es solo el estudio de la teoría ; el deber de los revolucionarios no consiste en atiborrarse de conocimientos teóricos, olvidados de las realidades prácticas de la revolución; el deber de los revolucionarios no consiste solo en aprender y conocer y sentir la convicción de una concepción de la vida, y de la historia y de la sociedad revolucionaria, sino también en la concepción de un camino, de una táctica, de una estrategia que lo conduzca al triunfo de esas ideas (APLAUSOS Y EXCLAMACIONES DE: “¡Fidel, Fidel!”).
Ese es el deber de los revolucionarios, y no esperar hasta las calendas griegas para ver si los caminos se abren solos, o si por obra de milagro los regímenes explotadores desaparecen.
Y el deber de los revolucionarios, sobre todo en este instante, es saber percibir, saber captar los cambios de correlación de fuerzas que han tenido lugar en el mundo, y comprender que ese cambio facilita la lucha de los pueblos. El deber de los revolucionarios, de los revolucionarios latinoamericanos, no está en esperar que el cambio de correlación de fuerzas produzca el milagro de las revoluciones sociales en América Latina, sino aprovechar cabalmente todo lo que favorece al movimiento revolucionario ese cambio de correlación de fuerzas, ¡y hacer las revoluciones! Esa es una cuestión demasiado clara y demasiado evidente.
Y la culpa de que las condiciones determinadas se puedan desperdiciar, de que la oportunidad no se aproveche, de que las circunstancias no se utilicen debidamente, no la tendrá nadie, no la tendrá ningún otro partido o Estado revolucionario, no la tendremos nosotros; la culpa la tendrán los revolucionarios de cada país, porque es a los revolucionarios de cada país a quienes les corresponde hacer la revolución en cada país (APLAUSOS PROLONGADOS Y EXCLAMACIONES).
Para nosotros eso es un hecho evidente, para la América Latina ese es un hecho clarísimo, y no tenemos confusiones de ninguna clase.
¿Si nosotros no hubiésemos hecho la Revolución alguien la iba a hacer por nosotros? (EXCLAMACIONES DE: “¡No!”) Hicimos la Revolución y hemos encontrado entonces el apoyo de circunstancias favorables, el apoyo y la ventaja del extraordinario cambio en la correlación de fuerzas, el apoyo de la Unión Soviética y de todo el campo socialista (APLAUSOS PROLONGADOS Y EXCLAMACIONES DE: “¡Fidel, seguro, a los yanquis dales duro!”).
Nosotros sabemos, por experiencia y por convicción, de que todo el pueblo que haga lo que ha hecho el pueblo cubano tendrá el apoyo decidido de la Unión Soviética y de todo el campo socialista. Y donde los revolucionarios no sepan cumplir el deber, solo ellos serán responsables ante sus pueblos, solo ellos serán culpables ante la historia, porque es a ellos a quienes les compete decidir y actuar. Y nosotros lo que podemos hacer es reafirmar esta convicción, reafirmar esta fe absoluta de que la Revolución Cubana abrió las perspectivas de la lucha en numerosos países de este continente, y que la Revolución Cubana desarrolló un camino, una experiencia y un ejemplo, que si se comprende cabalmente habrán de ser muy útiles a otros pueblos de América Latina.
¿Y cuál es la situación de América Latina? La de un continente en crisis, un continente donde la revolución es inevitable.
Cuando nosotros decimos América Latina en términos generales, y hablamos de revolución, no pensamos que en todos los países las condiciones son exactamente iguales. Hay algunos países donde existe una cierta estabilidad política, una mayor estabilidad política que en otros, una situación económica distinta que en otros. Nos referimos a aquellos países donde las oligarquías han impuesto un poder de hierro sobre las masas explotadas, y donde todos los caminos están cerrados para el pueblo.
Pero, en términos generales, la situación de América Latina es la de un continente donde la población crece a un ritmo mayor que las riquezas, y donde, por consiguiente, la pobreza es cada vez mayor; la de un continente productor de materias primas y de artículos agrícolas, que tienen un precio cada vez menor en el mercado, y donde los artículos de importación son cada vez pagados a un precio mayor; un continente donde cada año las naciones exportan más, y reciben menos a cambio de lo que exportan; un continente donde las masas van adquiriendo cada vez una conciencia revolucionaria mayor, y donde las crisis políticas se suceden con sorprendente velocidad.
Y ustedes han tenido oportunidad de leer las noticias de lo que ha estado ocurriendo en Argentina, en Perú, en Ecuador, en Colombia, en Guatemala, en Paraguay, en Nicaragua y en otros países.
La Alianza para el Progreso está en crisis (EXCLAMACIONES Y SILBIDOS), y en crisis por una serie de causas. Los imperialistas tratan de chantajear a las oligarquías, y las oligarquías tratan de chantajear a los imperialistas.
Los imperialistas les dicen: “si ustedes no hacen reformas, viene el comunismo”. Y las oligarquías les dicen a los imperialistas: “si ustedes no nos dan dinero, viene el comunismo “.
Y, desde luego, ni las oligarquías son capaces de hacer reformas, ni los imperialistas tienen dinero para malbaratar; ni los oligarcas son capaces de hacer reformas, ni los imperialistas son capaces de concebir otra ayuda como no sea ayuda a sus intereses, ayuda a sus empresas, a sus monopolios. Y, por tanto, es absolutamente imposible que ese engendro de imperialismo y oligarquía pueda traer las más mínimas ventajas para los pueblos.
Y el imperialismo yanqui está en una situación económica difícil. ¿Por qué está en una situación económica difícil? Como consecuencia de su política reaccionaria, como consecuencia de su política belicosa, como consecuencia de su política agresiva.
Estados Unidos, al finalizar la Segunda Guerra Mundial, contaba con enormes reservas de oro que garantizaban el valor de su moneda. Desde entonces acá, en Estados Unidos ha tenido lugar un drenaje incesante de oro, y sus reservas han ido disminuyendo hasta límites más allá de los cuales es absolutamente insoportable para el valor de su moneda.
¿Y por qué ha ocurrido un drenaje incesante? Porque desde que finalizó la Segunda Guerra Mundial, los imperialistas desarrollaron una política guerrerista, una política agresiva, de intromisión e intervención en todas partes del mundo. Se dedicaron a rodear de bases militares al campo socialista, y decenas y decenas de millones en divisas fueron gastados en construir esas bases, en mantener ejércitos y tropas que sobrepasaban el millón de hombres fuera de las fronteras de Estados Unidos.
Y ahora están recogiendo el fruto de esa política, con el agotamiento de sus reservas de oro, con la crisis de su economía y con el retraso técnico con respecto a otros países capitalistas, que son sus contrincantes en el mercado mundial.
En bases militares, en tropas de ocupación, los gobiernos de Estados Unidos han gastado sus reservas de oro, y han llevado al país a la situación difícil que hoy tienen, y que los ha obligado a ir a pedir la ayuda del Fondo Monetario Internacional; que los ha obligado a adoptar medidas que lesionan los intereses de sus propios aliados, a elevar la tasa de interés, a aumentar los impuestos de los préstamos al extranjero, de los valores extranjeros, y a adoptar una serie de medidas que lesionan intereses de otras naciones, y que los obligan a reducirse cada vez más, que los obligan incluso a limitar sus planes de agresión.
Y esa es la situación en que se encuentra la economía de Estados Unidos y las reservas de Estados Unidos, cuando todo el continente latinoamericano está clamando por justicias y está clamando por libertad. Porque las empresas privadas de esos países no invierten por temor a la revolución; las empresas privadas yanquis se sienten también intimidadas por el peligro de la revolución; y la tesorería americana está cada vez más incapacitada para movilizar recursos que le permitan sostener a las clases que son sus aliadas, a los intereses que son aliados suyos en esos países.
Y ahí está el caso de que el Congreso de Estados Unidos, los congresistas norteamericanos, han reducido a la mitad determinados fondos que la administración pedía con vistas a la Alianza para el Progreso.
Desde luego que esa famosa Alianza siempre fue concebida sobre una base falsa, como un instrumento de agresión contra la Revolución Cubana, y estaba desde el principio condenada al fracaso.
Y ellos mismos se encargan de publicar el fracaso virtual de esa Alianza. Sin una revolución que sea capaz de llevar grandes reformas y grandes transformaciones no habrá progreso posible para esos países.
Ustedes recuerdan el pasado, que está reciente. ¿Qué hacían los políticos con el dinero? Se lo robaban. ¿Qué hacían los políticos con el dinero para la educación? Se lo robaban. ¿Qué hacían con el dinero para el Ministerio de Salud Pública? Se lo robaban. ¿Qué hacían los congresistas, los senadores, los alcaldes, los concejales, y toda aquella plaga de politiqueros? ¡Robar y depositar el dinero en bancos extranjeros!
Eso es lo que ocurre también en Perú, en Colombia, en Argentina, en Paraguay, en Venezuela, en Ecuador, en Guatemala, en Nicaragua, en Honduras, y en El Salvador, y otros países que puedo haber olvidado.
¿Y cuál es la situación política en esos países? Una inestabilidad total, donde la situación no la controlan ya las clases gobernantes, enfrascadas en rivalidades de todos tipos, cual el caso de la Argentina. Todos los días llegaban las noticias de un golpe militar en Argentina, de una rebelión militar, de un cuartel alzado, de golpes y contragolpes y más golpes y más contragolpes.
¿Qué hicieron para tratar de salir de esa situación? Unas elecciones amañadas, excluyendo a las fuerzas de izquierda, excluyendo al movimiento peronista — que es mayoritario en aquel país—, excluyendo al Partido Comunista, y excluyendo a las demás organizaciones de izquierda. Esa es la democracia representativa que preconizan los yanquis: elecciones de ese tipo en que la mayoría del pueblo no puede votar, no puede decidirse por un candidato; y así, un don nadie salió electo presidente por una minoría, sin posibilidades absolutas para actuar, a la sombra de los cuarteles y del imperialismo yanqui.
Otras elecciones se hicieron en Perú el año pasado, y como los gorilas no estaban conformes con el resultado, dieron un golpe de Estado. Inmediatamente, al cabo de un año, hicieron otras elecciones y salió un candidato con el cual están de acuerdo los gorilas y el imperialismo, en consecuencia, lo dejan tomar posesión. Si se decide a hacer una sola reforma, lo destituyen a los tres días. ¡Que haga nada más una reforma agraria parecida a la que se hizo aquí en Cuba, y vamos a ver cuánto dura cualquiera de esos gobiernos títeres!
¿Cuáles son los países que tienen menos estabilidad política en América Latina? Aquellos que precisamente apoyaron incondicionalmente al imperialismo en sus agresiones contra Cuba. Aquellos países cuyos delegados en la OEA eran perros de presa, fieras en el ataque contra nuestra patria.
¿Quién no recuerda el odio de Prado, el del Perú; de Frondizi; de Idígoras? ¿Qué ha ocurrido con todos aquellos gobiernos que fueron servidores incondicionales del imperialismo, que obedecieron sus órdenes, que siempre estuvieron contra la Revolución Cubana? Los hechos demostraron que eran los gobiernos más débiles, más reaccionarios, sin apoyo de pueblo, sin estabilidad alguna. A Frondizi lo derrocaron los gorilas; a Prado, lo derrocaron los gorilas; a Idígoras, lo derrocaron los gorilas; a Arosemena, lo derrocaron los gorilas.
Y aquellos presidentes eran grandes amigos del imperialismo, grandes aliados del imperialismo. Y ¿qué ocurrió cuando los gorilas, es decir los sectores más reaccionarios de las Fuerzas Armadas, los barrieron del poder? El imperialismo siguió entonces su táctica habitual; porque el imperialismo yanqui es un zorro consumado, practica una política de hipocresía total, sin principios, oportunista, casuística.
Y el imperialismo tenía ciertas contradicciones con algunos otros de sus títeres. Así por ejemplo, tenemos el títere de Venezuela, el señor Betancourt (EXCLAMACIONES y SILBIDOS). Ese señor pretende posar como el prototipo de demócrata representativo made in U.S.A. Pero ese señor, siempre ha vivido con el miedo de que los gorilas le den un golpe. Y cada vez que hay un golpe arma un berrinche. Hay un golpe en Argentina, y entonces dice: “¡No reconozco ese Gobierno!” Hay un golpe en Ecuador, y dice: “¡No reconozco ese Gobierno!” Hay un golpe en Perú y dice: “¡No reconozco ese Gobierno!” ¿Por qué? Porque cuando ve las barbas de un vecino arder, quiere poner las suyas en remojo.
Entonces los imperialistas se ven en una situación ambigua. ¿Los gorilas dan un golpe? Inmediatamente se declaran anticomunistas; inmediatamente dicen que el golpe fue para salvar a la patria del comunismo. Inmediatamente hacen profesión de apoyo incondicional a la política imperialista contra Cuba. Y los imperialistas saben que esos gorilas son sus aliados, pero no quieren disgustar al otro aliado, a Betancourt; entonces esperan 10 días, 15 días, al principio dicen en el Departamento de Estado, que no saben qué hacer, que todavía no se ha decidido nada y al cabo de 25 días, cuando ya se aplacó un poquito el señor Betancourt y le pasaron un poco la mano para que se tranquilizara, entonces empiezan a decir que puesto que han dicho que van a dar unas elecciones, etcétera, etcétera; y reconocen al gobierno de los gorilas.
Pero la historia de lo que ha ocurrido en América Latina desde la invasión de Playa Girón, demuestra dos cosas: que los políticos y los gobernantes que han tenido una actitud independiente, que han tenido una actitud de respeto a la soberanía de Cuba, que no han sido instrumentos del imperialismo yanqui en sus agresiones contra Cuba, son los gobiernos más estables de América Latina.
Y así vemos que el Gobierno de México es un gobierno estable; y así vemos que el Gobierno de Goulart no ha podido ser derrocado por la reacción brasileña. Y ni han ocurrido golpes de Estado en Chile, ni han ocurrido golpes de Estado ni derrocamiento en Bolivia; ni han ocurrido golpes de Estado ni derrocamientos en Uruguay.
¿Qué quiere decir esto? Que los países que tienen una posición de orden internacional decorosa; que los países cuyos gobernantes se respetan a sí mismos, tienen mucha más solidez y mucha más estabilidad que los gobernantes archirreaccionarios, instrumentos ciegos del imperialismo yanqui, los cuales han carecido de arraigo y de fuerza para mantenerse en el poder.
Y así, uno tras otro, en desfile, han pasado los títeres derrocados. Algunos de ellos de manera lastimosamente ingloriosa, como el del Ecuador, que rompió relaciones con Cuba por cobardía, por chantaje de los militares que estaban allí al servicio del Pentágono. ¡Claro que cuando rompió con Cuba los imperialistas se lo aplaudieron! Ningún cable de la UPI, ni de la AP, dijeron nunca que era un borracho. Pero desde el día mismo en que lo derrocaron, al otro día todos los cables de la UPI y de la AP, decían que era un borracho y que lo habían derrocado por borracho.
¿Cuál sería el ánimo de ese hombre, cuando una mañana se despertó en el extranjero, cuando se levantó aquella mañana y tuvo un minuto para pensar? ¡Cuán triste ha de haber sido su situación, desalojado del poder, sin honra, sin gloria, sin dignidad y sin amigos! Porque los imperialistas le daban un puntapié, y ningún hombre progresista, ningún hombre decente, lo querrá honrar con su amistad. Y así no son amigos de nadie: ni de los imperialistas ni de los revolucionarios.
Sin embargo, la Revolución está sólida; solidísima, inconmovible, firme como una roca; y la Revolución verá la suerte que corren los lacayos, los entreguistas, los vendepatria. Porque en América Latina crece la conciencia revolucionaria, crece el espíritu de lucha y es cada vez mayor la participación de los imperialistas yanquis.
Así en días recientes, se reunieron con un grupo de jefes militares latinoamericanos, a los que les impartieron sus órdenes.
La intervención de los imperialistas yanquis y la de los militares yanquis en Venezuela, es cada vez mayor. Y ahí están misiones militares yanquis entrenando a los esbirros que asesinan a los patriotas. Ahí están misiones militares yanquis y técnicos militares yanquis combatiendo a los patriotas que heroicamente, en las ciudades y en los campos de Venezuela se enfrentan al imperialismo.
Y en Guatemala está presente también la intervención yanqui, y militares como asesores y como técnicos están interviniendo en la lucha contra los patriotas en Guatemala; apoyando la tiranía reaccionaria que impera en aquel país. Y ese es el camino que sigue el imperialismo yanqui, el camino de la alianza con los peores gorilas, frente al movimiento revolucionario y patriótico que va surgiendo en distintos países de la América Latina.
Desde aquí, desde esta tribuna, ante el pueblo de Cuba, le enviamos un saludo de solidaridad y de confraternidad a los heroicos revolucionarios venezolanos (APLAUSOS PROLONGADOS), que con un valor impresionante y con una fuerza creciente, en una brava lucha que es cada vez más la admiración de los pueblos de América Latina, se enfrentan allí a las fuerzas de la reacción y a las fuerzas del imperialismo sin cejar en la lucha; augurando un día de victoria para ese pueblo bravo y abnegado que un día señaló el sendero de la independencia en Sudamérica.
Y realmente es admirable e impresionante cómo aquel pueblo, cómo aquellos jóvenes se baten y luchan, recordándonos los días en que nuestro pueblo se batía en forma igualmente heroica contra la tiranía.
Y los imperialistas son impotentes para contener esa lucha; aunque envíen técnicos todos los que quieran, no podrán contener esa lucha del pueblo venezolano, porque con seguridad, al igual que nosotros, tendrán cada día más el apoyo del pueblo. Porque cuando los jóvenes ven otros jóvenes combatiendo y muriendo, se sienten atraídos por aquel heroísmo, por aquel valor; se sienten inspirados a emular esos ejemplos. Y así reacciona el pueblo, así reaccionan los trabajadores, así reaccionan los campesinos.
Y la victoria, más tarde o más temprano, como en Argelia (APLAUSOS PROLONGADOS) — cuya representación, encabezada por el coronel Boumedienne, nos acompaña hoy—, que escribieron imborrables y eternas páginas de heroísmo en la lucha por su independencia, así la victoria espera a los que combaten, a los que luchan, a los que tienen fe en una idea y en un método de lucha.
Igualmente enviamos nuestro saludo fraternal y caluroso a los heroicos guerrilleros que en Guatemala combaten allí contra la tiranía.
Y nosotros conocemos esos caminos porque los recorrimos durante mucho tiempo, en largos meses en que nunca había una noticia de nosotros y que solo llegaban al mundo las noticias de los perseguidores, las noticias que daban las fuerzas represivas. Y nosotros sabemos cuánto mérito tiene esa lucha heroica, callada y abnegada que los pioneros de las revoluciones tienen que afrontar en determinadas etapas.
Y ¿qué pueden hacer frente a eso los imperialistas yanquis? ¡Nada, absolutamente nada! Y los revolucionarios no deben facilitar el camino del imperialismo yanqui, sino obstaculizarlo por todos los medios; no deben facilitar las componendas electorales del imperialismo yanqui, sino obstaculizarlas y combatirlas por todos los medios.
¿Qué pueden hacer los imperialistas? ¿Qué han podido hacer en Vietnam del Sur? ¡Nada! Porque allí se encargaron de proseguir una guerra colonial que otro país había abandonado, allí hicieron suya una guerra colonial, y a 20 000 millas de distancia mandaron sus oficiales, sus aviones, sus helicópteros y sus soldados para matar Vietnamitas, para arrasar aldeas Vietnamitas, para arrasar bosques y campos de cultivo. Y a pesar de la guerra despiadada desatada contra ese pueblo están fracasados. Y es ya tan impopular el títere que allí tienen como cabecilla de la reacción, que su situación es insostenible, e incluso las masas religiosas se han alzado contra él. ¡Y allí están en activa lucha contra el títere del imperialismo, coincidiendo con los contingentes de patriotas y de revolucionarios que en Vietnam sostienen desde hace años una lucha extraordinariamente heroica contra el imperialismo yanqui!
Nuestro saludo y nuestro mensaje fraternal este 26 de Julio a los heroicos combatientes que en Vietnam luchan contra el imperialismo yanqui, y cuya representación se encuentra aquí entre nosotros también en el día de hoy.
¿Qué camino pretenden seguir los imperialistas en América Latina frente a las revoluciones? El camino de Vietnam. ¿Y qué les espera? El fracaso más rotundo.
No podemos menos que sonreír cuando los imperialistas adoptan medidas con el pretexto de que quieren impedir que nosotros ayudemos económicamente el movimiento revolucionario latinoamericano, lo que no es más que un pretexto para obstaculizar la economía de nuestro país, para privar a nuestro pueblo de los medios de adquirir alimentos, medicinas y las cosas que necesita para las necesidades más elementales de la población. Y no podemos menos que sonreírnos porque sabemos que los revolucionarios cuando están luchando no necesitan que les manden dinero desde fuera, ni necesitan que les manden armas.
Porque yo me acuerdo cómo pasábamos nosotros trabajo para conseguir un peso mientras no teníamos una fuerza revolucionaria allá, que cuando se hizo sentir recaudó millones de pesos estableciendo impuestos a los terratenientes y a los dueños de los centrales azucareros. Y recuerdo bien cómo nosotros en algunas semanas capturábamos cientos de armas al enemigo.
Al principio era difícil; como toda empresa humana, los comienzos son los más difíciles. Nosotros en el primer año solo habíamos llegado a reunir unas 130 armas, al cabo del primer año. A los 17 meses de lucha solo teníamos unas 300 armas. Y cuando el ejército de Batista lanzó contra nosotros la última ofensiva, en 70 días les capturamos 500 armas, con lo cual el número de combatientes se elevó de 300 a 800; y con eso invadimos toda la isla, con las armas capturadas, con los jefes que tenían más experiencia — los compañeros Camilo y Guevara — , y con los soldados aguerridos que habían aprendido a combatir y a triunfar. Y con esos hombres se ganó la guerra.
En las batallas decisivas, decisivas que cambiaron el curso de la guerra, nuestras fuerzas eran menos de 500 hombres armados; prácticamente con menos de 500 hombres se libraron las batallas decisivas que cambiaron el curso de la guerra.
Parece que hoy vamos a tener el fresco de una lloviznita por aquí, pero eso no viene mal. Puede ser que algunos busquen algún refugio por allá, pero yo creo que lo mejor es mojarnos aquí, al fin y al cabo, si hemos tenido dos años de mucha seca ¡bienvenida el agua, bienvenida mucha agua para que haya más leche, para que haya más malanga, para que haya más carne, para que haya más alimentos para toda la población!
Les hablaba de estas experiencias nuestras porque los revolucionarios venezolanos cuando necesitan dinero se lo quitan a los burgueses y a los imperialistas, y cuando necesitan armas se las quitan a los soldados de los burgueses y de los imperialistas. Por eso nos sonreímos cuando los imperialistas dicen que nosotros exportamos la revolución. No, no, nosotros si acaso exponemos nuestras ideas, y compartimos nuestras ideas con los revolucionarios de cualquier parte del mundo.
Y las ideas no se pueden bloquear, las ideas no se pueden bloquear, no hay bloqueo para las ideas, las ideas vuelan enormes distancias en brevísimo tiempo. Dicen que las ondas de la luz son rápidas, que las ondas radiales son rápidas, mas las ideas llegan más lejos que la luz misma.
Y nosotros somos cantera de ideas, cantera de luz para los trabajadores y los campesinos de América Latina, para los indios esquilmados de América Latina y por eso de la voz, del corazón inspirado de nuestro compañero Cartaya, que un día compuso el himno del 26 de Julio , un himno que en un tiempo no era el himno de las multitudes, sino el himno que se entonaba en las solitarias celdas de las prisiones de la tiranía, y un día llegó a ser el himno de todo el pueblo combatiente, la marcha de toda la nación, así también, por inspiración propia y por iniciativa propia, el compañero Cartaya ha creado la marcha de América Latina. Y esa marcha dice:

De pie América Latina
Adelante, adelante, adelante.
Marchemos junto al socialismo
Que es paz, progreso y redención.
De pie América Latina
En la lucha gigante será
Los pueblos unidos como hermanos
En un invencible haz.
Cuba, faro de América toda
Orgullosa y altiva os espera
Y que al grito de guerra se alcen
Las armas de la libertad
Campesinos, obreros e indios,
a luchar contra el yugo opresor
Mueran todos los imperialistas,
América, Revolución.

Es posible que los imperialistas nos acusen ahora de exportar himnos (RISAS). Y dirán que Cuba es un peligro para la estabilidad de los gobiernos archidemocráticos de América Latina, porque exporta himnos, exporta música. Y, desde luego que la música no se puede bloquear. Quizás alguna vez este himno, esta marcha sea entonada por millones y millones de hombres y mujeres de América Latina. Y eso es lo que los imperialistas no pueden impedir, el avance de las ideas, el triunfo de las ideas. ¿Y cuál es la situación del imperialismo yanqui? Una situación muy difícil, porque ni puede ir a la guerra ni puede impedir la revolución de los pueblos. Ellos estarían dispuestos a usar, incluso, sus armas atómicas contra los pueblos revolucionarios, pero ¿por qué no las usan, por qué? Porque tienen delante un poder mayor que les impide imponer su ley al mundo, porque frente a ellos tienen el poderío militar aplastante de la Unión Soviética y del campo socialista (APLAUSOS Y EXCLAMACIONES DE: “¡Fidel, Jruschov, estamos con los dos!”).
Sin esas circunstancias los imperialistas no vacilarían en emplear todos los medios de guerra para aplastar el movimiento de liberación, y no habrían vacilado en usarlos contra nuestra patria en primer lugar. Esa realidad contemporánea, ese cambio en la correlación de fuerzas es lo que les impide hacer lo que hacían antes, es lo que los coloca en una situación en que no pueden ya imponer su ley al mundo, en que no pueden desafiar la guerra, en que no pueden imponer la guerra, porque saben que la consecuencia de ello sería el exterminio propio.
Y es que ellos no pueden impedir el movimiento revolucionario de los pueblos, el movimiento de liberación de los pueblos, porque eso está determinado por ley inexorable de la historia. Por eso no han podido aplastar a la Revolución Cubana y por eso no podrán aplastar la revolución latinoamericana.
Los imperialistas yanquis acaban de firmar un acuerdo sobre el cese de pruebas con armas nucleares en la atmósfera, en el mar y en el espacio. Ese hecho es una victoria de la conciencia mundial de la paz y una victoria de la política de paz de la Unión Soviética.
Cuando los imperialistas eran los únicos que tenían las armas nucleares, el monopolio de las armas nucleares, no habrían suscrito acuerdo alguno de esa índole.
Y es la conciencia desarrollada en todo el mundo en favor de la paz, contra la guerra; y es el desarrollo de una fuerza superior en el campo militar, lo que los hace recapacitar y lo que los hace adoptar ese tipo de medida.
Naturalmente que todo el mundo recibe con satisfacción esa noticia. A nosotros nos demuestra cómo son los imperialistas, cómo actúan cuando tienen delante una realidad de fuerza, cuando tienen realidades a las cuales no se pueden imponer, pero cómo, cada vez que tienen una oportunidad, crean conflictos y no hacen absolutamente nada por disminuir la tensión.
Y esa experiencia la hemos vivido en las últimas semanas. ¿Qué han hecho los imperialistas en el Caribe? ¿Han dado pasos para disminuir la tensión? No.
A los planteamientos del Gobierno cubano, declarando —como lo ha hecho desde el principio de la Revolución— que está dispuesto a discutir con quien sea, que está dispuesto a luchar por el mejoramiento de las relaciones con todos los países, incluyendo a Estados Unidos, la respuesta de ellos han sido nuevas agresiones contra nuestro país, nuevas medidas de carácter económico; la reacción de ellos ha sido iniciar una nueva maniobra agresiva, iniciar una serie de pasos para establecer en Centroamérica bases de operaciones para actos agresivos contra Cuba. Y así, no solo están entrenando mercenarios con esos fines en Estados Unidos, sino que están trasladando de nuevo mercenarios a Nicaragua, y están creando allí bases de operaciones contra Cuba, de una manera abierta y descarada, cínica y desvergonzada, tal como suelen actuar.
Y así, mientras pretenden estar acusando a Cuba de promover la subversión, ellos establecen bases de agresión contra nuestro país y comienzan de nuevo a andar por esos caminos donde han sufrido tantas derrotas y donde tantas más derrotas los esperan si no escarmientan. Eso no nos preocupa, porque nosotros siempre les llevamos muchos meses de ventaja, ¡muchos meses! y nos recordamos allá a fines del año 1960, cuando comenzaron a llegar noticias de los campamentos de entrenamiento en Nicaragua y en Guatemala, que nosotros no teníamos ni artilleros, ni tanquistas, pero inmediatamente nos dedicamos a organizarlos y entrenarlos. Y cuando por fin desembarcaron, no duraron 72 horas en el campo de batalla.
¿Con qué nos van a intimidar ahora: siguiendo los mismos caminitos? ¿Con qué planes que nosotros no seamos capaces de prevenir? ¿Con qué pueden venir ahora a hostigar —cuando tenemos una poderosa fuerza aérea; cuando tenemos respetables unidades de combate naval; cuando tenemos poderosos equipos de lucha contra desembarco capaces de disparar a una gran distancia; cuando tenemos un ejército disciplinado, aguerrido, equipado con las mejores y más modernas armas y una oficialidad que no ha cesado un solo instante de estudiar y de prepararse — , con invasiones de mercenarios? ¡Ni soñarlo! ¿Con invasiones directas? ¡Ni imaginárselo, porque no van a tener tiempo ni de imaginárselo! ¿Con guerra de piratas? ¡Los trataremos como piratas, y les aplicaremos la ley de la piratería!
¿Qué, van a promover bandas de alzados? ¡¿Y no saben cómo hemos barrido a las bandas de alzados contrarrevolucionarios?! Pretenden ignorar que aquí no ha escapado uno solo de los asesinos, ¡ni uno solo!; pretenden ignorar que tenemos numerosas unidades perfectamente entrenadas y aguerridas contra ese tipo de lucha; y pretenden que nos vamos a quedar cruzados de brazos. ¿Ahora, a fines de 1963, nos van a intimidar?, ¡¿con lo que tenemos ahora?!
Claro está que para saber quiénes son los imperialistas yanquis basta poner el ejemplo de lo que ha ocurrido con la indemnización, que tenían que pagar 53 millones y han pagado solo 43 millones. Son unos perfectos estafadores (EXCLAMAClONES). Incluso al abogado norteamericano que discutió con nosotros lo hicieron quedar mal, le impidieron cumplir ciento por ciento los acuerdos; y la Cruz Roja norteamericana nos debe la millones de pesos; y el Gobierno imperialista de Estados Unidos pretende estafar al pueblo de Cuba de una manera vergonzosa, después que el pueblo de Cuba puso en libertad a todos los prisioneros, a algunos de los cuales ya los están moviendo otra vez para realizar fechorías cuando todavía no han acabado de pagar la indemnización.
Y nosotros responsabilizamos a la Cruz Roja norteamericana y al Gobierno de Estados Unidos por no haber cumplido los términos del acuerdo, y que nosotros sabemos muy bien cómo se tramitó todo. Y deben la millones de pesos. ¡Son unos estafadores!
Ahora bien: un día dijimos aquí que si no querían financiar el desarrollo económico de Cuba, que no prepararan más invasioncitas, pero creo que al pueblo se le está acabando la paciencia (EXCLAMACIONES). Y cuando empiecen con sus incursiones y con sus planes de piratas, infiltración de guerrillas y de armas — ¿no sé cómo?, porque antes venían impunemente y las tiraban en avión, y las fuerzas nuestras están muy adelantadas, ¡pero muy adelantadas! en la instrucción y en el uso de los cohetes tierra-aire contra aviones — , cuando empiece esta gente — que siempre están retrasados en lo social medio siglo por lo menos, y en estas cosas bastante con respecto a nosotros, porque siempre sabemos lo que van a hacer, siempre lo sabemos, y siempre adoptamos las medidas previas—, entonces creo que el expediente de la indemnización no lo vamos a aplicar. Yo creo que el pueblo se está cansando.
Los que quieran indemnización que levanten la mano... (NADIE LEVANTA LA MANO). Los que quieran que les apliquemos la ley revolucionaria, que levanten la mano... (EL PUEBLO CONGREGADO EN LA PLAZA DE LA REVOLUCION LEVANTA LA MANO). Nosotros queremos que los visitantes puedan apreciar esto (EXCLAMACIONES DE: “¡Paredón, paredón!”), nosotros queremos que los visitantes puedan observar esto, para que vean cómo piensa el pueblo; porque después que lanzaron a las hordas de mercenarios y de traidores que llegaron aquí bombardeando y asesinando incluso familias indefensas, los imperialistas mientras por un lado lanzaban los piratas por otro lado desataban una campaña implorando por la vida de sus piratas. Y eso lo hicieron cuando Girón; incluso, no faltaron gobernantes latinoamericanos que hicieron comunicaciones implorando por la vida de ellos. Es mejor que ahora le imploren a los imperialistas gringos que no los manden a atacar a Cuba, es mejor que los gobiernos, o las personas filantrópicas que les entran lástima por esos piratas —desde luego, pueden sentir lástima que no puede sentir nuestro pueblo porque ha sentido sus garras—, se muevan ahora y que le escriban a Kennedy, y que con tiempo eviten que lleguen aquí, porque ustedes han visto cómo piensa el pueblo. Y, sencillamente, tal como piensa el pueblo... Y cuando el pueblo lo piensa así razones tiene (EXCLAMACIONES DE: “¡Paredón, paredón!”), cuando el pueblo piensa así es por algo.
Es distinto ver las cosas desde lejos que verlas desde aquí, es distinto enterarse desde lejos de las cosas que pasan en Cuba y sufrir esas cosas: cómo los agentes han quemado tiendas. donde han perecido obreros abrasados por las llamas, perpetrado actos de sabotaje que han costado decenas de vidas, cometido crímenes de todo tipo.
Por eso el pueblo piensa así, por eso el pueblo reacciona así, y razona con razón, porque prefiere incluso —porque fue generoso una vez, porque ha sido generoso muchas veces—, prefiere aplicar la justicia cabalmente, como escarmiento ejemplar, a estar aceptando las indemnizaciones mismas de los imperialistas.
Eso lo hicimos ya una vez, y que sirva de ejemplo, que sirva de experiencia ante el mundo cómo actúa Cuba y cómo actúa el Gobierno de Estados Unidos, cómo actúa el rufián este de Kennedy (EXCLAMACIONES), cómo actúa; que el mundo lo sepa: pusimos en libertad a los mercenarios, no han terminado de pagar la indemnización y ya los están movilizando para nuevas agresiones. Nuestro país dio una serie de pasos, declaró su disposición a discutir. ¿Y qué vienen? Nuevas agresiones de los imperialistas, nuevos planes agresivos contra Cuba. Tales son las características de este Gobierno de Estados Unidos.
Cuando subió al poder habló de que haría una política nueva, una política distinta. ¿Y qué hizo? Prohijar y desarrollar la agresión contra Cuba.
Recientemente habló en términos de paz en una universidad norteamericana, y a los pocos días se para en medio de Berlín a usar un lenguaje guerrerista y belicoso. Ahora, por un lado, suscribe un acuerdo tendiente a disminuir las tensiones, y por otro lado practica y promueve nuevas fechorías y nuevas agresiones contra Cuba. Y todo el mundo sabe que este no es un problema de juego, todo el mundo sabe las consecuencias que esa política ha tenido, todo el mundo sabe que esa política puso al mundo al borde de la guerra, todo el mundo sabe que esa política de agresiones nos obligó a defendernos, nos obligó a tomar medidas para nuestra defensa, y que ese no es un problema de juego, y que esa política a poco embarca al mundo en una guerra termonuclear, y que por ese camino Estados Unidos, incluso sin consultar con sus aliados, a poco los lleva a una guerra termonuclear.
Era para que abandonaran esos caminos agresivos, era para que abandonaran esas malas andanzas y no volvieran aquí a agitar el fuego de la tensión, el fuego del peligro; que no atice aquí nuevas provocaciones.
Como ustedes saben, ellos tomaron el acuerdo de bloquear fondos cubanos para obstaculizar nuestro comercio, y nosotros tomamos un acuerdo nacionalizando lo único que les quedaba aquí, que era el edificio de la embajada. Ahora dicen, que eso es ilegal, que eso no está de acuerdo con los convenios. ¡Qué descarado es este Gobierno de Estados Unidos! (RISAS)
Ellos no han respetado ningún convenio, ninguna ley internacional, constantemente están violando nuestro espacio aéreo, filtran saboteadores, agentes, espías, preparan bases de agresiones, han perpetrado cientos de violaciones de las leyes y de los convenios, y ahora hablan de que el Gobierno de Cuba, en justa y legítima defensa, no les puede nacionalizar la embajada. Bueno: ¡Pues se la hemos nacionalizado, y ese acuerdo tiene que cumplirse!
Ese edificio está a cargo de la representación diplomática de Suiza, y nuestro país está en disposición de brindarle todas las facilidades a la representación diplomática suiza para que oportunamente proceda a trasladar a otro sitio todos los archivos y entregue el inmueble al Gobierno de Cuba. Esperamos que la representación diplomática de Suiza reconozca ese acto legítimo y soberano del pueblo de Cuba; esperamos. Porque este problema no es un problema contra Suiza, es un acto de muy legítima defensa. Y cuando quieran discutir, vamos a discutir quién tiene razón, quién tiene derecho, quiénes son los violadores de las leyes, quiénes son los agresores, y quiénes son los que en realidad se están defendiendo con legítimo derecho, que somos nosotros. Podemos discutir con quien sea necesario, porque sabemos que tenemos la razón. Y por eso esperamos que no surjan conflictos con las autoridades suizas, y que las autoridades suizas —fieles a su política de neutralidad, que han mantenido tradicionalmente— acaten ese acto legítimo y soberano del pueblo de Cuba.
Sí, nosotros dijimos que estábamos dispuestos a discutir con los imperialistas yanquis. ¿Ellos nos agreden? ¿Creen acaso que les estamos implorando las negociaciones? No comprenden que esta es una posición de principio del Gobierno de Cuba, una posición mantenida desde el principio; acaso creen que tenemos el agua al cuello, y que necesitamos que vengan a la carrera a establecer relaciones con nosotros. Nosotros pensamos que quienes tienen el agua al cuello son ellos.
¿Qué dicen los imperialistas? Que no restablecerán relaciones con un satélite soviético en el Caribe. El único país de América — el único— donde no hay una propiedad extranjera, el único país de América que es dueño de toda su riqueza, de sus minas, de su petróleo, de sus tierras, de sus fábricas; que no tiene que tributar un centavo a los monopolios yanquis; el único país de América que puede decir: esta riqueza es mía, y vamos ahora a desarrollarla, vamos a hacer con ella lo que más convenga a nuestros intereses, ese es Cuba. Y ellos dicen que es un satélite. Este pueblo, que es dueño de su islita, de sus tierras, de sus montañas, de sus costas, de sus edificios, de sus fábricas, de sus escuelas; que toda esa riqueza la tiene para ponerla al servicio de su porvenir, de toda aquella generación que crece, de jóvenes que serán los cientos de miles de técnicos, que harán avanzar al país hacia límites tal vez imprevisibles hoy.
Y claro, de la misma manera que este es un pueblo cautivo —según esos señores—, el pueblo cautivo de Cuba, este es el país satélite de América. El único país que está en esas condiciones de absoluto disfrute de sus riquezas.
¿Y qué ha recibido de la Unión soviética? Una ayuda tan extraordinaria, que posiblemente lo que a nosotros nos han ayudado en un año es más de lo que ha ayudado el imperialismo a las oligarquías, a todas juntas. Y la Unión Soviética, el pueblo soviético ha hecho sacrificios por ayudarnos a nosotros, y nos ha dado una extraordinaria ayuda para poner fábricas. ¿Que son de la Unión soviética? No, son cubanas. Y ha mandado 15 barcos pesqueros modernos que nos han permitido abastecer de pescado a nuestra población, y que están entrenando los tripulantes para entregarnos esos barcos; que nos ha entregado aviones para mantener nuestras comunicaciones, que ha establecido una línea directa por encima de todos los obstáculos que le ponían los imperialistas, gracias a lo cual mantenemos segura nuestra comunicación con el mundo; que allá en Mariel construyen una termoeléctrica de 500 000 kilowatts. ¿Para quién? ¿Para la Electric Bond Share? ¡No!, ¡para el pueblo de Cuba! Que en Renteé construyen una termoeléctrica de 200 000 kilowatts. ¿Para quién? ¿Para la compañía de electricidad, para extorsionar al pueblo? ¡No!, ¡para el pueblo de Cuba, para sus necesidades, para sus industrias! Que le va a resolver a nuestro país el problema de la mecanización del corte de caña, trabajo duro, donde cientos de miles de obreros tienen que hacer enormes sacrificios todos los años, y que nos permitirá en el futuro enormes zafras. Porque sí, en el futuro — lo decimos para que lo sepa todo el mundo— vamos a producir gran cantidad de azúcar. Y nos proponemos en el año 1970 rebasar de 8 millones de toneladas de azúcar , porque somos un país que tenemos condiciones para producir azúcar; planes que no podríamos ni soñar sin la mecanización del corte de caña. Y la Unión Soviética nos está resolviendo ese problema, haciendo esfuerzos, haciendo sacrificios.
Y a eso el señor Kennedy lo llama satélite. Para no ser satélite habría que ser un explotado; todos los centrales de aquí tendrían que ser de los imperialistas yanquis, todas las minas, la electricidad, los servicios públicos —como hay en muchos países de América Latina—, y esos son libres países. Pero esos libres países no reúnen ni cuatro gatos por lo general. Que le digan a Betancourt que de un mitin en la Plaza del Silencio a ver cuántos reúne allí. Esos son los países libres, esos no son cautivos, no.
¿Qué pretenden decir con esto?, que no pueden coexistir con un satélite. Nosotros podemos vivir sin coexistir con ellos, desde luego, en primer lugar; porque no existimos por ellos, sino que existimos a pesar de ellos, que no es lo mismo. ¿Pero que no pueden coexistir con nosotros? ¿Qué quieren? Que nosotros hagamos concesiones ideológicas; y nosotros no haremos ni un átomo de concesión ideológica a los imperialistas. Si quieren discutir, si quieren negociar, tienen que discutir y negociar con la Revolución Cubana marxista-leninista (APLAUSOS PROLONGADOS). ¡Y sin la menor alteración de nuestra posición de amistad fraternal, estrecha e indestructible con la Unión Soviética y el campo socialista!
Concesiones no vamos a hacer de orden ideológico; de orden ideológico no vamos a hacer una sola concesión. Nosotros somos un pueblo firme, un pueblo revolucionario, un pueblo de una política, y un pueblo leal que sabe ser amigo de sus amigos, sin sombra de oportunismo en su política.
Nosotros somos y seremos incapaces de esa política de cambia-casaca que caracteriza al imperialismo yanqui.
Si no quieren coexistir, ¿qué remedio no les queda? No pueden coexistir, pero estamos aquí y seguiremos estando. Luego, no quieren coexistir de palabra, pero tienen que coexistir de hecho, porque no pueden hacer otra cosa. Y los hechos son testarudos, en primer lugar.
No necesitamos de ellos para nada para vivir; incluso, el comercio con ellos podría significar algunas ventajas, pero mínimas, nada esencial para nuestra economía. ¿Saben de dónde debemos sacar nuestros recursos? De nuestro propio trabajo, organizándolo mejor; de nuestra propia capacidad de producción (APLAUSOS PROLONGADOS).
¿Saben dónde hay cientos de millones de pesos? En la mejor utilización de nuestros recursos, en la mejor organización de nuestro trabajo. Ahí es donde están los recursos, y ahí es donde tenemos que buscarlos siempre. Eso nos reporta a nosotros mucho más, veinte veces más, que las ventajas que nos pueda aportar el hecho de que los imperialistas quieran comerciar con nosotros. Debemos saber eso, debemos saber eso.
Nosotros dijimos: estamos dispuestos a discutir. Bien, nosotros estamos dispuestos a discutir fórmulas de indemnización, como hemos hecho con los canadienses; relaciones que pueden presentarse como un modelo de relaciones entre un país socialista y un país capitalista, y que son buenas, porque ellos no interfieren en nuestros asuntos internos. Y cuando vinieron las leyes de nacionalización, nosotros indemnizamos los intereses canadienses; y siempre hemos resuelto amistosamente cualquier diferencia.
Incluso, conversando con el embajador inglés, nosotros le expusimos que estábamos dispuestos a discutir cualquier indemnización, a discutir algún tipo de convenio económico que incluyera la indemnización de los intereses que fueron nacionalizados. Y en forma similar hemos hablado con los suizos. Es decir, que esa política la hemos aplicado.
Nosotros estamos dispuestos a discutir. ¿No quieren? ¡Peor para ellos, no discutimos! ¿No quieren establecer relaciones con nosotros? ¡Lo sentimos mucho, esperaremos! Esperaremos hasta, incluso, a que haya un gobierno socialista en Estados Unidos, podemos esperar perfectamente.
La población negra de Estados Unidos esperó muchos años, y ahora ya ven: está en una activa lucha en defensa de sus derechos. Y, por lo tanto, ¡otro mensaje de solidaridad y fraternidad a la población negra de Estados Unidos, que cuenta con toda nuestra simpatía! , y que allí son víctimas de la represión feroz. Hemos visto esas fotografías, cómo lanzan los perros rabiosos contra ciudadanos negros, como símbolo de lo que es la democracia representativa.
Y, claro, ¿qué es lo que engendra eso? Ese odio contra la población negra lo engendró la esclavitud. ¿Quién lo ha mantenido vivo? El capitalismo. Habrá discriminación mientras haya explotación del hombre por el hombre en Estados Unidos, esa es una gran verdad. ¿Y aquí no había también discriminación? ¿Y quién importó la discriminación aquí? Ellos, todas esas familias aristocráticas, ¿qué modo de vida tenían e idealizaban?: el modo de vida norteamericano. ¿Y cuándo se acabó la discriminación aquí? Cuando cesó la explotación del hombre por el hombre. ¡Y se acabó! Por eso no quieren que vengan a Cuba, por eso no quieren que vengan a ver lo que hay en Cuba.
Nosotros estamos dispuestos a enseñar lo malo que podamos haber hecho; nuestros errores, nuestras deficiencias, nuestros problemas, se los enseñamos, porque no tenemos que ocultarlos. No existen porque queramos, existen a pesar de que no queremos. Y los problemas consecuencia de la inexperiencia de los revolucionarios y de la lucha que hemos tenido que llevar contra los imperialistas, y de la constante hostilidad en que hemos tenido que vivir, y que nos obligan a gastar 300 millones de pesos en la defensa — ¡nos obligan a gastar trescientos millones de pesos en la defensa!—, y a pesar de eso no hay rincón donde no haya una escuela, no hay campesino que no tenga asistencia médica, y hay 100 000 jóvenes becados por el Estado estudiando ; a pesar de la inexperiencia de los primeros años, inexperiencia que se va superando; a pesar de las zancadillas que constantemente nos ha estado poniendo en nuestro camino el imperialismo yanqui.
Y progresa el país, progresa la Revolución, y se van superando las deficiencias. Sin embargo, no las ocultamos, y nuestras puertas están abiertas para el visitante. La prueba de ella son los 600 visitantes que de todas partes..., 600, ¡que para nosotros valen por seiscientos millones! Y aun más, porque prácticamente de todos los países han venido numerosas personalidades ilustres y destacadas a conocer a nuestro país, a apreciar de cerca la Revolución Cubana. Y nuestras puertas están abiertas.
¿Qué país libre es ese que no permite que sus ciudadanos viajen? Y así por el mundo siempre están hablando de las medidas que Alemania Oriental tuvo que tomar para combatir allí el espionaje y el sabotaje, en Berlín, y sin embargo pretenden erigir un abismo entre Estados Unidos y Cuba para evitar que vengan aquí. ¡Que vengan los líderes negros de Estados Unidos, que les permitan venir a visitar a Cuba, para que vean dónde hay una sociedad sin discriminación! ¡Y para que comprendan cuál es el camino por el cual se elimina la discriminación, que es eliminando la explotación del hombre por el hombre!
Claro está que no quieren permitir eso, no quieren que vean a la Revolución de cerca.
Y así, les decíamos, hablando de las relaciones, que fue lo que suscitó esta conversación sobre otras cuestiones, que esperaremos, no tenemos ninguna impaciencia. Pero, ¿exigirnos condiciones? Eso se parece al cuento de aquel que decía: “sácame del pozo y te perdono la vida “. Nosotros no estamos en ningún pozo, porque nosotros estamos con la Revolución y con el futuro y con el mundo del mañana; y ellos sí están en un pozo, porque están con la reacción, con el imperialismo y con el mundo del pasado, ¡con el mundo del pasado! Y son víctimas de esa política, le han ocasionado un tremendo daño al pueblo de Estados Unidos.
Y ven ustedes ahora los problemas económicos que empiezan a tener, los problemas de divisas. Y se van aislando, se van aislando del resto del mundo, porque Estados Unidos no es el único país del mundo; los intereses de los imperialistas yanquis no son los únicos intereses en el mundo.
Y así, están siguiendo con Cuba esa política estúpida de aislamiento. Hoy somos nosotros los aislados, mañana serán ellos. Siguen en América Latina el camino de Vietnam, y se aislarán cada vez más. Política inteligente es la política de los países que, independientemente de su régimen social, mantienen relaciones diplomáticas y comerciales con un país revolucionario; política inteligente es la de los países capitalistas que mantienen relaciones diplomáticas y comerciales con Cuba, porque están señalando un camino y sembrando un precedente. Y porque un día la América Latina será como Cuba, si no toda, una gran parte. ¡Y algún día, más o menos lejano, por imperativo de la historia lo será toda!
Y entonces los aislados serán los imperialistas yanquis, en un mundo que ya no es coto cerrado de nadie, porque todos los países tienen intereses en ese mundo, todos los países tienen necesidades en ese mundo.
¿Y qué han hecho los imperialistas con su estúpida política contra Cuba? Los resultados están claros: la OEA la han hecho trizas, ya nadie le hace caso (RISAS); los gobiernos que se respetan y que tienen una política propia dan cada vez más y más evidencias y pruebas de un sentimiento realmente independiente; los gobiernos títeres han sido barridos por las dictaduras militares de los gorilas, que son, puede decirse, la antesala de la revolución, como fueron los gorilas de aquí la antesala de la Revolución Cubana.
Y respecto al mundo, Estados Unidos crea infinidad de problemas a numerosos países occidentales, que viven del comercio marítimo, del transporte marítimo. Una serie de países europeos no socialistas, o no —pudiéramos llamar— marxista-leninistas, una serie de países europeos, tienen enormes flotas de mercantes y reciben muchas de sus divisas transportando mercancías.
Así, muchos de esos barcos han estado trabajando en el comercio entre Cuba y la Unión Soviética. Las medidas tomadas por Estados Unidos contra esos barcos perjudican grandemente los intereses económicos de esos países, interfiere la libertad de comercio. Pero, algo más: como consecuencia de esas medidas y de esa política, la Unión Soviética se ha visto en la necesidad de elaborar el programa de construir una inmensa flota mercante de entre 20 y 30 millones de toneladas.
¿Por qué? Porque como consecuencia de estas experiencias, consecuencia de estos actos de los imperialistas yanquis, se ven en la necesidad de tomar medidas previsoras para que su comercio no pueda ser bloqueado.
Quizás invertiría o habrían invertido esos recursos en otras industrias o en otras ramas de la economía. ¿Cuál será el resultado de eso?, que el surgimiento de una inmensa flota soviética, inevitablemente desplazará de ese tráfico marítimo, a las flotas de otros países europeos, cuyos barcos en la actualidad están en muchos casos ociosos.
La política del Gobierno de Estados Unidos choca con los intereses de numerosos países de Europa. Esto sin ir más al fondo de la cuestión, como es el hecho de que el capital imperialista yanqui, está tratando de desplazar capitales de otros países europeos en distintas partes del mundo. Esto independientemente del hecho que países como Japón, como Francia, como Inglaterra, como Italia, y otros, que al final de la guerra estaban en una situación de ruina y en los cuales los imperialistas yanquis pudieron imponer a su antojo los tipos de convenios, los tipos de acuerdos comerciales que les importaban a sus intereses y que hoy, como consecuencia del desarrollo de esos países se ha producido un cambio en la correlación de recursos técnicos, en la producción de cada uno de esos países que necesitan mercados.
Y naturalmente, que los imperialistas yanquis tratan de impedir, tratan de controlar los mercados; y otros países del mundo necesitan comerciar con nosotros y con otros pueblos revolucionarios en el futuro. ¿Cuál será el resultado? Que los imperialistas yanquis se irán aislando más y más. Y hoy, hoy, nosotros somos los aislados; pero en un mañana no lejano, los aislados serán ellos, ¡serán ellos!
Y es lamentable, es lamentable que el pueblo norteamericano tenga que pagar las consecuencias de esa política estúpida, torpe, ruinosa. Porque este señor — por lo general los últimos presidentes que ha tenido Estados Unidos—, pero este, es un jinete cabalgando de error en error, de torpeza en torpeza. Y este pequeño país, Cuba, le ha costado un sinnúmero de reveses, de derrotas políticas y morales. ¿Por qué? ¡Por no respetar la voluntad de nuestro pueblo, por no querer respetar la soberanía de nuestro pueblo! Y por eso, por esa política de hostilidad y de acosamiento, no han hecho más que cosechar derrotas, cosechar reveses, cosechar fracasos; y es lástima que el pueblo de Estados Unidos, tenga que pagar esas consecuencias. Porque para el pueblo de Estados Unidos — y no son estas palabras demagógicas, y los hechos lo atestiguan—, para el pueblo de Estados Unidos, pueblo trabajador, muchas veces confundido, en una proporción grande engañado por la propaganda incesante de los monopolios, es un pueblo como cualquier otro pueblo víctima del sistema en que vive, pero cuyas virtudes se podrían demostrar como se han demostrado las de nuestro pueblo con el cambio de sistema.
Y digo que para el pueblo de Estados Unidos no hay sentimientos de resentimientos ni odio en nuestros corazones. ¡Y ahí está la prueba! ¿Cómo han recibido a los jóvenes estudiantes nuestro pueblo en todas partes? ¡Con simpatía, con sincera amabilidad, como hermanos, sin odios y sin resentimientos! Porque en un pueblo revolucionario que marcha por la verdad y que tiene una educación política, sabe distinguir entre el sistema bueno y el sistema malo; sabe distinguir entre el pueblo y el sistema que explota y hace víctima a ese pueblo. Y por eso en todo ciudadano americano, en cada hombre y mujer del pueblo, siempre verá una víctima del sistema.
Y esa es una consecuencia de la conciencia y de la educación política de nuestro pueblo, y por eso nosotros hemos recibido con los brazos abiertos a esos estudiantes. Los admiramos por su valor; porque cuando hay jóvenes que se empinan en medio de la mediocridad del ambiente, frente a la asfixia que la propaganda crea, frente a la mentira, son jóvenes valientes. Y los hemos recibido aquí, independientemente de sus ideas políticas, o de sus ideas religiosas; porque vinieron para ver, para conocer. Se les ha permitido visitar Cuba, conversar con quienes lo desean, saber los errores y los éxitos, se les ha brindado todas las facilidades.
Y entendemos que han tenido un gran gesto, sobre todo un gesto valiente, digno de las mejores tradiciones de Estados Unidos. ¿Porque qué estaban defendiendo ellos al defender el derecho a venir a Cuba? El derecho constitucional de cualquier ciudadano norteamericano a viajar libremente, a obtener información, a conocer la verdad. No han venido a defender las ideas políticas de la Revolución Cubana, han venido a defender su derecho a viajar, su derecho a conocer la verdad, su derecho a obtener una información verídica. Y eso no se lo puede reprochar nadie, ni se les puede castigar.
Y ojala sirva de ejemplo; y estoy seguro de que servirá de ejemplo, porque todos estos valientes siempre encuentran admiradores, siempre sirven de ejemplo. ¡Que sirva de ejemplo a la juventud norteamericana! A nosotros nos sirve de aliento pensar que hay jóvenes así y que pueden haber muchos miles de jóvenes así, con libertad de criterio, suficientemente valientes como para defender sus derechos y despojarse de la mentira, que la campaña interesada, de los intereses creados, trata de sembrar en la mente de los jóvenes, a través de películas, cine, muñequitos y todas las formas habidas y por haber, que nosotros ya pasamos. Y eso significa un gran mérito a nuestros ojos. Y por eso siempre contarán con nuestra amistad y con nuestro reconocimiento. Y declaramos que nuestras puertas están abiertas a todo joven que quiera visitar, que quiera venir en tren de amistad; porque los que vengan en plan de amistad, los que vengan como amigos, sí podrán pasearse por las calles de La Habana, y serán recibidos con los brazos abiertos.
Los amigos, sí son tan dueños de este país como nosotros mismos, y tan hermanos de cualquiera de nosotros como cualquier cubano.
Y así, con estas ideas expuestas, podemos resumir cuál es la situación al cumplirse el décimo aniversario. Pronto cumpliremos el quinto aniversario, pronto, el quinto aniversario del triunfo de la Revolución.
¡Ah! ¿Y cómo debemos aprovechar los próximos cinco años? Cada uno de esos cinco años, debe significar tanto en avance de nuestra organización y de nuestra producción y de nuestro trabajo, como todos los cinco años anteriores juntos. Porque esos cinco años nos establecen la obligación de trabajar mejor, de usar la experiencia de estos años atrás; de manera que cada año valga por cinco, porque seguiremos de año en año reuniéndonos, y si sigue creciendo, y tiene que seguir creciendo a medida que se eleva la conciencia, que la Revolución supere las dificultades, que el trabajo revolucionario sea mejor, habrá cada vez más y más pueblo cada 26 de julio que celebremos en la Plaza de la Revolución. Y esto nos debe estimular a todos a trabajar, a dar el máximo de nuestro esfuerzo y de nuestras energías, analizar nuestro trabajo, superar nuestras deficiencias, mejorar nuestra organización, aprovechar nuestros recursos, demostrar de qué es capaz nuestro pueblo como pueblo trabajador, como un pueblo creador, no solo como pueblo heroico, como pueblo valiente capaz de morir en una trinchera, sino capaz también de dar su vida por el trabajo , capaz de dar su vida por el trabajo creador, enfrentarnos a las tareas con ese mismo valor, con esa misma decisión. Es necesario que lo hagamos si queremos dar grandes avances.
Comprendan cuántos gastos, cuántos gastos incluso nos impone la necesidad de defendernos, porque hay que defenderse, porque hay que tener en perfectas condiciones de combate a nuestras fuerzas, previendo cualquier ataque por sorpresa, estando siempre alerta contra cualquier agresión. Y sin embargo, cómo aumenta el número de niños que van a la escuela; cómo aumentan nuestras necesidades; cómo aumentan nuestras necesidades de técnicos; cómo tenemos necesidad de hacer grandes inversiones, en fábricas, en la agricultura, en viviendas, en acueductos, en toda una serie de cosas que el pueblo necesita y que solo se pueden obtener trabajando, no van a caer del cielo, van a brotar del sudor de nuestra frente, de nuestro esfuerzo. Y estos años tienen que ser años de trabajo, estos primeros años de Revolución nunca son años de abundancia. Sepamos eso, comprendamos eso, que son los años de más trabajo, de más esfuerzo, de escasez; que faltan cosas y que ese precio hay que pagarlo por el futuro.
No sería esa nuestra situación si no hubiésemos sido explotados 50 años por los imperialistas. ¡Cuál no será la abundancia de nuestro pueblo dentro de 30, dentro de 40, dentro de 50 años; esos años que hemos perdido en el pasado y que hoy tratamos de recuperarlos a marcha forzada, avanzando! Y con todo lo que ya hemos podido avanzar en estos cinco años de Revolución, no hemos hecho más que crear las condiciones; debemos avanzar mejor y más rápido en los próximos años. Esto tenemos que comprenderlo y que las riquezas solo pueden salir del trabajo, pero el trabajo inteligente, el trabajo bien organizado, con el uso más racional de nuestros recursos, con la aplicación de los conocimientos técnicos.
Y ese espíritu por el trabajo se ha ido apoderando de la conciencia del pueblo, y hay que llevarlo a todos los rincones del país, al campo, a las montañas, a las fábricas, dondequiera. Hay que luchar, no por los aumentos de fondos salariales, sino por los aumentos de producción; es un engaño aumentar salarios si no hay un equivalente de aumento en bienes de producción; aumentemos primero la producción, ahorremos trabajo innecesario, evitemos sobrecargar las empresas de empleados innecesarios, de burocracia; si cada empresa hiciera lo que ha hecho la empresa azucarera, que ha amortizado miles de plazas de obreros que antes trabajaban en el central tres meses, ahora trabajan todo el año en un camión. Esas plazas las amortizó.
Hay muchos sectores de la producción donde hay un exceso de gente, y cuando hay exceso de gente en un lugar es gente que no produce, y cada cual debe estar allí donde más produce. Si nosotros, en el sector de la distribución tenemos 130 000 o 140 000 y 100 000 pueden hacer esas tareas, podríamos tener esos 30 000 o 40 000 en otros trabajos más productivos. Evitemos la sobrecarga de empleados burocráticos, empleados de oficinas.
Hay que establecer las escalas de salarios, hay que racionalizar el trabajo, hay que establecer las normas, hay que establecer los métodos adecuados para que venzamos las escaseces. Recuerden que a la hora de sentarse a la mesa todos consumimos bienes materiales, todos, y todos exigimos nuestra parte de bienes materiales, pero si somos unos pocos produciendo bienes materiales y muchos sin producir bienes materiales de ninguna índole, entonces habrá poco a la hora de sentarse a la mesa.
Y ya hoy nuestro pueblo está aprendiendo todas esas cosas, ya nuestro pueblo ve en el vago, en el parásito, un enemigo (SILBIDOS Y APLAUSOS); en el ausentista ve un enemigo, que no quiere producir, en el empleo innecesario, ve un enemigo; en la burocracia inútil, cuando es una burocracia que no sirve, que no rinde un servicio. Porque claro está, un maestro no está produciendo bienes materiales, pero está preparando, está educando; un médico está curando; un músico está alegrando al pueblo —digamos—; un artista. En fin, hay muchos trabajos que no son de producción de bienes materiales; un oficinista también, que lleva determinadas contabilidades, determinados trabajos, es decir, que en la oficina también se trabaja, se es útil. Lo que es malo es el exceso de empleados en las oficinas, el exceso de empleos improductivos.
Eso es lo que debemos saber, y que el camino de la abundancia para todos está en el aumento de la producción, en el mayor número de hombres y mujeres trabajando en la producción, y que si queremos tener fábricas, mecanizar nuestra agricultura y tener barcos de pesca mayores es porque queremos aumentar la productividad del trabajo, elevar la capacidad de producción de cada ciudadano, para que a cada ciudadano le pueda corresponder más.
Sabemos también que aun subsisten privilegios, sabemos que aun existe toda una capa de burgueses parásitos en nuestro país y que tienen muchas cosas, muchos privilegios ; sabemos, incluso, que hay una circulación de billetes en cierta bolsa negra, de propietario a propietario; que en esa clase social, en esa capa burguesa, hay abundancia de todo, de cosas que el obrero, el que gana un salario no puede adquirir; sabemos además, que esa capa burguesa trata de corromper a los empleados que tiene a sus órdenes; nosotros sabemos de casos de burgueses que antes de irse han duplicado el sueldo de la empresa que tienen para crearle problemas a la Revolución, para obligar a la Revolución a rectificar aquello; nosotros sabemos de burgueses que están podridos en dinero y que corrompen, tratan de corromper gente, ampliar su base, sabemos de esas cosas.
Y son problemas que todavía tiene la Revolución, por delante, que resolver; pero no se pueden resolver de un día para otro, de la noche a la mañana. Esos problemas tendrán que ser resueltos un día, más tarde o más temprano, porque cada vez más este tiene que ser un país de trabajadores y cada vez menos tiene que ser un país de parásitos. Y así tenemos todavía muchas cosas que establecer, que ordenar, que organizar.
Nosotros hemos conversado con el compañero Ministro de Educación y le hemos dicho: mira, de cada 30 o 40 muchachos, entre ellos hay cuatro o cinco que faltan a la escuela en la secundaria básica. Y eso es malo; muchos de ellos procedentes de familias burguesas o pequeñoburguesas, que no les inculcan el sentido del estudio, eso es malo, porque vamos incubando parásitos, y entonces bajo el socialismo se nos va a desarrollar un adolescente inculto, ignorante, parasitario. Hay que tomar medidas, le planteaba al compañero Ministro de Educación, de manera que el ausentista de la escuela secundaria básica se castigue; que se establezca la obligatoriedad de enseñanza hasta la secundaria básica, y que el joven ausentista e indisciplinado y vago se mande a determinadas escuelas en las montañas, de manera que ese filtro no pase, porque la sociedad socialista no ha de permitir, no debe permitir que en su seno se desarrolle el elemento parasitario, el lumpen en potencia del mañana, y para eso tendremos dos instituciones: la escuela y el Servicio Militar Obligatorio (APLAUSOS PROLONGADOS y EXCLAMACIONES DE: “¡Fidel, seguro, a los vagos dales duro!”).
A veces hay gente por ahí, de vagos, ¿usted trabaja? No, ¿usted es miliciano? No, ¿qué hace?, ¿a qué se dedica?, ¿de qué vive? ; a veces hay que mandar a un buen obrero, muchas veces, buenos productores, buenos obreros, trabajadores de verdad, hay que mandarlos a las unidades de combate a defender la patria, sacrificando la producción, mientras hay muchos señoritos por ahí que no hacen absolutamente nada , y tenemos que estarles pidiendo sacrificios a los trabajadores, a buenos trabajadores, que vayan a una unidad, que sirvan en tal unidad para poder mantener nuestras unidades; siempre pidiéndoles el sacrificio a los trabajadores.
¿No es lo justo que se establezca como un deber el defender la patria, no de unos cuantos sino de todos? (DEL PUBLICO LE CONTESTAN: “¡Sí!”)
Naturalmente, que cuando esa legislación se haya estudiado y se haga, se deberá tener en cuenta los distintos pasos y un sistema de preferencia, a quiénes se van a llamar primero y a quiénes después, de manera que llamemos de una manera racional a ese servicio y que no afectemos la educación, que no afectemos la formación de técnicos, que no afectemos la producción, porque entonces podemos, según el papel social, la tarea que está realizando un ciudadano, llamarlo o no, para cubrir nuestras necesidades.
Ya afortunadamente, nuestro ejército tiene una gran organización, la suficiente organización, suficiente número de cuadros de oficiales y de clases que están en condiciones de instruir y estar nuestro país en condiciones de organizar un ejército no solo a base de las milicias, sino del Servicio Militar Obligatorio; seguirá existiendo la milicia, seguirán existiendo los milicianos , todo el mundo será soldado de la patria, pero no estarán prestando servicio permanente, solo una parte, solo los trabajadores, que tienen familia muchas veces y que aunque son magníficos soldados no es lo justo y no es lo más conveniente al país. Ahora, todo joven tendrá que pasar por la escuela o por el ejército; y esas serán instituciones enemigas de la vagancia, enemigas de la indisciplina, enemigas del lumpen. Días llegarán en que no quedará un solo garito por ahí, no quedará un solo billar por ahí como no sea un club de trabajadores. Y hasta las vallas de gallos — con todo y que nosotros estimamos y queremos mucho a los campesinos—, hasta las vallas de gallos algún día desaparecerán también (EXCLAMACIONES).
Porque, desde luego, existían ciertas vallas, en ciertos lugares, pero lo peor es que en algunos lugares han puesto vallas nuevas; ninguna autoridad revolucionaria, ni municipal ni local, a ningún nivel deben permitir que establezcan ni un solo garito de juego más de esos, o vallas de gallos. Nosotros tenemos que combatir el vicio, de una manera y de otra, y de una manera consecuente, porque, les cerramos la puerta, y entran por la ventana.
En fin, es hora de que nos planteemos qué país queremos ser, qué clase de ciudadanos queremos ser, qué clase de ciudadanos queremos formar, y ustedes lo ven: ustedes ven lo que es el estudio, lo que es la conciencia, lo que es la disciplina, alrededor de ustedes, la disciplina de nuestros soldados, de nuestros estudiantes, de nuestras campesinas, del pueblo todo; de su clara visión política, de su clara comprensión de los problemas. Este es el resultado de nuestro trabajo; este es el resultado de la organización.
¿Qué queremos ser dentro de cinco, dentro de diez, dentro de veinte años? Tenemos que plantearnos eso: ¿Qué tipo de ciudadano será el ciudadano del mañana, cómo será el país de mañana? Nosotros tenemos que plantearnos esos problemas y luchar por eso.
Por eso es que derramaron su sangre tantos hombres; por eso ha venido luchando nuestro pueblo desde la independencia, desde aquellos bravos mambises que lucharon 10 años, sin ver coronada la obra , desde los heroicos combatientes de la independencia que lucharon tan tesoneramente, para no ver a Cuba intervenida por los norteamericanos; por eso tantos hombres gloriosos y gigantes murieron, nuestros próceres de la independencia: Martí y Maceo, Gómez , cuyos nombres, cuyos nombres debemos venerar cada vez más y más en toda su grandeza, por lo que hicieron para que tengamos esto.
Yo le decía ayer a un grupo de compañeros que nos reunimos, le decía que sin aquel esfuerzo nuestro país habría sido colonizado por los yanquis como Puerto Rico, no habríamos tenido el status quo que teníamos; aunque status quo de país capitalista y sometido al imperialismo pero no el de país colonializado. Y ese status quo se logró con la sangre de nuestros mambises, con la sangre de nuestros libertadores que construyeron los primeros escalones, que construyeron los primeros peldaños de esta epopeya, que hicieron posible esta oportunidad de hoy, el esfuerzo de todos, de los que cayeron luchando en la república.
Porque esta obra, solo en parte, es obra nuestra, y en su mayor parte es obra de los que nos precedieron y de los que fueron preparando el camino. Nosotros somos el pueblo privilegiado que ha tenido la oportunidad de ver, un poder suyo, una revolución suya, un triunfo suyo, una oportunidad suya.
Y esta oportunidad es para saberla aprovechar, para saberla utilizar; no andar con melindres, no andar con quejas, sino al trabajo, a producir, a crear lo que necesitamos, a levantar la conciencia, a luchar por la organización, a resolver nuestros problemas, porque somos la generación privilegiada que ha tenido la oportunidad, ¿y qué es eso que vemos ahí, sino una oportunidad?
Quienes podemos como nosotros ver desde esta tribuna aquella inmensa masa de jóvenes que ocupa ya las faldas del Príncipe, tendrían una idea concreta de lo que es el porvenir, cómo se forja en nuestra juventud. ¿Dónde están los hijos de ustedes?, educándose, preparándose con todos los recursos, sin que nada les falte, sin discriminación, sin pobres; porque allí ninguno es pobre, porque allí todos tienen absolutamente lo que se necesita. Y eso es adelantar, eso es progresar; eso es una imagen de lo que será el mañana.
Por eso, hoy que no nos reúne solo el entusiasmo, sino que nos reúne el entusiasmo más la conciencia, más el sentido del deber, más el llamado de la patria, meditemos ; ¡ya que vamos madurando, ya que llevamos varios años de Revolución, examinemos nuestro trabajo, meditemos sobre nuestros deberes, cumplamos, trabajemos, esforcémonos!; cumplamos esa consigna de que, la llamada no es a las armas, sino al trabajo; pero en el trabajo con el arma al lado, al trabajo con el arma al lado.
Y cada uno de nosotros hagámonos un propósito ante nuestras propias conciencias, ante nuestros compañeros caídos, ante los que murieron sin poder ver esto, los que dieron su vida en las horas oscuras de la lucha clandestina, sin el aliento de todo un pueblo detrás de una revolución, los que perecieron en los combates de los intrincados bosques sin poder tener este privilegio; ante ellos, propongámonos cumplir el deber, trabajar; preguntarnos qué hemos hecho, si hemos hecho suficiente; preguntarnos si nos podemos sentir satisfechos de lo que hemos hecho, o avergonzados de no haber hecho más. Y que esta conciencia, este sentido del deber, se vuelva organización, y dentro de la organización, se vuelva Partido, Partido Unido de la Revolución Socialista.
Muchas tareas tenemos por delante: concluir primero la organización completa y cabal de nuestro Partido. Y después hay muchos otros problemas que resolver; problemas que se refieren a la vida local, a la vida institucional y local; problemas que se refieren a la vida institucional del Estado y que en los próximos años tenemos que llenar, tenemos que resolver, que no hemos resuelto en los primeros años, y hemos hecho bien. Porque no es lo mismo construir sobre la realidad, que construir sobre la imaginación; sobre la realidad iremos construyendo nuestras instituciones locales, nuestras instituciones regionales, nuestras instituciones estatales, nacionales; problemas que tenemos por delante y que hemos de resolver, porque tenemos que seguir siendo ejemplo, tenemos que seguir señalando el camino a los pueblos hermanos de América Latina, y tenemos que elaborar y crear una respuesta para cada una de sus inquietudes, para cada una de sus preguntas: ¡Ese es nuestro deber!
¡Patria o Muerte!
¡Venceremos!
FIDEL CASTRO RUZ

Fuente: http://www.cuba.cu/gobierno/discursos

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