julio 15, 2012

Discurso de Fidel Castro en la Base Naval de Cabañas, Pinar del Río (1963)

DISCURSO EN LA BASE NAVAL DE CABAÑAS, PINAR DEL RIO
Fidel Castro
[3 de Agosto de 1963]

― Departamento de versiones taquigráficas del Gobierno revolucionario ―

Coronel Boumedien, viceprimer ministro y ministro de las Fuerzas Armadas de la República Popular de Argelia y demás miembros de la delegación argelina;
Señores representantes, diplomáticos y técnicos militares de la Unión Soviética;
Compañeros del Estado Mayor;
Compañeros alistados, clases y oficiales de la Marina de Guerra Revolucionaria:
El día de hoy siempre quedará en nuestro recuerdo como un día histórico de nuestra Marina de Guerra Revolucionaria. En oportunidades como esta se puede meditar y comprender mejor que en ninguna otra oportunidad lo que es el resultado del esfuerzo. Y aquí hemos visto los frutos de un esfuerzo tesonero que ha hecho posible la creación de un cuerpo armado nuevo, disciplinado y capacitado.
A nosotros nos ha impresionado grandemente observar en el día de hoy la disciplina, el espíritu revolucionario y el adelanto técnico de nuestra marina, hasta un grado que es verdaderamente sorprendente, porque sabemos que todo esto se ha hecho sobre la marcha de la Revolución. Sabemos que esto no existía cuando la Revolución triunfó, y que fue necesario organizarlo todo y crear una nueva Marina de Guerra Revolucionaria. Ese éxito se debe al esfuerzo y a la conjunción del esfuerzo de muchos compañeros.
Han participado compañeros cubanos, marinos cubanos, hombres de la antigua marina de guerra que se incorporaron a la Revolución, porque fue la marina, entre los viejos cuerpos armados, el cuerpo donde el espíritu revolucionario penetró más, y el cuerpo que tuvo una participación en la lucha por el triunfo revolucionario. Sangre generosa de marineros que se rebelaron contra aquel régimen de explotación y de tiranía se derramó en la lucha.
No quiere esto decir, naturalmente, que aquel fuera un cuerpo al servicio del pueblo; aquel era un cuerpo, como todos los cuerpos armados del viejo régimen contra el pueblo, contra los intereses del pueblo, al servicio de los enemigos del pueblo, al servicio de los explotadores del pueblo y al servicio del imperialismo.
Pero aun dentro de aquellos cuerpos hubo revolucionarios, hubo hombres que tuvieron el sentido del patriotismo, que tuvieron conciencia revolucionaria, que se rebelaron contra aquello. Y así, en la marina, no fue reducido el número de oficiales, de clases y de alistados que se incorporaron al proceso revolucionario, que fueron perseguidos, que fueron destituidos, que fueron encarcelados, e incluso que fueron asesinados por la tiranía batistiana.
Sin embargo, aquellas semillas de rebeldía dieron sus frutos y nos permitieron contar con un número de compañeros que ya tenían experiencia en cuestiones de la marina de guerra y que, incorporados plenamente al proceso revolucionario, a nuestra Revolución socialista, han contribuido grandemente a la organización y a la creación de esta nueva Marina de Guerra Revolucionaria.
Han contribuido también extraordinariamente los técnicos militares soviéticos, que nos han trasmitido sus experiencias y sus conocimientos; sus experiencias tanto técnicas y combativas, como sus experiencias de organización. Sin su ayuda, no habríamos podido nosotros en el día de hoy hacer este despliegue de disciplina y de organización impresionante que hemos visto.
Y, desde luego, sin la ayuda de la Unión Soviética, no habríamos podido contar con el equipo naval con que hoy contamos.
Es el hecho de que con el esfuerzo de nuestro pueblo, con la colaboración generosa de la Unión Soviética, hemos logrado organizar nuestra Marina de Guerra Revolucionaria, y podemos decir hoy que nuestras fuerzas armadas, junto al Ejército Rebelde, junto a la Fuerza Aérea Revolucionaria, junto a los cuerpos de Seguridad del Estado revolucionario, junto a las Milicias Revolucionarias, junto a las unidades de tanques y a las unidades de artillería, cuentan también con un poderoso cuerpo armado y revolucionario en los compañeros alistados y clases y oficiales de la Marina de Guerra Revolucionaria.
Nada de eso teníamos al principio; un ejército guerrillero eficiente, valiente, pero reducido y sin disciplina; y, sobre todo, apenas armado. No teníamos aviación, no teníamos artillería, no teníamos unidades blindadas, no teníamos unidades de artillería antiaérea y de medios de defensa antiaérea modernísimos, no teníamos una fuerza naval equipada y entrenada para defender al país. No lo teníamos y, sin embargo, ya lo tenemos.
Y lo tenemos, realmente, porque lo necesitamos, y porque lo necesitamos en un grado muy alto. Pero la Revolución se ha ido haciendo así. Tampoco en un principio teníamos ejército guerrillero, y el ejército guerrillero comenzó con un puñado de hombres. Era un número muy reducido. Recordamos perfectamente bien cómo los primeros fusiles que volvieron a reunirse después del revés inicial, cuando nuestro desembarco, eran siete fusiles.
No había ejército guerrillero y sobre la marcha, luchando tesoneramente y con fe en el pueblo, con fe en las masas, con fe en nuestros trabajadores y en nuestros campesinos; conscientes del patriotismo de los cubanos, conscientes de la tradición de lucha de nuestro país, fue posible crear aquel ejército.
Así, en un principio, cuando empezamos la lucha revolucionaria, aun antes del “Granma”, porque ya cuando el “Granma” teníamos algunos fusiles, la lucha comenzó con pistolas, con escopetas de caza y con fusiles 22.
Nosotros recordamos esto, porque resulta realmente interesante contrastar aquel inicio con esta actualidad de las fuerzas revolucionarias de nuestro pueblo.
Y al principio también nuestra marina puede decirse que se reducía al yate “Granma”, y el yate “Granma” no tenía cohetes, no tenía torpedos, no tenía antiaéreas; el yate “Granma”, cuando cruzó desde Tuxpan hasta la zona del golfo de Guacanayabo, en siete días, navegando un promedio de ocho millas —ahora me dicen que arreglaron los motores y está corriendo el “Granma” 16 millas—, pero en aquel tiempo nosotros, por toda artillería, disponíamos de un fusil antitanque, con cinco balas. Esa era nuestra artillería; no tenía peine aquel fusil antitanque; podía disparar porque se les podían poner una a una las balas, y toda nuestra esperanza estaba en defendernos con aquel fusil antitanque si nos encontrábamos algún guardacostas, alguna fragata, y también con los fusiles de infantería.
El yate “Granma “, les voy a contar que a las 24 horas más o menos de haber zarpado, es decir, al día siguiente de haber zarpado —nosotros zarpamos en horas de la madrugada—, y aproximadamente en horas del mediodía, cuando estábamos a unas 100 millas de la costa más cercana, comenzó a hacer agua; y comenzó a hacer agua de una manera que, realmente, a nosotros, que no éramos muy marinos y no entendíamos mucho de esas cosas, nos parecía peligroso. Y es lo cierto que el agua ya llegaba al piso, y entonces las bombas no funcionaban; y con cubos, rápidamente, organizando una cadena, comenzamos a sacar agua del “Granma “.
Y nosotros nos decíamos: ¿Qué hacer en estas circunstancias? Entonces, nos estuvimos como una hora contemplando la lucha contra el agua, para ver si era más la que salía con nuestros cubos y nuestras cadenas, o la que entraba, antes de tomar una decisión. Y, realmente, al cabo de una hora, se comenzó a ver que había disminuido algo así como una pulgada, muy difícil de percibir por el movimiento de las olas, pero que se vio que estábamos ganando la lucha contra aquel peligro que se nos había presentado.
Después también ustedes saben que tuvimos un incidente en la travesía. La noche antes de llegar un compañero, en una noche oscura, muy oscura, cayó al agua. Y aquello nos obligó a nosotros a estar entre media hora y tres cuartos de hora buscando tesoneramente a aquel compañero, hasta que apareció. Pero eso nos hizo perder algún tiempo. Y nos sorprendió el amanecer antes de llegar a la costa; nos obligó a llegar a la costa, porque también parece que aquellas cartas no funcionaban bien, los canales no aparecían, y se veía algo enfrente que parecía costa, y nosotros dijimos: pues, si eso es la costa, vamos a desembarcar en esa misma costa.
Lo que no sabíamos era que habíamos desembarcado en un lugar tan pantanoso que en ciertos instantes estuvimos pensando si sería realmente una costa firme o sería un cayo; hasta que al cabo de dos o tres horas se encontró tierra firme.
Pero nosotros comenzamos también la Revolución desde el mar, y como decía el compañero Díaz Astaraín, aquello fue una operación de desembarco naval.
Es decir que nuestra Revolución tiene en sus orígenes una vinculación al mar, una pequeña historia marítima y una pequeña embarcación que afortunadamente se ha podido conservar y con la cual hemos tenido hoy, todos nosotros, la inmensa satisfacción de poder pasar revista a nuestra moderna flota de guerra.
En fin, de muy poca cosa, prácticamente de la nada, comenzando con muy pocos recursos, simplemente porque nos asistía una concepción correcta de la lucha, una táctica correcta de lucha, una estrategia correcta, una convicción profunda en los valores de nuestro pueblo, en el espíritu de nuestras clases explotadas, fue posible ir desarrollando todos los medios de lucha con que hoy cuenta nuestro pueblo para seguir adelante esa Revolución que se comenzó con fusiles 22, pistolas y escopetas de caza.
Y sobre la marcha nuestro país ha ido librando batallas, y ha ido ganando batallas, batallas históricas, batallas que han salvado la Revolución. Y así recordaremos cómo fue la vez del ataque de los mercenarios, bien escoltados y apoyados por el imperialismo norteamericano. En aquellos días no teníamos estos medios de combate; no teníamos la aviación, la artillería, las unidades blindadas que tenemos hoy. Apenas los primeros artilleros, los primeros tanquistas, unos pocos aviadores y sin embargo, se equivocaron con nuestro pueblo, se equivocaron los sesudos generales del pentágono con nuestro pueblo y con nuestras fuerzas armadas, nos subestimaron, calcularon mal, creyeron que nuestros aviones se habían destruido en tierra; no pensaron que nosotros podíamos tomar la elemental medida de dispersar esos aviones y protegerlos con unas cuantas ametralladoras antiaéreas; no pensaron que habríamos podido mover nuestros cañones y saber utilizar nuestros cañones que habían llegado apenas unos meses antes; no calcularon que ya contaríamos con algunos tanquistas.
Y sobre todo, no contaron con el valor de nuestros combatientes, con el valor de nuestros aviadores, de nuestros artilleros, de nuestra infantería.
Y en aquellos días, en que ellos vinieron con una flota a atacar, no contábamos con esta marina y apenas unos pocos aviones y unos pocos pilotos. Recordaremos cómo una de nuestras unidades navales fue atacada en Isla de Pinos, y cómo perdieron la vida varios compañeros en aquel cobarde ataque.
Hoy las cosas son distintas. Porque también recordaremos cuántas veces atacaron nuestras costas; también recordaremos cómo penetraron una vez en la refinería de Santiago de Cuba, desde una base procedente de Puerto Rico para tratar de destruir a nuestra refinería. Los ataques por sorpresa que impunemente lanzaron contra nuestro país, partiendo desde bases cercanas, en territorio norteamericano o centroamericano.
Recordamos todo aquello y hoy, no son esas las condiciones, porque hoy nosotros nos preguntamos: ¿Pueden lanzar contra nosotros un ataque mercenario? ¿Qué pasaría? Porque en aquellos días, recordamos bien, que durante la batalla de Girón se informó de un desembarco por el norte de Pinar del Río. Y nosotros dijimos: Ah, ahora va a entrar nuestra marina, que era pequeñita, que empezaba, pero que si le hubieran dado oportunidad de combatir, se habría distinguido mucho también.
Y entonces las fragatas se pusieron en estado de alerta y en marcha, ya tenían las cuatro bocas instaladas porque era lo que se había podido hacer para mejorar su armamento.
¡Ah! Si se hubiera producido un desembarco también por el norte de Pinar del Río, entonces habrían entrado en acción nuestras unidades navales, y habrían entrado en acción también pues otras unidades de combate, pero habrían jugado un papel importante contra un desembarco de aquel tipo.
Pero en aquel tiempo, no teníamos unidades navales de combate en Cienfuegos, no teníamos unidades navales de combate en Oriente, apenas teníamos esos barcos, muchos de los cuales estaban en condiciones de abastecimiento de piezas, muy difíciles.
¿Qué sería ahora si se produce una invasión de ese tipo? ¿Qué sería ahora si protegidos por unas cuantas unidades de escuadrillas de MIG -21 esas lanchas coheteras le salen al paso a una fuerza expedicionaria atacante? ¿Cuánto durarían los barcos invasores? ¿Cuánto durarían los transportes enemigos? Es que posiblemente no se librara la batalla en tierra, la batalla se libraría en el mar.
Luego el enemigo no puede pensar hoy en una invasión tipo Girón, porque saben que estarían condenados a la derrota, si mandaran, no una, si mandaran diez. Las diez invasiones durarían menos de lo que duró aquella sola invasión.
Y el enemigo puede emplear dos tácticas: o el ataque directo sobre nuestro país, para el cual debemos estar preparados, debemos saber estar perfectamente preparados, debemos conocer cómo emplearíamos nuestras unidades de combate, cómo emplearíamos cada una de nuestras unidades de combate, nuestras coheteras, nuestras torpederas, nuestra aviación, cómo protegeríamos nuestras bases, cómo sacaríamos el máximo de provecho.
Porque se sabe que si el imperialismo decidiera lanzar un ataque sobre nuestro país, habría llegado la hora de una batalla muy dura y muy sangrienta para nuestro pueblo; pero que frente a ese peligro, frente a esa eventualidad, sabríamos que en nuestro pueblo no habría miedo, sabemos que en nuestro pueblo no habría retroceso, sabemos que llegada esa hora, no habría un solo marinero, un solo soldado, un solo miliciano, un solo aviador, un solo artillero, un solo combatiente, que dejara de cumplir con su deber, que sintiera miedo.
Porque si ese día llegara, sabríamos que habría llegado el día del gran sacrificio por la patria, sabríamos que habría llegado el día de librar la más heroica lucha que cualquier pueblo hubiese librado nunca. Sabríamos que habría llegado la hora de enseñarles a esos imperialistas, con qué pueblo se las iban a ver, con qué pueblo tendrían que luchar; de una batalla que empezaría allá, desde los mares y que no se salía mientras hubiera un solo hombre en pie, un solo combatiente en pie, un solo fusil en manos de un cubano.
Y por eso, no tenemos miedo, porque sabemos que somos un pueblo que tenemos condiciones, que tenemos patriotismo suficiente para enfrentar cualquier prueba de ese tipo, y además, porque en esa batalla no estaríamos solos.
Ahora bien, nuestra tarea es nuestra tarea, y si el imperialismo nos ataca, somos nosotros quienes tenemos que librar las primeras batallas; somos nosotros quienes tendríamos que asestar al enemigo imperialista los primeros golpes.
Y para eso es que necesitamos tener una gran preparación combativa. Sabemos que el enemigo tiene también muy modernos y aun superiores medios de guerra que nosotros, pero nosotros estaríamos defendiendo nuestro suelo, nosotros estaríamos defendiendo nuestro mar, nosotros estaríamos defendiendo nuestra tierra. Y hay que ver quién combate mejor, hay que ver quién siente más decisión y más desprecio hacia la vida, si el pirata que viniera aquí a destruir la obra de nuestro pueblo, o los hombres que estuvieran defendiendo su tierra, sus mares, su cielo, contra el invasor extranjero.
Y siempre, desde luego, tendremos que estar en guardia, porque mientras exista imperialismo yanqui siempre habrá peligro; el peligro de las aventuras guerreristas de los imperialistas y hasta, incluso, el peligro de las equivocaciones y de los errores de los imperialistas.
¿Cuál es la otra táctica que ellos podrían emplear contra nosotros? Y es la que todo parece indicar que van a emplear en los próximos meses: la táctica de lucha irregular, la de ataques comandos de piratas, la de introducción de grupos, de elementos armados, la de promover la subversión dentro, introduciendo armas para los contrarrevolucionarios.
Sabemos que actualmente en Nicaragua tienen organizadas sus bases para esos ataques, y que están trabajando febrilmente organizando esas bases y entrenando el personal; sabemos los planes que tienen porque les vamos capturando algunos elementos, les vamos capturando algunos infiltrados, les vamos capturando algunos espías; y tenemos información valiosa acerca de lo que están haciendo.
Y ahora, con ese cinismo que caracteriza a los imperialistas, con esa hipocresía que los caracteriza, ellos dicen: “No, no, desde territorio americano, no. “ Pero entonces van y contratan a un gobierno títere. Y en este caso a uno de los gobiernos que ya utilizaron la otra vez, aunque no sabemos por cuánto tiempo lo podrán estar utilizando, porque nosotros sabemos que ya hay patriotas nicaragüenses allí en las montañas de Nicaragua, organizando bases de guerrillas y combatiendo contra los explotadores.
También en Guatemala se entrenaron, pero veamos ahora si tienen tiempo, si les alcanza el tiempo para combatir la revolución allá adentro, y si les alcanza el tiempo para combatir a las columnas de guerrilleros que están luchando allí dentro de Guatemala. Y, por eso, no se sabe cuánto tiempo los imperialistas podrán contar con estos gobiernos alquilados para agredir a Cuba, pero la cosa cada vez se les hace más difícil.
Ya nosotros sabemos. Ahora, nos preguntamos: ¿Por qué hacen eso? ¿A qué se debe esa estupidez? Y es la misma estupidez de la otra vez.
Cuando ellos hicieron sus planes sobre Girón, habían calculado una situación anterior: “Esta gente no tienen pilotos, no tienen aviones, no tienen artilleros, no tienen... Y nosotros con una brigada muy bien entrenada, con tanques, con apoyo aéreo, etcétera, con ataque por sorpresa, destruyéndolo todo, podemos apoderarnos de un pedazo del territorio, establecer un gobierno allí y después meter detrás la fuerza del imperialismo, solicitadas por un gobierno reconocido por este.”
Pero calcularon mal. Cuando llegó la cuestión todas las bases sobre las cuales habían calculado eran viejas, porque lo que los reaccionarios y los imperialistas no podrán entender nunca es la rapidez con que se desarrolla una revolución, con que trabajan los revolucionarios; cómo los revolucionarios rompen los viejos moldes, rompen la rutina y hacen cosas que no se hacen en tiempos normales; porque en las revoluciones se hacen todas las cosas rápidamente, todas las cosas más increíbles, y se desarrollan rápidamente los cambios.
Ellos calcularían que nosotros tendríamos unos 100 o 200 artilleros, y cuando llegaron teníamos varios miles de artilleros. ¿Por qué? Porque nosotros habíamos ideado los medios de entrenamiento rápido y eficaz cuando sabíamos que estaban preparando su expedición. Y por eso los sesudos, los inteligentes, los supertécnicos del Pentágono se equivocaron, y sufrieron una vergonzosa, ridícula y aplastante derrota en manos de nuestro pueblo.
Pues ahora bien: ellos calculan un pueblo desprovisto de defensas navales. La otra vez ellos lanzaron sus armas en paracaídas; ellos traían sus armas por mar. Claro que ya lo de paracaídas es un poquito más difícil, porque hay un numeroso personal aprendiendo el manejo de esos cohetes de tierra-aire; y en un momento dado ya tendremos baterías perfectamente entrenadas de esas tropas, capaces de manejar los cohetes tierra-aire.
Nosotros sabemos que sus avioncitos están volando alto, no bajito; porque desde que se dio la orden de disparar contra los vuelos rasantes, da la casualidad que no han querido volar más; han estado volando alto, ya no quieren volar bajo. Ellos vuelan bajo en política, pero en materia de aviones espías no quieren volar bajo, quieren volar alto. Y entonces, para ellos sería un poco embarazoso eso de enzarzarse en las aventuras de estar metiendo avioncitos aquí para tirar armas, porque un buen día se pueden empezar a caer aviones de todo tipo que estén volando sobre el territorio nacional.
Y lo mismo si lanzan algún ataque aéreo contra alguna refinería. Esas son provocaciones que pueden dar lugar a que nosotros empleemos nuestros medios de combate, y pongamos fuera de combate a todo avión que vuele sobre el territorio nacional. Es decir que por aire se les hace ya más difícil.
Y por mar, ¿qué piensan ellos? Pues que somos un país desprovisto de defensa naval. Y posiblemente han hecho todo su plan, todo el plan, calculando no lo de ahora, sino lo de atrás, cuando no teníamos cuadros, cuando no teníamos técnicos, cuando no teníamos equipos. ¿Y qué andan haciendo? En el momento en que nosotros graduamos docenas y docenas de compañeros en las academias navales, en el momento en que un numeroso personal se ha entrenado, en el momento en que nosotros recibimos toda una flota cohetera, en el momento en que nosotros estamos recibiendo lanchas que navegan a una extraordinaria velocidad, coheteras que se pueden mover a una gran velocidad, en el momento en que nuestras fuerzas aéreas ya cuentan con un numeroso personal instruido también en los equipos; se ponen a organizar esos planes de hacer bases desde allí desde Nicaragua para introducir armas, para hacer ataques piratas contra nuestro territorio, para formar las guerrillas, guerrillas contrarrevolucionarias. Y a la hora en que les estamos limpiando las bandas, a la hora en que está tocando ya el fin de las últimas bandas contrarrevolucionarias, y cuando tenemos numerosísimos batallones con un gran entrenamiento y una gran experiencia, y que cuando lleguen se van a encontrar que ya no hay ninguna, eso es lo que se van a encontrar... Porque también la otra vez antes de Girón, trataron de desarrollar las bandas en el Escambray, pero antes de Girón les movilizamos 50 000 hombres, les limpiamos el Escambray y cuando llegaron no había nadie en el Escambray. Ahora no hará falta movilizar tantos hombres. ¡No!, porque ya son hombres con mucha mayor experiencia, cuadros de oficiales con una gran capacidad técnica. Y el resultado es que, por ejemplo, en Matanzas, donde habían estado las bandas merodeando casi durante dos años, fueron liquidadas en menos de dos meses, con un número relativamente pequeño de hombres. En este momento están reducidas al mínimo en la provincia de Las Villas, y dentro de algún tiempo no quedará un solo bandido por todos aquellos alrededores.
Luego, cuando lleguen ya no habrá bandas, y estará toda la organización de nosotros hecha en todos esos sitios.
Luego, ¿qué es lo que van a hacer?, ¿qué es lo que pueden hacer? Ya no estamos en la situación de indefensión aérea que estábamos entonces; ya no habrá bandas, y ya no estamos en la situación de indefensión naval que estábamos nosotros. Porque ahora cuando los compañeros de la Aviación, del Ejército, de la Seguridad, de la Inteligencia y de la Marina comiencen a coordinar sus planes, veremos qué pueden hacer con sus bases, veremos qué pueden hacer el día que les despleguemos la flota en el camino, con apoyo aéreo; veremos qué pueden hacer cuando estén todas esas lanchas rápidas, mucho más veloces que las de ellos, o cuando lleguen otras lanchas aun más veloces, que están ahora en experimento y que vendrán también a nuestro país.
Claro que nuestro país tiene una gran extensión de costa, claro que será de todo punto imposible evitar alguna acción, pero en esencia, en lo fundamental, parece que han elaborado sus planes sobre la base de que van a campear por su respeto en los mares alrededor de Cuba. Y se van a encontrar con una sorpresa: toda una flota de guerra, todo un personal entrenado, todo un cuadro de oficiales competentes, todo un cuadro de combatientes nuevos, revolucionarios, llenos de patriotismo. ¿Con quiénes creen los piratas que se van a enfrentar?
Ellos posiblemente no se imaginan lo que hay en el corazón de cualquiera de nuestros combatientes, de esos muchachos que cuando se les pregunta la edad dicen: “15 años, 16 años, 17 años “, y andan manejando ya cohetes, andan manejando una técnica modernísima a base de combustibles especiales, equipos de dirección especiales, equipos electrónicos especiales, de manera que impresiona realmente ver esos muchachos tan jóvenes como están manejando ya esa técnica.
Y así, con la coordinación de nuestro Servicio de Inteligencia, nuestro Cuerpo de Seguridad, nuestra aviación, nuestro ejército y nuestra marina, estaremos en condiciones de combatir los planes que ellos están fraguando ahora. Porque están haciendo planes por mar, y no tienen ni idea de lo que les va a salir al paso.
Y así, por eso, ustedes, compañeros, deben tener una mentalidad de combatientes muy flexible, de combatientes capaces de cumplir tareas en una guerra convencional contra un ataque directo, y de combatientes capaces de cumplir tareas para una guerra irregular. Hay que tener esa flexibilidad mental para la guerra convencional y para la guerra contra piratas.
Nuestra tarea es defendernos, ¡que los pueblos de América Latina se encargarán de hacer el resto!
¿Qué ha ocurrido, qué ha ocurrido? En tanto crece y se fortalece la Revolución, en cuanto es mayor la unión, la hermandad y la conciencia revolucionaria de todo nuestro pueblo, las oligarquías se desintegran, los gobiernos reaccionarios se desintegran, los sistemas de los explotadores se desintegran, el imperialismo se desintegra en la América Latina y sus planes fracasan. Mientras el prestigio de la Revolución crece, y el respeto a nuestro país crece, el respeto hacia nuestra Revolución crece, el respeto hacia el imperialismo se pierde.
Los gobiernos son víctimas de las contradicciones, de la inestabilidad. ¿Por qué? Porque en una situación donde cada vez son más pobres los pueblos, donde crece más la población de lo que crece la economía, sistemas sociales caducos, cuando la conciencia de los pueblos reclama el cambio y reclaman más justicia, porque no quieren ya seguir más descalzos, más analfabetos, no quieren seguir más hambrientos, discriminados y explotados, ocurre que el fenómeno de la Revolución Cubana se hace cada vez más histórico, cada vez más influyente en todo un continente, mientras el imperialismo se desintegra.
Y tenemos por delante un futuro, tenemos por delante un continente en revolución, del cual Cuba es vanguardia, del cual Cuba es ejemplo, del cual Cuba es bandera; un continente que sacudirá el yugo, un continente que se liberará del imperialismo.
Desde luego que en el transcurso de ese proceso siempre habrá peligro para nosotros, siempre los imperialistas estarán tentados a clavar sus garras sobre el pueblo revolucionario de Cuba. Y por eso debemos estar fuertes, debemos estar bien organizados, bien disciplinados, bien equipados y bien entrenados: para inspirar respeto al enemigo; porque los pueblos débiles no inspiran respeto a los enemigos. Los pueblos combativos, los pueblos patriotas sí inspiran respeto al enemigo.
Y así crece nuestra fuerza; se debilitan ellos. Somos hoy mucho más fuertes y estamos en muchas mejores condiciones que hace dos años, que hace tres años, para resistir. ¡Que atrás van quedando los tiempos aquellos en que los barcos que nos traían armas explotaban, porque los agentes de la CIA los dinamitaban en los puertos de embarque; que atrás van quedando aquellos tiempos en que estábamos desarmados, en que no teníamos cuadros, en que no teníamos organización, en que no teníamos técnica!
Somos más fuertes: se ve en todas partes, se ve el 2 de enero cuando desfila nuestro ejército y nuestra aviación; se ve un 1ro de Mayo, cuando desfilan nuestros trabajadores; se ve un 26 de Julio, cuando se concentra más pueblo que nunca; se ve un día como hoy, cuando se reúne nuestra flota, cuando recibimos los equipos, cuando son premiados y estimulados con el reconocimiento a su trabajo, los que se han esforzado, los que se han superado, los que han trabajado bien, los que han estudiado; se ve por doquier cómo la fuerza del pueblo, cómo la fuerza de la revolución crece, cómo es más grande la confianza y la fe de la nación, cómo se siente cada vez más seguro de su destino cada hombre y cada mujer, cómo es más sólida la conciencia y cómo es mayor el desprecio contra los vendepatria, los gusanos, los cobardes, que quieren uncir la patria al yugo de los explotadores, de los discriminadores, de los despreciadores de los pueblos, de los saqueadores de los pueblos; y quieren quitarnos esta patria de hoy, que no es la patria de los señoritos, no es la patria de los privilegiados, porque esta patria de hoy es la patria de los humildes, del pueblo humilde, del pueblo trabajador, del pueblo campesino. Es la patria no del privilegio sino del mérito, no de la influencia sino de las actitudes de cada cual.
Ya no es la marina, o la aviación, o las instituciones de antes, donde tenían acceso solo los que tenían influencia o tenían dinero: es la marina de los hijos de los pescadores, de los obreros marítimos, de los trabajadores, de los campesinos, que no necesitan influencia, que no necesitan buscar cédulas y buscar votos para ingresar en una academia; que solo necesitan cumplir el deber honradamente para que el país se lo reconozca, la sociedad se lo reconozca, para que el país los prepare, los eduque, los forme, los discipline, los eduque para la vida.
Que es lo que hace la sociedad. Que es lo que debe hacer la sociedad. Que es lo que hoy hace nuestra patria con los que ayer estaban olvidados, despreciados, maltratados, oprimidos, pisoteados. Y la patria de hoy es esta, y será la patria de siempre, de lo justo, de lo digno, del que se esfuerza, del que tiene mérito, de los honrados. Y esa no nos la podrán arrebatar, porque aquella vida miserable de ayer no volverá a imperar jamás en nuestra tierra.
Y eso es lo que el pueblo comprende, eso es lo que la masa comprende. Y por eso está junto a la Revolución, y por eso ha pasado por estos años difíciles; por eso se ha enfrentado al bloqueo, a las dificultades. Cierto es que nos falta mucho por hacer, cierto es que no podemos decir: estamos satisfechos; no, porque en todo no hemos logrado la misma organización, el mismo avance.
Yo decía a los compañeros: ¿Cómo hemos podido organizar tan bien esta marina y no hemos podido organizar tan bien la producción?, ¿cómo no hemos podido organizar cada fábrica y cada granja de manera que funcione como esta base? Y esto es producto del trabajo, de la disciplina.
Luego, cuando en cada centro de producción, cuando toda nuestra economía esté organizada bien, con disciplina, con conciencia, con capacidad, con cuadros que sepan lo que tienen que hacer, este será un país que irá dejando muy atrás las escaseces que tenemos hoy. Porque hoy la economía tiene que producir no para un grupo, no va a producir zapatos para unos cuantos, tiene que producir zapatos para todos, ropa para todos, alimentos para todos. Aquella economía capitalista producía zapatos para unos cuantos, y los demás descalzos; comida para unos cuantos, y los demás hambrientos; escuelas y hospitales para unos cuantos, y los demás sin escuelas y sin hospitales. Y hoy nuestra economía tiene que producir para todo el pueblo.
Y, por eso, tenemos que desarrollar esa economía, y ponerla en condiciones de satisfacer todas nuestras necesidades.
Pero, compañeros, el imperialismo nos obliga a atender todos los frentes de trabajo, la educación, la economía, la defensa. ¿Quién no recuerda que en medio de la campaña de alfabetización nos asesinaban maestros voluntarios, nos asesinaban brigadistas, para que la Revolución no enseñara a leer y a escribir al pueblo? ¿Quién no recuerda que, en medio de aquella campaña, nos invadieron? ¿Quién no recuerda que trataron de sembrar el terror en las madres, para que un millón de analfabetos no pudieran aprender a escribir su nombre? Y nos han tratado de interrumpir, y la Revolución ha tenido que hacer esto, y lo otro, y la educación, y la economía, todo, y la defensa, a un mismo tiempo. Y a eso nos obliga el imperialismo. Pero no importa, porque tener un enemigo grande y fuerte ha servido para ser nosotros también más fuertes y para que la importancia histórica sea mayor. Al caminante que le obligaran a subir una colina de 2 000, o una montaña de 2 000 o 3 000 metros, lo hallan mucho más fuerte que aquel que lo obligan a subir una colina de 50 metros. Y por eso, a este pueblo, obligado a subir una montaña alta, a enfrentarse con el imperialismo, lo han hecho más fuerte.
Es decir que un enemigo grande ha hecho más fuerte la Revolución, le ha dado más prestigio a la Revolución, ha convertido a la Revolución en un acontecimiento histórico de valor continental y de valor mundial.
Así que, aunque nos han obligado a trabajar más, nos han ayudado a superarnos, nos han ayudado a multiplicar nuestras fuerzas, nos han ayudado a progresar. Y, por eso, no nos lamentamos de tener al imperialismo a 90 millas; por eso, y porque sabemos que un día a 90 millas tendremos también el socialismo. Porque empezará por la América Latina, y cuando la América Latina se libere la sacudida será tremenda, el prestigio de la oligarquía financiera se vendrá por tierra, y llegará la hora en que los trabajadores, los obreros y los intelectuales norteamericanos, comiencen a actuar.
Por eso, cuando la América Latina se libere estará ayudando a liberar también al pueblo de Estados Unidos, de los monopolios, de los oligarcas, de los reaccionarios, de los politiqueros, de los guerreristas.
Hoy somos el único, mañana seremos todos; porque cualquiera que tenga un poco de intuición histórica lo ve, lo comprende. Aquel es un régimen caduco, próximo a la sepultura, y este es un régimen nuevo que nace a la vida, que tiene por delante la juventud, que tiene por delante el futuro.
Y así cada uno de ustedes, compañeros, debe identificar su vida con la vida de la patria; su trabajo con el trabajo de la patria. De la patria que los educa, que los prepara; de la patria que quiere hacer la felicidad de todos y cada uno de sus hijos, que les garantiza a todos una vida decorosa, un nivel grande de educación y de preparación, un porvenir digno. Porque ustedes tienen por delante el desarrollo de un país; ustedes, marinos, tienen por delante el porvenir de una isla rodeada de mar, que hoy desarrolla su flota naval, pero desarrolla también su flota pesquera, y no a base de barquitos de dos o tres tripulantes, sino de barcos que se alejan miles y miles de millas de las costas; que desarrolla su flota mercante, de trasatlánticos, de mercantes de 10 000 y más toneladas.
Y así hoy ustedes cumplen un deber de seguridad y de defensa para la patria, hoy ustedes dan al campesino, al trabajador, al estudiante, le dan al pueblo la sensación de seguridad, y la seguridad que necesita para trabajar y para progresar. Y ustedes tendrán también las oportunidades de incorporarse al trabajo de ese pueblo en el futuro; oportunidad de utilizar los conocimientos que aquí adquieran en nuestros grandes mercantes, en nuestras flotas para la producción. Y así tienen ustedes aquí también una escuela que les enseña, que los prepara, que les garantiza un futuro honroso, digno y satisfactorio a todos ustedes.
Y, por eso, la vida de cada uno de ustedes, marineros, ha de identificarse con la vida de la patria. Ustedes son hombres de mar, el mar es atractivo, el mar ha sido siempre de hombres audaces, el mar ha sido siempre de hombres fuertes. Y nosotros somos una isla que tenemos que conquistar el mar; y algún día numerosos barcos, enarbolando la bandera cubana, barcos pesqueros, barcos mercantes, barcos de pasajes, surcarán los mares. Y serán ustedes, compañeros, los que amen el mar, los que se esfuercen, quienes manejarán esos barcos, quienes tripularán esos barcos.
Y así es como hemos de ver nuestra obligación, nuestro deber; en función del presente y en función del futuro, identificar nuestros intereses con los intereses de la patria. Porque hoy la patria es de todos, “de todos y para el bien de todos “, como dijera nuestro gran apóstol José Martí. ¡Los intereses de ustedes, los intereses de la patria! ¡Y la vida de ustedes, la vida de la patria! ¡Y la muerte de la patria la muerte de todos y cada uno de nosotros! Y por eso nuestra disposición a dar la vida y a darlo todo por ella, por nuestra causa, por nuestro pueblo.
Los felicitamos de corazón, compañeros, por los éxitos alcanzados, y de corazón les damos las gracias también a los maestros, a los que les han enseñado, a nuestros hermanos soviéticos que nos han dado el equipo, que nos han dado la técnica, que nos han dado la organización, que nos han dado la experiencia.
¡Que viva la Marina de Guerra Revolucionaria!
¡Patria o Muerte! (EXCLAMACIONES DE: “¡Venceremos!”)
¡Que sea esta siempre una marina de Patria o Muerte!
¡Venceremos!
FIDEL CASTRO RUZ

Fuente: http://www.cuba.cu/gobierno/discursos

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