julio 15, 2012

Discurso de Fidel Castro en la clausura del II Congreso Nacional de la ANAP (1963)

DISCURSO EN LA CLAUSURA DEL SEGUNDO CONGRESO NACIONAL DE LA ANAP, CELEBRADA EN EL TEATRO “CHAPLIN”
Fidel Castro
[9 de Agosto de 1963]

― Departamento de versiones taquigráficas del Gobierno revolucionario ―

Compañeros delegados de la ANAP:
En este Segundo Congreso Nacional de la ANAP se puede apreciar perfectamente bien cuánto ha progresado la organización de los campesinos, la organización de masa de los campesinos. Este progreso, que se hace evidente, corre parejo con el progreso que se observa en todos los frentes de trabajo de la Revolución.
Hay veces que nosotros mismos nos quedamos sorprendidos de cuán rápidamente, cuán notablemente se van produciendo en nuestro país los saltos —puede decirse— de calidad en el trabajo, en la organización, en el nivel cultural y en el nivel político de nuestro pueblo. Y a nosotros nos satisface mucho ver ya, del año pasado a este año, la mejoría que se ha observado en el trabajo que está relacionado con ustedes, tanto en la organización como en las relaciones con los organismos revolucionarios.
Y esto tiene mucha importancia para el país, puesto que el campesinado, que es el sector que ustedes representan, constituye uno de los pilares de la Revolución y uno de los pilares de la economía.
Hay cosas que al principio muchas personas no comprendían bien; hay frases que al principio una parte del pueblo no las comprendía bien. Y eso era lógico, porque ¿qué se había oído decir durante muchos años?, ¿de qué se había oído hablar a lo largo de nuestra historia?, ¿qué es lo que leían nuestros campesinos, aquellos que podían leer?, ¿qué es lo que escuchaban por radio nuestros campesinos?, ¿qué es lo que escuchaban en los mítines políticos nuestros campesinos?
No oían hablar, naturalmente, de la alianza obrero-campesina; no oían hablar de la explotación del hombre por el hombre; no oían hablar de la explotación de unas clases del pueblo por otras clases del pueblo. Lo que en nuestros campos se escuchó siempre fue mucha demagogia, mucha mentira, mucha politiquería, mucho compadrazgo de los sargentos politiqueros; vicio, robo — es decir, robo al pueblo, robo a los campesinos—; explotación, aquella explotación que sentían diariamente, constantemente.
No existía un nivel de cultura elevado en nuestros campos. Y si en el país un 30% de la población era analfabeta, ese 30% correspondía principalmente al campo; y en algunas regiones del campo el analfabetismo era del 70%, del 80%, y hasta del 90%. Porque los males de aquella sociedad eran en el campo peores que en la propia ciudad.
Si la asistencia médica en la ciudad era pobre y deficiente, si en aquellos pocos hospitales en que se atendía al pueblo, y a donde había que ingresar por la recomendación de un político, se encontraba el espectáculo de enfermos durmiendo en el suelo, la asistencia médica en el campo era, no puede decirse que peor, sino sencillamente que no existía.
Lo mismo ocurría con la escuela, con la economía del campesino, con la vida del campesino, la vida cultural en general.
Era lógico que al principio muchos hombres del campo escuchaban ciertas frases, ciertas consignas, y no se comprendían bien. También era lógico que los rezagos de la politiquería que quedaban en el campo, los burgueses que quedaban en el campo, se acercaran a hablarles a los campesinos, a intrigar entre los campesinos; a hablarle al oído bajito al campesino y tratar de sembrarle el miedo y la desconfianza hacia la Revolución.
Ustedes saben perfectamente bien cómo esos burgueses que tenían más dinero, que tenían más cultura, que tenían más influencia, más habilidad, influían sobre muchos campesinos. Y esa influencia durante un tiempo la utilizaban en sembrar la desconfianza y el temor entre los campesinos.
Y no faltaron casos de campesinos pobres, de pequeños agricultores que se dejaron arrastrar por las intrigas, las mentiras y la insidia de los burgueses rurales, que en nuestros campos han constituido la base de la contrarrevolución. Y al campesino le trataban de inculcar el miedo. Pero a eso se unían otros factores: deficiencias en la organización, deficiencias en los organismos administrativos del Estado, inexperiencia, falta de funcionarios y cuadros competentes, medidas erróneas tomadas a determinados niveles por determinados organismos que contribuían a sembrar la confusión.
Sin embargo, esa etapa ha ido quedando atrás. Y los que se hicieron ilusiones de que podían volver a los campesinos contra la Revolución, han de sentirse muy decepcionados, porque hoy hay un campesinado cuyo nivel político y cultural se ha elevado mucho; cuyo sentido del rol que juega dentro de la sociedad se hace cada vez más claro. Y un campesinado con el cual podemos hablar claro, con mucha claridad; un campesinado con el cual se pueden analizar los problemas sociales, los problemas económicos y los problemas políticos; un campesinado que tiene confianza en la Revolución, sin que puedan venir ya a azuzarle el miedo y la inquietud.
Y esa confianza se hace y se hará cada vez más sólida en la misma medida en que ese campesinado sepa cuál es su papel, cuál es su presente y cuál es su futuro.
Cuando comenzó a hablarse de socialismo, los burgueses rurales se acercaban a los campesinos y les decían: “Esto es socialismo, y te van a socializar la tierra.” Entonces nosotros les dijimos a los campesinos: “¡Esto es socialismo y por ser socialismo no te vamos a socializar la tierra!” Porque el socialismo, compañeros, es una concepción científica de la historia y de la sociedad humana.
El socialismo es la ciencia social y es, al mismo tiempo, una guía para la acción práctica, una guía para la política. Y la política no es una cosa sencilla, es una cosa compleja y difícil. Por eso se decía que la política era un arte.
Y hay varias políticas. Hay la política de los explotadores y hay la política de los explotados; hay la política de los burgueses, que era la política del pasado, y hay la política del proletariado. Y el proletariado, enemigo de los privilegios, enemigo de los explotadores, busca la alianza de los demás explotados.
¿Y quiénes eran en nuestro país los demás explotados? ¿Y quiénes eran los explotadores? Los explotadores eran los dueños de las fábricas, los latifundistas, los dueños de inmensas extensiones de tierra.
Unos, en la ciudad, explotaban al obrero, otros explotaban al obrero en el campo, otros explotaban al campesino, porque en el campo había trabajadores agrícolas, en el campo había arrendatarios que tenían que pagar el 25%, el 30%, hasta el 40% y a veces hasta el 50%, los aparceros, todas aquellas formas de pago a los terratenientes que ustedes conocen; en el campo había quien vivía en parte de un pedacito de tierra, y en parte trabajando en alguna finca, en la zafra. Esas eran las formas de explotación conocidas.
Pero había también el que era propietario de la tierra, de una pequeña extensión de tierra. ¿Era o no era explotado ese campesino? Pues también era explotado, porque ese campesino nunca tenía seguro el precio de sus productos; ese campesino era víctima de los intermediarios, que cuando había una cosecha abundante bajaban los precios, que trataban de comprar barato para después enriquecerse especulando con los productos de los campesinos, por lo que puede decirse que el campesinado era explotado, como era explotado el obrero de la industria. Y el obrero de la industria tenía que buscar sus aliados en los demás explotados; sus aliados no iban a ser los burgueses, no iban a ser los políticos burgueses, no iban a ser los terratenientes.
¿Pero, el pequeño agricultor es un propietario? Sí, la Revolución hizo propietario al pequeño agricultor. ¿Y eso es alguna contradicción? No. La Revolución suprimió la explotación que había de todos aquellos campesinos que pagaban rentas, de todos aquellos campesinos que tenían que entregar una parte importante de sus productos; la Revolución afectó a los grandes propietarios que no trabajaban esas tierras y que, viviendo en las ciudades, recibían una abundante renta, porque dueños de una finca de 100, o de 200, o de 500 caballerías no tenían otro trabajo que enviar a un empleado a cobrar las rentas. La Revolución suprimió esa explotación y estableció el principio de que ese campesino que estaba trabajando un pedazo de tierra no siguiera siendo explotado y fuese dueño de sus productos. Eso fue lo que hizo la Revolución.
En algunos países de América Latina se habla de reformas agrarias, y ya ustedes se imaginan qué tipo de reforma agraria es: en que el campesino durante 15, 20 años, está pagando ese pedazo de tierra — que por supuesto es la peor tierra de los latifundistas cuando se les segrega alguna parte de la tierra a los latifundistas. Una reforma agraria realmente es como la reforma agraria que se hizo en Cuba, que eliminó totalmente el pago de rentas.
Es cierto que había casos de personas que tenían un pedazo de tierra pequeño y un arrendatario; no eran grandes propietarios. Originalmente se cometió el error de tratar igual — al hacer la ley— al propietario pequeño y al grande cuando tenía las tierras arrendadas a otros, y por eso posteriormente se tomaron medidas rectificadoras para todos aquellos casos de personas ya ancianas que no tenían otro medio de vida que la renta que recibían de un pequeño pedazo de tierra: el que se les pagara una indemnización. Era un error igualar el caso de una persona, una viuda, una persona anciana, que percibía una renta determinada para vivir de un pequeño pedazo de tierra y el caso del que tenía 100 arrendatarios, 200, 300, 400 arrendatarios. Esas cosas que no se hicieron perfectamente bien, se rectificaron.
Y ese es precisamente el arte de la política, de rectificar aquellas cosas que estén mal hechas, aquellas cosas que no sean humanas, aquellas cosas que no sean justas. Y no era justo tratar exactamente igual a la United Fruit Company que a un pequeño propietario que tenía un pedazo de tierra arrendado. ¿Era un explotador o no? Sí, era un explotador, sin duda, era un pequeño explotador, porque al fin y al cabo vivía de un trabajo que no hacía, a base de un título de propiedad de tierra que tenía, que poseía; pero, en definitiva, la sociedad tenía que contemplar el caso concreto de una persona que no podía ganarse la vida ya de otra forma y que no iba a quedar completamente desamparada. Y, por lo tanto, no podía darle el mismo tratamiento a esa persona que a los explotadores grandes.
Yo creo que esas son cosas obvias, claras, que se comprenden perfectamente bien. Es decir, la Revolución, que combatió al gran propietario, creó el pequeño propietario de todo aquel que trabajaba las tierras. Al principio, naturalmente, algunas personas preguntaban por qué las tierras que no estaban repartidas, las tierras que eran trabajadas con obreros agrícolas, por qué no se repartían esas tierras. Algunos elementos de la burguesía le decían al campesino: “¿Ves?”; le decían al obrero agrícola: “¿Ves?, hablan de reforma agraria y de darle la tierra al campesino, y no le dan la tierra al campesino, no reparten esas tierras. El Estado se está convirtiendo en dueño de esas tierras y tú te vas a convertir en un esclavo asalariado”; le decían al obrero agrícola: “Te vas a convertir en un esclavo asalariado.” En todo caso le podían decir: “Eras un esclavo asalariado y ahora sigues de asalariado”; el revolucionario le podía decir: “Eras un esclavo asalariado de un explotador, y ahora eres un trabajador de tu pueblo”.
Sigue siendo un trabajador, porque la Revolución no significa que el trabajo desaparezca. ¿Quién dijo eso nunca? De la sociedad humana no puede desaparecer el trabajo, porque solo el trabajo produce las cosas que necesitamos, los bienes que necesitamos; lo que sí desaparece con la Revolución es la explotación del trabajo humano.
Cuando un campesino tenía que entregar el 30% del tabaco que cosechaba, y se lo tenía que entregar a alguien que ni siquiera pasaba por allí, y todos los años —durante 20, 30 años— tenía que entregar el 30% de su cosecha, ese campesino era explotado, su trabajo era explotado. Cuando un obrero trabajaba para enriquecer a un propietario, su trabajo era explotado. Desde el momento en que las industrias pertenecen al pueblo, desde el momento en que esas tierras pasaron de los monopolios americanos al pueblo, ¿qué significaba eso? Que los miles y los millones de pesos de ganancia de esos monopolios, que los iban a cobrar los accionistas que vivían en Nueva York a miles de kilómetros de distancia, y que salían del sudor del trabajador, y que no se iba a convertir en escuelas, ni en caminos, ni en hospitales, ni en maquinaria, ni en progreso para el país; desde el mismo momento en que la Revolución suprimió el derecho de esos monopolios sobre nuestras tierras, todos aquellos recursos extraídos del sudor de los trabajadores se convirtieron en recursos para el pueblo .
Muchos campesinos podrían preguntarse: “¿Por qué antes no me daban créditos?, ¿por qué antes no tenía crédito y ahora tengo crédito?” Porque aquellos monopolios no iban a utilizar sus ganancias para darle crédito al campesino; a aquellos monopolios no les convenía un campesino, un agricultor nacional, no les convenía un campesino próspero; les convenía un campesino arruinado, para en cualquier momento comprarle su tierra y convertirlo en un asalariado, al objeto de aumentar sus ingresos, de aumentar cada año sus ganancias. Aquel dinero que salía de los trabajadores agrícolas no se iba a convertir en crédito para los pequeños agricultores.
Un campesino podrá preguntarse por qué antes no había maestros, por qué no había servicio médico rural, por qué no se construía antes una ciudad escolar, por qué no se traía a los hijos de los campesinos a estudiar. Y es que aquellos monopolios no iban a invertir esas ganancias en ayudar al pueblo.
Desde el momento en que aquel obrero no trabajó más para enriquecer a aquellos señores, aquel obrero dejó de ser en realidad un esclavo de los explotadores y aquel obrero se convirtió realmente en un trabajador para sí mismo.
Pero, ¿qué quiere decir trabajar para sí mismo? ¿Quiere decir acaso que el trabajador va a percibir el ciento por ciento de lo que produce? ¿Qué ocurriría si cada trabajador percibiera el ciento por ciento de lo que produce? En la sociedad capitalista recibía un tanto por ciento de lo que producía para él, y el otro tanto por ciento para los capitalistas. Los capitalistas, del tanto por ciento que recibían del trabajo de los obreros, una parte la pagaban en impuestos, una pequeña parte, y esa era la que se invertía en tener algunas escuelitas, algunos hospitales muy mal atendidos, en hacer un camino de Pascuas a San Juan, y el resto, el resto se lo embolsillaban los políticos que servían a los capitalistas. Porque ¿de dónde salía el dinero que ganaban los senadores, los representantes, los sargentos políticos? ¿De dónde salía el dinero que recibían los botelleros? ¿Y cuántos botelleros había?
Si el Ministerio de Educación tenía un presupuesto de 60 millones, por lo menos 20 eran para los políticos, ¡por lo menos veinte! Si Obras Públicas tenía un presupuesto de 80, por lo menos 40 se los robaban. Si el Ministerio de Salud Pública tenía 25 millones, por lo menos 10 se los robaban. Es decir que de las ganancias de los capitalistas, una parte la pagaban en impuestos, y esos impuestos ni siquiera se invertían bien, se invertía una parte y el resto se esfumaba, se lo robaban.
Hoy el ciento por ciento de lo que el obrero no recibe directamente lo recibe indirectamente. Porque el trabajador que tiene cinco o seis hijos, manda los hijos a la escuela; allí están los libros, allí está el maestro. Y se puede preguntar: ¿Quién paga eso? ¡El lo paga! Se enferma un familiar y lo lleva a un hospital; hay que hacer una operación difícil, hay que hacer enormes gastos, y nadie duda de que lo que haya que gastarse en un hospital por salvar una vida, se gasta.
Puede ser que necesitara una atención médica de muchos meses, que costaría miles de pesos; nunca lo podría pagar con su trabajo. ¿Cómo un cortador de caña podría pagar 2 000 pesos por una operación? Nunca lo podría pagar. Sin embargo, no hay trabajador en el país que no tenga la seguridad de que el país, por salvarle la vida a su hijo, o a su hermano, a un familiar suyo, no vacilará en emplear los recursos que sean necesarios; él se siente seguro.
Quizás su hijo, o incluso él mismo, tenga una inteligencia grande, una gran vocación para la técnica, quiere estudiar, ¿pero cómo va a estudiar?, ¿quién sostiene a su familia? Y, sin embargo, ese trabajador puede tener la oportunidad de estudiar; miles, decenas de miles de trabajadores han estudiado y sus familias no se han quedado desamparadas. Incluso algunos han salido del país, han ido al extranjero, han cruzado los océanos. ¿Cuánto costaría todo eso? ¿Cómo podría pagarlo con su solo esfuerzo un trabajador? Y, sin embargo, ha podido estudiar; y ha regresado después técnico en algo.
¿Y es bueno o es malo para los demás trabajadores satisfacer esos gastos para convertir a ese trabajador en un técnico? Es bueno para todos los demás trabajadores, porque cuando el país tiene un técnico más, tendrá un hombre que produce por 10, por 20, por 30 o por 100 . Hay que hacer una carretera para comunicar la población de un lugar determinado. Si esa carretera la fueran a construir con sus ganancias los que viven en aquel barrio, quizás tardarían 100 años para reunir el dinero que necesitan. De repente llegan equipos, camiones, y se hace una carretera que cuesta un millón, 2 millones, se construye un gran puente. ¿De dónde salen esos recursos? Salen precisamente del trabajo, de aquella parte del trabajo que antes se apropiaban los capitalistas.
Si aquel pueblo no pudiera contar con los recursos de la nación, nunca estaría comunicado, nunca tendría un hospital; sería muy difícil que pudiera resolver ningún problema importante. Y los agricultores dirán: hemos recibido 80 millones de crédito, hemos recibido 100, para poder dedicarnos a cultivar nuestras tierras. ¿De dónde salen esos recursos? Salen precisamente del trabajo de toda la sociedad. Por eso es que cada cual no recibe el total de lo que produce, recibe una parte de su trabajo; y el resto es un fondo que pertenece a toda la sociedad y que la sociedad necesita precisamente para su desarrollo.
Hay campesinos que dicen: mi hijo va a ser ingeniero; pero a él no le alcanzarían nunca sus propios recursos para que su hijo fuera ingeniero. Sin embargo, sabe que su hijo va a ser ingeniero; es inteligente, es competente, y está seguro de eso. O que su hijo va a ser médico; es inteligente, es estudioso, vale la pena que el país desarrolle esa inteligencia. El con sus recursos no podría hacerlo; sin embargo, los recursos de toda la nación, de todo el pueblo, ¡sí lo pueden hacer!
Lo que nadie con sus propias fuerzas podría hacer, lo puede hacer el esfuerzo de todos. Lo que es imposible para el individuo aislado, jamás será imposible para una nación, para el esfuerzo unido de todos los trabajadores de una nación.
Y así se empiezan a comprender estas realidades. ¿Cómo ninguna sociedad pudiera progresar, si no existiera el esfuerzo unido de todos? No puede progresar un pueblo explotado, por supuesto; pero tampoco podría progresar un pueblo en que cada cual tuviera lo que él pudiera alcanzar por su propia cuenta, sin la ayuda de nadie, y donde nadie recibiera la ayuda de los demás.
Y cuando la nación entera prepara a un ingeniero — o para dar un ejemplo que ustedes van a comprender mejor—, cuando prepara a un médico, pues serán 15, 16 años estudiando. Estudió en la escuela primaria, y después en una secundaria, y después en un preuniversitario y después fue a la universidad. Y se puede incluso hacer el cálculo de lo que cuesta formar a un médico.
Puede costar 10 000, 15 000; vamos a suponer que cueste 20 000 pesos. Desde que llegó a la escuela primaria, lo que hubo que gastar en libros, en maestros, en viajes, en profesores, en material, en edificio, en todo. Pero un obrero dice: ¿Cómo yo iba a sacar 20 000 pesos para convertir a mi hijo en un médico?
Desde luego, ese problema solo lo puede resolver los recursos de la nación entera. Pero a la nación, cuando gasta 20 000 pesos en formar a un médico, ¿le conviene o no le conviene hacer eso? ¿Se beneficia o no se beneficia? ¿Es solo una cuestión de justicia, o además de una cuestión justa y humana es una cuestión beneficiosa?
Y ustedes mismos pueden comprenderlo bien, porque ustedes conocen lo que es la medicina rural, y ustedes saben que hay algunos lugares donde el médico da 1 000 consultas al mes; hay algunos médicos nuevos que han ido a lugares donde nunca había médicos, y dan 30 y 40 consultas diarias. Y ustedes se recordarán, antes, cuando había que ir al médico había que vender el cochino o unas cuantas gallinas, porque antes la cuenta bancaria del guajiro era el cochinito que estaba engordando allí . Ese era el crédito del guajiro.”Por si se enferma alguien”, decían muchos campesinos cuando estaban engordando un cochino: “por si se enferma alguien”. Y por eso, muchas veces, nunca sacrificaban ese cochino para la familia, porque siempre había que venderlo para algo. Y había que pagarle tres pesos, cinco pesos a un médico.
Si ustedes calculan y ustedes le pusieran valor a la consulta de un médico; pónganle tres pesos, hay médicos que cobran mucho más, hay veces que cobran 20, hay veces que cobran 30; pero si quieren la pueden valorar en tres pesos. Es decir que el beneficio que recibe un individuo cuando lo atienda un médico valga tres pesos.
Desde luego que eso no se puede medir con una regla, y desde luego que la salud puede decirse que no tiene precio. Pero vamos a suponer que le pongamos un precio, y valoremos la consulta en tres pesos. Mil consultas son 3 000 pesos: 10 meses dando 1 000 consultas son 30 000 pesos. Ese médico que le costó a la sociedad 20 000 pesos formarlo produce bienes en un año superiores a todo lo que la sociedad se gastó para formar ese médico (APLAUSOS PROLONGADOS). Es decir que esa es una buena inversión de la sociedad.
Hay el caso — que no es ese— de una persona ya anciana que no puede trabajar, al cual le pagan una pensión, es decir que los trabajadores sostienen a esa persona, y le dan una pensión — vamos a suponer un cálculo—: 1 000 pesos al año, y en 10 años 10 000, y en 20 años 20 000. Esa no es una inversión — se puede decir— de tipo económico, que va a producir tales beneficios, pero es otro tipo de inversión que la sociedad necesita; es una inversión humana, es la seguridad que tiene cada ser humano de que cuando las fuerzas no le alcancen, no se va a morir de hambre, no va a tener que ir a pedir limosnas a un portal, como antes veíamos tantas y tantas personas, es la seguridad de que tendrá asegurada su subsistencia y su vida y su vejez, todo el tiempo que viva. Y eso también tiene un valor extraordinario para todo ser humano, para no quedarse solo, para no quedarse desamparado. He ahí la importancia que tiene el esfuerzo de todo un pueblo, el esfuerzo unido de todos los trabajadores.
O se puede dar el caso de que un obrero se corte una mano, que un obrero pierda una pierna o las dos piernas, con 20, 25, 30 años, que resulte inválido para el trabajo. Y entonces sabe que no va a pasar hambre él ni su familia.
Antes veíamos a ese hombre que le faltaba una pierna con una pata de palo, vendiendo boletos y billetes en los andenes de los ferrocarriles. Se las tenía que arreglar como pudiera. Claro que los capitalistas tenían sus compañías de seguro que ustedes saben cómo funcionaban. Los burgueses tenían algunas leyes que se decían de protección al trabajador, y se suponía que los burgueses trataban de proteger a ese trabajador porque era el que los enriquecía. Pero cuando hacían esas leyes, ¿en qué consistían esas leyes? Eran leyes mezquinas, miserables. Hay que indemnizar: “Una mano vale tanto, un dedo vale tanto, una pierna vale tanto.” Y el hombre que perdía una pierna iba al hospital, le correspondían tantos pesos por su pierna, le entregaban una cantidad, al entregársela tenía que ver un abogado, dos abogados, tres abogados; le entregaban la mitad del valor de la pierna aquella, le quedaban unos cientos de pesos, se los gastaba, y a pedir limosna o a vender billetes. ¿Cuántos miles de casos como esos no vimos?
Pero hay muchos ejemplos más de lo que vale el esfuerzo de todos. Si los explotadores quieren volver, si los enemigos del país quieren seguir explotando al país, y hace falta un ejército para defender al país, el ejército que defienda a cada ciudadano, a cada trabajador, a su familia, a sus hijos; si se necesitan unas fuerzas armadas equipadas, entrenadas, capaces de combatir cualquier invasor, capaces de combatir a las bandas de asesinos que un día asesinan a un campesino, otro día a un obrero, otro día a un maestro voluntario, otro día a un brigadista; o tienen que ir a salir a combatir a los invasores mercenarios, a los hijos de los latifundistas y de los ricos que querían volver a establecer aquel sistema de explotación, de trabajo esclavo, aquella sociedad que prostituía a las hijas de los campesinos, que las utilizaban como criadas , que las explotaban y las llevaban por los caminos del vicio y de la prostitución; si hacen falta miles de hombres para evitar que aquel pasado regrese, que aquel sistema vuelva, un hombre solo no lo podría hacer, el esfuerzo individual de los trabajadores jamás podría resolver ese problema. Ese problema solo lo puede resolver el esfuerzo unido de todos los trabajadores.
Y entonces los trabajadores pueden decir que tienen un ejército, una aviación, una marina de guerra revolucionaria (APLAUSOS PROLONGADOS). Los trabajadores pueden decir: “Tenemos tantos tanques, tenemos tantos aviones, tenemos tantas unidades para defendernos de los explotadores, para no volver jamás a aquel pasado.”
Y así hay infinidad de ejemplos que pueden explicar lo que es el esfuerzo unido, el esfuerzo de toda la sociedad. Y que puede explicar la diferencia entre aquel asalariado esclavo y explotado miserablemente, y ese trabajador de hoy que ya no trabaja para los explotadores; que trabaja para satisfacer sus necesidades como individuo, y para satisfacer sus necesidades como miembro de una nación, de un pueblo, de una sociedad, gracias a lo cual su esfuerzo vale por el esfuerzo de millones. Porque puede contar con su esfuerzo; pero cuando su esfuerzo no le basta, puede contar con el esfuerzo de los millones de trabajadores del país para que nunca se vea desamparado, para que nunca se vea desamparado, para nunca sentirse solo, y saber que los problemas fundamentales de su vida y de sus seres queridos están garantizados y están resueltos.
Y esta misma explicación para cualquier obrero es una explicación también para cualquier campesino, para cualquier pequeño agricultor.
Porque a veces un pequeño agricultor pregunta: “¿Por qué, si nosotros recibimos tal precio, tiene tal precio en el mercado?” Esa es una pregunta muy corriente.
Desde luego, el problema de los precios es un instrumento para estimular determinados productos; no es solo una retribución justa al trabajo del pequeño agricultor. Pero hay artículos que si se quieren fomentar es necesario estimularlos a través de los precios.
Si por algunos artículos se pagara mucho y por otros muy poco, ocurriría que la mayor parte de los agricultores preferirían ese artículo por el cual se paga mucho. Y a veces hay que pagar un artículo por encima de su valor; incluso se da ese caso muchas veces.
Y, por ejemplo, la carne que se vende al público es una carne que se vende por debajo de su valor. Y son decenas de millones de pesos lo que eso significa. Otros se venden por encima del precio, por encima del valor. Y así los precios se utilizan con distintos fines: uno para regular la producción; y también tienen un fin social. Tienen el fin de allegar recursos, crear fondos con los cuales hacer inversiones, satisfacer necesidades sociales.
Porque el campesino que se pregunta: ¿por qué el artículo por el cual recibo tres centavos se vende a cinco en el mercado? Ese campesino se puede preguntar: ¿Y de dónde salen los millones de pesos que nosotros recibimos en créditos?, ¿de dónde sale el crédito que yo recibo?, o ¿de dónde sale el dinero con el cual se compra una maquinaria para aliviar mi trabajo?, ¿de dónde salen los recursos con los cuales se fabrica un almacén para acopiar los productos?, ¿de dónde salen los recursos con que se construye una carretera? Porque esos recursos no salen de un sombrero por arte de magia. Esos recursos tienen que salir del trabajo.
Cuando un artículo que se recibe por un precio, que es un artículo de importación, imagínense un artículo de importación que cueste un peso, que se venda a tres, significa que hay una utilidad; utilidad que es un fondo de inversiones, un fondo para satisfacer tantas y tantas necesidades como las que tiene el país.
Desde luego, antes les ponían unos impuestos de importación, y a veces a un artículo le ponían el 100%, el 200%, 300% de su valor para hacer recaudaciones, las recaudaciones que hacían los gobiernos burgueses. Para ayudar ¿a quién? Cuando el gobierno burgués reunía fondos, ¿le prestaba a un pequeño agricultor? No, le prestaba a un latifundista y le prestaba a un capitalista grande.
Ustedes se recordarán que antes el que tenía 100 caballerías y quería sembrar arroz, iba al BANFAIC y le decía: “Présteme tantos miles por caballería.” Y aquel señor recibía 100 000, 200 000, 300 000; no importaba, le daban el dinero, lo hacían más rico. Si el otro quería poner una fábrica le daban el dinero. Pero no crean ustedes que le daban solo al de 100 caballerías, venía la compañía eléctrica, un monopolio extranjero que explotaba al país y decía: “Présteme 30 millones para inversiones”, y venía el Estado cubano y le daba los 30 millones para inversiones a esa compañía extranjera.
Los ricos recaudaban. Ya les explicaba que una parte la invertían en algunos servicios, otra se la robaban y otra parte la invertían en prestarle a su clase.
¿Cuál es la diferencia? Los recursos que hoy se reúnen se emplean en ayudar no al rico, se emplean en ayudar al hombre trabajador, al pequeño agricultor. Antes el pequeño agricultor no tenía créditos; le exigían la propiedad de la tierra, muchos no tenían propiedades de la tierra, un papeleo enorme. Y luego, si la cosecha venía mala, perdía la tierra o lo podían desalojar de allí exigiéndole el cobro de las deudas.
Y algunos se preguntan: ¿Por qué si nosotros recibimos por aquel artículo cuatro centavos se vende en el mercado a siete? Se pueden preguntar: Bueno, ¿y esta carretera con qué dinero se construye; la ciudad escolar con qué dinero se construye; el médico ese que me entrega la medicina gratis y me atiende a mí gratuitamente con qué dinero se paga; esa inversión en maquinaria, esa inversión en fábricas con qué dinero se paga; que hay que comprar una flota de barcos, con qué dinero se paga; que hay que sostener un ejército para defender la patria, con qué dinero se paga?
Y, desde luego, no piensen los pequeños agricultores que los ingresos son muchos por la diferencia entre lo que ellos reciben y el precio que se paga, porque están los problemas de administración, los problemas de transportes, los problemas de almacenaje, los problemas de frigorífico. Y tengan la seguridad de que los ingresos no son muchos, porque cualquier producto para traerlo desde un sitio a otro, almacenarlo, conservarlo, distribuirlo, tiene muchos gastos; y no son grandes las ganancias.
Pero como algunos se lo preguntan es necesario que se comprendan estas cosas, porque la pregunta no la hace un hombre de mala fe, es que no se ha detenido a pensar y solamente ha analizado la cosa sencilla: “Esta malanga me la pagan a cuatro y la venden a siete”. Creen que, a lo mejor, lo justo sería si la venden a siete, hay que pagarles seis centavos a ellos, no analizan todos estos problemas que, desde luego, apenas se tiene un poco ya de preparación se pueden comprender perfectamente bien.
Y esta larga conversación sobre estos problemas surgió cuando les decía que la Revolución al agricultor, que ya estaba posesionado de la tierra, lo liberó de la renta; no repartió el latifundio. ¿Qué habría ocurrido si hubiésemos repartido el latifundio? En primer lugar, a todos no les habría alcanzado, o le alcanzaba un quinto de caballería a cada cual, o un cuarto de caballería. Y en ese cuarto de caballería una sería buena y otra sería mala. Al que le tocó la mala ¿qué le iban a decir? El que le tocó la buena sí iba a resolver su problema, pero en aquel cuarto de caballería iba a querer sembrar todo: vianda, caña, arroz, de todo; para hacer un plan de desarrollo agrícola ni soñarlo, porque en el cuarto de caballería tendría dos vacas o tres; para desarrollar la ganadería entonces habría que pasar un trabajo enorme, para hacer una cochiquera donde se cebaran miles de cerdos, imposible; para hacer un pastoreo intensivo, imposible; para aplicar la técnica a la agricultura, imposible; para emplear la máquina, imposible; para emplear todos los medios más modernos de producción y elevar la producción habría sido cuestión de discutir con millones, con cientos de miles de personas.
Imagínense una finca arrocera de 100 caballerías, que una parte del tiempo está anegada, repartida entre 500. Serían 500 familias con un cuarto de caballería rodeada de agua y de fango por todas partes.
Fue correcto, muy correcto y fue un gran acierto el que esas tierras que no estaban repartidas se conservasen como tierras de la nación para promover el desarrollo en gran escala de la economía nacional, resolver los problemas del desempleo y satisfacer todas las necesidades del país. Gracias a eso ahora se pueden promover grandes planes y decir: vamos a producir tantos millones, de 8 millones a 9 millones de toneladas de caña para 1970, y vamos a tener 12 millones de cabezas de ganado para 1970. 
Pero los mismos problemas que ustedes conocen, los problemas de acopio, el huevo que se vende a seis centavos en una tienda, es el huevo que sale de una granja avícola del pueblo; y el pollo que se vende a cuarenta y tantos o a 50 centavos la libra, más grande o más chiquito, es el pollo que sale de una granja del pueblo; la carne que se vende a 45 centavos la libra o a 43 centavos, es la carne de los toros que se ceban en las granjas del pueblo. Y en realidad, compañeros, el abastecimiento más seguro y el que tiene el precio más seguro es el abastecimiento que proviene de esas tierras que no se repartieron.
Y aquí, entre pequeños agricultores, aquí entre pequeños agricultores podemos decir que no pasa lo mismo con los productos de los pequeños agricultores. Claro que hay que distinguir entre pequeño agricultor y pequeño agricultor. El agricultor cañero lleva su caña para el central, no la puede vender por la carretera; el productor de café de las montañas vende a los organismos de acopio porque, claro, está lejos, no hay carreteras por allí atravesando las montañas y no sería posible si el gran mercado está acá a 1 000 kilómetros de distancia. Eso está claro.
Y aquí entre pequeños agricultores, analizando las cosas, también voy a hablar de algunas críticas que he hecho, incluso voy a explicar el famoso caso de Rancho Mundito del cual he hablado y si se entendió o si no se entendió bien, y algunos conceptos que he vertido sobre la propiedad los voy a explicar con la misma claridad con que nosotros explicamos toda la política de la Revolución en relación con el pequeño agricultor. Claro que hay algunas cosas que el pequeño agricultor no las podía oír muy tranquilo, pero hay que decirlas también para que todo se comprenda.
En cambio, el que tiene una carretera por delante saca el guanajo y lo vende en 30 pesos, saca el pollo y lo vende a cinco pesos. Y a lo mejor hace esto: vende el guanajo en 20 pesos, no se lo come, y después llega a la carnicería exigiendo que le den la carne, que cuando llega su carne es a 43 centavos.
Claro está que estos son problemas. Yo saco el ejemplo porque les quiero explicar cómo nosotros estos problemas los hemos afrontado, y por qué permitimos que se venda en la carretera eso, por qué lo permitimos, cuáles son las razones políticas y sociales, cuáles son las relaciones entre el proletariado y el campesinado, cuáles son las relaciones del Estado revolucionario con el campesinado, sobre qué bases se fundamenta.
Y claro, ¿qué ocurre cuando un campesino vende el guanajo a 30 pesos? Que jamás un trabajador podrá comprar ese guanajo, jamás un obrero podrá comprar ese guanajo. Y a lo mejor ese obrero que está haciendo una carretera que pasa por delante del campesino, o le está construyendo una escuela donde estudien sus hijos, ese obrero que quizás esté construyendo allí el hospital donde un día se le salva la vida a la compañera, a los padres de ese trabajador, de ese campesino, es posible que ese obrero nunca pueda recibir un producto, una gallina, un huevo, un guanajo de ese campesino.
Porque ¿quién puede comprar? El burgués que queda. Porque quedan muchos burgueses todavía con mucha plata en el país. Ese sale en su máquina, paga los 30 pesos, ¿qué le importa?, es dueño de tres cines, o tiene 30 caballerías que ni se preocupa de cultivarlas (APLAUSOS Y EXCLAMACIONES), o el hombre tiene un restaurante, o tiene un bar, o es dueño de una valla quizás (EXCLAMACIONES DE: “¡Fuera!”), ese tiene máquina, ese tiene los 30 pesos.
Cuando un campesino se va a la carretera y saca esos productos y los vende a esos precios su conducta en ese caso es una conducta antisocial, su propiedad en ese caso está rindiendo una función antisocial. Cuando el campesino que produce el café en las montañas entrega y vende por un precio justo y satisfactorio, 100 quintales, 200 quintales de café que los van a consumir los trabajadores, está trabajando, está rindiendo una función social. O cuando manda la leche para que la reciban los niños, la cuota que les corresponde a los niños, está rindiendo una función social. Cuando guarda unas cuantas botellas y las vende a 50 centavos... ¡Ah!, el hijo del rico se tomó dos litros, y quizás el hijo de un trabajador se quedó sin ese litro de leche.
Pero, ¿qué hace la Revolución, prohíbe que venda el guanajo en la carretera? ¿Prohíbe que llegue un carrito de alquiler por allí y compre 20 libras? No. ¿Por qué? ¿Por qué si eso no es justo, si cualquiera comprende que no es justo, la Revolución no toma medidas contra eso? Es bien sencillo: las medidas no resuelven ese tipo de problemas. En primer lugar la solución del problema no está en tomar medidas para que aquel guajiro no venda el guanajo o la gallina, la solución está en impulsar la producción general del país y de todas las granjas para que llegue el momento en que no haya nadie que vaya a pagar 30 pesos por una gallina, incluso.
La solución del problema no está en regar un ejército de funcionarios o de policías, a agarrar preso a todo el que esté vendiendo una gallina especulativamente, o esté vendiendo la vianda al chofer de alquiler, que a su vez la revende en la ciudad; el problema de los abastecimientos no se va a resolver con esas medidas. Lo que hacemos es un enorme, gigantesco esfuerzo por elevar la producción de todo, pero, muy fundamentalmente, de esas tierras que son del Estado, elevar al máximo la producción para satisfacer todas las necesidades, en primer lugar; y, en segundo lugar, porque esa no es la actitud de todos los campesinos.
¿Y entonces, qué ocurre? Se empiezan a tomar medidas restrictivas y ocurría lo de antes, venia acopio “te prohíbo vender “, y luego no llegaba con el camión a comprar en el momento en que tenía que llegar; resultado: venían las medidas prohibitivas, y lo que traían eran una serie de problemas y una serie de inconvenientes, y una serie de descontentos, y no era una organización perfecta; a veces ocurrió que “este plátano no te lo compro porque está muy chiquito, y tal boniato y tal malanga te la dejo ahí”. Y no iba a recoger porque no había una buena organización que funcionara de una manera eficiente, y muchas veces se quedaban los productos sin comprar; a veces incluso había unos precios que no eran correctos. No quiere decir esto que cada vez que haya una demanda de aumento de precios haya que satisfacerla, porque no puede ser, pero había unos precios que no eran lo suficientemente estimulantes.
¿Qué se decidió? Suprimir toda medida restrictiva para el campesino. Es decir, el campesino tiene libertad de vender esos productos, es mejor. Claro está que si están cebando cerdos con pienso que les da el Estado, se establece un contrato de compraventa, y un compromiso de, por tantas libras de pienso, tantas libras de cerdo. Eso es un procedimiento correcto. Lo mismo si cría aves — en caso de que queden algunos criadores de aves en granjas—, lo mismo con otros muchos productos; el sistema del contrato. Si cría una gallina en el patio de su casa, que la venda cuando quiera y a quien quiera venderla; el cerdo que produce con sus productos. Y solo hay una medida restrictiva que es con el ganado vacuno, y que eso obedece naturalmente a un propósito de interés para toda la nación, que es el no aniquilar la masa ganadera, sino el desarrollarla de tal forma que permita satisfacer todas las necesidades de carne y de leche.
Porque los problemas de la carne, los deseos de comer carne, no se resuelven diciendo: mate todo el mundo todas las reses que quieran, porque el resultado sería que dentro de 10 años habría mucha más población y mucha menos carne. Y esa no sería una solución inteligente. Y lo que tenemos que hacer, es ir al desarrollo de la ganadería, de la cría de cerdos, de las aves, de la producción de pesca, de manera que, en un momento dado, se puedan satisfacer todas las necesidades. Que, desde luego, no son las necesidades de antes, sino las de antes multiplicadas por cinco, porque son las de antes, más el poder adquisitivo que tiene hoy el pueblo y que, naturalmente, el consumo se ha duplicado; la demanda es el doble, es el triple en muchas cosas. Y la solución no es decir: mate todo el mundo las vacas; eso sería una locura desde el punto de vista económico, desde el punto de vista del interés nacional.
Y entonces en el futuro, dentro de algunos años, la escasez sería extraordinaria de carne, de carne y de leche. Entonces ha habido que hacer restricción en el ganado vacuno con el propósito de elevar la masa ganadera, y se está elevando, se está desarrollando, con algunos inconvenientes todavía. Es decir que hay todavía fincas ganaderas de 15, 20, 30 caballerías, que no crían, y que tienen abandonados los potreros para sabotear la producción.
Pero la medida que se tomó fue la de permitir que el campesino vendiera. Pero, ¿qué ocurrió? A los pocos días de haber dicho: abajo las restricciones, suspendidas las restricciones, un día llegaron noticias de que, en Rancho Mundito, en un solo domingo, los carros privados y de alquiler, habían comprado en un día 2 000 quintales de malanga; es decir, la malanga que se necesitaba para toda una semana de la cuota de los niños y de los enfermos. ¿Quién la había comprado? Los burgueses, los que tenían máquina, los que tenían dinero, se enteraron de que allí estaba la malanga, había una carretera hasta allí, y allí mismo se fueron.
Es decir que el día que se suprimieron las restricciones, cayeron como fieras allí donde había una reserva de viandas para la ciudad. Claro, los campesinos empezaron a venderla, les pagaban seis pesos, siete pesos, diez pesos, qué les importaba pagarles los que iban allí, algunos la vendían aquí y la vendían al doble; y otros tenían asegurada la malanga por dos meses. Claro que los hijos de los que no tenían máquina no tenían asegurada la malanga en esas condiciones. Eso fue verdad; lo dije una vez y lo volví a decir recientemente. Eso promovió, que si estaban quejosos los campesinos de Rancho Mundito; yo no me estaba refiriendo a un problema presente, me estaba refiriendo a una verdad pasada. Yo sé que en este momento, y hace mucho tiempo ya que los campesinos de Rancho Mundito superaron eso, dejaron de venderles a los especuladores, tomaron la cosa con un gran amor propio, y no solo hoy están vendiendo sus productos a los organismos de acopio, sino que han elevado extraordinariamente la producción de malanga.
Es decir que eso es un problema pasado. Y hoy se pueden considerar a los campesinos de allí, entre los mejores grupos de productores que hay en el país, que cumplen las metas, que superan las metas, y que están contribuyendo extraordinariamente a la cuestión de los abastecimientos. ¿Pero qué hicimos entonces? Había restricciones y esto originaba conflictos con los campesinos, descontento entre los campesinos; suprimimos las restricciones, y se aparece toda esa clase que tiene recursos allí, a abastecerse de una manera privilegiada, ¿qué hacer? Bueno vamos a tomar medidas restrictivas pero no con el campesino, sino con los automóviles; entonces que nadie traiga más de 25 libras. Y todavía el que tiene automóvil tiene el chancecito de ir y traer sus 20, sus 25 libras que no lo tienen otros, que todavía es un cierto privilegio. Pero ya no es lo mismo, ya así no pueden comprar 2 000 quintales en ninguna parte.
Y fue necesario tomar las medidas restrictivas, ¿con quién, con el campesino? No, con los automóviles. Claro está, que los privilegiados dicen: Esto es una injusticia, no me dejan comprar tres quintales de malanga. Y se hizo esa medida, donde al campesino se le permite comprar y vender y comercializar esos productos, porque no queremos aplicarles medidas restrictivas a los campesinos; ese no es el camino. Y nunca estuvimos de acuerdo con aquellas restricciones, y debemos aclarar que aquellas restricciones las establecieron los organismos de acopio por su cuenta.
Ahora, eso no quiere decir que no hablemos claro de estas cosas en una oportunidad como esta. Nosotros no estamos de acuerdo con las restricciones, la fórmula de los contratos, nos parece buena fórmula y, sobre todo, lo más importante: que el campesinado comprenda esto, que las organizaciones campesinas comprendan esto; y, además, otra lección, no habrá ese tipo de especuladores, cuando no queden burgueses aquí, privilegiados.
Es decir que la Revolución les plantea el problema de que, más tarde o más temprano, los intereses de los burgueses que quedan en el país deben ser afectados; los privilegiados que quedan en el país, deben ser suprimidos. Ellos son los que crean la corrupción, ellos son los que se aparecen con su máquina y con sus 30 pesos para comprar el guanajo.
También debemos decir que, en muchos pueblos del interior, los campesinos organizados, han resuelto problemas de abastecimiento, y han llevado sus pollos ahí al mercado, no para venderlos en cinco pesos, pero sí los han vendido en precios que se han establecido, que son precios satisfactorios y son precios justos. Y ustedes saben que el pollo criollo tiene un precio mayor que el otro pollo de granja.
Ese es el camino; eso es lo que debe comprender cada agricultor, saber a lo que debe aspirar: a lo justo. Si con los precios que hay, cualquier hombre que trabaje no tiene que especular para tener todos sus problemas económicos resueltos, no tiene que robar, en dos palabras. Porque la especulación es un robo; claro que cualquiera diría: “Ladrón que roba a otro ladrón tiene 100 años de perdón “, campesino que le roba a un burgués 30 pesos tiene 100 años de perdón. Pero no le está robando al burgués, le está robando al trabajador, porque el dinero del burgués no nos interesa, lo que nos interesa es el dinero del trabajador. Al burgués no le importa pagar, si él roba, ha estado robando toda su vida. Y entonces, no le importa pagar lo que le pidan, pero le está quitando ese producto al trabajador, al obrero. Y, desde luego, nosotros sabemos cómo en muchos sitios los campesinos organizados tienen los mercados organizados, y están contribuyendo a resolver problemas. Ese es el camino, esa es la conciencia que hay que formar; esa es la alianza de los obreros y de los campesinos.
Y los obreros de la ciudad ayudan al hombre del campo, ayudan al campesino; los campesinos contribuyen también a resolver los problemas de los trabajadores de la ciudad, son buenos aliados de los obreros, como los obreros son buenos aliados suyos.
Y lo de hoy ya no es como antes. Antes había gente que era del Partido Liberal, otro del Partido Conservador, otro del Partido Auténtico, otro de otro partido. Hoy los hombres actúan y saben a lo que pertenecen, saben que la sociedad no se divide en esos partidos, sino que se dividen entre explotadores y explotados, entre burgueses y trabajadores; y el pequeño agricultor es un trabajador, un hombre que trabaja por su propia cuenta y es un aliado del proletariado, esa es su condición: trabajador. Y no debe servir nunca a los intereses de los explotadores, de los que no son trabajadores.
¿Y qué es el pequeño agricultor? ¿Cuál es el porvenir del pequeño agricultor? Y nosotros aunque sabemos que hace mucho calor en este teatro, en la noche de hoy, vamos a detenernos unos minutos en explicar estos conceptos (APLAUSOS PROLONGADOS).
Más o menos hemos clasificado, se han hecho determinadas clasificaciones; quiénes pertenecen o quiénes pueden pertenecer a la ANAP. Y se ha establecido que a la ANAP pertenecen los agricultores de menos de cinco caballerías, de cinco o menos caballerías de tierra. Esos son los pequeños agricultores . Porque, lógicamente, en un país donde había latifundios que tenían 1 000 caballerías y hasta 10 000 caballerías, un agricultor de cinco caballerías es un pequeño agricultor. En otros países, de la tierra extraordinariamente dividida, un poseedor de cinco caballerías no habría sido un pequeño agricultor. Por eso, atendiendo a las condiciones reales y concretas de nuestro país, quiénes eran los pequeños agricultores en nuestro país. Y hemos establecido por eso esa clasificación.
Ahora bien, hay otros casos de pequeños agricultores y que nosotros creemos justo que se tomen en cuenta. Hay casos que la finca no tiene cinco caballerías, tiene seis, siete, ocho, nueve, pero hay cuatro familias, cuatro hermanos con sus familias trabajando allí, aunque sea una sola finca. Hay esos casos de familias que verdaderamente trabajan allí, y nosotros entendemos que a esos campesinos se les debe tener en el concepto también de pequeños agricultores y considerar a cada familia miembro; aunque tengan una sola finca cuatro hermanos que tienen seis y siete. Claro está, esto quiere decir, cuatro familias que estén allí trabajando.
Si ahora resulta que un burgués rural llama a cuatro hermanos y les hace un bohío allí y los pone a trabajar a la carrera, eso no quiere decir que esos tengan que pertenecer a la ANAP, no. Los que tradicionalmente están allí, los que tradicionalmente han estado trabajando allí — y lo advierto porque los burgueses son vivos (RISAS), lo advierto porque hacen toda clase de trucos. Andan algunos burgueses por ahí haciendo su reforma demagógica y haciendo repartos de tierra. ¡Pues bien!, todo propietario de más de cinco caballerías que de un pedazo de tierra, no se reconocerá esa concesión, porque no van a venir a hacer politiquería ahora, sobornando a gente y dando tierra. Que la hubieran dado antes, el que la dio antes sí. Pero el Gobierno Revolucionario no reconocerá ninguna reforma agraria burguesa. Y de esos burgueses que están planeando irse, y antes de irse dicen: bueno voy a repartir esto para crearle un problema a la Revolución; como hay otros que duplican los sueldos a los empleados de allí; como hay otros que los hacen socios del negocio, cuando están pensando irse, cosa que no hacían nunca. Y por eso hay que tener cuidado con los burgueses; emplean todo tipo de trucos para sobornar y corromper. Hay burgueses que antes ni saludaban al empleado, al trabajador, y ahora lo invitan
a pasear en sus automóviles y se los llevan a dar tragos , cosa que nunca hacían. ¿Qué están haciendo? Tratando de ampliar su base social. Ellos son pocos, unos cuantos miles; pero tienen dinero, entonces se presentan de buenos, de generosos, a cualquiera le prestan dinero, ¡les sobra la plata! Hacen favores, tratan a la gente de lo más bien, para engañar a los ingenuos.
Si el capitalismo regresara a nuestro país, lo que les dan es dos patadas inmediatamente a todos esos trabajadores y empleados que ahora los invitan a tomarse tragos.
Y por eso, ni reconocemos “socios” de esos que los burgueses forman, ni aceptamos como válidos esos aumentos de sueldo que hacen por su cuenta, en el momento en que se vayan o en el momento en que se les nacionalice, ni aceptamos esas reformas agrarias por su cuenta. Y ustedes deben estar atentos que los burgueses no anden haciendo trucos. ¡Hay que estar atentos!
Ahora, debemos considerar pequeños agricultores a aquellas familias que, aun estando en una finca mayor de cinco caballerías, son varios hermanos trabajando de verdad, que son buenos trabajadores y buenos productores; a esos debemos considerarlos también como pequeños agricultores aunque tengan más de cinco caballerías.
Claro está que cada caso debe ser discutido, analizado y debe darle la aprobación el organismo, no empezar a ingresar por la libre a cualquiera, sino estudiar cada caso concreto: ver si han vivido en la tierra, si han trabajado en la tierra, si son buenos productores, y es justo que se les considere como pequeños agricultores esos casos.
Hay otros muchos burgueses que viven en la ciudad, tienen un mayoral por ahí por sus tierras, y ahora se han agitado un poquito cuando se intervinieron unas cuantas fincas que estaban abandonadas.
Desde luego, nosotros a los burgueses rurales no les damos ninguna garantía, la Revolución no les da ninguna garantía, entre otras cosas, porque los burgueses rurales no colaboran con la Revolución. Muchos de ellos han abandonado los potreros, muchos de ellos no han cargado las vacas, han estado afectando la producción ganadera. Y la conducta del burgués rural no es igual a la del pequeño agricultor, no es igual.
Sí se dan casos por excepción, de algunos de esos propietarios de tierras que las atienden y las han trabajado. Es justo decir que hay excepciones, y la Revolución siempre tomará en cuenta esos casos a la hora de tomar cualquier medida. Se tomará en consideración esa gente que ha trabajado lealmente, o por lo menos ha trabajado seriamente, no ha saboteado la producción, y el tratamiento que se le de no será igual cuando se aplique cualquier medida.
¿A quién le da garantías plenas y por qué, la Revolución? A los pequeños agricultores . ¿Por qué? Porque la actitud del pequeño agricultor es distinta y forzosamente tenía que ser distinta, por su posición social, por su carácter de trabajadores; han colaborado de verdad con la Revolución en su inmensa mayoría. Y era lógico que colaboraran con la Revolución. Por lo tanto la Revolución concibe el desarrollo futuro de la agricultura sobre dos bases: sobre la producción estatal y la producción de los pequeños agricultores , que podrán sentirse absolutamente seguros, absolutamente seguros — y ustedes saben que la Revolución tiene palabra y habla con honradez—; los burgueses rurales, no; los pequeños agricultores, sí. ¿Hasta cuándo? ¡Siempre! ¡Siempre!
Otra cosa es, desde luego, el caso del que conspire, el que se deja arrastrar a la contrarrevolución, al que ayuda a una banda de asesinos. No... a ese no le podemos dar ninguna garantía; y eso es lógico porque las leyes establecen la confiscación de los que conspiran contra la Revolución, de los que colaboran con los enemigos de la Revolución. Eso es otra cosa, porque eso es una cuestión de carácter delictivo, una ley de carácter penal.
Ahora bien, en un futuro tendremos: las tierras de los pequeños agricultores, que son las que ustedes tienen hoy y las tierras nacionales que incluirá en un futuro, las tierras de los burgueses rurales. Y por lo pronto será más que hoy; no se sabe la proporción que dará, un 60, un 65, o un 70. Siempre hay el caso de quien quiere jubilarse y vender, hay casos de compraventas de tierras en que el Estado compra cuando le han ofrecido, han hecho ofertas de ventas de tierras.
De manera que el país quedará con una proporción mayoritaria de las tierras en granjas que serán tierras nacionales y una proporción minoritaria de las tierras de los pequeños agricultores, que no sabemos si será del 30, 35 o 40, no se sabe exactamente, habría que hacer cálculos. Entendemos nosotros que esa agricultura, y ese régimen de propiedad agrícola puede marchar perfectamente unido, y puede marchar perfectamente de acuerdo, y puede contribuir extraordinariamente al desarrollo de nuestra agricultura, y de nuestra economía, sobre esos dos pilares: las tierras nacionales y las tierras de los pequeños agricultores.
Y que puede servir de base para una alianza duradera entre los campesinos y los obreros, sin que nadie tenga que preocuparse, sin que a nadie le puedan sembrar la duda. Esa será la situación duradera de nuestra agricultura. ¿Hasta cuándo? Todo el tiempo que sea necesario, indefinidamente.
Porque a nosotros no nos importa que dentro de 10, dentro de 15, dentro de 20 años, haya pequeños agricultores; no nos preocupa. Porque el país irá desarrollando toda su agricultura, el país irá desarrollando toda su economía, toda su industria, y ese pequeño agricultor puede contribuir a ese desarrollo, puede contribuir a ese avance sin que estorbe a la economía.
Si la situación fuera distinta, si en nuestro país toda la tierra estuviera en manos de pequeños agricultores, entonces la situación sería distinta. No se podría plantear el problema así, porque entonces toda la tierra repartida sería un enorme obstáculo al desarrollo económico.
Pero cuando una mayor parte de la tierra esté convertida en empresas grandes, con todos los medios técnicos, la proporción mayoritaria de la tierra será nacional; se pueden crear estas bases sin que nos apuremos, sin que nadie tenga por qué apurarse, en que esa tierra se vaya agrupando, o que esa tierra se vaya convirtiendo en cooperativa, o se vaya convirtiendo en sociedades agrícolas. De manera que vamos a hablar muy claro, para que los campesinos sepan orientarse, sepan cómo vemos el problema.
Una vez establecidas las tierras nacionales, que será de un 60, 65, 70, según la cantidad de tierra que tengan los burgueses rurales, habrá dos tierras: las tierras nacionales y las tierras de ustedes.
¿Cómo van a trabajar ustedes las tierras de ustedes? Es lógico, desde luego, que una empresa un poco mayor, técnicamente funciona mucho mejor que una chiquita; pero eso no va a afectar a la economía, porque hay cantidades suficientes de tierras nacionales para elevar la producción todo lo que deseemos.
Por lo tanto, se puede establecer que los pequeños agricultores cultivarán sus tierras de la forma que ellos estimen conveniente; o como agricultores individuales, o como agricultores individuales formando parte de cooperativas de créditos y servicios, o como miembros de sociedades agrícolas, como prefieran, como lo deseen los pequeños agricultores.
Nosotros podemos decir: “Sí, va a funcionar mejor una sociedad agrícola de 10 caballerías que 10 pedacitos separados de tierra.” Eso técnicamente es verdad; pero, fundamentalmente, esencialmente, no deciden la economía del país, no es decisivo. Sería decisivo si todos fueran pequeños agricultores. Entonces, habría que decir: “Es necesario agrupar, porque no puede desarrollarse la agricultura del país de esa forma “; pero ese no es el caso, la mayor parte de las tierras, tierras nacionales, hay posibilidad de desarrollo en esas tierras, sin que afecte el que existan o no existan pequeños agricultores.
Y serán ustedes los que decidan ahora, o dentro de 10, o dentro de 15 años, cómo quieren cultivar sus tierras.
Hay algunos que han hecho esas sociedades agrícolas. Bien. Algunas están funcionando bien: nos alegramos mucho. Pero, ¿tenemos apuro de que se organicen sociedades agrícolas? No tenemos ningún apuro. Incluso, les hemos dicho a los compañeros de la ANAP: “Miren, ni hablen de las sociedades agrícolas, ni hablen, para que no crea nadie que lo quieren agrupar en una sociedad.”
Nosotros sabemos que los que están en sociedad están muy contentos, pero déjenlos solos, que la propia vida, la propia realidad, sea lo que convenza a cualquiera de qué es lo que más le conviene.
Tienen ustedes el caso de la cooperativa de créditos y servicios, hay más de 45 000 campesinos, ustedes saben lo que es eso; ha dado buenos resultados. Y a nosotros algunos compañeros nos dicen: “Miren, es bueno que en los centrales azucareros se haga también, que en vez de recibir directamente del central, los recursos y las cosas los reciban a través de agrupaciones de créditos y servicios.” Es un sistema de cooperación simple, en que la tierra cada uno la cultiva por su cuenta, pero el crédito lo recibe esa cooperativa, los abonos, los equipos, las distintas cosas; se agrupan para recibir esas cosas y para venderlas. Esa es una organización buena, y desde luego que, a cada cual lo mantiene con su tierra. Pero tampoco estamos abogando por esa cooperativa; creemos que muy pronto la mayor parte de los campesinos estarán agrupados, ¿por qué? Porque los resultados que le han dado es muy bueno.
Es muy fácil para la administración, en vez de estar tratando uno por uno con los campesinos; en un lugar hay 20 o 30 campesinos, tienen su cooperativa de créditos y servicios y, entonces, el dinero al banco lo va a buscar uno, los créditos, los contratos, los hace uno, una representación. Y ese lo designan ellos.
Y quedan los agricultores independientes, que también forman parte de las asociaciones campesinas. Esas son las tres formas.
Nosotros creemos que se han desarrollado mucho en los últimos tiempos las cooperativas de créditos y servicios. Han dado buenos resultados, hay 45 000 campesinos. Pero estas son cosas que nosotros no abogamos por ninguna de esas formas; es decir, no tenemos especial interés en ninguna de esas formas. Y lo mismo tratamos con el campesino independiente, que con la cooperativa de créditos y servicios, que con la sociedad agrícola. Eso se lo dejamos a ustedes.
Hay algunos problemas, naturalmente, que en el futuro les dará una tendencia hacia la agrupación. ¿Cuál es? La máquina, por un lado; la escasez de mano de obra, por otro, porque es lógico que cada día ustedes se van a encontrar más dificultades con el problema de mano de obra, porque antes sobraba la gente dondequiera buscando trabajo y hoy no es esa la situación. Hoy hay que sustituir a ese hombre por las máquinas; y será mucho más fácil resolver los problemas con las máquinas.
Porque, desde luego, nosotros movilizamos para las cosechas, en épocas de cosecha se necesita más mano de obra. ¿Cuál es el ideal del agricultor? Aquel que trabaja la tierra, él con su familia. Claro, hay pequeños agricultores que tienen obreros trabajando con él, cada día se le va a hacer más difícil. ¿Por qué? Porque esos obreros irán a trabajar a otros sitios, cada día serán más escasos, se irán a estudiar, o se irán a estudiar una maquinaria, o irán a un curso de equipos pesados, o irán a un curso de máquinas cortadoras de caña, porque quieren progresar; eso es lógico.
Y esas circunstancias sociales harán que ustedes se pongan a pensar cómo les conviene más organizar la producción.
Hay una época en que sí necesitan ustedes mano de obra. Y nosotros aspiramos a que no haya explotación del trabajo por el trabajo en el campo para los cultivos; aunque, desde luego, en las cosechas sí es necesario movilización de fuerza de trabajo, y lo hemos hecho. Nosotros mandamos a los estudiantes, y ahora incluso a obreros industriales, a las montañas a ayudar al pequeño agricultor a recoger su café; otras veces, movilizamos para ayudarlo a recoger su tabaco; otras veces, se moviliza para la cosecha de la caña. Es decir que siempre movilizaremos para las cosechas la fuerza de trabajo que haga falta, porque es la época del año en que se necesita más fuerza de trabajo.
Pero si ustedes van mecanizando la producción, cada día necesitarán menos fuerza de trabajo; para los cultivos, a medida que se mecanice la agricultura ustedes podrán, por ustedes mismos, hacer todo el trabajo agrícola, o fundamentalmente, la mayor parte del trabajo de los cultivos y de la producción; y naturalmente, necesitarán la ayuda en la cosecha. Con la caña, ya está el problema resuelto con las máquinas; con el café, habrá siempre que movilizar fuerza de trabajo para recoger el café en las montañas; y así con otros productos.
Pero lo importante es que ustedes sepan cuál es la política de la Revolución, cuál es y cuál será definitivamente la política de la Revolución con el pequeño agricultor. Hay dos pilares: las tierras nacionales administradas por granjas, las tierras de los pequeños agricultores. Esas dos fuerzas pueden avanzar unidas y contribuir extraordinariamente al desarrollo de la economía; y como aliado de la clase obrera, el poder revolucionario respetará siempre la voluntad acerca de lo que desee, en la forma en que deseen hacer producir sus tierras, el sistema mediante el cual quieran hacer producir sus tierras los pequeños agricultores.
Puede darse un caso, vamos a suponer un caso en que haya que convencer a un pequeño agricultor, por ejemplo, de que cambie un tipo de cultivo — les voy a poner un ejemplo—, imagínense que se hace una represa, que se hace una zona de tierra de regadío, que se hace un desarrollo de una región; es posible que si aquello está sembrado de cosas que no es buena la tierra para eso, y que se puede producir otro producto que le interesa mucho más a la economía, y que, por tanto, le va a interesar más también al pequeño agricultor que le digamos: “Mire, no creemos que deba haber potrero ahí, esta va a ser un área, digamos, cañera; y esta tierra no vale la pena que sea una tierra de regadío, para que no se aproveche”, y le digamos: “Estimamos conveniente que usted siembre esto.” Eso puede ocurrir en algunos sitios en que haya que indicarle el tipo de cultivo que sea más conveniente; eso puede ocurrir en algún sitio, en alguna zona.
Por lo demás, sembrarán lo que estimen, lo que más les agrade, lo que más les convenga, siempre habrá una política, tratando de estimular tal cultivo, otro cultivo; siempre habrá un esfuerzo; si, por ejemplo, quieren tumbar la caña, convencerlos de que no tumben la caña, que hacen daño a la economía, discutir, de manera que siempre coincidan los intereses del poder revolucionario y los intereses del pequeño agricultor, porque el poder revolucionario se basa en los intereses de los obreros y de los campesinos. Eso es lo que quiere decir, eso que les estoy explicando, es lo que quiere decir la alianza obrero campesina.
Con estas explicaciones los campesinos estarán armados de argumentos, sabrán a qué atenerse, y tengan la seguridad, tengan la seguridad de que nadie les irá a decir: “Formen una sociedad agrícola “; al contrario, hemos planteado que cuando quieran hacer sociedades agrícolas mayores de 15 caballerías necesiten una autorización especial. Porque no nos parece que debe haber sociedades agrícolas grandes, no van a funcionar bien, nos parece que funcionan mejor cuando son pequeñas, y por eso hemos puesto un límite: que si quieren los campesinos de un lugar organizar una asociación agrícola, y son más de 15 caballerías, necesiten una autorización especial para hacerlo.
Nadie les va a exigir que formen tal y cual tipo de organización, nadie; y serán ustedes mismos los que dirán qué les conviene, qué desean hacer de una manera absolutamente espontánea y producto del análisis de ustedes, de la situación concreta de cada zona y de cada caso. Y esta es una palabra definitiva, esta es una política definitiva de la Revolución, y que sobre esa base no habrá nunca problemas entre los campesinos y el poder revolucionario; sobre esa base nosotros sabemos que será eterna y definitiva la alianza entre los campesinos y los obreros cubanos.
No quiere decir esto que no tengamos que discutir, ¡no!, tenemos que discutir muchas veces; no quiere decir que no tengamos que criticar, muchas veces vendrá la asociación y dirá: “Mire, este funcionario no está trabajando bien, dejó los productos aquí o tal sistema no es bueno, es mejor este “, tal como estamos haciendo en acopio porque vamos superando viejos métodos y vamos a ir estableciendo las subzonas de acopio y vamos a ir estableciendo centros donde se resuelvan todos los problemas, el de los créditos, el de los insumos, el de la maquinaria, el de los acopios. Es decir que vamos a crear una organización muy práctica para resolver todos esos problemas, de manera que los campesinos tengan sitios donde ir a llevar sus productos, donde ir a buscar el abono, donde ir a buscar las cosas que necesiten. Y vamos a establecer un sistema mucho mejor, en eso estamos trabajando.
Y ya les digo, no quiere decir que no haya que discutir, que no haya que criticar; a veces habrá que decir: “Tal asociación está trabajando muy mal, tal asociación no cumple las metas” o habrá que felicitar a tal asociación porque las ha cumplido, porque las ha sobrepasado, como se han dado muchos casos, se han dado muchos casos de zonas donde han cumplido y han sobrepasado las metas.
Entonces tiene que haber un trabajo estrecho, coordinado, de lo que se va a producir, las metas de producción, las que se les asignen a ustedes, los pequeños agricultores. Y así habrá las metas para las granjas, las metas para los pequeños agricultores, las metas de producción para las tierras nacionales y las metas de producción para las tierras en manos de los pequeños agricultores, metas realistas; y nadie les va a pedir más de lo que ustedes pueden producir; metas realistas y teniendo en cuenta los recursos, la maquinaria, los medios de producción que existen. Pero sobre estas bases marchará la agricultura.
¿Qué puede ocurrir? ¿Será eterna esa pequeña parcela? No, no será eterna, ¿por qué?, ¿qué ocurrirá? Muchos hijos de ustedes irán a las escuelas, irán a las escuelas secundarias, secundarias básicas. Es posible que llegue un momento en que todos los muchachos se fueron a estudiar otra cosa, a trabajar en otra cosa. Se han dado casos de familias que han dicho: “Bueno, ¿qué hago con esta tierra? Tengo cuatro hijos, están en la milicia, están en el ejército, están en no sé qué cosa.” Y entonces han pedido, incluso, mudarse para donde están los hijos, han pedido vender, han pedido cambiar. Claro que no siempre se pueden resolver esos problemas, porque el cambiar una tierra de un lugar para otro no es fácil. Porque algunos dicen: “Bueno, tengo una tierra en la sierra, quiero cambiarla por una en La Habana “, y la sierra es grande y La Habana es pequeña.
¿Y cómo se puede resolver ese problema? Bueno, paulatinamente, en el transcurso de los años, de muchos años, pues irá produciéndose un proceso largo, en virtud del cual cada vez la proporción de tierras nacionales será mayor y la tierra del pequeño agricultor menor. ¿Qué tiempo se necesita? Quince, 20, 25, 30, 40 años, no importa, eso no importa en absoluto, eso no apura a nadie, no le preocupa a nadie.
¿Qué es lo que le preocupa al país? ¿Qué le interesa al país? Que ustedes produzcan, eso sí le preocupa, eso sí le interesa al país, que ustedes a cada metro cuadrado de tierra le saquen el máximo, que ustedes puedan utilizar esa tierra para sacar el mayor número de los productos que necesita toda la población. Eso es lo que nos interesa, eso es lo que la Revolución pide, eso es lo que la Revolución exige; no es la cuestión de la ambición de estar metiendo más tierras en una granja, que si ya tiene 100 caballerías y quiere tener una caballería más. No, no, al contrario, hay granjas que son demasiado grandes y precisamente ahora vamos a hacer un estudio bien racional de cuál debe ser el máximo de tierra que debe tener una granja para caña o para arroz, porque para administrar una granja de esas de 1 000 caballerías hace falta un supergenio y no abundan esos supergenios.
Y ustedes saben muy bien que para administrar una hay que trabajar duro, para que funcione bien y cuidar las cosas bien hay que esforzarse; ya saben lo que es administrar el trabajo de 200 o 300 hombres. Por eso vamos a reducir el tamaño de las granjas, a dividir granjas; porque ahora sí vamos a hacer una emulación: ¿Dónde se organiza mejor la producción?, ¿dónde hay mayores rendimientos?, ¿dónde hay más productividad? Es la emulación entre las granjas, las tierras nacionales y las tierras de los pequeños agricultores.
Y a su vez ustedes tienen que emular, ¿dónde producen más?, si en la sociedad agrícola, si en la cooperativa de créditos y servicios o si en el agricultor pequeño. Porque sí, nosotros sabemos que hay tierras que son del Estado, esas granjas que andan muy mal. Hay campesinos que dicen: “Mire, esa tierra no la están produciendo bien, se cometen tales y tales y más errores y, sin embargo, yo en un pedacito así estoy produciendo tanto y más cuanto.” Bien, cuando un campesino viene y dice eso le está prestando un favor a la Revolución, porque está llamando al honor de ese administrador. Y el pequeño agricultor tiene que ayudar a que las granjas, las tierras nacionales marchen bien. Nosotros estamos seguros de que van a marchar bien porque no vamos a descansar hasta que nuestra agricultura esté perfectamente organizada, no vamos a descansar hasta que no haya una productividad alta, no vamos a descansar hasta que podamos tener una agricultura de la cual podamos sentirnos orgullosos. Y ustedes tienen que ayudar, criticando sí, criticando, enseñando y a la vez aprendiendo, porque a veces ustedes verán cosas que en la granja están muy mal, pero van a aprender otras que están muy bien, y van a ver muchos métodos nuevos de cultivo, y verán cuando de un centro experimental salga un tipo de caña y le digan a un pequeño agricultor: “¿Usted quiere sembrar esta caña?” Y diga: “No, no, yo tengo esta caña, que es la mejor “; y cuando la vea sembrada al lado y vea que esa caña tiene una productividad del doble, entonces va a decir: “Bueno, mándenme esa caña para acá.”
Porque hay 50 variedades de caña sembradas, pero ya los organismos de investigación cañera han seleccionado 10 que son las mejores, además de que siguen buscando selecciones, siguen buscando selecciones dentro y fuera de Cuba, para ir elevando la productividad por caballería, para ir buscando los tipos de caña, por ejemplo, que resistan la seca bien, tipos de caña que se puedan cortar temprano, que se puedan cortar tardías, tipos de caña que den mayor porcentaje de azúcar, mayor volumen de azúcar por unidad de tierra, que es lo que hay que buscar. Porque a lo mejor aparece una caña que tiene más que otra, más porcentaje, pero que la caballería produce mucho menos arrobas que de otro tipo. Por eso hay que buscar la caña que produzca más; hay que decirlo, porque algunos de nuestros pequeños agricultores trabajan muy bien, y muchos de nuestros pequeños agricultores no trabajan bien.
Si hay errores técnicos y hay rutina y deficiencia en algunas granjas, en muchos pequeños agricultores hay rutinas; hay deficiencias técnicas; crían cerdos y nunca se preocupan de buscar un cerdo de mejor calidad y andan criando unos cochinitos flacos, que no engordan; lo mismo les pasa con las gallinas, lo mismo les pasa con el ganado, no se preocupan de la selección, no se preocupan del cruzamiento para obtener ejemplares que den mayor cantidad de productos, por ejemplo, mayor cantidad de leche. Y hay que luchar por aplicar la técnica, las mejores variedades de animales, las mejores variedades de los cultivos, las mejores semillas. Y ustedes irán aprendiendo mucho porque, por ejemplo, el maíz híbrido aquí no se conocía, apenas se conocía, y andaban sembrando un maicito que daba 100 quintales o 200 quintales por caballería. Cuando ustedes vean una semilla de maíz híbrido que produce 500, 600 y hasta 800 quintales van a dejar de producir el otro tipo de maíz.
Hay campesinos que no conocían lo que era la pangola, no sabían ni lo que era, y desde que vieron lo que da un pedazo de tierra sembrado de pangola, no quieren sembrar otras hierbas que la pangola. Y así para eso están los organismos de investigación, desarrollando la caña, desarrollando los pastos y el gobierno está dándoles facilidades a esos organismos, recursos a esos organismos. Porque nosotros tenemos que aplicar la técnica en la alimentación del ganado, por ejemplo, en la alimentación de los cerdos, en la producción de caña, y entonces veremos cuáles son los resultados de eso. Ustedes aprenderán mucho de eso y verán que a la vuelta de algunos años tenemos una agricultura de una técnica formidable; no perderemos el tiempo sembrando una hierba que no alimenta a nadie, ni una caña que apenas produce azúcar, ni criaremos un animal que no sea de la mejor calidad.
Y ahora, por ejemplo, ¿qué estamos haciendo en Oriente, al sur de la Sierra Maestra? Hemos llevado 400 toros Holstein allí. ¿Por qué? Porque se va a desarrollar una cuenca lechera, se van a empezar a hacer cruzamientos del Holstein con ese ganado de aquella zona. ¿Para qué? Para obtener, dentro de dos, tres, cuatro años, ejemplares que den el doble, el triple de leche. Hace falta tiempo, hace falta años, pero si empezamos ahora, vacas que están dando tres litros, estarán dando 12, estarán dando 15. Y entonces es cuando podremos tener la oportunidad de saber lo que es la abundancia porque, claro, ahora no se produce para unos pocos, no se produce ropa para unos pocos, ni zapatos para unos pocos, ni comida para unos pocos. Hay que producir para toda la población, esa es la demanda que hay de productos, porque hoy nadie se acuesta sin la esperanza de comer algo, porque tiene con qué comprarlo y va a la tienda y pide, y de ahí que tengamos que producir cantidades mucho mayores para satisfacer esas necesidades.
¿Cómo las podemos satisfacer? Con la técnica, con la máquina, con la organización. Ese es el interés que tenemos por las escuelas, ese es el interés que tenemos por la alfabetización. Y ahora vamos a poner especial empeño en las secundarias básicas rurales. ¿Por qué? Porque antes no llegaba un muchacho nunca al 6to grado; y ya hay incluso miles de muchachos en las montañas que van para 5to grado. Y por eso vamos a hacer los internados de montañas: para recoger a los muchachos de las montañas, para los que están en 4to y 5to grados.
Ya hay muchos muchachos que están llegando a 6to grado en las escuelas. ¿Qué hacer con ellos? Para ellos vamos a organizar las secundarias básicas rurales. ¿Qué conocimientos les vamos a dar? Conocimientos técnicos, fundamentalmente técnicos agrícolas. ¿Por qué? Porque no queremos al hombre produciendo con un machete cortando caña, queremos al hombre produciendo con una máquina; no queremos al hombre produciendo con métodos rudimentarios; no queremos al hombre sembrando maíz de 200 quintales por caballería, sino al hombre sembrando maíz de 1 000 quintales por caballería; no queremos al hombre ordeñando a mano una vaca de tres litros, queremos al hombre manejando una ordeñadora eléctrica, ordeñando vacas de 10 y de 15 litros ; y no queremos al toro que tiene que estarse tres años en un potrero para dar 500 o 600 libras de carne netas, queremos el toro que a los 18 meses esté dando esas 500 o 600 libras de carne, para que no haya más espacio, para tener mayor cantidad de vacas lecheras.
Y así, parejamente, trabajando en la agricultura, en la industria, en la pesca; trabajando con el espíritu que ya se observa, el sentido de la responsabilidad, el entusiasmo, el sentido del honor; ya se ve por todas partes, por todas partes se observa eso. Ya se ven los resultados del esfuerzo, de los técnicos, el trabajo de los muchachos que estuvieron en la Unión Soviética estudiando agricultura.
Y así, muy pronto regresarán 2 000 más, más los que están formando nuestras escuelas. Porque, claro, la Revolución triunfa, pero ¿cuántos técnicos había?, ¿cuántos campesinos preparados? Hubo que improvisarlo todo. Sin embargo, ya ustedes saben los miles de muchachos que están estudiando técnicas agrícolas, cuestiones de administración; los miles de maestros que están estudiando. Incluso una noticia alentadora: ¡Seiscientas campesinas de las montañas van a ingresar en la escuela de maestros ya! Es decir que dentro de cinco años tendremos maestras graduadas salidas del corazón de las montañas. Y, naturalmente, que algún día tendremos que recoger los frutos de ese esfuerzo.
Pero, sinceramente, es para sentirse alentados de ver cómo todo está marchando mejor; cómo están marchando mejor las asociaciones campesinas, las granjas cañeras, las granjas agropecuarias; llegar a una granja donde hemos visto que se ha duplicado la producción de leche.
Y aunque sabemos que muchas cosas están por rectificar, mejorar y superar, de todas formas es alentador ver en todas partes síntomas de un mejor trabajo, de una mayor responsabilidad, que realmente nos llena de esperanza y de aliento en los éxitos que vamos a obtener.
Y esa es la tarea en que debemos trabajar juntos; en la que deben unir su esfuerzo los trabajadores, los obreros y los campesinos.
Nosotros necesitamos el esfuerzo de ustedes para todos estos planes, la ayuda de ustedes, el apoyo de ustedes, el interés de ustedes, en el aumento de la producción, en el empleo de las máquinas, en el desarrollo de la técnica, en la formación de cuadros. Y creo que con estas cosas que les he dicho, y sabiendo ustedes como saben cuál ha sido la palabra de los revolucionarios, cuál ha sido la palabra de la Revolución, les sirva a ustedes para tener una idea de cuál es el futuro, cuáles son las perspectivas de futuro y cuáles son las bases sobre las cuales ustedes pueden organizar su trabajo.
Y creo que ya nunca más les harán cuento a ustedes; ya nunca más vendrá nadie a engañar y a confundir a los campesinos. ¿Está claro eso? (EXCLAMACIONES DE: “¡Sí!”) Saben ustedes ya cuál es el presente y saben cuál es el futuro.
Pues que sirva este Segundo Congreso para esto, para que ustedes, los pequeños agricultores, sepan a qué atenerse, cuál es su papel y cuál es su futuro; para que estén siempre tranquilos; para que comprendan qué significa la alianza de los obreros y de los campesinos; y sobre qué bases y por qué camino va a ser el futuro del país.
Y esto es así porque esto es socialismo, porque el socialismo es una ciencia, y una ciencia que se basa en realidades. Y esa ciencia enseña que el camino del triunfo es el camino de la alianza de los obreros y de los campesinos; que el camino del triunfo es el camino de la cooperación entre los obreros y los campesinos; la cooperación franca, la cooperación clara, la cooperación leal entre los obreros y los campesinos.
¡Y por eso esta es nuestra política para con los campesinos, y por eso nosotros sabemos que siempre estarán los campesinos con la Revolución, que siempre lucharán por la Revolución! (APLAUSOS Y EXCLAMACIONES.)
¡Y que al igual que en la guerra, al igual que en la guerra los campesinos vertieron su sangre por el triunfo de la Revolución, por el triunfo del proletariado, los campesinos en la construcción del socialismo, en la construcción de la patria nueva, en la construcción de un futuro feliz, estarán junto con los obreros y darán hasta la última gota de su sudor creador y hasta la última gota de su sangre patriótica!
¡Patria o Muerte!
¡Venceremos!
FIDEL CASTRO RUZ

Fuente: http://www.cuba.cu/gobierno/discursos

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