julio 10, 2012

Discurso de Fidel Castro en el Campamento de Camagüey (1959)

DISCURSO EN EL CAMPAMENTO “AGRAMONTE”, EN CAMAGÜEY
 Fidel Castro
[21 de Octubre de 1959]

― Versión taquigráfica de las oficinas del Primer Ministro ―

Camagüeyanos:
En instantes como este se pueden experimentar los sentimientos más disímiles.
Me siento alegre por un lado y triste por el otro.  Más que alegre, agradecido del pueblo, reconocido del pueblo.Se experimenta esa sensación de lo que es un pueblo leal, de lo que es un pueblo revolucionario.
Y frente a eso, la otra idea, la que nos entristece porque no tenía razón de ser, porque son de esos errores y de esos males que los hombres muchas veces cometen sin razón, porque es un daño a la patria sin razón; la idea de los hombres desleales, la idea de los hombres ambiciosos, la idea de los hombres que ponen su ego, su yo, por encima de los más sagrados intereses del país, y que por encaramarse, por encumbrarse, son capaces de hundir hasta su propia patria .
Más que traidor, lo primero que lo llamaría es ingrato.  Ingrato, porque no supiste pagar con lealtad las simpatías espontáneas y los aplausos gratuitos que te daba el pueblo de Camagüey.  Ingrato porque quisiste realizar una maniobra contrarrevolucionaria en la provincia más revolucionaria de Cuba. Ingrato porque confundiste las simpatías del pueblo con la incondicionalidad.  Ingrato porque te endiosaste.  Ingrato porque te autosugestionaste con la misma propaganda que constantemente estabas promoviendo a favor de tu persona.  Ingrato porque te creías que los pueblos pueden ser traidores.  ¡Y hombres puede haber traidores, pero no pueblos!  
Confundió lo que es simpatía por una causa, lo que es adhesión con una causa; confundió lo que es gratitud del pueblo no con los que están vivos, sino gratitud principalmente para los que cayeron en la lucha y no oyeron el aplauso; gratitud del pueblo para aquellos que fueron los pioneros, para aquellos que vivieron y murieron en la noche de la tiranía sin llegar a ver un solo rayo de luz de la libertad que hoy disfrutamos. ¡Gratitud para los que cayeron, aplausos para los que cayeron! ¡Lealtad para los que cayeron! ¡Incondicionalidad para los que cayeron!, porque los que cayeron hicieron posible la victoria de la patria, porque los que cayeron hicieron posible que hoy haya un ejército rebelde, y porque los que cayeron hicieron posible que hoy haya comandantes que reciben el aplauso del pueblo.
Ingratos y torpes y vanidosos y fatuos los que creen que esa gratitud y ese aplauso y esa incondicionalidad es para ellos, porque hombres puede haber traidores, pero no pueblos.
Ingrato porque no solo fue ingrato con el pueblo, sino que fue ingrato con sus compañeros de Revolución, los que lo recibieron cuando ya llevaban muchos meses peleando en las montañas, los que lo recibieron cuando ya habían pasado por años de cárcel y de exilio. Porque algunos vinieron siete meses antes de que la Revolución concluyera, otros vienen luchando desde el 10 de marzo de 1952, otros vienen desde el Moncada, otros vienen desde el ataque al Palacio, otros vienen del Granma y otros vienen de cuando el camino ya estaba trillado por los que vinieron delante.
Ingrato con sus compañeros que le otorgaron toda la amistad, que no le regatearon honores, que no le regatearon cargos, que no le regatearon reconocimientos.  Ingrato con la patria, que tanto necesita de hijos leales hoy más que nunca.
¿Qué hicimos al llegar a Camagüey?  Aquí había un comandante rebelde que había cruzado la frontera en la provincia de Oriente y se había mantenido valerosamente durante varios meses en esta provincia.  Al finalizar la guerra era lógico que fuese el jefe de la provincia, y, sin embargo, ¿por qué no lo nombramos? Víctor Mora era mucho más antiguo, era mucho más antiguo que Hubert Matos en la guerra. Víctor Mora llegó mucho antes.  Víctor Mora participó en un número mucho mayor de combates; sin embargo, víctor Mora no había tenido la suerte de ir a la escuela, Víctor Mora no había tenido la suerte de ostentar títulos profesionales, Víctor Mora no había recibido una cultura. Era un campesino rudimentario que se ganó los grados a base de servicios y a base de valor.  Víctor Mora tenía méritos, pero era el campesino que apenas sabía leer ni escribir, era el campesino que no había podido ir a la escuela, era el campesino que no tenía cultura, y aunque a él le habría correspondido el mando, no le dimos el mando a víctor Mora. Llamamos al inteligente, llamamos al culto, llamamos al que podía ostentar títulos profesionales, al que sabía leer y escribir, al que tenía alguna cultura.
Mas, había otro camagüeyano que combatió con nosotros en la Sierra Maestra, otro compañero que un día cruzó la línea divisoria para invadir a esta provincia.  A ese compañero, que también le habría correspondido ser en derecho, tampoco lo nombramos.  Y no lo nombramos porque había desobedecido una orden, aun cuando al desobedecer aquella orden fue el más valiente, porque se le dijo: “No uses camiones de transporte”, y él usó los camiones de transporte:  ¡Pero iba delante, pero iba en la primera máquina, pero pasó en la vanguardia de sus tropas!    Desobedeció una orden, pero iba a la vanguardia de sus tropas, y cuando después de la derrota volvió a reunir a algunos hombres, continuó la campaña.  Pero había cometido una indisciplina y, aunque él era camagüeyano y fue el primero en cruzar con una columna, no lo nombramos.
Llamamos al inteligente. Llamamos al culto. Llamamos al que gustaba de pronunciar discursitos y posar de doctor. Llamamos al que le gustaba mucho retratarse. Llamamos al que le gustaba mucho invitar periodistas para que le hicieran el panegírico.  Llamamos al que le gustaba ir a todos los lugares donde hubiera un acto público para hablar y hablar y hablar.  No llamamos a aquellos compañeros que con más méritos quizás, y con más sacrificio, no tenían —uno— la cultura, había cometido una falta leve —otro de ellos— que resultó costosa. Llamamos al que tuvo más suerte, y en sus manos pusimos esta provincia noble, y en sus manos pusimos esta provincia pacífica. En sus manos virtualmente, porque tenía todas las atribuciones, dejamos el destino de la provincia, de la provincia que con más simpatía nos recibió a nuestro cruce por ella; de Camagüey, que es la provincia que en los surveys aparece en primer lugar, de Camagüey que es la provincia más entusiasta.
E ingrato, ¡ingrato!, quería pagar todos estos honores con la traición.  Ingrato que ni siquiera le importó las consecuencias de su acto.  Porque, ¿qué pretendía?  Desde que llegó a Camagüey se dedicó a controlar incondicionales: un incondicional para el periódico, un incondicional para la estación de radio, un incondicional para el movimiento, y dondequiera que no había un incondicional suyo, no paraba hasta hacerlo saltar de la posición, valiéndose de la influencia del cargo, y situar allí a un incondicional suyo.
Estaba preparando el camino, estaba preparando no el camino de la patria, sino su camino, el camino de Hubert Matos, y lo preparaba con arte, lo preparaba con esmero.  Y la reacción sabía su posición.  La reacción, que es hábil; la reacción, que es aguda; la reacción, que anda vigilando las debilidades de los revolucionarios, sabía que la debilidad de Hubert Matos era el afán de publicidad y el afán de encumbramiento, que la debilidad de Hubert Matos era la ambición.  Y mientras se hacían campañas contra Camilo, contra el Che, contra Raúl, mientras se trataba de desprestigiar a los mejores, a los más sólidos baluartes de esta Revolución, trataban de endiosar al ambicioso, trataban de endiosar al vanidoso, para ver cómo podían contar con un caballito de Troya dentro de la Revolución, para ver cómo podían abrir una brecha.
Eso creyó la reacción y eso creyó él.  Lo que no contaron fue con el pueblo.  Creían que iban a engañar al pueblo, desde hace días venían preparando su trama.  ¿Y cuál era el pretexto?  El mismo pretexto que Díaz-Lanz, el mismo pretexto que Urrutia.
No solo eso: vísperas de la traición de Díaz-Lanz, Hubert Matos lo había visitado en su casa, y nosotros guardamos silencio y lo pasamos por alto; vísperas de la traición de Urrutia, Hubert Matos había estado alentando los propósitos de Urrutia y Urrutia los propósitos de Hubert Matos, sin embargo, lo pasamos por alto.  Eso y otras muchas cosas más pasamos por alto.
Pero él venía preparando cuidadosamente su trama, y ya cuando tenía controlado el movimiento y a una serie de lidercillos —entre los cuales hay unos cuantos lidercillos estudiantiles, cuyos nombres voy a decir aquí para que los estudiantes los destituyan...  Y como al mismo tiempo veía que al frente de la reforma agraria había sido designado un verdadero revolucionario, un compañero de la Sierra Maestra, un rebelde que no vacila ante el poderío de los latifundios ni se acobarda ante las amenazas de los enemigos de la patria que dicen que si hay reforma agraria se hunde el país; como veía que estaba perdiendo terreno por la reforma agraria, que es obra de la Revolución, quiso presentarse como alma de aquella reforma.  Trataba de hacer creer que las leyes de la Revolución fueran las leyes de él, que a él había que agradecérselas.
Aquí la reforma agraria estaba bastante frenada, como ustedes recordarán, y aquí, como ustedes saben, se intervinieron los latifundios aquella vez que vinimos a Camagüey y dimos la orden de intervenir los latifundios ; y la primera cooperativa arrocera, que fue la primera cooperativa de la reforma agraria, se inició también aquí a raíz de aquella visita que hicimos a Florida.  ¡Ellos frenaban, mas nosotros impulsábamos!
Y para que la reforma agraria avanzara de veras llamé al compañero Mendoza, que estaba en Oriente, y le encargué la tarea de hacer avanzar la reforma agraria.  Mas eso es lo que no toleraba Hubert Matos: no toleraba que hubiera un revolucionario de veras y que estuviera haciendo una reforma agraria de veras.
Mientras hacíamos Revolución, mientras nos dedicábamos a todas las leyes y medidas revolucionarias, mientras los obreros están trabajando en muchas obras del gobierno nueve y diez horas, mientras los trabajadores están descontando parte de su salario para la industrialización, mientras los maestros están dando clases —los nuevos maestros— por la mitad de su sueldo, mientras los niños recogen centavitos para defender sus divisas, ¿qué hacía Hubert Matos? Conspirar, atar cabitos.  Y cuando se consideró lo suficientemente fuerte, alentado por la propaganda de la reacción, alentado por los halagos de la reacción, que estaba tentándolo, que estaba halagándolo a ver si conseguían obras de él, ¿a qué se dedicaba?  ¡Se dedicaba a acusarnos a nosotros de comunistas!  
Siempre lo mismo, siempre lo mismo. Siempre lo mismo de Díaz-Lanz y de Urrutia.  ¿Acusarnos de comunistas para qué? Acusarnos de comunistas para ganarse el halago y para ganarse el apoyo de la reacción, para ganarse el apoyo de cancillerías extranjeras; presentarse acusando a los compañeros más valiosos de esta Revolución de comunistas.  Es decir, acusar a la Revolución de lo mismo que la acusan los latifundistas, de lo mismo que la acusan los criminales de guerra, de lo mismo que la acusan los garroteros, de lo mismo que la acusan los especuladores, de lo mismo que la acusan Trujillo y su emisora desde Santo Domingo, de lo mismo que la acusan los grandes monopolios internacionales.  Quien se dedique a la innoble y ruin tarea de acusar de comunistas a los compañeros revolucionarios, lo que está haciendo es hacerles el juego a Trujillo, a la reacción nacional, a los grandes intereses internacionales, a los criminales de guerra, a Masferrer, a Batista, a Ventura, a Carratalá y a todos esos criminales.
Y así, cuando consideró que todo estaba listo planea su gran trama.  Me envía una carta renunciando y alegando una serie de razones... (DEL PUBLICO LE DICEN:  “Lea la carta”).
¡Es que no puedo leer todos los papeles aquí!   El preparó una cartica para la publicidad:
 “Compañero Fidel:

“En el día de hoy he enviado al jefe del Estado Mayor, por conducto reglamentario, un radio interesando mi licenciamiento del Ejército Rebelde.
“Por estar seguro de que este asunto será elevado a ti para su solución, y por estimar que es mi deber informarte de las razones que he tenido para solicitar mi baja del Ejército, paso a exponerte las siguientes conclusiones:
“Primero: No deseo convertirme en un obstáculo para la Revolución , y creo que teniendo que escoger entre adaptarme o arrinconarme para no hacer daño, lo honrado y lo revolucionario es irme.
“Segundo: Por un elemental pudor debo renunciar a toda responsabilidad dentro de las filas de la Revolución, después de conocer algunos comentarios tuyos de la conversación que tuviste con los compañeros Agramonte y Fernández Vila”, coordinadores provinciales de Camagüey y La Habana respectivamente. “Si bien en esa conversación no mencionaste mi nombre, me tuviste presente.
“Creo igualmente que después de la sustitución de Duque y de otros cambios más, todo el que haya tenido la franqueza de hablar contigo del problema comunista” —como esto es para la publicidad... ¿Comprenden?— “debe irse antes de que lo quiten.” Como si yo le hubiera preguntado nunca a nadie, cuando fue a pelear, qué pensaba ni de qué partido era, porque nunca, cuando se estaba luchando se le ha preguntado a nadie por filiación política.  Jamás he andado en esas averiguaciones.
“Tercero: Solo concibo el triunfo de la Revolución contando con un pueblo unido, dispuesto a soportar los mayores sacrificios.”  Y él trata de dividir a ese pueblo.

Y añade: “Porque vienen mil dificultades económicas y políticas.” Vienen mil dificultades económicas, y él es el que las está agrandando; dificultades políticas, y él es el que está engrandeciendo.

“Y ese pueblo unido y combativo no se logra ni se sostiene si no es a base de un programa que satisfaga parejamente sus intereses y sus sentimientos” — ¿es que la Revolución no ha  hecho leyes revolucionarias? (EXCLAMACIONES DE: “¡Sí!”)  ¿Es que la Revolución no está cumpliendo su programa?  (EXCLAMACIONES DE: “¡Sí!”)— “y de una dirigencia que capte la problemática cubana en su justa dimensión y no como cuestión de tendencia ni lucha de grupos.”  Y él está fomentando un grupo.
“Si se quiere que la Revolución triunfe dígase a dónde vamos y cómo vamos”. Exactamente lo que ustedes oyen leer, lo oyen en el diario de La Marina, señores.  Exactamente. “Óiganse menos los chismes y las intrigas.” Y él es el primero que renuncia porque dicen, le hablan de una conversación —según dice— en que no lo menté, pero lo tenía presente. “Y no se tache de reaccionario ni de conjurado al que con criterio honrado plantee estas cosas. Por otro lado recurrir a las insinuaciones para dejar en entredicho a figuras limpias y desinteresadas que no aparecieron en escena el Primero de Enero...”¡Que no aparecieron el Primero de Enero, pero que no aparecieron tampoco el 2 de Diciembre, ni aparecieron tampoco el 26 de Julio, señores! “...que estuvieron presentes en las horas de sacrificio y están responsabilizados en esta obra por puro idealismo, es además de una deslealtad una injusticia.  Y es bueno recordar que los grandes hombres comienzan a declinar cuando dejan de ser justos.
“Quiero aclararte que nada de esto lleva el propósito de herirte, ni de herir a otra persona.  Digo lo que pienso y lo que siento, con el derecho que me asiste en mi condición de cubano sacrificado por una Cuba mejor.  Porque aunque tú silencies mi nombre cuando hablas de los que han luchado y luchan junto a ti, lo cierto es que he hecho por Cuba todo lo que he podido ahora y siempre.  Yo no organicé la expedición de Cienaguilla, que fue tan útil a la resistencia de la ofensiva de la primavera, para que tú me la agradecieras, sino por defender los derechos de mi pueblo.  Y estoy muy contento del deber cumplido, como estoy muy contento de haber cumplido la misión que me encomendaste al frente de una columna del Ejército Rebelde, como estoy contento de haber organizado una provincia.
“Creo que he trabajado bastante y esto me satisface, porque independientemente del respeto con que hablan los que me han visto cerca, los hombres que saben dedicar su esfuerzo a la consecución del bien colectivo disfrutan dentro de la fatiga que proporciona el estar consagrado al servicio del interés común.  Y esta obra que he enumerado no es mía en particular, sino producto del esfuerzo de unos cuantos que, como yo, han querido cumplir con su deber.
“También quiero que entiendas que esta determinación, por meditada, es irrevocable.  Por lo que te pido, no como el comandante Hubert Matos, sino sencillamente como cualquiera de tus compañeros, que accedas a mi solicitud cuanto antes, permitiéndome regresar a mi casa...”
Esta es la carta que envía.  Entonces la recibo ayer por la tarde y la estoy contestando, la estoy contestando en estos términos:
“Comandante H.  Matos:

“Acabo de recibir tu carta en la que me comunicas la solicitud de licenciamiento al Estado Mayor y los motivos que tienes o alegas tener para ello.  Particulares contenidos en tu carta me obligan a hacerte estas líneas.
“Creo —dices entre otras cosas— que después de la sustitución de Duque y otros cambios más, todo el que haya tenido la franqueza de hablar contigo sobre el problema comunista debe irse antes de que lo quiten.” Considero que una afirmación semejante —le digo— estaría bien en boca del locutor de la radioemisora de Trujillo, en el libelo de Masferrer en Miami o en las planas de los periódicos de la reacción.  La rechazo por falsa y, además, por insidiosa.  Es el argumento con que Pedro Luis y Urrutia quisieron justificar su conducta traicionera.  En el fondo era un problema de inmoralidad y ambición.  Aunque solo fuese por respeto a ti mismo, no debiste haber hecho semejante afirmación.
“Los cambios a que te refieres fueron hechos en virtud de atribuciones que no incluyen la obligación de darte cuenta a ti sobre los mismos, ya que no competen a ese mando ni suponen tampoco ningún derecho tuyo a juzgarlos, ni mucho menos a prejuzgarlos, como sería lógico en un cabecilla, jefe...  Y no en quien se limite a las funciones que le corresponden.
“De la lectura de ese párrafo y otros de tu carta, creo tener motivos más que suficientes para pensar que eres incapaz de comprender lo excesivamente generoso y tolerante que he sido contigo, y que, imaginándote que se te quieren restar glorias y méritos, olvidas la parte considerable que les debes a los demás en el papel que hoy desempeñas.  Actúas como si te dejaras perder por la idea errónea de que, en un proceso como este que está viviendo Cuba, se puedan alcanzar las cumbres por otros caminos que no sean el del mérito, el del desinterés.  Debo decirte —por si albergas la menor duda de lo lejos que he estado de ser injusto contigo— que paso por alto, primero, tus conversaciones con numerosos oficiales rebeldes, mientras yo estaba en Estados Unidos, para aglutinar un núcleo alrededor de ciertos planteamientos políticos; tus magníficas relaciones con Pedro Luis Díaz-Lanz y la visita que le hiciste en vísperas de su traición; tercero, tus relaciones y conversaciones con Urrutia, que sirvieron a este de aliento en sus planes; cuarto, una serie de circunstancias y detalles desfavorables a tu conducta que he pasado por alto.  En ocasiones, hasta evitando cuidadosamente mencionar tu nombre en documentos que he leído en público para denunciar determinadas maniobras.  En cada una de esas ocasiones había motivos más que suficientes para retirarte la confianza o, al menos, realizar una investigación a fondo.  Creo que si alguien ha sido desleal ese eres tú.  Mi defecto o mi falta en este caso no ha sido deslealtad o injusticia, sino tolerancia.  Y tal vez no me habría visto precisado a escribir estas líneas, si en la primera ocasión en que te manifestaste de forma descompuesta e insubordinada te hubiese retirado definitivamente el mando en la Sierra Maestra.
“Temo que estés haciendo un estimado falso de la situación, y solo me preocupa el daño que puedas ocasionar a la Revolución por el camino que llevas.
“Puesto que tu decisión de renunciar es irrevocable, el Comandante Cienfuegos recibirá el mando.  Después harás lo que creas que pueda convenir o perjudicar más.  Si es lo primero, siempre habrá oportunidad de que volvamos a encontrarnos en el camino de servicio al país, cuando hayas tenido tiempo de meditar y madurar los últimos dieciocho meses de tu vida.  El camino para ti ha sido demasiado fácil y eso te ha hecho daño.  De todos modos te advierto que el plan que tienes de licenciarte y regresar a la vida de antes, solo servirá en estos momentos para hacer daño.  Y eso tú lo sabes perfectamente bien”.
Yo recibo la carta por la tarde y la estoy contestando.  Se suponía que era una carta confidencial.  Sin embargo, ya él la había regado, porque ya desde hacía muchos días venía con el plan de que, al producir él la renuncia, produjeran también la renuncia toda una serie de oficiales, es decir, crear un estado de anarquía.  Pero, al mismo tiempo, tratar de aprovechar esa benevolencia con que lo miraba el pueblo de Camagüey por creer que se trataba de un revolucionario; aprovechar esa ventaja, aprovechar la propaganda que se había estado haciendo, para presentarse como una víctima.  Es decir, él manda la carta ayer.  Ayer mismo por la tarde sus paniaguados, por el periódico y por rumores, empiezan a regar la noticia de que Hubert Matos va a renunciar y que Hubert Matos va a renunciar, para crear una atmósfera de intranquilidad.  Calculen ustedes el agrado con que reciben esa noticia los periódicos de los criminales de guerra, las estaciones de Trujillo y los voceros de la reacción. ¡Calculen! El lo sabe, pero no le importaba. Entonces ya empiezan a sembrar la intranquilidad.
Es decir que él empieza a comunicar y a preparar una reunión para que renuncien. No era la renuncia de él. No era una cosa tan desinteresada, que renunciaba para irse. No. Ya había reunido una serie de oficiales, y había estado dándoles la consigna a toda una serie de amigos que él había hecho oficiales para que renunciaran, y ya aquí había un montón de firmas de oficiales para renunciar.  (Del público le dicen algo.)
Sí, ¡cómo no!  ¡Mejor! Antes que casquitos, cuartelarios y golpistas... Antes que casquitos, cuartelarios y golpistas —porque por culpa de casquitos, cuartelarios y golpistas tuvo que derramar mucha sangre Cuba —, antes de casquitos, cuartelarios y golpistas que siguen a jefecillos y cabecillas, que renuncien.  ¡Mejor!  ¡Más recursos para pagar maestros! ¡Más dinero para hacerles casas a los campesinos, para hacer carreteras!  Porque para el servicio que le prestaban al país: conspirar, renunciar...
Así que él manda la carta ayer por la tarde, pero ya está preparando la maniobra.  Tiene en combinación a ese tal...  ¿Cómo se llama?...  No, al del Movimiento, al que se exiló y después vino por aquí.  ¿Se llama Agramonte ese hombre?...  ¿Cómo se llama?  Joaquín, el coordinador.  Joaquín Agramonte —que no debe llevar ese nombre.  En combinación con Joaquín Agramonte, algunos lidercillos estudiantiles y algunos peones que había tratado de colocar entre los obreros, está preparando la maniobra.  La maniobra era bien sencilla: renunciar ayer.  Entonces él está esperando la respuesta, pero ya se lo comunica a todo el mundo; ya están firmando una serie de oficiales y les está tomando renuncia.  Al mismo tiempo está preparando al del Movimiento, al incondicional que tiene allí, para producir una serie de renuncias en el Movimiento, y entonces, al otro día, comenzar una agitación sobre la base de explotar la sensibilidad pública, y porque creían, creían que iban a poder engañar al pueblo.
Como ellos han visto que a veces en un ayuntamiento, pues, se han dado casos de que por un problema del ayuntamiento ha habido gente exaltada que ha tomado ayuntamientos, etcétera, etcétera, el plan de ellos era producir una renuncia masiva en la provincia, a ver si se extendía después por el resto de la isla, y entonces los grupitos de Joaquín Agramonte y los lidercillos estudiantiles y los demás, tratar de movilizar al pueblo para pedir que no se fuera.  Es decir, crear un estado de caos, crear un estado de verdadero caos y de anarquía en el país. Qué oportunidad tenía de encumbrarse él, el muy ambicioso, que se olvidó del pueblo.
Esa misma noche, esa misma noche un incondicional que tiene en el periódico, que se llama Faustino Miró, ya lo tiene todo preparado y tiene una noticia.  Un señor que fue un politiquero toda su vida y que es una vergüenza que lo hayan puesto ahí de director del periódico revolucionario.
Entonces decía Faustino Miró:  “La noticia de renuncia del comandante Hubert Matos Benítez al cargo que ostenta en esta provincia, causó conmoción en la ciudadanía.”  Eso lo tenían para hoy por la mañana.
“Sin confirmarse dicha renuncia, se vieron rostros tristes; se oyeron confesiones de adhesión al gran líder de la Columna Nueve 'Antonio Guiteras', el que ha sabido ganarse el afecto de todo un pueblo.”
Es decir, este señor no habla de la Revolución ni de la obra del Gobierno Revolucionario.  Nada, nada, nada.  O sea, se dedica por la mañana a decir que hay conmoción, tristeza, lágrimas en los ojos por la renuncia y la noticia esa .
“Es el mejor homenaje, es el mejor homenaje que puede recibir el comandante Hubert Matos Benítez, porque un hombre que sin haber nacido en este pedazo de tierra agramontina tiene tanto apoyo , es algo que se convierte en sincero afecto.  Sus dolores o alegrías se vierten emocionalmente en el pueblo, que lo admira y lo estima como algo suyo.”
Es decir, él manda la renuncia ayer, empiezan a suscribir renuncias una serie de oficiales, ya tienen las galeras montadas para empezar la agitación.
Y entonces, otro párrafo, otro párrafo de Faustino Miró.  Vean el fondo.  Copia, copia una frase de Ingenieros que dice:
“Rebelarse” —¡fíjense!—, “rebelarse es afirmar un nuevo ideal.  Tres yugos imponen el espíritu quietista a la juventud: rutina en las ideas, hipocresía en la moral, domesticidad en la acción.  Todo esfuerzo por liberarse de esa coyunda es una expresión del espíritu de rebeldía.  La sociedad es enemiga de los que perturban en sus mentiras vitales; frente a los hombres que traen un nuevo mensaje, su primer gesto es hostil.  Olvida que necesita de esos grandes espíritus que de tiempo en tiempo desafían su encono predicando verdades vitales.  Todos los que renuevan, crean; son subversivos contra los privilegios políticos, contra la injusticia social y contra...”, etcétera, etcétera.  El empieza: “Rebelarse es afirmar un nuevo ideal.”
Y en el mismo periódico, unas declaraciones de la llamada Federación Provincial de Estudiantes Secundarios de Camagüey, cuyos líderes entiendo que los propios estudiantes deben destituir por contrarrevolucionarios.  Dice así:
“La Federación Provincial de Estudiantes Secundarios de Camagüey teniendo conocimiento por la prensa de la renuncia del doctor Matos Benítez, Comandante del Distrito Militar de Agramonte, y preocupados por el triunfo y afianzamiento total de la Revolución, plenamente conscientes del sentido humanista y nacionalista que tantas vidas ha costado a la patria, y conocedores de la gran labor de Hubert Matos, queremos dar a conocer al pueblo en general y a todos los estudiantes de la provincia que nos mantenemos expectantes  en estos momentos y esperamos las noticias oficiales del Gobierno Revolucionario, porque brille la verdad y solo la verdad, única forma de triunfo verdadero de este proceso revolucionario.
“José A.  García Alemán, Presidente.
“Dagoberto González Bonet, Secretario de Correspondencia y Relaciones Exteriores.”
“A la prensa radial y escrita” —otra nota.
“Se cita por este medio a todos los estudiantes del Instituto, Escuela Normal para Maestros, Escuela de Comercio, Normal de Kindergarten, Escuela del Hogar, Artes y Oficios, en general a todo el estudiantado camagüeyano, para que asistan a la Asamblea General de carácter emergente que se celebrará en la Escuela de Comercio a las 8:00 de la noche.
“Dado lo importante de esta Asamblea General urgente, se ruega que no falte un solo estudiante camagüeyano a la misma.
“Por Juan Gregorisch, Sofía González, Dagoberto González, Mercedes Alvarez Puga, Norma Vega, Víctor M.  Rodríguez y Leandro Morejón Estévez.”
Yo entiendo que los estudiantes deben ir a las 8:00 de la noche, ¡pero a destituir a esos descarados y a esos contrarrevolucionarios, que es lo que tienen que hacer!  
Y así la cosa es clara: manda la renuncia; preparan renuncia en masa; y entre el movimiento, los dirigentes —no el pueblo, porque el pueblo estaba ajeno a todo esto—, los lidercitos estudiantiles, los periodistas incondicionales, el Faustino Miró este, están preparando la agitación para el otro día.  Están preparando la agitación ya, el molote, la reunión: ¡El mundo se está acabando, eso es por culpa de los comunistas!, etcétera, etcétera.
Ahora, calculen cuáles habrían sido las consecuencias si llevan a estos soldados rebeldes a una posición de rebeldía contra el Gobierno Revolucionario. ¿Cuáles habrían sido las consecuencias, compañeros, si estos planes prosperan? ¿Qué hubiera podido ocurrir aquí, compañeros? (Del público le dicen algo.)
Desde luego, pero ellos no sabían eso.  Ellos tenían que haber pensado en las consecuencias de un hecho de esa índole, de poner a una provincia en estado de rebeldía.  ¿Qué hubiera costado eso?  Sangre.  ¿En beneficio de quién?  En beneficio de los enemigos de Cuba y de los enemigos de la Revolución.  En beneficio de los que quieren destruir la Revolución; sin embargo, no les importaban absolutamente las consecuencias de sus actos.
Naturalmente que se engañaron.  Se engañaron, porque estimaron incorrectamente la situación.  Ellos no sabían lo que era el pueblo; trataban de confundirlo con esa noticia de que el pueblo, que tiene llanto, que tiene lágrimas, etcétera, etcétera. ¿Pero no está claro que estaban preparando un plan? ¿No está probado ahí? La maniobra de renunciar, renunciar todos los oficiales, estado de anarquía en la provincia, agitación en los centros estudiantiles, declaraciones en los periódicos, declaraciones en las estaciones de radio.  Era una cosa evidente.
¿Y qué momento esperan para hacer eso, compañeros?  ¿Qué momento espera este señor?  El momento en que Cuba estaba obteniendo uno de los triunfos más grandes de carácter económico, compañeros; en el momento en que hay más de 2 000 delegados de todos los países, agentes de turistas; en el momento en que se va a abrir una nueva era de turismo que puede significar cientos de millones de dólares, de divisas todos los años, compañeros.  Después que han trabajado miles de hombres; después que los obreros gastronómicos han trabajado incesantemente, los hoteleros.  Después que los trabajadores han dado 40 000 pesos para un acto, después que la nación se ha gastado casi un millón de pesos; después que se estaba obteniendo un éxito extraordinario que vislumbraba unas perspectivas maravillosas para nuestro turismo, esa misma semana exactamente, este señor...  Que pudo haber esperado la semana que viene, pudo haber esperado la otra semana.  No, no espera y crea un trastorno de estas consecuencias en el día de hoy, con el resultado que ya ustedes saben: la incertidumbre, las bolas.  Todos esos enemigos que nosotros tenemos en distintos sectores, regando bolas, publicando noticias alarmistas: que se estaba combatiendo, que se estaba peleando. Y los delegados del ASTA ninguno fue hoy a las reuniones, los delegados del ASTA no asistieron a sus casas.
Así que ellos provocan todo ese escándalo en el mismo momento en que Cuba está obteniendo una gran victoria.
Ustedes saben el esfuerzo que estamos haciendo por desarrollar la economía del país, el esfuerzo que hicimos hasta por ganar en la pelota, y ahora, el esfuerzo que estábamos haciendo por desarrollar el turismo.  No era justo que el trabajo de miles de hombres, un ambicioso sin escrúpulos, un fatuo, un desleal, un ingrato, un equivocado, lo viniera a echar por tierra.
Y si algo compensa, si algo compensa ese daño, ha sido la actitud del pueblo.  Porque ellos verán las fotografías del pueblo y sabrán lo que hizo el pueblo.  Sobre todo, sabrán lo siguiente: Había una conjura en un cuartel.  ¿Y qué pasó?  Nosotros teníamos tanques, cañones, aviones, tropas entrenadas, soldados numerosísimos.  ¿Qué hicimos?  (En la multitud se produce un incidente.) ...  Bueno.  No, que había un grupito de los incondicionales de Hubert Matos que estaban tratando de agitar a los estudiantes, un grupito de los directivos. Pero no importa. Los estudiantes los van a destituir, porque aquí están los guajiros y aquí están los obreros de Camagüey.  ¡Aquí están los guajiros, y aquí están los trabajadores, y aquí está el pueblo humilde de Camagüey!  
¿Y qué hicimos?  ¿Qué hicimos?  ¡Ah!  ¿Que hay una conjurita en Camagüey?  Un momento, ¡un momento!  Ningún soldado, ningún cañón, ningún mortero.  No, no, no.  No hace falta.  Me traslado a Camagüey.  Eso sí es creer en el pueblo, eso sí es tener confianza en el pueblo. Vengo solo a Camagüey. Vengo solo a Camagüey y me bajo en mi cuartel, que es la plaza pública. Vengo solo a Camagüey y me bajo en mi cuartel, que es la ciudad.  Me bajo, y allí no hubo que convocar a nadie ni dar mitin.  No, no, no.  ¡Nada de eso!  Me bajé allí en el pueblo, porque yo sí creo en el pueblo.
Yo no pensé, no me preocupé de la conjurita qué tamaño tenía, cuánta gente. No, no, no. Yo digo: Allí está el pueblo de Camagüey, a ese pueblo lo conozco bien; ese es un pueblo revolucionario y voy para Camagüey. Otros, cuando han tenido problemas de ese tipo, buscan soldados. ¡No, no, no! ¿Soldados contra los rebeldes?  No, si los rebeldes son el pueblo. Los soldados rebeldes no son los casquitos (EXCLAMACIONES DE: “¡No!”).  Los soldados son del pueblo. Aquí había que venir con el pueblo.  Y en el camino, pues, se iban sumando rebeldes, policías, soldados. Todo el mundo, ¡todo el mundo!  ¿Y quién, quién se opone contra el pueblo?
Así que me bajé en mi cuartel, que es la ciudad, porque el ejército de nosotros es el pueblo.  Nosotros para qué queremos estos cuarteles tan grandes ni mucho menos. ¿Para qué? ¿Para que haya conjuritas y conspiracioncitas? ¡No, hombre! Si para defender esta Revolución tenemos a los guajiros, a los trabajadores, ¡al pueblo, señores!  
¿Ustedes vieron lo que pasó en Pinar del Río al cabo Lara y a una pandilla, a una banda de contrarrevolucionarios?  La capturaron 12 guajiros, ¡doce guajiros!  
Contra la Revolución sí que no caben golpecitos ni conjuritas, porque para eso están los guajiros desde la Sierra Maestra hasta la península de Guanahacabibes, y para eso está el pueblo desde Baracoa hasta Cortés o La Fe, por allá, que es uno de los últimos pueblos.  ¡Para eso está el pueblo y para eso están los guajiros!  Aquí, lo mismo expediciones que conjuritas, les repartimos armas enseguida a los guajiros.  Aquí no hacía falta porque, como eran rebeldes, ¿para qué les vamos a repartir armas, si los rebeldes no luchan contra el pueblo?
Pero una expedición que viniera de fuera, ¿qué hace?  ¡Si tenemos una cantidad enorme de pueblo dispuesto a pelear hasta morir!  
Así que esto no puede ser lo de antes, ni lo que pasa en muchos países de América Latina, que viene un caudillito enseguida que se pone una estrella...  La gente fatua, la gente que no es demócrata, se endiosa y ya se creen superiores a todo el mundo.  Por algo nosotros hemos quitado los grados de coronel y de general.  ¿Para qué?, si de Comandante es, y ya hay algunos aquí que se creían mariscales.  (Le entregan mensajes.)
“Reunidos Dirección Nacional Segundo Frente del Escambray, respaldamos plenamente el Gobierno Revolucionario.
“Por la Dirección Nacional del Segundo Frente Escambray, Comandante Eloy Gutiérrez Menoyo, Jefe Nacional; Comandante Armando Fleytes, secretario general nacional .
“Comandante Camilo Cienfuegos, Campamento de Columbia.
“El Cuerpo de Defensa Nacional apoya al Gobierno Revolucionario.  José Roque Naval, Comandante Jefe Nacional”.
Si aquí, aquí no puede haber contrarrevolución.  ¡No puede haber contrarrevolución!  Aquí no puede haber golpe de Estado.  ¡Todo eso se acabó hace mucho tiempo aquí!
Y ya ustedes vieron: ¡Vine; me bajé en mi cuartel, que es el pueblo, y vine con el pueblo sin armas para el cuartel!  No había problema.  Eso es una lección formidable.  Porque se creían...  Ya es el tercero.  Ya los “tres mosqueteros” cayeron, ¡los tres mosqueteros cayeron!  Y espero que por un buen tiempito no haya ya más traidores.  Les digo que ya...  Fueron cayendo uno tras otro sin gloria, porque no contaron con el pueblo.  ¡Siempre se equivocaron!  ¡No contaron con el pueblo!  ¡Perdieron!  Perdieron, porque no entienden de pueblo. Están equivocados. Ellos se creen que el pueblo es tan ingrato como ellos; ellos se creen que el pueblo es tan confundido como ellos; ellos se creen que el pueblo son ellos.  Por eso se equivocan, mientras que nosotros tenemos una conciencia muy clara de que hemos cumplido con nuestro deber; nosotros tenemos una conciencia muy clara de los esfuerzos que estamos haciendo por cumplir con nuestra patria.  Y nosotros la mayor parte del tiempo ni descansamos, y muchas noches ni dormimos, y no tenemos un minuto de aliento, y vivimos con sacrificio, y no nos importa lo que tengamos que trabajar y no nos mueven intereses materiales de ninguna clase.  ¡Y tenemos un sentido muy grande y muy profundo de los deberes sagrados que tenemos con la patria, con los muertos!  Consideramos que hemos actuado bien.  ¡Por eso podemos presentarnos ante el pueblo cuando haya que presentarse!  
Pero aquí el pueblo ha resuelto un problema sin una gota de sangre, y el pueblo hoy se va alegre y feliz, salvo que cualquiera de esos incondicionales, paniaguados...  Que yo no creo que se atrevan a desafiar la ira del pueblo, que yo creo que no se atreven a enfrentar a las masas.  Si hoy todo el mundo se acuesta feliz, tranquilo; si mañana comienzan de nuevo las deliberaciones del ASTA; si hemos dado una gran prueba: se resuelve una conjura contrarrevolucionaria sin un tiro, sin un golpecito, sin un rasguño, sin un...  ¡Bueno, los que nos dieron por el camino!  Exclusivamente así es como se resuelven los problemas de Cuba, y es como hemos resuelto todos los problemas: ¡Sin sangre!
Y estos señores, ¿qué nos importan?  Son fracasados y frustrados.  Estos señores como Díaz-Lanz son frustrados, podemos gastarnos el lujo de ser generosos con ellos.  ¡Vamos, vamos a tenerles en cuenta los momentos en que hayan hecho algo útil por el país, para...  (Le entregan mensaje).
“Los estudiantes, en pleno de Periodismo, respaldamos la política humanista del Dr. Fidel Castro.” Mi compañero de escuela Jorge Enrique Mendoza.
Así que los pueblos, porque son fuertes, pueden ser generosos. Y por lo tanto... (Le entregan otro mensaje).
“Fidel, la Normal de Camagüey, los que son la masa de estudiantes, te apoyamos todos, estamos contigo”.
Así que es un problema resuelto sin sangre.  ¡Que se vayan para sus casas si quieren, como se fue el señor Urrutia!  Que haga lo que quiera, que hable, que vaya a explicarle a la gente...  ¡Que vaya, a ver si los pueblos van a estar creyendo en ambiciosos!
Así que los pueblos, cuando son fuertes, pueden ser generosos. ¡Que hagan lo que quieran! Pero ya no podrán hacer la conjurita contrarrevolucionaria, ya no podrán hacer daño. ¡Ya no podrán hacer daño! Y el día que quieran hacer daño, ¡los guajiros se encargarán de resolver el problema! El día que estén tratando de producir algún hecho insurreccional, ¡los guajiros se encargarán de resolver el problema! Y en el pueblo, cuando traten de crear dificultades, ¡el pueblo se encargará de resolver como hoy el problema! ¡Y Camagüey marchará adelante!, porque siempre la Revolución sale vencedora de todos los obstáculos. Vean, si no, cuántas batallas ha ganado la Revolución y cómo las ha ganado: ¡Sin sangre, con el pueblo!
Es decir que cada traición se convierte en un ejemplo de pueblo patriótico que la rechaza. ¡Cada traición se vuelve respaldo del pueblo a la Revolución!  ¡Cada traición produce en el pueblo la virtud de superarse y de ser mejor!
Y esta lección de hoy no ha ocurrido en ningún lugar del mundo.  Es una lección extraordinaria.  ¡Desde hoy admiro más y quiero más a nuestro pueblo! ¡Desde hoy admiro más y quiero más a Camagüey!, porque creo que pocos gobernantes en el mundo podrán sentir el orgullo que sentimos nosotros de contar con un pueblo semejante. ¡Con un pueblo así la Revolución jamás será vencida! ¡Con un pueblo así Cuba jamás volverá a ser esclava! ¡Con un pueblo así la Revolución alcanzará todas sus metas! ¡Con un pueblo así todas las leyes revolucionarias se cumplirán!  (Un compañero se acerca y le dice algo.)
¡Magnífico!  (El pueblo pide que lo diga.)
Alumnos que dicen que estaban engañados y vienen a respaldar al Gobierno de la Revolución.
Y Camagüey marchará. Camagüey marchará, porque ya no habrá más retrancas a la Revolución.  ¡Camagüey marchará! ¡Y las obras de Camagüey avanzarán, y la reforma agraria en Camagüey avanzará! (Le entregan otro mensaje).
“Compañero Fidel, todos los dirigentes ferroviarios presentes aquí respaldamos al Gobierno Revolucionario, y pedimos destitución de todos los traidores que se confabularon para dar al traste con la buena marcha de la Revolución.  Frente de Organizaciones Ferroviarias.”
Así que la reforma agraria irá, y los latifundistas habrán perdido su última esperanza.  Porque es insólito que en el mismo momento...
Para que ustedes vean cómo actúan, cómo coincide la campaña de los confabulados aquí con la campaña de Trujillo y de los criminales de guerra, y cómo el mismo día casi en que —procedente de allá de Estados Unidos con toda seguridad— un avión deja caer en Punta Alegre dos bombas, estos señores están produciendo una renuncia masiva.  Es decir que cuando están aquí poniendo en peligro la vida de los ciudadanos es cuando la patria está recibiendo arteros ataques desde bases extranjeras.  Porque el colmo no es que hayamos tenido que soportar bombardeos durante la guerra, ¡el colmo es que después de haber derrotado la tiranía y haberle quitado las armas, los tanques y los aviones, todavía quieran estar tirando bombas; y todavía por allá, por ese vecino país del norte, tengan todas las facilidades necesarias para dejar caer hasta bombas aquí!
¡En ese momento, es el momento de levantar al pueblo, de darle ánimo al pueblo, valor al pueblo!  Porque nosotros ya lo dijimos: ¡Haremos la Revolución, la reforma agraria y todas las leyes, aunque caigan raíles de punta! Aunque aquí tiraran todos los días, aunque aquí tiraran todos los días un racimo de bombas, que todos los días lloviera bombas, ¡la reforma agraria va!    ¡Va!  Y aunque llueva lo que llueva aquí, ¡la reforma agraria va!    Y no quedarán latifundios.  Y que pierdan la esperanza, que pierdan la esperanza de impedir, porque a los traidores ya ustedes ven lo que les pasa, lo que hace el pueblo.  El pueblo resuelve los problemas.
Y si un día nos atacaran, tendríamos a todo el pueblo para pelear, ¡y pelear de verdad!  
Luego, ¿Cuba?  Cuba es un país al que hay que respetar, por un pueblo tan firme, tan valiente y tan unido como el que tiene; por un pueblo tan inteligente y por un pueblo tan entusiasta.  Así que Cuba es un país al que hay que respetar.
Esos que quieren dividir para debilitar, lo que han hecho es fortalecer, porque el pueblo, cada vez que tiene un caso como este, tiene más fe; porque, además, hemos tenido la suerte de que es tan grande la inteligencia de nuestro pueblo, que todos los problemas los resolvemos sin sangre aquí dentro, ¡todos!, y con el pueblo, y en la plaza pública.  Así que hoy más que nunca le digo al pueblo y les digo a los guajiros —porque veo muchos sombreros de guajiros aquí...  Y eso que no tuvimos tiempo de movilizar a los guajiros, ¡y eso que no tuvimos tiempo de movilizar a los guajiros!  Que si movilizamos a los guajiros con caballos y machetes aquí...  
Así que, camagüeyanos, se pueden sentir firmes.
¡Ah, pero si traen los machetes!  ¡Miren, miren!  (Agitan los machetes.) ¡Vean cómo vinieron los guajiros con sus machetes! ¡Y vean en qué breve tiempo se reunió el pueblo, se reunieron los trabajadores, y se reunieron los guajiros con sus machetes! Porque saben que somos hombres que cumplimos nuestras palabras, porque saben que somos hombres leales, porque saben que nosotros siempre hemos cumplido con el pueblo.  Y por eso el pueblo es leal con nosotros, porque somos sus amigos.  No hay quien lo confunda, ni hay quien lo engañe: el pueblo cree en nosotros, porque nosotros creemos en el pueblo.  El pueblo es leal con nosotros, porque nosotros somos leales con el pueblo. El pueblo nos ayuda, el pueblo cumple con su Gobierno Revolucionario, porque el Gobierno Revolucionario cumple con el pueblo.  Y de esta unión... (Interrupción en la grabación)...  que material y físicamente no estemos con el pueblo, cuantas veces sea necesario pelear junto al pueblo .  ¡Firmes estaremos!  (Le entregan un mensaje.)
“Fidel, los electricistas aquí presentes estamos dispuestos a morir por la patria.  ¡Fuera los traidores!”
Nos mantendremos firmes en nuestros puestos, firmes en nuestras leyes.  No importan los traidores.  Si no hubiera Revolución, no habría traidores.  Pero como hay Revolución de verdad y no hay politiquería como antes, como hay justicia de verdad, como de verdad vamos a llevar la cultura y el pan a nuestros campos y a nuestros pueblos; como de verdad iremos construyendo una patria que será respetada por todos los pueblos del mundo, y de la cual los cubanos nos sentiremos orgullosos, ¡por eso, sencillamente por eso, podemos y podremos contar siempre con el pueblo!  ¡Y por eso, cuando haya dificultades, iremos al pueblo como hicimos hoy!  , porque sencillamente tenemos una fe absoluta en nuestro pueblo.
¡Esta ciudad militar la convertiremos en una escuela! Así que esta ciudad militar la convertiremos en una escuela donde asistan cientos de niños, porque nuestros cuarteles están en el pueblo, ¡nuestra Revolución la defiende el pueblo! ¡Y cuando haya que combatir contra un enemigo extranjero, todo el pueblo estará listo a defenderla! Y cuando ese momento llegue, cuando haya que combatir contra un enemigo que venga de fuera, ¡entonces vendremos con los brazos llenos de fusiles para dárselos al pueblo!  
¡Camagüeyanos: En nombre del Gobierno Revolucionario, en nombre de la patria, en nombre de toda Cuba, nuestra gratitud por el gesto magnífico de hoy, y por la página extraordinaria de civismo que acaban de escribir!
FIDEL CASTRO RUZ

Fuente: http://www.cuba.cu/gobierno/discursos

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