julio 10, 2012

Discurso de Fidel Castro ante el pueblo congregado en el Palacio presidencial para reafirmar su apoyo al gobierno y como protesta ante la agresión de aviones procedentes del extranjero (1959)

DISCURSO ANTE EL PUEBLO CONGREGADO EN EL PALACIO PRESIDENCIAL PARA REAFIRMAR SU APOYO AL GOBIERNO REVOLUCIONARIO Y COMO PROTESTA CONTRA LA COBARDE AGRESION PERPETRADA CONTRA EL PACIFICO PUEBLO DE LA HABANA POR AVIONES PROCEDENTES DE TERRITORIO EXTRANJERO
 Fidel Castro
[26 de Octubre de 1959]

― Versión taquigráfica de las oficinas del Primer Ministro ―

Trabajadores;
Campesinos;
Estudiantes;
Cubanos todos:
Mucho tenemos que hablar ustedes y nosotros. En esta magna concentración de hoy hay cuestiones importantes que tratar.  No es solo, o no debe ser solo un minuto de entusiasmo; debe ser, sobre todo, un minuto de meditación, porque los pueblos tienen que buscar las causas de sus problemas.  No basta saber el qué, es necesario que el pueblo sepa el porqué.  Nos satisface el respaldo del pueblo, nos satisface su extraordinario entusiasmo; pero, sobre todo, nos interesa que el pueblo medite, nos interesa que el pueblo piense, porque el pueblo debe tener una explicación de los problemas que se le presentan; el pueblo debe saber el porqué de las cosas.
No vengo a afirmar, vengo a razonar con el pueblo; no vengo a pronunciar un discurso, vengo a conversar con el pueblo , porque nunca como hoy, nunca como en instantes como estos, es necesario la más absoluta comprensión entre el pueblo y nosotros, porque, al fin y al cabo, nosotros aquí no somos otra cosa, en este Palacio, en el Consejo de Ministros y en los cargos responsables del Estado, no somos otra cosa que hombres del pueblo que estamos sencillamente cumpliendo la voluntad del pueblo, cumpliendo con los deseos del pueblo y satisfaciendo las aspiraciones del pueblo; y nunca como en instantes como estos es necesario que ustedes y nosotros seamos una sola cosa.  Porque si nos presentan batalla, ¡tendrán batalla!  ; si nos atacan, ¡nos tendrán a todos como un solo ejército!  (EL PUEBLO EXCLAMA: “¡Sí!”)
No importa los desertores (EL PUEBLO EXCLAMA: “Al paredón”); no importa los que desentonen de nuestro pueblo; no importa los que se acobarden, al fin y al cabo, acabamos de pasar una guerra y sabemos que en la guerra hay desertores y sabemos que en la guerra hay los que se acobardan.  Esos no importan porque son los menos.  Nosotros sabemos que tenemos con nosotros a un pueblo que no se va a acobardar (EXCLAMACIONES DE: “¡No!”), porque solo hay una fórmula de vencer, solo hay para nuestro pueblo una forma de salir adelante, solo hay para nuestro pueblo un modo de alcanzar la victoria y es el valor.
Nosotros sabemos que el pueblo no se acobardará (EL PUEBLO EXCLAMA: “¡No!”); nosotros sabemos que el pueblo está dispuesto a morir junto al Gobierno Revolucionario (EL PUEBLO EXCLAMA: “¡Sí!”).  Y el pueblo sabe, el pueblo sabe que de esta lucha, que de este proceso, solo podemos concluir con la victoria o con la muerte; y el pueblo sabe, sabe perfectamente bien el pueblo que estos hombres que hoy tienen en sus manos las riendas del gobierno, sabe perfectamente bien el pueblo que estos compañeros que han pasado hoy por esta tribuna, son hombres que están dispuestos a morir junto al pueblo. Y cuando hay un pueblo valiente, cuando hay un pueblo dispuesto a morir y que tiene dirigentes dispuestos a morir con él, ese pueblo es un pueblo invencible, ¡a ese pueblo no lo podrá vencer nada ni nadie!  
Pero importa conocer el porqué de las cosas:  por qué nos atacan, por qué nos hemos tenido que reunir aquí otra vez, por qué hay traidores, por qué se quiere hacer fracasar la Revolución, de qué se acusa a la Revolución, por qué se le hacen determinadas imputaciones, qué fines se persiguen, cómo el pueblo se debe enfrentar a esas maniobras y a esos propósitos, cómo se logra la victoria, qué medidas se han tomado, qué medidas se van a tomar y qué medidas estamos dispuestos a tomar para defender la Revolución.
Quiero, antes de proseguir, leer en primer término algunas noticias: “UPI, 3:38 p.m.- Funcionarios del servicio de aduanas de Miami están investigando las noticias de que seis o siete aviones están en vuelo, de la región de Miami hacia La Habana, para lanzar volantes contrarrevolucionarios sobre la concentración de apoyo a Castro...”  “...que se está realizando en la ciudad de La Habana.  El funcionario de aduana, Joseph Portier, dijo tenía información de que se están realizando esos vuelos, no sabiendo qué éxitos hayan tenido.  Estamos tratando de ubicar a los agentes en esos posibles vuelos.  Portier dijo también que había despachado agentes a diferentes aeropuertos de la región meridional de la Florida.  Según información, los aviones que tomaron parte en el supuesto vuelo a La Habana eran alquilados y otros de propiedades particulares...”
Lo leo por la sencilla razón de que sé que el pueblo no tiene miedo...  (EXCLAMACIONES DE: “¡No!”) .
Pero también, estando ya...  (SE ESCUCHA EL ESTALLIDO DE COHETES).  Yo no sé quién será el que estará tirando los cohetes esos.  No creo que sea nadie que quiera propiamente ayudar la concentración, porque aquí basta de ruidos, y nosotros no acostumbramos a estar tirando cohetes en los actos públicos.  Eso recuerda un poco los tiempos de la vieja y pasada politiquería.  Es sencillamente una estupidez —para terminar— tirar esos cohetes cuando aquí hay que estar con los oídos atentos a cualquier tipo de agresión que se le quiera hacer al pueblo, señores.  ¡Es una soberana tontería estar tirando cohetes!
Al mismo tiempo, estando aquí ya en la tribuna, recibimos la siguiente comunicación procedente de la Jefatura del Regimiento del Ejército Rebelde en la provincia de Pinar del Río.  Informa que “ha volado una avioneta y ha volado por la ciudad tirando algunos niples, y también una bomba incendiaria en el central Niágara, y quemó una casa entre el correo y el cuartel.  Fue a las seis y media pasado meridiano; y también tiraron proclamas” (EXCLAMACIONES DEL PUEBLO).
Es decir que las propias autoridades de Miami reconocen que seis o siete aviones salieron de esa región rumbo a Cuba, y que todavía no se conocen los resultados de los vuelos.
Pues bien, podemos ya reportarles este primer resultado; y les rogaríamos, si tienen la amabilidad, que de una vez nos reporten el parte de guerra acerca de las “valerosas incursiones aéreas” contra el pueblo de Cuba (EXCLAMACIONES DEL PUEBLO).  Porque es el colmo ya, es el colmo ya —y no se sabe si es cinismo o si es impotencia, no se sabe si es desvergüenza o es indefensión absoluta para el pueblo de Estados Unidos— el que las autoridades reporten noticias de la quinta incursión aérea sobre el territorio nacional.  ¿Cómo es posible que las autoridades de un país tan poderoso, con tan cuantiosos recursos económicos y militares, con sistemas de radares, que se dice en condiciones de poder interceptar incluso proyectiles dirigidos, se confiese ante el mundo incapaz de impedir que unas avionetas salgan de su territorio a bombardear un país indefenso como Cuba?  
Yo me preguntaría —porque es una pregunta que me hago y es una pregunta que debemos hacernos todos, porque tenemos que hacernos muchas preguntas para encontrar una explicación de las cosas—, yo me preguntaría si las autoridades de Estados Unidos serían tan descuidadas que permitieran que inmigrantes rusos, desde Alaska, realizaran incursiones de bombardeo sobre ciudades y aldeas del territorio de Rusia.  Yo me pregunto si serían tan descuidados que permitiesen desde allí, desde su territorio, ese acto de hostilidad, ese acto de agresión.
Me pregunto entonces cómo es posible que las autoridades de Estados Unidos sean tan descuidadas que, en cambio, permitan esas incursiones contra un país del mismo continente americano, permitan ese mismo acto de agresión contra un país débil, que no tiene recursos para defenderse de esos ataques, contra un país pequeño que no tiene poderío militar.  Y me pregunto si la causa del descuido obedece a que nosotros seamos un pueblo débil, y las autoridades de las naciones poderosas son cuidadosas de no permitir actos de agresión a otras naciones poderosas y, en cambio, lo permiten a pueblos como el nuestro.  Porque no veo otra explicación, no concibo otra explicación, no logro encontrar otra explicación que la razón de ser Cuba un país pequeño, un país que no puede defenderse de esos ataques, un país que no tiene poderío en el mundo.  No logro encontrar, y no creo que haya, otra explicación, porque las naciones, si actúan con honorabilidad, debieran de preocuparse mucho más de que su territorio no sirva de base de agresión a un país pequeño que a un país poderoso.
¿Y quiénes son los que nos atacan desde allí, y por qué nos atacan?  Cuando medito sobre estos problemas no puedo menos que recordar los días primeros de la Revolución, los días primeros del triunfo.  No hago más que recordar aquella alegría desbordante de nuestro pueblo; no hago más que recordar aquella felicidad infinita de los cubanos, de nuestros campesinos, de nuestras madres, de nuestros hermanos, de nuestros hijos.  Y recuerdo que eran felices, que eran felices porque la guerra había concluido, porque no iba a derramarse más sangre inocente, porque no habrían de ser quemados nuevos bohíos y nuevos pueblos, porque los asesinatos y los ataques no volverían a repetirse.  Era feliz nuestro pueblo porque concibió la paz, era feliz porque en la mente de ningún compatriota cabía siquiera la idea de que algún día, desde territorio extraño, los mismos criminales, las mismas hordas despiadadas que huyeron cobardemente, volverían con saña inhumana, con saña inconcebible, a tratar de sembrar de nuevo el terror sobre nuestro pueblo.
Duele recordar aquellos días, porque nos recuerdan la idea de un pueblo feliz que creyó que nunca más tendría el pueblo que sufrir el terror de aquel grupo de criminales desalojados del poder el Primero de Enero.  Pero, ¿por qué nos atacan? ¿Por qué esa desfachatez de los criminales?  ¿Por qué esa tolerancia de las autoridades norteamericanas? ¿Por qué?  Ya lo dijimos en una ocasión, en una ocasión como esta, cuando se reunió todo el pueblo para defender a la patria de la campaña de calumnias.
Primero fueron las campañas de calumnias, y nosotros nos vimos en la necesidad de reunir a todo el pueblo para desmentir aquellas campañas de calumnias. Y en aquella ocasión dije que estaban preparando el terreno para agredirnos después; que aquellas campañas obedecían al propósito de preparar el camino para nuevos hechos posteriores.  No han transcurrido 10 meses y hemos tenido que reunir de nuevo al pueblo, no ya para luchar contra la calumnia, sino para luchar por la vida de nuestros ciudadanos, para luchar por la vida de nuestros hijos, de nuestros hermanos, de nuestras madres.
Ya no estamos reunidos aquí por simples razones de orden espiritual, estamos reunidos por razones de orden material, porque cuando un pueblo ve agredido su territorio, cuando el territorio de un país —caso insólito en la historia contemporánea— se ve agredido en plena paz desde bases extranjeras, lo menos que puede hacer ese pueblo es movilizarse para proclamar ante el mundo su protesta, porque no tenemos aviones, no tenemos radares, no tenemos antiaéreas, pero tenemos pueblo ¡y solo pueblo, y solo pueblo!  , y solo con el pueblo la nación cubana se moviliza en defensa de su Revolución, y de la integridad de sus ciudadanos y de la seguridad de sus hijos.
Hemos movilizado lo que contamos, hemos movilizado al pueblo cubano, hemos reunido un millón de cubanos en tres días solamente de preparación, para proclamar ante el mundo, para proclamar ante todos los pueblos del mundo nuestra protesta contra los actos de barbarie, que en una sola tarde y en pocos minutos produjeron 47 víctimas en nuestra población desprevenida e indefensa .
Pero, ¿por qué nos atacan? ¿Por qué nos atacan? ¿Por qué no salen aviones de la Florida a atacar la dictadura de Trujillo? ¿Por qué no salen aviones de Estados Unidos a atacar la dictadura de Somoza? Que, desde luego, de Estados Unidos no tienen que salir a atacar ni aquí ni a ninguna parte, por supuesto; no tienen que ir ni a Santo Domingo ni a Nicaragua, por supuesto, porque no tienen que ir a ninguna parte. Pero lo que uno razona, lo que uno se pregunta es:  ¿Por qué precisamente se escoge a Cuba?, porque hay emigrados de todas partes en Estados Unidos; hay, incluso, muchos emigrados de nuestro hermano país de Puerto Rico, que tiene derecho a aspirar también a ser un pueblo más en los pueblos libres de América Latina. Y, sin embargo, a pesar de haber emigrados de muchos países, Cuba es el único país, Cuba es casualmente el país hacia donde parten aviones con emigrados para atacar su población.
¿Por qué?  ¿Por qué precisamente Cuba?  Si con algún país Estados Unidos debió ser cuidadoso, si con algún país debió estar preocupado Estados Unidos de que estos hechos no ocurrieran, ese país es precisamente Cuba, porque Cuba acabó de atravesar una guerra de dos años en que sus ciudades y sus campos fueron bombardeados con bombas de procedencia norteamericana, con aviones de procedencia norteamericana, con cohetes de procedencia norteamericana, con napalm de procedencia norteamericana, y miles de ciudadanos fueron asesinados con armas procedentes de Estados Unidos. Lo menos que podíamos esperar nosotros, después que destruimos el ejército mercenario, después que libramos a nuestro pueblo de la tiranía, lo menos que pudimos esperar nosotros es que no se siguiera bombardeando a nuestro pueblo desde bases situadas en territorio norteamericano.
¿Qué pensar de una conducta semejante, de una negligencia semejante por parte de las autoridades de un país que aquí mismo, en el corazón de nuestro territorio, tiene una base naval para proteger a sus ciudadanos de cualquier ataque? ¿Cómo es posible que a cambio de una base establecida en territorio cubano para mayor seguridad de la población de Estados Unidos, nosotros recibamos, en cambio, los ataques de los criminales de guerra procedentes de bases situadas en territorio norteamericano? ¿Cómo es posible que a cambio de los riesgos que nosotros corremos con la presencia de esa base militar en nuestro territorio, las casas de nuestros guajiros, nuestras fábricas de azúcar y nuestra población estén expuestas a las bombas incendiarias y a las metrallas de aviones procedentes de territorio norteamericano?  
¿Qué diría la opinión pública de Estados Unidos?  Yo apelo, en nombre del pueblo de Cuba, a la opinión pública de Estados Unidos, al pueblo de Estados Unidos, porque no concibo ni creo que el pueblo de Estados Unidos pueda estar de acuerdo jamás con semejante negligencia, con semejante responsabilidad por parte de las autoridades de ese país.
Yo me pregunto, ¿qué ocurriría?, ¿qué diría el pueblo de Estados Unidos si avionetas procedentes, o aviones procedentes de Canadá o de cualquier otro país próximo, se dedicaran a lanzar bombas incendiarias y metrallas sobre fábricas y casas norteamericanas? Yo me pregunto, ¿qué diría el pueblo de Estados Unidos si aviones procedentes de otro país, como por ejemplo Canadá, realizaran una incursión aérea sobre la capital de ese país, y como consecuencia de ello los hospitales de la capital se llenasen de niños, ancianos, mujeres y hombres heridos por la metralla?  
¿Cómo es posible que un país, cómo es posible que el pueblo de Estados Unidos, que tiene tan fresco todavía el recuerdo de aquel ataque traicionero sobre Pearl Harbor y que produjo tan profunda indignación, y que produjo tan tremenda reacción...? Yo estoy seguro de que el pueblo de Estados Unidos por ningún concepto puede aprobar ni puede aceptar siquiera la explicación de que las autoridades no pueden controlar esos vuelos, porque, entonces, como decía hace unos días, el pueblo de Estados Unidos tendría que hacerse esta pregunta o tendría que sacar esta conclusión:  o las autoridades son cómplices, o las autoridades son tolerantes de esos vuelos, o el pueblo de Estados Unidos está engañado, o el pueblo de Estados Unidos está indefenso, porque las autoridades de ese país no pueden siquiera impedir que las avionetas salgan y entren a su antojo para atacar el territorio nacional.  Y entonces, ¿cómo es posible que le digan al pueblo de Estados Unidos que está defendido incluso contra proyectiles dirigidos, si no son capaces siquiera de impedir que unas avionetas entren y salgan cuando les viene en ganas en el territorio norteamericano?  ¿Qué se pretende?
Otra pregunta que tenemos que hacernos es: ¿Qué se persigue con esos bombardeos?, ¿qué fines se proponen?  ¿Es que piensan que van a sumir al pueblo en el terror?   Pero sumir al pueblo en el terror ¿para qué? Hay que preguntarse, ¿qué objetivos se persiguen, qué fines se buscan sumiendo al pueblo en el terror? O un acto de inaudita crueldad o un acto de sadismo sin precedentes, castigar a todo un pueblo, sembrar la muerte en medio del pueblo a cualquier hora del día y de la noche. O se persigue otro propósito, que es el que todos sospechamos, el propósito de que el pueblo de Cuba se acobarde y a base de bombas acepte que vuelvan aquí de nuevo los Masferrer, los Pilar García, los Ventura, los Carratalá; a base de bombas conseguir que el pueblo renuncie a su Revolución redentora y entregar el poder de nuevo a pandillas mercenarias y reaccionarias.
No se puede perseguir otro propósito que el propósito de acobardar al pueblo. Es decir que están amenazando al pueblo de Cuba, por un lado, con el estrangulamiento económico, quitándole su cuota azucarera; y, por otro lado, someterlo al terror para que, hostigado de un lado por los problemas económicos y del otro lado por el terror, el pueblo cubano renuncie a su magnífico proceso revolucionario, renuncie a la aspiración de implantar la justicia en nuestro suelo.
Porque, ¿qué motivos hay para atacar a Cuba? ¿Qué hemos hecho nosotros para que nos ataquen?  ¿Qué delito ha cometido Cuba? ¿Qué ha hecho el Gobierno Revolucionario de Cuba —que quiere decir el pueblo de Cuba— para merecer estas agresiones? ¿Por qué nos atacan?  ¿Por qué?  Eso es lo que el pueblo debe preguntarse, y eso es lo que el pueblo debe meditar, para comprender no solo ese hecho, sino para comprender todos los demás que se relacionan con este hecho; para comprender los problemas de afuera y para comprender los problemas de adentro; para comprender las agresiones de afuera y para comprender las traiciones de adentro. Porque tanto la agresión desde territorio extranjero como la traición tienen una sola explicación. La razón de la agresión y de la traición es, sencillamente, la Revolución; la razón es que se trata de un proceso revolucionario que lesiona poderosos intereses, y los intereses afectados por esta Revolución se niegan a aceptarla tranquilamente.
¿Qué ha hecho el Gobierno Revolucionario? De lo único que se puede acusar al Gobierno Revolucionario es de haber hecho leyes revolucionarias, de lo único que se puede acusar al Gobierno Revolucionario es de haber tomado medidas revolucionarias. Porque nosotros podemos exponer nuestra conducta a la luz del pueblo, nosotros podemos exhibir nuestros hechos ante los ojos del pueblo. ¿Por qué está el pueblo con nosotros?  No está el pueblo con nosotros por puras razones sentimentales; el pueblo está con el Gobierno Revolucionario porque hemos hecho leyes revolucionarias. ¿Por qué están los campesinos con el Gobierno Revolucionario?, ¿por qué están los obreros con el Gobierno Revolucionario?, ¿por qué está la inmensa mayoría del pueblo con el Gobierno Revolucionario?, ¿por qué defiende el pueblo al Gobierno Revolucionario?  Sencillamente porque hemos estado defendiendo al pueblo, porque hemos estado dictando medidas revolucionarias.
Vamos a discutir a la luz pública, vamos a responder de una vez a los calumniadores y a los detractores de la Revolución para que hablen claro de una vez, para que se quiten la careta, para que digan que las acusaciones que nos hacen de que somos comunistas obedecen exclusivamente a que no se tiene el valor de decir que están en contra de las leyes revolucionarias; y, entonces, como no tienen nada que decir del Gobierno Revolucionario, como no tienen nada de qué acusar al Gobierno Revolucionario, se agarran del manido pretexto del miedo y del fantasma que han estado sembrando durante 50 años , se agarran del miedo y del fantasma que han estado azuzando y creando durante 50 años para calificar a nuestra Revolución como más convenga a los planes de agresión que, con ayuda de fuerzas y de intereses extranjeros, quieren fraguar contra nuestra patria .
¡Lo que hay que analizar es lo que el Gobierno Revolucionario ha hecho; y lo que hay es que preguntarle al pueblo si está o no de acuerdo con lo que el Gobierno Revolucionario ha hecho!  (EXCLAMACIONES AFIRMATIVAS.)
Yo le pregunto al pueblo si está o no de acuerdo con que hayamos establecido la más absoluta honradez administrativa que se conoció jamás en la historia de nuestro pueblo (EXCLAMACIONES DE APROBACION).  Yo le pregunto al pueblo si está o no de acuerdo con que el Gobierno Revolucionario haya puesto fin definitivamente al contrabando (EXCLAMACIONES DE APROBACION).  Yo le pregunto al pueblo si está o no de acuerdo con que el Gobierno Revolucionario les haya puesto fin a las sinecuras y a las “botellas” en la administración pública (EXCLAMACIONES DE APROBACION).  Yo le pregunto al pueblo si está o no de acuerdo con que el Gobierno Revolucionario haya erradicado el juego de la vida del país (EXCLAMACIONES DE APROBACION).  Yo le pregunto al pueblo si está o no de acuerdo con que el Gobierno Revolucionario haya fusilado a los criminales de guerra (EXCLAMACIONES PROLONGADAS DE APROBACION).  Yo le pregunto al pueblo si está o no de acuerdo con que el Gobierno Revolucionario haya recuperado los bienes de los malversadores que se enriquecieron durante la tiranía (EXCLAMACIONES DE APROBACION).
Yo le pregunto al pueblo si está o no de acuerdo con que el Gobierno Revolucionario haya convertido el Buró de Investigaciones en un parque y la ciudad militar en un centro de estudios que tanto necesita el pueblo (EXCLAMACIONES DE APROBACION).  Yo le pregunto al pueblo si está o no de acuerdo con que el Gobierno Revolucionario convierta los regimientos en ciudades escolares (EXCLAMACIONES DE APROBACION).  Yo le pregunto al pueblo si está o no de acuerdo con que el Gobierno Revolucionario hubiese revisado y anulado la concesión que la tiranía le hizo a la Compañía de Teléfonos (EXCLAMACIONES DE APROBACION).  Yo le pregunto al pueblo si está o no de acuerdo con que el Gobierno Revolucionario haya rebajado las tarifas eléctricas (EXCLAMACIONES DE APROBACION).  Yo le pregunto al pueblo si está o no de acuerdo con que el Gobierno Revolucionario haya rebajado las medicinas (EXCLAMACIONES DE APROBACION).  Yo le pregunto al pueblo si está o no de acuerdo con que el Gobierno Revolucionario haya creado 10 000 plazas más de maestros rurales (EXCLAMACIONES DE APROBACION).  Yo le pregunto al pueblo si está de acuerdo o no con que el Gobierno Revolucionario haya creado el Instituto Nacional de Ahorro y Vivienda, que ya tiene 10 000 casas construidas (EXCLAMACIONES DE APROBACION).
Yo le pregunto al pueblo si está o no de acuerdo con que el Gobierno Revolucionario haya creado el Banco de los Seguros Sociales (EXCLAMACIONES DE APROBACION). Yo le pregunto al pueblo si está o no de acuerdo con que el Gobierno Revolucionario esté desarrollando el turismo en gran escala, como una fuente de divisas para nuestro país (EXCLAMACIONES DE APROBACION).  Yo le pregunto al pueblo si está o no de acuerdo con que hayamos restablecido para los obreros sus derechos sindicales y todos los derechos sociales que la tiranía les arrebató (EXCLAMACIONES DE APROBACION).  Yo le pregunto al pueblo si está de acuerdo o no con la rebaja de alquileres (EXCLAMACIONES DE APROBACION).  Yo le pregunto al pueblo si está de acuerdo o no con que nosotros les demos barcos a los pescadores para que vivan del producto de su trabajo y no sean explotados (EXCLAMACIONES DE APROBACION).
Yo le pregunto al pueblo si está de acuerdo o no con que el Gobierno Revolucionario organice cooperativas de consumo en el campo para evitar que los campesinos paguen el doble por las mercancías (EXCLAMACIONES DE APROBACION).  Yo le pregunto al pueblo si está o no de acuerdo con la reforma agraria.  Yo le pregunto al pueblo si está de acuerdo o no con que los campesinos tengan tierra donde trabajar (EXCLAMACIONES DE APROBACION), con que los campesinos y carboneros de la Ciénaga de Zapata, de la península de Guanahacabibes, de Belice o de Yateras, y de otros muchos rincones de Cuba, tengan sus cooperativas y sus camiones, para vender su carbón y no ser víctimas de la explotación (EXCLAMACIONES DE APROBACION); si está de acuerdo o no con que nosotros construyamos escuelas y caminos y carreteras en todos los rincones de Cuba (EXCLAMACIONES DE APROBACION); si está de acuerdo o no con que les construyamos casas a las familias campesinas, elevemos su standard de vida (EXCLAMACIONES DE APROBACION).
Yo le pregunto al pueblo si está de acuerdo o no con aquel sistema de antes, en que la guardia rural y las “parejas” estaban al servicio de los grandes terratenientes y estaban al servicio de los grandes intereses (EXCLAMACIONES DE: “¡No!”), o está de acuerdo con un Ejército Rebelde que es hoy el mejor compañero y amigo de los campesinos, porque actúa con justicia y porque está exclusivamente al servicio de los intereses del pueblo (EXCLAMACIONES DE APROBACION). Yo le pregunto al pueblo si está de acuerdo o no con que repoblemos los campos de Cuba, que fueron desolados por el egoísmo y la ambición de los grandes terratenientes (EXCLAMACIONES DE APROBACION). Yo le pregunto al pueblo si está de acuerdo o no en que llenemos de peces, para el turismo, las lagunas y los ríos de Cuba (EXCLAMACIONES DE APROBACION).  Yo le pregunto al pueblo si está de acuerdo o no con que defendamos nuestras divisas para poder contar con recursos para la industrialización del país (EXCLAMACIONES DE APROBACION).  Yo le pregunto al pueblo si está de acuerdo o no con el Gobierno Revolucionario en que aquí en vez de Cadillacs lo que el país necesita son tractores (EXCLAMACIONES DE APROBACION).
Yo le pregunto al pueblo si está de acuerdo o no con que nosotros sembremos aquí el arroz que podemos producir en vez de importarlo; las grasas que podemos producir en vez de importarlas; el algodón que podemos producir en vez de importarlo; los alimentos que podemos producir en vez de importarlos, para darle trabajo a más de medio millón de compatriotas nuestros que no tienen en qué emplearse.  Yo le pregunto al pueblo si está de acuerdo o no con los planes de industrialización del Gobierno Revolucionario (EXCLAMACIONES DE APROBACION).
Entonces, yo me pregunto: ¿Qué ha hecho el Gobierno Revolucionario con lo cual el pueblo no esté de acuerdo? (EXCLAMACIONES DE: “¡Nada!”) ¿Qué ha hecho el Gobierno Revolucionario, sino hacer el bien al pueblo, sino defender los intereses de su pueblo, sino sacrificarse por una patria?  
Por primera vez se presentan estas excepcionales circunstancias; por primera vez en la historia de la nación cubana, que arrancó hace cuatro siglos, que comenzó con aquellos indios perseguidos y asesinados por los conquistadores y continuó con toda aquella larga etapa de la esclavitud en que los hombres se compraban y se vendían como bestias, y concluyó en esta etapa que costó 20 000 muertos, miles de casas de campesinos quemadas, miles de campesinos asesinados en nombre del egoísmo, de la avaricia y de los grandes intereses creados ; en la larga etapa de la historia de la nación cubana, por primera vez surge a la vida pública un poder revolucionario que está batiendo todos los privilegios, que está batiendo todas las injusticias, y se ha empeñado al fin en redimir a nuestro pueblo de males que tienen en algunos casos raíces de más de cuatro siglos ; un gobierno que se propone construir lo que en 50 años no se ha construido; hacer las calles, los acueductos, las escuelas, los hospitales, los pavimentos, que en 50 años no se hicieron; las industrias que en 50 años no se hicieron.
¿Qué falta han cometido el pueblo de Cuba y su Gobierno Revolucionario, como no sea defender esos intereses cubanos, defenderlos en Cuba y defenderlos fuera de Cuba?  Porque yo me pregunto, y le pregunto al pueblo, si está bien o no la postura digna y valiente que el pueblo de Cuba ha tenido en los organismos internacionales.  Y podría seguir preguntándole al pueblo si está o no de acuerdo con que aquellas playas, que fueron de un grupo de privilegiados exclusivamente, estén hoy abiertas a todo el pueblo, y donde los cubanos de uno y otro color puedan asistir sin estúpidos prejuicios (EXCLAMACIONES DE: “¡Sí!”). Yo le pregunto al pueblo si está o no de acuerdo con que las oportunidades de empleo se hayan abierto por igual a los cubanos de uno y otro color (EXCLAMACIONES DE: “¡Sí!”).
Y así podríamos continuar. Podríamos continuar preguntando qué ha hecho el Gobierno Revolucionario, como no sea para beneficio de su pueblo.  Pero es que ocurre una cosa, es que ocurre una cosa:  si sembramos arroz, perjudicamos intereses extranjeros; si producimos grasa, perjudicamos intereses extranjeros; si producimos algodón, perjudicamos intereses extranjeros; si rebajamos las tarifas eléctricas, perjudicamos intereses extranjeros; si rebajamos las tarifas telefónicas, perjudicamos intereses extranjeros; si hacemos una reforma agraria, perjudicamos intereses extranjeros; si hacemos una ley sobre el petróleo, como la que está próxima a decretarse, perjudicamos intereses extranjeros ; si hacemos una ley de minas, como la que está próxima a decretarse, perjudicamos intereses extranjeros; si hacemos una marina mercante, perjudicamos intereses extranjeros; si queremos encontrar nuevos mercados para nuestra patria, perjudicamos intereses extranjeros; si queremos que al menos se nos compre tanto como lo que compramos nosotros, perjudicamos intereses extranjeros.  Esa es la explicación; porque hemos hecho leyes revolucionarias que perjudican privilegios nacionales y extranjeros es por lo que nos atacan, es por lo que nos llaman comunistas, es por lo que nos acusan, preparando todos los pretextos posibles para agredir a nuestro país.
¿Es que acaso no es cubana la Ley de Reforma Agraria?  (EXCLAMACIONES DE: “¡Sí!”) ¿Es que acaso no es cubana la rebaja de los alquileres?  (EXCLAMACIONES DE: “¡Sí!”) ¿Es que acaso no es cubana la rebaja de las tarifas eléctricas? (EXCLAMACIONES DE: “¡Sí!”) ¿Es que acaso no es cubana la rebaja de las tarifas telefónicas?  (EXCLAMACIONES DE: “¡Sí!”) ¿Es que acaso no es cubano el propósito de crear una marina mercante?  ¿Es que acaso no es cubano sembrar arroz y sembrar algodón y producir grasa en nuestra propia tierra? ¿Es que acaso no es cubano construir casas para nuestros obreros, nuestros campesinos y la familia en general? ¿Es que acaso rebajar las medicinas, muchas de las cuales provienen de laboratorios extranjeros, no es cubano?  (EXCLAMACIONES DE: “¡Sí!”) ¿No es cubano acaso defender nuestras divisas?  (EXCLAMACIONES DE: “¡Sí!”) ¿No es cubano comprar tractores en vez de Cadillacs?  (EXCLAMACIONES DE: “¡Sí!”) ¿No es cubano crear diez mil escuelas, el doble de las que se habían creado en 50 años de República? (EXCLAMACIONES DE: “¡Sí!”) ¿No es cubano convertir las fortalezas en centros escolares? (EXCLAMACIONES DE: “¡Sí!”) ¿No es cubano darles barcos a nuestros pescadores, darles equipos a nuestros campesinos, darles derechos a nuestros obreros? ¿Acaso no es cubano proclamar el deber de consumir productos cubanos?  (EXCLAMACIONES DE: “¡Sí!”) ¿Acaso no es cubano proteger la industria nacional?  (EXCLAMACIONES DE: “¡Sí!”) ¿Acaso no son cubanas, y muy cubanas, y las más cubanas de todas, las medidas que el Gobierno Revolucionario ha establecido?  (EXCLAMACIONES DE: “¡Sí!”)
Entonces, ¿de qué nos acusan, miserables?  ¿De qué nos pueden acusar sino de haber implantado medidas en beneficio de Cuba?  ¿De qué nos acusan, descarados y cínicos, de qué nos acusan? ¿De qué nos acusan, criminales, de qué nos acusan, traidores, sino de hacer medidas cubanas y en beneficio de Cuba?  
Los que no son cubanos son los monopolios extranjeros; la que no es cubana es la Compañía de Electricidad; la que no es cubana es la Compañía de Teléfonos; los que no son cubanos son esos latifundios de la United Fruit Company y la Atlántica del Golfo; los que no son cubanos son los barcos que traen nuestros productos; lo que no es cubano es el arroz, la mayor parte del arroz que consumimos, de la grasa que consumimos, de los tejidos que consumimos y de los artículos industriales que consumimos; los que no son cubanos son esos trusts que explotan nuestras minas y obtuvieron concesiones privilegiadas; los que no son cubanos son esos intereses que obtuvieron la regalía de la concesión de la mayor parte de nuestra área con posibilidad de producir petróleo; las que no eran cubanas eran las bombas que asesinaron a nuestros campesinos durante la guerra; las que no eran cubanas eran las armas con que se asesinaron 20 000 compatriotas nuestros; los que no eran cubanos eran los instructores de aquel ejército mercenario destruido por la Revolución; los que no son cubanos son esas bases de donde nos atacan, esos aviones y esas bombas incendiarias y esa metralla con que, en plena paz, se está atacando a un país amigo; la que no es cubana es esa campaña de mentiras, esa campaña de calumnias que se hace contra nosotros; las que no son cubanas son esas revistas que difaman de nuestro pueblo, son esas agencias internacionales que escriben todos los horrores de nuestro país.
Y esa es la verdad, esa es la verdad que hay que decirles a los pueblos, esa es la verdad que se niegan a decirles los descarados y los cínicos, que porque hemos hecho medidas cubanas lanzan su campaña venenosa contra nuestra Revolución para unir alrededor de la misma consigna, para unir alrededor de la misma mentira, a todos los grandes intereses nacionales e internacionales enemigos de la patria.
¿Qué quiere la reacción?  ¿Quiere acaso que entrenemos a los  campesinos y a los obreros?  ¡No!  No, porque si usted toma cualquier vocero de la reacción, como este vocero que dice representar al Partido Auténtico Abstencionista, al que, por cierto, no representa, porque el verdadero representativo del Partido Auténtico Abstencionista lo es el doctor Carlos Prío Socarrás, y está aquí presente con nosotros; este grupo que se dejó atraer por los “cantos de sirena” de “La Marina” y “Avance”.  ¿Y qué ha hecho hoy el primer órgano?  Una de las primeras cosas que plantea es que, en primer lugar, se solidariza con el traidor Hubert Matos (EXCLAMACIONES DE: “¡Fuera!”); en segundo lugar, trata de hacer las mismas insinuaciones, acusando de comunista al Gobierno Revolucionario; en tercer lugar, dice: “La Revolución, para defenderse de sus enemigos, no necesita armar a los obreros y campesinos.  Es suficiente el valor probado y la pericia de su ejército, mucho más si se tiene en cuenta el apoyo moral de todo un pueblo, de todo el país.” Y más adelante: “...si no se tienen en cuenta estas consideraciones con la democracia, habrá que seguir practicando esa técnica, tan arriesgada y fatigante para el país, de las grandes concentraciones multitudinarias, cuando más necesario es el reposo y la serenidad”.  ¡Reposo frente a los bombardeos criminales y el ametrallamiento de nuestro pueblo!  
Bueno es advertir esto, para que los verdaderos auténticos, los que algún día formaron las masas del Partido Auténtico, no se dejen arrastrar jamás por este grupo de incautos que se ha hecho eco de las intrigas de “La Marina”, de “Avance”, se ha dejado impulsar por los voceros de la reacción y la contrarrevolución, y ya están tomando los mismos argumentos de Trujillo, la “Rosa Blanca” y los monopolios internacionales, enemigos de Cuba.
Ahora bien, yo decía que el pueblo no debe dejarse confundir: es un periodiquito nuevo que han sacado, pagado por los latifundistas.
Decía que debíamos meditar, decía que debíamos analizar los porqués. ¿Por qué se oponen a que entrenemos a los obreros y a los campesinos?  Bien sencillo: porque quieren un ejército al estilo tradicional, quieren un ejército profesional como el de antes, porque de esa manera albergan la esperanza de que ese ejército, cuando pasen los años, pueda llegar a ser un día instrumento de la reacción; porque tienen esperanzas de poder encontrar a algún ambicioso, a algún traidor, como este que acaba de aparecer. Tienen la esperanza de que con un ejército profesional puedan algún día corromper oficiales, puedan algún día corromper soldados, y que en cualquier momento las fuerzas armadas de la república pudieran ser los grandes factores en los destinos del país; porque recuerden que los grandes privilegios, los grandes intereses de los latifundistas, los intereses poderosos afectados por la Revolución, todos esos intereses y privilegios tenían un instrumento: el ejército.  ¡El ejército era el instrumento de los intereses extranjeros y de los peores intereses nacionales, que por algo el ejército de Cuba tenía instructores extranjeros!  
Como saben que el pueblo es una tremenda fuerza revolucionaria, como saben que un pueblo entrenado es un pueblo preparado para combatir en defensa de sus conquistas, son alérgicos estos señores a todo lo que implique entrenamiento de obreros y campesinos.
Por otro lado, nosotros concebimos que los mejores aliados de los soldados son los campesinos y los obreros, que el mejor aliado del Ejército Rebelde es el pueblo, y las tropas más aguerridas del Ejército Rebelde son campesinas; los soldados más aguerridos del Ejército Rebelde son campesinos.  El grupito de oficiales que se solidarizó con el traidor Hubert Matos no era de esa clase (EXCLAMACIONES DE: “¡Fuera!”), no era de ese tipo de soldado y oficial campesino que forman la élite, y la flor y nata, y lo más aguerrido, y lo más valiente y lo más firme del Ejército Rebelde.
Esas filas de gallardos soldados que, con sus fusiles ametralladoras, desde las azoteas de los edificios, montaron guardia en defensa de la población contra cualquier ataque aéreo, son los soldados de la Sierra Maestra; son los soldados campesinos, los guajiros de la Sierra Maestra, que un día integraron las primeras columnas de donde salieron las demás columnas que combatieron en los distintos frentes de batalla.  ¡Esos soldados sí son soldados revolucionarios!  
¿Por qué?  Porque vivieron en el campo, nacieron en el campo y crecieron en el campo, y allí vieron lo que era la guardia rural, con las culatas de sus fusiles y su plan de machete al servicio de los grandes terratenientes. Allí vivieron lo que era la miseria de nuestros campesinos; allí vieron el horror de los niños descalzos y enfermos; allí vivieron todo aquel sentimiento puro, noble y heroico, de nuestros campesinos sin tierras.  Y a esos soldados nadie podrá tomarlos de instrumento contra los campesinos y contra el pueblo, porque esos soldados sí sienten la Revolución, porque la han vivido y la hicieron, señalaron el camino a todos los campesinos del país y condujeron la nación al triunfo.
Así que, obrero y ciudadano de La Habana, ¡esos fusiles que te cuidan son los fusiles de los soldados guajiros de la Sierra Maestra! Y esos soldados saben, como lo saben todos los soldados campesinos del Ejército Rebelde, saben que tú, obrero; tú, estudiante; tú, campesino; tú, cubano o cubana, llevas dentro el sentimiento de la patria.  Esos soldados, a la hora de defender la patria quieren tener junto a ellos a su pueblo, quieren tener junto a ellos a toda la nación combatiendo en defensa de sus derechos y de su soberanía.
La reacción no quiere eso; la reacción lo que quiere es un pueblo desarmado y un ejército que se corrompa, para que algún día pudiera servir de freno a la Revolución y hacer retroceder a nuestra patria.  Eso es lo grave de la traición de Hubert Matos, porque fue el primer intento de utilizar militares contra la Revolución, de utilizar militares contra los derechos del pueblo cubano (EXCLAMACIONES DE: “¡Fuera!”); fue el primer intento de corrupción de oficiales para utilizarlos contra el pueblo, contra los intereses del pueblo, contra la Revolución Cubana.  Por eso la reacción no quiere que los obreros y los campesinos se entrenen, porque tienen siempre la esperanza de que, si toda la fuerza del país es un ejército profesional, pudieran algún día conquistar a alguno o algunos oficiales, pudieran algún día corromper a ese ejército y tener un instrumento con que volver a perpetrar aquí golpes de Estado como el del 10 de Marzo, que nunca más se repetirán en nuestra patria.
Frente a ese concepto de ejército profesional y de defensa del país con ejército profesional, está nuestro concepto revolucionario de defender al país con el pueblo, con todas las fuerzas del pueblo, con todos los brazos del pueblo, con todos los corazones del pueblo.
¿Y qué hacen los traidores?, ¿qué es lo primero que hacen? Repetir la misma consigna de Trujillo, repetir la misma consigna de la “Rosa Blanca”, repetir la misma consigna de los criminales de guerra y de los monopolios internacionales, enemigos de Cuba: acusar de comunista al Gobierno Revolucionario.  Lo que hacen, antes que nada, es decirle a Trujillo: “Tú tenías razón”; es decirles a los criminales de guerra: “Ustedes tenían razón”; es decirles a los grandes monopolios extranjeros: “Ustedes tenían razón”; es decirle a la “Rosa Blanca”:  “Ustedes tenían razón”; es decirles a los que bombardean a nuestro territorio:  “Ustedes tenían razón.”  Lo primero que hacen es agarrar la misma bandera de los criminales de guerra, de los trujillistas y de la “Rosa Blanca”, ¡y todavía no quieren que los llamemos traidores!  (EXCLAMACIONES DE: “¡Fuera!”)
¿Y qué propósito se persigue con eso?  El propósito de dividir al pueblo, el propósito de confundir al pueblo, el propósito de debilitar al pueblo.  ¡Traidores, porque quieren debilitar al pueblo cuando más unido debe estar, cuando más fuerte debe estar!  ¡Traidores, que quieren confundir al pueblo cuando más claro debe estar, cuando más consciente debe estar de cuáles son sus intereses y cuáles son los intereses de los enemigos de nuestro pueblo, de los que no pueden sentir con nuestro pueblo!  ¡Traidores los que adoptan la consigna y la bandera de los Trujillo, de los criminales de guerra y de los intereses internacionales enemigos de Cuba!   ¡Y traidores los que se solidarizan con los traidores!  ¡Traidores los que en este momento tienen la desvergüenza de cohonestar la traición!  ¡Traidores los que en este momento tienen la osadía de predicar la división del pueblo, porque lo único que conseguirían, si debilitan al pueblo, si dividen al pueblo, es que los enemigos poderosos que tenemos de nuestra Revolución se sientan alentados a atacarnos!
Para hablar claro, digo que los culpables de esas bombas no son solo los que las lanzaron, son los que las instigaron desde aquí, son los que como Pepín Rivero, el “Diario de la Marina”, el periódico “Avance”... Son, sobre todo, esos que desde el periódico “Avance” han estado instigando el terrorismo, han estado instigando la mano criminal de los contrarrevolucionarios.  Los culpables no son solo los que tiran las bombas, sino quienes los alientan; los culpables no son solo los traidores, sino quienes los alientan, los cohonestan y se solidarizan con ellos.  ¿Y por qué?  ¿Por qué?  Porque hemos hecho medidas y leyes revolucionarias. 
No es contra mí, no es contra el Presidente de la República, no es contra Raúl, no es contra el Che, no es contra Camilo, no es contra Almeida, no es contra Efigenio Ameijeiras, no es contra nadie; es contra las leyes revolucionarias, porque si no hubiésemos hecho leyes revolucionarias nos dedicarían los mayores elogios.  El ataque es contra la Revolución, el ataque es contra las medidas revolucionarias.  Esas son las causas, ese es el porqué de las acusaciones contra nosotros.
He demostrado que las medidas tomadas son medidas verdaderamente cubanas, en beneficio de los cubanos, y que los que no son cubanos son los intereses que se oponen a las leyes revolucionarias.  Pero digo más: ¿Quiénes están llevando adelante esta Revolución? ¿Quiénes son los hombres que por aquí pasaron?  Mientras oía hablar a los comandantes rebeldes en esta tribuna; cuando oía al Comandante Camilo Cienfuegos, al Comandante Guevara, al Comandante Raúl Castro, al Comandante Almeida; cuando veía a los demás compañeros como Universo Sánchez, Efigenio Ameijeiras y otros compañeros, me acordaba de aquellos primeros días de la Revolución en la Sierra Maestra; me acordaba de aquellos días adversos, en aquellos momentos de tremendas dificultades, cuando solo un grupo pequeño se mantuvo firme; recuerdo aquellos días de hambre y de frío, sin una capa con que protegerse de la lluvia, sin una frazada con que cobijarse de la intemperie y del frío de las montañas, sin zapatos apenas que ponernos, con unas cuantas balas en nuestros fusiles, perseguidos por miríadas de soldados; recuerdo aquellos días cuando la Revolución pudo ser vencida en la debilidad de nuestras fuerzas, porque éramos muy pocos; recuerdo aquellos días en que con la fe entera de los hombres que se proponen una causa grande y noble, seguimos adelante, seguimos luchando sin desalentarnos a pesar de que éramos unos pocos.
Aquellos días los recordaba al paso por la tribuna, porque veía aquellos pilares de las horas verdaderamente difíciles, de las horas verdaderamente amargas; veía toda la epopeya que esos compañeros escribieron, la veía desde el primer día hasta la invasión en que, con un puñado de hombres que no rebasan de 100, dos columnas, al mando de dos de los compañeros que aquí hablaron, cruzaron los llanos de Camagüey para llevar el apoyo a los compañeros que allí combatían, escribiendo una de las páginas más gloriosas de la historia militar .  Porque habrá que compararla algún día con las grandes proezas de los grandes generales que reconoce la historia; mas no son generales, son comandantes, porque nosotros hemos abolido el “generalato” y el “coronelato” de nuestro país.
Cuando veía a estos compañeros, decía: ¿Dónde están los doce?  Y de los 12 varios cayeron en la lucha; los demás están aquí.  La Revolución no ha tenido desertores.  Los que como ese traidor que en medio del ASTA, que en medio del esfuerzo extraordinario que hicimos...  (SE ESCUCHAN ESTALLIDOS DE COHETES). Ese desertor es de los advenedizos, es de los que fueron a la guerra no a hacer patria, sino a hacer provecho personal; es de los que fueron a la guerra no para engrandecer a su país, sino para engrandecerse ellos.  No podemos llamarlo desertor, porque el día en que yo estaría triste sería el día en que faltaran algunos de esos compañeros que fueron las raíces de esta Revolución, que vinieron con nosotros en el “Granma”, que con nosotros soportaron todos los reveses y con nosotros han llegado hasta aquí sin miedo ni vacilaciones.  Y al ver junto a esos compañeros a los demás oficiales del Ejército Rebelde, al ver a los comandantes de otras organizaciones revolucionarias, al ver aquí a los dirigentes de la Federación Estudiantil Universitaria, he pensado que la Revolución está más fuerte y más unida que nunca.  Porque, ¿de qué lado estarán siempre los buenos militares?  ¿De qué lado estarán siempre los buenos revolucionarios?  ¡Del lado del pueblo!  
Al ver aquí este millón de compatriotas enardecidos, al ver aquí este millón de conciudadanos, he pensado que la Revolución está más fuerte que nunca y que el puñal que le clavaron, lejos de debilitarla, la ha fortalecido.
Toda la importancia que tienen estos traidores es que detrás de ellos están todos los recursos de la reacción, está toda la prensa de la reacción nacional, está toda la prensa de la oligarquía internacional; detrás de ellos están todos los recursos de la contrarrevolución.  Ellos no son más que miserables peones, miserables instrumentos, cuyas palabras tienen eco solo en los voceros de la contrarrevolución, en los voceros de la reacción; porque esto no es una lucha de personas, esta es una lucha de intereses, de los grandes intereses contra los intereses del pueblo cubano.
Por eso la reacción no aplaude al Che, la reacción no aplaude a Camilo, la reacción no aplaude a Raúl, la reacción no aplaude a Almeida; la reacción aplaude a los traidores.  La reacción no aplaude a los hombres leales, la reacción aplaude a los traidores.  La reacción no elogia a los hombres leales, porque con ellos nada tiene que buscar; la reacción hace el elogio y el panegírico de los grandes traidores.  La reacción no aplaude a los hombres firmes, sino a los hombres que claudican, a los hombres que se rinden, a los hombres que se acobardan, a los hombres que se venden.  Y hay hombres que se venden o por dinero o por halagos, o por dinero y halagos al mismo tiempo.
¿Pero en qué postura se puede situar nadie que tan aviesamente, tan desvergonzadamente acuse al gobierno de comunista?  ¿Qué hace sino repetir la misma consigna de los Trujillo, de la “Rosa Blanca”, de los criminales de guerra y los enemigos de nuestra patria?  ¿O es que creen que nos van a intimidar?  ¿O es que no comprenden que nosotros estamos tan convencidos de la justicia de las medidas que estamos tomando, tan firmemente seguros de que nuestra conducta solo obedece al propósito de servir a nuestro pueblo, que solo arrancándonos la vida —y ni aun arrancándonos la vida— podrán detener nuestros ideales?  
La reacción, los que bombardean a Cuba, los que dejan caer bombas incendiarias con el mismo pretexto que hoy repiten los traidores, están sedientos de “show”, lo que quieren es “show” contrarrevolucionario, lo que quieren son traidores que hagan contra el gobierno las peores imputaciones para publicarlas en los cintillos de sus periódicos, para sembrar la confusión, para debilitar la Revolución.
No, no escriben una palabra contra las bombas, y cuando la escriben, la escriben con esa tibieza de quien llena solo un expediente para quedar bien o para disimular su posición.  No se puede desconectar el bombardeo, no se puede desconectar la línea de los que nos bombardearon en La Habana, de la posición de los que nos traicionaron en Camagüey, porque aquellos desertaron escribiendo primero una carta que publicaron en la prensa, y estos desertan escribiendo una carta para publicar en la prensa con los mismos argumentos que el traidor Díaz-Lanz (EXCLAMACIONES DE: “¡Fuera!”).
La prensa contrarrevolucionaria recogió los argumentos de Díaz-Lanz acusándonos de comunistas, y recogió los argumentos de Hubert Matos acusándonos de comunistas.  El plan aquel terminó lanzando bombas, y este hubiera terminado provocando un río de sangre en nuestro suelo, porque la posición de uno y otro fue igualmente calumniosa e igualmente traicionera; y lo peor es el momento que aprovechó.  Hizo lo mismo que en la Sierra Maestra:  en la Sierra Maestra, cuando ya las columnas avanzaban y sabía que nuestro interés por la ofensiva me haría contener, lanza su carta insolente; y ahora, en medio del ASTA, cuando sabía el extraordinario interés que el país puso en la Convención de Agentes de Turismo y pensaba que también íbamos a contenernos, llevó adelante su maniobra traicionera, ¡que fue desbaratada con el apoyo del pueblo y no de la “chusma” como dicen ellos!  (APLAUSOS Y EXCLAMACIONES DE: “¡Paredón, paredón!”)
Recibimos el país con 70 millones de divisas en los bancos y cuando estamos realizando un esfuerzo extraordinario, cuando hasta los niños de las escuelas llevan sus centavitos para fortalecer nuestra economía, cuando la nación entera se esfuerza, cuando los obreros de la construcción trabajan nueve y diez horas, cuando los trabajadores dan una parte de sus ingresos para la industrialización; en esos instantes, mientras por un lado llegan cables anunciando que nos van a quitar parte de nuestra cuota, Díaz-Lanz planea sus bombardeos y Hubert Matos interrumpe la conferencia del ASTA para producir ese plan descabellado y criminal (EXCLAMACIONES DE:  “¡Paredón, paredón!”).
Así es como quieren ir cercando y destruyendo la Revolución, por medio de las amenazas económicas, la obstrucción de nuestros planes de desarrollo y el terror. Por eso, si con el esfuerzo que está haciendo hoy nuestro pueblo, con los sacrificios que está haciendo hoy nuestro pueblo, avanzamos una pulgada o avanzamos un metro, ¿es justo que los esfuerzos que con tantos sacrificios vamos haciendo nos los destruyan en un minuto los miserables traidores que por el estrangulamiento económico, la traición y el terror quieren hacer perecer, quieren hacer fracasar a nuestra patria?
Pero yo me pregunto: ¿Hacia dónde van?  ¿Qué se proponían?  ¿Acaso creen que la Revolución no habrá de defenderse? ¿Acaso creen los Trujillo, los criminales de guerra, los traidores, los monopolios extranjeros y los enemigos de Cuba que la Revolución no habrá de defenderse?  ¿No comprenden que con nosotros estará hasta el último campesino de Cuba? ¿No comprenden que con nosotros estará hasta el último obrero de Cuba? ¿No comprenden que a este pueblo no lo van a hacer vacilar, porque el pueblo tiene una conciencia clara, tiene ya una conciencia muy clara de quiénes son sus amigos y quiénes son sus enemigos?  ¿No comprenden que al pueblo no lo van a confundir siquiera, que el pueblo cada día sabe más, que el pueblo cada día está más despierto?  
¿Y por qué conspiran?  ¿Por qué vienen aquí con avionetas, por qué se reúnen para conspirar, por qué lanzan bombas, por qué quieren poner niples, por qué realizan impunemente sus campañas contrarrevolucionarias?  Sencillamente, porque saben que no corren riesgos; saben que hoy, en el respeto que ha tenido el Gobierno Revolucionario, en la generosidad que ha tenido el Gobierno Revolucionario, no hay riesgos para conspirar; saben que nuestro afán ha sido hacer una revolución con procedimientos completamente generosos; hacer una revolución sin mano dura con los enemigos de la Revolución, y eso los ha envalentonado. Saben que no tienen problemas, saben que no corren riesgos, y por eso conspiran, por eso ametrallan, por eso vienen desde Santo Domingo y aterrizan en Trinidad; por eso aparecen ciertos jefes de alzados capturados por nuestras tropas, que no son cubanos; por eso bombardean; por eso producen 47 víctimas en nuestra indefensa población; por eso, porque creen que el pueblo está indefenso, porque los tribunales revolucionarios cesaron.
Es decir que han abusado de la generosidad de la Revolución.  ¡Ya no les importa que el 90% del pueblo esté con la Revolución; no les importa, están dispuestos a ametrallar al pueblo, a bombardear al pueblo, a aniquilar al pueblo!  (EXCLAMACIONES DE: “¡Paredón, paredón!”)
Y cada día son más audaces, cada día son más insolentes; y hasta en las primeras páginas de todos los periódicos, escudados en las faldas de una mujer, escriben, poco más o menos, que el Primer Ministro es un criminal , escriben lo que jamás se publicó contra la dictadura, lo que jamás se publicó contra la tiranía.  Lo escriben contra quien tuvo la responsabilidad de dirigir una guerra que fue la única guerra en el mundo en que ningún prisionero fue asesinado ni fue siquiera golpeado; la única guerra en el mundo en que no quedó un herido en los campos de batalla; la única guerra en el mundo en que los soldados de una fuerza combatiente, que había estado cercada durante casi dos años, se quitaban las medicinas para dárselas a los heridos adversarios.
Y así, en su osadía cada día mayor, la reacción promueve la división, promueve la confusión, instiga la traición, cohonesta la traición, justifica y alienta a los miserables que abandonan la causa de su pueblo para servir a los enemigos de ese pueblo.  ¡Ah!, es porque sabían de nuestro interés en normalizar el país; sabían de nuestro interés en desarrollar la economía del país; ven que nos estamos debatiendo en una tremenda lucha por buscar empleo a nuestros compatriotas, por industrializar el país, sin más ayuda que los recursos de nuestro propio pueblo.  Nos ven librando una heroica batalla contra los grandes intereses extranjeros y no quieren que ganemos esa batalla; no quieren que podamos dedicar nuestra energía a la obra de la Revolución; no quieren, porque quieren destruir la Revolución por el terror y por el estrangulamiento económico.
Pero como la Revolución no es cosa mía, la Revolución es cosa del pueblo, y nosotros aquí no hacemos sino interpretar los sentimientos del pueblo, se plantea la necesidad de defender la Revolución; se plantea el deber de defender la Revolución, ¡y es el pueblo quien tiene la palabra!    Y aquí, ante todos nuestros compatriotas reunidos, voy a plantear y voy a consultar al pueblo sobre la reimplantación de los tribunales revolucionarios (APLAUSOS Y EXCLAMACIONES DE: “¡Paredón!”).  Quiero que la ciudadanía exprese su deseo, quiero que la ciudadanía decida sobre esta cuestión y que los que estén de acuerdo con que se restablezcan los tribunales revolucionarios levanten la mano (LA MULTITUD, DURANTE VARIOS MINUTOS, CON LAS MANOS EN ALTO, EXCLAMA: “¡Paredón!”).
Puesto que es necesario, puesto que es necesario defender la patria de la agresión, puesto que es necesario defender la patria frente a los ataques aéreos desde tierras extrañas, puesto que es necesario defender la patria de la traición, mañana se reunirá el Consejo de Ministros  para discutir y decretar la ley que restablezca de nuevo, por el tiempo que sea necesario, los tribunales revolucionarios (APLAUSOS Y EXCLAMACIONES DE: “¡Paredón!”).  Y aunque los tribunales serán los que decidan en última instancia y de acuerdo con las leyes sobre la pena que corresponda a cada uno de los culpables, quiero consultar la opinión del pueblo; ¡que levanten la mano los que crean que los que invadan a nuestro país merecen la pena de fusilamiento!  (APLAUSOS Y EXCLAMACIONES DE: “¡Paredón!”); ¡que levanten la mano los que crean que los terroristas merecen la pena de fusilamiento! (EXCLAMACIONES DE: “¡Sí!” CON LAS MANOS EN ALTO); ¡que levanten la mano los que crean que los que tripulan avionetas sobre nuestro territorio y bombardean nuestro pueblo merecen la pena de fusilamiento!  (EXCLAMACIONES DE: “¡Sí!” CON LAS MANOS EN ALTO); y, por último, ¡que levanten la mano los que opinen que los traidores como Hubert Matos merecen la pena de fusilamiento!  (EXCLAMACIONES DE: “¡Paredón!” y “¡Fusilamiento!” CON LAS MANOS EN ALTO)
Todo el mundo sabe los esfuerzos que hicimos por poner fin, por suspender los tribunales revolucionarios; todo el mundo sabe lo que nos angustiaba la campaña que se hacía contra nuestra patria por el castigo de los esbirros; todo el mundo sabe los esfuerzos que hemos hecho por levantar el turismo, por desarrollar esa rama de la economía del país, como parte de los planes de desarrollo pacífico de todas las riquezas de Cuba, para darles pan a los cubanos, trabajo a los cubanos.  Todos saben el esfuerzo que hemos hecho por llevar adelante nuestra Revolución, con el máximo de generosidad, con el máximo de tolerancia, con el máximo de bondad.  Todo el mundo sabe lo duro que es para nosotros abrir de nuevo a la pandilla de detractores, a los cables internacionales, a las revistas y a los grandes rotativos que nos calumnian, que nos atacan, la oportunidad de volvernos a presentar ante el mundo como gente cruel e insensible.  Todo el mundo sabe lo que sacrificamos, todo el mundo sabe el daño que incluso le hace a nuestra economía, sobre todo después de ese formidable evento que fue la Convención de Agentes de Viaje, de las decenas de miles de hombres que trabajaron en ese noble propósito que fue casi ilusión no más por obra de los traidores y de los criminales de guerra y de los enemigos de Cuba.
Todo el mundo sabe lo duro que es para nosotros, las dificultades que nos plantea, pero puesto que hay que defender la patria de la agresión, puesto que nos están bombardeando, puesto que nos quieren derrotar por el terror y por el hambre, no queda otra alternativa que defender la patria, ¡y nosotros somos hombres que cumplimos el deber!  ; y nosotros sabemos que por encima de las más nobles ilusiones, por encima de los más nobles sueños, porque lo que hemos soñado es llevar cuanto antes alivio al dolor y a la miseria de nuestros compatriotas, llevar alivio al dolor y a la miseria de los olvidados, llevar cultura al que no sabe, pan al que tiene hambre, tranquilidad y felicidad en la satisfacción de sus más elementales necesidades, a esa gente olvidada de Cuba; a esos de quienes nos hemos acordado nosotros, porque otros no se acordaron de ellos; porque otros, mientras hablaban de democracia y hablaban de libertades, se olvidaban de que allá, en medio de la incultura, en medio del hambre, en medio de la desesperación, no se puede hablar de democracia, sino de opresión, porque han vivido en la opresión de los grandes intereses, de los grandes latifundistas, porque el primer derecho del hombre es el derecho a vivir, el primer derecho del hombre es el derecho al pan para él y para sus hijos, el derecho a vivir de sus brazos, el derecho a tener una cultura .
Aquí los niños que morían en los campos sin asistencia médica no tenían derechos; las mujeres que morían prematuramente no tenían derechos; las familias enteras que languidecían de hambre no tenían derechos.  Porque el primer derecho del hombre es el derecho a la vida y los que aquí engañaban a nuestro pueblo en nombre de falsas consignas, en nombre de falsas teorías, se olvidaron siempre de aquellos hombres que constituyen, si cabe, la mayoría de nuestro pueblo, por los que nadie hizo nada, por los que nadie luchó, a los cuales nosotros nos propusimos redimir sin quitarle a nadie el pan; a los cuales nos propusimos redimir desarrollando las riquezas y los recursos de nuestro país.
Nuestro mayor anhelo era, cuanto antes, llevar alivio a esas necesidades.  Hemos soñado y seguimos soñando.  ¡Hemos soñado con una Revolución donde el imperio de la voluntad mayoritaria del pueblo se impusiera sobre minorías egoístas, ambiciosas e inadaptables a la realidad revolucionaria de la patria!  
Hemos soñado con una Revolución en que la mayoría abrumadora que la respalda se impusiera por sí misma; y a cambio de eso hemos cosechado campañas contrarrevolucionarias, mercenarios que desembarcan, extranjeros que dirigen patrullas, aviones que vienen desde fuera, periodistas que cohonestan la traición, cómplices que se solidarizan con las peores canalladas. A cambio de ello, hemos cosechado bombas en los centrales, 47 víctimas en las ciudades, casas quemadas.
Y como no estamos dispuestos a permitir impunemente que el terror se cierna sobre la patria, como no estamos dispuestos a permitir impunemente que aquí cada madre, y cada hijo, y cada esposa, de un extremo a otro de la isla, con Santo Domingo por allá, y la Florida por acá, tenga que vivir como vi vivir a las familias en la Sierra Maestra, bajo la psicosis de los aviones, bajo el terror de la metralla y del bombardeo; como hay que defender a la patria, como hay que defender al pueblo, como hay que defender a la nación, como hay que defender el territorio, como hay que defender a los niños de las escuelas, ¡a esos mismos niños que vi desfilar cantando el Himno hacia esta maravillosa concentración!; puesto que hay que defenderlos, puesto que no hemos cosechado sino maldad, puesto que se han envalentonado, es bueno que digamos al mundo que el pueblo cubano está dispuesto a defenderse; que el pueblo cubano, antes de que lo aniquilen, ¡está dispuesto a aniquilar a cuantos enemigos se pongan en nuestro camino!  ; que el pueblo cubano, antes de que lo asesinen, ¡está dispuesto a morir peleando!, y que aquí la reacción, y la contrarrevolución, y los invasores, y los contrarrevolucionarios —vengan de adentro o vengan de afuera, sean pocos o sean muchos— van a encontrar a un pueblo que se siente orgulloso de poder proclamar que no aspira a hacerle daño a nadie, que no aspira a perjudicar a ningún otro pueblo del mundo, y que solo aspira a vivir de su trabajo, y que solo aspira a vivir de los frutos de su inteligencia, y que solo aspira a vivir del fruto del esfuerzo de sus brazos; pero que, por defender esa aspiración a cumplir un destino en este mundo, para defender esa aspiración noble, derecho inalienable e irrenunciable de cualquier pueblo, grande o pequeño, hoy, ayer o mañana, por defender esa aspiración el pueblo cubano está dispuesto a pelear.  Y están dispuestos a pelear los hombres y las mujeres, los niños y los ancianos, porque es justa nuestra causa, porque no queremos hacerle daño a nadie y nadie tiene derecho a hacernos daño a nosotros.
Desde hoy proclamamos que no tememos a nada ni a nadie, que no tememos las medidas que se tramen contra nosotros, ¡ni tememos las medidas que tengamos que tomar para combatir a los que quieren destruirnos!  
Cuba es hoy la atención del mundo. Cuba es la admiración del mundo, y Cuba el lugar que ocupa hoy en el concepto de los pueblos de América y del mundo no lo abandonará.  ¡Cuba no traicionará jamás la gloria y el prestigio que ha ganado en defensa de sus derechos legítimos!  
Podemos hacer una Revolución porque tenemos un pueblo como este.  Si no tuviéramos un pueblo como este no podríamos estar haciendo una Revolución como la que estamos haciendo.  Y los que ignoran la historia, los que se olvidan de la historia de otros pueblos, los que no han leído el devenir humano, desde la época de Grecia hasta hoy, son los únicos que pueden ignorar lo que es un pueblo en revolución, son los únicos que pueden ignorar que los que traten de frenar una revolución son aplastados por el pueblo ; que los que adoptan posturas vacilantes y cobardes, son arrastrados por el pueblo; y que nuestro pueblo está escenificando uno de los más interesantes y extraordinarios procesos revolucionarios, si se tiene en cuenta los grandes obstáculos que tenemos que vencer, si se tiene en cuenta el poderío de los recursos que se movilizan para aplastar nuestra Revolución.
Nos ha tocado a los cubanos cumplir esta histórica tarea y los cubanos la cumpliremos, porque con un pueblo como el de Cuba se puede hacer una Revolución como esta.
Los pusilánimes no importan, ¿cuándo han importado los pusilánimes en la historia de los pueblos?  Los vacilantes no importan, ¿cuándo han importado los vacilantes en la historia de los pueblos?  Los cobardes no importan, ¿cuándo han importado los cobardes en la historia de los pueblos? ¿Qué importaron los vacilantes y los pusilánimes cuando nosotros éramos doce hombres?, ¿qué importaron para impedir que la Revolución culminara en extraordinaria victoria, si aquellos doce hombres arrastraron a lo largo de la lucha al resto de la nación?
La nación hoy entera, puesta de pie, no puede temerle a ningún obstáculo. ¡La nación revolucionaria entera, puesta de pie, no puede temerle ni a nada ni a nadie! La nación entera, puesta de pie, como un solo ejército, por encima de los miserables que tratan de confundirla, por encima de los malvados que tratan de dividirla para debilitarla; por encima de los inconscientes, insensibles, incapaces de sentir en esta hora esa ilusión, esa emoción, este espíritu que siente nuestro pueblo después de cuatro siglos de historia y existencia, y de lucha por la justicia , por encima de los que quieren debilitarla; la nación, puesta de pie, y unida, y disciplinada, como un solo ejército; la nación, orgullosa de sí misma; la nación, orgullosa de su destino; la nación, orgullosa de su obra, pensando por primera vez como nación, unidos todos en un propósito noble; fuera de ella y contra ella, todos los que no son capaces de comprender ese noble propósito de la nación; con sus gallardos soldados guajiros; la nación, con sus campesinos, que constituyen la mitad del conglomerado social; la nación, con sus obreros; la nación, con sus estudiantes; la nación, con sus profesionales; la nación, con sus hijos dignos, vengan del sector de donde vengan; la nación, consciente de que se juega su destino; la nación, consciente de que se juega su existencia; la nación, convencida de que está enfrascada en la única lucha en que un pueblo se puede enfrascar para liberarse de las trabas que lo esclavizan política y económicamente; la nación, preparada para librar las últimas batallas, que se iniciaron en el siglo pasado, para alcanzar un destino pacífico y feliz; la nación, convencida como nunca de que su causa es justa y noble; la nación, servida como nunca por los hombres que hoy están al frente de ella; la nación, convencida de la lealtad de todos nosotros; la nación, convencida de que para nosotros no hay ni habrá retirada, y que solo sobre esta tierra podrán descansar los huesos de cada uno de nosotros; la nación, consciente de ese destino, convencida de su derecho, orgullosa de su historia, con esa emoción que muestra en cada rostro de niño, de mujer, de anciana o de joven, ¡la nación marchará victoriosamente hacia adelante, porque creo firmemente que a un pueblo así hay que respetarlo!
A nosotros no nos importa nada en este instante; a nosotros no nos importan cargos, a nosotros no nos importa la vida; ¡a nosotros no nos importa más que el destino de la nación!  
La confianza y la fe en nosotros depositadas no serán jamás defraudadas, no serán jamás otorgadas en balde. Muy conscientes estamos del deber que tenemos en esta hora, y a los cubanos podemos asegurarles que ese deber lo sabremos cumplir. A los cubanos podemos asegurarles, con la misma seguridad con que les hemos asegurado en otros momentos los triunfos venideros, que si la nación sigue adelante y marcha como va, la nación vencerá todos los obstáculos, porque a un pueblo dispuesto a pelear por sus derechos, a un pueblo dispuesto a morir hay que respetarlo.
Los que predican el miedo son nuestros peores enemigos; los que predican el miedo son los abogados de nuestra destrucción; los que predican el miedo predican el exterminio de nuestro pueblo. ¡Atrás los cobardes, atrás los pusilánimes! ¡Atrás los que en esta hora luminosa y grandiosa de Cuba andan con subalternas y mezquinas ambiciones personales! ¡Atrás los que en los días buenos, en los días tranquilos, se suman al carro de la victoria para abandonarlo en los días difíciles!
¡Sigan con nosotros todos los valientes, sigan con nosotros todos los que tengan fe, sigan con nosotros los que estén dispuestos a darlo todo, y dejen de una vez la nave de la Revolución los que no se sientan con valor, o los que duden!
¡Que renuncien los cobardes, que renuncien los que no tienen fe, que el deber no se renuncia; a la lucha no se renuncia!
Los que no se sientan acreedores de ser actores de este momento singular de nuestra historia, los que no se sientan con condiciones de ser soldados de su pueblo en este momento excepcional de nuestra historia, ¡que se marchen!   Los que no crean en el pueblo, ¡que se marchen!  Los que no crean en la Revolución, ¡que se marchen!
Nosotros creemos en el pueblo y sabemos que el pueblo responde.  Cúmplase con el pueblo y el pueblo cumplirá con sus gobernantes.  Que por algo este acto ha sido todavía más grande que el que efectuamos hace ocho meses; que por algo al cabo de 10 meses la Revolución tiene más firme apoyo en el pueblo, porque, sencillamente, ha sabido cumplir con el pueblo.  Y a los que creían que la Revolución se iba a desgastar en el poder, les decimos: vean al pueblo, vean cómo la Revolución es más fuerte, porque se desgastan los hombres que traicionan a los pueblos, ¡pero no se desgastarán jamás los hombres que sean leales a su pueblo!  
Lo que tenemos que resaltar es que la Revolución avanza; lo que tenemos que resaltar es que la colaboración es cada día mayor; de lo que tenemos que hablar es de esos soldados rebeldes construyendo carreteras y ciudades escolares, de esos maestros que están dando clases por la mitad de su sueldo, de esos obreros que están trabajando 9 y 10 horas en las obras del Gobierno Revolucionario , de los ciudadanos recogiendo divisas, de los niños recogiendo centavos, de los obreros trabajando voluntario los domingos para aportar la riqueza de sus brazos y sumarla a los recursos con que la Revolución cuenta.
Ese espíritu de sacrificio del pueblo, ese despertar de la conciencia de nuestro pueblo, esa disposición en que está de hacer los sacrificios que sean necesarios, esa convicción de que su destino solo lo compra con sacrificios, esa seguridad de que solo de sus fuerzas depende y que solo los pueblos heroicos tienen derecho a ser pueblos libres y pueblos felices y pueblos independientes; eso es lo que nos alienta:  contar con un pueblo que está dispuesto a los sacrificios que sean necesarios; contar con un pueblo que posee el valor suficiente para enfrentarse a todas las contingencias, y poder decirles a nuestros enemigos que vengan, que tiren bombas, que tiren metralla, que ataquen, que la nación se defenderá hasta la última gota de su sangre; que Cuba no se dará jamás por vencida, que cada casa será una fortaleza, que pelearemos en los frentes y en la retaguardia, y utilizaremos todas las armas, y que solo encontrará, quien intente apoderarse de Cuba, como decía Maceo, el polvo de su suelo anegado en sangre.
Si no podemos comprar aviones, pelearemos en tierra, cuando llegue la hora de pelear en tierra.  Si están dispuestos a proseguir los lanzamientos de bombas, construiremos los subterráneos y los túneles que sean necesarios; que el pueblo está en pie de guerra, que a los campesinos y a los obreros los comenzaremos a entrenar inmediatamente, igual que a los estudiantes ; que los tribunales de guerra, los tribunales revolucionarios quedarán implantados, y que los pilotos que caigan aquí saben que los espera inexorablemente el paredón de fusilamiento (APLAUSOS Y EXCLAMACIONES DE: “¡Paredón!”  “¡Paredón!”); y que la patria la defenderemos peleando en todos los terrenos que sean necesarios; y que si no nos venden aviones en Inglaterra, los compraremos donde nos los vendan; y que si no hay dinero para aviones de combate, el pueblo compra los aviones de combate.
Y aquí mismo, aquí mismo, compañero Almeida, te entrego el cheque del Presidente de la República y del Primer Ministro, como contribución a la compra de aviones... (APLAUSOS PROLONGADOS Y EXCLAMACIONES DE: “¡Fidel!, ¡Fidel!”)
(LEE UNA NOTA QUE LE TRAEN): “Fidel, lanzaron una granada en el periódico 'Revolución'; hay heridos; noticia de Franqui” (EXCLAMACIONES DE: “¡Paredón, paredón!”).
Y para concluir, solo me resta decir, ¡que la reforma agraria va!, ¡y ahora va más que nunca!; ¡que la Ley de Petróleos va!; ¡que la Ley de Minas va!  (EXCLAMACIONES DE: “¡Va!”); ¡que las medidas revolucionarias en defensa de Cuba van!; ¡que la reforma de la educación, de la enseñanza, la reforma universitaria y todas las medidas, van!; ¡que los tribunales revolucionarios, van!  (EXCLAMACIONES DE: “¡Van!”)  Y que si por esto nos detractan, ¡que nos detracten!; si por esto nos acusan, ¡que nos acusen!; si por esto nos atacan, ¡que nos ataquen!  ¡Pelearemos contra los que osen tratar de destruir la Revolución!
Y hacemos el juramento de pueblo, de ustedes y nosotros, que ¡o triunfa Cuba o moriremos todos!, porque más que nunca hacemos nuestras las palabras de nuestro Himno cuando dice:  ¡Al combate corred cubanos, que la patria os contempla orgullosa; no temáis una muerte gloriosa, que morir por la patria es vivir!
FIDEL CASTRO RUZ

Fuente: http://www.cuba.cu/gobierno/discursos

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