julio 10, 2012

Discurso de Fidel Castro en la apertura del I Congreso Nacional de Maestros Rurales (1959)

DISCURSO EN EL ACTO DE APERTURA DEL PRIMER CONGRESO NACIONAL DE MAESTROS RURALES, EFECTUADO EN EL TEATRO DEL PALACIO DE LOS TRABAJADORES  
Fidel Castro
[27 de Agosto de 1959]

― Versión taquigráfica de las oficinas del Primer Ministro ―

Compañeros del magisterio:
Quiero expresarles, primero que nada, que este es uno de los actos en el que no me invitaron , sino que yo mismo me invité. Y si no fuese por la coincidencia de que ustedes tenían convocado un congreso, podría decir que este acto pedí expresamente que fuese convocado.
No sabía del Congreso de los Maestros; sabía, sí, lo de las oposiciones, pero por razones muy poderosas le pedí al Ministro de Educación que convocara a los maestros, más que a los maestros rurales, es decir, a los que iban a ser maestros rurales. Es decir quería tener una reunión con todos los aspirantes en las próximas oposiciones, y tenía especialísimo interés en esa reunión.  Por eso decía que no era este un acto al que acudo en virtud de un compromiso determinado, de una invitación, sino que solicité expresamente la oportunidad de hablar con los maestros. Y en pocos actos he estado tan interesado como en este acto, en el cual realmente he venido pensando desde hace muchos días.
Lamento que no me acompañe del todo la voz, porque coincidió también con otro acto importante al que hube de asistir en la noche de hoy, motivo por el que los hice esperar un poco; pero en fin...  .  Quiero hacer constar que fue por causa enteramente ajena a mi voluntad; pero me queda un poquito de voz para explicarles lo que quiero explicarles.
¿Esto es un congreso, no? Yo vengo aquí a este congreso a discutir con ustedes ciertas cuestiones muy importantes. Entiendo que había cierta preocupación sobre el motivo de la reunión; cierta preocupación en los maestros, por haber hasta incertidumbre incluso, que en realidad no veo motivo para ello.  Puede haber incertidumbre en los maestros si no hay espíritu de sacrificio.  Ninguna medida del Gobierno Revolucionario irá jamás contra los principios de la enseñanza; ninguna medida tomará jamás el Gobierno que pueda ser en perjuicio de la enseñanza o del maestro. No se trata, pues, de la cuestión de los “nombramientos libres”; se trata sencillamente de la necesidad en que estamos de brindarles la enseñanza a todos los niños de Cuba.
Estos planteamientos que vaya hacer aquí tienen sus raíces en los primeros días del triunfo de la Revolución.  Como todos ustedes recordarán, los primeros pasos que dimos, aun antes de formar parte del Consejo de Ministros, fue con relación a la enseñanza. Al llegar nosotros al poder, nos encontramos con estas realidades: primero, un número extraordinario de maestros con títulos, que sin embargo no tenían trabajo; 600 000 niños aproximadamente, o medio millón de niños, que no estaban recibiendo enseñanza, y un gobierno que no tenía recursos, frente al cual en un país lleno de necesidades, el Gobierno Revolucionario no tenía recursos suficientes para afrontar todas las necesidades del país.
Contemplaba por un lado el hecho cierto de que teníamos maestros, de que afortunadamente —al revés de otros países, al revés por ejemplo de lo que ocurrió en Venezuela, donde fueron suprimidas las Escuelas para Maestros— en Cuba traíamos el arrastre desde hace muchos años de un gran número de maestros que no tenían aulas, que no tenían trabajo; es decir que no podían ganarse la vida con su profesión ni desarrollar su vocación, porque el magisterio más que una profesión, es en realidad una vocación; porque con lo que ha cobrado el maestro, con el estándar de vida que ha tenido el maestro, se puede ser maestro por vocación, más no por profesión .
Nosotros teníamos al triunfar la Revolución, por un lado escasez de recursos, pero por otro lado millares de maestros preparados para la enseñanza.  No teníamos dinero, pero en cambio había entusiasmo, y tuve entonces una idea: la idea de convertir en recurso de la nación la capacidad con que contábamos y el entusiasmo con que contábamos.
Fue así como hice un intento para lograr movilizar el mayor número de maestros, en un esfuerzo por llevar con toda urgencia la educación a los campesinos. Y recuerdo bien que en aquella reunión con los campesinos que tuvimos en la Sierra Maestra, fue tal el entusiasmo con que respondieron los maestros que allí se reunieron aquella tarde casi tantos maestros como campesinos.
Es decir que el magisterio respondió al llamamiento; lo que no pudimos fue canalizar aquel entusiasmo. Hubo momentos en que realmente tuvimos la impresión de que aquel intento —posiblemente el esfuerzo más expresivo de la fe que nosotros tenemos en nuestro pueblo—, de que aquel esfuerzo no iba a producir resultado alguno.
Mientras hacíamos por un lado aquel intento, se realizaba en el Ministerio de Educación por otro lado toda una serie de medidas para mejorar el Ministerio de Educación y realizar en él una obra revolucionaria.
Transcurrieron los meses y por un lado la disposición de brindar un esfuerzo voluntario a la enseñanza, y por otro lado los primeros síntomas o los primeros anuncios de que el Ministerio de Educación iba a convocar a oposiciones para cubrir una serie de nuevas aulas.
Así por un lado se iban enfrentando dos aspiraciones o dos propósitos: el propósito de utilizar el entusiasmo de los maestros y el propósito creador del Ministerio de Educación.
Al cabo de varios meses, el primer esfuerzo rindió sus frutos y un número total de 1 800 maestros se encontraban dando clase en los campos a través del Departamento que creamos en el Ministerio de Defensa. Así marcharon paralelamente aquellos dos esfuerzos.  Sin embargo, nosotros no podíamos sentirnos satisfechos.
Calorizamos tanto el plan del Ministerio de Defensa como el plan del Ministerio de Educación.  No regateábamos esfuerzo por parte del Gobierno ni sacrificio por parte del Gobierno, para ir hacia la creación de nuevas aulas. Quizás por motivos de cierta incertidumbre acerca del resultado de la primera gestión, unido por otro lado al deseo de ir sustituyendo aquel esfuerzo voluntario por un esfuerzo sistemático en el ministerio, permitimos, o en fin, dejamos de seguir una orientación enteramente correcta en este problema.
Decía yo que no nos sentíamos satisfechos.  ¿Por qué?  Por una serie de razones que ustedes van a comprender perfectamente.  Cuando tuvimos la idea de utilizar a todos los maestros que estaban sin aula, en un esfuerzo por alfabetizar a todos los niños campesinos, estábamos partiendo de la idea de la escasez de los recursos del Gobierno y recuerdo que la base fundamental de aquel proyecto no era aspirar a que los maestros estuvieran dando clases gratuitamente, sino que partiendo del hecho de que había un número enorme de maestros sin aula y que muchos de ellos iban a estar varios años sin poder enseñar, sin poder prestar ese beneficio al país, sin poder resolver su situación económica, además, y como partíamos de la idea de que la economía del país entra en un proceso de desarrollo y si es cierto que hoy no tenemos recursos para brindar todos los servicios que en cuanto a enseñanza necesita el país, y en cambio albergamos la seguridad de que esos servicios, esos recursos, vamos a contar con ellos en el curso del desarrollo de nuestra economía y que es posible que dentro de algunos años dispongamos de todos esos recursos; pensábamos que era realmente criminal que ese enorme número de maestros, capacitados para enseñar, continuasen con los brazos cruzados sin ganarse la vida y sin prestar ningún servicio al país, que tanto los necesita en estos momentos, que son momentos de hechos y no de palabras. Mientras cientos de miles de inteligencias iban a permanecer en la oscuridad y el olvido, porque la República que pedía maestros, la República que pedía entusiasmo, la República que vivía un momento decisivo y estelar de su historia, no tenía unos míseros pesos para pagar a esos maestros a fin de que fuesen enseñados los niños.
Son estas razones demasiado ciertas, demasiado irrebatibles, para que pudiésemos sentirnos satisfechos ante la realidad de que no estábamos haciendo el mayor esfuerzo, ante la realidad de que estábamos cometiendo el error de no utilizar los recursos de la nación, porque en realidad no caben para el país otras soluciones que utilizar todo lo que tenemos para marchar adelante, y es mentira que los pueblos avancen, y es mentira que los pueblos resuelvan sus necesidades, y es mentira que los pueblos se engrandezcan y cautericen si no hacen realmente el esfuerzo.
Mucho hemos hablado, mucho hemos hecho todos nuestra profesión de fe revolucionaria.  Mucho hemos aclarado nuestro respaldo a la idea justiciera que la revolución encierra.  Mucho hemos repetido nuestra decisión de hacer avanzar la Revolución.  Muchas veces hemos oído decir que se está dispuesto a dar la vida por ella, pero a poco que analicemos con absoluta honradez, a poco que analicemos con absoluta sinceridad, a poco que analicemos con alguna profundidad tenemos forzosamente que reconocer que en muchos órdenes de la vida real, en muchos órdenes de la vida del país todavía no estamos poniendo en práctica el verdadero esfuerzo que la Revolución reclama.
Que en muchos órdenes de la vida actual de nuestro país todavía estamos viviendo de ilusiones; todavía estamos viviendo de sofismas; todavía tenemos nuestra mente para la gama de falsas ideas y de vicios pasados; todavía estamos pensando dentro del estrecho marco en que estuvimos pensando siempre; todavía no hemos adaptado nuestra mente y nuestros sentimientos a la entera realidad revolucionaria que vive Cuba.
Queremos la plena soberanía del país y la proclamamos.  Queremos la liberación nacional y la proclamamos.  Aspiramos a ello.  Mas eso no se logra con palabras, eso no se logra con deseos, eso no se logra sin sacrificios, porque cuando se quiere ser verdaderamente libre, para que un pueblo merezca realizar esa aspiración, debe empezar por saber que eso implica mucho esfuerzo y que eso implica mucho sacrificio.  Que no estamos viviendo en aquel conformismo del pasado, que no estamos viviendo en aquella recitación del pasado y si el pasado queremos dejar atrás, si queremos un futuro mejor, no podemos actuar ni seguir actuando como actuábamos en el pasado.
Esto es una realidad.  Con entusiasmo solo no se logra un gran propósito, y la prueba la tenemos en que nuestra patria ha venido luchando desde hace un siglo por lograr sus anhelos, sin lograrlos enteramente.  Luego, con entusiasmo solo no se logran los objetivos.  Con desearlo solo no se logran los objetivos.  Con dejar que un grupo de hombres lo vayamos a hacer todo no se logran los objetivos.  Los objetivos, puesto que son para todos, puesto que tienden al beneficio de todos, deben ser producto de la preocupación y del esfuerzo de todos. No es cuestión aquí de que cada cual nos pongamos a pensar en resolver nuestro propio problema.  No es cuestión aquí de que cada cual nos pongamos a preocupar por satisfacer exclusivamente nuestras propias e individuales necesidades, porque así no llegamos a ninguna parte, y todavía hay muchos cubanos que deben aprenderse esta lección y ver con claridad que la Revolución no se apoya con aplausos, que la Revolución no se defiende con simple entusiasmo y simpatía, que la Revolución no se defiende solo con letreritos, que la Revolución no se defiende solo con vocerío, que la Revolución se defiende sobre todo desprendiéndose cada cual de los egoísmos que no caben en esta hora y pensar de verdad en la patria.
El Gobierno Revolucionario ha hecho un gran esfuerzo, un extraordinario esfuerzo en varios sentidos:  en la agricultura, en las obras públicas que no son de ornato, sino para satisfacer las necesidades más elementales de la vida de los pueblos, librar los pueblos de los pantanos, haciéndoles alcantarillado, haciéndoles calles, haciéndoles comunicaciones, haciéndoles acueductos, haciéndoles filtros, porque la realidad es que hay muchas poblaciones del interior, que cuando llueve y alguien trata de tomar un vaso de agua, le pasa lo que a nosotros, que no saben si es un vaso de agua o un refresco de tamarindo que le están brindando.
En fin, al expresar este hecho gráfico quiero decir que el país tiene necesidades en una serie de órdenes.  No hay hospitales suficientes, no hay camas suficientes, no hay recursos suficientes para satisfacer todas las necesidades de medicina, ya que también la salubridad incluye una parte preventiva de mejorar las condiciones de higiene para disminuir anualmente el número de enfermos, y claro está que si la Revolución fuese a resolver uno solo de esos problemas, si la Revolución fuese a atender solo unas obras públicas, con olvido de la educación, con olvido de la agricultura, o si fuese a atender solo la salubridad, o si fuese a atender solo la educación, quizás alcanzarían los recursos para satisfacer un solo aspecto de las necesidades del país.  Pero que el país sufre múltiples necesidades en todos los órdenes, y el país necesita repartir sus escasos recursos porque es un país subdesarrollado económicamente, un país que no ha desarrollado la riqueza que urgentemente tiene que desarrollar, un país que además sabe que no le van a venir a traer aquí la solución de sus problemas, que no va a esperar que vengan de otros países a resolvernos nuestros problemas, y además no es digno que ningún pueblo se pusiese a esperar semejante solución.
Con los escasos recursos que nos dejaron, porque a más de país subdesarrollado era país saqueado, saqueado de la peor forma, arruinado virtualmente en el aspecto económico, repleto de desempleados, y la mejor prueba son los maestros, teníamos que emplear esos escasos recursos en ir satisfaciendo siquiera una cuota, una parte de cada una de estas necesidades más perentorias en la misma medida en que dirigimos nuestros esfuerzos con toda la energía que podíamos reunir hacia el desarrollo económico de nuestro país.
Pero hay una gran verdad que nadie debe olvidar, que nadie puede olvidar, la realidad es que nuestras necesidades materiales solo podemos satisfacerlas creando riquezas, desarrollando nuestras riquezas, produciendo, porque el problema es clarísimo, no alcanza para todos, sencillamente porque no hay para todos.  Hay miles de compatriotas sin ingresos, sencillamente porque vivimos en un país no desarrollado, cuya economía no está desarrollada, y nosotros al lado de las necesidades perentorias que tenemos que satisfacer con los escasos recursos con que contamos y tenemos también por delante la inmensa tarea de desarrollar esa riqueza para llevar cuanto antes a nuestro pueblo impaciente al disfrute de un estándar de vida mejor, para llevar a cada hogar que sufre la escasez y que sufre privación y el alivio de aquellas necesidades más elementales que muchas familias no pueden hoy satisfacer porque carecen de ingresos, ¿y cómo viven?  Pues viven de alguien de la familia, repartiendo lo poco que tienen y viven pasando sus trabajos, que lo más duro que tienen no es la carga de sufrimientos que traen sino la ausencia de esperanzas para resolverlos, que es como hemos vivido, como han vivido ustedes, aspirando siempre a un trabajo, sin esperanza apenas de obtenerlo. Esperando durante años y años, acudiendo a cuanta oposición se presente, tratando por todos los medios de lograr la manera de desempeñar, de desarrollar la profesión y la profesión, hasta aquí ya sabemos como era el cuadro; solo quien podía contar con una influencia política.
Veíamos los recursos de la nación derrocharse criminalmente.  No se brindaba al país el aporte de los maestros. ¿Y la clase magisterial cómo vivía? ¿Cómo vivían los miles y miles de maestros?, sin aulas. ¿Cómo vivían?, sino faltos de esperanzas, llenos de escepticismo, casi sin encontrarle solución racional al problema de su vida, porque cualquiera que hiciese algunos cálculos de los maestros graduados y de los maestros que estaban por graduarse tenía que sacar racionalmente la conclusión, de que era indefinido el número de años que tenía que esperar para al fin lograr la ansiada oportunidad de enseñar y de vivir además decorosamente con el esfuerzo de su trabajo.
Esa es una verdad que la han vivido todos los maestros desde el instante mismo en que recibieron su título de maestro, desde el instante mismo en que les entregaron un diploma y se pusieron a esperar. Viene el triunfo de la Revolución, ¿acaso no debe ser el triunfo de la Revolución, acaso no debe el triunfo de la Revolución traer consigo la solución al problema de la ignorancia y la solución al problema de los maestros, acaso no debe ser el triunfo de la Revolución el fin de la incertidumbre y de la angustia de todos los maestros? ¿Sería correcto resolver el problema de una parte de los maestros y decirles a los demás maestros que esperaran dos o tres o cinco o diez años para dar clases? ¿Sería justo buscar soluciones para una parte solamente, mientras dejábamos en la misma incertidumbre del pasado a los demás?  ¿Sería justo resolver el problema de una parte de nuestros niños y dejar sin resolver el problema del resto de los niños que tienen tanto derecho como cualquier otro a la educación, que no puede ser en una hora revolucionaria cuestión de mejor suerte?, que debe ser una cuestión de deber moral insoslayable de la nación, que debe ser un deber de todos los maestros.  ¿Sería correcto que la Revolución viniera con la solución raquítica de dar empleo a una parte de los maestros, dar enseñanza a una parte de los niños, mientras el resto de los maestros espera, mientras el resto de los niños esperan?
El Gobierno Revolucionario está haciendo un gran esfuerzo, haciendo el esfuerzo máximo que permite la paupérrima economía que nos legaron, ha logrado presupuestar los recursos necesarios para crear 5 000 aulas, sin embargo, eso sería menos de la mitad de las aulas que se necesitan.  El resto de los niños tendría que esperar años, el resto de los maestros tendría que esperar años, porque difícilmente pueda nuestra economía en los próximos años inmediatos a llegar los recursos suficientes para volver a crear otras 5 000 aulas. ¿Qué es lo que quiero proponer, pues a los maestros: no nombramiento libre? No, quiero proponer una fórmula generosa para ustedes, de sacrificio sí, pero de honra, de sacrificio, pero de servicio a la patria, de sacrificio, pero de extraordinario favor a cientos de niños.  Y como considero que es honesto plantearlo, sin importarme siquiera que pueda alguno, si es que hay alguno en esta obra capaz de no comprender estas verdades, lo que quiero proponerles a los maestros, es que con los mismos recursos que tenemos para crear 5 000 aulas, creemos las 10 000 aulas ; que con los mismos recursos que tenemos para dar empleo a 5 000 maestros, les demos empleo a 10 000 maestros ; que en esta oportunidad única de nuestra patria no se quede un solo maestro esperando, no se quede un solo niño esperando. Es decir, no el trabajo absolutamente voluntario, pero sí la utilización de esos recursos para afrontar el doble.  Según los datos estadísticos, son 10 500 escuelas aproximadamente lo que nos falta y es preciso pensar en el triunfo que significará para el Magisterio de Cuba, para el pueblo de Cuba y para Cuba el ser, posiblemente, el único país de América que haya llegado a esta posibilidad de atender todas las necesidades de la enseñanza rural con maestros titulados.
Es preciso pensar en que no significará siquiera un sacrificio grande, no, porque como la riqueza de nuestro país tiene necesariamente que ir en desarrollo, porque es propósito fundamental del Gobierno Revolucionario el realizar este desarrollo de nuestra economía cueste lo que cueste y pase lo que pase ; esta proposición significaría, no que se pierde una parte del sueldo, sino que se guarda, que lo que no reciba ahora el primer año, se reciba luego, que la parte de sacrificio que de inmediato signifique para todos esos maestros se reponga en una escala acordada desde ahora, en la misma medida en que se vaya desarrollando la economía del país y le podamos decir al maestro en cada año lo que va a ganar, y cómo al cabo de los primeros cuatro años comenzará a ganar por encima del sueldo habitual e ir ganando, paulatinamente, lo que haya dejado de ganar en los primeros años. Es decir que vamos a compartir generosamente con todos los compañeros lo que hoy disponemos y si disponemos para 5 000, recibir la mitad para que otros 5 000 reciban la otra mitad. El sacrificio mayor será el primer año y no lo significará tanto por cuanto espiritualmente cada maestro con un aula sabrá que su vocación está asegurada y lo primero es la vocación; pero sabrá además que su profesión está asegurada, sabrá que en vez de estar un año sin ganar nada, ni enseñar nada, estará el primer año ganando algo y enseñando mucho. El segundo año ganará más, el tercer año al iniciarse, el cuarto año estará ganando el sueldo actual. Al iniciarse el quinto año estará ganando el sueldo máximo, de manera que en números sería la mitad del sueldo actual, 20 pesos de aumento todos los años hasta ganar 200 pesos que empezaría a ganar al iniciarse el octavo año.
Para comprender lo que es esto, lo que esto significa para todos los maestros, solo quiero que piensen que hay maestros que llevan más de 20 años de enseñanza y no llegan a 150.00 pesos.  Por supuesto que no llegan a 200 pesos.  ¿Qué no habría sido para todos los maestros un plan como este iniciado hace siete años?  Muchos de los que hace siete años han estado deseando trabajo ya estarían ganando lo suficiente para vivir decorosamente, todos los maestros que llevan siete años trabajando, ya estarían recibiendo ese sueldo.  Y esto a quién lo planteamos, a los que van a ingresar, no al que ya está trabajando y tiene ajustado su estándar de vida, sino a los que empiezan ahora.  Pero implica nuestra aspiración, de ir velando en el futuro los sueldos de los de ahora con los que van a ingresar.  Es decir, nuestra aspiración será poderle dar más al maestro cada vez; solo pedimos una cosa, solo pedimos en nombre de la patria una cosa, solo pedimos en nombre de la Revolución una cosa, y es que no nos pongamos a esperar sin razón a que sea dentro de tres, o de cuatro, o de cinco, o de seis, o de siete años, que cientos de miles de niños reciban el pan de la enseñanza.  Que podamos decirles al pueblo y al mundo, que como un esfuerzo más de nuestra Revolución, como un esfuerzo más de nuestro pueblo, no quedará un solo niño sin escuela y esto significa el desarrollo de la inteligencia de todos nuestros niños.  Eso significa que no quedará un solo talento que no se abra a la luz.  Eso significa que no quedará una sola inteligencia sin su oportunidad, ni quedará un solo maestro sin su vocación.  Significa la concreción de los intereses, de todos los intereses de la nación, del maestro y del niño con un poco de sacrificio hoy, con una compensación futura en lo económico, pero sobre todo algo que no se logra con todo el oro del mundo, la satisfacción de haber servido a su patria en esta hora.
La satisfacción de que cientos de miles de niños le agradecerán la cultura que posean, de que el país les agradecerá las inteligencias de que pueda disponer y de que con un poco de esfuerzo hoy, no solo brindaremos la alegría, no a una parte, sino a todos los maestros; no solo aseguraremos su vocación, su porvenir a una parte, sino a todos los maestros; que no solo resolveremos el problema terrible de la educación a una parte de los niños campesinos, sino a todos los campesinos y los maestros estarán hoy dando un ejemplo digno de imitarse, que este ejemplo de sacrificio empiece por los maestros; que esta lección de que tenemos que sacrificarnos hoy, si queremos tener felicidad mañana, empiece por los maestros y que los maestros se pongan a la cabeza del civismo del país con un poco de esfuerzo.
Y esa disposición de los maestros, estimulará al país a ayudar, estimulará a los campesinos a ayudar, estimulará a Obras Públicas a construir más escuelas y nos estimulará a todos en todos los órdenes y la enseñanza ganará mucho más todavía.
Es preciso mucho más de tranquilidad para los maestros, mucho más de luz para los niños, significará un estímulo a toda la nación y toda la nación recibirá los beneficios de una conducta semejante, que es la que he venido a pedirles en este congreso, en la seguridad de que no quedaría el planteamiento en el vacío. Ganará el magisterio y ganará el país y con ese ejemplo estaremos estimulando a todos a enseñar, porque no nos quedaremos ahí, detrás irá la movilización de todo el pueblo para que no quede un solo cubano que no sepa leer ni escribir , para ganarles la batalla a la incultura y a la ignorancia, para ganar esa batalla de la que tanto se ha hablado y que nunca nos hemos decidido verdaderamente a librarla y por eso no la hemos ganado.
Detrás irá el esfuerzo de toda la nación, tras de la pauta que señalen los maestros; detrás irá el deseo de los campesinos de ayudar a que tenga mayores facilidades ese maestro que se sacrifica, detrás irán las medidas que podamos disponer, como serían el transporte gratuito a esos maestros que se sacrifican, como sería la matrícula gratis en las universidades y centros docentes, y así a esos maestros que se sacrifican, les daremos en todos los órdenes posibles las mejores oportunidades, les daremos las posibilidades de prepararse, con un poco nada más que de sacrificio, porque al pedirles esto, les pido sobre todo que piensen en aquellos maestros que en plena guerra y bajo los bombardeos enseñaron a los niños, y les pido que piensen, sobre todo, que por grandes que sean nuestros sacrificios, jamás serán como el sacrificio de aquellos que, cuando se les mandaba a combatir al enemigo, marchaban hacia la muerte sin esperar recompensa alguna.
Muchas gracias.
FIDEL CASTRO RUZ

Fuente: http://www.cuba.cu/gobierno/discursos

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