julio 15, 2012

Discurso de Fidel Castro en la Asamblea de los militantes del partido y trabajadores del sector de la construcción (1963)

DISCURSO EN LA ASAMBLEA DE LOS MILITANTES DEL PARTIDO Y TRABAJADORES EJEMPLARES DEL SECTOR DE LA CONSTRUCCION, EFECTUADA EN EL LOCAL DE LA DIRECCION NACIONAL DEL PURS
Fidel Castro
[30 de Junio de 1963]

― Departamento de versiones taquigráficas del Gobierno revolucionario ―

Compañeros miembros del Partido del sector de la construcción:
Hemos presenciado la participación de distintos compañeros en esta reunión, muchos más desean hacerlo y desde cierto punto de vista es útil, puesto que cada uno trae algo de interés que expresar; pero también es de interés el tiempo, y que nos acostumbremos también no solo a discutir y no solo a reunirnos, sino reunirnos y, con la mayor brevedad posible, resolver los problemas con la mayor concreción y prontitud posibles para que no caigamos en este vicio de muchas reuniones, muchas reuniones y más reuniones, y de todas maneras el exceso de reuniones trae como consecuencia también la disminución de la producción y ciertas pérdidas de tiempo que se pueden invertir en trabajar, en estudiar, e incluso — si se trata de un domingo como hoy— pueden invertirlo en reunirse con la familia, con los hijos, y descansar y pasear ese domingo también.
Me parece que se puede hacer un resumen de lo que se quiere y por qué se quiere, de las ventajas de lo que se quiere, y analizar aquí algunas cosas que todavía no han sido analizadas. El problema ni siquiera es complicado, aunque a primera vista pueda parecerles a ustedes complicado, ni debemos tener temor de ir a la masa a exponerle ciertas cuestiones que si se exponen bien se comprenden perfectamente bien, e incluso se pueden apreciar las ventajas de esa medida.
Aquí no se trata ni siquiera de una cuestión de ahorro, es decir, de tomar la medida simplemente para ahorrar tanto. Yo creo que la organización y con ello la economía puede ganar mucho con el pago por separado del salario y el descanso en la oportunidad de las vacaciones. Y, al mismo tiempo, eso puede significar para los trabajadores ventajas desde el punto de vista económico — se lo voy a explicar—, y para la economía ahorros mucho mayores. Porque lo que interesa en economía no es ahorrar 9 millones de pesos — o 10— ; puede interesar a la economía pagar en vez de 10, 20, 30, si en definitiva eso se va a redundar en 40, 50, en 60 millones en bienes producidos. Nosotros tenemos que olvidarnos de esas cuentas abstractas y empezar a pensar en una aritmética — si ustedes quieren— concreta y económica. Nosotros tenemos que aprender a pensar económicamente y con una aritmética económica.
Porque ustedes no pueden divorciar de ninguna manera sus intereses como clase trabajadora de sus intereses como clase dirigente y gobernante del país, como clase propietaria de la riqueza del país. Porque la aritmética de antes era la aritmética de una clase explotada y sojuzgada y la aritmética de una clase dominante y explotadora, en que cada vez que le sacaban un centavo al trabajador iba para sus bolsillos; mientras que cuando ahora el trabajador ahorra un centavo, que malgasta y que bota, ese centavo va para sus bolsillos precisamente. Es decir, no está ahorrando para otra clase, está ahorrando para sí.
Este problema que se ha planteado, y para el cual nosotros hemos reunido a los militantes del Partido dentro de la sección de la construcción, y lamentando que aún no estén organizados los núcleos en todos los centros de trabajo de la construcción, porque ello naturalmente facilitaría aún más el trabajo, el trabajo coordinado del Partido y de las secciones sindicales. Este es un problema que tiene que ver con todo un esfuerzo de reorganización y organización de la construcción; es decir, que aquí hay que resolver distintos tipos de problemas; problemas, por ejemplo, de abastecimiento: es un problema a resolver imperiosamente y sobre el cual se está trabajando duro; problemas de organización de todo el aparato de construcción, es otro problema sobre el cual se ha discutido mucho y se está trabajando duro también. No se vayan ustedes a pensar que las críticas se le hace solamente al trabajador de la construcción porque ponga menos ladrillos, o porque pueda ser ausentista, o cualquier debilidad. Aquí las críticas se vienen haciendo desde hace mucho rato a los distintos niveles, a los distintos factores que intervienen en la cuestión de la construcción.
Pero es necesario organizarlo todo: el abastecimiento, el ministerio y, además, los métodos y los sistemas de trabajo con todos los trabajadores. Es decir, que si no vamos a organizar la fuerza principal, que son los trabajadores, y hacer una organización eficaz y con normas, entonces de nada vale que se resuelvan los problemas de abastecimiento y administración.
Y es por eso que se está discutiendo este punto. Hubo un tiempo, meses atrás, en que era tal el número de trabajadores de la construcción, que realmente temíamos que si se trabajaba de verdad iban a sobrar; y entonces estábamos tratando de ver cómo resolvíamos el problema con el excedente para que no se quedara nadie sin trabajo. Y una de las fórmulas que surgieron era la del descanso, puesto que eso implicaba que un número de obreros estaba supliendo a otros en los días que estuvieran descansando.
Sin embargo, ya esa no es la causa principal, porque se estudiaron las posibilidades de construir al máximo, se ampliaron las inversiones, y como consecuencia de ello, solo en algunos lugares aislados tenemos problemas de algún excedente de personal. Pero a pesar de eso, de que ya no existe esa causa, sin embargo, por una serie de causas y con vistas a la organización, sigue siendo conveniente esta medida de pagar el salario básico por un lado y pagar las vacaciones por otro, y que efectivamente las vacaciones se utilicen, se disfruten.
En este primer punto hay una cuestión de principio, porque hay que partir del principio de que el descanso es necesario; si se renuncia a ese principio, estaríamos cometiendo un error, y ese error lo hemos estado cometiendo.
Ahora, preguntémonos de dónde procede ese error. De la época del desempleo, de la época de los contratistas y de la época en que los trabajadores no tenían asegurado su trabajo y que, por lo tanto, trabajaban tres meses y luego paraban cuatro. No podía establecerse ningún sistema de vacaciones con los obreros de la construcción. Pero desde el momento en que no existe ese problema, y desde el momento en que el trabajador de la construcción tiene asegurado el trabajo todo el año, ya se puede, ya existe la base para plantear la cuestión del descanso.
Se supone que el hombre necesita reponer las energías; y, en realidad, aunque parezca que no hay descanso ahora, sí lo hay, ¿pero saben cómo se llama? ¡Ausentismo! Esa es la palabra. No es que ustedes no descansen, los de la construcción, lo que pasa es que como no tienen un descanso regulado, tienen un descanso irregular. Y por su propia cuenta, muchas veces el día que les da la real gana.
Y con eso le voy a responder al argumento del compañero que habló de las preocupaciones acerca de los ingresos, y le voy a demostrar cómo, incluso, pueden tener ingresos mucho mayores a pesar de que se pagaran separados el trabajo y el descanso, porque lo que había que preguntarse es: cuántos días están descansando, y si le puede convenir a la economía, el que la gente descanse el día que le da la gana. E incluso, si le puede convenir a la salud ese descanso irregular, si le puede convenir a la familia y si le puede convenir a nadie.
Y así el descanso, que no existe de manera sistemática, cobra la forma de ausentismo.
Ahora bien, para poder organizar el trabajo también desde el punto de vista del ministerio, desde el punto de vista de las obras, y de la planificación y del desarrollo de las obras, es necesario también un margen mínimo de tiempo para transferir el personal de una obra a otra. Y ahora les voy a explicar: y nosotros podemos pararnos delante de cualquier masa de trabajadores de la construcción, porque podemos presentarnos con un racimo de beneficios que la Revolución ha aportado al sector de la construcción, y de ventajas que la Revolución ha aportado al sector de la construcción.
Uno de los problemas más trágicos de los obreros de la construcción era la cuestión del desempleo estacionario y de la inseguridad en el trabajo. Y por iniciativa del gobierno, en una reunión, que posiblemente todos la recuerden, porque tuvo lugar en los talleres de Obras Públicas, por allá por la Vía Blanca, yo hice una proposición de que se cerrara el circuito y de que no ingresara más personal en el sector de la construcción. En aquel momento estábamos pensando en que desapareciera esa competencia de nuevos y nuevos trabajadores en un sector, que podía aumentar la inseguridad y el desempleo estacionario de los trabajadores.
Hoy vemos también otros problemas, porque los problemas económicos y sociales son muy complejos y unos se reflejan sobre otros. Además, para que mucha gente no abandonara otros trabajos que estaban haciendo y vinieran a hacer el trabajo de la construcción, porque es bueno recordar, compañeros, que hay otros trabajos tan duros como el de la construcción y en algunos casos más duros que el de la construcción que están peor remunerados que el trabajo de la construcción, y el resultado puede ser que nadie quiera cortar caña, que nadie quiera estar ocho horas trabajando sobre un surco, realizando limpias y haciendo determinados trabajos agrícolas, y prefiera el trabajo de pintor —digamos—, o prefiera convertirse en albañil —digamos— o, incluso, en operario, aunque nosotros sabemos que los trabajadores y operarios de la construcción tienen trabajos duros. Pero incuestionablemente, entre un trabajo duro y otro trabajo duro, se opta por el trabajo duro mejor remunerado. Y después la pregunta que habría que hacerse era: ¿Quién iba a sembrar?, ¿quiénes iban a producir alimentos?, alimentos que necesitamos todos absolutamente.
Un día hice una crítica — y creo que fue una crítica bien hecha— contra aquel señor demagogo que califiqué de anarcoloco, porque en realidad no era otra cosa, que un buen día, por politiquería, en aquellos días en que había una serie de corrientes, que había gente que adoptaba medidas de tipo puramente demagógicas, que impensadamente y sin consultar con nadie decidió un problema como fue el problema de la equiparación de salarios de la construcción del interior con los de la capital, sin tener en cuenta la repercusión tremenda que eso iba a tener en la agricultura y en el desplazamiento de la fuerza de trabajo de la agricultura a la construcción.
Y precisamente, en aquellos días en que la Revolución había iniciado una serie de obras para dar empleo, como uno de los tantos medios para acabar con el desempleo antes de que la agricultura adquiriera un desarrollo mayor. Luego, la agricultura fue adquiriendo un desarrollo mayor y después empezaron a presentarse los problemas de escasez de mano de obra; pero aun en aquellos días en que se estaba tratando de dar empleo, lo más inteligente no era la equiparación de aquellos salarios, sino dar el empleo, que era la necesidad inmediata, sin que se afectara la producción agrícola o que se produjera una competencia perjudicial entre el trabajo de la construcción y la agricultura.
Uno de los problemas que se estaba presentando en el sector de la construcción después de aquella medida planteada por nosotros, proponiendo que se cerrara el circuito para asegurarles trabajo permanente a los obreros de la construcción, fue la interpretación que se dio a la medida. ¿Cómo interpretaron los incapaces dirigentes del sindicato de la construcción de aquellos días la medida? De una manera demagógica, de una manera irresponsable. Culpa que no solo tienen aquellos incapaces responsables del sindicato de aquellos días, sino culpa también tiene, en parte, la propia administración y el propio gobierno, porque no advirtió a tiempo las consecuencias de aquello. ¿Cómo interpretaron aquella medida tomada con el sano propósito de darles seguridad a los trabajadores? La interpretaron de manera que se cerrara un circuito e hiciera o no hiciera nada, el trabajador tenía que estar todo el día en la obra, aunque ya allí no hubiera taller para él.
La lucha del sindicato no fue a fin de presionar la administración, de manera que el obrero pudiera ir pasando de una obra a otra, e incluso, un mínimo de tiempo entre una obra y otra disponible para la administración, a fin de no despilfarrar el dinero. Cuando se vino a ver, una medida que se hizo en beneficio de los trabajadores, mal interpretada y mal aplicada, estaba causándoles un daño a los trabajadores y estaba causándole un daño a la economía del país.
Porque algo que hay que decir de verdad, es que ha habido una productividad muy baja en la construcción, que no tienen solo la culpa, desde luego, los trabajadores, ¡no!; la culpa la tiene la administración, la culpa la tienen los abastecimientos y la culpa la tienen también los trabajadores. Porque se juntaron las distintas causas: dificultades en los abastecimientos, deficiencias en la organización administrativa y falta de disciplina en el trabajo. Y al faltar la disciplina, al faltar los resortes mediante los cuales antes el capitalista hacía producir al trabajador, y que tienen que ser sustituidos en el tránsito del capitalismo al socialismo por otros resortes, no basados desde luego en la explotación de clases, pero sí basados en la técnica, en la organización, en las normas, en la disciplina y en una serie de sustitutivos sin un descenso de la producción. Y, efectivamente, el que ponía 14 metros de ladrillos bajo el capitalista, bajo el capataz, bajo la amenaza del despido, bajo el temor de que cuando se acabara aquella obra no le dieran trabajo en ningún otro lado, y bajo la amenaza del hambre. Y hoy, que todas aquellas amenazas desaparecieron, todas aquellas preocupaciones desaparecieron, no fueron sustituidas por otros resortes, el resultado es que empezó a descender la productividad. ¿Por qué voy a producir 14 metros si puedo producir 10 y no hay problemas, puedo producir 6 y no hay problemas, y puedo producir 4 y no hay problemas, y puedo producir hasta 2 y no hay problemas? ¿Es así como puede interpretarse el poder proletario? ¿Es así como puede interpretarse el socialismo? ¿Es así como puede hacerse una revolución? ¿Es así como puede cambiarse la vida de un pueblo: ¿Es así como puede garantizarse el progreso de un país? ¿Es así como puede garantizarse el futuro de la nación? ¡No!, no es así; eso es una mixtificación, una interpretación errónea, un subjetivismo, un idealismo creer que eso es socialismo y que eso es progreso y que eso va a garantizar el desarrollo del país. Porque nosotros no podemos olvidar que todos hemos nacido bajo el capitalismo, no podemos olvidar que estamos en una etapa de tránsito, y si bien es verdad que hay obreros de mucha conciencia, con los cuales precisamente estamos organizando la vanguardia política, con los cuales estamos organizando precisamente el Partido, hay también mucha gente que no tienen ni noción de lo que es conciencia social, ni noción de lo que es conciencia política, ni noción de lo que es conciencia revolucionaria. No quiere decir ni siquiera que tengan la culpa, sino que fueron las condiciones, la falta de educación, la falta de escuela, la falta de disciplina, la falta de todo, el nacer y desarrollarse bajo condiciones de vida capitalistas, que convierten a los hombres en egoístas, en hombres que solo piensan en ver cómo pueden —desesperadamente— resolver sus problemas inmediatos, y que no crean en el hombre la conciencia. Y ustedes lo saben: que en cualquier centro de trabajo se encuentran al héroe del trabajo y se encuentran también al vago del trabajo.
Y entonces, ¿qué resulta? Si nosotros no organizamos debidamente el trabajo, si no nos organizamos correctamente, el héroe va a estar trabajando para el vago. Y si desaparece la explotación de clase, si desaparece la explotación del trabajador por el capitalista, debe desaparecer la explotación del héroe del trabajo por el vago del trabajo, por el parásito y por el que no hace absolutamente nada.
Y si nosotros creemos que todo el mundo tiene una extraordinaria conciencia revolucionaria, y que todo el mundo se va a portar bien en virtud de esa supuesta conciencia, y que todo va a marchar bien, ¿en qué incurrimos? En un idealismo, en una apreciación incorrecta de las realidades; incurrimos, sencillamente, en una equivocación. Y en muchas cosas se ha actuado partiendo de ese punto de vista, y olvidándonos que la organización hay que hacerla, y que al hombre hay que formarlo, y que en la etapa de tránsito del capitalismo al socialismo y al comunismo, en esa etapa son indispensables determinados medios de organización y determinados resortes en virtud de los cuales la producción se mantenga, la producción se eleve, se vaya creando la conciencia, se vaya creando la disciplina.
En esta etapa de tránsito nosotros, que hemos abolido los métodos capitalistas, debemos sustituir esos métodos capitalistas por métodos socialistas de producción. Y no solo en la construcción, sino en todas partes. Y de veras que debemos aplicar el principio de que ¡el que no trabaja no come!
¿Acaso la sociedad nuestra es despiadada con el inválido que no puede trabajar, con el niño, con el enfermo, con el anciano, con la mujer en estado de gestación? ¡No! ¿Qué ha hecho la Revolución? Ha ido a garantizarle precisamente a todo aquel que antes vivía desamparado y vivía criminal y despiadadamente olvidado y marginado de la sociedad, el modo de vivir cuando no puede valerse de sus fuerzas, cuando está enfermo, cuando está inválido; ha establecido la protección a la mujer, la protección a la vejez, la protección al enfermo, en el grado mayor que ha tenido nunca en nuestro país.
Ahora yo, a propósito de eso, hago la pregunta: ¿Cómo podemos proteger a todos esos que realmente lo necesitan, si el que puede trabajar no trabaja, y si el que puede producir no produce? Entonces a los ancianos les tocará menos, a los niños les tocará menos, a los enfermos les tocará menos, a las mujeres en estado de gestación les tocará menos.
Y la Revolución ha ido estableciendo una serie de medidas en favor del anciano, en favor de los niños, en favor del enfermo, en favor de la mujer en estado de gestación, que está hoy — sea cual fuere el centro de trabajo— protegida por las leyes de la maternidad. Y ha dado becas a decenas de miles de niños en escuelas, cerca de 100 000 jóvenes — por lo menos— están estudiando, hijos no de burgueses sino hijos de trabajadores, hijos de proletarios, con todos los gastos pagados por el Estado.
Esas son las categorías sociales a las cuales la sociedad tiene precisamente que garantizarles las mejores condiciones de vida, porque ya han trabajado y no pueden seguir trabajando transitoria o definitivamente, o porque serán trabajadores del futuro. Pero lo que no tiene ninguna justificación es ser vago, y querer vivir parasitariamente de los que se esfuerzan y de los que de verdad trabajan; porque desde que venimos al mundo tenemos un deber elemental, porque la vida misma no puede sostenerse sino a base de determinados bienes materiales. Y los bienes materiales no se pueden obtener sino a base del trabajo, no se puede aspirar a vivir sin satisfacer esos requisitos elementales, y hay que satisfacerlos con el trabajo y no con el trabajo de los demás, sino con el trabajo de todos y cada uno. Ese es un principio elemental. No una ley que dicte un Estado ni un gobierno, sino un imperativo que dicta la vida.
Lo que ha ocurrido es que muchos gobiernos, representando clases sociales explotadoras, dictaron la ley de la explotación y dictaron las leyes de amparo al parasitismo y a la vagancia; y, en cambio, la Revolución, el Estado proletario, tiene que dictar las leyes de amparo al desvalido, al anciano, al niño, a la madre, al enfermo, de amparo al trabajador, ¡y hacerles las condiciones de vida imposibles al vago y al parásito!
Y no hay que confundir. Esos son los objetivos que perseguimos. Y perseguíamos garantizarle al obrero de la construcción la seguridad en el trabajo; y de ahí aquella iniciativa. Y esa conquista debemos mantenerla, pero de una manera útil para el país, y de una manera útil para los trabajadores, y no perjudicial para los trabajadores y gravoso para la economía del país. De ahí que no en este sector, sino en todos los sectores tenemos que saber organizar adecuadamente, y sobre bases socialistas, sobre bases revolucionarias, la producción.
Y en esa tarea estamos, luchando para que todos los factores que intervienen en esa producción estén también organizados sobre bases sólidas y sobre bases correctas, para que no cojee la carreta por ninguna rueda.
Y de eso se trata, y con eso es que tiene que ver esta medida. Pero esto no es más que una parte, no es el objetivo fundamental reunirnos para eso; no estaría bien empleada la mañana si solo fuéramos a tratar de esos problemas aislados, o de una medida aislada; cuando en realidad tenemos que tomar muchas medidas de distintos tipos.
Esta medida obedece, primero: al cumplimiento del principio de que para el trabajador el descanso sistemático y organizado es indispensable.
Segundo: a la necesidad de disponer de condiciones favorables para la organización de todos los talleres y del trabajo de la construcción, dentro de las características de las construcciones. Y, efectivamente, ¿qué ocurría a veces? Que un taller tenía trabajo para 30 y tenía 200 trabajando. Muchos de esos 200 llevaban ocho meses, en que se les podía perfectamente señalar a cada uno: “Bueno, ahora usted disfruta sus vacaciones: usted dispone de 20 días de descanso.” Como, naturalmente, unas construcciones se pueden prolongar más, otras menos: unas pueden ser de años y otras pueden ser de meses, si un trabajador lleva seis meses trabajando la administración le puede decir: “Mire, compañero, ya se acabó el taller aquí, tiene usted derecho a tantos días de descanso: aquí tiene usted el dinero que le corresponde a su descanso.” Porque con seguridad que si ese dinero no se lo paga el día de las vacaciones, ese dinero no va a existir el día de las vacaciones.”Aquí tiene usted su descanso, y puede usted presentarse al distrito, a tal obra, en tal sitio, dentro de tantos días.” Y con eso no habrá necesidad de mantener un número excesivo de personas en un taller cuando ya no hay trabajo, que es lo que venía ocurriendo hasta ahora, porque las construcciones necesitan menos de 200 para hacer la transferencia de la fuerza de trabajo de un sitio a otro. ¿Se le quita algo al trabajador? Absolutamente nada. Se le tiene garantizado el trabajo todo el tiempo y, al mismo tiempo, se le tienen garantizadas las vacaciones, y se dispone de tiempo para una mejor organización de las obras. Es por eso que interesa, desde este punto de vista, también la cuestión de pagar separado el salario y el descanso. ¿Qué es lo que se ahorra por esta vía directamente? Relativamente poco. Donde podemos ahorrar mucho, es por la vía de una alta productividad y de una alta organización. Y por esa vía sí vamos a ahorrar mucho, por esa vía sí que la economía nacional puede recibir ingentes beneficios, con la importancia que tiene para la economía nacional el sector de la construcción; de manera que si garantizamos una alta productividad y una buena organización, eso sí significará millones y millones, y decenas de millones para la economía nacional. Y de esto es de lo que se trata, y desde ese punto es que hay que analizar las cuestiones.
Un compañero aquí analizó su preocupación de que al pagar ahora el salario básico y las vacaciones después significaba de inmediato una disminución del salario, y le preocupaba.
Yo tengo aquí unos datos estadísticos para demostrarles que ahí no radica la cuestión, y que en realidad por esta vía se pueden obtener mayores ingresos al año. Basándonos en datos estadísticos, vamos a ver cómo las vacaciones tomadas a discreción, significa mucho menos ingresos para los trabajadores de lo que implica esta medida.
Y tenemos, por ejemplo, que el año pasado el promedio de horas trabajadas mensualmente fue de 150 horas, cuando el promedio a base de 24 días de ocho horas debía ser 192 horas; es decir, 42 horas menos por mes. Ahora, 42 horas por 11 meses son 462 horas; 462 horas por 48 centavos hora, que es el salario neto, son 221,66 pesos. Por otra parte, 3,88, que es el salario mínimo neto, multiplicado por 24 días; es decir el mes de descanso que no trabaja, es igual a 93,12 pesos. De donde si se tiene en cuenta que un obrero tomara sus vacaciones cuando le correspondiera y no fuera ausentista, al año recibiría 128,54 pesos más de ingreso, que es la diferencia entre 93,12 pesos, que es el mes de vacaciones, y sus 221,66 pesos, que es el equivalente al promedio de 462 horas dejadas de trabajar. De donde una buena organización, para empezar, con un buen sistema de descanso y una buena disciplina en el trabajo, sin contar ya lo que sería esto en productividad, implicaría ingresos de más de 100,00 pesos como promedio para todos los trabajadores de la construcción, partiendo de los que perciben salarios mínimos. Supóngase un promedio de días que puede faltar por enfermedad, o por cualquier razón imperiosa, de todas maneras no sería nunca este promedio de 42 horas mensuales.
Así que, desde el punto de vista económico, y con relación a los intereses de la clase trabajadora, una buena organización, una buena disciplina, una buena reorganización de este descanso, sería mayores ingresos para la clase trabajadora, es decir, para la construcción, y grandes beneficios para la economía.
Ahora bien, los compañeros del Partido y los compañeros del sindicato, se pueden reunir con los trabajadores y plantearles todas estas cuestiones, y algunas cuestiones más, y hacer un análisis de la economía de conjunto.
¿Qué puede ocurrir a veces? Pues a veces ocurre que en algunos sitios los ingresos son tan elevados, que el interés por el trabajo se disminuye; porque tiene que haber un equilibrio entre los ingresos y la producción. Y así tenemos casos, por ejemplo los carboneros, que trabajando determinado número de días, perciben ingresos más que suficientes para adquirir a precios relativamente bajos una serie de artículos, en virtud de lo cual ya no tienen interés en trabajar en la semana nada más que tres días o cuatro días; dueños de camiones con lo que ocurre algo por el estilo. La historia de los chóferes de alquiler ustedes la conocen perfectamente bien. Me contaba un compañero cuando venía en la máquina, me decía: “¿Cómo vivían esta gente antes del triunfo de la Revolución?”, ¡para hacer un peso, el trabajo que pasaban! Cuando llovía se tenían que lanzar a la calle y a la carrera y no perder un minuto para cobrar 40 centavos por una carrera, para ganarse el sustento. Y ahora, cuando llueve, descansan plácidamente en su casa, no salen a la calle, no le paran a la gente (ALGUIEN LE DICE ALGO). Pero, independientemente de eso, es la mentalidad típica pequeñoburguesa del señor que es dueño del instrumento de producción y tiene una categoría privilegiada dentro de la sociedad.
Y así, analizando, debemos saber encontrar la raíz especial de cada problema. Y ustedes saben que tenemos el dueño del camión que trabaja para Obras Públicas o trabaja para otras cosas; sus ingresos sabemos que son muy altos. Tenemos, por otra parte, el chofer que trabaja en un camión de Obras Públicas, que tiene su salario, por tanto sus ingresos determinados. Aquel dueño del camión es un privilegiado al lado del otro.
Ahora bien: ¿Resulta correcto que aquel que tiene su camión trabajando para sí, cuando quiere hacer mucho dinero trabaje mucho? Y tengamos al compañero que trabaja en el camión de Obras Públicas que no se preocupa porque ya tiene garantizado su salario y no se preocupe por la productividad. ¿Eso ayuda a redimir al trabajador frente al explotador? ¿Eso ayuda a crear una sociedad más justa? ¿Eso ayuda a crear la abundancia? No. Y yo sé de muchos compañeros que trabajan en los camiones de Obras Públicas que dan un viaje de materiales, luego se sientan en un café, se pasan media hora conversando, se fuman un tabaco y después vuelven. Y así tenemos camiones que dan ocho viajes y diez viajes pudiendo dar muchos más. Y nosotros sabemos que cuando hay un control, esos mismos camiones rinden el doble o rinden el triple, simplemente exigiéndole al trabajador lo que es elemental exigirle y hay derecho a exigirle las ocho horas que tiene que cumplir, cuando hay un buen control del trabajo, de las reparaciones, etcétera, y del tiempo que se tarda en dar un viaje del lugar donde busca los materiales allí... Y ya no estoy hablando del que tiene una gran conciencia, el que tiene una gran conciencia va y trabaja más; pero aquel que no tiene conciencia, pero es un individuo con un mínimo de decoro... Y si hay una disciplina en el trabajo y si hay un jefe que le pregunta: “¿Qué estuvo usted haciendo? Usted para llegar allí necesita 24 minutos, y otros 24 minutos para regresar, ¿por qué usted se ha tardado tres horas?” Ese hombre, que tiene un mínimo de decoro, aunque no tenga conciencia revolucionaria, dice: “Yo no quiero que me tengan por un vago, por un ladrón, por un parásito, por un descarado.” Y ese mínimo de control, que no es la amenaza de antes, que no es el método capitalista, hace que ese hombre se esfuerce, se esmere. Y a aquel que no tiene un mínimo de decoro, que no cumple los más elementales deberes del trabajo y la disciplina, que es un vago consumado, se le aplica el principio de que el que no trabaja no come. Y entonces, compañeros, los trabajadores, sabiendo que eso es lo que se aplicará, deben apoyar esa medida, y el sindicato y la Comisión de Reclamaciones.
Porque a veces se han dado casos de tipos sorprendidos robando, y la Comisión de Reclamaciones ha exigido que regrese a trabajar. Y, en realidad, ni los compañeros, ni el sindicato, ni la Comisión de Reclamaciones... Y, desde luego, mucho menos el Partido puede amparar al vago, al parásito, al que tiene una conducta antisocial. Está bien que proteste contra cualquier injusticia, contra cualquier arbitrariedad, contra cualquier cosa que no es correcta: pero que se defienda a un vago, que se defienda a un ladrón, ¿adónde vamos a parar por ese camino? Y, entonces, ¿para qué nos sirve la Comisión de Reclamaciones y para qué servirían las organizaciones sindicales, cuya misión hoy es educar al trabajador, organizarlo, llevarlo hacia adelante hacia el progreso?; no empantanarlo, no hacerlo retroceder, no incubar todo género de vicios. Y entonces hay que establecer los controles mínimos y la disciplina en el trabajo, que es una cosa que no se puede perder y que se ha perdido bastante.
En cada obra tiene que haber un responsable, en cada obra tiene que haber un jefe, y ese jefe debe tener autoridad, y debe existir la disciplina, sin la cual es imposible la producción. Entonces, en el sector de la construcción hay una serie de perspectivas que deben tenerse presente, y hay una serie de antecedentes que deben tomarse en cuenta.
El sector de la construcción, desde el triunfo de la Revolución, ha sido beneficiado con aumentos salariales, leyes sociales, etcétera. La maternidad obrera era algo en que no estaban incluidos los trabajadores de la construcción — yo les estuve preguntando aquí a los compañeros— y hoy están incluidos en todos los beneficios de la seguridad social. Pero lo más importante de todo: está garantizado el trabajo, garantizado el trabajo de cada obrero de la construcción.
El problema del desempleo, del tiempo muerto, todas esas cosas que tanto preocupaban a los trabajadores de la construcción, han desaparecido y no constituyen para ellos preocupación hoy día. La Revolución ha asumido la tarea de dar empleo permanente, no solo a las decenas de miles de trabajadores de la construcción que había, sino al doble, casi al triple de los trabajadores de la construcción que había. Porque en estos momentos solo en el Ministerio de Obras Públicas, sin contar los organismos que hacen determinadas obras por su cuenta, hay más de 110 000 trabajadores de la construcción; y eso es — no tengo los datos exactos a mano— mucho más del doble del número de trabajadores de la construcción que había antes. Y la Revolución ha asumido la tarea de garantizarles empleo seguro todo el año a todos esos trabajadores.
¿Por qué los compañeros del Partido y los compañeros de la dirección sindical no han de tener autoridad, razón y moral para hablarle a la masa, para exponerle todos estos problemas, sin temor de ninguna índole, y llamar también al deber a los trabajadores de la construcción, al trabajo, a la productividad?
Hay una serie de perspectivas futuras. Cuando las normas estén establecidas, aquellos obreros más asiduos, más constantes, más tenaces, recibirán también la recompensa a su mayor trabajo. No sé si ustedes saben que en los planes está la construcción —algunas de las cuales ya se están llevando a cabo— de tres fábricas de cemento. Eso quiere decir que el volumen de la construcción aumentará extraordinariamente y no aumentará el volumen de los trabajadores del sector. ¿Qué quiere decir? Que la construcción se tecnificará, se irá mecanizando, que existe la perspectiva para muchos trabajadores de irse convirtiendo en técnicos, de ir adquiriendo capacidad para un sector de la economía nacional que se irá mecanizando, que se irá tecnificando, y que eso significará para los trabajadores de la construcción posibilidades también de mayores ingresos.
Es el hecho cierto que debemos seguir hasta convertir el sector de la construcción en un verdadero ejército de la construcción, y en un organismo altamente eficiente. Esa es tarea del Partido, esa es tarea de la administración. Y no debemos descansar hasta que tengamos un formidable ejército de la construcción. Eso cuesta trabajo, eso cuesta esfuerzo. No olviden ustedes el nivel cultural, el nivel político de muchos de los trabajadores de la construcción. Ese nivel cultural, ese nivel político, ese nivel técnico, debemos elevarlo si queremos obtener estos objetivos, de manera que puedan responder a la tarea.
Nos ponemos a conversar — y yo muchas veces converso— con trabajadores de la construcción. Me plantean cosas más diversas, problemas de distintos tipos. Pero tengo por experiencia que siempre que se les habla y se les explica, entienden. Hay veces que, por ejemplo, me paro en una obra y alguien me dice: “Mire, tengo tantos hijos y necesito una casa.” Yo le digo medio en serio y medio en broma: ustedes tienen parte de la culpa, porque los que hacen casas son ustedes; y si no hacen las casas, y no terminan las casas, entonces nunca vas a tener casa ni para ti ni para nadie. ¿Te das cuenta de la necesidad que tenemos de casas?
Claro que la culpa no es de él solo, ni mucho menos; la culpa es de los abastecimientos, la culpa es de la administración, la culpa es del subdesarrollo, hay una serie de culpas. Otro planteó otro problema, algunos nos plantearon el problema de que les habían enviado una resolución relativa a la necesidad de trabajar el equivalente del pago del viernes santo. Le dije: Bueno, ¿y es que estamos viviendo en la Edad Media o en la época del socialismo? Si vamos a tener un sinnúmero de días al año por una razón o por otra, una, fecha patriótica, una fecha religiosa, u otra fecha cobrando sin trabajar, entonces, ¿qué beneficio logramos con eso? Ya tenemos las Navidades y otras varias fechas retribuidas. Nuestra economía no permite más.
Uno me dijo: “Sí, pero hubo una equivocación, no debió haberse pagado.” Es verdad: hubo un error. ¿Y usted piensa acaso que todo es perfecto? ¿Piensa que no luchamos contra todos estos desaguisados? Nos queda mucho por hacer en todas partes, en todos los sectores; una lucha incesante contra los errores, contra el burocratismo, porque, efectivamente, no deja de tener razón que hubo un señor que se equivocó, que alguien “metió la pata” como se dice corrientemente, pero, ¿eso quiere decir que entonces las cosas deben quedar así, que unos cobraran y otros no? Significa que tenemos que rectificar ese error, y esa es la lucha diaria de todos nosotros, organizar, rectificar las deficiencias, rectificar los errores.
Pero es indiscutible, compañeros, que es necesario elevar el nivel cultural y el nivel político y el nivel técnico. Hoy cualquier trabajador comprende que el problema está en la producción de bienes materiales. Cada sector está produciendo algo que necesitan los demás; y el obrero de la construcción con seguridad piensa que el de la agricultura debe producir más leche, más carne, más queso, más viandas, más frijoles, más arroz; porque cuando van a las tiendas, están echando de menos a esas cosas, y más zapatos, y más ropas; pero también los obreros textiles deben pensar que los obreros de la construcción deben construir más fábricas y más casas por su parte y, a su vez, los obreros agrícolas piensan que deben construir más carreteras, más puentes, más obras hidráulicas; y, en definitiva todos, cuando se trata de lo que tienen que recibir, comprenden la necesidad de que los que están produciendo aquellas cosas se esfuercen: y de la misma manera que hay que contar con los otros, los que reciben los beneficios de la construcción, los muchachos que estudian en una escuela, un enfermo que va a un hospital, o una familia que se muda para una casa, o la granja que recibe la irrigación de una obra hidráulica; todos tienen también el derecho a exigir y a demandar que el sector de la construcción, desde el ministerio hasta los trabajadores, se esfuercen por cumplir también sus tareas y cumplir sus obligaciones.
Y hoy todo el mundo aquí comprende el problema, no es problema de más dinero, eso lo comprende todo el mundo, que el problema es un problema de más producción, y más producción solo se puede lograr perfeccionando la organización y luchando contra los parásitos y los vagos.
¡La desorganización no nos llenará las tiendas, la burocracia no nos llenará las tiendas!: las llenará el trabajo, la organización, la disciplina, el esfuerzo. Y esa lucha tenemos que llevarla implacablemente, en todo sitio, en todas partes, sin tregua, sin vacilaciones, un día exigiéndoles a los obreros cañeros, a los obreros agrícolas, a los obreros del calzado también, que fabriquen más, que mejoren la calidad, que no hagan un zapato que se desprenda, porque, ¿a quién le van a pedir el zapato, a un babalao? No (RISAS Y APLAUSOS). Los zapatos tenemos que pedírselos a los trabajadores del calzado, y el cuero hay que pedírselo a los trabajadores de la agricultura, ir venciendo todos los obstáculos que tenemos, y trabajando.
Aquí el problema no es decir: “Yo no trabajo porque no hay zapatos “, sino “si no trabajo, no hay zapatos “. Es decir, hay que verlo al revés. Porque si nos ponemos a esperar el zapato para trabajar, entonces nos pasaremos toda la vida esperando unos zapatos que solo pueden ser fruto del trabajo. Y hay que partir de ahí: que del trabajo vienen las cosas, no esperar las cosas para el trabajo. Porque el trabajo no surge del zapato, sino es el zapato el que viene del trabajo. Así en todos los frentes de la producción. ¿Y creen acaso que no tenemos esa lucha? Esa lucha incesante la tenemos con el consolidado del calzado y con los organismos encargados de acopiar los cueros para los zapatos, y estudiando las posibilidades de producir zapatos, tanto zapatos de lona, de goma, como zapatos de cuero y, efectivamente, se está logrando eso, se están logrando resultados, ya empieza a aparecer un mejor zapato. Claro que tenemos déficit, pero, ¿cómo lo vamos a resolver, sino produciendo más y produciendo con una mejor calidad? Porque tendremos tantos zapatos como nos pueden dar nuestras fábricas, como nos pueden dar nuestros obreros; tanta calidad como sean capaces de dar los trabajadores, tanta materia prima como sea capaz de producirla nuestra agricultura, y también las materias que no podamos producir aquí, adquirirla a tiempo y de la mejor calidad posible, nuestros organismos de comercio exterior. Hay, en fin, infinidad de problemas que tenemos que resolver. ¿Qué vamos a hacer, dormirnos sobre los laureles?
Aquí, en definitiva, la realidad es que no hemos tenido problemas realmente grandes e insolubles y podemos ahorrarnos también grandes dificultades en el futuro. Porque cuando uno oye algunas quejas y algunas cosas, y se acuerda de los trabajos que han pasado otros pueblos, incluso los trabajos que pasamos en la guerra, porque hubo veces que nosotros tampoco teníamos zapatos en la guerra y andábamos por las montañas y a veces tuvimos que buscarnos unos alambres y convertirnos en zapateros y amarrar con alambres los zapatos, porque teníamos que caminar, y en la Guerra de Independencia también ocurrió lo mismo, en nuestra Guerra de Independencia. Y nosotros tenemos espléndidas oportunidades de resolver nuestros problemas, ya se empiezan a ver los resultados, incluso a pesar de la tremenda sequía que hemos tenido y de la gran desorganización que había; hemos rebasado esa etapa, relativamente sin grandes problemas y ya se empiezan a ver los resultados en la producción.
Y no es lo que hayamos logrado, sino lo que podemos lograr, trabajando con entusiasmo, organizando bien las cosas. En la mañana de hoy antes de venir a este acto estaba leyendo un folleto sobre la ganadería en Holanda, la producción de leche, en una de las provincias de Holanda, en una extensión de tierra, de algo más de 15 000 caballerías dedicadas a la ganadería, con una producción de más de un millón de toneladas de leche al año. Es decir, más de 1 000 millones de litros de leche, a base de una buena atención a la ganadería, a base de la aplicación de métodos técnicos.
Y nosotros tenemos aquí tierra, donde podemos aplicar métodos similares, incluso sin la necesidad de tener que proteger al ganado de los fríos del invierno, sin necesidad de hacer los esfuerzos que allí mismo tienen que hacer.
Y ese esfuerzo es el que nosotros tenemos que exigirles también a los agricultores, y en todas partes, y formar cuadros. Ir a la Universidad de La Habana, ir a la Universidad de Las Villas, ir a la Universidad de Oriente, exigirles que nos formen técnicos, como los técnicos que se están formando en la Universidad de Las Villas, que es un verdadero ejemplo, un verdadero orgullo para nuestro país; una serie de ingenieros agrónomos nuevos, graduados allí, dedicados a investigar sobre el maíz híbrido haciendo investigaciones de todo tipo. En esos cuadros, en esa línea está el porvenir de nuestro país y de nuestra economía.
Una noche, reunido con los estudiantes universitarios, les decíamos: “¿Saben cuántos hay aspirando a ingresar en la carrera diplomática en la Universidad de La Habana? ¡Tres mil aspirantes a ingresar en la carrera diplomática! ¿Y saben cuántos para agronomía? ¡No han aparecido ni cien! Si aquí todo el mundo quiere ser diplomático, ¿quién va a producir leche, y carne, y huevos y alimentos para la población?”
Pienso que algunos tienen vocación, pero pienso que algunos piensan que es muy bello viajar por el mundo, y ser diplomático, y estar en recepciones y en todas esas cosas; porque es absurdo que en medio de la Revolución, los aspirantes a derecho diplomático sean 3 000, y los aspirantes a ingeniero agrónomo sean menos de 100. Y eso es una vergüenza.
Por eso hay que orientar, y por eso hay que dirigir, y por eso hay que decidir: No, aquí se escogen 100 o 200 para estudiar derecho diplomático, y lo que hay es que promover el estudio de la agricultura, y técnicos agrícolas, ingenieros mecánicos, ingenieros químicos, técnicos químicos, que es otra de las cosas que nosotros tenemos que desarrollar para ir a los derivados del azúcar.
Y con vistas a eso, tenemos que promover también la formación de infinidad de cuadros que se dediquen al estudio de la química, porque en la química está uno de los renglones de muchas posibilidades de nuestra economía; la química del azúcar..., y porque con la química se resuelven problemas de vestidos, problemas de zapatos; con la química se resuelven problemas de abonos para aumentar la producción de las tierras, y se resuelven infinidad de necesidades.
Y nosotros donde tenemos que ingresar 3 000 no es en la carrera diplomática, sino en el Instituto de Química, porque los diplomáticos llenan su función, son necesarios, pero no son los que producen los artículos que nosotros tenemos que consumir, sino por el contrario, somos nosotros los que tenemos que producir para que esos diplomáticos, que cumplen determinadas funciones, coman.
Si todo el mundo fuera a ser consumidor, y muy pocos productores de bienes materiales, ¿qué seremos?: una pirámide al revés aquí, en una base muy grande de consumidores y un grupito de productores (RISAS Y APLAUSOS).
Y estas cosas son las que nosotros debemos ir a explicarles a los trabajadores. ¿Qué trabajador no entiende eso? ¿Qué trabajador no comprende que es honesto y es correcto el esfuerzo de la Revolución al abordar los problemas así? No quiere decir que los hombres que dirigen y que trabajan sean infalibles y no puedan equivocarse, porque todos pueden cometer errores. Lo importante es que sea honesto, entusiasta, sincero, para cumplir el deber, para organizar las cosas: no dejarse invadir de la indolencia, porque la indolencia no es propia de los trabajadores. Han tenido que luchar mucho toda su vida, y por eso pueden decir muchos como dijo Reinaldo Castro: “Desde los 7 años no he hecho más que trabajar, y estoy enamorado del trabajo.”
Y naturalmente que ese espíritu y esas palabras no pueden salir de la mente de nadie que no haya doblado nunca en su vida el lomo. Y en este país hay mucha gente que nunca ha doblado el lomo, y que aún bajo la Revolución Socialista aspira a vivir cómodamente y espléndidamente, sin doblar el lomo, y sin hacer nada útil. Y no hay derecho.
¿Qué ley nos impone la obligación de sostener parásitos, de sostener vagos? Ninguna ley. Hay una ley que nos impone la obligación de sostener a todo el que no pueda trabajar, y esa la cumpliremos cabalmente, y trabajaremos para cumplirla. Pero, ¿cuántas injusticias había en esta sociedad, a las cuales nosotros hacíamos referencia en el acto con los azucareros, en el que hablábamos de esa gran verdad de una Habana cosmopolita, una Habana grande, capital macrocefálica de una pequeña república (RISAS Y APLAUSOS) —estaba buscando un literato por aquí; este es médico y dice que está bien— llena de comodidades, llena de automóviles, llena de lujos? ¿De dónde salía todo eso? ¡De las costillas del trabajador azucarero!
Y ustedes, que son de la construcción, se habrán cansado de hacer palacetes por ahí; porque ese Miramar — que afortunadamente lo tenemos lleno de estudiantes, y de jóvenes, que van a ser futuros técnicos— y Siboney, y Cubanacán, ¿cuántos cientos de millones de pesos, cuántos millones y decenas de millones de horas de trabajo de cualquiera de ustedes están invertidos allí?
Al fin y al cabo, un obrero de la construcción, cuando él pasa hoy por cualquiera de esos lugares puede decir: “¡Caramba!, por lo menos mi trabajo ha servido para que ahora vivan y estudien mis hijos ahí, o mis sobrinos “ .
Porque, hablando de ingresos, compañeros, ¿qué trabajador no tiene hoy un hospital asegurado?, ¿qué trabajador no tiene la medicina asegurada?, ¿qué trabajador no tiene una operación quirúrgica asegurada, si tuviera la adversidad de necesitarla él, o sus hijos, su familia? ¿Cuánto tiene que gastarse en eso? ¿Cuánto tiene que gastarse en escuela? ¿Qué trabajador no tiene un hijo estudiando becado por el Estado, o un sobrino, un familiar?
Y así, hemos ido convirtiendo la riqueza nacional en patrimonio de todos. Y antes se malbarataban los recursos del trabajo y de la economía.
Claro está que ahora si van a la tienda no encuentran en abundancia lo que necesitan, porque las tiendas antes estaban llenas para una minoría, y muchos se tenían que parar delante de la vidriera a ver lo que había allí y no tenían un centavo para comprarlo; y hoy lo más que le puede ocurrir es que tenga que hacer una colita para comprarlo. Y en muchos casos, como la leche para sus hijos le llega a su casa, sin tener que ir a hacer una cola para que se la manden, y tiene con qué comprar esa leche.
Y esa es la verdad, porque no es lo mismo una economía donde se produce para una minoría, aunque esa minoría fuera más o menos grande. Y desde luego, nosotros aquí no solo teníamos burgueses y pequeños burgueses, sino en los monopolios imperialistas un elevado número de aristócratas-obreros también; porque esa es una de las políticas que practica el capitalismo y el imperialismo: dividir a los obreros en un montón de categorías, y convertir a una categoría de obreros en explotadores de otras categorías de obreros.
Y esa era una verdad en este país, de desigualdades, de privilegios, de injusticias. Y ahora sí se trabaja para las masas y se lucha para las masas; y eso no es fácil, no es fácil cambiar un orden social por otro, no es fácil cambiar los hábitos de una sociedad vieja por los hábitos de una sociedad nueva y mejor; no es fácil la transición, hay muchos problemas y enredos, y la madeja se enreda y hay que desenredarla una vez y volverla a desenredar una y muchas veces, hasta que las cosas marchen, hasta que las cosas funcionen. Y así, en medio de los obstáculos, hemos resistido las etapas de las agresiones imperialistas junto con la etapa de la sequía, de la desorganización, y hemos salido victoriosos.
Y la Revolución es fuerte y se vislumbra la perspectiva de poderse dedicar con más energía aún al trabajo creador, al desarrollo de nuestra economía. Y esas oportunidades debemos saber aprovecharlas en la paz, como en la guerra; con el instrumento de trabajo, como con el fusil, con el mismo heroísmo con que los trabajadores salieron a combatir en Playa Girón o estuvieron esperando las hordas invasoras, en las horas de mayor peligro marchar también al trabajo en todas partes. Y al vago, decirle como al que se acobarda en un combate, porque ningún buen soldado está de acuerdo con el que se acobarda en una batalla; ningún buen trabajador puede estar de acuerdo con el vago, con el que se acobarda ante la producción, o con el que no tiene ánimo para el trabajo. Y esa debe ser nuestra actitud, nuestra conducta, alta productividad, disciplina, conciencia cada vez mayor de lo que estamos haciendo, por qué lo estamos haciendo, y cómo debemos hacerlo; y ser todos como un ejército. Ustedes tienen, como ningún otro sector, que parecerse al ejército, porque un batallón del ejército se destaca donde haga falta, y se le manda a las montañas si hay que combatir allí y a cuidar una provincia, y marcha disciplinadamente; son hombres igual que ustedes, muchos tienen familia igual que ustedes; y cuando hay que hacer una limpieza de bandidos, marchan y allá están seis meses, ocho meses, y también en la construcción, no en un grado igual, pero a veces tenemos que destacar una unidad de trabajadores para hacer una obra en el interior, una ciudad escolar, una termoeléctrica. Naturalmente que la Revolución trata de que estas obras se hagan con personal de la región, con el personal de la provincia, pero si tenemos el circuito cerrado y si no queremos admitir más, y lo hacemos en bien de los trabajadores de la construcción y hay que hacer una obra como la de Mariel, de ese ejército de constructores tienen que salir las unidades que vayan allí, a construir con orgullo esa obra y sentir el orgullo de los constructores, porque los constructores ven con cariño de padre cada obra que se hace, cada edificio que se levanta, cada fábrica, cada carretera, cada represa. Y así ustedes podrán decir cuando sean viejos, teniendo el derecho a la justa retribución de la sociedad, del mundo que han ayudado a construir, y decirles a sus hijos: esas obras las hicimos nosotros, los de la construcción, esas fábricas, esos edificios, esas obras hidráulicas y esas carreteras.
Con ese sentido de la disciplina, con ese espíritu de ejército y con esa conciencia es que tenemos que trabajar. Y para eso ustedes, compañeros del Partido, tienen que dar el ejemplo, tienen que ser vanguardia práctica, al mismo tiempo tienen que hacer la conciencia permanente de cada centro. Y esa es la función del Partido y esa es la función de ustedes en cada centro de trabajo, orientando, explicando, exhortando a los compañeros y dando el ejemplo, para que no se pueda decir aquello de revolucionarios que hablan y no hacen, sino de revolucionarios que hacen más que nadie aunque no lo pregonen, de abnegados trabajadores, cumplidores de su deber y que tengan siempre delante de la clase obrera la conciencia limpia y la moral muy alta.
Muchas gracias, compañeros.
¡Patria o Muerte!
¡Venceremos!
FIDEL CASTRO RUZ

Fuente: http://www.cuba.cu/gobierno/discursos

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